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Etiqueta: memoria

94 años de la masacre de las bananeras

Adela Torres, secretaria general de Sintrainagro | Foto: Alexandra Muñoz.

¡Prohibido olvidar!

Este 5 y 6 de diciembre el movimiento sindical recuerda los 94 años de la masacre de las bananeras, un acontecimiento que la historia colombiana intentó, sin éxito, disimular.

Gerardo Iglesias

En noviembre de 1928, más de 30.000 trabajadores de la compañía estadounidense United Fruit Company (hoy Chiquita Brands) estaban en huelga en la zona bananera del Magdalena.

La empresa se había negado a estudiar un pliego petitorio que solicitaba celebrar contratos de trabajo, aumento salarial, el pago de los sueldos en dinero y no en vales, y el cierre de los comisariatos de la compañía bananera.

Nada muy extravagante, pero el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez calificó a esos trabajadores como malhechores e insurrectos, declarando el estado de sitio y el toque de queda.

El 6 de diciembre de 1928, en la estación de ferrocarril de Ciénaga, donde había reunidos más de 7.000 trabajadores, el ejército colombiano abrió fuego contra los huelguistas.

En la represión murieron casi 4.000 trabajadores.

Este lunes 5, en esa misma localidad, el Sintrainagro participa del Foro Nacional sobre la desmitificación de los hechos ocurridos en 1928, reivindicando la memoria de quienes los antecedieron en la lucha por mejores condiciones de vida para los trabajadores y trabajadoras bananeros.

¡Prohibido olvidar!

Después de San Cristóbal

Por Memo Acuña. (Sociólogo y escritor costarricense)

Cuando uno persigue con pasión ese pájaro de la palabra, no para enjaularlo, sino para reconocerlo, advierte que el sentido de la vida se va construyendo de otra manera.

Acudimos a ese ritual conociéndonos algunos, otros como perfectos extraños.

Y la energía, el frío y la ancestralidad de un lugar emblemático para la resistencia latinoamericana como San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, México, hizo su parte para juntarnos y no volver a separarnos más.

Es difícil decir en estas notas lo que el afecto provoca en un grupo de seres humanos cuyo cordón umbilical con la poesía es material no clasificado en sus biografías.

Pero sí es posible (y poesible) contar lo emblemático de sus propuestas, lo político de sus miradas, lo consecuente de sus reflexiones.

En medio de esta aparente seriedad de sus currículum, aparece el baile, la música, el encuentro, el abrazo (que ahora ha terminado su confinamiento y se supone en rebeldía desde esas montañas que significan el cariño y la luz).

Detrás de sus máscaras que los declaran y las declaran poetas, hay ciertamente una apuesta por la memoria, la igualdad, el árbol, el cine, el fútbol, las cosas que el amor no puede decir pero lo siente, el niño, el origen, la mujer, mejor dicho las mujeres y sus luchas. Y tantas cosas, tanta palabra desperdigada aquellos primeros días de un setiembre que se va terminando lentamente entre la lluvia y lo que sigue.

Me quedo con un fragmento de un texto de la poeta boliviana Paura Rodríguez, dedicada y homenajeada en la octava edición del Festival Mundial de Poesía Contemporánea de San Cristóbal de las Casas:

“Cruje como madera seca el alma.
Se arruga como un pañuelo
Pinta su rostro de otro rostro.
Miente el alma.
Finge una voz inexistente.
Revienta como un volcán.
Huye”

Después de San Cristóbal hemos prometido hacer de este un mundo poesible. Quizá volvamos a juntarnos en alguna otra ventana del tiempo para cantar con Nino Bravo o Ángeles Azules. Pero más allá de eso que es la alegría, hemos aprendido a hermanarnos a la distancia, lo que ningún decreto neoliberal ni pandémico podrá acabar jamás.

