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Humanismo y Revolución, una perspectiva desde el Humanismo Universalista

Javier Tolcachier – Santa Clara, Cuba

El Taller Internacional de Pensamiento Humanista y Revolución Socialista, desarrollado en los días 26 y 27 de Octubre en Santa Clara, Cuba, en el que confluyeron académicos del Departamento de FIlosofía de la Universidad Central de las Villas «Marta Abreu» y miembros del Centro Mundial de Estudios Humanistas y la agencia internacional de noticias Pressenza, brindó el marco adecuado para presentar las principales ideas de Silo, fundador de la corriente del Nuevo Humanismo, en el contexto de un posible fecundo diálogo con la corriente marxista.

Publicamos aquí el texto íntegro de esa exposición, a cargo de Javier Tolcachier, del Centro de Estudios Humanistas de Córdoba, Argentina y columnista en agencia Pressenza, quien también aludió a la posición revolucionaria del Humanismo como base para una necesaria convergencia.

Humanismo y Revolución, una perspectiva desde el Humanismo Universalista

Taller internacional Pensamiento Humanista y Revolución Socialista

Santa Clara, Cuba, 26-27 Octubre 2017

Buenos días a todas y todos. Agradezco la posibilidad de participar de este importante encuentro y no puedo comenzar esta presentación sin reconocer el enorme aporte del pueblo cubano a la emancipación de los pueblos del mundo. Cuba, indoblegable y generosa, constituye un efecto demostración histórico de soberanía, altivez y solidaridad que encendió la esperanza frente al despojo, la amenaza permanente, la indiferencia y la resignación. Por lo mismo, Cuba fue y es víctima de un bloqueo criminal y violento que repudiamos y exigimos debe terminar de inmediato.

Quiero también agradecer la cálida acogida brindada por el Departamento de Filosofía de la Universidad Central Marta Abreu de las Villas (UCLV) y resaltar su aporte – en particular el realizado por el profesor Guadarrama – de cuya obra tenemos apenas conocimiento fragmentario – por la reafirmación del contenido humanista del marxismo y por el rescate de las simientes existentes en diversos pensadores latinoamericanos cuya labor abonó el terreno en el que florecieron sucesivos movimientos de liberación.

Sumándonos a ese flujo de conocimiento, esta exposición intentará presentar los principales rasgos de la corriente de pensamiento del Nuevo Humanismo o Humanismo Universalista, fundada por el mendocino Mario Luis Rodríguez Cobos, más conocido por su seudónimo literario Silo. Esta corriente, devenida en su crecimiento en un abanico de múltiples expresiones en los más distintos campos, surgió en los años 60’ del siglo XX y se extendió progresivamente a todas las regiones y culturas del planeta.

Presentar las principales ideas de Silo en el contexto de estas jornadas tendrá aún mayor sentido si hacemos alguna referencia al posible aporte de este Humanismo al análisis y la práctica de revoluciones presentes y futuras, asunto al que intentaremos aludir, aún en el marco de esta reducida exposición.

Precisamente en términos de interpretación, debemos agregar que quien expone, es un militante humanista desde su temprana juventud, lo cual resta objetividad a la exposición, pero explica su interés. Por lo demás, como es habitual en el transcurso del pensamiento y la práctica social, no estamos aún a la necesaria distancia histórica como para aprehender suficientemente la real valía y el aporte de este Humanismo Universalista al proceso humano.

Dicho esto, entremos en materia.

En la Cuarta Carta del libro Cartas a mis Amigos, Silo explica el punto de partida de sus ideas así: “Nuestra concepción no se inicia admitiendo generalidades, sino estudiando lo particular de la vida humana; lo particular de la existencia; Hablemos pues de la vida humana. Cuando me observo, no desde el punto de vista fisiológico sino existencial, me encuentro puesto en un mundo dado, no construido ni elegido por mí. Me encuentro en situación respecto a fenómenos que empezando por mi propio cuerpo son ineludibles. El cuerpo como constituyente fundamental de mi existencia es, además, un fenómeno homogéneo con el mundo natural en el que actúa y sobre el cual actúa el mundo.”

Y algo más adelante: “Pero ocurre que el mundo se me presenta no solamente como un conglomerado de objetos naturales sino como una articulación de otros seres humanos y de objetos y signos producidos o modificados por ellos.” “La intención que advierto en mí aparece como un elemento interpretativo fundamental del comportamiento de los otros y así como constituyo al mundo social por comprensión de intenciones, soy constituido por él.”

Y también: “Por otra parte, los objetos naturales y humanos se me aparecen como placenteros o dolorosos y trato de ubicarme frente a ellos modificando mi situación.“

De esta manera, en una suerte de camino inductivo y reflexión existencial, Silo describe cómo el ser humano existe en una situación dada, no elegida, conformada no tan sólo por un mundo de objetos naturales sino también como mundo social constituido esencialmente por intenciones humanas. Mundo en el que aparecen opciones placenteras o dolorosas que nos implican. Mundo con el que estamos en apertura e influencia recíproca.

Ya en este punto, Silo rompe toda posibilidad de solipsismo, connotando la íntima ligazón de la estructura conciencia-mundo, cuando expresa: “Mi conciencia se ha configurado intersubjetivamente ya que usa códigos de razonamiento, modelos emotivos, esquemas de acción que registro como “míos” pero que también reconozco en otros. Y, desde luego, está mi cuerpo abierto al mundo en cuanto a éste lo percibo y sobre él actúo.”

Sin embargo, la nota distintiva de lo Humano no es simplemente la de ser un ente social, ya que ello también es característico de las distintas especies. ¿Cuál es entonces la clave que señala la especificidad de lo Humano?

Silo lo expresa de este modo: “Al encontrarse cada nuevo ser humano con un mundo modificado por otros y ser constituido por ese mundo intencionado, descubro su capacidad de acumulación e incorporación a lo temporal, descubro su dimensión histórico-social, no simplemente social. Vistas así las cosas, puedo intentar una definición diciendo: el hombre es el ser histórico, cuyo modo de acción social transforma a su propia naturaleza.”

Por tanto, un ser en desarrollo, transformador y en autotransformación permanente.

Como se indica en el opúsculo “Acerca de lo Humano”: “En el ser humano no existe “naturaleza” humana, a menos que esta “naturaleza” sea considerada como una capacidad diferente a la animal, de moverse entre tiempos fuera del horizonte de percepción. Dicho de otro modo: si hay algo “natural” en el ser humano, no es en el sentido mineral, vegetal o animal, sino en el sentido de que lo natural en él es el cambio, la historia, la transformación. Tal idea de cambio no se aviene convenientemente con la idea de “naturaleza” y por ello preferimos no usar esta última palabra como se ha venido haciendo y con la cual se han justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano.”

Pero, ¿porqué habría el Ser Humano de necesitar cambiar su entorno y a sí mismo?

