El líder medioambiental Marco Machore está a punto de cortarle la pierna derecha. Corresponderá entonces a la comunidad tribal cortar la otra pierna o incluso decapitar un intento tan monstruoso y diabólico liderado por un grupo de recientes inmigrantes corruptos empeñados en desplazar las pequeñas empresas turísticas familiares de subsistencia, para transformar nuestra zona costera en un patio de recreo para los ricos y famosos como Miami Beach, Acapulco o algunas áreas del litoral pacifico.
Estos promotores inmobiliarios son tan despiadados que empezaron por drenar los humedales que durante siglos han protegido a la región contra desastres naturales como inundaciones e incluso huracanes.
De más está decir su desprecio por los pequeños negocios locales propiedad de familias originarias (tribales) que califican como: «edificios de cuatro hojas de hojalata» que, dicen, «deben desaparecer».
En esa línea de pensamiento, son ellos los que deben desaparecer de nuestras comunidades y permitirnos seguir viviendo en paz; junto a otros emigrantes dignos que respetan nuestra cultura y forma de vida.
Lo último que necesitamos es una desregulación de nuestras comunidades que han sido reguladas desde hace más de un siglo por nuestras costumbres y formas de vida ancestrales de protección del medio ambiente y en congruencia con las leyes 35 de 1915 y 166 de 1935.
Javier Milei y el dirigente de Vox Santiago Abascal en la feria de la ultraderecha internacional Viva22, realizada en Madrid en octubre de 2022. (foto vía Wikimedia Commons)
Álvaro García Linera
La convulsa y cambiante coyuntura que atravesamos no durará para siempre: en algún momento tenderá a estabilizarse. Si lo hace adoptando rasgos conservadores y autoritarios o progresivos y democráticos, depende de la audacia y la perseverancia con las que las distintas fuerzas políticas y sociales concurran al encuentro con la Historia.
En los últimos años, el mundo entero ha presenciado el fortalecimiento de fuerzas políticas de derecha. Estas organizaciones se han lanzado no solo a combatir toda propuesta progresista o de izquierda que pretenda ampliar la protección estatal de la sociedad, sino también a atacar a las propias organizaciones tradicionales de derecha por no impulsar con energía las leyes del mercado, haber cedido terreno al progresismo cultural y permitido lo que consideran una degradación moral del orden social.
Las derechas autoritarias se asumen como portaestandartes de una «santa cruzada económica» para salvar al mercado y a «la libertad» contra cualquier atisbo de estatismo o colectivismo, y como parte de una regeneración espiritual para reestablecer el propio orden moral del mundo, comenzando por el pater familias en la casa, el patrón en la empresa, la piel blanca en la historia patria y Dios en el control de las almas.
En algunos casos, paradójicamente, mezclan el apego a preceptos neoliberales con la idea de una patria de propietarios, como lo hacen Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil o Abascal en España. En otros casos, enarbolan primitivos recetarios de libre mercado, como Kast en Chile, Milei en Argentina o Meloni en Italia. Consideran que hay un orden natural de la humanidad que emerge únicamente de las reglas del mercado y que cualquier desviación de ello no solo es ineficiente, sino dañina y ofensiva. En conjunto, aborrecen del Estado, proponen reducir los impuestos a los ricos y juran que los derechos colectivos son un robo y que hay que privatizar cualquier bien público.
A continuación, seis hipótesis que pretenden explicar el crecimiento y la configuración de estas derechas autoritarias.
1º) La derecha extrema es autoritaria y no democrática
Aunque todas estas derechas emergentes se presentan a elecciones para ganar adeptos y, en ocasiones, han llegado al gobierno mediante el voto, en realidad no son democráticas. De ser necesario, están dispuestas a emplear la violencia para alcanzar sus metas.
Cuando Trump perdió las elecciones el 2021, por caso, no tuvo reparos de mandar a paramilitares a tomar el Congreso para impedir la proclamación del presidente Biden. De la misma forma, Bolsonaro perdió las elecciones, nunca reconoció su derrota e impulsó a sus seguidores a rezar en las puertas de los cuarteles para que los militares den un golpe de Estado y, luego, tomaran los edificios ministeriales para saquearlos. En Bolivia, Mesa y Camacho convocaron a sus seguidores a quemar ánforas electorales y aplaudieron cuando las tropas militares salieron a asesinar a los pobladores indígenas que respaldaban al gobierno democráticamente electo. Kast y Abascal, por su lado, son grandes defensores de los exdictadores Pinichet y Franco y consideran que su sanguinario accionar fue necesario para «frenar al comunismo». Y no pierden la esperanza de que, a futuro, sean necesarias acciones similares.
Para estas derechas extremas, la democracia no es un principio político innegociable sino un medio provisional y meramente instrumental para lograr sus metas de promover el mercado y las sacrosantas jerarquías racializadas de los vencedores. Pero, a diferencia de antes, cuando creían que la autoridad del mercado era fruto del convencimiento y su superioridad histórica, ahora creen que hay que imponerla… a palos, si es necesario. Creen que la democracia ha premiado a una mayoría incompetente e ignorante y que, por razones de «salud pública», hay que hacerles entrar a la fuerza a las virtudes del individualismo, el mercado y la ley del más fuerte.
La democracia se les aparece como un exceso y los derechos como un exabrupto y un insulto a la igualdad. Por ello no se sonrojan cuando mandan a asaltar parlamentos: están dispuestos a masacres y golpes de Estado, y consideran que las dictaduras salvaron del caos a la sociedad. No son demócratas por convicción, sino por utilidad táctica.
Detrás de su grito en defensa de la «libertad individual» se agazapa la violencia purificadora contra lo público, lo colectivo, lo común, lo asociado. No hay un intento por convencer de sus virtudes sino una furia desatada para imponerse contra el «zurderío», al que consideran una calamidad mental. Y por ello no disimulan la esperanza de su exterminio físico.
2º) La derecha autoritaria crece en tiempo de crisis económica y política
Si bien las derechas autoritarias tienen una larga existencia, lo cierto es que los momentos de crisis económicas y turbulencias políticas constituyen terrenos particularmente fértiles para su crecimiento y su capacidad de disputa en el terreno político.
En momentos de estabilidad y crecimiento económico —más aún si se dan bajo el paraguas del neoliberalismo—, las derechas autoritarias son pequeñas y marginales. Dejan testimonio de que están ahí, como guardianas de la estabilidad, pero no pugnan por convertirse en fuerza dirigente. Claro, hay un orden económico que «funciona», hay reglas que se cumplen y las ganancias empresariales se expanden sin que el malestar social de los menesterosos ponga en entredicho el régimen. Son momentos de hegemonía de derechas, de consensos amplios y tolerancias pasivas de las clases subalternas hacia las clases dominantes. Para las grandes élites propietarias, el mundo funciona civilizadamente y los furibundos llamados al orden no son necesarios para que las jerarquías se respeten. Incluso pueden darse el lujo de cooptar a izquierdistas arrepentidos que ahora suplican un espacio bajo el paraguas de la legitimidad cultural neoliberal.
Pero las cosas cambian cuando la economía se estanca, el crecimiento se reduce, los mercados se retraen, las ganancias se comprimen y los excedentes a redistribuir a cuentagotas se secan. La frustración crece entre las clases plebeyas; el malestar se expande y todos comienzan a buscar salidas a la angustia por medio de opciones diferentes a las prevalecientes. Así, la hegemonía inicia su declive.
Entre las élites dominantes, la confianza en el viejo orden se fragmenta; ellas también discrepan sobre cómo retomar el curso del enriquecimiento y la pasivizacion de la sociedad. Estos son momentos de divergencia entre las élites sobre el mejor rumbo a seguir. Unas pugnan por mantener las cosas como están, otras consideran que hay que ceder parte de los beneficios para aplacar a las clases pobres, en tanto que otras consideran que hay que sentar mano dura y defender el viejo orden con renovadas dosis de autoridad.
