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Etiqueta: dignidad humana

El fondo del debate —y la tentación de ignorarlo

Glenm Gómez Álvarez, Pbro.

A una semana exacta de dejar su cargo —salvo que la política, siempre creativa, disponga lo contrario— y en pleno debate sobre el Acuerdo Transpacífico, don Manuel Tovar Rivera, ministro de Comercio Exterior, ha salido al paso de la homilía de monseñor José Rafael Quirós, arzobispo de San José, pronunciada el pasado 1 de mayo, día de San José Obrero; una intervención en la que el prelado se limita —con puntual fidelidad— a citar los planteamientos de la más reciente carta pastoral del episcopado costarricense.

Hasta aquí, todo podría pasar por una anécdota más del siempre picante — y selectivamente distraído— debate público. Pero asoma una duda básica: ¿Se entendió de dónde provenía realmente esa posición, o resulta más cómodo responder como si fuera la opinión aislada de alguien que, casualmente, no figura en la lista de afinidades… y, por tanto, puede despacharse sin mayor trámite?

La precisión importa. El 28 de abril de 2026, la Conferencia Episcopal de Costa Rica publicó la carta pastoral colectiva “La paz esté con ustedes”. Se trata de un documento colegiado, fruto del discernimiento conjunto de los obispos del país.

Por tanto, cuando el arzobispo Quirós citó —incluso textualmente—no estaba elaborando una postura propia paralela, sino haciendo presente una voz compartida y publicada.

Aquí asoma la duda inevitable: si el ministro no estaba informado de una carta pastoral- entiéndase el mensaje público de un actor social con enorme presencia- que abordaba asuntos directamente vinculados a su despacho, quizá convendría revisar con cierta urgencia los canales de comunicación de su propio ministerio; y si sí lo estaba, entonces la omisión resulta todavía más… reveladora. En ambos casos, el carácter colegiado se esfuma con facilidad y el debate se reconduce hacia una personalización que, casualmente, siempre termina simplificando lo que en realidad es bastante más complejo.

La Iglesia tiene el derecho y el deber de manifestarse. El Compendio de la Doctrina Social lo establece con claridad: “La Iglesia tiene el derecho y el deber de emitir un juicio moral, incluso sobre materias económicas y sociales, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas.” (CDSI n. 81)

Es decir, no se trata de sustituir a los políticos o a los técnicos, sino de iluminar las implicaciones humanas de sus decisiones.

En esa misma línea, el papa León XIV ha insistido recientemente en que la fe no puede reducirse a un ámbito abstracto. En palabras que condensan este llamado:

“No puede haber verdadera fe donde se tolera la injusticia; la oración que no se traduce en justicia pierde su verdad.”

Cuando una política de corte económico incide en la dignidad de las personas, en el trabajo o en la equidad social, deja de ser un asunto exclusivamente técnico. Entra en el terreno moral.

Lo que vemos no es exclusivo del contexto costarricense. Días atrás, J. D. Vance —cercano al entorno político de Donald Trump— cuestionó al Papa León XIV por pronunciarse sobre temas que cruzan teología y política, sugiriendo que se limitara a lo “moral”, mientras defendía al mismo tiempo categorías como la “guerra justa”.

El paralelismo es significativo: se acepta la voz moral… siempre que no se traduzca en consecuencias concretas.

Volviendo al caso nacional, la cuestión sigue abierta: Si el arzobispo está citando un documento colegiado, ¿se está considerando adecuadamente ese contexto al responder? ¿Se trata de un simple desfase en la comunicación? ¿O hay una incomodidad más profunda cuando la Iglesia desciende del plano general al concreto?

Y aún más: si se cuestiona la intervención de la Iglesia Católica en asuntos públicos, ¿se aplica ese mismo rasero a todos los actores religiosos por igual… o hay objeciones que aparecen con una selectividad bastante oportuna?

Aquí ya no estamos ante un simple matiz, sino ante una cuestión de fondo. El país necesita un debate serio sobre su política comercial, pero ese debate pierde calidad cuando no se reconoce con precisión el derecho a manifestarse… y desde qué lugar se hace.

A diferencia de otros sectores religiosos en Costa Rica, la Iglesia no interviene como actor técnico ni como grupo de presión política. Interviene desde una responsabilidad moral que, precisamente, le impide guardar silencio frente a estructuras que pueden derivar en injusticia.

Al final, el debate no será ni técnico ni retórico, sino profundamente humano. Y es precisamente ahí donde los criterios dejan de ser abstractos, pues, como recuerda el Evangelio, el juicio no se juega en discursos, sino en realidades concretas: “Tuve hambre y me diste de comer…” (Mt 25,35).

