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Etiqueta: soberanía

APP a las comunidades de San Ramón y Occidente

A las comunidades de San Ramón y Occidente

28 de setiembre de 2020
(Comunicado público)

A comienzos de este año, una crisis sanitaria se gestó y la misma ha sido la excusa perfecta para que el gobierno apruebe leyes y dicte medidas económicas antidemocráticas y antipopulares.

La pandemia COVID-19 junto a las malintencionadas políticas del gobierno y su amplia mayoría en la Asamblea Legislativa, agravó la crisis económica, política y social, que ya nos afectaba como fruto de 40 años de gobiernos neoliberales, aumentando el desempleo, la pobreza y el cierre de muchos pequeños emprendimientos, situación que ya hemos venido denunciando. POR ESTAS RAZONES EN SAN RAMÓN Y OCCIDENTE LAS APP YA NOS MOVILIZAMOS EL 23 DE JULIO Y EL 9 DE SETIEMBRE 2020.

Ese fue el motivo por el cual nos sumamos a la Gran Caravana Nacional que recorrió el país haciendo eco del lema «Costa Rica no se vende, Costa Rica se defiende «, para denunciar la propuesta del gobierno de negociar un préstamo millonario con el Fondo Monetario Internacional (FMI), al cual nos oponemos rotundamente porque la solución no está en seguir entregando nuestra soberanía con más deudas y más venta de instituciones públicas a la empresa privada.

Por esto, la Caravana de relevos en San Ramón y Occidente, el pasado 9 de setiembre, tuvo otro objetivo mayor que consistió en constituir una gran Coordinadora Popular de Occidente, donde confluyan grupos de productores agropecuarios y urbanos, organizaciones comunitarias, colectivos de estudiantes, sindicatos y personas dispuestas a enfrentarse a las nefastas políticas del gobierno. Una organización mayor para los Cantones de Occidente donde se logre la articulación social de diversos sectores, con profunda base popular para lograr un verdadero músculo social capaz de sostener sus posiciones de rechazo ante cualquier intento por acabar con nuestro Estado Social de Derecho, pero a la vez siendo capaces de proponer cambios con incidencia nacional hasta lograr una sociedad participativa donde el Soberano asuma todas las potestades que le reconoce la Constitución Política como Primer Poder de la República. También hacemos un llamado a los diferentes grupos y sectores organizados de Occidente a unirse a la Coordinadora Popular de Occidente y a los diferentes Comités Patrióticos Populares ya existentes en algunas comunidades de San Ramón.

Esta Coordinadora Popular de Occidente, de la cual formamos parte, hace suya la invitación de BUSSCO de crear un Frente Nacional de Lucha y Resistencia contra el modelo capitalista neoliberal (FNLR).

Asimismo, la conmemoración de los 199 años de vida independiente por el gobierno de Carlos Alvarado y la Unión Costarricense de Cámaras Empresariales (UCCAEP) con el apoyo de la mayoría de diputados a la Asamblea Legislativa, se dio en un ambiente de cautela, porque ya se visualizaban los posibles términos con los cuales se negociaría ese préstamo, un préstamo que vendría a reducir aún más la poca independencia, paz y libertad de la que aún gozamos.

Así, como Asambleas Patrióticas Populares (APP) nos oponemos a que se negocie un préstamo con el FMI y respaldamos propuestas económicas que han hecho colectivos como Economía Pluralista, Mujeres en Acción y Mayoría Solidaria cuya visión se centra en atacar los verdaderos problemas de la crisis fiscal como son la evasión y la elusión de impuestos, los fraudes aduaneros, a lo que también se suma la corrupción.

No apoyamos a quienes sólo gritan «no más impuestos», porque entre esos están personas como Otto Guevara, Eli Feinzaig, Álvaro Jenkins nuevo presidente de UCCAEP, y otros que representan al gran capital y son dueños de las empresas beneficiadas por el gobierno con amnistías tributarias y además, no pagan impuestos porque fraudulentamente declaran cero ganancias durante años a pesar de que importan y exportan miles de millones de dólares en sus operaciones.

Y aunque creemos que la manifestación social y el reclamo popular en la calles es justo y necesario, así como un instrumento válido de expresión popular, desistimos de apoyar el llamado que se ha hecho a nivel nacional para el 30 de setiembre, pues quienes lo lideran carecen de legitimidad, no mostraron igual fuerza ni interés ante la lucha con el Combo Fiscal ni contra la Ley Anti huelgas; pero además son oportunistas políticos que están aprovechando el momento para engañosamente cerrar filas hacia su estrategia electoral. Lo que terminará siendo un difusor, distractor y calmante del descontento social, para desvirtuar y debilitar los verdaderos objetivos de nuestra lucha.

ESTAREMOS ATENTOS/AS A LAS NUEVAS CONVOCATORIAS DE LA COORDINADORA POPULAR DE OCCIDENTE (CPO)

Desde las Asambleas Patrióticas Populares (APP) continuamos firmes en la lucha por Justicia Tributaria y Desarrollo Social.
Nosotros seguimos gritando,
¡Que paguen los ricos su crisis fiscal!
¡Que el pobre golpeado ya no puede más!

Hacen trizas del Estado

«El Estado tiene que cuidar de sus súbditos,
no producir en ellos un terror pánico
que retrotraería las cosas al estado de naturaleza, es decir,
al estado previo al acuerdo o pacto y a la guerra de todos contra todos»[1]

Hernán Alvarado

Lo que viene sucediendo en Costa Rica es que los representantes, las autoridades electas, están siguiendo una agenda que hace trizas el Estado social de derecho y el pacto social de 1949, plasmado en la Constitución de la República.

Nacido del terror

El origen del Estado es el terror a la muerte, como lo viera Thomas Hobbes.[2] Muchas cartas constitucionales fueron antecedidas por una guerra civil o una intensa crisis de gobernabilidad, de manera que la mayoría de las Repúblicas han nacido bañadas en sangre. Por eso, a menudo esos textos representan la verdad en armas de los victoriosos, según un pacto firmado con los derrotados. Así, pues, cada Estado emerge de una lucha cruenta, en una coyuntura crítica, y supera una situación excepcional o de violencia extrema; surge entonces como una portentosa ficción jurídica que erige el derecho como medio de pacificación.

Al derecho mismo lo sostiene, a su vez, un imaginario social, tan eficaz como que los seres humanos se dejan gobernar por creencias. En ese sentido, para Edgar Morin las ideas son entes posesivos, no solo herramientas intelectuales. No en vano Hegel creía que la idea era el sujeto absoluto de la Historia. Así que el Estado es, en esencia, social. Por tanto, no se puede destruir el «Estado social de derecho» sin destruir el Estado mismo, junto con la sociedad que le da consistencia y sustancia.

El apaciguador

Por tanto, el Estado supone una población organizada que responde a una norma representativa de un acuerdo de paz. Pero más allá de esa circunstancia implica un «ser juntos» que resulta «coesencial», es decir, una «sociación» y no solo una asociación.[3] En suma, nadie puede sobrevivir sin el otro, porque la vida implica una coexistencia pacífica entre seres humanos naturalmente obligada cuando se habita un planeta hostil.

El Estado es la mejor respuesta a la amenaza de muerte que proviene del vecino, más que a la que proviene de extraños. De ahí que sea su característica central el monopolio de la violencia, única que se considera legítima; de manera que la soberanía del Estado descansa sobre una oferta de seguridad. Por miedo a ser asesinadas, las personas están dispuestas a sufragar una organización social que les garantice paz como bien social supremo. Entonces, la llamada seguridad jurídica no es cualquier principio, sino que está en la raíz del Estado.

Este es, entonces, una manera de lidiar con el poder que unos ejercen contra otros, en la medida en que este tiende al abuso, a convertirse en violencia material, patrimonial y simbólica. Por eso, se dice que Hobbes dio a luz, en 1651, a la «invención moderna de la razón». La razón sobre la fuerza bruta y el interés particular, para servir a la seguridad y la convivencia. Por su parte, el Pueblo, y en particular los trabajadores productivos, sostienen el Estado, por esas buenas razones. Aunque el Estado supone un orden, incluso una jerarquía, porque en última instancia es la forma organizativa que conquistó una clase dominante para imponerla a las clases subordinadas, como un mal necesario que siempre puede llegar a convertirse, sin el debido control, en un terrorífico Leviatán.

