En el Día de la Madre Tierra desde el Observatorio de Bienes Comunes nos parece importante preguntarnos: ¿Cuáles desafíos estamos enfrentado para su cuido?
Les compartimos en esta infografía algunas de las tensiones que nos preocupan y les invitamos a reflexionar: ¿Cuáles otras están presentes en sus territorios» comunidades, barrios…?
El Comité de vigilancia de recursos naturales del Área de Conservación Osa, Covirenas de ACOSA, cuida la zona Pacifico Sur en Osa y el Humedal Térraba Sierpe. Además, en conjunto con el movimiento comunal de las comunidades aledañas promueven la conservación del humedal y la zona del Parque Corcovado que tiene el 2.5 de la biodiversidad mundial.
Según Rebeca Quirós de Covirenas de ACOSA, la situación de la pandemia afectó a la zona ya que no existen fuentes de empleo, ni visitas turísticas y, por ende, ingresos económicos. Este hecho ha llevado a que se dé la caza ilegal en el bosque, delitos ambientales, entre otras actividades que afectan la biodiversidad del lugar.
Debido a este incremento de actividades ilícitas los guardaparques no tienen los recursos necesarios para enfrentar la problemática. Por eso desde el Comité se unieron para dar apoyo con guardaparques voluntarios e inspectores ambientales adhonorem.
Desde el Comité buscan tener prioridad en contar con apoyo para disminuir la cacería, tala y pesca ilegal. Debido a las denuncias ambientales realizan en conjunto con funcionarios patrullajes, operativos de control y protección. Así como implementar espacios de educación ambiental, monitoreo biológico y de investigación.
En Covirenas buscan ser ganadores del premio Latinoamérica verde para visibilizarse y obtener apoyo nacional e internacional en la protección de la biodiversidad del lugar. Los premios Latinoamérica Verde son uno de los festivales de sostenibilidad más relevantes del mundo, que cada año premia y da visibilidad a los 500 mejores proyectos ambientales de Latinoamérica, convirtiéndose así en la vitrina que dinamiza la economía verde.
Hoy día de la tierra entra en vigor el Acuerdo de Escazú y mientras en la región celebran en nuestro país están amenazadas de muerte 12 personas de pueblos indígenas: Pablo Sibas Sibas y Robert Morales Villafuerte (Térraba); Maximiliano Torres Torres y Clarita Quiel Torres (Cabagra); Efraín Fernández Zúñiga, Carlos Antonio Zúñiga, Jason Ríos Ríos, Doris Ríos, Ariel Ríos (China Kichá); y Claudio Ortiz Rojas, Daniel Figueroa Morales, Minor Ortiz Delgado, Mariana Delgado Morales y José Enrique Ortiz Figueroa (Salitre). Además, han amenazado a dos defensores de derechos humanos de la Asociación de Iniciativas Populares Ditsö, Gustavo Oreamuno Vignet y Jeffery López Castro[1].
Estas 14 amenazas son producto de una violencia estructural, que han recibido los pueblos originarios y las personas activistas que acompañan el movimiento de recuperación de los territorios que por ley les pertenecen.
Estas intimidaciones son parte de los 88 tipos de agresiones registradas tan solo el año pasado[2], entre las que están: agresiones por parte de turbas, múltiples tipos de amenazas, amedrentamientos, hostigamientos, detonaciones de arma de fuego, incendios, bloqueos de caminos, agresiones con arma, ataques con sustancias químicas y muchas otras formas de violencia, cuyo hecho crucial fue el asesinato del dirigente indígena Jerhy Rivera, en febrero del 2020. Toda una guerra de lenta y cruel intensidad.
Un contexto similar se dio en el año 2019, antes y después del asesinato del líder indígena Sergio Rojas.
