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Etiqueta: mujeres

A un año de la declaratoria de Colectivas Universitarias

#LaEmergenciaContinúa

Las colectivas feministas de las universidades públicas: Universidad Nacional, Universidad de Costa Rica, y el Tecnológico de Costa Rica nacen en el año 2018 con el objetivo de visibilizar la violencia de género en las distintas universidades, principalmente el acoso sexual hacia estudiantes. Gracias a la organización de muchas estudiantes, mediante diferentes campañas en redes sociales con los hashtag: #MePasóEnLaUNA, #MePasóEnLaUCR, y #MePasóEnElTec se logró visibilizar la violencia sistémica de género que se encubren en las diferentes universidades, y es de esta forma que las colectivas logran acuerpar y acuerparse mediante diferentes espacios de incidencia y de toma de decisión en la búsqueda de espacios seguros de estudio, así como la erradicación de la violencia de género en todos sus niveles mediante la denuncia, la organización y el acompañamiento entre mujeres estudiantes.

Las condiciones de estudio para los cuerpos feminizados en las universidades públicas se encuentran en crisis desde hace muchos años, con un panorama bastante desfavorable, donde para el caso de la UCR según los datos estadísticos de la Comisión Institucional Contra el Hostigamiento Sexual en el 2019 se presentaron 15 denuncias todas interpuestas por mujeres, donde las personas denunciadas corresponden en su mayoría a hombres. Además, según datos suministrados por el CIEM, una de cada cinco mujeres en la UCR ha vivido alguna situación de hostigamiento sexual. Por otro lado, desde la Colectiva Me Pasó En La UCR se han recopilado más de 280 testimonios de hostigamiento sexual, en los cuales incluso se encuentran testimonios de personas egresadas de hace años, dejando en evidencia cómo esta problemática ha sido histórica y el cómo las instituciones académicas no están exentas de reproducir violencia contra nosotras.

Asimismo, la Universidad Nacional, pese a contar con una política Institucional contra el Hostigamiento Sexual, según datos del el Instituto de Estudios de la Mujer, el 42.5% de las estudiantes mujeres de la UNA afirmaron haber sido objetas de hostigamiento sexual y violencia de género en ambientes universitarios. Además, la prevalencia del hostigamiento sexual en la población estudiantil de la UNA es del 35,8%. Lo cual refleja que una persona estudiante de cada tres, ha sido objeto de al menos una de las manifestaciones de acoso. Además es alarmante que actualmente el 100% de las denuncias interpuestas han sido por hasta el momento únicamente por mujeres.

En el caso del TEC desde la primera denuncia interpuesta en el 2003, se han denunciado formalmente a 22 personas, entre estudiantes, administrativos y funcionarios. Sin embargo, desde la campaña llamada Me Pasó en el TEC, realizada por la Comisión Feminista, solamente en el 2019 se recibieron más de 170 testimonios anónimos de mujeres víctimas de acoso y hostigamiento en la institución. A pesar de los grandes esfuerzos de la Oficina de Equidad y Género en este tema, muchas de estas denuncias no se formalizan debido al miedo, a la desinformación y al paso del tiempo establecido para poder denunciar.

Por lo tanto el 27 de mayo del 2019, las diferentes colectivas feministas de la Universidad Nacional, Tecnológico de Costa Rica y Universidad de Costa Rica nos unimos para realizar una Declaratoria de Estado de Emergencia ante la Violencia Sexual hacia las Estudiantes en Universidades Públicas.

Con esta Declaratoria denunciamos ante la comunidad nacional y universitaria que se atendiera de manera urgente la violencia persistente e histórica que se vive contra las mujeres en los campus universitarios de todo el país, así como la negligencia con la que las autoridades universitarias han manejado las denuncias y los casos de acoso u hostigamiento sexual contra las personas estudiantes.

Posterior a la Declaratoria de Emergencia, se logró visibilizar la problemática más allá de las universidades, a nivel nacional, obligando a las administraciones de las tres universidades a tomar acciones respecto al abordaje del acoso y hostigamiento sexual que se estaba presentando en dichas casas de enseñanza.

En el TEC, se logró desarrollar manuales de buenas prácticas, visibilización de la problemática a nivel interno, organizaciones de nuevas colectivas feministas, desarrollar campañas de denuncia y varias reuniones con el actual rector; así mismo, algunas escuelas se han comprometido y pronunciado en contra del hostigamiento sexual que enfrenta la universidad. A pesar de haber logrado avances en dicha materia, las mujeres del Tecnológico aún reciben comentarios machistas y sexistas a nivel público y privado, por tanto, se requiere más cambios que les aseguren una convivencia libre de machismo y patriarcado.

Para el caso del balance en la UCR, se logró la aprobación de una Reforma al Reglamento Contra Hostigamiento Sexual, además diferentes escuelas y órganos institucionales trabajamos en conjunto talleres, charlas, material informativo para visibilizar la problemática del hostigamiento sexual. Continuamos articulando con el Equipo Interdisciplinario Contra Hostigamiento Sexual y diferentes profesoras feministas para abordar el Hostigamiento Sexual desde una visión integral con cambios no solo legales sino también socioculturales.

Así mismo trabajamos en conjunto con algunas Asociaciones Estudiantiles charlas informativas para las inducciones de las personas nuevo ingreso abarcando: las definiciones, procesos de denuncia y órganos a los que acudir en caso de vivir una situación de hostigamiento sexual o sexismo a lo interno del campus.

Como parte de los alcances en la UNA, se han conformado espacios de análisis al reglamento interno contra el hostigamiento sexual como parte de las intenciones por atender nuestras petitorias de reforma al reglamento, y estos espacios se han nutrido de la participación de la colectiva, como también de estudiantes representantes ante el consejo universitario que acuerpan las propuestas de reforma al reglamento, en síntesis se perciben avances en la consulta a la toma de decisiones mediante espacios de trabajo y escucha que se han abierto mediante por ejemplo el IEM, y la fiscalía contra el hostigamiento sexual, además la visibilización de las denuncias dentro de las unidades académicas fue reforzada gracias a la incidencia en la declaratoria de estado de emergencia.

