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Autor: María José Ferlini Cartín

La actividad petrolera en Costa Rica: impopular e inviable

(FECON, 19/04/2020.) Desde el año pasado, un grupo de interesados en el negocio del petróleo impulsó una iniciativa de referéndum para abrir la exploración y explotación petrolera en Costa Rica. La iniciativa ha sido liderada públicamente por el consultor de energías Carlos Roldán, quien ha expuesto sus estimaciones técnicas y económicas para tratar de “vender” la propuesta al país.

Sin embargo, ya ha declarado públicamente su fracaso en conseguir el apoyo necesario del pueblo costarricense. Para convocar un referéndum se requería recolectar 170 000 firmas (un 5% del padrón electoral). Los números del fracaso petrolero fueron publicados el 15 de marzo, cuando se reconoció que no se había llegado ni al 10% de las firmas requeridas faltando tan solo un mes para el cierre del plazo de recolección.

Se demuestra así su impopularidad absoluta en el pueblo costarricense, que ante el engaño petrolero no se anda con cálculos ni sumisiones y es firme en rechazarlo. Un proceso electoral del calibre de un referendum, implica un costo altísimo para el Estado. Ni el referéndum ni la explotación petrolera son rentables para el país.

La inviabilidad petrolera. La clave es la diversidad productiva

A pesar del fracaso, “milagrosamente” los impulsores del referéndum han jugado con un as que al parecer tenían bajo la manga. Un supuesto error en la publicación de la iniciativa en La Gaceta pretende abrirles de nuevo el camino a la recolección de firmas después de que pase la emergencia.

Ante este panorama el movimiento ecologista hace un llamado a seguir demostrando el rechazo a la insistencia petrolera en Costa Rica. Es una actividad inviable en nuestros ambientes tropicales, cuyas verdaderas e invaluables riquezas son el agua y la biodiversidad para beneficio de los pueblos.

El país requiere dar pasos hacia el frente en la superación de la dependencia petrolera. Tenemos muchas alternativas que construir, comenzando por las medidas de eficiencia energética que erradiquen las prácticas de consumo irracional e insostenible en nuestra región.

El modelo de desarrollo industrial que pretenden copiar los buscadores de petróleo no es ninguna solución económica. La diversificación productiva basada en prácticas ecológicas es la alternativa económica para generar resiliencia ante crisis como la que vive la humanidad actualmente. Además, es la única vía para confrontar la crisis climática que amenaza el bienestar de los pueblos.

Enviado a SURCOS por Henry Picado.

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CTRN pide respuesta a autoridades por finanzas de sector laboral

Compartimos las siguientes consultas enviadas a diputados, diputadas, ministro de Hacienda y presidente del Banco Central en cuanto a la situación financiera de amplios sectores laborales y de pequeñas empresas afectadas por la crisis económica provocada por el COVID-19. Las cartas son firmadas por Juan Carlos Durán Castro, Secretario de Seguridad Social de la Confederación de Trabajadores Rerum Novarum (CTRN).

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La HOLOCRACIA

José Joaquín Meléndez G.

Las jerarquías del Estado, de la Iglesia, del capital y otras organizaciones están de caída al vacío, en ese recorrido arrasan con todo lo que se les atraviesa para tomar el aire en su asfixia repugnante. El Estado con un gobierno atrapado en una estructura mercantil y financiera neoliberal y globalizante que va derrumbando procesos y conquistas democráticas. La Iglesia entre católicos, ortodoxos anglicanos y sus múltiples sectas con un evangelio desde el Talmud a las Encíclicas y cartas ecuménicas con jerarquías más lejanas de la espiritualidad de sus fieles. El capital como sanguijuela anclado en la explotación del trabajo para ampliar su dominio imperial bajo cancerberos apocalípticos de la OMC y el FMI, egoístas, avaros, especuladores y acaparadores. Todas estas estructuras jerarquizadas han trastocado el Estado Republicano en el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial con normativas antidemocráticas como la restricción del gasto público, los PAE’s, la movilidad laboral, la flexibilización, la desregulación, la apertura, las privatizaciones, la banca privada, la educación y salud privada, la concesión de obra pública. Los parques industriales y empresas transnacionales que no respetan la legislación nacional.

Sin embargo nuestro pueblo indómito, como los aborígenes talamanqueños con Pablo Presbere, ha demostrado el patriotismo contra los filibusteros en 1856, la huelga de 1934 contra la transnacional Estándar Fruit, la multitudinaria manifestación por el Código de Trabajo, la defensa de las Conquistas Sociales del 48, la abolición del ejército de 1948, las movilizaciones por las pensiones y el aguinaldo en 1958, las movilizaciones campesinas por tierras para el campesino de los años 70, el movimiento estudiantil por el financiamiento de las universidades del Estado, la lucha nacional contra ALCOA, la lucha contra el Combo del ICE, el movimiento nacional contra el TLC, la huelga nacional patriótica de los 82 día de huelga contra el paquete tributario del 2018.

Estas características del pueblo costarricense tienen sus bases históricas en los valores sociales, cristianos, democráticos y de distribución de las tierras, bien señaladas en el campesinado, la familia e instituciones democráticas; así, la solidaridad, la cooperación, la tranquilidad y los conceptos de libertad, justicia y la paz. El trabajo, la educación y la salud han jugado un papel trascendental arraigando una cultura bicentenaria que debe ser cada vez más fuerte en nuestra fe costarricense, pese a los huracanes ideológicos a los que hemos sido sometidos.

Es la hora de volvernos a ver cara a cara, tomar nuevos bríos, respirar los aires de nuestra cultura, defender, reconstruir, desarrollar y fortalecer esas instituciones que nos ha engendrado esos valores. Hay que reaccionar como el Satyagraha de Gandhi y construir nuestra propia HOLOCRACIA.

Para construir la nueva HOLOCRACIA tendremos que ir a las raíces de la educación con los valores propios de nuestra cultura, contenidos forjadores de la ética, el trabajo, la solidaridad, la cooperación, el sentido común, el amor; con nuevas bases filosóficas de la justicia y la libertad. Educadores formados en los mejores campos de la pedagogía, la investigación, metodología y los mejores instrumentos tecnológicos. Entendimiento y correlación con los padres de familia para que juntos podamos tener discípulos de excelencia donde el conocimiento sea liberador y no utilitaristas de un sistema explotador, subyugador y gerencial de nuevo cuño.

La salud, el concepto psico-somático más desarrollado por medio de la sostenibilidad institucionalidad preventiva y curativa de primer orden donde se pueda vivir en solaz y completo desarrollo espiritual y físico.

Una HOLOCRACIA donde el derecho internacional no se base en la cultura de los bárbaros del Siglo V, los cohors praetoria de lo pretorianos, de los helénicos con Alejandro Magno, ni los babilónicos contra lo amorritas, ni las guerras imperiales contra los vietnamitas, ni la invasión del Destino Manifiesto. Tampoco la invasión cultural mediática en la toma del espectro por empresas inhumanas de la desinformación y unilateralidad informática de compañías que nos llevan al egoísmo, el consumismo y contaminación desalmada.

Tengo la firme convicción que la nación y sus pueblos tienen excelentes patriotas los cuales no se dejarán arrastrar por esas corrientes pérfidas y perversas que rompen con la solidaridad y el amor a la patria de los costarricenses; con ellos tomaremos los nuevos rumbos de la HOLOCRACIA para seguir adelante y le dejaremos a las nuevas generaciones el sendero de la prosperidad, más humana y democrática. Que sabremos defender y fortalecer la CCSS, EL ICE, el INA, el AyA, RECOPE, el CNP, el MOPT y otras instituciones sociales.

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El COVID-19, el bono Proteger y los indígenas

CSF I San José I 20 abril 2020

Foto cortesía Alberta Spinazze,Happy Family BioCycling

¿Será que el Bono Proteger no fue hecho pensando en los trabajadores indígenas de Costa Rica o será que todas las autoridades costarricenses de las más de 10 dependencias de Gobierno que trabajan en la emergencia se olvidaron de las condiciones de habitabilidad y vivienda que presentan los territorios indígenas (22), muchos de ellos sin electricidad y sin señal de Internet? Quisiera pensar lo segundo, en el descuido.

Para quienes no lo sepan el Bono Proteger es parte del Plan del mismo nombre que brinda ayuda económica por tres meses a las personas trabajadoras que han visto afectados sus ingresos por el COVID-19

Pero ¿por qué parecería que el Bono Proteger no habría tomado en cuenta a los indígenas en Costa Rica? la respuesta está en su diseño y accesibilidad. Para acceder al bono hay que contar con conexión a Internet, saber navegar en la red y contar con un ordenador o plan de Internet suficiente en el teléfono móvil, aspectos con los que no cuenta la población indígena. Además, se debe transcribir y firmar una declaración jurada de puño y letra, tomarle una fotografía, subirla al sitio web Proteger y firmar con el dedo o el mouse del ordenador en el mismo. Tecnologías con las que no cuentan o a las que no pueden acceder por lo intrincado de la geografía y la inamovilidad de la cuarentena.

