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Etiqueta: América Latina

¿Trumpimperialismo, una nueva fase del imperialismo?

En términos generales, acudimos al concepto de imperialismo para referirnos al período histórico que surge a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

Vladimir de la Cruz

El siglo XIX se caracterizó por dos grandes revoluciones industriales. La primera ocupó los años finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, asociada a las industrias vinculadas al carbón, al hierro, a la máquina de vapor y al inicio de los ferrocarriles. El uso del vapor en el transporte naviero y ferrocarrilero fue clave para la expansión del comercio internacional de esa época.

La Segunda Revolución Industrial, en la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX, se asoció al impacto de las leyes de Mendel en la intensificación de la reproducción animal y agrícola; al gas, a la electricidad, al petróleo, al acero y a la explotación minera de metales necesarios para este nuevo proceso industrial, tales como el hierro, el carbón mineral, el cobre, el aluminio, la bauxita, el zinc, el carbono, el plomo, el estaño, el oro y la plata. Las nuevas aleaciones de metales y el acero fueron los momentos estelares de este proceso, pues permitían grandes innovaciones en la producción, la elaboración masiva de productos y el desarrollo de grandes obras de infraestructura y transporte.

Con el hierro, el acero y los ferrocarriles se impulsaron obras de infraestructura como puentes y edificios elevados (los llamados rascacielos), que fueron diseñados con estructuras metálicas. Igualmente, esto influyó en la industria militar.

El cobre sirvió a la electricidad y a las comunicaciones. Los cables submarinos se impulsaron como conexión entre continentes; se promovió el desarrollo del telégrafo, del alumbrado público primero y luego del privado, así como de los telares. Se sentaron las bases de la industria automotriz y de la aviación, y se fortalecieron la industria naviera, la del cemento y la del concreto, claves para la ingeniería civil. La industria tipográfica y la siderúrgica crecieron. Todos esos metales y otros hicieron surgir el latón, el bronce, el acero, el oro para joyería (entre ellos el oro blanco) y los metales para soldar derivados del estaño.

A esos metales siguieron el níquel, el magnesio, el titanio y, hoy en día, la demanda de metales o elementos metálicos de las llamadas tierras raras, como el escandio, el itrio, el lantano, el cerio, el praseodimio, el samario, el gadolinio y el lutecio, entre otros.

La ubicación geográfica de los yacimientos de estos metales no es homogénea; se encuentran distribuidos de manera irregular en las diferentes partes del mundo. Algunos se concentran en regiones específicas que constituyen grandes reservas contenidas en determinados países.

El desarrollo industrial de finales del siglo XIX y principios del XX hizo surgir la necesidad, en los grandes países que impulsaban ese desarrollo, de controlar esas regiones estratégicas de materias primas. Para ello, se volcaron sobre ellas con el fin de someterlas a su dominio político y económico y extraer dichos metales. Así, controlaban países, regiones y poblaciones para trabajar en la explotación de esas materias primas, además de dominar esos países como mercados para vender caros los productos elaborados con esa mano de obra barata. Era un control absoluto de productos, mano de obra y mercados.

En este proceso se desarrolló una alianza estratégica entre el capital industrial y el bancario, lo que originó el capital financiero e hizo surgir nuevas corporaciones empresariales como los monopolios, oligopolios, trusts y cárteles, los cuales empezaron a proyectarse más allá de sus países de origen, controlando grandes regiones, naciones y mercados.

Algunos de esos monopolios, como la United Fruit Company —fundada en marzo de 1899 y dedicada a la explotación del banano en el Caribe y Centroamérica—, le dieron nombre y apellido a la región: las «Banana Republics» o Repúblicas Bananeras, debido a la enorme influencia y peso político y económico que ejercían en el interior de estos países.

La Primera Guerra Mundial, en cierta forma, fue el escenario donde las potencias europeas y los Estados Unidos se disputaron estas regiones de materias primas, mano de obra barata y mercados finales para los productos elaborados.

Esta situación del surgimiento de monopolios, oligopolios, trusts y cárteles es lo que caracterizó a finales del siglo XIX, y particularmente a inicios del siglo XX, el debate y la conceptualización sobre el imperialismo, principalmente desde su perspectiva económica, a la que luego se añadió la dimensión política.

El desenlace de la Primera Guerra Mundial conllevó la caída de varios imperios: el alemán, que perdió sus colonias en África y el Pacífico; el austrohúngaro, que quedó desintegrado en varios países; el otomano, que fue desmembrado en diversos países y mandatos en la región que hoy se denomina Medio Oriente (quedando bajo el control principal de Gran Bretaña y Francia); y la eliminación del imperio ruso, lo que facilitó el surgimiento de la Revolución Rusa de 1917 y la gestación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922.

La discusión teórica, económica y política sobre el imperialismo se desarrolló desde 1890 hasta 1917, cuando Lenin cerró ese capítulo con su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo.

Posteriormente, en el esquema del imperialismo del siglo XX, prosiguió la proyección de los Estados Unidos dentro de ese proceso, tanto a través de sus empresas imperialistas como mediante las políticas geopolíticas que venía desarrollando desde el siglo XIX y las que impulsó en el siglo XX.

Las primeras manifestaciones a inicios del siglo XIX obedecieron al principio de hegemonía hemisférica que Estados Unidos disputaba con Gran Bretaña tras la ruptura inicial de la presencia colonial española a raíz de los movimientos independentistas. Sin un enfrentamiento militar directo, luchaba por el control hegemónico comercial. Así se enfrentó a Inglaterra en el Cono Sur y lo justificó teóricamente. Gran Bretaña, en su pugna europea con España, contribuía a financiar los movimientos independentistas en América Latina procurando aumentar su presencia comercial, financiera y marítima en las naciones recién independizadas.

Eso llevó a los Estados Unidos a que en 1823, con el presidente Monroe, se proclamara en su discurso ante el Congreso el principio de «América para los americanos», advirtiendo a las potencias europeas que cualquier nueva colonización o intervención en el continente sería considerada un acto hostil contra Estados Unidos. De este modo, marcaba y definía su zona de influencia geopolítica.

Con ese planteamiento procuraba frenar el avance comercial y la presencia de las potencias europeas constituidas alrededor de los acuerdos del Congreso de Viena de 1815, frenando a Inglaterra y a Francia. Estos países rechazaban los intentos de España por recuperar sus colonias porque ello les dejaba el terreno libre para sus propios propósitos comerciales y geopolíticos.