Textos de la colección personal del autor obsequiados e intercambiados con otros y otras poetas durante el 8º Festival de Poesía Contemporánea de San Cristóbal, en Chiapas, México entre el 1 y 4 de setiembre de 2022,

Militares colombianos reconocen participación en crímenes de civiles no beligerantes

El conflicto armado en Colombia es uno de los más duraderos en la historia contemporánea del mundo occidental y de América Latina, pero en los últimos veinte años las alarmas se encendieron cuando se descubrió que durante la década del 2000 varios militares participaron en el asesinato de civiles no beligerantes haciéndolos pasar como objetivos militares y supuestos miembros de las FARC caídos en combate, con el fin de obtener beneficios en la institución castrense.

De acuerdo a las recientes audiencias celebradas por la Jurisdicción Especial para la Paz, más de 6400 personas fueron ejecutadas entre el 2002 y el 2008 por militares del Ejército Nacional de Colombia y en un histórico ejercicio de memoria de la historia reciente, los autores confesaron la desaparición y muerte de civiles, en su mayoría pobre y campesinos. 

En estas audiencias celebradas en el departamento de Santander, nacidas a raíz de los acuerdos de paz del año 2016 las familias de las víctimas y los victimarios se sentaron frente a frente para escuchar los relatos tanto de los antiguos miembros del ejército como de los familiares de las víctimas. En este sentido “Maquinamos, hicimos un teatro para mostrar un supuesto combate, por la presión que había de los altos mandos, yo ejecuté, yo asesiné familiares de los que están acá” declaro el suboficial retirado Néstor Gutiérrez.

Los relatos de los familiares de las victimas durante las audiencias fueron desgarradores y permitieron revindicar la memoria de quienes fueron ajusticiados por el ejército Como señaló María Daza familiar de una de las víctimas “Para ustedes valía más un premio, unas vacaciones, unas comisiones, unas condecoraciones, que el dolor de una madre, de una familia”

Los falsos positivos fueron el mayor escándalo de corrupción del ejército colombiano y que fueron negados o minimizados durante años por las autoridades gubernamentales en especial durante la presidencia de Álvaro Uribe (2002-2010), quien sostiene que se trató de actos aislados.

El conflicto armado de Colombia en detalles

  • Es uno de los más duraderos en la historia contemporánea del mundo occidental y de América Latina, con más de 50 años de guerra que han desangrado al país.
  • Según datos del Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica y CNMH, Ha causado la muerte de alrededor de 262.197. De este total de víctimas fatales, 215.005 eran civiles y 46.813 eran combatientes. 
  • Según el Observatorio Global del Desplazamiento Interno El conflicto ha provocado el desplazamiento de más de 8.1 millones de personas desde 1985.
  • Según datos del Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica y CNMH, a la fecha la guerra ha dejado 80.514 desaparecidos (de los cuales 70.587 aún siguen desaparecidos), 37.094 víctimas de secuestro, 15.687 víctimas de violencia sexual y 17.804 menores de 18 años reclutados

Información de teleSUR

Si me olvidas ellos ganan

Hace exactamente 42 años, el 24 de febrero de 1980, fueron detenidos, desaparecidos, torturados y luego asesinados los jóvenes Roberto Castellanos Braña, de 29 años y Annette Mathiessen, de apenas 22 años.

Múltiples testigos vieron cómo varios miembros de la Policía Nacional de El Salvador arrestaron primero a Roberto frente a su casa y poco después volvieron para llevarse a Annette. Sus cuerpos aparecieron el 8 de marzo de 1980 en un tiradero de basura a las afueras de San Salvador.

Los cuerpos de Roberto y Annette fueron velados en la Universidad de El Salvador, junto a 17 jóvenes más cuyos cadáveres aparecieron en las calles salvadoreñas aquel día. El crimen ocurrió apenas un mes antes del asesinato de Monseñor Romero, quien ofició la misa de funeral de los dos jóvenes.

Roberto era de origen cuscatleco. Un joven apasionado y sensible, de pensamiento agudo, alto de estatura e inconfundible por su apariencia física. Miembro de una familia comprometida con las luchas de su pueblo, se vio obligado a migrar siendo muy joven debido a la persecución de la dictadura militar salvadoreña y vivió muchos años en Costa Rica. Egresado de la Universidad de Costa Rica, fue también militante de la Juventud Vanguardista Costarricense y profesor en la Universidad Nacional. 

