
Los Parques Nacionales: de Orozco a Vaughan, Figueres y Oduber
Freddy Pacheco León
28 agosto, 2026
A propósito del Día de los Parques Nacionales, honramos la memoria de los tres costarricenses y un estadounidense que quizá más se han destacado por su forja, creación y mantenimiento. En tiempos del gobierno de don León Cortés (1936 – 1940) destaca el Dr. José María Orozco, quien sembrara la semilla. Luego vendrían con sus papeles más visibles, el expresidente don Pepe Figueres seguido por don Daniel Oduber. Estadistas separados varias décadas en su vida pública del trabajo pionero del Dr. Orozco Casorla y, aunque coincidente con la administración Oduber, de la forja silenciosa que tras bambalinas ejecutaba el joven estadounidense Christopher Vaughan.
Los cuatro, desde diferentes escenarios, se adelantaron a lo que eventualmente sería un movimiento mundial por el ambiente gestado en la Organización de las Naciones Unidas, que tuvo impacto planetario principalmente a partir de la exitosa Cumbre de Río de Janeiro en 1992, adonde Costa Rica no podía estar ausente.
Al trasladarnos a la década de los años 30, encontramos la figura del Dr. Orozco, poseedor de un gran conocimiento de la riqueza biológica de este país bendecido con su extraordinaria diversidad de zonas de vidas, ejerciendo como gran naturalista con un sitial merecido en la historia del conservadurismo costarricense, por sus aportes e iniciativas y por ser el indisputable “Padre de los Parques Nacionales de Costa Rica”.
Entre otros, don José María fue reconocido como «Pionero de la Biología» por sus colegas del Colegio de Biólogos de Costa Rica, asimismo honrado al bautizarse con su nombre el Jardín Botánico de la Universidad de Costa Rica en el campus Rodrigo Facio y declarado merecidamente Benemérito de la Patria, durante la administración Oduber.
Dentro de sus notables legados, algo poco conocido, aunque de singular importancia, fue que, en 1937, ante una petición presidencial urgente para atender un compromiso internacional, seleccionara muy acertadamente la guaria morada como la Flor Nacional de Costa Rica; ese «lucero» de los «pétalos suaves» que tanto orgullece al pueblo tico.
Pese a que la lista de logros de don José María son inestimables, uno de los que permite vislumbrar su sapiencia, su visión de futuro, en momentos en que ni se hablaba siquiera de ecología, fue la para entonces insólita idea de crear un parque nacional. Sucedió en 1939 (¡hace 87 años), cuando en Costa Rica los bosques eran vistos como áreas «desaprovechadas» que había que “mejorar”, o sea, talar, para «usar ese suelo en algo productivo», decían. Pero frente a ese dominante sentimiento, rompiendo paradigmas, don José María vislumbró el que sería el primer parque nacional costarricense en el macizo del volcán Poás, por la necesidad de conservar su riqueza biológica, su agua, su belleza escénica. ¡Y nos puso a pensar! pues no fue un acto aislado, sino parte de un proceso que ya él venía desarrollando en pro de la conservación ambiental.
Pasó el tiempo y con los años, se fueron creando los parques nacionales que hoy valoramos, pero que no significaban casi nada para el costarricense común, y es aquí donde, por justicia, hay que destacar la extraordinaria dedicación del que consideramos es el «forjador de los parques nacionales». Se trata de un joven estadounidense quien, desde su llegada a Costa Rica como miembro del Cuerpo de Paz en 1971, acogió nuestro suelo como su Patria. Sin más recursos que sus sueños e inagotable energía, Christopher Vaughan, cumplió la tarea encomendada desde unos escritorios del entonces Ministerio de Industria, Energía y Minas (MIEM) en el gobierno de don Pepe, de recorrer explorando hasta 1974, los sitios más alejados del país, con la tarea de buscar «áreas que pudieran convertirse en parques o reservas», narra en su libro «Parques Nacionales de Costa Rica: su búsqueda en los 70», de la Editorial Tecnológica de Costa Rica, de obligatoria lectura para los ambientalistas genuinos, como usted.