LOS INDÍGENAS TAMBIÉN TRABAJAN

Quizá se puede pensar válidamente que el Gobierno tiene estrategias diferenciadas para los distintos sectores de la población: para los trabajadores no indígenas dinero en efectivo y para los trabajadores indígenas diarios (alimentos) y artículos de higiene y limpieza.

Si ese fuera el caso, uno se pregunta: ¿por qué los funcionarios de Gobierno tienen esta anacrónica y pobre apreciación sobre el ser indígena? ¿Acaso se piensan las autoridades de Gobierno que los indígenas no son trabajadores? Los indígenas son gente que trabaja y que como tal tienen una serie de gastos que asumir. Algunos trabajan en el sector turismo, pero la mayoría son productores de alimentos y deben lidiar con el transporte de su producción sea a caballo, en vehículo automotor o en bote y para ello hay un gasto en el uso del transporte, la maquinaria o en el uso de la propia gasolina. Con diarios o artículos de higiene no se puede pagar el servicio de telefonía celular que utilizan para estar conectados con el mercado, ni las botas o herramientas de uso agrícola, ni la madera para la construcción de sus botes y casas, ni los animales de corral, ni pagar el canfín, las medicinas o el vestido que usan. Y hago la aclaración del vestido porque quizá las y los señores funcionarios siguen pensando que los indígenas en Costa Rica andan con taparrabo sobre las copas de los árboles. Esta es la impresión que deja el Gobierno con su asistencia diferenciada y desigual, si no, no se entiende por qué se confina a este sector de la población a la entrega de víveres y artículos de higiene y limpieza. ¿Acaso se piensa que la población indígena solo come, se asea y vive de asear la casa?

Botero de la comunidad indígena Bribri de Yorkin. Cortesía Alberta Spinazze,Happy Family BioCycling.

LOS BRIBRIS DE YORKIN, LA FLOR EN EL OJAL

A 400 kilómetros de distancia de San José en las riberas del Río Yorkin, distrito Bratsi, provincia de Talamanca en el Caribe Sur de Costa Rica habita una comunidad de productores indígenas de cacao y banano orgánico de exportación. Allí un promedio de 200 personas de origen Bribri se dedica, además de los citados cultivos orgánico de exportación, al desarrollo de la actividad turística, actividad que ellos mismos lograron montar para sustento de las familias y la preservación y promoción de la cultura y tradiciones Bribris. Esta pujante comunidad organizada recibe un promedio de 1700 turistas por año. Ha logrado aglutinar a la comunidad en torno al negocio turístico con puestos de trabajo y empleo diversificado, con ocupaciones de guía turístico, artesano, guarda, mesonero, cocinero, capitán de bote, asistente en bote y misceláneos. Y con ello germinar en las nuevas generaciones el orgullo del ser indígena, el amor por el territorio y la promoción y preservación de su cultura dentro y fuera de la comunidad.

Empero hoy desatada la pandemia a nivel mundial y a un mes de la cuarentena en el país, los bribris de Yorkín están viendo reducidos sus ingresos por la ausencia de visitantes. Y como ocurre al resto de costarricenses TRABAJADORES en las siete provincias, los Yorkin están empezando a resentir la crisis económica en sus bolsillos. ¿Qué opciones por parte del Gobierno tienen estas familias TRABAJADORAS para paliar la emergencia? Ninguna porque no tienen acceso a Internet y tienen restringida la movilidad por la pandemia. ¿O acaso creen los funcionarios del Gobierno que las poblaciones indígenas pueden enfrentar la emergencia con diarios y alcohol de la Fanal?

Es hora de ver a las poblaciones indígenas como fuerza laboral, como parte de la sociedad que también contribuye a la construcción de esta nación. Miles de indígenas en todo el país utilizan sistemas de producción únicos que resguardan los recursos naturales, regeneran los suelos y preservan los ecosistemas salvaguardando la diversidad genética de especies, asegurando más alimentos diversos por hectárea y la Biodiversidad en el país. Y por si esto fuera poco, cientos de ellos dan dinamismo al sector turístico y otros miles hacen posible los cultivos de exportación como el banano y el cacao que generan trabajo y divisas para el país. Las poblaciones indígenas también constituyen la fuerza laboral de Costa Rica ya es hora de volver la mirada, dejarse de dádivas y de articular iniciativas que nos involucren a todos por igual, porque todos hacemos Costa Rica.

Por Natalia López

Las opiniones expresadas son de responsabilidad de la autora y no necesariamente representan la opinión de Coop Sin Fronteras

Una Trinchera para la Seguridad Social

Rafael A. Mora – Roberto Zeledón – José Luis Soto – Freddy Sandí – Ligia Jiménez

¿Entregar 400.000 millones que el país ha ahorrado para atender los accidentes y enfermedades del trabajo a los que ven la seguridad social como un buen negocio de ganancias privadas?

“De la protección a los trabajadores durante el ejercicio del trabajo” a la entrega de los fondos públicos para ganancias privadas.

En 1982 Costa Rica se colocaba una vez más a la vanguardia latinoamericana y mundial en la protección de la seguridad social.

Emulando el hito de las Garantías Sociales de la década los años cuarenta, Costa Rica aprobaba la introducción del Título IV al Código de Trabajo, bajo la guía y el impulso político de Don Germán Serrano Pinto (Q.d.D.G.) y el soporte técnico de don Gerardo Arauz Montero (Q.d.D.G.) y del INS.

Se declaraba obligatorio, universal y fundado en la solidaridad social, el seguro de riesgos del trabajo, de tal forma de que a ningún trabajador o trabajadora de ahí adelante, estuviese o no asegurado por el patrono, le faltase la atención médica, los cuidados, las operaciones, la rehabilitación, las rentas, las pensiones y los planes preventivos con ocasión de los accidentes y enfermedades laborales, cuyo origen es la responsabilidad objetiva que le compete a todo patrono.

La finalidad primordial del seguro de riesgos del trabajo NO ES EL LUCRO EN MANOS PRIVADAS. La finalidad primordial ES QUE EL PAÍS TENGA UNA TASA MUY BAJA DE SINIESTRALIDAD LABORAL Y QUE EN CASO DE SUCEDER EL ACCIDENTE O LA ENFERMEDAD SE CUENTE CON LA INFRAESTRUCTURA MEDICO-SANITARIA, PARA RESTABLECER TOTALMENTE Y EN EL CORTO PLAZO LA FUERZA LABORAL NACIONAL. Esto no elimina la posibilidad del lucro privado, pero ORDENA LAS PRIORIDADES COMO ESTRATEGIA DE SEGURIDAD SOCIAL DEL PAIS.

Hoy en el trámite legislativo del proyecto N° 21908 que es un aporte del INS de setenta y cinco mil millones de colones, para atender la tragedia económica de la clase trabajadora ante el COVID 19, se ha propuesto por parte de algunos el cambiar el orden de la prioridad que el país mantiene en el Código de Trabajo.

Se quiere que el seguro de riesgos del trabajo tenga como prioridad el lucro privado y -más grave aún- CREAR INCERTIDUMBRE SOBRE LOS aproximadamente, 400.000 MILLONES DE COLONES que constituyen las RESERVAS O PROVISIONES TÉCNICAS que el Régimen ha creado a través de estas décadas, para que se ponga a disposición y se estimule a los privados que quieran hacer un gran negocio del seguro de riesgos del trabajo.

Esto sería un mazazo abyecto, en descampado, alevoso contra los fondos públicos que nuestros patriotas visionarios crearon para sustentar la seguridad social. Esa seguridad social que hoy es el mejor escudo contra la pandemia mundial y nos erige como un ejemplo ante el mundo.

Una Trinchera para la Seguridad Social.

Imagen ilustrativa.

Enviado por Roberto Zeledón.

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religión, EECR, UNA

Conversatorio en línea: «Espiritualidades, praxis y teologías frente a la crisis»

El Departamento Ecuménico de Investigaciones, DEI; invita este martes 21 de abril al conversatorio en línea (el primero de varios): «Espiritualidades, praxis y teologías frente a la crisis».

El conversatorio es este martes 21 de abril a las 18 hrs en Centroamérica, 19 hrs en México / Perú.

Se compartirá en redes digitales el enlace a Jitsi Meet minutos antes de iniciar el espacio.

“Nos alegra mucho saber que esta iniciativa viene de teólogxs y personas jóvenes, y que algunxs nos han acompañado como talleristas en el DEI”, se lee en el comunicado.

