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Etiqueta: populismo

Corrupción e impunidad

José Manuel Arroyo Gutiérrez

         El itinerario de una causa penal por corrupción privado-pública está plagado de accidentes, trampas, baches y emboscadas. Dado el perfil de los sospechosos, individuos con poder económico, político, religioso o de influencia social, llegar al puerto de la Justicia no resulta sencillo. En el marco de un debido proceso legal, más allá de la inocencia o culpabilidad de los involucrados, o de los recursos extraordinarios con que cuenta su defensa, existen condicionamientos estructurales que resultan, al fin de cuentas, determinantes: un sistema económico que no dibuja con claridad dónde terminan los negocios lícitos y dónde comienzan los abusos con la cosa pública; la imperiosa necesidad de contar con instituciones judiciales bien financiadas, con suficiente personal capacitado, salarios competitivos, derechos laborales garantizados y expectativas de jubilaciones dignas, entre otros factores.

         La mayoría de los hechos por corrupción ni siquiera son conocidos o denunciados. Habitan la zona oscura de las prácticas burocráticas viciadas por décadas y siglos. La realidad evidencia que los cambios de gobierno sólo tienen un peso relativo en el descontrol o agravamiento delictivos, pues los verdaderos expertos se encuentran enquistados, por una parte, en poderosas cúpulas empresariales; y por otra, en los mandos medios del aparato estatal, verdaderos conocedores y practicantes de las conductas ilícitas. En las sociedades modernas, casi siempre es la casualidad, la denuncia mediática o la obviedad del daño, las vías por las que se destapan los hechos irregulares y se convierten en escándalos públicos.

         Si la denuncia logra concretarse, se abren tiempos de investigación preliminares con frecuencia interminables. Años y años de supuestos esfuerzos por acopiar las pruebas y construir la base acusatoria. En el mejor de los casos –dicho con ironía- nos enfrentamos a instancias policiales y fiscales incompetentes, negligentes o ignorantes. En la peor de las situaciones, la cuestión tiene que ver con cálculos politiqueros, deliberados atrasos, o abierta búsqueda de impunidad mediante eventuales prescripciones de las acciones delictivas. La lentitud es una variable transversal a lo largo de todo el proceso. La prescripción, y con ella la impunidad, puede finalmente alcanzarse en cualquier etapa del juicio.

         La culminación de este itinerario puede ser una acusación débil o defectuosa, que omita hechos graves y relevantes, o saque del expediente a los acusados más “notables”. Es también el momento en que un Ministerio Público complaciente facilita las salidas alternas al proceso, llegando a acuerdos y conciliaciones que le permita a sujetos connotados burlar el rigor de la ley, sólo aplicable al común de los mortales. No debe olvidarse que las alternativas al proceso ordinario, -en principio un buen mecanismo para descongestionar tribunales y cárceles-, se aplican en nuestro medio si acaso a un 3% de los asuntos. El problema no está en los mecanismos en sí, sino en acordarse de ellos sólo frente a cierta categoría de delincuentes.

         Si al final de este tortuoso trayecto, el caso llega a la etapa de juicio, no hay como anular, es decir, eliminar del conjunto probatorio, elementos de juicio esenciales y determinantes. Eliminada la prueba decisiva, el juzgador puede cómodamente justificar una absolutoria, por duda y hasta por certeza. No importa si hay precedentes jurisprudenciales del más alto rango que contradicen esas anulaciones. La cuestión es encontrarle salida jurídicamente “creíble” a la impunidad.

         Y todavía más. Existiendo una sentencia condenatoria, se encontrarán subterfugios e interpretaciones judiciales o administrativos para que la persona convicta, con todo y su cuello blanco, no ponga un pie en la cárcel, destino sólo padecido por los desheredados de la tierra.

         El daño irreparable se le estará haciendo al régimen democrático. La responsabilidad, sobre todo de los jueces y juezas, es de una trascendencia escalofriante. Un juzgador con miedo a los medios de comunicación o a los poderosos que procesa debería buscar otra forma digna de ganarse la vida. Un juzgador lo suficientemente ambicioso para sacrificar la justicia en aras de alcanzar metas en su carrera, es la negación misma de la independencia judicial. Como pesadas sombras, el miedo y la ambición corroen personas e instituciones por igual.

         Cuando las instancias que deciden los nombramientos, en nuestro caso el Consejo Superior del Poder Judicial (jueces 1 a 3), la Corte Plena (jueces 4 y 5) y la Asamblea Legislativa (magistrados), quebrantan las reglas objetivas, se burlan de los concursos y sacrifican méritos y atestados en aras de cercanías y afinidades personales o partidarias, se está contribuyendo al descrédito de la Justicia y a la desconfianza fundada de la gente.

         Uno de los mecanismos más conocidos universalmente, es la promoción y designación de jueces amigos o afines, a los que se pueda llamar o manipular en ciertos expedientes delicados, como son los de corrupción. El colmo de esta decadencia se perpetra cuando el nombramiento está atado a una encomienda específica, sea un cambio jurisprudencial, sea el favorecimiento a alguien con nombres y apellidos.

         El caldo de cultivo estará preparado, en una “democracia plena”, para que florezca el demagogo populista, de derecha o de izquierda. Las deficiencias de las instituciones le servirán, no para enmendarlas, sino para destruirlas. Será tan autoritario y corrupto como muchos de los viejos políticos, y sólo querrá cambiar la camarilla tradicional por la suya propia, incluidos sus jueces de confianza, si pudiera. Por desgracia, los abusos, excesos y vicios del pasado juegan a su favor. Le darán todo el argumentario requerido para que un pueblo cansado y decepcionado le crea las mentiras y medias verdades que dice. Y aprovechará cualquier ocasión para recordarnos que hubo jueces y otras instancias de control que fueron designados por meras cercanías personales o partidarias, que se intentó controlar la Comisión de Nombramientos de la Asamblea Legislativa para buscar objetivos espurios, y que andan por ahí sueltos algunos personajes, eternos procesados y hasta condenados, pavoneando su impunidad.