El Estado opresor

Puesto que nace como alternativa frente a una historia de luchas sangrientas, nada más terrorífico y desconcertante que los crímenes del Estado opresor. Nada peor que un Estado que viola la ley, que dirige su violencia contra alguna persona, algún grupo o contra la misma población que debería proteger. En sí mismo, es una traición a la razón moderna, una total sinrazón. La racionalidad que acompaña a ese contrasentido parece monstruosa, pues arranca de cuajo el anhelo de una convivencia basada en el respeto entre personas.

El orden arbitrario de un gobierno que en vez de abolir el miedo lo provoca, crea la estampa perversa de una organización aterradora. Como delincuente o asesino, aparece como una estructura enemiga del ciudadano, capaz de brincarse el orden jurídico. Tal es el mayor absurdo imaginable y la mayor amenaza contra la paz social. Pero el Estado se precipita así en el remolino de su propia autodestrucción, contrastando con la razón moderna que necesita la convivencia para que fluya la compra y venta de mercancías.

Según una metáfora de Franz Hinkelammert, el que dispara al prójimo recibe esa bala en la nuca, dada la redondez del mundo. Él ha subrayado que toda vida social se erige sobre un mandamiento: «No matarás»; que existe como tal por lo mucho que se le infringe. Coincidentemente, para George Bataille (1897-1962) el interdicto o mandato general es contra la violencia,[4] porque el respeto a la vida del otro es la base de toda sociedad y el principio fundamental que todo Estado debería proteger cual esencia del valor moral y fundamento económico.

Oscuros nubarrones

En Costa Rica, resulta llamativo que una fracción de la burguesía le haya declarado la guerra a un Estado que es en primer lugar su servidor. Lo viene haciendo mediante una guerra financiera con las armas de la «ingeniería fiscal»: exenciones, moratorias, amnistías, evasiones, elusiones, colisiones, venta de activos a precio de remate y endeudamiento público. Todo un arsenal que depara ganancias billonarias a los más poderosos, pero tiene a la CCSS al borde de la quiebra y al gobierno de rodillas ante poderes fácticos, financieros y mediáticos que aseguran la acumulación, concentración y centralización del capital. Ello consolida la vergonzosa desigualdad social, mientras un coro de demagogos y populistas se rasga las vestiduras en público, como hacían antes los fariseos.

Esa guerra económica se acompaña con una guerra mediática que dispara una mentira tras otra, tendenciosamente, contra instituciones y universidades públicas, contra sus empleados y contra las personas pensionadas, aprovechándose de esa ilusión óptica que es efecto de unas redes sociales infestadas de odio e ignorancia; animadas por personas que son fácil presa de cifras, fotos, audios, noticias, trinos, memes y rumores falsos, además de argumentaciones falaces que solo muestran lo estúpidos que pueden llegar a ser nuestros prejuicios. Por dicha, son flores del mal que duran un día.

Tal como lo expone el juez de la República Andrés Retana,[5] el caso es que se está poniendo en marcha una agenda que suprime sistemáticamente derechos laborales y humanos conquistados a lo largo de muchos años, mediante una usurpación política autoritaria que, aprovechando la pandemia, no escatima esfuerzos en quebrantar la Constitución. Asimismo, se viene perdiendo la soberanía del Estado en cada coqueteo con el FMI y la OCDE, extraviada en la ilógica de una deuda impagable y montados como vamos en el tren sin frenos de la catástrofe ecológica. Ya se sabe que quien paga la música pone al endeudado a bailar descalzo al ritmo de los martillazos de la insolidaridad. Lamentable, porque sin soberanía estamos ante una caricatura de Estado.

Por eso, el Ejecutivo y el Legislativo seguirán siendo demandados, dadas sus múltiples tentativas de quebrantar la norma superior. Les seguirá lloviendo recursos constitucionales y de amparo, así como demandas penales. Además, ya el movimiento sindical y social ha cerrado filas y ha comenzado a tomar las calles. También han comenzado las manifestaciones como las de la Coordinadora Patriótica Alajuelense Juan Santamaría. El domador del Leviatán comienza a reunir su voz como si fuera los vientos de un huracán que sopla las velas de la resistencia popular.

La ley 9796 es el mejor ejemplo de todo esto. Ella recorta de manera regresiva y violenta las pensiones medias entre 2,200 y 5,000 millones (nominales). Al mismo tiempo, no toca a las más altas, las cuales mejoran. El Presidente ha celebrado en su Facebook la entrada en vigencia de ese adefesio jurídico, para ahorrar unos 10,000 millones al año, según corrige ahora (quién sabe qué se hicieron ya 2,000 que habían anunciado), pero no podrá usarlo como pretendía la ley 9836 sin contravenir el artículo 73.[6] Se socava así un pilar de la seguridad jurídica del Estado, lo cual representa una amenaza para todos: «A ninguna ley se le dará efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna, o de sus derechos patrimoniales adquiridos o de situaciones jurídicas consolidadas».[7]

Por encima de la carta magna, el Presidente se muestra orgulloso de meter la mano en el bolsillo de cientos de personas adultas mayores a las que se ha sumido en la mayor zozobra, angustia e indignación de toda su vida, haciéndolas sentir insultadas, humilladas y perseguidas, porque han hecho añicos sus proyectos de vida. Este ataque artero del Presidente contra los adultos mayores merece quedar impreso indeleblemente en la memoria de nuestro pueblo como una acción arbitraria y regresiva contra el Estado social de derecho. En sí mismo, revela lo poco que valora don Carlos la dignidad de su puesto y la poca conciencia que tiene de lo que son derechos laborales y humanos.

[1] Citado en la introducción de Carlos Moya a: Hobbes, T (1980) El Leviatán. Madrid: Editorial Nacional.

[2] Ver un ineludible trabajo sobre Hobbes en: Esposito, R (2003) Communitas. Origen y destino de la comunidad. Buenos Aires: Amorrortu.

[3] Esposito, Ibid, p. 13.

[4] Bataille, G (1985) El erotismo. Barcelona: Tusquets editores, p. 69.

[5] Andrés Alberto Retana Vargas (Juez de la República): «La supresión sistémica de derechos de las personas para el ingreso de Costa Rica a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos» (OCDE). Semanario Universidad. Opinión. Julio 20, 2020.

[6] Constitución de la República de Costa Rica.

[7] Ibid, capítulo 34.

Por una condonación de la deuda pública externa de América Latina

Franz Hinkelammert (Alemania/Costa Rica), Yamandú Acosta (Uruguay), William Hughes (Panamá), Orlando Delgado (México), José De Echave (Perú), Henry Mora Jiménez (Costa Rica), Luis Paulino Vargas Solís (Costa Rica), Jorge Zúñiga (México)

El crecimiento económico como política y el endeudamiento como adicción

La globalización neoliberal encumbró la “sociedad del crecimiento”. El crecimiento se convirtió en la política central que supuestamente sostendría el consumo, la inversión, el empleo y el bienestar social.

El pretendido crecimiento ad infinitum resultó tener “efectos colaterales” (humanos y ecológicos), pero se asumió que el libre mercado y el desarrollo tecnológico lograrían contrarrestarlos. Y si no lograban solucionarlos, entonces no habría solución alguna: el progreso demanda “sacrificios”.

La teoría económica neoliberal dio un viraje de 180 grados: el “ahorro de hoy” dejo de ser la fuente para el consumo y la inversión “de mañana” (tesis keynesiana). El consumo por el consumo (consumismo) se convirtió en el motor del crecimiento, y la inversión productiva perdió el sentido de incrementar la “capacidad productiva” para considerarse casi exclusivamente en términos de su rentabilidad de corto plazo. Entre 1970 y 2007 se impusieron el capitalismo de casino y la financiarización, dominando la economía real. La crisis del 2008 fue interpretada como un tropezón normal en el frenesí de “exuberancia irracional”.

El consumismo desenfrenado y la inversión financiera se apuntalaron fuertemente en el crédito: a los hogares, empresas y Estados; desmantelando, además, las políticas del Estado de bienestar. Se generó una dependencia adictiva entre el crecimiento económico (la acumulación de capital) y el endeudamiento sin límite.

