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Autor: María José Ferlini Cartín

HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Las mesas pasan a un segundo plano mientras el centro de la pista se convierte en escenario donde los cuerpos se trenzan movidos por un ritmo acompasado a seis tiempos. Una voluntad colectiva explica el montaje: saltos, sincronías, movimiento.

Se trata de un tipo de baile traído a estas geografías en los viajes que transportistas hacían por las carreteras nacionales. Esta vez hago observación de lejos, porque lo mío, en realidad no es el movimiento ordenado y cadencioso. No nací para el baile. Pero disfruto ver cómo en un momento veinte, tal vez treinta personas, se sincronizan y parecieran “coreógrafearse” motivadas por la música que suena a altos decibeles.

Al llegar a nuestro país este ritmo, Costa Rica era una sociedad distinta. Eran los años de las bandas del swing estadounidense en las que Glen Miller “tocaba a morir”, como habrá dicho un exhultante Miguel Ríos en su icónico “Mientras el cuerpo aguante”. Ese ritmo, esos ritmos vinieron a nuestros territorios de alguna manera entre las llantas y las radios de los grandes camiones cargueros que transitaban por las carreteras costarricenses.

Y se quedaron entre los sectores populares. Y Aquí fueron “criollizados”.

Considerado por años un ritmo vulgar y arrabalero, el denominado swing criollo fue resignificado en las plantaciones bananeras, en las fábricas, bailado en salones populares de la capital, particularmente por actores de las clases excluidas y empobrecidas del país. Tal vez por eso recibía gestos de desaprobación de unas élites mojigatas y conservadoras, las mismas que hoy se ruborizan por la forma mediante la cual el arte toma el espacio público.

Durante mucho tiempo fue un baile prohibido, como tantas cosas que le son negadas a los sectores populares que terminan respondiendo y asignando nuevos significados a las prácticas y los consumos culturales. Su forma subterránea de practicarse fue moldeando la importancia social de un ritmo absolutamente indispensable en la antropología de las culturas (en plural) que se reproducen en la vida cotidiana nacional.

Johan Rugama, funcionario municipal recolector de basura, protagonizó hace unos días una de las escenas más refrescantes en tiempos de pandemia. A bordo de un camión recolector y observado de cerca por sus compañeros de trabajo, bailó swing criollo y así fue captado por alguna persona que lo grabó y que de inmediato convirtió su video en tendencia en redes sociales.

En tiempos de estrés permanente, preocupaciones económicas y de salud, una actitud así replantea la capacidad del ser humano para reír en la adversidad, dignificarse a partir de su gusto por el baile y la vida.

Declarado patrimonio cultural inmaterial costarricense hace algunos años, este baile prohibido debiera ser materia obligada en cursos sobre ciudadanía, sociología y arte nacional. Nos permitiría por ejemplo, reconocer la labor de investigación de Ligia Torijano durante más de 25 años para posicionar el alto valor social y cultural de este ritmo, ver el documental “Prohibido bailar swing” producido en 2003 por la cineasta Gabriela Hernández para conocer más de cerca a las figuras que durante muchas décadas construyeron con su dedicación a impulsar la práctica y permanencia del swing criollo ahí mismo, en los espacios donde las corporalidades toman sus verdaderos significados.

En la década de los años setenta muchos salones de baile capitalinos colocaban carteles donde se leía “se prohíbe bailar Swing”. Este lema inspiró años después el espectáculo “Del Swing prohibido al permitido”, presentado en el aristocrático Teatro Nacional en San José.

El arte y la cultura populares nunca pueden ser silenciados y así lo evidenció Johan a través de su baile y su gusto por la vida. Mientras observo un solo cuerpo colectivo moverse dando saltos sincronizados e improvisando sobre la marcha, pienso en el alto valor político de cualquier expresión artística.

Pienso en el swing criollo. Pienso que debemos seguir abonando las posibilidades para que nuestros cuerpos aguanten y la música siga sonándonos por dentro, como acto de posibilidad para la vida.

 

Imagen: UNA-Encuentro Popular de Baile.

UCR: Literatura colonial costarricense: el relato de una fiesta en el Cartago de 1725

La construcción del corpus de la literatura colonial costarricense ya inició. Es mucho lo que resta por investigar, pero en la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura ya comenzaron

En 1725, la ciudad de Cartago, capital de Costa Rica, celebró por lo grande la proclamación de Luis I, rey de España y de las Indias, segundo soberano de la casa de Borbón y sucesor de Felipe V, el Animoso. Imagen: cortesía del autor.

Hemos crecido con la certeza de que la literatura costarricense es una manifestación reciente, apenas nacida en las décadas finales del siglo XIX, del también naciente Estado nacional. Esa es, al menos, la idea fija que el sistema educativo se ha encargado de transmitir durante décadas a generación tras generación de jóvenes estudiantes. Esa tajante afirmación, ¿es totalmente certera? ¿No se escribieron textos literarios durante los cerca de 250 años de vida colonial?

Los estudios de los últimos años están demostrando que nuestros antepasados de la época colonial nos legaron documentos que pueden ser leídos como literarios, aunque en una primera impresión no lo parezcan. Con una mirada renovada, estamos percatándonos de que la vida cultural de la Costa Rica de los siglos XVI a XIX fue mucho más rica de lo que creíamos. Uno de los grupos de textos que permite cuestionar la imagen de nuestro pasado como desierto literario es el de las relaciones de fiestas y, dentro de ellas, hay una que merece una mención muy especial.

En 1725, la ciudad de Cartago, capital de Costa Rica, la más distante provincia del reino de Guatemala, celebró por lo grande la proclamación de Luis I, rey de España y de las Indias, segundo soberano de la casa de Borbón y sucesor de Felipe V, el Animoso. Tan solo una década atrás, los Borbones franceses se habían consolidado en el trono español merced a su triunfo en la guerra de sucesión que se desató en 1700 a la muerte de Carlos II, el Hechizado, último monarca de la casa de Habsburgo. El fallecimiento sin descendencia de Carlos II fue el detonante de un largo conflicto que durante quince años ensangrentó España y en el que se involucraron las mayores potencias europeas. Por todas estas circunstancias, la entronización de un nuevo Borbón constituía una inmejorable oportunidad para que las autoridades de Costa Rica, una marginal y casi olvidada región del vasto imperio español, manifestaran su lealtad hacia la nueva dinastía.