A la Doctrina Monroe le siguió la Doctrina del Destino Manifiesto, dominante en la segunda mitad del siglo XIX. Con ella, Estados Unidos se presentó como la nación elegida por Dios para expandirse y dominar el continente americano. Esto le sirvió para ampliar sus territorios mediante la compra de Luisiana a Francia en 1803, así como con los territorios que despojó y anexó de México desde la década de 1840: Texas en 1845, California en 1848, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, Colorado y partes de Kansas y Oklahoma (territorios que incluyeron Oregón), sumado a la imposición del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Asimismo, proyectó su poder a través de los filibusteros de William Walker en Centroamérica entre 1855 y 1860 (derrotado en su afán de anexar estos países a los estados esclavistas del sur de la Unión) y con la compra de Alaska a Rusia en 1867.

Resultado de esta doctrina fue la aniquilación de las poblaciones indígenas de los Estados Unidos, la reducción de sus territorios, los desplazamientos forzados para despojarlos de sus tierras y la lucha interna por asegurar su desarrollo industrial mediante la Guerra de Secesión, la cual Lincoln definió como «la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra».

Fueron también las justificaciones legales que impulsaron para asegurar su expansión y sus guerras, las cuales culminaron al finalizar el siglo XIX con la Guerra Hispano-Estadounidense en 1898. Esta permitió, mediante el Tratado de París, dominar Puerto Rico, Guam y las Filipinas, imponer en 1902 la Enmienda Platt en Cuba e intervenir en la independencia de Panamá en 1903 para apropiarse del Canal y su Zona Canalera.

Desde 1890, el Destino Manifiesto justificó intervenciones militares asociadas a la idea de una supuesta «misión» para promover y defender la democracia en todo el mundo.

Esto llevó al presidente Theodore Roosevelt, en 1904, a pregonar con más fuerza la Doctrina del Gran Garrote (Big Stick), la cual se extendió hasta 1940, cuando, en el contexto del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Franklin Delano Roosevelt impulsó por un breve período la Doctrina del Buen Vecino en América Latina. Con esta estrategia se buscaba asegurar el dominio absoluto en el hemisferio occidental, imponiéndose en el plano económico bajo la amenaza de la intervención militar y actuando como un «policía internacional» para corregir las faltas de los gobiernos y la inestabilidad regional, bajo la premisa de que las repúblicas latinoamericanas carecían de capacidad de autogobierno.

Al tiempo que intervenían en Panamá y Cuba, lo hicieron en Venezuela (Maracaibo, 1902-1903), luego de nuevo en Cuba (1906-1909), en la República Dominicana (1916-1924), en Haití (1915-1934) y en Nicaragua (1912-1925 y 1926-1933), e intentaron un desembarco de marines en Costa Rica en junio de 1919.

La Revolución Rusa hizo que en 1920 el presidente Woodrow Wilson señalara que «el mundo debía hacerse seguro para la democracia», enfatizando que «es ciertamente el destino manifiesto de los Estados Unidos realizar el esfuerzo para que este espíritu prevalezca».

Tras la Segunda Guerra Mundial, el presidente Truman reafirmó estos elementos doctrinales con el Plan Marshall para la reconstrucción europea y la Doctrina Clayton para América Latina en 1946 y 1947, acompañados por la Doctrina Truman, mediante la cual Estados Unidos brindaría asistencia política, militar y económica para evitar la expansión soviética y contener a los movimientos de izquierda, socialistas, comunistas y nacionalistas en el continente y en el resto del mundo.

De la Primera a la Segunda Guerra Mundial el escenario internacional cambió drásticamente. No solo se desintegraron los imperios decimonónicos, sino que la Revolución Rusa dividió al mundo en dos procesos políticos, históricos y económicos, enmarcados en la confrontación entre el socialismo mundial y el capitalismo, situación que se mantuvo desde 1917 hasta 1991. El orden colonial existente continuó debilitándose, siendo el nacimiento de la URSS y la lucha anticolonial que impulsó un factor determinante en ello.

La Sociedad de Naciones, nacida de las cenizas de la Gran Guerra, no logró evitar nuevos conflictos. El ascenso del fascismo en Italia y del nacionalsocialismo en Alemania en las décadas de 1920 y 1930 alertó sobre su peligro global.

El Partido Comunista de la URSS, bajo el liderazgo de Lenin, promovió la creación de la III Internacional en 1919 con el fin de impulsar el movimiento revolucionario mundial, orientar a los partidos comunistas y fortalecer a las organizaciones sindicales.

Los siete congresos internacionales que realizó la III Internacional desarrollaron estos ejes estratégicos: la dictadura del proletariado frente a la dictadura de la burguesía; la alianza obrero-campesina necesaria para la revolución socialista; la lucha antiimperialista mundial como elemento esencial de la época; y la lucha antinazi en defensa de la democracia mediante bloques de Frentes Populares, contienda que condujo a subordinar transitoriamente la lucha antiimperialista para priorizar la derrota del nazifascismo hasta 1945.

Terminada la Segunda Guerra Mundial y ante el nuevo panorama político europeo —con nuevas naciones en transición al socialismo, sumado a las luchas de liberación nacional en la India y China (esta última con la proclamación de la República Popular China en 1949)—, el anticomunismo resurgió con más fuerza, aun con el nacimiento de las Naciones Unidas el 24 de octubre de 1945, fundada en reemplazo de la Sociedad de Naciones para evitar futuros conflictos globales y fomentar la cooperación internacional.

La Guerra Fría se escudó en el concepto del «Telón de Acero» para aislar al hemisferio occidental de la influencia soviética e impedir revoluciones socialistas. Esto derivó en la formación de los bloques Occidental y Oriental, liderados por Estados Unidos y la URSS respectivamente, lo que alimentó conflictos territoriales, disputas regionales y alianzas militares como la OTAN (que perdura hasta hoy) y el Pacto de Varsovia (desaparecido tras la desintegración del bloque soviético).

Desde 1945 hasta la actualidad, la ONU pasó de los 51 Estados miembros fundadores a los 193 que la integran hoy. La inmensa mayoría emergió de las guerras de liberación nacional y de los procesos de descolonización.

El siglo XX fue el período que produjo la mayor liberación de países y pueblos a nivel global. Sin embargo, no se ha logrado neutralizar el afán de las potencias capitalistas hegemónicas por ejercer un control total en lo político, económico, financiero y geopolítico, tal como lo evidencia el papel predominante ejercido por los Estados Unidos.

