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Etiqueta: uso político de la religión

Carta abierta a Su Santidad papa León XIV con motivo de la visita de la presidenta de Costa Rica

SURCOS comparte esta carta abierta, publicada por su autor el 28 de octubre, con motivo de la audiencia de la presidenta Laura Fernández Delgado con el papa León XIV.

San José, 28 de octubre de 2026
A Su Santidad León XIV
Ciudad del Vaticano
Santo Padre:

Me entero de que mañana recibirá a nuestra presidenta, Laura Fernández. Como costarricense y cristiano, considero mi deber advertirle algunas cosas. No quisiera que Su Santidad terminara recibiendo lecciones de cristianismo de una mandataria cuya interpretación del Evangelio parece haber pasado por la oficina de Donald Trump.

Le comparto diez advertencias. No son artículos de fe, aunque algunas requieren bastante fe para creerlas.

  1. Cuidado con las Biblias.

Nuestra presidenta asegura que gobierna con la Biblia. En Costa Rica hemos descubierto que las Escrituras sirven para todo: gobernar, ganar elecciones y hasta, según denunció ella misma, para que Fabricio Alvarado intentara arrinconarla en una oficina con el pretexto de regalarle una. Él negó la acusación, pero el episodio dejó una enseñanza: no basta con llevar la Palabra de Dios bajo el brazo; importa también lo que uno hace con el otro brazo. Aquí la Biblia se utiliza para casi todo, excepto, aparentemente, para amar al prójimo.

  1. No se sorprenda si menciona a Donald Trump.

Nuestra presidenta siente una fascinación política por el mandatario estadounidense. Suscribe sus iniciativas con un entusiasmo que haría palidecer a los propios republicanos. Quizá deba explicarle que el Sermón del Monte se pronunció mucho antes de la construcción de Mar-a-Lago y que las bienaventuranzas no necesitan autorización de Washington.

  1. Si hablan de Irán, recuerde quién es el príncipe de la paz.

Mientras usted condena la guerra y recuerda la dignidad de las víctimas, nuestro Gobierno parece encontrar más fácil acompañar políticamente a Washington que cuestionar sus decisiones militares. Tal vez convenga recordarle que los misiles no son instrumentos de evangelización y que bombardear a un enemigo no es exactamente lo que Jesús quiso decir con poner la otra mejilla.

  1. No acepte invitaciones a excursiones escolares.

Nuestra presidenta propuso llevar estudiantes a conocer una cárcel de máxima seguridad para mostrarles las consecuencias de delinquir. Una pedagogía inspirada en Bukele. Usted podría recordarle que Jesús enseñaba con parábolas, no organizando visitas guiadas al sufrimiento.

  1. Pregúntele por los presos.

En nuestro país las megacárceles se han convertido en un espectáculo político. Las personas privadas de libertad aparecen como trofeos de una supuesta victoria moral. Conviene recordarle Mateo 25:36: «Estuve preso y vinisteis a verme». Jesús no agregó: «Y procurasteis que las cámaras captaran mi peor perfil».

  1. No confunda la justicia con una escenografía.

Nuestra presidenta admira el modelo penitenciario salvadoreño. Parece convencida de que cuanto más aterradora resulte una cárcel, más virtuoso será el Gobierno. Tal vez pueda explicarle que la justicia no se mide por la cantidad de barrotes y que la misericordia no es una conspiración internacional de delincuentes contra las buenas costumbres.

  1. Si le ofrece firmar algo, revise el bolígrafo.

En julio de 2024, cuando todavía era ministra, protagonizó una firma pública en la que el bolígrafo no tocó el papel. Después explicó que se trataba de un acto simbólico y que firmó posteriormente. En Costa Rica aquello nos recordó la multiplicación de los panes, pero sin panes. Si mañana firma un compromiso por la paz, compruebe que la tinta llegue al documento. No todos los milagros administrativos están reconocidos por el Vaticano.

  1. No se deje impresionar por su humildad.

Nuestra mandataria probablemente llegará hablando de Dios, de la familia y de su amor por Costa Rica. Todo muy edificante. El problema es que la humildad cristiana también exige escuchar críticas, reconocer errores y admitir que el Espíritu Santo no tiene carné de ningún partido político. Sería bueno recordarle que Jesús lavó los pies de sus discípulos; no les exigió que primero reconocieran su liderazgo.

  1. Recuérdele que Costa Rica no tiene ejército.

Lo abolimos en 1948 y durante décadas hicimos de la paz una seña de identidad. Ahora nuestra política exterior parece cada vez más seducida por las alianzas de seguridad de las grandes potencias. Sería una ironía histórica que, después de casi ochenta años sin ejército, nuestra principal contribución a la paz mundial consistiera en aplaudir las guerras ajenas.

  1. No permita que confunda la audiencia con una canonización.

Es probable que la fotografía con usted se convierta en un importante recurso propagandístico. Comprenderá que una audiencia papal tiene un valor electoral considerable.

