El institucionalismo y el neoinstitucionalismo en la ciencia política

Alberto Salom Echeverría

Introducción

La ciencia política estudia los fenómenos del poder y del Estado en la sociedad humana; específicamente en el campo del comportamiento de los grupos sociales agremiados por sus intereses socio económicos o guiados por los planteamientos ideológicos de minorías, que lideran partidos políticos como herramientas de lucha y disputa del poder político. Además, la politología estudia la división de poderes en el Estado moderno, sus interrelaciones y controles entre los unos y los otros.

No obstante, la ciencia política principalmente a partir del siglo XIX se comienza a ramificar todavía más en especialidades, para poder aprehender y comprender todo el complejo entramado institucional de las sociedades modernas. Así se desarrolla la especialidad que estudia la conformación, el comportamiento y desarrollo de los partidos políticos, tanto en el ejercicio del poder como en la oposición, con o sin representación en el parlamento y, después especialmente en la segunda mitad del siglo XX, se focaliza en el conocimiento de la burocracia, así como del auge y desarrollo de los poderes locales. Los estudios de la descentralización institucional se convirtieron en una rica fuente que proveyó a la ciencia política de un gran conocimiento del mundo local a partir de las tres últimas décadas del siglo XX y en la actual centuria.

Otra especialidad consiste en el estudio del pensamiento y las ideologías filosófico-políticas (filosofía e historia políticas); por otra parte, sobre todo con el desarrollo del capitalismo surge el estudio de la interrelación entre la economía y la política, cuyas conexiones escudriña e investiga la economía política. Asimismo, la modernidad indujo desde la segunda mitad del siglo XIX, una cada vez mayor complejidad en el desarrollo de las sociedades, desde el punto de vista institucional. Tal complejidad del desarrollo estimuló el auge de las teorías sobre el Estado, así como de las teorías politológicas sobre el institucionalismo y el neoinstitucionalismo. A la profundización de estas últimas especialidades de la politología, dedicaremos este ensayo.

El Institucionalismo en la Ciencia Política

El origen de los estudios sobre las instituciones se encuentra en la obra del teórico estadounidense Thorstein Veblen. Este sociólogo y economista fue, como dice una académica economista, junto a John R. Commons, fundador del “Institucionalismo” en Los Estados Unidos y sentó las bases de esta corriente de pensamiento. Un poco después se convirtió en toda una escuela dentro de las ciencias sociales. Otros pregoneros y estudiosos del “Institucionalismo” son junto a Veblen: Wesley Mitchell, John R. Commons, Clarence E. Ayres, Oliver E. Williamson y Douglas C. North. Aunque algunos hablan de la influencia de Karl Marx en su pensamiento, Veblen fue más bien crítico de la teoría marxista. Es cierto no obstante que, igual que K. Marx, se enfrentó radicalmente a la teoría clásica en economía la que, le dio primacía al mercado en la sociedad. (Cfr. Clea Beatriz Macagnan “Teoría Institucional: Escrito Teórico sobre los Protagonistas de la Escuela Institucional de Economía” Universidade do Vale do Río dos Sinos, Brasil. Revista base (Administracao e Contabilidade) da UNISINOS, VOL. 10, Num 2, pp. 130-141, 2013 cleabeatrizm@gmail.com)

También fue crítico de la teoría de la racionalidad ilimitada de los actores, proveniente de la economía clásica según la cual, todos los agentes individuales y colectivos en una sociedad, actúan con independencia total respecto del entramado de las instituciones y a la vez son poseedores de una libertad completa en sus decisiones, o sea en forma “ilimitada”, sobre todo en calidad de consumidores. Para Veblen, por el contrario, tanto las organizaciones sociales como los decisores actúan de un modo racional limitado que, por tanto está sujeto y condicionado por del mercado y las normas de las instituciones dentro de las cuales se desenvuelven.

La relevancia de su aporte ‘institucionalista’ a las ciencias sociales radica en resaltar el papel fundamental que tienen las instituciones (formales e informales) dentro de la sociedad para moldear el comportamiento de los seres humanos. Las instituciones, es decir “los hábitos mentales” -dice Veblen- nos moldean de acuerdo con propósitos, normas (escritas o no) y leyes, conforme a las cuales las instituciones son creadas. Es claro que estas normas no son rígidas, no se establecen de una vez y para siempre, pueden cambiar con el tiempo; sin embargo, entre más duraderas son, más contribuyen a contornear (moldear) la conducta de la ciudadanía y los habitantes de una nación o de un territorio. En realidad, las instituciones contribuyen a imprimir determinados rasgos en la conciencia de la ciudadanía; más allá de ello, también hacen que personas inmigrantes se vean influidas y hasta queden marcadas por esos rasgos provenientes de las normas, generando pautas socioculturales comunes que, sin embargo, no opacan las individualidades de las organizaciones, ni de las personas que conviven en un territorio o en una sociedad. El teórico también escribe sobre la confrontación que se da entre instituciones antiguas y modernas, lo que genera una tensión constante en las sociedades.