Durante la Segunda Guerra Mundial surgieron instituciones globales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, las cuales fijan pautas de desarrollo económico e institucional a sus países miembros. De hecho, actúan de forma análoga a como lo hicieron los monopolios, oligopolios, trusts y cárteles en la primera mitad del siglo XX.

La desintegración de la URSS y del Bloque Socialista convirtió a Estados Unidos en la potencia hegemónica unipolar casi absoluta desde 1990 hasta la década de 2020, cuando comenzó a resentir la contrapresión de Rusia y de la República Popular China en medio de las intervenciones militares estadounidenses en Medio Oriente.

De la disolución soviética, la Federación Rusa emergió como el actor más relevante en ese equilibrio de poder, reinsertándose como parte del sistema capitalista mundial. Por su parte, la República Popular China asumió el papel central en el desarrollo de una sociedad socialista con características propias, consolidándose como una superpotencia económica y comercial con proyección dominante. Desde finales de la década de 2000, China ya estaba afianzada como la segunda economía del mundo, con una enorme influencia geopolítica y tecnológica global.

Por otro lado, Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha intensificado sus esfuerzos por preservar la hegemonía global, proyectándose con rasgos imperialistas al servicio de corporaciones interesadas en el control de materias primas estratégicas.

Trump ha diseñado una geopolítica global de control e influencia directa. Ha alterado la dinámica de las relaciones internacionales al cuestionar o renegociar unilateralmente acuerdos comerciales con Europa, China y diversos países del continente americano (Canadá, México y Centroamérica), además de tensionar los vínculos en el seno de la OTAN. Asimismo, ha instrumentalizado conflictos territoriales y disputas allí donde considera conveniente a sus intereses económicos o geoestratégicos, especialmente en torno a las reservas de petróleo, gas y minerales de tierras raras.

En esta nueva proyección, ha sugerido cambiar el nombre del golfo de México por «Golfo de América» y el lago Ontario por «Lago de América». Ha manifestado posturas anexionistas respecto a Canadá, ha sostenido planteamientos similares respecto a México y se ha difundido un mapa de América del Norte cubierto por la bandera estadounidense que abarca México, Estados Unidos, Canadá, Alaska y Groenlandia (territorio este último sobre el que contempló opciones de compra o presión militar, llegando a negociar la ampliación de presencia militar).

El Caribe continúa siendo considerado como su área de influencia directa. En este esquema, Cuba se mantiene como un objetivo político estratégico con el fin de modificar su sistema político y controlar los pasos navales de la región. Destacan entre ellos los estrechos estratégicos como el Canal de la Florida (entre Cuba y EE. UU.), el Canal de Yucatán (que separa a México de Cuba), el Paso de la Mona (entre Puerto Rico y República Dominicana) y los pasos insulares de las Antillas Menores hacia América del Sur. Con respecto al Canal de Panamá, se ha llegado a utilizar la denominación informal de PanaMAGA.

Las presiones sobre Cuba y Nicaragua se enmarcan en un contexto donde la intervención del 3 de enero de 2026 en Venezuela marcó un hito en el control de sus recursos petroleros, gasíferos y mineros, incidiendo de forma directa en su dinámica institucional. Asimismo, se ha evidenciado un involucramiento activo en procesos electorales de la región mediante el apoyo explícito a alineamientos afines.

Son, sin duda, posturas imperialistas emparentadas con las doctrinas históricas mencionadas: en lo político, impulsando corrientes de derecha y extrema derecha, avivando el anticomunismo de la Guerra Fría con tintes macartistas, cuestionando el multilateralismo, promoviendo la salida de organismos y tribunales internacionales como la Corte Penal Internacional y promoviendo la militarización de la lucha contra el narcotráfico, a pesar de que la evidencia histórica demuestra que el crimen organizado no se combate adecuadamente con enfoques estrictamente militares.

El propio Trump ha parafraseado la Doctrina Monroe denominándola, en un juego de palabras, la «Doctrina Donroe». Con esta postura reafirma la pretensión de hegemonía sobre el hemisferio occidental, abarcando desde América Latina hasta Canadá y Groenlandia.

Bajo esta línea se promueven acciones militares, el incremento de bases en el continente, intentos por reactivar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la Fuerza Interamericana de Paz, a pesar de sus fracasos históricos en crisis como la de las Malvinas o la invasión a Granada. Del mismo modo, se profundiza la militarización de la lucha antidrogas mediante iniciativas como el llamado Escudo de las Américas, aumentando los activos militares en Puerto Rico, al tiempo que desde la Portavocía de la Casa Blanca se ha reiterado que «el uso del Ejército de EE. UU. es siempre una opción».

Ante la denominada «Doctrina Donroe», ¿nos encontramos frente a una nueva fase del imperialismo mundial? ¿Deben reorganizarse los movimientos antiimperialistas del mismo modo en que lo hicieron en las primeras décadas del siglo XX? ¿Debería impulsarse una Liga Antiimperialista Mundial como la que se fundó en Bruselas en 1927? ¿Qué significa ser antiimperialista en la actualidad?

El término antiimperialista como adjetivo describe a quien se opone y lucha de forma activa contra el imperialismo; es decir, contra el dominio político, económico, cultural o militar que ejerce una potencia extranjera sobre otros países o territorios.

Actualmente existe la llamada Plataforma Antiimperialista Mundial (PAM), una red internacional de organizaciones políticas, movimientos sociales y partidos de izquierda enfocada en la oposición a la hegemonía de Estados Unidos y la OTAN. Esta plataforma busca unificar las luchas de partidos, sindicatos y movimientos populares en diferentes continentes, concentrando su acción principalmente contra el imperialismo estadounidense y sus aliados, así como alertando sobre los riesgos de escalada bélica en Europa que podrían desencadenar un conflicto global de consecuencias irreversibles.

Si el trumpimperialismo constituye la nueva fase del imperialismo contemporáneo, con todas sus implicaciones, es allí donde se sitúa el debate sobre la articulación de la lucha internacional hoy. ¿Estamos, efectivamente, ante esa nueva fase del imperialismo actual: el trumpimperialismo?

Compartido con SURCOS por el autor.

Democracia sindical devorada

Frank Ulloa Royo

La democracia sindical debería ser un río que alimenta a todos, pero algunos dirigentes la han convertido en telaraña. Se instalan en el centro como arañas viejas, tejiendo hilos de poder y devorando poco a poco a sus propios hijos: las organizaciones que dicen proteger.

