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En tiempo de pandemia

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

  1. Estados Unidos, la primera potencia económica mundial, con una vacunación que supera el 70%, se apresta a aplicar el refuerzo de una tercera vacuna, mientras que en Haití el porcentaje de la población vacunada solo alcanza a un 0.24%. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud tiene que llamar la atención para que no se aplique esa tercera dosis con el propósito de favorecer el acceso a las vacunas a los países más pobres. No hay iniciativas de solidaridad sustantivas por parte por parte del mundo rico. Se confirma lo dicho por Joseph Stiglitz que el 1% más rico solo alcanza a entender que su destino está vinculado inexorablemente a cómo vive el restante 99% cuando ya es demasiado tarde.
  2. Un 45% de las vacunas contra el coronavirus han sido aplicadas en países ricos del G7 (Estados Unidos, Canadá, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y Japón) aunque solo representan un 10% de la población mundial. El G7 acumula el 70% de la riqueza mundial y apenas producen el 30%, y ahora con ideas como la de aportar 500 millones de vacunas y cobrar el 15% a las empresas tecnológicas buscan presentarse como los “salvadores del mundo” (José Luis Cava).
  3. Hasta ahora, han muerto 4.550.000 de personas por casusa del virus Sars Cov-2, y en un período similar han muerto 5. 400.000 de niños por desnutrición en el mundo. Asimismo, 10 millones de niños mueren por año antes de cumplir los 5 años, la mayoría por causa de enfermedades curables. En América Latina hay más de 5.000.000 de niños con desnutrición crónica y 700.000 en riesgo de muerte (Julio Berdagué).
  4. El número de pobres ascendió a 209 millones de personas en América Latina en el año 2020, es decir 22 millones más que el año anterior, según datos de la CEPAL. Asimismo, se anuncian dramáticas catástrofes provocadas por un cambio climático que se intensifica, cuyas principales víctimas son, precisamente, los más pobres. Según el científico Noah Diffenbaugh, los países más pobres de la tierra son considerablemente más pobres de lo que hubieran sido sin el calentamiento global, mientras los más ricos son más ricos con el calentamiento global.
  5. Costa Rica ha obtenido merecidos reconocimientos internacionales por sus esfuerzos conservacionistas en defensa de los derechos de la naturaleza, así como de los derechos humanos. Sin embargo, el Estado continúa retardando el cumplimiento de la ley que otorga a los pueblos indígenas el derecho a sus territorios ancestrales, siendo los pueblos que más han contribuido a forjar una cultura de conservación y sostenibilidad bio-ecosistémica.
  6. La “pandemia” neoliberal de los años 1980 nos heredó una “generación perdida”, que no tuvo oportunidades para concluir los estudios secundarios. Y hoy, cuando contamos con mejores condiciones para evitar una segunda “generación perdida”, por negligencia o cálculos políticos no se han utilizado los dineros disponibles en caja, para facilitar acceso a internet y equipo a los estudiantes pobres del país. Hay un proyecto de ley con el rimbombante título de “alfabetización digital”, que al parecer fue un invento innecesario, y cuyo trámite está pendiente; solo pretende justificar lo injustificable: no haber ejecutado esos recursos por parte de las instancias que les corresponde.
  7. El gobierno se apresta a celebrar el bicentenario de la independencia, después de haber firmado un acuerdo de financiamiento con el FMI por 1.750 millones de dólares, entregando un pedazo de nuestra soberanía a un Organismo Financiero Internacional al servicio de los poderes fácticos financieros globales, y obligando a los sectores populares y a la clase media a sacrificarse para pagar este préstamo.

“No tengo miedo de caer enfermo. ¿Y de qué tengo miedo? De todo lo que el contagio puede cambiar. De descubrir que el andamiaje de la civilización que conozco es un castillo de naipes. De que todo se derrumbe, pero también de lo contrario: de que el miedo pase en vano, sin dejar ningún cambio tras de sí” (Paolo Giordano).

 

Imagen ilustrativa, UCR.

Gobierno se somete a generadores privados de electricidad

(2 de 3) Por Osvaldo Durán-Castro, Sociólogo, profesor ITCR, ecologista FECON

Reinicio del negocio privado de la electricidad

En términos generales podemos decir que, a partir del 8 de abril de 1949, cuando se creó el ICE con el Decreto Ley No. 449, en Costa Rica se empezó a perfilar una supremacía relativa de la electricidad pública frente a la privada, y que el 18 de octubre de 1990, cuando se publicó la Ley 7.200, iniciamos un retroceso hacia la electricidad privada.

A modo de resumen varias fechas son indispensables: el 18 de octubre de 1990, durante la administración Calderón Fournier, entró en vigor la “Ley n° 7200 Ley que autoriza la generación eléctrica autónoma o paralela”. Esta ley fue modificada durante el gobierno de Figueres Ólsen. El cambio del capítulo II de la Ley 7.200 se conoce como Ley. No.7.508 y rige desde el 9 de mayo de 1995. En 2011 el gobierno de Laura Chinchilla Miranda le dio el mandato al ICE de “llenar el porcentaje de generación privada de la Ley 7200”. Esta directriz ya no está vigente, pero sí las leyes indicadas. De acuerdo con el capítulo I de la Ley 7.200, los privados pueden operar y venderle al ICE electricidad proveniente de proyectos de no más de 20.000 kW (20 MW). Otros contratos pueden ser de hasta 50.000 kW (50 MW) gracias a la Ley 7.508 (capítulo II de la 7.200), y entre ambas modalidades, la generación privada no puede ser superior al 30% de la capacidad de generación de todo el Sistema Eléctrico Nacional (15% cada tipo de contratos).

La diferencia entre ambos contratos es que los proyectos de hasta 50 MW, denominados “Build, Operate and Transfer” o B.O.T, siglas en inglés para Construcción, Operación y Transferencia, deben pasar a propiedad del ICE luego de los veinte años de su duración. Los contratos, el precio de compra por parte del ICE, su renovación y las condiciones, que hemos tildado de extremadamente favorables para los privados en detrimento de la sociedad costarricense, los hemos revisado en otros textos como “Mentiras, estafas y el delirio de exportar electricidad privada”, en el que analizamos los supuestos bajo los cuales se justifica la generación privada de electricidad y su posible exportación.

Asociado directamente con esa pretensión de apertura para la exportación, fue presentado a la Asamblea Legislativa el Expediente n° 21.606, “Ley para una efectiva integración de Costa Rica al mercado eléctrico regional”. El objetivo de esta propuesta es modificar el artículo 3 del Segundo Protocolo al Tratado Marco del Mercado Eléctrico de América Central N° 9004, para permitirle a los generadores privados exportar electricidad, y ya no sólo a las empresas del grupo ICE, como es en la actualidad. Ese proyecto busca que puedan exportar electricidad “todas las empresas costarricenses generadoras, distribuidoras y/o comercializadoras de electricidad, sean públicas, privadas o mixtas, así como los grandes consumidores”. En el artículo “Gobierno blindaría la estafa privada con exportación de electricidad”, explicamos cómo la falta de controles del ICE y “errores” de cálculo de tarifas por parte de ARESEP, favorecieron directamente a los generadores privados con cientos de miles de millones de colones. A modo de ejemplo, según la Contraloría General de la República se trata de “sumas estimadas giradas de más por compra de energía a privados: a mayo 2019 por USD 5,3 millones, a diciembre 2018 por USD 6,0 millones y a diciembre 2017 por USD 12,5 millones”, sólo para algunos contratos.

