Ir al contenido principal

Etiqueta: polarización social

¿Cómo explicarnos la “loca” realidad política actual? ¿Se deteriora la institucionalidad democrática?

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

La democracia costarricense fue apareciendo de a poco a lo largo de nuestra vida como nación.

Había primero, sin que la mayoría de los colonos lo supieran, que desatar los debilitados lazos que en las primeras dos décadas del siglo XIX todavía nos ligaban al colonialismo español.

Más de tres siglos de un férreo dominio español, habían dejado una impronta de exterminio de los pueblos originarios, de esclavitud de los muchos empobrecidos sobrevivientes, vasallaje, y corrupción.

Sin embargo, ya a punto de expirar aquel dominio infernal, gracias a las revueltas y guerras de independencia desde México hasta la Patagonia, hubo un acontecimiento en la misma España, que sentó bases sólidas para impregnar en la conciencia de los líderes de aquellas guerras, ideas liberales y democráticas.

En efecto, Las Cortes de Cádiz fueron el primer parlamento liberal del mundo hispánico. Se reunieron de 1810 a 1814 en Cádiz, único puerto libre de la ocupación de Napoleón Bonaparte en España, mientras el Rey Fernando VII se encontraba preso en Francia.

Los dictados de las Cortes pretendieron cobijar tanto a España como a la América hispana; pero a una España que diera sus primeros pasos por la senda democrática y no bajo el yugo del Rey. Los acuerdos fueron aprobados en 1812 y de ellos emanaron tres resoluciones fundamentales:

1. Soberanía Nacional. La Soberanía residiría en la Nación, ya no en el Rey.

2. División de poderes y libertades. Subsistiría la Monarquía Constitucional, pero cuarteada por la aparición del sufragio indirecto (amplio para la época), libertad de imprenta, igualdad jurídica de todos los hombres ante la ley (las mujeres continuarían excluidas momentáneamente) y fin del Tribunal de la Inquisición.

3. Ciudadanía americana. Todos los nacidos libres en ambos continentes serían considerados españoles. Esta resolución dio paso a la emergencia de diputaciones provinciales y ayuntamientos constitucionales en América, incluida Costa Rica.

37 diputados americanos, por Costa Rica el egregio Fray Florencio del Castillo, fueron escogidos para representarnos en las Cortes de Cádiz. Allí aprendieron de principios democráticos y fueron redactadas las primeras constituciones republicanas de Hispanoamérica. De allí brotaron las ideas de los ayuntamientos constituidos por elección, así como las diputaciones bajo el mismo principio.

Costa Rica pasó durante ese período de dos ayuntamientos a más de 40, y los ayuntamientos fueron la primera experiencia electoral de los pueblos americanos. Se consolidó como idea la soberanía nacional, las autoridades representativas electas directa o indirectamente, la libertad de imprenta y la aparición de la ciudadanía, si bien de momento solo entre los varones, frente a los súbditos de los reyes españoles. Cádiz no nos dio la democracia plena, pero de ella recibimos el molde.

Costa Rica, como puede observarse no se quedó atrás; después de la primera independencia de 1821, se fue consolidando poco a poco, la libertad de una nación pequeña y pobre, pero pujante, en la que las ideas democráticas quedaron plasmadas en la primera Constitución denominada por Braulio Carrillo “Ley de Bases y Garantías”.

Muy pronto, en medio de altibajos, se declaró “República Constitucional”, cuyo líder fue José María Castro Madriz. Este episodio sentó bases firmes en la conciencia de las élites y del mismo pueblo para enfrentar al invasor y esclavista filibustero proveniente de los Estados Unidos, personificado en la figura de William Walker. Esta lucha fue convocada por el mismo presidente Juan Rafael Mora Porras, quien, acompañado por otros próceres como José María Cañas, de estirpe salvadoreña y el propio hermano de don Juanito, quien fue José Joaquín Mora, llamó al pueblo a las armas para asentar así la verdadera independencia de Costa Rica.

La democracia no dio al pueblo verdaderas libertades, ya que habrían de venir muchas lunas y tantas luchas, antes de que todos los hombres primero y, las mujeres, junto a la etnia de los afrodescendientes y otras minorías después, ya en pleno siglo XX, pasada la guerra civil de 1948, obtuvieran plenos derechos ciudadanos, como el derecho al voto libre y garantizado por la Constitución.

La Costa Rica moderna, surge después de la Guerra Civil de 1948; no sin antes haber conseguido estas garantías y libertades ciudadanas, asentadas en las conquistas sociales: la ley de la Seguridad Social, la creación de la Universidad de Costa Rica, el código del trabajo y otras leyes de semejante cuantía, bajo el Gobierno del presidente Benemérito Rafael A. Calderón Guardia, en alianza con el Partido Vanguardia Popular (comunista) cuyo líder fue el también Benemérito Manuel Mora Valverde, y con la Iglesia Católica, que era jefeada entonces por Monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez, también nombrado después Benemérito de la Patria.

Así se consolidó la modernidad, esta vez bajo el liderazgo principal de José Figueres Ferrer, nombrado asimismo Benemérito, por su intensa labor para eliminar el ejército, que se había solidificado tras la guerra del 48, ampliar las leyes sociales mediante la universalización de la seguridad social y la creación de una serie de instituciones democráticas que caracterizaron el Estado Social de Derecho de la Segunda República. Igualmente, los hombres de esta Segunda República dinamizaron la movilidad social, le dieron bases firmes a la división de poderes, la fortificación de las libertades electorales, mediante la creación del Tribunal Supremo de Elecciones, la creación de organismos de control de la ejecución de los demás poderes del Estado y de las Instituciones autónomas.

No obstante, el país vivió la mayor parte de este tiempo, bajo la égida de dos partidos políticos principales, Liberación Nacional y Unidad Socialcristiana, los cuales se alternaron en el Poder Ejecutivo, conservando algunas diferencias entre sí. Liberación, un partido más estatista y reformista; la Unidad, se fue consolidando como una coalición conservadora que proclamaba la “desestatización” y desregulación de la economía.