El pago de la deuda como genocidio

El capitalismo se fundamenta en el crecimiento económico, y como ya no puede hacerlo con saltos de productividad, se alimenta de nuevas “acumulaciones originarias” y de un endeudamiento tóxico que conduce a deudas perpetuas e impagables. Después del estallido de la crisis de la deuda en los años ochenta, podría esperarse que la situación de la región mejorara en el mediano plazo, pero se ha agravado. La deuda externa se duplicó hacia 1990, y para 2019 había crecido 10 veces, superando los 2 billones de dólares, con un pago de intereses que sumó un poco más de 1.1 billones de dólares. En realidad, todo el aumento de la deuda hasta 2010 ha sido resultado de pagos de intereses. El ingreso neto por nuevos créditos externos fue nulo hasta 2010. El pago de intereses corresponde a un dinero jamás entregado, se trata de una brutal usura. Hasta 2018, el 60% del aumento de la deuda externa lo constituyó la capitalización de intereses, los que se “pagaron” con nueva deuda, que seguirá exigiendo pago de intereses por recursos financieros que nunca han servido a los países de América Latina.

Esta situación es extensiva a la deuda pública: en los próximos cinco años el 32% del servicio de la deuda correspondería a pagos de intereses, lo que se agrava con la Pandemia de la Covid-19. La deuda externa es una fuente perpetua de extracción de excedentes de las economías de América Latina, sobre la base una deuda impagable. Resolver esto demanda la condonación inmediata de dicha deuda.

Este terrible año hay que pagar la deuda, tanto su capital como los intereses. Este pago en muchas sociedades, en especial las de América Latina, impide atender demandas sociales en salud, educación, protección social, cultura y demás servicios sociales y de protección del ambiente. El pago del capital y los intereses es la primera prioridad del presupuesto nacional, aunque miles o millones de ciudadanos no logren satisfacer sus necesidades básicas. La pandemia de la Covid-19 ha puesto al desnudo este genocidio económico-social.

Las crisis de deuda y su papel como estrategias de sometimiento

El endeudamiento es un gran negocio de los bancos y las empresas transnacionales, especialmente cuando las deudas se vuelven impagables. El país que no pueda pagar tendrá que ceder su soberanía, sus recursos naturales más valiosos y sus empresas públicas. Este pillaje incluso se hace calculadamente para que el país endeudado pueda seguir pagando, y cada tiempo se renegocia la deuda y hasta se permiten condonaciones parciales de intereses.

El endeudamiento externo hizo posible someter a toda América Latina durante la crisis de la deuda de los años 80 del siglo pasado, transformándola en un proceso de expropiación bajo el eufemismo de los “ajustes estructurales”.

El Acuerdo de Londres de 1953

El Tratado de Versalles (1919) fue un ejemplo de la ceguera de la “voluntad de poder”. Los ganadores de la I Guerra Mundial impusieron a Alemania costos de guerra a todas luces impagables. El tratamiento de la deuda alemana y el de otras naciones europeas después de la II Guerra fue muy diferente. Empezaba la guerra fría y las medidas para “salvar el sistema” incluyeron la eliminación de la mayor parte del pago de las deudas alemanas con el resto de Europa occidental y otros países aliados, Grecia incluida, además del Plan Marshall y la concesión de nuevos créditos sin intereses.

Ante los efectos económicos y sociales devastadores a causa de la pandemia de la covid-19, el FMI se niega a discutir una posibilidad semejante, y sólo considera condonaciones parciales o posposición de pagos de intereses para los países más pobres y endeudados. Quieren repetir el Tratado de Versalles, solo que ahora con los “perdedores” (víctimas) de la globalización.

El Fondo Monetario Internacional: la aparente paradoja de la condonación de las deudas. ¿Se debe pagar, aunque no se pueda pagar?

Desde el estallido de la crisis latinoamericana de la deuda en 1982, han sido múltiples los llamados a la condonación total de la deuda. La negativa del FMI y del Banco Mundial se respalda en la “responsabilidad de los deudores”, de gobiernos que irresponsablemente incurrieron en esa deuda. Según este argumento, ni siquiera la incapacidad de pago justifica la condonación de las deudas. El deudor es culpable de su incapacidad y el acreedor es exonerado de no anticipar que el deudor no podía pagar. Pero el argumento se desmorona cuando cualquier auditoria de la deuda muestra el pillaje del acreedor o la corrupción de los gobiernos de turno.

Entonces el FMI y el BM recurren a otro argumento: “la ley y el orden” de los mercados financieros y la continuidad de los préstamos en el futuro. La condonación de la deuda lesionaría la capacidad de las instituciones de crédito de seguir prestando y socavaría la confianza en el sistema financiero. Tal argumento es indefendible, cuando gobiernos y bancos centrales de los países ricos compran billones de dólares en valores o sencillamente emiten billones en monedas duras para salvar de la quiebra a bancos, empresas y mercados de valores, acrecentando la desigualdad y la injusticia.

Por una condonación de la deuda pública externa de América Latina

Cuando las deudas, supuestamente, se pagan con nuevas deudas y, además, los intereses se agregan, la deuda total crece sin más límite que el impuesto por la progresión del interés compuesto. Ha llegado el momento de transformar el sistema.

La crisis en curso ha ratificado que el futuro de la humanidad está en riesgo. Tenemos una oportunidad para corregir situaciones que muestran tendencias catastróficas. Recuperar la solidaridad como un valor global permitirá poner en el centro valores sociales fundamentales que la globalización neoliberal ha relegado o incluso aplastado.

La reconstrucción de las relaciones humanas, en la perspectiva de la vida y el bien común, exige cambios radicales: en nuestro metabolismo social, en las relaciones laborales, en la división sexual del trabajo, en los servicios básicos para toda la población, en los sistemas tributarios, en la propiedad intelectual y la cultura, en el dinero y las finanzas, en los organismos financieros internacionales, en la cooperación entre las Naciones, etc. Una Condonación Mundial de la Deuda Externa Pública sería sólo un primer paso, pero uno que puede cimentar la construcción de un futuro mejor para todas y todos, pero especialmente, para las víctimas del capitalismo neoliberal, colonial y financiarizado.

Lo que cambiará post-pandemia

Óscar Madrigal, abogado

Muchas cosas cambiarán después de esta pandemia, pero esas cosas y los asuntos sociales y de Estado no lo harán automáticamente, de manera mecánica, sino que requieren del empuje de los movimientos sociales y políticos para que el país avance. Cuando no se genera una fuerza innovadora, las sociedades se estancan, se inmovilizan y tienden inercialmente por volver al viejo estado de cosas. En estas circunstancias, como lo ha mostrado la historia, por regla general ocurre una descomposición social, que se traduce en más pobreza, desigualdad y desesperación.

De aquí surge la imperiosa necesidad de la articulación del movimiento social y del movimiento progresista para desarrollar un programa que permita a la sociedad costarricense planear y avanzar en un nuevo concepto de sociedad.

Esa nueva alternativa de sociedad deberá fundamentarse en nuevos conceptos. Pienso en los siguientes:

1-. Ciudadanía. La ciudadanía debe concebirse de manera activa, contralora y propositiva. Los ciudadanos dejan de ser solo sujetos de momentos electorales, para asumir el poder ciudadano desde la sociedad misma para pedir cuentas, exigir cumplimiento de promesas o censurar a todos los ciudadanos que ocupan puestos de dirección en el Estado.

2-. Nación. La globalización como ha sido concebida ha mostrado ser insuficiente para afrontar los problemas globales. El concepto de Nación debe ser retomado para asumir el compromiso de desarrollo económico nacional y para exigir normas internacionales que resguarden los intereses laborales y económicos de todos los países.

3-. Soberanía. Solo mediante un concepto de soberanía que recupere el poder de decisión nacional en cuanto al apoyo a la producción nacional, así como la capacidad del país de mantener una política internacional independiente, sea manteniendo una neutralidad y respeto por a la autodeterminación de los países.

4-. Producción. El desarrollo productivo seguido hasta ahora debe cambiar de paradigma. El crecimiento económico desmedido sin considerar a la Naturaleza y la igualdad social es insostenible. El crecimiento del PIB no debe ser un único parámetro de medición de la riqueza social o natural. El respeto por la Naturaleza debe sustentarse en el apoyo y desarrollo de un fuerte movimiento ecologista para revertir los daños que estamos ocasionando a nuestro Planeta.

5-. Igualdad. La brecha social que cada vez se agranda más entre unos cada vez más ricos y otros cada vez más pobres, debe revertirse inmediatamente. La distribución de la riqueza, que es producida por los trabajadores, debe hacerse de manera equitativa. La igualdad de derechos humanos y patrimoniales entre hombres y mujeres es la única forma de mantener un desarrollo realmente humano.