Sobre el avance del populismo en Costa Rica: disputas en torno la definición del ideal democrático

Lic. Andrey Pineda Sancho

Durante los últimos años, el estilo político de carácter populista ha ganado terreno en Costa Rica. Pese a tener un largo recorrido subterráneo y solapado (en ocasiones más abierto) en la mayor parte de la historia política del país, lo cierto es que este estilo se ha hecho especialmente distinguible en el transcurso de los últimos 10 años. Algunos de sus rasgos, al menos en el plano discursivo, salieron a relucir en la campaña política 2014, cuando las críticas a la hegemonía política y gubernamental del Partido Liberación Nacional se tornaron más vehementes, y otros tantos se hicieron presentes, esta vez con mayor claridad e intensidad, en las campañas políticas 2018 y 2022. En el primero de los casos, a través de candidaturas como las de Juan Diego Castro, quien se destacó por su discurso anti-sistémico y anti-elitista de corte punitivito, y Fabricio Alvarado, quien accedió a la segunda ronda electoral gracias a un discurso religioso-conservador exaltado y polarizante; mientras que en el segundo de ellos, por intermedio del candidato Rodrigo Chaves Robles, exministro de Hacienda y exfuncionario del Banco Mundial que se vendió a sí mismo como un “outsider” de la política con raigambre popular y como un tecnócrata con capacidad resolutiva, y que, gracias en parte a esa imagen, resultó electo presidente de la república para el período 2022-2026.

Con su avance en el país, el estilo y la retórica populista no solamente ha posicionado y afianzado una crítica al sistema político en términos generales, sino que de forma particular también ha instalado una disputa abierta en torno a la definición de la democracia y del ideal democrático. Sus propulsores han criticado los que a su juicio son vicios de la democracia realmente existente en el país y, al mismo tiempo, han propuesto los supuestos remedios para dichos males. Así, ante un régimen que perciben como copado por unas élites políticas corruptas y desprendidas de los intereses de la ciudadanía, proponen una exaltación del “pueblo” confundido con la figura de un líder fuerte con capacidad de identificar y satisfacer las verdaderas necesidades de las personas comunes, y ante un modelo de representación que juzgan demasiado indirecto postulan, como contraparte, formas mucho más directas e inmediatas para el ejercicio de la soberanía popular. Con este discurso, a todas luces polarizante, los representes del populismo criollo mezclan críticas justas a la democracia liberal imperante en Costa Rica, con un programa abocado a minar, en el mediano y el largo plazo, las bases mismas de toda democracia posible, pues con la excusa de devolverle la soberanía al pueblo suelen propiciar, en cambio, la concentración de poder en la figura del líder (esto es muy evidente en el caso de Rodrigo Chaves), lo cual resulta caldo de cultivo para el autoritarismo y la arbitrariedad, y con el pretexto de una democracia más directa propician el socavamiento de la división de poderes, y, con ello, la potencial vulneración de los derechos ciudadanos, de las instituciones democráticas, y la desaparición de los contrapesos al poder Ejecutivo, lo cual, como se sabe, es la antesala de la tiranía. Señalar el peligro que representa el populismo para la democracia costarricense no implica, ni mucho menos, hacer abstracción de las debilidades y contradicciones que históricamente ha acusado la democracia realmente existente en el país, ni debe, bajo ninguna circunstancia, conducirnos a ello. La democracia es, por definición, un proyecto político y de convivencia inagotable, y su concreción es siempre provisional, imperfecta y multiforme; esta es el resultado de disputas, negociones y acuerdos (o incluso imposiciones) de la más diversa índole; y la democracia costarricense, en particular, no escapa de dicho supuesto. En su devenir, es posible identificar, como diría Pierre Rosanvallon, una serie de “promesas incumplidas e ideales maltrechos” que, con cierta periodicidad, casi de manera crónica, han dado justos motivos para despertar insatisfacción y descontento entre la ciudadanía. Especialmente durante los últimos 40 años, la nuestra ha sido una democracia cada vez más reducida a su vertiente procedimental, en la cual no solamente prima un modelo de representación de carácter cuasi oligárquico, sino también en la que sobresalen problemas como la corrupción; la falta eficacia, por parte de los actores políticos, a la hora de reconocer y atender las necesidades de la población (una población ampliamente excluida y marginalizada, cabe agregar); y la ausencia de estímulos que incentiven la implicación de la ciudadanía en la resolución de los retos comunes.

Ante un escenario tal, resulta imperioso explorar y encontrar alternativas que permitan profundizar las formas democráticas en lugar de socavarlas. La crítica a los defectos de las democracias liberales o minimalistas no debe llevarnos a la caer en las trampas que amenazan con traerse abajo los cimientos de toda democracia posible, tal como, en el límite, lo hacen los populismos. En cambio, debemos apostarle a construir una democracia más inclusiva y participativa, en la cual se multipliquen las instituciones, los discursos y las prácticas favorables a la constitución de un ethos democrático compartido, en la que principios éticos como la confianza, la integridad y la franqueza animen el accionar político e institucional, y en la cual se ofrezcan soluciones prácticas y realistas a las necesidades de la ciudadanía.

Compartido con SURCOS por el autor.

Fuente: https://cicde.uned.ac.cr/blog/148-sobre-el-avance-del-populismo-en-costa-rica-disputas-en-torno-la-definicion-del-ideal-democratico

De Estados Unidos para el Mundo: ¿El caos organizado?

Mag. Jiddu Rojas Jiménez. EUA

I. Violencia y categorías.

Condenar contundentemente la violencia política se hace necesario, en todas sus formas: En Estados Unidos, y como en el resto del Mundo. Pero también es un deber moral, político y académico, el recordar y explicar en el mismo gesto humanista, que el Imperialismo, como estructura política, económica, colonial, patriarcal, causal del ecocidio, es totalmente real y por definición, es la forma fundamental de violencia social en el Mundo contemporáneo capitalista.

¿Habrá que explicar más sobre violencia estructural en un país que tiene máquinas expendedoras de municiones letales? Y cuyas raíces mismas como proyecto político, se hunden históricamente desde su génesis histórica colonial, esclavista y racista.

Pareciera, sin embargo, que el vocablo «Imperialismo», como categoría de la Economía Política y de su crítica, ha desaparecido del debate político y académico en Costa Rica. Es un término francamente «satanizado», incluso académicamente.

Es nuestra opinión, que se podría y debería revisar y actualizar esta categoría científica-social; incluso «resemantizarse», como corresponde, pero no olvidarse o esconderse. El concepto más «neutral» de «sistema-mundo» (I. Wallerstein) o el de «centro -periferia» (citado por S. Amin) acaso la contienen o lo superan. De momento, sólo se pasea entre museos ideológicos y sectas testimoniales de izquierda, pero podría y debería ser rehabilitado, releído, y criticado.

Su actualización es incluso indispensable, para intentar entender la vertiginosa Geopolítica global. Ver «el bosque y no sólo los árboles», dice el proverbio. Una visión sistémica, dicen otros paradigmas; asumir la categoría de «totalidad social concreta» (K. Kosik), aconsejaba la Filosofía Política moderna. Bien, pues digámoslo: en principio el Imperialismo, como formación social global, es la estructuración del tiempo/espacio posible, para nuestra totalidad social concreta.