El 16 de noviembre de 1724, el gobernador Diego de la Haya Fernández recibió una Real cédula, firmada en Madrid el 3 de febrero de ese mismo año, en la que se le comunicaba la decisión del rey Felipe V de abdicar en favor de su hijo, el Príncipe de Asturias. El gobernador mandó que se publicara la noticia en la ciudad, como era lo acostumbrado en esos casos, a son de cajas de guerra, clarines y tiros de fusiles. El vecindario, acompañado por los repiques de las campanas del templo parroquial y del convento de San Francisco, aclamó en altas voces al nuevo monarca. Durante los días siguientes, se hizo lo propio en el cercano valle de Barva y en el más distante de Bagaces, así como en la ciudad de Esparza.

El 20 de noviembre, el gobernador, actuando con toda prudencia, dispuso trasladar los festejos en honor a Luis I al 21 de enero del siguiente año para así evitar los inconvenientes propios de la temporada de lluvias y, además, permitir “…que las Personas Prinzipales que an de concurrir se prevengan delas Galas, Aderezos y demas menesteres, nesessarios, para la mayor zelebridad de dicha Jura y Regosijos” (ANCR, Cartago, 306, Año 1725-1727).

Celebrar el advenimiento de un nuevo rey siempre fue de la mayor relevancia en las sociedades del llamado Antiguo Régimen. Cuando se producía la muerte de un monarca se abría un periodo de incertidumbre, pues había desaparecido la persona que encarnaba el poder político delegado por la divinidad. Por eso, las exequias fúnebres del rey fallecido y la proclamación de su heredero se sucedían con gran rapidez. El propósito era el de reducir a una mínima expresión ese interregno, ese espacio de angustia en el que todo el cuerpo social se tambaleaba en una especie de orfandad política. Por estas razones, y por otras que veremos más adelante, la ciudad de Cartago se aprestó a celebrar por lo grande el advenimiento de “nuestro rey y señor” don Luis I.

La relación de los festejos, que lleva fecha del 3 de febrero de 1725, da cuenta del amplio programa celebratorio que transformó la placidez de la aldeana capital de la provincia. Durante diez días de ese verano, Cartago, una ciudad de apenas unas sesenta casas, se transformó en un espacio casi que mágico para sus habitantes. Justamente, ese era el propósito de la denominada fiesta barroca, de la cual nuestros festejos populares son sus herederos. Veamos un poco en qué consistía ese entramado festivo

Las fiestas se abrieron con un desfile de las autoridades para depositar en el templo parroquial el estandarte real, verdadero símbolo de la monarquía y al que se le tributaban los mismos honores que al distante rey. Debemos recordar que los reyes españoles nunca visitaron sus territorios americanos —el primero en hacerlo fue, apenas, Juan Carlos I en 1977, es decir más de un siglo y medio después de la independencia— así que algunos objetos fueron dotados del poder de representar al rey y de recibir el tratamiento a él debido. Se trataba de objetos como el estandarte o pendón real, los retratos del rey y el sello real (sello que se empleaba para dotar de autoridad a los documentos oficiales). Por la noche, al son de cajas, clarines y descargas de fusiles, la ciudad se iluminó con lo que se conocía como “luminarias y candeladas”. En una aldea carente de alumbrado, esto debía de ser espectacular: la noche se convertía en día y la ciudad en un espacio escénico de maravilla que rompía la oscura cotidianidad.

El segundo día de la fiesta se inició con un nuevo desfile, al que le siguieron una misa cantada y un sermón, y por la tarde el evento magno de la proclamación en la plaza mayor. Desde un tablado levantado al efecto, el alférez real hizo ondear el estandarte al tiempo que gritaba tres veces a viva voz “Cartago, Cartago, Cartago, Castilla y las Indias por don Luis Primero”. El pueblo, al unísono, respondió “Viva nuestro rey don Luis Primero”. Una lluvia de monedas, aportadas por los vecinos pudientes, selló el ambiente de alegría general.

Durante las siguientes jornadas se sucederían las diversiones típicas de estas fiestas, muy similares a las que se practicaban en España y en todo el continente. Esto es muy llamativo y nos demuestra que la pobre y aislada Costa Rica no lo era tanto. En primer lugar, se contaba con el suficiente dinero como para organizar un fasto que reproducía, si bien a escala, los entretenimientos que también se celebraban en las grandes urbes virreinales. Y, en segundo término, porque demuestra un conocimiento bastante acertado de cómo se organizaba una fiesta de tal naturaleza y, lo que es más relevante para la investigación literaria, que la clase letrada cartaginesa estaba al tanto de los códigos de escritura del género literario de las relaciones de fiestas.

Ahora bien, ¿de qué diversiones hablamos cuando intentamos recrear lo que debió ser la fiesta de proclamación de Luis I en el Cartago de 1725? En realidad, se trata de un catálogo de actividades bastante diverso. Primero, debe considerarse que los rituales litúrgicos, las misas cantadas, los sermones y las procesiones eucarísticas, se contaban dentro de las diversiones. La oratoria sacra era altamente apreciada y un predicador bien entrenado en las artes de la retórica cristiana podía convocar verdaderas multitudes.

A estos actos religiosos deben sumarse otros más mundanos. Dentro de los más apreciados se encontraban los juegos caballerescos, que provenían de la época medieval y servían como entrenamiento militar para los jóvenes de la nobleza. En las fiestas cartagas, se hicieron encierros, se sortearon y se corrieron toros, se jugaron cañas, sortija, estafermo, alcancías y escaramuzas. Estos juegos fueron el eje de la fiesta, verdaderas demostraciones de habilidades ecuestres, de destreza, arrojo y fortaleza, cualidades muy apreciadas en una cultura masculina de exaltación de los valores militares.

La fiesta se vio enriquecida con dos espectáculos de mayor complejidad escénica. Uno fue la representación de una comedia de Calderón de la Barca, Afectos de odio y amor, precedida por una loa escrita por el propio gobernador Diego de la Haya. Meditémoslo un momento: en el Cartago de 1725 se lleva a escena una obra dramática de uno de los autores cumbre del Siglo de Oro español y se dice que los actores fueron “los vecinos de los valles”. Eso nos da otra imagen, una que no calza con la supuesta pobreza generalizada y el aislamiento de la provincia.

Tampoco concuerda con ello el otro espectáculo que recorrió las calles de Cartago, uno bastante desusado incluso en grandes ciudades como México o Lima. Por orden del gobernador, se dispusieron dos embarcaciones sobre ruedas y se las dotó de velas, aparejos e incluso mosquetes a modo de cañones. Las tripulaciones estaban compuestas por indígenas de los pueblos de Laboríos, Cot, Quircot y Tobosi, un grupo de los cuales se disfrazó de españoles y otro de indios de la montaña, que se enfrentaron en una verdadera batalla naval que hizo las delicias del público.