“Por la situación de finitud y carencia temporo-espacial en que se halla y que registra como dolor físico y sufrimiento mental.”, se responde.

Es decir, por la evidencia de las propias limitaciones, incluyendo en ellas a la conciencia de la muerte, que producen señales claras de sufrimiento, movilizando al ser humano a su superación.

Así, la superación del dolor no es simplemente una respuesta animal, sino una configuración temporal en la que prima el futuro y que se convierte en impulso fundamental de la vida aunque esta no se encuentre urgida en un momento dado.

“La superación del dolor aparece, pues, como un proyecto básico que guía a la acción. Es ello lo que ha posibilitado la comunicación entre cuerpos e intenciones diversas, en lo que llamamos la “constitución social”. La constitución social es tan histórica como la vida humana, es configurante de la vida humana. Su transformación es continua pero de un modo diferente a la de la naturaleza porque en esta no ocurren los cambios merced a intenciones.”

De esta manera, el Humanismo Universalista concibe al Ser Humano en rebelión frente a un aparente destino natural que lo condena a padecimientos físicos y mentales, que lo conmina a buscar soluciones y elegir opciones frente a la fatalidad, que lo mueve a construir sentido ante el inminente absurdo de la mortalidad. Este propósito se expresa en la historicidad inherente a la construcción social dotándola de un sentido permanente.

Pero ¿cómo es posible esta afirmación de la elección frente al determinismo? ¿Cuáles son aquellas virtudes distintivas, que permiten esta afirmación y las posteriores transformaciones? Y ¿cómo es que estas características dotan de humanidad a este ser animado?

El concepto de intencionalidad de la conciencia, ya anotado por la escolástica medieval en el estudio de Aristóteles, será definido por F. Brentano “como referencia a un contenido, dirección hacia un objeto (que no significa una realidad), o como objetividad inmanente.” Concepto que retomará Husserl diciendo «la conciencia es conciencia de algo». O más rigurosamente, noesis, el acto del pensar y noema, lo pensado son en estructura.

A partir de lo desarrollado por el fundador de la Fenomenología trascendental en relación al “origen de la representación del espacio”, Silo, en un acercamiento más propio de una psicología fenomenológica, indaga en la “espacialidad de la representación”, es decir en cómo los fenómenos síquicos se presentan en la conciencia como formas emplazadas en un espacio mental que admite niveles y profundidades. Dichas formas o imágenes no son copias sino reelaboraciones de la percepción del mundo externo. Esta espacialidad en la representación de la conciencia habilita la formalización de imágenes que terminan impactando en el mundo como acciones.

De este modo, afirma Silo “la conciencia no es producto ni reflejo de la acción del medio, sino que tomando las condiciones que éste impone termina por construir una imagen o conjunto de ellas capaz de movilizar la acción hacia el mundo y con esto modificarlo.”

La relevancia de esta aseveración queda de manifiesto cuando leemos “Si las imágenes permiten reconocer y actuar, conforme se estructure el paisaje en individuos y pueblos, conforme sean sus necesidades (o lo que consideren que sean sus necesidades), así tenderán a transformar el mundo”.

Por otro lado, Silo explicita la ampliación del horizonte temporal de la conciencia humana, lo que permite a ésta retardos frente a los estímulos y ubicación de éstos en un espacio mental complejo, habilitante para el emplazamiento de deliberaciones, comparaciones y resultantes fuera del campo perceptual inmediato.

Las características de espacialidad y temporalidad de la conciencia humana, sumadas a su esencial intencionalidad, hacen de ésta una herramienta de transformación por excelencia.

De allí que en un tono más poético, Silo dirá: “Te diré cual es el sentido de tu vida aquí: Humanizar la Tierra.”

“Humanizar es salir de la objetivación para afirmar la intencionalidad de todo ser humano y el primado del futuro sobre la situación actual. Es la imagen y representación de un futuro posible y mejor lo que permite la modificación del presente y lo que posibilita toda revolución y todo cambio. Por consiguiente, no basta con la presión de condiciones oprimentes para que se ponga en marcha el cambio, sino que es necesario advertir que tal cambio es posible y depende de la acción humana. Esta lucha no es entre fuerzas mecánicas, no es un reflejo natural, es una lucha entre intenciones humanas. Y esto es precisamente lo que nos permite hablar de opresores y oprimidos, de justos e injustos, de héroes y cobardes. Es lo único que permite practicar con sentido la solidaridad social y el compromiso con la liberación de los discriminados sean éstos mayorías o minorías.”

A partir de estos conceptos, Silo fundamenta una ética y premisas para la acción transformadora, diciendo: “El ser humano por su apertura y libertad para elegir entre situaciones, diferir respuestas e imaginar su futuro, puede también negarse a sí mismo, negar aspectos del cuerpo, negarlo completamente como en el suicidio, o negar a otros. Esta libertad ha permitido que algunos se apropien ilegítimamente del todo social es decir, que nieguen la libertad y la intencionalidad de otros, reduciéndolos a prótesis, a instrumentos de sus intenciones. Allí está la esencia de la discriminación, siendo su metodología la violencia física, económica, racial y religiosa.”

Por ello es que el Nuevo Humanismo lucha activamente contra toda forma de violencia, sea ésta grosera o sutil, expuesta o larvada, definiéndola como la negación de la humanidad en otros. De esta manera, la imagen de humanización del mundo aparece nítidamente en el horizonte no tan sólo como la acción de dotar de intención al mundo, sino como aquella que permite imaginar y construir una existencia social libre de violencias. Así, la acción no violenta decidida, en forma de protesta, crítica, repudio, no colaboración, boicot y superación de las prácticas violentas constituye una metodología coherente con el objetivo enunciado. Por supuesto, es posible ir más allá, imaginando el repudio a la violencia como una conquista cultural definitiva, constitutiva del ser humano del futuro. En el mismo sentido, Silo aborda la necesidad de una reconciliación profunda con uno mismo y los demás como un paso evolutivo fundamental para dejar atrás las prácticas vengativas que, una y otra vez reinstauran ciclos violentos.

Esta lucha por superar condiciones opresivas es también una lucha por ampliar la libertad de todos los seres humanos y de la especie como conjunto.

Del Humanismo Universalista se deriva entonces una práctica de acción, dirigida a desterrar los factores de violencia social, y una ética, cuya escala de valores coloca como valor y preocupación central al ser humano. Esta moral libertaria propone como máxima de relación intersubjetiva una reformulación persuasiva – no autoritaria – de aquella vieja Regla de Oro, presente en todas las culturas, sugiriendo: “Si tratas a los demás como quieres ser tratado, te liberas.”