La pandemia ha sido la principal causa de que, tanto el año pasado como este, no se concretaran ninguna de las otras amenazas de muerte, pues la acción del gobierno es “dejar hacer, dejar pasar” al estilo progresista. Es decir, hacer que se hace y darle largas; o sea, legitimar y estar del lado de quien aplica la violencia.
Esa misma ambigüedad raya en cinismo pues se trata de vidas de defensoras y defensores indígenas y activistas. Similar inacción ha demostrado el Estado con la negociación y aprobación del Acuerdo de Escazú. Por un lado está el discurso “verde”, donde en el papel aguanta lo que le pongan; y por otro lado está la realidad, donde el Gobierno lo trata como moneda de cambio y es caja de resonancia de los horrores que han dicho las cámaras empresariales contra dicho Acuerdo. El Gobierno lo ha dejado engavetado y a la suerte del juego legislativo-electoral, donde puede pasar cualquier cosa.
Mientras, se ha perdido un valioso tiempo de vida o muerte. Por ejemplo, este año Pablo Sibas, líder histórico del movimiento indígena, fue amenazado nuevamente. En redes sociales le dijeron: “Cuando será q les volarán plomo a Pablito sibas y sus secuaces para q respeten lo ajeno a todo cerdito le llega su hora”,“Hay que eliminar a Pablo sibar vividor, estafado, ladrón, sinvergüenza muerto de Amber, parásito invivible, pero ya la muerte lo anda Rondando muy SERCA tarde o temprano dejará de joder” (citado textualmente).
Sibas ha recibido múltiples amenazas de muerte y ha sido atacado en diversas ocasiones, de la misma forma en que sucedió con Sergio Rojas Ortiz, Jerhy Rivera Rivera y otras personas indígenas.
“Si a Sergio lo hubieran protegido, por lo menos les hubiera costado más matarlo. Nosotros sabemos que estamos en peligro, que nuestras familias están en peligro, que en nuestras propias tierras y casas estamos en peligro, y eso no lo quiere asumir el Gobierno”, dijo Sibas.
En mayo de 2012, Sibas sufrió dos ataques físicos: uno donde recibió golpes, patadas y hasta mordiscos; y otro una semana después, en el que lo persiguieron por la carretera, lo insultaron y lo intentaron herir con un cuchillo.
El año pasado, en los hechos que culminaron con el lamentable asesinato de Jehry Rivera, el día antes del crimen Sibas se salvó de ser la víctima de la misma turba, que con machetes “le gritaban que lo iban a matar, que lo iban a tasajear”[3].
“Fue por suerte que logró escapar y resguardar su vida ante la inacción policial. Uno días después, personas no identificadas incendiaron la finca de Sibas. Semanas antes del ataque, había recibido varias amenazas de muerte en las redes sociales. Se le informó de que se habían contratado sicarios para matarlo a él y a varios otros líderes indígenas. Esa misma amenaza fue reiterada meses después por un individuo desconocido, quien le dijo que tenía garantizada una recompensa por su asesinato También ha sido objeto de una campaña de difamación por medios de comunicación local y nacional, si bien debería gozar con medidas de protección y ha interpuesto las denuncias oficiales, la protección policial es esporádica y su vida corre mucho peligro”[4].
En este contexto, donde hay claramente un modus operandi de la violencia y sus perpetradores, de las formas, de las estrategias utilizadas, de los mecanismos, no existen leyes ni fuero en la legislación actual de nuestro país para resguardar la vida de las personas defensoras. A las personas indígenas el sistema solo les ofrece utilizar el programa de protección de testigos, teniendo que abandonar su hogar y su territorio, mientras los perpetradores frescos y libres dentro de los territorios indígenas.
Está claro que el acuerdo de Escazú crea jurisprudencia, reconocimiento y condiciones para personar defensoras pues en su artículo 9 dice que se “garantizará un entorno seguro y propicio”, “medidas adecuadas y efectivas para reconocer, proteger y promover derechos” y “medidas apropiadas, efectivas y oportunas para prevenir, investigar y sancionar ataques, amenazas o intimidaciones”.