En 1725, la ciudad de Cartago, capital de Costa Rica, celebró por lo grande la proclamación de Luis I, rey de España y de las Indias, segundo soberano de la casa de Borbón y sucesor de Felipe V, el Animoso. Imagen: cortesía del autor.

Las naumaquias o representaciones dramáticas de batallas navales son conocidas desde la Antigüedad clásica y revivieron con el Renacimiento en el siglo XV, pero siempre fueron muy escasas porque su preparación era muy compleja e implicaba un gasto enorme. Durante el siglo XVII, Felipe IV gustó de estos espectáculos grandiosos que tenían lugar en el estanque del parque del Buen Retiro en Madrid, aunque la última naumaquia de que se tiene noticia fue la que organizó la ciudad de Valencia en 1755 con motivo de la canonización de San Vicente Ferrer.

Desconozco que se hayan organizado naumaquias en México, en Lima o en cualquiera otra de las grandes urbes americanos. En cambio, paradoja de paradojas, sí hubo una en Cartago. Por supuesto, en Cartago no existen un lago ni un río navegable, de modo que nuestra naumaquia se celebró, en un alarde de creatividad, sobre ruedas. Para usar una expresión frecuente en esa época, se organizó “según las posibilidades de la tierra”, que en lenguaje moderno significa que se hizo lo que se pudo con lo que se tenía a mano.

Hasta aquí me he limitado a describir muy sucintamente el contenido de la relación de fiestas por la proclamación de Luis I. Pero este no es el trabajo de un crítico literario o de un historiador de la literatura. Nosotros no nos preguntamos solo qué dice un texto, sino que nos interesa aún más preguntarnos cómo lo dice. Esa es la especificidad de nuestro trabajo: el indagar las estrategias discursivas, las fórmulas retóricas, los juegos lingüísticos, que se emplean para construir los textos. Yo quisiera considerar que mi trabajo es algo así como el de un arqueólogo de la palabra que, con lentitud y cuidado, va limpiando y sacando a la luz esas elaboraciones lingüísticas del pasado. Por ello, quisiera explicar por qué esta breve relación de fiestas —son apenas doce folios manuscritos— es muy especial desde una perspectiva literaria.

En primer lugar, consideramos lo que en los estudios literarios denominamos el estatus genérico, es decir, de qué género literario se trata. En principio, parece obvio que es una relación de fiestas pues su contenido es el relato del ritual de proclamación que consagra la continuidad de la dinastía borbónica y del repertorio de juegos y diversiones propios de la fiesta barroca. Sin embargo, apenas en el primer párrafo del texto nos damos por enterados de que esto no es tan simple, de que hay algo extraño. Veamos cuáles son las primeras palabras de la relación:

El Sargento Mayor Don Pedro José Sáenz, Teniente General de esta Ciudad de Cartago, el Sargento Mayor Don José de Bonilla y Capitán Teodomiro Arias, Tenientes de Gobernador y Jueces de los Campos, por inopia de Cabildo y de Escribano, certificamos en la forma y manera que podemos a los Señores que la presente vieren, cómo […] (Sáenz, 2021: 30).

La palabra clave es “certificamos”. Con ella, la Relación se autodefine como certificación, con lo que se inscribe dentro del campo de la práctica notarial y convierte el texto en un instrumento público que garantiza la veracidad de su narración; sin embargo, tampoco se trata de una certificación notarial típica de las expedidas por un escribano en el ejercicio de sus funciones. Esta Relación es un ejemplo de una interrelación genérica entre un documento jurídico notarial y un texto literario del género relación de fiestas. Esta es una anomalía que desestructura los moldes genéricos, y que hasta ahora no había sido estudiada. Mi hipótesis es que estas libertades al escribir, este combinar géneros discursivos diversos, es posible gracias a la distancia de la provincia de Costa Rica respecto de los grandes centros de poder y cultura, y a que su clase letrada conoce los códigos de escritura, pero no los domina tan bien. Esa condición le otorga cierta libertad, cierta creatividad, que nos depara textos inusitados como el que hoy nos ocupa y que bien podría catalogarse de relación certificada de fiestas o certificación festiva.

En segundo lugar, las anomalías continúan. Recordarán ustedes que la narración inició con el recuento de la noticia de la abdicación de Felipe V en favor de su hijo Luis I y de las disposiciones del gobernador para celebrar la proclamación. En ese punto, la relación abre un paréntesis para referir que se recibió en Cartago el mensaje de que el pueblo de Ujarrás se había inundado, pero que los vecinos se habían salvado gracias a que unos misteriosos repiques de las campanas de la iglesia los habían mantenido en alerta. El gobernador se moviliza de inmediato, envía ayuda, y todo concluye con una serie de procesiones, misas cantadas, rosarios y letanías en honor a Nuestra Señora de la Concepción, a quien se atribuye el milagroso rescate de la población.

Aquí estamos ante un juego de cajas chinas o de muñecas rusas: es una relación de fiestas que contiene una relación de sucesos extraordinarios que, a su vez, conjuga las características de dos subtipos de relaciones, la de milagro (el tañido de las campanas) y la de sucesos naturales (la inundación de Ujarrás). Este es un buen ejemplo de lo que mencionaba líneas atrás: el dominio limitado de las reglas de escritura de los géneros discursivos (esto es, qué se puede decir y cómo decirlo) ofrece a estos cronistas cartagineses la posibilidad de innovar, de mezclar convenciones diversas, lo que da por resultado textos también diversos.

Además, esta narración inserta sobre el milagro y el suceso natural funciona como un mecanismo de legitimación del poder gracias al enlace que establece entre lo religioso y lo político. El tañido de las campanas, con toda su implicación simbólica como puente entre la esfera divina y la humana, y la salvación milagrosa de los habitantes enfatizan el carácter sagrado de la proclamación real y del ciclo festivo que la rodea. Algo muy relevante es que todo el relato se construye desde la perspectiva del Gobernador. Incluso, el eje de la acción se desplaza del desastre natural en sí y se ubica en la eficiente reacción de Diego de la Haya Fernández, pues más que narrar los sucesos lo que importa es subrayar la excelencia del funcionario real como gran protector de todos sus gobernados, una imagen positiva que se reforzará en el posterior recuento festivo. De esta manera, el ritual de la proclamación, espectáculo dirigido a asegurar la continuidad dinástica, funciona como exaltación del poder local.