Sin embargo, para el caso de la UNA, no es suficiente tener los espacios abiertos de diálogo para la participación, o asesoramiento por parte del INAMU, ya que en un contexto de estado de alerta por la violencia sexual nuestra petitorias no se resuelven únicamente incidiendo en consulta, se necesitan las acciones específicas en la reforma al reglamento interno que aún se encuentra en discusión y en búsqueda de aprobación por parte de las autoridades universitarias, lo que genera no sólo incertidumbre con los compromisos que se asumieron responder ante la crisis, sino que evidencia que nuestra agenda sigue quedando en segundo plano, con o sin estado de emergencia. Por lo tanto, la deuda por garantizar espacios seguros de estudios y libres de violencia de género en las universidades y con sus estudiantes continúa.

Como parte de alcances de las colectivas en conjunto, en el año 2020 gracias a los diferentes espacios de incidencia que se alcanzaron con la declaratoria se presentó una iniciativa de proyecto de ley: ‘’Ley de apoyo a La Cultura de Denuncia Contra el Hostigamiento Sexual’’ 21.749, que en síntesis busca la reforma al artículo 38 de la actual ley contra el hostigamiento u acoso sexual en el empleo y la docencia, y en ese sentido ampliar el plazo de prescripción de las denuncias de 2 a 8 años.

Finalmente queremos recordar que, la lucha está lejos de terminar, hay muchas demandas y compromisos por cumplir, pero estas acciones nos acercan cada vez más a convivir en un ambiente universitario libre de violencia patriarcal, así como crear un espacio tanto universitario como nacional, más justo y libre de violencia. Les exhortamos a todas las personas a organizarse desde sus espacios y el animarse a la organización contra la violencia de género, como en el activismo dentro de las colectivas cercanas.

Hoy un año después, nosotrAs nos seguimos creyendo, nos seguiremos organizando, nos seguimos acuerpando, seguimos y seguiremos alzando la voz porque ya no hay títulos, maestrías ni doctorados que nos detengan, hoy estamos seguras que: Juntas somos más fuertes.

 

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Carta a la Ministra de la Condición de la Mujer y a la Junta Directiva del INAMU

Enlace para firmar abajo

14 de abril del 2020
Señora
Patricia Mora Castellanos
Presidenta Junta Directiva
INAMU

Junta Directiva
INAMU

Estimada señora y estimadas personas integrantes de la Junta Directiva,

Las integrantes del movimiento de mujeres y feminista abajo firmantes solicitamos se reconsidere el acuerdo de la Sesión de la Junta Directiva del INAMU mediante el cual se instruye a la administración a trasladar 4 mil millones de colones al Instituto Mixto de Ayuda Social, sin tomar en consideración las advertencias y recomendaciones de la Dirección Administrativa recogidas en el oficio INAMU-PE-DAF-158-2020 sobre el impacto que ello tendría en el funcionamiento regular de la institución ante la falta de liquidez producto de la reducción anunciada del 20% al 60% de los Fondos de FODESAF.

Solicitamos respetuosamente acoger la recomendación hecha por la Dirección Administrativa de hacer un traslado solidario de ₡1,200 millones del superávit institucional. Con esta medida se contribuye a paliar la crisis y sus efectos en las mujeres sin comprometer la estabilidad institucional.

Asimismo, instamos a la Junta Directiva del INAMU a considerar un mecanismo de administración conjunta de estos fondos con el IMAS, de manera que sean entregados efectivamente a mujeres que lo necesiten y no solo a las que se encuentran en extrema pobreza a las cuales se les financia con fondos regulares del IMAS.

Frente a la crisis generada por el COVID 19 y las repercusiones económicas y sociales, es el deber mantener a instituciones como el INAMU fuertes, sobre todo considerando que los recursos de FODESAF se han visto disminuidos y por lo tanto, las mujeres afectadas por situaciones de violencia, las de los territorios rurales, las indígenas, las empobrecidas arriesgan no encontrar un espacio para poder ser atendidas una vez concluida la pandemia.

Esta situación de confinamiento como medida sanitaria ha generado que muchas mujeres y niñas queden atrapadas en sus hogares con hombres agresores; ante los recortes laborales, son las primeras que ven sus jornadas disminuidas parcial o totalmente. Incluso la Organización de las Naciones Unidas ha recomendado fortalecer las labores de atención estatal a mujeres para poder salir adelante ante la pandemia.

Es nuestro deber como movimiento solicitar la reconsideración de este acuerdo, en la medida en que pone en riesgo el funcionamiento habitual de la institución y la labor que realiza en la lucha por la progresividad de los derechos humanos de las mujeres en toda su diversidad.

Muchas gracias, por su atención

Para firmar haga clic en este enlace

 

Enviado a SURCOS por organizaciones feministas.

Al Sur de la cuarentena

Boaventura de Sousa Santos

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Cualquier cuarentena es siempre discriminatoria, más difícil para unos grupos sociales que para otros. Es imposible para un amplio grupo de cuidadores cuya misión es hacer posible la cuarentena al conjunto de la población. En este texto, sin embargo, atiendo a otros grupos para los que la cuarentena es particularmente difícil. Son los grupos que tienen en común una vulnerabilidad especial que precede a la cuarentena y se agrava con ella. Esos grupos conforman lo que llamo el Sur. En mi concepción, el Sur no designa un espacio geográfico. Designa un espacio-tiempo político, social y cultural. Es la metáfora del sufrimiento humano injusto causado por la explotación capitalista, por la discriminación racial y por la discriminación sexual. Me propongo analizar la cuarentena desde la perspectiva de quienes más han sufrido debido a estas formas de dominación. En su conjunto, estos colectivos sociales constituyen la mayoría de la población mundial.