El gobierno es responsable de este manejo vacilante del Acuerdo de Escazú, que ha generado el espacio para que el lobby empresarial y transnacional, que ha retomado los argumentos más retorcidos de las derechas latinoamericanas, donde resucitaron y maquillaron los manuales de la guerra fría, rayando en el ridículo.
Ahora, en medio del peor ambiente electoral y después de secuestrar ocho meses la agenda legislativa para hipotecar al Fondo Monetario Internacional (FMI) la división de poderes, la Constitución Política y la institucionalidad democrática, veremos el destino de este importante Acuerdo. Le corresponde el turno a la Asamblea legislativa, de donde brotaron tantos precandidatos como moho después de la lluvia. Esperemos que todos quieran figurar y, aunque sea por oportunismo se pongan a favor del necesario Acuerdo.
(*) Proyecto ED-3526 Diálogo de Saberes y Geografía, docente Escuela de Geografía, Ciencias Políticas, Programa Kioscos Socio ambientales UCR y IDELA-UNA.
En Costa Rica se han recrudecido las amenazas a personas que lideran la lucha por la protección de su derecho humano a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado.
El Acuerdo no consagra nuevos derechos, les da progresividad a los mismos en materia de ambiente y le da voz a las personas.
San José, Costa Rica, 22 de abril del 2021. El Consejo Consultivo Ciudadano sobre Cambio Climático (5C) como instancia de participación ciudadana liderada por organizaciones sociales, sectoriales y productivas, creada por el Decreto Ejecutivo 40616-MINAE, en el marco de la política nacional de gobierno abierto, tiene el llamado de mejorar los niveles de coordinación y comunicación entre la administración pública y la ciudadanía y dar voz a la sociedad civil costarricense en cuanto a las políticas públicas que inciden en la acción climática.
En este espacio ciudadano donde están integradas 55 organizaciones representantes de 9 sectores:
Comunitario (Asociaciones de Desarrollo y Asadas); 6. Movilidad y Sostenibilidad urbana;
Agropecuario, forestal y pesca; 7. Organizaciones indígenas;
Biodiversidad y ecosistemas; 8. Organizaciones Laborales y
Industria y Comercio; 9. Organizaciones de Mujeres.
Infraestructura y Transporte;
Como 5C ponemos de manifiesto la urgencia de que el Gobierno de la República de Costa Rica ratifique el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, más conocido como Acuerdo de Escazú.
Éste es el primer acuerdo regional ambiental de América Latina y el Caribe y el primero en el mundo en contener disposiciones específicas sobre las personas defensoras de derechos humanos en asuntos ambientales. Si bien el Acuerdo está abierto a los 33 países de América Latina y el Caribe, fue suscrito por 24 de ellos, en septiembre del 2018. Y son 12 países los que procedieron a la ratificación. Costa Rica por su parte, aunque es signatario y fue inclusive anfitrión en este crucial acuerdo, no ha ratificado todavía su entrada en vigencia, que está fijada para el jueves 22 de abril de 2021. Aún así, Costa Rica será parte de la jornada de celebración y lanzamiento. Por tanto, instamos a nuestro Gobierno que sea coherente con el compromiso adquirido desde el 2018.
En los últimos años se han recrudecido las amenazas a personas que lideran la lucha por la protección de su derecho humano a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado por lo que nuestro país está llamado a comprometerse de manera más fuerte a su defensa. Costa Rica tiene una preocupante lista de asesinatos a personas líderes defensoras de derechos humanos que han dado a conocer ellos y ella son: Jehry Rivera, Sergio Rojas, Jairo Mora, Diego Armando Saborío, David Maradiaga, Maria del Mar Cordero, Oscar Fallas, Jaime Bustamamte, Gerardo Quirós Acosta, Olof Nicolas Wessberg.