Precisamente y por esto último, es que el Estado Social de Derecho, el Estado -Nación, y el debate sobre lo nacional y las nacionalidades, o incluso sobre lo Plurinacional, es estratégico en el debate político latinoamericano. Incluso, los antagonismo de clases sociales en una determinada formación histórica, se enmarcarán en esta condición totalidad social. La Nación (en su complejidad) reaparece como primera mediación social e histórica, frente a la Globalización Imperialista.

II. Información, desinformación, cultura de masas.

Volviendo, recayendo en la inmediatez (Hegel), es inevitable comentar los sucesos. Todos vimos televisado el reciente atentado fallido al candidato Trump, y el consiguiente show mediático. Pero las reacciones mediáticas, a veces normales y naturales, otras veces exageradas, fingidas y hasta francamente serviles, no se hicieron esperar.

En consecuencia, las elecciones en Estados Unidos, para bien o para mal, repercuten en todo el Planeta. En particular, y dada la histórica relación comercial y económica asimétrica y desigual con nuestra Patria, con Centroamérica y el Caribe, cabía esperar este tipo de reacciones cipayas, exageradas y oportunistas. Lo que los Filibusteros Norteamericanos de William Walker no lograron, la diplomacia del dólar lo logró.

Así, los discursos oportunistas, locales o globales, frente a la permanente crisis, comienzan a crear una peligrosa histeria, digna del auge fascista de la década de los 30s en la Europa en crisis. «El Anticomunismo es el comienzo del Fascismo», decía el existencialista francés A. Camus. Insisto: Convertir a la víctima en victimario y viceversa, nos advertía Hinkelammert con su «Inversión Axiológica«. Crear nuevos enemigos imaginarios, mentir, asustar, manipular y dividir, para reinar.

Para muchos simples mortales en el Planeta, ciudadanos de quinta clase, lo que vemos en Estados Unidos, es un triste espectáculo de masas, francamente poco democrático. Y que, en nuestra opinión, tiene muy poco que ver, con la Idea Reguladora (Kant) original de la Revolución Norteamericana de 1776.

Al mejor estilo profético del cine comercial de Hollywood, como en la extraordinaria saga de George Lucas, «Star Wars», la República cede frente al Imperio. Lo que se olvida es que el Imperio del Mal, nace del mismo Tánatos del seno de la misma República y sus contradicciones. Es el triunfo de la Necropolítica.

Pasó obviamente en la Antigua Roma, que pasó de República a Imperio. Sin confundir la categoría de Imperialismo moderno y de Capitalismo Monopólico Financiero, con los viejos Imperios esclavistas, es también claramente, una alegoría de la historia reciente de los Estados Unidos.

III. Democracia versus Imperialismo.

Desde afuera del Imperio, desde nuestra periferia, y para el gran público, sólo vemos juegos de pólvora, «marketing» político, malos debates, desinformación y «fakes news», prejuicios, vulgaridad, superficialidad, y los tubos de dinero de los siniestros y poderosos Lobbies políticos, militares y económicos: La temible AIPAC ligada al Lobby Sionista Revisionista de Derecha de Israel, la Fundación Cubano-Americana, los diferentes contratistas militares, obviamente el gran capital financiero, los grandes monopolios y oligopolios, etc. Por si fuese poco ahora cualquiera tiene su propia teoría conspirativa y el principio de realidad se comienza a trastocar colectivamente.

Desde afuera qué vemos aparencialmente: Una carrera electoral entre un anciano Presidente Biden, que aunque promete fortalecer el deteriorado «Welfare State», arma, permite y financia al Genocidio de Netanyahu en Gaza. Y, además, que en medio de una peligrosa e irresponsable retórica belicista sobre Ucrania, confunde en público el nombre de su protegido Zelensky con el de su archienemigo Putin. Hasta ese grado llega a dudarse de sus capacidades cognitivas. ¿Cómo entonces ese hombre va a dirigir un Imperio nuclear?

En frente, tenemos a un excéntrico hombre de negocios, un polémico Ex Presidente, acusado formalmente de Sedición y de otros varios cargos, al vincularse al pasado Asalto al Capitolio, realizado por una turba fanática de extrema derecha. El problema no es Trump como síntoma social, sino los millones de «Rednecks» norteamericanos que lo votan.

Curiosamente, Trump promete colaborar con la Paz en la peligrosa Guerra de Ucrania/OTAN versus Rusia. Y esto no es poca cosa… El destino de la Humanidad podría estar jugándose acá. Pero mientras dialoga con Putin, le declara la guerra económica abierta a China Popular.

Parece que si los Demócratas, no logran cambiar a su Candidato Presidencial (cosa que resulta casi imposible), o invocan otro milagro mediático, Trump, –convertido en súbito mártir por el reciente atentado fallido–, será el ganador por el Partido Republicano.

IV. El Imperio Contraataca.

El estilo político soez, autoritario y demagógico de Trump, que invita al odio colectivo y al Nacionalismo Étnico de Derechas, es emulado en América Latina y el Mundo: Así tenemos al mediático Bolsonaro, el militar apologeta de la Dictadura; vemos al ridículo libertario de Milei en Argentina; pero también al debilitado Uribismo paramilitar y asesino en Colombia, al derrotado Kast en Chile; a la Fujimori en el Perú; a Marine Le Pen en Francia; a la neofascista Meloni en Italia (en coalición con M. Salvini); a Vox y gran parte del Partido Popular en España; por Geert Wilders en Holanda; por Alternativa para Alemania; el FPÖ de Austria, y por el Grupo parlamentario europeo «Identidad y Democracia» y el partido europeo «Patriotas por Europa»; por el poderoso y siniestro «Yunque» de México y sus alianzas políticas; acaso por el nacionalista de Derechas, Narendra Modi en la India; y obviamente por Netanyahu y su bloque de Extrema Derecha Sionista (Reviosionista) en Israel. En Costa Rica, y a su modo aparentemente más «light», también este proyecto llamado «populista» está representado, por el Fundamentalismo Protestante (Fabricio y compañía) en próxima alianza con el Gobierno de Rodrigo Chaves (y sus aliados a los «libertarios» locales).

Todo esto parece sacado de una pesadilla distópica, o de un capítulo del clásico «Psicología de masas del Fascismo», del genio de Wilhelm Reich. Pero es lo que está aconteciendo en todo el Mundo. Recordemos que la base del Fascismo y del Autoritarismo de derechas, no es racional o discursiva, es irracional, inconsciente, e instrumentaliza al Tánatos colectivo. Así es como se logra que los sectores empobrecidos voten contra sus propios intereses.

