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Autor: Hector Ferlini Salazar

Aplaudimos el desastre o buscamos el cambio

Abelardo Morales Gamboa

Termina mayo florido y comienzan las lluvias. Se ha vuelto una costumbre para mí que esa transición me anime a escribir sobre la coyuntura nacional. Esta vez coincide con el inicio de un nuevo gobierno, uno que ha decidido presentarse como el gobierno de la continuidad.

Y, en efecto, la continuidad más visible es la crisis. No una crisis cualquiera, sino una que atraviesa prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional: la desastrosa gestión del Estado y de la institucionalidad pública, la crisis fiscal latente, el estancamiento económico, el deterioro social y la inseguridad ciudadana.

Otro rasgo de continuidad es la permanencia del mismo grupo político en el poder. Con algunas variantes, claro. Ministros convertidos en diputados, diputados trasladados al gabinete, otros enviados a puestos diplomáticos. A ello se suma la incorporación de varios tránsfugas de los viejos partidos políticos. No hay aquí cambio alguno, sino continuidad: figuras que heredan los estilos clientelares, el intercambio de favores, el oportunismo y la corrupción del viejo modelo aparecen ahora como los nuevos reclutas de quienes controlan el gobierno.

Un tercer rasgo de continuidad es la retórica antiinstitucional, acompañada de poses agresivas y pulsiones autoritarias. La semiótica del escándalo sigue siendo la identidad corporativa del gobierno. El grupo en el poder parece invertir más energía en repartir adjetivos que en construir objetivos.

Pero son las tendencias estructurales las que terminan marcando la coyuntura. Omitiré, por consideración a ustedes, lectores y lectoras, otras referencias a la escasa prestancia política de quienes nos gobiernan.

Todas las señales de una grave crisis fiscal amenazan las condiciones de vida de la población costarricense en el futuro inmediato. Sin excepción. Ya lo habían advertido diversos analistas económicos y lo ha reconocido el propio Banco Central. El resultado previsible será más desigualdad y más pobreza, recortes en programas sociales y el desfinanciamiento de actividades estratégicas consideradas prescindibles por la lógica simplificadora de una narrativa pseudopopulista.

La economía no crece, pero la moneda local permanece sobrevaluada. Sin embargo, lejos de encender alarmas, el problema es reducido a meros tecnicismos. Los elevados niveles de consumo de algunos grupos sociales, en particular de altos ingresos, evidencian no solo una distribución profundamente desigual de riqueza, sino también, en ciertos casos, lo que parece ser el endeudamiento, estilos de vida ostentosos y, en muchos otros, la circulación de capitales al margen de las economías legales. La economía se aproxima a una situación crítica, pero seguimos flotando sobre una burbuja. El mercado laboral ha perdido dinamismo, expulsa fuerza de trabajo y ha clausurado posibilidades de ascenso social para trabajadores y trabajadoras, especialmente entre los jóvenes.

El economista agrícola que presidió el país durante los cuatro años anteriores y que ahora se posesiona como superministro, así como su flamante ministro de Hacienda, hoy jefe de fracción oficialista, no supieron cómo —o no quisieron— resolver esa crisis.

Por su parte, una escalada de violencia criminal galopante, impulsada por el crimen organizado, continúa ensañándose con el costarricense común y corriente, aquel que no dispone de escoltas pagados por el presupuesto público. Los ciudadanos seguirán siendo víctimas de aquella sentencia inescrupulosa: “se matan entre ellos”. Víctimas inocentes de una guerra que durante cuatro años no supieron resolver.

La crisis educativa amenaza con sembrar la ignorancia en un pueblo que durante décadas se distinguió por ser uno de los más educados de América Latina. Este gobierno contó con una ministra que se suponía experta internacional en materia educativa; sin embargo, su currículum nunca se tradujo en una ruta capaz de enfrentar la crisis de la educación.

Además, los programas sociales se han estancado porque el gobierno central les retiene el financiamiento. Las familias que dependen de becas, subsidios y pensiones quedan amenazadas por el abandono y la incertidumbre. Nunca hubo jerarcas verdaderamente comprometidos con la defensa del Estado social de derecho; prevalecieron el miedo y la sumisión.

En pocas palabras, esta crisis estructural se amplió y profundizó bajo una mezcla de incapacidad política y falta de voluntad. Más allá de las explicaciones oficiales, el efecto acumulado de las decisiones adoptadas ha sido el debilitamiento de las capacidades públicas del Estado y la apertura de espacios para que instituciones estratégicas —como el ICE, la Caja Costarricense de Seguro Social y los bancos estatales— queden sujetas a crecientes presiones privatizadoras y a los intereses del capital transnacional.

