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El qué hacer de siempre: ¡Dar un paso adelante!

Ítalo Fera Fallas

Aprendí una lección que me costó unas cuantas décadas asumirla e interiorizarla. A mi criterio las alianzas no se pueden satanizar nunca. Me refiero a ese carácter fanático e inquisidor que, por mucho tiempo, me incluyo, asumimos cuando diferíamos táctica o estratégicamente en nuestras acciones y luchas.

Pero seguimos, aún hoy, con una gran deuda para realizar CONJUNTAMENTE, la evaluación seria, responsable y coherente, principalmente, de los últimos 8 años con las administraciones del PAC. Para no irme aún más lejos.

Todos evaluamos, criticamos, señalamos y «hablamos» de diferentes formas. Eso está bien, si se hiciera con disposición de asumir nuestras tradiciones, valores y direcciones más preciadas. Por cierto, tan tiradas en el basurero de las “cochinillas y cochinotas y rubis», en el mejor de los casos. Valores tan manoseados hoy por tantos y tantas «artistas» de las poses y comunicaciones. Seguimos con esa deuda de la Unión real. Nos dividimos hasta para hacer el minuto de silencio y con una distribución de esas deudas, donde algunos/as tienen una mayor cuota de responsabilidad, sea por sus funciones y liderazgos.

Vemos organizaciones de todo tipo y «sabor», con parte de esa deuda. También responsables según su incidencia en la vida pública y consecuencias de sus acciones y/u omisiones. Aquí el Frente Amplio no está vacunado, para usar la palabra de moda, ni mucho menos. Es un fuerte responsable y con esa deuda por la unidad popular parecida a la «deuda externa», para los que estamos en nuestra acera de izquierda y pro-socialismo. Se los he comunicado de diferentes formas y medios a los integrantes activos del Frente Amplio. No es nada nuevo. Yo les doy el beneficio de la duda y sin que me entierren en «cajita blanca», me parece que es el partido que debe asumirnos y asumir la vanguardia que se ha perdido, ojalá con una veloz reconstrucción y reconversión por la auténtica inclusión para parecerse a un auténtico Frente Amplio. Así lo aspiramos, unos que otros, con más o menos participación en nuestros compromisos socio políticos por décadas, antes y después de su creación.

Participo activamente en el Movimiento Humanista Costarricense desde 1988. Una de nuestras tesis máximas es intencionar con paz, fuerza y alegría en el cambio personal y social, en forma simultánea. Estoy claro, como lo estuvimos luego de las divisiones de todos, que, sin ese cambio personal, igual que los antiguos soviéticos del PCUS y otros tantos, todos nuestros proyectos y organizaciones se derrumbarán como un «castillo de naipes». Seguirán ese camino inevitablemente. Y no es sólo hacer «cuadros» para un trabajo de «masas». Palabrejas muy incorrectas, si revisamos educativamente esa acción que hacíamos en el día a día. Ese enfoque, humana y pedagógicamente, no se sostiene por ningún lado. Frase que fue acuñada en los inicios del siglo XX, o antes, que tampoco vamos a esperar otra cosa.

Una buena parte hicimos lo mejor de nuestra conciencia y convicciones durante años. Muchos como en “capillas» y «carpas».

Hoy también vemos estas y otras realidades de siempre, con seres humanos que cambian o los cambian peor que «marionetas», por un sistema social anacrónico, excluyente y que se derrumba, con accionistas y sus subalternos plumíferos, ingenieros financieros y tecnólogos de todo tipo, que corren con muy buena paga a sostenerlo, pero carcomidos desde sus bases.

Para usar nuestras propias palabras, están dadas las condiciones objetivas en diferentes momentos y con intensidad.

Las condiciones subjetivas se deben seguir construyendo, CON NOSOTROS MISMOS y EN CADA UN0/A. Tenemos valiosas prácticas, a veces teorizadas correcta o incorrectamente. Una academia que se sigue quedando corta, con su «reloj y carreta» de acciones lentas y no oportunas.

Bueno esto se me extendió. Concluyo, diciendo que el Frente Amplio tiene una responsabilidad excepcional, impostergable y requiere de las mejores evaluaciones, lecturas y sobre todo tomar decisiones para llegar a asumir acciones coherentes con el bienestar anhelado de las grandes mayorías de costarricenses. Que se sintonicen con lo mejor de nuestra Escuela de praxis con la sociedad civil y política. Demos nuestros aportes y ojalá en el Frente Amplio sea humilde y sabio para recibirlos.

El Tamal, de comida de dioses a comida popular

Vladimir de la Cruz

El Tamal, como plato de comida, especial de estas fechas de navidad y de año nuevo, en la gastronomía costarricense, es casi sagrado. Es lo que también podemos decir una comida típica, propia del buen comer costarricense, que se disfruta en todos los niveles sociales, desde los más bajos, dentro de sus posibilidades económicas, hasta los más altos.

Es una comida de todos los días, ya ofrecida así en supermercados, restaurantes, sodas y establecimientos de comidas rápidas, como en la hechura propia de las casas. Pero, en estas fechas cobra relevancia su consumo, como la actividad de tipo familiar que se genera en los hogares, para hacerlos o prepararlos.

El tamal navideño, de esta época, es el que tiene, comparado con el que se elabora durante los otros meses del año, la gran solemnidad de su preparación y su degustación.

El tamal generalmente va acompañado de un buen café, en una taza o jarro de lata, como todavía se usa para el café.

El tamal no es típico o exclusivo de Costa Rica. Lo hay y con variedades distintas en los otros países latinoamericanos. Eso sí, es un plato muy centroamericano Yo lo he comido en Costa Rica, pero también en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala, en México y en Venezuela.

El origen del tamal así es disputado no solo por cocineros y especialistas, en esta comida, como por países. Sé que lo hay también en Colombia, en Chile y en Argentina. En Nicaragua lo llaman Nacatamal, en Venezuela y en Colombia le dicen Hallaca, en Chile le llaman Humitas. Hay variedades de tamales en Puerto Rico, Cuba y Ecuador, incluso en Las Filipinas, probablemente introducido por los españoles cuando extendieron hasta allí sus dominios coloniales, desde 1565 hasta 1821, con el Virreinato de Nueva España al que pertenecimos nosotros. Con la Independencia de México, setiembre de 1821, la administración de las Filipinas pasó de Acapulco a Madrid.

A esto se suma la variedad regional, dentro de los países, para su elaboración, con los respectivos ingredientes, y con los nombres que reciben relacionándolos con las zonas, regiones o ciudades donde son hechos. Esto hace que el tamal pueda ser considerado también una comida latinoamericana, pero igualmente se da en otros continentes.

Esta variedad de tamales ha hecho que también se hable de mestizaje de tamales, como mestiza puede ser la comida y los ingredientes que se usan para su elaboración, la del tamal clásico, cuya base siempre es el maíz.

Para nosotros, el nombre de Tamal viene del vocablo náhuatl “tamalli”, que significa “envuelto”, de allí que, para el caso nuestro, el tamal está más enraizado en esta tradición histórica precolombina, porque además, se asocia directamente al cultivo y consumo del maíz, base de las culturas indígenas.

Nuestra cultura precolombina estuvo muy ligada a la producción de maíz. Con frecuencia en las excavaciones arqueológicas, en ollas de cerámica, y otros utensilios, se han encontrado restos de maíz, y hasta pequeñas mazorcas.

Para el caso nuestro se vincula directamente a la cultura maya y azteca, donde se sabe que era consumido en el sur de México y en Guatemala.

Entre los mayas existía en su cosmogonía el Dios del Maíz, llamado Cintéotl o Centeotl, el tercero de los dioses más importante en la jerarquía de sus dioses, nombre que en la lengua nahua significa “mazorca del maíz seco”, y en las figuras que nos recuerdan, en esta cultura, a este Dios se le representa generalmente con un tamal al lado, o con mazorcas de maíz, lo que para algunos especialistas y antropólogos, les permite señalar o interpretar que también el tamal es considerada una comida de dioses, o de vínculo con los dioses.

Centeotl es una figura que se representa como hombre y como mujer, con identidad dual. En el libro Popol Vuh, del siglo XVI, de esta cultura, se narra que el hombre se creó a partir del maíz, de allí también que el maíz lo consideraran una fuerza vital. En la tradición maya el maíz se personifica en una mujer, mientras en la aristocracia maya reconocían al Dios del Maíz como una figura masculina. Los mayas ofrecían tamales a sus dioses para favorecer las lluvias y asegurar sus cultivos.

El tamal es un plato que se hace o prepara con masa de maíz cocida, que se envuelve en hojas, a veces de la misma mazorca del maíz, como se hace en algunos países, o de plátano como se hace generalmente en Costa Rica. En otros países usan hojas de maguey, bijao, que es un platanillo de hojas grandes, como lo hacen los campesinos en Venezuela.

Los mexicanos consideran que ellos son la cuna de los tamales, donde también se asocia su consumo a festividades religiosas.

Al consumo del Tamal, como de su preparación, se asocian también leyendas y tradiciones. Así, por ejemplo, se dice que no deben prepararse o elaborarse si se está de mal humor porque pueden quedar mal hechos, o sin buen gusto. De esto también dependía quien, hombre o mujer, preparaba los tamales.

En mi tradición familiar, tanto en la familia paterna como en la materna, se preparaban tamales para estas fechas, especialmente a mano de mujeres, mis abuelas. Por mis abuelos y bisabuelos paternos tenía la tradición colombiana combinada con costarricense, por mis bisabuelos maternos la tradición dominicana combinada con costarricense. En ambos casos dominaba la tradición costarricense para la elaboración de tamales.

Por mi familia directa materna, con dos tíos casados con nicaragüenses saboreaba siempre los nacatamales. Por mi padre que emigró a la fuerza a Venezuela, y por mi estancia en Venezuela como embajador, saboreaba las Hallacas. Por un amigo de mis padres, también mío, casado con venezolana, aprendí a comer las Hallacas dulces.

Por amigos de mis padres, especialmente de mi madre, su mejor amiga por muchos años, de origen salvadoreño, y por mi suegra, también salvadoreña, consumía también tamales dulces, y por viajes a México comí los tamales mexicanos, en diversas variedades y con diversos tonos de chile, que era muy frecuente ponerle a todo lo que entraba por la boca. Así, me acostumbré a comer tamales, no todos los días, pero de vez en cuando. La verdad es que los disfruto. Nunca en mi familia oí de preparar tamales a la usanza colombiana o dominicana, como sí oí al estilo nicaragüense, salvadoreño o venezolano.

En esta mezcolanza me gustan por igual los tamales dulces que los salados, y me quedo con los tamales costarricenses. Cuando los busco los prefiero comprar en tamaleras, donde se hacen tamales, asegura uno mejor calidad y sabor.

En estas fechas los he probado tres veces ya. Dos comprados, uno casero regalado. Todos muy buenos. Ayer martes terminamos, lo que habíamos iniciado el lunes, una elaboración de tamales, que nos salieron casi cien.

Junto a este tamal, que llamo “clásico”, existe el tamal de elote, elaborado con maíz tierno, sin ningún tipo de relleno y envuelto en la propia tusa, en las hojas del maíz, que es muy propio de regiones como Guanacaste, que se acompaña para su comida con crema, mantequilla o natilla, y el tamal llamado “mudo” que generalmente se rellena con frijoles molidos.

La carne adobada, los condimentos y verduras se colocan dentro de la masa y se envuelven para ser cocidos en una olla con poca agua a fuego rápido.

En el caso del tamal salvadoreño, también se le llama tamal de “azúcar”, tiene uvas, pasas o ciruelas, y hasta mermelada de piña se le puede poner, junto con quesillo, chicharrón, frijoles fritos, y la carne puede ser de pollo o de gallina.

El nacatamal nicaragüense, según las regiones en que se hacen, se puede rellenar con frijoles rojos o negros, queso, se endulzan, los que son tamales dulces, con azúcar o rapadura de caña, queso rallado, carne de gallina o de pollo. En Nicaragua a veces le ponen tocino.

En Nicaragua el Nacatamal tiene más significado de plato típico nacional, y es a todos los efectos una comida completa para desayunar, cenar y disfrutar en fines de semana. Junto al café se puede acompañar en Nicaragua con chicha de maíz, o tiste que es una bebida de tradición indígena chorotega, muy refrescante, que mezcla maíz, cacao, canela, arroz remojado.

Por la presencia de la migración nicaragüense el nacatamal se ha generalizado en Costa Rica. No compite con el tamal costarricense, pero se consume y promociona bastante. En general el nacatamal tiende a ser un poco más grande que el tamal costarricense, aunque los tamales ticos ya se consiguen de buen tamaño.

En el Estado de Louisiana, en Estados Unidos, en New Orleans, como en Baton Rouge, he comprado nacatamales y tamales, en puestos de venta administrados por centroamericanos, y los he comido en lugares similares. Probablemente en otras ciudades en Estados Unidos, con colonias latinas grandes, se encuentren ventas de tamales.

En el tamal guatemalteco empleaban carne de pavo, de tepezcuintle y de venado, especialmente los mayas, para la celebración del solsticio de invierno, el 21 de diciembre, que se preparaba para los Señores Mayas. En el caso guatemalteco también en diciembre hacen un tamal negro que se acompaña con chocolate.

En Venezuela la Hallaca es un cotidiano típico plato nacional, como lo son las arepas. Tiene los mismos ingredientes que los tamales nuestros. La Hallaca venezolana es además de plato nacional casi un símbolo de la Patria. Pareciera que la Hallaca venezolana fue desarrollada más por influencia colonial, que indígena, cuando se establecieron los lazos comerciales, por la llamada flota del cacao, entre los puertos de La Guaira, en Venezuela y Veracruz, de México, allá por el siglo XVII.

En Cuba los tamales son también de tradición. Tanto que en la década de 1950 la Orquesta Aragón tocaba y entonaba un cha cha cha, “Los tamalitos de Olga”, relacionado con una tamalera de Cienfuegos y de La Habana, que vendía sus tamales en la esquina de Neptuno y Prado, en la zona de la Habana Vieja.

A la tradición indígena de los tamales los españoles durante la colonia, fueron los que le introdujeron la manteca, el azúcar, las aceitunas, las alcaparras y las carnes.

En la actualidad, con el desarrollo del turismo, se han impulsado tamales gourmet, en México, especiales para la atracción turística. Aquí, además de los ingredientes propios, usan rellenos dulces de guayaba, chocolate, piña y de otros sabores, salsas rojas o verdes, como en con el mole, muy presente en la dieta mexicana, de chile y especias.

Si hay algo importante en la elaboración de tamales es que se produce una comida que es totalmente ecológica. Nada de lo que en la preparación de tamales se emplea, ni lo que queda de ese trabajo, produce daños a la naturaleza. Todo es ecológicamente reciclable.

La ceremonia casera para la elaboración de tamales es igualmente una fiesta, especialmente en las casas de familias numerosas, donde muchos miembros participan, en las distintas tareas de preparación de tamales, durante todo el día de preparación, y a veces desde la víspera.

Una vez en mi hogar hicimos tamales, no hace mucho tiempo, lo que fue una fiesta, del día, “y de locos” también. Ayer martes repetí la hazaña con tres nietas, un nieto y una estudiante alemana de intercambio colegial que vive con dos de mis nietas. Desde el lunes tenía preparados los ingredientes que íbamos a usar, para aprovechar mejor el tiempo con los nietos. Una breve explicación introductoria de la historia del tamal y ¡manos a la masa!

Un espectáculo, una fiesta y un asombro cuando quedaron terminados y de buen sabor, cuyas piñas de dos tamales, cada una, se repartieron entre los participantes, y de saborear al final de la jornada el resultado del trabajo, de la fiesta y del alboroto que ocasionó la experiencia de preparar y cocinar tamales.

