Un homenaje a cuatro mujeres indígenas defensoras de sus pueblos, relatos de historias cabécares, bribris y bruncas, y talleres de artesanías forman parte del V Festival Intercultural Indígena, que se realizó este miércoles 16 de octubre de 2019 en la UNA
Con una presentación del Movimiento Estudiantil Indígena de la Universidad Nacional (UNA) arrancó el V Festival Intercultural Indígena, el miércoles 16 de octubre a las 9 a.m. en la Plaza de la Diversidad del Campus Omar Dengo, en Heredia.
Organizado por el movimiento estudiantil y el Plan para Pueblos Indígenas, en el evento se rendirá homenaje a cuatro mujeres indígenas reconocidas por su trayectoria y aportes para la defensa de sus pueblos y territorios.
El homenaje lo recibieron las indígenas Faustina Torres, mujer bribri productora de cacao bajo el sistema ancestral, el cual permite la conservación del suelo que provee la alimentación; Fidelia Rivera, artesana especializada en xilografía y grabado, proveniente del territorio Térraba-Brorän, en Buenos Aires de Puntarenas; Higinia González Maroto, del territorio indígena Boruca, en la zona sur, quien a través de sus tejidos contribuye al rescate de las costumbres ancestrales; y María Dominga Lázaro, artesana de la comunidad indígena de Rey Curré.
Además, el público pudo disfrutar de talleres de jícaras y de tejido y máscaras borucas, así como juegos tradicionales, relatos de historias e idioma cabécares y bribis y presentación cultural brunca.
A lo largo del día, hubo demostración de comidas tradicionales y artesanía boruca, térraba y bribri.
El festival indígena se realiza anualmente con el fin de generar un espacio que permita compartir las expresiones culturales de estudiantes indígenas hacia la comunidad universitaria y nacional.
Durante los festivales anteriores se ha rendido homenaje a una persona indígena que ha aportado en la garantía y defensa de los pueblos y territorios. Este año, en el marco de la conmemoración del Día de las Culturas y en consonancia con la celebración del Año Mundial de las lenguas indígenas y de la declaratoria universitaria por la Igualdad, Equidad y No violencia de Género, se dedica el evento a estas cuatro mujeres indígenas que han aportado a la defensa de la identidad, el territorio y la cultura de los pueblos indígenas del país.
***Mayores detalles con Paulina Torres, del Plan para Pueblos Indígenas al 2277-3974 o en la Oficina de Comunicación 2277-3067.
Imagen ilustrativa de mujeres indígenas de Rey Curré.
Ponentes resaltaron la variedad de perspectivas que aportan las mujeres a la academia latinoamericana
Entre los aspectos señalados por las expositoras, figuró la necesidad de dar espacio a mujeres académicas en las bibliografías que se utilizan en los cursos universitarios. (Imagen con fines ilustrativos), Foto: Karla Richmond.
Investigadoras de diversos países latinoamericanos afirmaron que sus aportes no cuentan actualmente con un adecuado reconocimiento por parte de la comunidad académica y que la cultura patriarcal pone trabas a las mujeres para reconocerles sus logros académicos y profesionales.
Esta aseveración se dio en el marco del 40 aniversario del Programa de Posgrado en Sociología de la UCR, celebración que motivó la realización de diversos espacios de debate y análisis en torno al ejercicio de la sociología en el país.
La investigadora uruguaya Ana Laura Rivoir afirmó que como parte de las expresiones de discriminación que viven las mujeres, se ven obligadas a trabajar más en busca de recibir un reconocimiento mínimo o, en muchos casos, no recibirlo.
“Las mujeres muchas veces tenemos que esforzarnos como mínimo el doble que un hombre para recibir un reconocimiento similar o incluso a veces no recibirlo y digo el doble por ser generosa, porque algunas se esfuerzan mucho más. Las mujeres tienen más obstáculos por culpa de la discriminación” aseguró Rivoir.
Ana Laura Rivoir es actualmente presidenta de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) y docente del Departamento de Sociología de la Universidad de la República de Uruguay. Foto: Anel Kenjekeeva.