Los principales problemas de esta democracia fueron: la ilegalización del partido Vanguardia Popular (una ilegalización expresa y larga) y en un principio del partido Republicano Nacional (calderonista), que fue proscrito de facto, sin haber sido mencionado expresamente en el decreto. Los líderes de ambos partidos fueron perseguidos y exiliados. Tales fueron los obstáculos más grandes a la participación electoral que tuvo Costa Rica en la segunda mitad del siglo XX.

Otros escollos fundamentales de la democracia costarricense, a partir de la segunda mitad del siglo XX que deseamos mencionar fueron: la diversificación económica, a través de la legislación del Mercado Común Centroamericano (MCCA). Aunque en un principio se intentó romper la dependencia económica del país con la economía de los Estados Unidos, al cabo del tiempo, no obstante, la economía se fue anclando todavía más a las economías de los países capitalistas desarrollados, principalmente la de los Estados Unidos, por medio de las industrias de integración. En este contexto se sellaron alianzas entre los sectores cúpula de la industria costarricense, con el capital financiero e industrial extranjero. La dependencia económica se fortificó y esto afectó grandemente la independencia del Estado en la toma de decisiones frente a los intereses del capital extranjero. Ni el partido Unidad Socialcristiana, ni el mismo partido Liberación Nacional fueron óbice para que nos convirtiéramos, cada vez más, en un eslabón de la cadena de la economía capitalista internacional.

Por otro lado, como telón de fondo, progresivamente se fue afianzando una inédita desigualdad social, que fue la contrapartida de la concentración de la riqueza cada vez en menos manos. Junto a ello, la clase media se debilitó y sigue en ese curso, en el cual, los sectores más vulnerables se hicieron más débiles aún. Además, los partidos tradicionales perdieron sus identidades, se comenzaron a parecer cada vez más el uno al otro; se desató en ellos, en sus gobiernos una funesta corrupción, tanto en la administración pública como en la privada, que provocó un desalineamiento de los sectores que tradicionalmente habían apoyado a uno y otro partido. Se llegó a perder, prácticamente de manera integral la credibilidad de un gran contingente de los electores en esas coaliciones políticas.

Como consecuencia de lo anterior, se abrieron oportunidades para otros partidos políticos nuevos, como el Partido Acción Ciudadana (PAC) que, en las elecciones del 2002, rompe el bipartidismo y fuerza a un balotaje o segunda ronda electoral por primera vez en la historia electoral de Costa Rica, entre Liberación Nacional y la Unidad Socialcristiana.

En las elecciones del 2014, el PAC quiebra por completo el bipartidismo y gana esas y las siguientes elecciones del 2018. La crisis estaba declarada para los dos partidos tradicionales.

Posteriormente surge el fenómeno que se ha conocido como el “chavismo”, el cual venció en las elecciones del 2022 y se reelige con Laura Fernández Delgado en el 2026.

La sociedad se transforma y la democracia se debilita

Lo que está ocurriendo es un fenómeno que da cuenta del debilitamiento de las estructuras partidarias tradicionales, una supina desconfianza en la institucionalidad y aunado a lo anterior ha cundido la inseguridad entre la ciudadanía, el temor profundo ante la penetración del narcotráfico y la violencia en las calles y áreas públicas, el agigantamiento de las brechas de igualdad y la frustración con el Estado.

De ahí que ahora, la cuestión democrática no consiste solamente en quién ganó y quién perdió las elecciones; ahora se trata de saber qué es lo que los titulares del poder formal, los ganadores del ejecutivo hacen con el poder que recibieron. La cuestión democrática gira ahora alrededor de los contrapesos del poder, si están operando o no, la tolerancia al adversario y, sobre todo, la posibilidad de que se produzca una mayor erosión de la institucionalidad democrática sin que se hubiese producido la ruptura del orden constitucional.

Por otra parte, se comienza a percibir una ruptura ya no solo en el terreno de la actividad política, sino además y de manera abrupta, en el seno de la sociedad civil. En ella están surgiendo varias fracturas que dan como resultado segmentos ciudadanos con diversos intereses entre sí, distintas ideologías y maneras de percibir la realidad. El asunto que reviste más profundidad es que entre los ciudadanos ya no solo aparecen diferencias de opinión entre grupos con respecto a cómo perciben la realidad, al Estado y al mismo gobierno, eso es natural en una democracia. El asunto ahora es más profundo ya que las diferencias parecen organizarse alrededor de fracturas sociales, económicas, territoriales, culturales y políticas.

Lo que debe estudiar la ciencia política actual, es que las grietas no habían llegado a producir todavía nuevas organizaciones sociales que pudiesen dar lugar a nuevas alianzas entre los partidos tradicionales en decadencia y los nuevos grupos sociales de ciudadanos aglutinados por determinadas percepciones de la realidad sociopolítica. Muchos de los nuevos grupos ya no solo rechazaban a los partidos tradicionales, sino que se han cohesionado por su rechazo al sistema en su conjunto. Son lo que podríamos llamar coaliciones en el seno de la sociedad civil antisistema.

Si este fenómeno en mi opinión bastante reciente puede desembocar o no en rupturas graves que pudiesen dar lugar a enfrentamientos que atenten contra la tradicional democracia, dependerá por una parte de la capacidad del llamado “chavismo” de ofrecerle a estos nuevos grupos de la sociedad civil, con visos de ser antisistema, un programa de realizaciones conducente a resolver problemas concretos, o carencias que afligen a estos grupos sociales en la cotidianidad. Y, por el otro lado, puede depender también de cómo se conduzcan los grupos opositores de la política, y la capacidad que muestren ellos también, para ir al encuentro de esas bases sociales desafectas y con bastante rencor y desdén frente al fenómeno de lo político en sentido tradicional.