En la elaboración de tamales, en la casa, el último de los tamales, el llamado “tontón” de los tamales, es muy apetecido, porque allí se ponen todos los ingredientes que sobraron, y obviamente es un tamal más gordito, rellenito, más llenador y dependiendo de quien se lo coma de mayor disfrute.

Para la elaboración de tamales es fundamental la masa de maíz, entre más finita, a mi gusto, mejor. En una época, de adolescente, me enviaba mi abuelita materna al molino para la preparación de la masa del maíz. El maíz podía ser tierno o blanco. Ahora se facilitan las cosas porque se puede comprar directamente la masa ya casi lista y muy fina en supermercados.

El relleno es lo que finalmente distingue al tamal. Arroz, papa, arroz con achiote es lo usual, vainicas, garbanzos, pedacitos de chile dulce, culantro que permite darle sabor, pedacitos o rodajitas de zanahoria, aceitunas, alcaparras, pasas, uvas o ciruelas, rodajitas de huevo duro, guisantes o petit pois o chícharos, arvejas. Además, se puede usar, especialmente, manteca de cerdo para preparar la masa con cebolla picada, ajos, sal, pimienta.

A esto suma la carne que se le pone al tamal, generalmente carne de cerdo o de pollo, pero en las regiones costeras acostumbran a usar también el pescado y el camarón, como en algunas regiones de México.

Las hojas que se usan para envolver los tamales deben limpiarse y lavarse muy bien, remojadas, por lo general en agua caliente, cuando son recién cortadas. Las de venta comercial es suficiente limpiarlas bien. La manteca debe estar muy bien batida antes de agregarla a la masa. El caldo caliente es el que se debe agregar a la masa.

El tamal está listo, ya bien cocido, cuando se puede abrir, uno de la piña, que se despega con facilidad, de la hoja que lo envuelve. Y, listos para comer, cuando han bajado su temperatura y están duros. Lo que se necesita allí es ¡buen apetito!, y el cafecito… Esta es mi experiencia con tamales.

Espero que alguna vez los nietos recordarán este día, que pasaron conmigo, y con la cocinera de la casa, que fue la guía de esta preparación de tamales, y, espero, en los siguientes años en que los vuelva a involucrar en su elaboración, recuerden de lo que hacían con su abuelo, así como yo recuerdo a mi adorada abuelita Ofelia, Ita como cariñosamente le decía, en la elaboración de las comidas.

La prensa en la década de Mora. Discurso de Elizabeth Fonseca Corrales y respuesta de Vladimir de la Cruz – Academia Morista Costarricense

(Discurso, de Elizabeth Fonseca Corrales, de Incorporación a la Academia Morista Costarricense, realizado el 26 de noviembre del 2021, en la sesión extraordinaria con este fin, en el Club Unión)

A MODO DE INTRODUCCIÓN, UNA EXPLICACIÓN NECESARIA

Soy hija de la revolución de 1948. Nací unos meses antes de la abolición del ejército el 1 de diciembre de 1949. En consecuencia, he vivido siempre en un país de paz, donde, además, el Estado de bienestar me permitió realizar estudios en una universidad pública. Comienzo este discurso de incorporación a la Academia Morista Costarricense con tales datos, porque me siento en la obligación de aclarar, con toda sinceridad, cómo llegué a interesarme, tardíamente, en el estudio de la Campaña Nacional 1856-1857. Cuando ingresé a estudiar Historia a la Universidad de Costa Rica me correspondió empezar con un programa muy tradicional; la mayor parte de los cursos se hallaban enfocados desde el paradigma de la llamada historia acontecimental. Poco después, a principios de los años 1970, con la llegada de Ciro Flammarion Cardoso y Héctor Pérez Brignoli, dos sudamericanos doctorados en Historia en Francia, la enseñanza de la Historia vivió una verdadera transformación. En vez de la historia diplomática, política y militar, se empezó a privilegiar otras ramas novedosas, surgidas del contacto con otras ciencias sociales, como la historia demográfica, la historia social y la historia económica. De la historia de los acontecimientos se pasó a la de las estructuras y las coyunturas, del estudio de los grandes hombres al de los colectivos sociales. Esta nueva corriente resultó para mi sumamente atractiva, por lo que decidí viajar a hacer un doctorado en “Economía y sociedad en América Latina”, en la Universidad de París, contando con el apoyo de la Universidad de Costa Rica.

Atrás quedó para mí la historia política, diplomática y militar, no obstante haber contado entre mis profesores a don Rafael Obregón Loría, cuyas lecciones eran magistrales, especialmente cuando se refería a la Campaña Nacional, que había estudiado en profundidad. Cuando como docente debía preparar alguna clase de historia política, debo confesar que no me sentía para nada cómoda. Pero poco a poco, con la madurez, fui llegando a la conclusión de que las ramas de la historia que había mirado con desinterés son también muy importantes. Nos guste o no, el ejército y la guerra fueron importantes en el pasado de nuestro país, y la historia militar, bien entendida, no la podemos desdeñar.

Profundizar en el estudio de la Campaña Nacional era para mí una tarea pendiente desde principios de la década de 1990. Con motivo del V Centenario del Descubrimiento, la FLACSO, bajo el liderazgo de Edelberto Torres Rivas, convocó a un grupo de investigadores, entre los cuales me encontraba, para escribir una Historia de Centroamérica, en seis volúmenes. Concluida esa tarea, la FLACSO me contrató para hacer una síntesis al alcance de un público más amplio, no especializado. Fue entonces cuando me percaté de los grandes temas ausentes en los seis volúmenes. La mayor parte de los vacíos los pude suplir en la síntesis, porque llevaba años enseñando historia de Centroamérica, pero el de la Campaña Nacional no, y me limité a hacer un breve recuadro llamando la atención sobre la ausencia de un tema fundamental para comprender la historia centroamericana. La invitación a formar parte de la Academia Morista Costarricense ha sido la ocasión propicia para adentrarme de lleno en el estudio de la década de Mora y de la guerra filibustera, que ha desempeñado un papel fundamental en la formación de nuestra identidad.

I- BREVE INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA PRENSA

En esta ocasión me referiré al papel de la prensa escrita en la década de Mora con base solamente en fuentes bibliográficas. Se trata tan solo de una primera aproximación al tema, una especie de estado de la cuestión, en el entendido de que podría ser un estudio de un alcance mucho mayor. Primero, en este apartado, haré una breve síntesis de la historia de la prensa, para tener un contexto que nos permita comprender la situación en la década de 1850.

A fines del siglo XV se cuenta ya en Europa Occidental con todo lo necesario para la impresión de libros: la imprenta de caracteres móviles, la tinta y el papel, lo que permitió la edición ocasional de hojas sueltas, libelos y relatos más o menos fantásticos. En 1631 se publica en Francia el primer periódico semanal denominado Gazette. Su editor obtuvo de Richelieu, el primer ministro del rey Luis XIII, el monopolio para publicar la información política nacional y extranjera. Pero a fines del siglo XVIII comenzaron a aparecer numerosas publicaciones sueltas, no autorizadas.

La Revolución Francesa trajo grandes cambios, con los cuales la prensa adquirió una enorme influencia política. El artículo 11 de la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano consagró la libertad de prensa. Dicho artículo dice literalmente: “La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre; todo ciudadano puede por tanto hablar, escribir, imprimir libremente, salvo que deberá responder por los abusos de esa libertad en los casos determinados por la ley.” La consecuencia inmediata de dicha apertura fue la proliferación de publicaciones periódicas. [1]

En Inglaterra la prensa participó abiertamente de las luchas políticas desde el siglo XVII, por lo que mereció ya en 1787 que Edmund Burke, político y escritor británico, la denominara “el cuarto poder”. Los periódicos ingleses gozaron de un clima de mayor libertad, y fueron más variados y ricos en contenido que los del continente.[2] Desde entonces la libertad de prensa permite medir los altibajos del gozo de las libertades individuales; la censura y la autocensura tienen grados variables, según los regímenes políticos imperantes. En Estados Unidos la libertad de prensa fue garantizada en la primera enmienda a la Constitución votada en 1791: “El Congreso no hará ninguna ley que restrinja la libertad de palabra o de prensa.” En este caso, el desarrollo de la prensa se verá limitado por otros factores, como la inmensidad del territorio, la poca densidad de población y el escaso número de los ejemplares impresos. En consecuencia, el acceso a las publicaciones era un privilegio de las poblaciones urbanas.

Hasta el siglo XX quienes escribían para la prensa no se podían considerar periodistas, porque escribir no era su ocupación principal; eran filósofos, políticos, profesionales liberales, escritores, artistas, hombres de negocios. En 1719, The Daily Post, de Londres, publicó Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. A partir de entonces, se volvió habitual la publicación de novelas por entregas de autores que más tarde serían escritores consagrados. En el siglo XIX el contenido de los periódicos incluía además mucha información oficial, y esta se obtenía de manera muy directa en las oficinas gubernamentales. En 1837 la invención del telégrafo eléctrico por Morse, en los Estados Unidos, significó una gran innovación técnica. En Europa las primeras líneas datan de 1845. Los hilos telegráficos se extendieron rápidamente, y ya en 1866 un cable atravesó el Atlántico, conectando Estados Unidos con Europa.[3] Disponer del telégrafo posibilitó la publicación mucho más expedita de noticias de cuanto sucedía más allá de la ciudad donde se editaba el periódico.

Además, a mediados del siglo XIX el contenido de la prensa se tornó más variado. Incluía notas sobre actividades artísticas, como estrenos o presentaciones de obras de teatro y ópera, y se continuaba publicando novelas por entregas. Los periódicos de las grandes ciudades, como Nueva York, París o Londres, publicaban notas de moda, especialmente dedicadas a las mujeres, muchas de ellas con llamativas ilustraciones. Retratos de los personajes principales, grabados de imágenes de la vida cotidiana y mapas eran incluidos para reforzar el mensaje escrito. Con ese fin, los principales periódicos contrataban dibujantes especializados. Algunos medios contenían también obituarios y notas necrológicas. La impresión estaba a cargo de más personal, y se utilizaban nuevas técnicas periodísticas, como entrevistas a personas influyentes y reportajes.

II- LA PRENSA CENTROAMERICANA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX

Veamos ahora cuál era, hacia mediados del siglo XIX, la situación de la prensa en Centroamérica, y de manera particular en Costa Rica durante la década de Mora. Empecemos por analizar lo esencial: la llegada de la imprenta. Mientras a la ciudad de Guatemala había llegado la imprenta desde el siglo XVI, por ser la capital del Reino, en Costa Rica fue necesario esperar hasta después de la Independencia. En el año 1830, Miguel Carranza importó la primera imprenta, a la que llamó “La Paz”. El Estado era su mejor cliente. Cuando en 1831 Juan Francisco Valenzuela trajo al país la segunda imprenta, y abrió el taller “La Libertad”, Carranza se disgustó por la pérdida de la exclusividad. Una tercera imprenta entró ese mismo año; pertenecía al Ministro de gobierno Joaquín Bernardo Calvo. En su taller “La Merced” se imprimió El Noticioso Universal, el primer semanario, publicado por primera vez el 4 de enero de 1833. El Estado embargó los bienes de Calvo, tras la guerra de la Liga, en setiembre y octubre de 1835, lo que le permitió contar con una imprenta propia. En 1836 se publicó el primer periódico oficial: El Ministerial de Costa Rica. En síntesis, a principios de la década de 1850 existían en el Valle Central seis imprentas, cuatro privadas y dos gubernamentales.[4]

Durante la década de 1850 todavía no se había instalado el telégrafo en ningún país de Centroamérica. En realidad, la historia de la prensa no se puede entender sin hacer referencia a la evolución general de la sociedad, y las sociedades centroamericanas se encontraban en un proceso de transición del antiguo régimen al capitalismo periférico. La modernización fue retrasada por los incesantes conflictos políticos y militares que dieron al traste con la República Federal, y por otros factores, como la escasa población y la dispersión de esta, la pequeñez de las ciudades y los altos niveles de analfabetismo. Costa Rica fue el primer país de la región en contar con el telégrafo, en 1868. Los demás países centroamericanos no instalaron el servicio sino en la década siguiente. En consecuencia, los periódicos centroamericanos se abastecían de noticias del exterior por los medios tradicionales: cartas privadas y oficiales, viajeros y periódicos de otras latitudes, transportados por la vía marítima, por lo que llegaban con tardanza.

Antes de la entrada en servicio del Ferrocarril de Panamá, en 1855, se recibía el correo del viejo continente por Greytown y la ruta del Sarapiquí, lo que retrasaba la llegada de las noticias al Valle Central, y más aún, los resúmenes noticiosos internacionales publicados por la prensa local.[5]Vega señala que la llegada de la prensa extranjera no era regular ni sistemática; los resúmenes sí hacían referencia al medio del cual se extraía la información, y el editor local no agregaba ningún comentario.[6] La inauguración del Ferrocarril de Panamá permitió contar con periódicos extranjeros y sacar más rápidamente los resúmenes noticiosos de otras partes del mundo. Los tiempos para obtener información se acortaron. El número del 16 de enero de 1856 del Boletín Oficial consigna: “Los agentes de la Compañía del Ferrocarril de Panamá que llegaron a Puntarenas en el vapor Columbus, han tenido la bondad de facilitarnos gran cantidad de periódicos.” Eso permitió al editor hacer la síntesis de noticias de Inglaterra, Francia, Rusia y Prusia. Agregó: “de los demás países de Europa nada vemos interesante”.[7] Aquí podemos notar dos asuntos de interés: por un lado, al hablar de “bondad”, indica que la llegada de periódicos europeos no era regular, no era que se contara con la suscripción. Por otro, los resúmenes incluían aquello que el editor juzgaba “interesante”.

Los periódicos principales publicados en el país en la década de 1850 eran, según año de aparición: El Meteoro, El Guerrillero y El Observador Costarricense (1850); El amigo del pueblo y El correo (1851) La Crónica de Costa Rica y El Eco (1852); El Boletín Oficial, El Compilador y La Gaceta (1853); El Eco del Irazú, publicado en Cartago en 1854; Álbum de la Paz, también conocido como Álbum Semanal (1855); Boletín del Ejército, publicado en Liberia en 1856; El Pasatiempo(1857); La Unión y El Gato (1858); finalmente aparecieron El Pueblo y La Nueva Era (1859).[8] Carlos Morales sostiene que muchas de esas publicaciones fueron de corta vida o esporádicas, debido sobre todo a dificultades económicas, y de muchas de ellas resulta imposible consultar al menos un ejemplar, porque no se conservaron. Se caracterizaron por dar importancia a asuntos literarios, políticos, jurídicos y humorísticos, y, en general, porque la persona que tuvo la iniciativa de hacer la publicación, se encargaba de hacer todo el proceso de impresión de la hoja. En suma, la prensa costarricense era anacrónica y permanecía ajena a los grandes cambios que ese medio ya mostraba en otros países.[9]

Sin embargo, en la década de Mora nuestra prensa comienza a modernizarse. En la prensa de la década de 1850 llama la atención la cantidad de avisos publicados, así como la forma y el lugar de colocación de estos en los periódicos, para tornarlos llamativos a simple vista. Vega señala que antes de 1850 los avisos no tenían un sitio fijo en los semanarios, pero en esa década se diagramaba las páginas con esmero y se destacaban usando recursos como letras llamativas, recuadros y espacios en blanco. Los avisos de carácter económico se hacen más frecuentes, lo que muestra a las claras una mayor vinculación comercial con el mundo exterior. Alimentos importados, telas, vestidos, calzado, medicinas, muebles y licores nacionales y extranjeros aparecen publicitados en la prensa escrita así como la venta de bienes inmuebles, las diversiones públicas, la entrada y salida de buques y los servicios prestados por diferentes artesanos.[10] La publicación de los avisos comerciales significó una gran ayuda para la estabilidad financiera de los periódicos. Crónica de Costa Rica fue el medio que más se benefició del crecimiento y la diversificación del comercio en la década de 1850, a juzgar por el número de avisos comerciales publicados.