Por su parte, la chilena-alemana Paula Irene Villa indicó que la problemática del machismo en la academia es palpable alrededor del mundo, pues en culturas como la alemana, el machismo genera que la sociedad sienta el derecho de influenciar decisiones que pertenecen a la privacidad de las mujeres.
“En Alemania se considera tener familia y ser una mujer profesional como condiciones mutuamente exclusivas, o se hace una carrera o se cuida a la familia. A la mujer en la academia le preguntan cómo hace para desprenderse de los hijos, pero al hombre no le preguntan eso” acotó la alemana-argentina.
La chilena-alemana Pauila Irene Villa es docente en la Universidad de Ludwig-Maximilian en Múnich, Alemania. Foto: Anel Kenjekeeva.
La docente de la UCR, Isabel Román afirmó que frente a esta problemática es vital que exista un reconocimiento del trabajo de las mujeres en la academia, pues ellas ofrecen nuevas perspectivas y análisis en el trabajo que se ha venido haciendo desde la mirada de los hombres.
“Las mujeres cambiamos las preguntas en el análisis, nos preguntamos cosas distintas. Tenemos la capacidad de reconocer y hacer públicos problemas que ha sido invisibilizados, como por ejemplo la violencia doméstica” subrayó la docente.
En este espacio de reflexión también participó el director de la Escuela de Sociología de la UCR, Allen Cordero, quién señaló la importancia de la convivencia de hombres y mujeres en la academia, de manera que pueda existir un aprendizaje mutuo.
“Es necesario que todos estemos en un aprendizaje permanente, uno debe estar abierto a las críticas y a mejorar. En el ámbito académico interactuamos hombres y mujeres y aprendemos juntos, por eso debemos velar por una situación más equitativa” concluyó el director.
La socióloga Isabel Román es profesora del Posgrado en Sociología de la UCR y coordinadora del estado de la educación en el programa Estado de la Nación.
Mujeres fueron pioneras en el desarrollo de la sociología en Costa Rica
Como parte de este diálogo, la socióloga y docente de la UCR, Ana Cecilia Escalante, compartió los resultados del análisis que realizó respecto al papel de las mujeres en la academia como investigadoras y pioneras en el estudio de la sociología en nuestro país.
Escalante aplicó encuestas a mujeres graduadas del bachillerato en antropología, sociología o psicología en la UCR; carreras que para la década de los años 60 estaban dentro de la Facultad de Ciencias del Hombre.
“Nosotras recibíamos una educación muy interdisciplinaria, aunque estuviésemos estudiando sociología llevábamos muchas bases de antropología y psicología” aseguró la ponente.
Escalante cuenta con una larga carrera como docente en la Universidad de Costa Rica (UCR) donde ha impartido más de 15 cursos entre grado y posgrado. Foto: Anel Kenjekeeva.
Escalante resaltó en su ponencia a la profesional Isabel Wing-Ching, quien en 1969 se convirtió en la primera mujer en graduarse del bachillerato en sociología de la UCR. Posterior a ella, egresaron entre 1973 y 1974, Cathryn Pattison, Beila Zider, Bárbara Ehrics, Liliana Herrera y la misma expositora Escalante.
Entre los aportes más importantes de estas pioneras la expositora resaltó su crucial papel en el desarrollo de una visión crítica para el reconocimiento de la dominación del patriarcado en la cultura costarricense.
“Los movimientos sociales de liberación femenina le deben una cuota importante a la Escuela de Sociología que, desde diferentes enfoques, supo plantear las investigaciones sobre las cuales fueron fundadas las luchas sociales” concluyó Escalante.
Róger Bolaños Vargas
Asistente de Prensa, Oficina de Divulgación e Información
Este martes 24 de septiembre el Observatorio de lo Religioso y los Posgrados de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la UNA, organizaron la conferencia basada en el tema de “Violencia de género desde los mandatos religiosos”, la cual estuvo a cargo de la teóloga Carina Vargas, quien ha basado su investigación en la experiencia con esposas de líderes religiosos en Perú, República Dominicana y Costa Rica.
La investigación de la teóloga está basada en cómo la violencia contra las mujeres se reproduce a partir de mandatos e interpretaciones religiosas: ¿Por qué? ¿Cómo funciona? ¿Qué alcance tiene en nuestra cultura? ¿Qué alternativas existen?