Y esta última afirmación me sirve para presentar el tercer punto, que es, justamente, la constatación de que la escritura del relato de la fiesta barroca de proclamación del nuevo monarca español, en el fondo tenía otros propósitos. En teoría, lo que se buscaba era exaltar la figura del rey y con ello la transmisión de un sistema de control ideológico que fomentaba en los súbditos sentimientos de lealtad y agradecimiento hacia la dinastía reinante. Sin embargo, pronto percibimos que esta relación en concreto busca otro fin muy particular: la exaltación o promoción del gobernador Diego de la Haya Fernández.

Las relaciones de fiestas han sido consideradas como un género epidíctico en vista de que constituyen un extenso elogio de figuras políticas y religiosas, así como de la propia comunidad. En la relación de Cartago esa función epidíctica alcanza su momento álgido no cuando se refiere al distante y desconocido Luis I, sino cuando se trata la figura de don Diego de la Haya Fernández. En la descripción de su participación en el desarrollo de los festejos, la voz narrativa recurre a los mecanismos retóricos del sobrepujamiento y la amplificación: el Gobernador es el primero en reaccionar ante el desastre natural y luego es el gran organizador y protagonista de la semana de fiestas en torno a la proclamación. Sus amplias luces, su eficiencia y buen manejo de las relaciones con los diferentes grupos sociales (españoles, indígenas y mulatos) son el marco general que posibilita el lucimiento y éxito del aparato festivo, tal y como se hace ver en el episodio de la naumaquia. Esta representación de una batalla naval, pintada como de una espectacularidad nunca antes contemplada en la provincia, es el punto culminante que consagra su papel como autoridad máxima y como indispensable mediador entre grupos étnicos.

De esta forma, la proclamación del rey se convierte en una excusa para promover al Gobernador. Esto no debe sorprender, pues este documento fue enviado, muy diligentemente, por el propio Gobernador al Consejo de Indias, órgano encargado de la administración de los dominios españoles en América y, por lo tanto, de otorgar reconocimientos y nuevos nombramientos a los funcionarios reales.

Espero haber logrado demostrar que un documento que en apariencia solo nos da información referencial puede ser, al mismo tiempo, un texto literario. Por esta misma circunstancia, la construcción del corpus de la literatura colonial costarricense apenas inicia. Es mucho lo que resta por investigar y descubrir en archivos y bibliotecas, tanto en nuestro país como en el extranjero. El panorama es muy prometedor, pues durante los últimos cinco años los esfuerzos por promover los estudios coloniales desde la Universidad de Costa Rica han sido muy fructíferos. Hemos logrado constituir el Programa de Estudios Coloniales Centroamericanos en el seno del Instituto de Investigaciones Lingüísticas —el cual ya reúne varios proyectos de investigación—, hemos organizado jornadas, mesas redondas, visitas a archivos, y pronto publicaremos el volumen colectivo titulado La palabra olvidada: la lengua y la literatura de Centroamérica entre la Colonia y la Independencia. Y tal vez el más importante de todos nuestros logros: nuestros estudiantes de licenciatura y de maestría están orientando sus tesis hacia la literatura y la lengua del periodo colonial, con lo que podremos asegurar que esta línea de investigación no será un esfuerzo aislado, sino que crecerá y nos permitirá, cada vez más, tender puentes entre nuestro pasado y nuestro presente.

Es una aventura de conocimiento verdaderamente apasionante.

Autor: Dr. Alexander Sánchez Mora. Profesor de la Escuela de Filología UCR.

Foro – 12 de octubre: «Abya Yala ¡Resiste!»

SURCOS comparte la siguiente información:

Hoy 12 de octubre se llevará a cabo un foro con la temática ABYA YALA ¡Resiste! Contará con la participación de:

  • Jesus Alberto García, Venezuela.
  • Olga Sanabria, Puerto Rico.
  • Iguayoikiler (Maximiliano) Ferrer, nación Guna Yala, Panamá.

Modera:

  • Roberto Quesada

Concluye:

  • Maria Elena Colindres

Horarios: 

  • 7:00pm C.A
  • 9:00pm N.Y
  • 8:00pm Panamá

Será transmitido por Facebook Live de Partido Libre D-19 USA/CANADA

Parodias, graffitis y ¿celebración de qué?

Por: Trino Barrantes Araya
Email: camilosantamaria775@gmail.com

SURCOS comparte la siguiente reflexión:

Cuando vemos actos genocidas, como los perpetrados en Honduras contra sus poblaciones aborígenes, garífunas y LGTBI; acciones dantescas y obscenas como las que ejecuta hoy el gobierno fondomonetarista de Lenin Moreno, o la metáfora de muerte de Bolsonaro contra la Amazonía brasileña, solo nos queda por argumentar que hoy “descolonizar”, se convierte en una búsqueda insoslayable y en un gran imperativo de humanización.

A 529 años del genocidio español y de los imperios que emergían, la urgencia por el rescate de la memoria de clase e histórica, tiene lugar exclusivamente, en todos estos procesos de descolonización que emergen desde la conciencia de lo popular, lo ancestral y en las construcciones de nuestras propias identidades.

No es posible, en el siglo XXI, cerrar las puertas a la interculturalidad. Tal vez hoy, mejor que ayer, las grandes masas de inmigrantes son los portadores de una nueva toma de conciencia, nos señalan la resistencia, desde una realidad compleja o son las formas particulares que asume la memoria de los pueblos para visibilizar otras formas de construcción de la historia nacional y la identidad de clase.

¿Qué debemos descolonizar ?. Ollantay Itzamná, en su excelente artículo nos dice lo siguiente:

En el proceso de la colonización permanente, incluso durante los dos siglos de repúblicas criollas que transcurren, se fijó en la estructura psicológica, individual colectiva, de los pueblos aborígenes y mestizos, la celebración de 12 de octubre como el “Día de la Hispanidad /…/ Nos bautizaron con la promesa de civilizarnos. Nos alfabetizaron con la promesa de modernizarnos. Pero, siglos después, la “civilidad moderna” trastocó los hilos de la trama de la Vida en el planeta, al grado de llevarlo a su debacle. /…/ En un mundo matricida y suicida, el sistema-mundo-occidental, ahora, en crisis civilizatoria, va por todo y por todas partes a escarbar y destruir nuestros territorios bajo la promesa de “desarrollo sostenible, o “economía verde” que jamás llegará para nosotros /…/ El proceso de enseñanza aprendizaje anula casi por completo los idiomas nativos. Los contenidos curriculares, en todas las materias, son copias de manuales “universales” euronorteamericanas que idealizan lo foráneo y desprestigian lo nativo. ”.(1)

Descolonizar tendrá siempre, implícitamente, el ejercicio de la deconstrucción, porque descolonizar está estrechamente articulado con el “mal llamado descubrimiento”. Estamos, pues, frente a la tarea de reinterpretarnos en nuestras raíces, en nuestra mismidad en nuestras luchas cotidianas. 