Selecciono unos pocos

Las mujeres. La cuarentena será particularmente difícil para las mujeres y, en algunos casos, incluso puede ser peligrosa. Las mujeres son consideradas “las cuidadoras del mundo”, predominan en el ámbito de la prestación de cuidados dentro y fuera de las familias. Predominan en profesiones como la enfermería o la asistencia social, en la primera línea de batalla de la prestación de cuidados a enfermos y ancianos dentro y fuera de las instituciones. No pueden defenderse en cuarentena para garantizar la cuarentena de los demás. También son ellas las que siguen estando a cargo, exclusiva o mayoritariamente, del cuidado de las familias. Puestas en cuarentena, uno podría imaginar que, con más brazos disponibles en casa, las tareas podrían estar más distribuidas. Sospecho que no será así frente al machismo que impera y tal vez se refuerce en momentos de crisis y de confinamiento familiar. Con los niños y otros miembros de la familia en casa durante las veinticuatro horas, el estrés será mayor y sin duda recaerá más sobre las mujeres. El aumento del número de divorcios en algunas ciudades chinas durante la cuarentena puede ser un indicador de lo que acabo de decir. Por otro lado, es bien sabido que la violencia contra las mujeres tiende a aumentar en tiempos de guerra y de crisis (y ha ido en aumento ahora). Una buena parte de esta violencia se produce en el espacio doméstico. El confinamiento de las familias en espacios pequeños y sin salida puede ofrecer más oportunidades para el ejercicio de la violencia contra las mujeres. Basándose en información del Ministerio del Interior, el periódico francés Le Figaro informaba el 26 de marzo de que la violencia conyugal había aumentado un 36% la semana anterior en París. El Ministro de Policía de Sudáfrica, Bheki Cele, informó el 2 de abril que en la primera semana de cuarentena se registraron 87.000 denuncias por violencia de género.

Los trabajadores precarios e informales, llamados autónomos. Después de cuarenta años de ataques a los derechos de los trabajadores en todo el mundo por parte de las políticas neoliberales, este grupo de trabajadores es globalmente predominante, aunque las diferencias de un país a otro son muy significativas. ¿Qué significa la cuarentena para estos trabajadores, que tienden a ser los más rápidamente despedidos cada vez que hay una crisis económica? El sector servicios, en el que abundan, será una de las áreas más perjudicadas por la cuarentena. El 23 de marzo, la India declaró la cuarentena durante tres semanas, afectando a 1.300 millones de habitantes. Teniendo en cuenta que en la India entre el 65% y el 70% de los trabajadores pertenecen a la economía informal, se estima que 300 millones de indios se quedarán sin ingresos. En América Latina, alrededor del 50% de los trabajadores se emplean en el sector informal. En África, por ejemplo, en Kenia o Mozambique, debido a los programas de ajuste estructural de los años 1980-90, la mayoría de los trabajadores son informales. La indicación de la OMS de trabajar en casa y en aislamiento es impracticable, pues obliga a los trabajadores a elegir entre ganarse el pan diario o quedarse en casa y pasar hambre. Las recomendaciones de la OMS parecen haber sido diseñadas pensando en una clase media que es una fracción muy pequeña de la población mundial. ¿Qué significa la cuarentena para los trabajadores que ganan día a día para vivir día a día? ¿Se arriesgarán a desobedecer la cuarentena para alimentar a su familia? ¿Cómo resolverán el conflicto entre el deber de alimentar a la familia y el deber de proteger su vida y la de ella? Morir de virus o morir de hambre, esa es la opción.

Trabajadores de la calle. Los trabajadores de la calle son un grupo específico de trabajadores precarios. Los vendedores ambulantes, para quienes el «negocio», es decir, la subsistencia, depende exclusivamente de la calle, de quienes transitan en ella y de la decisión, siempre impredecible para el vendedor, de detenerse y comprar algo. Hace mucho tiempo que los vendedores viven en cuarentena, en la calle, pero en la calle con gente. El impedimento de trabajar para quienes venden en los mercados informales de las grandes ciudades significa que potencialmente millones de personas ni siquiera tendrán dinero para acudir a las instalaciones de salud si se enferman o para comprar desinfectante y jabón para manos. Los que tienen hambre no pueden darse el lujo de comprar jabón y agua a precios que están comenzando a sufrir el peso de la especulación. En otros contextos, los uberizados de la economía informal que entregan alimentos y pedidos a domicilio garantizan la cuarentena de muchos, pero por eso no pueden protegerse con ella. Su «negocio» aumentará tanto como su riesgo.

Los sin techo o población de calle. ¿Cómo será la cuarentena para aquellos que no tienen hogar? Personas sin hogar, que pasan las noches en viaductos, estaciones abandonadas de metro o tren, túneles de aguas pluviales o túneles de alcantarillado en tantas ciudades del mundo. En los Estados Unidos los llaman tunnel people. ¿Cómo será la cuarentena en los túneles? ¿No han estado toda su vida en cuarentena? ¿Se sentirán más libres que aquellos que ahora son obligados a vivir en casa? ¿La cuarentena verá una forma de justicia social?

Moradores en las periferias pobres de las ciudades, favelas, barriadas, slums, caniço, etc. Según datos de ONU Hábitat, 1,6 mil millones de personas no tienen una vivienda adecuada y el 25% de la población mundial vive en barrios informales sin infraestructura ni saneamiento básico, sin acceso a servicios públicos, con escasez de agua y electricidad. Viven en espacios pequeños donde se aglomeran familias numerosas. En resumen, habitan en la ciudad sin derecho a la ciudad, ya que, viviendo en espacios desurbanizados, no tienen acceso a las condiciones urbanas presupuestas por el derecho a la ciudad. Dado que muchos habitantes son trabajadores informales, se enfrentan a la cuarentena con las mismas dificultades mencionadas anteriormente. Pero además, dadas las condiciones de vivienda, ¿podrán cumplir con las normas de prevención recomendadas por la OMS? ¿Serán capaces de mantener la distancia interpersonal en los pequeños espacios de vivienda donde la privacidad es casi imposible? ¿Podrán lavarse las manos con frecuencia cuando la poca agua disponible se debe guardar para beber y cocinar? ¿El confinamiento en una vivienda tan pequeña no tiene otros riesgos para la salud tan o más dramáticos que los causados por el virus? Muchos de estos barrios ahora están fuertemente vigilados y, a veces, sitiados por las fuerzas militares con el pretexto de combatir el crimen. ¿No es, después de todo, la cuarentena más dura para estas poblaciones? ¿Los jóvenes de las favelas de Río de Janeiro, a quienes la policía siempre les impidió ir a la playa de Copacabana el domingo para no molestar a los turistas, no sentirán que ya vivían en cuarentena? ¿Cuál es la diferencia entre la nueva cuarentena y la original que siempre ha sido su modo de vida? En Mathare, uno de los suburbios de Nairobi, Kenia, 68.941 personas viven en un kilómetro cuadrado. Como en muchos contextos similares en el mundo, las familias comparten una habitación que también es cocina, dormitorio y sala de estar. ¿Cómo se les puede pedir autoaislamiento? ¿Es posible el autoaislamiento en un contexto de heteroaislamiento permanente impuesto por el Estado?

