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Etiqueta: poesía

«Recital de Poesía Costarricense», en celebración del Día Nacional de la Poesía

La Benemérita Biblioteca Nacional, la Editorial Costa Rica, Palabras Viajeras, la Asociación Costarricense de Escritoras le invitan al recital de “Poesía Costarricense”, con la participación de Leda García, Luissiana Naranjo, Julieta Dobles, Yolanda Bertozzi, Rosa Anka, Victoria Marín,María Suárez, Marta Rojas, Minor Arias Uva, Adrián Arias Orozco, Pablo Narval y Carlos Enrique Rivera Chacón.  

Esta actividad se realiza en celebración del Día Nacional de la Poesía.

La actividad se realizará el martes 31 de enero 2023, a las 10:00 a.m.  en la Benemérita Biblioteca Nacional.

También se transmitirá en los facebook:

Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Editorial Costa Rica https://www.facebook.com/EditorialCR/

BRINDO POR LA VIDA Y POR LA VIDA

Manuel Delgado

  Hay un libro de Pablo Neruda que no incluye ninguna antología. Fue publicado en Hungría en 1969 y más tarde por la editorial Lumen de Barcelona, sin fecha, aunque presumo que esa edición es el mismo año. Desde entonces se ha editado, sí, pero poco, así que es casi un libro raro y yo me ufano de ser uno de los pocos que lo poseen.

  Fue escrito a cuatro manos con Miguel Ángel Asturias y lleva el delicioso título de “Comiendo en Hungría”.

  No más imagínense a ese par de hartones recorriendo la geografía y la historia de ese país donde se come como en el mejor. Es una orgía de sabores y de poesía.

  Que esos dos escriban a la máxima altura es ya sabido. Lo curioso es que, prosas y versos de ambos, en lo fundamental, Asturias escribe en verso y Neruda lo hace en prosa. El primero demuestra que es un poeta de primera y Neruda hace salir ese exquisito don de prosista que lo acompañó toda la vida.

  Como se desprende del título, los autores hacen en estas páginas una degustación del arte culinario húngaro, muestra sus carnes y sus paprikas, cuenta la historia del asado y de la sopa y, por supuesto, hacen un periplo por sus vinos. Estaría renco si no recogiese de aquí y allá algunas recetas, como esa tan simple que nos indica cómo asar un buey entero. (Dentro del buey se coloca un cordero, dentro de este un ternerito, y dentro del ternerito un gallo capón. Cuando este último esté bien dorado, el buey estará listo para ser servido).

  Todo el libro es exquisito. Resalto de Asturias su “Alegato del buen comer”, una declaración de guerra a la comida chatarra y un canto a la buena mesa, la auténtica y natural. Y de Neruda “La copa grande”, un himno al vino: “Levanto la copa llena con el fulgor de Hungría, bebo en honor del sol y de la nieve, de la tristeza y de la dicha. Bebo por el amor y por el dolor. Bebo por el fuego y por la lluvia.”

TODO NERUDA

Manuel Delgado

Fue en Isla Negra, la última morada del poeta, donde decidí emprender una aventura completamente nueva: leer todo Neruda. Les cuento que fue eso, toda una inigualable aventura.

Generalmente se lee de un libro algunos poemas de manera más o menos desordenada, y los libros se escogen mucho al azar, tomándolos de distintas época o temáticas. Pero leer de corrido es otra cosa.

Lo primero es que leer así, en orden cada libro, página por página, abre ante nosotros la experiencia de una vida entera. Ante nuestros ojos discurre todo el proceso de maduración, de búsqueda incesante, de ir y venir.

Debe ocurrir con todos los poetas, pero con Neruda es más evidente el transcurso del tiempo histórico, el discurrir a los hechos: las guerras, las luchas, los dolores, las victorias populares. Su obra es una enciclopedia del siglo XX, un espejo del tiempo. Esta enciclopedia cubre una producción de dimensiones inmensas, muy desconocida para el común de los lectores, depositaria de un talento inigualable de observador sagaz. Neruda va por el mundo sintiendo el mundo, recobrando en cada nuevo hecho, en cada nuevo puerto, en cada nuevo acontecimiento, esa esencia de sí mismo que viene el sur lluvioso de su patria, de sus hermanos trabajadores en todos los ámbitos, de su naturaleza y del mar, ese amigo inseparable. En ese ir y venir desde el presente hasta el pasado, desde el mundo hacia el alma, desde el testimonio combatiente hasta el corazón enamorado, van surgiendo portento (libro) tras portento (otro libro).