Otros intentos de privatizar la electricidad

Durante la segunda Administración de Óscar Arias (2006-2010) fue relevante el proyecto “Ley general de electricidad” que tenía un clarísimo barniz privatizador. Hacia mediados de 2009 parecía inminente su presentación al Poder Legislativo, pero fue postergada hasta el siguiente gobierno. Fue presentado a la Asamblea Legislativa como expediente N.° 17.812 en el gobierno Chinchilla Miranda. Pretendía abrir el mercado a los generadores privados eliminando “trabas” de la legislación vigente. Enfatizaba la meta de propiciar condiciones para la exportación de electricidad al mercado regional centroamericano por parte de los generadores privados. El artículo 3 de la propuesta “Acceso al Mercado Eléctrico Regional, MER”, señalaba que “Las empresas generadoras nacionales que utilicen energías renovables para producir electricidad podrán colocar sus excedentes de energía en el MER, una vez cumplidos sus compromisos de suministro nacional, bajo la reglamentación que promulgue la Aresep”.

Tras la no aprobación del Proyecto Ley general de electricidad, el ya expresidente Oscar Arias, en un artículo titulado “Cuestión de sentido común” (La Nación. 17/03/2013), dijo que ese proyecto hubiera acabado “con esas absurdas limitaciones a la generación eléctrica privada”, y se lamentó de que “…Costa Rica perdió la oportunidad de contar con una legislación que nos habría permitido aumentar significativamente la inversión en energías limpias y garantizarle al país el abastecimiento de electricidad por muchos años más…”.

Las presiones para que en Costa Rica opere un mercado eléctrico abierto y con cada vez mayor participación privada, no sólo han estado permanentemente en la agenda de los empresarios privados de la electricidad. También han sido un anhelo antiguo de distintas administraciones. Es decir, privados y gobiernos coincidían, y siguen coincidiendo, en debilitar al ICE y fortalecer la generación privada. El 23 de setiembre de 2010, Teófilo de la Torre, titular del MINAE, expuso en el Foro Apertura y Desarrollo del Sector Electricidad. Reforma del Subsector Electricidad, un “modelo de mercado” en el que el ICE, “privados” y “alianzas”, serían competidores del mercado eléctrico en condiciones de plena igualdad, con una inversión (ideal) de 9.000 millones de dólares dividido en 3 partes iguales.

Otro intento privatizador fue un nuevo proyecto de “Ley de contingencia eléctrica”, Expediente N.° 18.093, que la presidenta Laura Chinchilla Miranda y su Ministro de ambiente, energía y telecomunicaciones, Teófilo De La Torre Argüello, presentaron a la Asamblea Legislativa el 11 de mayo de 2011. Esa propuesta abogaba por “una participación más activa del sector privado en el desarrollo de proyectos” y “la participación de múltiples actores en la industria eléctrica e incentiva la inversión en este subsector”. Una nueva variante de proyecto de ley para atender una supuesta “contingencia eléctrica” nacional, fue publicado en La Gaceta el 27 de enero de 2014 y presentado a la Asamblea Legislativa. Ambas iniciativas fracasaron gracias a múltiples oposiciones, que en su momento discutimos.

De manera amenazante contra el servicio público de electricidad, las propuestas de ley de contingencia avanzaron notoriamente hacia la privatización, pues pretendían declarar “…de interés público y conveniencia nacional los proyectos de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica que se encuentren en el Plan Nacional de Energía”. Esta idea hubiera flexibilizado de manera letal las regulaciones y permisos para la generación de electricidad privada. Hasta hoy la “idea” es que esa declaratoria sea el resultado de un exhaustivo análisis de variables que permitan decidir sobre la aprobación o rechazo de un proyecto. Es una “idea” porque la historia reciente registra tanto usos nefastos como positivos de esta figura legal. 2 ejemplos son la declaratoria ilegal conveniencia nacional para el proyecto minero Crucitas, y otro fue el rechazo de la conveniencia nacional para el PH San Rafael, de la constructora HSolís, firmado por el otrora ministro de ambiente Carlos Manuel Rodríguez, el lunes 15 de julio 2019, tras casi 7 años de disputas en las que organizaciones sociales y comunidades demostramos la absoluta inconveniencia de ese proyecto. Ese negocio hidroeléctrico privado de 7,2 megavatios le hubiera costado a la sociedad costarricense 57 millones de dólares.

 

Imagen ilustrativa, ICE.

Clamor ciudadano para bajar precio de los medicamentos

Luis Fernando Astorga Gatjens

Un asunto a flor de piel en la ciudadanía es el alto precio de los medicamentos que expenden las farmacias, sean las organizadas en grandes cadenas o individuales. Es un clamor y un justo reclamo que viene desde hace algún tiempo y que ha crecido, con mucha fuerza, a raíz de la pandemia de la Covid-19.

Eso se ha puesto en evidencia en las últimas semanas cuando se propagandizó una iniciativa con tal propósito, impulsada por el candidato oficialista, Welmer Ramos. Sin embargo, esta propagandización de una iniciativa necesaria desde largo tiempo, ha sido contaminada por la campaña electoral, que, aunque el TSE no ha dado el banderillazo oficial de salida, para algunas agrupaciones políticas ya empezó hace meses.

Mientras esto sucede, en la agenda de Gobierno como en la legislativa se han buscado invisibilizar dos iniciativas impulsadas por el diputado, Walter Muñoz Céspedes y la fracción del Partido Integración Nacional (PIN). Una de ellas busca regular el precio de los medicamentos y otra que impactaría de inmediato en su precio para los consumidores, porque se orienta a bajarle el Impuesto de Valor Agregado (IVA). Ambos proyectos de ley fueron presentados en el año 2020 e, incluso, fueron oportunamente dictaminados.

Realmente, se trata de dos proyectos urgentes y que eran impostergables desde que se presentaron el año anterior, cuando era previsible la necesidad imperiosa de bajar el precio de los medicamentos tanto para atender la enfermedad pandémica como para tratar otro tipo de padecimientos. Asimismo, esta urgencia estaba asociada a que la crisis económica agravada por la pandemia se traduciría en una reducción brusca de ingresos como la que han experimentado millares de familias costarricenses en los últimos meses.

Sin embargo, para muchos medicamentos ha sucedido lo contrario, en el último año y medio que llevamos de pandemia, ya que han sido incrementados sus precios. Ejemplo de ello lo constituyen algunos analgésicos y anti-inflamatorios, que en algunos casos han subido hasta en un 57 %. Es oportuno destacar aquí que Costa Rica tiene los precios más caros en medicamentos de toda Centroamérica.