Cabe señalar que para los habitantes de las periferias pobres del mundo, la actual emergencia sanitaria se une a muchas otras emergencias. Según nos informan los compañeros y compañeras de Garganta Poderosa, uno de los movimientos sociales más notables en los barrios populares de América Latina, además de la emergencia de salud causada por la pandemia, los moradores enfrentan varias otras emergencias. Es el caso de la emergencia sanitaria resultante de otras epidemias aún no resueltas y la falta de atención médica. Este año ya se registraron 1.833 casos de dengue en Buenos Aires. Solo en la Villa 21, uno de los barrios pobres de Buenos Aires, hubo 214 casos. “Por coincidencia”, el 70% de la población en la Villa 21 no tiene agua potable. Este es también el caso de la emergencia alimentaria, porque hay hambre en los vecindarios y los modos comunitarios de superarlo (comedores populares, refrigerios) colapsan ante el dramático aumento de la demanda. Si las escuelas cierran, la comida escolar que garantiza la supervivencia de los niños termina. Finalmente es el caso del surgimiento de la violencia doméstica, que es particularmente grave en los vecindarios, y el surgimiento permanente de la emergencia por la violencia policial y la estigmatización que conlleva.

Los ancianos. Este grupo, que es particularmente numeroso en el Norte global, es generalmente uno de los grupos más vulnerables, pero la vulnerabilidad no es indiscriminada. De hecho, la pandemia requiere que seamos más precisos sobre los conceptos que usamos. Después de todo, ¿quién es anciano? Según Garganta Poderosa, la diferencia en la esperanza de vida entre dos barrios de Buenos Aires (el barrio pobre de Zavaleta y el barrio exclusivo de Recoleta) es de unos veinte años. No es casual que los líderes comunitarios sean considerados de “edad madura” por la comunidad y “jóvenes líderes” por la sociedad en general.

Las condiciones de vida prevalecientes en el Norte global han llevado a que una gran parte de los ancianos se depositen (la palabra es dura, pero es lo que es) en hogares, casas de reposo, asilos. Dependiendo de sus posesiones propias o familiares, estos alojamientos pueden ir desde cajas fuertes de joyería de lujo hasta vertederos de desechos humanos. En tiempos normales, los ancianos comenzaron a vivir en estos alojamientos como espacios que garantizaban su seguridad. En principio, la cuarentena causada por la pandemia no debería afectar en gran medida su vida, dado que ya están en cuarentena permanente. ¿Qué sucederá cuando, debido a la propagación del virus, esta zona de seguridad se convierta en una zona de alto riesgo, como está sucediendo en Portugal y España? ¿Estarían más seguros si pudieran regresar a las casas donde vivieron toda su vida, en el improbable caso de que aún existan? ¿Los familiares que, por su propia conveniencia, los dejaron en asilos, no sentirán remordimiento por someter a sus ancianos a un riesgo que puede ser fatal? ¿Y los ancianos que viven en aislamiento no estarán ahora en mayor riesgo de morir sin que nadie se dé cuenta? Al menos, los ancianos que viven en los barrios más pobres del mundo pueden morir por la pandemia, pero no morirán sin que nadie se dé cuenta. También se debe agregar que, especialmente en el Sur global, las epidemias anteriores han significado que los ancianos tengan que prolongar su vida laboral. Por ejemplo, la epidemia del SIDA ha matado y sigue matando a padres jóvenes, dejando a los abuelos con la responsabilidad del hogar. Si los abuelos mueren, los niños corren un riesgo muy alto de desnutrición, hambre y, en última instancia, de muerte.

Los internados en campos de refugiados, inmigrantes indocumentados o poblaciones desplazadas internamente. Según cifras de la ONU, hay 70 millones. Son poblaciones que, en su mayor parte, viven en cuarentena permanente, y para las cuales la nueva cuarentena significa poco como regla de confinamiento. Pero los peligros que enfrentan si el virus se propaga entre ellos serán fatales e incluso más dramáticos que los que enfrentan las poblaciones de las periferias pobres. Por ejemplo, en Sudán del Sur, donde más de 1,6 millones de personas están desplazadas internamente, lleva horas, si no días, llegar a los centros de salud, y la principal causa de muerte a menudo se puede prevenir, causada por enfermedades que ya tienen remedios: malaria y diarrea. En el caso de los campos de refugiados a las puertas de Europa y de Estados Unidos, la cuarentena causada por el virus impone el deber ético humanitario de abrir las puertas de estos campos de internamiento siempre que no sea posible crear en ellos las condiciones mínimas de habitabilidad y seguridad exigidas por la pandemia.

Los discapacitados. Han sido víctimas de otra forma de dominación, además del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado: el capacitismo. Se trata de cómo la sociedad los discrimina, no reconoce sus necesidades especiales, no les facilita el acceso a la movilidad ni las condiciones que les permitirían disfrutar de la sociedad como cualquier otra persona. De alguna manera, las limitaciones que la sociedad les impone hacen que se sientan viviendo en cuarentena permanente. ¿Cómo vivirán la nueva cuarentena, especialmente cuando dependen de quien tiene que romper la cuarentena para darles alguna ayuda? Como se han acostumbrado desde hace mucho tiempo a vivir en condiciones de cierto encierro, ¿ahora se sentirán más libres que los «no discapacitados» o más iguales en relación con ellos? ¿Verán tristemente alguna justicia social en la nueva cuarentena?