Como Virgilio, nuestro bardo reúne en sí un enorme poderío lírico combinado con sus dotes de gran poeta épico, con sus poemas naturalistas, al estilo de las Geórgicas, y con su voz de profeta, de crítico activo frente al mundo (para no hablar de su talento dramático, género por el que pasó rápidamente, no sin éxito).

La aventura comienza con el furor de sus veinte años, viaje que desemboca en los “Veinte poemas de amor y una canción desesperaba” (perdonen las comillas, pero no hay de otra). Hasta allí la etapa de formación, una mezcla de estética postmodernista y primera vanguardia. Luego viene una transición forzosa, las “Residencias”, que es algo así como la “época azul” de Picasso: encantadoramente difícil, metafísicamente amarga, solipsista, pero que no deja nunca su resaca de madera y bosque chilenos. (Es muy interesante pensar que muchos poetas vanguardistas forjaron su poesía en París y llevan esa impronta. Nuestro poeta no. Él tuvo que batallar el Asia y en su trópico. Por eso en ellos hay un sabor, junto a la lluvia y la madera, a costa y a sal).

De pronto un volcán explota: es la “Tercera residencia”, que a partir de “Reunión bajo las nuevas banderas” va a cambiar la poética, pero también la vida y el destino del poeta. Lo otro nunca dejó de ser grande, pero era embrionario. Con la “Tercera residencia” la crisálida se hizo mariposa, y el niño emergió armado de hombre. Este soldado que nace con esta obra ya no lo abandonará jamás.

Un acontecimiento lo ha marcado como ninguno: la guerra civil española. Estará con los combatientes de la República en vida y en poesía y con ellos marcha primero al exilio francés y luego a México. Este último poemario contiene su “España en el corazón”, que es algo así como el Guernica de la literatura. Nunca abandonará esa causa que lo ha trasformado por completo.

Su vida y su poesía se vuelven a hacer carne en nuestra América en la abarcadora aventura del “Canto general”, un recuento del paisaje continental, de sus piedras y sus bosques, de su fauna y su habitante, del invasor español y de sus libertadores, de sus dictaduras y de la lucha del pueblo. Es el más grande retrato de nuestra historia jamás escrito. Es nuestra Ramáyana y nuestra Ilíada.

“Las uvas y el viento” es un libro apoteósico, un testimonio de ese mundo que nace de la tragedia de la guerra y empieza a levantarse en medio de las dificultades. Es el libro del optimismo posterior a la tragedia y de recobro de la fe. Es un testimonio de la lucha obrera en Europa y del nacimiento del nuevo mundo socialista en Europa oriental y Asia. A través de somos testigos de un mundo que no conocíamos o habíamos olvidado.

Pero pareciera que las cosas no han sido suficientemente bien descritas y hay que volver a ellas. A la rosa y la alcachofa, a la cerca de alambre de púas, a la papa, al maíz, al picaflor. Ese acercamiento tan profundo y tan sensible a las cosas más sencillas se recogen en los tres libros de las “Odas elementales”, uno de los grandes hallazgos de la literatura de todos los tiempos. Después de esos tres libros quedarán muchas cosas o miradas o perspectivas de ellas a las que volverá Neruda en obras posteriores, tanto en “Navegaciones y regresos” como en la mirada ornitológica de “Arte de pájaros” o la voz del geólogo-poeta en “Las piedras de cielo”. Son todas cantos a la naturaleza, pero sobre todo canto al hombre y la mujer desde la naturaleza.