Viendo el modo en que los antiguos consensos políticos se disuelven y crece el descontento social contra las instituciones, las derechas autoritarias, hasta entonces una fuerza minoritaria, ahora se consideran llamadas a preservar la «civilización» que comienza a desmoronarse. No buscaran defender al gobierno existente en ese momento —sea de derecha o progresista— sino recuperar un imaginado orden pasado en el que el mercado funcionaba, las jerarquías se respetaban y los pobres no reclamaban. Solo que, para ello, en vez de la seducción abanderan la sanción, el castigo o la venganza hacia quienes consideran como los responsables de este desorden, tanto económico como moral: sindicatos «ambiciosos», migrantes que «arrebatan» empleos, mujeres que «exageran» en sus derechos, indígenas «igualados», comunistas que envenenan almas, etcétera.
Sin comprender que el debilitamiento del proyecto neoliberal es el resultado de sus propios límites, confían en que el disciplinamiento feroz de los díscolos será la llave para que la sociedad pueda retornar al acatamiento de los viejos valores morales. La incertidumbre y la desesperanza son su terreno fértil para su intervención. Desprecian la solidaridad y la acción en común para remontar las adversidades, que les parece una herejía contra los valores del individuo y la propiedad. Las derechas autoritarias fomentan la salvación individual porque consideran que en el mercado los capaces triunfan y los ineficientes pierden, y también porque saben que la frustración individual y en soledad es la mejor garantía para la recepción del mesianismo político del gran pastor que conducirá a su rebaño a la redención.
Estas son derechas autoritarias que buscan canalizar el miedo social a la incertidumbre y la ausencia de futuro hacia el odio, la venganza y el castigo. Añoran la vieja estabilidad del mercado, aborrecen los derechos cristalizados en el Estado; les indigna la igualdad porque consideran que eso destruye las jerarquías sagradas de la empresa, la familia y la servidumbre individual. Son melancólicas de un idílico pasado mercantil en el que los capaces tenían lo suyo y los fracasados el desprecio merecido de la marginalidad. La imposición y la fuerza como método generalizado, aunque las distingue y les aporta seguridad para perseguir sus objetivos, también constituye el síntoma revelador de la fase decante del propio neoliberalismo que propugnan.
3º) Las derechas extremas son la contracara de las centroderechas
Ya dijimos antes que las derechas autoritarias no nacen de la nada. No aparecen de repente. Siempre han estado ahí, acurrucadas bajo el ala de las derechas centristas y moderadas. En tiempos de estabilidad económica son minorías activas que, en sus cenáculos, cual monjes reservados, guardan la sagrada llama del mercado y la autoridad. Pero cuando estallan las crisis abandonan sus monasterios y salen como apóstoles a reclutar adherentes. Y lo hacen, en primer lugar, entre las filas de las derechas moderadas que se hallan desorientadas por el malestar social, la divergencia entre las élites y la devaluación de sus antiguas recetas económicas.
Las derechas fracadas alimentan las derechas extremas. No hay necesidad de reconversión de creencias, sino que se trata simplemente de una transición hacia posturas más firmes. Al fin y al cabo, las derechas moderadas en sus tiempos de gloria también abrazaron el libre mercado, la austeridad fiscal, la reducción de impuestos y el control salarial, como lo demandan ahora las derechas autoritarias. Solo que las primeras comprendían que para que esas políticas sean duraderas había que amortiguar el ajuste con políticas sociales puntuales, garantizar el goteo de la riqueza para alentar el consumo y tolerar algún que otro progresismo cultural.
Pero cuando la economía cruje y los recursos a distribuir se secan, el derechista moderado entiende que perseverar en la misma senda puede generar mayores riesgos a su propiedad. Entonces le resulta natural sintonizar con quienes hablan de cambio, pero en su mismo lenguaje mercantil y propietarista. Entre la centroderecha y la extrema derecha hay, pues, una afinidad electiva que permite simplemente modular los grados de intensidad de sus adhesiones. El paso de la primera postura a la segunda —y viceversa— no requiere de una crisis existencial del militante.
Entre ambas existe un continuo: las separa una frontera difusa que se escora al centro o al extremo dependiendo de la gravedad de la crisis que se atraviesa. Por eso los energúmenos que hablan de «exterminar a los zurdos», que aplauden el libre uso de armas para aniquilar la delincuencia, que consideran lícito vender partes del cuerpo o que celebran que se deje de proteger a los pobres son los mismos vecinos que años atrás escondían su simpatía por las dictaduras o que pensaban en silencio que la ayuda social a los más pobres debería reducirse o ser más selectiva.
Son las mismas personas que votaban al centro, pero ahora tienen miedo, desazón y buscan aferrarse a algo que les devuelva un mínimo de certidumbre. Y lo más cercano e inmediato a sus adhesiones ideológicas de centroderecha es la derecha extrema, que no solo tiene una explicación de por qué las políticas de centro fracasaron, sino que promete una solución inmediata —ilusoria y falaz, pero solución al fin— en medio del caos imperante. Esta es la primera fuente de la que se alimenta la expansión de las extremas derechas. Y es que, al fin y al cabo, detrás del demócrata de derechas se esconde, como una doble personalidad dormida, un enfurecido derechista autoritario.
4º) Las derechas extremas crecen como reacción material y moral a la igualdad
Por lo general, en la historia política de las sociedades del mundo, los progresismos y las izquierdas políticas son fuerzas minoritarias cuando los programas económicos y de legitimación de políticas conservadoras atraviesan una etapa de expansión y apogeo. Son tiempos en que el consenso del mercado, la meritocracia y el emprendedurismo copan el imaginario social. Hay crecimiento económico y gobierna la esperanza de que se podrá mejorar los ingresos familiares si uno se esfuerza más. El horizonte predictivo de la sociedad se mueve en torno al mercado y el riesgo individual, como en los años 90 del siglo XX.
Cuando eso falla, aumenta el desempleo, la riqueza se concentra en muy pocas manos, bajan los salarios y las oportunidades de crecimiento se truncan. Las derechas que gobiernan se aturden ante sus fracasos y, antes de que las extremas derechas puedan reaccionar, es más probable una expansión de las fuerzas progresistas y de izquierda. Los viejos paradigmas de organización económica se desmoronan, especialmente entre las clases populares, en las que la gente se desprende de las anteriores expectativas ancladas en el mercado que, a fin de cuentas, solo les ha traído empobrecimiento y abandono.
Entonces es cuando las personas se hallan en disponibilidad a revocar antiguas creencias y adherirse a otras nuevas. Y si existe en ese momento un progresismo audaz que persiga de manera creíble el fortalecimiento de los bienes comunes del Estado para ampliar los derechos sociales de los necesitados, es previsible que esa apuesta sintonice directamente con la propia memoria histórica de las clases subalternas respecto a los momentos de bienestar conquistados mediante un Estado redistributivo y benefactor. Son los tiempos de las oleadas progresistas, como sucedió a inicios del siglo XXI en el continente latinoamericano.
Es probable que, en la crisis, una parte de las clases populares y medias se incline por proyectos de derecha. Pero también se inclinan hacia el progresismo, permitiéndole eventualmente ganar las elecciones. Ya en el gobierno, si el progresismo toma medidas inmediatas de reforma económica para ampliar los bienes comunes, distribuir la riqueza y proteger a los más débiles, la pobreza comenzará a ser revertida, aumentará el consumo interno y se verá favorecido el crecimiento económico. Cuanto más audaces sean estos cambios en la reasignación de la riqueza, mayor será la movilidad social ascendente de las clases populares.
A la par de la ampliación del consumo de los sectores empobrecidos crecerá el mercado interno y se ensanchará la base de las clases medias de origen popular. Así, de la clásica figura del triángulo achatado, con una gigantesca base de pobres, una clase media escuálida, y un vértice de ricos —imagen típica de las políticas neoliberales—, se pasará a una figura más parecida a un rombo, con un amplio espacio en el centro compuesto por las clases medias, tanto tradicionales como emergentes, y un decreciente sector pobre. Esta es la imagen que muestra el éxito de las políticas de igualdad que caracterizaron a algunos de los gobiernos progresistas en América Latina.
La misión del progresismo y la izquierda es precisamente el aumentar la igualdad, y eso se logra generando riqueza, distribuyéndola mejor y reduciendo las diferencias entre los que más y menos tienen, todo ello por medio de políticas estatales de justicia económica, tributación progresiva y nacionalización de bienes estratégicos.