En abril del año 2020, el diputado Muñoz Céspedes le solicitó al Poder Ejecutivo que incluyera en las sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa, el proyecto para bajar el precio de las medicinas. El presidente Alvarado no lo hizo cuando la pandemia apenas mostraba en forma incipiente los peligros a los que se enfrentaba el país y tampoco lo hizo más adelante. Era un momento oportuno tanto porque la rebaja de los medicamentos se convertiría en un factor coadyuvante para enfrentar la enfermedad como por el hecho indiscutible de que la campaña electoral no se iba a levantar como un freno ante cualquier iniciativa de esta naturaleza.

Hoy día la polarización política creciente y que crecerá aún más al calor del desarrollo de la campaña electoral, es posible que se convierta en un valladar insuperable para una iniciativa de tanta urgencia.

Esta situación que afecta tanto a una gran mayoría de la población del país, debe fijar responsabilidades en una Administración como la de Carlos Alvarado, que ha manejado tan deficitariamente la pandemia como de quienes ocupando responsabilidades en el Parlamento no colocaron a este tipo de proyectos en el debate para su urgente aprobación.

Desde que se produce el medicamento en los laboratorios hasta que llega al consumidor, los distribuidores y las farmacias, obtienen ganancias que está muy por encima de lo justo y racional. No se trata de arruinar a nadie y menos a las pequeñas farmacias, que, si son afectadas y empujadas a su cierre, no es por el precio de los medicamentos sino por las acciones oligopólicas de las grandes cadenas que se han venido apoderando del mercado.

Esto no es ni más ni menos que un asunto de salud pública que debe formar parte del interés nacional con respecto al derecho a la salud, pero hace rato algunos pocos que detentan gran poder económico como político, han degradado avances en derechos humanos que singularizaron a Costa Rica, en simples ganancias que engrosan sus abultadas cuentas bancarias. Sin duda que su ambición desmesurada es un poderoso disolvente del Estado Social de Derecho, que tanto nos costó construir como sociedad y como país.

Colombia. Sentencia histórica: la CIDH responsabiliza al estado por secuestro y torturas contra la periodista Jineth Bedoya

Resumen Latinoamericano, 18 de octubre de 2021.

El organismo dictó sentencia en un caso que inició hace más de dos décadas.

En un fallo histórico, la Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó este lunes que el Estado de Colombia es responsable por la violación de los derechos a la integridad personal, libertad personal, honra, dignidad y libertad de expresión que la periodista Jineth Bedoya Lima sufrió el 25 de mayo de 2000.

En la esperada sentencia, el organismo recordó que ese día un grupo de paramilitares interceptó y secuestró a la periodista a las puertas de la Cárcel La Modelo, y después la sometió a un trato vejatorio y extremadamente violento, durante el cual sufrió graves agresiones verbales, físicas y sexuales.

También advirtió sobre la existencia de «indicios graves, precisos y concordantes» acerca de la participación estatal en estos hechos, lo que había sido un reclamo permanente de Bedoya en las últimas dos décadas.

«Se declaró la responsabilidad internacional del Estado por la violación de los derechos a las garantías judiciales, protección judicial e igualdad ante la ley, por la falta de debida diligencia a la hora de realizar las investigaciones sobre dichos hechos, el carácter discriminatorio en razón de género de dichas investigaciones y la violación del plazo razonable», explicó la Corte en un comunicado.

Agregó que los derechos de la víctima fueron violentados al igual que los de su madre, Luz Nelly Lima, ya que el Estado no les otorgó garantías ni protección judicial a pesar de las amenazas sufridas antes y después del secuestro.

Reparación

Cuando ocurrieron los hechos, Bedoya cubría en el diario El Espectador la guerra que libraban el paramilitarismo y la guerrilla en la cárcel La Modelo. Las agresiones en su contra permanecieron impunes hasta que en mayo de 2019 fueron condenados los paramilitares Jesús Emiro Pereira, Alejandro Cárdenas, y Mario Jaimes Mejía.

Sin embargo, la periodista siempre denunció que ellos no habían sido los únicos culpables y que más de 20 personas se habían organizado para atacarla, entre ellas agentes del Estado que nunca fueron llamados a comparecer por la justicia.

Además de darle la razón, la Corte ordenó una serie de medidas de reparación, entre ellas la de promover y continuar las investigaciones para determinar, juzgar y, en su caso, sancionar a los restantes responsables de los actos de violencia y tortura que sufrió la periodista.

Además, conminó a crear e implementar un plan de capacitación y sensibilización de funcionarios públicos, fuerzas de seguridad y operadores de justicia a fin de que aprendan a identificar actos y manifestaciones de violencia contras las mujeres basadas en el género que afectan a las periodistas.

La sentencia incluye la creación de un centro estatal de memoria y dignificación de todas las mujeres víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado y del periodismo investigativo, con un reconocimiento específico a la labor de las periodistas, así como el diseño e implementación de un sistema de recopilación de datos y cifras vinculadas a los casos de violencia que padecen.

Por otra parte, apunta a crear un Fondo que financie programas de prevención y asistencia de mujeres periodistas víctimas de violencia, así como para la adopción de medidas eficaces de protección para garantizar la seguridad de quienes se encuentran sometidas a un riesgo especial por el ejercicio de su profesión.

 

Fuente: https://www.resumenlatinoamericano.org/

Compartido con SURCOS por Arturo Fournier.

La Estrategia Puente al Desarrollo: avances y limitaciones

German Masís

Recientemente se dieron a conocer los resultados del seguimiento de la Estrategia Puente al Desarrollo, el programa estrella de la Administración Alvarado en la atención a la pobreza.

Con frecuencia estas informaciones tienden a pasar desapercibidas entre la población, pues las actividades de evaluación de programas estatales suelen ser ejercicios internos de las instituciones con poca divulgación y participación y todavía menor comprensión por parte de los ciudadanos.

En este caso y a poco menos de 9 meses para la finalización de este Gobierno, puede que muchas personas hayan olvidado la importancia del programa Puente al Desarrollo en el combate a la pobreza, que el mismo está constituido por 5 componentes, que son Puente al Bienestar, Puente al Agro, Puente a la Comunidad, Puente a la Prevención y Puente al Trabajo y que a este programa están vinculadas 19 instituciones que destinan cuantiosos recursos a su ejecución.

La información da cuenta, que “para el II trimestre de este año, había 30 metas programadas para todos los componentes de Puente al Desarrollo, de ese total, un 23% tenía riesgo de incumplimiento. De las 30 metas para el 2021, 20 metas se clasifican según lo programado, mientras 7 metas (tres más que el trimestre anterior) tenían algún tipo de rezago y tres presentan avance cero.

El problema se presentó en dos de cuatro metas totales ligadas al componente Puente al Bienestar, en cuatro de los 12 objetivos de Puente al trabajo, específicamente en lo referente a empleabilidad y en una de dos relacionadas con empresariedad, para un total de 7 metas en riesgo de incumplirse.

