Hace unos días, recién publicados los datos de algunas encuestas que estudian las percepciones de las personas consumidoras, y otras en relación con lo que llaman el “clima empresarial”, escuché las respuestas del Presidente Luis Guillermo Solís cuando la prensa lo interpelaba al respecto.
Valga recordar, primero que nada, que estos datos de reciente publicación, no aportan novedad alguna. Se tratan de tendencias consistentes fácilmente rastreables en las sucesivas encuestas que antecedieron a las que acaban de publicarse. Lo usual es que, una y otra vez, se expresen percepciones pesimistas, incluso sombrías. Las personas consumidoras se manifiestan cautas, reticentes y desconfiadas; el empresariado habla, en el mejor de los casos, de planes de contratación e inversión restrictivos y modestos, a menudo poniéndole al asunto un tono plañidero, rebosante de quejas y lamentaciones.
Esa es, en general, la atmósfera sicológica prevaleciente: nos muestra un colectivo humano que, al menos en lo económico (posiblemente también en otros ámbitos) expresa malestar frente al presente y mucho temor respecto del futuro.
El presidente Solís, por su parte, se manifestó en desacuerdo con esos datos, me parece que no dudando propiamente de la validez de las encuestas realizadas, pero sí cuestionando el fundamento de tales percepciones negativas. Vale decir, el presidente considera que no hay razones que justifiquen tanto pesimismo, cuando, por el contrario, las cosas estarían evolucionando de una forma tal que permitiría alentar renovadas esperanzas. En apoyo de esto último, don Luis Guillermo invocaba diversas medidas de su gobierno, dando especial destaque (como se ha hecho usual en él) a sus personales esfuerzos en materia de atracción de inversión extranjera.
Si el presidente tuviese el chance de revisar algunos cuantos y muy básicos datos de nuestra realidad, y caso que estuviese dispuesto a hacerlo desde la mirada crítica de un académico independiente, o tan solo la de un costarricense objetivamente preocupado por su país, posiblemente reconocería que, en realidad, las percepciones negativas, con todo lo
limitadas que resultan en términos de su capacidad para representar de forma confiable la realidad, no andan en este caso nada descaminadas. Cuando, por otra parte, eso no debería resultar tan difícil para un presidente que fue electo favorecido por una imagen de cambio. Para un mandatario con tales características, poder señalar con cierta claridad y franqueza los problemas que toca enfrentar, debería ser entendido como paso necesario en la preparación de la ruta –seguramente escabrosa y empinada – que conduzca al anhelado cambio.
El caso es que presidentes y presidentas –y no solo en Costa Rica- son por lo general especímenes sociopolíticos escasamente dotados para admitir con franqueza y sin maquillajes, la realidad de los países y sociedades que les toca liderar. Me sospecho, sin embargo, que esa tendencia ha tendido a agudizarse en los últimos decenios, cuando el reinado neoliberal ha ido abriendo una brecha creciente entre las expectativas y demandas que plantean conglomerados ciudadanos cada vez más complejos y multicolores, frente a la cruda realidad que ofrecen las declinantes capacidades del Estado y el movimiento sostenido hacia economías fragmentadas y mucho más inestables, en las que escasean las oportunidades y se agravan la incertidumbre e inseguridad.
Quizá por ello ha tendido a proliferar –me parece que en mucho mayor grado que en el pasado- la tendencia a hacer de cada gobierno una especie de cuento de hadas o, en todo caso, un cierto ejercicio de esquizofrenia colectiva: por un lado va la realidad de la gente común y silvestre; por el otro, bien diferente, el mundo de ensueño y los castillos encantados de quienes gobiernan.
De ahí que, con justificada razón, podamos hablar de Lauralandia, Abelandia, Chemalandia, Miguelandia o Juniorlandia, aunque con seguridad ninguna tan volada como la Oscarlandia Reloaded (no olvidemos que también hubo una primera versión), con su TLC, sus 500 mil empleos, sus automóviles Mercedes Benz y sus motos BMW.
¿Vamos camino del Luisguilandia? Espero muy de corazón que no sea el caso, pero he de admitir que hay síntomas preocupantes. La forma como el presidente reaccionó ante la prensa a raíz de las malas percepciones que transmiten las encuestas a que hice referencia, apunta en ese sentido; ya ahí empieza a dibujarse un cierto desconecte entre lo que la gente ve y lo que el presidente mira. Pero nada tan llamativo como la reiterada evocación que don Luis Guillermo hace en relación con los objetivos de atracción de inversiones con que justifica sus viajes al extranjero.
Es importante hacerlo –nos reitera una y otra vez- para así impulsar la economía y generar empleos. La realidad –la de por lo menos los últimos 16 años- no le concede mucho respaldo a tales dichos, lo cual no ha impedido que sea lugar común infaltable en los discursos presidenciales; los actuales –como bien lo estamos observando- pero también los de hace cinco, diez o quince años. Es algo así como las hadas: elemento infaltable en el cuento de ensueño presidencial con que intentan arrullarnos.
Y, sin embargo, la economía asemeja hoy día un carro cuya caja de marchas se averió por lo que solamente puede avanzar en primera; lento y pesado, atragantado en soplidos angustiosos. Todo lo cual se refleja en una situación del empleo que raya en la catástrofe, con salarios reales declinantes, pobreza al alza y desigualdad creciente. Y que tenga por seguro el señor presidente que eso no se arreglará ni con viajes de negocios patrocinados por CINDE ni con genuflexiones ante inversores extranjeros que muy poco interés tienen –y no tendrían por qué tener ninguno- en resolver nuestros problemas.
Don Luis Guillermo puede querer pintar la realidad con los colores que mejor le plazca. Al cabo, de ello dependerá el que sea, o no, un presidente con los pies bien puestos en el suelo y en capacidad de entenderse con la gente de la calle que tan masivamente le dio su apoyo electoral.
O acaso elija ofrecernos una nueva versión del viejo cuento de hadas: la Luisguilandia.
Tomado del Blog “Soñar con los pies en la tierra” de Luis Paulino Vargas Solís.
Al concluir 2014, la economía de Costa Rica acumula siete años consecutivos con un desempeño por debajo de sus estándares históricos. Aún si excluimos el bienio 2008-2009, en el que impactó la fase aguda de la crisis económica mundial, lo que observamos en el período subsiguiente (un quinquenio completo), es un desempeño mediocre que, con el paso del tiempo, tiende a deteriorarse de forma gradual. Ello se visibiliza en la evolución de diversos indicadores macroeconómicos, como el crecimiento del PIB o de las exportaciones. Pero salta a la vista, de modo mucho más dramático, al ver los datos sobre empleo, pobreza y desigualdad. En ese contexto el problema del déficit fiscal, como tantos otros en las actuales circunstancias, ha devenido crónico. Y es que, en efecto, si quisiéramos apelar a una metáfora médica, cabría entonces hablar de un complejo síndrome en el cual concurren simultáneamente una amplia gama de síntomas, todos los cuales empezaron a manifestarse en 2009 y, llegados a 2015, no dan signo alguno de mejoría cuando, en la mayoría de los casos, parecen deslizarse por una pendiente de gradual pero sostenido empeoramiento.