Pero a la par del crecimiento de las nuevas clases medias de origen popular se produce, inevitablemente, una devaluación del estatus y los privilegios de las clases medias tradicionales, que ven perder la exclusividad de sus colegios privados, de sus locales de distracción, de sus destinos vacacionales o de puestos laborales anteriormente reservados para sus redes familiares. Y si las clases populares favorecidas por las políticas progresistas son además de origen indígena o afrodescendiente, no es solo el estatus y las distinciones de consumo de las clases medias tradicionales lo que se ve afectado, sino también su jerarquía, su capital étnico, que sea por el color de piel, el apellido o la ubicación geográfica, les garantizaban anteriormente el acceso a determinados privilegios.
En todos los casos, la igualdad económica —que, en términos de ingresos monetarios, amplía la clase media— genera devaluaciones clasistas y, con ello, resentimiento de los igualados. Los sectores medios tradicionales afectados no pierden ingresos ni propiedad. De hecho, estos aumentan. Pero, a la par, también aumentan (y a una mayor velocidad, si las cosas se hacen bien) los ingresos de los sectores populares, que gracias a las políticas estatales ahora pueden ahorrar, comprar una pequeña vivienda, mandar al hijo a la universidad, mejorar su consumo, etcétera.
Esta es la igualdad en acción, y aunque inevitablemente provoque aversiones y resistencias (e incluso resentimientos viscerales, en caso de que las diferencias clasistas hayan estado acompañadas de distinciones étnicas), el progresismo no puede permitirse retroceder o cambiar de dirección. Dicha democratización de los ingresos y los consumos no solo desmontará el viejo orden jerárquico de la sociedad, sino también el orden moral del mundo inscrito en el color de la piel.
En tal caso, la igualdad será asumida como un agravio que buscará ser revertido de la manera que sea, mejor violentamente para restablecer las viejas jerarquías étnicas. La extrema derecha racializada será entonces el mejor refugio para segmentos de clases medias que verán con espanto cómo los colores y la estirpe del poder se «ennegrecen». Contener al indio, si es que no se lo puede eliminar, o expulsar al migrante pobre, si es que no se lo puede detener en la frontera, serán los nuevos lenguajes profilácticos con los que las extremas derechas buscarán dar cohesión a sus nuevos seguidores reclutados entre las clases medias tradicionales.
5º) Las derechas extremas crecen por las decepciones de los progresismos
Las derechas extremas crecen en oposición a la efectividad de las políticas de igualdad que pueden impulsar las izquierdas y progresismos gubernamentales. En esos casos, sin embargo, es posible aislar o fragmentar esos impulsos antigualitarios creando continuamente mayorías sociales y políticas con el éxito de la igualdad.
Que no se crea que es el aumento del consumo de los sectores populares emergentes lo que los puede conducir a posiciones de derechas: es la incapacidad que a veces muestra el progresismo y las izquierdas para comprender las nuevas expectativas, aspiraciones y formas organizativas que adquieren estos sectores populares emergentes lo que eventualmente los empuja a abrazar posiciones conservadoras. Pero lo que sí provoca un daño demoledor en la articulación entre progresismo político e importantes sectores populares es la frustración que puede provocar un gobierno progresista al tomar decisiones que no detienen (o incluso incrementan) el deterioro de la economía popular.
La gente apoya a las izquierdas y los progresismos porque ha experimentado en carne propia el maltrato y el empobrecimiento neoliberal. Pero si el progresismo que llega al gobierno prometiendo bienestar y protección no cumple lo que prometió o empeora las condiciones de vida de las clases populares, lo que se produce inicialmente es un colapso cognitivo de las adhesiones y las esperanzas. El estupor se apodera de todo; las creencias se diluyen, el desánimo y la desafección lo inundan todo. Los humildes se sentirán traicionados y, luego, buscarán aferrarse a cualquier solución nueva que les devuelva la certidumbre imaginaria de un porvenir y les permita sancionar a quienes los defraudaron.
El apoyo de los sectores populares a soluciones de derecha autoritaria será la vía para exteriorizar ese enojo colectivo. No es que el pueblo se ha vuelto neoliberal ni que haya abrazado la creencia de que todos pueden ser emprendedores exitosos o que hay que destruir los derechos y los bienes comunes resguardados por el Estado. Lo que pasa es que las clases populares no pueden soportar más la incertidumbre de un porvenir que no aparece y, por ello, tienen que agarrarse de algo que les devuelva un mínimo de creencia en mejores días. Lo que sea, pero diferente a lo que ahora están soportando. Y mejor si es que pueden hacerlo distanciándose de quienes los desilusionaron, rechazando lo que ellos representan: la protección estatal.
Las derechas extremas se alimentan entonces de la pasividad de los progresismos, de su moderación ante los graves problemas, de su falta de compromiso con los sufrimientos más intensos que desgarran el cuerpo popular. No se le puede pedir a la gente que actúe con conciencia cuando la pobreza interminable desgarra los estómagos de sus hijos. Es el progresismo el que tiene que tomar conciencia de esa pobreza y actuar inmediatamente en consecuencia, como supo hacerlo en otras ocasiones.
Si este reflujo social viene además cabalgando una inflación que el progresismo no ha podido contener o ha agravado, la disponibilidad social a políticas de shock y antiestatistas será inevitable. Y es que la inflación disuelve, como aire en las manos, el más importante y estable artefacto colectivo de medición, resguardo y cambio del esfuerzo laboral de las personas: el dinero. Con ello, desvanece cualquier vieja lealtad hacia los gobernantes y hacia el Estado que han permitiendo ese colapso. Si a todo esto sumamos también la cercanía en la memoria popular de un Estado que durante la pandemia encerró a la sociedad más allá de lo económica y físicamente tolerable, entonces no cabe duda de que los sedimentos libertarianistas y antiestatistas, que habitan fragmentos del sentido común, se verán convocados y reforzados.
Pero a estas alturas vale preguntarse por qué esta frustración popular no se canaliza con salidas más de extrema izquierda o revolucionarias. La razón es que la experiencia de lo popular como cuerpo movilizado, como conquista de derechos colectivos y cuotas de poder ha transcurrido al interior de las banderas del progresismo durante décadas. De no mediar un estallido social que formatee la base de la memoria histórica, la evocación de cualquier forma de lo popular y sus conquistas colectivas toma cuerpo en el progresismo, incluso en contra de sus propios deseos.
Esa es la lógica de las profundas y duraderas lealtades populares forjadas en los momentos ígneos de la historia social. Eso es lo que da persistencia al recuerdo de los grandes líderes y grandes conquistas históricas con cuyas banderas una y otra vez los progresismos llaman a cambiar el mundo. Pero a la vez, esa es también la frontera con la que la gente asocia, llegado el caso, el fracaso de la capacidad de transformación progresista y de izquierdas, y la razón por la que decide abrazar salidas derechistas y autoritarias. Cuando el progresismo tiene raíces profundas e históricas en la íntima experiencia popular, el fracaso del progresismo es el fracaso de cualquier izquierda posible.
Recapitulando, tenemos entonces que las extremas derechas crecen al calor de las crisis económicas devorando a las derechas moderadas. Que se endurecen en sectores medios ante el avance de las políticas de igualdad exitosas y que adquieren apoyo popular al momento de la decepción del progresismo moderado. Por donde se vea, son y serán actores de primera línea mientras la crisis general se mantenga.
6º) Las derechas extremas serán derrotadas saliendo de la crisis económica con mayor igualdad material, redistribución de la riqueza y bienestar popular
¿Qué hacer mientras el neoliberalismo paleolítico cobra fuerza y quiere colonizar los ímpetus de cambio y bienestar? No es casualidad que el enemigo público de esta oleada regresiva y represiva a manos de un tipo de neoliberalismo cavernario sean los derechos sociales inscritos en el Estado.
El Estado es el receptáculo de lo común de una sociedad. Bajo la forma de monopolios y burocracias, el Estado es el depositario de una parte de toda la historia común que han producido los pueblos; es la condensación de lo común de sus luchas, lo común de sus victorias y lo común de sus derrotas; sintetiza sus logros colectivos, su épica y sus bienes acumulados a lo largo de décadas y siglos. El Estado es la cristalización de los derechos de las personas conquistados en miles de batallas —incluso contra el mismo Estado— que, para mantenerse en el tiempo y heredarse a las nuevas generaciones, se instituye como ley, como norma, como presupuesto y como institución en el propio Estado.