Dolores Figueroa visitó la Universidad de Costa Rica para analizar el papel de las mujeres indígenas nicaragüenses a lo largo de los últimos 40 años de revolución
La investigadora mexicana es docente en la Universidad de York, Canadá. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
La investigadora mexicana Dolores Figueroaha investigado profundamente las culturas indígenas de la costa caribe de Nicaragua, con un especial énfasis en las problemáticas que afectan a las mujeres indígenas de esta área.
La socióloga retrata en sus trabajos la violencia que sufren constantemente los pueblos indígenas, quienes han sido masacrados y desplazados de sus tierras históricamente como resultado del contexto de crisis política que enfrenta su país.
Según Figueroa los pueblos indígenas han resentido no sólo el abandono que sufren por parte de los gobiernos, sino también las mentiras de jerarcas actuales para mantenerse en el poder mientras pagan el precio los pueblos autóctonos.
La académica visitó la Universidad de Costa Rica (UCR) con motivo del encuentro “Nicaragua 1979-2019: de la revolución a la insurrección”, organizado por el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) tanto en la Sede Rodrigo Facio como en las sedes de Occidente y el Pacífico.
– Muchas veces no se toma en cuenta a las poblaciones indígenas a la hora de analizar la crisis nicaragüense, mucho menos a las mujeres indígenas ¿Cómo ha impactado este contexto a las mujeres indígenas? ¿Cómo viven ellas esta crisis?
– Dolores Figueroa (DF): “El tema es que cuando hablamos de la crisis actual de Nicaragua es importante tomar en cuenta que la violencia que sucede hoy en día tiene efectos muy claros y en el caso de las mujeres indígenas de la costa atlántica está relacionado con la falta de acceso a la tierra y a procesos internos de desplazamiento muy fuertes”.
Con esto hago referencia a la invasión a las tierras comunitarias indígenas en gran parte de la costa norte de Nicaragua sobre todo en territorios ancestrales del pueblo Miskito. Se dan encontronazos de violencia en el momento que pobladores campesinos mestizos en busca de un lugar dónde vivir invaden tierras indígenas, porque ellos perciben que son territorios que no son de nadie.
Algunos de estos campesinos van sólos o con familia, pero otros también van auspiciados por algunas fuerzas políticas y parte de esa gente va armada, entonces van empujando a los comunitarios que usan esas áreas y sus recursos naturales para su subsistencia.
Las mujeres son afectadas porque ya no pueden ir a las fincas, ya no pueden ir a recolectar frutos, si van a los ríos a pescar son secuestradas, son hostigadas o son violentadas. A las mujeres se les limita su libertad, se infringe violencia a sus cuerpos.
Los que se quedan en las comunidades son los líderes varones, las mujeres, los ancianos y los niños son desplazados a otros lados que se consideran más seguros, entonces las comunidades comienzan a moverse de manera forzada cada vez más hacia la costa o buscan refugio en cascos urbanos.
Ha habido también un gran acercamiento por parte de defensores de derechos humanos costeños que están tratando de hacer visible el reclamo de paz de estas familias.
– ¿Cómo se expresa la violencia hacia las mujeres indígenas actualmente? ¿A cambiado en algo en los últimos años?
– DF: Yo tengo la perspectiva de que es importante segmentar los hitos históricos en estos 40 años, es un lapso de tiempo muy grande. Para hablar de la afectación de las mujeres indígenas en la costa atlántica es importante hacer una distinción entre la guerra revolucionaria de los ochentas y la guerra de hoy.
La revolución de los ochentas fue un clima de total hostilidad con presencia militar en las comunidades, donde la gente vivió en carne propia desplazamiento, tortura y hostigamiento debido a la presencia de militares que limitaban su libertad y se sospechaba de ellos por ser indígenas y por supuestamente representar un apoyo para la contra revolucionaria. Todo esto fue propio de la guerra de los ochentas.