En un viaje a la Unión Soviética conoció a Annette, allá se enamoraron, posteriormente se casaron, ella se vino a Costa Rica para vivir con él. A finales de 1979 la pareja decidió regresar a El Salvador y a su llegada se dedicaron ambos a colaborar decididamente con la lucha del pueblo salvadoreño desde la trinchera intelectual. 

Un joven de casi metro noventa, con un afro y anteojos a lo John Lennon y una joven también alta, igual de combativa y además rubia, no pasaron desapercibidos para los cuerpos represivos de la dictadura. A los pocos meses fueron señalados como elementos a eliminar. Roberto y Annette corrieron la misma suerte que otros miles de jóvenes salvadoreños de aquella terrible época.

El gobierno salvadoreño no solo no llevó nunca a ningún perpetrador ante los tribunales, ni colaboró en el esclarecimiento del crimen, sino que desde el primer momento negó su responsabilidad a pesar de los testimonios de los vecinos que vieron cómo Roberto y Annette fueron detenidos y llevados con vida por miembros de la Policía Nacional.

Han transcurrido ya 42 años. Una vida. Este 24 de febrero esta pareja tendría alrededor de 70 años: ¿de qué magnitud es el crimen cometido por sus asesinos?
Ni perdón ni olvido. Hoy se recuerda con profunda admiración y respeto. Y se pronuncian sus nombres:
¡Compañero Roberto Castellanos Braña!
¡Compañera Annette Mathiessen!
¡Presentes!

In memoriam Moncho Bullas

Guillermo Dinarte

Moncho Bullas

Este 29 de diciembre de 2021 se cumplieron 11 años del fallecimiento del señor Ramón Alvarado Barquero, conocido como “Moncho Bullas”. Motivo por el cual, en procura de ir rescatando la memoria popular de la Gran Chacarita, he decidido hacer una pequeña semblanza en su honor.

Nació Ramón Alvarado el 01 de febrero de 1936, en Moravia, San José. Estudió sus primeros años de primaria en la Escuela Católica Don Bosco, teniendo posteriormente que trasladarse a la Escuela República de Argentina. Para quienes le conocieron, se le recuerda como un legendario dirigente sindical y político de la provincia de Puntarenas, desde muy joven militante del Partido Vanguardia Popular. Destacado dirigente del Sindicato de Trabajadores Marítimos, Ferroviarios y de Muelles, de la prestigiosa Federación de Trabajadores de Puntarenas, igualmente de la Confederación General de Trabajadores (CGT): confederación que en la década de 1970 se disuelve por su propia voluntad, para dar paso al nacimiento de la Confederación Unitaria de Trabajadores (CUT).

Conocido de cariño y por su fuerte, clara e inclaudicable voz a favor de los y las oprimidas, como “Moncho Bullas”, el señor Ramón Alvarado jugó un papel preponderante en el movimiento comunal, social, sindical y político, por su abnegación y entrega a la defensa de los intereses de la clase trabajadora costarricense y en especial de Puntarenas.

Sus más fructíferos años de lucha sindical se los entregó a los trabajadores portuarios en su calidad de secretario general, puesto que se ganó por su currículo de más de 20 años de militancia activa con los trabajadores de la industria pesquera, trabajadores del comercio, luchas comunales por la vivienda, la salud y el derecho a la educación.

Sin duda tuvo una destacada actuación en este movimiento sindical que aglutinó a los muelleros, entre 1970 y 1980, primero como secretario general del Sindicato de Trabajadores de Agencias Aduanales (Tipo gremialista), que posteriormente pasó a llamarse Sindicato de Trabajadores Marítimos, Ferroviarios y de Muelles (Tipo industrial).