Una de las falencias en el componente de Puente al Bienestar es según el estudio, que las instituciones a las que se refieren las familias no estaban atendiendo hasta junio. Respecto a Puente al agro, se señalaron obstáculos ligados a la pandemia del COVID en cuanto al proceso de implementación de los planes, ya que la emergencia sanitaria redujo la capacidad de respuesta y el presupuesto de las instituciones”. (CRHOY,15-10-2021)

En tanto en el componente Puente al Trabajo, cuatro metas presentan rezagos, cuyos problemas de cumplimiento son:

✔ Porcentaje de referencias aprobadas en menos de 90 días por las diferentes instituciones (responsable CCSS, CONAPAM, CONAPDIS, CEN-CINAI, INAMU, IAFA, MEP, PANI, MIVAH).

✔Cantidad de personas atendidas en los procesos de orientación vocacional y cantidad de personas matriculadas en alguna modalidad del INA. (responsable INA).

✔ Porcentaje de personas atendidas en los procesos de orientación vocacional con respecto de las personas que se matriculan en una oferta de educación técnica. (responsable MEP).

✔Número de familias emprendedoras y emprendedoras asociativas en condición de pobreza extrema atendidas (responsable INA, INAMU, MEIC y MTSS). (Mideplan, Informe de Seguimiento, agosto 2021).

“En materia de empleabilidad, la pandemia aparece como uno de los factores que ha provocado retrasos sobre todo por la obligación de realizar capacitaciones virtuales que un alto porcentaje de la población no puede atender debido a que carecen de una conexión a internet que les permita llevar los cursos.

(A nivel general), entre los obstáculos para la ejecución de los diferentes componentes están la atomización de los procesos en muchas instituciones, las brechas en el acceso a internet, los recortes presupuestarios y la falta de experiencia por parte de las instituciones en la implementación de los modelos de articulación de la población de referencia del IMAS (Institución coordinadora del programa).

En materia de ejecución presupuestaria en la estrategia Puente al desarrollo, el informe consignó que sólo seis de 19 instituciones reportaron sus niveles de ejecución y doce instituciones presentan problemas para reportar la programación financiera y controles de la ejecución del presupuesto, problema que se arrastra desde el 2020”. (CRHOY,15-10-2021

Más allá de si al finalizar el año 2021, el cumplimiento de las metas de la estrategia pueda ser mayor o menor al actual, surge la interrogante de si en los meses que le restan a la Administración Alvarado, sería posible alcanzar los objetivos que se ha planteado, en los componentes Puente al Bienestar, al Agro y al Trabajo, a saber:

-“Identificar de manera proactiva a las personas, familias, hogares en situación de pobreza extrema para brindarles una atención preferente e integral basada en la articulación de diferentes servicios e instituciones. -proporcionar a los hogares productores en condición de vulnerabilidad, que califiquen en Puente Agro, servicios articulados del Sector Agropecuario y otros sectores, que impulsen el desarrollo de iniciativas agro productivas con potencial de mercado. -Implementar acciones articuladas que inciden en el nivel de escolaridad, la inserción a formación técnica y capacitación y otras habilidades de los trabajadores, acorde a las necesidades del mercado laboral”. (Mideplan,Informe,2021).

Probablemente el logro de estos objetivos llegue a ser parcial y su impacto sobre la reducción de la pobreza, el desempleo y el apoyo al agro sea limitado y volverá a ser así pues se ha demostrado que éstos son aspectos estructurales del modelo exportador, los cuales afectan la eficacia de un programa como Puente al Desarrollo y plantean grandes desafíos al desarrollo nacional.

Como lo ha señalado el economista Francisco Esquivel en su libro “Análisis de la Estrategia de Desarrollo Costarricense”, la posibilidad de avanzar hacia un modelo económico que produzca desarrollo y resuelva las condiciones persistentes de pobreza, desempleo y exclusión del agro, requiere un nuevo modelo productivo que tenga como prioridad el impulso de los sectores de agroindustria, turismo y servicios de alto valor, que incremente la producción exportadora aprovechando el potencial del país para generar encadenamientos relevantes, que provoque un efecto multiplicador en la generación de empleo y articule el sector exportador y la producción para el mercado local.

La pobreza por su parte, se lograría reducir con una política social selectiva que llegue efectivamente a la población pobre, basada en una revitalización de FODESAF, como eje de la reducción de la pobreza y como generador de capacidad de consumo de los grupos de menor ingreso y de “encadenamiento social” para fortalecer el mercado interno. (Esquivel, F.,2021, p.235).

 

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Amberes 1920: una plata muy vasca

Gabe Abrahams

La selección española de fútbol ha realizado un magnífico torneo en la recientemente creada Liga de las Naciones Europea, torneo de la UEFA. España ha desplegado un juego basado en el control del balón y en la rapidez y la técnica. La derrota por 2-1 en la final ante Francia, la actual Campeona del Mundo, ha sido injusta. España mereció ganar.

Esta actuación de España tiene grandes paralelismos con la actuación de la selección española que disputó los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920, hace un siglo. Ambas selecciones acudieron a un nuevo torneo, quedaron segundas y consiguieron la medalla de plata. Pero, ¿qué ocurrió hace 101 años en Amberes? Tenemos muy presente lo ocurrido ahora. ¿Qué pasó entonces?

Los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 fueron la sexta edición de los Juegos de la época moderna. Celebrados en Amberes (Bélgica) del 20 de abril al 12 de septiembre de 1920, significaron un gran éxito para la selección española de fútbol y supusieron el inicio de una trayectoria que se coronó con la victoria de España en la Copa Mundial de Sudáfrica de 2010.

El torneo de fútbol fue disputado por 14 equipos, entre el 28 de agosto y el 5 de septiembre. Los estadios que acogieron la competición de fútbol fueron varios: el Estadio Olímpico de Amberes, el Estadio Broodstraat de Amberes, el Estadio Joseph Marien de Bruselas y el Estadio La Butte (actual Joseph Marien) de Forest.

España disputó su primer partido el 28 de agosto, en el Estadio La Butte, ante unos 3.000 espectadores y bajo la lluvia. Ganó por 1-0 a Dinamarca, gracias a un gol del vasco Patricio (Patricio Arabolaza Aranburu) marcado en el minuto 54. Tras recibir Patricio un centro de otro jugador vasco, Pagaza (Francisco Pagazaurtundua González-Murrieta), y chutar con un disparo fuerte y pegado al poste, la pelota alcanzó el fondo de la red. El mítico portero Ricardo Zamora tuvo una actuación magistral durante todo el encuentro que evitó el empate.

Posteriormente, España se enfrentó a la anfitriona Bélgica en cuartos de final, siendo derrotada por 3-1.

La final del torneo de fútbol la disputaron Bélgica y Checoslovaquia. El partido no se finalizó, porque los checos abandonaron el campo por las decisiones arbitrales. Eso provocó que Checoslovaquia fuera descalificada y que Bélgica ganase la medalla de oro.

Con la descalificación de los checos, el segundo puesto se lo disputaron España y los Países Bajos el 5 de septiembre. España volvió a ganar y derrotó por 3-1 a los Países Bajos, alcanzando el segundo puesto y la plata olímpica. Los goles de España fueron conseguidos por otros dos jugadores vascos: Pichichi (Rafael Moreno Aranzadi) y Sesúmaga (Félix Sesúmaga Ugarte).