El Estado no es el derecho ni produce el derecho de los pueblos. Los derechos los conquistan los pueblos mediante huelgas, paros, marchas e insurrecciones. Para consagrarlos y mantenerlos en el tiempo después de las grandes batallas, los propios pueblos buscan que esas luchas queden grabadas e instituidas en el Estado en forma de derechos, como fuerza legal con efecto vinculante. Es cierto que también en el Estado gravitan predominantemente las influencias y la fuerza de los poderosos. Pero para legitimarse necesitan tolerar, aceptar o soportar la historia y las victorias —tanto las pequeñas como las medianas— de los pueblos.
Esa es la dimensión paradojal de los Estados: son estructuras de dominación pero también de inclusión, de agrupación y de defensa de los pueblos. Se trata de una fluida y cambiante tención, que es inherente a su existencia.
Por eso cuando los neoliberales autoritarios se plantean «dinamitar» el Estado, lo que quieren hacer es dinamitar ante todo la historia de luchas y derechos que los pueblos han conquistado con sangre y sacrificios. Lo que pretenden hacer es borrar lo poco (o lo mucho) de derechos comunes que las sociedades han labrado a lo largo de la historia: la educación pública y gratuita, la salud pública, los bienes públicos, los recursos comunes (el agua, el gas, los minerales, el litio) o los servicios públicos, que luego del gran derrumbe inducido, como siempre ha sucedido en cada afrenta liberal, serán subastados ante una jauría de ricos en busca de ampliar su riqueza privada con la riqueza pública.
La sustitución de lo público por lo privado, por el mercado, es la extinción de lo común que tienen los pueblos, de los lazos que los unen como comunidad histórica y de destino. La propiedad privada que se ofrece como el becerro de oro de los egoísmos individuales es lo opuesto a lo común de una sociedad. Es la conversión de una nación en un conglomerado de átomos zombis sometidos despóticamente a la gran propiedad de unos cuantos adinerados. Pues es privada, es decir, propiedad de unos pocos que excluyen, arrebatan y someten a otros muchos. Y cuanto más grande es, más exclusiva y excluyente se torna.
Por eso es que las oligarquías no tienen patria. Nunca la han tenido ni desean tenerla. Porque no tienen nada en común con el resto del pueblo. Es más, lo desprecian y les avergüenza. Pero al mismo tiempo lo necesitan, porque su riqueza privada nace del robo de la riqueza común producida por el resto. Las oligarquías necesitan del pueblo para succionar sus esfuerzos, para expropiar sus bienes comunes.
A eso se refieren cuando hablan de «dinamitar» el Estado. Pero lo paradójico es que su antiestatismo es en realidad un estatismo vergonzante y falaz, pues necesitan al Estado para vaciar y privatizar al mismo Estado en beneficio de unas diminutas oligarquías. Los «antiestatistas» necesitan del Estado, además, para coaccionar e imponerse a la fuerza a los insumisos. El mercado no lo puede hacer. Solo el Estado tiene la fuerza coercitiva legal, es decir común y reconocida por todos, para garantizar y defender el derecho a la gran propiedad y la riqueza de un puñado de personas.
Perder la batalla de los derechos y de lo común de una sociedad frente a la gran propiedad es perder la batalla de lo que convierte a un conglomerado de habitantes de un territorio en una nación. Y la única manera de defender lo logrado en común y en derechos es ampliar lo común y los derechos. Los pueblos no pueden conservar sus derechos sin avanzar hacia otros nuevos. Solo preservar implica retroceder.
Por eso la única manera de derrotar a las extremas derechas, de impedir que crezcan, es resolver la crisis económica y la crisis de esperanzas que las alimenta. Hay que resolver la crisis, pero no en favor de los ricos, sino en beneficio común de los humildes, de los trabajadores. Quitar la riqueza acumulada en pocas manos para distribuirla mejor entre la gente común e impulsar más producción para producir más riqueza a distribuir entre todos. Los paliativos temporales no resuelven el problema e incentivan la angustia.
Así es que el primer problema a abordar desde la sociedad y desde cualquier gobierno progresista, en esta oleada o las que aun vendrán, son mejoras rápidas y visibles en los ingresos económicos de manera duradera y previsible en el tiempo. La inflación corroe la certidumbre diaria de las familias y, con ello, las lealtades y apoyos políticos.
Para contrarrestar aquello no existen en el mundo más que dos vías: o bien se mutilan los ingresos reales de las mayorías o bien se reducen las ganancias de los empresarios. El progresismo y las izquierdas solo son realmente progresistas o de izquierdas si hacen esto último. Control de precios, control del comercio exterior, aumento de los impuestos a las fortunas, eliminación de exenciones de privilegio que estabilicen el valor de la moneda y el salario real de los trabajadores, estatización de empresas estratégicas que generen excedentes elevados.
Hay que dejar de lado el credo liberal, añejo, de ajuste y austeridad fiscal. Las economías más avanzadas tienen un endeudamiento promedio de entre el 100% y el 150% de su PIB y a pesar de ello están implementando planes multimillonarios de empleos, modernización de obras públicas (Estados Unidos), subvención a la energía (Europa) y subsidios a las industrias estratégicas de softwares, energías limpias, inteligencia artificial (Estados Unidos y Europa).
En nuestras latitudes resulta indispensable darle sostenibilidad en el tiempo a las reformas sociales para que no dependan de las fluctuaciones de los precios de las materias primas. Esto significa impulsar procesos de reindustrialización selectivos a gran escala y masivos en pequeña escala, tanto públicos como privados. El continente necesita un shock de industrialización de materias primas, de alimentos, de energías verdes, de química básica, de electrodomésticos, de autos eléctricos, etc. Pero también precisa un shock de industrialismo en los ámbitos micro del consumo local, en la artesanía, en las pequeñas empresas y en los servicios, que es donde se ubica la mayor parte de la población laboriosa.
Lo importante es crear una base productiva duradera y ecológicamente sustentable para redistribuir la riqueza común de la sociedad y ampliar nuevos derechos colectivos. Al hacerlo, simultáneamente, se logrará promover un nuevo horizonte de futuro movilizador y garantizar el apego democrático de la población, con el fin de que la democracia y el protagonismo social estén asociadas a la igualdad y la justicia económica.
Desde hace quince años América Latina y el mundo viven en medio de un vórtice de transición de la economía global a otro modelo, más fragmentado. Se trata de un vórtice caótico y lleno de incertidumbres, plagado de perplejidades y complicaciones, de nuevas oleadas y contraoleadas, tanto progresistas como conservadoras, sin que ninguna de ellas pueda aun estabilizarse. Esta situación puede durar tal vez una década más, años que estarán llenos de victorias cortas y de derrotas también cortas.
Pero este flujo y contraflujo no puede durar indefinidamente. La situación tendrá que estabilizarse. De qué manera se estabilice, si adoptando rasgos conservadores y autoritarios o progresivos y democráticos, depende de lo que hagamos hoy. Depende de la audacia y la perseverancia con las que las distintas fuerzas políticas y clases sociales concurran al encuentro con la Historia. Y, ojalá, en ese enorme torbellino de fuerzas contradictorias las fuerzas de la justicia social, de la igualdad radical y de la comunidad triunfen por sobre las del egoísmo, la gran propiedad y el autoritarismo.
Este artículo es una adaptación de la conferencia brindada por Álvaro García Linera en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) el 22 de septiembre de 2023.
Nació en Gales, Inglaterra, en 1872 y falleció en 1970 en Gales. Provenía de una familia de la nobleza británica, su abuelo Lord John Russell había sido un primer ministro liberal de Gran Bretaña. Su padre era el vizconde de Amberley, un aristócrata británico que era un libre pensador. Él tenía el título de conde y no lo usó, lo mismo el de Lord. Quedó huérfano a la edad de 4 años y quienes lo educaron fueron sus abuelos.