Según datos de las organizaciones ecologistas en el país se mantiene el registro de diez asesinatos, igual número de incendios provocados, unos catorce atentados contra la integridad física y unas 26 demandas planteadas contra personas activistas defensoras del ambiente. Se consignan ataques y demandas a guardaparques y personas funcionarias públicas como jueces, periodistas que cubren luchas ambientales y docentes. Igualmente existen sub-registros o casos desconocidos por el movimiento ecologista, aun así se han contabilizado en total, 94 hechos de violencia que juntos y sistematizados demuestran que no son casos aislados y que hay una grave contradicción del discurso ambientalista oficial y lo que pasa con quienes defendemos nuestros recursos naturales.
Instamos a nuestro gobierno a consignar este Acuerdo que lucha por la Igualdad y no discriminación, no regresión ambiental y progresividad, preventivo y precautorio (en materia ambiental y defensores), máxima publicidad, equidad intergeneracional, soberanía sobre los recursos naturales, igualdad soberana sobre los Estados y el principio pro persona. Tenemos derecho a un ambiente sano y esto solo será posible si se garantizan derechos primordiales como el acceso a la información, la justicia y la participación ciudadana real, tomando en cuenta la perspectiva de género y la visibilización y participación de poblaciones históricamente vulneradas. El Acuerdo no consagra nuevos derechos, les da progresividad a los mismos en materia de ambiente y le da voz a las personas, ese es el centro del Acuerdo de Escazú.
Consejo Consultivo Ciudadano de Cambio Climático (5C)
Más organizaciones de la sociedad civil que suscriben este pronunciamiento:
Campaña Escazú Ahora, Costa Rica Parlamento Madre Tierra (Red Internacional de organizaciones de más de 20 países) Federación Costarricense para la Conservación del Ambiente (FECON) Misión 2 grados Red Centroamericana de Acción del Agua (FANCA) Asociación Regional Centroamericana para el Agua y el Ambiente (ARCA). Colectivo de Ciclismo Urbano Las Luciérnagas ACONVIVIR A Foundation Colectivo PEDALIZATE Movimiento Ríos Vivos de Costa Rica Fundación Centro para la Sostenibilidad Urbana (CPSU) Alianza pro Gestión Integral de Residuos
cc. Ministerio de la Presidencia, Consejo Nacional Ambiental, Ministerio de Ambiente y Energía, Dirección de Cambio Climático, Defensoría de los Habitantes, Diputadas y Diputados de la Asamblea Legislativa, medios de comunicación
Contacto: Gabriela Cob (Presidenta Comité Director 5C) cel. 71469117
Hoy jueves 22 de abril a las 4:00pm se llevará a cabo un conversatorio organizado por Montaña Verde para conmemorar el Día Mundial de la Tierra. Contará con la participación de los siguientes invitados:
Este 22 de abril se conmemora el día Mundial de la Tierra, Era Verde y Palabra de Mujer en coproducción con Kioscos Socioambientales y el Observatorio de Bienes Comunes, presenta un conversatorio sobre el Acuerdo Escazú: ¿qué es? y la importancia de ratificarlo.
Se llevará a cabo este jueves a las 9:00pm con repetición el sábado 24 a las 7:00pm, por el canal Quince UCR.
Adjuntamos el video de la invitación por parte del programa:
El 22 de abril a las 4:00pm se llevará a cabo un foro virtual en el que se discutirá sobre la entrada en vigencia del Acuerdo de Escazú. Contará con la participación de los siguientes expositores:
sc. Mario Peña Chacón, profesor y coordinador, maestría en Derecho Ambiental, Facultad de Derecho, UCR.
Nicolas Boeglin Naumovic, profesor en Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, UCR.
Modera:
Isabel Avendaño Flores, decana Facultad de Ciencias Sociales.
Durante esta semana la celebración es para la Madre Tierra y los libros. El Colegio de Biólogos de Costa Rica en conjunto con la Editorial Tecnológica de Costa Rica organizan diferentes charlas virtuales para estas conmemoraciones.
