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El fin de la Guerra Fría y la decadencia de Occidente (IV-IV)

Gilberto Lopes
San José, 6 mayo de 2024

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III – Las relaciones con la OTAN

  1. La unificación alemana y las ambiciones de Washington
  2. La perestroika y los ajustes económicos en la URSS
  3. Las negociaciones sobre la OTAN
  4. Las exigencias de la URSS
  5. ¿Promesas rotas? Un nuevo orden mundial

La unificación alemana y las ambiciones de Washington

En la República Democrática Alemana (RDA), la situación económica y política seguía deteriorándose. En los dos últimos meses de 1985, el precio del petróleo, en los mercados internacionales, se había desplomado. El petróleo refinado era su principal producto de exportación. Lo producía la RDA a partir del crudo que le suministraba la URSS, a precios subsidiados. En 1985 exportó 2,5 mil millones de Volutamarks (VM), cifra que bajó a mil millones en 1986 y a 900 millones, el año siguiente.

La austeridad parecía la única manera de evitar la insolvencia del Estado. Si el país quería mantener abierto el flujo de capitales debía duplicar sus exportaciones, mientras la importaciones se mantenían constantes. Para eso tendrían que aplicar reformas económicas, incluyendo el aumento de precios, la eliminación de subsidios, el cierre de empresas y el desempleo. El secretario general del partido y presidente de la RDA, Erick Honecker, se resistía, sin embargo, a reducir las prestaciones del sistema social alemán.

La deuda con Occidente había crecido de dos mil millones de VM, en 1970, a 49 mil millones en 1989, lo que dejaba el país completamente dependiente del capital occidental. 65% de los gastos eran financiados por créditos. En 1990, solo para mantener la deuda estable, habría que reducir el consumo entre un 25% y un 30% y lograr un superávit comercial de dos mil millones de VM.

La RDA solo podría sobrevivir con los préstamos de su rival, la RFA, a menos que lograra apoyo de la URSS. El 1 de noviembre de 1989, Egon Krenz, que había sustituido a Erich Honecker al frente del Estado y del partido en octubre, viaja a Moscú para reunirse con Gorbachov. Dicen que el líder soviético se mostró sorprendido por la gravedad de la situación económica de la RDA, pero reiteró que no podían suministrarle nada más allá de lo contemplado en el plan quinquenal 86-90.

El 4 de noviembre, cerca de medio millón de personas se reunió en la Alexander Platz, en Berlín, exigiendo reformas. Era la víspera de la caída del muro. Alexander Schalk, director de la Sección de Coordinación Comercial de la RDA, viaja a Bonn para reunirse con el ministro federal de Asuntos Especiales, Rudolf Seiters, y Wolfgang Schauble, ministro del Interior. Informado del resultado de la reunión, el canciller Kohl decidió poner condiciones a Krenz: exigía una fecha para elecciones, con participación política de la oposición, a cambio de apoyo financiero. Los recursos de la RFA solo fluirán si la RDA creaba condiciones de mercado para la economía y la abría a la actividad privada.

En diciembre, un mes después de la caída del muro, Krenz es sustituido por el secretario del partido en Dresden, Hans Modrow. Kohl llega a Dresden el 19 de diciembre para reunirse con Modrow: vuelve a plantear que una ley asegurando elecciones libres y un marco legal para proteger las inversiones extranjeras en la RDA eran requisitos indispensables para la ayuda. Modrow adelanta las elecciones, previstas inicialmente para mayo, para el 18 de marzo de 1990, y pide a los alemanes occidentales un nuevo préstamo, de 15 mil millones de DM.

Las elecciones le dan el triunfo a la opositora “Alianza por Alemania”, con 48% de los votos, y el líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Alemania del este, Lothar de Maizière, se transforma en el nuevo primer ministro.