¿Una economía en depresión?
Tiene entonces sentido hablar de una situación de depresión de la economía costarricense, y ello desde dos perspectivas. Primero, porque, desde cualquier punto de vista que se le evalúe, el desempeño económico se sitúa claramente por debajo de sus tendencias históricas, incluso aquellas –más bien mediocres- del período neoliberal posterior a 1984. Segundo, porque, además, es una situación que tiende perpetuarse durante un dilatado período, el cual entra ya a su octavo año.
Pero si, además, ponemos atención al aspecto político de la cuestión, cabe entonces hablar de una nueva fase del Proyecto Histórico Neoliberal, la cual posiblemente arranca a las alturas de 2005-2006, pero cuyas consecuencias principales se hacen visibles en la etapa posterior a 2009 y hasta la actualidad. Esta nueva fase –a mi juicio la tercera en el devenir de ese proyecto histórico- está marcada por el predominio de los intereses del negocio financiero, lo cual a su vez se visibiliza en tres aspectos clave de la política económica: la política de objetivos de inflación por parte del Banco Central y, en relación con ésta, el manejo de las tasas de interés y del tipo de cambio del colón frente al dólar. Ahí se juega mucho de la suerte de la economía costarricense.
Dejemos claro esto último: tasas de interés y tipo de cambio son las dos herramientas que el Banco Central manipula para dar cumplimiento a sus metas inflacionarias. Y, a su vez, el logro de esos objetivos en materia de precios, como el comportamiento que en ese contexto adquieren las tasas de interés y el valor del dólar, claramente apuntan en un sentido: favorecer la rentabilidad del negocio financiero. Se facilita así que la banca obtenga recursos externos en dólares para alimentar los circuitos internos de crédito en moneda extranjera, como, más en general, se procura de esa forma mantener los flujos de capitales provenientes del exterior. A la vez que, con tasas de interés muy superiores al nivel de inflación, y con una diferencia sustancial entre tasas activas (las que se cobran sobre los créditos) y tasas pasivas (las que se pagan sobre los ahorros) se garantizan condiciones de elevada rentabilidad para las actividades financieras.
Todo ello, sin embargo, conlleva un costo muy alto, pues implica colgar al cuello de la economía real (no la puramente financiera) un ancla que la hace caminar a paso lento. De ahí, por otra parte, los gravísimos problemas del empleo, de los que resultan consecuencias ulteriores sobre la pobreza y la desigualdad, pero también sobre la situación fiscal, cuyo estado de crónico deterioro es principalmente reflejo de la debilidad subyacente de la economía. Aunque también es por entero razonable suponer que, de no ser por ese elevado déficit fiscal, el estancamiento económico se habría agudizado, incluso al extremo de la recesión.
Año 2015 ¿Cambiará esta situación? ¿Se recuperará la economía?
Un factor podría jugar a favor: el relativo empuje que la economía estadounidense ha adquirido durante el segundo semestre de 2014, supuesto que se sostenga durante el año que empieza. Ese país todavía representa cerca del 40% del total de las exportaciones costarricenses, y parte también importante de la inversión extranjera y del turismo que se reciben. Y, sin embargo, acontece que el resto de los centros económicos principales –Europa y Japón- siguen atrapados en un estancamiento del que no hay perspectiva alguna de pronta recuperación. Por su parte, las llamadas economías emergentes –con China a la cabeza- han perdido tracción de forma más que notable, y difícilmente tendrán una mejoría significativa en 2015. Estas condiciones más bien turbias podrían debilitar, eventualmente dar al traste, con la recuperación de la economía estadounidense.
Este escenario ha incorporado en meses recientes un factor adicional de complejización: la caída del precio del petróleo. La interpretación optimista señala que esto podría incentivar el consumo y, por esa vía, la recuperación. Pero hay un riesgo efectivo que se agudiza: el de la deflación. Ese es un fantasma que atormenta a Japón y causa angustia en Europa y del cual no está libre la economía estadounidense. Si la baja del petróleo agudizara la presión deflacionista, las consecuencias podrían ser realmente perversas.
Queda pendiente de dilucidar, además, cómo evolucionará la política monetaria de la Reserva Federal estadounidense, particularmente respecto del momento en que empezarían a elevarse de nuevo las tasas de interés: quizá hacia el segundo semestre de 2015 o acaso hasta 2016. Sí es innegable que ello provoca tremenda inquietud ¿lo soportará la economía estadounidense?
En breve: la mejoría de la economía estadounidense podría transmitir algunos impulsos positivos que mejoren en algo el desempeño de la economía costarricense el año venidero, pero, dado el contexto mundial general, es poco probable que ello pueda representar ninguna mejora significativa.
Y, sin embargo, acontece que incluso en la improbable hipótesis de una coyuntura mundial especialmente favorable, ésta chocaría contra diques internos que aminorarían significativamente sus posibles efectos positivos. Ello es así en virtud del énfasis dominante de las actuales políticas económicas, las cuales, lideradas desde el Banco Central, se enfocan, como he explicado, en objetivos inflacionarios lo que, en la práctica, repercute en tasas de interés reales (descontada la inflación) muy altas y un tipo de cambio ampliamente sobrevaluado. Y aunque esto favorece al negocio financiero, en cambio frena la inversión productiva y la generación de empleos. Si esas condiciones no se corrigen –y por ahora no se avizora cambio alguno en la política del Banco Central- se vuelve difícil lograr una recuperación vigorosa, ni siquiera en condiciones mundiales más propicias que las actuales.
Si suponemos –como es razonable imaginar- que el Banco Central no modificará sus políticas, queda por considerar la posibilidad de que en el año venidero tenga lugar algún ajuste fiscal de relativa envergadura, lo cual no es descabellado dada la fuerte presión que el poder económico, la mayoría de partidos de oposición y los oligopolios mediáticos ejercen sobre el gobierno del presidente Solís. Si tal cosa ocurriera –un ajuste fiscal del orden del 1% del PIB según la fórmula mágica que Ottón Solís se sacó de su chistera- ello agregaría severas presiones recesivas sobre una economía que, de todas formas, anda muy debilitada.