Las actividades comienzan este martes 20 de abril a las 6pm con la charla «Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente». Esta actividad está dirigida principalmente a niños y niñas, pues realizarán experimentos durante la sesión. Para inscribirse puede ingresar aquí.
El miércoles 21 de abril tendrá lugar la actividad «Figuras clave e hitos en la historia de las ciencias naturales en Costa Rica». Para participar de esta actividad debe registrarse aquí.
El jueves 22 de abril a las 5pm se presentará la charla «Alexander Skutch: ¿el último gran naturalista?» Al que puede ingresar registrándose aquí. Y para cerrar este ciclo de charlas, el 22 de abril a las 6pm será el espacio para la actividad «Rafael Lucas Rodríguez Caballero: encuentro de ciencia y arte». Al que puede ingresar haciendo click aquí.
Estas actividades se organizan en el marco de la celebración del Día Mundial de la Madre Tierra, declarado por la Organización de las Naciones Unidas el 22 de abril. Así como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, establecido por la UNESCO en 1995, para el día 23 de abril.
Información compartida a SURCOS por Luko Hilje Quirós.
Bajo el curso “Disputas Territoriales y socioambientales en Costa Rica: el caso de los monocultivos” del Programa Kioscos Socioambientales se desarrolló la Lección Inaugural 2021 del programa.
La conferencia abarcó el tema: Metabolismo social agrario en Costa Rica entre principios del siglo XX y la actualidad. El espacio fue desarrollado por el Dr. Goebel, investigador del Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC), del Programa de Investigación en Ambiente, Ciencia, Tecnología y Sociedad. Además, es director del Programa Posgrado en Historia y Profesor catedrático de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica.
Si desea observar esta conferencia puede visitar el siguiente enlace:
Datos satelitales detectaron cultivos de piña en 1659 hectáreas de cuatro áreas protegidas del país. El gobierno otorgó permisos en solo dos de ellas y lo hizo únicamente para 358,5 hectáreas.
Algunos expertos piden que, para atacar este problema de invasión, los refugios de vida silvestre afectados sean elevados a parques nacionales, una categoría de protección estricta.
María Fernanda Chaves creció con el sol punzante de la zona norte de Costa Rica, las noches calurosas y el olor a agroquímicos. En la escuela, en la iglesia y hasta en los restaurantes, la sombra de la agroindustria siempre estuvo presente.
La joven de 21 años es oriunda de un pueblo llamado Veracruz de Pital, ubicado en el cantón norteño de San Carlos. Por cualquier entrada al pueblo, una plantación de piña recibe a los visitantes. Aunque no siempre fue así, cuando era niña solía escuchar el rugido de los monos congo (Alouatta palliata) desde su hogar, así como el aullido de los coyotes (Canis latrans) en la distancia. Pero, con el tiempo, estos sonidos se fueron apagando.
En los últimos 20 años, el cultivo comenzó a cambiar el paisaje de la zona, a tal punto que, a unos kilómetros de su hogar de infancia, la piña incluso “ingresó” dentro del Refugio Nacional de Vida Silvestre Mixto Maquenque, un importante santuario de humedales.
Algunas plantaciones ingresaron a las áreas protegidas con licencia del Ministerio de Ambiente pues no son zonas de conservación estricta sino que permiten actividades sostenibles dentro de ellas. Sin embargo, la mayoría del área identificada satelitalmente no cuenta con registro de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena), el ente encargado de otorgar permisos de construcción y siembra.
Piña intrusa
De las 1659 hectáreas de piña identificadas en áreas protegidas en 2018 —el dato más reciente—, laSetenasoloteníaconocimientode358,5hectáreasensusregistros. Es decir, el 74 % de la piña dentro de áreas protegidas no estaría avalada por la institución.