El 6 de febrero Kohl había anunciado su intención de iniciar inmediatamente negociaciones para unificar la moneda de las dos Alemanias. El proceso de unificación se acelera, pero una Alemania unida era vista con desconfianza, tanto por la primera ministra británica, Margaret Thatcher, como al presidente francés, François Mitterand. Al norteamericano George Bush, sin embargo, no le parecía preocupar. Al contrario, Estados Unidos trata de consolidarla. Alemania era el soporte de su presencia en Europa, por lo que incorporarla unificada a la OTAN era de vital importancia para Washington.

La perestroika y los ajustes económicos en la URSS

La economía de la URSS estaba también en caída libre. En la primera mitad de 1987 Gorbachov había transformado la perestroika en una campaña de reforma radical. Se trataba de cambiar la coerción administrativa del Estado por la coerción económica del mercado. La idea era que las ganancias privadas (de las empresas públicas), las quiebras, la desigualdad salarial y la movilidad laboral, pasaran a ser parte de las reglas económicas.

Hay quienes estiman que aquí empezó el abandono del socialismo, una idea que no comparto. Sobre eso quisiera señalar que, desde mi perspectiva, el aspecto clave –la propiedad– seguía siendo del Estado.

Pero los dirigentes soviéticos no habían podido, en cuatro años, detener el deterioro de su economía. La reforma del sistema de precios, esencial para la perestroika, se reveló políticamente imposible. La liberalización de precios y el desempleo no ocurrieron realmente hasta la llegada de Boris Yeltsin al poder, en Rusia, en 1992.

Gorbachov se preguntaba cuál sería la salida: ¿el aumento de precios? Sus vastos recursos naturales le habían permitido evitar la dependencia del capital occidental. Pero el colapso de los precios del petróleo en 1985-86 y las reformas económicas de los primeros años de la perestroika habían deteriorado la balanza de pagos.

En abril de 1990, el presidente del banco de comercio exterior ruso, Yuri Moskovskii, advierte a Gorbachov de la dificultad de obtener nuevos recursos frescos, ante una creciente actitud negativa de los prestamistas extranjeros. El problema no era tanto el monto de la deuda, como su ritmo de crecimiento: había pasado de 16 mil millones de dólares, en 1985, a 40 mil millones, en 1989.

La experiencia de diversos países, en los años 80’s (como México, Brasil y otros latinoamericanos, así como Polonia y Yugoslavia), mostraba que posponer el pago de la deuda tenía consecuencias económicas y políticas adversas. Pero renegociar la deuda no estaba en los planes de los soviéticos, pues los dejaría en manos del FMI.

Las negociaciones sobre la OTAN

El 14 de mayo de 1990 los líderes soviéticos se reúnen con enviados de la RFA, para discutir su situación económica. El gobierno alemán afirma que el apoyo financiero solo vendrá si es parte de un paquete que incluya una solución para el “problema alemán”: la unificación del país, su incorporación a la OTAN y la retirada de las tropas soviéticas.

Cuando el Secretario de Estado James Baker llegó a Moscú, a mediados de mayo, le dice a Gorbachov que la OTAN ya no sería una amenaza para la URSS porque se transformaría, de una organización militar, en una de carácter político, que no se ampliaría a Alemania del este. Le presenta una lista de nueve reformas en este sentido. En la medida en que el Pacto de Varsovia se deshace, los países que lo integraban, incluida la URSS, son invitados a enviar una representación diplomática a la sede de la OTAN, en Bruselas.

Estados Unidos analizaba la posibilidad de otorgar los 20 mil millones de dólares que pedía la URSS para que sus tropas abandonaran Europa central y permitiera a Alemania incorporarse a la OTAN. Pero la oferta de Baker no era la única sobre el tema en Washington. Bent Scrowcroft, Consejero de Seguridad Nacional de George Bush, le escribe un memorándum, el 29 de mayo. Le asegura que la asistencia económica es una forma directa y expedita de asegurar la victoria de Occidente en la Guerra Fría, que se trata de una opción estratégica lograr la unificación de Alemania en la OTAN y la retirada de los militares soviéticos de Europa del este. Si Gorbachov está dispuesto a aceptar estos términos, la asistencia financiera podía definir el armisticio de la Guerra Fría a nuestro favor, afirma. Desde su punto de vista, los cambios que estaban ocurriendo serían irrelevantes, si Estados Unidos no lograba perpetuar su propio poder en el continente.