Se casó cuatro veces y tuvo tres hijos, no creía en la fidelidad del matrimonio. En el campo religioso, de niño y joven su abuela paterna tuvo una gran influencia en él y lo instruyó sobre la Biblia. Años después, ya hacia afirmación publica de no ser religioso y señalaba: «La religión se basa primeramente en el miedo. Es en parte el terror hacia lo desconocido y el anhelo de sentir que se tiene un hermano mayor que siempre lo protege a uno y está ahí si lo necesitas». Russell considera que hay argumentos lógicos para afirmar la no existencia de Dios. Años después se calificó como un agnóstico, porque no creía que existiera un argumento concluyente con el cual uno demuestre que no existe un Dios.
Fue un pacifista declarado contra la guerra; se opuso públicamente a la Primera Guerra Mundial por lo que fue destituido de su puesto de profesor en la Universidad de Cambridge y hasta sufrió prisión por esa causa. De hecho, lo calificaron como traidor al país que lo había visto nacer y alimentaba.
Aceptó la necesidad de una Segunda Guerra Mundial debido al peligro de Hitler y sus ideas. Criticó a los Estados Unidos por la guerra con Vietnam. Era un detractor de la propiedad privada ya que decía que el origen de ésta estaba en la violencia, el robo por el capitalismo y cómo el Estado protegía a la propiedad privada.
Consideraba al Estado otro mal y creyó durante un tiempo que la cura era él comunismo. Afirmaba que: «La libertad es el bien supremo, pues sin ella la personalidad es imposible. Solo por la discusión libre podemos abrirnos camino a través de errores y perjuicios, hacia la perspectiva total que es la verdad». Sin embargo, luego de haber ponderado el socialismo marxista de la Unión Soviética, establecido por Lenin, cuando visitó Rusia se desilusionó del comunismo personalmente al ver el totalitarismo de Stalin y darse cuenta de que jamás ahí se podría tener una democracia. Pensaba que la misión de los intelectuales era la difusión de una cultura que habituara a los hombres a la revisión de sus propias ideas y a la mutua colaboración.
Después de su viaje a Rusia y luego a la India, pasó en 1921 a vivir y a enseñar un año a China y de ahí que yo lo califique de «visionario» pues él se dio cuenta de que la lentitud y calma del pueblo chino para realizar sus labores sí tenía mucho valor, y ponderaba el respeto y obediencia a los mayores y el colaborar con sus gobernantes. Todo eso, decía, se debía a que China poseía una cultura muy antigua y quizás más profunda que en Occidente. Y señaló lo siguiente:
Me he convencido de que la raza blanca no es tan importante como pensaba que era. Si Europa y América se matan en una guerra, ello no significaría la destrucción de la especie humana y ni siquiera el fin de la civilización. Quedará todavía considerable número de chinos, y en muchos aspectos China es el mayor país que yo he visto. No es sólo el mayor numérica y culturalmente, sino el mayor intelectualmente. No conozco otra civilización donde haya tal apertura de mente, de tal realismo, tal disponibilidad a enfrentarse a los hechos cual son, en vez de tratar de distorsionarlos según su patrón particular.
Todo lo relatado antes sucedió antes de la guerra civil en 1927 entre los nacionalistas chinos de Chiang Kai-Shek y los comunistas de Mao Zedong. O sea, antes de que los comunistas llegaran al poder en 1948.
Ahora entiende uno por qué al morir Mao, su sucesor Deng Xi Ping no solo realizó cambios al comunismo con una apertura al capitalismo con empresas privadas y a los mercados mundiales, sino que restauró las enseñanzas del maestro Confucio, quien había enseñado sobre el respeto a la familia, la obediencia patriarcal y el respeto y colaboración del pueblo para el gobernador o gobierno de turno. Por eso su gran laboriosidad, su dedicación y la falta de huelgas tan frecuentes en Occidente; de ahí que su industria y comercio floreció tan rápido, como ninguna nación lo ha hecho, ni siquiera los Estados Unidos.
Fue un declarado defensor del desarme nuclear. Terminó siendo una especie de socialista-liberal, aunque se reía cuando se lo decían. Autor de numerosas obras filosóficas y sobre matemáticas. Fue coautor de una gran obra: Principia Mathematica junto a G. Moore, A. Whitehead y L. Wittgenstein. Sus trabajos tuvieron una influencia importante en matemáticas, lógica, teoría de conjuntos, ciencia del conocimiento y hasta en inteligencia artificial. Ahí llegaba a la conclusión de que la aritmética y posiblemente las matemáticas en su totalidad derivan de los principios fundamentales de la lógica. Él decía:
Las matemáticas si se les contempla debidamente poseen no solo la verdad, sino la suprema belleza, una belleza fría y austera, como la de la escultura… es sublimemente pura y capaz de una perfección adusta, como solo el mayor arte puede mostrar.
Se señala que este libro constituye la mayor contribución al desarrollo de la lógica, después de las enseñanzas de Aristóteles en este campo.
Era ahijado del famoso escritor John Stuart Mill quien decía: «Por encima de uno mismo, por encima de su propio cuerpo y de su mente, reina el individuo», y sus escritos influyeron mucho en su manera de pensar.
Apoyó la idea de una filosofía científica y propuso aplicar el análisis lógico a problemas como el de mente-cuerpo o a la existencia del mundo físico: «La meta de la filosofía debería ser igualar la perfección de las matemáticas, confinándose a afirmaciones similarmente exactas y similarmente verdaderas antes de toda experiencia. Las proposiciones filosóficas han de ser a priori».
En 1950 le dieron el Premio Nobel de Literatura por sus innumerables escritos donde defendía los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento y de acción.
Notas
Durant, W. (1978). Bertrand Russell. The Story of Philosophy. Nueva York: Ed. Simon and Schuster. Grattan-Guiness. (2000). The Search for mathematical Root. Reino Unido: Princenton University Press. Magee, B. (1995). Bertrand Russell. Historia de la Filosofía. Barcelona: Ed. Blume. Russell, B. (2017). Viaje a la revolución práctica y teoría del Bolchevismo. Barcelona: Editorial Ariel. Wikipedia. (2023). Bertrand Russell. Internet. Vía Google.
Hace 28 años se aprobó ese ajuste salarial que se paga diferido. Para el trabajador significa una retención obligatoria que cae muy bien a inicios del año. Al sector privado se le propuso inicialmente algo, al menos similar, pero pocos lo aceptan porque quizá muchos patronos, reportan salarios menores haciendo pagos como »servicios profesionales», para escamotear cargas sociales y llevar una contabilidad paralela que les permita no reportar ganancias (por eso ¡la evasión de impuestos supera el déficit fiscal!).
Esos «patroncitos», no podrían pues, reportar salarios reales porque se les «jode el negocito». Pero dichosamente no todos piensan así, por lo cual, a través de un mecanismo formal facilitado por el Banco Popular, donde el patrón deduce un porcentaje mensual del salario para depositarlo en cuentas individuales a nombre del trabajador, este ve recompensado su esfuerzo, al contar con un salario escolar al iniciar el año.
Para el 2023, cerca de 13 mil trabajadores privados contaron con ese ingreso extra, que en total sumó más de ¢1000 millones, y que se espera siga aumentando, de ser acogido voluntariamente por trabajadores y patronos, con mayor entusiasmo y acorde con los postulados de la ley.
En fin, para conocer el origen histórico del «salario escolar» veamos lo que nos dice su gestor, en el gobierno de Figueres Olsen, el exministro de Trabajo Farid Ayales:
“El salario escolar es parte integrante del salario del trabajador con la particularidad que el 8.25% se paga en forma diferida a final de la primera quincena de cada enero. Se constituyó de acuerdo a mi propuesta que el aumento salarial del primer semestre de 1995 se pagara así. Mi propuesta fue acogida por el Consejo Nacional de Salarios que es independiente. Por tanto, NO se puede eliminar o incautar porque sería una rebaja ilegal del salario».
¡Lástima que hace un año Feinzaig, que pretendió eliminarlo, y ahora Acosta y sus titiriteros del FMI, no son dados a estudiar, porque se hubieran evitado el ridículo que están haciendo!
Este 7 de noviembre celebramos el Día Nacional de la Democracia Costarricense para honrar a los costarricenses que salieron con armas a defender el proceso electoral de 1889. Cada 7 de noviembre se festeja este día por decreto número 18, desde 1942.
