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Autor: María José Ferlini Cartín

Encendemos nuestros faroles: la democracia no es un regalo, es una construcción colectiva

Colectiva Autónoma por la Resistencia Social

La Colectiva Autónoma por la Resistencia Social (CARS) surgió a partir de la organización de diversas personas de la sociedad civil que sintieron la urgente necesidad de alzar la voz en defensa de las injusticias sociales, recortes presupuestarios, ataques a la institucionalidad y amenazas a nuestra democracia que atravesamos a nivel país. Su primera aparición fue en el Plantón por la Defensa del ICE, en donde a través de la unión de muchísimos sectores sociales, universidades, sindicatos e instituciones logramos desconvocar la votación del proyecto de ley de armonización, iniciativa que hubiera afectado la calidad de vida de miles de costarricenses.

Esta organización no surge como un hecho aislado, sino que nace como una respuesta ciudadana en defensa de los principios democráticos que han caracterizado a la idiosincrasia costarricense por muchos años. Es así como a través de la articulación y unión de esfuerzos comienza a tomar forma una movilización que el día de hoy conocemos como el Plantón por la Justicia Democrática. Iniciativa que marcó un precedente histórico para las movilizaciones sociales de los últimos años, convocando miles de personas en todas las regiones del país, que tomaron la bandera de la patria y de la democracia para salir a defender la división de poderes y el Estado Social de Derecho.

El Plantón se concibe como una respuesta ciudadana y un punto de partida para esta Colectiva y para los movimientos sociales del país, en donde se dio un espacio democrático, transparente y apartidario en el cual las personas pudieran manifestar sus inconformidades y transmitir sus demandas a los diversos poderes del Estado. En una coyuntura en la cual la administración Chaves-Robles y posteriormente la administración Fernández-Delgado se han dedicado a debilitar nuestro tejido social, desfinanciar y debilitar nuestras instituciones, hacer recortes sistemáticos a áreas fundamentales como educación, cultura y salud, a atacar y perseguir a activistas y creadores de contenido e irrespetar los principios constitucionales y de derechos humanos del marco jurídico nacional e internacional. Bajo este panorama, la CARS surge como una alternativa para reactivar y articular el tejido social y fungir como un puente entre la sociedad y actores sociales como sindicatos, organizaciones, instituciones públicas y demás actores en defensa de los principios democráticos y la soberanía ciudadana.

A partir de este recorrido, del éxito masivo del Plantón, de su impacto a nivel nacional e internacional, la CARS se establece como un referente de los movimientos sociales en el país, a ser la portavoz de todas esas voces y demandas que en los últimos años han sido silenciadas.

La afirmación anterior nos llevó a darnos cuenta que no podemos quedarnos con acciones aisladas, el Plantón fue el punto de partida para una serie de movilizaciones a nivel país, quedó demostrado con la marcha en defensa del FEES y el plantón por la defensa de la CCSS. Y nuevamente le demostraremos al Ejecutivo que los costarricenses demandamos una Costa Rica justa, democrática, libre de persecución y libre de corrupción en la Faroleada por la Democracia. Este próximo 14 de septiembre nos volveremos a unir de forma pacífica en diversos puntos del país como San José, Cartago, Limón, Puntarenas, Heredia, Alajuela, Liberia, Nicoya, Pérez Zeledón y muchísimos otras comunidades, esta vez en defensa de la democracia, de la independencia de Costa Rica, de nuestras instituciones públicas y de la libertad.

Esta actividad no pretende competir o desconvocar las actividades tradicionales de nuestras fiestas patrias; reconocemos el valor cultural y político que tiene el famoso desfile de faroles en nuestro país, especialmente para las infancias. Sin embargo, creemos que es fundamental que como costarricenses nos apropiemos de nuestras fechas históricas, acontecimientos que llevaron a constituir la democracia que hoy defendemos y cuidamos. El 14 de septiembre no es una fecha que le pertenece al gobierno; le pertenece a las personas costarricenses, a las personas trabajadoras, agricultoras, ganaderas, jefas de hogar, madres, padres, niños y niñas, mujeres, pescadoras y a toda la ciudadanía en general.

El trasfondo político de los faroles en Costa Rica va mucho más allá de una actividad escolar o una tradición infantil. Su origen está ligado a la lucha por la independencia de Centroamérica y al papel que jugó el pueblo en ese proceso.

El 14 de septiembre de 1821, en la ciudad de Guatemala, mientras las autoridades debatían si declarar o no la independencia de España, una mujer llamada Dolores Bedoya salió a las calles con antorchas y faroles para reunir a la población y presionar a los dirigentes para que tomaran la decisión independentista. Los ciudadanos se congregaron frente al Palacio Nacional gritando consignas como “¡Viva la Patria!” y “¡Viva la Libertad!”. Ese movimiento popular ayudó a crear el ambiente político que culminó con la firma del Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821.

En Costa Rica, los faroles simbolizan precisamente esa luz de libertad que acompañó al pueblo centroamericano en su camino hacia la independencia. Sin embargo, la tradición del desfile de faroles no nació en 1821, sino en 1953, después de la Guerra Civil de 1948, cuando el Estado costarricense impulsó el fortalecimiento de los valores cívicos y la identidad nacional. El educador Víctor Manuel Ureña Arguedas organizó oficialmente los primeros desfiles para inculcar patriotismo y conciencia histórica en la niñez.

Es por esto por lo que cuando los costarricenses encienden un farol el 14 de septiembre, no sólo recuerdan la independencia; también evocan el derecho de los ciudadanos a hacerse escuchar y a participar activamente en el destino de su nación. Esa es la razón histórica y política que da sentido a una de las tradiciones patrias más queridas de Costa Rica.

La Faroleada por la Democracia nace como continuidad del trabajo que hemos venido desarrollando desde la Colectiva. El pasado 6 de agosto organizamos el Plantón por la Justicia Democrática, como un espacio de participación ciudadana y expresión pública en defensa de los principios democráticos. A través de la Faroleada buscamos dar continuidad a ese proceso desde nuestras comunidades, reivindicando la importancia de la democracia, las instituciones públicas, la división de poderes, el Estado Social de Derecho, la educación pública y las distintas luchas sociales que forman parte de las preocupaciones de nuestras comunidades.

Los faroles tienen además un profundo significado histórico: representan la participación popular, expresiones artísticas y políticas y la libertad y la capacidad de la ciudadanía de organizarse y hacerse escuchar. Nuestra propuesta retoma precisamente ese simbolismo para plantear una actividad pacífica, cívica y patriótica. Queremos que esta jornada no sea únicamente una actividad central, sino también una oportunidad para que cada comunidad pueda organizarse, encontrarse y articular sus propias demandas, preocupaciones y propuestas.

