Elecciones en EUA: el rostro de la dignidad y la diversidad
Álvaro Vega Sánchez
Sociólogo
Las recientes elecciones en Estados Unidos cobran especial significado por dos razones fundamentales. Son la manifestación de una sociedad que levanta la bandera de la dignidad. Defiende su soberanía como nación al decir no a una guerra inducida por mandato del gobierno genocida de Benjamín Netanyahu. Y también la expresión de una sociedad de rostro diverso: pluricultural, multiétnica y multirreligiosa. Una sociedad que se forjó y configuró con la sobrevivencia de sus pueblos nativos y la afluencia masiva de inmigrantes, que continúan hoy contribuyendo a dibujar ese rostro diverso.
Parafraseando al papa Pablo VI, debemos decir que “el nuevo nombre de la paz y el desarrollo de los pueblos es la dignidad”. Y el pueblo estadounidense ha manifestado con el voto que su soberanía no es negociable, y no está dispuesto a servir a intereses foráneos. La bandera de la dignidad de los pueblos tiene que ondear alto, en estos tiempos donde se han reactivado los aires neocoloniales por parte de quienes se resisten a atender al paradigma irreversible del policentrismo cultural y el multilateralismo geopolítico.
Esperamos que el pueblo de Estados Unidos continúe cerrando filas, y no se deje llevar por los vientos neofascistas que buscan intensificar la violencia y los conflictos bélicos, para continuar sosteniendo privilegios de élites insaciables –la nueva clase política-comerciante guerrerista y tecnológica–, que hoy recorren el mundo saqueando a pueblos y regiones, para apropiarse de sus recursos más valiosos, sin reparar en las consecuencias destructivas de la biodiversidad del planeta.
Los pueblos de América Latina, indoamericanos y caribeños, herederos de una valiente e histórica lucha en la defensa de su independencia y soberanía están siendo convocados, junto con el pueblo estadounidense y todos los pueblos de la tierra, a recuperar y afirmar su dignidad para defender sus legítimos derechos. Ya no hay cabida para quienes pretenden volver atrás, utilizando las armas del miedo, la mentira y el soborno para mantener a los pueblos encadenados y sometidos.
El rostro diverso que aparece en las fotografías de los nuevos senadores y congresistas se celebra con algarabía. Negros, nativos, latinos, palestinos, jóvenes, mujeres, musulmanes están haciendo la diferencia. Es la irrupción de una fuerza cultural y espiritual que recoge la riqueza del encuentro pluricultural, multiétnico y multirreligioso de una nación que goza del privilegio de contar en su seno con tal diversidad.
El nuevo rostro de la política de Estados Unidos ha aflorado con gran vitalidad. Contrasta, por su gesto amable y amigable, con la rigidez de los rostros grotescos y agresivos, que solo alimentan odios, confrontación y violencia. Es la ética-estética neofascista de la arrogancia y de la muerte que está siendo impugnada por una ciudadanía cuya opción es por la vida digna, que se celebra con gestos de amor, paz y justicia.
Sin duda, hay motivos para celebrar estos signos esperanzadores. Sin embargo, las fuerzas neofascistas continuarán ejerciendo poder y resistencia. La nueva generación diversa en el nuevo escenario político puede constituir un contrapeso significativo. Pero, más allá de las diferencias bipartidistas, no hay que olvidar que los intereses de Estados Unidos continuarán gravitando, y todavía dentro de los marcos de fuerzas políticas que apuestan por un poder imperial hegemónico.
El pueblo estadounidense, en estas elecciones, ha dado muestras de sabiduría política. Auguramos que ese despertar pueda generar las condiciones necesarias para avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa, para beneficio de su ciudadanía diversa y pluricultural. Y también hacia una sociedad más sensata y respetuosa de sus pueblos vecinos, para convivir en paz y con justicia –“La paz y la justicia se besaron” Sal 85:10–.
Álvaro Vega Sánchez, América Latina, dignidad de los pueblos, diversidad cultural, elecciones de medio mandato, EUA, multilateralismo, neocolonialismo, neofascismo, soberanía