Todas estas son algunas de las cuestiones que creo requieren de investigaciones más profundas que permitan entender la trama que se da en la situación política actual.

El día de la Biblia

Óscar Madrigal

Óscar Madrigal

Este 25 de setiembre celebraron en la Asamblea Legislativa el día de la Biblia los pastores evangélicos con la presencia de la presidenta.

El sector mayoritario evangélico costarricense está de lleno comprometido con el grupo político encabezado por Rodrigo Chaves.

Distingo a los evangélicos chavistas de los no chavistas, que los hay.

Chaves representa valores ubicados en las antípodas de los valores que defiende, supuestamente, el evangelismo.

¿Cómo pueden compaginar los “valores familiares” con una persona con varias familias, hijos fuera de matrimonio, odio, insultos? ¿Cómo unir los “valores morales” evangélicos con una persona que se vanagloria de su vulgaridad? ¿Cómo apoyar a un hombre y un movimiento que puede ser la antítesis del Salvador?

Puede haber dos explicaciones al menos.

La primera y evidente es que ese evangelismo hizo una mera transacción, cambiar los votos de los evangélicos a cambio de puestos de diputados, ministros, magistrados y aprobar normas de su exclusivo interés. Simplemente un trueque del voto evangélico por puestos de poder.

En este punto la conclusión es que se trata de una mercantilización de la fe. Es la realidad, aunque nos cueste aceptarlo.

La segunda es más profunda y tiene que ver con la cosmovisión contemporánea de los evangélicos.

El sector comprometido con el chavismo es partidario de la guerra, está contra la inmigración, apoya a Israel y al genocidio, promueve el enriquecimiento sin límites, apoya la reducción de derechos humanos a las mujeres y a la diversidad sexual, asimismo, la disminución de derechos a las personas privadas de libertad, se opone el concepto del cambio climático e incluso a la limitación de libertades democráticas. Ese sector es partidario de una masculinidad ruda y una supremacía patriarcal.

Atrás quedaron postulados evangélicos de humanismo, solidaridad y paz mundial, de convivencia y respeto por las opiniones ajenas.

Los evangélicos son partidarios del proyecto chavista de división, confrontación y odio social, asunto muy alejado de la vieja cosmovisión evangélica.

Por supuesto que la posición evangélica actual forma parte del engranaje global de la ultraderecha, que ha sido concebida, promovida y financiada por el gobierno de Trump.

El día de la Biblia no puede ser un momento para envenenar el alma nacional.

¿Batalla cultural o salto evolutivo?

Guillermo Sullings / pressenza

En los últimos tiempos hemos visto un avance de las derechas y ultraderechas en el mundo, ganando terreno electoral en muchos países y llegando al poder en varios de ellos. Desde el punto de vista económico, ya estábamos acostumbrados desde hace décadas al avance del neoliberalismo representando siempre los intereses del poder económico concentrado, pero solía hacerlo presionando, tanto a gobiernos de derecha como a los progresistas, para aplicar las políticas económicas que favorecieran a la banca y al capital concentrado en general, pero manteniendo cierto nivel de “corrección política” para adaptarse a los nuevos tiempos; y así hemos visto gobiernos que aplicaron políticas económicas neoliberales, pero siendo un poco más aggiornados en otras áreas, como los derechos de las minorías, el cuidado del medio ambiente, y ciertas políticas públicas de contención social. Pero más recientemente han ido surgiendo los llamados “populismos de derecha” que, además de reivindicar al más crudo capitalismo salvaje y depredador, atacan sin ningún tipo de filtro ni autocensura todas las conquistas sociales haciendo de ello su bandera política, logrando que a través de la manipulación del relato mediático y de las redes sociales, una buena parte de la población ponga en duda la validez o conveniencia de tales conquistas, y hasta logran movilizar una considerable cantidad de militantes que promueven el odio hacia los inmigrantes, el colectivo LGBT, los ecologistas, al feminismo y obviamente a lo que llaman populismo de izquierda y sus políticas económicas redistributivas. El término “wokismo”, que originalmente se utilizaba para manifestar la necesidad de “estar despierto y alerta” ante la discriminación a los afroamericanos y que luego se extendió a otros tipos de reivindicaciones, ahora la derecha lo utiliza peyorativamente para referirse a lo que definen como una “dictadura cultural del progresismo”, enfatizando en ciertas exageraciones, dogmatismos y cancelaciones para conseguir así la adhesión de una parte de la población. En esta confrontación con el wokismo la derecha levanta la bandera de una nueva “Batalla Cultural”, obviamente en sentido opuesto a la formulada por el Gramscismo, promoviendo la hegemonía de la derecha.

Como en toda batalla, debe haber dos bandos bien definidos, y a través de sus medios de comunicación y la manipulación de redes sociales se ocupan de demonizar y estigmatizar a todo aquel que reivindique los derechos humanos, la justicia social y el cuidado del medio ambiente como “seres miserables”, “escorias comunistas” y otros epítetos que buscan deshumanizar a todo el que piensa distinto, y hasta justificar el uso de la violencia contra ellos. Muchos jóvenes, tal vez hartos de la prédica de un progresismo “políticamente correcto” (y a menudo hipócrita), sienten que la rebeldía juvenil ahora pasa por ser de derecha y adhieren a estos nuevos fascismos. Esta estrategia extremadamente maniquea no es muy diferente a la utilizada por el fascismo que emergiera hace un siglo y terminara con las peores atrocidades; y también consigue como en aquellos tiempos, el apoyo del poder económico que se siente beneficiado por partida doble, ya que puede contar con la complicidad de los gobernantes para explotar y depredar, y a la vez lo puede hacer sin ningún prurito al estar avalado por el apoyo popular de quienes paradójicamente respaldan a sus propios verdugos.