Participan:
Yadamy Acero (Teóloga/México)
Cristian Castro (Teólogo / Costa Rica)
Alex Vásquez (Sanadora ancestral / Iximulew Guatemala)
Idania Mejía (Teóloga / El Salvador)
Kevin Moya (Teólogo / Iximulew Guatemala)

Imagen tomada de Informe percepción de costarricenses sobre valores y prácticas religiosas

 

Imagen de portada ilustrativa, UNA.

Enviado por Comunicación / DEI, Departamento Ecuménico de Investigaciones.

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La UCR entregó el segundo depósito de abril por concepto de becas socioeconómicas

Este depósito cubre los días de actividad académica hasta el 29 de abril y el 03 de mayo del 2020

Aunque en este momento no hay clases presenciales, las y los estudiantes mantienen todos los beneficios complementarios de acuerdo a su categoría de beca asignada (imagen con fines ilustrativos). Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

El día de hoy 21 de abril, la Universidad de Costa Rica hizo entrega del segundo depósito del beneficio de alimentación establecido en el Calendario Estudiantil Universitario del 2020, con la finalidad de que se ajusten las fechas establecidas para la entrega de este beneficio del mes de abril.

Además, el día de mañana -22 de abril- se hará entrega del segundo depósito de los beneficios para gastos de carrera (as) y otros beneficios complementarios. Estos dos cambios se dan de acuerdo a la Circular VIVE-8-2020 de la Vicerrectoría de Vida Estudiantil (VIVE).

Previamente en el Calendario Estudiantil Universitario se aprobó que el segundo depósito de ambos beneficios se realizaría el 2 y 3 de abril. Este depósito se hizo efectivo en esas fechas con la única salvedad de que el monto total de dicho beneficio se dio en dos tractos; siendo que el día de hoy se está realizando la segunda entrega.

Esta modificación se da para favorecer el otorgamiento oportuno de los beneficios a las personas estudiantes que se les aprobó la recalificación de la categoría de beca o cuya matrícula fue registrada en fechas posteriores al trámite de carga académica que se debe validar en cada entrega.

“Siendo el sistema de becas un pilar fundamental para la permanencia de la población estudiantil en la Institución, en el seno de la VIVE, se desplegaron las acciones necesarias para llevar a cabo la planificación y coordinación entre las instancias administrativas que, mediante el trabajo remoto, lograron la entrega del segundo depósito”, así lo manifestó Anabelle León Chinchilla, jefa de la Oficina de Becas y Atención Socioeconómica (OBAS).

En el siguiente nota «La UCR mantiene intactas las becas socieconómicas de sus estudiantes» se amplía el tema en la página de la UCR.

Para más información comuníquese con la Oficina de Becas y de Atención Socioeconómica en la página web: www.becas.ucr.ac.cr, correo electrónico: obas.vve@ucr.ac.cr directorio interno: https://becas.ucr.ac.cr/directorio/

El Calendario Estudiantil Universitario 2020 lo puede encontrar en la Resolución VIVE-1-2020

 

Lilliane Sánchez
Comunicación de la Vicerrectoría de Vida Estudiantil

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Carta abierta a quienes más recursos tienen en Costa Rica: Una salida costarricense frente a la emergencia requiere de sus aportes

Estimados señores y estimadas señoras:

El país atraviesa por la más grave crisis económica y social desde 1948. Ya antes de marzo de 2020 había 1.7 millones de personas viviendo en unas condiciones tales de pobreza que no podían resolver sus necesidades más básicas de alimento o vivienda. La diferencia entre los ingresos de ustedes y los de estas personas impresiona: ustedes son 100, el 0,002% de la población de Costa Rica, pero reciben al menos 37 veces más ingresos que 1 millón de costarricenses– esto de acuerdo al Banco Mundial y sin contar su patrimonio expresado en múltiples bienes como casas, fincas, o capital. Además, después de haber sido un país aplaudido por su igualdad socioeconómica, Costa Rica era ya antes de marzo de 2020, uno de los más desiguales de América Latina.

A abril de 2020, este escenario es muchísimo peor ya que, estimaciones aún muy conservadoras nos indican que producto de la pandemia generada por el COVID-19, hay entre nosotros y nosotras, un millón de personas más en condiciones de pobreza.

Los hemos escuchado decir que su éxito empresarial, su diversificación y el crecimiento de sus empresas se ha debido a su esfuerzo personal y familiar. Reconocemos que han hecho esos y otros esfuerzos. Sin embargo, para que lo hecho a nivel individual y familiar se tradujera en el éxito que han logrado, este país les ha dado a ustedes mucho más que al promedio de familias costarricenses. Con fondos públicos, financiados por toda la población, Costa Rica les ha dado una fuerza laboral altamente educada y sana gracias a la educación pública y a la Caja; un clima de estabilidad social para ustedes y sus empresas; energía sostenible y estable; asesorías, promoción de sus exportaciones y atracción de inversiones; subsidios por miles de millones de dólares en exenciones fiscales, incentivos a las exportaciones,  devoluciones de dinero, créditos a bajísimas tasas de interés, y, acceso privilegiado a la banca pública.

En resumen, ustedes, el 0,002% de las personas de este país, tienen asegurado su futuro, y el de sus próximas generaciones. A la vez, tienen una deuda enorme con Costa Rica. Su campaña de recolección de dinero para comprar mascarillas ayuda, pero no alcanza: más de dos millones de costarricenses carecen de un ingreso básico para las próximas semanas. Sin su contribución será imposible sostener a la Caja que todos tanto valoramos y evitar que la mayor parte de la población caiga en la pobreza. Ayudar a evitar que miles de costarricenses caigan en la pobreza es también, en el mediano y largo plazo, sostener sus empresas e inversiones.

De nada servirá intentar salvar a la “primera clase” si se hunde todo el barco: el país, ustedes y su futuro depende de que como sociedad contemos con dinero público para enfrentar las crisis y financiar la reconstrucción post COVID-19.

El país requiere que ustedes den un paso al frente, sean ejemplo, y aporten un impuesto temporal destinado a financiar la emergencia nacional. La mesa está abierta para definir un uso transparente de estos recursos y de otros que podrían ser parte de un fondo solidario frente a la emergencia nacional. Nos dirigimos a ustedes quienes más recursos tienen en nuestro país:

Wilhelm Steinvorth FIFCO
Walter Kissling – Carao Ventures
Victor Oconitrillo – Grupo Sama
Víctor Mesalles – Grupo COMECA
Tomás Gilmore – Sardimar
Tomás Dueñas – INTACO
Steve Aronson – Café Britt
Silvio Lacayo – Desyfin
Sergio Egloff – Productos de Concreto
Salo Ponchner – Multifrío
Rubén Pacheco – Enjoy Group
Román Salazar – Constructora Edificar
Rodrigo van der Laat – Constructora van der Laat & Jiménez
Rodrigo Uribe – Grupo Cuestamoras
Rodrigo Salas -Grupo Farmanova-Intermed-Sucre
Rodolfo Tabash  – BAC Credomatic
Rodolfo Jiménez – FIFCO
Roberto Zamora – Banco Lafise
Roberto Artavia – LEAD University
René Picado – TELETICA
Raymond Tang-Lee – Banco Cathay
Ramón Mendiola – FIFCO
Rafael Mencia – AERIS
Philippe Garnier- Garnier & Garnier
Orlando Soto – ACOBO Corporación
Olga Cozza-Teletica
Maurizio Musmanni – Roma Prince
Mauricio Prada -Opticas Visión
Mauricio Bruce – ILG Logistics
Mario Amrhein – FACO
Marianela Ortuño – IMPROSA
María Andrea Arias – Ingenio Taboga
Marcos Dueñas – INTACO
Marco Tristán – BCT
Marco Cercone -Lucema
Manuel Francisco Jiménez – Grupo Nación
Manrique Constenla – CIAMESA
Manrique Arrea – Holcim
Luis Manuel Chacón – EDICA
Luis Javier Castro – Mesoamérica
Luis G. Ramírez -Grupo TICAL
Leonel Baruch – CRHOY
José Rossi – LEAD University
José González – Grupo Numar
José Antonio Sauma – Mesoamerica
José Álvaro Jenkins -Azucarera El Viejo
José Alberto Castillo – Grupo Colono
Jorge Walter Bolaños – Banco Cathay
Jorge Trejos – TRAESA
Jorge Oller -DIPO S.A.
Jorge Acon -Grupo Acon
Javier Quirós – Grupo Purdy Motors
Jaime Mesalles – Grupo COMECA
Jaime Gurdián – Agrosuperior
Jack Loeb  – Banco PRIVAL
Hernán Solís – Grupo H Solís
Harry Strachan – Mesoamerica
Hans Spesny -HA Logística
Gonzalo Delgado -Constructora Delgado
Gonzalo Chaves – Dos Pinos
Gilbert Meltzer  -CEMACO
Gerardo Volio – Volio & Trejos
George Durman- Durman Esquivel
Gastón Monge – Grupo Monge
Francis Durman- Grupo Montecristo
Fernando Contreras – REPRETEL
Federico Odio – BAC CREDOMATIC
Familia Zingone – Grupo Zeta
Familia Zamora– Grupo Pedregal
Familia Wasserstein – Laboratorios Stein
Familia Marín Raventós -Corporación Raventós
Familia Giordano – Grupo Sur
Familia Chavarría Ferraro – Grupo MEGA
Familia Alonso Guzmán- AutoMercado

