Ir al contenido principal

Acoso sexual en la política: una herida que no cicatriza

Instituto Sindical de Formación Democrática

La noticia que circula en redes sociales y medios señala que el diputado Fernando Obaldía, electo por la provincia de Alajuela, ha sido acusado por su secretaria de acoso y abuso sexual. El origen de la información proviene de medios digitales y testimonios difundidos en plataformas sociales, y su evolución ha mostrado un proceso de denuncia pública que aún está en curso, con la expectativa de que las autoridades competentes investiguen y determinen responsabilidades.

Lo lamentable es que no es la primera vez que un representante popular enfrenta acusaciones de esta naturaleza. La política costarricense ya ha visto casos similares, y cada nuevo episodio erosiona la confianza ciudadana y deja en evidencia liderazgos como el de Fabricio Alvarado, que se presentan como guardianes de valores religiosos y familiares, pero que terminan expuestos ante la contradicción entre discurso y práctica.

La pregunta que debemos hacernos es si se trata de un caso aislado o de un patrón que se generaliza en el comportamiento de los llamados “Padres de la Patria”. Porque detrás de cada denuncia hay una trabajadora, una mujer que enfrenta la disparidad de poder, el miedo a las represalias y la dificultad de probar lo ocurrido en un entorno institucional que muchas veces protege al agresor.

La sociedad también debe mirarse en este espejo: ¿valoramos realmente la gravedad de estos delitos, o hemos banalizado la agresión sexual al punto de tolerarla en quienes elegimos como representantes? No olvidemos que todos ellos llegaron al poder con votos de alajuelenses, religiosos y hasta con aspiraciones presidenciales.

El Instituto Sindical de Formación Democrática reafirma que el acoso y el abuso sexual no son simples faltas morales, sino delitos que vulneran la dignidad humana y la igualdad en el trabajo. Reconocemos el valor de las mujeres que denuncian, porque su voz rompe el silencio y abre la posibilidad de transformar estructuras de impunidad.

La política debe ser un espacio de servicio y dignidad, no de violencia y sometimiento. Cada denuncia nos recuerda que la lucha por la justicia social también pasa por erradicar el acoso en todas sus formas.

abuso sexual, acoso sexual, Asamblea Legislativa, denuncia pública, dignidad humana, impunidad, Instituto Sindical de Formación Democrática, Violencia de Género