6-. Solidaridad y humanismo. La sociedad debe fundamentarse en nuevos conceptos de solidaridad para que el desarrollo se vea como responsabilidad de todos, pero también para beneficio de todos. El humanismo es el fundamento del respeto a los derechos humanos de todas las personas como un atributo natural: creencias religiosas, preferencias sexuales, políticas, etc., la política es la no discriminación.

La democracia es el mecanismo político que permitirá el acceso de todos los grupos sociales y partidos políticos, en un plano de igualdad, a los medios de comunicación y a los procesos electorales.

Estos son algunos conceptos que debemos asumir para la sociedad post-pandemia. No son, lógicamente, los únicos, ni tal vez lo mejor elaborados, pero pueden ser una base de pensamiento.  De ellos se deducirán medidas concretas, como debe ser.

Declaración Conjunta del Consejo Nacional de Iglesias de Cristo en USA y el Consejo de Iglesias de Cuba

La Habana, Cuba – Washington, USA
26 de marzo, 2020

“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones”
Apocalipsis 22:2

Estamos a solo pocos días de la celebración de Semana Santa 2020, la más importante celebración del cristianismo, y el mundo atraviesa por una crisis humanitaria de alcance incalculable que afecta todas las aristas de la vida en el planeta.

El Consejo de Iglesias de Cuba y el Consejo de Iglesias de Estados Unidos hemos trabajado juntos en unidad por muchos años por el derecho a la vida, la salud y el bienestar de todos los habitantes de este mundo. Es el amor de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador el que nos une y nos pide que elevamos nuestras oraciones a nuestro Dios por los países y las familias que hoy sufren a causa de la pandemia COVID 19. Este sufrimiento que se agudiza y extrema por causa de las desigualdades e injusticias, las brechas enormes entre ricos y pobres, las diferencias entre las regiones del mundo, la falta de inclusión, la injusticia de género, los problemas migratorios y de justicia climática.

Solicitamos al Gobierno de los Estados Unidos el levantamiento inmediato del bloqueo económico financiero y comercial que por más de 60 años ha sido impuesto a Cuba, así como a otras naciones.

Pedimos que pare toda manipulación y uso de los intereses políticos y económicos ante la crisis humanitaria global actual, agudizada y visibilizada por la pandemia del COVID 19.

Solicitamos al movimiento ecuménico internacional, a todas las iglesias y religiones en los propios Estados Unidos y el mundo, a los gobiernos, a las Naciones Unidas y a todas las personas de buena voluntad, que se unan en al esfuerzo por una petición global para el levantamiento inmediato del bloqueo y para el cese de toda sanción sobre cualquier país o región; sobre todo ahora que estas políticas genocidas frenan y limitan la respuesta global a la pandemia COVID 19.

Saludamos y felicitamos la “Carta Pastoral” del CMI del 18 de Marzo, la “Declaración Conjunta” de ACT Alianza y Religiones por la Paz, del 26 de Marzo y especialmente el “Llamado” realizado por CWS el 24 de Marzo en relación al levantamiento del bloqueo y las sanciones. Así como otras iniciativas y esfuerzos que están conformando, una campaña global a favor de la colaboración, la unidad y la paz en la búsqueda de las soluciones y respuestas apropiadas a la pandemia COVID 19 y la crisis mundial.

Nosotros estamos agradecidos a los miles de médicos cubanos, enfermeros y profesionales de la salud quienes están salvando vidas por todo el mundo. Por lo tanto, es imperativo el levantamiento del bloqueo y las sanciones coercitivas para continuar de forma más efectiva salvando vidas durante la pandemia.

Nosotros sabemos la buena voluntad entre cubanos y norteamericanos puede ayudar al mundo entero en este momento. Oramos para que nuestra oración sea escuchada.

Jim Winkler
Secretario General y Presidente
Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo en USA

Rev. Antonio Santana Hernández
Presidente
Consejo de Iglesias de Cuba

Rev. Joel Ortega Dopico
Secretario Ejecutivo
Consejo de Iglesias de Cuba

Rev. Dr. John Dorhauer
Moderador de la Junta de Gobierno
Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo en USA

El Consejo de Iglesias de Cuba con 50 Miembros entre Iglesias y Organizaciones basadas en la fe Sirve al pueblo de Cuba desde 1941 bajo el lema “Unidas y Unidos para Servir”

Sirviendo como una voz leader de testimonio del Cristo vivo en la vida pública desde 1950, el Consejo Nacional de Iglesias de Cristo en los Estados Unidos (NCC) reúne a 38 comuniones miembros y más de 40 millones de cristianos en un compromiso común con el amor de Dios y su promesa de unidad.

Enviado a SURCOS por Carlos Tamez.

Imágen: https://www.cubahora.cu/politica/afectaciones-del-bloqueo-a-cuba

Improvisación en la Cancillería

Por Marlín Oscar Ávila

Los costarricenses debemos preguntarnos, hacia dónde queremos dirigir nuestras relaciones internacionales. Si no tenemos esta definición será inevitable que cualquier fuerza internacional la defina por nosotros. El mundo actual se está moviendo a velocidad luz, comparado a veinte años atrás, cuando el panorama cambiaba a menos que la velocidad del sonido.

Para nadie debe ser extraño que tengamos rencillas con los hermanos nicaragüenses, eso es histórico en nuestra familia centroamericana. Lo que no es tan común es tener riñas con hermanos que viven muy al sur de nuestro territorio. Y, si nos descuidamos nos van a endosar enemistades con otros países, incluso africanos y asiáticos, dependiendo a quién declaran enemigos en Washington, más aún si el nuevo posible enemigo tiene abundancia de riquezas. No se nos ocurre que se van a violentar nuestras relaciones diplomáticas con Haití, Nueva Guinea o Santa Lucía o la también empobrecida Honduras.

Con el pleito gratuito que ahora se tiene con el gobierno de Venezuela, para nadie con «cinco dedos de frente», como decían nuestros abuelos, es algo originado por nuestras relaciones históricas con esa nación. Desde que aprendimos a respetar la soberanía ajena, nuestra nación ha mantenido relaciones fluidas con todos los países del orbe mundial. Incluso, nos acomodamos de tal manera que llegamos a ser vistos con una cultura abierta hacia otras muchas culturas, muy diferentes en su desarrollo socio político y económico, hasta en sus marcos ideológicos. Desde luego, eso nos llevó a tener un mejor panorama de nuestro propio desarrollo.

Sin embargo, esto ha venido distorsionándose velozmente con las influencias del nuevo gobierno en Washington. Siempre hemos tenido la influencia de los gobiernos estadounidenses, pero los anteriores nos vieron como una sociedad importante en los manejos culturales y de nuestra política enmarcada en la «democracia occidental», por lo cual, había que cuidar de no alterar los caminos trazados por nuestro pueblo. Sabían que «una buena proporción de ticos pensamos como gringos».

Como bien sabemos, el actual gobierno de Donald Trump, no tiene ningún tipo de consideración para sociedades como la nuestra. Para él el mundo se divide en dos: los que le siguen sus mandatos y ocurrencias xenofóbicas, para llegar a construir el tercer imperio neofascista, acumular riquezas y, los que no le siguen. Así que obliga a cualquier nación a que se defina sí se une a sus ambiciones imperiales y se somete a sus dictados o se convierte en su enemigo. Para este ignorante e inculto comerciante de las mayores riquezas del mundo, solamente logra diferenciar que existe la relación con un príncipe heredero en Arabia Saudita, a quien trata como si fuese un demócrata, respetuoso de los derechos humanos, haciendo caso omiso de sus crímenes cotidianos y, a un gobernante en un país inmensamente rico en minerales, como Venezuela, que no obedece sus mandatos, por lo tanto hay que destruirlo.

Coloquemos el perfil de nuestro presidente Carlos Alvarado al lado del de Donald Trump. La calidad humana del nuestro, supera con creses al estadounidense. No obstante, el de Washington está definiendo nuestras políticas actualmente. A ese neo nazi que no elegimos.

Veamos alguna de las trampas a que nos podremos meter sin tener definida nuestra política exterior.