Guerra y religión en Oriente Medio

Por Arnoldo Mora

Entiendo por “fundamentalismo” el intento ideológico por justificar la irracionalidad debido al abuso del poder, recurriendo a una interpretación suprarracional de la acción humana, con fines éticamente inaceptables en razón de su carácter inhumano, que puede llegar a una dimensión genocida. El recurso a la divinidad o a fuerzas sobrehumanas con el fin de imponer su voluntad de manera brutal, ha sido el recurso al que suelen recurrir los déspotas de todos los tiempos. Pero el fundamentalismo, si bien de origen esencialmente religioso por sus implicaciones metafísicas, se extiende también a otros ámbitos del quehacer humano, como la economía, la tecnología o la cultura; aunque lo más frecuente es el recurso al fundamentalismo religioso para legitimar pretensiones de sojuzgamiento político con fines de explotación de recursos humanos y naturales, o de expansionismo imperial.

Tal es el caso de lo que ahora mismo estamos viendo en la más reciente guerra, la que ha librado el eje Estados Unidos-Israel contra Irán. Los primeros recurren a argumentos religiosos, ya que invocando una supuesta condición de “pueblo escogido” por Dios, les daría un supuesto derecho divino a expandir las fronteras del actual Israel para crear el “Gran Israel”, que iría del Río Éufrates en el Este hasta el Río Nilo en el Oeste. Tal argumentación pseudoteológica se fundaría, según la exégesis bíblica de los sectores fundamentalistas judíos que constituyen la base político- ideológica del régimen de Netanjahu, y los movimientos evangélicos norteamericanos representados en el gobierno de Trump por su Ministro de Guerra y por el embajador en Tel Aviv, en los dos últimos capítulos del libro del Profeta Ezequiel, que anuncia proféticamente el retorno del pueblo de Israel, exiliado en Babilonia, al reino de Judea. Valga la pena enfatizar en que la enseñanza y la valiente actitud asumida por el Papa León XIV expresa la interpretación correcta de los textos proféticos. Demás está insistir en que todos los hombres y mujeres honestos sin distingos de ninguna especie, acuerpen la posición del Sumo Pontífice. Por su parte y contradiciendo esa grotesca interpretación de los sectores fundamentalistas, el propio Talmud concibe al pueblo de Israel, no como un territorio sino como un conjunto de comunidades (“diáspora”) que conviven pacíficamente con las naciones en cuyo seno cohabitan.

Evidentemente la argumentación fundamentalista es deleznable aunque de efectos aterradores en todas las épocas, pero especialmente en la actual, en razón del carácter destructor de toda forma de vida de que está dotado el armamento moderno, debido a su aterrador poder que posee gracias al incremento de los presupuestos multimillonarios destinados al desarrollo científico y tecnológico con fines militares. Recurriendo a los drones y cohetes como armas de guerra e instrumentos para lograr lo que en la estrategia militar se solía llamar ”ablandamiento artillero” , cuyo objetivo es destruir con bombas los puntos estratégicos del enemigo (puentes, carreteras, campamentos, frentes de avanzada, centros de telecomunicación, etc.) y provocar el terror en las filas y la población del enemigo, con el fin de preparar la invasión posterior del grueso de las tropas del ejército de tierra, esta infernal estrategia militar ha servido frecuentemente para aniquilar implacablemente a la población civil desarmada e inerme, compuesta mayoritariamente por niños, mujeres, ancianos y enfermos, lo cual le ha dado un carácter infernal a las guerras modernas. Todas las guerras lo han sido siempre, pero ahora la tecnología las ha hecho monstruosamente deletéreas, hasta el punto de que el recurso al armamento atómico y a la guerra biológica podría poner fin a la especie humana. Eso hace de la guerra un mal en sí, la negación del don más precioso, cuya preservación e incremento es la razón de ser de la ética, como es la vida, no sólo la humana sino en todas sus formas y manifestaciones.

