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UCR, Voz experta: Epistemología y ética en tiempos de pandemia

Filosofía de la ciencia y SARS-CoV-2
Una oportunidad para empatizar con el dolor ajeno

Históricamente el dolor ha sido entendido como un síntoma. Esta acepción concebida en el seno mismo de la filosofía de la medicina griega, por ejemplo en Hipócrates o Galeno, ha permeado los sustentos de la medicina moderna, se le entiende como un padecer, como evidencia de una disfunción corporal o una alteración de la normalidad.

Esa acepción tiene serias implicaciones epistemológicas y éticas que vale la pena cuestionar o, al menos, replantear en el marco de una pandemia, que a la larga ha generado tanto dolor.

La medicina ha cosificado y universalizado la experiencia del dolor, la ha cosificado porque se reduce a un elemento más del expediente clínico (está o no está), la convierte en una parte más del check list. La ha universalizado porque, así como con muchas otras cosas de la medicina, no existe el interés de particularizar la experiencia del dolor, no hay capacidad analítica para personalizar esa experiencia, sino que su comprensión es unívoca: el dolor es uno, independientemente del sujeto, su cultura, su narratividad, su autocomprensión.

Esto ha generado que el conocimiento médico sobre el dolor sea mecánico, como mecánica es también cualquier cita o procedimiento donde lo que impera es la lógica fordista. Ese conocimiento, además, otorga un poder excesivo a la persona de bata blanca, ya que la narratividad del paciente sobre su propio dolor es reducida a lo que la persona de bata blanca termine por escribir, entender o atender.

Es claro que en una sociedad capitalista, donde tener un sistema de salud público es, en sí mismo, una insurrección, no se puede aspirar a tener una atención médica personalizada, distendida y más humana; pero evidentemente ello no justifica entender el dolor solo como mediación y no como vivencia real del paciente.

La excesiva naturaleza biológica del dolor construye representaciones de alteridad de esa experiencia, es decir: el dolor es un enemigo a vencer, el dolor no es normal, el dolor no está bien, el dolor es un otro en el cuerpo.

Todo ello tiene, además de las ya mencionadas repercusiones epistemológicas, repercusiones éticas, pues convierte el dolor en un escenario de guerra, de culpa y de rechazo. El dolor en sí mismo puede generar incertidumbre o angustia en quien lo vive, pero además ese discurso tradicional del dolor concibe el cuerpo del doliente como un espacio en pugna en el cual debe vencer la medicina.

Pero cuando ello no sucede, la culpa se carga como una cruz, se genera conflicto interno, autocuestionamiento y hasta punitividad, con ello convertimos el dolor en una experiencia solitaria e incomunicable.

La soledad que puede generar el dolor se exacerba si se trata de una enfermedad contagiosa, pues en cualquier otra experiencia es ya de por sí difícil comprender cómo le duele al otro. Por eso, con el COVID-19 tenemos un triple reto: el de desestructurar el conocimiento médico mecanicista; el de escuchar la narratividad de las personas dolientes y darle valor a su experiencia; pero además, quizá el más difícil de todos, el empatizar con el dolor ajeno, con el dolor de los vulnerables, con el dolor de los silentes.

El primer reto implica descolocar la enfermedad y recolocar a la persona como el centro del acto médico, implica la renuncia al protagonismo de la bata blanca y sustituir esta por la centralidad de la experiencia social de la relación profesional-paciente, implica romper el desapego tan apreciado por la vieja medicina. Y, finalmente, implica la ruptura de la comprensión del dolor como lo reparable, como síntoma y como anormalidad, ya que el dolor puede huir de las categorías, de las causalidades y de las metodologías médicas.

Si reestructuramos lo que la medicina sabe del dolor, podemos abrir la experiencia a otras explicaciones que no sean solo la del síntoma, podemos abrir espacio a la subjetividad, a las emociones y los temores de los cuales también está plagado el dolor. Aunque no podamos colegir la experiencia del dolor ajeno, podemos al menos agenciar ese dolor con la complicidad y compasión que amerita la relación humana del paciente con su médico.

Como vemos, los primeros dos retos están destinados a modificar el modelo médico hegemónico, pero en el tercero estamos todas y todos implicados. Para muchas de nosotras, el dolor ocasionado por el COVID-19 es extraño, lejano, no tiene que ver con nosotras, quizá porque no hemos tenido el infortunio de perder a alguien o padecer la enfermedad, para quienes sí han vivido la experiencia, la empatía se vuelve reacción natural, pero para quienes no, debemos forjar una empatía sin rostro, sin nombre, sin cuerpo, es la empatía por la empatía.