Lejos de recluirse en el humanismo occidental, esta apertura a las expresiones humanistas presentes en la historia de las diferentes culturas, le da al Humanismo Universalista su nota distintiva. En un momento histórico de evidente mundialización y contacto multicultural, este pensamiento transversal tipifica y señala los “momentos humanistas” de las distintas culturas, proponiendo profundizar la interrelación a través de ellos, constituyendo así un aporte al entendimiento y la construcción colaborativa entre naciones y pueblos.

En ese mismo sentido, el Humanismo, más allá de toda acepción filosófica en sentido estricto es comprendido en sus trazos básicos como una actitud y una posición común de los humanistas de las distintas culturas que puede resumirse en seis puntos: 1. la ubicación del ser humano como valor y preocupación central; 2. la afirmación de la igualdad de todos los seres humanos; 3. el reconocimiento de la diversidad personal y cultural; 4. la tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado o impuesto como verdad absoluta; 5. la afirmación de la libertad de ideas y creencias y 6. el repudio a la violencia.

En cuanto a la situación actual mundial, Silo enfatiza en que precisamente la Revolución es el único modo de abrir un sistema cerrado de concentración capitalista en el que a mayor intento de control social crecerá la entropía.

En su Séptima Carta de Cartas a mis amigos, dedicada a la revolución social, el pensador dice: “No se detendrá la marea revolucionaria que está en marcha como expresión de la desesperación de las mayorías oprimidas. Pero aún esto no será suficiente ya que la dirección adecuada de ese proceso no ocurrirá por la sola mecánica de la “práctica social”. Salir del campo de la necesidad al campo de la libertad por medio de la revolución es el imperativo de ésta época en la que el ser humano ha quedado clausurado. Las futuras revoluciones, si es que irán más allá de los cuartelazos, los golpes palaciegos, las reivindicaciones de clase, o de etnia, o de religión, tendrán que asumir un carácter transformador incluyente sobre la base de la esencialidad humana.”

Agregando además que “… el nuevo tipo de revolucionario que corresponde a este nuevo tipo de revolución deviene, por esencia y por actividad, en humanizador del mundo.“

Silo tipifica el carácter de la revolución a la que alude con estas palabras: “Así está trazada la línea divisoria entre el Humanismo y el Anti-humanismo. El Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización, frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación, frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida, frente a la resignación, la complicidad y el absurdo.“

Distingue además “entre proceso revolucionario y dirección revolucionaria. Desde nuestra posición, se entiende al proceso revolucionario como un conjunto de condiciones mecánicas generadas en el desarrollo del sistema. En cuanto a la dirección, ésta depende de la intención humana y escapa a la determinación de las condiciones que origina el sistema. Ya en otros momentos hemos aclarado nuestra posición respecto a la no pasividad de la conciencia humana, a su característica esencial de no ser simple reflejo de condiciones objetivas, a su capacidad de oponerse a tales condiciones y pergeñar una situación futura diferente a la vivida en el momento actual. Dentro de ese modo de libertad, entre condiciones, interpretamos la dirección revolucionaria.”

A estas alturas ya se comprende cómo el Nuevo Humanismo enfatiza en la relación indisoluble entre la interioridad humana y el mundo social, factores que se entrelazan en continua realimentación. Por ello, no opone la acción transformadora en el mundo a la íntima reflexión intrapersonal sobre el sentido de la existencia y la dirección de las propias acciones en la relación con los demás. Entiende que ambas pueden, acaso deben, resolverse en sentido positivo y de mutua implicancia.

Situarnos desde un radical determinismo objetivo asfixia la posibilidad de elección humana. Dicha perspectiva desmotiva, colocando un automatismo que relativiza todo aporte individual o colectivo. En el otro extremo, absolutizar la capacidad decisoria individual de cada ser humano, negando las condiciones intersubjetivas y sociales en las que se desenvuelve su existencia, aparece como una ingenuidad alejada de todo contexto. Este modo de ver propicia el alejamiento del todo social y los demás seres humanos, conduciendo al ensimismamiento y la reclusión.

Así las cosas, parece necesario establecer en el análisis y práctica revolucionaria un pacto de colaboración entre la situación objetiva y la subjetividad humana. Adoptar una visión estructural y dinámica que, abandonando una óptica lineal o mecanicista, se interne en las profundidades de una mirada multidimensional, colocando a la innegable intencionalidad y posibilidad de transformación humana en tensión con vectores de pertenencia socioeconómica, generacional y cultural.

De este modo, la revolución aparece en una dimensión múltiple y simultánea, que requiere una práctica decidida y decisiva de cambios profundos en la organización económica, jurídica y política, pero también en los hábitos, las valoraciones y las aspiraciones individuales y colectivas.

Por este camino, el sujeto transformador actúa con referencia a un ámbito triple, el mundo social, el de la relación interpersonal y el de su interioridad con el criterio de lograr coherencia. Aún con las dificultades y limitaciones que cada momento histórico interpone, pensamos que dichas tareas revolucionarias no son solamente ineludibles, sino que además, dotan a la vida humana de un sentido pleno.

¿Será en efecto una renovada y creativa convergencia entre Humanismo y Socialismo, un Humanismo socialista o Socialismo humanista, una puerta hacia futuras revoluciones liberadoras del espíritu humano? En todo caso, es una tesis a explorar.

En ese sentido, quisiera culminar esta presentación, citando el párrafo final de la introducción del Documento Humanista, inserto en el libro Cartas a mis amigos, de Silo, que sintetiza el propósito que nos trajo hasta aquí y que intuyo resuena del mismo modo en vuestros corazones:

“Entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha levantado un muro. Ha llegado pues, el momento de derribarlo. Para ello es necesaria la unión de todos los humanistas del mundo”

Muchas gracias por su atención.

Bibliografía

Brentano, F. Psychologie vom empirischen Standpunkt. Leipzig 1874, nueva edición 1911. Wiederauflage bei Ontos

Husserl, Edmund. Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro primero (traducción de José Gaos), FCE, México, 1997

Silo (1990) Contribuciones al Pensamiento, O.C. Vol. I. México: Ed. Plaza y Valdés.

Silo (1993) Cartas a mis amigos, O.C. Vol. I. México: Ed. Plaza y Valdés.

Silo (1996) Habla Silo, O.C. Vol. I. México: Ed. Plaza y Valdés.

Silo (1996) Diccionario del Nuevo Humanismo, O.C. Vol. II. México: Ed. Plaza y Valdés.

Imagen de Alejandro Albelay – Pressenza Cuba.

Costa Rica: pan y circo de bicentenario

Marcos Chinchilla Montes

Juvenal acuñó la expresión “pan y circo para el pueblo”, la que alude a la distracción que se le ofrece e impone a un pueblo para evitar que éste no solo reflexione sobre las contradicciones y problemas que afectan a la sociedad en la que vive, sino también para que busque superarlas.