Sin embargo, al terminar el conflicto de los ochentas mucha gente intentó reconstruir los daños, recuperarse espiritualmente, en especial los comunitarios indígenas que vivían a lo largo del río Coco (o río Wanki en Miskito), fueron familias que perdieron personas y nunca volvieron a estar unidos. Esa vida anterior no fue posible reconstruirla.
Ocurrió también que alzaron los índices de alcoholismo, drogadicción, o incluso violación en los hogares indígenas. Todo esto fueron manifestaciones de la violencia hacia la mujer.
– ¿Qué postura toman las poblaciones indígenas en el contexto de insurrección actual? ¿Buscan tener un rol activo o prefieren mantenerse distantes?
–DF: Desde 2007 cuando el frente sandinista volvió a tomar poder en el gobierno, se empezó a implementar una nueva política hacia la costa atlántica que descansó en alianzas estratégicas con YATAMA (partido político del pueblo Miskito).
YATAMA controla el 35% del electorado en la costa atlántica, entonces a principios de la campaña electoral hicieron una alianza con Daniel Ortega, quien aseguraba el voto indígena a su favor y ganaba el poder, tal como ocurrió.
Daniel fue al río a pedir disculpas por el enfrentamiento que sucedió en los ochentas y los simpatizantes de YATAMA votaron por él. Pero una vez que llegó al poder él empezó a implementar mecanismos de control político en la costa atlántica, es decir, a violar sistemáticamente el principio de autodeterminación y autonomía política de los pueblos de la costa.
Lo que han vivido los pueblos costeños es como un robo por parte del frente y eso a generado otras dinámicas como que gente del pueblo costeño esté metida en toda una dinámica de especulación de tierras y son tierras indígenas que deberían ser reserva ecológica pero están siendo vendidas a particulares.
Los costeños se oponen a estos procesos con los medios que ellos conocen: denunciar, oponerse y sufrir en carne propia. Ellos denuncian que hay grupos de campesinos mestizos que llegan armados y los obligan a desplazarse.
Ahora bien, en el contexto de las crisis del 2013, los medios de comunicación pusieron mayor énfasis en lo que pasaba en la costa del pacífico, en la figura de los estudiantes en la manifestaciones públicas, lo cual está muy bien porque así el mundo supo del autoritarismo de Daniel.
Pero por otro lado ese enfoque en el pacífico de alguna manera deja en segundo plano lo que sufren los pueblos indígenas de la costa atlántica, es decir, no se conoce, no se sabe, es una situación compleja y además es una región aislada y de escasos recursos. Nadie lo ve.
Róger Bolaños Vargas
Asistente de Prensa, Oficina de Divulgación e Información
Experta en feminismo africano inauguró el Primer Encuentro de Escritoras Afrodescendientes en la UCR
“La literatura ha sido llamada no sólo a demostrar las grandes ausencias históricas, sino también las presencias desdibujadas y maltratadas de los africanos y africanas alrededor del mundo” afirmó la poeta costarricense Shirley Campbell Barr, quien inauguró el Primer Encuentro de Escritoras Afrodescendientes.
El espacio, celebrado en la Universidad de Costa Rica (UCR) del 20 al 23 de agosto, convocó a mujeres afrodescendientes de diversos países latinoamericanos como Honduras, Puerto Rico y Colombia, quienes al igual que Campbell, reconocieron la necesidad de reescribir su historia.
Según la antropóloga feminista, los pueblos afrodescendientes siguen en busca de un hogar, pues las condiciones de esclavitud que vivieron en el pasado parecieran haberles condenado a ser vistos como extranjeros y extranjeras en sus propios países, en los que no se ha reconocido su existencia.
Campbell afirmó que la exclusión experimentada por el pueblo afrodescendiente se refleja en la literatura, donde su historia, su cultura y sus aportes ha sido invisibilizados históricamente, a partir de narraciones realizadas por personas que nos les representan y con las que por supuesto, no se identifican.
La escritora aprovechó la ocasión para narrar historias de varias de sus amigas afrodescendientes nacidas en diversos países latinoamericanos, como “ejemplos de historias de lucha y justicia que están ahí, pero nadie las cuenta”, mujeres con la que afirmó compartir una historia ancestral y la necesidad de ser reconocidas y escuchadas.