Inspirados en ese legado histórico, convocamos a la ciudadanía a una Faroleada por la Democracia, una actividad pacífica, cívica y patriótica para recordar que la democracia se fortalece cuando las personas participan, se expresan y defienden las instituciones que garantizan nuestras libertades. No se trata únicamente de celebrar la independencia alcanzada hace más de dos siglos; se trata también de reafirmar nuestro compromiso con los valores democráticos que han distinguido a Costa Rica: el respeto al Estado de Derecho, la separación de poderes, la libertad de expresión, las elecciones libres y la convivencia pacífica.

Hoy más que nunca debemos unirnos, defender la patria, el Estado Social de Derecho y nuestra libertad. En un contexto hostil en el cual incluso se promueven discursos de odio, ataques, persecución política, granjas de troles, contratación de autobuses y compra de arroz con pollo y arroz cantonés para que seguidores del chavismo se presenten a atacar las actividades y movilizaciones en defensa de la democracia, debemos demostrar que somos más fuertes, que estamos más unidos y que la defensa de la democracia no se vende o se compra con favores o dinero malversado.

Así como Dolores Bedoya encendió una luz para convocar al pueblo a defender su futuro, hoy encendemos nuestros faroles para recordar que la democracia no es un regalo permanente, sino una construcción colectiva que requiere vigilancia, participación y compromiso ciudadano.

Este 14 de septiembre, cada farol será un símbolo de esperanza, libertad y responsabilidad cívica. Una luz encendida por Costa Rica, por la democracia y por las futuras generaciones.

Porque la libertad se celebra, pero la democracia también se defiende.

Haga clic en este enlace para ver la galería de imágenes del Plantón por la Justicia Democrática que subió Isaac Zamora.

Las siguientes son las convocatorias comunicadas hasta el miércoles 9 de setiembre al mediodía:

Septiembre bajo la sombra del miedo. Seguridad, soberanía y normalización de la excepcionalidad en Costa Rica

Rodrigo Campos Hernández

Por MSc. Rodrigo Campos Hernández

Hay momentos en los que el miedo deja de ser solamente una reacción frente a determinados acontecimientos y comienza a convertirse en una manera de interpretar la realidad.

Quizá Costa Rica esté atravesando uno de esos momentos.

Durante los últimos meses hemos escuchado hablar insistentemente de narcotráfico, sicariato, organizaciones criminales, amenazas, balaceras, inseguridad, Fuerza Élite, secreto de Estado y debilitamiento de las capacidades institucionales para enfrentar el crimen organizado. Ahora se ha incorporado un elemento particularmente sensible: la presidenta de la República ha considerado públicamente que eventuales operaciones terrestres estadounidenses contra el crimen transnacional podrían resultar beneficiosas para la seguridad nacional.

La afirmación merece atención. También merece serenidad.

Hasta donde se conoce públicamente, no existe una operación terrestre estadounidense anunciada para Costa Rica. Tampoco disponemos de evidencia que permita afirmar que una intervención extranjera sea inminente. La propia presidenta ha señalado que no existe actualmente un plan concreto y que una eventual presencia de tropas tendría que transitar por los procedimientos constitucionales correspondientes.

Pero algo importante sí ocurrió: la posibilidad fue introducida en la conversación política nacional desde la propia Presidencia de la República.

Eso es suficientemente relevante como para discutirlo. No necesitamos convertirlo en algo que todavía no es.

El miedo tiene razones

Sería irresponsable negar la gravedad del problema de seguridad que enfrenta Costa Rica.

El narcotráfico existe. El sicariato existe. Las disputas territoriales entre organizaciones criminales existen. Hay comunidades en las cuales las personas han modificado sus rutinas por temor a la violencia.

La propia presidenta ha recurrido a su experiencia cotidiana para describir esa realidad. Ha contado que las balaceras la despiertan durante la noche y ha explicado que las amenazas recibidas le impiden realizar actividades tan sencillas como salir tranquilamente a comprar pan.

Son imágenes comunicativamente poderosas.

La inseguridad deja entonces de expresarse mediante estadísticas, tasas de homicidios o distribución territorial del delito y adquiere un rostro cotidiano: si hasta la presidenta, protegida por los cuerpos de seguridad del Estado, no puede comprar pan tranquilamente, ¿qué puede esperar el ciudadano común?

La pregunta parece inevitable.

Pero precisamente allí debemos detenernos.

Una cosa es la violencia realmente existente. Otra, la percepción social de inseguridad. Y otra distinta, la construcción política del significado de esa inseguridad.

Las tres pueden coexistir y retroalimentarse sin ser exactamente lo mismo.

Reconocer esa diferencia no significa minimizar las víctimas ni negar la criminalidad. Significa impedir que el miedo sustituya al análisis.

La paradoja institucional

Hay además una cuestión difícil de ignorar.

Mientras el crimen organizado es presentado como una amenaza de enorme magnitud, hemos asistido a discusiones y reducciones presupuestarias que afectan precisamente a instituciones nacionales encargadas de investigarlo, perseguirlo y juzgarlo.

El Poder Judicial ha advertido sobre los efectos que determinadas reducciones pueden producir sobre las capacidades del OIJ y del Ministerio Público para enfrentar el crimen organizado.

La paradoja merece explicación.

Si la amenaza es tan grave, ¿por qué no ocupa un lugar igualmente urgente el fortalecimiento presupuestario, técnico y humano de las instituciones nacionales encargadas de combatirla?

No tenemos elementos para afirmar que exista una estrategia deliberada consistente en debilitar esas instituciones para justificar posteriormente soluciones extraordinarias o extranjeras.

No debemos afirmarlo.

Pero tampoco necesitamos demostrar semejante intención para formular una pregunta legítima sobre la coherencia de las políticas públicas.

Y esa pregunta resulta todavía más importante cuando, simultáneamente, empieza a presentarse como beneficiosa la posibilidad de operaciones terrestres extranjeras.

Cooperación e intervención no son sinónimos

Costa Rica necesita cooperación internacional.

El narcotráfico es un fenómeno transnacional. Combatirlo requiere intercambio de información, inteligencia, tecnología, cooperación policial y judicial y coordinación con otros Estados.

Confundir toda cooperación con una intervención militar sería tan equivocado como presentar cualquier presencia operativa extranjera simplemente como una forma más de cooperación.

Las palabras importan porque las diferencias también importan.

Una cosa es cooperación internacional.

Otra, asistencia policial.

Otra, coordinación operativa.

Y otra cualitativamente distinta son operaciones terrestres desarrolladas por fuerzas extranjeras en territorio nacional.

Costa Rica, país sin ejército permanente desde hace décadas, debe discutir esa última posibilidad con particular cuidado. No desde un nacionalismo elemental ni desde un rechazo automático a Estados Unidos, sino desde nuestra historia institucional, nuestra Constitución, nuestra soberanía y nuestra concepción civil de la seguridad.

Cuando lo excepcional se vuelve imaginable

Quizá allí se encuentre uno de los cambios más importantes que estamos experimentando.