Una cosa evidente en los libros de “Odas” es la constante justificación de su poesía, su arte poética. Como si tuviera algo de qué excusarse este maestro del combate y del compromiso. Pero sí, su poesía “comprometida” fue siempre objeto de rechazo y de burla de parte de muchos, de los academicistas, que se incomodan cuando la poesía se ensucia las manos con el barro del pueblo, pero sobre todo de los reaccionarios, que nunca han perdonado su compromiso revolucionario y su pertenencia al Partido Comunista. Como si el arte no fuera siempre “comprometido”, con la causa del hombre y de su lucha como en el caso de Neruda, con el desapego y el olvido, es decir, con el silencio frente al dolor y el crimen, como la otra poesía.

Con ese mismo “Con permiso” toma un recreo y vuelve a sus cosas, a su vida íntima llena de amores y de recuerdos. De allí surge “Estravagario”, un maravilloso álbum de viajes por sus viejos destinos físicos, por las ciudades y países, y por sus destinos interiores, sus amores y pasiones. Está comenzando su relación con Matilde, y de ella se nutre ahora su poesía.

Pero “cuidad de confundirlo con un místico ardiente” (Oda a Lenin): el poeta no se ha ido, está aquí, sigue con nosotros, en la marcha y en la huelga, se acompaña de las cosas simples y su compromiso político. Son las “Navegaciones y regresos” ya mencionado, que se alterna con los “Cien sonetos de amor” dedicados a su eterna Matilde, y con “Canción de gesta”, también de amor, la primera obra dedicada a Fidel y la naciente revolución cubana.

Arriba en lo alto, en una cordillera o un templo maya o inca, se enciende el fuego de la ceremonia. Es como una vuelta al “Canto general”, pero no en signo narrativo sino en canción litúrgica. “Cantos ceremoniales” es por eso uno de los más misteriosos y más encantadores de sus libros, que empata con “Plenos poderes” y que deriva en “Memorial de Isla Negra”, una especie de rendición de cuentas de una vida entera de aventura y compromiso. Su curriculum vitae escrito en verso. Con su casa a la orilla del mar la única relación que tiene es de ubicuidad, es que fue escrita allí, en los años reposados del poeta a su regreso a Chile. Acerca de esta edificación escribirá por esa misma fecha “Una casa en la arena”, una pieza maestra de la prosa (Neruda era un gran prosista), escrita como homenaje a esa alcahueta de sus sueños, sus versos y sus fiestas.

El poeta frisa los sesenta, y esa edad siempre viene cargada de pensamientos, de búsquedas de balances. De ellos nace una de las piezas más exquisitas, obra de orfebrería: “La barcarola”, donde dialogan los versos de su vida íntima con los que tratan de la historia y las relaciones sociales.

Con este poemario comienza la obra de madurez del poeta, el trabajo que lo acompaña hasta la muerte acaecida diez años después.

Nueve obras va a publicar el poeta en esta última década de su vida. Siete más quedarán sin ser llevadas a la imprenta. Fueron sacadas clandestinamente del Chile pinochetista y publicadas póstumamente en los meses que siguieron a su muerte. Son un total de 16 poemarios, más o menos uno cada siete meses. ¡Una productividad impresionante!

Esos 16 libros son una delicia. No puedo y no quiero decir cuál me gusta más. Cada uno con su característica específica, como si el poeta hubiera decidido siempre renacer de cero. Cada uno lleno de su propia riqueza verbal y rítmica, y un puño de ideas y sentimientos que rescatan y profundizan los temas de 40 años de labor literaria. En todos ellos, sin embargo, está el propósito de brindar una rendición de cuentas, adobadas con la nostalgia que debe producir la certeza de la cercanía de la muerte (ya mucho antes le habían diagnosticado el cáncer y todos sabían que el suyo era mortal).

“Manos del día”, “Fin de mundo”, “Maremoto”, “Aún”, “La espada encendida”, la ya mencionada “Las piedras del cielo”, “Geografía infructuosa”, “La rosa separada”, “Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena”. La penúltima es un bello canto a la Puerto Rico sacrificada en el colonialismo y ensalzada en su lucha. El “nixonicidio” es un libro delicioso. Es el último combate antes del golpe militar, del asesinato de Allende y de su propia muerte y viene a sobresaltar la tranquilidad de esos últimos momentos. “Amor, adiós, hasta mañana, besos!/Corazón mío, agárrate al deber/porque declaro abierto este proceso” (el proceso contra Nixon). Es la voz en tercetos que nos recuerda a Dante justo en las puertas del infierno.