Algunos posibles escenarios para 2015
De tal forma, y para resumir, propongo tres posibles escenarios básicos:
a) La economía estadounidense se mantiene en curso de recuperación; Europa y Japón se salvan de la deflación; el desempeño de las “economías emergentes” no se deteriora adicionalmente; ni la política monetaria ni la política fiscal en Costa Rica sufren modificación significativa. En tal caso, la economía de Costa Rica crecería en los alrededores del 4-5% sin avance apreciable en materia de empleo y pobreza.
b) Manteniendo las mismas condiciones anteriores, pero adicionando un ajuste fiscal significativo al interior de la economía costarricense. Esta crecería entonces en los alrededores del 2-3% con un deterioro adicional en el empleo (crecimiento de 1-2 puntos en las tasas de desempleo) y la pobreza.
c) Condiciones menos favorable a nivel mundial –incluso cierta agudización de las tendencias deflacionistas- y el mismo ajuste fiscal interno. Ello podría llevar el crecimiento a cero o negativo, con agravamiento significativo de los problemas de empleo.
Tomado del Blog “Soñar con los pies en la tierra” de Luis Paulino Vargas Solís.
El Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) en un trabajo conjunto con el programa Estado de la Nación, desde el año 2003, inició con un proceso de discusión para el seguimiento y análisis de la protesta social, en el cual se incluían la construcción de una base de datos de noticias sobre acciones colectivas, un manual de codificación de categorías sobre las distintas acciones colectivas, y ponencias para el capítulo sobre “Fortalecimiento de la Democracia” de los informes del programa.
Posteriormente, en el año 2008, se constituyó, en el IIS, en colaboración con el OSAL-CLACSO1, el Comité de Seguimiento y Análisis del Conflicto Social y la Coyuntura de Costa Rica, bajo la cual se prepararon las cronologías del conflicto social y los informes de coyuntura.
Desde finales de 2012, el IIS continuó con la producción de las cronologías mensuales para propiciar el estudio de los conflictos sociales usando como fuentes de registro de acciones colectivas, distintos medios de comunicación de prensa escrita. Por medio de resúmenes de las distintas expresiones de la protesta social, éstas pretenden contribuir en el análisis, reflexión y debate entre círculos académicos, organizaciones sociales y políticas y movimientos sociales en general.
Para conocer y analizar más el documento, se le invita a seguir el siguiente vínculo:
El Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), realizó el Informe de la Encuesta Sociopolítica de Noviembre del 2014 para el Semanario Universidad en el que se analizan los siguientes temas:
-¿Cómo se informan las personas? Pag 4
-Evaluación de Servicio Públicos. Pag 8
-Situación actual del país. Pag 12
-Gestión del actual gobierno. Pag 13
-Situación económica del país. Pag 15
-Situación política. Pag 17
-problemas principales. Pag 19
-Reconocimiento legal de parejas del mismo sexo. Pag 21
-Tema de coyuntura – presupuesto estatal. Pag 22
-Tema de coyuntura – concesión de la Terminal de Moín. Pag 24
-Valoración política e institucional. Pag 27
-Política exterior. Pag 34
Se invita a conocer más y analizar el documento en el siguiente enlace:
Un aporte a la reflexión de las lecturas bíblicas de cada domingo, a la luz de los retos de la vida diaria y como resultado de reflexiones comunitarias.
Lect: Is 40,1-5.9-11; Salmo 84; II Pedr 3,8-14; Mc 1,1-8
«Este es el origen de la Buena Noticia de Jesucristo, hijo de Dios.” Así empieza este libro del evangelista Marcos (1,1), en el texto que acabamos de escuchar. Sencillo y, a la vez, extraordinario, aunque su fuerza la podemos perder cuando olvidamos que eso es lo que significa la palabra “ evangelio», tan repetida y poco comprendida. ¿Qué pudo ver este autor, y otros muchos de sus coetáneos, en Jesús para poner al Bautista a hacer tan notable proclamación y, luego, para hacerse sus discípulos? ¿qué les impactó de la presencia de aquel galileo para ver en su cercanía, en su modo de vida, una Buena Noticia? En primer lugar, vale la pena destacar lo que seguramente no fue su motivación. No hablan así de Jesús porque se hubieran matriculado en una nueva religión que les inculca una doctrina religiosa sobre Jesús, o porque se los enseñara una escuela teológica eclesiástica, como podría suceder a otros adeptos, siglos después. Tampoco lo proclaman porque vean que Jesús compita en ritos con los sumos sacerdotes, ni porque sea más convincente que los escribas al presentar las enseñanzas de la ley.
Tal como puede deducirse de las palabras del Bautista en estos mismos párrafos, lo que ve Marcos en aquel Hijo de Hombre, que le lleva a interpretar su presencia, su acción y su vida como una Buena Noticia, es que ante la necesidad del pueblo de un consuelo para sus sufrimientos, y un alivio para sus pecados; ante la búsqueda del favor y la bendición de Dios, Jesús ofrece un camino distinto, renovador de la condición humana. Ya no ofrece ritos de purificación, ni prácticas de penitencia para ganarse la benevolencia de un Dios que mora en lo alto. Ya no necesitará ríos sagrados como el Jordán, ni Templos como el de Salomón para mostrar caminos de salvación, de liberación a los seres humanos.Lo que Jesús ofrece ahora es un modo de vida sumergida en la vida del Espíritu Santo. Es la vida que vive él, la que se le transparenta, la que resplandece en todas sus acciones y en su relación con los demás. Y es la vida en la que inicia, en la que sumerge, a todos los que se le unen en su camino. Esa es la novedad, lo que hace de Jesús una Buena Noticia. La experiencia interior de Dios, su Padre, es la misma experiencia que sus discípulos van a descubrir como fuente y raíz de la vida de cada uno y de las comunidades. Marcos lo expresa con palabras de Juan el Bautista, contrastando dos modos de vida, el del bautismo del agua, es decir, el de prácticas de creencias y ritos, de la religión; y el del bautismo del Espíritu, es decir, el de una espiritualidad viva que brota de la experiencia de Dios y alienta y transforma toda la vida humana.
En el tiempo de Adviento, de preparación a la Navidad, Isaías (1ª lectura) nos habla de la necesidad de consuelo que tiene el pueblo, la necesidad de que tanta cosa torcida en la sociedad en que vivimos, se enderece, y tantas desigualdades se allanen. Y Pedro, (2ª lectura) sueña con un cielo nuevo y una tierra nueva frente tantas formas de vida perecederas, frente un “mundo de apariencias” que tiene que pasar, como decía Pablo (I Cor 7,31). Esas expectativas, esa esperanza que también nosotros compartimos hoy, frente a la sociedad y la economía contemporáneas, bastante resquebrajadas por la injusticia y el egoísmo, son expectativas que nos empujan no a buscar una salvación externa, fuera de este mundo, sino a sumergirnos en la vida del Espíritu, cuya fuente brota de nuestro mismo corazón y salta hasta la vida del Eterno (Jn 4: 14).Ω
Tomado del Blog Los que queremos ser, de Jorge Arturo Chaves O.