Pero la guerra o el genocidio no son un destino fatal para la humanidad. Como respuesta civilizada a la búsqueda e implementación del poder, el ser humano ha ideado la “política”, es decir, el recurso al discurso, a la palabra persuasiva basada en argumentos racionales, con el fin de provocar consensos en que se funde el ejercicio de la libertad colectiva. De esta manera, los pueblos asumen los desafíos del presente y avizoran horizontes de esperanza hacia el futuro. Para lograr tan nobles objetivos, se han creado instituciones regidas por todo un cuerpo de leyes llamado “derecho internacional” o normas que rigen las relaciones entre naciones; con ello se hace factible que el enfrentamiento dialéctico desemboque en acuerdos políticos. El derecho internacional e instituciones como Naciones Unidas, han sido creados con este objetivo. Cumpliendo estrictamente las normas del derecho internacional bajo la supervisión de organismos supranacionales a fin de cumplir los acuerdos logrados, se alcanzarán los nobles objetivos de la política. El diálogo político que no rehúye el enfrentamiento ideológico, firme pero cortés, hace del otro un interlocutor con derechos y deberes, es decir, una “persona” y no un enemigo a destruir, como en la guerra. Porque quien trata al otro como un ser infrahumano, se deshumaniza él mismo; quien trata al otro como bestia, se convierte en bestia él mismo.

Por desgracia, lo que acabo de decir lo han vivido trágicamente los pueblos de Irán y Palestina, especialmente éste último. Estamos ante la bestialidad pura, todo sustentado cínicamente en argumentos pseudoteológicos; lo cual contradice palmariamente la enseñanza original de los maestros de las que se nutren esas ancestrales tradiciones religiosas. La utopía religiosa por excelencia en las religiones sinaíticas es la paz (shalom). Pero la paz es el fruto del reconocimiento de la dignidad del otro en su condición de desvalido. Nadie como el profeta Jeremías, fundador del nacionalismo judío, lo dijo en estos inequívocos términos: “Dios es la mirada de la viuda, del huérfano y del extranjero”. Y el más grande de los profetas de Israel, Isaías, dijo esta sentencia que nunca como ahora debe aplicarse en este abominable conflicto: “La paz es obra de la justicia”.

“Gracias, disculpe las molestias”. A un año de su partida, recordamos el último susurro del Papa Francisco

Observatorio de Bienes Comunes

No fue un discurso… fue un gesto mínimo que revela una forma de estar en el mundo.

En ese instante final, no hubo solemnidad ni grandilocuencia. Hubo algo más hondo: reconocer al otro como centro, incluso en la propia fragilidad. Agradecer la presencia que cuida. Nombrar, con humildad, que vivir también toca y afecta la vida de los demás.

Desde ahí, esta nota abre preguntas urgentes para nuestro tiempo:

Algunas claves que atraviesan el texto:

* La cultura del encuentro como práctica cotidiana

* Frente al descarte: nadie sobra, nadie es prescindible

* Lo común se teje en lo pequeño: mirar, escuchar, detenerse

* El “poliedro” como forma de convivir en la diferencia

* ¿Qué tiene que ver todo esto con los bienes comunes?

Una lectura breve, pero necesaria.

Podés leerla aquí:
https://bienescomunes.fcs.ucr.ac.cr/gracias-disculpe-las-molestias-el-ultimo-susurro-del-papa-francisco-y-su-legado-de-la-cultura-del-encuentro/

Nueva sentencia contra expsicólogo reaviva llamado a justicia para sobrevivientes

Diversos sectores celebraron la nueva sentencia dictada este 15 de abril contra Carlos Garita, expsicólogo del Hospital Roberto Chacón Paut, en un caso presentado como símbolo de la lucha contra la violencia y la impunidad dentro de instituciones públicas. El pronunciamiento destaca que la resolución judicial representa un paso importante para las sobrevivientes, luego de un proceso calificado como largo, doloroso y revictimizante.

Según el texto difundido, las denunciantes debieron enfrentar nuevamente el proceso tras la anulación de una sentencia previa en 2024 por errores técnicos. Esa decisión obligó a repetir declaraciones y prolongó durante años el desgaste emocional provocado por el caso, además de exponer fallas estructurales del sistema judicial en la atención a personas sobrevivientes.

El mensaje reconoce especialmente la valentía de Melissa y Karen, señaladas como ejemplo de dignidad y perseverancia por sostener sus testimonios a pesar de los obstáculos enfrentados. También subraya que su búsqueda de justicia trascendió el ámbito personal, al contribuir a la protección de otras personas usuarias del sistema de salud.

La consigna final del comunicado, “¡Hasta que la dignidad sea costumbre!”, resume el reclamo por una justicia más sensible, eficaz y libre de revictimización para quienes denuncian violencia.

Iglesia Luterana cuestiona acuerdo para recibir personas deportadas desde Estados Unidos y exige transparencia al Gobierno

La Iglesia Luterana Costarricense (ILCO) manifestó su preocupación por el “Memorando de Entendimiento no vinculante” suscrito entre los gobiernos de Costa Rica y Estados Unidos para recibir personas deportadas por autoridades estadounidenses. En un pronunciamiento público, la organización religiosa advirtió sobre posibles afectaciones a los derechos humanos de personas migrantes y refugiadas, cuestionó la falta de información pública sobre el acuerdo y pidió al Estado costarricense honrar su tradición histórica de acogida y respeto a la dignidad humana.