Póstumos quedaron “2000”, “Elegía”, “El corazón amarillo”, “Jardín de invierno”, “Libro de las preguntas”, “Defectos escogidos”, “El mar y las campanas”. Todos son joyas. Algunos me llamaron especialmente la atención (sobre todo “El libro de las preguntas”, llenas de ingenio y furor). Todas cargadas de esa alma clara que, como el cisne, canta con amor al atardecer.

Las Obras Completas de Neruda me las encontré un día en una bodega y, como es de suponer, las hice mías. Leerlas ahora en su totalidad y orden cronológico ha sido toda una aventura que ya estoy pensando repetir con otros poetas. Pero cuidado, tengo un libro más de Neruda que no aparece en esta colección (jo,jo) y que espero reseñar en un próximo articulito.

¿Cómo sacar un balón que se ha ido al fondo del corazón?

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Era frecuente encontrárselo en la vieja avenida central en San José enfundado en un pantalón buzo y camiseta de tirantes. Sudaba copiosamente en su presentación, que consistía en manejar como verdadero malabarista una pequeña bola de tenis.

Su capacidad para controlar como artista las pequeñas proporciones de la pelota, le hacía ganar audiencias que celebraban sus rápidas hazañas.

También eran frecuentes sus presentaciones en el antiguo Estadio Nacional, en La Sabana, donde era invitado a los intermedios de los partidos internacionales a repetir su acto circense con la breve pelota de tenis rodando por todo su cuerpo menudo y musculado por la vida. Todos lo adoraban.

Le decían “Tango”.

Como si de una metáfora sobre los malabares de la vida y el cuerpo se tratara, el personaje bien podría haber sido una poesía sobre la capacidad de asombro, la emoción del equilibrio, el arte con los pies.

En estos días de tanta complejidad social y civilizatoria, hablar sobre fútbol desde un lugar implicado resulta una invitación a una disputa segura.

Dejando por fuera a quien por diversas razones (todas válidas) no se encanta por las maravillas de este deporte arte (el gol de Eder con Brasil en España 1982 es considerado el segundo mejor gol de la historia de los mundiales solo superado por la joya de Manuel Negrete en México 1986, el mismo mundial en el que se anotaría el mejor gol de la historia fuera de categoría por el mismísimo Maradona) surgen siempre voces ubicadas desde la seguridad intelectual y académica que les lleva a inferiorizar el gusto y el sentido social de este juego.

Recurro, como no, a Eduardo Galeano, el mismo a quien varios de estos sesudos intelectuales citan en sus trabajos sobre la realidad latinoamericana.

El uruguayo les dice, palabras más palabras menos, que le bajen dos rayitas a sus aires intelectuales sobre el fútbol-arte. A esta gente, que nunca vio a Tango bailar con su pequeña bola de tenis, Galeano les recuerda el potencial social y trasformador del fútbol, sin dejar de considerar sus contradicciones y paradojas, como cualquier actividad humana en estos tiempos.

En 1962 la selección rusa pasaba por San José en preparación para participar en el mundial chileno de 1962. En sus filas venía el mítico Lev Yashin, considerado a pesar de la posmodernidad y todavía, el mejor portero del mundo de la historia por encima de Curtois, Casillas y Navas.

A ese mito mi padre, con el que tantas veces vi a Tango en San José y en ese mismo estadio nacional, le empalmó un gol que todavía resuena en toda Mata Redonda. Esa pelota, un poquito más grande que la de Tango, entró lentamente “Al fondo del corazón”.

Eso es poesía.