Frente a esta situación algunos, desde ambos bandos se preguntan cómo lograr ganar la batalla cultural y así tener la hegemonía que permita gobernar. Pero qué pasaría si nos preguntáramos si realmente la solución pasa por librar esa batalla y en ese terreno.; o preguntarse también para qué se quiere realmente ganar una batalla cultural y tener la hegemonía, ¿para hacer qué exactamente?

Cuando Antonio Gramsci volcó su pensamiento en los cuadernos, escritos en la cárcel del fascismo italiano, para los comunistas de la época no había dudas de que el comunismo era la solución política y económica, y en todo caso el desafío principal era cómo llegar al poder para aplicarlo ¿sería a través de golpes palaciegos? ¿o mediante revoluciones y alzamientos populares?, ¿sería a través de procesos democráticos respaldados por masas proletarias organizadas en sindicatos? La pregunta era cómo lograr el poder y mantenerlo, conseguir que la sociedad respaldara, se convenciera; pero pocos se preguntaban sobre qué hacer con ese poder cuando se obtuviera, porque se suponía que eso ya estaba claro y que el comunismo era la solución. Pero un siglo más tarde, después de la caída del socialismo real, después del fracaso estrepitoso de las economías centralizadas, esa respuesta ya quedó obsoleta, y hoy en día si alguien se preguntase cómo llegar a tener la hegemonía que le permitiese gobernar con apoyo social, debiera antes que nada preguntarse qué va a hacer con ese poder, porque no parece estar muy claro, habida cuenta de las reiteradas frustraciones con gobiernos de diferente signo. Tal vez habría que comprender que los bandos que hoy se disputan la hegemonía no son más que diferentes avatares de un mismo poder que perdura incólume rigiendo los destinos de la humanidad con diferentes disfraces. Desde hace mucho tiempo ya que, gobierne quien gobierne, la riqueza se acumula cada vez más en pocas manos, el poder financiero domina el mundo, el planeta se sigue destruyendo, la violencia perdura y escala, y cada vez más seres humanos son marginados del sistema. Gobierne quien gobierne, todos aceptan esta marcha hacia el abismo de la civilización, algunos lo hacen por convicción, y otros con resignación; algunos pisan el acelerador y otros buscan infructuosamente el freno, mientras sostienen el volante en la misma dirección. Por eso es un error pensar que frente al avance de las ultraderechas lo que habría que hacer es redoblar esfuerzos desde el progresismo para ganar la batalla cultural y recuperar la hegemonía. Toda batalla implica encerrarse en bandos, y lo que se necesita es comprender que el 99 % de la población tiene problemas similares, comparte los mismos sufrimientos y temores, tiene angustia por un futuro cada vez más incierto, y la responsabilidad de esto no radica en ese 99 %, sino en el otro 1%, que es el más interesado en que nos dividamos en bandos para responsabilizarnos unos a otros, y para eso manipula la información y la subjetividad de las personas. Sentimientos como el odio, la envidia, el revanchismo, la discriminación son utilizados por los manipuladores para lograr que se conformen los bandos y se distraigan luchando entre sí. Ya hemos visto en la historia lo que pasa cuando los peores sentimientos se exacerban para incentivar la lucha entre bandos; varios genocidios comenzaron de ese modo, con gobiernos de diferente signo; se ha deshumanizado a otros por la raza, por la clase social, por la religión, por el nivel de educación, o por la nacionalidad, hasta llegar a una cosificación que justificaba cualquier matanza: ocurrió en la Europa dominada por los nazis, ocurrió en la Unión Soviética, en China, en Camboya, en Ruanda, en Sudáfrica, en India, en los Balcanes, solo por citar algunos ejemplos, pero los casos sobran lamentablemente, y aunque supongamos que en estos tiempos no se llegará a tanto, ya es suficiente con la polarización que existe en las sociedades para impedir que las mayorías se reconcilien y abracen un proyecto común: la polarización hace que se demonice al otro bando y por lo tanto ningún razonamiento, argumento, fundamentación, e incluso dato concreto puede ser verdadero o digno de ser considerado si pertenece al bando contrario.

Giuliano de Empoli, en su libro “Los ingenieros del caos”, analiza y describe muy bien cómo a través de las redes sociales se ha manipulado a las personas para que terminen apoyando a determinados candidatos o determinadas políticas; y quien mayor provecho ha sacado de esta manipulación por las redes ha sido la ultraderecha, que no ha tenido ningún prurito en difundir noticias falsas, o apelar a los peores sentimientos del ser humano; porque precisamente, como bien señala este autor, la propaganda por redes sociales se alimenta de emociones negativas, porque estas aseguran mayor participación. Las fake news que apelan a emociones negativas se viralizan rápidamente, mientras que las desmentidas de las mismas no tienen gran difusión. Si antes decíamos que el actual crecimiento de la ultraderecha tenía similitudes con los fascismos que surgieron hace un siglo, esta es otra coincidencia, la táctica de Goebbels del “miente, miente, que algo quedará”. Este tipo de propaganda manipuladora no enfatiza tanto en las supuestas virtudes del bando que la produce, sino más bien en los imperdonables defectos del bando opuesto, al punto de deshumanizarlo por completo; así se llega a un punto tal que buena parte de la población es capaz de apoyar y soportar al peor de sus verdugos, con tal de que no gane la partida el otro bando, al que le enseñaron que debía odiar.

Es por eso que, si se busca una transformación profunda en las sociedades, y un cambio sustancial en la dirección que lleva la civilización, no podemos plantearlo en términos de batalla cultural, de puja entre bandos, sino más bien como la necesidad de un salto evolutivo, y eso implica muchas cosas, pero sobre todo la épica de una ética superadora de la mediocridad actual.

Y cuando hablamos de mediocridad, no nos referimos solamente al individualismo, el odio, la discriminación y la crueldad de la ultraderecha, sino también a las palabras huecas y a la hipocresía del progresismo.