Las sociedades no cambian solamente cuando se aprueba una ley, se firma un decreto o ingresan tropas por una frontera.

También cambian cuando determinadas posibilidades dejan de parecernos extraordinarias.

Primero algo resulta impensable.

Después alguien lo menciona.

Luego provoca escándalo.

Más tarde se discute.

Finalmente puede incorporarse al repertorio normal de alternativas políticas.

No sabemos si Costa Rica recorrerá ese camino respecto de operaciones extranjeras. Precisamente porque no lo sabemos debemos evitar hablar como si ya hubiese ocurrido.

Pero sí podemos observar que algo anteriormente excepcional ha entrado en el campo de lo políticamente imaginable.

Y eso merece discusión democrática.

El problema del secreto

A este panorama se agrega la utilización del secreto de Estado respecto de determinadas materias vinculadas con seguridad e inteligencia.

También aquí necesitamos mesura.

Todo Estado requiere reservar determinada información. Ningún gobierno puede revelar anticipadamente tácticas policiales, fuentes de inteligencia, investigaciones en curso o detalles operativos cuya publicidad pueda beneficiar a organizaciones criminales.

El problema democrático no consiste, por tanto, en afirmar que todo secreto es ilegítimo.

La pregunta es otra:

¿cuánto secreto, sobre cuáles materias, durante cuánto tiempo y sometido a qué controles puede admitir una democracia?

Mientras mayor sea la excepcionalidad invocada para protegernos, mayor debería ser nuestra preocupación por conservar controles institucionales capaces de vigilar a quienes ejercen esas facultades.

Vigilancia democrática, sin embargo, no significa paranoia.

Preguntar no equivale a inventar una respuesta cuando todavía no la conocemos.

Denuncias que deben preocuparnos, pero también investigarse

En este clima han aparecido además denuncias de personas activistas y críticas del Gobierno que aseguran haber abandonado Costa Rica y solicitado protección internacional alegando amenazas o persecución política.

El asunto es suficientemente grave como para no trivializarlo.

Y precisamente por eso es suficientemente grave como para no convertir una denuncia en una conclusión antes de investigarla.

Hay que escuchar a quienes denuncian.

Documentar sus casos.

Conocer las amenazas.

Determinar su procedencia cuando sea posible.

Distinguir actuaciones de particulares de actuaciones estatales.

Exigir respuestas institucionales.

Y, si la evidencia permite establecer persecución política, denunciarla con toda contundencia.

Pero anticipar esa conclusión sin disponer todavía de pruebas suficientes puede terminar debilitando precisamente aquello que pretendemos denunciar.

La democracia necesita vigilancia. No necesita que sustituyamos los hechos que desconocemos por aquello que tememos que pueda estar ocurriendo.

Una pregunta incómoda para quienes criticamos

Y aquí quienes nos oponemos a determinadas decisiones gubernamentales deberíamos hacernos también una pregunta incómoda.

¿No estaremos contribuyendo nosotros mismos a propagar el miedo?

Las declaraciones presidenciales sobre eventuales operaciones estadounidenses han provocado preocupación comprensible. Muchas personas defensoras de los derechos humanos, de la soberanía y de nuestra tradición civilista han reaccionado denunciando los riesgos que podría representar una intervención extranjera.

La advertencia es necesaria.

Yo mismo me opongo firmemente a que la lucha contra el narcotráfico termine utilizándose para normalizar operaciones terrestres de fuerzas extranjeras en Costa Rica.

Pero advertir no es lo mismo que anunciar la catástrofe.

Cuando convertimos una posibilidad en certeza, un anuncio en un hecho consumado o una preocupación legítima en evidencia de que lo peor resulta inevitable, podemos terminar participando involuntariamente en la misma circulación social del miedo que cuestionamos.

Y entonces ocurre una paradoja.

Desde el Gobierno puede decirse:

la criminalidad es tan grave que necesitamos pensar en medidas extraordinarias.

Y desde la oposición podemos terminar respondiendo:

las medidas extraordinarias son tan graves que debemos vivir aterrados por lo que viene.

Los discursos son políticamente antagónicos.

Pero ambos pueden producir un mismo resultado emocional:

miedo, ansiedad e impotencia.

Cuando el miedo gana la discusión

El miedo posee una extraordinaria capacidad para reducir el espacio de las preguntas.

Frente a una amenaza presentada como extrema dejamos poco a poco de preguntarnos:

¿qué debemos hacer?

Y comenzamos a preguntarnos:

¿cuánto estamos dispuestos a permitir para que nos protejan?

Pero existe otro efecto menos visible.

Cuando desde posiciones críticas presentamos el deterioro democrático, la intervención extranjera o la excepcionalidad como acontecimientos prácticamente inevitables, también podemos producir otra pregunta:

¿para qué hacer algo si ya todo está perdido?

Ahí el miedo deja de movilizar.

Paraliza.

Satura.

Agota.

Produce la sensación de que las decisiones ya fueron tomadas en algún lugar inaccesible y que al ciudadano solamente le corresponde esperar sus consecuencias.

Ese quizá sea uno de los mayores peligros del momento.

No solamente que tengamos miedo.

Sino que el miedo termine convenciéndonos de nuestra propia impotencia.

No regalemos el miedo

Quienes cuestionamos al poder no necesitamos competir con él para determinar quién describe el futuro más aterrador.

Podemos hacer algo mucho más difícil.

Advertir sin aterrorizar.

Denunciar aquello que podemos demostrar.

Investigar aquello que sospechamos.

Preguntar aquello que desconocemos.

Y reconocer expresamente la diferencia entre las tres cosas.

La posibilidad de operaciones terrestres extranjeras debe discutirse.

Los recortes que puedan afectar la capacidad del OIJ, del Ministerio Público y del Poder Judicial deben cuestionarse.

El alcance del secreto de Estado debe vigilarse.

Las denuncias de persecución deben investigarse.

La violencia debe combatirse.

Pero ninguna de esas tareas exige convencernos anticipadamente de que la democracia costarricense está condenada.

La esperanza también puede ser política

Tal vez aquí necesitamos recuperar una palabra que parece haber desaparecido de nuestra conversación pública:

esperanza.

No la esperanza ingenua de quien piensa que nada malo puede ocurrir porque «Costa Rica siempre ha sido diferente».

La historia no concede semejantes garantías.

Tampoco la esperanza como simple optimismo.

Hablo de otra cosa: la esperanza crítica que nace precisamente de reconocer que el futuro todavía no está decidido.

Una posibilidad no es un destino.

Una amenaza no es un acontecimiento consumado.

Una democracia bajo tensión no es necesariamente una democracia derrotada.

Todavía existen instituciones.

Todavía existen tribunales.

Todavía existe prensa crítica.

Todavía existen universidades, organizaciones sociales, movimientos ciudadanos y personas dispuestas a cuestionar al poder.

Todavía podemos investigar.

Todavía podemos denunciar.