Ni qué decir de la política exterior y de su desatinada gestión. Para mal del país, bajo la amenaza de convertir el servicio diplomático en una especie de trofeo político para pagar favores a financistas, incluso para compensar la complicidad política para el ocultamiento de casos de corrupción y otros posibles graves delitos. Seguiremos siendo -quizás en el menor de los casos- motivo de burla en el sistema internacional, ahora representados diplomáticamente por figuras que no reúnen las capacidades para el ejercicio de las funciones propias del servicio exterior, mucho menos la estatura requerida para representar al país en el cargo de embajadores. No se trata solo de posible corrupción sino de poner en riesgo la imagen internacional del país.

Y, sin embargo, en la continuidad, el gobierno sigue encabezado por un grupo que goza de aplauso popular. Al menos, de una porción significativa de los costarricenses. Ello se explica, entre otras cosas, porque el malestar social no ha sido conducido en búsqueda de cambios estructurales, sino que ha sido capturado emocionalmente por narrativas, escenografías mediáticas y símbolos propios de los neopopulismos del siglo XXI. También porque no ha habido capacidad ni voluntad para entrar seriamente en la disputa del control del campo mediático. Algunos medios de comunicación -y que fueron llamados canallas por ser en apariencia críticos al grupo en el poder- han comenzado a alinearse: eso les depara el pago de parte de la pauta publicitaria del gobierno.

Los grupos vinculados a ciertas iglesias, al neoconservadurismo protestante y a sectores del catolicismo llenan con discursos moralizantes y seudorreligiosos los vacíos de contenido cívico y cultural que hoy dificultan la construcción de proyectos políticos transformadores, al menos en el corto plazo. También su oportunismo es evidente: sacan réditos políticos de la crisis de la política social y del recorte de financiamiento a programas sociales. La alianza con el grupo en el gobierno no es solo por interés político u oportunismo religioso, también responde a cálculos clientelares.

También el empresariado ha decidido apostar sus cartas al grupo gobernante y poco parece importarle el oscuro panorama económico y fiscal, la ruina de la producción nacional, la quiebra de empresas o su fuga hacia otros destinos. Su silencio no parece explicarse únicamente por miedo; también da la impresión de responder a un cálculo político.

Todas estas crisis, así como los nuevos e inevitables riesgos políticos que ella entraña, evidencian la declinación del viejo modelo de hegemonía, una reconfiguración de las relaciones de poder y la pérdida de capacidad de dirección por parte de los viejos partidos, sus élites y sus cuadros dirigentes.

Este grupo, carente de dirección, sin proyecto político y aún menos capacidad para responder a los problemas aquí enumerados, apenas ocupa ese vacío. Pero lo hace con materiales tan precarios que el suelo sobre el que todos caminamos se vuelve cada vez más inestable.

La capacidad de resistencia política y social ha comenzado a manifestarse. Esa es una buena señal. Sin embargo, como ocurrió durante los cuatro años anteriores, aparece de forma intermitente, con compromisos limitados y entusiasmo insuficiente. Su conducción sigue siendo débil debido, especialmente, a la escasa voluntad de construir acuerdos y avanzar hacia una unidad estratégica que no se limite a las corporaciones sindicales o académicas, sino que incorpore de manera más amplia a la sociedad civil.

La esperanza debe seguir puesta en un despertar cívico, en esa identidad costarricense arraigada en el valor de las instituciones, los acuerdos y el respeto a las leyes. Pero eso no surge por arte de magia: hay que construirlo y requiere esfuerzo, constancia y trabajo. Así fue como este país logró sobrevivir frente a las dictaduras y los autoritarismos que históricamente lo amenazaron.

Será por ese camino, mediante una identidad costarricense que debe ser reinventada, y nunca por los acantilados del fascismo y las autocracias, que los costarricenses podremos conversar, negociar y concertar soluciones cívicas a nuestros problemas comunes. Con democracia participativa y no con autoritarismos verticales.

Nota editorial: La ilustración corresponde a una obra del pintor costarricense Ricardo Ávila.