La ILCO recordó que desde hace 35 años acompaña a personas migrantes y refugiadas que llegan al país por razones políticas o económicas, y que durante los últimos siete años ha desarrollado esa labor mediante el Albergue Bet Lehem, espacio que atiende personas de diversas edades, religiones, orientaciones sexuales, estados civiles e ideologías. Según el documento, esa experiencia directa les permite pronunciarse con fundamento ético y humanitario sobre la situación actual.

Críticas al acuerdo con Estados Unidos

El pronunciamiento expresa preocupación por lo que describe como políticas xenófobas y persecutorias hacia personas migrantes en Estados Unidos, particularmente durante la administración de Donald Trump. La Iglesia Luterana sostiene que Costa Rica no debe convertirse en cómplice de cadenas de injusticia derivadas de mecanismos de persecución, detención y deportación incompatibles con la dignidad humana.

Asimismo, recuerda que en una experiencia anterior de recepción de personas deportadas se habrían producido amenazas y violaciones a derechos fundamentales, incluyendo aislamiento “bajo custodia” en condiciones contrarias a la tradición costarricense de refugio y protección humanitaria.

Solicitud de información pública

Ante la posibilidad de que el acuerdo continúe aplicándose, la ILCO solicitó al Gobierno brindar información clara, transparente y veraz sobre varios aspectos:

  • El texto completo del Memorando de Entendimiento entre Costa Rica y Estados Unidos.

  • Los alcances de la llamada “condición migratoria temporal”, incluyendo plazos, mecanismos legales y protocolos de atención.

  • Garantías plenas de respeto a los derechos humanos de las personas trasladadas al país.

  • Libertad de movilización, acceso a alimentación y atención médica.

  • Garantía de no ser enviadas a ningún país, incluido el suyo de origen, contra su voluntad.

Llamado ético y humanitario

La organización afirmó que continuará articulada con redes y organizaciones que trabajan con personas migrantes y refugiadas, y se sumó al reclamo de iglesias y colectivos de Estados Unidos que exigen el fin de la persecución migratoria. También exhortó al Gobierno costarricense a actuar conforme a los principios de dignidad humana y derechos humanos.

El pronunciamiento concluye con una cita bíblica del libro de Isaías: “No volverás la espalda a tu hermano…”, reafirmando el carácter pastoral y solidario de su posición.

Los vuelos de la vergüenza

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

En medio de la noche el pasado fin de semana aterrizó en el país el primer contingente de personas deportadas provenientes de Estados Unidos. Hace unas semanas Costa Rica o más bien su gobierno había adquirido el compromiso con la gestión de Donald Trump de recibir estos envíos de personas de una forma sistemática.

Este primer grupo conformado por ocho mujeres y 17 hombres reportó a la Defensoría de los Habitantes y el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, hacer experimentado tratos inhumanos durante su detención en Estados Unidos y su traslado.

Llegaron esposados, más alimentados y con la incertidumbre de no saber a ciencia cierta su futuro.

Provenientes de varios países tales como Honduras, El Salvador, Albania, Kenia, India, China, Marruecos y Camerún, estas personas forman parte de grupos más amplios que continuarán llegando al país como parte del “acuerdo” (entre comillas) de ambos gobiernos.

Las dimensiones humanitarias de estos escenarios saltan a la vista. En pocos años el país ha borrado del escenario internacional su marca registrada en materia de diplomacia internacional y su férrea defensa de los derechos humanos.

Todo ha quedado subsumido frente a un repliegue sin cuestionamientos de las alucinantes políticas provenientes de la administración republicana.

Resulta vergonzoso ser parte de este escenario. Resulta altamente indignante que el país ahora forme parte del eje del terror y el abuso.

Un golpe de timón es aún necesario para salvar esta picada en caída libre de nuestra imagen en el concierto internacional. Eso pasa necesariamente por desmontar la narrativa y la práctica de quienes nos gobiernan en materia de derechos humanos y dignidad. Ya lo hemos dicho: la lucha es en el plano sociocultural y discursivo.

Ahí estará en los próximos años.

Alertas preventivas tras visita al lugar de alojamiento de personas deportadas

Comunicado

El MNPT realizó, junto a la Defensoría de los Habitantes, una visita al espacio de alojamiento de las personas recientemente deportadas. Halló buenas prácticas en la atención de estas personas, pero identificó algunos riesgos que podrían vulnerar la dignidad humana y la integridad personal.