Oficialmente «hemos aceptado» al tal Guido como gobernante de Venezuela. Nombrado «Presidente encargado» seleccionado por Donald Trump. Consecuentemente, «hemos» dado 60 días a la misión diplomática del gobierno elegido democráticamente, para desalojar su embajada en Los Yoses, San José. Ese plazo seguramente vino de Washington, donde se ha cronometrado la toma de poder en Caracas. Nuestros gobernantes no saben si eso será así. No tenemos el expertís militar en producir golpes de estado, menos en el extranjero.

Pero el riesgo es, si no le resultan bien los cálculos y la masacre programada por el Pentágono, ¿adónde quedaremos los ticos? La vergüenza internacional que se nos viene.

Ahora resulta que el gobierno del vecino Nicaragua «tiene los días contados» por decisión de «la santa inquisición» del Pentágono. ¿Será que también nuestro presidente (no nosotros, la ciudadanía) va a verse obligado a romper relaciones con nuestros hermanos nicaragüenses?

Pareciera que nuestro gobierno no solamente improvisa, sino que solamente obedece. Nuestro nuevo Canciller tampoco nos impresiona. Pareciera estar esperando que Washington le dicte las pautas a seguir, como se las pudo haber dictado en el CIDH.

Así que estamos muy mal en nuestra política exterior, desde el comienzo del «gobierno de la unidad» con posible graves consecuencias para nuestro pueblo costarricense.

Nuestro gobierno debe saber diferenciar el tratar asuntos internos con los externos. Estos últimos son muy delicados, al grado que pueden afectar nuestro futuro como nación.

 

Enviado por el autor.

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Hace 162 años el patriotismo expulsó al filibustero

José Manuel Peña Namoyure

20 de marzo, medio día

 

Dentro de unas pocas horas se cumplirán 162 años en que las tropas costarricenses, combatieron con patriotismo y coraje para repeler al filibustero gringo William Walker que venía y quería hacernos súbditos y vasallos de un país extranjero.

Ahí en los corrales de piedras de esa hacienda ganadera, los ticos ganaron en poco tiempo la batalla y lograron que los invasores huyeran desde adonde habían llegado: Nicaragua.

Quiso el destino que desde el territorio de Guanacaste, se diera una lucha frontal y cruenta, para salvaguardar la soberanía, la libertad y la paz por siempre de Costa Rica.

Me decía esta mañana un brillante intelectual cubano, que esa Batalla de Santa Rosa, fue clave para Centroamérica y más allá, dado que las intenciones estadounidenses, eran de un expansionismo sin límites.

Por eso, gracias a costarricenses estudiosos de la verdadera historia costarricense, sabemos ahora con amplios detalles, acerca de la grandeza de espíritu y patriotismo colosal del entonces presidente Juan Rafael Mora y todos cuantos participaron en la gesta de Santa Rosa el 20 de marzo de 1856 y en la batalla de Rivas, Nicaragua, el 11 de abril de 1856.

¡¡¡Vivan el presidente Mora y los que nos legaron Patria Libre!!!

Saludos desde la sabana guanacasteca.

 

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Terremotos geopolíticos

Terrorismo planetario

Por Arnoldo Mora

Los cambios operados en la geopolítica mundial han adquirido en días recientes una dimensión y una velocidad siderales. Lo dicho se manifiesta en dos realidades antagónicas: una, angustiante por su violencia, en los conflictos que se han suscitado en varios lugares como el Medio Oriente y Ucrania; la otra plena de expectativas y que tienen que ver con los planes de desarrollo y soberanía de regiones hasta ahora consideradas periféricas. Esos fenómenos macropolíticos solo se entienden si se asume como trasfondo la profunda crisis económico-social que viven los países industrializados. Con ello se hizo patente que la hegemonía política de Occidente tocaba a retirada en el panorama mundial. Nuevas fuerzas económicas y políticas emergían encabezadas por China, ese gigante dormido por siglos que Mao despertó. Pero, junto a China ha surgido el grupo llamado de los BRICS, que abarca el 40% de la población mundial, el 27 % de los recursos naturales y el 21% del PIB. Todavía no gobiernan el mundo, pero sin ellos tampoco se puede gobernar el planeta. Quienes hegemonizan ese grupo son los líderes de China y Rusia, cuyos periplos por Nuestra América ya se están haciendo habituales.

Actualmente el mundo se ha dividido en grupos o bloques que abarcan, tanto lo económico, como lo político e, incluso, lo militar. En nuestra región el grupo más sólido y lúcido es el conformado por los países de América del Sur. Pero el mayor logro de esta política unitaria se dio con la constitución de la CELAC, cuya presidencia pro tempore corresponde en este año al mandatario costarricense Luis Guillermo Solís. Eso explica y justifica su más reciente viaje a Brasil. Lo que acaba de acaecer en Brasil, cuando los países que conforman UNASUR se unieron con los que integran el BRICS y recibieron a los líderes de Rusia y China, constituye todo un hito histórico que revela la magnitud del terremoto geopolítico que se está operando en el panorama internacional y que señala, no me cabe la menor duda, el rumbo que cada vez más claramente está tomando la humanidad en el siglo XXI.

Un país pequeño y carente de materias primas estratégicas, pero cuya importancia es gigantesca dada su posición geográfica en la Cuenca del Caribe y como puente natural entre las Américas del Sur y del Norte, no puede ignorar esta realidad. Luis Guillermo Solís lo sabe muy bien, pues mucha de su experiencia política la adquirió en el ámbito de la diplomacia regional. Sus miradas y expectativas deben dirigirse hacia el Sur, donde se encuentran sus hermanos latinoamericanos, hijos de la Patria grande de Bolívar, Juanito Mora y Martí. Debe vencer temores y resistir presiones, como en su política exterior lo hizo Oscar Arias, nada sospechoso de veleidades izquierdosas, pero que estaba consciente de que el mundo está cambiando. Un gobernante que respete su investidura no debe doblegarse ante la agenda política que, desde su boletín de Llorente, trata de imponerle nuestra anquilosada oligarquía. El Presidente y su Canciller tienen el deber patriótico de obedecer al Soberano que los eligió y no a antidemocráticos poderes fácticos que responden a intereses privados.

 

Enviado a SURCOS por el autor.

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¡NO más buitres!

No más fondos buitres

Jubileo Sur/Américas

2014-07-14 21:00:00

El 16 de junio recién pasado, la Corte Suprema de Justicia de EE.UU. anunció dos decisiones altamente peligrosas no solo para Argentina y su pueblo, sino para todos quienes reivindicamos la soberanía y la primacía de los derechos humanos por sobre las pretensiones del gran capital. Se rechazó la apelación argentina, dejando firmes los fallos que desde 2012, ordenan a la Argentina a pagar el 100% de lo demandado por varios fondos conocidos como buitres – encabezados por NML Capital – y de pagarlo antes de seguir pagando los demás bonos reestructurados en 2005 y 2010. Además, convalidó el pedido de los mismos buitres para que Argentina identifique los activos que posee fuera de su propio territorio, a fin de facilitarles nuevas acciones en busca de cobrar lo que los tribunales estadounidenses han decidido que Argentina les debe.

Ambas decisiones son tan repudiables como esperadas

En un contexto mundial donde la vida humana, la vida de la naturaleza, la soberanía y los derechos de los pueblos y las naciones están cada vez más fragilizados por el accionar del gran capital – la financiarización y crisis perpetua de la economía capitalista mundial, el auge de la economía-casino y el recrudecimiento de su fuerza explotadora y depredadora del trabajo humano y de los bienes naturales – ponen en evidencia la consolidación de una institucionalidad jurídico-política que no reconoce límites a la usura y la avaricia del capital. Una verdadera arquitectura de la impunidad que, empezando con la propia Ley de Inmunidad Soberana de EE.UU., que en 1976 estableció que la soberanía de las naciones termina cuando así lo determina el mercado, siguió construyéndose en los años de auge neoliberal tras la firma de múltiples tratados y acuerdos de libre comercio, de “cooperación económica”, de protección a las inversiones y de prórroga de las jurisdicciones nacionales a favor de tribunales extranjeros y foros arbitrales como el CIADI.