La alternativa democrática en Occidente, pero igualmente Neoliberal en Economía (y además igualmente o peor de Imperialista) al Populismo de Derechas, –y pese a su retórica progresista–, no es jamás suficiente convincente a las masas desorientadas, para contener al Autoritarismo y su demagogia.

El caso del Nuevo Frente Popular en Francia es excepcional, pero si realmente no hacen una política económica diferente a Macron, y buscan la Paz en Ucrania, pueden fracasar.

¿Podrá América Latina, encontrar sus formas de resistir y construir en un Mundo complejo, que se desea cada día menos Unipolar, y más Multipolar? Nunca ha sido fácil, y desgraciadamente, no lo será.

Gane uno o el otro, en medio de la crisis capitalista general, las consecuencias internas para esa superpotencia nuclear, –ya dividida y polarizada al interno–, serán altamente peligrosas, así como también para el resto de la Humanidad. Avisados estamos.

V. Epígrafe post- Fútbol.

Cual nota tropical hemos de decir del establishment norteamericano, que hasta en su «apropiación indebida» del Fútbol («Soccer») híper-comercial, y de la organización de la reciente Copa América, se desborda su desordenada, gratuita y racista violencia policial para con los aficionados latinos. No sólo les robaron miles de dólares, sino que además los humillaron y agredieron brutalmente.

El genial Enrique Santos Discépolo escribió su genial tango «Cambalache» en 1934 en plena «Década Infame» argentina. El protagonista profético de la letra de su Tango, era el propio Siglo XX. Pero se quedaría corto respecto de lo que va del Siglo XXI….

Aquí un extracto, porque nos recuerda la universalidad de la letra y la particularidad de la coyuntura electoral norteamericana de este moderno Imperio en decadencia:

«Que el mundo fue y será una porquería
Ya lo sé…
¡En el quinientos seis
Y en el dos mil también!
Que siempre ha habido chorros
Maquiavelos y estafa’os
Contentos y amarga’os
Valores y dublé…
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldá’ insolente
Ya no hay quien lo niegue […]«

Gracias

La Persona del Banderín

Dr. Óscar Aguilar Bulgarelli

Recuerdo cuando a principios de los años 70 Don Rodrigo Carazo, con el apoyo de jóvenes profesionales, intelectuales y estudiantes, pequeños empresarios y campesinos, organizaba el Partido Renovación Democrática. Nos decía entonces, que en una sociedad con un vacío de poder o sin una oposición organizada frente a los desmanes de los gobernantes, era igual que estar en las plazas de Disney Word, donde uno ve a un conjunto de personas que por un lado comen un helado, un hotdog o simplemente están sentados o de pie, a la espera de algo.

De pronto aparece una persona con un banderín en alto y muchos corren a seguirlo; así una sociedad con ese vacío de poder también espera que surja la persona elevando el banderín.

En Costa Rica, desde hace varios años hemos caído, poco a poco, en ese vacío; pero nunca como en el 2022. Nada menos que 25 mini partidos aspiraban con sus candidatos a sustituir al peor presidente que habíamos tenido… hasta ese momento. Unos con candidatos gastados, otros desconocidos y la mayoría sin verdaderos planteamientos políticos, pretendían el banderín.

Así un grupo minoritario, haciendo caso a voces engañosas que llamaban a seguir a un personaje desconocido al que parecía le entregaban el banderín, lo convirtieron en el presidente de este terruño. Sus seguidores, en alto porcentaje, todavía lo siguen sin tomar conciencia de que, aquella persona, más que un banderín lo que tenía y soplaba era la flauta mágica del famoso cuento, y lo siguieron y muchos lo siguen embelesados por el camino hacia el abismo en que destruirán la democracia que nos queda.

En el 2022 los costarricenses se equivocaron, unos siguieron al flautista, pero la mayoría siguen esperando que aparezca una persona, un líder, un movimiento ciudadano con credibilidad, que recoja los banderines que hoy están tirados por todas partes y que, con él, con seriedad y patriotismo, se reconstruya nuestra democracia.

No es un asunto de ideologías, intereses o egoísmos, hoy no se vale enarbolar diferencias y ambiciones personales o partidarias para dividir, lo único válido es convertirse en la persona que enarbole no el banderín del partido, sino el Pabellón de la Patria ante el vacío de poder de una oposición casi inexistente y un gobierno cuyo principal objetivo es convertir nuestra democracia en la autocracia chavista a través del populismo, la posverdad y lo más grave: la creación de odios entre los costarricenses.

La violencia económica

Álvaro Vega

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

Cuando se aborda el tema de la violencia se tiende a pasar por alto que buena parte de la misma, en sus diversas expresiones: psicológica, política, simbólica y física, tiene como una de sus causas fundamentales a la violencia económica, que ejercen los poderes fácticos globales con la complacencia de los gobiernos y estados nacionales, cada vez menos soberanos y más sometidos a sus mandatos.

Es tal el grado de violencia económica, que un ínfimo porcentaje del 1% concentra más del 80% de la riqueza del mundo. Cuando los niveles de desigualdad y pobreza crecen exponencialmente, estamos ante el fenómeno de una “pandemia económica”. Y mientras las pandemias menores, como la del Covid 19, tienen efectos epidérmicos sobre el tejido social, la económica hace metástasis.

Dadas estas condiciones, el sistema requiere cirugía mayor y de urgencia, tanto en los niveles de la gobernanza global como local. Sin embargo, con poquísimas excepciones, se continúa aplicando medidas paliativas, apelando al altruismo de los superricos, propiciando el libertinaje del mercado y la privatización de la institucionalidad social pública. Es decir, contradictoriamente, se continúa apostando por las mismas políticas económicas neoliberales que son las principales responsables de generar la violencia económica.

Por otra parte, campea un discurso político, con la fuerza retórica propia de un populismo de rasgos autoritarios y neofascistas, que buscan culpar de la violencia al delincuente y al sicario callejeros, esos que “se matan entre ellos”, sin considerar que en muchos casos se trata de jóvenes a quienes se les han negado oportunidades para el estudio y para un empleo digno. En este sentido, es la violencia económica, que empobrece y precariza a la sociedad, la responsable principal de este otro tipo de violencia. Efectivamente, el país ha venido devaluando el papel de la institucionalidad social, particularmente en salud y educación, que son las vías fundamentales para la movilidad social.