Repasemos algunos datos bien conocidos: desde 2009 –este año incluido- el gobierno de Costa Rica ha presentado un déficit fiscal de magnitud muy considerable y tendencialmente creciente. Si quisiéramos observar enseguida los datos sobre inflación, constataríamos que durante ese mismo período ésta ha caído a mínimos no registrados desde hace más de cuarenta años.
Fijemos entonces nuestra atención en las tasas de interés. Al observar los datos en la página web del Banco Central se constata que durante estos años ha habido algunos episodios en que se incrementaron, lo cual, sin embargo, fue revertido en cuanto hubo voluntad política de hacerlo. En todo caso, dos detalles resultan claros: primero, en general las tasas de interés se mueven hacia donde quiere llevarlas el Banco Central (así ha ocurrido en meses recientes) y, segundo, hay una gran diferencia entre las tasas que los bancos cobran sobre sus créditos respecto de las tasas que pagan por lo depósitos que reciben. Esto segundo advierte sobre la ineficiencia del sistema financiero costarricense (público y privado) y su proclividad hacia la extracción de rentas. En resumen: tratándose de las tasas de interés, son otros factores –y no el déficit fiscal- los que más inciden en su comportamiento.
Esa es, a grandes rasgos, la realidad que tenemos. No coincide para nada con lo que afirman los economistas del establishment sobre catástrofes inflacionarias y grandes alzas de las tasas de interés presuntamente causadas por el déficit fiscal.
Pasemos a otra cosa: la palabra charlatán o charlatana, según el diccionario de la Real Academia española, hace referencia a una persona “que habla mucho y sin sustancia”. Otros diccionarios en línea dicen: persona “que habla mucho y sin sentido”. Pues acontece que, tristemente, el tema del déficit fiscal alimenta con creces el refulgente estrellato mediático de un puñado de charlatanes. Pero, en especial, observamos que la discusión de las últimas semanas en torno al presupuesto del gobierno, ha dado ocasión a que la charlatanería alcance cimas inigualables de procacidad.
Lo que reseñé más arriba es un primer indicio en ese sentido: una cosa es la realidad-real; otro el cuento de fantasmas y aparecidos que estos payasos repiten en un ejercicio incontenible de locuacidad.
La charlatanería de los recortes
Pero todo eso se queda corto –y resulta un asunto casi pudoroso y recatado- si se le compara con lo dicho por ciertos diputados en el marco de la polémica sobre el presupuesto. Sobran los ejemplos que lo ilustran. Mencionaré algunos. Primero, la irresponsabilidad de imponer recortes decididos en un despacho legislativo y desde la más completa ignorancia respecto de las complejas y heterogéneas realidades de la institucionalidad pública de Costa Rica. Segundo, la insultante pretensión de recortar indiscriminadamente el monto para alquileres, como si las oficinas y el personal pudieran ser reubicados en cualquier pocilga. Tercero, la idea retrógrada de restringir presupuestos destinados a la compra de equipo de cómputo. Cuarto, el absurdo de recortar viáticos para obligar a que personal cuyo trabajo exige desplazarse a diferentes lugares del país, permanezca amarrado a su escritorio y su oficina.
Y todavía uno más: la pretensión de que los recortes luego se podrían reponer vía presupuestos extraordinario, sujeto a determinadas condiciones. Esto pone en evidencia que, más que un asunto de austeridad, de lo que se trata es de torcerle el brazo al gobierno. Pero también se adivina una estrategia del tipo “zanahoria y garrote” (o bien: “con sangre la letra entra”), según la cual darle de fuetazos a las instituciones públicas y su personal es la forma de lograr “que aprendan”. Lo cual ratifica el prejuicio desde el que esto se formula, y su inquina contra las personas empleadas del sector público.
Es por completo fútil negar que en lo público hay mucho por mejorar. Hay problema de eficiencia organizativa y de calidad y oportunidad en los servicios. También hay diversos abusos –incluso algunos en los regímenes de estímulo laboral- los cuales ameritarían corrección. Pero es una completa irresponsabilidad la sola insinuación de que hay sobrante, cuando son tan frecuentes los reclamos populares pidiendo servicios necesarios pero inexistentes o demandando mejor atención. El recorte tiene sentido solo cuando algo está de más. Lo cierto es que, todo lo contrario, tratándose de la institucionalidad pública, se necesita más y, sobre todo, se necesita mejor.
Ese es el primer problema con esta desaforada charlatanería de los recortes: que impone una agenda negativa –es una “mística de la mutilación”- distrayendo la atención respecto de lo que sí es importante: el trabajo necesario para mejorar y depurar todo aquello que así lo requiere. Puesto que, por otra parte, confundir la mutilación con la mejoría es una versión extrema de esa ópera bufa de los recortes.
La charlatanería de los recortes
Pero quizá lo peor de todo es que esto ha actuado como un poderosísimo distractor respecto de los asuntos realmente importantes. Decir –como sin cansancio lo repiten estos charlatanes- que el principal problema de Costa Rica es el fiscal claramente pone en evidencia un perverso sesgo ideológico: aquel que cree que un estado contable es más importante que la vida de la gente. Por el contrario, los problemas económicos más importantes son aquellos directa o indirectamente relacionados con el empleo, la pobreza y la desigualdad. Reactivación económica y generación de muchos empleos de buena calidad, deberían ser, por lo tanto, el punto prioritario de la agenda de políticas.
Y, sin embargo, acontece que la restricción presupuestaria y la austeridad fiscal que este ejército de charlatanes quiere imponer, no solo deterioraría aún más la de por sí decepcionante situación de la economía y el empleo, sino que, encima, agregaría razones para un deterioro fiscal aún más agudo. La dinamización de la economía y la creación de buenos empleos son necesarios para la reducción de la pobreza, como también para mejorar los ingresos del gobierno, reducir el déficit fiscal y bajar el peso de la deuda pública.
He ahí, con seguridad, el más grave problema que ha traído consigo toda esta charlatanería: en vez de ocuparnos en el diseño e impulso de una agenda activa que impulse la recuperación de la economía y del empleo, hemos quedado atrapados en una discusión absurda sobre colones más o colones menos en viáticos, computadoras o alquileres.
Alguien debería hacer que estos bufones paguen por todo el daño que han ocasionado.
Tomado del Blog “Soñar con los pies en la tierra” de Luis Paulino Vargas Solís
El pasado 18 de noviembre, el pleno del Congreso de España adoptó una resolución mediante la cual “insta” al Poder Ejecutivo a reconocer a Palestina como Estado. La votación logró, según reportes de prensa, el siguiente resultado: 319 votos a favor, una abstención y dos votos en contra.
Las casi dos horas de discusión previa a la adopción del texto están disponible en Youtube (ver enlace) y permiten dar una idea de las distintas versiones del texto que circularon así como del esfuerzo realizado por los partidos políticos españoles para consensuar una versión aceptable para todos. Cabe saludar la gran prudencia de varios congresistas así como las muestras de solidaridad externadas a civiles israelíes, al coincidir la discusión sobre este tema en Madrid con el asesinato de cinco personas en una sinagoga de Jerusalén pocas horas antes.