Además, el motivo de esta fecha es impulsar la celebración permanente de este día según el propósito del Instituto de Formación y Educación en Democracia (IFED), que es el instituto encargado de la promoción de la democracia.
La democracia es un sistema de gobierno donde la soberanía o la autoridad de poder están en el pueblo, por eso, cuando hablamos sobre democracia pensamos en el régimen político o en una forma de gobierno, pero sobre todo debemos saber que la democracia es un proyecto de vida que hemos construido en sociedad, y que debemos fortalecer continuamente, ya que los cambios que se producen en la sociedad hacen que ese proyecto requiera trabajo constante.
Hay quienes se han aprovechado de la democracia para engañar y defraudar, para servirse y no servir, para por un lado hablar de un proceso democrático y por otro irrumpen contra la voluntad popular e imponen a dedo y a fuerza a quien no representa a los electores.
Esos son los que van debilitando la democracia y poniéndola en peligro por intereses personalistas y mezquinos.
Dios quiera que el pueblo entienda la importancia de fortalecer la democracia y que ese fortalecimiento solo se puede lograr a través de la participación y más participación ciudadana. No hay otra forma más que la ciudadanía ejerza su rol y salga a votar y legitimar una elección. De otra forma el peligro de que el sistema democrático sufra menoscabo está latente y que podamos llegar a lo que otros países han llegado es posible si la indiferencia y la irresponsabilidad siguen presentes.
¡¡¡Viva la democracia, fortalezcámosla con nuestra participación!!!
En los Juegos Panamericanos, Costa Rica ganó solamente UNA medalla de oro, 1 de plata y 7 de bronce. Repitiéndose así el fracaso de nuestros dirigentes del Comité Olímpico y el ICODER, mientras se resalta el esfuerzo individual, de atletas como la magnífica Andrea Vargas, cuya historia familiar nos enorgullece. De los otro 8 medallistas se conoce tan poco, que es una muestra más de la incompetencia, de los que no solo no promocionaron a la selección de atletas, al punto que, se puede comprobar, los costarricenses, en su mayoría, no se enteraron siquiera de la realización de la competencia del ciclo olímpico en Santiago, Chile.
Sin embargo, para mayor claridad, no solo se debería hablar de las 9 medallas ganadas (1 de oro) sino de cuáles fueron los 17 países americanos que quedaron por arriba de Costa Rica. Algunos de los latinos fueron Brasil con 205 (66 de oro); México 142 (52 de oro); Cuba 69 (30 de oro); Colombia 101 (29 de oro); Argentina 75 (17 de oro); Chile 79 (12 de oro); Perú 32 (10 de oro); Venezuela 44 (8 de oro); República Dominicana 32 (8 de oro); Ecuador 36 (7 de oro); Puerto Rico 20 (3 de oro); y no hace falta seguir.
Vibramos con el Himno Nacional de Costa Rica mientras se premiaba a Andrea Vargas, bicampeona panamericana en 100 m con vallas, ¡pero cuánto nos encantaría escuchar nuestro bello himno, unas cuantas veces más! Y si no fue así, no fue por culpa de los atletas, sino por las carencias que exhiben los jerarcas del Comité Olímpico y del ICODER, quienes seguramente ya estarán preparando conferencias de prensa, para principalmente mostrarse, exhibirse sin vergüenza, al lado de los atletas ganadores, cual si las preseas también se les deben a ellos.
Asimismo, no sería raro que justificaran el fracaso, argumentando que «no se puede competir con grandes potencias continentales», «se hacen ingentes esfuerzos, pero faltan recursos», «es lo más que podemos pretender, pero lo más positivo, es que se mejoraron los tiempos y se mostraron mejorías». Aunque Bolivia, Panamá y Uruguay, también alcanzaron posiciones superiores a Costa Rica…, sin ser «potencias».
En fin, los pretextos sobrarán, dirán que hay gente que no entiende, que darán más becas, que es parte de un proceso, etcétera. Aunque lo mejor que deberían hacer, es jugar al «calladitos más bonitos», y esconderse en las sombras, aprovechando esos momentos para reflexionar y, en caso de quedarse en sus trabajos bien remunerados, aprovechar para comprometerse, en serio, a promover las actividades deportivas por todo el país, y sin escatimar esfuerzos, para pulir los atletas en ciernes, que seguramente hoy se están malogrando por rincones patrios.
Finalmente, además de visibilizar a los que triunfaron, a los que recibieron sus muy bien ganadas medallas, nos sumamos a los que celebramos sus triunfos personales. Ellos fueron Andrea Vargas, oro, 100m con vallas, Jennifer Kalmbach, plata, surf; Daniela Rojas, bronce, 400m con vallas; Juan Rodríguez y Marco Moretti, bowling, bronce; Marco Moretti, bowling individual, bronce; Andrés Acuña y Gabriel García, racquetball, bronce; Maricruz Ortiz, racquetball singles, bronce; Lía Reyes y Leiliani McGonagle, sutf, bronce. A los que les deseamos más éxitos futuros y, muy especialmente, que su ejemplo sea motivo de inspiración para muchos otros jóvenes.
Dussel pasó por Costa Rica la primera vez en 1973, el año del golpe contra Allende (mismo en que a él le pusieron una bomba en su casa en Mendoza).
Yo tenía 18 años y hacía mi primer año de universidad: imaginen el impacto de conocer a Dussel con todo su brío y profundidad cuando en Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica discutíamos si había una filosofía latinoamericana (el famoso debate iniciado en 1969 entre Augusto Salazar Bondy y Leopoldo Zea).
La mejor respuesta al debate de entonces ha sido su obra gigante, que seguirá creciendo en el diálogo intercultural planetario que sustenta, abierta y apasionadamente colectivo como ese tercer volumen de la “Política de la liberación. Crítica creadora” publicado hace un año.
Deseo compartirles (como recomienda Fred Herrera Bermúdez) este libro, esencial en el pensamiento de Enrique y creo yo para toda persona preocupada por la liberación en el Planeta. ¡Así se le ha reconocido!
Tiene una apasionante historia de las civilizaciones desde el punto de vista ético, señalado el camino hacia el futuro. Todavía nos queda un largo trecho y muchísimos desafíos, pero la clave para mí (como propone Dussel) es saber escuchar y dialogar desde el lugar de —y con— las y los excluidos.
“(…) a la Comunidad hay que respetarla. La Comunidad existe. La Comunidad es una fuerza. y a la Comunidad se le toma en cuenta”. Fidel Castro Ruz.
Durante los días 18 y 19 de noviembre de este año 2023, se celebrará en la Habana, Cuba, el IV Encuentro La Nación y la Emigracion. Esta jornada de la conferencia estaba prevista para realizarse en 2020, pero debió posponerse debido a la compleja situación sanitaria creada en el mundo a raíz de la pandemia de COVID-19. Los Encuentros anteriores se han realizado en 1994, 1995 y 2004.
Aunque antes de estas fechas, hay por parte de Fidel Castro Ruz, organizaciones y movimientos, acciones y encuentros, para abordar la temática.
Este IV Encuentro es una expresión del carácter irrefutable de continuar profundizando las relaciones con sus nacionales cubanos/as en el exterior.
En este sentido, creemos y vemos el apoyo desinteresado y permanente de los cubanos/as residentes en el exterior, quienes en los momentos más críticos enviaron y siguen enviando a su Patria, insumos de todo tipo, sorteando los innumerables obstáculos que representa la política de bloqueo. Siendo este apoyo, un proceso continuo e inquebrantable de acercamiento entre Cuba y la comunidad cubana en el exterior.
Porque como ya lo dijera el comandante en Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro: a la Comunidad hay que respetarla. La Comunidad existe. La Comunidad es una fuerza y a la Comunidad se le toma en cuenta. Porque hoy, como lo fue en el pasado, continúa siendo relevante la participación de todos los cubanos/as para preservar la Patria de aquellos/as que pretenden negarle su derecho a existir como Nación soberana.
En definitiva, sin importar donde se encuentren, y que también dificulta los vínculos entre las familias, continuará el acercamiento natural e inevitable de Cuba con sus nacionales en el exterior, por voluntad de nuestro pueblo, en ejercicio de su libre determinación.