No admiten oposición: son monarcas de bolsillo, pequeños dictadores rodeados de aduladores y subvencionados que repiten letanías como si fueran coro de iglesia. El sindicato, mientras tanto, pierde su naturaleza, su capacidad de lucha y sus objetivos, hasta convertirse en un cascarón vacío.

Lo que ocurre en algunas organizaciones es un espejo grotesco para el sindicalismo: allí donde la perpetuación se ha llevado a extremos que recuerdan a la República Dominicana en los años ochenta, cuando los dirigentes llegaban armados a las asambleas, como si la democracia sindical fuera un campo de batalla y no un espacio de solidaridad.

Pero no es un caso aislado. En Honduras, hubo sindicatos convertidos en feudos familiares, donde el apellido pesaba más que la memoria obrera. En Guatemala, algunos dirigentes se atrincheraron en sus cargos como si fueran fortines, mientras las bases quedaban reducidas a espectadores mudos. En México, la “dictadura sindical” se volvió caricatura: líderes eternos que negociaban más con los gobiernos que con sus propios trabajadores, transformando la lucha en un negocio de cuotas y favores. Y en Perú, las federaciones se fragmentaron en pequeños reinos, cada cual con su caudillo, incapaces de levantar una voz común.

La ironía es brutal: quienes se aferran al poder en nombre de la memoria obrera terminan siendo los sepultureros de esa memoria. La organización se convierte en medio de vida, en corte de favores, en teatro de gestos solemnes que ya nadie cree. Y así, la telaraña se cierra sobre sí misma, hasta que lo único que queda es la araña, sola, devorando lo que alguna vez fue sindicato.

Tecnofeudalismo: el fin del mercado y la nueva renta

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

Introducción

Ahora, algunos pensadores sociales, que estudian los fenómenos más recientes que se han producido en el capitalismo (Varoufakis, 2024), han comenzado a hablar del Tecnofeudalismo. Un concepto que en un inicio produce extrañeza, puesto que el feudalismo fue un modo de producción que quedó superado en la Europa Occidental, justamente con el advenimiento del capitalismo mediante un prolongado proceso que abarcó, desde la crisis del siglo XIV, hasta consolidarse finalmente con las revoluciones burguesas y la revolución industrial entre mediados del siglo XVIII y el siglo XIX. Sin embargo, en cuanto se le ha definido con rigor como veremos, se nos transmuta en un concepto que deviene explicativo de los fenómenos que acontecen hoy en los países de capitalismo desarrollado. Veamos.

Durante dos siglos nos enseñaron que el capitalismo era un sistema de mercados libres donde el beneficio nacía de producir y competir. Esa descripción ya no encaja. Los gigantes tecnológicos no ganan principalmente vendiendo, ganan cobrando peaje por dejar vender a otros. A este cambio de lógica el economista Yanis Varoufakis lo ha llamado tecnofeudalismo: no es una metáfora provocadora, sino una categoría económica para describir el paso del beneficio a la renta. Hoy los grandes capitales se multiplican por medio de la renta.

Este ensayo explica qué es el tecnofeudalismo, cómo afecta al capitalismo contemporáneo y por qué América Latina —y Costa Rica en particular— no es un espectador sino una colonia digital de ese nuevo feudalismo.

1. ¿Qué es el tecnofeudalismo?

En el feudalismo clásico el poder no venía de producir, sino de poseer la tierra. En el tecnofeudalismo el poder no viene de producir bienes, sino de poseer la nube. Varoufakis denomina a ese nuevo medio de producción “cloud capital.”

Este sistema crea tres clases: 1) cloudalistas (Amazon, Google, Meta, Apple, Microsoft), 2) vasallos (empresas que deben instalarse en esa nube), 3) cloudsiervos (nosotros, que generamos datos gratis).

La renta adopta tres formas: por acceso (Apple 30%, Amazon $39.99 + 8-15%), por atención (Google/Meta venden tu atención), por exclusión (ya no compras, pagas suscripción. Toda esta información la he oteado en la nube por medio de la Inteligencia Artificial).

2. ¿Cómo afecta al capitalismo?

El tecnofeudalismo no elimina el capitalismo -explica Varoufakis- lo vacía por dentro. Primero, mata el mercado. Un mercado baja precios por competencia. Un feudo digital gana haga lo que haga el vasallo. Su beneficio por terceros es cuatro veces mayor que por venta directa (35% margen AWS vs 6% retail).

Segundo, concentra sin precedentes. Tercero, debilita al Estado-nación. El feudo es transnacional, escribe sus propias reglas.

Los críticos dicen que Varoufakis exagera. El siervo no podía irse; el usuario puede borrar Instagram, aunque con un costo social inmenso. No hay feudalismo, hay monopolio extremo. La discusión semántica es válida, pero no cambia el diagnóstico.

3. Amazon en América Latina:

América Latina muestra que el tecnofeudalismo es una guerra de feudos. El señor dominante no es Amazon, es Mercado Libre. En 2023 Mercado Libre invirtió $3.600 millones en 225 centros logísticos.

Amazon, ante la imposibilidad de conquistar, compra vasallaje -advierte Varoufakis-: bono convertible de $25 millones en “Rappi” con opción a 12%. No quiere motos, quiere cobrar peaje sobre entregas en 10 minutos. “Rappi” es una empresa tecnológica latinoamericana, originaria de Colombia, que funciona principalmente mediante una aplicación móvil. En términos sencillos, -dice la IA- es una especie de plataforma de servicios y entregas a domicilio. “Rappi” no es pues un restaurante ni una tienda en sí misma: conecta al cliente con restaurantes, comercios y repartidores, y cobra por determinados servicios.

Los datos revelan la mutación: vendedores externos son 61% de unidades vendidas en Amazon. No quiere vender, quiere que otros vendan en su territorio y pagar renta.

4. Costa Rica: la colonia digital

Costa Rica es una colonia digital. No somos mercado, somos fábrica de vasallos. Entre 2017 y 2021, según CINDE, Amazon triplicó su planilla de 5.000 a 15.000 empleados. No son bodegas, son servicios de AWS, Prime Video, finanzas. AWS se traduce como Amazon Web Services, o sea es la plataforma de servicios de computación en la nube de Amazon. Dicho de manera sencilla AWS permite que empresas, gobiernos y aplicaciones utilicen por internet computadoras, almacenamiento, bases de datos y otros servicios tecnológicos, sin tener que comprar o mantener sus propios servidores. (Cfr. IA)

Antes una empresa compraba servidores, los instalaba, los mantenía y ampliaba su infraestructura cuando crecía. Con AWS -dice la IA- alquila capacidad informática por internet, paga según el uso y puede aumentar o reducir esa capacidad rápidamente. Por ello AWS se ha convertido en uno de los más grandes protagonistas mundiales de la computación en la nube, junto con Microsoft Azure y Google Cloud.