Las exigencias de la URSS

La unión monetaria alemana estaba prevista para el 1 de junio, lo que significaba que el costo de mantener las tropas soviéticas en Alemania se dispararía. Habría que pagarlo ahora en marcos alemanes y no en la devaluada moneda de la RDA. De los seis millones de toneladas de petróleo que le costaba, pasaría a 17 millones, si nada cambiaba. Eso era mucho más de lo que la URSS suministraba a toda la RDA.

Quedaba pendiente la reacción de Rusia. Dónde se ubicaría esa Alemania: ¿en la OTAN?, ¿en el Pacto de Varsovia?, ¿sería neutral? Para Gorbachov era clave mantener Alemania fuera de la OTAN. La URSS todavía mantenía 380 mil soldados en Alemania. La Guerra Fría no podía terminar sin resolver esta cuestión. Nadie debía esperar que la Alemania unificada ingresara a la OTAN, dijo Gorbachov. La presencia de nuestras fuerzas no lo permitiría. Nosotros podemos retirarla, si Estados Unidos hace los mismo.

El Kremlin exigió que la RFA asumiera los compromisos de la RDA con la URSS. Era una demanda compatible con la estrategia de Kohl, que estaba dispuesto a resolver estos problemas con los recursos financieros alemanes. Cuando Gorbachov se reunió con el canciller alemán, el 15 de julio, este le pidió un plan para el retiro de las tropas soviéticas del país y el acuerdo para la incorporación de Alemania a la OTAN. Le dice que si la URSS le garantizaba a Alemania su completa soberanía, estaba dispuesto a financiar la retirada de las tropas y firmar un amplio tratado de cooperación. Si decidían aceptar la unidad de Alemania, los alemanes les ayudarían a mantener su economía a flote.

A finales de agosto se sentaron a negociar esa ayuda. Los soviéticos pidieron 20 mil millones de marcos y Kohl ofreció ocho. Luego subió a doce su oferta y, finalmente, a quince. Gorbachov aceptó la incorporación de Alemania a la OTAN, pero exigió que no se extendiera a Alemania oriental mientras las tropas rusas estuvieran allí, lo que podría durar aun de tres o cuatro años, de acuerdo con los derechos de ocupación derivados de la II Guerra Mundial.

El 12 de septiembre, las potencia ocupantes de Alemania firmaron en Moscú el acuerdo de renuncia de esos derechos. El 3 de octubre de 1990, Kohl celebró, en la Puerta de Brandemburgo, la absorción de la RDA por la RFA. Un mes después, en el aniversario de la caída del muro de Berlín, Gorbachov y Kohl firmaban un acuerdo para la retirada de las tropas soviéticas de Alemania, en tres años.

¿Promesas rotas? Un nuevo orden mundial

El debate sobre el cumplimiento de los compromisos asumidos por Estados Unidos y Alemania con la Unión Soviética en las negociaciones de 1990 sobre la ampliación de la OTAN hacia el este ha ganado renovada actualidad gracias al conflicto de Ucrania.

En noviembre de 1990, uno año después de la caída del muro de Berlín, los países miembros de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) firman la “Carta de París para una nueva Europa”. “Europa está liberándose de la herencia del pasado”. “La era de la confrontación y de la división de Europa ha terminado”, afirman en el primer párrafo del documento. 34 años después es evidente que nada de esto era cierto.

¿Hubo o no garantías occidentales de que la OTAN no se ampliaría hacia el Este, a cambio del acuerdo soviético a la reunificación alemana?, se preguntó la académica norteamericana Mary Elise Sarotte, en un artículo publicado en 2019, al cumplirse 30 años de la caída del muro de Berlín. En realidad, se trataba de la actualización de un artículo que la misma autora había publicado, en 2014, en la revista Foreign Affairs.