Bajo su dirección se presentó el primer conflicto de carácter socioeconómico, a principios de la década de los años 70, que posteriormente en el año 1974 se convierte en la Primera Convención Colectiva, que empieza a regular las relaciones obrero-patronales para los trabajadores portuarios en general. Como principales alcances de la misma: Se regularon los turnos de las cuadrillas de carga y descarga (mediante los toque de sirena), se hizo ordenamiento de personal en las mismas cuadrillas de carga y descarga, y se logró la cancelación del pago de subsidios para los trabajadores portuarios.

Lo importante de este conflicto que surge a iniciativa de los dirigentes sindicales, que se encontraban con “Bullas” al frente, radica en que para ese entonces existía mucha apatía para el movimiento sindical portuario.

Dentro de la dirección de la Federación de Trabajadores de Puntarenas, su lucha fue decisiva en el proceso de consecución del Seguro Familiar en Puntarenas, Régimen de Pensiones para Puntarenas, lucha por la construcción del Hospital Monseñor Sanabria y construcción del Colegio Técnico del Roble.

Además, fue secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales de Puntarenas y destacadísimo regidor en esta Municipalidad. Sin olvidar la huella dejada por su paso en organizaciones comunales como las Juntas Progresistas, diversos Comités de Lucha, la Asociación de Desarrollo Integral del Barrio 20 de noviembre, y el Comité Integral de la Gran Chacarita.

A pesar de tener la salud disminuida, entre sus luchas más recientes se le recuerda haciendo activismo en contra del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos junto al Comité Patriótico de Puntarenas y participando como fiscal en el referéndum realizado en el 2007.

Hasta sus últimos momentos fue un estudioso de la realidad nacional y como tal está en nuestra memoria dentro de un selecto grupo de dirigencia histórica de la Gran Chacarita, como Emilio Peraza, Francisca Rueda Rueda, Hernán Ortega, Manuel Mendoza, Modesto Carrillo, Pilar Noguera Prendas, Ricardo Madriz, Alejandro Gómez, Edwin Lobo Ramírez, Deysi Vargas Vargas, los sacerdotes Luís Arocena Pildaín y Santiago Tortosa, entre tantos otros, verdaderos estandartes de las luchas de la Gran Chacarita en los años 70´, 80´s y 90´s, cuya Memoria Popular sigue pendiente de editarse. ¡Para todos respetos infinitos y deseos de paz eterna!

Diciembre de 2021

Sembrar memoria contra la impunidad y el olvido

Por Mauricio Álvarez Mora. Docente Escuela de Geografía, Ciencias Políticas, Programa Kioscos Socio ambientales UCR, IDELA-UNA

Han pasado 27 años desde aquel 7 de diciembre de 1994 donde Óscar Fallas, María del Mar Cordero y Jaime Bustamante murieron juntos, cuando un incendio destruyó la casa donde vivían los dos primeros.

Esa semana nos pagaron el aguinaldo y fuimos de compras en la tarde con María del Mar que estaba armando nido con Oscar. Hubo una invitación para esa noche, pero pudo más la responsabilidad de la propuesta que teníamos que presentar al otro día en el IMAS, para financiar un campamento de verano con jóvenes de la comunidad de Los Guidos organizado por el Programa de Juventud de la Asociación Ecologista Costarricense (AECO). Ese 6 de diciembre Oscar y María nos dejaron la llave de la oficina y fue la última vez que los veríamos con vida.

Eran tiempos de celebrar porque le habíamos ganado el pulso a las intenciones de industrializar el Golfo Dulce, recién el 3 de diciembre, tuvimos una actividad con la gente de las comunidades.

Cuatro días después, la casa de Óscar y María del Mar, en Guadalupe, fue destruida por un incendio. Nadie pudo escapar. Encontraron a María del Mar carbonizada mientras trataba de abrir la puerta, sin llave. Las rasgaduras en la puerta evidenciaron que trató de luchar hasta el final por salir, pero algo o alguien le impidió salir. Mientras Óscar y Jaime murieron sin incorporarse de las camas.