En el proceso de modernización de la prensa nacional tuvieron participación muy destacada dos periodistas europeos que fijaron su residencia en Costa Rica. Me refiero a Adolphe Marie, francés, y a Emilio Segura, de nacionalidad española. Marie llegó a Costa Rica en 1848, acompañado de Juan José Flores, expresidente de Ecuador, quien había sufrido un golpe de Estado. El 15 de diciembre de 1849 Adolphe Marie asumió la dirección del periódico El Costarricense, el cual, en enero de 1850, pasó a llamarse La Gaceta del Gobierno. Mora lo nombró redactor oficial. Jeannette Bernard Villar, quien publicó una recopilación de los escritos de Marie, con valiosas anotaciones, señala que fue él quien dio una dimensión moderna al periodismo costarricense. Entre otras innovaciones, introdujo el resumen de noticias, cuyo contenido seleccionaba de la prensa internacional. Marie era suscriptor de La Presse, periódico fundado por Emile de Girardin, muy influyente en el periodismo francés. La Presse publicaba novelas por entregas, y contó con la colaboración de autores de la talla de Víctor Hugo, Lamartine y Tocqueville.[11]

Marie además escribió en El Eco del Irazú, del cual no se conserva ningún ejemplar, y fundó el periódico El guerrillero, el primer hebdomedario satírico publicado en el país. Este salió del 18 de marzo al 17 de junio de 1850,[12] lapso en el cual sacó diez números, con un total de cuarenta páginas. El Guerrillero no contenía información noticiosa ni anuncios y se vendía a un real el ejemplar. En sus escritos Marie combatió la demagogia y la anarquía, se opuso a los intentos recurrentes de unir a los países centroamericanos en una federación, y criticó la influencia de Ephraim G. Squier, periodista y diplomático norteamericano, encargado de los asuntos centroamericanos en 1849. Squier impulsaba la idea de una federación y favorecía los intereses canaleros de los Estados Unidos en Centroamérica. En el primer número de El Guerrillero, Marie, en un estilo inusual, aclaró lo que pretendía con ese medio: “…no está pues la cuestión en saber nosotros si El Guerrillero encontrará lectores, sino más bien en saber ellos lo que El Guerrillero les dará a leer…” “No se leerá nada sobre integridad de Centroamérica, porque nada queda por decirse en este asunto”.[13]

Emilio Segura fue el periodista compañero de Marie. Había llegado al país en diciembre de 1851 con la compañía teatral de Mateo Fournier, que ofrecería una temporada de doce funciones en el Teatro Mora, pero una vez concluida la temporada decidió permanecer en Costa Rica, ejerciendo el periodismo.[14] Ambos periodistas tuvieron una participación destacada en la Campaña Nacional. Segura fue secretario del Presidente Mora; con él viajó a Nicaragua, como lo atestigua una nota en el Boletín Oficial. Marie alcanzó el cargo de subsecretario de Estado, y en 1855 viajó a Francia en busca de apoyo para la guerra, la cual ya se veía inevitable. Incluso fue recibido por el emperador Napoleón III en el Palacio de las Tullerías, noticia que también fue publicada por el Boletín Oficial.[15] Marie regresó de su viaje en un vapor de la Marina Real Inglesa, vía Greytown, acompañado del militar francés Pierre Barillier, quien venía a colaborar en la guerra. El 14 de marzo de 1856 dejaron Greytown, pero Mr. Scott, un agente de la Compañía del Tránsito, quien había sido nombrado capitán en el ejército de Walker, envió una embarcación a perseguirlos y capturarlos. No consiguió el objetivo, y ambos se unieron al ejército expedicionario en Nicaragua, donde prestaron grandes servicios. Cuando las tropas costarricenses abandonaron Rivas debido a la peste del cólera, Marie regresó al país, pero venía gravemente enfermo. Finalmente, murió en Liberia el 4 de mayo de 1856.[16]

III- LA PRENSA EN TIEMPOS DEL CONFLICTO BÉLICO

En este apartado pretendo plantear algunas reflexiones sobre el papel de la prensa nacional e internacional, en el conflicto que se desencadenó tras la invitación hecha por los leoneses a fuerzas extranjeras para acudir a Nicaragua y apoyarlos en la guerra civil que los enfrentaba a los conservadores granadinos. Los periódicos han sido una fuente de información de gran importancia para la investigación histórica, pero deben ser leídos y analizados con cuidado, porque es claro que tienen intereses definidos, los redactores no son del todo objetivos y los medios tecnológicos de la época hacían mucho más difícil el balance en las informaciones.

El jefe de la Falange, William Walker, tenía ya antes de viajar a Nicaragua, una amplia experiencia como periodista. Su formación era como abogado y médico, pero en esa época el oficio era desempeñado por personas con habilidad como escritores, con profesión o sin ella. Recordemos que la primera escuela para formar periodistas no fue abierta sino hasta en 1892, en la Universidad de Columbia. Bolaños Geyer señala que Walker había trabajado en el Daily Crescent, de Nueva Orleans, en el cual escribía sobre temas políticos. Escritor polémico, expresó sus opiniones en temas controversiales, como la esclavitud y la doctrina del “destino manifiesto”, y puso en aprietos el medio para el cual trabajaba, pues entablaba fuertes discusiones con periodistas de otros diarios. En junio de 1850 viajó a California vía Panamá. Ahí ejerció de abogado, pero volvió al periodismo como subdirector del San Francisco Herald. Tras su expedición a Baja California, de nuevo se ganó la vida como periodista y entró de lleno en la política. En Sacramento, se encargó de la página editorial del Democratic State Journal y luego dirigió el Commercial Advertiser, en San Francisco, en donde su colega Byron Cole logró interesarlo en los asuntos centroamericanos. Aunque retornó a Sacramento a dirigir el Journal, renunció a su cargo, para irse a San Francisco a organizar la expedición a Nicaragua.[17]

Con tal experiencia en la prensa escrita, no es de extrañar el interés de Walker por contar en Nicaragua con su propio periódico. Ese medio se fundó en Granada y se empezó a imprimir una semana después de la ocupación de la ciudad, en una imprenta incautada; se llamó El Nicaraguense, así, sin diéresis. El periódico se escribía mitad en inglés y mitad en español. Al principio era un semanario que salía los sábados, pero luego se imprimió dos veces a la semana. La suscripción costaba 10 dólares al año y el ejemplar se vendía a veinticinco centavos. Contaba con un editor, llamado John Tabor, y el mismo Walker publicó 65 artículos de variados temas [18] El primer número contiene una relación de las peripecias de Walker, desde su salida de San Francisco hasta la toma de Granada. En dos columnas, escritas para los lectores de Estados Unidos, se enumeran los recursos de Nicaragua, pues uno de sus objetivos es difundir información sobre los recursos naturales y las ventajas del país, útiles a los migrantes. Con ese fin, explica Walker, fueron enviados comisionados a diversos puntos del territorio, cuyos relatos fueron debidamente publicados. Jorge H. Campbell, antes del condado de Calaveras, California, fue el primer enviado y exploró una parte de Chontales. Enseguida viajó a Chontales y otros distritos un sajón, Maximiliano Von Sonenstern, quien aportó información de mucha utilidad.[19] El periódico también dio cuenta de las desavenencias entre el grupo de Walker y otros norteamericanos interesados en aprovechar las riquezas de Nicaragua. Por ejemplo, emprendió una campaña de burlas contra el coronel Kinney, que se había convertido en gobernador de San Juan del Norte, a quien llamaban con desdén “el finquero Kinney”.[20]

Según Bolaños Geyer, El Nicaraguense, fue un verdadero medio propagandístico de las ideas del destino manifiesto y la superioridad de la raza blanca. También fue muy útil para hacer reportes optimistas de la guerra, plagados de falsedades, en los cuales se minimizaba el número de filibusteros muertos en el campo de guerra. Walker, dueño absoluto de las prensas existentes en Nicaragua, publicaba partes llenos de falsedades que lo presentaban como vencedor en las batallas en que salió vergonzosamente derrotado. Después de la batalla de Rivas del 11 de abril de 1856, el Boletín Oficial de Costa Rica publicó una nota recibida de la secretaría general del ejército expedicionario. Esta señala que Walker recurría a recursos impactantes para hacer creer que sus tropas eran triunfadoras. Después de la batalla de Rivas del 11 de abril de 1856, al regresar a Granada, ordenó “repique de campanas, salvas e iluminaciones.” El redactor lamenta que el ejército expedicionario, que ha ido de victoria en victoria, no haya podido trasladar consigo una imprenta para dar cuenta de sus triunfos.[21] Otro ejemplo: tras tres días de batallas en Masaya, el general salvadoreño Belloso reportó 150 norteamericanos y 46 centroamericanos muertos, Walker, en su libro admite cien bajas, y según El Nicaraguense solo perdieron tres hombres.[22]

Respecto a los datos publicados en El Nicaraguense acerca del resultado de la elección del 29 de junio de 1856, en que Walker resultó electo presidente de Nicaragua, Scroggs señala que el mismo Walker los desmiente en su libro La Guerra de Nicaragua. El editor del periódico publica un cuadro con los resultados, y señala que, tras una cargante demora han llegado, por fin, desde distintas poblaciones y departamentos del país, los documentos y comprobantes de la votación, en sobres lacrados, en tal cantidad que su peso es de casi media tonelada, por lo que su revisión fue lenta. Un corresponsal del Tribune también lo desmintió, y afirmó que en algunos casos los votos a favor de Walker eran cuatro veces más altos que la población del lugar.[23]

La crónica acerca de la toma de posesión del “primer presidente americano de Nicaragua”, presenta cifras infladas de los dignatarios, cónsules extranjeros y oficiales que habrían asistido a tal acto. La parroquia fue convertida en catedral, inventó un obispo para que acompañara a Walker en el estrado y cantara un Te Deum en la iglesia. Agrega Bolaños Geyer: “Los comicios, la toma de posesión y la crónica periodística son una sola pieza fraudulenta.”[24]

El Nicaraguense también publicaba manifiestos y proclamas, información sobre llegada de barcos con refuerzos y armas para la Falange, notas sobre actos del gobierno de Walker, entre ellos la confiscación de propiedades para ser subastadas, así como decretos que facilitaban la adquisición de la tierra por los norteamericanos, o facilitaban la mano de obra local para hacerla producir.[25]También contenía artículos elogiosos hacia la democracia y el filibusterismo, registraba algunas las muertes causadas por la guerra, la epidemia o por sentencias a morir ahorcados o fusilados.

En su libro, el mismo Walker informa que, en el ataque de las fuerzas aliadas centroamericanas contra Granada, en octubre de 1856, Juan Tabor, editor del periódico, fue herido en el muslo “mientras defendía su derecho de imprimir y publicar en Centroamérica.” Agrega: “En la retirada de Granada habían sido destruidos o perdidos gran cantidad de tipos, materiales de imprenta y papel pertenecientes a la oficina de El Nicaraguense. En consecuencia, pocos días después de haber sido trasladado el ejército a Rivas, Rogers, Subsecretario de Hacienda, fue a San Juan del Norte con el objeto de comprar los materiales necesarios a la publicación del periódico suspendido”. Rogers no llegaría a su destino, porque el barco en que viajaba fue sorprendido por los soldados costarricenses, en la embocadura del río San Juan.[26] El último número de El Nicaraguense se publicó el 22 de noviembre de 1856, día en que los filibusteros quemaron Granada. Paradójicamente, dice Bolaños Geyer, ese número contiene el último editorial de Walker, en el cual dice que no está lejano el día en que las acciones en Nicaragua se señalarán como superiores a las famosas batallas de la guerra de Crimea y a él, a la cabeza de los hombres más valientes del mundo.[27]

El Boletín Oficial número 238, del 8 de noviembre de 1856, contiene en la parte de noticias no oficiales una impactante traída por el correo desde Liberia, que mereció ser comentada. La nota dice así: “La imprenta de El Nicaragüense se asegura no existe ya: ese botafuego de mentiras y de calumnias ha sido destrozado por los chapines. Tal merecía, por el criminal objeto a que estaba destinado.”[28]

El periódico de Walker no era el único que se publicaba en Nicaragua durante los años del conflicto bélico. Scroogs señala la publicación de otro periódico filibustero llamado Masaya Heraldy cita el número del 1 de octubre de 1856.[29] También salía un Boletín Oficial, en León. La pérdida de materiales en los repositorios nicaragüenses, causada por conflictos políticos y desastres, tal vez es la razón por la cual dichos periódicos han sido poco utilizados en los estudios históricos.

En nuestro país, el gobierno de Juan Rafael Mora contó principalmente con dos medios de comunicación escrita: Crónica de Costa Rica y el Boletín Oficial. Nos centraremos en este último, porque es el que ha sido más útil para el estudio de la Campaña.

A mediados de la década de 1859 el Boletín Oficial presentaba una tabla de contenidos en la cual se hacía una distinción clara entre los asuntos oficiales y los no oficiales. El editor del medio solía escribir un artículo en cada número, en el cual expresaba sus opiniones respecto a algún tema de interés, lo que sin duda alguna contribuía a formar la opinión pública. Por eso el cargo era de gran importancia, y era ocupado por hombres de reconocida capacidad intelectual. La parte noticiosa incluía notas concernientes a lo que sucedía en el interior del país y las procedentes del exterior, que como hemos señalado arriba, eran extractos de periódicos extranjeros. Entre los temas de mayor interés se encontraban las noticias de Centroamérica y las de la guerra de Crimea. Contenía también una parte de variedades y avisos, aunque estos no eran tan numerosos como en Crónica de Costa Rica.