En eso resumo el espectáculo que se organizó para celebrar la independencia costarricense el pasado 15 de setiembre en el Estadio Nacional. Un colorido espectáculo tipo Hotel Fiesta (con su todo incluido) donde se conjugan luces, trajes, bailarines, músicos e historias perfectamente sincronizadas en torno a una idea central: el ser iguales en un país encantador, perfecto, independiente y sin contradicciones. Miles aplaudieron la versión oficial, la versión que siempre han conocido desde su niñez.

Ni por asomo, una alusión a la corrupción, al aumento de la pobreza, o la concentración de riqueza cada vez más descarada y vergonzosa, a las imposiciones históricas del Fondo Monetario Internacional. Nada de mencionar el machismo y la violencia hacia la mujer, el tráfico de drogas, la discriminación a las poblaciones no binarias, la violencia del crimen organizado que se extiende por todo el país. Bien escondidos quedaron los asesinatos políticos del Codo del Diablo, el robo de las tierras indígenas, el combo fiscal, la ilegalización de las huelgas, la destrucción del medio ambiente, la policía militarizada que reprime manifestantes, la exclusión educativa, la venta de la patria. Carmen Lyra figuró mutilada e instrumentalizada, al menos no quedó reducida a los Cuentos de mi tía Panchita.

Se impuso la fina coreografía, una bofetada descarada a historia crítica y reflexiva de nuestro pasado.

En fin, lo volvieron a hacer; millones de costarricenses recibieron su dosis de soma para afianzar la idea de que somos lo mejor de Centroamérica y América Latina; aunque diversos indicadores sociales reflejan la progresiva y peligrosa regresión social que sufre el país. Eso se llama construir la identidad nacional a base de mentiras y sueños, ocultando debajo de la cama nuestras múltiples contradicciones acumuladas a lo largo de siglos.

Tal vez para el tricentenario, quienes nos sucedan puedan reflexionar de manera profunda y honesta sobre el país que están construyendo; si es que quienes vivimos en esta época, algo les dejamos para repensar su pasado y futuro.

Blas Infante, una figura que permanece

Gabe Abrahams

Blas Infante Pérez de Vargas (Casares, 1885-Sevilla, 1936) fue un político andalucista, fusilado en los inicios de la Guerra Civil española (1936-1939).

Tras estudiar en las Escuelas Pías de Archidona y en el Instituto Aguilar y Eslava de Cabra, Blas Infante trabajó desde 1900 como escribano en el juzgado de Casares, al tiempo que estudiaba en la facultad de Derecho de la Universidad de Granada.

En 1910, empezó a ejercer de notario en Cantillana. Y, en la década de 1910, inició su actividad intelectual y política.

En 1915, publicó su obra más importante, Ideal andaluz, en la que relata su visión personal de la historia, la identidad y los problemas de Andalucía y enumera una serie de propuestas para mejorarla. En 1916, publicó otro ensayo dedicado al político Joaquín Costa Martínez: La obra de Costa.

En 1918, se celebró la Asamblea de Ronda, aprobándose en esta asamblea histórica la propuesta de Blas Infante de adoptar como «insignias de Andalucía» una bandera verdiblanca y un escudo con la imagen de Hércules.

El 19 de febrero de 1919, Blas Infante se casó con Angustias García Parias, con quien tuvo cuatro hijos. Y, en los años siguientes, publicó varios libros como La Sociedad de las Naciones, entre otros.

En 1924, viajó a Marruecos, donde visitó la tumba de Motamid o Al-Mutámid, el último emir de la Taifa de Sevilla, del cual escribió él su biografía en 1920.

En 1928, viajó a Galicia y se reunió con los ideólogos del galleguismo, colaborando con la revista galleguista denominada Nós.

Con la proclamación de la Segunda República española, en 1931, Blas Infante se hizo cargo de la notaría de Coria del Río, ciudad en la que se construyó una casa que llamó Dar al-Farah (en árabe “Casa de la Alegría”) inspirada en la arquitectura de Al-Ándalus.

Desde esa fecha, Blas Infante presidió la Junta Liberalista de Andalucía y se presentó a distintas candidaturas por el Partido Republicano Federal, no alcanzando la representación parlamentaria. En 1933, se presentó también por Málaga, dentro de la coalición Izquierda Republicana Andaluza, sin obtener representación parlamentaria.

En ese año de 1933, Blas Infante propuso que la melodía del canto religioso Santo Dios fuera el himno de Andalucía, cambiándole la letra, medida que fue aceptada. Este himno, junto con la bandera y el escudo elegidos en la Asamblea de Ronda de 1918, perduran como símbolos oficiales de Andalucía.

Durante la Asamblea de Sevilla celebrada el 5 de julio de 1936, Blas Infante fue aclamado como presidente de honor de la futura Junta Regional de Andalucía, un proyecto que estaba a punto de ponerse en marcha. Pero trece días después, el 18 de julio, se produjo un Golpe de Estado contra la Segunda República española y el gran proyecto andalucista quedó parado.

El 2 de agosto de 1936, menos de un mes después de la aclamación de Blas Infante como presidente de honor de la futura Junta Regional de Andalucía, varios falangistas lo detuvieron en su casa de Coria del Río y lo trasladaron al Ayuntamiento de Coria.

Tras pasar arrestado ocho días en el cine Jaúregui, convertido en aquella época en la cárcel de los sublevados contra la República, durante la noche del 10 de agosto, Blas Infante fue subido a un camión y conducido al lugar en el que encontraría su final. Le acompañaron otros detenidos: el exalcalde de Sevilla José González, su mano derecha Emilio Barbero y los diputados socialistas Manuel Barrios y Fermín de Zayas.

Blas Infante fue fusilado, sin juicio ni sentencia, junto a otros dos detenidos, la madrugada del 11 de agosto, en el kilómetro 4 de la carretera de Sevilla a Carmona.

Han pasado más de ochenta años del final dramático de Blas Infante. Su vida intensa, repleta de vivencias y acontecimientos, tuvo un final poco esperado y dramático. Sin embargo, hoy, después de más de ocho décadas de su fusilamiento, su figura permanece.

Blas Infante está reconocido como “Padre de la Patria Andaluza“, por el propio Parlamento de Andalucía, y recibe todo tipo de homenajes. Cada 28 de febrero, con motivo de la celebración del Día de Andalucía, es recordado con intensidad.

Parece evidente, pues, que su figura ha trascendido en el tiempo, superando los obstáculos de aquellos que quisieron silenciarla.

¡El bicentenario de la vergüenza!

Ing. Carlos Vega. Luchador Social Grecia

En Costa Rica hoy es un día de reflexión sobre la Patria que heredarán nuestros hijos, nietos y sus descendencias.

Ponemos sobre la mesa la reflexión del compañero Abogado Oscar Madrigal, material que nos llega gracias al esfuerzo de SURCOS DIGITAL (https://wp.me/p6rfbZ-fYW).