Tal vez haya que redefinir algunos conceptos y palabras que representen mejor la profundidad de una nueva ética social. Tal vez habría que hablar más de reciprocidad, y no tanto de solidaridad, ya que este último término está muy asociado al humanitarismo limosnero, mientras que la reciprocidad nos refiere más a un sistema de relaciones en las que los miembros de una comunidad se comprometen a ayudarse mutuamente. Tal vez habría que hablar de humanizar la mirada sobre los demás, porque ello implica aplicar la vieja regla de oro, tratar a los demás como queremos ser tratados, y de eso se desprenden un cúmulo de acciones y consideraciones que ayudarían a destrabar la trampa de los bandos, y nos llevaría a comprender mejor las ideas y sentimientos de los demás. Tal vez habría que hablar de liberación, más que de libertad, porque la liberación implica un proceso permanente, y en una sociedad cambiante y compleja, la diferencia entre la libertad teórica y la libertad concreta a menudo nos exige reconsiderar los términos de la misma. Con respecto al concepto de igualdad, no hay duda de que todos deben tener iguales derechos y oportunidades, pero la falta de oportunidades en la práctica es la que motiva propuestas compensatorias que podrían ser tildadas de igualitaristas, y ante eso surgen las críticas de los defensores de la meritocracia, que obviamente nada dicen de la falta de igualdad de oportunidades; por tal motivo habría que plantear a la igualdad de oportunidades como un requisito sine qua non si se quiere sostener un régimen de propiedad privada, porque en ese caso el derecho de propiedad debe estar condicionado por el derecho a la igualdad de oportunidades y no a la inversa, y en la medida de que la concentración de riqueza sea un obstáculo para la igualdad de oportunidades, habrá que replantearse el derecho al uso de la propiedad del capital concentrado. Pero por sobre todo habrá también que preguntarse también por el verdadero sentido de la vida humana en contraste con el materialismo consumista y alienante que hoy es aceptado como el ordenador de la organización social y la realización individual.

En definitiva, si de los laberintos se sale por arriba, habrá que empezar a volar hacia nuevas utopías que resuenen en los sentimientos más profundos del ser humano; porque no será suficiente con proponer el cambio de las prácticas democráticas, o de las técnicas económicas o de la legislación, en todo caso todo eso deberá ser la consecuencia de un verdadero salto evolutivo.

Fuente: https://www.pressenza.com/es/2025/08/batalla-cultural-o-salto-evolutivo/

El odio como arma política

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

El odio se ha convertido en un tema fundamental para entender la política en estos tiempos, pues forma parte crucial de la estrategia autocrática en manos de los populistas. Tal vez muchos puedan quejarse de los resultados del siglo XX para la humanidad, según sea la suma y la resta que haga desde su óptica personal, formación, conocimientos y pensamiento. Pero este primer cuarto del siglo XXI, cuyo fundamento está en esa centuria, a mi gusto y entender, me queda debiendo y mucho. Veo la destrucción del patrimonio y el entramado social de la humanidad cayendo a pedazos, bien sea por las guerras, los intereses bastardos, el egoísmo, la cortedad de miras y objetivos, la falta de pensamiento crítico, la mediocridad y la entrega, cada día más, a una tecnología “inteligente y artificial” en manos de unos pocos que, lucrando con ella, someten a los demás poniendo sus grilletes en los cerebros del ser humano o en sus manos entretenidas tabletas y celulares.

La democracia tiene la condición increíble de permitir elegir en los cargos de gobierno, a sus propios enemigos, a aquellos que desean destruirla. Para ello se valen de la libertad y de los procesos democráticos. Critican a los medios de comunicación, pero se valen de ellos mismos o ahora de las redes de internet, para criticar los errores de los gobiernos democráticos con mentiras y posverdad; o bien utilizan los procesos electorales para ascender al poder, como si elegir fuera la condición única para validar su accionar en el gobierno. Una vez que lo logran, como es el caso de Rodrigo Chávez, tratan de socavar los principios institucionales que la sustentan para lo cual, la generación de odios es fundamental. Ubican a la sociedad una mitad contra la otra y como señala acertadamente la historiadora y politóloga española Cayetana Álvarez de Toledo, levantan muros entre los ciudadanos y lograr obtener el poder absoluto por medio de la polarización y el apoyo incondicional e irracional de esos seguidores, a los que la misma autora ha calificado como “los burros de Troya de la Democracia” como los califica la misma autora. Una vez en el poder, inician el ataque a los otros poderes como el Poder Judicial, Legislativo, Contraloría y Fiscalía, es decir, contra todo aquello que tiene los instrumentos para frenar su ambición de poder límite y corrupto.

En la propuesta de quienes ambicionan el poder absoluto, autoritario y autócrata para destruir la democracia, entre otros elementos crean su plataforma o movimiento político formando grupos que generan sentimientos confrontativos para enfrentar a quienes no están dentro del movimiento .Son los que generan el sentimiento de “nosotros” , los virtuosos, dueños de la verdad, de pertenecía y lealtad, frente a “ellos” sus opositores y enemigos de muy diversa índole pero que fundamentalmente son las instituciones democráticas, los partidos políticos, sus líderes, los funcionarios públicos, la prensa e intelectuales que son tachados de privilegiados, son su blanco favorito. Ellos son los culpables de sus frustraciones y deseos no cumplidos, según se los inculcan los lideres del “autocratismo”.

Contra” ellos” se debe generar el odio, generalmente por boca del autócrata de turno o el aspirante a tal. ¿Y cómo lograr producir ese sentimiento negativo?, muy fácil, culpando a las instituciones y a todos los demás que no compartan su visión política, de todos los males de la sociedad. Con eso, crean la sensación que “ellos” son negativos, malos, corruptos, ladrones, egoístas, creadores de privilegios para su beneficio, que han tomado las instituciones y las han corrompido, y fundamentalmente, debe cambiarse la Constitución Política como madre institucional de todos los males.