El desafío es construir una sociedad global y local sobre una nueva política económica al servicio de la vida, es decir, que propicie una mejor distribución de la riqueza, niveles más elevados de equidad, solidaridad y de afectividad, así como el respeto a los derechos de la naturaleza. Lamentablemente, ya hace bastante tiempo venimos aceptando como inevitable y natural la muerte por hambre, guerras, desastres naturales, racismo, machismo y discriminaciones de todo tipo. No podemos permitirnos continuar legitimando la violencia bajo ninguna de sus formas.

Frente a esta realidad Raimon Panikkar, plantea que “hoy las alternativas son ineludibles: o bien la humanidad arriba a una nueva fase y la abraza, una fase a la que podríamos llamar posthistórica y que supone una mutación de ser humanos mismo, o bien una minoría de la especie humana continúa destruyendo la Tierra, provocando finalmente un aborto cósmico que malogrará por completo cualquier posibilidad de que la vida prospere en este planeta”.

Costa Rica, a diferencia de países que se dejaron avasallar por las políticas privatizadoras de los “vendedores de prosperidad” (Paul Krugman), ha logrado preservar conquistas sociales fundamentales que contribuyen a la paz social.

Cuando la violencia económica se ha convertido en más que una amenaza para la paz social, debemos prestarle más atención, si es que pretendemos enfrentar y contrarrestar las diversas formas de violencia que sufrimos hoy.

Es usual que el populismo recurra a mentiras para evitar asumir responsabilidades

Irene Cañas, expresidenta del ICE*

Es usual que el populismo recurra a mentiras para evitar asumir responsabilidades. Es falso que los posibles cortes de electricidad sean responsabilidad del anterior gobierno o de quienes estuvimos a cargo del ICE. Siempre he actuado con base en información técnica.

Es completamente FALSO que los posibles cortes de electricidad sean responsabilidad del Gobierno de Carlos Alvarado, o de las personas que estuvimos a cargo del ICE entre 2018-2022. Todas las decisiones que tomamos en esos años fueron de carácter técnico y se sustentaron en datos que provenían del propio ICE.

1. El Gobierno afirma que los eventuales apagones se deben a que nosotros «predicamos durante años» que la demanda de electricidad estaba cubierta y que por eso no se necesitaba más generación. Esto es completamente FALSO. Ni nuestro Gobierno, ni ningún otro, se inventa los datos de la demanda eléctrica del país para «predicarlos». Eso es información técnica que generan departamentos especializados del ICE y que se actualiza periódicamente porque la demanda puede aumentar o disminuir por distintos factores. Todos estos datos se publican en un documento llamado «Plan de Expansión de la Generación», y que cualquier persona puede consultar. En todos los Planes de Expansión de la Generación que se publicaron durante mi período, se decía claramente que el país tenía la demanda cubierta por el momento y fue con base en ellos que tomamos todas las decisiones en materia de inversión y compra de energía. Nosotros vigilábamos con lupa el comportamiento de la demanda para activar los protocolos que fueran necesarios para así evitar llegar a un escenario de cortes eléctricos. Creo que hicimos muy bien nuestro trabajo porque en nuestro Gobierno nunca se habló de apagones de ningún tipo. Probablemente, si ahora el país se enfrenta a esta situación es porque ese seguimiento feroz no se ha estado haciendo. Le tocará a la prensa y a las autoridades políticas determinar si los embalses se han estado manejando bien, si se exportó más sabiendo que se avecinaba un año con fenómenos del niño o si se activaron las directrices de manejo de la demanda y ahorro de energía en el momento oportuno. Nada de esto es nuevo para las personas del ICE, pero dependen de decisiones que toman sus autoridades.

2. El Gobierno también dice que los eventuales apagones se deben a que nosotros no continuamos con el Proyecto Hidroeléctrico Diquís. Nuevamente, esto es completamente FALSO, y no tiene lógica. Cuando se decidió suspender el PH Diquís, el proyecto no contaba con factibilidad ambiental, ni se había realizado la consulta indígena obligatoria. Obtener esta factibilidad ambiental y social por parte de SETENA, hacer la consulta indígena, obtener financiamiento y construir la represa tomaría aproximadamente 6 años o más. Es decir, suponiendo que todo esto se hubiera logrado a tiempo, Diquís aún estaría en construcción, y no habría podido solventar esta situación. Y ojo, es difícil asumir que la consulta indígena hubiera arrojado un resultado positivo debido a la oposición que los pueblos originarios ya habían manifestado públicamente.

*Publicado por la autora en su cuenta de X, compartido con SURCOS por José Manuel Arroyo Gutiérrez.

Cardumen chavista

Freddy Pacheco León

Freddy Pacheco León

Dicen los estudios, que el culto a la personalidad es mayoritariamente practicado por los que, por las desigualdades sociales, no han tenido la oportunidad de completar la educación secundaria. Situación relevante a la hora de tomar decisiones, pues no son cualquier cosa, ya que son mayoría en Costa Rica, donde más de dos millones de personas forman ese inmenso grupo de ciudadanos. Cabe anotar que, dentro de los países del «club rico» de la OCDE, por dicha situación, nuestro país ocupa la posición 38, o sea, estamos en el vergonzoso sótano, aunque no preocupe a las desorientadas autoridades de educación.

Como van de la mano, el bajo nivel educativo y el personalismo que le encanta a tal conglomerado de compatriotas, incluyendo sus consecuencias antidemocráticas, creemos que ni a mediano plazo, se podría mejorar esa situación. Demandaría muchos años ir mejorando esa inhumana realidad, y, además, si no existe un proceso bien planificado, una ruta valorable, trazada por las autoridades educativas, para, al menos, mitigar tan grave deficiencia, el problema se mantendrá hasta quién sabe cuándo.

Asimismo, no es extraño, que, en las provincias con mayor pobreza, como son Limón y Puntarenas, el culto a la personalidad, se manifieste cual dogma religioso; como algo que no necesita de razones para expresarse. Es un hecho, que los que en general, no se esfuerzan siquiera por informarse, ni mucho menos pensar, se encuentran cómodos en ese nicho fuera de cualquier partido político o conglomerado cívico, pues les basta con «su santo», con el personaje que veneran, con quien les dice lo que quieren escuchar, por donde caminar, qué decir, aunque éste, paradójicamente, les esté engañando. En él, duele reconocerlo, depositan la frustración hija de su pobreza. Si ese ser «venerable» habla su idioma, y si además alza la voz para impactar, como actor de teatro callejero, para ellos es más grande su satisfacción, aunque, en sus familias cunda el hambre y la miseria.