Doble dependencia: cloudsiervos que producimos datos y vasallos comerciales que pagamos renta. Vulnerabilidad expuesta en octubre 2025, cuando Amazon anunció recorte de 30.000 empleos y plan de reemplazar 600.000 puestos con robots en diez años, con inversión de $100.000 millones en IA.

Conclusión

El tecnofeudalismo no es fin del capitalismo, es su evolución rentista. El capitalismo prometía que el mercado disciplinaría al poder; el tecnofeudalismo demuestra que cuando alguien posee el mercado, no necesita competir.

Para Costa Rica y América Latina la pregunta ya no es si participar o no —no hay afuera— sino en qué condiciones. Tres políticas: infraestructura pública de nube y pagos; regulación que trate a plataformas como infraestructuras esenciales; y fomento de canales directos que bajen peaje del 30% al 5%. Volveré sobre esto.

Referencias:

Durand, C. (2020). Techno-féodalisme. La Découverte.

Varoufakis, Y. (2024). Techno feudalism: What Killed Capitalism. Bodley Head.

CINDE (2022). Reporte de inversión extranjera directa Costa Rica.

Bloomberg Línea (2023). Mercado Libre y Amazon en América Latina.

NCR Noticias (2024). La operación de Amazon en Costa Rica.

¿10 años es mucho o poco tiempo para capturar un narco en fuga?

Rodolfo Ulloa Bonilla

Cuando leí varias publicaciones del ejército de troles chavistas decir: “Pero, duraron 10 años en capturarlo”, para bajarle el piso al OIJ tras la detención de alias Diablo el 24 de julio de 2026, supe que ese es el relato que les pidieron repetir. Hoy siguiendo el relato, pero yendo más allá, la presidenta Fernández acusa al OIJ y dice que alias Diablo estuvo 10 años en fuga por la alcahuetería del Poder Judicial. Me surgió la duda: ¿Será que otros criminales por narcotráfico fueron capturados o dados de baja en menos tiempo en otros lares?

Ahí está Pablo Escobar, entre su primera acusación por un delito de narcotráfico en 1976 y su muerte en 1993, transcurrieron 17 años, aunque ciertamente no todo ese tiempo estuvo en fuga. Entonces busqué otros casos.

Pedí lo siguiente a las IA Gemini, Grok y Deep Seek: “Elabore un listado de los 12 criminales prófugos más buscados en América Latina y establezca los años que se duró en capturarlos luego de la orden de detención o condena por delitos relacionados con el narcotráfico. Ordene el listado de mayor a menor tiempo de fuga”.

Esta es la respuesta combinada de las tres IA:

Listado de 12 narcotraficantes y capos del crimen organizado en América Latina que mantuvieron órdenes de aprehensión, solicitudes de extradición o condenas pendientes por narcotráfico y permanecieron en calidad de prófugos de la justicia, ordenados de mayor a menor tiempo de fuga previo a su captura o recaptura:

  1. Ismael “El Mayo” Zambada (México). Tiempo prófugo: 35-40 años. Detalles: Cofundador del Cartel de Sinaloa. Con órdenes de aprehensión de México y Estados Unidos desde finales de los años 80 del siglo pasado. Fue detenido el 25 de julio de 2024.
  2. José Alberto “El Beto” Guerrero (Colombia). Años en fuga: 26 años (1997 – 2023). Detalles: Exjefe del Cartel del Norte del Valle, capturado en Venezuela y extraditado.
  3. Fidel Urbina (México). Años en fuga: 22 años (2000-2022). Detalles: Exlíder de Los Zetas, capturado en Veracruz.
  4. Vicente Carrillo Fuentes, “El Viceroy” (México). Tiempo prófugo: 17 años. Detalles: Asumió el liderazgo del Cártel de Juárez tras la muerte de su hermano Amado Carrillo Fuentes en 1997. Mantuvo órdenes de arresto federales en EE. UU. y México hasta su captura en octubre de 2014 en Torreón, Coahuila.
  5. Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho” (México). Líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Más de 15 años como uno de los más buscados, acusaciones en Estados Unidos desde 2010; recompensa de hasta $15 millones. Reportado muerto en operación militar en febrero de 2026.
  6. Juan Carlos Ramírez Abadía (Colombia). Años en fuga: 15 años (1992 – 2007). Detalles: Líder del Cartel del Norte del Valle, capturado en Brasil.
  7. Daniel “El Loco” Barrera (Colombia). Tiempo prófugo: 14 años. Detalles: Considerado uno de los mayores capos del narcotráfico en Colombia tras la era de los grandes cárteles. Estuvo en la clandestinidad con órdenes de captura y circulares rojas de INTERPOL desde 1998 hasta su detención en San Cristóbal, Venezuela, en septiembre de 2012.
  8. Joaquín “El Chapo” Guzmán (México). Tiempo prófugo: 13 años (primer periodo de fuga). Detalles: Tras su primera captura en Guatemala en 1993, se fugó del penal de máxima seguridad de Puente Grande en enero de 2001. Estuvo prófugo durante 13 años continuos hasta su recaptura en Mazatlán en febrero de 2014 (posteriormente volvió a fugarse en 2015 y fue recapturado en 2016).
  9. Dairo Antonio Úsuga David, “Otoniel” (Colombia). Tiempo prófugo: 12 años. Detalles: Máximo líder de la organización criminal Clan del Golfo. Contaba con decenas de órdenes de captura y pedido formal de extradición por narcotráfico emitidos desde 2009. Fue capturado por las fuerzas armadas colombianas en octubre de 2021.
  10. Rafael Caro Quintero (México). Tiempo prófugo: 9 años (segundo periodo de fuga). Detalles: Tras ser liberado de prisión de manera irregular por un tribunal mexicano en agosto de 2013, se emitió de inmediato una nueva orden de reaprehensión. Permaneció en la clandestinidad casi 9 años (encabezando la lista del FBI) hasta su recaptura en julio de 2022 en Choix, Sinaloa.
  11. Diego León Montoya Sánchez, “Don Diego” (Colombia). Tiempo prófugo: 8 años. Detalles: Uno de los principales cabecillas del Cártel del Norte del Valle en Colombia. Fue incluido en la lista de los 10 más buscados del FBI en 1999 con cargos de tráfico masivo de cocaína y homicidio, siendo capturado por el ejército colombiano en septiembre de 2007.
  12. Juan Carlos Ramírez Abadía, “Chupeta” (Colombia). Tiempo prófugo: 7 años. Detalles: Líder del Cártel del Norte del Valle con orden de extradición dictada por EE. UU. en el año 2000. Permaneció prófugo ocultándose en Brasil tras someterse a múltiples cirugías plásticas faciales para modificar su apariencia, hasta ser localizado y arrestado en agosto de 2007.