Sin embardo, todos esos ataques individuales o colectivos, institucionales, etc, se hacen sobre la base de la posverdad; es decir con acusaciones o afirmaciones aparentemente ciertas, pero sin demostrarlo, pues en realidad o es mentira o su dicho no es totalmente cierto, como lo afirma el autócrata y su grupo. Utilizando indiscriminadamente todas las redes sociales, por medio de troles y bots, forman lo que RAND Corporación ha llamado: maguera de falsedades

–           “por las dos característicos que la distinguen: la gran cantidad de canales y mensajes y la voluntad deliberada de difundir medias verdades o mentiras descardadas…” (Naim Moisés. La Venganza de los Poderosos. P.214)

Para ellos no importa violar la verdad y la ley, lo importante es crear el sentimiento negativo hacia algo o alguien y con ello generar el odio y deseo de destruirlo.

Por lo tanto, no es un movimiento que funcione en torno a la inteligencia sino de la emoción, pues es bien sabido que el odio es un gran generador de cohesión capaz de movilizar a las masas, que no meditan lo que hacen. Los mejores ejemplos están en las entrevistas a los manifestantes chavistas frente a la Asamblea Legislativa o contra el fiscal general; ninguno sabía cuál era el objetivo real y por qué de la manifestación, su principal motivación era apoyar al presidente…sin saber por qué, pura emoción, nada de raciocinio.

Para crear ese estado de confrontación, explotan las deficiencias y errores que se han cometido dentro de la democracia liberal, especialmente las promesas no cumplidas y, se debe reconocer, los beneficios excesivos que algunos grupos y sectores obtuvieron del ejercicio del poder político, a los que el régimen de Chávez ha llamado “costarricenses con corona”, aunque durante su gobierno siguen gozando de los mismos privilegios y otros han obtenido, también, su corona; como ciertos sectores industriales, agrícolas, importadores y bancarios. En este sentido, el uso del lenguaje agresivo, soez y arrabalero por el presidente Chávez ha sido fundamental pues, al contrario de la actitud tradicionalmente modosa y tranquila del costarricense, las huestes chavistas aplauden el insulto y agresión a los que ellos consideran “los malos”, por parte del “líder de los buenos”; así se ha ido creando esa gran división entre los costarricenses que no había existido, por lo menos, desde 1948.

Es obvio que esta es parte de la estrategia por medio de la cual, los populistas sin importar su origen ideológico, tratan de usurpar el poder. Es evidente que en Costa Rica, Rodrigo Chávez cumple uno a uno los pasos de toda la estrategia autoritaria, hasta la de utilizar los procesos electorales de la democracia para acceder al gobierno; pero les falta el paso siguiente: obtener el voto necesario para que un candidato sumiso y 38 diputados de “a culazo” como los llamaba don Paco Calderón Guardia, le permitan reformar la Constitución Política, cambiar la Corte Suprema de Justicia, el TSE, la Controlaría e instalar lo que acertadamente ya empieza a llamarse una “kakistocracia” o el gobierno de los peores elementos de la sociedad, mediocres y corruptos. ¿Quieren ejemplos?, no miren hacia afuera, vean simplemente lo que nos ha pasado estos años, cuando apenas hemos caminado por el borde del abismo.

Tomemos muy en cuenta lo que nos advierte don Elliot Coen en su artículo “Guerra Civil: En Costa Rica”:

–           “Más profundamente, el antagonismo constante, el descrédito de las instituciones y el auge del discurso del odio están erosionando los cimientos de la cultura democrática de Costa Rica. Se observa una creciente desafección hacia la democracia misma, especialmente entre los jóvenes, que muestran tendencias más autoritarias…” (Coen Elliot. Guerra Civil En Costa Rica. P-18)

Estimado lector: en guerra avisada, no muere soldado… de usted depende.

Perfilamientos raciales, signos externos, narrativas de odio: La instrumentalización del tema migratorio de cara a las elecciones 2026

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Junio casi termina y empieza el tramo final de una empinada carrera de obstáculos hacia la presidencia de la república en esta Costa Rica compleja del Siglo XXI. Es otra la sociedad que tenemos, son otros los parámetros de medición de la integración social y la convivencia. A nivel político es tal la fragmentación y la ausencia de propuestas sólidas, que nos debatiremos en un amplio espectro de propuestas amparadas en franquicias más que en estructuras partidarias fortalecidas.

En medio de ese escenario, discursos, narrativas y prácticas alrededor de ciertos temas centrales, orientarán los vectores de las opiniones públicas y las inclinarán hacia ciertos núcleos duros. El tema de la seguridad, sin lugar a dudas, será uno de ellos, pero también ese tema tan traído y llevado como la corrupción y el narcotráfico.

Uno de los temas discursivos que sin lugar a duda será instrumentalizado, atendiendo los escenarios internacionales y específicamente los provenientes de la sociedad estadounidense, es el del impacto de las migraciones en la sociedad costarricense. Justamente en días pasado, una de las posibles figuras candidateables hacía eco de aquellas imágenes que relacionan deterioro de la seguridad social con presencia de población migrante, particularmente de origen nicaragüense, en el país.

A la vuelta de la esquina, empezaremos a escuchar cada vez con mayor fuerza el uso de estas y otras nociones vinculadas con la población migrante, para fines absolutamente electorales. En medio de una sociedad polarizada, cuyos ejes ideológicos se han movilizado hacia espectros conservadores, abrazados por amplios sectores de población, es posible que este tema sea objeto de un manejo fácil, desinformado y utilitario en los próximos meses.

Por eso no dejan de preocupar algunas manifestaciones a las que creo debemos prestarles atención.