El conflicto le cae muy bien al líder personalista, y, por tanto, él promueve la confrontación, entre las personas que no creen sus cuentos, y los que, aunque quizá tampoco los crean, se sienten «realizados», cómodos, cuando se les trata como obediente cardumen armónico.

En sistemas políticos democráticos, ha sucedido en otros lares, esa provocada, nefasta y amenazante confrontación, se ha logrado mitigar con el paso del tiempo, gracias a la aparición de grupos sociales, prometedores, con filosofía democrática y con dirigentes naturales, respetuosos, claros, propositivos, estudiosos, que propician que las separatistas cercas con alambre de púas, vayan cediendo ante las cercas vivas, amigables con el ambiente.

Sin embargo, la mala noticia es que, al que porta el estandarte de ese personalismo, ante quien solo falta que se arrodillen sus fieles seguidores, es consciente de que, si su misión personal no es gobernar, sino ocupar un pedestal donde le pongan flores, sus mayores esfuerzos se limitan a promover, propiciar, alimentar, la confrontación entre su cardumen, y los que, todavía se atreven a pensar y actuar, para así cumplir con comodidad con los compromisos adquiridos con los de su clase social, mientras la lucha se da por otros lados.

Así las cosas, él lo que requiere es ese “algo” que le permita volver a sus días de candidato presidencial. Algo, donde se puedan anunciar promesas que, sabe, cínicamente, jamás serán cumplidas.  Algo que, así espera, le permita a su cardumen mostrarse enardecido, ojalá violento, frente a todos los que no se alinean. Algo que, cual campaña electoral presidencial, otra vez lleve al ungido, a repartir abrazos y mandar besitos desde una playa. Y, ese algo, ustedes lo presienten amigos, se puede obtener tramitando un referéndum, para que supuestamente, un millón y medio de ciudadanos, sin conocer los proyectos de ley, pudiesen sustituir a los diputados, en su deber de legislar, en oposición al espíritu que una vez movió a los señores diputados, que una vez tomaron la feliz iniciativa y aprobaron, esa innovadora expresión de democracia popular, que, dolorosamente, quieren manchar.

Para sus intereses, al líder populista, lo que menos interesa es llegar a la votación, que decidiría sobre unos 15 proyectos. No, para él, eso es lo de menos. A él lo que realmente le interesa es la adelantada campaña electoral, que le ofrece el escenario del referéndum. Más de un año, durante el cual, se detiene el funcionamiento del poder ejecutivo, para dedicar toda la energía del Consejo de Gobierno, hacia el nuevo y exclusivo foco de atención público. Tiempo durante el cual, sin duda, lanzará acusaciones contra el Tribunal Supremo de Elecciones, la Corte Suprema de Justicia, la Asamblea Legislativa, la Contraloría General de la República, los medios de prensa, las organizaciones de trabajadores, etcétera. Él contra el mundo, es lo que veremos, según la imagen que ha venido forjando, desde hace más de dos años, y que reforzará en busca de dividendos electorales. Esa es la premisa fundamental de ese particular personalismo (muy alejado, por cierto, del personalismo acogido como filosofía, por sectores de la Democracia Cristiana internacional), y de ella no se apartará.

Como muestra ya lo escuchamos, ¡siempre desinformando!, decir que los que crearon la legislación del referéndum, no le permiten aprobar reformas parciales a la Constitución Política, si antes no le “pide permiso” a la Asamblea Legislativa. Lamento que pareciere nacer de la imposibilidad de reformar la Carta Magna, de tal manera que él pudiese optar por la reelección presidencial consecutiva. Sueño que se le desvanece, y le preocupa, pues sabe que, por su mismo personalismo, no habría candidato capaz de ser heredero de su caudal electoral, pues, fiel a su estilo, ni siquiera tiene un partido político que lo respalde y lo identifique, con equis o ye ideología.

Para finalizar, vemos que se ha publicado un reciente estudio del CIEP-UCR, que nos permite ensayar algunas conclusiones. En dicha encuesta se indica que, sobre su gestión, «Los que dicen tener poca o ninguna confianza, ahora superan el 72,6%, el porcentaje más alto desde que Chaves tomó el poder en el 2022«, leemos en el Semanario Universidad (que, por cierto, ahora más que semanario, es un muy ágil diario en su formato digital).

Pese a ese resultado, desalentador para cualquier gobernante que busque dejar un buen legado de su administración, él dice sentirse satisfecho, pues agrega, eso demuestra que está haciendo bien su trabajo (¿?).

Por otro lado, es paradójico que, ante esa estadística, los del cardumen (reforzados por miles de perfiles falsos y troles contratados) no solo reaccionan negando ciertos resultados del trabajo académico independiente, sino que, mientras dejan de lado cualquier esfuerzo de reflexión razonable, cumplen su función de cardumen. Así, instintivamente, por esa fuerza extraña que les provoca el vicio personalista que les ha contagiado, corren a culpar a los “desechables” (para Chaves), ministros y presidentes ejecutivos, por los errores frecuentes del gobierno, eximiéndolo a él, al incólume, al santo varón, al héroe, al incapaz de equivocarse, de cualquier culpa que pudiese tener.

8.5.24

Presinsensato

José Luis Valverde Morales.

José Luis Valverde Morales

“Prudencia, cautela, cordura, discreción, moderación, precaución, sabiduría, mesura, ponderación, juicio, lógica, reflexión, madurez, razón”.

El “mataburros” o diccionario de la Real Academia Española, es claro y contundente en la definición del término sensato.

Rodrigo Chaves Robles, recibió en bandeja de plata la posibilidad de convertirse en uno de los mejores presidentes de la historia de Costa Rica, pero, por la boca muere el pez.

DESCONOCIMIENTO.

Sin conocer la institucionalidad, Constitución, leyes, todo lo quiso hacer a troche y moche, a “guevo”, eso en una democracia centenaria, con distribución de poderes, ¡es imposible!

Desde el inicio detuvo proyectos estratégicos, simplemente porque sentía el tufo, algunos ganaban mucho, la sufrida carretera a San Ramón, mediante su malquerido Banco de Costa Rica, ahora saldrá más cara, tiempo perdido, hasta los santos lo lloran.

PELEÓN.

Se dedicó a pelear con todo el mundo para enardecer al populacho, en esa suerte de circo romano, en donde si no hay sangre, el espectáculo es malo.

De los periodistas se dice, somos un mar de conocimientos con centímetros de profundidad, se alió a la visión simplona de la comunicadora Pilar Cisneros Gallo.

Llevamos dos años de nadadito de perro, los restantes serán de repartir culpas, tirar bolas a la gradería para perder tiempo.