Claramente el individualismo exacerbado en el que vivimos dificulta la producción de esa empatía ideal, por eso debemos trabajar en la construcción de una sociedad distinta donde atender al otro, principalmente al vulnerable, no nos resulte un impedimento del disfrute propio sino parte de los compromisos éticos y sociales que mantenemos.

Está claro que la pandemia ha sido la oportunidad perfecta para preguntar-nos el conocimiento y la ética del dolor. Pero de lo que no estoy segura es que sea la oportunidad perfecta para cambiar de ellas lo que no funciona, aunque no les miento, no pierdo la esperanza.

 

M.Sc. Viviana Guerrero Chacón
Docente de la Escuela de Filosofía e investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas

Imagen: Viviana Guerrero Chacón, docente de la Escuela de Filosofía e investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas. Foto: Anel Kenjekeeva, UCR.

UCR, Voz experta: La imposibilidad de abrazar

Filosofía de la ciencia y SARS-CoV-2

Urge reflexionar sobre las consecuencias del distanciamiento en las relaciones sociales

La pandemia del COVID-19 ha impuesto la distancia física como una de las barreras principales a la propagación del virus. Alejarse del otro, no estrechar manos, mucho menos besar o abrazar en los saludos se convirtieron en reflejos de supervivencia ante la incertidumbre y la amenaza de lo invisible. El aislamiento voluntario, cuando fue posible, se transformó en nuestra realidad cotidiana. Se nos dice que dicho aislamiento no necesariamente implica soledad o desconexión, puesto que nuestra vida está atravesada por la relación con las máquinas. En este contexto, hemos de volcarnos hacia “lo virtual” como modo privilegiado de relación.

Virtuales las clases universitarias, virtuales las reuniones de comisión, virtuales las horas de consulta. Pero también, virtuales los saludos, virtuales las conversaciones e incluso, gracias a la magia de la imagen/emoji, virtuales las reacciones, los sentimientos y las expresiones.

Si bien, antes de la pandemia, los canales de comunicación virtual y la interacción en redes podían ocupar un lugar importante en nuestras vidas, la magnitud del cambio sufrido en este año de virus ha sido inesperada. La casi totalidad de nuestras interacciones en el ámbito laboral, familiar y social se han reconvertido y transformado por la mediación tecnológica.

¿Cómo pensar este pasaje a lo virtual? ¿Cómo reflexionar sobre el distanciamiento? ¿Sobre la lejanía? ¿Qué tiene que decir la filosofía sobre este nuevo aspecto de la realidad? ¿Sobre esta incapacidad de tocarse o abrazarse?

Aunque el cliché postula que la reflexión filosófica se construye en la intimidad y la soledad del individuo, lo cierto es que el diálogo y el carácter social del pensamiento atraviesan toda reflexión crítica. El filósofo italiano Franco Berardi analiza en Fenomenología del fin el surgimiento y la difusión masiva de las tecnologías de la comunicación como una verdadera revolución de la subjetividad, una revolución que aparece como un desgaste y un formateo de las relaciones personales.

En efecto, una de las características de nuestras interacciones personales es que se desarrollan dentro de un marco temporal no limitado por el tiempo matemático. Nuestra experiencia con los demás es una experiencia que se condensa en la duración, tal y como la definía Bergson, es decir, una continua producción de novedad, el surgimiento incesante de lo inesperado. Es algo que va más allá de los minutos o las horas. No se puede contabilizar. Cuando nos cruzamos con un/a colega, con un/a amigo/a o con una cara conocida, es la novedad del acontecimiento lo que irrumpe y perturba nuestra subjetividad. Los gestos del rostro, el movimiento del cuerpo, la vestimenta, la forma de mirar (o de esquivar la mirada) son todos signos que constituyen una comunicación.