Con este nombre publicamos hace unos años un libro a dos voces sobre esa gesta en Metáfora Editores (Guatemala), donde se incluye el siguiente texto con el que rindo homenaje sentido a esta particular forma de transformación de la realidad que resulta el fútbol:

XXXVIII

Tengo veinte años y no sé
si esto es el futuro.
Tengo veinte años
y la espalda
no deja de temblarme como voz
y sus tristes declaraciones de amor.
Tengo veinte años
y agarro tu mano
para enseñarte
esta película con el final que ya conoces:
Un portero vencido
un hombre condecorado
con tus ojos
y tus palabras
que vuelan.

Disfruten el arte de ver rodar un balón. Solamente eso. Déjense llevar. Otro mundo así también es posible.

Insistir en la poesía como militancia

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Durante la celebración del 18 Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango realizado entre el 23 y 26 de noviembre, se desarrollaron varias actividades alrededor del ritual de la palabra, pero que tenían como objetivo recordar la lucha que libran las madres de aquellas personas desaparecidas, antes y ahora.

Durante el conflicto armado en Guatemala, 45.000 personas fueron desaparecidas y sus familiares todavía los buscan. Para ellos, el horror de la guerra no ha terminado y buscan incansablemente, con su alma y su corazón como recursos.

Al iniciar cada actividad en comunidades, bibliotecas, centros culturales se hacía lectura de un manifiesto cuyo primer párrafo definía el sentido del Festival:

Todo está profundamente conectado, el milagro, el consuelo, el terror y la belleza, una apuesta vital con la vida, la columna vertebral de este universo lleno de preguntas que nunca tendrán respuestas, “para qué poetas en tiempos de miseria” dijo alguna vez Holderling y esta podría ser nuestra respuesta, porque no pretendemos huir del horror, ni de lo desgarrante ni de lo doloroso, queremos con toda la certeza que la vida merezca ser vivida a pesar de todo, por eso creemos en la poesía y en la articulación comunitaria como una forma de resistencia que dará muchas posibilidades, por eso creemos en la pulsión de la palabra y sus colores. Planteamos la esperanza desde la diversidad de lenguajes que nos han servido para comunicarnos y explicar la realidad y también desde la poética: respuesta a una pregunta que no ha sido formulada, tenemos el cielo, la tierra, las piedras, el agua, todo lo que sucede tiene una razón, la noche, el día, el tiempo y a eso nos aferramos”.

En una mañana fría nos trasladamos a San Marcos Sacatepéquez, que significa tierra del Verde Valle. En un municipio de la localidad llamado San Antonio leeríamos en la biblioteca comunitaria.

En la imagen Wuilber Cifuentes, “El poeta de la Montaña”. San Antonio, Sacatepéquez.

Antes de la actividad sostuvimos una conversación con don César, vicepresidente del Comité de Cultura y don Wuilber, coordinador de la Casa de la Cultura y a quien se le conoce en redes sociales como “El poeta de la Montaña”.

Nos explicaron cómo fue que desapareció el idioma Mam de sus comunidades: las autoridades coloniales mandaban a borrar todo vestigio de la cultura originaria cuando llegaban a la comunidad. Mujeres y hombres eran despojados de sus trajes y era prohibido hablar el idioma originario en frente de las autoridades, so pena de sufrir castigo.

Se trata entonces de una forma, otra, de desaparición, eso que en las teorías decoloniales se denomina epistemicidio.

Por ello la palabra cobra fuerza en la poesía, el acto más político del habla y del lenguaje.

Nuestros pueblos siguen resistiendo y lo seguirán haciendo mientras haya poder y se use para avasallar, desaparecer. Nosotros seguiremos insistiendo con ellos en esta militancia, porque es desde allí que procuramos dar sentido a lo que hacemos. Ese es nuestro camino.

Exposición: Pintura y Poesía por la Paz

La Fundación Transformación en Tiempos Violentos y la Benemérita Biblioteca Nacional le invita a la inauguración de la exposición: Pintura y Poesía por la Paz, donde habrá un recital de poetas participantes y una presentación del Grupo Contrapunto. La exposición incluye las obras de 21 poetas y 21 artistas, y se realiza en conmemoración de la Abolición del Ejército.