La investigación oficial del Organismo de Investigación Judicial no encontró causa oficial del incendio y que no hubo evidencias de “mano criminal”, mientras la construcción mediática fue cruel y despiadada al enfocar que la “fiesta” fue la responsable de las muertes, ya se venía construyendo una estigmatización mediática del ecologismo como unas personas “comunistas recicladas, bohemias, opuesta al desarrollo y subversivas.” Esa estigmatización sumada a lo inédito del acontecimiento sirvió para invisibilizar el contexto que estaba sucediendo como las amenazas y ataques al vehículo de la AECO y que se recibieron llamadas anónimas después de las muertes para asegurar que “la lista de asesinatos no había terminado.”

Sobre el contexto, desde finales de 1992 se llevó a cabo una campaña para frenar la construcción de un muelle y una planta astilladora en medio de la Reserva Forestal Golfo Dulce, en la península de Osa y en la parte más interior del golfo en el sector de Mogos.

A la cabeza de la campaña estuvo Óscar Fallas Baldi y María del Mar Cordero y muchos otros que integrábamos en ese momento AECO conformamos una alianza de vecinos de la península, ecologistas, grupos de mujeres, estudiantes, campesinos, científicos y redes internacionales. Esta coalición permitió llevar a cabo una de las más importantes luchas ecologistas del país, contra la Ston Forestal S.A. subsidiaria del gigante papelero Stone Container Corporation.

La parte industrial del proyecto se ubicaría en Punta Estrella, cortando el corredor biológico entre Corcovado y el Parque Nacional Esquinas. La intención era procesar y transportar la producción de 24.000 hectáreas de melina sembrada en la zona. Para esto se construiría un muelle para barcos de hasta 70.000 toneladas, y se esperaba un tránsito de 184 tráileres diarios en promedio uno cada cuatro minutos.

Lo que argumentábamos en contra del proyecto de Ston Forestal era, entre otras cosas, que la industrialización afectaría la biodiversidad del Golfo Dulce y de importantes áreas boscosas y protegidas, que el muelle traería contaminación a un sector prácticamente prístino y se llenaría de barcos con su contaminación donde habitan delfines, ballenas y una gran diversidad marina.

Después de poco más de dos años de lucha, la AECO y la gente de las comunidades lograron que se cambiara el sitio de la construcción y las condiciones del proyecto. Fue la primera campaña del ecologismo social que se gestionó en el país partiendo de la articulación con las comunidades, formación de comités locales, giras con periodistas y autoridades nacionales, gestiones de incidencia ante entidades estatales, denuncias ante la Defensoría de los Habitantes, manifestaciones, recursos de amparo, debates y un factor decisivo fue la articulación internacional con organizaciones como Greenpeace, Amigos de la Tierra y muchas otras.

Con el cambio de gobierno el primer reto ambiental de la administración Figueres fue resolver el conflicto con la Ston. Pronto se dan las primeras reuniones entre la AECO y el nuevo ministro de Ambiente, René Castro, para buscar una salida al problema. En ese momento se forma un comité de análisis y replanteamiento de la autorización concedida a Ston Conteiner y sus subsidiarias, en el que participa la AECO y otros actores institucionales. Luego de un proceso de negociación, en octubre de 1994 se logra un acuerdo histórico y la Stone Container acepta la reubicación del proyecto en Cerro Partido o Punta Purrujas, cerca de Golfito. El acuerdo fue precipitado porque la Contraloría rechazó el contrato entre Ston Forestal y el gobierno costarricense por la construcción del muelle en sector de Mogos.

Estos hechos marcaron para siempre muchas vidas, tuvieron repercusiones a todos los niveles y dimensiones. Por un lado, la campaña exitosa fue semilla de muchas otras más que vinieron y que usaron de modelo de inspiración y por otro lado terminó de desmembrar a AECO para dar paso a otro tipo de organicidad social, para las familias hubo muchos impactos que hoy siguen presentes. Un gran dolor, incertidumbre, miedo y luto envolvió a gente muy cercana que simplemente no pudo superar estos hechos.