Panoramas SURCOS | 28 de mayo de 2026

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Panoramas SURCOS | 27 de mayo de 2026

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Panoramas SURCOS | 26 de mayo de 2026

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Panoramas SURCOS | 25 de mayo de 2026

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Panoramas SURCOS | 24 de mayo de 2026

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Modernizar sin desmantelar: en defensa del ICE y la soberanía energética
Foro Encuentro Democrático
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Otra masacre (esta vez) consumada
Memo Acuña
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Otra vez contra un pueblo hermano
Rafael A. Ugalde
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El cambio sociopolítico más trascendental del último siglo
Bernardo Archer Moore
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Otra masacre (esta vez) consumada

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

A raíz de mi columna anterior sobre la relación entre aumento de violencia y mercado ilegal de armas en Costa Rica, recibí una amable comunicación vía correo electrónico por parte del Señor Adolfo Morales en la que saludaba la reflexión propuesta y me invitaba a colocar el interés en otro drama igual o peor de serio.

En efecto, Costa Rica ha entrado en los últimos años en un viaje sin retorno en materia de muertes producidas en carretera. Solo en 2025, la cifra de personas fallecidas en accidentes de tránsito en sitio y como resultado de complicaciones posteriores fue de 903, un dato que excedió los 873 homicidios cometidos en el mismo año, según una nota del sitio teletica.com.

Hemos venido insistiendo en nuestras intervenciones en medios de comunicación, sobre los cambios culturales que se registran e impactan el comportamiento vial en el país día tras día.

En la conducción se condensa una mezcla de aceleración por la vida, una ira incontenible, la irresponsabilidad absoluta, el desafío permanente a la autoridad, los tiempos qcortados para trasladarnos y llegar a nuestros destinos.

A esto debemos agregar la competencia en que se ha convertido conducir en nuestras calles y el pobre manejo de las tensiones y emociones, que derivan en otro tipo de violencias con resultados lamentables y que hemos observado en los últimos años en el país.

Es este un desafío de salud pública que debe ser combatido con prevención, capacitación en cultura vial a edades tempranas y una decidida apuesta política y técnica por impulsar el transporte ferroviario moderno que desahogue esas trampas mortales en la que se han convertido nuestras carreteras.

También allí nos estamos matando.

Si no hacemos algo de inmediato la masacre terminará de consumarse en un corto plazo y para siempre.

El cambio sociopolítico más trascendental del último siglo

Por Bernardo Archer Moore

Bernardo Archer Moore

Costa Rica vive hoy, de manera silenciosa pero profunda, una de las transformaciones sociopolíticas más trascendentales de los últimos cien años.

Su carácter irreversible constituye, precisamente, la base de su fuerza presente y de su legado para las generaciones futuras.

La consulta previa, libre e informada de las comunidades afrocostarricenses frente a decisiones, políticas o proyectos que afecten sus territorios y derechos colectivos NO constituye una promesa política ni una concesión circunstancial.

Es un derecho reconocido por la República, con jerarquía constitucional, integrado al régimen de Derechos Fundamentales que protege no solo a los pueblos indígenas como se creía por mucho tiempo, sino, también, a los Pueblos Tribales Afrocostarricenses; frente a decisiones o proyectos que puedan afectar sus territorios, identidad cultural y derechos colectivos.

Algo que gran parte de la ciudadanía jamás imaginó presenciar en vida.

Y precisamente allí radica el mayor desafío: Lograr la plena comprensión, implementación y disfrute de este profundo cambio sociopolítico dentro de nuestra República.

Otra vez contra un pueblo hermano

Rafael A. Ugalde
Periodista, abogado y analista político

El teatro de la mentira está montado. Y el guion es el mismo que en el pasado, cuando cayeron sobre la isla de Granada, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Panamá, la República Bolivariana de Venezuela o Chile de Allende, etc. La lista es grande y es más fácil enumerar qué pueblo de Nuestra América a quedado al margen de las amenazas primero, luego del invento de una «novela para coeficientes limitados, para después invadirlo, saquear sus riquezas, deponer gobiernos, matar o secuestrar gobernantes – qué parecer ser esto último la nueva moda impuesta por la Casa Blanca, cuando no asesina selectivamente gobernantes, se los lleva como hacían los Imperios decadentes-, como ocurrió el 3 de enero pasado en Caracas. En fin, ningún pueblo está ajeno a la exigencia de sangre fresca. En la nueva farsa contra Cuba, no habían terminado de montar el show de la acusación contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución cubana, cuando un grupo de ataque de portaviones encabezado por el USS Nimitz y el Destructor USS Gridley entró en el Mar Caribe, como presión militar contra la Antilla Mayor.!

