El verdadero santuario es el corazón del pueblo herido
Glenm Gómez Álvarez, Pbro
La noticia de una posible bomba en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles ha sacudido profundamente el corazón de muchos creyentes. No solo por el riesgo material o por el peligro que pudo correr la imagen de la Virgen. Nos conmueve porque sentimos que ha sido tocada una fibra muy íntima de nuestra fe y de nuestra historia como pueblo.
Pero lo ocurrido también nos obliga a mirar más allá de los muros del santuario. Lo que pasó en la Basílica es, de algún modo, un reflejo de lo que está viviendo la provincia de Cartago: una sociedad atravesada por el miedo, por la violencia creciente y por el dolor de muchas familias.
En medio de estas horas recordé una frase de san Óscar Arnulfo Romero. Cuando le propusieron ponerle guardaespaldas por el peligro que corría su vida, respondió: “¿Cómo van a custodiar al pastor si las ovejas están descuidadas?”.
Esa frase hoy resuena con fuerza. Podemos proteger templos, reforzar portones, vigilar imágenes veneradas. Pero la Iglesia no existe solo para custodiar muros sagrados. Existe, sobre todo, para acompañar al pueblo que sufre.
Si algo nos ha recordado este episodio es que la Iglesia en Cartago está llamada a salir todavía más. A estar presente extramuros, allí donde viven las familias golpeadas por la violencia, los jóvenes atrapados por la desesperanza y los hogares donde el miedo se ha vuelto cotidiano.
Porque el verdadero santuario de Dios está en el corazón herido de su pueblo. Y es allí donde la Iglesia debe estar, con más cercanía, con más presencia y con más valentía.
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