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Etiqueta: Sputnik

Tsiolkovski: el origen de la astronáutica soviética

Gabe Abrahams

Konstantín Tsiolkovski fue un científico muy importante para la astronáutica soviética, la cual consiguió muchos de sus éxitos gracias a él. Esta es su biografía.

Konstantín Eduárdovich Tsiolkovski nació el 17 de septiembre de 1857 en la localidad de Izhévskoye del Imperio ruso. Su padre fue un guardabosque polaco que se trasladó a Rusia y su madre una tártara rusa. Tuvo varios hermanos.

De pequeño, Tsiolkovski padeció la escarlatina, perdió la audición y no pudo recibir una educación sistemática, aunque el estímulo de su padre le ayudó a convertirse en un ávido lector. En 1873, tras fallecer su madre, se marchó a Moscú y completó sus estudios.

En esa etapa de su vida, el joven Tsiolkovski conoció al filósofo Nikolái Fiódorov, uno de los fundadores del movimiento denominado cosmismo, y se empezó a interesar por la astronáutica. El cosmismo defendía la unidad e interdependencia del Cosmos, el protagonismo del ser humano para regularlo, la colonización del espacio, la inmortalidad, etc.

En 1879, Tsiolkovski aprobó el examen para el título de maestro. Y, al año siguiente, empezó a trabajar de profesor en Bórovsk, casándose con Varvara Yevgrafovna Sokolova. En esa localidad, aumentó su interés por la astronáutica y realizó su primer diseño de una nave espacial.

En 1892, Tsiolkovski se trasladó a Kaluga y continuó trabajando de profesor. En su nuevo destino, se centró todavía más en la astronáutica y publicó su novela visionaria Sueños de la tierra y el cielo (1895), una novela que trataba de la colonización humana del sistema solar.

En ese periodo, Tsiolkovski también estudió las propiedades físicas de los posibles candidatos a combustible propulsor y realizó cálculos de cara a comprobar su eficacia. Sus esfuerzos le condujeron a descubrir en 1903 una ecuación (Ecuación del cohete de Tsiolkovski) que permitió calcular la masa de combustible necesaria para lograr una velocidad de vuelo determinada. Sus ideas buscaban hacerse efectivas.

Trascurrido un tiempo, Konstantín Tsiolkovski se interesó por la política y apoyó a los bolcheviques. Y, por eso, después de la Revolución Rusa de octubre de 1917, el Estado soviético lo elevó a la categoría de miembro de la Academia de Ciencias de Rusia y le concedió una pensión.

En la siguiente década de los años veinte, Tsiolkovski tuvo cada vez más seguidores, siendo uno muy destacado Serguéi Koroliov, el futuro director del programa espacial soviético que acabaría adaptando sus diseños de naves espaciales.

En los últimos años de su vida, Tsiolkovski compaginó la astronáutica con la filosofía y publicó obras como ¿Existe Dios? (1932). En esta, defendió un concepto de dios próximo al panteísmo. Escribió: “Necesitamos crear una definición científica de dios si no queremos desprendernos de la palabra… El Universo nos creó: sus gases enrarecidos formaron los soles, los planetas se separaron de ellos, la vida se concibió en los planetas, los cuales, desarrollándose y perfeccionándose, crearon al hombre. Nosotros mismos, nuestros pensamientos, nuestras acciones, somos creación del Universo… Así pues, vemos que el Universo, con sus millones de billones de soles y muchos más planetas con sus habitantes, ya se ajusta parcialmente a nuestra definición de dios”.

En septiembre de 1935, tras recibir un diagnóstico de cáncer de estómago, Tsiolkovski fue operado. Y, a los pocos días, su salud empeoró, motivo por el cual redactó una carta dirigida a Stalin en la que le comunicó su deseo de transferir toda su obra a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Tras leerla, el líder soviético respondió favorablemente.

Konstantín Tsiolkovski, el hombre que había inspirado el programa espacial soviético falleció finalmente el 19 de septiembre de 1935 a la edad de 78 años en Kaluga, causando su muerte una enorme consternación entre la comunidad científica. Su mujer y sus hijas Lubov y Mariya, de entre los siete vástagos que tuvo con ella, le sobrevivieron.

Más de dos décadas después del fallecimiento de Tsiolkovski, el 4 de octubre de 1957, la URSS lanzó el satélite Sputnik 1 y este orbitó la Tierra, demostrando el Estado soviético su superioridad en el espacio. Tras la gesta, Serguéi Koroliov, el responsable del programa espacial soviético recordó a quien había sido su maestro, el gran Tsiolkovski, con unas emotivas frases: “Hoy ha sucedido algo que los mejores hijos de la humanidad y nuestro maravilloso científico Konstantín Tsiolkovski habían soñado. Un genio, él predijo que la humanidad no estará eternamente confinada en la Tierra. El Sputnik es la primera confirmación de esa profecía”.

Ya en 1964, se erigió en Moscú el Monumento a los Conquistadores del Espacio con forma de obelisco curvado, siendo coronado con una escultura dedicada a Tsiolkovski. Y, en 1967, se abrió en Kaluga el Museo Estatal Tsiolkovski de la Historia de la Cosmonáutica, centrado en el científico y su obra.