Esto no necesariamente significa que sea piña ilegal, pero sí significaqueesasplantacionesnopasaronporunaevaluacióndeimpactoambiental, según indicó la secretaria de Setena, Cynthia Barzuna. “Hay muchos proyectos de siembra de piña que han venido operando incluso antes de la existencia de la Ley Orgánica del Ambiente (1995), de manera que para su operación no requerían de la viabilidad ambiental”, dijo Barzuna.
En naranja se observan los cultivos de piña en Costa Rica. Información del Sistema Nacional de Información Territorial (SNIT).
Lo cierto es que los humedales que hoy están bajo presión agrícola tienen un importante valor ecológico, ya que son únicos en el país y forman un corredor biológico para especies migratorias, según indicó Lenin Corrales, biólogo e investigador del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).
“Una cosa es que destruyas un humedal y tengas copia de ese humedal en otras partes del país [es decir, otros ecosistemas con características similares]. Pero otra cosa es destruir un humedal que solo existe ahí. Esa es su importancia”, dice el científico experto en cambio de uso del suelo.
La piña ciertamente contribuyó a la degradación del ecosistema, explica Corrales. Este cultivo se disparó en Costa Rica durante los últimos 20 años, tanto que actualmente dos de cada tres piñas vendidas internacionalmente provienen de este país centroamericano. Pero la piña no llegó sola, en comunidades como Veracruz, donde creció María Fernanda Chaves, los días se hicieron más calientes, los coyotes se callaron y el aire comenzó a oler a agroquímicos.
Las imágenes satelitales revelan que el cultivo de esta fruta, para 2018, ya había entrado en cuatro áreas protegidas de Costa Rica. Sin embargo, el Ministerio de Ambiente no tiene registros de la mayoría de esas plantaciones. Al comparar la información de los satélites con los registros de Setena, hay 1300 hectáreas “perdidas”. De ellas no hay expedientes abiertos.
Pese a que los satélites detectaron presencia de piña en cuatro áreas protegidas, el Ministerio de Ambiente no tiene registros de ninguna plantación de piña en las reservas de Barra del Colorado y Caño Negro.
Cultivos de piña alrededor y dentro del Refugio de Vida Silvestre Caño Negro en 2019. Información del Sistema Nacional de Información Territorial (SNIT).
La información satelital se recopila con dos sensores distintos: Landsat de la NASA y Sentinel de la Agencia Espacial Europea. El equipo técnico del Moccup revisa los datos, hace un mapeo anual y luego los publica para su uso libre. Las imágenes más recientes son de 2019, y en ellas se puede apreciar el cultivo de piña dentro de las cuatro áreas protegidas, los científicos aún están en proceso de calcular la cantidad de hectáreas que representan.
Al comparar estos datos con los registros públicos de Setena solo se encontraron tres permisos: los dos primeros dentro del refugio Maquenque, uno aprobado por 146 hectáreas (2014) y otro que figura “bajo análisis”, el tercero de 202 hectáreas está dentro del Corredor Fronterizo (2015).
Las empresas dueñas de estas plantaciones son Oscar Álvarez Rojas, Productos Agropecuarios Visa S.A. y Trinaca de Alajuela S.A., respectivamente. Según pudo constatar Mongabay Latam, las tres recibieron un permiso de viabilidad ambiental para operar dentro de las áreas protegidas. Sin embargo, las otras 1300 hectáreas no pasaron por este proceso y, por lo tanto, no cuentan con un permiso.
Cuando este medio le consultó a Setena por los propietarios de esas 1300 hectáreas plantadas con piña, la entidad se limitó a indicar que algunas podrían no ser necesariamente ilegales, sino que probablemente existen desde antes de la creación de la institución (1996).
No obstante, las imágenes satelitales del 2015 muestran un área reducida de piña dentro del Refugio Nacional de Vida Silvestre Corredor Fronterizo y en el refugio Caño Negro ni siquiera había plantaciones dentro de sus límites. El biólogo Lenin Corrales aseguró que esto habla del abandono de Costa Rica a los ecosistemas de manglares, ya que las autoridades de gobierno tienen poco control sobre lo que sucede en las zonas rurales.