Un renovado dinamismo parlamentario
El Poder Legislativo de España se convierte así en el tercer parlamento en Europa, después del Parlamento del Reino Unido y el de Irlanda, en adoptar resoluciones de esta naturaleza en poco más de un mes. Se trata de un mecanismo inusitado para proceder al reconocimiento unilateral de un Estado, el cual usualmente es parte del margen de maniobra discrecional del que dispone el Poder Ejecutivo en el ejercicio de sus atribuciones.
Es posible que esta “innovación” de estos parlamentos nacionales guarde relación con la extraña sensación de incapacidad del Ejecutivo para liberarse de algún tipo de presión que le impida proceder a este reconocimiento. El reconocimiento de un Estado por otro Estado constituye un gesto relativamente simple de realizar, como todo acto jurídico unilateral de un Estado. Se plasma en una declaración oficial que no requiere mayor exigencia adicional que su publicidad. Los reconocimientos pueden ser objeto de una nota oficial elaborada como en el caso de Brasil en diciembre del 2010 (ver texto de comunicado oficial), o bien más escueta, como la de Uruguay de marzo del 2011 (ver texto de comunicado oficial) o la de El Salvador de agosto del 2011 (ver texto del comunicado oficial) para citar algunos ejemplos. En el caso del reconocimiento de Palestina, presiones de unos, amenazas de otros, y temores de algunos otros basándose en una batería (ya conocida) de argumentos para posponerlo parecieran hacer a un lado el hecho que son ya, con Suecia, 134 Estados en todo el mundo los que han contado con la firme voluntad política de sus mandatarios para hacerlo. Es posible que los argumentos oídos por parte de Israel luego del gesto de Suecia de hace unas semanas recuerde los argumentos oídos en Costa Rica en febrero del 2008 (Nota 1) y en los numerosos Estados que se han inclinado por reconocer a Palestina en los últimos años.
A diferencia del caso irlandés en el que no hubo necesidad de recurrir a un voto, el caso británico y el caso español coinciden en algo: la inusitada contundencia del voto obtenido. La del Parlamento británico realizada el pasado 13 de octubre reunió 274 votos a favor y 12 en contra, mientras que la del Parlamento español 319 votos a favor, una abstención y dos votos en contra. Ambos ejercicios evidencian una señal muy clara que posiblemente tenga a las autoridades israelíes un tanto preocupadas: en particular en cuanto a la actitud a adoptar y el tono de voz a escoger. Se puede afirmar que, lejos de simples actos “simbólicos” (como lo titula por ejemplo el New York Times con relación al voto del Parlamento británico), la decisión prácticamente unánime de los parlamentarios tiene un alcance mucho mayor: políticamente, el mensaje es de una nitidez absoluta. Al parecer, ha iniciado una intensa discusión en círculos parlamentarios europeos de cara a sus electores, a las bases de su partido, y, en general, de cara a la opinión pública, con posibles efectos colaterales. Por ejemplo, Francia se apresta a un ejercicio muy similar en los próximos días y ya diputados de otros parlamentos han externado la posibilidad de acompañar al movimiento. En el caso de Francia, declaraciones hechas a inicios de octubre del 2014 desde el mismo Ejecutivo a través del vocero del Quai d´Orsay indicaban que París podría en algún futuro inclinarse en favor de Palestina (ver nota de Le Matin). Más allá de las ambigüedades de la expresión “il faudrait bien à un moment reconnaître” usada por el vocero de la diplomacia francesa (la cual dio pié para una cobertura mediática inusual en Francia y fuera de ella), y de la posible maniobra de un Ejecutivo bajo presión como el francés, el debate sobre el reconocimiento de Palestina se ha intensificado en Francia en las últimas semanas y días.
El gesto de España:
El parlamento de Galicia en mayo pasado había puesto a prueba la sensibilidad de los representantes de Israel en España, al adoptar una modesta resolución en señal de solidaridad con el pueblo palestino: los diplomáticos de Israel no dudaron en considerar oportuno denunciar el hecho como de extrema gravedad, señalando que ”Con esta exigencia, el Parlamento de Galicia se une a los peores y más extremistas enemigos de Israel» (ver nota de prensa).
Más allá del estridente tono de voz usado cada cierto tiempo por los diplomáticos israelíes, y al que nos hemos venido acostumbrando, la votación española acaecida el pasado 18 de noviembre no ha dado (aún) lugar a actitudes airadas de este tipo por parte de los representantes oficiales de Israel en España. Sobre la declaración del Congreso en sí, la embajada de Israel en España indicó (ver enlace) que: “La declaración del Congreso de los Diputados de España aleja las posibilidades de alcanzar un acuerdo entre Israel y los palestinos, ya que anima a los palestinos a tomar posiciones extremistas”. Algo muy similar a los escuchado en Costa Rica en febrero del 2008 y que evidencia (una vez más…) la ausencia de argumentos notoriamente distintos. Es de notar que esta acción del Congreso español tiene lugar pocas semanas después del reconocimiento hecho por Suecia a Palestina como Estado, el pasado 30 de octubre, y que tuvimos la oportunidad de analizar con mayor detalle (ver nota ). Se da de igual manera un mes después de la elección de España, como Miembro no Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (realizada el 16 de octubre del 2014): este órgano discutirá, entre muchos otros asuntos, un proyecto de origen francés para reglamentar el uso del veto por parte de los Miembros Permanentes en caso de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad (ver nota de Le Monde): como bien se sabe – y así lo analizamos en una nota anterior publicada en Derechoaldia – el derecho penal internacional es un ámbito del derecho internacional que tiene profundamente preocupado a Israel y a su socio protector norteamericano. El depósito por Palestina el 21 de enero del 2009 de una declaración de aceptación de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI) fue considerada por el servicio jurídico del ejército israelí como una nueva forma de terrorismo desconocida para expertos en el tema: el «terrorismo legal» (Note 2). La discusión en el Congreso de España se sitúa además a pocas semanas de la adopción (probable) de un proyecto de ley para conceder la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España (ver texto del proyecto de ley).
A penas conocido el resultado de la votación, el gesto del Congreso español fue elogiado por las autoridades palestinas, indicando además el papel decisivo que podría jugar España en un futuro, tal como se puede apreciar en esta breve nota. La lectura de un articulo sobre la misma noticia publicado por El Pais (España) desmenuza por su parte los distintos cambios hechos al borrador inicial presentado por la oposición socialista española, incluyendo la supresión de un tercer párrafo que tenía, según parece, sumamente inquietas a las autoridades de Israel, tal como lo indica este medio español. Fue retirado a petición expresa del Palacio de la Moncloa (palacio en el que reside el Presidente del Gobierno español), según reporta el influyente matutino madrileño (un medio usualmente bien informado).