Asimismo, Veblen nos habla de una dicotomía que él denominó el dueto “ceremonial-instrumental”. Lo ceremonial forma parte de la historia mítica o real, de las tradiciones normativas y culturales que, para el teórico se oponen a lo instrumental, como son las herramientas tecnológicas que inducen cambios mucho más frecuentes en los individuos. Así, lo ceremonial está vinculado al pasado, inclusive a un pasado remoto y por eso los cambios sociales demoran en producirse; en tanto la otra parte de la dicotomía, lo instrumental es exitosa en tanto se adapte al ‘imperativo tecnológico’. La sociedad y las instituciones más antiguas presentan para Veblen una resistencia al cambio, a fin de preservar su identidad. En cambio, las instituciones más nuevas y los instrumentos (‘vertiente instrumental tecnológica’) en manos de los seres humanos abren espacio a la innovación que, por lo consiguiente empuja el desarrollo de la investigación científica y del cambio social. Para Veblen, las sociedades progresan en medio de esta tensión e interrelación dicotómica entre el pasado ceremonial y normativo y un presente expuesto constantemente a la innovación y al cambio, lo que procrea las nuevas instituciones.

Los institucionalistas estudian los regímenes de gobierno en las sociedades mediante varias formas regidas por cinco diferentes modalidades: por medio de la historia; mediante el conocimiento de las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales; también se adentran en el estudio y conocimiento de las normas, también de la legislación existente; otra modalidad son los estudios holísticos o integrales, a través de los cuales se estudia la realidad en su conjunto y en sus interacciones, en lugar de investigar por separado cada una de sus partes, ya sea la realidad económica, socio política, cultural, histórica o estructural.

En Costa Rica por ejemplo, algunas de las instituciones más emblemáticas dentro del Estado nacional que han contribuido de manera decisiva a la conformación de la identidad nacional son: la Caja Costarricense del Seguro Social y sus cambios normativos; el Instituto Nacional de Seguros; el Tribunal Supremo de Elecciones y las leyes que establecen una irrestricta libertad electoral; el Instituto Costarricense de Electricidad y sus modificaciones; la civilidad caracterizada por la proscripción del ejército como institución permanente (artículo 12 Constitucional); las universidades públicas con su ley autonómica (artículos 77, 84 y 85 de la Constitución) ; las instituciones del poder local o municipalidades con su autonomía (artículos 170 y 175 Constitucionales); el Banco Central de Costa Rica con su independencia administrativa respecto del poder ejecutivo; los bancos comerciales del Estado y su independencia administrativa; el establecimiento de la familia como base fundamental de la sociedad (artículo 32 de la Constitución); la irrestricta igualdad de toda la ciudadanía ante la ley y su libertad de pensamiento; el derecho a la educación y a la cultura como algo inherente a la persona humana (Constitución, artículo 54); más recientemente la conformación del Estado como representación de una pluralidad multiétnica y de culturas (artículo No 1 de la Constitución). Muy relevante también la obligación del Estado de garantizar el bienestar de las personas y la distribución de la riqueza, así como la garantía de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado (artículo 50 de la Constitución); la libertad de prensa y de empresa, la obligación del Estado de proteger y promover la pequeña y mediana empresa (PYMES, ley 8262), así como la protección y fomento de las asociaciones cooperativas (artículo 64 de la Constitución); del solidarismo (ley de Asociaciones solidaristas N°6970, de 1984 y se le dio rango Constitucional a la protección y fomento del solidarismo en el artículo 64); también el Estado debe velar por la igualdad de géneros; la libertad de confesión; el matrimonio entre personas del mismo sexo; entre muchas otras. Podemos estar de acuerdo con ellas o no, en todo o en parte, pero la realidad es que todas en su conjunto le han otorgado un sello distintivo a la nacionalidad costarricense y por tanto a sus identidades.

El Neoinstitucionalismo en la politología

Al despuntar el alba del siglo XXI, una nueva tendencia en las ciencias sociales (politología, economía y sociología principalmente), el neoinstitucionalismo se había extendido ya en el mundo anglosajón y comenzaba a irradiar su influencia en América Latina.

Se trata de un ramal inicialmente emergido del institucionalismo, pero que rápidamente adquiere, después de su partenogénesis en la década de los años ochenta del siglo XX, algunas importantes características sui géneris que lo diferencian y hasta lo contraponen al tronco del cual brotó. Por eso, adquiere carta de “ciudadanía” tras haberse convertido en una nueva vertiente.