Santo Padre:

Le escribo con humor, pero también con preocupación. Existe una distancia enorme entre invocar el nombre de Dios para ejercer el poder y permitir que el Evangelio cuestione ese poder.

Usted ha hablado de paz, misericordia, justicia y dignidad humana. Precisamente esas palabras resultan incómodas para quienes prefieren el espectáculo del castigo, la obediencia a los poderosos y las fotografías piadosas.

No le pido que reprenda a nuestra presidenta. Solamente que le hable de Jesús. Del Jesús de los Evangelios, no del que algunos asesores de comunicación parecen haber contratado para las campañas electorales.

Y si todavía le queda tiempo, recuérdele que la Biblia no es un programa de gobierno, que la verdad no es un accesorio de la propaganda y que el prójimo incluye también a los presos, los extranjeros, los enemigos y quienes piensan distinto.

Reciba mi respeto y mis mejores deseos.

Y, por favor, Santidad, si nuestra presidenta le ofrece firmar un compromiso por la paz, asegúrese de que esta vez el bolígrafo toque el papel.

José Chacón
Costa Rica

Publicado por el autor en https://www.facebook.com/jose.chacona

Voz Profética contra la Guerra

Iglesia Metodista Wesleyana Costarricense

“Bienaventurados los pacificadores,
porque ellos serán llamados hijos de Dios
”.

Mateo. 5:9

Acabamos de concluir la Semana Santa, cuyos días fueron marcados por el sacrificio redentor de Jesucristo y la esperanza viva de la Resurrección, levantamos nuestra voz como Iglesia que discierne los tiempos, no para acomodarse a ellos, sino para confrontarlos a la luz del Evangelio.

Hemos sido testigos de un clamor profético que resuena desde Roma, en la voz del Papa León XIV, quien ha declarado con valentía que Dios no escucha las oraciones que nacen de manos manchadas de violencia. Esta palabra, además de ser un gesto político, es un llamado urgente a la coherencia evangélica. Es la denuncia de una fe que busca sacar provecho para justificar la guerra, una fe que ha olvidado la cruz y ha preferido el poder.

Como Iglesia heredera de la tradición Wesleyana, afirmamos con claridad que, no hay santidad sin justicia, no hay piedad sin misericordia, y no hay verdadera fe donde se bendice la violencia.

Nos preocupa profundamente la creciente tendencia de utilizar el nombre de Dios para legitimar acciones bélicas, discursos de odio y estrategias de dominación. Nos duele ver cómo se pretende vestir de espiritualidad, lo que en esencia es negación del mandamiento supremo del amor. La fe no puede ser combustible para la maquinaria de guerra. El Evangelio no es propaganda de ningún imperio.

Por ello, extendemos esta Carta Pastoral y Profetica, como un acto de comunión y también de interpelación:

Al Papa León XIV:

Reciba nuestra solidaridad y apoyo en su firme testimonio a favor de la paz. Oramos para que el Espíritu Santo continúe guiando su voz profética en medio de presiones políticas y tensiones globales. Que su llamado a abandonar las armas no sea silenciado, sino amplificado por todos los que creemos en el Reino de Dios.

A las Autoridades de las Naciones:

Les exhortamos a recordar que el poder no es licencia para destruir, sino una responsabilidad para proteger la vida. Ninguna estrategia de seguridad, puede justificar la pérdida de la dignidad humana y la historia juzgará con severidad a quienes, pudiendo elegir la paz, optaron por la violencia.

A Todas las Confesiones Religiosas:

Este no es tiempo de silencio ni de neutralidad cómoda. Es tiempo de unidad en lo esencial, la defensa de la vida, la denuncia de la injusticia y la proclamación de la paz. Más allá de nuestras diferencias doctrinales, nos une un llamado superior, ser luz en medio de la oscuridad. Convocamos a iglesias, comunidades de fe y líderes espirituales a levantar una sola voz contra la guerra y la indiferencia.

Al Pueblo de Dios:

No podemos ignorar el llamado a la conversión integral. Como bien se ha dicho, la mayor amenaza no es solo la guerra, sino la indiferencia. Cada acto de egoísmo, cada palabra que hiere, cada silencio ante la injusticia, nos hace cómplices de un mundo que se aleja del amor. El tiempo Pascual nos confronta ¿vivimos como resucitados o como espectadores pasivos del dolor ajeno?

Hermanas y Hermanos, el Evangelio no nos permite ser indiferentes. La cruz no es un símbolo decorativo, es un llamado radical a amar incluso en medio del conflicto. Y la resurrección no es una idea abstracta, es una fuerza viva que nos impulsa a transformar la realidad.

Hoy más que nunca, reafirmamos que el mal no tiene la última palabra, pero tampoco será vencido sin nuestra participación activa en el amor.

Que el Espíritu nos despierte. Que la Iglesia se levante. Que la humanidad escuche.

Y que el Dios de la Vida nos encuentre no orando por la guerra, sino trabajando incansablemente por la paz.

“¡Clama a voz en cuello,
no te detengas!
Alza tu voz como trompeta…
”

Isaías. 58:1