Familia Aizenman – Grupo VEINSA
Ernesto Castegnaro – Grupo Cuestamoras
Emilia Amado – Grupo Cuestamoras
Eliseo Vargas Fagre -EVCO Constructora
Eladio Bolaños – AMCO
Edgar Zurcher – Zurcher Raven Odio
Daisy Puig – Grupo Marta
Cristina Masís – Mercado de Valores
Carlos Wong – Coyol Free Zone
Carlos Víquez – Air Costa Rica
Carlos González -Grupo Pelón
Carlos Fischel – ILG Logistics
Carlos Federspiel – Universal
Carlos Federico Monge – Grupo Monge
Carlos Chotocruz -ITS
Carlos Cerdas -Grupo MECO
Arturo Giacomin-Banco Davivienda
Armando Javier González Jiménez- AM PM y Fresh Market
Armando González Fonseca – AM PM y Fresh Market
Antonio Burgués -BCT
Andrés Pozuelo – Alimentos Jack’s
André Garnier – Ministro Coordinación
Amadeo Quirós – Grupo Purdy Motors
Alvaro Carballo – Zona Franca Coyol
Alfredo Volio – Upala Agrícola
Alan Saborío – Deloitt

Fuentes: Merco (2019), Revista Suma (2018), Revista Eka (2015), Revista Forbes (2019)**

La autoridad moral para demandar que otros aporten solo pueden tenerla dando un paso al frente y contribuyendo solidariamente a financiar al Estado y a la gente que tanto les han dado El resto de quienes continúan teniendo ingresos estables y altos, también podrán y deberán sumarse.

Atentamente,
Costa Rica
Si estás de acuerdo con esta petición compartila.

**Efectivamente: ni están todas las personas que son, ni son todas las personas que están. Pero, se acerca mucho y al igual que la medición de la pobreza, es perfectible (aunque los datos más difíciles de obtener).

Compartido con SURCOS por varias personas. Circula en redes digitales.

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Doble llave y cadena: la clausura de la comunidad costarricense en tiempos de pandemia

-Memo Acuña González | ENSAYO

En el año 2004, el productor y cineasta costarricense Hernán Jiménez presentó una de sus primeras obras audiovisuales en el país. La denominó Doble llave y cadena: el encarcelamiento de una ciudad, ganadora de la muestra de Cine y Video en aquel año.

En esta pieza, Jiménez expuso magistralmente las consideraciones sociológicas, psicológicas y urbanas de la transición entre una sociedad rural contemplativa y rupestre a una urbe urbana como San José, desordenada, fea e insegura. El eje con que presentó dicha transformación fue el aumento de la inseguridad. La pieza es narrada en primera persona, permitiendo conocer la forma como la subjetividad se va colocando frente a las transformaciones, los miedos, las incertidumbres del paso de un estado social, espacial, emocional, a otro.

Con el eje de la inseguridad, Jiménez no solo explicaba la reconfiguración estética de una ciudad como San José que en pocos años se convirtió en un «campo de concentración con seguridad perimetral». También planteaba la consolidación de un espacio geográfico y social donde se condensaron todas las desigualdades, tensiones sociales y destrucciones de confianzas mutuas y comunitarias, para dar campo a experiencias cada vez más individualizantes en los últimos 30 años. En este período, aparecieron los miedos hacia el otro, hacia los otros, generalmente diferenciados en razón de su color de piel y su proveniencia geográfica, fuera de las fronteras nacionales. Haciéndolo extensivo para el territorio costarricense, la sociedad en su conjunto se encerró en sí misma, se clausuró para resguardarse.

El audiovisual continua vigente luego de sus ya 16 años de estrenado. Sus premoniciones sobre un país que «se quedó por fuera» fueron cumplidas y se exacerbaron con la coyuntura de la pandemia COVID-19, que ha terminado por instalar el cierre de una comunidad política y social imaginada, hasta hace pocas décadas.

La base de esta clausura tiene múltiples dimensiones, algunas sociopolíticas, otras de orden sociocultural. Pero el principal rasgo que explica la fractura con la que cual Costa Rica acometió desde marzo de 2020 la actual coyuntura sanitaria, es la persistencia de un proceso cada vez más visible y permanente en esta sociedad: la construcción social de la desigualdad. Es este rasgo el que mejor describe una sociedad que se quedó por fuera, fue expulsada y contenida, mientras los vestigios de construcción social eran erosionados, minando la confianza y la solidaridad como construcciones identitarias comunes.

El escenario antes de la llegada del primer caso al país (6 de marzo de 2020) planteaba una sociedad profundamente desigual, que se había venido consolidando en los últimos lustros. De acuerdo con el Programa Estado de la Nación (2020), no todos los hogares costarricenses llegaron con las mismas condiciones a cumplir los requerimientos de las autoridades sanitarias en materia de confinamiento y distanciamiento social: de 1 600 000 hogares de Costa Rica, un 9 % de estos reside en viviendas en mal estado (144 000 hogares), y un 2 % vive en condiciones de hacinamiento (más de 3 personas por dormitorio, pulverizando así los requerimientos de casi dos metros de distancia dictados por las autoridades de salud); cerca de 15 % de las viviendas mide menos de 40 metros cuadrados y 104 000 viviendas (un 7 % del total) no tienen acceso a servicios básicos como agua, luz y manejo de residuos sólidos (PEN, 2020).

Los temas del distanciamiento social y la cuarentena, que en el caso de Costa Rica no es obligatoria completamente, desnudan realidades desiguales latentes en el ámbito de lo subjetivo y colectivo. Lo han planteado varios análisis desde la filosofía, la sociología, la psicología social, el arte. Lo dijo recientemente Boaventura De Souza Santos:

Cualquier cuarentena es siempre discriminatoria, más difícil para unos grupos sociales que para otros. Es imposible para un amplio grupo de cuidadores cuya misión es hacer posible la cuarentena al conjunto de la población. En este texto, sin embargo, atiendo a otros grupos para los que la cuarentena es particularmente difícil. Son los grupos que tienen en común una vulnerabilidad especial que precede a la cuarentena y se agrava con ella. Esos grupos conforman lo que llamo el Sur. En mi concepción, el Sur no designa un espacio geográfico. Designa un espacio-tiempo político, social y cultural. Es la metáfora del sufrimiento humano injusto causado por la explotación capitalista, por la discriminación racial y por la discriminación sexual (Recuperado el 8 de abril de 2020 de Surcos).

La crisis sanitaria global ha supuesto, para el caso costarricense, la continuación de una serie de clausuras, de encerramientos, de puesta del cerrojo a un estilo de vida, un proyecto de sociedad, una conformación comunitaria, para dar paso a una serie de procesos aún en transcurso y que la dinámica de la pandemia ha acelerado sin pausa y con una velocidad impresionante.

A esta coyuntura el país llegó resquebrajado, polarizado, partido. El juego de contrarios que ha venido siendo construido bajo la figura de la polarización social ha devenido en un reconocimiento fracturado de pertenencia a una comunidad amplia y homogénea, lo que produce de plano un tercer proceso de clausura aún en transcurso (los otros dos tienen que ver con la terminación de la comunidad sociopolítica y la transformación sociocultural): la lucha discursiva entre quienes pueden quedarse en casa y aquellos que, dada su imposibilidad material, continúan trabajando en oficios subterráneos, precarizados y riesgosos, los empleados públicos versus los privados, las élites que continúan movilizándose versus aquellos que son confinados, recluidos; los que viven en segregación social y territorial versus quienes pueden hacer de su confinamiento, una experiencia agradable y casi vacacional.

Los dos procesos de clausura precedentes ya los habíamos enunciado en otra ocasión para hacer referencia a la coyuntura social y política instalada en el país durante las elecciones de 2018. En esa ocasión hacíamos notar la conclusión de eso que Carlos Sojo denominara «lo costarricense» como mecanismo de integración horizontal.

Vale la pena traerlos a colación y recordarlos, como eslabones concatenados de una transformación sin pausa que experimenta Costa Rica en la actualidad y que se suma a lo que la pandemia ha dejado ver sobre la constitución comunitaria y social en el país.