La lista de los que están al Sur de la cuarentena está lejos de ser exhaustiva. Basta pensar en los prisioneros y en las personas con problemas de salud mental, es decir, depresión. Pero el elenco seleccionado muestra que, al contrario de lo que transmiten los medios y las organizaciones internacionales, la cuarentena no solo hace más visible, sino que refuerza, la injusticia, la discriminación, la exclusión social y el sufrimiento injusto que causan. Resulta que tales asimetrías se vuelven más invisibles frente al pánico que afecta a los que no están acostumbrados al mismo. A la luz de las experiencias de estos grupos sociales durante la cuarentena, se hace particularmente evidente la necesidad de imaginar y concretar alternativas a los modos de vivir, de producir, de consumir y de convivir en estos primeros años del siglo XXI. De hecho, la pandemia y la cuarentena revelan cruelmente que las alternativas son posibles y que las sociedades se adaptan a las nuevas formas de vida cuando esto es necesario y sentido como correspondiente al bien común.

Imagen: http://crisis-economica.blogspot.com/2014/10/trabajo-informal-trabajo-precario-y.html

Compartido con SURCOS por Óscar Jara Holliday, CEAAL.

Mujeres de la CTRN envían carta al presidente Carlos Alvarado

SURCOS recibió la siguiente carta para su publicación:

Carta al Presidente Carlos Alvarado
¿Cuándo va a empezar a gobernar para el pueblo?

POR UNA COSTA RICA
MÁS JUSTA Y SOLIDARIA

Rose Mary Rodríguez Bustos
Secretaría de Género, CTRN

Señor presidente Carlos Alvarado Quesada, en nombre de millones de mujeres trabajadoras del país, la Secretaría de Género y la Comisión de Apoyo de la Confederación de Trabajadores y Trabajadoras Rerum Novarum, deseamos expresar nuestras serias preocupaciones a raíz de la situación tan crítica por la que atraviesa el pueblo de Costa Rica, principalmente la clase trabajadora.

Somos conscientes que el mundo pasa por una gran crisis económica y social como resultado del impacto del coronavirus Covid-19, pandemia que ha logrado enfermar a ricos y pobres y ha demostrado al mundo que el poder de la naturaleza es más fuerte que todo el poderío económico.

Lamentablemente la mayor afectación la sufren los más débiles, mujeres, adultos mayores, niños y niñas como consecuencia ya del propio sistema injusto en que vivimos y ahora, acrecentada por el impacto en la clase trabajadora, que es una sola y no como falsamente se ha hecho creer separándola entre pública y privada.

Señor Carlos Alvarado Quesada, su gobierno nos ha pedido ser solidarios con las personas que más necesitan. ¿Le parece a usted que la clase trabajadora debe ser más solidaria, cuando su gobierno se ha ensañado con cargar con impuestos a la canasta básica y los servicios que muchas mujeres prestamos; ¿acaba de suspender el ajuste salarial en el sector público mientras le abre las puertas a un conjunto de medidas que favorecen a un sector empresarial que es único gran ganador, como siempre, con las políticas económicas de los gobiernos?

Dicen ustedes que esos recursos que nos siguen quitando son para usarlos para contrarrestar los efectos del Covid-19.

Y no satisfecho con tanta medida en detrimento de la clase trabajadora, habla de un impuesto solidario a los salarios a partir de 1.100.000 (un millón cien mil colones). Señor presidente, ¿Tiene conocimiento de cuántas personas llegan a ganar ese monto, mismas que deben tener entre unos 20 años de trabajar, además haber laborado horas extras si es que existen?

Estamos en una situación como país y como población que nunca hemos vivido y a raíz de esto, las decisiones que se toman deben ser muy bien pensadas. No solo extraordinarias, como usted dice. Esta emergencia, se ha convertido en un reto y preocupación más que las familias costarricenses tienen que enfrentar, mientras no vemos ni una sola medida que pretenda reducir la obscena práctica empresarial de evadir el pago de impuestos. Esta crisis va para largo y quisiéramos verlo a usted amarrarse la faja con esos evasores. Las mujeres nunca vamos a permitir que nuestros hijos e hijas se queden sin un bocado por no cobrarle a quienes nos deben y no nos quieren pagar.

¿Realmente se ha tomado el tiempo para pensar en que obligatoriamente la clase trabajadora paga sus impuestos cada mes? Se nos rebaja el impuesto a la renta, el pago obligatorio de la CCSS, el de Hacienda, entre otros y a estos impuestos le debemos agregar los préstamos para vivienda, estudios de nuestros hijos, alimentación de la familia, pago de servicios, transporte etc. ¿Ha pensado en las miles mujeres jefas de hogar, profesionales o no, que deben mantener a sus familias (hijos, madre, personas con algún grado de discapacidad, etc)?

Usted está castigando a las más frágiles. ¿Por qué no se dirige a aquellos salarios que sobrepasan los ¢3 millones en adelante como lo han hecho otros países y a las ganancias de capital? Recordemos que la aplicación de ese impuesto tendrá un efecto en cadena: la señora que cuida a los niños y personas mayores, el señor que hace el jardín, la pulpería del barrio por cierto cada día en extinción, servicios y hogares que se benefician.

Es hora de que usted le cobre a los que no pagan. No tenga miedo. Las mujeres trabajadoras del país le apoyaremos. Queremos ver medidas contra los evasores, queremos que refuerce la policía fiscal y los inspectores para que persigan a esos grandes evasores. ¿O es que les tiene miedo, o es que los tiene metidos hasta en la cocina? ¿Hasta cuándo los grandes evasores pagarán lo que les corresponde? ¿Será que sólo las personas trabajadoras conocemos y practicamos el principio de solidaridad?

Ya no más abuso, ya no más ultraje para con la clase trabajadora del país. ¿Cuándo va a empezar a gobernar para este humilde pueblo que lo eligió con la esperanza de una Costa Rica más justa y equitativa?

La Confederación de Trabajadores Rerum Novarum, la Secretaría de Género y su Comisión de Apoyo, queremos invitarlo a que nos sentemos con un grupo de mujeres trabajadoras y conversemos sobre nuestras realidades y propuestas por una sociedad más justa y equitativa de nuestro país.

POR UNA COSTA RICA
MÁS JUSTA Y SOLIDARIA
Rose Mary Rodríguez Bustos.
Secretaría de Género, CTRN.