Los sucesos centroamericanos resonaron en la prensa internacional, principalmente en Estados Unidos, Francia e Inglaterra, las tres potencias dominantes a mediados del siglo XIX, interesadas en la construcción de un canal interoceánico en el istmo. Scroggs señala que en Estados Unidos la mayor parte de la prensa simpatizaba con la aventura filibustera. La prensa norteamericana, más moderna, contaba además con recursos financieros como para enviar corresponsales a Nicaragua que dieran seguimiento a las aventuras de Walker. Tal fue el caso de Charles Callahan, corresponsal del Picayune, de Nueva Orleans, quien el 31 de mayo de 1856 salió junto a Walker de Granada rumbo a León, para cerciorarse de la situación. Este escribe: “En todas partes la población entera lo recibió con vivas, salvas, cohetes y triquitracas”. Cuando Walker arribó a León el 4 de junio, le dieron la bienvenida el presidente Rivas, el gabinete y una muchedumbre, y hubo salvas de artillería, toque general de campanas, música y otras demostraciones de alegría. “Las mujeres todas querían abrazar a Walker, y esa noche fue de fiesta, con música y poesía que alababa a Walker”.[30]

Un corresponsal del New York Tribune describió a Walker de tal modo que su “retrato vivo”, coincide plenamente con el de otros viajeros, periodistas e historiadores.[31] Philipp E. Toohey un norteamericano tomado prisionero por las tropas costarricenses después de la batalla de Santa Rosa, en una carta firmada en Liberia el 26 de marzo de 1856, solicitó que le enviaran una misiva dando testimonio de que él era corresponsal del periódico Delta, de Nueva Orléans. Cuenta que había recibido un balazo en su brazo izquierdo, y junto con otros prisioneros lo habían trasladado a Liberia. Allí un consejo de guerra condenó a todos a morir, pero a él don Juan Rafael Mora le perdonó la vida, le amputaron el brazo y le dieron otros cuidados. Parece que luego Toohey dio claras muestras de ingratitud.[32]

El periódico Frank Leslie’s Illustrated envió a Granada a James Dollan, “artista corresponsal”. En su número del 10 de mayo de 1856 anuncia, en un recuadro, que el próximo número contendrá interesantes ilustraciones de los sucesos en Nicaragua, recibidos en el último vapor, enviados por su artista corresponsal.[33]

Una sola mujer es mencionada como “publicista”, como también se denominaba en la época a quienes se dedicaban a escribir y hacer lobby. Se trata de Jane Cazneau, cuyo apellido de soltera era Mc Manus, y firmaba sus escritos con el seudónimo de Cora Montgomery. Ella era desde 1848 la esposa del general filibustero y hombre de negocios William Leslie Cazneau. Ambos llegaron a Granada en julio de 1856, y estuvieron presentes en la ceremonia en la cual el ministro norteamericano John H. Wheeler reconoció oficialmente al gobierno de William Walker, el 19 de julio. Un mes más tarde, el 20 de agosto de 1856 zarparon de Granada en el vapor “La Virgen”, y llegaron a Nueva York diez días después, en el “Cahawa”.[34]

La prensa fue un medio útil a los intereses de Walker de diversas maneras. Para comenzar, la publicación de anuncios para reclutar hombres que desearan viajar a Nicaragua, principalmente en Nueva York y Nueva Orléans. Un anuncio aparecido en Nueva Orléans decía:

“Nicaragua. El gobierno de Nicaragua quiere que gente laboriosa se establezca allá y cultive sus tierras. Para eso ofrece como incentivo a los inmigrantes una donación de 250 acres a los solteros y cien más a cada miembro de la familia. Los viajeros salen de Nueva Orléans a San Juan del Norte el 11 y el 26 de cada mes. El precio del pasaje es ahora de menos de la mitad. El suscrito dará con gusto toda clase de información a quienes desearen inmigrar. (f) Thos. F. Fisher, 16 Royal St.”[35]

El Boletín Oficial informó que los reclutas amados y organizados, se paseaban por las calles de Nueva York y Nueva Orléans y afirma que la prensa norteamericana animaba las invasiones y presentaba sus triunfos como triunfos de los Estados Unidos.[36]

En la prensa norteamericana se halagaba a Walker, todo en beneficio de sus intereses. Los titulares lo volvieron un personaje famoso y atrayente. El Frank Leslie´s Illustrated, el 9 de febrero de 1856 publicó un amplio artículo de primera página titulado “General Walker como un mentor político”, señalando que Walker estaba comenzando a tener una opinión positiva en el público norteamericano. Un editorial escrito por Walker en El Nicaraguense, fue calificado por Times como “bien escrito, de alta calidad, y de un razonamiento que denota talento y gran capacidad.”[37] La opinión favorable del público era muy importante, para motivar la recaudación de recursos humanos y materiales para la aventura filibustera. El Frank Leslie´s Illustrated informó ampliamente de la llegada de Walker a Nueva Orléans el 27 de mayo de 1857, donde fue recibido con honores. En el hotel Saint Charles hubo una conferencia de prensa en la cual brindó detalles de su capitulación ante el comandante Davis, de la goleta Saint Mary´s. Ahi estuvo Jeffry Roche, autor del artículo, quien había combatido con Walker en Nicaragua[38] El Picayune afirma que Nueva Orleans recibió a Walker como un héroe. De Nueva Orléans, Walker se dirigió a Washington, donde se entrevistó en privado con el presidente Buchanan. En Nueva York asistió a fiestas, reuniones y teatros y no perdía ocasión para pronunciar inflamados discursos. El Herald le seguía los pasos, por considerar que todo aquello podía ser de interés para los historiadores en el futuro; Walker manifestó a los reporteros que regresaría a Nicaragua.[39]

Pero no toda la prensa de Nueva York era favorable a Walker. El New York Herald y el New York Times, que antes lo habían apoyado, se volvieron en su contra. En el Times, M: R: Norwell, tío materno de Walker, era uno de los editores. La prensa informó sobre el estado lastimoso en que habían retornado de Rivas oficiales y soldados, mujeres y niños que habían sido leales a la causa filibustera. Cuando Walker partió hacia Filadelfia, el Tribune publicó un artículo titulado “El destino manifiesto en bancarrota”, firmado por Horace Greeley, periodista y político republicano que no perdía ocasión para fustigarlo.[40]

Walker se quejaba de la forma en que lo trataba la prensa del norte, y lo atribuyó a la legalización de la esclavitud en Nicaragua. Y tenía razón, a juzgar por lo publicado por el Sun, que también levanta el grito al cielo contra Walker y publica: “Si consideramos el establecimiento de la esclavitud en Nicaragua como una indicación del carácter de Walker, no podemos tener a este hombre sino como a un verdadero bribón, contra el cual no hay calificativos bastantes fuertes.”[41]La esclavitud había sido abolida en Centroamérica por el gobierno federal, pero Walker la restauró mediante un polémico decreto del 22 de setiembre de 1856.[42] El delicado equilibrio político existente en la unión americana entre los estados sureños, a favor de la esclavitud, y los norteños opuestos a ella, arriesgaba romperse con la aventura filibustera en Nicaragua.

La prensa también daba cuenta de las posiciones vacilantes y de las controversias entre el gobierno de Estados Unidos y el de Walker y sus representantes, y ejercía, sin duda alguna, una poderosa influencia política. Por ejemplo, el representante de Costa Rica en Washington, Luis Molina, tuvo un intercambio de notas con Mr. Marcy, el Secretario de Estado, en los meses de abril y mayo de 1856. Marcy señaló que el gobierno de Estados Unidos había desempeñado “fielmente” las obligaciones de neutralidad. Molina defendió sus puntos de vista citando que el Daily Union, desde el 27 de marzo de 1855 hasta el 14 de marzo de 1856 había dado noticia de seis expediciones de refuerzos para los invasores de Centroamérica. Las notas del intercambio fueron reproducidas por el Boletín Oficial número 206 y por La Crónica de Nueva York, periódico en español.[43]

El reconocimiento del gobierno de William Walker fue otro tema de discusión en la prensa norteamericana. El presidente Pierce buscaba la reelección, pero ganó Buchanan, candidato por el partido Demócrata, quien reconoció el gobierno de Walker y recibió al Padre Agustín Vijil, quien había viajado a Nueva York en compañía del mayor John P. Heiss, periodista de amplia trayectoria y dueño del New Orleans Delta.[44]

De amplia repercusión en la prensa fue la disputa que sostuvo Walker con Cornelius Vanderbilt, magnate financiero radicado en Nueva York. El Boletín Oficial número 191, del 10 de mayo de 1856, reprodujo la circular aparecida más de un año antes, en mayo de 1855, en La Crónica de Nueva York, enviada a los medios por Vanderbilt, en su calidad de presidente de aquella compañía, anunciando que los vapores cesarían sus viajes, porque William Walker había tomado por la fuerza la propiedad de los ciudadanos norteamericanos. Los viajes quedarían suspendidos hasta tanto el gobierno no tomara en consideración tal ultraje.[45] El conflicto por controlar la arteria de comunicación y los vapores apenas comenzaba.

Una carta sin firma dirigida al General Charles Frederick Henningsen, fechada en Nueva York el 25 de noviembre de 1856, es testimonio del temor ante el poder de la prensa. Dice así: “Usted habrá visto que ha habido mucho ruido en los diarios de aquí, con referencia a los asuntos de Nicaragua y al General Walker. Espero que el general no contestará a ninguna de esas cosas, porque estoy satisfecho que esas publicaciones no le han hecho daño. El pueblo aquí comprende el motivo de esos ataques, y de dónde nacen. No deseo ver al General Walker enredarse en una discusión de periódicos. Cualquier contestación que diera, sería tratar a esas gentes que aquí lo han atacado, con demasiada importancia.” El emisario de la misiva se sospechaba que era Jorge Law. [46]

Finalmente, la prensa norteamericana dio a conocer la caída de Mora. El New York Herald y el New York Times presentaron la noticia un mes después del golpe de Estado. El Times, señaló “el dinero tomó la República”, aludiendo al poder económico de los golpistas y sus verdaderos intereses.[47]

IV- LA PRENSA TRAS LA CAÍDA DE MORA

Para concluir, debo señalar que, tras el golpe de Estado del 14 de agosto de 1859, le fue cambiado el nombre a Crónica de Costa Rica, que pasó a llamarse Gaceta Oficial de Costa Rica, aunque conservó la numeración. Carlos Meléndez escribe que este periódico fue “…espejo fiel de la labor gubernativa, y comentador oficial de todo aquello que fuera digno de darse a conocer al público.” El biógrafo de José María Montealegre destaca la publicación de “…memoriales o manifestaciones públicas que los vecinos de los más importantes pueblos del país se apresuraron a remitir a los nuevos hombres de gobierno, para testimoniarles su apoyo.”[48]

Otro periódico surgió en los albores del nuevo régimen, y su nombre da clara cuenta de sus propósitos: se llamó Nueva Era. El primer número salió el 17 de setiembre de 1859, y en él sus editores explican: “Era se llaman las épocas en que se graba y desarrolla un nuevo pensamiento de los pueblos, cuyo carácter se forma de nuevos elementos y entre los cuales está colocado un notable acontecimiento que separa lo pasado del porvenir, como el horizonte, cuando tras de él se levanta el nuevo sol, separa la noche del día. Tal acontecimiento ha sido para nosotros el movimiento popular que el 14 de agosto derrocó una dilatada administración despótica y sacudió el yugo que tanto tiempo había reprimido la libre acción del país.” [49]

Entre los impulsores de Nueva Era estuvieron los señores Uladislao Durán y Célimo Bueno, y escribieron en ese medio, entre otros, José María Castro Madríz, Juan J. Ulloa, Rafael Ramírez, Fernando Streber y Enrique Twight. En sus contenidos figuran, como era de esperar, numerosos ataques a la administración caída, para justificar el golpe de Estado, crónicas de la Asamblea Constituyente, el proyecto de Constitución, reproducciones de artículos aparecidos en la prensa extranjera sobre lo sucedido en el país, noticias sobre las acciones de Mora en el exterior en sus intentos por recuperar el poder, las cartas de Gerardo Barrios y documentos referentes a la invasión de Puntarenas. El periódico publicó su último número el 16 de mayo de 1861, cuando Célimo Bueno consideró que ya no había necesidad de justificarse ante el pueblo.[50]

Raúl Arias señala que el gobierno de Montealegre lanzó un ataque por medio de la prensa “semioficial”, en contra de los periódicos La Estrella, de Panamá, y el Herald, los cuales publicaron artículos en los que manifestaban que el Presidente Mora había sido injustamente derrocado y luego expulsado del país. Arias afirma también que el gobierno de Montealegre era visto con profunda desconfianza por la prensa norteamericana, por considerarlo plegado a los intereses de Gran Bretaña en la disputa geopolítica por Greytown.[51]

En suma, en la década de Mora la prensa costarricense se modernizó y el país gozó de libertad de prensa. Durante la Guerra de 1856-57 la prensa nacional e internacional desempeño un destacado papel político, como medio de información y de propaganda, a favor o en contra de las distintas fuerzas en disputa. Una vez acabado el conflicto, tras el golpe de Estado al Presidente Mora Porras, sus detractores, comprendiendo el poder de la prensa para justificar sus acciones, crearon un periódico con ese fin, y cuando consideraron que el país estaba tranquilo, simplemente lo cerraron. El cuarto poder, como dijo Burke, ya había cumplido su misión.

 

En la década de Mora, una prensa comprometida, agitadora de la opinión pública, un medio de guerra

(Respuesta de Vladimir de la Cruz, al Discurso, de Elizabeth Fonseca Corrales, de Incorporación a la Academia Morista Costarricense, realizado el 26 de noviembre del 2021, en la sesión extraordinaria con este fin, en el Club Unión)

El trabajo que nos ha presentado la Dra. Elizabeth Fonseca Corrales, para incorporarse como Miembro de Número de la Academia Morista Costarricense, cumple plenamente con el objetivo propuesto.

La década de Mora, es el período histórico que podemos ubicar entre 1849 y 1859, por su paso en el Poder Ejecutivo, durante esos años, y por la grandeza de su dirección política, militar y estratégica de la Guerra Nacional contra la presencia filibustera en Costa Rica, en Nicaragua y en Centroamérica, así como hasta los días de su regreso, después del Golpe de Estado que le dan, de su obligada salida del país a El Salvador, y del crimen de Estado que se cometió contra él, y el General José María Cañas, en Puntarenas, en 1860, cuando regresaban de El Salvador.

El objetivo propuesto por la Dra. Elizabeth Fonseca fue tratar “la prensa” en esos años. Cuando decimos la prensa nos referimos especialmente a los periódicos.

Para ello, el recorrido que nos hace la Dra. Fonseca Corrales, en su disertación, es desde que le brota su interés académico en la Historia, y en este capítulo de la Historia costarricense, tan importante y determinante, para nosotros, como es la Guerra Nacional de 1856 y 1857, y cómo desde esta perspectiva aprendió a ver y analizar la Historia desde distintos ángulos. En este sentido destaca que la Historia en perspectiva de procesos interdisciplinarios, le resultó sumamente atractiva, y fue lo que la llevó a especializarse en la Historia económica y social, lo cual le enseñó también que esas otras Historias, como la militar, la diplomática o la política propiamente dichas, no se pueden marginar o disminuir en su valor informativo e investigativo.

Igualmente nos destaca que al dirigir y coordinar un proyecto de Historia Centroamericano, en 1990, pudo apreciar con mayor fuerza la importancia de este período histórico, el de “la década de Mora y de la guerra filibustera”, para la “formación de nuestra identidad”.

Así, concentró su atención, para esta ocasión, en el “papel de la prensa escrita” en este período, desde las fuentes bibliográficas que han tratado esta temática.

Inició señalándonos la importancia del origen de la imprenta, para destacar el primer periódico semanal que surge en Francia en 1631, denominado Gazette. Le siguió, le agrego yo, la Gaceta de Madrid, en 1661 y la Gaceta de México, en 1722.

Diez años más tarde, en 1660, en Guatemala, se estableció la cuarta imprenta en el Imperio Hispánico, y la primera del Virreinato de México, después de México, Lima y Puebla de los Ángeles, evidenciando a Guatemala como un centro importante de cultura, publicándose así su primer periódico en 1729, la Gaceta de Guatemala.

En 1812 las Cortes de Cádiz promulgan la Ley sobre la Libertad de Imprenta que entra en vigencia en Guatemala en 1811. Durante toda la primera mitad del siglo XIX este tema de la libertad de imprenta se va a asociar a la libertad de pensamiento, a la no censura, a la “libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anteriores a la publicación bajo las restricciones y responsabilidades que se expresan” en esa Ley.

A partir de allí, en años posteriores, otras imprentas fueron introducidas en Guatemala.

Para los días de la Independencia, 1821, había una intensa labor periodística en Guatemala, alrededor de este acontecimiento. El mismo Pablo Alvarado Bonilla, nuestro Prócer de la Independencia, el 15 de setiembre de 1808 había lanzado su grito de “¡Libertad para la América!” de manera impresa. Los periódicos El Editor Constitucional, del Dr. Pedro Molina, y el Genio de la Libertad y El amigo de la Patria, de José Cecilio del Valle, destacan en este sentido.

En Costa Rica en los gobiernos de Juan Mora Fernández, desde 1824 hasta 1830, se estimuló la prensa manuscrita, expresada en Murales, bajo la responsabilidad de quien ponía los murales para que la gente se expresara. Con la Imprenta, en 1833, empezaron a desarrollarse los periódicos. Lentamente fueron apareciendo, y dentro de estos la prensa oficial. Los primeros periódicos costarricenses fueron voceros de grupos de ciudadanos. En 1843, en uno de ellos, se publica en entregas la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, lo que influye probablemente para que en la Constitución de 1844 se establezca el derecho de rebelión política contra el mal gobierno, consagrado en esa Declaración.