Primera clausura: una refundación sociopolítica insuficiente

Uno de los pensadores centroamericanos mas claros en materia sociopolítica, el guatemalteco Edelberto Torres-Rivas, fallecido a finales de 2018, hacía una referencia sobre el escenario costarricense de los años ochenta, en los siguientes términos: «La cultura política del país es sólida porque mantiene vivas las mejores tradiciones de paz interna, estabilidad política, disgusto por las adhesiones ideológicas extremas y tolerancia» (Torres-Rivas, 2006).

Por otra parte, Carlos Sojo, en su ya gustado texto sobre la desigualdad (Igualiticos: la construcción social de la desigualdad. FLACSO, 2010) señala tres referentes normativos de la cultura política costarricense: la convivencia horizontal, la tolerancia y el pacifismo. En los últimos años, la certeza de esos referentes parece haberse difuminado.

Tales rasgos fueron encontrando expresiones de agotamiento que se evidenciaron en señales de transición y cambio de un sistema político y de partidos, que cristalizó en la coyuntura electoral de 2018. Los descontentos que se venían construyendo décadas atrás, finalmente produjeron los resultados de aquel período y que podrían ser denominados como la conformación de una nueva identidad política en Costa Rica, todavía en gestación.

Este es un elemento que no fue procesado en los dos años de la administración Alvarado Quesada y que se consolidaron con proyectos impositivos en materia fiscal así como la inhibición para que los movimientos sociales costarricenses pudieran mostrar sus inquietudes y expresarlas pública y colectivamente en las calles. Frente a ello, la sensación de una impunidad selectiva a favor de sectores económicamente fuertes, ha provocado enojos sociales inconvenientemente manejados.

Estos enojos siguen intactos y ni siquiera las referencias a un «equipo nacional», un «nosotros» lejano y difuso, tan utilizadas por los diferentes actores a cargo del manejo de la emergencia sanitaria actual, han logrado reducir dichos descontentos y colocarlos en un momento de pausa mientras la curva de la pandemia logra ser aplanada.

Crisis de partidos, crisis de franquicias

Lo que en aquel momento se denominó como crisis sistémica de los partidos empezó a cristalizarse luego de los acontecimientos de mediados de los años noventa, cuando un pacto entre élites y cúpulas políticas, denominado «Pacto Figueres-Calderón», dejó por fuera amplios sectores de la población y produjo su deterioro en las condiciones sociales, laborales y económicas; de hecho, se constituyó en el primer pacto o acuerdo nacional luego de los acontecimientos de la década de los años 40 del siglo anterior, que no tomó en cuenta otros sectores que no fueran las élites y las cúpulas.

La expresión de la crisis se evidenció en el aumento del abstencionismo por primera vez desde los años 40, cuando en las elecciones que declararon presidente a Miguel Angel Rodríguez, en 1998, sobrepasó el 30 %, porcentaje que no ha bajado desde entonces.

A inicios de la década de los años dos mil, aparecen las primeras expresiones partidarias denominadas no tradicionales, con la entrada a escena del Partido Acción Ciudadana (PAC) como propuesta «alternativa» a los partidos políticos tradicionales. Luego haría su aparición con gran suceso electoral el izquierdista partido Frente Amplio, teniendo el resultado más contundente que registra la historia del país para una denominación de este tipo. Su posterior desempeño, errático y inexperto en las lides políticas, le pasaría factura al reducirle de nuevo la expresión a un partido nuclear y concentrado en el centro del país, pero sin llegar a tener un peso político fundamental hasta ahora.

También se producen en esa década las primeras expresiones de cambio en el sistema político electoral del país: irrumpen las segundas rondas como traducción del descontento con la política y los políticos y la imposibilidad de tomar decisiones entre la oferta existente; estalla un multipartidismo expresado en varias fracciones legislativas que vuelven complejo el escenario de construcción de consensos; se evidencian propuestas partidarias caracterizadas por constituir franquicias electorales más allá de su solidez ideológica y programática; se producen distribuciones y redistribuciones territoriales de clivajes tradicionales y, más recientemente, se acude a la conformación de un electorado «volátil», pero no maduro, que expresa en el fraccionamiento de sus intenciones de voto, esa crisis sociopolítica iniciada años atrás.

El primer cierre, el de la refundación política, deja atrás aquellos rasgos de especificidad marcados por Torres-Rivas y Sojo para la Costa Rica de los años ochenta. Denominada de muy diversas maneras (crisis de partidos, crisis de representación, colapso del sistema de partidos, etcétera), tal refundación parece dar paso a la conformación de una experiencia todavía no identificada, nuevas narrativas y prácticas político-partidarias que deberán asomarse tímidamente cuando la pandemia deje territorio costarricense, al despuntar el año 2021, apenas unos meses antes de las elecciones nacionales de 2022.

Finalmente, y no menos importante de considerar, resultan expresiones sociopolíticas que llegaron para quedarse. Forman parte de dinámicas regionales latinoamericanas gestadas durante décadas, con el aumento de la participación política de denominaciones religiosas evangélicas y neopetencostales.

Su trabajo de base les hizo pasar de 4 diputaciones en 2014 a 14 en 2018, pero en los años precedentes venían experimentando sus primeras incursiones en la arena política nacional. Con cerca de 4 000 congregaciones en todo el país, es una estructura que desearían tener algunos de los partidos políticos tradicionales para volver a reencantar a sus «feligresías» e incluyen más de 300 organizaciones entre las que figuran comedores, hogares para adultos mayores, casas de atención para indigentes, universidades, colegios, escuelas, fundaciones, guarderías, hospitales, clínicas, canales de televisión, emisoras de radio, programas para indígenas y privados de libertad (El Financiero).

Poseedoras de una sólida argumentación espiritual (construcción de una narrativa única sobre los valores a restablecer-restaurar) que supieron combinar con el ejercicio de la retórica política, hacen parte de estrategias ya utilizadas en el pasado para el convencimiento: en 2007 las empresas privadas amenazaron a sus trabajadores con el desempleo si no era aprobado el TLC con Estados Unidos; en 2018 las iglesias evangélicas prometían la salvación de las almas a sus seguidores, promoviendo el voto en masa para el partido Restauración Nacional.

Un ciclo político ha terminado en el país y ha comenzado otro. Lo costarricense que se afincaba en esa identidad, empezó a desdibujarse.

Segunda clausura: una transformación sociocultural en marcha

Costa Rica entró desde hace unos décadas en una ruptura sociocultural sin pausa, manifestada por los signos de conservadurismo, que han encontrado eco en expresiones políticas como las ya indicadas anteriormente. La transición entre una sociedad abierta y otra cerrada, como lo plantea el documental de Jiménez, ha sido intensa, furiosa y con efectos en las dinámicas sociales y colectivas que hoy mismo se visualizan en los efectos de la pandemia más allá de sus consideraciones para la salud pública.

Asistimos a los momentos más álgidos de tensión entre una sociedad liberal y una experiencia conservadora. Según Núñez (2000), los elementos aglutinadores e integradores de una sociedad parecen, en el caso de Costa Rica, haber cumplido su vida útil. La comunidad religiosa, en el sentido filosófico del término, sugiere estar siendo amenazada por la fragmentación identitaria que se manifiesta en la sociedad costarricense de la actualidad.

Desde hace algunas décadas se vienen agregando algunos ingredientes de estos cambios socioculturales, tales como la desafección con la institucionalidad en todos sus niveles, los marcos de convivencia fracturados (o, como señala Nuñez, un pacto social con límites) y procesos de individuación de las experiencias sociales que denotan la constitución de nuevas formas de cohesión social, basadas en la incorporación al mercado como organizador social.

Lo que Jiménez en su documental supone, es que ya la erosión de lo colectivo-comunitario estaba instalada en el escenario costarricense y que la inseguridad como problema contribuyó a agudizar: la gente se atrincheró sola, buscando su protección individual y no la resolución colectiva. Esta base de lo individualizante de los procesos, podría estar explicando por qué una porción no marginal de costarricenses insisten en desconocer las órdenes sanitarias de inmovilidad.

Pero luego vinieron otros procesos que fueron minando la confianza: la desafección política, los actos de corrupción cometidos por esa misma clase dirigente, la impunidad con que han sido tratados procesos de elusión, evasión y declaración de cero utilidades de parte de empresas provenientes de las élites económicas y financieras del país. Una sociedad así constituida permanece cerrada, una comunidad diluida en formas competitivas (revestidas bajo el mito del emprendedurismo) e individualizantes.

Otras identidades

Ahora bien. Existen seguramente otras configuraciones sociales basadas en el rubor del mercado. Lo que las encuestas sociopolíticas de los últimos años no lograron registrar fue el surgimiento y consolidación de un grupo social más grande que todos los demás en su identidad política: indecisos, abtencionistas, volátiles.