Conclusión: Dato mata relato. La captura de alias Diablo constituye un hito del OIJ, un mérito que se logra tras perseverar y no desmayar en la lucha contra el crimen organizado durante muchos años. La población costarricense está consciente del alcance y valor de esta acción contundente del OIJ, por tanto, tal hecho no puede ser devaluado por los relatos de la perversa ideóloga del régimen y su ejército de troles, ni por los dichos de una presidenta que al parecer se le hace difícil pensar con cabeza propia.

Colombia: desobediencia civil en tiempos de disputa geopolítica

Álvaro Fernández González
Julio de 2026

El llamado de Iván Cepeda a promover un proceso de desobediencia civil pacífica marca uno de los momentos más delicados de la política colombiana desde la Constitución de 1991.

Más allá de las simpatías o discrepancias que pueda generar, la importancia del anuncio radica en que introduce una discusión de fondo: ¿qué puede hacer una oposición cuando considera que existen graves dudas sobre la legitimidad política de un nuevo gobierno, aunque reconozca la legalidad formal del resultado electoral? Esa es la pregunta que Cepeda intenta responder al invocar una tradición histórica de resistencia no violenta.

La desobediencia civil desde Henry David Thoreau hasta Mahatma Gandhi, Martin Luther King Jr. o Nelson Mandela es una forma extraordinaria de acción colectiva cuando los mecanismos institucionales son insuficientes para proteger principios fundamentales.

No constituye una invitación a la violencia ni una ruptura del orden constitucional, sino un recurso propio de las democracias cuando sectores significativos de la ciudadanía consideran que las instituciones han dejado de ofrecer garantías suficientes para la defensa de derechos y principios compartidos.

Es patente que América Latina atraviesa una nueva fase de confrontación internacional caracterizada por la creciente competencia entre grandes potencias, la Doctrina Monroe y su Corolario Trump de nueva imposición política a mano armada, el uso intensivo de tecnologías digitales en los procesos electorales, campañas de desinformación y renovadas formas de influencia externa sobre las democracias latinoamericanas.

Desde esta perspectiva, Colombia se convierte también en escenario de disputa geopolítica, como Bolivia, Venezuela y Cuba dramáticamente.

Pero el debate no es solo quién tenga razón en la coyuntura inmediata. También es necesario preguntarnos cómo responden las democracias cuando la ciudadanía pierde confianza en la legitimidad política de sus instituciones.

En Colombia, el 30,7% de la votación se expresó por el Pacto Histórico de Cepeda, frente al 31,3% del derechista y ciudadano estadounidense Abelardo de la Espriella, y una proporción aún mayor del electorado, el 36%, se abstuvo.

Está claro que la historia latinoamericana demuestra así que estamos ante una polarización cada vez más difícil de contener.

La apuesta por formas explícitamente no violentas de movilización adquiere entonces una relevancia particular.

La tradición de la desobediencia civil pretende trasladar el conflicto desde la confrontación física hacia la deliberación pública, los tribunales, la organización social y la presión ciudadana.

Colombia enfrenta así un desafío que trasciende a sus protagonistas inmediatos.

La capacidad de procesar desacuerdos profundos dentro de las reglas constitucionales será decisiva no solo para el futuro político del país, sino también para una región donde las disputas geopolíticas internacionales vuelven a entrelazarse con las tensiones propias de democracias intensamente polarizadas.

Referencias:

“Colombia y el mundo: ¿qué sigue?” Por Juan Carlos Monedero, Canal SinEmbargo Al Aire, 8 de julio 2026.
https://youtu.be/dmN1CVHwbaY?si=7VkIjIFLe6efErDk

“¡Iván Cepeda llama a la desobediencia civil! ¿qué significa y por qué lo hace?”, en Canal Magenta Radio con William López, 1 de julio de 2026.
https://youtu.be/8DEdLqVZFLA?si=jvKLDC0-N6HEUJHX

Los pobres ¿electores de derecha?

Juan Huaylupo1

1 Catedrático. Docente e investigador pensionado. Facultad de Economía. Universidad de Costa Rica.

En los recientes procesos electorales de nuestra América se discute y se interpreta el papel desempeñado por los pobres, a quienes acusan, como siempre, de ignorantes, sin conciencia, conservadores y sumisos al poder totalitario por haber contribuido al triunfo electoral de explotadores, mafiosos, corruptos, tiranos, que privatizan la función pública, transgreden la Constitución de la República que liquidan la institucionalidad, centralizando y concentrando ilegal y dictatorialmente el poder estatal.

Ante esta situación y condición política existente en Costa Rica, Perú y Colombia, entre otros espacios nacionales, ¿los pobres son culpables?, ¿acaso los sectores medios, desempleados, funcionarios públicos, intelectuales, pensionados, empleados privados, periodista, militares, partidos políticos, entre otros, son espectadores inocentes de los resultados de los procesos y fraudes electorales, de la complicidad burocrática en las transgresiones a las funciones públicas que se realizan cotidianamente?

No, los pobres no son ignorantes ni complacientes con el totalitarismo, son sobrevivientes en la precariedad, inestabilidad o del chantaje laboral, de salarios insuficientes, de la vulnerabilidad ante la criminalidad, la salud pública, de la regresión cognoscitiva o de la inmunidad e impunidad del poder económico y político. Los pobres no se imaginan ricos ni pensar como ellos, pero al estar imposibilitados de perder lo que les permite subsistir, algunos son coaccionados. El culpabilizar por su condición a los pobres se ha interiorizado en los estereotipos y prejuicios de la estupidez colectiva, en contextos que históricamente han culpado a los débiles, enfermos, manifestantes, dominados, explotados o los asesinados.