Esta concatenación de gestos no obedece a ninguna ley ni a ninguna predeterminación. Es por esto que la experiencia del encuentro propicia la novedad en cada día, a pesar de que se imponga, de manera aparente una rutina. Cada persona que encontramos en nuestro camino, en nuestro recorrido cotidiano, representa una particularidad, la excepción y la sorpresa. De hecho, en los momentos en que la experiencia del otro no compagina con lo que parece ser una norma que se reproduce, entonces quedamos a la deriva en nuestra acción y nuestra reacción. Pero, hasta esos momentos tienen un significado y una densidad en la experiencia subjetiva. Incluso aquellos instantes que pueden revelarse incómodos, extraños y hasta bochornosos tienen la capacidad de afectar la sensibilidad.

Dicha sensibilidad puede definirse como una facultad que nos permite procesar signos y estímulos de sentido que no pueden verbalizarse. Por eso, podemos entender que tal persona no quiso saludarnos, “se levantó con el pie izquierdo” o simplemente está pasando un mal día. La sensibilidad permite leer lo tácito. Se trata de una capacidad de comunicación que reside en la creación constante de signos y que nos construye como seres que pueden experimentar la empatía. Es decir, la posibilidad de ponernos en la piel del otro. La conjunción, nos recuerda Berardi, puede ser vista como una manera de volverse otro. En efecto, la cercanía física, el abrazo, el saludo cordial y corporal constituyen la interfaz de lo social. No es un azar si los y las candidatas a puestos de elección privilegian el abrazo como medio de interrelación y de conexión con las masas, más allá incluso del discurso articulado y de la comunicación verbal.

Ahora bien, nuestra relación con el algoritmo y las redes sociales cumplía una parte de la relación con la alteridad. Sin embargo, con la pandemia, la omnipresencia de lo virtual devino en una constante conexión, dejando de lado, de manera abrupta la conjunción con los demás. Los marcos en los que se desarrolla este nuevo tipo de relación se caracterizan por su rigidez, su repetición y su temporalidad matemática. La interpelación constante de nuestra atención a través de notificaciones, mensajes instantáneos y señales electrónicas arrastra la sensibilidad a una estimulación persistente y simulada. Estamos ya aislados de la duración como experiencia temporal. Por el contrario, con el trabajo remoto y virtual hemos experimentado una expansión del “espacio de trabajo” y del “tiempo de trabajo” o, parafraseando a Berardi, la conexión es trabajo. En esta nueva dinámica, la experiencia de un tiempo nuevo, cargado de sensibilidad y de posibilidades es reemplazada por la demanda invariable de atención: la respuesta a un correo (que siempre es urgente), el recordatorio de la próxima reunión por Zoom, la insistencia de resolver cualquier obstáculo presente en Mediación Virtual, nos lleva a sentir la toma de decisiones no como un acto voluntario y producto de una estrategia racional, sino como una forma cada vez más automática de actuar.

Con la posibilidad cada vez más grande de que muchas de estas nuevas formas de “trabajo remoto” subsistan luego de que se controle la pandemia, resulta urgente reflexionar, desde el trabajo filosófico, sobre las consecuencias subjetivas y sociales de esta transformación. O dicho en otros términos, ¿podremos volver a abrazarnos?

 

Imagen: Luis Adrián Mora Rodríguez, docente de la Escuela de Filosofía e investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas Foto: Anel Kenjekeeva, UCR.

Luis Adrián Mora Rodríguez
Docente de la Escuela de Filosofía e investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas

Comisión Interamericana de Derechos Humano se pronuncia por el acceso a las vacunas contra el Covid-19

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, se pronunció respecto al acceso igualitario a las vacunas contra el Covid-19, como parte de las obligaciones con los derechos humanos. La resolución se publicó el pasado 7 de abril, Día Mundial de la Salud.

La pandemia generada por el virus del Covid-19 ha creado crisis sanitarias, económicas y sociales que afectan de manera desigual a los grupos en vulnerabilidad. En la lucha por la búsqueda de soluciones, la creación de vacunas representa una contribución significativa para la protección y el bienestar humano.

Sin embargo, en la búsqueda del bienestar de sus poblaciones se presenta una competencia mundial por la adquisición de dosis para el proceso de vacunación, no obstante, el suministro es limitado.

Según la Organización de Estados Americanos (OEA), el 90% de las personas en países de bajos ingresos no tendrán acceso a ninguna vacuna contra el COVID-19 en el año 2021. Es por esto que la CIDH se pronuncia para promover la distribución justa, equitativa y accesible de las vacunas en especial para los países de medios y bajos ingresos.