Las mujeres del campo y el coronavirus

Los robles de sabana están en flor, en toda su belleza, los mangos también están en flor y los árboles de mayo, igual que otros en el norte y en el sur. Para nosotras ver los árboles en flor con sus distintos tonos de rosa, amarillo, naranja, es un regalo de la naturaleza y es hermoso. Podríamos disfrutarlos más si no estuviéramos en una situación tan difícil, tan peligrosa y sobre todo tan incierta. Este documento surge de diversas comunicaciones que hemos tenido entre las compañeras de la Red de mujeres Rurales desde sus regiones y la Asociación Tinamaste.

Hemos estado comentando varios materiales sobre la epidemia, el comportamiento del virus, y por supuesto son solo algunos, porque hay muchísimos sobre el tema y no podemos ni siquiera tratar de leer lo que sale y al ritmo que se están produciendo, sobre todo porque tenemos que seguir trabajando. No cabe duda que la información que tenemos es muy escasa.

Vemos muchas manifestaciones de solidaridad ante el desastre social y sobre todo de salud, y eso es maravilloso, y mucho se ha planteado que la pandemia nos debe hacer pensar que tenemos que salvarnos juntos o no nos salvaremos de esta crisis; ni de las que vienen.

Porque esta descomposición global, es resultado de un planeta enfermo y una sociedad enferma, todo deteriorado, maltratado. Y porque vendrán muchas más si no cambiamos.

Queremos plantear una vez más que esta situación no es resultado solo del virus como tal, ni que se resolverá una vez controlado el virus. Por eso queremos plantear y denunciar varios asuntos.

La crítica situación sanitaria nos pone enfrente de manifestaciones diversas, y podemos decir que todas agravan la discriminación que ya vivimos. Ya las relaciones sociales en esta sociedad nos afectan, pero se está profundizando el aislamiento y nos saca de la calle, de esa calle que nos ha costado tanto conquistar con muchos años de lucha y de ruptura del encierro de las mujeres. Esta situación además pone a las personas en una dependencia aún mayor de la comunicación electrónica, con el agravante de que no toda la población tiene acceso, y nosotras en particular no tenemos acceso a las mismas posibilidades de comunicación.

Algunas de las mujeres en el campo solo recibirán de información lo que vea en la televisión, en los noticieros que siempre nos han desinformado, sin acceso a internet, sin señal o sin el equipo necesario para poder comunicarnos, mientras que otros sectores de la población podrán buscar diversas fuentes de información, con las más variadas opciones tecnológicas. No es cierto que tengamos las mismas posibilidades.

Eso también nos pone en mayor desventaja ante la situación actual. Pero se nos presentan también otras muchas manifestaciones que evidencian que no todas y todos lo estamos viviendo de la misma manera. Suena fácil decir que no salgamos de casa. ¿será que no pueden pensar en cómo vivimos la mayoría de la población que vivimos con lo que nos ganamos al día.

Muchas de las mujeres de campo (y de barrios urbanos populares también) complementan sus ingresos con el trabajo doméstico en otras casas de otras familias. Aquí se presentan pocas opciones para aislarse y no entrar en contacto con otras personas, como pueden hacerlo familias de capas medias profesionales y por supuesto sectores dominantes. Las mujeres trabajadoras domésticas si no vamos a trabajar no tenemos ingresos para la alimentación de las familias y si vamos, debemos tomar autobuses, entrar en contacto con otras personas en diversos espacios, en fin, las posibilidades de contagio son mucho mayores. Y ni qué decir de las que trabajamos en reciclajes, donde nos llegan las basuras de otros lados. Hemos tenido que ser firmes en decir que no nos envíen desechos de hospitales.

Muchas mujeres en las comunidades rurales nos movemos a los centros de población a vender productos de los patios o parcelas, o productos procesados. El sistema capitalista neoliberal nos ha querido desaparecer como mujeres campesinas e indígenas, como familias y pueblos indígenas y campesinos, pero aún no lo lograba totalmente. La economía local se ha resistido a desaparecer y mucho de esto está en manos de las mujeres. Hoy denunciamos que bajo la excusa de la protección sanitaria, la policía persigue a las mujeres que requieren vender sus productos para poder llevar comida a sus familias. todas nosotras estamos paradas, vendemos cúrcuma, huevos, cacao, hacemos cajetas de leche y confites de cacao, vinagre casero y otras cosas, o le ayudamos a vender a otras mujeres y eso ya no lo podemos hacer. Pero no está prohibida la venta de alimentos en los supermercados, por supuesto. ¿Serán motivos sanitarios o será otra manifestación de discriminación de clase? Mientras en los espacios de las grandes discusiones se reconoce cada vez con más frecuencia que la producción local es la que nos puede salvar. Europa amanece con el gran dilema, cierra las fronteras y deja los miles de productos que alimentan a la población sin entrar o se verán obligados a dejar entrar los miles de vehículos terrestres, marítimos o aéreos con los alimentos. Pero el estado costarricense todavía no se entera que debe fortalecerse la producción y el mercado de productos nacionales y dejar de perseguir a las mujeres que con sus productos somos parte de la cadena de los mercados locales. Las grandes empresas que han venido acaparando la tierra, la producción y mercado, con el apoyo estatal, están aprovechando la crisis para intensificar la persecución contra nuestras ya reducidas economías para terminar de matarnos.

¿Será que con estos alimentos se provocará el contagio? ¿Será que se puede escoger entre no hacer las ventas o morirse de hambre? La solidaridad se debe practicar con el consumo de productos locales, no con la persecución.

Y también en las zonas rurales nos meten miedo sobre el consumo de nuestros alimentos.

Tenemos gallinas, y con la alerta sanitaria nos dicen que nos puede dar alguna enfermedad mortal, pero las cadenas comerciales si están haciendo billetes. Meterle miedo a la gente da buenos resultados a los grandes negocios y se trae abajo nuestra economía campesina y nuestras formas de sobrevivir. Están utilizando el coronavirus para legitimar la persecución social.