En la actualidad la agudización del hambre, miseria, represión y guerras guardan correspondencia con el enriquecimiento de pocos en la aldea global, dueños de las nuevas tecnologías y de los negocios mundiales que también son protagonistas de la actual e inmensa regresión cognoscitiva. La expresión tecnológica actualizada de la estupidez, representada por la inteligencia artificial (IA), en nuestros días está siendo usada en las guerras, fraudes electorales y en la sustitución de millones fuentes de trabajo que en otros tiempos convirtieron el trabajo humano en una labor mecánica o robotizada, como es la formación académica. El absurdo de los dueños, creadores y difusores y creyentes de la IA afirman regresivamente que es superior a la inteligencia humana, tendencia que sustituirá las relaciones sociales a relaciones entre cosas hacia la extinción. El entusiasmo actual para que la máquina realice labores personales, sin intervención humana, se va transformando en tragedia.

El sistema imperante recrea incesantemente las condiciones para la reproducción ampliada de la riqueza privada, comprometiendo desde hace siglos a los empobrecidos del mundo a la mecanización newtoniana que persiste hacia la sustitución radical del trabajo a todos los sectores subalternos, no solo con su esfuerzo, subsistencia, pensamiento y actuación, también con su salud y vida, en contextos de inseguridad y miedo. Luego, la tendencia hacia la paulatina erradicación de los subalternos transcurre haciendo irrelevante y sustituible técnica y formalmente, su voluntad, decisión y acción política y electoral. Entonces, serán los pobres culpables de haber sido electos como presidentes a ignorantes y autócratas en Costa Rica, Perú y Colombia.

La corrupción endémica y el sendero del narcotráfico para el control de América Latina – Cómo enfrentarlo con organización autónoma

Miguel Sobrado

Desde que surgió el narcotráfico en América Latina, como gran empresa de envergadura continental, se ha cambiado el eje de poder al interior de los países latinoamericanos y se han reconfigurado las relaciones externas, especialmente con los Estados Unidos.

El clientelismo y la corrupción endémica de los países latinoamericanos han sido los mecanismos que han sabido aprovechar los narcotraficantes gracias a su poder económico creciente para asumir los poderes locales, regionales, e incluso con influencia cada vez mayor en las instituciones nacionales. Han fluido sobre las redes de corrupción, potenciándolas y generando empleos entre los excluidos, primero para distribuirse los territorios y creando, posteriormente, clientelas de poder económico y político. En este proceso han venido desplazando y/o incorporando a las viejas estructuras de poder político tradicionales.

En el plano de las relaciones exteriores, nuevas redes del narcotráfico han sido incorporadas como instrumentos al servicio de los fines de las agencias de seguridad. Inicialmente se utilizaron, como en el caso de Irán-Contras, para financiar grupos levantados en armas contra gobiernos socialistas. Facilitaban la venta de drogas en los Estados Unidos para comprar armas y abastecer a los rebeldes. Posteriormente, para promover la producción de heroína en Afganistán. En las últimas décadas, la llamada lucha “contra el narcotráfico” ha servido para, una vez definidas las organizaciones de narcotraficantes como un peligro para la seguridad de los Estados Unidos, intervenir militarmente en aguas internacionales bombardeando supuestas lanchas de traficantes, o atacando directamente sus refugios reales o supuestos en los estados latinoamericanos en los que se desea intervenir. De hecho, “la lucha contra el narcotráfico” no ha sido prioridad interna del presidente Trump, que indultó al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado dos veces por la justicia norteamericana a 45 años de prisión por facilitar el ingreso de toneladas de cocaína a los Estados Unidos.

Aquí viene la pregunta importante ¿Por qué América Latina no ha podido enfrentar el fenómeno en su patio? Hay dos razones: una, el clientelismo heredado desde la colonia y la arraigada inercia asistencialista en amplios sectores de la llamada izquierda democrática, donde campean la corrupción y el clientelismo, hechos que han terminado desmoralizando las bases populares, arrojándolas en manos del populismo de derecha. La segunda, muy asociada a la primera, es que la derecha ha aprovechado la indignación popular por la creciente violencia del narco y ha promovido soluciones de mano dura y cárceles bukelianas como solución.

Producto del desastre electoral que tuvo el clientelismo priista en México y posteriormente el peronismo en Argentina, la izquierda ha esbozado nuevos rumbos no del todo concretados. En el caso de México, en un contexto de relaciones de poder difíciles por la presencia del narco en muchos estados, bajo el liderazgo de la llamada cuarta transformación, que ha puesto énfasis en la integridad en la gestión pública y en liderazgos sólidos. Se han logrado avances de respaldo y participación popular importantes, aunque sin organización sólida de base que les garantice permanencia Un cambio de enfoque, es fundamental. Las soluciones estatistas son absolutamente insuficientes y ya han dejado suficiente testimonio de ello. Hacia el futuro inmediato, o se incorpora como aliado activo a la sociedad civil o pocas esperanzas tendremos de aminorar esta tragedia.

En Chile, aunque la izquierda tomó formalmente la presidencia con lemas liberales, no pudo mantenerla por falta de resultados frente a sus bases, y terminó asumiendo el gobierno la extrema derecha pinochetista. Colombia con Petro y Brasil con Lula han dado pasos importantes en las reformas populares, pero no han logrado organizar de forma activa las bases populares por sus reivindicaciones y ante los problemas de seguridad, mientras que la derecha se posiciona en la lucha con mano fuerte contra el narco.

Mientras tanto Cuba, ahogada por un asfixiante bloqueo criminal, no logra liberarse del rígido socialismo administrativo y aprender de Vietnam y China, lo que le permitiría incorporar a la sociedad civil como mitigante del bloqueo económico y fortalecer las bases políticas con los emprendedores campesinos y urbanos, bases que hoy pretende capitalizar Marco Rubio. No hay organizaciones populares capaces de enfrentar la ofensiva imperialista sin autonomía real, si se pretende que sean fajas de transmisión del partido. Este que fue incorporado por la izquierda tradicional y que creó el clima para la corrupción y el clientelismo históricos.