La poeta enfatizó la importancia de que las mujeres afrodescendientes vuelvan a escribir su historia como una forma de combatir las diversas expresiones de racismo y exclusión que siguen presentes en la vida cotidiana de muchos países de la región como es el caso de Argentina y Brasil, donde residió las vivió en carne propia.
“Todavía nos cuesta hablar de racismo y si no empezamos a hablar de racismo nada va a cambiar. Tenemos que escribir porque nos toca reescribir nuestras historias y cambiar la historia para todos y para todas” sentenció.
Espacio articula esfuerzos institucionales y civiles
Marva Spence Sharpe, coordinadora académica de la actividad y representante de la Cátedra de Estudios de África y el Caribe (CEAC) de la UCR, afirmó que “hay mucho que escuchar y mucho que aprender de mujeres que escriben sobre historias de resistencia, exclusión, sabiduría femenina, restate y reconocimiento cultural“.
El Encuentro dio lugar a conferencias magistrales, que se complementaron con espacios lúdicos como las noches de diálogos poéticos, para facilitar el acercamiento y la articulación de esfuerzos y de luchas entre la institucionalidad y la sociedad civil.
La inauguración del espacio contó con la asistencia de representantes de diversas instancias que, al igual que la UCR, suman esfuerzos para erradicar la discriminación y la exclusión de los pueblos afrodescendientes en el ámbito nacional e internacional.
La representante de la Sedes Regionales ante el Consejo Universitario de la UCR, Patricia Quesada Villalobos celebró la consolidación de la iniciativa como un espacio de lucha contra el “colonialismo que ha pintado de colores el valor de ser mujer para dividir”.
La activista Angie Cruinkshank Lambert, coordinadora de la Alianza Latinoamericana para el Decenio Afrodescendiente (ALDA), destacó el valor del arte y la literatura como campos de lucha y resistencia contra el racismo y la exclusión.
A criterio de la abogada, es necesario recuperar la historia y visibilizar la fuerza y la riqueza de la cultura afrodescendiente, “que da contenido a los esfuerzos por el reconocimiento constitucional del carácter multiétnico y pluricultural de los estados latinoamericanos”.
Por su parte, Caroline Munier de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señaló el compromiso de la institución que representa para promover en Costa Rica el conocimiento de la herencia cultural del pueblo afrodescendiente.
Munier no dudó en reconocer el valor de la cultura y la creación literaria como mecanismos para “conocer más del mundo y de la realidad, favorecer la construcción de sueños e ideales y reescribir la historia, una historia de reconocimiento e inclusión”.
¿Pueden los deportes para mujeres reducir la violencia de género?
Mujeres quienes practican un deporte dicen que se sienten mejor de salud y tienen mejor autoestima. Unos estudios muestran que el deporte empodera la mujer. Lakshi Puri, de ONU Mujeres, dice que el deporte enseña liderazgo, a pensar estratégicamente y también mejora la autoestima. Maria Bobenreith, fundadora de Women Win, una organización para promover deportes para la mujer, dice que el deporte muestra que la mujer puede ser femenina y ser fuerte física y mentalmente. Por el deporte la mujer se siente fuerte, libre y capaz de lograr sus metas.
Un artículo publicado por el Comité Olímpico Internacional dice que el deporte es una herramienta para el empoderamiento de las mujeres porque les da habilidades para ser agentes de cambio y también cambiar los estereotipos en relación con la mujer.
Los deportes pueden ser de equipo o individual como caminatas, natación, ciclismo. Un deporte puede ser competitivo o para relajar. Zumba, aeróbicos y porrismo también son deportes que les da la fuerza y auto estima.
En un proyecto de LIMPAL (Liga Internacional de Mujeres pro Paz y Libertad) entrevistamos a mujeres deportistas de varias edades y deportes. Mujeres de la tercera edad que nadan y practican aeróbicos. Mujeres madres que juegan futbol y practican ciclismo. Meche, de 32 años, empezó con aeróbicos y zumba para superar una depresión. Nació en Nicaragua en una familia humilde. Ahora ella enseña (guía) clases de zumba en Alajuela y Heredia. Cuenta que a partir de esta experiencia, cambió su vida física y espiritualmente y ve que las mujeres en sus clases ganan más confianza, más independencia, forman amistades y tienen más autoestima.