Posibles perspectivas:
Las declaraciones de altos funcionarios israelíes plasmadas en un sinfín de artículos que recoge la prensa internacional en estas últimas semanas apuntan todas a evidenciar el profundo temor de Israel con relación a las repercusiones que pueda tener el gesto de Suecia en los demás Estados miembros de la Unión Europea. Posiblemente asistamos ahora a una actitud similar (pero más discreta) con respecto a lo ocurrido en España, dada la dinámica muy peculiar que generan los círculos parlamentarios en Europa (con incluso posibles ramificaciones fuera del viejo continente).
A modo de reflexión sobre este delicado proceso que parece haber iniciado Suecia en el seno de la Unión Europea, nos permitimos citar de manera textual el planteamiento hecho por el ex canciller de Costa Rica, Bruno Stagno (2006-2010) expresado en una conferencia dictada en Montevideo durante una reunión auspiciada por las Naciones Unidas (texto disponible aquí). La solidez del argumento posiblemente haya inspirado a muchas cancillerías en América Latina y también fuera de ella: “En 1947, Costa Rica, al igual que otros 12 países de América Latina y el Caribe, apoyó la resolución 181 (II) de la Asamblea General sobre el Plan de Partición del Mandato Británico de Palestina. En esa ocasión formamos parte de los 33 países que reconocieron tempranamente que la coexistencia de dos Estados se imponía como la peor solución, con excepción de todas las demás. Desde entonces hemos visto pasar una tragedia tras otra, incluyendo guerras e intifadahs, asesinatos y atentados, afectando seriamente el derecho a vivir sin miedo de ambos pueblos. Paralelamente, y sin un claro calendario estacional, hemos visto germinar las promesas y esperanzas generadas por diversos procesos de paz, sin lograr aún la cosecha de los dividendos de paz. Ha sido tierra fértil para dobles raseros, para intereses ajenos, y para una triste reiteración de eventos que postergan el cumplimiento del mandato acordado en 1947”. El planteamiento podría tal vez también inspirar a parlamentarios en busca de argumentos: la resolución 181 (II) constituye, como bien se sabe, el título jurídico sobre el que se basa la existencia de Israel como Estado, desde la perspectiva del derecho internacional.
La reciente reacción de América Latina
Notemos que, a diferencia de la operación militar israelí en Gaza de diciembre del 2008 (con un saldo de 14 muertes israelíes y más de 1400 muertes palestinas), la reciente ofensiva en Gaza dio lugar a vigorosas y enérgicas condenas por parte de varios Estados de América Latina (con calificativos de sus mandatarios tales como « acto de locura », « genocidio », « masacre », objetos de una interesante sistematización recientemente publicada por la Universidad Nacional – UNA – en Costa Rica); y que varios de estos mismos Estados, en señal de repudio, recurrieron a la técnica diplomática de la llamada a consulta a sus embajadores, finalizando el mes de julio del 2014. Poco más de un mes después, el saldo en vida humanas de esta ofensiva israelí realizado por la Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (ver informe al 4 de septiembre del 2014) era de 71 muertes israelíes (que incluyen las de 4 civiles y 66 militares) y de 2131 muertes palestinas (de las cuales 1531 corresponden a civiles, entre los cuales 501 niños y 257 mujeres). A diferencia de otros continentes, América Latina pudo alzar la voz con mucha mayor vehemencia con ocasión de estos ataques tan desproporcionados como indiscriminados del ejército de Israel contra la población civil palestina, y que están interesando a expertos de Naciones Unidas en crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. El Consejo de Derechos Humanos aprobó en julio la creación de una comisión de investigación que tuvimos la ocasión de analizar en Tribuglobal (ver nota). El reconocimiento de Palestina como Estado por parte de los Estados de América Latina no es ajeno al tono vehemente y a la actitud solidaria escuchada en el año 2014 por parte de estos.
Conclusión:
Tal y como lo recordábamos hace unos días en nuestro breve análisis antes mencionado, el reconocimiento de Palestina como Estado por parte de Costa Rica de febrero del 2008 (así como las razones políticas y jurídicas para fundamentarlo), dieron pié para que prácticamente toda América Latina procediera de la misma manera en los años subsiguientes. A la fecha únicamente se mantienen Colombia, México y Panamá en la región sin haberlo hecho, y es posible que en algunos de estos tres Estados, algunos de sus parlamentarios se inclinen por inspirarse en los logros recientes obtenidos por sus homólogos europeos.
El próximo 29 de noviembre se celebrará en todo el mundo el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino declarado como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1977, precisamente en conmemoración del día en que se adoptó la antes mencionada resolución 181 (II) de 1947. Es muy probable que en Estocolmo, en Londres, en Madrid y en París ondeen más banderas palestinas que de costumbre. Así como en el resto de Europa y del mundo.
Notas
Nota 1: La reacción israelí al reconocimiento del Estado palestino por parte de Costa Rica de febrero del 2008 se lee así: “Establecer relaciones con Estado que no existe compromete el desarrollo de los acuerdos definidos entre israelitas y palestinos, va en contra de la Hoja de Ruta, actividades del Cuarteto y otros esfuerzos para la paz. Estos acontecimientos van en contra de los acuerdos, incluso, de la comunidad internacional y, podrían dañar los esfuerzos para alcanzar la paz entre ambas partes” » (La Prensa Libre -Costa Rica- del 28/02/2008, entrevista a Ehud Eitam, embajador de Israel en Costa Rica).
Nota 2: Véase FERNANDEZ J., La politique juridique extérieure des Etats- Unis à l´égard de la Cour Pénale Internationales, Paris, Pedone, 2010, p. 325. Declaraciones del jefe de la delegación norteamericano David Scheffer después de la conferencia de Roma de julio de 1998 revisten desde esta perspectiva cierto interés, al reconocer que Estados Unidos « endosó» los temores de Israel: « En ce qui concerne Israël enfin, David Scheffer reconnut après Rome que la délégation américaine avait endossé la crainte d´Israël d´être victime d´accusations devant la future Cour en raison de sa politique dans les territoires occupés » (p. 172).
*Profesor de Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, Universidad de Costa Rica (UCR)
Si juzgáramos el status científico de la economía con arreglo al grado de sofisticación matemática de su teorización, habría que reconocer que, con todos los honores, es una ciencia casi tan rigurosa como la física, y mucho más elaborada que cualquier otra ciencia social. Pero, en realidad, esa sería una conclusión demasiado apresurada. Lo cierto es que esa elegante fachada esconde algunas ruinas bastante miserables.