La inauguración de la exposición se realizará el jueves 1 de diciembre a las 4:00 p.m.  en la Benemérita Biblioteca Nacional. También se transmitirá en vivo por los Facebook: 

Biblioteca Nacional:  https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Fundación Transformación en Tiempos Violentos https://www.facebook.com/tiemposviolentoscostarica/

La exposición estará abierta al público de lunes a viernes de 8 a.m. a 6 p.m., del 1 al 23 de diciembre 2022.

Que no los puedo contar

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Una fría mañana de setiembre nos enrumbamos hacia una comunidad originaria en San Cristóbal de las Casas. Hemos hablado ya con la palabra, pero lo que vamos a ver en esa comunidad sobrepasa todo lenguaje.

Y es que nos reciben cientos de niños y niñas enfilados como prosa. Allí están de pie resistiendo el frío y la pregunta sobre los visitantes. Allí llegamos siempre desde el sitio colonial del que sabe. Y también desde el lugar colonial del que no sabe nada. Y por consiguiente no tiene ni construye ningún poder. Ninguno.

Nos apostamos como feligresía ordenada en una larga mesa. Pero no es la última cena. Nos presentan en rito y contestamos amarrados a la fe, demolidos al acto de la realidad que nos declara.

A esa hora, en esa lo localidad de pieles, caldos y licores históricos, ya hemos bajado la guardia como hombres y mujeres y nos hemos declarado artesanos en la palabra. Es allí, en ese instante, que trato de cuantificar el afecto.

No es posible.

A lo largo de tantos años, de tantos días, he ido tejiendo un inmenso sitio de colores. Pero no tengo el registro, ni siquiera el color, de cuantos lienzos abrazados a la nostalgia, la lucha y la sabiduría, tengo. Son tantos. Tantos y tantas hermanas.

Esa mañana fría y azul leemos para una audiencia amorosa y atenta. Lista. Oyente. Lo demás es la confirmación del alma: un caldo hermoso y caliente, una música vivaz, una alegría inagotable.

Mi certeza es que de tantos hermanos y hermanas que me ha dado la poesía en la vida, no me salen las cuentas. No los puedo contar. Y ni siquiera quiero. Porque siguen llegando. Como pájaros, papalotes, niños y niñas asombrados. No los cuento. Los atesoro. Como esa fría mañana en La Sierra, sitio evocador y resistente, listo para la poesía. La que de verdad se dice.

Y con eso tengo.

Imágenes de la visita a La Sierra. 8 Festival Mundial de Poesía Contemporánea San Cristóbal de Las Casas, México:

Después de San Cristóbal

Por Memo Acuña. (Sociólogo y escritor costarricense)

Cuando uno persigue con pasión ese pájaro de la palabra, no para enjaularlo, sino para reconocerlo, advierte que el sentido de la vida se va construyendo de otra manera.

Acudimos a ese ritual conociéndonos algunos, otros como perfectos extraños.

Y la energía, el frío y la ancestralidad de un lugar emblemático para la resistencia latinoamericana como San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, México, hizo su parte para juntarnos y no volver a separarnos más.

Es difícil decir en estas notas lo que el afecto provoca en un grupo de seres humanos cuyo cordón umbilical con la poesía es material no clasificado en sus biografías.

Pero sí es posible (y poesible) contar lo emblemático de sus propuestas, lo político de sus miradas, lo consecuente de sus reflexiones.

En medio de esta aparente seriedad de sus currículum, aparece el baile, la música, el encuentro, el abrazo (que ahora ha terminado su confinamiento y se supone en rebeldía desde esas montañas que significan el cariño y la luz).

Detrás de sus máscaras que los declaran y las declaran poetas, hay ciertamente una apuesta por la memoria, la igualdad, el árbol, el cine, el fútbol, las cosas que el amor no puede decir pero lo siente, el niño, el origen, la mujer, mejor dicho las mujeres y sus luchas. Y tantas cosas, tanta palabra desperdigada aquellos primeros días de un setiembre que se va terminando lentamente entre la lluvia y lo que sigue.