Rodrigo Chaves malbarató la oportunidad colocada por el destino en sus manos.

La sinrazón le ganó la partida, la historia le reservará el triste sitial de ¡PRESINSENSATO!

¿Crisis político electoral en Costa Rica? La ruptura del bipartidismo y el auge de la derecha

Vladimir de la Cruz

Costa Rica goza de un reconocimiento internacional, entre otras cosas, por su democracia estable, por sus recursos naturales protegidos y su rica diversidad natural, por la abolición del ejército desde hace 76 años; por el ejercicio democrático electoral y cambios de gobierno estables, cada cuatro años, desde 1848, con algunos períodos muy cortos de golpes de estado, dos en el siglo XX, de dos años cada uno; por un régimen de partidos políticos que funciona desde 1889, por un régimen constitucional estable desde 1871, por el ejercicio de libertades y derechos y una amplitud de los Derechos Humanos.

En este escenario, las corrientes políticas, especialmente desde 1931 hasta hoy, han girado con la presencia liberales clásicos decimonónicos, de la izquierda comunista, la socialdemócrata, la social cristiana, como grandes ejes de pensamiento político. En la segunda mitad del siglo XX surgieron variantes de estas corrientes políticas o ideológicas, algunas de ellas con pequeñas estructuras político-partidarias y hasta electorales. Corrientes liberales y neoliberales se han desarrollado como corrientes político-electorales desde finales del siglo XX. Hoy tienen más presencia pública y de gobierno. Tendencialmente se ven como amenazas gubernativas, ahora y para el próximo gobierno 2026-2030.

Tradicionalmente los gobiernos de Costa Rica desde 1953 hasta el 2014 han gravitado con partidos socialdemócratas y socialcristianos gobernantes, alternado entre ellos, los socialdemócratas 9 veces en gobierno, los socialcristianos seis veces. Esto produjo la idea de un bipartidismo gobernante muy sólido, al que se le debe lo bueno y lo malo del país en todo sentido.

Dos de los últimos gobiernos fueron de un nuevo proyecto político electoral, sin una clara definición político-ideológica, que quedó fuera del proceso político, y electoral en la práctica, en las elecciones nacionales del 2022, donde no eligió el partido gobernante, de estos años, ni un solo diputado, y en las elecciones municipales recién realizadas donde también se desdibujó electoralmente.

Parlamentariamente, el bipartidismo histórico dominó el Poder Legislativo, generalmente con mayoría socialdemócrata o compartiendo con los socialcristianos la amplia mayoría legislativa desde 1953 hasta 1998.

Desde 1998 este bipartidismo parlamentario se rompió. Perdieron las mayorías legislativas con la que se imponían nacionalmente. Aparecieron otras fuerzas pequeñas parlamentarias con las que tuvieron que negociar para la mejor toma de decisiones parlamentarias y políticas. En este escenario, desde 1998, surgieron fuerzas políticas electorales y parlamentarias de carácter cristiano no católicas, liberales dentro del neoliberalismo. Hubo una atomización de partidos disputando la presidencia de la República en el 2022 cuando participaron 25 partidos políticos en esa batalla electoral. De estos 25 partidos nacionales solo llegaron ocho a las elecciones municipales del pasado 4 de febrero. El nuevo Congreso Nacional, de 57 diputados, quedó dominado por seis partidos, cinco de ellos ubicados en el centro derecha.

En los últimos ocho años han venido surgiendo corrientes de carácter neoliberal populistas. En el 2022, en las elecciones se impuso como gobernante, con menos de un año de ejercicio político, y de reconocimiento personal político, el actual presidente de la República, que tenía casi 35 años de trabajar en el extranjero, en el Banco Mundial. Totalmente desarraigado, sin raíces políticas importantes, a modo de un típico outsider se impuso, cuestionando todo el pasado político, acusando graves casos de corrupción reales, como un lastre de toda la clase política tradicional, de todos los partidos políticos existentes y de todos los poderes públicos. Señalaba que la situación que se calificaba de ingobernabilidad en que había entrado el país se debía a que no había habido gobernantes que gobernaran, que mandaran, presentándose como el escogido para esa tarea.

Los partidos tradicionales gobernantes desde 1978 habían iniciado el proceso de acabar y debilitar el Estado Social de Derecho que se había venido construyendo desde 1943, y de reducir al máximo posible el Estado asistencialista y benefactor que se había impuesto desde las reformas políticas y sociales de 1943, y como resultado de la Guerra Civil, de 1948, en el marco de la guerra fría que se dio desde 1945 hasta 1991, como barrera de contención a las posibilidades de ascensos de la izquierda y de los comunistas, sobre todo después del triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, del triunfo del Salvador Allende, en Chile, en 1970, y de los sandinistas en 1979, como del desarrollo de las insurgencias guerrilleras en Suramérica y Centroamérica en este período, 1980-1989, que se frenaron con los Acuerdos de Esquipulas, iniciando procesos de reconstrucción democrática en la región; democracia que no ha sido fácil establecerla y consolidarla, como se puede apreciar por lo que sucede en Nicaragua, desde el 2006 hasta hoy; en Honduras desde el golpe de Estado al Presidente Zelaya en el 2009; con el gobierno de Bukele en El Salvador, recientemente, cuestionado en muchos aspectos, a pesar de su exitoso enfrentamiento y control de los grupos narco criminales, y con los sucesos electorales hace pocos días, de Guatemala, donde se trata de que el Presidente Bernardo Arévalo no pueda gobernar ni ejercer democráticamente su mandato presidencial.

En este contexto los grupos neoliberales tienen cada vez más presencia en el área y en Costa Rica. El actual gobierno, del presidente Rodrigo Chaves, es su mejor exponente. Sus desplantes autoritarios, despóticos y confrontativos con toda la institucionalidad, pública, que le paraliza acciones por violar la Constitución, las Leyes y por no apegarse con rigurosidad a los trámites administrativos para sus proyectos, y por su constante confrontación con los sectores sociales y políticos del país, lo ha llevado a plantear recientemente la necesidad de acabar con todas las estructuras intermedias de la institucionalidad, para poder ejercer un gobierno más directo, mas autoritario y con capacidad de tomar de decisiones únicas y verticales desde el Poder Ejecutivo. Sin partido político propio, impulsando dos, que no participaron en las elecciones municipales, por impedimentos legales, se le ve como un peligroso continuista político gubernativo. Por la Constitución Política no puede reelegirse, pero nada le impide impulsar su candidato tarea en la que se encuentra.