Hablo –necesario es aclararlo- de la corriente dominante de la economía, aquella que ha inspirado y guiado el núcleo principal de las políticas económicas en Costa Rica y en casi todo el mundo durante ya más de treinta años. Los fundamentos teóricos de esta economía han recibido críticas demoledoras que nunca han sido satisfactoriamente contestadas, cuando, por otra parte, es claro que su capacidad para la generación de respuestas sensatas y eficaces es realmente pobre. Intentaré ilustrarlo.
Primero, la crítica a la teoría del capital formulada por el Cambridge crítico y progresista de Inglaterra -con Joan Robinson y Piero Sraffa a la cabeza- en su larga polémica (entre 1953 y 1976) con el Cambridge neoclásico y conservador de Massachusetts, Estados Unidos, con Paul Samuelson como principal exponente. Un segundo caso: las críticas –provenientes de teóricos como Frank Ackerman y Alejandro Nadal entre otros- a la coherencia interna y la pertinencia económica de la teoría de la competencia perfecta, lo cual es asunto discutido por décadas e incluso en años recientes. En ambos casos quedaron al desnudo debilidades que socaban gravemente la solidez de ambas construcciones teóricas, con consecuencias fatales para el edificio teórico completo de la economía hegemónica.
Por otra parte, ya en los años treinta del siglo XX, John Maynard Keynes había formulado una crítica devastadora a la ortodoxia económica de la época. Al introducir la noción de incertidumbre, replantear radicalmente el papel del dinero y cuestionar en profundidad algunos otros supuestos, pulverizó el dogma de la “Ley de Say” que sostenía esas teorías.
Es curioso, sin embargo, como en cada uno de estos casos la ortodoxia económica ha maniobrado –con habilidad y cinismo- para seguir vigente como si nada hubiese ocurrido. En el caso de Keynes, rápidamente apareció una “síntesis neoclásica” (planteada inicialmente por el economista inglés John Hicks y retomada por algunos otros, entre ellos el mencionado Samuelson) la cual buscaba neutralizar los abrumadores cuestionamientos formulados por Keynes. Luego surgirían otros sofisticadísimos desarrollos teóricos (principalmente las teorías de las expectativas racionales y de los mercados eficientes) que pretendían poner nuevamente en pie, los falsos ídolos que Keynes derrumbó. En lo que atañe al debate Cambridge vs. Cambridge la cuestión fue mucho menos sutil: completamente derrotados en el campo teórico, literalmente terminaron por hacerse los desentendidos. Algo similar parece acontecer con las críticas a la teoría de la competencia perfecta: no obstante haber sido fulminada, sigue viva en los libros de texto y las aulas de muchas universidades y en el sentido común dominante de los economistas profesionales.
Así pues, la economía hegemónica es como una casa vieja habitada por fantasmas. Una idea-zombi; un muerto viviente que comparte el lecho con acaudalados empresarios; presidentes, senadores, diputados e influyentes periodistas. Justo eso es lo más grave: el zombi sigue teniendo tremendo poder y, por lo tanto, enorme capacidad destructiva. Tal connivencia con gente de tan rimbombante estatus explica, en parte importante, la vigencia que conserva este espectro errabundo: porque es una ideología conveniente para intereses de mucho peso. De ahí que estos se prodiguen procurando insuflarle vida no obstante encontrarse bien muerta.
En concordancia con sus falencias teóricas, esta teoría económica con seguridad provoca insensibilidad frente a los problemas sociales y humanos más acuciantes de nuestro tiempo. Es algo inherente a su visión epistemológica, es decir, le viene en la sangre, como parte de su herencia genética.
Ilustraré esto último en referencia a dos detalles clave: el concepto de “agente económico” que la teoría propone y su concepción del tiempo.
El “agente económico” se supone sea cualquier participante individual en la economía. La teoría usualmente habla de dos tipos de “agentes”: el consumidor y la empresa (jamás trabajadores y capitalistas, conceptos de los cuales esa teoría abomina). A tales agentes se les atribuyen principalmente dos características: (a) son racionales en el sentido de que buscan maximizar ciertos resultados (el consumidor maximiza la satisfacción derivada del consumo; la empresa maximiza ganancias); (b) poseen perfecta información o, cuanto menos, toda la información necesaria y relevante para tomar sus decisiones económicas. Obviamente estoy simplificando, pero en lo antes dicho residen las bases fundamentales de la teoría, desde las cuales se logra luego “demostrar” que los mercados se auto-regulan de forma automática y establecen equilibrios virtuosos.
Fácil se entiende que estos “agentes económicos” nada en absoluto tienen que ver con las personas de carne y hueso, las cuales no son racionales de la forma como esta teoría postula (a menudo más bien tienen comportamientos irracionales) y, en especial, no poseen la información ni tienen la capacidad para anticipar el futuro que esta teoría les atribuye.
Ahí entra entonces la concepción del tiempo: esta economía –y en particular las absolutamente básicas teorías de la competencia perfecta y de las expectativas racionales- imaginan mercados que, guiados por ese comportamiento racional de los agentes individuales, son capaces no solo de lograr equilibrios virtuosos, sino de hacerlo en forma instantánea. Ello en una de sus posibles vertientes. Otra posibilidad es que, aún si no se diera un ajuste instantáneo, en todo caso los “agentes” poseen capacidad para anticipar el futuro con exactitud y precisión, lo que garantiza que el equilibrio virtuoso se restablezca de forma suave y armoniosa, cada vez que sufrió alguna perturbación. Es un tiempo lógico –no el tiempo real- donde pasado, presente y futuro se comprimen en un instante sin que el mundo jamás cambie.
Así son las cosas puestas en términos simplificados. Un universo imaginario que nada en absoluto tiene que ver ni con las personas realmente existentes, ni con ninguna realidad social e histórica conocida, en el que incluso se invalidan las leyes de la física al hacer posible lo imposible.
Quienes así razonan –y acontece que ese es el caso de la gran mayoría de economistas- no miran seres humanos ni sociedades reales, sino tan solo una alucinación teórica. Inevitablemente ello lastra su capacidad para la solidaridad y la empatía, lo cual se manifiesta en una manifiesta indiferencia frente a las situaciones de dolor humano, de pobreza, desigualdad y marginalización.
En conclusión: difícilmente esta economía logra dialogar con los derechos humanos o las nociones de justicia, equidad y democracia.
Tomado del Blog “Soñar con los pies en la tierra” de Luis Paulino Vargas
El déficit es un problema serio pero debe enfrentarse de otra forma
Con suma satisfacción expresamos nuestro regocijo ante el fracaso de la intentona neoliberal parlamentaria de pretender resolver el serio problema del déficit fiscal, afectando una importante cantidad de programas ministeriales de corte social, vía recortes presupuestarios irreflexivos y aplicando tijeretazos irresponsables. El fundamentalismo neoliberal fracasó y la apuesta por la inclusión social ganó.