Ahora bien, una pequeña digresión histórica. En el marco de los 500 años, me pareció “genial “, una pinta o graffiti que estaba escrita en las paredes del baño popular -para hombres- situada en la terminal de buses que viajan a los distritos de mi cantón, San Ramón-Provincia de Alajuela, Costa Rica.

Con tintes de ser una parodia, obviamente, de un viejo texto escolar, el escrito, con la grafía que supone este tipo de pizarra contestaria decía así:

“ Nació en mil cuatrocientos

noventa y dos, puto día,

tres de agosto, media hora

de hacer su cogida el conquistador…”.

Fue de muy corta duración aquel graffiti.  Para el miércoles 14 de ese mismo mes, la pared había sido pintada. Aquella “pinta” conspirativa no pudo sostenerse más. Pero como todo deja una buena enseñanza, inspirados en aquella parodia, publicamos un pequeño volante con la estrofa de la canción de Horacio Fontova: Los hermanos pinzones:

“Los hermanos pinzones, eran unos…marineros.

Que se fueron con Colón que era un viejo…bucanero.

Y se fueron a Calcuta a buscar algunas…playas.

Y los indios motilones les cortaron…la retirada”.

(https://www.youtube.com/watch?v=0PdN6M4o3vg)

Seguidamente con la seriedad y el respeto que nos merecen los pueblos ancestrales, situamos nuestro punto de vista, con respecto a la fecha que, obligatoriamente, en las escuela y colegios deben celebrar. Aquel volante llevó por título: “7 mentiras de Cristóbal Colón y un largo genocidio”. El documento original, sirvió, más tarde, de base, para dar pequeñas charlas en escuelas y colegios.

Pero hagamos un pequeño ejercicio. Una carabela, una nao y una carraca. La Santa María, gobernada por Juan de la Cosa. Martín Alonso Pinzón, capitaneó La PINTA, en apoyo explícito a su hermano Francisco Pinzón; finalmente, La Niña, fue posesionada por Vicente Yánez Pinzón.

Palos de Morgue y la isla de San Salvador, no son así, dos simples accidentes geográficos. Ambos llevan la impronta de un largo proceso de etnocidio, explotación, violaciones y sometimientos. La cruzada del oro abría una página en blanco que pronto rebosaría de sangre.

Al grito de Rodrigo de Triana, aquel amanecer del 12 de octubre de 1492; de: ¡Tierra!, ¡Tierra!, devino un nuevo momento de ampliar el mapamundi. Se inscribía así la primera cartografía de la globalización. Triana, por supuesto que no era blanco-español, era un morro, un negro, pero la historiografía ha hecho tanto el esfuerzo por blanquearlo, que así lo construyó el imaginario colectivo. Este es parte del encubrimiento, pues nunca nos dicen el color de la piel.

Pero retomemos del libro citado, cuando mencionamos la parodia, en los párrafos precedentes, la Cita de Gabriel Ureña M.

“…el indio Pedro, guía de la expedición, insinuó a Pereira la posibilidad de encontrar la gente en el rastrojo del Guapinol, y a través de la selva, por dos senderos distintos se encaminaron los expedicionarios hacia dicho lugar. Efectivamente, desde la urdimbre del umbroso bosque pudieron observar a la sombra de un frondoso guapinol, la ejecución de un rito para ahuyentar el “bukurú” o demonio maligno, que tenía enfermo a un indio. Y dentro del grupo el capitán Pereira vio una preciosa india joven y distinguida que era Biriteca, la esposa de Garabito, a la cual colocaron un collar con un magnífico amuleto de unos ojos de alcatraz, para protegerla de los ojos amorosos de los conquistadores…” (Ureña,1966:172)[i]

Del texto anterior podemos derivar muchas lecturas. El concepto del indio sumiso y servil; otro aspecto, se sitúa, ciertamente el rito, pero traduce el prejuicio de la evangelización. No se reconoce ni se respeta la espiritualidad de nuestros pueblos ancestrales, por el contrario, es el demonio del medioevo al cual se debe derrotar. El nombre de Garabito, debe ser despojado para llamar a este cacique, cuya resistencia hacia la dominación española es maravillosa y su nombre es Coyoche. Entendamos, sin embargo, que el texto responde a un momento determinado de la narrativa con la cual se mira y se analiza el contexto del 12 de octubre.

En América Latina, la América Insular y Centro América, estamos exigidos de crear y generar un nuevo discurso, una nueva narrativa para interpretar correctamente el significado real, literario, ontológico, ideológico y filosófico del 12 de octubre.

No fuimos descubiertos, esa debe ser la premisa esencial; en segundo lugar, nada que celebrar. Vamos hacia la construcción de un continente pluriétnico y multicultural. Hacia un nuevo continente inclusivo, democrático, revolucionario y sin cadenas imperialistas que nos aten.

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[1] Libro Cuarto. Centro América (1966) 178ª. Edición. Librería Antonio Lehmann: San José-Costa Rica, Pag. 172. 

Malintzin,  Malinalli, “la Malinche” o Marina

Por: León Triba 

Nació entre los años de 1501 y 1504.

De origen chontal del poblado de Painala

“…También sabía hablar maya y náhuatl

y llegó a ser la intérprete de Hernán Cortés

durante la conquista…” (1)

I

¿Es culpable resistirse al amor?

Es natural la estrategia

de los besos con el otro,

cuando los presagios anastesiantes

dejan de ser mecánicos. 

II

Gravita la ceniza,

la ciudad es un silencio único,

sin sus principales,

perdida en la cuenta larga.

 

Los brujos, en el ombligo

de la primera letra del (a)lba,

encienden a punta de pedernales,

obsidianas y buriles

la chispa de la hoguera

para destirpar aquella infección

venida de lejos.

 

“…Pasó los primeros años en Coatzacoalcos,

de ahí a Tabasco…”.(2). Después caminó

en la inexacta ruta de la esclavitud.