Acorde con el pronunciamiento, toda decisión de distribución y acceso a las vacunas debe tomar como base las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos. Especialmente para garantizar el derecho a la salud y a la vida y con el propósito de que el nivel de ingresos o el poder adquisitivo no resulte un factor determinante para la inmunización.

Los Estados deben considerar en sus procesos de accesibilidad a la vacuna factores de discriminación como edad, situaciones de movilidad humana, apatridia, género, identidad y expresión de género, discapacidad, pertenencia cultural, etnia, raza, condición socioeconómica y contexto de privación de libertad.

Además, se solicita a los Estados aplicar monitoreo y fiscalización a las formas de adquisición, acceso, distribución y aplicación de las vacunas. Así como proveer y difundir información adecuada y suficiente sobre las vacunas para prevenir el COVID-19.

Las recomendaciones del pronunciamiento se basan en la igualdad, dignidad humana, consentimiento informado, transparencia, acceso a la información y la cooperación y solidaridad internacional.

Toda vacuna contra el COVID-19 que el Estado vaya a suministrar debe contar con el consentimiento previo, libre e informado de la persona que la recibe.

Usted puede leer la resolución No. 01/21 completa en el archivo adjunto:

Programa Alternativas: Vivencias de Urbina, Pagura, Ureña y Pretiz

El pasado viernes 16 abril se desarrolló el programa radial Alternativas en el que se habló acerca de las vivencias de los panelistas en su vinculación con el arte y el desarrollo de sus carreras artísticas.

Las personas presentes en el programa:

El espacio tuvo la participación de:

–Guadalupe Urbina, cantante, compositora, conversadora y pintora.
–Rubén Pagura, actor, dramaturgo, cantautor y productor artístico.
–María Pretiz, Cantautora.
–Juan Carlos Ureña, cantautor costarricense y profesor universitario en Texas.

Puede disfrutar del programa en el siguiente enlace:

Ley Marco de Empleo Público y equilibrio de poderes: programa Orden del Día

El tema predominante en corriente Legislativa es el proyecto de Ley Marco de Empleo Público. Debido a esto, en el programa Orden del Día se analizará el tema y su relación con el equilibrio de poderes.

El programa tendrá la participación de Carlos Arguedas, Exmagistrado de la Sala Constitucional y exdiputado. También, participará Constantino Urcuyo, Politólogo-Abogado y exdiputado.

Usted puede seguir el análisis el próximo lunes 26 de abril a las 5pm, por la frecuencia radial 96.7 de Radio Universidad de Costa Rica y la transmisión vía Facebook Live en la página de Radio Universidad.

El espacio busca analizar los proyectos en corriente legislativa y sus implicaciones en el Estado Constitucional de Derecho y los derechos humanos.

Orden del día es conducido por la abogada, comunicadora y coordinadora del Programa de Libertad de Expresión y Derecho a la información, Giselle Boza Solano junto a Rosaura Chinchilla Calderón, abogada y docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica.

Concurso infantil: Donqui, el amigo de los libros

Este 23 de abril se conmemora el Día del Libro y el Centro Cultural de España y la Fundación Ibby Leer organizan un concurso dirigido a niños y niñas para celebrar este día.

El concurso “Donqui, el amigo de los libros” con una transmisión en redes sociales del Centro Cultural España, este 23 de abril.

Mediante una historia le contarán quién es Donqui. Las personas participantes pueden enviar un dibujo, un poema corto, una foto disfrazado de cómo cree que sería Donqui o cualquier actividad creativa que le inspire la historia de Donqui.

A la persona ganadora se seleccionará de acuerdo con la creatividad y el premio será un paquete de libros para la escuela de la niña o el niño ganador.

Para participar debe enviar su obra artística a la dirección electrónica mediatecaccecr@gmail.com, añadiendo los siguientes datos: nombre, edad e institución.

Le invitamos a ver el video:

 

Información compartida a SURCOS por Rodolfo Oreamuno.

Audiencia: “Justicia para Keyla”

SURCOS comparte la siguiente información:

El pasado 6 de febrero de 2021 Keyla Patricia Martínez (26), una joven estudiante de Licenciatura en Enfermería de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), originaria de La Esperanza, Intibucá, fue detenida. Horas más tarde mientras ella permanecía bajo custodia en celda en La Esperanza, fue vil y cobardemente asesinada a manos de policías asignados esa esa delegación, llevado su cuerpo en la madrugada del día siguiente al Hospital de La Esperanza, DONDE SE DICTAMINA QUE SU CUERPO PRESENTA 30 MINUTOS DE FALLECIDA. Después de este vil feminicidio han sucedido muchas irregularidades contra su familia, comunidad y organizaciones de Derechos Humanos nacionales e internacionales articuladas en el proceso de búsqueda de justicia.