Me quedo con un fragmento de un texto de la poeta boliviana Paura Rodríguez, dedicada y homenajeada en la octava edición del Festival Mundial de Poesía Contemporánea de San Cristóbal de las Casas:

“Cruje como madera seca el alma.
Se arruga como un pañuelo
Pinta su rostro de otro rostro.
Miente el alma.
Finge una voz inexistente.
Revienta como un volcán.
Huye”

Después de San Cristóbal hemos prometido hacer de este un mundo poesible. Quizá volvamos a juntarnos en alguna otra ventana del tiempo para cantar con Nino Bravo o Ángeles Azules. Pero más allá de eso que es la alegría, hemos aprendido a hermanarnos a la distancia, lo que ningún decreto neoliberal ni pandémico podrá acabar jamás.

Textos de la colección personal del autor obsequiados e intercambiados con otros y otras poetas durante el 8º Festival de Poesía Contemporánea de San Cristóbal, en Chiapas, México entre el 1 y 4 de setiembre de 2022,

ALMAS

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Actividad en el marco del 8 Festival Mundial de Poesía de San Cristobal de las Casas, Chiapas, México. En la foto se aprecia a Chary Gumeta, coordinadora del Festival; Margarita Drago (Argentina) y Miguel Ángel Oxlaj Cúmez (Guatemala.

Es una mañana lluviosa en San Cristóbal de Las Casas. Ha llovido copiosamente, pero eso pareciera no importarnos. En el pórtico de un edificio histórico de la ciudad hemos acudido en comunidad a reescribir el rito de la palabra. Eso solamente es una excusa. Porque lo verdaderamente importante será lo que está por suceder, que no es poca cosa.

Lo importante de estos encuentros, coincidimos con varios colegas invitados, no sea quizá la reproducción del ego que lee, el ego que dice, el ego que se arrebata y piensa que es el centro del universo cuando participa de estos rituales.

En esa mañana fría y lluviosa, Margarita y Miguel han despojado de todo acto performativo el encuentro. Lo han puesto en su verdadera dimensión. Nos han depositado en nuestros lugares justos y precisos.

En un conversatorio desprovisto de toda academia, pero dotado si de sentido, han compartido su experiencia, su vivencia en el tema de los desaparecidos y sus contextos personales y nacionales.

Margarita, mujer argentina que sufrió en su propia biografía los horrores de una dictadura argentina. Mujer, argentina, detenida y presa en los peores momentos de esa dictadura. Vio con sus ojos lo que ocurría con sus compañeras y compañeros de celda. Lo dice esa mañana y también lo dice con su poesía. Para eso es la poesía.

Miguel, poeta y dirigente social y político de su comunidad, San Juan Comalapa, Guatemala, relata como ese su pueblo originario fue convertido en fosa común por los años más oprobiosos del conflicto armado. Se estima que 45.000 personas fueron desaparecidas y sus familiares, reescribiendo la antropología de la esperanza, aún los buscan.

Miguel ha dicho con verbo y humanidad que el acto de la resistencia de los pueblos también es un acto poético. Cuando escucho esas palabras me percato de la dimensión real de lo que he venido a hacer a este territorio ancho y mágico, al sur de México pero más al norte de nuestra Centroamérica, tan interpelada por la pobreza, sus élites de rapiña, sus exilios.

Es una mañana que llueve pero sobre todo en el alma. En la mía. En las de esas personas que todavía son buscadas por los suyos.

Confirmo mi identidad precisa ahora que todo pareciera acomodarse en mi proyecto académico pero sobre todo humano. Antes que cualquier cosa, que cualquier puesto, que cualquier trabajo, esto es lo que soy. Y lo he venido a asegurar en un lugar donde siempre pareciera ser primero de enero de 1994.

Poesía a dos voces: Kary Cerda y Arabella Salaverry

Este miércoles 3 de agosto Ronald Bonilla y Arabella Salaverry presentarán el poemario Océano Mudo de la reconocida poeta mexicana Kary Cerda.

Esta fotógrafa, pintora y poeta está de visita en el país y la presentación de su obra será en la Biblioteca Nacional a las 4: 30 de la tarde.

El jueves 4, Kary Cerda y Arabella Salaverry ofrecerán un recital a dos voces en el Lobo Mestizo.

Ambas actividades serán de entrada libre.

¡A disfrutar de la poesía!