Konstantín Tsiolkovski no vivió lo suficiente para ver materializadas sus teorías científicas, ni para disfrutar con los reconocimientos que recibió, aunque su titánica labor tuvo al final un premio con los triunfos de la ciencia espacial soviética, es decir, con las victorias espaciales de la URSS. Y es que Tsiolkovski sin duda resultó decisivo en ellas, tanto que el Estado soviético lo reconoció y hasta encumbró.

Libertad de expresión: ¿Reliquia del pasado?

Luis Fernando Astorga Gatjens

Es un lugar común, desde hace mucho tiempo, afirmar que la primera víctima de las guerras es la verdad. Esto es válido en el conflicto entre Rusia y Ucrania, sólo que la verdad ha sido seriamente afectada mucho antes de que se iniciara esta guerra.

En un conflicto como éste, las dos partes involucradas van a mostrar su versión de los hechos, desautorizando a su contendiente. Se crea entonces una perspectiva maniquea, de blanco y negro, donde en forma recíproca, se reivindica que uno es el malo y el otro el bueno.

La Organización del Atlántico Norte (OTAN), Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Ucrania, tienen una versión de los hechos relacionados con la guerra que se desarrolla, lamentablemente, en este último país, diametralmente opuesta a la que expresa la Federación Rusa. Expresan esa visión a través de declaraciones oficiales y mediante lo que dicen sus líderes, de las que se hacen eco de inmediato los múltiples medios occidentales y la teleraña de redes sociales existente.

Acusan a Rusia y a su Presidente, Vladimir Putin de iniciar una guerra contra Ucrania en un afán de dominio político y de expansión, sin ofrecer el necesario contexto y antecedentes que ofrezcan una versión más objetiva sobre lo que realmente está sucediendo. Se trata de una acción diabólica de un país agresor, que nada tiene que ver con la geopolítica y los intereses económicos, políticos y militares, que tienen las potencias y los países. Tal es su perspectiva.

Sin embargo, en una muestra más de debilidad estratégica que de fortaleza, los gobiernos de la OTAN, encabezados por Estados Unidos, se han lanzado a la tarea de impedir a toda costa que se conozca la versión de Rusia sobre lo que está sucediendo. Han bloqueado utilizando todos los instrumentos a su alcance a medios como Russian Television (RT), Sputnik y otros medios rusos, para que no cuenten la versión de las causas de esta guerra e informen sobre lo que está sucediendo.

Los gigantes tecnólogicos se ha sumado en esta mega empresa de asegurar que solo haya una versión de los hechos. Con ello, se impide que las personas reciban las distintas perspectivas para poder hacerse una opinión de un conflicto cuyas ramificaciones ya se hacen sentir en todas partes. Por ahora, en el incremento de los derivados del petróleo y algunas materias primas, que están haciendo crepitar la tenue recuperación pandémica y post-pandémica, que se empezaba a vislumbrar.

Así que no solo la verdad ha sido víctima de esta guerra, sino la libertad de expresión. De esta manera, potencias y países que reivindican ser paladines de los derechos humanos, se desdicen en los hechos concretos y palmarios, al violar en forma flagrante la libertad de expresión en el mundo.

Lo más cercano a la verdad es que hay responsabilidades compartidas en esta guerra que tiñe de dolor y sangre a dos pueblos. Entonces, nos preguntamos: ¿Por qué no permitir que se profundice en las causas más profundas de este conflicto?

La mayor parte de los medios occidentales están informando, de una manera, más cercana a auténticas campañas que a la búsqueda de la objetividad, aún cuando sea tan difícil de alcanzar. A algunos medios no les importa ya publicar imágenes de videos de guerra, o de fotografías que no responden al hecho del que se informa. El fin justifica los medios: Se trata de propagar noticias falsas (“fake news”) que luego las redes sociales se encargan de magnificar sin freno.

Tal restricción o anulación de la libertad de expresión nos alcanza como país y ciudadanía, de distinta manera. Por un lado, porque la mayoría de medios informativos nacionales se encargan de ofrecer una sola versión de los acontecimientos y, más grave aún, cuando el canal gubernamental, el 13 saca del aire al telenoticiero RT.

Entonces un Estado que se dice defensor y promotor de los derechos humanos, de manera seguidista y acrítica, se suma a esta campaña internacional promovida por la OTAN y el gobierno de Joe Biden.

Aspiramos entonces a que estas posturas contradictorias con respecto a los derechos humanos y la libertad de expresión, sean corregidas por el gobierno; aunque no albergamos muchas esperanzas a raíz de las orientaciones políticas que han venido prevaleciendo en los últimos tiempos.

Por último, es nuestra esperanza que las negociaciones entre los gobiernos de Rusia y Ucrania, se desarrollen con la celeridad que el grave conflicto amerita y se llegue pronto a una salida constructiva y equilibrada para las dos partes, para el bien de los pueblos de ambos países y para la tranquilidad de todos los pueblos del mundo y, particularmente, para lo que aspiramos los ciudadanos –como yo—que luchan por un mundo justo y pacífico.

(7 de marzo, 2022)