Con esta radiografía, sobre la herencia de los desgobiernos durante estos últimos 50 años, la pregunta actual es: ¿En este mes de la Patria y el bicentenario, hay algo qué celebrar?

Nada que celebrar, mucho de qué avergonzarnos en esta fecha, y por lo tanto, mucho por lo que Luchar.

Hoy el rostro de nuestra Patria está carcomido por la corrupción generalizada, no hay día que no salga un escándalo en que nos enteramos de robos en sumas multimillonarias, y como esto es recurrente, ya pasa desapercibido ante los ojos de la ciudadanía.

Para cubrir el hueco que este estado de cosas ha dejado, nos endeudan en sumas cercanas, a los $40 mil millones de dólares, o sea, el que está por nacer lo hace cargando con una DEUDA ETERNA que anda por un estimado de ₡5 millones, o, sea, sería la DEUDA ETERNA per cápita, que como lo señalan los informes del BID más de $3 mil millones de dólares al año se esfuman en corrupción, despilfarros etc etc etc.

Hoy, al arribar al bicentenario, la clase política empresarial responsable del DESASTRE FISCAL, también responsable de haber destruido la seguridad social en sus desgobiernos, de haber creado una verdadera fábrica de pobres y la mayor desigualdad en América Latina y fuera de nuestro continente, de condenar a nuestros hijos, nietos y sus descendencias a vivir en una sociedad sin derechos, saca pecho con su patrioterismo barato, y nos envuelve en su fiesta electorera y futbolera, para adormecernos y continuar con su OBSCENA y ETERNA FIESTA, que pagamos con más impuestos, salarios congelados durante los próximos 10-20 años y más.

¡Y ni que decir de las pensiones hasta los 65 años que luego aumentarán hasta los 70 años con menos plata a recibir!

Pueblos originarios inquilinos y perseguidos en su propio país.

Este no es un cuadro apocalíptico para Costa Rica, es la realidad con la cual arribamos al bicentenario, verdad que a muchos incomoda, por eso, agradecemos a profesionales como Oscar Madrigal por sacarnos de la verborrea patriotera y ponernos los pies en la tierra.

Costa Rica: ¡Bicentenario para avergonzarnos!

¡NADA que celebrar, mucho por lo que LUCHAR!

Costa Rica requiere fortalecer una cultura centrada en el respeto a la dignidad de todas las personas

José María Gutiérrez, profesor emérito, Universidad de Costa Rica

El bicentenario de la independencia de las repúblicas centroamericanas encuentra a Costa Rica en una posición tambaleante. Los primeros dos siglos de vida independiente fueron testigos de procesos complejos en los cuales el país, gracias a pactos sociales visionarios en diversos momentos de nuestra historia, pudo generar políticas públicas y una institucionalidad que ha dado réditos valiosos, en medio de múltiples problemas, conflictos y desafíos. Estos pactos sociales, no obstante, se han debilitado notablemente en las últimas décadas. El tejido social se ha deshilachado y el país ha pasado a engrosar la lista de naciones con mayor desigualdad. Los proyectos políticos y económicos hegemónicos no auguran un futuro promisorio y el país requiere buscar nuevas luces y avenidas que conduzcan a una convivencia donde priven la equidad, el bien común, la dignidad de las personas y la relación armoniosa con el ambiente. ¿Cómo lograrlo?

Debemos generar un escenario colectivo de prácticas democráticas renovadas, en el cual la participación de amplios sectores de la población marque la pauta en procura de alternativas en todos los ámbitos de nuestro quehacer. Vale decir, requerimos edificar una auténtica democracia participativa, donde la energía creadora de muchas personas y colectivos abra las puertas a nuevos horizontes. Estos procesos deben ir aparejados del fortalecimiento de las instituciones públicas como garantes de derechos esenciales, con amplia participación popular y en un marco de equidad. Necesitamos políticas tributarias progresivas, que reduzcan la inaceptable desigualdad en que vivimos. El fortalecimiento de la educación y la salud públicas deberán ser ejes centrales de nuestro futuro, al igual que políticas que aseguren la protección del ambiente. Debemos abocarnos a fortalecer un desarrollo científico-tecnológico endógeno, incluyendo las ciencias naturales y las sociales, que ponga el conocimiento al servicio del bien común, mediante una estrategia de resiliencia ante los embates externos, la cual garantice soberanía alimentaria, energética y tecnológica.

Costa Rica requiere fortalecer una cultura centrada en el respeto a la dignidad de las personas y su diversidad en todos los planos, incluyendo los grupos históricamente excluidos. Debemos dejar atrás las lacras del patriarcado, el racismo y el clasismo, para generar un entorno nacional marcado por la generosidad y la solidaridad, lejos del individualismo y del mercantilismo prevalecientes. Una sociedad donde nadie esté de más y donde todas las personas tengamos garantizada una vida digna. Ojalá que en el transitar hacia el tercer centenario de nuestra independencia tengamos la sabiduría y el coraje para construir ese mundo más pleno.

Costa Rica: El déficit fiscal no es el villano que nos pintan

Luis Paulino Vargas Solís
Economista, Director a.i. CICDE-UNED

La versión en PDF de este artículo puede ser descargada aquí: https://www.academia.edu/51437970/Costa_Rica_El_d%C3%A9ficit_fiscal_no_es_el_villano_que_nos_pintan

Resumen: este artículo busca satisfacer dos objetivos, principalmente: 1) demostrar que el proceso de recuperación de la economía y de los empleos en Costa Rica, tras el fuerte golpe inicial de la pandemia del Covid-19, es sumamente lento e insatisfactorio; 2) formular la tesis de que la persistente atonía de la actividad económica y del empleo, está fuertemente influida por la opción prevaleciente a favor de una política fiscal restrictiva, que opta por la austeridad y el recorte.

Hacia agosto de 2020, en la etapa inicial de la pandemia del Covid-19, los ingresos que el Gobierno Central recibía, caían cerca de un -12%, comparados con las cifras de un año antes (agosto 2019). En total, esa reducción alcanzaba los ₡369 mil millones. Cabría decir que, al dejar de afluir hacia las arcas públicas, ese dinero permanecía en cambio en los bolsillos del sector privado de la economía, lo cual, en aquel momento de derrumbe, era bueno.

Pero esa parte positiva del asunto jamás fue reconocida. Estruendosas, sonaron las alarmas para advertir que se avecinaban cataclismos y calamidades, puesto que, como resultaba obvio, el déficit fiscal se estaba incrementado, y amenazaba terminar el año en cifras sin precedentes de 9, quizá 10% del PIB. Al final de 2020, diferente a las estridencias amarillistas de alguna gente, terminó en 8,1%.