Todavía podemos recurrir.

Todavía podemos organizarnos.

Todavía podemos escribir.

Todavía podemos disentir.

Y precisamente porque todavía podemos hacerlo, debemos hacerlo.

La esperanza, entendida de esta manera, no es la antípoda ingenua del pensamiento crítico.

Es la antípoda política de la impotencia.

Septiembre bajo la sombra del miedo

Todo esto ocurre durante septiembre.

Banderas, faroles, himnos, independencia y soberanía forman parte durante estas semanas de nuestra liturgia cívica.

Quizá la coincidencia pueda servirnos para algo más que repetir ceremonias.

Soberanía no significa aislamiento.

Independencia no significa rechazo a la cooperación internacional.

Y defender nuestra tradición civilista no significa cerrar los ojos ante las nuevas dimensiones del crimen organizado.

Pero tampoco deberíamos celebrar la independencia mientras renunciamos a discutir serenamente qué significa ser soberanos frente al miedo.

Antes de preguntarnos si necesitamos fuerzas extranjeras operando en nuestro territorio, podemos preguntar qué necesitan nuestras propias instituciones.

Antes de aceptar que solamente medidas extraordinarias pueden protegernos, podemos exigir evidencia sobre la eficacia de las medidas existentes.

Antes de anunciar que la excepcionalidad es inevitable, podemos impedir que se vuelva normal.

Y antes de concluir que nada podemos hacer, podemos recordar que la democracia nunca consistió en tener garantías de que todo saldrá bien.

Consiste precisamente en conservar espacios colectivos para decidir qué hacemos cuando las cosas pueden salir mal.

Quizá esa sea una tarea apropiada para este mes patrio.

Mientras encendemos faroles para recordar una independencia conquistada hace más de dos siglos, convendría proteger otra forma menos visible de independencia:

la capacidad de una sociedad para pensar políticamente sin que el miedo piense por ella.

Y si el miedo pretende convencernos de que ya nada podemos hacer, quizá nuestra respuesta democrática más sencilla y más contundente sea:

todavía podemos.

Frente Ecologista de Cipreses convoca a manifestación pacífica ante la inacción del Ministerio de Salud frente a vertidos contaminantes en Oreamuno

Cartago, Costa Rica. El Frente Ecologista de Cipreses convoca a la ciudadanía, comunidades vecinas y medios de comunicación a una acción pacífica frente a las oficinas del Área Rectora de Salud de Oreamuno, ante la negligencia e inacción institucional respecto a los constantes vertidos nocturnos atribuidos a la empresa transnacional Sigma Alimentos.

Durante meses, los pobladores han enfrentado madrugadas marcadas por olores ofensivos que deterioran el paisaje y violentan el derecho a un ambiente sano y a la tranquilidad. Esta situación no responde a hechos aislados: el Frente Ecologista ha presentado y respaldado con documentos técnicos formales los graves incumplimientos normativos y ambientales de la compañía, los cuales guardan relación directa con los episodios de contaminación en la zona.

Detalles de la convocatoria:

Lugar: Oficinas del Ministerio de Salud, Oreamuno de Cartago.

Fecha: jueves 10 de septiembre

Hora: 3:15PM

Modalidad: Manifestación pacífica y cívica.

El Frente Ecologista advierte de forma categórica que no tolerará más pasividad de los entes reguladores: cada madrugada en que se registren malos olores y vertidos contaminantes, la comunidad responderá convocando a un mitin pacífico frente a las autoridades responsables.

La exigencia es clara e impostergable: aplicación estricta de la legislación ambiental y sanciones efectivas. La salud comunitaria y el derecho a un entorno ecológicamente equilibrado están garantizados por el artículo 50 de la Constitución Política y se defenderán de manera activa y continua.

Costas Bajo la Lupa: Proyectos de ley que pueden transformar el territorio

Invitación

¿Qué se está discutiendo en la Asamblea Legislativa y cómo podrían estas iniciativas incidir en nuestros territorios costeros?

Les invitamos a un espacio de análisis y diálogo sobre proyectos de ley relacionados con la zona marítimo-terrestre, el ambiente, el turismo y el desarrollo territorial, con la participación de Jessica Ramírez Benavides, funcionaria de la Asamblea Legislativa.

📅 22 de septiembre de 2026

🕟 4:30 p. m.

📍 Universidad Nacional, Campus Omar Dengo, Heredia

Biblioteca Joaquín García Monge, Sala de Exrectores.

🔴 También tendremos transmisión por Facebook Live desde PIC UNA – Programa Interdisciplinario Costero-IDESPO.

👉 Confirme su asistencia presencial en el formulario:

https://forms.gle/heS246k4SNuCmB56A

☕ Al finalizar compartiremos un refrigerio.

Organizan: IDESPO, Programa Interdisciplinario Costero (PIC) e IDELA – Universidad Nacional.

#CostasBajoLaLupa #TerritoriosCosteros #UniversidadNacional #UNA #IDESPO #PICUNA #Legislación #ZonaMarítimoTerrestre #ParticipaciónCiudadana

Menguará la luna

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Al final todo terminaba formando parte de la misma observación: la espacialidad, el desplazamiento, la llegada, la sincronía. De eso se trata: de la posibilidad de hacer vínculos mas allá de la teoría.

Formo parte de un equipo de investigación del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional. Estudiamos los impactos de la turistificación en la zona costera de Nosara, en Guanacaste; en concreto, profundizamos los cambios a nivel social, económico y cultural que están provocando en la zona las inmigraciones provenientes del norte global.

Con la consigna de observar y validar una información previamente recabada con la comunidad de Playa Pelada, viajamos el pasado fin de semana. Por razones de logística nos hospedamos la primera noche en la Estación Biológica de la Universidad de Costa Rica ubicada en Playa Ostional

La coincidencia, la posibilidad, la maravilla (que se yo) hizo que lográramos contemplar el espectáculo del arribo masivo de Tortugas Lora para hacer su trabajo y anidar cientos de miles de huevos en las amplias arenas de Ostional.

Nada, absolutamente nada es casualidad.

Como científicos sociales estudiamos las dinámicas de la movilidad humana, pero nos encontramos con este acto colectivo, armonioso, espacial, que pudimos contemplar con las ultimas luces del día viernes 4 de septiembre, cuando la arribada llegaba a su punto más alto.

Creo, sin temor a equivocarme, que he visto dos eventos de la naturaleza que me han cambiado la perspectiva: el eclipse total de sol de 1991 y este maravilloso acto de vivir la vida protagonizado por estos especímenes marinos.

El privilegio fue, es, absoluto. Solo cuatro lugares en el mundo son escenario de tal episodio: Brasil, Sudáfrica, México y Costa Rica. Acosadas por los estragos del cambio ambiental en curso que vuelve cada ve más incierta su programación y trayectoria, las tortugas planean su llegada siguiendo más o menos los ciclos lunares.