Se trata de la conformación de una comunidad que encuentra felicidad en su capacidad de consumo: Hacia finales de 2017, la deuda total con tarjetas de crédito en Costa Rica alcanzó, ₡1 196 995 millones, un 11 % más que el mismo trimestre del año anterior y calculó una circulación total de 2 628 751 plásticos para un promedio de deuda por tarjeta de ₡ 455 347. Estos números habrán aumentado pero deberíamos preguntarnos ahora si esta comunidad fue pulverizada por la pandemia o logró resistir sus embates.

Ante estos datos, no queda duda sobre el tipo de sociedad que está emergiendo. Aquellos mitos fundacionales (Sojo, 2011; PEN, 2016) sobre los que una vez descansó la constitución de la identidad nacional, parecieran estarse transformado en otro tipo de experiencia. La convivencia es una aspiración y no una realidad; la tolerancia, una exigencia, más que un valor.

En el marco de la coyuntura de la pandemia y las indicaciones de distanciamiento social provenientes de las autoridades de salud costarricenses, dueños de una desesperación al límite, grupos de costarricenses se han abalanzado sobre los supermercados, han agredido autoridades de tránsito o simplemente se han descolocado frente a la sospecha: una persona consultada en las inmediaciones del ferry de Paquera sobre su lugar de origen, insistía en diferenciarse de los otros: «yo no soy turista, yo no soy turista», decía.

La profundización de los miedos sociales y las incertidumbres se ha depositado una vez más sobre la desconfianza en los otros, los que están al otro lado de la frontera. Bajo la ilusión de un cuido colectivo (que existe comprometido, fragmentado, parcial), se argumenta que debido a la poca acción del Gobierno nicaragüense, los costarricenses corren peligro de ser infectados por ese otro cuerpo proveniente de afuera. De nuevo, una vez más, como en tantas coyunturas, la construcción del pánico social pone rostro, clase y nacionalidad a esos miedos construidos.

Estos procesos socioculturales se amplían sobre la base del desarrollo de dinámicas de larga data que han impactado en la sociedad como conjunto:

  • Profunda fragmentación territorial que incide en experiencias de convivencia social y cultural. Este aspecto no es menor en el tipo de sociedad que está emergiendo.
  • Continuo bloqueo al ejercicio de derechos de algunas agrupaciones sociales. En el 2015, una encuesta sobre temas de coyuntura elaborada por el Programa Umbral Político del Instituto de Estudios Sociales en Población, planteaba rasgos de desacuerdo importantes con las uniones civiles de personas del mismo sexo, el uso medicinal y recreativo de la marihuana y el aborto terapéutico o como producto de violación. Algunos de estos temas fueron parte de la agenda que polarizó política y electoramente al país hasta la fecha. Se trata de la expresión local, de un giro conservador de amplias manifestaciones que se viene produciendo en muchas partes del planeta. América Latina no escapa a estas manifestaciones, que seguirán operando sin lugar a dudas sobre los procesos de integración social en transcurso.
  • Fortalecimiento de noción de patrimonio corporal hacia mujeres, niños, indígenas. Este aspecto evidencia ciertamente una fractura social sin retorno en el país. La relación entre algunas denominaciones evangélicas con el conservadurismo político son justamente la importancia asignada a la propiedad y el éxito material. Dos aspectos que en Costa Rica parecieran estarse solidificando. Y no hablamos solo de la propiedad material, sino de la propiedad sobre los sujetos, sobre los cuerpos. Por otro lado, el éxito comercial-religioso tiene caldo de cultivo en una sociedad cada vez más entregada al mercado, tal y como quedó evidenciado anteriormente.

Las anteriores manifestaciones indican rasgos de una transformación sociocultural en transcurso, que no ha detenido su marcha ni siquiera con la coyuntura de la pandemia. El consumo, la pertenencia a un mercado y el desarrollo de realidades sociales de verdadero distanciamiento suponen una clausura evidente que continúa su marcha.

Tercera clausura: la tensión entre nuevos enojos y la consolidación de una agenda económica y financiera hegemónica en tiempos de pandemia

Costa Rica arribó al escenario de la pandemia global con claros signos de agotamiento en su conformación como comunidad imaginada. A la clausura sociopolítica y la transformación sociocultural, base de nuevas identidades aún incompletas, se debe agregar el aumento de la desigualdad como la base de las principales dificultades en materia social, económica y cultural, lo que impacta y erosiona de forma directa la constitución de colectividad en Costa Rica.

Hoy no solo está simbólica y realmente encerrada esa comunidad: está clausurada. Existe mediana claridad que un punto de no retorno es lo que ocurrirá con un buen porcentaje de población nacional desempleado, viviendo en condiciones precarias y con acceso a servicios sociales comprometidos, producto de la segregación y fragmentación social en la que viven.

¿Irrespetos, desobediencias: nuevos enojos o continuación de los viejos?

Explicar el porqué de las diversas actitudes de desconocimiento y desobediencia a las indicaciones de las autoridades costarricenses es complejo, pero podría referirse a esa polarización ya instalada y a la idea de que una comunidad por la que todos se sentían interpelados e incluidos ha sido poco a poco clausurada, redefinida. El no reconocimiento a esa comunidad podría hacer perder el valor de defenderla, de jugar todos en un mismo equipo, de «remar parejo».

En el primer fin de semana de aplicación de multas «severas» a quien infringiera una restricción vehicular sanitaria (107 000 colones, un poco más de 200 dólares), fueron levantados 1 300 partes. Entre los multados se encontraban conductores infringiendo no solo esa disposición de contingencia, sino otras, relacionadas con documentos vencidos, placas de sus automóviles sin vigencia o conducción bajo los efectos del licor.

A inicios de Semana Santa, una familia intentó construir un campamento en una playa, pese a la orden de cierre y prohibición para visitar lugares turísticos, que fueron clausurados por disposiciones de las autoridades nacionales. («Guardacostas destruyen rancho levantado por vacacionistas en Limón». Recuperado el 8 de abril de 2020 en La Nación).

En la última semana, dos personas dedicadas a la actividad del surf fueron interceptadas por autoridades policiales costarricenses, en virtud de la violación a la prohibición de permanecer en playas nacionales que estaban presentando.

El continuo desafío, el permanente desconocimiento a las reglas del juego promovidas por las autoridades sanitarias en conjunto con las representantes en materia de seguridad, ejemplifican el quiebre de una noción colectivizada, la ruptura de una idea de solidaridad que poco a poco fue dando paso a la constitución de experiencias individualizantes que hoy cuestionan los procesos de cuido colectivo y comunitario en el caso costarricense.

Ni siquiera el coloquial «no jueguen de vivos», expresión utilizada en Costa Rica para caracterizar una actitud de arrogancia, de querer «pasarse de listos» y que fuera emitida por el Ministro de Seguridad para advertir a la población costarricense sobre el impacto de la multa en sus bolsillos y comportamiento, detuvo el permanente desafío de un sector de la población costarricense ante las solicitudes institucionales de confinamiento y aislamiento social.

Cabe señalar que la existencia de pequeños reductos de apoyo y confianza mutua, son resabios de identidades políticas y colectivas ya difuminadas. Las experiencias de ayuda con alimentos y dinero entre personas está siendo un lugar común en Costa Rica desde varias semanas, pero no alcanzan para constituir una nueva forma identitaria en el país.

¿Por qué, entonces, la actitud de muchos costarricenses? Hay quienes la señalan como irrespeto, otros indisciplina, otros desidia, otros falta de solidaridad con el colectivo. Son grupos pequeños pero persistentes. No tienen nada que ver con los cientos de costarricenses que aún se mantienen en sus puestos de trabajos, empezando por los de la primera línea en materia de salud pública y atención de la emergencia, siguiendo con los de los oficios informales y las actividades subterráneas y precarizadas que mantienen en pie a los negocios de ventas de comidas y entrega de medicamentos. Entre estos dos grupos, un verdadero contingente de personas trabajadoras en la informalidad salen si o si, con restricción o sin ella, a generar el único ingreso posible que les permita subsistir en la pandemia y cuando esta acabe.

Estudiar la base social de esos grupos en desacato es un reto y desafío en lo que viene. Podría explicarnos nuevas lógicas de enfrentamiento entre un sector de ciudadanía distante y el Estado, enojos y frustraciones que encuentran en la prohibición de la movilidad un motivo más para expresarse o simplemente una desconexión consiente con el contexto de riesgo y amenaza para la salud pública.

¿Estamos juntos en esto Fernández: reme?

En Costa Rica la expresión jugar de vivo, en buen coloquio, alude a aquella persona que valiéndose de circunstancias específicas acciona para sacar provecho de ellas: pagar coimas, saltarse una fila en un banco, cruzar en rojo en su semáforo, burlar la autoridad.