Resultado de ese inmenso esfuerzo, a finales de 1985, 19 de los 26 sitios visitados por Christopher en cerca de cuatro años, estaban legalmente creados: nueve parques nacionales, un monumento nacional, cinco reservas biológicas, una reserva privada, una zona protectora y dos refugios nacionales de vida silvestre. De 33.000 ha se pasó a 1.300.000 ha de áreas de conservación.
Santuarios naturales que, con sus notas, vivencias y fotografías, al regresar a San José, eran luego evaluadas conjuntamente por los también destacados Leslie Holdridge, Joseph Tosi y Alexander Skutch, en el «Tropical Science Center» en San José. Así que, amigos, no fue por casualidad ni producto de ocurrencias, que la atrevida semilla virtual fertilizada por el Dr. Orozco, tuviera eventualmente sus retoños, que prosperan hasta el día de hoy, habiendo jugado un papel indiscutible la entrega desinteresada de Christopher, quien quizá, mientras trataba de descansar en rincones boscosos, hambriento, atacado por insectos y otros bichos, jamás se imaginó la trascendencia que tendría su esfuerzo voluntario.
Pero, como las buenas obras no han de detenerse, para dicha del pueblo costarricense y el planeta, hubo quienes con buen tino y bien aprovechado poder político siguieron decididamente el sendero marcado alguna vez por el Dr. Orozco, como fueron don Pepe y don Daniel. A partir del “puente conservacionista” construido principalmente por don José Figueres Ferrer y doña Karen Olsen, don Daniel Oduber también tuvo el coraje necesario para terminar de edificar físicamente lo que iniciara el Dr. Orozco y otros pioneros conservacionistas trabajando en diversos campos, que no citamos en este breve artículo, para no cometer injustas omisiones. Cabe destacar también que don Pepe, durante su tercer gobierno vio nacer los magníficos parques nacionales de Cahuita, Santa Rosa, Manuel Antonio, Rincón de la Vieja, y, cual formalización legal, la creación del Parque Nacional Volcán Poás, que debería llevar el nombre del Dr. Orozco.
Aquella criatura gestada por don José María Orozco, dichosamente encontró en don Pepe un gobernante visionario y en don Daniel un padrino que velaría amorosamente por ella. De esa formidable relación, surgieron de mano del presidente Oduber, parques nacionales tan extraordinarios como Corcovado, Chirripó, Tortuguero, Barra Honda, Braulio Carrillo, Carara, y reservas biológicas y forestales, que hoy constituyen el muy valorado patrimonio natural de todos los costarricenses. «Los Parques Nacionales a los que mi Gobierno ha dado prioridad, serán vivos santuarios de la vida de ayer y del mañana», escribió una vez Oduber.
Pocos países en el planeta pueden compartir con la humanidad, tan extraordinarios templos protectores de la maravillosa flora y fauna que los sustenta. La riqueza más grande de Costa Rica, inobjetablemente, está resguardada en ese 25% del territorio nacional. Bien demanial que, por cierto, hace unos 20 años, un señor que ayudó a modificar la burocracia administrativa de los parques nacionales, desde el ámbito de las fundaciones y ciertas organizaciones no gubernamentales, propuso en el año 2006, que los parques nacionales de Costa Rica fueren administrados en forma privada como una «sociedad anónima». Propuesta que provocó tanto revuelo, que hasta fue motivo de denuncias penales presentadas por su proponente, quien pretendió estructurar una mala copia del sistema de parques nacionales de los Estados Unidos, mediante un proyecto de ley felizmente no acogido en la Asamblea Legislativa.
Pero bueno, aunque situaciones no deseables como esa se han presentado alrededor de esa inmensa riqueza, lo bueno es que los parques nacionales de Costa Rica son orgullo de un pueblo que habrá de agradecer a los que, desde hace cerca de 90 años, tuvieron la visión de resguardar ese gran tesoro de Costa Rica. Gracias Dr. José María Orozco Casorla, gracias Christopher Vaughan, gracias don José Figueres Ferrer, gracias don Daniel Oduber Quirós, representantes insignes de los muchos compatriotas, y distinguidos inmigrantes, que construyeron y siguen resguardando esos santuarios biológicos que, aunque enfrentan amenazas diversas, se mantienen en pie con el apoyo de la gran mayoría de compatriotas como usted, estimable lector.