El ataque de estos fondos especulativos no es nuevo

Por más que se encuentre ahora respaldado por el máximo tribunal estadounidense, forma parte de un proceso de endeudamiento cruento, ilegítimo e ilegal, cuyos altos costos el pueblo argentino viene pagando desde hace ya demasiados años. Para no ir más atrás en la historia, los bonos hoy en manos de estos buitres remontan directamente a las deudas odiosas acumuladas por la dictadura (‘76 – ‘83) y el endeudamiento impuesto durante los años ´90, bajo la fuerza extorsiva de las mismas y el apoyo decidido del FMI, el BM, el Club de París y otros. Una deuda que ha sido encontrada fraudulenta y arbitraria en sede judicial (Caso Olmos, Causa N° 14.467, Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 2 de la Capital Federal, 13 de julio de 2000) y que se encuentra igualmente denunciada en otras causas aún abiertas en tribunales argentinos.

30.000 desaparecidos y desaparecidas, la entrega del patrimonio público, los sucesivos ajustes y el colapso económico del 2001 con sus horrendas secuelas en términos de empobrecimiento, desempleo, exclusión y reordenamiento de la economía, profundizando la explotación y el extractivismo al servicio del pago de una deuda que, por sus probadas ilicitudes, hace tiempo debería haberse declarada nula de nulidad absoluta: son apenas ejemplos del costo humano, social, económico y ecológico que sólo seguirá creciendo si no se encaran los problemas de fondo.

Hasta ahora, el gobierno argentino ha intentado “ganar” el partido de la deuda, jugando con las mismas reglas que establecen sus pretendidos acreedores. Ha puesto como objetivo el retorno a los mercados internacionales de capitales, para endeudarse nuevamente y seguir sometiéndose a la dependencia y dominación de esos mismos capitales, apostando a un capitalismo “más humano” que, sin embargo, no deja de ratificar que su naturaleza es explotadora y depredadora. Los resultados están a la vista: más de USD 400 mil millones pagados desde el fin de la dictadura en 1983 y más de USD 174 mil millones en la última década, en concepto de una deuda que en el mismo período se ha incrementado de USD 43 mil millones a más de USD 240 mil millones. El hecho de que la moratoria parcial de pagos sobre la deuda, luego del colapso de 2001, permitió a la economía argentina iniciar un proceso de recuperación, señala a las claras que existen alternativas al pago perpetuo de lo que ni siquiera se debe.

¡No permitamos que los buitres sigan volando!

Llamamos a los pueblos, los movimientos y organizaciones, los gobiernos e instituciones de la integración, sobre todo de nuestra América y del Sur entero, a unir fuerzas para poner fin a esta embestida y a toda posibilidad que los buitres de cualquier calaña, sigan viviendo de lo nuestro:

–       Apoyemos al pueblo argentino en su lucha por no seguir pagando lo que no se debe. Sean cuales sean las medidas que ahora tome el gobierno, los costos para el pueblo de continuar reconociendo y pagando deudas comprobadamente fraudulentas son ya demasiados. Apoyemos en especial, la demanda expresada por numerosas organizaciones y referentes argentinos, en su pronunciamiento NUNCA MÁS BUITRES, para que el gobierno argentino suspenda todo pago hasta no completar una auditoría participativa e integral de los diversos reclamos, sobre la base de las investigaciones judiciales ya realizadas. Esto ayudaría a desconocer los reclamos de deuda ilegítimos e ilegales y a permitir que se priorice el pago de la deuda social con los únicos acreedores probadamente legítimos: el pueblo argentino.

–       Apoyemos el derecho del gobierno argentino a no ceder ante los fondos especulativos o buitres de cualquier calaña, por más que tengan el respaldo injusto del poder judicial estadounidense o de donde sea. Hará bien recordar que no toda ley es justa, y que toda ley injusta debe ser resistida hasta su eliminación. Los Principios Rectores sobre la Deuda y los Derechos Humanos reafirman que los derechos humanos, incluyendo en especial los derechos económicos, sociales y culturales, tienen primacía por sobre cualquier acuerdo o contrato comercial de deuda. Asimismo, señala a los estados prestamistas y prestatarios, a las empresas e inversores financieros e instituciones multilaterales implicados directamente en los procesos de endeudamiento de naciones soberanas, que es derecho y obligación de los Estados tomar las medidas necesarias para cumplir prioritariamente con los derechos humanos de sus poblaciones, así como también de no pagar deudas odiosas o cuya legitimidad y legalidad no hayan sido establecidas. Y ratifica a todos los Estados que es su obligación cumplir, y hacer cumplir, con estos derechos.

Proponemos:

–       Llamemos al gobierno argentino, y a todos los gobiernos que quieren proteger a sus poblaciones y prevenir nuevos ataques buitre, a ponerle fin a sus privilegios e impunidad:

i.        anulando y dejando de reconocer como válidas, la renuncia a la soberanía impuesta en los contratos de endeudamiento y la prórroga de jurisdicción a tribunales extranjeros y foros de arbitraje extrajudiciales como el CIADI, donde se anidan otros buitres;

i.        denunciando y desistiendo de negociar y firmar, tratados de libre comercio y de protección a las inversiones que implican la entrega de nuestra soberanía a las grandes empresas y mercaderes de capitales.

–       Llamemos a todos los gobiernos, en especial de América latina y el Caribe y del resto del Sur global, a las instituciones de la integración como por ejemplo la UNASUR, el ALBA, el CELAC, el G77,aapoyar a Argentina en la dirección señalada y a avanzar juntos en la generación de nuevas políticas, instrumentos e instituciones que rompen de una vez con los esquemas capitalista neoliberales impuestos y permiten construir desde lo nuestro, incluyendo por ejemplo un Banco solidario del Sur y la adopción de leyes y políticas nacionales, regionales e internacionales de control sobre los movimientos de capitales y las empresas transnacionales en general, para someterles efectivamente a la soberanía y el respeto de todos los derechos humanos.

No más fondos buitres2

Los buitres no seguirán volando tan fácilmente sobre nosotros si desde nuestros países no se les permite pasar. Juntos podemos avanzar en la construcción de nuevas realidades de vida y de bien vivir, logrando además poner fin a la impunidad con que opera el sistema económico y financiero internacional y que los responsables reparen los crímenes cometidos, pagando sus deudas con nosotros.

 

¡NO debemos, NO pagamos!

¡Somos los pueblos los acreedores!

-América latina y el Caribe, julio 2014

Jubileo Sur/Américas

 

Ilustraciones: Página 12 y http://crisiscapitalista.blogspot.com/

 

Información enviada a SURCOS por Minga Informativa de Movimientos Sociales http://movimientos.org/


De un sur no tan lejano venían esos amigos

S

Rogelio Cedeño Castro

Sociólogo y catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA)

De un sur no tan lejano venían esos amigos

“La hermandad y el amor por el hermano pueblo nicaragüense y por todos los pueblos del mundo seguirán vivos y nada lo podrá empañar. En un mundo en donde todavía las fronteras son una realidad y donde intereses rapaces procuran nuevos despojos de los recursos naturales, el tema de la soberanía sigue en primer plano. No se puede descuidar ni jugar con la soberanía como nos lo enseñó y nos los recordó siempre Manuel Mora Valverde. Porque, utopistas o realistas, la historia lo dirá, seguiremos soñando con un mundo y una sola patria sin fronteras” Manuel Mora Salas p. 183.

I

La prosa exquisita y la bien elaborada reflexión, presentes en cada uno de los textos individuales y la posesión de una notable destreza narrativa de todos sus autores, es algo se torna perceptible para el lector de esta obra colectiva que mereció el Premio Aquileo J Echeverría 2013, sobre todo si este se empeña en captar su sentido más hondo a partir de una visión del conjunto de sus contenidos, tomándola a la manera de una síntesis de unos aportes testimoniales que la tornan no solo atrayente, sino de sumo interés para quienes se aproximen a sus casi cuatrocientas páginas, dentro de lo que se convierte desde el inicio en una apasionante experiencia que casi nos impide apartarnos de la lectura de este libro hasta llegar a sus páginas finales. Estamos hablando de los contenidos de una invaluable publicación, cuyo título LOS AMIGOS VENÍAN DEL SUR (Editorial Universidad Estatal a Distancia EUNED San José Costa Rica 2013) nos lleva a interrogarnos inicialmente, acerca de la intencionalidad de los autores y del editor, dentro de lo que constituye un pequeño ejercicio para inferir a partir del mencionado título la significación más profunda de la obra, algo que solo se logra sopesando los elementos más universales presentes en ella y la trascendencia que, adquiere dentro de ese rango, la decisión de un grupo de combatientes costarricenses de incidir de una manera heroica y ecuménica en alto grado, pero también muchas veces silenciosa y dotada de una gran tenacidad, en un momento histórico cargado de toda clase de asechanzas para la región centroamericana, como asimismo dentro de una escala planetaria, cuando esta sufrida humanidad atravesaba por la última década de la llamada guerra fría, dentro de un escenario donde los Estados Unidos buscaban aplastar a la revolución sandinista y a las fuerzas de la resistencia popular en todos los países de la América Central. Para hacerle frente a un desafío de esa inquietante magnitud, entraron en el escenario bélico así planteado unos amigos de esa gesta emancipadora regional, unos costarricenses que se encargaron de dar un aporte decisivo a la hora del combate, dentro de un accionar coherente y bien meditado con el que se dio al traste con las pretensiones, sobre todo en el campo militar y político, de las bien armadas fuerzas de la contrarrevolución y de sus mentores imperiales, situados en la Casa Blanca de Washington.