Este 14 de abril, la Defensoría de los Habitantes y el MNPT realizaron una visita al lugar en el que se alojan las primeras 25 personas deportadas (8 mujeres y 17 hombres) desde EEUU, provenientes de países como Honduras, El Salvador, Albania, Kenia, India, China, Marruecos y Camerún. Se constató que todas son mayores de edad, no hay adultos mayores, ni mujeres embarazadas.

Buenas prácticas con respecto a las personas deportadas y alojadas en el CATEM en el 2025. Se constató que tres de las principales preocupaciones encontradas por el MNPT hace un año se están protegiendo, ya que: 1) No tienen privación de libertad en el lugar en que se encuentran. 2) El Estado no les retiene sus documentos y tienen un estatus migratorio regular. 3) Están más claras las opciones migratorias por las que pueden optar (retorno voluntario, solicitud de refugio o visa humanitaria).

Asimismo, hay mayor disponibilidad de intérpretes. Se constató que hay equipos interdisciplinarios de la OIM atendiendo y se verificaron condiciones adecuadas en el lugar en cuanto a alojamiento, privacidad y alimentación. También, las personas expresaron una sensación de bienestar ante el trato en Costa Rica, el cual enunciaron como adecuado y cuidadoso, a diferencia del trato previo en EEUU.

Riesgos identificados. Para el MNPT es importante indicar algunos riesgos identificados a partir de la visita:

Riesgo de insostenibilidad de condiciones adecuadas. La cantidad actual de 25 personas es manejable para garantizar la atención, pero la viabilidad para dar un trato personalizado y humano a cada persona se va ir dificultando si esa cifra aumenta, en particular si ingresan personas con mayores condiciones de vulnerabilidad (menores de edad, adultos mayores, mujeres embarazadas) o con complejidad para sus procesos de movilidad (personas sin documentos, de otros continentes, con otros idiomas, en “limbos” legales, etc.). Asimismo, no es claro el futuro para las personas que permanecerán en Costa Rica, en particular con respecto a cuáles serían sus espacios de alojamiento, medios de subsistencia o plan de vida.

No se constató presencia inter-institucional. Durante la visita no se pudo constatar la presencia de otras instituciones del Estado para un abordaje integral, tales como el INAMU, la CCSS o el IMAS; durante la visita tampoco se recibió información de la DGME sobre un sobre un plan interinstitucional al respecto.

Relatos de tratos crueles y vulneraciones previas. En los relatos de las personas deportadas se repiten quejas sobre los tratos recibidos en EEUU, en la detención, encierro y traslado. Aspectos como haber sido privadas de su libertad en espacios hacinados; recibir comida en estado inadecuado; incertidumbre de hacia dónde se dirigen o de su futuro; uso de grilletes en pies, caderas y manos durante traslados (incluido el vuelo hacia Costa Rica); la no devolución de objetos personales como celulares, relojes o ropa; tratos verbales que consideraron que afectan su dignidad. Formas asociadas a lo que se conoce como criminalización de la migración y cuyos efectos dañinos a los DDHH están muy documentados.

Riesgo de responsabilidad internacional. Desde una perspectiva del derecho internacional, en acuerdos como estos, Costa Rica no solo se debe de preocupar por el momento de llegada al país, sino que le deben ser relevantes las condiciones de trato en el país de origen, ya que se puede estar formando parte de una cadena internacional de vulneración de derechos humanos.

Voz Profética contra la Guerra

Iglesia Metodista Wesleyana Costarricense

Bienaventurados los pacificadores,
porque ellos serán llamados hijos de Dios
”.

Mateo. 5:9

Acabamos de concluir la Semana Santa, cuyos días fueron marcados por el sacrificio redentor de Jesucristo y la esperanza viva de la Resurrección, levantamos nuestra voz como Iglesia que discierne los tiempos, no para acomodarse a ellos, sino para confrontarlos a la luz del Evangelio.

Hemos sido testigos de un clamor profético que resuena desde Roma, en la voz del Papa León XIV, quien ha declarado con valentía que Dios no escucha las oraciones que nacen de manos manchadas de violencia. Esta palabra, además de ser un gesto político, es un llamado urgente a la coherencia evangélica. Es la denuncia de una fe que busca sacar provecho para justificar la guerra, una fe que ha olvidado la cruz y ha preferido el poder.

Como Iglesia heredera de la tradición Wesleyana, afirmamos con claridad que, no hay santidad sin justicia, no hay piedad sin misericordia, y no hay verdadera fe donde se bendice la violencia.