En los Juegos Olímpicos de Amberes, nació la famosa “furia española” que se culminó en el Mundial de Sudáfrica de 2010 y que ha reaparecido en la Liga de las Naciones Europeas de 2021. En el partido disputado por España ante Suecia el 1 de septiembre de 1920, el vasco José María Belauste chilló a su compañero de selección y del Athletic Sabino Bilbao: “¡A mí, Sabino, que los arrollo!” o “¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo!” (difieren las versiones). Esa frase dio vida a lo que luego se conoció como “furia española”, en cierta forma una furia muy vasca.

Y es que en esa primera gran cita con la historia del fútbol de la selección española, la de Amberes 1920, la selección estuvo compuesta prácticamente por vascos, catalanes y gallegos. Además de los cuatro goleadores citados (Patricio, Pagaza, Pichichi y Sesúmaga), formaron parte de la selección otros vascos como Agustín Eizaguirre Ostolaza, Pedro Vallana Jeanguenat, Domingo Gómez-Acedo Villanueva, Mariano Arrate Esnaola, Juan Artola Letamendía, Sabino Bilbao Líbano, Ramón Eguiazábal Berroa, Marcelino Silverio Izaguirre Sorzabalbere o el capitán José María Belaustegigoitia Landaluce, conocido como José María Belauste, mediocentro del Athletic Club y, junto con Pichichi, la gran estrella del Athletic de las décadas de 1910 y 1920.

Los otros héroes de la selección en Amberes fueron jugadores catalanes de la talla de Ricardo Zamora, considerado uno de los mejores porteros de todos los tiempos por la FIFA, o Josep Samitier, mito del FC Barcelona y el Real Madrid.

El entrenador que estuvo al frente de aquella selección fue otro personaje mítico, Francisco Bru Sanz o Paco Bru, futbolista del primer Barça, practicante de Jiu-Jitsu, plusmarquista nacional de lanzamiento de disco, árbitro, entrenador… Parece ser que Bru, en su primer partido como árbitro, portó un revólver en los pantalones, y que, al ser preguntado por ello, contestó que, en su primer partido, quería tranquilidad.

Eran otros tiempos. Muy diferentes. Ha pasado un siglo de todo esto. De los héroes de Amberes y de una “furia española” muy vasca. El propio Mundial de Sudáfrica donde el fútbol español alcanzó su cima tiene más de una década. La selección española que ha disputado la Liga de las Naciones en este 2021 se ha reencontrado con su historia, consigo misma, y vuelve a volar alto.

El color Rojo de nuestra Bandera representa la sangre generosa derramada y el sacrificio hecho por los patriotas y los héroes nacionales en la búsqueda, en la lucha y en la defensa constante de la Independencia, la Soberanía y la Libertad

Vladimir de la Cruz

Los Símbolos Nacionales son la expresión de la identidad del pueblo costarricense, de nuestra Libertad, nuestra soberanía y nuestra Independencia. Representan al país y a la República, como organización política, reflejan y exaltan tradiciones, la cultura, la geografía, la biodiversidad, la riqueza marina, la flora y la fauna de aquello que se considera una característica sobresaliente, especial y propia de nuestro territorio y nuestra vida cultural y social.

Con los Símbolos Nacionales se logra la mayor identificación del pueblo y la consolidación de la nación costarricense, en su proceso evolutivo, político, económico y social. La aprobación de los símbolos nacionales resulta de un proceso de maduración, de una toma de conciencia sobre aquello que se pretende exaltar como representativo de la nacionalidad y cultura y el folclor costarricense. Es la Asamblea Legislativa la que puede aprobar un Símbolo Nacional.

A los Símbolos Nacionales Mayores se les debe rendir respeto en el uso de ellos, y se exige un protocolo especial y riguroso para su uso, exhibición y entonación. Ninguno de los símbolos puede ser apropiado comercialmente, no se pueden inscribir como símbolos particulares, empresariales o comerciales.

Los Símbolos Nacionales pueden distinguirse entre Símbolos Mayores y Símbolos Menores.

Los Símbolos Nacionales Mayores son la Bandera, el Escudo, el Pabellón Nacional, que integra a la Bandera y el Escudo, el Himno Nacional, en su Música y su Letra. Los Símbolos Menores son los que reflejan y recogen los elementos destacados que identifican parte de nuestra nacionalidad y de las particularidades culturales de la nación costarricense y de su geografía. Así tenemos, entre ellos, la flor de la Guaria Morada, el Árbol de Guanacaste, los animales como el Yigüirro, el Manatí, el Venado de Cola Blanca, el Perezoso, elementos orográficos como los Crestones de Chirripó, elementos culturales como La Marimba, la Carreta típica, el Teatro Nacional, la Antorcha, la Esferas de Piedra, el Café.

Con la exaltación de animales se trata también de proteger especies en peligro de extinción y de velar por la conservación de los animales y sus hábitats naturales.

Los Símbolos Nacionales Mayores reflejan en su desarrollo la evolución de la Historia Patria. Desde que proclamaos la Independencia, el 29 de octubre de 1821, hemos tenido seis Banderas. La sexta, fue la elaborada en el Gobierno del Dr. José María Castro Madriz, que es la actual tricolor, ha tenido ligeras modificaciones, cada una de ellas cuenta como una nueva Bandera. Cuando nos integramos a las Provincias Unidas de Centro América y a la República Federal de Centroamérica adoptamos como propia la Bandera de las Provincias y de la República. La primera Bandera fue blanca con una estrella de seis picos de color rojo. Las otras banderas fueron con los colores celeste blanco celeste y la quinta bandera fue blanco celeste blanco, en franjas horizontales. Luego siguió la tricolor actual. Las Banderas de las Provincias Unidas y de la República Federal tomaron los colores de la Bandera de Argentina, de la Revolución de Mayo. La Bandera tricolor se apartó desde 1848 de la tradición centroamericana que mantuvo en esos países la bandera azul o celeste, blanco azul o celeste.

En el caso de Costa Rica se adoptó en sus colores los de la Bandera de Francia, especialmente la que se reelaboró el 5 de marzo de 1848, que es la actual Bandera de Francia, solo que nosotros en franjas horizontales mientras Francia la tiene en franjas verticales.

El significado de los colores es interpretativo cuando no está expresamente señalado en la Ley o el Decreto que establece a la Bandera como símbolo. En la imitación de los colores de la Bandera de Francia lo que se quiso exaltar fueron los valores de la Revolución Francesa, porque esos colores se usaban durante la Revolución, tanto así que en los escudos de las Provincias Unidas y de la República Federal se incluyó el Gorro Frigio de la Libertad de Francia.