III 

No fue acaso la diosa luna

la que hiciera el llamado

a través del humo,

para que los tenochtlas

dejaran libre el espacio

a la contaminación, la fetidez

y el suplicio de los sikwas.(4)

 

Portentosa, flotante,

calzadas, altares, penachos

esperan la profanación,

la blasfemia de los blancos,

porque los dioses les dijeron:

                                         huyan

                                         escóndanse

                                         suicídense

                                         vivan

                                         cohabiten

                                         pero no mueran,

                                         resistan,

 

no es necesario vivir la mortaja,

no tiene sentido estar

entre rabia, viruela y sarampión. 

Netzahualcóyotl escupe ahora

poemas fríos

“cadáveres exquisitos”

en la fragmentada tinta

y ocres desteñidos. 

Tiritan de miedo las chinampas

crecen amarguras en las

chozas,

tus palenques.

 

Declararon en los amatles

que no eran animales domesticable.

IV 

¿Por qué aceptar siempre

que Tenochtitlan fue derrotado?

 

Se levantó en la marcha

del vuelo del águila,

el cascabeleo de su serpiente emplumada,

las espinas del nogal,

un anagrama incómodo, embrutecido

en la neblina del evangelio,

los gruñidos del arcabuz,

ojeras en los filos de las espadas

una cruz herida y ahogada en sangre.

 

Los remitentes de aquel dios

invisible, incivilizado,

apolillado en las hojas

de una biblia que nadie entiende

son ajenos en estos códices

de luz y espiritualidad. 

V

Vos Malitzin

tienes lugar en estas tierras,

los extranjeros son los otros.

¿En qué corriente idiomática

interpretaste los signos del barro?.

 

Cómo situarte en esta

odiosa narrativa de los vencedores:

 

         Mujer enajenada

         Mujer liberada

         Traductora de lenguas

         Bruja anticipada

         Concierto de mil voces de gargantas.

 

¿Dónde escribiste tu historia?

 

Narraron los vencidos

su propia fábula

o en el desprecio de Cortés

siguieron culpándote.

  

VI

 

Trece de agosto,

Tenochtitlan es solo un caracol

sin sonido, sin sueños,

brutalmente arrebato de casas,

de templos y mujeres.

 

El presagio fue confuso,

seguro, antes de llegar a tus ojos,

viste el fuego, las señales,

la historia inventando traiciones.

 

¿Fue su destino quedarse

al lado del conquistador?,

¿o los que te entregaron como esclava

están libres en este engendro?.

 

(1).-  https://latinoamericapiensa.com/descolonizar-la-educacion/3910/

(2).- https://www.infobae.com/america/mexico/2021/09/30/caida-de-tenochtitlan-por-que-la-malinche-sabia-hablar-espanol/

(3) Ídem

(4).- El término “sikwas”, en los territorios ancestrales de Brörán, Térraba-Costa Rica, está referido a “demonio blanco”.

 

Imagen del header tomada de: Sicultura

Programa Voces y Política: «Ley de Semillas: Control corporativo de la vida”

SURCOS comparte la siguiente información:

Este miércoles 13 de octubre a las 5:00 p.m. en el Programa Voces y Política, se estará conversando sobre la “Ley de semillas control corporativo de la vida”, con la participación de Henry Picado de la Red de Coordinación en Biodiversidad, Juan Arriaga de Sol de Vida y Fanny Reyes Ortiz del Territorio Indígena Bröran térraba e integrante de la Red de Mujeres Rurales de Costa Rica.

La invitación es para que participe en las redes sociales de Radio Universidad 96.7 FM, o por medio de llamada telefónica al número: 2234-3233.

¡Nos escuchamos!

Sesión inaugural curso virtual Cáñamo Oro Verde Nuestramerica

SURCOS comparte la siguiente información:

Hoy martes 12 de octubre de 2021, a las 4:00 pm, hora Costa Rica da inicio la sesión inaugural del curso virtual Cáñamo Oro Verde Nuestramerica. Este curso tiene una duración de 5 meses, constituido por trabajo individual y grupal y una sola sesión colectiva por plataforma virtual.

Contará con la participación de los siguientes panelistas:

  • Fabiola Bernal, mediación pedagógica 
  • Melissa Nuñez, ingeniería agrónoma 
  • Ronald Coquis, experto en cáñamo industrial
  • Silvio Bonomelli, experto en agroindustria

El costo es de 200 dólares, si desea participar en el curso o en la sesión inaugural envíe su email o Whatsapp 6191-2047 para que puedan compartirle el link de la sesión.

Costa Rica se dirige a unas elecciones con 27 candidatos a la presidencia

El número sin precedentes de postulantes pone en evidencia la falta de liderazgos y de capacidad de diálogo político en el país tras la ruptura del bipartidismo.

Fernando Francia

A cuatro meses de las elecciones, son 27 las candidaturas a ocupar la silla presidencial que deberá dejar Carlos Alvarado, el presidente de Costa Rica, en 2022. Nunca habían sido tantos los candidatos confirmados por sus respectivas agrupaciones políticas en asambleas partidarias. Durante este mes tendrán que inscribirse ante el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), el ente regulador del proceso.

El miércoles comenzó de manera oficial la campaña electoral, que terminará el domingo 6 de febrero, cuando los costarricenses elijan una de las opciones o pospongan la decisión para una segunda vuelta, dos meses después.

Para el TSE la amplia lista de candidaturas es un símbolo de fortaleza democrática, aunque ya está generando trabajo adicional de fiscalización de actividades partidarias y de confección de una papeleta electoral más grande que la habitual para que quepan todas.

El banderazo inicial de la campaña lo señala el tradicional acto simbólico de la transferencia del mando de la Fuerza Pública del Poder Ejecutivo al TSE, con el que se busca garantizar la no injerencia del gobierno actual sobre el proceso electoral. En ese acto oficial, el 6 de octubre, el presidente del tribunal, Luis Antonio Sobrado, señaló que la libertad de elegir y la democracia son “nuestro acuerdo en medio de nuestros desacuerdos”. Pero esta elección no será sencilla para las más de tres millones y medio de personas que estarán convocadas a las urnas, porque la amplitud de la oferta electoral implica la consecuente dificultad de acceso a la información sobre todos los partidos en pugna.

Según Gustavo Román, asesor político y vocero del TSE, la sobreoferta electoral es un síntoma de la fortaleza de la democracia y al mismo tiempo de debilidad del sistema de partidos políticos. Lo primero, porque “evidencia que la participación político-electoral sigue siendo vista como una opción por personas con distintas sensibilidades políticas en el país”, dijo a la diaria.