Nos preocupa profundamente la creciente tendencia de utilizar el nombre de Dios para legitimar acciones bélicas, discursos de odio y estrategias de dominación. Nos duele ver cómo se pretende vestir de espiritualidad, lo que en esencia es negación del mandamiento supremo del amor. La fe no puede ser combustible para la maquinaria de guerra. El Evangelio no es propaganda de ningún imperio.

Por ello, extendemos esta Carta Pastoral y Profetica, como un acto de comunión y también de interpelación:

Al Papa León XIV:

Reciba nuestra solidaridad y apoyo en su firme testimonio a favor de la paz. Oramos para que el Espíritu Santo continúe guiando su voz profética en medio de presiones políticas y tensiones globales. Que su llamado a abandonar las armas no sea silenciado, sino amplificado por todos los que creemos en el Reino de Dios.

A las Autoridades de las Naciones:

Les exhortamos a recordar que el poder no es licencia para destruir, sino una responsabilidad para proteger la vida. Ninguna estrategia de seguridad, puede justificar la pérdida de la dignidad humana y la historia juzgará con severidad a quienes, pudiendo elegir la paz, optaron por la violencia.

A Todas las Confesiones Religiosas:

Este no es tiempo de silencio ni de neutralidad cómoda. Es tiempo de unidad en lo esencial, la defensa de la vida, la denuncia de la injusticia y la proclamación de la paz. Más allá de nuestras diferencias doctrinales, nos une un llamado superior, ser luz en medio de la oscuridad. Convocamos a iglesias, comunidades de fe y líderes espirituales a levantar una sola voz contra la guerra y la indiferencia.

Al Pueblo de Dios:

No podemos ignorar el llamado a la conversión integral. Como bien se ha dicho, la mayor amenaza no es solo la guerra, sino la indiferencia. Cada acto de egoísmo, cada palabra que hiere, cada silencio ante la injusticia, nos hace cómplices de un mundo que se aleja del amor. El tiempo Pascual nos confronta ¿vivimos como resucitados o como espectadores pasivos del dolor ajeno?

Hermanas y Hermanos, el Evangelio no nos permite ser indiferentes. La cruz no es un símbolo decorativo, es un llamado radical a amar incluso en medio del conflicto. Y la resurrección no es una idea abstracta, es una fuerza viva que nos impulsa a transformar la realidad.

Hoy más que nunca, reafirmamos que el mal no tiene la última palabra, pero tampoco será vencido sin nuestra participación activa en el amor.

Que el Espíritu nos despierte. Que la Iglesia se levante. Que la humanidad escuche.

Y que el Dios de la Vida nos encuentre no orando por la guerra, sino trabajando incansablemente por la paz.

“¡Clama a voz en cuello,
no te detengas!
Alza tu voz como trompeta…

Isaías. 58:1

Historia de crímenes, criminales, víctimas y victimarios

Por Moisés Roberto Escobar
Investigador asociado FUDECEN
Junta Directiva del Colegio de Profesionales en Ciencias Económicas (COLPROCE) de El Salvador, 2025 – 2027.
Registro ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8746-6473

Recientemente me encontré con un artículo del autor digital Historia del Cristianismo FB (marzo, 2026) que pone en contexto y audaz empatía lo ocurrido en el encuentro presidencial de Trump (USA) y Takaishi (Japón). El encuentro, como un acto simbólico, simbólico de la hegemonía y de la tiranía sin máscaras, como lo abordan ampliamente Antonio Gramsci e Inmanuel Wellerstein. La dominación desde la opresión al otro y como mecanismo de gobernación mundial: vasallaje y sumisión.

Eso que escribo al final es ampliación mía. Yo leyendo entre líneas. Aunque discrepo que el vasallaje y la sumisión opresora sean la ruta de paz y de la prosperidad, me vienen en ideas porque, tristemente caigo en cuenta que es la actual gobernanza que nos dirige al mundo. Una escalada de fratricidio mediada por la dominación y las violencias.

Volviendo al asunto principal, Historia del Cristianismo FB señala elementos fundamentales de amplísimas connotación e implicaciones. Por una parte, identifica la tètrada oscura de la personalidad de Trump (rasgos de narcisismo, psicopatía, maquiavelismo y sadismo) en yuxtaposición a la humillación y zalamería vasalla de la presidenta Takaishi. Que llega a USA para pedir que continúe siendo su protector en Asia, mayormente ante el auge de lo que, aparece tácito, la amenaza del imperio de China.