Es en el cuarto menguante donde aparecen teatralizando quizá uno de los últimos rituales grupales del planeta.

Aparte de las amenazas ambientales, las arribadas de “La Flota” como las conoce y las apalabra el imaginario local, se enfrentan a la depredación extractiva de quiénes buscan alimentar el mercado negro de venta para su consumo.

Por eso los niveles de organización local incluyen monitoreo y vigilancia permanente, para garantizar un manejo sostenible y comprometido con la especie. Por eso la esperanza de observar varios niños, niñas y jóvenes en labores de recolección.

A la maravilla que supuso esta puesta en escena de la naturaleza acuática, debo agregar con profundo orgullo haber conocido a dos jóvenes estudiantes tesiarias de la carrera de Biología de la Universidad de Costa Rica, que permanecen temporalmente en la estación biológica testeando, analizando, profundizando sus pesquisas. Fuimos testigos de su trabajo en horas de la madrugada, cuando la mayoría de jóvenes de su edad descansan o se divierten.

No solo la conversación repleta se enseñanzas con Elena y Nicoletta valió la pena. Fue la constatación de que el Fondo Especial para la Educación Superior Pública (FEES) cumple su cometido de llegar allí donde se necesita a las universidades públicas.

Allí. En el corazón mismo de la vida.

Frente Ecologista de Cipreses denuncia emanaciones fétidas de Sigma Foods en Oreamuno y exige inspecciones nocturnas

Comunicado

Denuncia pública, emplazamiento institucional y exigencia de acción inmediata a las autoridades del Estado costarricense

A:

  • Ministerio de Salud (Dirección de Regulación de la Salud y Área Rectora de Salud de Oreamuno)

  • Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) – Dirección de Agua y Tribunal Ambiental Administrativo (TAA)

  • Municipalidad de Oreamuno

  • Defensoría de los Habitantes de la República

  • Medios de comunicación y opinión pública nacional

I. HECHOS Y SITUACIÓN CRÍTICA ACTUAL

Por medio de este medio, presentamos una formal y enérgica denuncia pública frente al grave problema socioambiental y sanitario provocado por las operaciones de la planta procesadora de lácteos y embutidos de la empresa Sigma Foods, ubicada en Oreamuno de Cartago.

  1. Emanaciones fétidas en horarios nocturnos y fines de semana: De manera reiterada y sistemática, durante los fines de semana y particularmente en horas de la madrugada, los vecinos reportamos olores ofensivos insoportables y asfixiantes que emanan de su ducto de descarga de SIGMA sobre la quebrada local.

  2. Crisis del 5 y 6 de septiembre de 2026: Durante el fin de semana del sábado 5 y domingo 6 de septiembre de 2026, múltiples familias y vecinos hemos tenido que soportar olores fétidos en horas de la madrugada.

II. ANTECEDENTES Y EVIDENCIA TÉCNICA RECOPILADA

Esta situación no es nueva ni fortuita;

  1. En el INFORME TÉCNICO: MS-DSA-UGSA-0751-2026, elaborado por: Ing. Nelson Artavia Vega y Licda. Catherine Arroyo Herrera de la Unidad de Gestión en Salud Ambiental, Ministerio de Salud.
    Fecha de elaboración (05-08-2026) dice textualmente en las conclusiones de la visita a la planta de tratamiento de SIGMA en atención a nuestras denuncias: «En las colindancias del establecimiento se detectaron olores ofensivos provenientes del sector donde se ubica la planta de tratamiento de aguas residuales»

  2. Ya hemos presentado anteriormente la prueba técnica independiente (CICA-UCR): Para fundamentar el reclamo con rigor científico, la Red de Coordinación en Biodiversidad contrató al Centro de Investigación en Contaminación Ambiental (CICA) de la Universidad de Costa Rica. Dicho informe pericial determinó con claridad que:

    • Los valores de Demanda Química de Oxígeno (DQO) y Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO) superan los límites máximos permisibles fijados por el Reglamento de Vertido y Reúso de Aguas Residuales (Decreto Ejecutivo N.° 33601-MINAE-S).

III. EMPLAZAMIENTO DIRECTO Y PREGUNTA AL MINISTERIO DE SALUD

Frente a la presunción técnica y comunitaria de que la empresa Sigma realiza vertidos en horas de la madrugada y fines de semana que no cumplen con la normativa —evidenciados por la asfixiante emanación de olores ofensivos en esos lapsos exactos—, EMPLAZAMOS PÚBLICAMENTE AL MINISTERIO DE SALUD Y AL ÁREA RECTORA DE SALUD DE OREAMUNO PARA QUE RESPONDAN A LA CIUDADANÍA:

¿Cuál es el mecanismo operativo, técnico y legal con el que cuenta el Ministerio de Salud para fiscalizar e intervenir de manera efectiva las posibles descargas clandestinas o vertidos irregulares en horarios nocturnos, de madrugada y fines de semana?

No es de recibo que el Estado continúe evaluando a la empresa únicamente en horario de oficina o a través de autocontroles programados por la propia industria mientras la ciudadanía soporta la contaminación durante la noche y el descanso de los fines de semana. Exigimos que se hagan monitoreos los fines de semana en las madrugadas que es cuando peor huele y suponemos que SIGMA hace sus descargas de lodos y líquidos sin el debido tratamiento

IV. PETITORIA PÚBLICA Y EXIGENCIAS URGENTES

  1. Protocolo y operativos nocturnos inmediatos: Que el Ministerio de Salud y el MINAE organicen de inmediato inspecciones técnicas y toma de muestras in situ, sorpresivas y sin previo aviso, en los días y horarios críticos denunciados (fines de semana entre las 00:00 y las 05:00 horas)

  2. Cese de la contaminación por parte de Sigma Foods: Que la corporación asuma su responsabilidad socioambiental y detenga el traslado de costos ambientales y de salud a los barrios de Oreamuno y Cartago.

El agua limpia y el aire puro son derechos innegociables de nuestras comunidades.

En Cartago, a los 7 días del mes de septiembre de 2026.

Frente Ecologista de Cipreses

Del 24 de abril 1970 a la faroleada del 14 de setiembre 2026

De los jóvenes del 70 a los jóvenes del 2026:

Venimos de ALCOA, de la solidaridad con luchas obreras y campesinas, de la solidaridad con Chile, del Combo del ICE, del NO al TLC, del no al paquete fiscal, del grito por la paz y por la democracia.

Y hoy gritamos:

¡No al régimen autoritario!

El 24 de abril de 1970 no fue solo una fecha marcada en el calendario, fue la manifestación de una decisión de lucha en defensa de la soberanía de la Patria. Aquella gesta contra el contrato-ley ALCOA-Estado de Costa Rica no perteneció a ningún grupo político, sino a una fuerza colectiva de 81 organizaciones en un gran Pacto Patriótico.