Esos amigos de la revolución sandinista, que llegaban desde algunos territorios situados más al sur del área en la que se ubicaba el teatro de operaciones bélicas más importante, no fueron otros que los combatientes costarricenses, provenientes de las filas del Partido Vanguardia Popular, el Partido Socialista Costarricense y el Movimiento Revolucionario del Pueblo MRP, quienes por entonces mantenían sus identidades ocultas, ellos no solo fueron unos actores extraordinarios que supieron estar a la altura de los duros requerimientos que esa coyuntura demandaba, sino que ahora nos entregan ahora por escrito, cuando han transcurrido un poco más de treinta años de aquellos hechos, un testimonio histórico cargado de emotividad y calidez humana, que no solo viene a ponerle luz a los acontecimientos por ellos protagonizados, sino que nos obliga a todos a reconsiderar todo lo acaecido durante esos intensos años y empezar a valorarlos en toda su significación, pero sobre todo en términos de sus alcances históricos y de la manera con la que se proyectan hacia nosotros en este cambio de siglo. La heroica y casi silenciosa actuación de este grupo de combatientes ticos, al lado de otros de nacionalidad nicaragüense y de otros países de la región, contribuyó a impedir el triunfo militar de una contrarrevolución que tenía sus raíces en la despiadada criminalidad del disperso contingente humano de la vieja Guardia Nacional Somocista, lo que hubiera implicado una restauración plena de los peores tiempos y políticas de la dominación imperialista sobre los países de la América Central, con las que no hubieran mandado décadas atrás en materia de derechos políticos y sociales. Solo así pudieron generarse condiciones más favorables para la reconstrucción de los movimientos populares, durante la postguerra civil centroamericana de las dos décadas que siguieron al conflicto armado, de tal manera que las luchas políticas y sociales pudieran darse dentro de la institucionalidad de unas democracias formales todavía muy precarias, pero dejando atrás los tiempos del enfrentamiento armado y la aniquilación física de los dirigentes populares, los que asumieron características genocidas en algunos momentos de las décadas de los setenta y los ochenta, sobre todo en países como Guatemala, El Salvador y Honduras. Aunque en apariencia, como dijeron en su momento los ideólogos del neoliberalismo con su anunciado final de la historia(Fukuyama, dixit) y el presunto triunfo definitivo de la ideología liberal-libertaria del sálvese quien pueda con su proclamada supervivencia de los más fuertes o ganadores, las políticas del pensamiento único implementadas a partir del Consenso de Washington terminarían por encontrarse con nuevas y diversas manifestaciones de la resistencia popular, las que se evidenciaron con gran fuerza al adentrarnos en el siglo que se estaba iniciando, demostrándose así la fragilidad de los tan cacareados triunfos de las fuerzas reaccionarias y oligárquicas del istmo centroamericano.

II

Los principales protagonistas de los acontecimientos narrados en este libro no solo jugaron un papel esencial y determinante en el derrocamiento de la tiranía somocista, un régimen que era una de las principales tenazas de la dominación imperial en el istmo centroamericano, sino que combatieron con éxito a la fuerzas de la contrarrevolución en la Nicaragua de la primera mitad de la década de los ochenta, tanto en el norte como el sur del vecino país. A partir de los testimonios de algunos de aquellos combatientes sobre sus actuaciones en las filas del Frente Sur Benjamín Zeledón, como también acerca de los hechos más importantes acaecidos durante la última etapa de la insurrección sandinista de 1979, que condujo al fin de la dinastía somocista y de la Guardia Nacional, de hechura estadounidense y que quedó como una herencia maldita de la ocupación militar del imperio del norte( de 1927 a 1933), una fuerza militar represora que llenó de sangre y dolor la vida de varias generaciones de nicaragüenses. Los hechos bélicos antes aludidos que marcaron intensamente el panorama histórico de la octava década del siglo anterior para hacerle frente a la contrarrevolución, se iluminan ante nuestros ojos, al ofrecernos una perspectiva esencialmente diferente, que permitió exteriorizar toda la grandeza de esas acciones, en el terreno de la lucha armada. Una vez concluida la primera fase bélica, muchos de esos combatientes se incorporaron a la construcción del nuevo orden revolucionario y en la conformación del Ejército Popular Sandinista(EPS), que se encargó de llenar el vacío político-militar dejado por el régimen somocista al desmoronarse, sustituyendo a la fenecida y antes mencionada Guardia Nacional de Nicaragua su principal sostén y fuente de su ilegítimo origen, para darle un soporte militar decisivo al nuevo mundo que la revolución intentaba construir y a la necesidad de hacerle frente, de manera simultánea, a las nuevas amenazas que se cernían en el horizonte desde el propio momento del triunfo.

III

Una lectura atenta de los contenidos de esta obra nos pone en contacto con la dureza y el dramatismo de la guerra, algo en lo que José Picado y los autores de otros textos se empeñan en gran medida para hacernos reflexionar, a partir de la naturaleza conmovedora y siempre sincera de sus testimonios acerca de sus experiencias y vivencias en el combate contra el régimen somocista y contra las fuerzas de la contrarrevolución que emergió posteriormente. Con un epígrafe de Sun Tzu, en “El arte de la guerra”, Picado deja planteada desde el principio su reflexión seria sobre el tema, al asumir que “La guerra es un asunto sucio y todo hombre sensato debe hacer lo posible por evitarla” y pasa a evocar en la presentación del libro los momentos emotivos que se vivieron al caer la dinastía de los Somoza, como un acto decisivo que contribuyó a dar inicio a nuevas páginas de una historia centroamericana, que había permanecido estancada y entrabada durante la mayor parte del siglo XX, en gran parte como resultado del ya aludido intervencionismo estadounidense en todos los países del istmo centroamericano, el que se había encargado de hacer fracasar la breve primavera democrática que representó la revolución guatemalteca de 1944-1954, abriendo un nuevo ciclo de dictaduras militares y acciones genocidas contra la población de los países de la región.

La expresión “un soplo en la inmensidad del tiempo” con que titula su relato Ignacio, uno de los combatientes que prefiere guardar su identidad, resulta no sólo conmovedora sino que nos remite al universal deseo de paz y justicia, dentro de una visión de mundo que busca que seamos una humanidad mejor, cuando nos dice: “Ese soy yo y ese es mi testimonio, es un resumen, una parte pequeña de todo, vimos la muerte a la cara directamente, y también he visto la vida, toda maravillosa y llena de contradicciones; no hay día que no piense en todo eso, algunas veces todavía se me vienen las lágrimas cuando veo todo lo que ha pasado; eso fue un momento, todo son momentos, momentos únicos, todo esto es un soplo en la inmensidad del tiempo, algunos volvimos de allí y otros no, a todos los amigos y los que fueron enemigos los recuerdo con respeto.¡ En el fondo todos queríamos lo mismo, un pedazo de tierra, el abrazo de una mujer, besar a nuestros hijos, un plato de frijoles con tortilla y libertad!(Ignacio p.229).