En las recientes elecciones municipales, el Presidente, y sus amigos, no pudieron participar por no haber acatado las disposiciones legales y electorales de su inscripción. Pero, otros partidos, del centro derecha tuvieron cierto auge, lo que perturba a los dirigentes del partido Liberación Nacional y de la Unidad Social Cristiana. En ambas tiendas políticas desde distintos parámetros se ha planteado, después de las elecciones municipales, la posibilidad de impulsar coaliciones políticas contra ese modelo neoliberal del actual presidente Chaves. Lo mejor es que estos dos partidos son los que han impulsado ese modelo neoliberal desde 1978, lo han agudizado, han contribuido a debilitar el Estado Social de Derecho y el asistencialismo social, y se sienten desplazados de esas políticas. La social democracia nacional impulsó reformas importantes a las que ha renunciado. El social cristianismo nacional se dice heredero de las reformas sociales de 1943 que resultaron de una alianza del Partido Comunista, del partido Republicano, que era el del Gobierno y de la Iglesia Católica.

Ambos partidos abandonaron hace bastantes años estos impulsos e identificaciones sociales. Se plegaron a los mandatos internacionales de las políticas neoliberales. Las nuevas corrientes neoliberales han superado a esos partidos, que han sido arrastrados a posiciones cada vez más a la derecha política, lo que les es muy difícil disputar con sus banderas. La izquierda nacional ni siquiera ha podido presentarse, con fuerza, como la defensora de esas reformas sociales, del Estado Social de Derecho, ni como un verdadero movimiento político reformista, que defienda las reformas sociales que han sido debilitadas, de rescate de los derechos sociales de los trabajadores que ya han sido eliminados y de nuevas reformas sociales.

El escenario de las coaliciones no está lejano, aunque en el país no haya una gran experiencia en este tipo de participaciones. Las posibles coaliciones contra el actual gobierno y su posibilidad continuista de reelección gubernativa, se presentan ambas como coaliciones de centro de derecha, disputando contra un gobierno de derecha, que a los efectos produce más confianza, esperanza y sentimientos de renovación contra la derecha histórica que ha desarrollado una masa de pobreza enorme, de excluidos de los beneficios sociales, de marginados sociales, de jóvenes que ni estudian ni trabajan, de debilitamiento de salarios y pensiones, de cercenamiento de subsidios sociales.

Cuando el presidente actual habla a estos grupos sociales les manifiesta su identificación con ellos. Les hace ver que no les puede resolver sus problemas porque no le dejan gobernar; que él necesita fuerza institucional y política para poder resolver sus problemas. Procura crear un estado de violencia política interna, aprovechando la presencia en el país de más de 20 grupos de organizaciones criminales, que se disputan el territorio nacional, por el control de la comercialización de drogas, considerando que Costa Rica se ha convertido en la bodega de almacenaje de drogas, más importante de la región, junto con la de Ecuador en Sur América, para con ese estado de violencia, acudir, si pudiera a la declaración de un Estado de Excepción, que le permitiera gobernar sin ataduras y ojalá con mano fuerte. Ese es su diseño político. Esas son las propuestas electorales, las dos coaliciones desde el centro derecha que proponen elementos de Liberación Nacional y de la Unidad Social Cristiana.

La izquierda no tiene a la vista posibilidades de presentar un proyecto también de coalición política electoral. La historia de esta izquierda no produce la confianza para un gran frente político de esa naturaleza, al menos por ahora.

El escenario inmediato pareciera avanzar hacia el fortalecimiento de la de derecha en general en el país.

Compartido con SURCOS por el autor.

Democracia a la carta

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

El anuncio de los resultados en las elecciones nacionales celebradas el domingo 4 de febrero en El Salvador, solo confirmó la inminencia de un proceso a todas luces particular, por no decir otra cosa.

Se ha confirmado que Nayib Bukele, presidente en funciones y candidato plenipotenciario de su partido Nuevas Ideas, ha triunfado con un 82,66%, una de las cifras más demoledoras y contundentes de la historia de ese país. Cualquier lector medio interpretaría este porcentaje como un espaldarazo voluntario del pueblo que eligió en un segundo periodo a aquel que no asistió a un solo debate ni presentó una nueva propuesta de plan de gobierno, centrándose en solo un tema: la seguridad, es decir, el mantenimiento del régimen de excepción que ha instalado como política pública en su país.

Razón tendrá ese lector promedio en su interpretación. Razón a medias.

Con un discurso único relacionado con la disminución visible de la tasa de homicidios en el que otrora fuera uno de los países más violentos del mundo, Bukele basó su estrategia de ir por encima de los argumentos constitucionales acerca de la reelección, para lograr presentarse ante el electorado salvadoreño como la salvación posible.

Las dudas sobre la validez del proceso electoral del domingo 4 de febrero son muchas y evidentes. La autoproclamación del triunfo aún sin conocer las versiones oficiales del órgano electoral solo alimenta la sospecha de un proceso amañado y falto de sustento. Las denuncias sobre material electoral adulterado son incontables.

Llevarle la contraria al presidente del tweet puede ser contraproducente. Cientos de personas civiles, profesionales y de actividad laboral comprobada, han sido detenidas y confinadas por “sospechas”, dados sus atributos físicos, tatuajes de por medio, entre otras raras causas para el confinamiento.

Hoy, desaparecidos, engrosan tal vez la lista de ingresados en esa vergüenza de centro de detención que Bukele y sus secuaces políticos y académicos tanto en El Salvador como en otros países de la región, defienden como una cárcel modelo, para acabar con el flagelo de la violencia en este país.

El mismo día de las elecciones, miembros de sociedad civil, académicos comprometidos y desafectos con el gobierno bukelista y organizaciones sociales, artísticas y políticas denunciaron la detención ilegítima del ciudadano canadiense-salvadoreño Carlos Bucio Borja, por aparentemente haber cometido desacato por leer de forma pública y en un centro de votación los seis artículos de la constitución salvadoreña que prohíben y penalizan la reelección.

Cuando la democracia tiene precio y está ofrecida a la carta, como en el caso salvadoreño, poca esperanza queda. Aún no es posible dimensionar las millonarias ganancias que se han granjeado las industrias carcelarias de naturaleza pública y privada que han sido favorecidas con la política de cero violencia, impulsadas por Bukele.

Los populismos tienen la peligrosa acción de marear a las mayorías con ideas básicas pero bien hilvanadas. Despertar una respuesta colectiva y contundente es un imperativo y urgencia, en una sociedad que está pagando muy cara su opción por esos peligrosos populismos.

Esperemos que su memoria no sea corta.