Hasta el momento solo el policía Jarol Rolando Perdomo está detenido con un proceso judicial ambiguo, acusado de femicidio agravado, a pesar de que, suficientes pruebas e indicios demuestran que participaron más policías concretos que se encontraban en ese momento preciso en su jornada laboral, quienes hasta este momento no han sido puestos a la orden de la justicia.

El colectivo Solidaridad con el Pueblo de Honduras se suma a la lucha y solicita al Gobierno de Honduras que hagan valer la ley, que las líneas de investigación sean claras y coherentes, se demuestre que la joven Keyla fue víctima de un FEMINICIDIO TIPIFICADO DESDE EL PROTOCOLO ESTABLECIDO.

Adjuntamos documento oficial del comunicado:

Por las vidas de personas defensoras ambientales: ¡Acuerdo de Escazú ya!

Por Mauricio Álvarez Mora (*)

Hoy día de la tierra entra en vigor el Acuerdo de Escazú y mientras en la región celebran en nuestro país están amenazadas de muerte 12 personas de pueblos indígenas: Pablo Sibas Sibas y Robert Morales Villafuerte (Térraba); Maximiliano Torres Torres y Clarita Quiel Torres (Cabagra); Efraín Fernández Zúñiga, Carlos Antonio Zúñiga, Jason Ríos Ríos, Doris Ríos, Ariel Ríos (China Kichá); y Claudio Ortiz Rojas, Daniel Figueroa Morales, Minor Ortiz Delgado, Mariana Delgado Morales y José Enrique Ortiz Figueroa (Salitre). Además, han amenazado a dos defensores de derechos humanos de la Asociación de Iniciativas Populares Ditsö, Gustavo Oreamuno Vignet y Jeffery López Castro[1].

Estas 14 amenazas son producto de una violencia estructural, que han recibido los pueblos originarios y las personas activistas que acompañan el movimiento de recuperación de los territorios que por ley les pertenecen.

Estas intimidaciones son parte de los 88 tipos de agresiones registradas tan solo el año pasado[2], entre las que están: agresiones por parte de turbas, múltiples tipos de amenazas, amedrentamientos, hostigamientos, detonaciones de arma de fuego, incendios, bloqueos de caminos, agresiones con arma, ataques con sustancias químicas y muchas otras formas de violencia, cuyo hecho crucial fue el asesinato del dirigente indígena Jerhy Rivera, en febrero del 2020. Toda una guerra de lenta y cruel intensidad. 

Un contexto similar se dio en el año 2019, antes y después del asesinato del líder indígena Sergio Rojas.

La pandemia ha sido la principal causa de que, tanto el año pasado como este, no se concretaran ninguna de las otras amenazas de muerte, pues la acción del gobierno es “dejar hacer, dejar pasar” al estilo progresista. Es decir, hacer que se hace y darle largas; o sea, legitimar y estar del lado de quien aplica la violencia.

Esa misma ambigüedad raya en cinismo pues se trata de vidas de defensoras y defensores indígenas y activistas. Similar inacción ha demostrado el Estado con la negociación y aprobación del Acuerdo de Escazú. Por un lado está el discurso “verde”, donde en el papel aguanta lo que le pongan; y por otro lado está la realidad, donde el Gobierno lo trata como moneda de cambio y es caja de resonancia de los horrores que han dicho las cámaras empresariales contra dicho Acuerdo. El Gobierno lo ha dejado engavetado y a la suerte del juego legislativo-electoral, donde puede pasar cualquier cosa.

Mientras, se ha perdido un valioso tiempo de vida o muerte. Por ejemplo, este año Pablo Sibas, líder histórico del movimiento indígena, fue amenazado nuevamente. En redes sociales le dijeron: “Cuando será q les volarán plomo a Pablito sibas y sus secuaces para q respeten lo ajeno a todo cerdito le llega su hora”, “Hay que eliminar a Pablo sibar vividor, estafado, ladrón, sinvergüenza muerto de Amber, parásito invivible, pero ya la muerte lo anda Rondando muy SERCA tarde o temprano dejará de joder” (citado textualmente).

