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Etiqueta: bloque histórico

«Esa parte no la leí»

Por Juan Carlos Cruz, para SURCOS

Una hora de entrevista, dos periodistas a quienes el entrevistado considera amigos y un programa que se llama No Mientas El Show. Rodrigo Chaves la grabó el martes y salió el viernes, mientras la presidenta Laura Fernández andaba por el Vaticano. Según lo reportó Álvaro Murillo en el Semanario Universidad, el ministro de Hacienda y de la Presidencia estuvo cómodo, sonriente y bromista. También repartió calificativos: «terrorista» para la rectora del TEC, «idiotas» para los diputados de Liberación, «vividores» para quienes protestan.

Sería un error leerlo como un arranque de mal genio. Llevamos años viendo que el estilo de Chaves tiene método, y esta entrevista lo muestra casi completo. Ese método se puede resumir en cinco operaciones.

Personalizar. El poder se concentra en pocas figuras. Chaves habla una hora como si el país fuera suyo, con la presidenta de viaje, y adelanta incluso una decisión sobre el Transpacífico que ella anunciaría después. Las instituciones quedan en segundo plano.

Polarizar. El país se divide en dos bandos: de un lado, «tres cuartas partes» que dicen «go, Laura, go»; del otro, un 12% de «vividores». No presentó dato alguno que respalde esas cifras. Lo que importa es la frontera, no la medición.

Deslegitimar. A quien controla o cuestiona se le quita credibilidad. La rectora que advierte que la sede de Limón podría cerrar por los recortes es «extorsionadora». Un magistrado tiene «podredumbre intelectual». Y una sola palabra sirve para todo: Liberación, que lleva décadas en el centro del sistema, es «ficha del comunismo». Cuando una palabra sirve para todo, deja de describir algo y solo marca de qué lado está cada quien.

Emocionalizar. El chiste a pedido, la burla y el insulto crean complicidad con quien escucha. Gramsci hablaba de intelectuales orgánicos: gente que da forma y voz a la visión del mundo de un grupo, sin que nadie les dé órdenes. Un programa afín, con preguntas cómodas, cumple esa función mejor que cualquier conferencia de prensa.

Saturar. Cada declaración abre una pelea, y cada pelea desplaza a la anterior. Con tanto ruido, los datos difícilmente permanecen en la conversación el tiempo suficiente para discutirse.

El momento clave

Hacia el final le preguntaron por el dato oficial más reciente: el ingreso de los hogares bajó 3,8% en el último año, y bajó en todos los quintiles. Hizo un gesto de poco interés y dijo: «esa parte no la leí».

Antes, uno de los entrevistadores le había planteado el aumento de la deuda frente al PIB, el golpe del tipo de cambio a los exportadores y los 300.000 hogares que siguen en pobreza. Chaves respondió que el país ahora es de «ingreso alto». Un promedio nacional sirve para presumir afuera, pero no paga el recibo de nadie. Casi la mitad de los hogares reporta deudas, y las listas de espera de la CCSS crecieron más de 30% en poco más de un año.

Eso es lo que el método permite: cuando falta la respuesta, aparece el culpable. Una sociedad golpeada por la deuda y el estancamiento necesita explicaciones. Si la política no las da, alguien ofrece otras, y la rabia se dirige hacia una rectora, hacia diputados, hacia gente que marcha, nunca hacia las decisiones que explican por qué los hogares ganan menos. El que reclama pasa a ser el problema.

La billetera y el bloque

Hubo otra frase que casi pasó inadvertida. Chaves dijo que los empresarios que financiaron a Liberación fueron traicionados, y que dar plata a ese partido sería de gente «muy corrupta». Aceptó, además, que los aportes de campaña condicionados son normales en política.

Se lee como un mensaje a quienes sostuvieron durante décadas al bipartidismo: la ventanilla cambió de lugar. Gramsci llamaba bloque histórico a la alianza de fuerzas sociales y económicas que sostiene a un grupo en el poder. Detrás de los insultos hay un intento de armar uno nuevo y de desarmar el viejo a golpe de burla.

Qué hacer con esto

El chavismo no disputa solo la información, disputa la interpretación de la realidad. Por eso desmentir cada frase o responder cada provocación no basta: es entrar al juego de la saturación. Competir haciendo más ruido es perder de antemano.

Lo que corresponde es hacer más comprensible la realidad: explicar las causas de lo que le pasa a la gente, contrastar los discursos con hechos verificables y sostener mensajes claros, repetidos con inteligencia. Si el discurso oficial usa la comunicación para generar identificación con un líder, la tarea democrática es usarla para generar comprensión, organización y participación.

Nada de esto significa que la rectora o los diputados tengan siempre la razón. Pueden equivocarse y deben responder por lo que hacen. Pero a un argumento se le responde con otro. Mientras tanto, los datos siguen ahí, los lea o no el ministro. Los hogares que perdieron ingreso este año sí leyeron esa parte.