Y mientras el miedo por el coronavirus crece en el grueso de la población, las familias en zonas transfronterizas ven profundizarse las discriminaciones por su condición de pueblos transfronterizos. Estas fronteras establecidas sobre los pueblos que desde mucho antes se ubicaron en esas zonas. Por ejemplo, muchas familias ngäbes obtienen su sustento del trabajo que realizan a este lado de la frontera, pero duermen al otro lado de la frontera, o a la inversa, muchas mujeres tienen su casa a este lado y cuidan familiares al otro lado de la frontera. Hoy amanecieron con que no pueden pasar la frontera, y no pueden asistir a sus trabajos, y con ello no tendrán el jornal y con qué alimentar a sus familias. ¿Será el coronavirus es la amenaza mayor? ¿O la imposibilidad de comer? Por otra parte, las mujeres de los territorios indígenas, donde el Estado no ha procedido a dar ni un solo paso real para la defensa de los territorios y la protección de las poblaciones violentadas por los finqueros usurpadores, viven una amenaza inmediata a sus vidas, no por el virus, sino por los finqueros y matones pagados por los finqueros. A un año del asesinato de Sergio Rojas y a menos de un mes del asesinato de Yehry Rivera, ambos dirigentes indígenas en defensa de los territorios, la impunidad campea, los intereses de los finqueros racistas, usurpadores, ocupantes ilegales, se han impuesto con la protección del Estado costarricense. ¿Y la seguridad de las comunidades indígenas? ¿Y la aplicación de la ley y de las medidas cautelares de protección a las comunidades indígenas dónde queda? En estos momentos los finqueros se sienten seguros, confiados y están en total impunidad.

Eso les permite seguir quemando casas, cosechas, entrar en espacios privados y robar objetos, amenazar de muerte y violación a las mujeres. Se prevé que el encierro en las casas va a provocar más violencia en las familias y como mujeres debemos acompañarnos para que eso no suceda, pero ¿quién nos va a proteger de la violencia de los finqueros en los territorios indígenas?  Todas estas manifestaciones de la crisis de salud son resultado del mismo sistema en que vivimos. Por décadas el Estado neoliberal nos ha impuesto el monocultivo y la producción industrial como única forma de producción, diciendo que era progreso, que nos traía empleo y mejores condiciones de vida y con ello destruyeron la biodiversidad, nos llenaron de contaminación, con envenenaron el agua, nos quitaron la tierra, nos dieron trabajos mal pagados y en malas condiciones y nos enfermaron. Pero nos dijeron que eso era más limpio.

Hoy sabemos que el desequilibrio ambiental, la cría industrial de animales confinados y la destrucción de la Naturaleza, permiten la transmisión global de las enfermedades; la pérdida de la biodiversidad ha anulado barreras planetarias para responder ante virus y bacterias.

Además, sabemos que la producción industrial de alimentos nos ha quitado los alimentos saludables y diversos y todo ello se sostiene con la concentración de la tierra y otros bienes como agua y semillas. Nos plantean el aislamiento y las medidas de limpieza como las únicas vías para salir de la crisis del coronavirus, pero no dicen que solo es posible si tengo agua limpia, si tengo acceso a los productos de limpieza y sobre todo si podemos mantener altas las defensas del cuerpo y eso solo es posible si tenemos una dieta adecuada, diversa y suficiente.

Desde la Red hemos manifestado muchas veces la necesidad de cambiar estas relaciones de concentración económica, de concentración de la tierra. La diversidad de alimentos saludables y su producción solo puede estar en manos de la producción campesina. Se siguen gastando grandes cantidades de recursos públicos en prevención, contención y tratamiento, pero no se menciona ni una sola medida para cambiar las causas de tanto desastre.

Las mujeres del campo en el mundo hemos demostrado que desde otra lógica podemos producir los alimentos para nuestras familias y comunidades y comercializar en el espacio local para alimentar al mundo, que podemos producir manteniendo equilibrio con la naturaleza, siendo parte de ella y no explotándola. Ante la crisis de salud, de alimentación y de ambiente, solo hay una salida, distribución de la tierra, no acaparamiento de semillas, producción sin agrotóxicos, diversidad en la producción. Solo promoviendo la producción campesina, facilitando los mercados y las cadenas de distribución para poder comercializar nuestros productos, con la participación de las mujeres en la toma de decisiones y control de los bienes en las comunidades podremos construir otras formas de producir, otra forma de ser y otra forma de estar en el planeta.

RED DE MUJERES RURALES DE COSTA RICA
ASOCIACION TINAMASTE
20 de marzo de 2020



UNA: Mujeres en vulnerabilidad social se alistan para emprender negocios sostenibles

La Escuela de Administración de la Universidad Nacional (UNA) en conjunto con el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) realizaron el pasado 7 de febrero la entrega de certificados del proyecto: Fortalecimiento de las Habilidades para el Emprendimiento y la Empleabilidad”

El proyecto se caracterizó por:

  • 295 personas provenientes de distritos en pobreza extrema de la provincia de Puntarenas recibieron el certificado de conclusión de curso de habilidades blandas y administración de negocios.
  • El 98% de las personas graduadas son mujeres jefas de hogar de Puntarenas Centro, Paquera y Lepanto.
  • Capacitación permitirá a beneficiarias hacer crecer los pequeños negocios que habían iniciado en áreas como comida, belleza y costura, en el caso de Puntarenas Centro, o en producción de guayaba y ganadería, en Paquera y Lepanto.
  • Conclusión del curso les permite pasar a la etapa de acompañamiento técnico y asesoría individualizada, de manera que se logre la sostenibilidad de cada uno de los pequeños negocios.
  • Además, se les abre la posibilidad de contar con financiamiento del IMAS, como capital semilla para consolidar la idea productiva.
  • Capacitación y acompañamiento son proporcionados por especialistas de la Escuela de Administración de la UNA.
  • Desarrollo de estos emprendimientos sostenibles contribuye a que mejore gradualmente la condición socioeconómica de personas beneficiarias.

***Mayores detalles con Dunnia Marín, encargada del proyecto, al 8853-9447 o en la Oficina de Comunicación 2277-3067.

 

Imagen ilustrativa tomada de la Red de Mujeres Rurales.

Información enviada por Oficina de Comunicación de la UNA.

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Las Mujeres en la Política Ramonense: mesa redonda

MUSADE invita este próximo 18 de enero a las 2 p.m. a la mesa redonda: «Las Mujeres en la Política Ramonense», con la participación de las mujeres de los diferentes partidos políticos de este cantón.