De la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano la Dra. Fonseca Corrales destaca igualmente su artículo 11 relacionado con la Libertad de prensa, que dice literalmente: “La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre; todo ciudadano puede por tanto hablar, escribir, imprimir libremente, salvo que deberá responder por los abusos de esa libertad en los casos determinados por la ley.” La consecuencia inmediata de dicha apertura fue la proliferación de publicaciones periódicas”.

En Costa Rica la primera imprenta se introdujo en 1830. La prensa en el proceso de la Independencia de América, y del Virreinato, como de la Capitanía General de Guatemala, jugó su papel. Fue crítica, de debate, de divulgación de ideas. Se manifestó en periódicos, panfletos, hojas sueltas, con la intención de que la población tomara partido alrededor de estos acontecimientos. Se exaltaban las contradicciones sociales y políticas, se profundizaba en la crítica a los elementos políticos, se llamaba a apoyar la revolución emancipadora, la Independencia, y a combatir al régimen y a las autoridades españolas. Se trataba de ejercer control de la opinión pública de la época, de construir una opinión pública alrededor de los periódicos. Se divulgaban los ideales del Enciclopedismo, de la Ilustración y el Iluminismo.

Al analizar la prensa, en la década de Mora, la Dra. Elizabeth Fonseca destaca la figura de William Walker, quien ejerció el periodismo, y le dio importancia a la prensa, como parte de su presencia política y de sus aventuras militares, justamente haciendo de la prensa, y de los periodistas que contrató, para que le siguieran sus pasos, medios de divulgación de sus avanzadas militares, de los enfrentamientos bélicos que realizó y alrededor de ellos, de la información y desinformación, que hacía a la vez de los eventos que no le eran favorables.

Walker había trabajado en periódicos en New Orleans, en California, en Baja California. En Nicaragua contó con su propio periódico, en Granada, en edición bilingüe, que aprovechó para hacer atractiva su aventura y para enfrentar a otros coterráneos suyos.

El trabajo de Elizabeth Fonseca destaca muy bien estos elementos, de una prensa comprometida, agitadora de la opinión pública, de tenerla como un medio de guerra, como decía Simón Bolívar, que llevó imprenta en sus campañas militares, indicando que la imprenta era tan útil como los pertrechos militares. Lenin, durante el período de la Revolución Rusa le dio una perspectiva más profunda, la comprendió como un medio de agitación y debate, como un medio de movilización social, como un organizador colectivo y político y como un medio unificador de los intereses sociales de los distintos grupos políticos existentes en la Rusia zarista.

Estos elementos fueron también parte de lo que se expresaba alrededor de las noticias que se hacían circular con relación a la presencia de Walker en Centroamérica.

En el caso de la prensa internacional, de la década de Mora, que Elizabeth nos relata, de Europa, de Francia e Inglaterra, como de los Estados Unidos, nos dice, que siguieron al Filibustero, y enviaron reporteros al propio escenario de los acontecimientos, lo que no era casual pues también lo hacían respondiendo a los intereses de esas potencias, de la época, que estaban interesadas en la construcción del canal interoceánico por Panamá, o por Nicaragua, cuando ya habían construido el ferrocarril transístmico en Panamá. Ya operaba, también, en esos días y durante toda la década, la Compañía del Tránsito, que movilizaba aproximadamente 1000 personas mensuales desde la costa este de los Estados Unidos, desde la costa Atlántica, a California, en la costa Pacífica, hacia el oeste, utilizando el paso del Río San Juan y del Lago de Nicaragua, que fue un elemento estratégico en el escenario de la Guerra contra Walker, que el Presidente Juan Rafael Mora y el Ejército Nacional supieron contextuar y ganar en su dominio, como uno de sus objetivos político militares, para cortar el suministro logístico a los filibusteros.

Esto también se evidenció, como lo señala Elizabeth cuando se desató el conflicto de la convocatoria de los leoneses a fuerzas extranjeras para que llegaran a auxiliarlos en la guerra civil interna que tenían en Nicaragua, contra los conservadores de la ciudad de Granada.

Al describirnos, Elizabet Fonseca, algunos periódicos, en lo que informaban, nos ilumina sobre lo que podía ser la esfera pública de la época.

La imprenta en el escenario de la Independencia como de la Guerra contra Walker fue tribuna de combate ideológico de las opiniones expresadas a favor, como en contra, de la presencia de Walker. Esto queda bien relatado en la presentación hecha, desde la perspectiva de Walker.

La importancia de los periódicos fue grande por el impacto ante el público al que llegaban, por la legitimación de las informaciones que trataban de imponer.

La Dra. Elizabeth Fonseca al adentrarse en esta década de Mora nos destaca elementos importantes de la prensa de esa época, estableciendo que lo que ha presentado tan solo es un acercamiento que requiere estudios más amplios. No casualmente desde 1787, por las luchas políticas inglesas de esa época, que se reflejaron en la prensa, un escritor británico llamó a la prensa “el cuarto poder”, como lo recuerda Elizabeth.

El escenario de la prensa en la década de Mora careció de la información transmitida por telégrafo, a pesar de que desde 1837 Morse había inventado el telégrafo en Estados Unidos. En Costa Rica se instaló hasta 1865. En Europa funcionaba desde 1845, y en 1866 se había instalado un cable que conectaba a Europa con Estados Unidos. Este cable se instaló en Puerto Limón en 1890.

Los periodistas profesionalmente no se habían desarrollado, hasta 1892 cuando se crea la primera carrera universitaria de formación de periodistas, por lo que la labor del periodista, lo que también destaca Elizabeth, estaba a cargo de filósofos, políticos, profesionales liberales, como abogados, escritores, artistas, hombres de negocios, personas cultas.

Elizabeth nos ilustra bien de las primeras imprentas y de los primeros periódicos en el país, en vida independiente, indicándonos también de las dificultades de la comunicación, por la ausencia del telégrafo, lo que se superó bastante con el tránsito por el ferrocarril en Panamá, a partir de 1855, o por la Vía del Tránsito, en el río San Juan, y por la ruta del Sarapiquí, lo que aceleraba bastante las comunicaciones internacionales a la prensa local, a la vez que facilitó la llegada de periódicos del extranjero.

“Los periódicos principales publicados en el país en la década de 1850, nos dice, eran, según su año de aparición: El Meteoro, El Guerrillero y El Observador Costarricense (1850); El amigo del pueblo y El correo (1851) La Crónica de Costa Rica y El Eco (1852); El Boletín Oficial, El Compilador y La Gaceta (1853); El Eco del Irazú, publicado en Cartago en 1854; Álbum de la Paz, también conocido como Álbum Semanal (1855); Boletín del Ejército, publicado en Liberia en 1856; El Pasatiempo (1857); La Unión y El Gato (1858); finalmente aparecieron El Pueblo y La Nueva Era(1859)”. Para la época se puede considerar que era una prensa abundante, considerando también el nivel de alfabetismo y educación existente. Tan solo consideremos que para 1886 cuando se desarrolla el diarismo, la prensa diaria, en el país, con alrededor de 300.000 habitantes solo se publicaban 500 ejemplares por día de uno de esos periódicos.

Para Elizabeth Fonseca la década de Mora es el período en que nuestra prensa comienza a modernizarse en su formato. Nos hace un buen relato de los elementos de esta modernización, los anuncios, los espacios en los periódicos y la participación destacada de periodistas extranjeros que se radican en el país, especialmente de Adolphe Marie, ciudadano francés y de Emilio Segura, ciudadano español. En el caso de Marie denunció desde la prensa el papel que tenía Ephraim G. Squier, un periodista y diplomático norteamericano, que era el encargado de los asuntos centroamericanos en 1849, quien impulsaba la idea de una federación y favorecía los intereses canaleros de los Estados Unidos en Centroamérica.

Estos periodistas, especialmente Adolphe Marie, y Emilio Segura, se destacaron en la lucha contra los filibusteros, acompañando el Presidente Mora y buscando apoyos en Europa a la causa antifilibustera, llegando a ser perseguidos, a su regreso de Europa, por órdenes de Walker.

Del mismo modo, Elizabeth Fonseca al tratar la información periodística destaca que debe ser cuidadosamente leída y analizada por la falta de objetividad de los escritores o periodistas, porque mucha de la información era de tipo propagandístico a favor de las ideas del destino manifiesto y la superioridad de la raza blanca, para hacer reportajes favorables de la guerra, llenos de falsedades, disminuyendo sus bajas militares, exaltando la moral de sus combatientes y disminuyendo la de nuestras tropas, falseando así sus propias noticias a favor suyo, como fue el resultado de las elecciones de Walker, en Nicaragua, de junio de 1856. En un corto período de su estancia en Nicaragua Walker ejerció control total de la prensa en ese país. Walker usaba desde ese punto de vista la prensa desde una perspectiva ideológica para justificar y validar su presencia, y para mentir y distraer sobre quienes le combatían.

La prensa de Walker no era la única que se circulaba en Nicaragua durante los años del conflicto bélico. Había otro periódico filibustero llamado Masaya Herald y un Boletín Oficial, en León.

En el caso costarricense había principalmente dos medios escritos, Crónica de Costa Rica y el Boletín Oficial, éste más útil para el estudio de la Campaña. El Ejército Nacional costarricense llevó imprenta a la guerra. No es casual por ello el Boletín del Ejército que se editó.

De los episodios bélicos que nos relata Elizabeth uno es muy importante cuando refiere el caso de los capturados de la Batalla de Santa Rosa, del 20 de marzo de 1856, sobre los que había sentencia de muerte para todos ellos. Sin embargo, uno de los capturados, que dijo ser periodista, corresponsal del periódico Delta, de Nueva Orléans, cubriendo la batalla, que fue herido, fue atendido amputándosele un brazo, fue perdonado de ser fusilado, por su condición de periodista, “corresponsal de guerra”, como se le llama ahora. Este acto sin lugar a dudas nos dice de la importancia que le daba el mismo Presidente Mora y los altos oficiales del Ejército Nacional a los periodistas, y del impacto que podía significar su fusilamiento, como hoy ocurre en escenario de guerra en el medio oriente cuando matan periodistas. Había que cuidar este aspecto. Elizabeth nos dice que el periodista fue poco agradecido posteriormente con el hecho de haberle salvado su vida.

Otro dato importante que nos destaca es la presencia de una mujer actuando como periodista, que era esposa de un general filibustero.

Otro dato importante es la exaltación de la prensa norteamericana a la aventura militar de Walker, y a las invasiones que hacían en aquellos años, en beneficio de sus intereses, lo que hizo de Walker un personaje distinguido, y atrayente, considerado un héroe, que cuenta hoy con un monumento en una ciudad norteamericana, que fue recibido por el Presidente Buchanan, quien defendió sus acciones.

También, Elizabeth Fonseca nos destaca a la vez el enfrentamiento en la prensa de los sectores antiesclavistas del norte y del este de los Estados Unidos con las acciones de Walker, que había restablecido la esclavitud en setiembre de 1856 en Nicaragua, cuando había sido abolida en Centroamérica en 1824 por el Congreso de la República Federal.

La prensa también destacó las contradicciones de Walker con empresarios norteamericanos, situación que oficiales del Ejército filibustero le hacían ver, a Walker, para que evitara esos comentarios públicos.

El Golpe de Estado contra el Presidente Juan Rafael Mora, en 1859, la prensa norteamericana lo abordó como noticia.

Por su parte, la prensa costarricense a la caída del Presidente Mora se volcó más sobre la información gubernativa, y de comentarios oficiales de lo que se consideraba digno de darse a conocer al público, así como de fuerte crítica hacia los gobiernos del Presidente Mora, y la justificación del golpe de Estado, mientras en Panamá los periódicos La Estrella, de Panamá, y el Herald, publicaron artículos en los que señalaban que el Presidente Mora había sido derrocado y expulsado injustamente del país.

Finalmente, la Dra. Fonseca destaca como en la década de Mora la prensa costarricense además de que modernizó en el país hubo un amplio ejercicio de la libertad de prensa y de opinión.

En general el periodismo en América Latina podemos verlo, en aquellos tiempos, en dos grandes etapas, la primera, la de la prensa oficial y pro colonialista, y la segunda, la de la prensa revolucionaria e insurgente, que empieza a inicios del siglo XIX.

Los periódicos antes de la Independencia fueron principalmente informativos y, durante la lucha por la Independencia fueron de agitación política independentista, revolucionarios y con carácter panfletarios, donde habían también periódicos de información cultural.

Durante los períodos bélicos y de confrontación militar, como el caso de la Guerra Nacional contra los filibusteros, los periódicos tomaron posición con los diferentes bandos, lo que es natural, como siguen tomando posición respecto a los diferentes actores políticos de nuestras sociedades, como vemos en el actual proceso electoral, cuando se privilegia la información de algunos candidatos y se denigra a otros, cuando a unos se destaca y a otros se les oculta.

Muchas gracias Dra. Elizabeth Fonseca por su disertación. Quedamos muy satisfechos de su exposición y de la riqueza de su contenido, un importante aporte para conocer mejor la época del Gran Presidente, del Benemérito, del Gran Capitán, Juan Rafael Mora Porras, de su gesta gloriosa y de este capítulo importante de la Historia costarricense.

[1]Resumen con base en: Patrick Eveno. La presse. Collection Que sais-je? Presses Universitaires de France, Paris. 2018.

[2]Pierre Albert. Histoire de la presse. Collection Qué sais-je? Presses Universitaires de France. Paris. 2018.

[3]Ibidem. p. 36.

[4]Patricia Vega. De la imprenta al periódico. Los inicios de la comunicación impresa en Costa Rica.1821-1850. Editorial Porvenir. Programa Latinoamericano de Periodismo. San José. 1995.

[5]Boletín Oficial. 8-3-56. Publicado en Raúl Arias Sánchez. Crónicas Periodísticas de la campaña nacional: Costa Rica y Estados Unidos 1855-1860.Arena Transamérica S.A, San José. 2012. p 76.

[6]Patricia Vega. Op. Cit. p. 123

[7]En Raúl Arias, Op. Cit. p. 40.

[8]Carlos Morales. El hombre que no quiso la guerra. Una revolución en el periodismo de Costa Rica. Ariel/Seix Barral. San José. 1981. p. 227.

[9]Ibidem, ps. 39-40 y 48.

[10]Patricia Vega. Op. Cit. ps. 173-205.

[11]Jeannette Bernard Villar. Pinceladas periodísticas de la Costa Rica del siglo XIX por Adolphe Marie. Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. San José. 1976. ps. 7-10, 257-258, 278-279.

[12]Patricia Vega. Op. Cit. ps 87, 98 y 110.

[13]Ibidem. p. 98.

[14]Jeannette Bernard Villar, Op. Cit., ps. 8, 63 y 270.

[15]Comisión de Investigación Histórica de la Campaña 1856-1857. Crónicas y Comentarios. Imprenta Universal, San José, 1956. ps. 63 y 219.

[16]Ibidem. ps. 219, 250-251.

[17]Alejandro Bolaños Geyer. William Walker. El predestinado. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Alajuela. 2003. ps. 17, 21,25-26, 52 y 55.

[18]Ibidem. ps. 83 y 376.

[19]William Walker. La guerra en Nicaragua. ps. 100-101. Ver también William O. Scroggs. Filibusteros y financieros. Fondo de promoción cultural BANIC. Managua, 1993. p. 115.

[20]Scrooggs, Op. Cit. p.116.

[21]Boletín Oficial. 3 de mayo de 1856, Número 189. Publicado en Raúl Arias, Op. Cit. p. 98.

[22]Bolaños Geyer. Op. Cit. p. 183.