Y, sin embargo, tiene mucho sentido pensar que, contrario a la película de terror que nos pintaban, la ampliación del déficit fiscal más bien aportó un colchón que atenuó la caída de la economía. Baste recordar que, entre febrero y julio de 2020, se destruyeron más de 500 mil empleos, lo cual desataba fuerzas contractivas poderosísimas. La economía pudo tener un hundimiento catastrófico. Al final del año, la economía costarricense se contrajo un -4,1%, malo, sí, pero bastante menos que el promedio de -6,8% para América Latina en su conjunto, y mucho menos que el -11% de Perú, el -10% de Argentina, el -8% de México y El Salvador, y ni se diga el -17,9% de Panamá.

Acontecía que el gasto deficitario del gobierno contribuía a sostener la demanda total en la economía, en momentos en que la demanda privada se desplomaba en picada, como consecuencia de que el desempleo, que ya era muy alto antes del Covid-19, en cosas de tres meses prácticamente se duplicó, mientras centenares de miles de personas se salía de los mercados laborales. El gasto público y el déficit fiscal, tan aborrecidos por el empresariado privado, propiciaban que el golpe para sus negocios fuese menos severo de lo que pudo haber sido, y que el derrumbe de la economía no alcanzase las magnitudes de vértigo que potencialmente podría haber tenido. Eso es así, no obstante que ese efecto positivo se veía limitado -y así sigue siendo hasta el día de hoy- porque gran parte de ese déficit correspondía a pago de intereses, cuya contribución a la dinamización de la demanda es, por diversas razones, más limitado.

Y, sin embargo, al entrar en 2021 las tornas se vuelve y la tonalidad cambia. Ahora es Costa Rica la que se queda en el pelotón de retaguardia. La CEPAL estima un crecimiento promedio del 5,2% para América Latina y el Caribe en su conjunto, liderado por Perú (9,5%), Chile (8,0%) y Argentina (6,3%). Muy atrás queda Costa Rica: 3,2%.[1]

Que, en todo caso, esa tasa de crecimiento para Costa Rica es engañosa, ya que está inflada por la expansión desorbitada de las zonas francas, la cual solo tiene un efecto nimio sobre el resto de la economía, por lo que tampoco fructifica en una creación satisfactoria de empleos. Dejaré de lado ese mundo feliz de los parques industriales -el llamado “régimen especial” según lo designa el Banco Central-, y en lo que sigue me concentraré en “la otra economía”, que provee empleos a cerca del 95% de las personas trabajadoras y paga la casi totalidad de los impuestos.

La medición convencional del valor de la producción de esa “otra economía”, realizada por el Banco Central con base en el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), muestra que a lo largo del trimestre marzo-abril-mayo 2020, se sufre un desplome del -9,5%, respecto del dato de febrero de ese año. En junio empieza una recuperación que, de tan tímida y limitada, no merecería ser considerada como tal, al punto que, a junio de 2021, tras 13 meses de “recuperación”, el dato respectivo todavía está un -4,1% por debajo de su nivel de febrero 2020. En cualquier país del mundo se la consideraría una recuperación sumamente anémica e insatisfactorio. Pero aquí se nos quiere hacer creer que merece celebrarse.

Si, además, comparamos la evolución registrada a lo largo del primer semestre de 2021 con la observada en el segundo semestre de 2020, notaremos que la economía no gana impulso, no obstante el avance, gradual pero sostenido, hacia la eliminación, o, por lo menos, la reducción sustancial, de la mayoría de las restricciones sanitarias. Se suponía que ello habría de infundirle energía a la reactivación económica. No hay tal: el avance, si cabe llamarlo así, sigue siendo lento y contenido.

Quedamos, entonces, en el pelotón rezagado en materia de crecimiento a nivel latinoamericano, pero, en cambio -con tasas de desempleo que se mueven en el rango del 17-18%- lideramos los rankings del desempleo.

Todo lo cual tiene muchísimo que ver con la política fiscal (gastos públicos e impuestos) en aplicación. Las cifras que presenta el Ministerio de Hacienda para 2021, no son directamente comparables con las de 2020, porque suman un componente que anteriormente no incluían: el gasto e ingresos de los llamados “órganos desconcentrados” (OD). Sin embargo, el Banco Central realizó los ajustes estadísticos necesarios de forma que, excluyendo los OD, pudiera compararse la evolución efectiva de las cuentas del Gobierno Central. La conclusión es contundente: al mes de junio 2020, sin incluir intereses, el gasto se reduce en -7,1%. Inclusive sumando intereses, se registra una reducción de -3,5%. La parte de transferencias corrientes -las cuales son giros de dinero a instituciones diversas tales como: CCSS, universidades, FODESAF, IMAS, juntas de educación, IAFA, etc.- se les aplica un tajo de -15,5%.[2]

No obstante lo anterior, las cifras que se presentan en la página web del Ministerio de Hacienda, muestran un notable incremento en los gastos de capital (inversión). Al mes de julio, y comparadas con julio 2020, aumentan en un espectacular 42,8%. En parte, las cifras han de estar infladas por posibles gastos de capital de los “órganos desconcentrados”, los cuales, como ya indiqué, no se incluían en los datos de 2020. Pero incluso así, y en virtud del recorte brutal que se había aplicado en 2020, son números que se sitúan un -5% por debajo de las cifras de dos años atrás, o sea, las de 2019.

Pero, lo que es más importante, resulta que, hasta en el mejor de los casos, es un monto de inversión pública sumamente modesto, en el orden de 1,4% o 1,5% del PIB, cuando, en realidad, nuestro gobierno debería estar invirtiendo arriba del 4% o 5%, en planes de emergencia para la creación de muchos empleos en el corto plazo, y programas de inversión de mediano y largo plazo en áreas como el transporte público, las energías limpias, la vivienda popular y de clases medias, la infraestructura sanitaria, educativa y de cuido, la fibra óptica, acueductos, recuperación de cuencas de ríos, ciencia y tecnología. Entre tantos otros ámbitos, de similar importancia.

Mientras esto ocurre, los ingresos del gobierno dan un notable salto. Las razones son diversas, pero el caso es que, incluso con los necesarios ajustes estadísticos que, como ya indiqué, fueron realizados por el Banco Central, a junio 2021, y comparados con junio 2020, crecen un 12,6%. Lo cual pareciera ser algo positivo, pero deja de serlo en el contexto de una economía ralentizada y con altísimos niveles de desempleo. Si por lo menos esos ingresos adicionales financiaran programas de creación de empleos e inversión pública, el efecto neto sería positivo. Pero sirven exclusivamente para reducir el déficit fiscal, por lo que su impacto sobre la economía es necesariamente negativo: es dinero que se saca de los bolsillos del sector privado y son drenados de la demanda privada, sin que el sector público los devuelva al flujo de la demanda global.