Para más información, comuníquese al teléfono: 2445 4885, al correo: musade1986@gmail.com o ingrese a la página: www.musade.org

 

Enviado por Luis Alberto Soto.

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Centroamérica exiliada

Mónica González Suárez

Recientemente mujeres centroamericanas se han visto forzadas y obligadas a dejar sus países por la tortura y violación sistemática de un Estado dictador, ¿recientemente? La historia centroamericana parece repetirse con claros patrones militarizados, sexistas, misóginos y patriarcales. Sin embargo, hoy son las mujeres jóvenes quienes han puesto un alto con sus vidas y han alzado la voz para desmentir los próceres de la “lucha “social”. Este panorama centroamericano, así como latinoamericano, supone para las mujeres una puesta en escena cruel, con episodios de desaparición, violación y abuso constantes.

Colectivas feministas, tanto desde la organización estudiantil, como desde agrupaciones descentralizadas, lideran hoy las luchas por los derechos y redirigen la base de las movilizaciones sociales en la región: no más silencio patriarcal. Nos encontramos viviendo intervenciones, no solamente en relación a la representación política, las cuotas de poder y las acciones afirmativas, sino, en medio de la construcción cotidiana a partir de las trans, las lesbianas, las bisexualas, las trabajadoras domésticas, las niñas, las poblaciones originarias, las refugiadas, etc. Estos matices posibilitan a las feministas (o no) una plataforma de acción que va desde la diplomacia política hasta las pintas en la calle, el rap en las plazas y la poesía feminista. Por tanto, las mujeres centroamericanas en el exilio, fuera o dentro de su país, posicionan la rabia colectiva en el centro de la transformación social y rompen los esquemas de una lógica machista unilateral.

Por ende, hay una necesidad de nombrar y reconocer a quienes hoy en Centroamérica colocan sus cuerpos como barricadas y sus vidas como protesta, es decir, las mujeres, diversas, afianzando la convicción por botar el sistema y resistir frente a las resistencias mismas de un Estado violador, pero también un pueblo abusivo y opresor.

“Me duele el dolor provocado por colmillos

de patriarcas metidos en el ombligo fértil de la tierra”

-Blanca Guifarro

 

Foto: https://indicepolitico.com

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Obra de teatro «Una que es muchas, que es todas, que es ella»

Este 30 de noviembre y 1 de diciembre a las 7 p.m. se estará presentado la obra «Una que es muchas, que es todas, que es ella».

Esta puesta en escena busca poner en escena el sentir con respecto al tema de la violación y las agresiones sexuales. «Una» alza la voz por las mujeres, por todas, en especial por aquellas que han sufrido el horror de una violación. «Una» pone en evidencia lo que significa ser mujer en una sociedad violenta y machista, no para victimizar, sino para gritar que estamos hartas, que queremos y exigimos vivir sin miedo.

Las presentaciones tendrán lugar en La Galera, con un costo de 3500 para el público general, 2500 estudiantes con carnet y persona adulta mayor. La obra es apta mayores de 15 años.

Dirección: Silene Boza Chavarría. Dramaturgia: Silene Boza Chavarría, Yendry Vásquez Solórzano. Intérpretes: Una: Yendry Vásquez Solórzano; Bartender y El Juez: Jorge Castro Salazar. Audiovisuales: Glen Solórzano. Diseño Sonoro: SolArt. Diseño del espacio: Jorge Castro Salazar. Ilustración: Priscila Berrios.

Para más información comuníquese a los teléfonos: 8814 6368 – 8576 8792.

 

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Estrategas: Defender la alegría en tiempos de crisis

Estrategas es una escenificación de nuestras resistencias, de los métodos que usamos las mujeres para sobrevivir en un mundo hostil que nos quiere muertas. Resistencias que no se reducen a llevar gas pimienta en la cartera, como si se tratase de un elemento externo que nos cuida, sino que nuestro cuerpo, todo el tiempo, se encuentra a la defensiva, por si algo pasa, porque las estadísticas y nuestras historias nos dicen que algo siempre puede pasar. Aunque llevemos pantalones, aunque caminemos rápido en la calle, aunque sepamos karate.

La violencia no responde a llevar una falda corta, sino al sistema que la permite y más aún, la promueve.

Pero, además de estar a la defensiva, existe algo que Estrategas muestra y nos recuerda con dulzura: que la risa y las amigas son la mayor ruptura de ese sistema de muerte. No parar de reír, de gozar, de celebrar la vida es mostrar en sus caras que nuestros cuerpos son nuestros y de nadie más.

Y las amigas… las que están pendientes de que lleguemos bien a casa, las que comparten nuestra rabia cuando nos acosan en la calle, las que nos acompañan a poner la denuncia cuando un mae nos violenta y también nos acompañan si no queremos denunciar, son un cable a tierra, un recordatorio del afecto que merecemos tener y que, aun cuando Disney no lo representa en sus películas, nosotras sabemos que es el amor que sí dura para siempre, aun cuando se separen nuestros caminos, pues no se trata de poseer, sino de regalarnos enseñanzas, abrazos, momentos, alegrías, lágrimas conjuntas, en el aquí y el ahora.

Estrategas es RESISTENCIA a través de diferentes artes que se combinan y a la vez se cuestionan entre sí, no hay forma de ir a verla y salir igual.

En esta coyuntura de crisis, de movimientos sociales que sacuden, de procesos que cada unx lleva, internamente, de transformación, acompañarnos y aplaudir esta puesta en escena de tal altísima calidad es un regalo que no nos podemos negar.

Se Va a Caer amigas. Lo estamos botando.

 

Mariana Alpízar Guerrero

Psicóloga comunitaria

Activista Feminista

 

Del 24 de octubre al 10 de noviembre, de jueves a sábado 7:00 p. m. y domingos, 5:00 p. m.

Costo: ¢6.000 (público general) y ¢4.000 (estudiantes con carné y ciudadanos de oro)

Lugar: Teatro de la Facultad de Artes

Organiza: Teatro Universitario, Facultad de Artes

Colabora: La Cuadrilla Escénica

2511-6722 / lacuadrillaescenica@gmail.com

 

Enviado a SURCOS por la autora.

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