Por otra parte, me resulta interesante que el autor agrega un análisis histórico. Agrega lo retrospectivo, que lleva a conocer el contexto y a asumir la consciencia del accionar propio (propio de ellos, USA y Japón). Por ejemplo, menciona de los genocidios en Hawái (etnocidio) por parte de USA y, en China y Corea por parte de Japón.

Además de compartir una brillante lectura para comprender esa coyuntura, me interesa ese mensaje del autor: la dignidad de la persona humana (de todos y sin distinción) y el entramado de poder tirano que (nos) impera. Eso es petición de auxilio y denuncia desde la consciencia.

También, y como lo deja claro el autor de la nota, es una oportunidad para la justicia, para volver al bien común y para que todos oremos y hagamos lo propio, ya sea con la debida contraloría social, ya sea eligiendo buenos gobernantes, ya sea siendo y haciendo lo debidamente bueno en nuestros roles (como, padres de familia, ciudadanos, empresarios, obreros, etc.).

Es decir, apoyando porque sea nuestro mundo, una civilización de amor en praxis, con justicia, bien común, respeto, solidaridad. Dejando atrás la perversa concepción del poder hegemónico o de la dominación. Porque, el poder hegemónico como expresión de la maldad, acaba por aniquilar todo y a todos.

¡Que haya paz y bien!

Acá el acceso a la nota que analizo y quiero compartirle:
https://lnkd.in/ec7nQTHz

Después de las elecciones en Costa Rica: ¿ganó el ser humano?

Por José Rafael Quesada Jiménez

Las elecciones nacionales del pasado 1 de febrero ya son historia inmediata. Las urnas se cerraron, los votos se contaron y las mayorías se expresaron conforme a las reglas de nuestra democracia. Ese es un hecho relevante y valioso. Costa Rica sigue siendo una sociedad que confía en el mecanismo electoral para dirimir sus diferencias políticas.

Sin embargo, una vez pasado el momento electoral, surge una pregunta más profunda que no siempre nos atrevemos a formular con claridad: ¿ganó el ser humano?

No se trata solamente de saber qué partido obtuvo más votos o qué tendencia política logró imponerse. La pregunta verdaderamente importante es si el resultado de nuestras dinámicas políticas y de nuestra institucionalidad está efectivamente orientado a mejorar la vida concreta de las personas.

Porque la democracia formal puede funcionar —y en Costa Rica funciona—, pero eso no significa necesariamente que la democracia esté plenamente al servicio del ser humano.

Democracia formal y democracia real

Nuestra democracia posee los elementos clásicos que la definen: elecciones periódicas, alternancia en el poder, separación de poderes y legalidad institucional. Estos mecanismos son indispensables. Son conquistas históricas de las sociedades modernas y debemos defenderlos.

Pero el funcionamiento de esos mecanismos no garantiza, por sí mismo, que las decisiones públicas respondan a las necesidades reales de la ciudadanía.

Aquí aparece una distinción fundamental: la diferencia entre democracia formal y democracia real.

La democracia formal se expresa en procedimientos: votar, elegir representantes, aprobar leyes y administrar instituciones.

La democracia real se mide en resultados humanos: si las personas viven mejor, si las instituciones escuchan el sufrimiento social y si las decisiones públicas generan bienestar y sentido de futuro.

Desde el Humanismo Universalista, inspirado en el pensamiento de Mario Rodríguez Cobos (Silo), se plantea un principio fundamental: “Nada por encima del ser humano y ningún ser humano por debajo de otro”.[1]

Este principio coloca a la persona humana como valor central de toda organización social. Ni el Estado, ni el mercado, ni los partidos políticos deberían situarse por encima de la dignidad humana.

Todas las estructuras sociales deben existir para servir al ser humano. Cuando ocurre lo contrario, cuando las instituciones empiezan a servirse a sí mismas comienza una crisis moral del sistema.

Y esa sensación es precisamente la que hoy recorre amplios sectores de nuestra sociedad.

El malestar ciudadano

En los últimos años hemos visto crecer una sensación persistente de malestar social.

No es un rechazo a la democracia. El pueblo costarricense sigue creyendo en ella. Lo que está en discusión es la eficacia humana del sistema político.

Muchas personas perciben que los partidos políticos se han alejado de la vida cotidiana de la ciudadanía. Existe desconfianza hacia las élites políticas, se habla de privilegios, de burocracias pesadas y de trámites interminables.

En las zonas rurales se percibe abandono. En las ciudades se experimenta una creciente sensación de inseguridad. Los servicios públicos muchas veces se vuelven lentos o insuficientes frente a problemas sociales complejos.