Asimismo, la debilidad consiste en que la facilidad de inscripción de partidos políticos hace que muchos de estos sean un vehículo para aspiraciones personales. “Es evidente que detrás de muchos de estos nuevos partidos lo que hay son liderazgos de partidos políticos anteriores, liderazgos que, al no prosperar sus ambiciones o propósitos dentro de estructuras políticas más establecidas o antiguas, simplemente, sin ninguna dificultad, han inscrito sus proyectos dentro de esas otras estructuras político-partidarias”, dijo el vocero del TSE.

Desde finales del siglo pasado hasta la actualidad, la cantidad de partidos que compiten en procesos electorales ha aumentado enormemente en Costa Rica. De siete candidaturas en 1994 se pasó a 13 en 1998, 2002, 2014 y 2018. Hubo nueve en 2010 y en 2006 se marcó un récord de 14 postulantes. Este 2022 podrán ser hasta 27 los rostros y las banderas impresos en una misma hoja que la ciudadanía deberá marcar con su preferencia.

En opinión del politólogo Rotsay Rosales, eso es reflejo de la “sociedad compleja y plural que somos”. Opinó que “la participación de más actores y de más ciudadanías en el proceso favorece la legitimidad de quienes son representantes”. Sin embargo, para el politólogo, que ha estudiado a fondo el sistema de partidos políticos costarricense, la proliferación de partidos es también producto de “la relación problemática que desde hace varios años vivimos en el país entre ciudadanías y representación formal”. Señaló que “en la actualidad hay una depreciación en la ciudadanía de lo que ofrecen los partidos políticos, y estos no dejan de crecer en cantidad, pensando que con mayor oferta ganarán más simpatía”.

Todo esto, según Rosales, ocurrió tras la disolución del bipartidismo, proceso que comenzó en los años 90 y se consolidó con la llegada al poder en 2018 de un tercer partido, fuera de los llamados tradicionales. “Parafraseando a Gramsci, lo viejo pareciera que no termina de irse y lo nuevo no termina de consolidarse”, concluyó.

El politólogo Rubén Rojas señala la inconformidad de los votantes con los partidos políticos. “La mayoría de la ciudadanía siente que los partidos no han podido llevar su sentir a la Asamblea Legislativa o al gobierno y no han solventado sus demandas o necesidades con su actividad, y entonces se vuelca a la búsqueda de partidos políticos nuevos”.

Sin embargo, pese a esa proliferación, las soluciones no llegan. En general, porque los partidos están cooptados o dominados por fuerzas de poder económicas o políticas de élite y los partidos cambian liderazgos, pero mantienen su elitismo, explicó Rojas. “Ya no tenemos la cohesión que giraba en torno a dos partidos tradicionales en el bipartidismo, sino que, más bien, las personas comenzaron a determinar sus preferencias políticas a partir de elementos coyunturales o de representación de sus propios intereses, cambiando la tradición familiar partidaria anterior”, agregó.

Rojas cree que la existencia en sí de muchos partidos políticos no necesariamente es un síntoma de una democracia estable o madura.

A eso se refiere también la uruguaya radicada en Costa Rica Juliana Martínez, experta en políticas públicas. “El problema no es tanto el número como el tipo de partidos políticos. Las democracias necesitan de más partidos políticos programáticos –sean de centro, de derecha o de izquierda–, partidos consistentes y predecibles en su postura sobre los principales asuntos”, señaló en Twitter ante la discusión pública sobre el número de candidaturas.

Martínez dijo luego a la diaria que “la fragmentación del sistema de partidos no da calidad en la representación política, que es, a su vez, un ingrediente de la calidad de la democracia”. Como ejemplo de una situación de ese tipo en Centroamérica mencionó el de Guatemala, “donde una misma persona [el presidente actual, Alejandro Giammattei] compitió cuatro veces por la presidencia, todas a nombre de partidos políticos distintos”.

La experta en políticas públicas señaló que “una democracia fuerte necesita de partidos políticos que tengan programas claros, consistentes, que sean luego orientaciones efectivas en su ejercicio político”, y dijo que “eso sólo pasa en partidos programáticos, y difícilmente un país tenga 27 de esos”.

Los especialistas también coincidieron en que la falta de diálogo y de liderazgos hace mella en la integración de los partidos políticos, ya que dirigentes que no alcanzan sus aspiraciones personales prefieren crear una nueva estructura partidaria y buscar una oportunidad de candidatearse. De los actuales 27 aspirantes, 11 han cambiado de divisa partidaria.

El sistema electoral permite a los aspirantes a la presidencia postularse también a una diputación, lo cual es aprovechado por los partidos para que la visibilidad que puedan alcanzar en una campaña presidencial redunde en la obtención, al menos, de uno de los 57 escaños en la unicameral Asamblea Legislativa de Costa Rica.

A todas esas consideraciones políticas y organizativas se unen las dificultades de acceso a la información sobre los partidos por parte de la ciudadanía y al acceso a la financiación de las agrupaciones partidarias para enfrentar una nueva elección.

El Estado costarricense reconoce los gastos de campaña de los partidos que alcancen 4% de votos en la elección presidencial o que obtengan, al menos, un diputado. Este umbral lo han conseguido menos de diez agrupaciones en los procesos recientes.

El gran desafío para los partidos minoritarios es hacerse ver entre tantos rostros y tantas banderas que aparecerán en los medios, las redes sociales y en la propia papeleta electoral el 6 de febrero de 2022.

 

Publicado en https://ladiaria.com.uy/ y compartido son SURCOS por el autor.

Foto: UCR.

UCR, Voz experta: ¿Por qué debemos ampliar el área protegida del Parque Nacional Isla del Coco?

Dr. Jorge Cortés Núñez, profesor de la Escuela de Biología e investigador del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar). Foto: cortesía del Cimar.

La ampliación del territorio del Parque Nacional Isla del Coco es crucial para seguir protegiendo uno de los patrimonios marinos mejor conservados a nivel mundial.

Costa Rica es un país marino, el 92 % de su superficie es mar y, de este, la mayor parte es mar profundo. El 88 % del territorio nacional está por debajo de los 500 metros de profundidad y poco más de un tercio por debajo de los 3 000 metros de profundidad.

La riqueza de nuestros mares está apenas comenzándose a conocer y lo que hemos descubierto es que la biodiversidad es extraordinaria, pero a la vez frágil. Hemos podido ver a más de 1 000 metros de profundidad, en montes submarinos, corales negros que miden dos metros de alto, los cuales calculamos que podrían tener 4 000 años de edad.