¡Que equivocados están estos degenerados! Si creen que con ello el valiente y ejemplar pueblo cubano saldrá corriendo, se equivocan de tajo a rajo. Los revolucionarios cubanos, desde hace más de sesenta años, borraron la palabra miedo del diccionario. Hasta el último cubano y cubana morirán defendiendo el socialismo. La trayectoria de lucha viene desde la Colonia primero, y luego, durante todo el periodo de democracia para las minorías de entonces. Junto al comandante Fidel Castro aprendieron desde 1960 que ningún pueblo en el mundo, que ninguna nación en el orbe, ha sobrevivido luego de hacer concesiones a quienes los expolian y son insaciables en su sed por sangre.

En Miami convocaron a la prensa que ustedes ya conocen y tejieron la historia contra Raul con tufo de cadáver, porque los hechos ocurren en 1996, pero los presentan como si fueran en 2026. De Miam no te extrañe nada. Es conocida por albergar y dar refugio a Luis Posada Carriles y Orlando Bosh, quienes en 1976 fueron señalados por el acto terrorista que terminó con la vida de múltiples deportistas que viajaban en un avión de Cubana de Aviación que hicieron explotar en pleno vuelo. Estos grupúsculos han vivido en la máxima comodidad vendiendo eslóganes contra la Revolución.

No dicen que lo sucedido hace 30 años atrás fue un hecho de plena defensa de la soberanía de Cuba ocurrido cuando dos aeronaves controladas por la organización confiesan como terrorista, Hermanos al Rescate, ingresó al espacio aéreo cubano proveniente desde Miami, desoyendo las advertencias legales realizadas por radioperadores de la isla después de ingresar a la jurisdicción cubana. ¿Esperaban acaso que las autoridades de la isla se cruzaran de brazos? ¿O se creyeron sus propias fábulas de una nación en crisis? No hubo ni habrá alfombra roja para estos intrusos. El motivo es sencillo y el momento es inmejorable: Cuba no está sola y no hay un pueblo en el mundo que no esté en deuda con la Revolución por su solidaridad, el respeto por el camino escogido por otras naciones hermanas, por poner el ser humano en el centro de toda decisión social. Basta recordar que, pese a su infernal bloqueo comercial y financiero, fue el primer país que produjo dos vacunas contra el COVID, que puso a disposición de sus vecinos, a pesar, como se dijo, de un feroz bloqueo. Aún con el actual y criminal cerco energético, Cuba sigue haciendo ingentes esfuerzos para dar salud a su acosada niñez, a sus jóvenes universitarios que quieren contribuir con el desarrollo de su país.

Hace esfuerzos sobre humanos para agradecer a los abuelos todo lo que dieron en el pasado, dando ahora dentro de sus limitadas posibilidades, atención médica digna. Cuba no es amenaza para nadie sus únicas armas nucleares producidas en la isla son las ideas y la firmeza. Pueden terminar con hombres y mujeres, pero nunca con sus ideas ni los principios. Estos no se matan, entiendan eso. Cuba nos necesita. El momento no puede pasar inadvertidos en esta región de paz, pero no se equivoquen. A organizarnos ya y a estar listos a luchar en el campo que el enemigo nos quiera probar. Es la hora de Nuestra América. Es la hora de la verdad. Ahora o nunca. Contamos con vos.

De la gloria del Estado Social al espejismo del cambio (Parte II)

Por: JoseSo (José Solano-Saborío) / Entre Verdades y Opiniones

En nuestra primera columna repasamos cómo Costa Rica construyó un Estado de Bienestar ejemplar y cómo, a partir de los años 80, ese modelo empezó a fracturarse bajo la receta neoliberal. Pero el cambio de rumbo no solo nos trajo recortes; trajo consigo una cultura donde la función pública dejó de ser un servicio para convertirse, en muchos casos, en un botín.

Hoy vamos a hablar de esa herida abierta: la corrupción del bipartidismo, la factura social que nos cobraron y cómo esa indignación parió un movimiento político que prometió salvarnos de nosotros mismos.

El festín del bipartidismo y el descaro institucional

A partir de los años 90, los ticos empezamos a desayunar con escándalos de cuellos blancos. Ya no eran rumores, eran millones de colones de los fondos públicos esfumándose frente a nuestros ojos.