También en nuestro estudio encontramos que la mayoría de las mujeres quienes practican un deporte hoy, practicaron un deporte de niñas. Por eso es importante que las niñas tengan oportunidad de practicar un deporte o actividad: para su salud física y desarrollar más capacidades como niñas en las zonas, tanto en zonas urbanas como rurales.
Hoy, las mujeres tienen más deportes a su alcance. Hay programas privados y públicos con ICODER, polideportivos y gimnasios. Artes marciales y boxeo también atraen a las mujeres. Mujeres deportistas costarricenses han ganado honores y premios internacionales en futbol, atletismo, esgrimas, surf, boxeo, y natación. Y muchas jóvenes quieren practicar un deporte o mejorar sus habilidades. ¿Pero dónde está el apoyo? ¿Dónde está la publicidad y promociones? ¿Canchas y vestidores para las mujeres? ¿Patrocinadores?
¿Cómo puede ser que los programas de deportes en televisión exponen todas las noticias de la Copa de Oro, Copa América, Champions’ League, y futbol de Europa y el resto del mundo, pero NADA de la Copa Mundial de Futbol femenina que se realizó en Francia? No pueden dedicar ni cinco minutos para las deportistas.
¿Cómo puede ser que todo costarricense reconoce el nombre de Keylor Navas, pero pocos reconocen el nombre de Shirley Cruz, aunque sus carreras son casi iguales?
Es importante para las mujeres poder ingresar a programas y prácticas que les dan la fortaleza para superar el miedo, la timidez, el acoso y que puedan combatir la violencia en la calle y en el hogar. Los programas de deporte de mujeres necesitan más publicidad y apoyo para que cada mujer pueda participar, sin importar su edad, condición física o económica.
El parque La Sabana es un ejemplo para que todas y todos puedan practicar deporte. Pero las comunidades, cantones, distritos, asociaciones de desarrollo, donde hay comités de deportes, necesitan dar espacio, apoyo y ánimo para todas las personas, en las canchas y salones comunales y acceso a fondos para uniformes, entrenadores, transporte. Esto es para conseguir una comunidad y un país más fuerte e igualitario.
Y no olvidamos las niñas que, en las escuelas y lugares de recreación, también les gusta jugar bola, montar bici, brincar suiza y otras actividades para mejorar agilidad, ambos, física y mentalmente.
Nosotras, las mujeres de LIMPAL, creemos que podemos conseguir más igualdad si los medios de comunicación presentaran al menos una página dedicada a los deportes practicados por las mujeres y que los programas de deporte en televisión presentaran más deportistas femeninas todos los días. Y además, que los eventos mundiales o regionales de mujeres deportistas reciban la misma difusión que los eventos de hombres.
LIMPAL, Liga Internacional de Mujeres pro Paz y Libertad fue fundada en la Haya en 1915 por mujeres de muchos países, con interés en la paz y los derechos civiles. La sección de Costa Rica fue fundada en 1981. Contáctenos por peacewomen@gmail.com, o limpalcr@yahoo.es.
Aunque el concepto de movilidad suele vincularse únicamente con el desplazamiento desde un punto hasta otro, su complejo ejercicio cotidiano en el espacio urbano impacta de forma diferente a las mujeres y reta la toma de decisiones gubernamentales.
El pasado 25 y 26 de junio se realizó en el Pretil de la UCR una colecta de víveres para las mujeres jefas de hogar que mantienen una toma de tierras en Siquirres.
El 20 de junio de 1949, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó el derecho de las mujeres a ejercer el voto y a participar en la vida política del país, hecho que marca un antes y un después para el avance de los derechos políticos de las mujeres en Costa Rica.
El Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) se transformó al Instituto de Desarrollo Rural (Inder) en el 2012. Este cambio marcó el rumbo de las nuevas formas de intervención estatal en el campo en cuanto a la distribución de tierras: pasó de la conformación de asentamientos campesinos como salida a conflictos por la tierra al otorgamiento de arriendos condicionados con base en proyectos productivos