Tanto las aguas poco profundas como las más profundas de Costa Rica son muy productivas y están todas interconectadas. El Parque Nacional Isla del Coco (PNIC) es el más grande del país, no solo en área, sino también en riqueza marina y en generación de divisas. Además, la Isla del Coco es estratégica en términos geopolíticos.

El área terrestre del PNIC, la cima del volcán más grande de América Central, puede considerarse pequeña, pues tiene apenas 24 kilómetros cuadrados; es decir, aproximadamente la mitad de la Isla de Chira. Y aunque su área marina es más grande, necesita ser mucho mayor.

La Isla del Coco es un oasis verde en medio océano azul. Sus bosques son exuberantes por la cantidad de lluvia que cae allí, lo que la hace única en todo el océano Pacífico de América.

Pero la mayor exuberancia de la Isla del Coco es su mar y los montes submarinos que la rodean. El PNIC es uno de los mejor conservados biológicamente a nivel mundial y es visitada todos los años por buzos que han recorrido el mundo. Muchos lo hacen de manera recurrente, porque después de bucear en Indonesia, el Caribe y Australia, regresan a la Isla del Coco repetidas veces. Estos visitantes dejan millones de dólares en el país.

La Isla del Coco, ubicada a poco más de 500 kilómetros de la costa, le proporciona a Costa Rica un área marina gigantesca (cerca de 12 veces su área terrestre), de allí que seamos el país más extenso de América Central. Nos da fronteras no solo con Nicaragua y Panamá, sino también con Colombia y Ecuador.

El PNIC es estratégico en la conservación de especies marinas de todo el Pacífico Tropical Oriental, junto con las Islas Galápagos y otras islas de la región. Estas áreas marinas protegidas son la fuente de riqueza pesquera de la zona, porque son los criaderos que van a abastecer las áreas de pesca. De allí su gran importancia y la necesidad de conservarlas y protegerlas al máximo.

¿Y cómo se puede hacer eso? Primero, no permitir ningún tipo de pesca dentro del área marina protegida y, segundo, hacer más grande, expandir el área de protección absoluta.

El mejor regalo que podemos hacer para comenzar de forma excelente el tricentenario de nuestra independencia es ampliar el área de protección alrededor de la Isla del Coco.

¡Hagamos más grande el Parque Nacional Isla del Coco para seguir haciendo historia y grandiosa a Costa Rica!

 

Dr. Jorge Cortés Núñez Profesor de la Escuela de Biología e investigador del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR)

La UCR vive Semana de Desconexión Tecnológica con diversidad de actividades presenciales y virtuales

Si en los últimos meses ha extrañado los espacios de la Universidad de Costa Rica (UCR), la próxima semana tendrá la oportunidad de volver y disfrutar de múltiples actividades centradas en fortalecer la salud mental de la comunidad universitaria.

Estas actividades presenciales, y muchas más en modalidad virtual, son parte del catálogo de propuestas de las vicerrectorías, unidades académicas y administrativas, la Federación de Estudiantes (FEUCR) y otras instancias, en el marco de la Semana de la Desconexión Tecnológica, la cual se llevará a cabo del lunes 11 al sábado 16 de octubre en todas las sedes y recintos universitarios. Consulte el calendario de actividades en el sitio web www.ucr.ac.cr/semana-desconexion.

“La finalidad de este proyecto es crear espacios de recreación, relajación, conversación y esparcimiento en los que se profundicen temas sobre la salud mental y física”, indica la circular de Rectoría R-60-2021, publicada este jueves 7 de octubre.

De acuerdo con esta comunicación, y en consonancia con las disposiciones contempladas en las circulares de la Vicerrectoría de Docencia VD-33-2021 y el VD-35-2021, durante esta semana no habrá lecciones (virtuales ni presenciales). Asimismo, las personas docentes no deben realizar ningún tipo de evaluación al estudiantado, sino facilitar de manera creativa e innovadora nuevos aprendizajes.

Además, durante estos días se insta a minimizar la cantidad de reuniones y encuentros virtuales, sin que esto afecte las labores sustantivas de la Institución.

La Semana de la Desconexión Tecnológica se llevará a cabo del lunes 11 al sábado 16 de octubre en todas las sedes y recintos universitarios.

Algunas de las actividades propuestas durante la Semana de la Desconexión Tecnológica tienen cupo limitado o requieren inscripción previa, por lo que se sugiere revisar la programación e inscribirse oportunamente para no perder la oportunidad de participar. Destacan meditaciones guiadas, charlas de autocuidado, clases de ejercicio físico, talleres artísticos, un rally y visitas guiadas por el mariposario de la Reserva Ecológica Leonelo Oviedo.

Entre las actividades que no requieren inscripción se encuentra la inauguración de la Semana de ofrendas; un espacio para honrar a quienes hoy están ausentes y los cambios que vendrán, el cual se realizará el lunes a las 5 p.m. en el pretil de la Sede Rodrigo Facio. En todas las sedes también habrá un espacio para ofrendas. Asimismo, habrá una cleteada y caminata por la milla universitaria, entre otras.

Esta semana tiene su origen en un acuerdo del Consejo Universitario, con la solicitud a la Administración para incorporar una pausa en el ciclo lectivo. Esta pausa se asienta en la necesidad de proteger el bienestar – en particular la salud mental – de la comunidad universitaria, especialmente en el contexto de trabajo remoto y estudio basado en la virtualidad, al cual se ha migrado en los últimos meses.

En efecto, la Semana de la Desconexión Tecnológica es una acción concreta que se suma a diversas actividades que han propuesto los diversos sectores universitarios para apoyar a la comunidad, en su proceso individual y colectivo, para sobrellevar los desafíos que ha traído la pandemia. Sin embargo, en los últimos años la Universidad de Costa Rica se ha preocupado por incentivar la atención en el campo de la salud mental; así lo demuestran las Políticas Institucionales 2021-2025, así como la declaratoria del Consejo Nacional de Rectores (CONARE) del año 2020 como el año de la salud mental con el lema “Nuestra salud mental importa”.

Debates sobre protección de datos personales

Orden del Día invita a sintonizar su programa, en esta ocasión con el tema “Debates sobre protección de datos personales”, a realizarse el día lunes 11 de octubre a las 5:00 p.m, se contará con la participación de:

  • Ana Karen Cortés Víquez
  • Daniel Rodríguez Maffioli

Conducen:

  • Giselle Boza Solano
  • Rosaura Chinchilla Calderón

El programa se transmitirá por Facebook Live y por medio de Radio Universidad de Costa Rica 96.7 FM.