Cuando, por otra parte, ha quedado claro que la relativa flexibilización de la política monetaria del Banco Central, que ha hecho descender considerablemente las tasas de interés sobre las colocaciones de créditos por parte de los bancos comerciales, ha sido insuficiente e ineficaz, tan ineficaz como ha sido la eliminación de restricciones sanitarias y la “reapertura” de la economía. En ninguno de los dos casos era de esperar otra cosa, porque en ninguno de ambos se atacan las fuerzas más profundas que frenan la economía. Todo lo cual simplemente ratifica que, sin una política fiscal enérgica, la reactivación y, sobre todo, la generación de empleos, serán mucho más difíciles y lentas.

El déficit fiscal ha devenido una especie de “pesadilla de Freddy Krueger”, en la cual hemos quedado atrapados. Es, a un mismo tiempo, el fantasma que se agita para infundir miedo, y la camisa de fuerza que nos paraliza. Lo absurdo de la situación queda mejor ilustrado, tan solo con que hagamos un somero recuento de las urgentes necesidades que nos acogotan y angustian. Pensemos tan solo en la carencia de adecuados espacios públicos -incluyendo parques, instalaciones deportivas, campos de juego y centros para la práctica del arte-, en nuestros ríos contaminados o en las limitaciones de la infraestructura de cuido para atender a la niñez, las personas mayores o las personas con discapacidad. Y, entretanto, tenemos centenares de miles de personas desempleadas.

¿No es acaso una locura que ni siquiera podamos proveer empleos temporales a esas personas para resolver ese tipo de acuciantes necesidades, mientras encuentran mejores oportunidades de empleo en las empresas?

Luis Paulino Vargas Solís, CICDE-UNED

Alajuela, Costa Rica, 7 de septiembre de 2021

Algunas cifras ilustrativas


[1] CEPAL, La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad. Informe especial Covid-19, julio 2021.

[2] Banco Central de Costa Rica, Revisión del Programa Macroeconómico 2021-2022, San José, julio 2021, pp. 47-49.

Blog del autor: http://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/2021/09/costa-rica-el-deficit-fiscal-no-es-el.html

La disolución de los colores

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

“Los mexicanos nacemos donde nos de la gana”, habría dicho alguna vez una exhultante Chavela Vargas al preguntársele por su origen costarricense, tan atravesado y complejo como el que más en su hoja de vida.

Como una sanción premonitoria, a la vuelta de los años, otras figuras públicas habrían de mostrar que no necesariamente el acto de nacer es realmente el que te permite hacerte con una ciudadanía, una legitimidad, una identidad.

Lo hizo el futbolista de origen nicaragüense Óscar Duarte que, luego de su destacada participación en el Campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014, fue recibido con honores en su pueblo de origen.

También el surfista Carlos “Cali” Muñoz nacido en Granada, Nicaragua, que será recordado no solo por su desempeño de alto nivel en el deporte, sino por haber protagonizado uno de los viajes de última hora más intensos que se recuerden para un atleta invitado al filo de la hora a participar en las justas olímpicas. Al final no logró su objetivo de representar a Costa Rica en la competencia, pero en la retina y memoria colectiva quedará ese periplo contra el tiempo, contra la inclemencia de un temporal devastador en el Atlántico del país que bloqueó por horas su intención de llegar al aeropuerto, los vuelos y conexiones perdidas. No tuvo la posibilidad de competir en uno de los “heats” eliminatorios de su disciplina. Pero la gente le aplaudió su gesto.

Años antes, sin embargo, no eran aplausos lo que el deportista recibía. En una entrevista para el medio digital delfino.cr, Muñoz dijo haber experimentado discriminación por su nacionalidad en el ámbito escolar, un desafío que permanece hasta el día hoy en los centros del sistema educativo costarricense.

De madre hawaiana y padre estadounidense, la surfista Brisa Tomy Henessy Kobara representó al país con buen suceso, también en la disciplina del surf. Nacida en San José, casi toda su carrera profesional la ha desarrollado en el extranjero. Su tabla de surf fue prácticamente un lienzo que mostró una y otra vez al mundo los colores de la bandera costarricense, artísticamente diseñados. Su “pura vida” matizado con un claro acento extranjero revela la mezcla que presentamos como país, a pesar de las escencialidades impuestas, los marcajes identitarios puritanos y desfasados de la historia de un país compuesto por «arroz y frijoles», una mezcla finamente metaforizada en el documental «Si no es Dinga», producido en 2014 por La Traviesa Producciones en Costa Rica.

A finales de la década de los años ochenta y principios de los años noventa, el artista japonés Yukinori Yanagi exponía al mundo una acción performática consistente en colocar hormigas obreras en compartimentos de arena de colores representando varias banderas del mundo. El “acto” consistía en una lenta difuminación de las banderas como producto de la acción natural de las hormigas.

Era la época de anunciación de un sentido planetario: la globalización había llegado y se intuía, tal y como Yanagi proponía, que las fronteras desaparecerían y con ellas los rituales de piedra de las identidades monolíticas y nacionalistas. Estaba equivocado.

Ni las cajas de plástico, tubos, tuberías, arena coloreada y mucho menos las hormigas obreras utilizadas por Yanagi, fueron suficientes para advertir ese sentido pétreo con que hoy se defiende cierta identidad esencializada y los nacionalismos.

Es cierto, si, que las banderas han adquirido otro significado en medio de los procesos de globalización y planetarizacion constante. Tanto se han disuelto, que causan confusiones extremas como la que sucedió a un equipo periodístico costarricense que emitía en vivo la maratón olímpica masculina recién transcurrida. Al anunciarse al maratonista coreano OH J, los periodistas indicaron que claramente no era de ese país. “debe ser keniano” dijeron. Efectivamente, de origen africano, el deportista representó a Korea del Sur en la competencia.

Con algo de congoja e incertidumbre, celebramos las fechas de conmemoración del bicentenario “formal” de la independencia. Las narrativas hacia esa identidad tallada en piedra estarán a la orden del día. Pero también otras formas de nombrarla y cuestionarla. Seamos las hormigas de Yanagi. Disolvamos los colores y abrámonos hacia nuevas experiencias colectivas donde el reconocimiento de las diferencias colectivas sea la norma.

 

Imagen: http://xuku-va.blogspot.com/2011/08/yukinori-yanagi.html

¿Nos conmueven estas cifras?

Óscar Madrigal

Según el último Informe del Estado de la Educación:

En materno y guardaría en 2019 los alumnos en pobreza eran el 36.2% y en 2020 aumentaron a 41%.

En preescolar en 2019 eran 36.6% y en 2020 41,9%.

En primaria en 2019 fueron 37.3% y en 2020 43,6%.

En secundaria en 2019 eran 30,9% y en 2020 40%.

¿Qué país tenemos? Si antes de la pandemia mucho más de un tercio de los estudiantes o alumnos de todos los niveles vivían en pobreza y con la pandemia resulta que más del 40% de todos los niños, niñas y adolescentes del país viven en pobreza, resulta que tenemos un país que condena al segmento más importante de la población a vivir en la pobreza.