La primera, cercana a lo que en los actuales escenarios antiinmigrantes en Estados Unidos han sido denominadas acciones de perfilamiento racial y que consisten en la detención de personas solo por el simple hecho de ser sospechosas de ser personas indocumentadas, migrantes, latinas….sucedió en Alajuelita hace unos días y el hecho fue documentado por la gestora cultural Tania Álvarez, que indicó haber presenciado como autoridades migratorias se subían a un bus de la localidad a solicitar cédulas de identidad sin ningún tipo de explicación de por medio. Se sabe que, en algunos contextos urbanos, el perfilamiento racial es aún mayor y la mayoría de las veces produce otro tipo de narrativas, como la criminalización y la producción de estereotipos.

La segunda acción fue documentada por la académica e investigadora costarricense Priscilla Carballo al relatar haberse encontrado en una tienda ubicada en Curridabat, en el este de la capital, con signos externos utilizados en la campaña “Make America Great Again”, misma que fue la base narrativa que llevó a Donald Trump a su segundo mandato.

Ambas prácticas avizoran a todas luces un escenario complejo en el que los aspectos problemáticos de la migración serán relevados en detrimento de los aportes que las poblaciones migrantes realizan en el país. A documentar esas posibles utilizaciones deberemos dedicarnos en los próximos meses y contrastarlas con información oportuna y sustentada. Sera esa tarea de quienes creemos que otro mundo, inclusivo y abarcador, es posible.

Democratizar la educación para reconstruir la democracia

Álvaro Vega Sánchez

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

El régimen democrático costarricense, que celebró índices de desarrollo humano y de paz social ejemplares en América Latina, se ha deteriorado cualitativamente. El creciente empobrecimiento, desigualdad e inseguridad social junto con la avanzada del autoritarismo político y el fundamentalismo religioso-cultural son los factores que explican, en buena medida, ese deterioro. El mismo se manifiesta en un debilitamiento sustantivo de nuestra institucionalidad social pública, así como en la pérdida de protagonismo del país en la defensa de los derechos humanos y de la naturaleza a nivel mundial.

Todo ello también ha contribuido a profundizar la polarización social, acicateada por los elevados decibles de las voces del odio y la intolerancia que campean hoy en las redes sociales y algunos medios de comunicación. Asimismo, una gestión gubernamental que no da indicios de contribuir al tan necesario diálogo social para encarar los álgidos problemas del país. Acudir a las vieja prácticas de componendas interpartidarias solo abonan el terreno de la polarización y el desencanto ciudadano.

Reconstruir el régimen democrático del país es una tarea tan urgente como importante. Para ello necesitamos una ciudadanía con mejores niveles educativos, particularmente, como se recomienda en esta era de la inteligencia artificial, poniendo especial atención a la formación en “capacidades blandas” para humanizar el desempeño técnico-profesional e incentivar la creatividad y el trabajo colaborativo. Por lo tanto, se requiere ampliar la cobertura del sistema educativo en todos sus niveles, es decir, democratizarlo fortaleciendo la institucionalidad pública y convocando a la privada a un mayor compromiso solidario. Asimismo, redefinir la estrategia curricular atendiendo a las nuevas condiciones de disponibilidad y acceso a la información.

Una verdadera democratización de la educación es aquella que garantice que todo joven costarricense a la edad de 18 años haya culminado la educación secundaria y esté preparado para acceder a una carrera técnica o académica del mejor nivel. De esta manera, se crean las condiciones que eviten seguir reproduciendo la “generación perdida” de jóvenes que ni estudian ni trabajan. Un país que se precia de tener un “ejército de maestros” no debe estar tirando a las calles a jóvenes en edad productiva, para que se conviertan en delincuentes, sicarios, consumidores y traficantes de drogas, contribuyendo a reproducir los círculos de la pobreza y la violencia.

Si bien es cierto, la educación no es la única solución a los graves problemas de la pobreza, la desigualdad y la violencia social (cultural, simbólica y política) y criminal, sin educación no hay posibilidad de avanzar significativamente en la solución de los mismos. Como se dice, es una condición necesaria pero no suficiente. Sin embargo, en las condiciones actuales, si el país pretende rescatar su viejo protagonismo en desarrollo humano y reconstruir su régimen democrático la democratización de la educación tiene que convertirse en una prioridad de la política pública.

En esta dirección se requiere afinar la planificación y regulación de todo el sistema educativo, tanto público como privado, con un norte claro y definido: garantizar la conclusión de los estudios secundarios para todos los jóvenes que habitan este país. Es la gran deuda social que arrastramos desde hace décadas, como bien lo han reiterado los Informes sobre el Estado de la Educación. Para ello, se requiere un seguimiento personalizado del avance educativo de los jóvenes y, por consiguiente, una estrategia de cooperación por parte de las familias, las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con jóvenes y el Estado.

Si no queremos una sociedad con más cárceles que escuelas y colegios, tenemos que actuar ya. Hay que superar el actual modelo de “oligarquización de la educación” y dar el salto cualitativo hacia la democratización de la educación, la vía por la cual el país cosechó sus mejores logros y los puede seguir cosechando.

Disturbios Brasil: un golpe a la democracia

Compañías de Luz

Más de 1200 bolsonaristas detenidos en el asalto

Más de 1200 bolsonaristas arrestados por negarse a desalojar los campamentos de protesta en Brasilia, la mayoría de los manifestantes abandonaron el lugar de forma pacífica, pero otros cargaron contra la policía con gran violencia.

Luego de meses de acampada en la capital, los simpatizantes de Bolsonaro debieron retirarse por orden de la justicia. El presidente Luis Ignacio Lula de Silva inspeccionó los daños en el Palacio Presidencial y sostuvo una reunión de gabinete, después del ataque dijo que los responsables serán castigados.

Lula acusa a Bolsonaro y a las autoridades de conniventes

El mandatario acusó a las fuerzas de seguridad de incompetencia u omisión al permitir que ocurrieran los ataques. También acusó a su predecesor Jair Bolsonaro que se encuentra en Estados Unidos que respondió en Twitter negando su involucración en los ataques.