Hoy, 27 años después, se les sigue queriendo y recordando de muchas formas, siguen presentes siempre multiplicando la vida.

FOTO DE FAMILIA

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

En un primerísimo plano la imagen nos devuelve las caras sonrientes y seguras de un grupo familiar completo. El puctum, como llama Barthes, dirigido a captar la necesaria esencia de ese lugar de añoranzas, recuerdos y proyectos.

En la fotografía pareciera no existir tiempo ni espacio. Es solamente un momento histórico que quizá refleje para siempre la forma simple en que se tatuó en la memoria el significado de eso que llamamos coloquialmente estar juntos.

No es este el espacio para discutir las esencialidades asignadas a los núcleos familiares, envueltos como están en procesos complejos, incompletos, a veces contradictorios. Pero valga la referencia sobre la imagen, el momento.

Recientemente fui invitado a conversar sobre migración centroamericana con un grupo de guías turísticos costarricenses. Propuse una serie de contenidos sobre las continuidades y las rupturas recientes en los procesos de movilidad humana.

Conversamos sobre fronteras, interrupciones y necesidades de las personas para emprender eso que tan glamorosamente algunos llaman “el proyecto migratorio” y que justamente puede ser definido como un acto último para sobrevivir, huir de la barbarie y la depredación de la violencia y los modelos económicos de los gobiernos regionales.

Ese éxodo que ha continuado a pesar de la clausura, la intensificación de las respuestas securitarias y como hemos comentado recientemente, la producción de hipérboles discursivas que colocan el acento en estigmatizar a la persona migrante tanto, al punto de compararla con el terrorismo y el narcotráfico, ha significado un hiato en la construcción de Centroamérica, un desgarre constante en su piel.

Como ejercicio final de la conversación con los guías turísticos propuse una pregunta que también he formulado en otros momentos en el marco de estas reflexiones: ¿qué objeto se llevaría consigo si tuviera que dejar su hogar de forma obligada? ¿Por qué?

La mayoría de sus respuestas tenían que ver con hacerse acompañar de una imagen, una foto de la familia. Las justificaciones fueron variadas, pero acudían a nombrar la fuerza que da ese concepto para seguir adelante: motor, motivación, razón.

Como hemos dicho ya en varias oportunidades, la vera del camino que van construyendo las personas centroamericanas en contextos de movilidad se convierte en un museo de fósiles en el que cientos de miles de objetos y pertenencias son encontrados. Entre ellos, si, fotografías familiares que alguna vez aprisionaron contra sus pechos para tomar valor y salir adelante.

Las narrativas de los medios de comunicación empresariales nos devuelven a menudo lecturas homogenizantes sobre las movilidades humanas. Una forma de cuestionarlas es preguntarse por esas subjetividades y biografías significantes que son más que estadísticas. Es un paso necesario, absoluto, hacia la empatía.

 

Imagen: https://departamento19.hn

Huellas de Pablo Richard

El pasado 20 de septiembre de 2021, se dio a conocer la triste noticia de la partida de Pablo Richard.

Llantos, palabras no dichas, manos y corazones llenos de gratitud. Mensajes y palabras que no fueron suficientes para expresar el cariño, amor y reconocimiento a Pablo.

Al conmemorar un mes de su muerte, se busca reunir a algunas personas y organizaciones con las cuales Pablo Richard compartió su vida, haciendo memoria, reconociendo sus huellas y reafirmando el compromiso con las causas que dieron sentido a su legado.

¡Únase a este gran canto de acción de gracias!

Día: miércoles 20 de octubre 2021

Hora: 4 p.m., hora de Centroamérica

Organiza: Departamento Ecuménico de investigaciones

Invitan: Amerindia, Hogar de la Esperanza y RIBLA

La transmisión será por el Facebook Live del Departamento Ecuménico de Investigaciones

Puede seguir el evento en el siguiente enlace: https://fb.me/e/4LEIhX7Eo

 

Compartido con SURCOS por DEI, Departamento Ecuménico de Investigaciones.