A los colores en banderas se les atribuyen ciertos rasgos o asociaciones. Así tenemos que, el Azul simboliza el cielo que cubre el país, a los ríos que tenemos y los mares, el Caribe, y el océano Pacífico, con sus costas, las que lindan el país. En algunos países el azul significa la justicia y la perseverancia, la lealtad, la dulzura, la fortaleza, la verdad, y también la libertad. El Rojo representa la sangre generosa derramada y el sacrificio hecho por los patriotas y los héroes nacionales en la búsqueda, en la lucha y defensa constante de la Independencia, la Soberanía y la Libertad, por lo que se le considera como un símbolo del patriotismo y la lucha. También refleja el coraje, la valentía, la fuerza, el trabajo y el valor, el progreso y el poder que el país y el pueblo tiene. El Blanco representa la unidad, la Paz, la pureza de sentimientos. También se asocia a la libertad, la justicia social, la integridad, la fe, la obediencia, la firmeza, la vigilancia, la Nación, la honestidad, la armonía, la religión, la dignidad, la claridad. y la inocencia del pueblo.

Los significados de los colores, aunque no están expresamente señalados en las Leyes que establecieron los símbolos, no se pueden alterar debilitando o variando el contenido que tradicionalmente se les ha dado. El color rojo no se puede variar del que tradicionalmente se ha enseñado y lo justifica en el propio Himno Nacional, en el Himno a la Bandera y en otros cantos patrióticos.

La globalización y mayor internacionalización de nuestras relaciones políticas, económicas y diplomáticas, que vivimos. pareciera que atonta a los gobernantes en estos aspectos cuando más deben fortalecerse los Símbolos Nacionales Mayores, y sus significados, en ese rompimiento de fronteras, y e inserción de nuestro país, como se divulgan los contenidos de algunos de los Símbolos Menores para la atracción de turismo mundial.

Las instituciones que deben velar por el respeto de los Símbolos Nacionales son todos los Poderes Públicos del Estado, los Poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral, y especialmente los Ministerios de Educación, de Cultura, de Ciencia y Tecnología, de Turismo, de Deporte.

Igualmente, los medios de comunicación, en todas las formas que existan, deben contribuir en que los usos, costumbres y tradiciones de los Símbolos Nacionales se respeten, se guarden y protejan, para contribuir con ello a desarrollar una nacionalidad más fuerte y una conciencia nacional más sólida. Los Símbolos Nacionales son como el ADN de nuestra identidad costarricense.

Los Símbolos Nacionales nos pertenecen a todos los costarricenses, nos dan unidad nacional, territorial y poblacional. Somos los costarricenses los primeros que debemos velar por su respeto, por ello no podemos permitir y reclamamos del Gobierno de la República, y a su Ministerio de Educación, que no se le dé otro significado en los textos de estudio escolar y colegial a los significados de los colores que se tradicionalmente se le han rendido de la Bandera Nacional, especialmente el Rojo.

Los símbolos Nacionales son como el ADN de nuestra identidad costarricense.

 

(Artículo para la Cámara Nacional de Radio, https://www.panoramadigital.co.cr/wp-content/uploads/2021/10/Com_Viernes_8_Octubre_21-2.mp3, leído el de octubre del 2021)

A los colores en las banderas se les atribuyen ciertos valores, rasgos, características y significados

Vladimir de la Cruz

(Respuesta a las preguntas hechas por la periodista Rocío Sandí, el día 30 de setiembre del 2021)

– ¿De dónde fueron tomados los colores de la bandera de Costa Rica?

Costa Rica desde que proclamó su Independencia, el 29 de octubre de 1821, hasta hoy, ha tenido seis Banderas, como símbolo Nacional. La sexta, fue la elaborada en el Gobierno del Dr. José María Castro Madriz, que es la actual tricolor, ha tenido ligeras modificaciones, cada una de ellas cuenta como una nueva Bandera. Cuando nos integramos a las Provincias Unidas de Centro América y a la República Federal de Centroamérica adoptamos como propia la Bandera de las Provincias y de la República. La primera Bandera fue blanca con una estrella de seis picos de color rojo. Las otras banderas fueron con los colores celeste blanco celeste y la quinta bandera fue blanco celeste blanco, en franjas horizontales. Luego siguió la tricolor actual. Las Banderas de las Provincias Unidas y de la República Federal tomaron los colores de la Bandera de Argentina, de la Revolución de Mayo. La Bandera tricolor se apartó desde 1848 de la tradición centroamericana que mantuvo en esos países la bandera azul o celeste, blanco azul o celeste.

– ¿Cómo se determina la elaboración de una Bandera Nacional?

Se hace en primer lugar por una decisión interna, del país, mediante una Ley o un Decreto Ejecutivo, que la impone como Símbolo Nacional. Se le establece tamaño o dimensión oficial, de largo y ancho. Si contiene franjas se determina el ancho de cada franja y lo mismo se determina la ubicación de los colores. Actualmente, al momento de determinarla, se toman en cuenta parámetros internacionales para no repetir una Bandera que ya tenga un país. A los colores y los otros elementos que puedan tener las Banderas se les puede asignar un significado. Los colores tienen en el espectro de los mismos una asignación de valores y de significancias. El significado de los colores en la tradición de los países puede variarse o modificarse.

– ¿Qué significado se les dio a los colores de la bandera en su inicio?

En el caso de Costa Rica se adoptó en sus colores los de la Bandera de Francia, especialmente la que se reelaboró el 5 de marzo de 1848, que es la actual Bandera de Francia, solo que nosotros en franjas horizontales mientras Francia la tiene en franjas verticales. En el caso de Francia la Bandera significó la unión del pueblo con el monarca, que contenía los colores rojo y azul que eran los colores de la ciudad de París, mientras el blanco era de la monarquía. Esa Bandera, en ese momento simbolizaba eso, esa unión. Hoy podría significar lo mismo: la unión del pueblo con el grupo gobernante.

El significado de los colores es interpretativo cuando no está expresamente señalado en la Ley o el Decreto que establece a la Bandera como símbolo. En la imitación de los colores de la Bandera de Francia lo que se quiso exaltar fue los valores de la Revolución Francesa, porque esos colores se usaban durante la Revolución, tanto así que en los escudos de las Provincias Unidas y de la República Federal se incluyó el Gorro Frigio de la Libertad de Francia.

– De manera precisa, ¿qué significado pueden tener los colores de la Bandera?

A los colores en banderas se les atribuyen ciertos rasgos o asociaciones. Así tenemos que el Azul simboliza el cielo que cubre el país, a los ríos que tenemos y los mares, el Caribe, y el océano Pacífico, con sus costas, las que lindan el país. En algunos países el azul significa la justicia y la perseverancia, la lealtad, la dulzura, la fortaleza, la verdad, y también la libertad. El Rojo representa la sangre generosa derramada por los patriotas y los héroes nacionales en la búsqueda, lucha y defensa de la Independencia, la Soberanía y la Libertad, por lo que se le considera como un símbolo del patriotismo y la lucha. También refleja el coraje, la valentía, la fuerza, y el valor, el progreso y el poder que el país y el pueblo tiene. El Blanco representa la unidad, la Paz, la pureza de sentimientos. También se asocia a la libertad, la justicia social, la integridad, la fe, la obediencia, la firmeza, la vigilancia, la Nación, la honestidad, la armonía, la religión, la dignidad, la claridad y la inocencia del pueblo.

– ¿En qué momento se habló por primera vez de que el rojo de la bandera representaba la sangre derramada por los costarricenses en las batallas por defender la soberanía?