El desarrollo de las relaciones de los nacionales cubanos/as con los residentes en el exterior, estimulan una mayor participación de estos en los procesos de desarrollo cultural y socio-económico que tienen lugar en el país. Por esto es que este Encuentro seguirá siendo un espacio propicio para debatir y trabajar juntos por la independencia, la justicia social plena y el bienestar de la Patria cubana.
Es significativo como Cuba luego de 60 años de bloqueo, desee propiciar estas iniciativas de Encuentros con sus migrantes. Desde nuestra posición desde afuera, es loable esta perspectiva, ya que muestra por donde debe ir una Revolución Socialista.
Antes de considerar otros aspectos de la emigración cubana, deseamos dejar explícitos algunos elementos importantes, algunos de discusión amplia y otros reiterativos en el mismo debate, en este problema migratorio.
Cuba es un país viable, a pesar del bloqueo, es un país que ha tenido éxitos en sectores como la educación, la salud, el deporte, en el campo de las investigaciones y en las transformaciones sociales.
En Cuba no existe crisis social, ni política. Es un país en transformación y ha tenido la valentía de no frenar este proceso a pesar de la situación económica. Ninguna de las medidas que ha llegado a implementar es producto de la improvisación.
En medio de todo este proceso, hay un espacio importante y activo de presencia de la emigración cubana.
Se han producido avances sustanciales en la política migratoria del país hacia los cubanos/as emigrados y aquellos/as que deciden residir temporalmente en el exterior.
En este sentido, el IV Evento, es un espacio para celebrar lo que une a los cubanos, de adentro y de fuera, reconocer los logros alcanzados a favor de la normalización de esas relaciones y el estrechamiento de los vínculos con la emigración. Así como, resaltar el compromiso de los cubanos/as y sus aportes a la Patria cubana desde posiciones de respeto y hermandad.
Ahora, lo que, si es cierto y en otro orden de ideas, es que «la estrategia histórica de la Revolución cubana ha sido, desde antes del triunfo, ganarse a los adversarios. No despreciar moralmente al enemigo, ni juzgarlo cobarde. Así que “muchos soldados de Batista son hoy militantes de nuestro Partido”, “trabajadores de vanguardia, trabajadores distinguidos”. La Revolución consiste en un proceso de transformación de los seres humanos, a partir de sus virtudes y capacidades morales, desde las cuales “puede transformarse en un revolucionario”, así lo enfatiza el sociólogo y politólogo Rafael Hernández, en su artículo: Nación y Emigración: Las orillas del diálogo.
A su vez, Hernández, muestra una especie de avances y logros, así como elementos que unen a los nacionales y los emigrados, por ejemplo, él dice: «Cuando enseño historia de la Revolución, el problema a resolver no son los “libros prohibidos” de autores emigrados; digamos, Jorge Domínguez, Emilio Cueto, Uva de Aragón, Carmelo Mesa-Lago, Ada Ferrer, Alejandro de la Fuente, Jorge Duany, Lisandro Pérez, Guillermo Grenier, Alan West-Duran, Iraida López, Ruth Behar, Miren Uriarte, Alejandro Portes, Roberto González Echeverría, para mencionar solo a algunos vivos, entre muchos. A pesar de que la mayoría no comparte la ideología del socialismo cubano, son conocidos, citados, comentados, usados en clases, y casi todos publicados aquí» en Cuba.
También señala que, hay «Nuevas regulaciones que flexibilizan la renovación del pasaporte, cambios aduanales para facilitar envíos e importaciones de medicinas y alimentos, encuentros de algunos empresarios con autoridades en la isla, y muy especialmente, conversaciones a nivel del presidente y empresarios emigrados acerca del (llevado y traído) espacio real para invertir en Cuba. El insólito evento, en Miami, con participación de numerosos empresarios privados de aquí y otros de allá es el último hecho notorio», entre muchos otros avances.
Para finalmente, Hernández, rematar con esperanza: «La reconciliación entre las familias, y el acuerdo de nuestros desacuerdos, así como los diálogos en los campos de la cultura, la academia, la ciencia, la fe, encierran lecciones que deberíamos compartir, para no tropezar de nuevo con las mismas piedras».
Por otro lado, el mismo autor en su artículo: Cuba: Los números de la migración, indica: «Según fuentes oficiales de EEUU, en el Año Fiscal 2022 (octubre 2021-julio de 2022) han entrado 177.800 cubanos a EEUU; solo en julio, 20.000. Como se sabe, por el Mariel se fueron 125.000 personas en poco más de 5 meses. Grosso modo, 25.000 al mes (aunque la mayoría se concentró en los primeros dos meses). Si en los 10 meses transcurridos del año fiscal 2022, se hubieran ido al ritmo del Mariel, habrían entrado ya en EEUU 250.000 cubanos».
A su vez, «entre agosto de 2017 y agosto de 2022 deberían haber salido de Cuba y entrado de manera documentada y ordenada, sin correr ningún riesgo ni gastarse una fortuna, 100.000 cubanos (si no se hubiera interrumpido unilateralmente la aplicación del acuerdo migratorio existente desde hace 27 años)».
Y Hernández, hace una consideración muy importante: «Los que salen ahora, no. Es decir, no están en una situación de exilio, ni de emigración sin retorno, sino de entra-y-sale. Aunque no volvieran, no se han ido para siempre», comparado con la emigración del Mariel en 1980.
En esta temática tan importante, deseamos reseñar finalmente, lo que informa el investigador Jesús Arboleya, en su artículo, Cuba: economía y emigración, al plantear y darnos otra perspectiva.
Datos…
Desde el triunfo de la Revolución, uno de los objetivos de la política norteamericana fue drenar a Cuba de la fuerza de trabajo calificada que requería el buen funcionamiento de la economía. Decenas de miles de profesionales y técnicos emigraron, en buena medida, alentados por las ventajas excepcionales que les ofrecía esta política, lo que obligó a un esfuerzo educacional monumental para suplirlos.
Eliminar el embargo representaría alrededor de mil millones de dólares al año para la economía del sur de la Florida, junto con 40 mil nuevos empleos.
Por otro lado, es innegable que los emigrados contribuyen de diversas maneras a la economía cubana y pudieran hacerlo mucho más si se crean las condiciones adecuadas para ello.
Contribuciones:
En primer lugar, como ocurre en muchos países emisores de migrantes, lo hacen mediante las remesas. La mayoría de los estimados coinciden en que Cuba recibe unos 3 000 millones de dólares anuales por este concepto, el 68 por ciento procedente de EEUU. Aunque el cálculo de las remesas y su impacto real en la economía siempre es engañoso por la forma en que circula este dinero, no caben dudas de que constituye un ingreso importante de capital fresco, una parte del cual va destinado a la inversión en los negocios privados que se desarrollan en el país.
A las remesas en efectivo, habría que agregar las que llegan al país en calidad de envíos de mercancías, calculado en otros tres mil millones de dólares anuales, los cuales también sirven en ocasiones para el desarrollo de negocios particulares.
Otro aporte relevante de los emigrados a la economía cubana es el que se realiza por medio del turismo y las visitas familiares. Según datos del gobierno cubano, en lo que abarca el último quinquenio, más de un millón de emigrados han realizado 4,6 millones de visitas al país.
El aporte de los emigrados también se concreta muchas veces en el pago de las comunicaciones de personas residentes en Cuba y en el financiamiento de sus visitas al exterior, que en el último quinquenio superó los cuatro millones de viajes, a pesar de que EEUU prácticamente redujo a cero esta posibilidad desde 2017, con la excusa de los cuestionados ataques sónicos a sus funcionarios.
Es cierto que las remesas, los viajes y otras formas de contacto de los emigrados con Cuba no pueden ser entendidos como una muestra fehaciente de apoyo al gobierno cubano, pero sí reflejan necesidades e intereses cuya solución pasa por una mejor convivencia entre los dos países. En esto radica el punto de demarcación de las posiciones respecto a Cuba, en el seno de la emigración cubana.