[23]Scroggs, Op. Cit. ps. 170-173.

[24]Op. cit. ps. 130-131.

[25]Ibidem. ps. 175-177.

[26]Op. cit. ps. 187 y 215-216.

[27]Op. cit. p. 184.

[28]Publicado en: Op. Cit. p. 161.

[29]Scroggs, Op. Cit. p. 207.

[30]Bolaños Geyer, Op. Cit., ps. 113-114.

[31]Ibidem. p.115.

[32]Comisión de Investigación Histórica de la Campaña 1856-1857. Op. Cit. ps. 143-144. Ver también ps. 310-311.

[33]Raúl Arias. Op. Cit., ps. 65 y 107-

[34]Bolaos Geyer. Op. Cit., ps. 131, 133 y 138.

[35]Scroggs. Op. Cit. p., 124.

[36]Boletín Oficial, Número 191. 10 de mayo de 1856. Publicado en Raúl Arias, Op. Cit. ps. 101-102.

[37]Scroogs. Op. Cit. p. 145.

[38]Raúl Arias. Op. Cit., ps. 47 y 207.

[39]Bolaños Geyer. Op. Cit., ps. 245-248.

[40]Ibidem. ps. 250-254, 265.

[41]Raúl Arias. Op. Cit., p. 343.

[42]En el libro de Walker, La guerra en Nicaragua, el autor expone sus puntos de vista sobre tal decreto. Ver ps. 163-170.

[43]Ibidem. ps. 130-131.

[44]Bolaños Geyer. Op. Cit., ps. 117-119.

[45]Raúl Arias. Op. Cit., ps. 100-103.

[46]Raúl Arias. Op. Cit., p. 166.

[47]Raúl Arias. Op. Cit., p. 210.

[48]Carlos Meléndez. Dr. José María Montealegre. Academia de Geografía e Historia de Costa Rica. San José, 1968. p. 86.

[49]Ibidem. p. 84.

[50]Ibidem. ps. 84-86.

[51]Raúl Arias. Op. Cit., ps. 210-211-

VENDER EL ALMA AL DIABLO

José Manuel Arroyo Gutiérrez

         Hace ya bastantes años, en una lección del posgrado en Ciencias Penales de la U.C.R., el eminente profesor Dr. Francisco Castillo González nos ilustró con una enseñanza más propia de la ética profesional que del derecho penal. Nos decía sentencioso, palabras más, palabras menos, lo siguiente: “un abogado penalista puede llevar algún caso de narcotráfico; lo que no puede es tener clientes narcotraficantes…”.

         El tema tiene cercanía con otras cuestiones muy propias de la ética profesional. Por supuesto que el derecho de defensa, para todos y todas, está garantizado para cualquier tipo de delito y hay que respetar ese principio. Pero sabemos igualmente, desde hace décadas, que las organizaciones mafiosas clásicas, tipo “Cosa Nostra”, tienen a su servicio gabinetes de economistas y contadores públicos, bufetes de abogados, así como políticos, clérigos y hasta policías, fiscales y jueces comprados. Hay mucho dinero de por medio y esa es una tentación para cualquier profesional sin escrúpulos, dispuesto a venderle el alma al diablo.

         Conocemos el vínculo íntimo e indisoluble que estas agrupaciones mafiosas exigen: fidelidad absoluta o muerte. También somos testigos de eventos, incluso en nuestro provinciano medio, de litigantes más o menos conocidos que, en efecto, terminan en la cárcel o son liquidados en algún atentado.

         Para mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado, época de la lección del Dr. Castillo González, la verdad es que Costa Rica apenas comenzaba a familiarizase con el narcotráfico y su morfología mafiosa. Pero con el devenir de los tiempos, para desgracia de todos, otras formas de crimen organizado han asentado sus reales en esta arcadia bucólica.

         Principalmente se ha hecho evidente la corrupción “públicoprivada” y pido licencia para usar estas dos palabras juntas porque el fenómeno delictivo que representan es uno y el mismo, las dos caras de la moneda, una sola bestia bicéfala.

         Sería entonces pertinente, hoy como ayer, a propósito de la ética profesional, afirmar que un abogado penalista puede llevar algunos casos de corrupción, pero no debería especializarse en ellos ni tener sólo clientes cuestionados por las figuras típicas asociadas a esta modalidad delictiva. Aunque ya sabemos también que abunda el dinero de por medio, y hay muchos diablos sueltos comprando almas.

A la juventud costarricense… Una conversación de Walter Antillón con Rodrigo Madrigal Montealegre

Walter Antillón

¿Podrías, Rodrigo, resumir en unos pocos trazos, la historia que le tocó vivir a nuestra generación?

Walter Antillón

R.M: Bueno, vos y yo nacimos al concluir el primer tercio del Siglo XX, de modo que hemos vivido gran parte de dicho Siglo y las primeras décadas del presente con la cabeza y el corazón puestos en las cosas de Costa Rica; pero también pensábamos en Centroamérica y en el Mundo. Gracias a una prolongada y reflexiva experiencia, modestamente creo que poseemos una mediana comprensión de lo que ha venido ocurriendo en esos escenarios.

Nuestra infancia -década de los treintas- registró las secuelas de la Crisis Mundial que estalla precisamente en 1929: difusas imágenes de la Presidencia de León Cortés, de la última breve campaña política de don Ricardo Jiménez; de la Guerra Civil Española, así como la sensación de vago temor y algunas vivencias de la escasez durante el período de la Segunda Guerra Mundial.

Rodrigo Madrigal Montealegre

Aquí pocos se daban cuenta de que la situación del País reflejaba equívocamente y en pequeño lo que se estaba fraguando en dimensiones planetarias.

Los gobiernos de Calderón y Picado, con la constitucionalización de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo, coinciden con nuestra adolescencia colegial, erótica y festiva, sacudida por la Huelga de Brazos Caídos, la Revolución del 48; luego una fragante Constitución y los cambios que trajo el gobierno de la Junta Fundadora de la 2ª República. Y coincide asimismo con (y es una respuesta a) el estallido de la Guerra Fría y el triunfo de la Revolución Comunista en China.

Así es; y agregaría que con aquellos avances (no circunscritos a Costa Rica, sino de dimensiones regionales), la clase obrera disponía de una ‘cabeza de playa’: un punto firme para iniciar un avance paulatino hacia una factible ecualización social que, sin embargo, fue sistemáticamente rechazada por las oligarquías; lo cual ocurría en paralelo con la etapa universitaria de nosotros, ya en la segunda mitad del Siglo XX (grados y postgrados: combinación de ilusiones, estudio y dolce vita). Son, en efecto, los años del predominio socialdemócrata del flamante Partido Liberación Nacional: sus logros de entonces, por todos conocidos y sus reprobables decisiones: la proscripción del Partido Comunista, la represión ideológica y la violenta eliminación del sindicalismo de izquierda, que se cebó predominantemente en los trabajadores de la empresa privada; eliminación propiciada mediante la sucesiva, sistemática persecución sindical (prolongada hasta el presente Siglo) por parte de un sector mayoritario de los patrones. Todo lo cual coincide temporalmente (pero no temáticamente) con la descolonización de África y del Oriente, las Guerras nada frías de Corea y Vietnam; y el nacimiento de lo que después será la Unión Europea, en el plano internacional.

R.M: Y bueno: evocar los detalles de ese largo período sería la de nunca acabar. En suma, una centuria cruenta para los pueblos del Mundo. En lo personal, los decenios siguientes trajeron los afanes y las alegrías de nuestras vidas adultas (matrimonios, hijos); y pasaron como un soplo los días, los meses y los años. En el camino fueron desapareciendo sucesivamente abuelos, tíos, padres, hermanos, y muchos otros parientes y amigos, nuestros viejos profesores, tu hijo Federico. Y nosotros mismos, sin decirlo a nadie, nos fuimos haciendo a la idea de nuestra propia, inevitable muerte.

Entre tanto el mundo exterior seguía tan campante: en los noventas desaparecieron la Unión Soviética y los otros Estados europeos del Socialismo Real; y entonces un japonés angloparlante habló del fin de la Historia. Pero dichosamente la Historia no se enteró; y gracias a eso surgieron las nuevas potencias mundiales de la India abigarrada, la China Comunista, el Brasil y luego el BRICS, y luego, y luego … en fin, que la Historia aún tiene para rato.”

En fin, nosotros dos nos encontramos ahora al borde de los noventa años, como testigos privilegiados de la dramática transformación de aquel Mundo que nos vio nacer: transformación masiva y multiforme que algunas veces he llamado ‘gatopardesca’, porque ha servido para que, en lo importante, todo continuara igual: bajo la espectacularidad de los cambios tecnológicos que revolucionaron las telecomunicaciones y dispararon procesos multitudinarios, continuaban inexorables la desigualdad, la exclusión, el infortunio de miles de millones de seres humanos, al par de la degradación del ambiente, el cambio climático, la extinción de la vida animal y vegetal a gran escala, y un largo etcétera.

Así es, desgraciadamente; y todo ello a consecuencia del desatinado y codicioso frenesí y la criminal indiferencia del Capitalismo Transnacional, que ha hecho predominar en Occidente su visión y su política neoliberales; y ha suspendido su ominosa Espada de Damocles sobre el destino de los empobrecidos países del Sur.

Ahora bien, en lo que atañe a la Costa Rica de hoy ¿qué tendrías que decir?

R.M: Diría que estoy convencido de que nuestro País está hoy pagando las consecuencias de haber sido gobernado alegremente “a la derecha” durante los últimos cuarenta años: primero, bajo el Bipartidismo; ahora, bajo el Tripartidismo, que es prácticamente la misma cosa: lo nuevo que distinguía inicialmente al PAC de los partidos tradicionales (el discurso moralista y promisorio de Otón Solís) no se materializó en ninguna de las dos administraciones de dicho Agrupación, que terminaron cayendo en las prácticas neoliberales y las rutinas del Bipartido del Pacto Figueres-Calderón.”

Yo, de mi parte, señalaría además que la persecución sindical desatada a partir del 48, y la consiguiente indefensión y subalternidad de los trabajadores costarricenses, sobre todo del sector privado, prolongadas por varias décadas y respaldadas por una campaña sistemática en los medios de comunicación, alcanzaron las dimensiones de un fenómeno masivo, creando una atmósfera generalizada y silenciosa de temor e inseguridad en aquel importante segmento de la población; lo cual determinó la aparición de la cultura de mimetismo político y conformismo laboral predominante en dicho segmento, en la que, por ejemplo, la palabra ‘sindicalista’ equivalía a ‘comunista’; y comunista se había convertido en una condición infamante que acarreaba menosprecio, desempleo y ruina (jueces costarricenses de entonces estimaron que ‘comunista’ era una injuria igual o peor que ladrón o criminal). Esta perversa y prolongada maquinación, que cercenó y satanizó por largo tiempo una opción que era legítima en cualquier país civilizado, terminó por sumir a la clase trabajadora costarricense en un estado de miedo crónico a ser visualizado como sindicalista, socialista, comunista, y produjo en ella una reacción defensiva de negación de sí misma, de mimetismo (invisibilización) cuyo resultado fue todo un extenso sector social ideológicamente ‘neutralizado’, desunido y paralítico: ‘domesticado’, como cínicamente (pero certeramente) lo calificó don Pepe Figueres.

¿Cómo podrán nuestra clase gobernante y el País entero reparar el inmenso daño económico, social, moral y político infligido a tantas generaciones de trabajadores costarricenses a partir del 48, por haberlos privado ilícitamente de su derecho a formar sindicatos, y a los legítimos y esenciales servicios de dichos sindicatos que el Código de Trabajo, la Constitución y las Convenciones Internacionales habían creado en su beneficio? ¡Les pintaron como crímenes los que eran sus legítimos derechos!

Estoy convencido de que el vacío político producido por la ausencia de una populosa clase trabajadora organizada y beligerante, que hubiera sido un fuerte interlocutor en la palestra política, poniendo en la balanza del poder el peso de sus legítimos intereses para sacar lo mejor de cada partido y de cada gobierno; repito: la ausencia de esa clase trabajadora unida y consciente que Costa Rica bien se merecía por sus tradiciones de civismo, hizo posible el deslizamiento y la degradación de un socialcristianismo y una socialdemocracia ideológicamente anémicas y sin contrapesos, hacia aquel neoliberalismo oportunista y chapucero que ha sido la tónica de quienes nos han venido gobernando:

a) con las consecuencias político-jurídicas disolventes que hoy se reflejan por doquier: se reflejan en el control politiquero consumado sobre las cúpulas judiciales y otros órganos de garantía; se reflejan en los contubernios entre los Poderes para asegurarse la impunidad de los excesos y de los compadrazgos en las altas esferas de la política y la economía que nos condujeron al Cementazo; en el desmantelamiento del MOPT y la concesión de las obras a un oligopolio que nos condujo a Cochinilla y al Diamante; en el abandono de toda política asistencial constructiva, junto a la carta blanca de los empresarios en la aplicación de la infame “flexibilización de las relaciones laborales”; en el ataque a los últimos bastiones institucionales del servicio público (la CCSS, el ICE). Todo lo cual se tradujo en la violación reiterada y flagrante de los derechos humanos económicos, sociales y culturales consagrados en beneficio de nuestro Pueblo por la Constitución y las Convenciones Internacionales.

R.M: Como lo he dicho tantas veces, partiendo de la premisa falsa y absurda de los anarco-capitalistas de que el Estado es nefasto, han condenado a muerte al ICE, esa institución benemérita y venerada que ha impulsado con patriotismo la industrialización, la democratización y la modernización del Pais; han condenado a muerte a la Caja, que por más de medio siglo ha protegido la vida, la salud y la seguridad social de los costarricenses; han condenado a muerte a las Universidades Públicas, sembradoras del saber y de la conciencia crítica en millares de jóvenes, sin distingo de clase social ni condición económica.)

b) con las nefastas secuelas económico-financieras que se transparentaron en el sempiterno e inducido desequlibrio fiscal, en el creciente desempleo, en la profunda y acusadora brecha entre ricos y pobres que se ha ensanchado bajo los pliegues del modelo del derrame.

R.M: Cierto: mientras la pobreza de un millón de seres humanos permanece inalterada, los más afortunados duplicaron el monto de sus riquezas;

Es una realidad chocante: avergüenza que cien mil compatriotas sobrevivan con un dólar al día y que los enemigos del modelo de solidaridad social y del Estado Benefactor hayan procedido a su demolición sistemática desde hace años, agravando una peligrosa polarización.

En cuanto a la pandemia del Corona Virus, la misma resultó ser, en manos del Gobierno y las clases dirigentes, una providencial excusa para hacernos apurar aquella pócima deletérea de la privatización, buscando con ello destruir lo que nos queda del incompleto y perfectible Estado de Bienestar que en su día osaron levantar Figueres, Oduber y Carazo sobre la base plantada por el Presidente Calderón Guardia, la Iglesia de Monseñor Sanabria y los comunistas de don Manuel Mora; fecundo legado que, a la vista de todos, vienen intentando destruir otro Calderón, otro Figueres, Oscar Arias Sánchez y su nefasta secuela, hasta llegar al presente, sin solución de continuidad.