Cultivos de piña dentro del Refugio de Vida Silvestre Corredor Fronterizo en 2019. Información del Sistema Nacional de Información Territorial (SNIT).Piña dentro del Refugio de Vida Silvestre Corredor Fronterizo en 2015. Información del Sistema Nacional de Información Territorial (SNIT).
Pese a que los ecosistemas de humedal están bajo presión y tienen un importante valor biológico, Caño Negro, Barra del Colorado, Corredor Fronterizo y Maquenque son solo “refugios de vida silvestre”, una categoría de manejo menos estricta que los parques nacionales.
En este tipo de áreas, los dueños de fincas privadas pueden solicitar permisos para “explotación de los recursos naturales” pero con criterios de “estricta sostenibilidad”, según la Ley de Conservación de la Vida Silvestre. Hasta hace poco, estos permisos se otorgaban a cualquier cultivo pero, a mediados de 2020, el Ministerio de Ambiente emitió una directriz que ordenó detener los permisos a monocultivos dentro de áreas silvestres protegidas.
Presiones al ecosistema
En noviembre del 2016, el huracán Otto tocó tierra en la zona norte de Costa Rica. El pueblo fronterizo de Los Chiles parecía ser uno de los más vulnerables, pero —por el contrario— los daños al final fueron leves. A sus alrededores, el humedal del refugio Caño Negro estaba hinchado de agua.
Este ecosistema terrestre-acuático es crucial para resistir los impactos del cambio climático, explica el biólogo Lenin Corrales del Catie. “Los humedales son como esponjas: absorben el agua y la liberan lentamente”, dice, e indica que la expansión piñera no solo amenaza a los humedales, sino también a las comunidades cercanas.
Una plantación de monocultivo de piña cerca del Refugio Caño Negro en 2017, con caminos para el paso de maquinaria. Fotografía: Lenin Corrales.
Una plantación de piña requiere del dragado del suelo, comenta el científico. “Donde ves piña es porque antes se secó el humedal y se hicieron canales”.
El drenaje de humedales ha tenido otro efecto inesperado: el incremento de incendios forestales en la zona. Por ejemplo, un informe del Catie encontró un aumento en las hectáreas quemadas en el humedal Caño Negro entre 2007 y 2016.
El suelo alberga una capa de metano y material orgánico bajo tierra, el cual es altamente inflamable. Al drenar este ecosistema, las llamas tocan el gas, el suelo comienza a explotar y se dificulta la entrada de los bomberos forestales.
Pero la siembra de piña trajo también otras complicaciones: la contaminación de fuentes de agua cercanas a áreas protegidas con agroquímicos.
Un estudio del 2017 —elaborado por la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA)— encontró pesticidas en tres de diez sitios muestreados en el Refugio Caño Negro.
Cultivos de piña alrededor y dentro del Refugio de Vida Silvestre Barra del Colorado en 2019. Información del Sistema Nacional de Información Territorial (SNIT).
Para frenar estos impactos, Corrales asegura que el Estado debe comenzar a “consolidar” las áreas protegidas del norte y elevar su categoría de manejo a una protección más estricta.
“Todas esas áreas protegidas de la zona norte son refugios de vida silvestre. Convive la propiedad privada con la pública. El privado puede hacer con la finca lo que la norma le permite y así comienzan a drenar”, asegura.
En Costa Rica, la exportación de piña genera un lucrativo mercado de 1000millonesdedólarescadaaño. Pero su explosión fue reciente: en cuestión de dos décadas la actividad creció en un 700 %, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El cultivo existe en el país desde finales de la década de los setenta, pero vino a ser un producto importante para la economía costarricense hacia el año 2001. En ese año, la transnacional Del Monte introdujo una variedad llamada piña Golden o MD-2, la cual tuvo un éxito rotundo en el mercado europeo y estadounidense.