Sin embargo, esta expresión, utilizada por el Ministro de Seguridad de Costa Rica durante una de sus comparecencias para informar el estado del país en la materia y anunciar nuevas disposiciones en cuanto a la movilidad vehicular en tiempos de pandemia, bien podría ser útil para caracterizar los intentos de los sectores hegemónicos en materia económica y financiera del país, para impulsar su agenda y ser, de paso, salvados y protegidos por el Estado.

En las últimas semanas su llamado al Gobierno costarricense para que accione sobre el aparataje del sector público en materia salarial, bajo el discurso sacrificial del bien común, no se corresponde con las denuncias sobre elusión y evasión fiscal, deudas a las instituciones costarricenses y declaración de ganancias cero para no pagar la carga impositiva respectiva, que pesa sobre sus espaldas. Son aquellos personajes de la viñeta de Quino, todos sentados en el mismo lado de una embarcación pequeña azotada por una tempestad y a punto de hundirse, obligando al empleado Fernández a remar bajo la consigna de salvarse todos. Sabrá el lector o lectora, a cual Fernández nos estamos refiriendo.

La restitución de los mecanismos de confianza y de acciones colectivas serán oportunas para avanzar hacia la refundación de una experiencia distinta de país. Por lo pronto, no solo la amenaza de la pandemia se cierne sobre su geografía social y cultural. Para que esa confianza nazca de nuevo, deben ser removidas las cadenas y las llaves que llevaron al país a clausurar su comunidad política y social construida, encontrar otras formas de «lo costarricense» al decir de Carlos Sojo, que sin escencializar el término, permita a esta sociedad sentirse con la capacidad y la certidumbre de remar en condiciones de igualdad hacia un mismo objetivo.

Mientras sectores extractivos como los del empresariado de élite costarricense sigan su juego de desmantelar el Estado y destruir el empleo público, la tempestad seguirá arreciando y ni Fernández ni ellos mismos tendrán oportunidad de salvarse.

El proceso de prevención del aislamiento social que ha transformado sujetos en vectores sociales (Citro y Roa, 2020) ha producido además una peligrosa reedición de la individualidad que dificulta la construcción de un nosotros social. «Yo me quedo en casa», «yo me lavo las manos», «yo hago la cuarentena», son discursos e interpelaciones que permean la voluntad de una construcción colectiva y una actitud política distinta.

En el documental de Hernán Jiménez queda claro el mensaje: es necesario abrir las puertas para reconstruir eso que hoy es un concepto quizá muy complejo de entender: construir solidaridad comunitaria como eje fundamental de la experiencia social. O como Citro y Roa plantean en su reciente reflexión: es urgente la necesidad de recuperar, transformar y reinventar las artes de la reexistencia colectiva, para generar lazos sociales de igualdad confraternidad incluidos en una communitas diversa y solidaridad, la necesidad de trabajar las micropolíticas intersubjetivas colaborativas a fin de romper esa asilamiento político y social provocado no solo por la pandemia, sino por décadas de destrucción del tejido social y colectivo.

A ese proceso, mientras quienes podamos quedarnos en casa, deberemos de abocarnos todos y todas como base de construcción de un activismo que devuelva ese sentido de participación, comunidad, proyecto. Es esencial volver a ello.

Referencias

Citro, Silvia y Roa, María Luz. (2020). Pandemia: yo me quedo en casa pero en communitas. Disponible en LATFEM

De Souza santos, Boaventura. (2020). Al sur de la cuarentena. Disponible en Surcos.

El Financiero. (2018). Movimiento evangélico en Costa Rica. Del servicio de Dios a la conquista política. Disponible en El Financiero.

Jiménez, Hernán. (2004). Doble llave y cadena: el encarcelamiento de una ciudad. Audiovisual. Disponible en YouTube.

Nuñez Ladeveze, Luis. (2000). La ficción del pacto social. Editorial Anaya, Madrid.

Programa Estado de la Nación. (2020). Las desigualdades que enfrentan los hogares en cuarentena. Disponible en Estado Nación

Torres- Rivas, Edelberto (2006). La piel de Centroamérica. Una visión epidérmica de 75 años de su historia. Flacso, Costa Rica. Disponible en Flacso

Sojo, Carlos. (2010). Igualiticos: la construcción social de la desigualdad en Costa Rica. Flacso, Costa Rica. Disponible en Flacso

Fotografía principal de EFE/Jeffrey Arguedas, tomada de EFE.

 

Fotografía principal de EFE/Jeffrey Arguedas, tomada de EFE.

Fuente: https://gazeta.gt/

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Reencuentro con la Madre Tierra, tarea urgente para enfrentar las pandemias

“Ojalá que la pandemia del coronavirus, como la peste en la Antigua Grecia, resulte un acontecimiento histórico que alcance a instaurar en la conciencia humana la inteligencia de la vida; que logre recodificar el silogismo aristotélico ´todos los hombres son mortales´, para recomponer la vida de Gaia, de la Pachamama. Para instaurar en el pensamiento a un nuevo silogismo: la vida es naturaleza/Soy un ser vivo/soy naturaleza.”
Enrique Leff

Por Alberto Acosta*

16 de abril, 2020.- La Humanidad, con la pandemia del coronavirus, parece vivir una película de terror, que nos confronta de forma brutal y global con la posibilidad cierta del fin de su existencia en el planeta. Sin ser una película, siendo una dura realidad, se trata de una mega producción que está en marcha desde hace tiempo atrás. Esta pandemia no surge de la nada, no es el producto de un simple complot. La pandemia del Covid-19 nos confronta con una realidad que se ha venido deteriorando aceleradamente desde hace unas siete décadas por lo menos, pero aún con más brutalidad en el último tiempo. Aceptemos también que la recesión económica nos es un producto del coronavirus, pues ya empezó a golpearnos desde el año anterior.

Esta difícil hora nos convoca a memorizar, reflexionar y actuar.

Vivimos una crisis múltiple, generalizada, multifacética e interrelacionada, a más de sistémica, con claras muestras de debacle civilizatoria. Nunca afloraron tantos problemas simultáneamente, que rebasan lo sanitario, mostrando efectos en lo político, económico, ético, energético, alimentario y, por supuesto, cultural. Pero los graves problemas no se quedan en esas dimensiones, pues también hay efectos ambientales inocultables.

“La pandemia del Covid-19 nos confronta con una realidad que se ha venido deteriorando aceleradamente desde hace unas siete décadas por lo menos, pero aún con más brutalidad en el último tiempo. Aceptemos también que la recesión económica nos es un producto del coronavirus, pues ya empezó a golpearnos desde el año anterior”.

Para empezar, reconozcamos la realidad como es, por más dura que sea. Ya no hablemos más de cambio climático. Seamos precisos en los términos. Estamos en medio de un colapso climático: No podemos olvidar que los cambios en el clima han sido parte consustancial en la historia de la Tierra. Y este colapso lo hemos fraguado los seres humanos en el marco de lo que se conoce superficialmente como el “antropoceno”; en términos correctos corresponde al “capitaloceno”.

La crisis del coronavirus y sus riesgos

A partir de esa rápida introducción cabe hacer una lectura en clave de crisis. Los dos kanjis de la palabra crisis en chino nos plantean la cuestión: problemas y oportunidades.

Los orígenes profundos de esta crisis multifacética son fáciles de avizorar. Mencionemos algunos. Consumismo y productivismo que arrasan con los recursos del planeta y que liquidan los equilibrios ambientales. Tecnologías que, en lugar de alivianar la vida de los seres humanos, aceleran la acumulación del capital afectando cada vez más la psiquis de las sociedades, al tiempo que permiten consolidar un Estado cada vez más autoritario, como en China. Ambición y egoísmo que conducen a la destrucción de tejidos comunitarios y a la profundización de un individualismo transformado en una enfermedad social. Hambre de millones de personas, no por falta de alimentos, que sobran, sino porque mucha gente no tiene capacidad para adquirirlos (o producirlos) o simplemente porque se los desperdicia; se especula con ellos; se alimenta automóviles: biocombustibles; se depreda la biodiversidad; mientras en otros segmentos golpea la obesidad. Extractivismos desbocados que destrozan las bases de la vida y consolidan un sistema económico inequitativo y depredador. Flexibilización laboral para ser competitivos aumentando la explotación del trabajo. Predominio de las finanzas, sobre todo en su fase especulativa, sobre las actividades de producción de bienes y servicios, que, a su vez, superan en mucho la capacidad de resilencia de la Tierra. Culto a la religión del crecimiento económico permanente que desborda los límites biofísicos del planeta. Y todo para asegurar la acumulación del capital, que impulsa una imparable mercantilización de la vida, un verdadero “virus mutante”. Todo esto sintetiza el libreto de esta gran mega producción de la destrucción, que está en cartelera desde hace mucho tiempo atrás.