En este entendimos que la Patria no se entrega y se firmó un manifiesto de convocatoria y lucha. Fue una jornada unitaria en defensa de la bauxita, del agua, de la ecología y de los pueblos originarios que serían desplazados frente a un contrato que pretendía hipotecar nuestra Soberanía Nacional y arrasar todo el Valle del General.

Esa memoria hoy respira a través de los testimonios de quienes entonces tenían entre 13 y 25 años. Es conmovedor recordar a miles de jóvenes que, desde su colegio religioso en San José, tras discutir sobre el proyecto ALCOA, decidieron unirse a las manifestaciones, venían de todo el país, de la provincia de Heredia y Alajuela y de colegios públicos de San José. En sus recuerdos podemos presenciar aquel desfile de miles de estudiantes que rompieron esquemas para sumarse a las marchas, luciendo con orgullo sus uniformes colegiales aquel glorioso 24 de abril. Eran estudiantes de secundaria, jóvenes adolescentes valientes llenos de convicción y patriotismo. Eran Universitarios, eran trabajadores.

Algunos fueron expulsados de sus instituciones por su beligerancia patriótica y hubo jóvenes trabajadores que caminaron con decenas de muchachos desde diferentes puntos del Valle Central hasta la Asamblea Legislativa, para unirse al clamor nacional y así recorrieron barrios y unieron jóvenes. Tenemos en la memoria igualmente a los dirigentes golpeados y encarcelados aquel 24 de abril.

Sus voces y las de miles que hoy confirman con orgullo: «yo estuve ahí», son el cimiento de nuestra identidad civilista y de nuestras elevadas convicciones patrióticas.

Hoy esa memoria nos devuelve una imagen clara: si en 1970 el recurso por defender era el suelo, la bauxita y la soberanía, hoy nos toca defender las universidades y la educación pública. Nos toca defender la Caja Costarricense de Seguro Social y los ideales democráticos republicanos que un régimen autoritario pretende destruir, socavando con ello el Estado Social de Derecho.

El paralelismo es absoluto. El recorte presupuestario al Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), según el dictado de Rodrigo Chaves y Laura Fernández, representa una nueva forma de dominación y un quebranto a la cultura nacional que debilita nuestra soberanía intelectual, social y la autonomía universitaria. Desfinanciar la universidad pública resulta hoy tan dañino como lo hubiera sido aquel contrato transnacional: nos arrebata la riqueza del mañana para cubrir vacíos políticos del presente. Disminuir drásticamente el presupuesto del Poder Judicial, de la educación pública y de los programas sociales es una afrenta a Costa Rica, especialmente a las juventudes.

La historia nos enseña que el protagonismo de los estudiantes de secundaria y universitaria es vital. Aquellos jóvenes de 1970 luchamos por el país que heredarían; los estudiantes de hoy deben comprender que el FEES no es un privilegio de pocos, sino la garantía de que cualquier joven de zona rural o urbana tendrá una silla esperándolo en la educación superior.

La lucha por la educación pública, por la división de poderes y los ideales republicanos al igual que la lucha contra ALCOA, debe trascender ideologías. Es un punto de encuentro nacional, una defensa del ascenso social y un acto de profundo patriotismo.

Al igual que aquellos jóvenes de colegios católicos y públicos y las universidades que se unieron en un solo puño, la juventud actual tiene el deber ineludible de movilizarse. Cuestionar al poder cuando atenta contra los ideales republicanos no es un error de juventud, es, tal y como lo demostró la Generación del 70, la forma más alta de patriotismo.

A levantar los faroles y la TEA de Juan Santamaría.

San José, 7 de setiembre 2026

Lo suscribo, soy «Generación 70».

Édison Valverde Araya, Comunidad Buen Vivir.

Lenin Chacón Vargas,

Alfonso Chase Brenes,

Habib Succar Guzmán,

Oscar Madrigal Jiménez,

Ana Mercedes Rodríguez,

Gloria Valerin,

Arturo Furnier Facio,

Macarena Barahona Riera,

Mario Alfaro,

Vladimir de la Cruz de Lemos,

Manuel Monestel,

Francisco Barahona Riera,

Ines Virginia Gutiérrez Moya,

Alex García Cruz,

Nieves Barahona Riera,

Israel Guillen González,

German Chacón Araya,

MGL,

Héctor Ferlini-Salazar

Cuando la utopía entró al seminario

Una memoria personal sobre la Teología de la Liberación

Por: Dr. Rodrigo Díaz Bermúdez* / pressenza

Eran los años setenta. Yo estudiaba teología y el mundo parecía haber perdido la paciencia. Vietnam ardía, el Che Guevara acababa de convertirse en un símbolo universal, la Guerra Fría dividía el planeta entre dos absolutismos y América Latina despertaba cada mañana con la sensación de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Era imposible estudiar teología sin respirar aquel ambiente. Los seminarios no eran únicamente lugares de formación espiritual; eran laboratorios donde se discutía el destino de la Iglesia, de la sociedad y hasta de la historia.

Todavía puedo recordar aquellas conversaciones interminables. En los pasillos se citaba a Gustavo Gutiérrez con la misma naturalidad con que se citaba a San Pablo. Hugo Assmann agitaba las conciencias con su crítica al capitalismo latinoamericano. Leonardo Boff comenzaba a convertirse en referencia obligada. Jon Sobrino aportaba la dimensión cristológica de una Iglesia comprometida con los pobres. Ernesto Cardenal demostraba que la poesía podía convertirse en revolución. Desde Europa llegaban las provocaciones intelectuales de Hans Küng y Edward Schillebeeckx, mientras Karl Rahner seguía siendo lectura obligada para cualquiera que quisiera comprender el Concilio Vaticano II.

Yo mismo conocí y escuché a algunos de aquellos protagonistas, entre ellos Hugo Assmann y el costarricense Victorio Araya. Eran hombres inteligentes, profundamente comprometidos con su tiempo y convencidos de que el cristianismo debía responder al sufrimiento concreto de los pueblos latinoamericanos. Sería injusto caricaturizarlos. No eran agitadores improvisados. Eran teólogos serios que intentaban responder a preguntas igualmente serias.

Pero también era la época del liberalismo teológico, de la crítica histórico-crítica aplicada a la Escritura, del entusiasmo despertado por el Concilio Vaticano II y de la influencia creciente del Consejo Mundial de Iglesias. En el mundo evangélico comenzaban a escucharse las primeras voces de la llamada Misión Integral, con René Padilla y Samuel Escobar insistiendo en que evangelización y responsabilidad social no podían caminar separadas. Del otro lado aparecía un fundamentalismo igualmente intenso, convencido de que cualquier compromiso social era una traición al Evangelio. Todo parecía polarizarse.

Hoy, al mirar aquellos años con la serenidad que concede el tiempo, comprendo que no fueron simplemente una discusión teológica. Fueron un auténtico Sitz im Leben, un contexto histórico irrepetible donde confluyeron la Guerra Fría, la descolonización, el mayo francés, Vietnam, las dictaduras latinoamericanas, el sueño socialista y el profundo deseo de que la Iglesia estuviera del lado de los pobres.