Finalmente, deseamos recalcar el arrojo, la valentía de Cuba, al discutir y debatir este tema, que les atañe tanto, así como ver a las/os migrantes no como enemigos/as, sino como parte de su Nación, sujetos de tomar en cuenta.
Estallido del acorazado Maine (1898) … incidente de Gliwice (1939) … incidente del golfo de Tonkín (1964) … ¿Y Hamás el 7 de octubre de 2023?
Que los palestinos evacúen Gaza, que abandonen Gaza, fue la advertencia, orden, designio de Israel.
Entre otros planes de Israel USA/G7/OTAN figura el canal Ben Gurión. Éste, junto al petróleo, el gas y las demás rutas estratégicas, hacen parte de los elementos de la geopolítica regional. El canal Ben Gurión, transcurre entre el Mar Rojo, el Golfo de Aqaba y el Mediterráneo, son alrededor de 260 kilómetros y ahí está Gaza (desde Gaza-Ashkelon). Gaza debe estar desocupada de población palestina.
Como alternativa al canal de Suez, es un proyecto que contiene varios alcances, propósitos y finalidades.
Es una ruta comercial, energética, estratégica que, no sólo es una nueva ruta, es la alternativa para arruinar el canal de Suez, los ingresos y lo que supone como importancia estratégica, política y económica para Egipto. (Turkiye Newspaper, 2/11/23)
Los cálculos son que reportará varios billones de dólares de ingresos para Israel, entre 7 y nueve mil millones de dólares.
Puestas así las cosas, la salida al mar Mediterráneo, no sería una simple salida, sino todo un centro de organización logística y militar para controlar la región.
Pero no sólo para la ruina de Egipto, sino que supone un golpe estratégico para China, para la Franja y la Ruta de la Seda, que implica planes de contención para los BRICS plus, siendo que Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Etiopía y Argentina, se unieron a la iniciativa BRICS, recientemente en agosto, en Sudáfrica.
Agreguemos otro elemento ya conocido: con la participación de la República Popular China, hace poco se dio el acercamiento entre Irán y Arabia Saudita.
Estos elementos hacen parte del movimiento de China, La Federación de Rusia, India y en general de los BRICS; también son parte del escenario en el que “occidente” lleva a cabo sus maniobras genocidas.
Por un lado, 100 mil millones de dólares de los BRICS, para el desarrollo, el comercio, construcción de infraestructura; por otro lado, más de 100 mil millones de dólares de “occidente”, de USAG/7OTAN, pensados para la guerra, la destrucción, en “ayuda” para Ucrania, Israel y la frontera con México (para América Latina, el conflicto ya no está tan lejano). En medio de fuertes protestas de personas mostrando sus manos manchadas de sangre.
La Región se muestra, todo tiene que ver: Irán, el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz, el Estrecho de Bab el Mandés entre Yemen y Djibouti; Egipto y Etiopía; el Canal de Suez y la salida al mar Mediterráneo y Europa; pasos, gargantas y rutas estratégicas de petróleo y gas; comercio de otras mercancías, oleoductos y gasoductos (por construir, por destruir: valga traer de nuevo el ejemplo de la destrucción del Nord Stream), espacio aéreo, ¿ciberespacio?
Al afectarse Irán, se afectará la ruta India/Irán/Mar Caspio/Novgorod (que mencioné en un artículo anterior); al fectarse Egipto, el Mar Rojo, Etiopía y Bab el Mandés, se afecta también el Sahel; y de todo esto, se abre al irresponsable descontrol de la situación.
Es condición sine qua non para los planes de Israel y USA/G7/OTAN, una franja de Gaza, sin población palestina. Bombardeos, invasión, ocupación; población palestina sin alimentos, agua, combustibles, electricidad; hospitales y ambulancias atacadas. Que abandonen, que se evacúe Gaza. Debe ser expulsada, echada, eliminada, no debe estar ahí. Se ha hablado de una “Limpieza étnica”. Vergüenza para la humanidad.
“El secretario general de la Liga Árabe (Ahmed Abul Gheit) denuncia la “guerra de exterminio y limpieza étnica contra Gaza … a la vez que se exige una tregua humanitaria inmediata”. (Europa press, Madrid, 4 de noviembre)
De nuevo un llamado a la opinión pública mundial, individual y colectiva a no ser presa de la desinformación interesada; que disfraza las guerras, saqueos, masacres y despojos, de democracia y libertad.
Cada vez hay más conciencia de USA/G7/OTAN como agresor, guerrerista; y a Israel y al capital sionista, cada vez más, se les cae la máscara de víctima.
Todo es una muestra aborrecible de la maldad, la mezquindad y la miseria humana. No puede ni debe continuar.
Mario Rodríguez Bonilla Central General de Trabajadores, Costa Rica
La población de nuestro país puede tener niveles importantes de desconfianza del Poder Judicial, por razones como la lentitud de los procesos, la influencia de los poderosos en el resultado, poca objetividad de los jueces y fiscales, pero poco o nada saben sobre qué es un juicio político o “lawfare”.
También es conocida como “guerra jurídica”, la combinación de ‘law’ y ‘warfare’ hace referencia al uso de procesos legales como arma política, lo vimos en caso en América del Sur contra figuras políticas como los expresidentes Lugo en Paraguay, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Dilma y Lula da Silva en Brasil, en España contra Pablo Iglesias, en nuestro país tenemos uno que está empezando.
La activista pro Palestina Tatiana Gamboa está enfrentándose no solo al poder judicial, sino a las presiones de la embajada de Israel por el desarrollo de su actividad en el marco de la protesta social y la libertad, que se supone garantiza la constitución política a todos sus habitantes, aunque en esta situación parece que “aplican restricciones”.
Tatiana fue detenida por las autoridades policiales en medio de una protesta enfrente a la embajada israelí, pues se atrevió a quemar una bandera de ese país, comete un extraño delito de “irrespetar los símbolos nacionales de Estados extranjeros”, un tema que da para una discusión sobre la libertad de protesta cercenada por las leyes.
En otra protesta en la embajada (afueras del edificio Colon) mancha con pintura de agua roja la pared de Edificio Colón, como simbolismo de la sangre de la masacre en Palestina, la detiene la policía y al ser una contravención la dejaron libre.
Nuevamente protestan los activista en frente a la embajada y manchan otra vez de pintura de agua con rojo la pared y esta vez la policía detiene a Tatiana la “pasea” de manera sospechosa en la “perrera” más tiempo de lo razonable, sin que se conociera su destino por mucho tiempo, la llevan frente a otro fiscal que considera un delito lo realizado en la embajada, sacándose, cuál mago de la manga, que “se dañó la propiedad y que esto siendo un segundo delito (aunque el primer juicio está por empezar de nuevo, con lo que no hay ninguna condena) en opinión del fiscal ameritaba la cárcel preventiva.
Mientras Tatiana está detenida escucha a los policías conversar entre ellos sobre la “majadera vieja de la embajada de Israel que quiere que la encarcelen a como dé lugar”, los agentes planteaban que eso no era ningún delito, pero el fiscal en su vergonzoso papel que parece ser una extraña cruzada no opinó lo mismo.
El fiscal consideró a Tatiana una “peligrosa criminal” que no podía vivir en sociedad, dentro de un pensamiento cavernario despojado de criterios de objetividad de los hechos, imponiendo una restricción de que no podía acercarse a la embajada de Israel, nos da pena el papel sesgado y de defensor del sionismo que pareceré estar jugando.
El jueves antepasado fue el inicio del juicio contra Tatiana procesada por su forma de pensar y de protestar, por ejercer su derecho a la libertad de pensamiento e incomodar con sus acciones, no solo al Poder Judicial sino también al Estado costarricense por su papel de cómplice en la masacre contra civiles palestinos al bombardear escuelas, iglesias hospitales y edificios con habitantes no armados, solo por el crimen de nacer en una tierra ocupada y arrebatada.
Notamos que este proceso montado con una intencionalidad más allá de lo racional parece estar pasando desapercibido por los grandes medios nacionales y gran parte del movimiento popular, que no comprende que si Tatiana es condenada será el inicio de la jurisprudencia para condenar la protesta ante las injusticias.
¡Exigimos el retiro de los cargos de inmediato y respeto a la libertad y a la protesta en lo que debe ser un país en democracia!
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