Cultivos de piña dentro del Refugio de Vida Silvestre Maquenque en 2019. Información del Sistema Nacional de Información Territorial (SNIT).
Ante la actividad emergente, el Ministerio de Agricultura de Costa Rica también dio un empujón a las empresas, principalmente con asesoría técnica. Una de las recomendaciones de ese momento fue utilizar el bromacil como herbicida, un químico altamente tóxico. Hoy en día, la Universidad Nacional de Costa Rica, en su Manual de Plaguicidas de Centroamérica, cataloga a este químico con “toxicidad aguda” para humanos. Es más, desde 2017 la importación de este químico está prohibida en el país, pero sigue apareciendo esporádicamente en análisis toxicológicos de la zona norte costarricense.
Las exportaciones comenzaron a fluir hacia Estados Unidos y Europa y, de la misma forma, se fue ampliando el cultivo en el país. En 1995, apenas existían 5500 hectáreas sembradas y hoy el área ya supera las 60 mil hectáreas.
De igual forma creció su importancia económica. Actualmente, la piña es el principal cultivo de Costa Rica, generando un 5 % del PIB nacional y alrededor de 32 mil empleos directos. Con el crecimiento, no obstante, también vinieron efectos colaterales.
Comunidades en conflicto
El suelo en Veracruz de Pital parece una alfombra de pequeñas coronas verdes. Luego de un tiempo, parece “como un desierto verde”, dice María Fernanda Chaves, una activista que vivió en este pueblo durante 17 años. Según dice, aquí no es nuevo que la piña ingrese en áreas protegidas, “ya se sabe que no se respetan los límites naturales. Tampoco se respetaron los límites para proteger quebradas y ríos”, asegura.
Sin embargo, este no es un tema que se discuta frecuentemente en la región. Según dice Chaves, la piña cambió el paisaje pero también a las personas, quienes tienen temor de alzar la voz por temor a represalias por parte de las empresas.
Una plantación de piña cerca del humedal Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro en 2017. Fotografía: Lenin Corrales.
A kilómetros de distancia, en el pueblo caribeño de Guácimo, la exalcaldesa de esta municipalidad, Erlinda Quesada, también comenzó a notar cierto temor entre las comunidades piñeras, quienes preferían no hablar pese a que, por ejemplo, sufrían impactos en sus fuentes de agua.
“La gente está consciente. Pero si usted dice muchas cosas y vive en un sector en donde el único empleo que hay es la piña, nunca más le vuelven a dar trabajo ni a usted ni a sus parientes”, asegura Quesada.
A pesar de esta política tácita de silencio, existen algunas denuncias. En 2013, los vecinos de Guácimo denunciaron a la piñera Tico Verde S.A. por sembrar este cultivo dentro de los límites del Área de Conservación Tortuguero. La actividad terminó contaminando con agroquímicos algunas fuentes de agua de la reserva y de comunidades aledañas. Aun así, los jueces solo le ordenaron a la piñera la remoción de las hectáreas sembradas. Quesada asegura que debido a las sanciones débiles y al temor por quedarse sin empleo, las denuncias al final son escasas.
En Veracruz de Pital, un grupo de vecinos trató de denunciar la destrucción de una naciente de agua como consecuencia de la actividad piñera entre 2011 y 2012. Sin embargo, María fernanda Chaves recuerda que la acción no prosperó, principalmente porque la gente temía represalias.
Lo cierto es que, con el paso del tiempo, las puestas del sol se hicieron diferentes en Veracruz y Guácimo. Ahora, las noches son más calientes y los coyotes ya no se escuchan durante la noche. El cultivo que enamoró a Costa Rica los silenció.
*El autor de este reportaje participó en el SpeedPitching del NoForo organizado por Factual/Distintas Latitudes, un espacio para conectar historias con medios de toda la región.