Exigimos debido respeto a don Braulio

Por Freddy Pacheco

La memoria de don Braulio Carrillo, Benemérito de la Patria, merece respeto. Por haber creado el Estado soberano e independiente, al separar a Costa Rica de la República Federal de Centroamérica el 14 de noviembre de 1838 (hace 183 años), merece respeto. 

su inmensa obra en lo jurídico, político, fiscal, hacendario y económico, cimientos del nuevo Estado libre que nos enorgullece, merece respeto Por haber consolidado con muy buen tino, a San José como la ciudad capital de Costa Rica, merece respeto.

 Por haber convertido a Puntarenas como la ciudad portuaria comercial de Costa Rica en el litoral Pacífico, merece respeto. Por haber redactado el primer código jurídico de Costa Rica, merece respeto. Por haber organizado los Tribunales de Justicia, merece respeto. 

Por haber tenido la visión de promover el cultivo del café como producto de exportación, merece respeto. Por haber tratado de comunicar el valle central con el litoral Caribe, a través de las enmarañadas montañas de esa vertiente, merece respeto.

Por eso y mucho más, los compatriotas agradecidos dedicaron a su memoria un parque urbano que lleva su nombre, donde se levanta un muy sencillo monumento con su egregia figura. Monumento y nombre del parque que obviamente también merecen respeto. Solo por común ignorancia se puede tratar de irrespetar su memoria, cuando más bien hemos de esforzarnos por exaltar la figura de este otro gran costarricense, para que las nuevas generaciones respeten su memoria y la sangre patriótica que corre por nuestras venas, se manifieste con el sentimiento de agradecimiento que don Braulio merece.

Información compartida con SURCOS por Freddy Pacheco León.

Imagen tomada de Museo Nacional de Costa Rica

Celebrar el 4 de julio

¿Qué representa el obelisco del parque de Cartago? ¿Qué se celebra el 4 de julio? ¿Quién es Pablu Presberu? Parecen preguntas ajenas entre sí.

Osvaldo Durán-Castro (Sociólogo Y Profesor ITCR)

El 4 de julio del 2012 el Semanario Universidad publicó un artículo del sociólogo Osvaldo Durán-Castro en el cual formula las siguientes preguntas: «¿Qué representa el obelisco del parque de Cartago? ¿Qué se celebra el 4 de julio? ¿Quién es Pablu Presberu?» Por la vigencia del texto, SURCOS lo reproduce e invita a leerlo y compartirlo:

Si buscamos el significado del obelisco de la “plaza mayor” de Cartago, aparece de primero la respuesta de la “historia oficial”: representa la unión entre los poderes eclesiástico y político; explicación que rima con la condición planetaria exclusiva –a no ser por el propio Vaticano- de Costa Rica como Estado confesional aliado al catolicismo. Tal unión “colonial” mantiene tradiciones y acciones ceñidas en el conservadurismo.

Si preguntamos, supongamos que a gente medianamente informada, qué se celebra el 4 de julio, muchas personas contestarán que “la independencia de América”. Así: “América”, de donde son los “americanos”, distintos a la gente del resto del continente. Algo que abona para hacer realidad el delirio del Presidente William H. Taft de los Estados Unidos, de tener 3 banderas: una en el Polo norte, otra en Canal de Panamá y otra en el Polo sur, para recordarnos que ellos son “moralmente” y por “superioridad racial”, los dueños de este continente.

Y si preguntáramos quién es Pablu Presberu, es casi seguro que muy poca gente daría una respuesta acertada, pues este nombre nunca ha sido expuesto a profundidad, y si lo fue en alguna rápida mención en la primaria o el colegio, es probable que haya sido borrado a falta de “uso” y necesidad. Pareciera que se logró borrar de la memoria colectiva la sangre indígena.