Pero la pandemia del Corona Virus es un mal que, como dice el refrán, trajo al Planeta un bien: la claridad de algunas verdades palmarias, a la vista de quien quiera comprobarlas:

a) La palmaria verdad de un Mundo insolidario y autodestructivo regido por el afán insaciable de lucro de un grupo de poderosas transnacionales que han subordinado a los Estados-Nación al logro de sus designios, dando al traste con la Naturaleza y los más altos valores de la Cultura;

b) la evidencia pública de la necesidad de reducir la enorme brecha económica existente entre ricos y pobres con medidas como sistemas tributarios fuertemente progresivos, vigorosas políticas de inversión y otras, para garantizar juntamente la reactivación y un acceso equitativo y seguro de todas las personas a los servicios de salud y, en general, a los servicios públicos esenciales;

c) una verdad inocultable acerca de la misantropía y la ceguera de los gobiernos neoliberales, grandes y pequeños, que venían desmantelando minuciosamente las estructuras de la salud pública, reduciendo la plantilla de los médicos y enfermeros, cerrando hospitales y clínicas, y han tascado amargamente su impotencia frente a la magnitud de una peste que ha puesto en evidencia la mezquindad de sus miras;

d) una verdad transparente acerca de la desembozada codicia de las transnacionales farmacéuticas, que frente a la tragedia y las penurias de la Humanidad causadas por la Pandemia, hacen prevalecer su avidez de ganancias a través de los precios de las vacunas y las maniobras oligopólicas;

e) una verdad inocultable acerca de la carencia vergonzosa de un robusto mecanismo coordinador de la Salud Mundial que centralizara todos los recursos científicos, financieros y logísticos para brindar rápida, gratuita y equilibradamente al Planeta, lo que los países aislados, pequeños y grandes, han terminado haciendo tarde y mal, de manera inequitativa y con altísimos costos.

R.M: Me alegra comprobar que el impacto de algunas de esas verdades ha sacudido al Mundo, movilizando importantes grupos de opinión, e inspirando iniciativas promisorias. Coincido en que, con sus duros y crueles estragos, el azote de la Pandemia nos está llamando a recobrar la sensatez ¿Escucharán el mensaje los detentadores del poder? ¿Conseguirán las personas de buena voluntad, que en el Mundo suman miles de millones, doblegar la obcecación y la insensibilidad de tantas transnacionales y de los poderosos Estados que continúan precipitando el cambio climático y el acoso a la Naturaleza? En medio de tantos males ¿cabe abrigar algunas buenas expectativas a corto y mediano plazo?

Yo creo que sí: por encima del pandemonium y la anarquía de las redes sociales, van emergiendo aquellas verdades que el látigo de la Pandemia y del Cambio Climático han contribuido a revelar; y terminarán por imponerse aún a los más ciegos, porque los problemas que acarrean la desigualdad, el hambre, la exclusión y toda otra negación de la vida son reales, aprietan sin tregua y claman por ser resueltos.

Aquí concluye ésta que es, quizás, la última de tantas conversaciones que mantuvimos desde siempre. Declaramos estas cosas sine spe, sine metu: sin la expectativa de un beneficio, sin miedo a una represalia, sólo movidos por el amor y el respeto debidos a nuestro Pueblo, a la juventud costarricense cuyo futuro peligra, y en particular a los estudiantes de la gloriosa Universidad de Costa Rica, nuestra Alma Mater, firme bastión de la esperanza en que otro Mundo es posible.

San José, en diciembre de 2021.

Rodrigo Madrigal Montealegre, Céd. 1.234.164*

Walter Antillon Montealegre, Céd. 1.221.295*

* Profesores eméritos, Co-fundadores de la Escuela de Ciencias Políticas, Universidad de Costa Rica

Grandioso este día el 1 de diciembre que recuerda la Abolición del Ejército, que nos permite cantarle a la vida y al buen y respetuoso trato de los niños y adolescentes

(Intervención de Vladimir de la Cruz, Historiador, en el acto inaugural de la Exposición “Lo que dijeron los medios de prensa relacionados con la Abolición de la Pena de Muerte, la Abolición del Ejército y del castigo físico infantil”, en la Asamblea Legislativa, en el Salón de Jefes de Estado y Presidentes de la República, el miércoles 1 de diciembre del 2021”

Ciudadana
Presidenta de la Asamblea Legislativa
Silvia Hernández
Ciudadana
Directora Biblioteca Nacional
Laura Rodríguez
Ciudadano compositor
Carlos Guzmán
Ciudadanos Diputados
Ciudadanos Directores y funcionarios del Poder Legislativo
Ciudadanos y ciudadanas presentes en este acto.

Nos reúne este día la celebración de tres acontecimientos que enaltecen a la Nación costarricense, a la Democracia Nacional y a los Poderes Públicos, y altas Autoridades del Estado y del Gobierno que de distinta manera participaron y contribuyeron en su gestación. Son la celebración de la Abolición de la Pena de Muerte, la Abolición del Ejército y la eliminación de castigos físicos y humillantes de los niños y niñas de Costa Rica.

La adición al Capítulo II del Código de la Niñez y la Adolescencia, con el Artículo 24 bis, que establece claramente la prohibición de castigos físicos, corporales, y trato humillante o degradante, a los niños que se ha aprobado por este Congreso, enriquece las políticas que sobre niñez y adolescencia se han ido dando en Costa Rica desde hace muchos años, y que fortalece las decisiones nacionales que se han hecho al firmar gran cantidad de Tratados y normas internacionales similares, que han hecho que Costa Rica se distinga en el ámbito internacional por los Derechos Sociales, las Libertades individuales y por los Derechos Humanos, que como un gran paraguas hoy cubren prácticamente todas las esferas de la vida de los habitantes y ciudadanos de Costa Rica, de su niñez y adolescentes, que obligadamente se les debe tratar como las personas humanas que son, señalando también esa corresponsabilidad de crianza y educación, con estos parámetros, a las madres, a los padres, a los responsables de la guarda y crianza, así como de los encargados y el personal de los centros educativos, de salud, de cuido, penales juveniles o de cualquier otra índole, para evitar que sobre niños y adolescentes se puedan realizar castigos físicos corporales o de trato humillante, y que por sobre todas las cosas se garantice su integridad física, su dignidad de personas humanas y la felicidad con que deben criarse, para asegurar con ello también la mejor convivencia social y procurar la sociedad más feliz posible.

La exaltación de la abolición de la pena de muerte es otro hecho que distingue a Costa Rica, desde mediados del siglo XIX, cuando los Presidentes y Beneméritos de la Patria, el Dr. José María Castro Madriz y el General Tomás Guardia Gutiérrez, inaplicaron la Pena de Muerte, y el General Guardia tomó la decisión de eliminarla, de abolirla y declarar el derecho a la vida como un bien inviolable. Del continente americano solo Venezuela se nos anticipó, cuando la abolió en 1863. Nosotros en el Gobierno de Tomás Guardia lo hicimos en 1882, lo que se publicó en La Gaceta el 27 de abril de 1882, como Artículo 15 de la Constitución, que se reformó en este sentido.

La pena de muerte constituye la expresión más brutal de todos los castigos, el más extremo, el más cruel. Con ello también hemos firmados Tratados internacionales que aseguran que la pena de muerte no podrá restablecerse jamás y mucho menos podrá aplicarse en delitos considerados políticos, lo que fortalece el ambiente de una sociedad tolerante en este campo.

En 1981 en Costa Rica se realizó, para celebrar el Centenario de la abolición de la Pena de Muerte, el Primer Congreso Mundial de Derechos Humanos, que culminó con la Carta de Alajuela, en la que se estableció que “la pena de muerte es una práctica jurídica, o no, que atenta contra el Derecho Humano superior de la vida. Por ende debe suprimirse”.

Esta decisión, de la Abolición de la Pena de Muerte, tomada en 1882 ha sido también uno de los ejes de política exterior del país, junto con la defensa de los regímenes democráticos y de los derechos humanos, entre otros valores, que distinguen al país en el ámbito internacional.

La razón fundamental que llevó al Presidente Guardia a abolir la Pena de Muerte, fue el dolor que le causaba el recuerdo del Asesinato de Estado que se realizó contra el Presidente Juan Rafael Mora Porras y, especialmente, contra el General José María Cañas Escamilla, ambos héroes, de la Guerra Nacional contra los filibusteros norteamericanos que querían esclavizar a los pueblos centroamericanos y acabar con la Soberanía, la Independencia y la Libertad de nuestras naciones.

El fusilamiento del General Cañas afectó más al Presidente, porque en esa gloriosa y heroica guerra, el General Guardia había combatido bajo las órdenes del General Cañas, a quien admiraba, y le sentía un profundo respeto, admiración y a quien le tenía un gran afecto. En ese sentimiento le acompañó su señora esposa, la distinguida Dama Emilia Solórzano Alfaro, a quien también se le reconoce la decisión de la abolición de la pena de muerte.

Al momento de recordar esta memorable decisión de la abolición de la pena de muerte, recuerdo a los señores Diputados que está pendiente realizar el Funeral de Estado al Presidente Benemérito de la Patria Juan Rafael Mora Porras, y al General José María Cañas Escamilla.

Hace bien la Asamblea Legislativa, señores Diputados, de celebrar hoy, 40 años después del Primer Congreso de Derechos Humanos, realizado en nuestro país, estas fechas, que culminan en este acto con la celebración y exaltación de la abolición del ejército como institución permanente.

Celebramos el 1 de diciembre como la fecha en que, en 1948, se abolió el Ejército de Costa Rica. Alrededor de esta fecha se discutió en el 2019, en la Asamblea Legislativa, la decisión de aprobarla como día feriado de pago obligatorio nacional, lo que se hizo, siendo este año 2021 cuando se puso en vigencia.

Las fechas patrias y efemérides nacionales, en preciso, como las fechas de la Independencia el 15 de setiembre, la de la Anexión de Nicoya, el 25 de julio, la de la Virgen de los Ángeles, el 2 de agosto, la del Día de la Madre, el 15 de agosto, la del día del Niño, el 9 de setiembre, la del encuentro de culturas, el 12 de octubre, las de la Campaña Nacional contra los filibusteros, especialmente la del 20 de marzo, la Batalla de Santa Rosa, el 10 de abril, la Batalla de Sardinal, el 11 de abril, la Batalla de Rivas y la del 22 de diciembre, la Batalla de la Trinidad, que son las que más se celebran, tienen bien asentado su día de conmemoración y recuerdo, pero de ellas destacan en celebración la de Santa Rosa y la de Rivas.

La fecha del 29 de octubre, asociada a la Independencia de Costa Rica, no se celebra oficialmente, aunque este año, 2021, inevitablemente tuvo que hacerse, y el propio Presidente Carlos Alvarado en Cartago tuvo que reconocer que allí, en esta fecha, hace 200 años, se había proclamado la Independencia de Costa Rica.

Hoy se celebra el día de la Abolición del Ejército con este rango de distinción, haciéndolo feriado y de pago obligatorio, con un día movible a otro día de la semana lo que debilita su efeméride.

Otras fechas alusivas a eventos y sucesos nacionales pueden igualmente celebrarse, con mayor pomposidad que como se recuerdan. Algunas fechas pueden ser discutibles desde el punto de vista de historiadores, y especialistas, y hasta se podrían tener varios eventos para significar, destacar y celebrar esas fechas, como es el caso de la fecha de Independencia que se tienen el 15 de setiembre y el 29 de octubre, y como alrededor de la Abolición del Ejército se podrían tener diferentes momentos de celebración de la abolición del Ejército, destacando la fecha del 1 de diciembre de 1948.

En materia militar estuvieron vigentes, hasta el Código Militar de Tomás Guardia Gutiérrez, de 1871, las ordenanzas generales del Ejército expedidas por el Rey Carlos III, en el siglo XVIII, que quedaron abolidas con la promulgación de este Código Militar.

Con ello, el Ejército era parte de la institucionalidad oficial del Estado y del Gobierno, que se regulaba desde el Código Militar de 1871 con sus respectivas reformas.

En el Artículo 22 de la Constitución Política de 1871, vigente hasta 8 de mayo de 1948 se establecía que el Ejército, era una fuerza militar que estaba subordinada al Poder Civil, que es esencialmente pasiva y jamás debe deliberar, y en el Artículo 109 de los deberes y atribuciones del Poder Ejecutivo, en sus incisos 15, 16 y 17 se establecía que era competencia del Presidente: “Librar los títulos respectivos a los individuos a quienes el Congreso hubiere investido de alguno de los grados militares que le corresponde conferir. Conferir grados militares hasta el de Teniente Coronel inclusive, y proveer cualesquiera empleos, cuya provisión no reserve la ley a otra autoridad, y conceder retiro a los Jefes y Oficiales del ejército y admitir o no las dimisiones que los mismos hagan de sus destinos.”

Así al suspenderse la Constitución de 1871, el 8 de mayo de 1948, se suspendió el Ejército, se le quitó el sustento constitucional de su existencia. Bien podría tenerse, por este motivo, la fecha del 8 de mayo de 1948 como una fecha de abolición del Ejército, sin embargo, la Junta de Gobierno mantuvo el Ejército e hizo varios Decretos Leyes relacionados con este cuerpo militar.

Institucionalmente en la década de 1940-1948 el Ejército, como estructura organizativa del Estado, era muy débil, y para la guerra civil de 1948 era una institución casi inexistente.

En junio de 1947 los diputados Fernando Volio Sancho y Fernando Lara Bustamante propusieron eliminar el Ejército suprimiendo partidas para la compra de armas y mantenimiento de los cuarteles.

La Guerra Civil de 1948 puso en tensión militar el país, tanto por las fuerzas militares organizadas y dirigidas por José Figueres, su Ejército de Liberación Nacional, y la Legión Caribe, que le acompañaba, como por el Ejército Nacional, la institución militar que tenía que enfrentar la insurrección militar figuerista, a la que prácticamente no le ofreció ninguna resistencia importante, ni ninguna batalla o enfrentamiento militar importante le ganó.

Acabada la Guerra Civil, luego de las Conversaciones de Ochomogo, ratificadas en el Acuerdo o Pacto de la Embajada de México, y obligado Otilio Ulate a firmar el Pacto con Figueres, postergando su asunción al Poder Ejecutivo, asumió por la fuerza la dirección del Estado y del Gobierno, José Figueres, prácticamente, con un Golpe de Estado contra Otilio Ulate, desde el 8 de mayo de 1948 hasta el 7 de noviembre de 1949, período en el que se constituyó el Gobierno de Facto de la Junta Fundadora de la Segunda República.

Es durante el ejercicio de este Gobierno de Facto donde se toma la decisión con firmeza de abolir el Ejército Nacional.

El primer acto fue con la suspensión o abolición de la Constitución Política de 1871, que era la vigente, lo que se realiza el 8 de mayo de 1948. Al suspender la Constitución Política se suspendió con ella al Ejército Nacional del Estado que era reconocido oficialmente como una institución de Derecho.

La fuerza militar que acompañó a Figueres en el ejercicio de su Gobierno de Facto fue la propia, con la que había ganado la guerra, que sustituyó, en ese sentido, al Ejército Nacional, en todas sus funciones. Sin embargo, por Decreto No. 1 de la Junta fundadora de la Segunda República, del Ministerio de Seguridad Pública, de 8 de mayo de 1948, José Figueres “asume el Mando en Jefe del Ejército y de las fuerzas armadas de la República, en calidad de Comandante en Jefe”.

A partir de allí el Ejército Nacional fue desintegrándose en la institucionalidad nacional. En distintos actos y acuerdos de la Junta de Gobierno se le dio apoyo a su Ejército de Liberación Nacional. En la Reunión No. 5 del 25 de mayo de 1948 se señaló la existencia del Ejército como necesaria “en la actualidad”, “como medida de emergencia”, y se estableció el Departamento de Defensa del Ejército, dependiente del Ministerio de Seguridad.

La Junta Fundadora convocó a elecciones, a afínales de 1948, para integrar la Asamblea Nacional Constituyente la cual se instaló, en enero de 1949, para realizar su trabajo, durante el año de 1949.