¿Qué país estamos construyendo? Con estas cifras no resulta difícil concluir que para ese enorme grupo social sus posibilidades de un futuro mejor están muy reducidas. Estamos perpetuando el círculo de la pobreza.

Y lo dramático es que no son cifras; son niñas, niños, adolescentes, con rostro humano, personas, que viven pobremente, muchos en la miseria. Un grupo, no mayoritario, viven de los “diarios” que reciben en los centros educativos, entre los alimentos 600 gramos de carne, que deben alcanzar para todo el mes y, en muchos casos, para toda la familia.

El año pasado 27.254 estudiantes pidieron paquetes de alimentos, pero el MEP se los negó por falta de recursos.

Mientras tanto, hoy mismo la prensa informa que Costa Rica alcanzó un superávit primario de más de ¢100 mil millones para gran conformidad con el FMI.

Es la Costa Rica del Bicentenario para desgracia de muchos.

Erradicar la corrupción, para un desarrollo país ético

Mainier Barboza Soto, miembro Movimiento Patriótico por Costa Rica

mainierbarbo@gmail.com

Más allá del combate a la corrupción, que pasa por la recuperación de valores y principios morales, es necesario crear estructuras, organismos, normativas, leyes, que tengan su asidero en la Sociedad Civil, de manera que desde ésta como eje emerjan tales organismos, estructuras, normativas, leyes…

Así, amparados en el artículo 9 de nuestra CONSTITUCIÓN POLÍTICA, (así con mayúsculas), está el sustento legal y democrático, para impulsar lo que se expone a continuación:

Creación del Foro de la Sociedad, que incluye a todos los sectores de la sociedad y factores claves de la producción nacional – (Trabajadores, empresarios, en especial medianas y pequeñas, cooperativas, organizaciones de mujeres, de jóvenes, cooperativas, asociaciones de desarrollo comunal, de deportes, del agro, grupos organizados de Iglesias, católica, protestantes, luteranas, evangélicas, otras), el gobierno por medio de la Contraloría, tendrá representación conjunta con las universidades públicas, las que serán las encargadas del trabajo de análisis técnico y profesional de los proyectos, que aprobaran consensual me en una Asamblea General que se reunirá 4 veces al año; para el trabajo cotidiano se formará una dirección conjunta con un(a) representante por sector, con reuniones bimensuales…

Tareas que tendrá: participación en el análisis del presupuesto nacional, y de autónomas con el Ministerio respectivo, así como los empréstitos nacionales y de las autónomas.

Analizará la pertinencia de los préstamos con organismos internacionales, (BID, FMI, BM.).

En materia fiscal creará la auditoría fiscal de la producción, Privada y Pública, que ejecutará las acciones propias de su función tales como control de la producción y su seguimiento hasta el destino final en los mercados nacional o extranjero, ejercerá controles y tendrá poder de intervención en la planta industria, comercio, exportación e importación, para evitar la evasión, elusión y fraude fiscales (verdaderos focos de corrupción). Sus acciones y señalamientos estudios y veredictos tendrán carácter vinculante.

En la actualidad el monto de la evasión, elusión, sin contar el fraude comercial, el blanqueo de capitales vía paraísos fiscales, (Cepal 2016), supera el 8 % del PIB, (cerca de $5 mil millones de dólares, casi tres veces el cacareado préstamo FMI de $175O millones).

Es urgente tomar estas medidas y crear proyectos de ley, vía rápida para recuperar la economía y dar estabilidad a la mayoría de la población que, además de pagar más impuestos (indirectos) recibe menos ingresos cada día que pasa.

La pandemia solo aceleraría algo que el modelo económico monetarista del neoliberalismo no podía contener, una crisis económica, social y de valores, que ha sumido en la pobreza extrema, en un vacío ético y un Estado maltrecho a nuestra Patria.

En tanto, la acumulación en menos manos es cada vez mayor, + al 2019 190 personas y/o familias tenían fortunas en capital y bienes superiores a los $14 mil millones de dólares, un 22% del PIB, de ese año, en tanto, la pobreza superaba el 22%, con un 6% de extrema, sin contar el subempleo, ni la informalidad).

Se ha planteado la eliminación de las Juntas Directivas y Superintendencias de las entidades autónomas, (controladas por sectores privados adscritos a los Partidos Políticos Tradicionales, lo que podría decirse por analogía,» durmiendo con el enemigo».

Las Municipalidades finalmente deben recuperar su rol ejecutivo y de gobierno local, por ejemplo, en el caso de las carreteras nacionales, bajo cargo del MOPT, cada municipio debería trabajar el mantenimiento, renovación y cuido de la red vial y cobrar al MOPT, su respectivo gasto o inversión, el Ministerio tendría solo la supervisión de las obras, en conjunto con la Municipalidad respectiva. ¿Qué se logra?, incorporar población local emprendimientos, pequeños y medianos, y una mejor distribución de la inversión entre más personas, la inversión Pública debe ser para el desarrollo del país, no para acumulación y amañada capitalización de unos pocos…

Seguiremos con las propuestas políticas y de reactivación desde el mar y las municipalidades y las alianzas cooperativas…

Imagen: AuditoriaCiudadanaTV

Aguas negras y un dinosaurio monumental

Por Freddy Pacheco León

Si el desastre que muestra el proyecto de tratamiento de aguas negras desde Tres Ríos Escazú y desde Aserrí al norte de San José, se resolviere con solo OTRO préstamo de $175 millones de dólares, se podría dormir tranquilo. Pero lamentablemente no es así. Un proyecto que se concluiría ¡hace ocho años! ha caído en un hueco técnico y presupuestario. Advertidos los responsables del legislativo y ejecutivo hace 15 años, cuando todavía no se había aprobado el primer préstamo, ni siquiera respondieron los razonables cuestionamientos. Siguieron adelante, y gastaron US$50 millones EN UNA SOLA PLANTA DE TRATAMIENTO que no tiene tratamiento secundario ni terciario, y que será fuente de mayor contaminación para el río Virilla. Así, en lugar de fraccionar, para una mejor construcción y operación, el inmenso proyecto en unas cuatro o cinco regiones, distribuidas según las poblaciones a servir, insistieron en «EL DINOSAURIO» que ha caído abatido por su mismo tamaño y escasa alimentación. ¿Y los responsables?  Como ha sido usual, aunque esta vez hablamos de ~US$330 MILLONES, de ellos nadie se preocupa. La «investigación» que hoy casi culmina la comisión legislativa que tiene que vigilar el DERROCHE de dineros públicos, ¡insólitamente! NO cita siquiera de soslayo este asunto, conocido por cierto por la Contraloría, sin beneficio alguno para la República que está en su nombre. El DESASTRE es gigantesco y el MIEDO a entrarle parece que más grande.

 

*Imagen ilustrativa, UCR.