El “ñak”, palabra cabécar que significa encuentro o conjunción, entre las preguntas puede resultar impensable, pero no es así si aceptamos la historia real y la multiculturalidad costarricense. Desgraciadamente nos estancamos en una versión de la vida de herencia colonial, inquisidora y eclesiástica, reforzada por el neocolonialismo moderno. Ambas visiones, antigua y moderna, refuerzan el racismo, la negación de la-os otra-os, y hacen pensar que la gente “no blanca”, ya sea indígena, negra, o simplemente distinta, es salvaje, incivilizada, infiel, hereje, inferior, chola.

El 4 de julio es el aniversario del asesinato de Pablu Presberu. Fue exhibido encima de un caballo por las calles de Cartago, con un pregonero gritando sus crímenes, amarrado a un palo y fusilado con arcabuz. Luego fue decapitado y su cabeza fue “puesta en el alto para que todos la vean en dicho palo”, según reza la sentencia del entonces Gobernador de su madre patria –y la iglesia católica- Lorenzo A. de Granda y Balbín. (Tatiana Lobo Wiehoff, autora de Asalto al paraíso, posee una copia completa de esta sentencia, y también puede verse una transcripción en el libro “Indios, reducciones y el cacao” de León Fernández. 1976. ECR). Esa cabeza clavada en un palo, subida y exhibida en la plaza mayor de Cartago, era para que herejes y rebeldes supieran del poderío de la iglesia católica y de España. Casualmente la cabeza de Lev Traru –Lautaro- el guerrero indígena chileno, también fue clavada y exhibida en una “pica” en 1557, y la de Tupac Amaru igual en 1781 en Ecuador, pero luego de que le arrancaron la lengua e intentaron, sin éxito, descuartizarlo jalándolo con 4 caballos.

Ciertamente “Pablo Presbere y otros aliados suyos, indios bárbaros infieles de las montañas de Talamanca”, según el gobernador, dieron muerte a curas y soldados (unos diez) y quemaron iglesias, para que Arä, nombre real de la región, nunca fuera conquistada. Pero esas muertes son incomparables con el exterminio por esclavitud y asesinato de la población originaria. Esa masacre se mantiene en la memoria indígena, y ha sido recuperada en parte por la historia crítica, y en la mejor obra sobre el tema que es libro Tatiana Lobo Wiehoff.

Hace 302 años Pablu, “Rey de las Lapas”, fue asesinado. Ese crimen nunca ha sido reconocido como tal, sino más bien “suavizado” y hasta negado por la historia oficial. Ahora los territorios y pueblos indígenas siguen enfrentando invasiones: represas como las que el ICE ha querido construir en Pacuare, en Térraba o en el río Duchí. A las represas se suman exploraciones petroleras, mineras y biopiratería, y prácticas productivas y comerciales que explotan a la tierra y a la población originaria. Mientras tanto mucha gente blanca piensa que “no hay” o “casi no hay indios” y que con llevarle a esos “pobrecitos” vacunas, juguetes plásticos en navidad, cuadernos y unas bolsas de fideos, arroz y azúcar, se arregla su “miserable” existencia.

Pero ante ese sino mucha gente indígena está recuperando su cultura y sabiduría y no quiere que se le tenga como miserable y despojada. Cuando se recorre Arä hasta sus cimas en Alto Urén, Coen, Lari, cuando se camina por las calzadas en el sagrado SuLayӧm o en sus ríos, Presberu sobrevuela de muchas formas sensoriales, espirituales y materiales. En territorios Cabécar y Bribri desde Pacuare, Duchí, Telire, Lari y otros ríos, y en los valles y montañas entrecruzadas que se tocan con el atlántico sur, no ha muerto el más indómito indígena y anticolonialista de Costa Rica.

Ojalá este país se permitiera un destello de decoro y vergüenza con su propio origen, para que esa “pica” de exhibir cabezas conocida como “obelisco”, sea derribada (o al menos escondida), para recuperar un poco de dignidad y para que el 4 de julio tenga sentido costarricense. Tal vez ese día las lapas quieran retornar a Cartago.

 

Imagen tomada de la página de la UCR.