Dos grandes educadores y políticos brasileños, Clodomir Santos de Morais y Paulo Freire, crearon métodos de capacitación y educación que han dado frutos destacados en tres continentes por su masividad e impacto en la generación de empresas y organizaciones populares como se puede apreciar en www.prismalat.com y en youtube prismalatinoamerica, experiencias que incluso recibieron reconocimiento del presidente Lula en su primer gobierno. Se trata de métodos capaces de formar ciudadanos con organización autónoma para la producción y participación en asuntos comunales, que han sido menospreciados por los tecnócratas orientados por las modas, por temor a la autonomía y sin sentido de oportunidad política.

En este momento de amenaza sobre la soberanía e integridad del continente debe promoverse, además de una política unificada frente al imperio, criterios sobre cómo superar la inercia clientelista, puerta de ingreso del narcotráfico, y formar nuevas bases ciudadanas organizadas de forma real y autónoma, que han demostrado eficacia en terreno, para enfrentar la violencia interna con políticas integrales de educación y empleo que trasciendan la represión bruta y abran un horizonte de esperanza y capacidad de respuesta a los retos.

Le invitamos a ver y compartir:

Narco y Autonomía
https://www.youtube.com/watch?v=gHUiw7J6dos

Cómo el narcotráfico secuestró países enteros
https://www.youtube.com/watch?v=ARXM1CRRPmo

Programa Alternativas debatirá la construcción de un tejido latinoamericano en ecología política

El programa Alternativas, espacio de análisis y reflexión impulsado por el colectivo Reflexión-Acción, dedicará su próxima edición a discutir el papel de la ecología política en América Latina y los desafíos de construir articulaciones regionales frente a las problemáticas socioambientales contemporáneas.

Bajo el título “¿Para qué un tejido latinoamericano en ecología política?”, el programa reunirá a especialistas provenientes de distintos países y disciplinas para analizar los aportes de este campo de estudio al debate sobre ambiente, territorio, cultura, economía y justicia social.

La actividad se realizará el 12 de junio de 2026 a las 18:00 horas (-6 UTC) y será transmitida en vivo a través de las plataformas de Facebook Live, YouTube y Spotify.

El panel estará integrado por:

  • Ayar Arawi Guanotuña Chusin, agrónomo y estudiante de la maestría en Ecología Política.

  • Martina Inés Casás Pino, licenciada en Ciencias Biológicas y magíster en Ecología Política.

  • Karina Nieves Marcano, licenciada en Química y magíster en Ecología Política.

  • Danissa Álvarez Salazar, lingüista y magíster en Ecología Política.

  • Álvaro Céspedes, sociólogo y magíster en Ecología Política.

La propuesta busca reflexionar sobre la necesidad de fortalecer redes de intercambio y colaboración entre personas investigadoras, profesionales, estudiantes y activistas de distintos países latinoamericanos que trabajan en torno a los conflictos socioambientales, la defensa de los territorios, la sostenibilidad y las relaciones entre sociedad y naturaleza.

El programa Alternativas se ha consolidado como un espacio de diálogo interdisciplinario que promueve el análisis crítico de los principales desafíos sociales, políticos, culturales y ambientales de la región, mediante la participación de especialistas y actores sociales de diversos ámbitos.

La transmisión contará además con el apoyo de las emisoras amigas Radio Guanacaste 106.1 FM, Radio Soberanía, Radio Revolución de CONACOOP, 506 Ondas Alajuelita y Radio Voces Libertarias 97.3 FM, que colaboran en la difusión de los contenidos del programa.

La actividad está abierta al público interesado en las temáticas ambientales, territoriales y sociales, así como a estudiantes, docentes, organizaciones comunitarias y personas vinculadas a los debates sobre ecología política en América Latina.

Conversatorio abordará la educación popular en tiempos de reconfiguración del poder

El Programa Kioscos Socioambientales y el Observatorio de Bienes comunes de la Universidad de Costa Rica, junto al Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (CEAAL) realizarán el conversatorio “Educación popular en tiempos de reconfiguración del poder”, un espacio de reflexión colectiva sobre los desafíos contemporáneos de la educación popular en América Latina.

La actividad se efectuará el martes 19 de mayo y contará con transmisión mediante Facebook Live, además de acceso virtual por Zoom.

Según las organizaciones convocantes, el encuentro busca propiciar diálogo, organización y construcción colectiva frente a los retos sociales, políticos y culturales que atraviesan los territorios latinoamericanos.

Participarán:

  • María Rosa Goldar, de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y CEAAL.

  • Rosaluz Molina, de la Universidad de Puerto Rico.

  • Jorge Osorio Vargas, de la Universidad de Valparaíso y CEAAL.

Como invitado especial participará Oscar Jara, sociólogo y educador popular ampliamente reconocido en América Latina.

La moderación estará a cargo de Dylanna Rodríguez, de Kioscos Socioambientales.

Los horarios anunciados son:

  • 17:00 horas para Centroamérica y México

  • 18:00 horas para Perú

  • 20:00 horas para Argentina y Brasil

La conexión virtual se realizará mediante Zoom en el enlace:
Ingreso al conversatorio

La actividad es impulsada por la Vicerrectoría de Acción Social de la UCR, Kioscos Socioambientales, el CEAAL y el Observatorio de Bienes Comunes.

Festival Solidaridad reunirá música y compromiso con los pueblos de Nuestra América en Santa Ana

El próximo sábado 2 de mayo se realizará el Festival Solidaridad por los pueblos de Nuestra América, una actividad cultural que convoca a la música, el arte y la expresión solidaria en apoyo a las luchas de los pueblos latinoamericanos.

El evento tendrá lugar en Casa Mestizzo, en Piedades de Santa Ana, a partir de las 2:00 p. m., y contará con la participación de diversas personas artistas que compartirán su talento en una jornada de encuentro y compromiso social.

La actividad tiene un carácter solidario, con una donación de ₡2000, y busca fortalecer los vínculos culturales y políticos en torno a las causas de los pueblos de la región. Para reservaciones, se habilitó el número 8311 8802.

Entre las personas artistas que participarán en el festival se encuentran:

Navy Hernández
Oscar Espinoza
Alvaro Zúñiga
Wilson Arroyo
Alejandra Espinoza
Gerardo Cascante
Dionisio Cabal
Beto Campos
Fadir Delgado
Carlos Villalobos
Manuel Monestel

El festival es organizado por la Asociación Cultural Musical Mestizzo y el Movimiento Popular Costarricense, con la colaboración del Movimiento de Solidaridad Amor por Cuba – Costa Rica.

La actividad propone un espacio de encuentro donde la cultura se convierte en una herramienta para la solidaridad, el intercambio y la construcción de conciencia en torno a las realidades de América Latina.