Recordemos el sonado caso del Fondo de Emergencias, uno de los primeros grandes golpes a la confianza institucional. Pero la verdadera sacudida llegó con el saqueo del Banco Anglo Costarricense. Durante la administración de Rafael Ángel Calderón Fournier (PUSC, 1990-1994), el banco más antiguo del país fue desangrado mediante inversiones ruinosas. El detalle que no se nos puede olvidar es que miembros de la Junta Directiva y la Gerencia de la institución eran socios o allegados al bufete de la familia Calderón Fournier.

A su llegada al poder, y bajo la presión y recomendación de la Contraloría General de la República (CGR), la administración de José María Figueres Olsen (PLN, 1994-1998) se apresuró a decretar el cierre definitivo del Banco Anglo en septiembre de 1994. Fue un golpe durísimo a la economía y al orgullo nacional, aunque, para la historia, queda el consuelo de que por lo menos en esa ocasión los responsables, incluyendo al gerente Carlos Hernán Robles y a su Junta Directiva, terminaron en prisión.

A partir de ahí, la bola de nieve no se detuvo:

En el año 2000, durante el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez (PUSC), el país estalló en las calles contra el famoso “Combo del ICE”, un intento de apertura disfrazado que la ciudadanía leyó como un claro intento de privatización a medida.

En 2004, bajo el gobierno de Abel Pacheco, el país se paralizó: estallaron los casos CCSS-Fischel y ICE-Alcatel, tramas de comisiones ilegales que llevaron a los mismísimos expresidentes Calderón Fournier y Rodríguez a la cárcel preventiva, aunque no llegaron a cumplir penas definitivas, y que mantuvieron al expresidente Figueres Olsen fuera del país, a pesar de que su causa no por años.

Más adelante, durante el segundo mandato de Óscar Arias Sánchez (PLN, 2006-2010), se gestó el Caso Crucitas, un desastre ambiental y legal tras la declaratoria de “conveniencia nacional” de la minería a cielo abierto.

Y como si no fuera suficiente, bajo la administración de Laura Chinchilla (PLN, 2010-2014), nos topamos con el vergonzoso Caso de la Trocha Fronteriza (Ruta 1856), donde el pretexto de la defensa nacional ante Nicaragua sirvió para que empresas fantasmas y funcionarios corruptos drenaran miles de millones.

La factura: El campo abandonado y la clase media asfixiada

Mientras las cúpulas del PLN y el PUSC se repartían el pastel y los tribunales, ¿qué pasaba con la Costa Rica real?

Se gestó una crisis sostenida. Mientras se perdían millones en corrupción, la excusa para el pueblo seguía siendo “no hay plata”. Esto provocó un abandono sistemático de nuestros agricultores y ganaderos, a quienes se les dejó a la libre competencia frente a mercados internacionales subsidiados, sin apoyo técnico ni crediticio. Paralelamente, la histórica clase media costarricense —el gran orgullo del Estado de Bienestar de los años 50— empezó a endeudarse para sobrevivir, viendo cómo el costo de la vida subía mientras la brecha entre los más ricos y los más pobres se ensanchaba a niveles históricos.

El advenimiento del PAC: La indignación como bandera

Fue exactamente en este caldo de cultivo de asco y frustración ciudadana donde germinó la ruptura. A finales de los años 90 e inicios del 2000, un grupo de dirigentes históricos del Partido Liberación Nacional, indignados por la podredumbre interna y el abandono de la socialdemocracia, decidieron que ya era suficiente.

Así nace el Partido Acción Ciudadana (PAC) en el año 2000, fundado por Ottón Solís Fallas. Pero Ottón no se fue solo. Detrás de él caminaron nombres que eran verdaderos pesos pesados de la política nacional, figuras de una moralidad y un peso histórico indiscutibles: don Alberto Cañas Escalante (fundador del PLN), don Guido Miranda (arquitecto de la CCSS moderna), y Margarita Penón Góngora, entre otros grandes intelectuales y ciudadanos.

Todos se cobijaron bajo una sola bandera suprema: la lucha frontal contra la corrupción.

El discurso era impecable. Era la promesa de la ética en la función pública. Sin embargo, con el paso de los años, Ottón Solís se adueñó por completo de la narrativa y de la estructura del partido que ayudó a crear. Lograron convencer a un país herido de que ellos eran los únicos depositarios de la decencia política.

Pero el poder es el ácido que prueba los metales. Y cuando finalmente les tocó gobernar, la historia dio un giro que nadie —o muy pocos— esperaban.

De eso hablaremos en nuestra tercera entrega, bajo un título que resume lo que nos pasó a todos como país: “¿Más cara la medicina que la enfermedad? Cuando te conviertes en esclavo de tus palabras”.