La pregunta de la Teología de la Liberación era profundamente evangélica: ¿cómo anunciar a Cristo en un continente marcado por la miseria? La pregunta era correcta. Incluso diría que era inevitable.

El problema apareció cuando las respuestas comenzaron a buscarse más en Karl Marx que en san Agustín, más en la lucha de clases que en la conversión del corazón, más en la revolución que en la redención.

No ocurrió de un día para otro. Fue un proceso lento.

Primero apareció el lenguaje sociológico. Después, las categorías económicas. Más tarde, la interpretación de la historia como un conflicto permanente entre opresores y oprimidos. Poco a poco, el Reino de Dios empezó a confundirse con un proyecto político.

Y allí comenzó la crisis.

Mientras en nuestros seminarios algunos respiraban a Boff, otros casi eructaban a Hans Küng. Había quienes llevaban el Evangelio en una mano y El Capital en la otra. La revolución parecía haber encontrado finalmente un fundamento teológico.

Pero la historia, como suele ocurrir, terminó siendo más sabia que nuestras teorías.

La caída del Muro de Berlín no solo derrumbó un sistema político; también derrumbó una ilusión intelectual. El socialismo real mostró un rostro muy distinto del que imaginaban muchos jóvenes latinoamericanos. El paraíso prometido terminó produciendo nuevas formas de autoritarismo.

Fue entonces cuando comprendí que el problema nunca había sido la opción por los pobres.

La Iglesia jamás renunció a ella.

El problema consistía en convertir la salvación en un proyecto político.

En aquellos mismos años apareció otra figura que cambiaría profundamente el rumbo de la Iglesia: Karol Wojtyła, san Juan Pablo II. Venía de una Polonia donde el marxismo no era una teoría universitaria sino una experiencia cotidiana. Junto a él trabajaba un teólogo alemán de extraordinaria profundidad intelectual: Joseph Ratzinger.

Muchos los presentaron como enemigos de la Teología de la Liberación.

Nunca compartí esa simplificación.

Ratzinger jamás condenó el compromiso con los pobres.

Lo que cuestionó fue algo mucho más profundo: que la fe cristiana terminara subordinándose a una filosofía de la historia incapaz de comprender plenamente el misterio de la persona humana.

Con el paso de los años he llegado a pensar que Ratzinger tenía razón.

No porque negara la necesidad de transformar las estructuras injustas.

Sino porque comprendía que ninguna estructura puede redimir al hombre.

La verdadera tragedia del siglo XX consistió precisamente en creer que bastaba cambiar los sistemas para cambiar el corazón humano.

Y eso nunca ocurrió.

Hoy vivimos otra revolución.

Ya no es la revolución socialista.

Es la revolución digital.

La inteligencia artificial, la biotecnología, la economía algorítmica y la cultura de las redes sociales están modificando la civilización con una rapidez mucho mayor que la imaginada por aquellos viejos teólogos de los años setenta.

Sin embargo, la pregunta sigue siendo exactamente la misma.

¿Dónde está el ser humano?

Si la Teología de la Liberación tuvo un gran mérito fue recordarnos que la fe no puede ser indiferente al sufrimiento.

Si tuvo un gran error fue creer que la liberación económica podía sustituir la salvación.

Hoy corremos un peligro parecido.

Pensar que la tecnología podrá sustituir la verdad.

Que los algoritmos podrán sustituir la conciencia.

Que la inteligencia artificial podrá sustituir la sabiduría.

No.

El hombre seguirá necesitando aquello que ninguna máquina puede producir: sentido, esperanza, amor, perdón y trascendencia.

Quizá esa sea la gran lección que me dejaron aquellos años apasionantes.

Las ideologías pasan.

Las modas teológicas también.

Los imperios desaparecen.

Los sistemas económicos cambian.

Pero Cristo permanece.

Y mientras el cristianismo siga colocando en el centro la dignidad irrepetible de cada persona, siempre tendrá algo nuevo que decirle al mundo.

Eso fue lo que comprendí después de haber vivido aquellos años en que, por un momento, muchos creímos que la utopía había entrado definitivamente al seminario. Y tal vez esa sea también la razón por la que la Teología de la Liberación, entendida como proyecto histórico, terminó perdiendo vigor: porque ninguna utopía, por generosa que sea, puede ocupar el lugar del Evangelio.

(*) Teólogo, costarricense y dominicano sociólogo de la religión. Educador y escritor.

Ataque soez a la Caja

Freddy Pacheco León

Freddy Pacheco León

Desde una perspectiva política y democrática, el desacato sistemático a la Sala IV por parte del Poder Ejecutivo, representado por el Consejo de Gobierno, constituye un peligroso quebrantamiento del Estado de Derecho y de la separación de poderes, que tiene como consecuencia una muy grave crisis institucional. Si esa crisis afecta a su vez el adecuado funcionamiento de la Caja, dicha desobediencia, ¡jamás antes visto en la historia costarricense!, agrede significativamente la atención a la salud y otros derechos de la seguridad social de los más pobres y vulnerables, principalmente, por medio de ese ataque corrosivo a nuestra invaluable democracia. Desconocer las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia, mientras se lanza una campaña infame contra el Poder Judicial, es un evidente acto violatorio del orden constitucional, un gran paso hacia el establecimiento de una dictadura ultraderechista, que dolorosamente, algunos ticos engañados ven con buenos ojos, sin pensar en las consecuencias que tendría algo así para ellos y sus seres queridos.

Por ello, como sucediera antes por fuerza mayor y teniendo muy claro que el Poder Judicial como un todo, son la esperanza de un pueblo bueno y pacífico que mayoritariamente valora los logros que sustentan nuestra vilipendiada democracia, éste ha de actuar en defensa del bien común y de los Derechos Humanos.

Ante el caos institucional que el neofascismo chavista quiere seguir profundizando, como sucediera con la muy razonable conformación urgente, extraordinaria y temporal de la Sala Constitucional, para que la misma pudiera seguir vigente, las magistraturas tienen el deber supremo de hacer valer sus resoluciones patrióticas. Como alternativa a no hacer nada y permitir que esa violación directa al principio de legalidad y al orden democrático de Costa Rica, tenga consecuencias muy dolorosas contra un pueblo que ya sufre por la «enfermedad» que padece la jerarquía de la CCSS, la honorable Sala IV ha de actuar conforme a su conciencia, frente a las acciones destructivas que buscan paralizarla, con todo lo que ello significa.