En general se le ha atribuido ese papel, asociado a las luchas que se dieron por la Independencia en general, por su defensa y afirmación. Este es el que se le debe enfatizar. Antes se enseñaba con más fuerza esta característica. Pareciera que el globalismo influye para debilitar esos valores de Libertad, Independencia y Soberanía Nacional.

– ¿Qué opina de que ahora el MEP e incluso la Presidencia, hablen de un nuevo significado del rojo de la bandera que nunca nadie había escuchado?

Eso puede hacerlo el presidente, con lo cual le estaría dando un nuevo contenido al significado ya no asociado directamente a la Independencia, la Libertad y la Soberanía. La globalización atonta a los gobernantes en estos aspectos que más bien deben fortalecerse en ese rompimiento de fronteras.

– ¿Quién o qué institución es la que debe velar porque se respeten los símbolos nacionales y su significado?

Los Símbolos Nacionales nos pertenecen a todos los costarricenses. Hay Símbolos Mayores que son la Bandera, el Escudo, El Pabellón Nacional, que es la integración de la Bandera y el Escudo, El Himno Nacional, en su música y letra. Los otros símbolos son los llamados Símbolos Menores, que particularmente expresan alguna característica especial de nuestra flora, fauna, naturaleza, cultura y tradición, entre otros elementos. Así se están la Guaria Morada, la Marimba, los Crestones de Chirripó, las Esferas Indígenas, el Manatí, el Yigüirro, el Teatro Nacional, el Perezoso, el Venado de Cola Blanca, el Café, la Carreta, la Antorcha, el Árbol de Guanacaste, la Marimba, por ejemplo.

Los Símbolos Mayores caracterizan, identifican, exaltan a todo el pueblo, a toda la Nación. A los Símbolos Mayores se les rinde culto, respeto y formalidades de comportamiento ante ellos, así mismo se rigen por un protocolo especial riguroso en su uso.

Las instituciones que deben velar por el respeto a los Símbolos Nacionales son los Poderes Públicos del Estado, los Poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral, y especialmente los Ministerios de Educación, de Cultura, de Ciencia y Tecnología, de Turismo, de Deporte. Pero, igualmente, los medios de comunicación, en todas las formas que existan, deben contribuir en que los usos, costumbres y tradiciones de los Símbolos Nacionales se respeten, se guarden y protejan, para contribuir con ello a desarrollar una nacionalidad más fuerte y una conciencia nacional más sólida. Los Símbolos Nacionales son como el ADN de nuestra identidad costarricense.

No hay problema con dobles candidaturas

Vladimir de la Cruz

Que haya muchos candidatos a la Presidencia de la República, para mí, no es un grave problema. Es tan solo una expresión de la diversidad actual de la sociedad costarricense que se manifiesta en la necesidad organizativa de ciudadanos preocupados por la forma de cómo se maneja, dirige y gobierna el país.

Puede ser también una respuesta para tratar de despejar el escenario de nubarrones que afecta el cielo patrio en torno a los principales problemas que se perciben por los ciudadanos, y ante los graves problemas que se mencionan en la cotidianidad de la vida política y gubernativa nacional, como en la necesidad de formularles respuestas y soluciones, alternativas a las que se impulsan por el Gobierno, por el Partido Acción Ciudadana y sus aliados parlamentarios.

En un escenario más tétrico podría ser una respuesta desesperada de ciudadanos ante la percepción de una gran crisis económica social y política, y una gran ingobernabilidad, donde cada grupo organizado, en estos partidos, trata de resolver su situación procurando llegar a la Presidencia de la República, puesto que niegan que los partidos existentes y el gobierno puedan seguir gobernando y resolviendo los problemas del país y de los ciudadanos.

Esta respuesta organizativa de ciudadanos en tantos partidos solo puede ser eficazmente válida si estos partidos, y sus candidatos, hacen de su participación electoral, verdaderas propuestas de solución a los distintos problemas que cada uno de ellos, y sus partidos, ven como los principales del país, y los esenciales de los ciudadanos.

Esto adquiere mayor dimensión en estas elecciones porque, por la reforma constitucional de iniciar el gobierno, en mayo próximo, con las sesiones extraordinarias del Poder Legislativo, le da músculo político a los candidatos, en este caso a todos, para que en esa perspectiva digan a los ciudadanos, a los electores, cuáles serán sus principales proyectos de ley y cuáles serán sus primeros decretos ejecutivos, a partir del 8 de mayo, en atención a los temas que han agitado, o agitarán, en la campaña electoral, o que ofrezcan en sus discursos e intervenciones públicas, así como lo que señalen en sus respectivos Programas de Gobierno, que deben poner en copia ante el Tribunal Supremo de Elecciones, aunque sea solo para el archivo histórico de esa Institución.

Esto también corresponde al inicio de la Costa Rica del Bicentenario, a partir de ahora, a esperar que los partidos y sus candidatos nos digan cómo quieren dirigir y cuales proyectos de ley y políticas públicas trazarán para la Costa Rica de los próximos 10 o 20 años por lo menos.

En la historia electoral del país siempre ha habido variedad de partidos con candidatos presidenciales. Solo en una ocasión hubo dos candidatos. Antes de 1948 era frecuente la elección entre dos o tres candidatos.

Desde 1998 ha habido más de ocho partidos presidenciales en cada proceso electoral. En las elecciones del Siglo XXI, desde 1998 hasta el 2018 ha habido bastantes partidos con candidatos presidenciales, llegando a tener en una papeleta hasta 15 candidatos. En esta ocasión se produce un salto porque hay en posibilidad de que en el 2022 participen hasta 27 partidos políticos con candidatos presidenciales.

En los resultados que se produzcan tampoco habrá gran problema, porque los votos presidenciales se dividen entre los partidos y candidatos que participan, quedando ganador el que obtenga más del 40% de los votos válidamente emitidos, o pasando a una segunda ronda electoral los dos que tengan mayor cantidad de votos o mayor porcentaje electoral, inferior al 40%, definiéndose el ganador de la segunda vuelta con el mayor número de votos, sin porcentaje básico. Tampoco tiene importancia porque el Gabinete, el Consejo de ministros, el Consejo de Gobierno, no se integra proporcionalmente entre los partidos que participan luchando por ganar la presidencia. Estos quedan por fuera. El Presidente electo y su partido nombran a mano llena a todos los ministros, sin obligación alguna de considerar a personas de otros partidos. El que gana la presidencia hace, como se dice popularmente, mesa gallega, arrea con todo, saca el provecho total sin que sea abusivamente porque así está establecido el sistema electoral y así ha operado siempre. No evita que un Presidente pueda integrar miembros de otros partidos o de otros gobiernos en su Gabinete.

Desde 1998 existe la reforma electoral que permite que los candidatos presidenciales puedan ser, a la vez, candidatos a diputados. En las elecciones desde 1998 hasta el 2018 poco se ha usado este mecanismo. En las actuales elecciones muchos candidatos presidenciales van a la doble postulación. Esto es lo novedoso y “escandaloso”, como se ha tratado de pintar. Pero, eso no quiere decir que los dobles candidatos tengan asegurada su curul legislativa. Eso no es tan fácil y puede resultar muy difícil para la mayoría de estos postulantes. En ese nivel legislativo juegan otras reglas electorales que afectan a los partidos pequeños, a los nuevos partidos, a los partidos que se organizan ad hoc, para cada elección, para los partidos que en la práctica no son permanentes.