Sibas ha recibido múltiples amenazas de muerte y ha sido atacado en diversas ocasiones, de la misma forma en que sucedió con Sergio Rojas Ortiz, Jerhy Rivera Rivera y otras personas indígenas.

“Si a Sergio lo hubieran protegido, por lo menos les hubiera costado más matarlo. Nosotros sabemos que estamos en peligro, que nuestras familias están en peligro, que en nuestras propias tierras y casas estamos en peligro, y eso no lo quiere asumir el Gobierno”, dijo Sibas.

En mayo de 2012, Sibas sufrió dos ataques físicos: uno donde recibió golpes, patadas y hasta mordiscos; y otro una semana después, en el que lo persiguieron por la carretera, lo insultaron y lo intentaron herir con un cuchillo.

El año pasado, en los hechos que culminaron con el lamentable asesinato de Jehry Rivera, el día antes del crimen Sibas se salvó de ser la víctima de la misma turba, que con machetes “le gritaban que lo iban a matar, que lo iban a tasajear”[3].

“Fue por suerte que logró escapar y resguardar su vida ante la inacción policial. Uno días después, personas no identificadas incendiaron la finca de Sibas. Semanas antes del ataque, había recibido varias amenazas de muerte en las redes sociales. Se le informó de que se habían contratado sicarios para matarlo a él y a varios otros líderes indígenas. Esa misma amenaza fue reiterada meses después por un individuo desconocido, quien le dijo que tenía garantizada una recompensa por su asesinato También ha sido objeto de una campaña de difamación por medios de comunicación local y nacional, si bien debería gozar con medidas de protección y ha interpuesto las denuncias oficiales, la protección policial es esporádica y su vida corre mucho peligro”[4].

En este contexto, donde hay claramente un modus operandi de la violencia y sus perpetradores, de las formas, de las estrategias utilizadas, de los mecanismos, no existen leyes ni fuero en la legislación actual de nuestro país para resguardar la vida de las personas defensoras. A las personas indígenas el sistema solo les ofrece utilizar el programa de protección de testigos, teniendo que abandonar su hogar y su territorio, mientras los perpetradores frescos y libres dentro de los territorios indígenas.

Está claro que el acuerdo de Escazú crea jurisprudencia, reconocimiento y condiciones para personar defensoras pues en su artículo 9 dice que se “garantizará un entorno seguro y propicio”, “medidas adecuadas y efectivas para reconocer, proteger y promover derechos” y “medidas apropiadas, efectivas y oportunas para prevenir, investigar y sancionar ataques, amenazas o intimidaciones”.

El gobierno es responsable de este manejo vacilante del Acuerdo de Escazú, que ha generado el espacio para que el lobby empresarial y transnacional, que ha retomado los argumentos más retorcidos de las derechas latinoamericanas, donde resucitaron y maquillaron los manuales de la guerra fría, rayando en el ridículo.

Ahora, en medio del peor ambiente electoral y después de secuestrar ocho meses la agenda legislativa para hipotecar al Fondo Monetario Internacional (FMI) la división de poderes, la Constitución Política y la institucionalidad democrática, veremos el destino de este importante Acuerdo. Le corresponde el turno a la Asamblea legislativa, de donde brotaron tantos precandidatos como moho después de la lluvia. Esperemos que todos quieran figurar y, aunque sea por oportunismo se pongan a favor del necesario Acuerdo.

[1] Coordinadora de Lucha Sur- Sur, 2021. https://surcosdigital.com/pueblos-originarios-de-costa-rica-continuan-luchando-y-exigiendo-justicia-a-dos-anos-del-asesinato-de-sergio-rojas-ortiz/

[2]     Coordinadora de Lucha Sur- Sur, 2021, Disponible en http://www.kioscosambientales.ucr.ac.cr/docs/Recuentoagresiones2020.pdf

[3]https://www.fidh.org/es/temas/defensores-de-derechos-humanos/costa-rica-agresiones-y-amenazas-contra-los-defensores-indigenas-jose

[4]https://www.frontlinedefenders.org/es/case/arson-attacks-threats-against-indigenous-peoples%E2%80%99-rights-defender-pablo-sibar

 

Imagen ilustrativa.

(*) Proyecto ED-3526 Diálogo de Saberes y Geografía, docente Escuela de Geografía, Ciencias Políticas, Programa Kioscos Socio ambientales UCR y IDELA-UNA.