Si Rodrigo Chaves ha ordenado a Laura Fernández y al resto de ministros del Consejo de Gobierno, tomar decisiones inconstitucionales, penalizables, irracionales también, para evitar que una representante de los trabajadores organizados ejerza sus derechos como parte de la junta directiva de la Caja, para cumplir además con la conformación del quórum estructural, la Sala IV debería actuar frente a tales acciones delictivas. Nadie más podría hacerlo pues la situación es inédita, sorpresiva, malintencionada, imprevista en la letra normativa, pero que obliga a reflexionar acerca de las responsabilidades de quienes ejercen la justicia. Está en juego el trámite de pensiones, el buen funcionamiento de las más de mil sedes sanitarias distribuidas por todo el país; el nombramiento de médicos, enfermeros, personal técnico y administrativo; la adquisición de bienes y servicios; la gestión operativa y presupuestaria; la atención de los miles de pacientes incluidos en las inhumanas listas de espera… ¡Eso y mucho más por culpa de un Poder Ejecutivo con ínfulas autoritarias!

Aunque me siento por lo menos incómodo al escribir esta respetuosa petición, pues siento que podría estar irrespetando a los que precisamente veo que están siendo vilipendiados, insto muy respetuosamente a los señores magistrados a fallar a favor de los millones de costarricenses que están viendo amenazado su erosionado bienestar, su relativa tranquilidad, su escurridiza paz.

Si el Poder Ejecutivo anuncia que no revisará siquiera su intolerable actitud rebelde, destructiva, la Sala IV podría sustentar una resolución en que, considerando los hechos conocidos, proceda a avalar el nombramiento de la representante Rocío Alfaro Molina, como miembro de la junta directiva de la Caja Costarricense del Seguro Social, para evitar la amenaza de parálisis que se vislumbra a la vuelta de la esquina. Sería un homenaje al Dr. Calderón Guardia, a monseñor Sanabria y a don Manuel Mora, y a todos los que por 85 años han forjado esa insigne institución solidaria, ejemplo en el mundo.

7 de setiembre del 2026

Conmemorar el Día Internacional de la Mujer y Niñas Indígenas: resarcir una deuda histórica

Sisa Pacari Bacacela

“Hemos sido atacadas constantemente por ser mujeres, por ser indígenas y por ser rurales” (Dilia MargaritaCo-coy/Guatemala).  Siempre hemos demostrado fuerza, memoria y liderazgo. Hay mujeres que han liderado revoluciones, marchas, han impulsado el compromiso global de defensa de sus territorios y de la vida.

El 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena. Esta fecha se estableció en 1983 durante el II Encuentro de organizaciones y movimientos de América en Tiahuanacu, Bolivia, en honor a Bartolina Sisa, una valiente lideresa aymara que luchó contra la opresión y esclavitud colonial, liderando un ejército de hombres y mujeres; por su lucha por la liberación fue asesinada el 5 de septiembre de 1782. 

Posteriormente la ONU la oficializó.  Reconocer el 5 de septiembre día de la mujer indígena es un acto de justicia histórica para visibilizar el papel fundamental de las mujeres de los pueblos originarios. Es reconocer sus luchas por décadas y siglos de organización, incidencia y trabajo colectivo en la búsqueda de liberación, en la defensa de la cultura, del territorio y la construcción de la identidad nacional.  Resarcir una deuda histórica implicaría reconocer como crimen del Estado, el cese de violencias, racismo y discriminación, la comprensión y aceptación de otras formas de vida y la aplicación de políticas públicas.

El asesinato de Bartolina Sisa fue un crimen del poder colonial. Estos crímenes hasta hoy no han sido resarcidos por ningún estado de los Andes. Fueron crímenes contra pueblos nativos para imponer un sistema de dominio y saqueo de tierras, territorios y las riquezas. Ese sistema colonial y crímenes, hoy en día han retornado con más fuerza con los gobiernos de ultraderecha instalados en el Abya Yala. Recordemos la masacre del 2025 a los pueblos de Otavalo y Saraguro.

Estos estados para mantenerse en el poder tienen que destruir las redes comunitarias para continuar fomentando una sociedad racista, más individualista, la cual no ofrece condiciones de vida digna a las personas, sino que favorece las desigualdades estructurales de la sociedad y la riqueza de grandes poderes. Los grandes capitales utilizan la estrategia de destruir los cuerpos de las mujeres quebrando así el tejido social, en el cual la mujer tiene un papel fundamental (Rita Segato, 2016).

Las mujeres son depositarias de conocimientos, defensoras de la vida, son cuidadoras y guardianas de la Madre Tierra, de las semillas, de las tierras, territorios, el Agua, la salud y la alimentación y la biodiversidad mundial. En reconocimiento de estas acciones, La Asamblea General de la ONU mediante Resolución A/RES/80/10 el 26 de noviembre de 2025 decidió que el 5 de septiembre de cada año se conmemore el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Indígenas del mundo.

Esta resolución permite visibilizar el liderazgo, las contribuciones y los desafíos a los que se enfrentan las mujeres y niñas indígenas. Por cuanto las mujeres y niñas de las comunidades, pueblos y nacionalidades están en primera línea cuidando la vida, la biodiversidad y los territorios; desempeñan un rol importante en la transmisión de los conocimientos, las lenguas y la medicina de generación en generación; luchan por una vida digna.

No obstante, en la actualidad nos enfrentamos a profundas desigualdades, pobreza e injusticia. Afectadas por las arraigadas desigualdades estructurales coloniales que han ocasionado la pobreza, el analfabetismo, el acceso precario y limitado a las tierras y territorios, la falta de acceso a la justicia, son víctimas de la trata y otras formas de violencia. Reconocer el aporte de las mujeres indígenas y apoyarlas es fundamental para la construcción de un mundo sostenible, inclusivo de toda la humanidad en armonía con el planeta. Y eso implica que los estados coloniales delineen políticas públicas y presupuesto para el ejercicio y fortalecimiento de sus derechos, porque el racismo, la discriminación, la pobreza y el saqueo siguen vigentes.

Por eso, este día es para alzar nuestras voces. No nos rendimos. El proceso es duro, pero cada paso que damos está cambiando la historia. A pesar de la hostilidad, la violencia y persecuciones estamos presentes. Necesitamos unidad para seguir trabajando y resistiendo en los espacios que nos toca. No es fácil, sin embargo, no perdemos de vista una vida digna.

Para continuar viviendo es importante reforzar y reconstruir el tejido social comunitario que ha sido desintegrado por la intervención colonial. Un tejido comunitario fuerte que fomente una economía recíproca y solidaria para combatir la destrucción de la vida.

Las mujeres indígenas estamos promoviendo cambios en la sociedad, con la defensa de la Madre Tierra, la defensa del Agua y de los páramos para la continuidad de las futuras generaciones, demostrando que es posible vivir en armonía y respetando a la Naturaleza. Hemos existido, existimos y seguirán existiendo mujeres aportando a la creación y apostando a la vida, la paz y la dignidad porque el conocimiento y la memoria es colectivo y trasciende solo si se enseña y se comparte.

Compartido con SURCOS por la autora.

Foto: Laura Rodríguez Rodríguez, UCR.