En el nivel legislativo operan normas electorales que favorecen exclusivamente a los partidos mayoritarios y tradicionales, que sacan tantos votos que logran elegir cocientes, los votos suficientes para elegir un diputado y subcocientes, la mitad más uno de esos votos para elegir otro diputado. Es frecuente que esa cifra de subcociente a veces sea menor que la que tiene otro partido que no alcanzó cociente ni tampoco logró el subcociente, pero el diputado se lo asignan al partido que ya tuvo cociente. Sobre esto opera también el llamado residuo mayor de igual forma, lo que en la práctica parlamentaria elimina varios diputados que podrían ser representativos de núcleos poblaciones o electorales.

Si el Parlamento, la Asamblea Legislativa, es una instancia de representación popular, no debería tener un sistema de escogencia de diputados que elimina representantes populares de partidos pequeños, favoreciendo la concentración en los partidos grandes. Debería darse la oportunidad a la mayor cantidad de representantes legislativos, por poca población que representen, porque eso son esos diputados, los representantes de esa poca población. De eso se trata.

Curiosamente ningún partido pequeño, de los que han electo diputados, se han preocupado por impulsar esta reforma legislativa que favorecería a los partidos pequeños, y al mayor número de ciudadanos que tendrían sus representantes.

Se podrá pensar que el sistema existente es para evitar la proliferación de diputaciones unipersonales y facilitar con ello la gobernabilidad. La práctica parlamentaria demuestra que cuando se separan diputados de sus partidos y se declaran “independientes” esa realidad se produce, lo que obliga a mayor capacidad de negociación política parlamentaria, que es lo que debe haber en la Asamblea Legislativa. Obligaría también a que los partidos políticos se desarrollen como grandes organizaciones permanentes, con líderes políticos más reconocidos nacionalmente.

Cuando son los candidatos presidenciales los que se postulan a la doble candidatura, como en esta ocasión, puede hacer que lleguen a la Asamblea líderes políticos de mayor peso, que a la vez faciliten la toma de decisiones y los acuerdos políticos.

Si se quiere evitar esto hay que avanzar hacia un sistema parlamentario, o al menos a uno semi parlamentario, pero se requiere, de igual manera, un gran acuerdo político nacional, que ojalá, en el próximo período legislativo, y de gobierno, se pueda tratar esto con una gran discusión nacional, que ya es necesaria.

El único problema que presenta tantas candidaturas es la presentación pública de los candidatos para debates. A nivel privado no hay problema porque ya está definido por disposiciones legales y jurisprudencia electoral que los sectores privados pueden hacer debates e invitaciones a aquellos candidatos que quieran oír. No están obligados a oír a todos ni a provocar debates con todos. A nivel público, de cualquier institución pública o medios de comunicación públicos, si hay obligación de invitar y de tomar en cuenta a todos los candidatos, en igualdad de condiciones, de tiempo y horarios de preferencia de radioaudición o televisión.

Las Cámaras empresariales ya hicieron una primera escogencia. Unos días después igualmente lo hizo el periódico La Nación. Estos grupos empresariales y económicos probablemente se moverán con un grupo de unos ocho candidatos que irán zarandeando hasta inicios de diciembre, cuando terminen con un pelotón de cabecera electoral de unos seis para llegar a inicios de enero con cuatro máximo, con lo cual refuerzan las encuestas de opinión pública, que miden opiniones de ciudadanos, que se informan con estos medios, orientando, de esa manera, la voluntad final de los votantes hacia unos candidatos sobre los otros. Para estos grupos el número de candidatos no importa. Lo que les importa son los candidatos que escojan como principales para finalmente optar dentro de ellos. Algo parecido, con mayor dificultad, harán los grupos sociales y alternativos a los partidos tradicionales. La fragmentación y división político-ideológica que hay, en toda la oferta electoral, perjudica mucho en estas decisiones, donde hay que “partir” votos en la práctica.

El 22 de octubre se cierra el plazo para que los partidos cumplan con todos los requisitos ante el Tribunal Supremo de Elecciones, para asegurar su participación. Esperemos estos diez días que quedan, para ver cuáles partidos quedan debidamente inscritos.

 

(Artículo publicado en la Columna Pizarrón, del periódico La República, en su edición digital, larepublica.net, el miércoles 13 de octubre del 2021).

LA POBLACIÓN “OTRA”

(Por Memo Acuña, Sociólogo y escritor costarricense)

Recientemente se desarrollaron en Tokio, Japón, las justas paralímpicas, competencias destinadas a posibilitar la participación de miles de atletas con capacidades diferenciadas en varias disciplinas.

Para muchas personas, la gran mayoría, la novedad consistió en que ahí mismo en Tokyo, se llevarán a cabo unas competencias bajo ese prisma integrador, donde semanas antes se cumplieron los primeros Juegos Olímpicos de la era pandémica, los disruptivos juegos de Biles, Osaka, y tantos otros deportistas que se esforzaron no solo para ganar medallas, sino para mostrar simplemente humanidad.

No es de extrañar la sorpresa producida sobre la realización de los juegos paralímpicos si la cobertura mediática local se limitó a presentarlos en cápsulas de corta duración durante los espacios de las noticias dedicados a los deportes.

La reducción de los espacios noticiosos o de cobertura para estas competencias tiene su explicación en la conducta de desatención que históricamente se ha tenido con estas poblaciones, que según estimaciones globales representa el 10% de la población total.

Quizá resulten glamorosas las imágenes de cuerpos incompletos bregando en una piscina o en una pista de atletismo. No siguen la estética del mercado y sus signos totalizantes y homogenizantes.

Sirva esta ocasión para recordar los desafíos que todavía como sociedad nos asisten en la inclusión de estas poblaciones. Conviene repasar los desafíos para esa población “otra”.

En primer lugar, una dimensión política que cruza transversalmente los discursos sociales relacionados con las personas con discapacidad: la agencia y la autonomía que les asiste. Esto pasa, entre otras cosas, por borrar del vocabulario palabras limitantes, castrantes que les asignan roles pasivos como personas con derechos.

En segundo término, considerar y hacer consciente que, pese a los esfuerzos institucionales, las barreras de acceso en espacios públicos y también privados siguen siendo un pesado obstáculo cotidiano que deben sortear.

La ley 7600 debe revisarse con urgencia pues surgió en un contexto infraestructural y social distinto al que tenemos hoy en día en el país.

Finalmente, en el marco de la tan promocionada democracia Bicentenaria costarricense es importante reflexionar sobre esas tantas costaricas que somos y que traspasan los conceptos totalizantes bajo una supuesta comunidad de iguales.

Igualiticos nunca hemos sido, decía el querido Carlos Sojo. Actuemos en consecuencia, para incluirnos todos en nuestras diferencias, sin excepciones.

 

Imagen ilustrativa.