Este mismo autor destaca algunos detalles un tanto paradojales de las circunstancia del conflicto armado en que se encontraba envuelto no sin una cierta gracia, como cuando nos cuenta que: “ Un día nos mandaron en varios lanchones un grupo como de 120 muchachos del Servicio Militar Obligatorio del EPS, los cuales se nos agregaron para la operación; daba lástima verlos, venían equipados como para pelear en Europa Central, con cascos de acero de tipo soviético, cinturón ruso y cada uno traía un macuto lleno de cosas inútiles por completo; los formamos y les pedimos que sacaran todo lo que llevaban en los macutos, llevaban paño, desodorante, como tres mudas de ropa, cobija gruesísima y un montón de cosas inútiles si se va a combatir en una de las peores selvas del mundo en donde se tiene que andar solo con lo indispensable; los aligeramos de carga, solo una muda extra, que botaran el calzoncillo, además de que se deshicieran del casco y se pusieran una gorra o sombrero militar; se forma una montaña impresionante de cosas, se las regalamos a la gente, ya no las iban a necesitar más, luego los llevamos a una zona de tiro durante varios días a que dispararan y se acostumbraran un poco, pues habían recibido 25 días de entrenamiento y mal dado; estaban todos asustadísimos, pues en promedio tenían 17 años y ninguno tenía experiencia previa, algunos 30 días antes estaban en el colegio o los recogieron a la salida de una fiesta, tenían los ojos desorbitados, les enseñamos lo básico y les dimos un poco de confianza, les pusimos algunos jefes con experiencia previa y quedaron mejor organizados(ibid. p.207). La mayor paradoja o aparente contrasentido, al desplegarse el esfuerzo bélico como cuando “…pusimos emboscadas y puestos de vigilancia y la retaguardia era un hospital, muchos venían con peladuras de las botas, pues las medias los habían quemado, o bien con pelones en la cintura producto del cinturón y el porta cargadores ruso, pues los rusos se esmeraron en hacer que su armamento fuera de excelente calidad, pero el equipo personal del soldado lo hicieron para monjes de clausura” (ibid. p. 211).

La extrema dureza del medio natural, la selva, el pantano, los mosquitos, los agentes patógenos, la humedad, las enfermedades y la lluvia constante e inclemente de las regiones del centro y del caribe nicaragüense no desanimaron a estos combatientes que se habían preparado, de manera concienzuda, para ejercitarse en el duro arte de la guerra después de largos desplazamientos territoriales para adentrarse en el teatro bélico de operaciones, propiamente tal, tanto en las orillas del Río San Juan como en las montañas próximas a la frontera hondureña para enfrentar, con decisión y valor, a los remanentes de la guardia nacional somocista que se internaban en territorio nicaragüense para cometer los crímenes más atroces, pues seguían siendo una fuerza, bien apertrechada y entrenada por agentes del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia(CIA) y que tenía como santuario el territorio hondureño, como también en ciertos momentos el de Costa Rica.

De aquella Brigada Mora y Cañas que se enfrentó a las fuerzas de la contrarrevolución nicaragüense durante la primera mitad de la década de los ochenta Yamileth López, José Romero y Franco no volvieron más, pues dejaron su vida en aquel escenario bélico, pues como dice Manuel Ardón ahí estaba el cadáver de “Franco de seudónimo, Wilson Arroyo de nombre; cuando vi su cadáver estaba limpio, frío, sonriente. En todas las misiones este digno guerrero no logró tener enfrentamiento alguno y las babas se le salían por matar contras; este fue el pecado de su suerte, él iba a la vanguardia y adelantó el paso y la estúpida contra arremetió ante la exploración sin esperar a emboscar al grueso de la tropa, a él le acribillaron las rodillas y murió desangrado en la soledad de la batalla, sin que nadie lograra socorrerle. Y se apagó la luz de la mañana, la de su novia, la de su nuevo hijo y yo putié por él a la muerte y a la vida, descubrí porque los hombres tras su muerte continúan construyendo la esperanza” (Manuel Ardón p.372)

 

IV

Mientras, por otra parte, José Picado el principal gestor de esta obra colectiva nos lleva a través de las palabras de sus textos (Queríamos ser como el Che p.125) hacia una comprensión de los complejos procesos que condujeron, de muy diversas maneras, al logro de una mejor preparación de aquellos jóvenes combatientes y a hacer algunas recapitulaciones de las incidencias de los distintos momentos del conflicto armado, como cuando ”Nos hicimos expertos en todos los fusiles de infantería, porque teníamos que estar en capacidad de manejar las armas que aparecieran en el terreno, en el escenario de la guerra. Incluso aprendimos a desorientar y confundir a los perros pastores alemanes, que estaban entrenados para localizar y fijar en el terreno a las tropas enemigas…Esto, por supuesto nos salvó la vida y salvó la vida de muchos de nuestros hombres, ya que en Nicaragua siempre el enemigo nos superaba en número, en armamento, incluso en capacitación…se nos enseñó a ser muy precavidos y muy económicos en cuanto a la utilización de los recursos en general. Ya no éramos guerrilleros medio zopencos que tiran un disparo y corren, sino que aprendimos a pensar adecuadamente y a confiar en nuestra capacidad y en la capacidad combativa de nuestras unidades”(Picado p.p.139-140),pero también nos muestra una picardía y una gracia notables en Bailando con Glenn Miller (p.163), un texto que por sí mismo nos habla de la calidad humana de su autor, con una gran capacidad de reírse hasta de sí mismo y de la formalidad –a lo mejor excesiva- de algunos de sus compañeros de lucha.

Por su parte, desde las páginas de su texto, Sergio Erick Ardón (A la frontera como en 1856 p.3), un importante dirigente de la izquierda costarricense, nos introduce en la temática del libro, al mismo tiempo que hace una cuidadosa reflexión cuando recuerda, a propósito del combate a la contra, durante los años ochenta que: “Un grupo de compañeros escogidos, algunos ya con formación militar, se integraron en grupos de tres en los BLI(batallones de lucha irregular), que actuaban en los diferentes escenarios de esa guerra, tanto, y sobre todo, en el norte en la zona de Jinotega y Matagalpa, como en el sur, en Nueva Guinea y el San Juan. Al tiempo que se brindaba solidaridad combativa, esta vez se trataba de ganar experiencia para el caso de que Costa Rica se viera arrastrada por el torbellino de la guerra que ya se libraba en todos los otros países centroamericanos y tuviéramos que recurrir a las armas en suelo nacional”(Ardón p.p 8-9) o también que “En el desarrollo de esa experiencia, que fue extraordinariamente rica y aleccionadora, también nos llenó de preocupaciones ver cómo el ejército sandinista orientaba el accionar militar sin atender de manera cabal la parte política con el campesinado confundido, lo que provocaba un divorcio entre lo militar y lo político, debilitando y comprometiendo la posibilidad de victoria”(ibid. p.8) y por su parte, Manuel Mora Salas (Una brigada con el nombre de Calufa p.33 y La bandera del internacionalismo p.179), el comandante Ramiro de la Brigada Calufa en el Frente Sur durante la lucha contra la dictadura somocista, y posteriormente durante la lucha contra las fuerzas de la contrarrevolución, recuerda sus inquietudes por tener una preparación militar ante los dolorosos fracasos de su partido durante la guerra civil de 1948, algo que obtuvo en la Unión Soviética, donde había alcanzado el grado de general, una preparación que resultó esencial durante esa coyuntura, nos dice que aparte de la circunstancias en que se produjo la participación de su partido en la lucha “Deben ser reconocidos también los muchos costarricenses sin partido ni carné que lo entregaron todo por solidaridad con el hermano pueblo nicaragüense en la lucha contra Somoza y luego contra la agresión imperialista…Concluyo, manifestando mi admiración por todos los excombatientes costarricenses. Quizás, no lo sé con seguridad, solo los que vimos y lo vivimos sabemos el potencial de nuestro pueblo. Su humanismo, su disciplina y su entrega heroica en las condiciones más difíciles de imaginar estrujarán siempre mi corazón” (Mora Salas p.p.182-183).

Tanto Mora Salas como Ardón Ramírez sitúan el escenario histórico de esta serie de combates para enfrentar a las fuerzas de la contrarrevolución dentro de una perspectiva que va desde el recuerdo de la gesta de 1856 hasta la del compromiso internacionalista de los combatientes revolucionarios de aquella generación, dentro de lo que podría marcar también un cierto paralelismo con la heroica determinación de los integrantes de aquellas brigadas internacionales que combatieron al fascismo de Franco; Hitler y Mussolini durante algunos de los más duros episodios de la Guerra Civil Española. A pesar del esfuerzo que hemos hecho por contextualizar los alcances históricos de esta obra colectiva y destacar algunos de los hechos narrados en ella, estamos seguros que nada sustituirá su lectura, como una grata y estimulante experiencia para los buenos lectores y a la que los estamos invitando para que se internen así en la riqueza de los contenidos de sus páginas.

 

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