El 13 de diciembre de 1948, por el Decreto Ley No. 302, la Junta Fundadora de la Segunda República, “creó la Tesorería del Ejército para atender aquellos gastos de la presente emergencia de guerra, cuyo pago debe de hacerse de inmediato…”

En el Proyecto de Constitución Política, presentado por la Junta, a la Asamblea Nacional Constituyente, el 3 de febrero de 1949, en su Artículo 10, se establecía declarar oficialmente disuelto el Ejército Nacional, que aunque no se acogió este Proyecto de Constitución, la idea de la abolición prendió en el alma de los constituyentes, lo que empezó a discutirse en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente. Ese 3 de febrero de 1948 se hizo oficialmente el primer anuncio de querer abolir el Ejército. Esta es una fecha que puede tenerse también para celebrar su abolición.

El 4 de julio de 1949 los diputados del Partido Unión Nacional, Ricardo Esquivel Fernández, Juan Trejos Quirós y Enrique Montiel Gutiérrez, proponen suprimir el Ejército (Actas 101, de 4 de julio, la 169 de 18 de octubre, y la 178 del 31 de octubre, de la Asamblea Nacional Constituyente). Estas son otras fechas que contribuyen para celebrar su abolición.

Así, el 18 de octubre de 1949 la Asamblea Nacional Constituyente revisa lo aprobado en las discusiones hasta ese momento, con relación a la eliminación del Ejército, y el 31 de octubre de 1949 fue cuando se aprobó oficialmente, o ratificó, la Abolición del Ejército, en la Asamblea Nacional Constituyente, lo que podría ser la fecha más precisa por cuanto ya quedaba aprobada la abolición. Seguía la aprobación definitiva de la Constitución como un todo, lo que se hizo el 7 de noviembre de 1949.

El 11 de octubre de 1949 la Junta Fundadora de la Segunda República, por Decreto No. 749, acuerda “imprimirle a la estructura política del Estado una fisonomía netamente civil, confiándose la defensa del orden y la seguridad interna a las fuerzas regulares de la Policía Nacional, llamada a partir de ese momento, Guardia Civil”, y traspasó el Cuartel Bella Vista a la Universidad de Costa Rica, con el objetivo de desarrollar el Museo Nacional.

En el seno de la Junta de Gobierno el Plan de la supresión, o abolición del Ejército, había sido presentado por el Ministro de Seguridad, Coronel Edgar Cardona Quirós, por lo que, como reconocimiento, se le otorgó el título de Coronel Efectivo de las Fuerzas Armadas de Costa Rica.

El 25 de noviembre de 1948 la Junta de Gobierno había acordado aceptar el Plan de Supresión del Ejército.

El 27 de noviembre se anunció la desmovilización de la Legión Caribe, y se les agradeció lo que habían hecho por Costa Rica, especialmente al General Miguel Ángel Ramírez Alcántara, considerado, por los miembros de la Junta de Gobierno, Héroe de la Revolución.

Cuatro días después, el 1 de diciembre de 1948, la Junta realizó el acto simbólico en el Cuartel Bellavista. En presencia del Cuerpo Diplomático, se hizo el anuncio de que Costa Rica convertiría los cuarteles en centros de cultura, y se afirmó que la época de los cuarteles había quedado para la historia de la Primera República y que empezaba la era del Estado constructor de escuelas, colegios, universidades y museos.

El acto público del 1 de diciembre de 1948, fue para publicitar, de esa manera, la declaración de disolución del Ejército Nacional, que se había hecho el 31 de octubre en la Asamblea Nacional Constituyente.

Así, el acto del 1 de diciembre tan solo fue el acto teatral del anuncio, no el acto oficial en el cual se había abolido. Este día hablaron José Figueres Ferrer, como Presidente de la Junta de Gobierno, Edgar Cardona, Ministro de Seguridad Pública y Uladislao Gámez Solano, Ministro de Educación Pública.

Para esta ocasión, 1 de diciembre de 1948, se reunieron las autoridades del Gobierno en el Cuartel Bella Vista donde José Figueres dio unos mazazos, en una de sus almenas, para simbolizar la abolición del Ejército. Allí hubo un desfile de militares y de escolares.

El entonces Magistrado de la Sala Constitucional, Rodolfo Piza Escalante señaló que ese 1 de diciembre José Figueres no abolió el ejército y tan solo pronunció un discurso, como efectivamente lo hizo.

Este acto teatral es el que se conoce como la Ceremonia del Mazazo, porque José Figueres golpea una muralla, en una de sus almenas, con un mazo, para indicar que, de igual manera, era golpeada y destruida la estructura militar.

Como parte de la ceremonia, el Ministro de Seguridad entregó al de Educación, una llave simbólica señalando que era el acuerdo firme de la Junta de Gobierno disolver el Ejército. Así simbólicamente este día, 1 de diciembre, se inmortalizó como la fecha de la Abolición del Ejército.

El Ministro de Educación expresó: «La luz que irradiaron las espadas del 12 de marzo, aludiendo al acto insurreccional que dio origen a la Guerra Civil ese mes, hoy se transforman en antorcha de libertad y del decoro que entonces proclamaron.»

La Abolición del Ejército quedó consagrada en el Artículo 12 de la actual Constitución Política, aprobada el 7 de noviembre de 1949.

Con ella, los diputados constituyentes de 1949 definieron claramente, en los artículos 12 y 140 de la Constitución Política, el carácter civilista del Estado costarricense y la finalidad de integrar a la fuerza pública dentro del modelo de Estado.

En el gobierno de Oscar Arias Sánchez, 1986-1990 por el Decreto No. 17357-P-SP-EP-C-RE, del 26 de noviembre de 1986, se dispuso Declarar el 1 de diciembre de cada año como “Día de la Abolición del Ejército”, invitando a todos los costarricenses y extranjeros radicados en el país, como a las instituciones públicas y privadas, a reflexionar sobre este hecho fundamental de la Historia Patria y a celebrarlo con la dignidad y el decoro que merece esta fecha. El día de celebración así está establecido. Lo que se hizo finalmente por el Congreso de la República y sus diputados fue hacerlo feriado obligatorio y de pago obligatorio.

En concordancia con la Abolición del Ejército, en el Gobierno de Luis Alberto Monge Álvarez, el 17 de noviembre de 1983, anunció la Declaratoria de la Neutralidad Perpetua Activa y No Armada, del Estado costarricense, ante cualquier conflicto bélico, como prolongación del proceso de desarme unilateral y voluntario iniciado en 1949. En el siguiente período gubernativo, el Presidente Oscar Arias Sánchez, por Decreto No. 17645-P-SP-G, dispuso, el 24 de julio de 1987, suprimir los rangos militares que hasta ese momento ostentaban y tenían vigentes los miembros activos de la Guardia de Asistencia Rural, de la Dirección de Inteligencia y Seguridad nacional, la DIS, y de todos los cuerpos de policía, en todas sus estructuras y programas, estableciendo la nomenclaturas de Inspector de Policía 1, 2, 3, de Oficial de Policía 1 y 2 y de Comisionado de Policía 1, 2 y 3. Los rangos militares fueron restablecidos nuevamente en el Gobierno de Rafael Ángel Calderón Fournier, 1990-1994 y eliminados de nuevo por el Presidente Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, 1998-2002. Durante el Gobierno del Dr. Abel Pacheco, con motivo de la adhesión que él hizo a la guerra de Irak desarrollada por Estados Unidos, firmando internacionalmente dicha acción militar, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, le llamó la atención señalando que en razón de la abolición constitucional del Ejército, nosotros como país, no podemos formar parte de ninguna fuerza colectiva de tipo militar ni de participar en acciones militares de esa naturaleza, obligándolo a retirar la firma de apoyo a esa guerra.

Así, hoy celebramos con júbilo nacional esta gloriosa fecha que hace que ninguna familia sufra de la circunscripción obligatoria del servicio militar de ninguna de sus hijos o miembros, ni sufre por movilizaciones militares del Estado o del Gobierno que produzcan la muerte de costarricenses. Y, celebramos también que no haya gastos militares en el mantenimiento de una fuerza militar totalmente parasitaria, y que esos fondos puedan destinarse a otras necesidades estatales y de la Administración Pública al servicio de la ciudadanía y los habitantes del país.

Grandioso este día el 1 de diciembre que nos recuerda la Abolición del Ejército como institución permanente, que nos ha permitido cantarle a la vida y al buen y respetuoso trato de los niños y adolescentes.

Celebración de la vida y la obra de Pablo Richard

La Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional invitan a celebrar la vida y la obra de Pablo Richard. La actividad es hoy viernes 24 de setiembre a las 5:30 de la tarde hora de Costa Rica.

La actividad será virtual y puede participar con el siguiente enlace: https://us02web.zoom.us/j/82679048879?pwd=S3RldldZcHBlLzhjTCtpWlZZaTZqQT09

También puede seguir la actividad mediante las siguientes espacios de Facebook Live:

Observatorio de lo Religioso

Escuela Ecuménica Universidad Nacional

En ambos casos debe buscar la sección de videos.

SURCOS denuncia suplantación de identidad

SURCOS denuncia suplantación de identidad

Una persona inescrupulosa está circulando un afiche en el cual se hace suplantación de nuestra identidad.
Lo publicamos para que nuestras personas lectoras puedan compartir la información cuando lo estimen oportuno.

Este es el afiche con el cual se suplanta nuestra identidad, pues SURCOS no es parte de esa campaña:

Blas Infante, una figura que permanece

Gabe Abrahams

Blas Infante Pérez de Vargas (Casares, 1885-Sevilla, 1936) fue un político andalucista, fusilado en los inicios de la Guerra Civil española (1936-1939).

Tras estudiar en las Escuelas Pías de Archidona y en el Instituto Aguilar y Eslava de Cabra, Blas Infante trabajó desde 1900 como escribano en el juzgado de Casares, al tiempo que estudiaba en la facultad de Derecho de la Universidad de Granada.

En 1910, empezó a ejercer de notario en Cantillana. Y, en la década de 1910, inició su actividad intelectual y política.

En 1915, publicó su obra más importante, Ideal andaluz, en la que relata su visión personal de la historia, la identidad y los problemas de Andalucía y enumera una serie de propuestas para mejorarla. En 1916, publicó otro ensayo dedicado al político Joaquín Costa Martínez: La obra de Costa.

En 1918, se celebró la Asamblea de Ronda, aprobándose en esta asamblea histórica la propuesta de Blas Infante de adoptar como «insignias de Andalucía» una bandera verdiblanca y un escudo con la imagen de Hércules.

El 19 de febrero de 1919, Blas Infante se casó con Angustias García Parias, con quien tuvo cuatro hijos. Y, en los años siguientes, publicó varios libros como La Sociedad de las Naciones, entre otros.

En 1924, viajó a Marruecos, donde visitó la tumba de Motamid o Al-Mutámid, el último emir de la Taifa de Sevilla, del cual escribió él su biografía en 1920.

En 1928, viajó a Galicia y se reunió con los ideólogos del galleguismo, colaborando con la revista galleguista denominada Nós.

Con la proclamación de la Segunda República española, en 1931, Blas Infante se hizo cargo de la notaría de Coria del Río, ciudad en la que se construyó una casa que llamó Dar al-Farah (en árabe “Casa de la Alegría”) inspirada en la arquitectura de Al-Ándalus.

Desde esa fecha, Blas Infante presidió la Junta Liberalista de Andalucía y se presentó a distintas candidaturas por el Partido Republicano Federal, no alcanzando la representación parlamentaria. En 1933, se presentó también por Málaga, dentro de la coalición Izquierda Republicana Andaluza, sin obtener representación parlamentaria.

En ese año de 1933, Blas Infante propuso que la melodía del canto religioso Santo Dios fuera el himno de Andalucía, cambiándole la letra, medida que fue aceptada. Este himno, junto con la bandera y el escudo elegidos en la Asamblea de Ronda de 1918, perduran como símbolos oficiales de Andalucía.

Durante la Asamblea de Sevilla celebrada el 5 de julio de 1936, Blas Infante fue aclamado como presidente de honor de la futura Junta Regional de Andalucía, un proyecto que estaba a punto de ponerse en marcha. Pero trece días después, el 18 de julio, se produjo un Golpe de Estado contra la Segunda República española y el gran proyecto andalucista quedó parado.

El 2 de agosto de 1936, menos de un mes después de la aclamación de Blas Infante como presidente de honor de la futura Junta Regional de Andalucía, varios falangistas lo detuvieron en su casa de Coria del Río y lo trasladaron al Ayuntamiento de Coria.

Tras pasar arrestado ocho días en el cine Jaúregui, convertido en aquella época en la cárcel de los sublevados contra la República, durante la noche del 10 de agosto, Blas Infante fue subido a un camión y conducido al lugar en el que encontraría su final. Le acompañaron otros detenidos: el exalcalde de Sevilla José González, su mano derecha Emilio Barbero y los diputados socialistas Manuel Barrios y Fermín de Zayas.

Blas Infante fue fusilado, sin juicio ni sentencia, junto a otros dos detenidos, la madrugada del 11 de agosto, en el kilómetro 4 de la carretera de Sevilla a Carmona.

Han pasado más de ochenta años del final dramático de Blas Infante. Su vida intensa, repleta de vivencias y acontecimientos, tuvo un final poco esperado y dramático. Sin embargo, hoy, después de más de ocho décadas de su fusilamiento, su figura permanece.

Blas Infante está reconocido como “Padre de la Patria Andaluza“, por el propio Parlamento de Andalucía, y recibe todo tipo de homenajes. Cada 28 de febrero, con motivo de la celebración del Día de Andalucía, es recordado con intensidad.

Parece evidente, pues, que su figura ha trascendido en el tiempo, superando los obstáculos de aquellos que quisieron silenciarla.

Plataforma de la ciudadanía y los movimientos sociales – Invitación a ser parte

Costa Rica se aboca a la elección de las personas y partidos que regirán el destino del país para iniciar el Tricentenario. Se trata de un proceso electoral con una participación récord de partidos políticos.

Los movimientos sociales, compuestos por las organizaciones sociales y la ciudadanía, no pueden permanecer inactivos o asumir una posición pasiva. Frente a la situación crítica del país, pueden hacer una valiosa contribución al presentar propuestas concretas sobre los aspectos más sustantivos. Su voz debe levantarse hasta hacerse oír y ser tan fuerte como para minimizar la parafernalia que montarán algunos partidos, con el respaldo de los grandes medios de difusión y que, por demás, debilitan el pensamiento crítico y racional de la población.

Para ello, el movimiento social, desde su diversidad, debe procurar orientar a las personas hacia lo realmente sustancial, las reivindicaciones y luchas más sentidas, urgentes y esenciales para formular las políticas que, efectivamente, atiendan las necesidades del pueblo.

Las organizaciones y personas firmantes de esta invitación queremos facilitar la conformación de una plataforma. En dicha plataforma se recogerán las propuestas que cada organización o grupo presente desee ofrecerle a la ciudadanía y a los grupos organizados, para confluir en un movimiento desde las bases mismas que centre la campaña electoral en los problemas fundamentales y se proyecte más allá de las elecciones.

Proponemos, -para construir esa plataforma-, que cada organización o grupo de la ciudadanía haga llegar al correo que se indica abajo, un máximo de cuatro propuestas relevantes sobre su temática principal de lucha. El conjunto de propuestas se incorporará por medio de un trabajo de síntesis y concordancia a realizarse por un grupo de Trabajo Comunal Universitario (TCU). Luego, ese documento será pulido y ampliado en lo necesario por las personas, movimientos y organizaciones participantes.

Sugerimos que las propuestas de cada persona, organización o movimiento estén compuestas por dos elementos:
a. Un enunciado a modo de titular de no más de 140 caracteres con espacios.
b. Un párrafo explicativo de no más de 1000 caracteres con espacios.

¡Nuestra voz debe escucharse! Le agradeceremos si comparte esta invitación.
Correo-e para el envío de las propuestas: foro@confluenciasolidaria.org
El equipo de TCU iniciará la sistematización de las propuestas para construir la plataforma a mediados de noviembre.