Es al igual que el institucionalismo, un sistema teórico metodológico de análisis de la realidad social, pero más centrado en los procesos institucionales en los que los individuos y agentes interactúan en la sociedad, ora disputándose el poder político en ella, ora en busca de controlar, mediante la racionalidad, los procesos de consumo sobre el terreno de la economía.

Desde ese punto de vista, se trata de un marco metodológico focalizado en el análisis de las organizaciones para deducir a partir de allí su efecto sobre la forma como se estructura la conducta colectiva en la distribución del poder político. Dice el analista Juan Manuel Ortega Riquelme literalmente: “El viejo institucionalismo tuvo como característica esencial, desarrollar estudios desde una perspectiva jurídica, sin ninguna pretensión teórica, y mucho menos generalizante, de las diferentes estructuras administrativas, legales y políticas de un sistema político […] El nuevo institucionalismo surge como posición teórico-metodológica dentro de la academia norteamericana en los ochenta, después de un largo y difícil camino de construcción del conocimiento. El análisis de las instituciones desde una perspectiva teórica distinta a la del viejo institucionalismo, es decir explicativa, no normativa, causal y bajo el anhelo de descifrar el efecto de las reglas en los procesos políticos y la relación entre agente y estructura, se fue construyendo desde los años setenta y como resultado de la crítica de los análisis conductistas y pluralistas que plagaron la ciencia política norteamericana por más de treinta años. (Cfr. Ortega Riquelme, Juan Manuel. “El Nuevo Institucionalismo en la Ciencia Política: Algunas reflexiones.” 56-Texto%20del%20artículo-55-1-10-20190219.PDF)

Autores en la ciencia política estadounidense como son Peter Evans, Dietrich Rueschemeyer y Theda Skocpol, escribieron una obra en 1985, para explicar el “Neoinstitucionalismo”, titulada “Bringing the State Bach”; en su libro enfatizaron en volver a tomar en cuenta al Estado como unidad de análisis, con el objeto de poder valorar mejor el impacto que tienen las instituciones en el comportamiento social de los agentes, pero -insisto- a partir del Estado. De este modo despejaron el camino para profundizar en los estudios de la distribución del poder político. Los analistas comenzaron a concederle al Estado una relativa autonomía en su comportamiento (el Estado como la variable independiente en la investigación). En este sentido, los politólogos neoinstitucionalistas dejaron de considerar al Estado como un mero reflejo o escenario, un “instrumento” donde los diferentes grupos de interés o las clases sociales disputan sus intereses. Esto les permitió realizar análisis comparativos entre la institucionalidad estatal de uno y otro país. Aunque otra corriente no se centró tanto en la entidad estatal, sino que, se volcaron al análisis de la burocracia, la organización de la economía política, las estructuras de los partidos políticos y otras instituciones de nivel intermedio como las llama Ortega Riquelme tales como las corporaciones que constituyeron redes de política pública. Así lograron identificar las estructuras políticas de regímenes políticos diversos. Se trata de teorías de “alcance medio” para explicar el mundo de las instituciones políticas. (Cfr. Ibidem).

En resumidas cuentas, el aporte del “neoinstitucionalismo” al análisis de la política pública “trata de comprender cómo las instituciones crean procesos que afectan de distinta manera la conducta de los actores.” (Cfr. Ibid) Se intenta rescatar lo que consideran es el valor de la política dentro de la institucionalidad, alejándose de las teorías que consideran al Estado como mero instrumento y la política como puro reflejo de intereses sociales o económicos que se encuentran fuera de ella y supuestamente la determinan. Las reglas y los procedimientos institucionales cobran vida, considerando que, por ende, condicionan a los actores en su comportamiento. Los símbolos, los rituales y las ceremonias alcanzan un valor per se, una vez que se establecen y entran en la historia.

Deseo concluir trayendo a colación una cita que hace Ortega Riquelme, quien a su vez cita a Peter Hall, en su texto “Governing the Economy” (1986) para dejar sentada la que considera como una de las definiciones más aceptadas de lo que son las instituciones. Dice Ortega que, Hall entiende por instituciones “las reglas formales, procedimientos y estándares de prácticas operativas que estructuran la relación entre individuos en varias unidades de la política y la economía”. Las instituciones como reglas formales e informales que se crean durante la actividad política y abren o cierran las opciones de los actores políticos. Los institucionalistas están interesados en el aspecto de las instituciones, entendidas como reglas y no como organizaciones (las organizaciones se construyen por reglas) que dan forma a la manera en la cual los actores políticos definen sus intereses, como también estructuran sus relaciones de poder con otros grupos. Las instituciones dan un orden e influyen en el cambio de la política.” (Cfr. Id.)

El aporte neoinstitucional abre el espacio para una rica discusión que aún está viva entre los científicos sociales, ahora de manera álgida (o sea, punto crítico) y urgente en América Latina.

 

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