De momento el campamento se va desarmando poco a poco, para ello ha sido necesario un fuerte operativo policial que incluyó policías de la guardia nacional y militares y policías con caballo de la montada. Ahora se está abriendo una investigación en la Corte Suprema de si las autoridades del Distrito Federal hicieron lo que debían para impedir los hechos o si como se sospecha fueron conniventes.

Polarización social y corrupción institucional

Según los analistas políticos el problema no es solamente de la división que se manifiesta en episodios como el asalto al congreso en Brasilia, también hay corrientes antidemocráticas en las fuerzas armadas, en las fuerzas policiales, entre otros.

Más allá de lo ocurrido en Brasilia, en muchas otras ciudades hay manifestaciones y bloqueos en carreteras.

Las redes sociales han polarizado mucho la población de Brasil. El tema de las informaciones falsas ha sido un gran tema durante la campaña electoral de 2022.

Ahora será el Gobierno de Lula de Silva que tendrá que afrontar la situación, en principio quería priorizar los temas económicos, la reducción de la pobreza, la desigualdad y ahora realmente la prioridad será la normalización de la política y la superación de la polarización. El éxito de que se pueda retomar la normalidad dependerá de si Lula consigue proyectarse como alguien que puede conciliar y promover la superación del desorden que vive el país ahora mismo.

El ministro de de defensa en jaque

La incertidumbre también está dentro del Gobierno, es una incógnita qué terminará pasando con el ministro de defensa que ha sido muy cuestionado por no presionar más los generales a aceptar una postura más contundente frente a los manifestantes que están en Brasilia hace meses.

Ralentización en la recuperación económica

El Gobierno quería presentar unos primeros resultados de gestión en los primeros 100 días de mandato lo va a tener mucho más complicado ahora. El desorden social que vive el país también tiene una repercusión económica. La recuperación de la economía se puede ralentizar así como también los inversores serán mucho más cautelosos planteando si Brasil es un régimen estable para implantar compañías que produzcan y hagan avanzar la economía.

¿Será Bolsonaro perseguido por los disturbios?

Que Bolsonaro sea perseguido no solamente dependerá del Ministerio de Justicia, sinó también de los Estados Unidos o de algún otro país donde Bolsonaro pueda ir. La Casa Blanca está bajo presión para que Bolsonaro vuelva a Brasil pero aún es temprano para saber cómo terminará actuando y qué hará el Gobierno de Brasil al respecto.

Fuente: https://www.companias-de-luz.com/noticias/golpe-brasil/

PILAR CISNEROS: LA DIPUTADA DE LAS 3 P

Marielos Aguilar

El periodista de investigación y escritor MOISÉS NAÍM, preocupado por las nuevas corrientes autoritarias que están amenazando la trayectoria del sistema de pesos y contrapesos en los países democráticos, ha publicado un interesante libro denominado LA REVANCHA DE LOS PODEROSOS: CÓMO LOS AUTÓCRATAS ESTÁN REINVENTANDO LA POLÍTICA EN EL SIGLO XXI. Es una obra que se propone defender el modelo de las democracias liberales occidentales del siglo XX.

Al abrir este texto, es inevitable no pensar en la periodista y diputada PILAR CISNEROS, hoy día representante del partido oficialista que llevó a la silla presidencial al economista RODRIGO CHAVES, ambos ejemplos muy claros del modelo que Naím propone para reconocer a los dirigentes políticos antiliberales de nuevo cuño.

A estos nuevos políticos Naím los denomina con el nombre de LOS AUTÓCRATAS DE LAS 3 P, para resumir la fórmula antidemocrática de la que echan mano. Esos tres elementos son el POPULISMO, la POLARIZACIÓN y la POSVERDAD, una conjunción que les permite ir desmantelando los contrapesos que en una democracia garantizan la independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Esos autócratas recurren a estrategias cada vez más notorias: el uso de un lenguaje catastrofista y pesimista para dirigirse al pueblo en general, la caracterización del entorno que nos rodea como caótico y fallido y, en no pocas ocasiones, a manifestaciones de un gran desprecio por el conocimiento y el papel de los profesionales e intelectuales en la sociedad. Instituciones como las universidades y los medios de comunicación son con frecuencia satanizadas. Se trata de fomentar la polarización social agudizando el escepticismo y la apatía respecto al ejercicio de lo que ellos denominan la política tradicional, sea de izquierda o de derecha.

Al recurrir a la POSVERDAD, estos políticos de vocación autócrata van más allá de la simple mentira, niegan verdades y realidades constatables para socavar los contrapesos que ponen límites a sus excesos de poder.

Para ellos los aspectos objetivos tienen menos importancia que las opiniones y las emociones que produce su discurso populista, polarizante y demagógico, todo ello con el deseo de fomentar las condiciones necesarias en la opinión pública para justificar sus abusos de poder.

Cuando vemos cómo la diputada Cisneros insiste en transmitirle a la población costarricense su escepticismo sobre la labor que se realiza en el ámbito parlamentario, o cuando el presidente Chaves va al Poder Judicial a señalarle sus debilidades, que las tiene, sin reconocer la importancia de la separación de los ámbitos ejecutivo, legislativo y judicial, una cosa queda clara: su objetivo es socavar nuestro modelo de Estado y darle rienda suelta a sus sueños autócratas. Se vislumbra en un futuro cercano una Costa Rica convertida en una autocracia de derecha, con una población cuyas esperanzas se desvanecen a punta de mensajes catastrofistas y donde las grandes ausentes sean las propuestas para profundizar la democracia costarricense, con políticas redistributivas eficientes para combatir la pobreza y la injusticia social.

Frente a esta amenaza, los movimientos sociales tienen la palabra: ambientalistas, sindicalistas, feministas, frentes estudiantiles y juventudes organizadas, movimientos indígenas y de otras comunidades.

Nuestra herencia progresista, democrática y pluralista está por encima de todo.

¡Para mañana es tarde!

 

Compartido con SURCOS por Juan Carlos Cruz Barrientos.