Los jóvenes miran el futuro con incertidumbre. Las oportunidades reales parecen cada vez más escasas. A esto se suma una creciente crisis psicosocial: ansiedad, estrés y sensación de desorientación colectiva.

En este contexto conviene recordar otra advertencia del humanismo de Silo: “La crisis del mundo actual no es solamente económica o política; es, ante todo, una crisis del ser humano”.[2]

Comprender esto permite mirar la situación con mayor profundidad. Porque la raíz del problema no es solamente institucional o administrativa. Es profundamente humana.

La ciudadanía no está en contra de la democracia. Está en contra de una democracia que no le resuelve la vida.

Lo que realmente pide la gente

Cuando uno escucha con atención a las comunidades, a las organizaciones sociales, al mundo cooperativo, a las asociaciones de desarrollo, a los trabajadores y a los pequeños empresarios, aparecen demandas muy claras.

La ciudadanía no está pidiendo milagros. Está pidiendo coherencia.

Entre las demandas más repetidas aparecen temas estructurales:

  • Un Estado más eficiente que resuelva problemas y no los multiplique.
  • Menos burocracia y más soluciones concretas.
  • Transparencia y rendición de cuentas.
  • Seguridad ciudadana con enfoque humano, pero con firmeza en prevención y en sanción.
  • Reforma educativa profunda, humanizada y con adaptación creciente a los cambios.
  • Atención al sistema de salud, humanizado y puesta al servicio de las personas no de empresas ni de organizaciones gremiales.
  • Atención a la salud mental y al deterioro psicosocial.
  • Oportunidades económicas reales para los jóvenes.
  • Descentralización efectiva y eficaz para las regiones del país.
  • Acción efectiva sobre el Cambio y Crisis Climática y que proteja la vida de las personas.

En el fondo, lo que se pide es que el poder político recuerde una verdad elemental: su función es servir.

Cuando la política pierde el sentido humano se convierte en una administración fría de estructuras. Y cuando esa administración fría domina la vida pública, la gente comienza a sentirse sola frente al sistema.

Un mensaje para quienes gobiernan y para quienes se oponen

Después de las elecciones conviene decirlo con serenidad, pero con claridad.

A quienes gobiernan: construyan reales esperanzas para la gente, el voto ciudadano no es un cheque en blanco. La mayoría electoral no legitima la insensibilidad ni autoriza a gobernar desde la polarización permanente.

A la oposición también le corresponde una tarea mayor. Criticar no es suficiente. El país necesita proyectos, no solamente resistencia.

La ciudadanía está cansada de la pelea ideológica vacía. Lo que el país necesita son soluciones estructurales.

La mirada humanista

Desde una perspectiva humanista el desafío de nuestra época no es simplemente cambiar gobiernos. El desafío es reorientar las estructuras sociales hacia el ser humano.

Esto implica instituciones centradas en la persona, participación ciudadana real, tecnología al servicio de la gestión pública, cultura activa de no violencia y recuperación del sentido comunitario.

Como señalaba Silo: “Humanizar la Tierra significa poner al ser humano como valor y preocupación central”.[3] Costa Rica ha demostrado en su historia que puede construir instituciones con sentido humano. La abolición del ejército, la seguridad social y el desarrollo cooperativo son ejemplos de una cultura política que alguna vez colocó al ser humano en el centro.

Hoy ese espíritu necesita ser actualizado para el siglo XXI.

Una crisis de sentido

Tal vez la crisis que vivimos no sea únicamente política. Tal vez sea una crisis de sentido.

Cuando una sociedad pierde su horizonte humano, cualquier modelo institucional comienza a fallar. La política se vuelve técnica, la economía se vuelve fría y las instituciones se vuelven burocráticas.

Por eso el desafío no corresponde únicamente a los gobiernos. Corresponde también a la ciudadanía, a las comunidades, a las organizaciones sociales y a quienes creemos que la política debe volver a su propósito original: servir al ser humano.

Las elecciones ya pasaron. Pero la historia continúa. Y la historia de un país no la escriben únicamente los gobiernos. La escribimos todos.

La democracia no termina en la urna. Comienza ahí.

[1] Silo. (1988). Humanizar la tierra. Buenos Aires: Grupo Editorial Planeta.

[2] Silo. (1992). Crisis de civilización y Humanismo [Conferencia]. Moscú. (Posteriormente publicada en el libro Habla Silo).

[3] Silo. (1992). Crisis de civilización y Humanismo [Conferencia]. Moscú. (Posteriormente publicada en el libro Habla Silo).