Para la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), la alegría es mayúscula, toda vez que en esta circunstancia del debate sobre el presupuesto “de la República” para el 2015 y desde una perspectiva social-sindical, fuimos pioneros en formular un fuerte y sólido planteamiento crítico contrario al de los fundamentalistas del déficit; denunciando la campaña de terror psicológico en contra de la población, y las catastrofistas predicciones acerca de la “llegada del Apocalipsis” y del “fin de los tiempos”, porque el déficit podría llegar al 6 – 7 %, en el 2015, a raíz de dicho presupuesto.
En tal coyuntura, nuestra apelación al concepto sociopolítico de la Democracia de la Calle, se ha validado como opción legítima para interpelar a un sistema político (en este caso, el Poder Legislativo), cuando las decisiones a adoptarse contrarían la promoción del bien común y de la inclusión social en escenarios tan terribles como el que vive nuestra Costa Rica hoy, de un crecimiento, todavía susceptible de ser detenido, de una desigualdad que amenaza la paz social.
Precisamente, la rotunda oposición que manifestamos desde la ANEP y desde el inicio de este ataque neoliberal contra el presupuesto del 2015, se basó en que los recortes irreflexivos y los tijeretazos irresponsables, alimentaban ese crecimiento de la desigualdad que amenaza la paz social.
Esta lucha sindical contra los recortes presupuestarios se ha visto fortalecida con la inserción cualitativamente fuerte de las importantes organizaciones laborales coaligadas en la unidad sindical de corte estratégico PATRIA JUSTA, las cuales puntualizaron, una a una, las graves repercusiones de los ahora fracasados recortes al presupuesto del 2015. (Ver archivo adjunto).
El control del gasto irresponsable, la demanda de cuentas a los incapaces de ejecución presupuestaria especialmente para atender las necesidades sociales crecientes, el combate frontal a toda forma de corrupción con los fondos públicos y/o con las compras que el Estado debe ser a privados, elevar la eficiencia y la eficacia de la prestación de servicios públicos, atacar con dureza la indolencia (entre otros), son factores de una agenda de lucha obrera de nuevo tipo que la coalición sindical PATRIA JUSTA ha decido impulsar como parte de su planteamiento estratégico.
Ha fracasado la “coalición de facto” que formó el fundamentalismo neoliberal y su cruzada contra los recortes presupuestarios. Especialmente, debemos resaltar a varios de los culpables de pretender mayores niveles de desestabilización social y de alteración de la paz social si tales recortes se hubiesen concretado: por ejemplo, los diputados Ottón Solís, Mario Redondo, Otto Guevara y Rosibel Ramos, junto a los del que una vez fuera partido socialdemócrata, hoy neoliberal, Liberación Nacional, destacan entre los perdedores.
Perdedores tanto como el empresariado cupular corporativo de rabioso corte antisindical; así como el latifundio mediático evasor de impuestos y alguna prensa, televisiva y de radiofonía histérica, que sigue su línea “informativa”.
La salida al problema del déficit es por otro lado. La coalición sindical PATRIA JUSTA decidió hacer suya la propuesta social al respecto, denominada “Hacia una reforma fiscal para el desarrollo y la reactivación del empleo”, originalmente tutelada por la ANEP y otros sectores sociales.
Finalmente, debe quedarle claro al pueblo trabajador, a la ciudadanía patriótica costarricense, a quienes viajan hacia la desigualdad total y a quienes ya, desgraciadamente, han caído en la más dolorosa pobreza, que todo esto apenas empieza; pues de lo que se trata es, precisamente, de una lucha sostenida para que Costa Rica recupere su histórico nivel de inclusión y de movilidad sociales.
Seguiremos luchando por ello, apelando al legítimo camino de la otra Democracia, la Democracia de la Calle.
Si el proyecto de APM plantea HACER LO MISMO que AMEGA, hay algo que no encaja…
La terminal de APM sería para atender portacontenedores con alrededor de 2.500.000 contenedores anuales. El comercio tico está muy lejos de esa cifra; por eso APM -en otros casos- busca países con más de 200 millones de habitantes que atender en sus necesidades de importación y exportación. –
Para Costa Rica la operación “complementaria” (¡!) sería la de recibir los 12.000 o 16.000 contenedores de un buque, pasarlos a la «isla» del tamaño de La Sabana y de ahí ubicarlos en buques más pequeños que puedan pasar por el canal de Panamá, y atracar en otros puertos del continente.
Ha quedado claro que la propuesta de AMEGA relacionada con el canal seco, sigue la misma idea, o sea, paso de contenedores a una plaza, como acción previa a trasladarlos por tren eléctrico de Parismina a Bahía Salinas, en ambos sentidos. Aunque se habla de una concesión de 50 años, lo «verde» de la iniciativa se evidencia cuando informan que el puerto en la vertiente del Pacífico, sería en Bahía Salinas. Y es que cuesta entender cómo NO CONSIDERAN en su planificación, que Bahía Salinas es una bahía de SOBERANÍA COMPARTIDA ENTRE COSTA RICA y NICARAGUA.
Soslayar esa realidad es imposible pues para esa terminal portuaria, tendría que contarse con la participación del gobierno nicaragüense. Algo que, evidentemente, no es recomendable ni siquiera intentarlo.
Otro aspecto tiene que ver con la generación eléctrica que el proyecto requiere y que no se vislumbra poder satisfacer, en vista del déficit que nos agobia. Y tercero, pero no menos trascendental, es la dependencia de las dos concesionarias por el mismo servicio, y quizá hasta por los mismos clientes potenciales. ¿Aceptaría la empresa APM Terminals un competidor tan poderoso como ella misma? – ¿O será que la empresa estadounidense AMEGA estaría valorando que el proyecto de APM es inviable, lo que abriría opciones de ingresar al negocio con su proyecto de traslado por ferrocarril?
Caben las preguntas, pues como parte del contrato negociado por los exministros Francisco Jiménez y Fernando Herrero, con los representantes de APM, se incluye “la actividad de trasbordo” como una “actividad complementaria”. Y es más, se estipula que si esa actividad representara “más de un 10% de la carga por operación”, el gobierno podría autorizar un porcentaje mayor. Nótese que se dice “más de un 10%” sin señalar topes porcentuales.
Como así fue “negociado” por los citados exministros, APM está en todo su derecho de vislumbrar que su terminal portuaria pudiera tener una fuerte función dedicada al trasbordo de contenedores entre grandes buques hacia otros más pequeños, y viceversa. Sea para los que naveguen por el canal de Panamá o para atracar en puertos que no pudieren recibir los gigantescos portacontenedores.
Aspecto competitivo que tiene que ser considerado por los amigos de AMEGA en su proyecto de “canal seco”, pues en muchos casos el objetivo de alcanzar el otro litoral dependerá de las tarifas, tiempos y otros aspectos que ellos conocen muy bien, para que el negocio pudiere ser rentable.