«Ya no hablemos más de cambio climático. Seamos precisos en los términos. Estamos en medio de un colapso climático: No podemos olvidar que los cambios en el clima han sido parte consustancial en la historia de la Tierra. Y este colapso lo hemos fraguado los seres humanos en el marco de lo que se conoce superficialmente como el “antropoceno”; en términos correctos corresponde al “capitaloceno”.

Ahora, los voceros del poder, ignorando esas constataciones inocultables, claman para que nos preparemos a recuperar el tiempo perdido. En este punto, sin ampliar más en las amenazas y riesgos avancemos avizorando las oportunidades, pues lo concreto es que no podemos volver a la normalidad porque la normalidad es el problema. En realidad, se trata de una a-normalidad producida por el capitalismo.

Reconstruyendo y construyendo vacunas para las pandemias

En este momento cobran renovada fuerza las alternativas existentes en diversos rincones del planeta. Hay una variedad de nociones y visiones diferentes y complementarias de cómo imaginar y lograr una transformación socio-ecológica vital, imposible de conseguir con los enfoques de la Modernidad. Son visiones que incluso nos permiten leer de otra manera la realidad con el fin de comprender de mejor manera el mundo en que vivimos, al tiempo que nos invitan a revisar nuestras tradicionales categorías de análisis.

Algunas de estas nociones emergentes son una suerte de renacimiento de las cosmovisiones de los pueblos indígenas; otras han surgido de los movimientos sociales y ecologistas relacionados con viejas tradiciones y filosofías; y, muchas más son respuestas de diferentes grupos compuestos por diversas personas que enfrentan la dura y frustrante cotidianidad con acciones que comienzan a configurar alternativas incluso con capacidad de transformación civilizatoria. Esta ebullición de alternativas se vive en medio de la pandemia a través de la construcción de una multiplicidad de respuestas emanadas desde la creatividad y el trabajo de las comunidades.

A diferencia del desarrollo, que es un concepto basado en un falso consenso, estas visiones alternativas no pueden ser reducidas a una única visión y, por lo tanto, no representan un mandato global indiscutible. Tampoco pueden aspirar a ser adoptadas como una meta común por organizaciones internacionales para recién entonces hacerse realidad. Muchas de estas ideas nacen como propuestas radicales de cambio especialmente desde ámbitos locales, especialmente comunitarios, pero las hay también de alcance nacional e inclusive global.

Esta deconstrucción del desarrollo abre con fuerza la puerta del Buen Vivir, una cultura de la vida con denominaciones y variedades diferentes en distintas regiones de Sudamérica: sumak kawsay o suma qamaña; ubuntu, con su énfasis en la reciprocidad humana en Sudáfrica y varios equivalentes en otras partes de África; swaraj con su énfasis en la autosuficiencia y el autogobierno, en India; y muchas otras. Los postulados ecofeministas y el paradigma del cuidado representan otro aspecto muy potente dentro de este arcoíris post-desarrollista, que necesariamente debe ser también post-extractivista. La necesidad de liberar a la salud y a la educación del ámbito mercantil resulta indispensable. Y por cierto hay que incorporar todo el aporte decolonial.

El Buen Vivir representa, en suma, una clara alternativa al desarrollo, más allá de los vaciamientos conceptuales que ha sufrido por parte de los gobiernos progresistas de Bolivia y Ecuador. Ese Buen Vivir indígena -pensemos lo que sucede en la Amazonía, por ejemplo- es el que muchas veces ha permitido proteger los bosques y las selvas, los páramos, las fuentes de agua y la misma diversidad biológica y cultural, como acción concreta para enfrentar el colapso climático. Y el principio que le inspira -pensado en plural: buenos convivires- es la armonía o, si se prefiere, el equilibrio en la vida del ser humano consigo mismo, de los individuos viviendo en comunidad, entre comunidades, pueblos y naciones. Y todos, individuos y comunidades, conviviendo en armonía con la Naturaleza. En definitiva, los humanos somos Naturaleza.

Una cura para las pandemias…

Recuperar y construir relaciones de armonía con la Naturaleza es la gran tarea. Hay que parar su explotación desenfrenada; hay que desmercantilizarla; tenemos que reencontrarnos con ella asegurando su regeneración, desde el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad, desde la relacionalidad.

Para lograrlo tenemos que cambiar la historia de la Humanidad, esa historia de dominio del hombre -sí, en masculino- sobre la Naturaleza. Por siglos, la relación sociedades-medio ambiente ha estado marcada por el utilitarismo y la explotación de recursos. Esta realidad da cuenta de la separación entre Humanidad y Naturaleza. Y eso condujo a una relación de subordinación de la Naturaleza -reforzada por las ideas de “progreso” y “desarrollo”-, que es lo que a la postre ha generado todo tipo de pandemias -recordemos los recientes incendios en la Amazonía- que apuntan hacia una terrible catástrofe socioambiental.

«Lo concreto es que no podemos volver a la normalidad porque la normalidad es el problema. En realidad, se trata de una a-normalidad producida por el capitalismo».

Pero a la vez, sobre todo en medio de esta mega crisis, asoman con fuerza las posibilidades de reencuentro de la Humanidad con la Madre Tierra, a partir de visiones como las mencionadas del Buen Vivir. Este será un proceso, largo y complejo, reforzado por las luchas de resistencia y re-existencia desde diversos grupos populares, en especial indígenas.

Aunque los indígenas no tienen un concepto de Naturaleza como el que existe en occidente, su aporte es clave. Ellos comprenden perfectamente que la Pachamama es su Madre, no una mera metáfora. En este sentido todo esfuerzo por plasmar los Derechos de la Naturaleza se inscribe en una reiteración de un mestizaje emancipador provocando un ¨híbrido jurídico”, donde se recuperan elementos de todas aquellas culturas occidentales e indígenas emparentadas por la vida. Y que encuentran en la Pachamama el ámbito de interpretación de la Naturaleza, un espacio territorial, cultural y espiritual, que no puede ser motivo de mercantilización ni de exclusión.

Sin llegar a romantizarlas, las comunidades indígenas -portadoras de una larga memoria- han demostrado que el ser humano puede organizar formas de vida sustentable. Tal relación armoniosa con la Naturaleza -presente en muchos recintos del mundo indígena, no en todos- se sintoniza con la “sustentabilidad”; concepto que, por cierto, se lo ha pervertido y trivializado en extremo, incluso cuando con él se quiere maquillar el desarrollo presentándolo como sustentable.

Los Derechos de la Naturaleza centran su atención en la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma, sin importar los usos que le den las personas, implicando una visión biocéntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada. Estos derechos propugan mantener los sistemas y conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades.

Pero hay que ir más allá. No se trata de buscar un equilibrio entre economía, sociedad y ecología; menos aún usando como eje articulador abierto o encubierto al capital. El ser humano y sus necesidades deben primar siempre sobre el capital, pero jamás oponiéndose a la armonía de la Naturaleza, base fundamental para cualquier existencia.

Esta combinación de aproximaciones es clave.

«Recuperar y construir relaciones de armonía con la Naturaleza es la gran tarea. Hay que parar su explotación desenfrenada; hay que desmercantilizarla; tenemos que reencontrarnos con ella asegurando su regeneración, desde el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad, desde la relacionalidad.»

Hacia el pluriverso, un mundo sin pandemias…

En una época en la que el neoliberalismo y el extractivismo desenfrenado brutalizan la vida diaria de los ciudadanos y las ciudadanas de todo el mundo, en particular de los habitantes del Sur global, es primordial que voces contestatarias y movimientos populares se comprometan en un esfuerzo concentrado de investigación, participación, diálogo y acción, inspirado en los movimientos de base y a los cuales, a su vez, les rindan cuentas. Necesitamos nuestras propias narrativas. Los actos de resistencia y re-existencia dan esperanza aquí y ahora. Y por eso hablamos de que ya se puede escuchar la respiración de un futuro diferente en el marco del Pluriverso: un mundo donde quepan todos los mundos, garantizando la vida digna a todos sus seres humanos y no humanos.

Es la hora de las estrategias y las luchas en todos los niveles escalares de acción. Un punto de diferencia, que necesitamos explorar, es la dirección de nuestros esfuerzos. No se puede esperar mucho de los niveles de los estados nación o los ámbitos globales, pero hay que intentar incidir incluso en ellos, aunque sea para negociar algunas conquistas. El campo de acción aparece en donde y desde donde actuar propiciando vidas mancomunadas, en espacios comunes cohabitados por lo plural y la diversidad, con igualdad y justicia, con horizontes colectivos, para resistir el creciente autoritarismo y construir simultáneamente los buenos convivires.


*Alberto Acosta es un economista ecuatoriano. En la actualidad es profesor universitario, conferecista y sobre todo compañero de lucha de los movimientos sociales.

Fuente: http://www.servindi.org/
Compartido por Alberto Gutiérrez Arguedas.

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