No es posible pretender resolver aquí esa cuestión, pero el trabajo de Sarotte está actualizado, con referencias a archivos oficiales recientemente desclasificados. Su trabajo, que me parece minucioso en el análisis de esas referencias, puede ser visto aquí: https://www.politicaexterior.com/articulo/rusia-la-otan-promesas-rotas/

¿A qué conclusiones llega? “Las pruebas demuestran que, contrariamente a lo que se cree en Washington, la cuestión del futuro de la OTAN –no solo en la RDA, sino en toda Europa oriental– surgió en febrero de 1990, poco después de la caída del Muro”.

“Altos cargos estadounidenses, en estrecha colaboración con los líderes de la RFA, insinuaron a Moscú, durante las negociaciones llevadas a cabo ese mes, que la Alianza no podría expandirse, ni siquiera a la mitad oriental de una Alemania, aún por reunificarse”.

Las pruebas documentales –dice Sarotte– muestran que “Estados Unidos, con la ayuda de la RFA, se apresuró a presionar a Gorbachov para obtener su acuerdo a la reunificación, pero sin extender por escrito algún tipo de promesa sobre los planes futuros de la Alianza”. En pocas palabras –agrega– sobre este tema “nunca se produjo un acuerdo formal, como alega Rusia”.

Parece evidente que no existe un acuerdo formal, escrito. Pero también parece evidente que el tema fue tratado y las promesas, hechas por unos, luego fueron revisadas por otros altos funcionarios norteamericanos.

Sarotte agrega que, según documentación conservada en el ministerio de Asuntos Exteriores de la RFA, Hans Dietrich Genscher, entonces ministro de esta cartera, hizo saber a su colega británico, Douglas Hurd, el 6 de febrero de 1990, que “Gorbachov quería eliminar la posibilidad de una futura expansión de la OTAN a la RDA y al resto de Europa oriental. Genscher propuso que la Alianza declarase públicamente que la organización no tenía ‘intención de expandir su territorio hacia el Este. Tal declaración ha de ser de carácter general y no referirse únicamente a Alemania oriental’”.

El debate sigue siempre en este tono. Ante la inexistencia de un compromiso escrito, hay quienes afirman que no hay compromiso alguno, como Mark Kramer, director del proyecto de Estudios de la Guerra Fría, de la Universidad de Harvard, que polemiza con Sarotte. Mientras otros –incluyendo a los rusos– reiteran las diferentes instancias en que fue tratado el tema y las promesas hechas, de no ampliar la OTAN hacia el este.

Como sabemos, para Rusia, la promesa fue incumplida. Putin hizo referencia al caso en su importante discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, en 2007. “¿Qué pasó con las garantías que nuestros socios occidentales nos hicieron tras la disolución del Pacto de Varsovia?”, se preguntó.

Lo cierto es que la OTAN no cesó de ampliarse hacia el este, hasta llegar a las fronteras rusas, generando una realidad política muy distinta a la que habían vislumbrado los países europeos en 1990, en su “Carta de París”.

Un nuevo muro se fue corriendo más de mil km hacia el este, hasta que Rusia decidió abrirle un boquete, en febrero del 2022, cuando sus tropas cruzaron la frontera de Ucrania. Moscú declaró inaceptable su incorporación a la OTAN, generando una nueva realidad política en Europa, con repercusiones mundiales, cuyo resultado pondrá fin al orden creado al final de la II Guerra Mundial, sin que sepamos aun cómo será el que lo podrá sustituir.

FIN

“Entrega total”

Freddy Pacheco León

Freddy Pacheco León

«Por enfrentarse a LOS PODEROSOS, se le ataca tanto«, nos dijo de Rodrigo Chaves, un amigo, ¡que, sin duda, así lo cree! Para él, desempleado y rebuscándose la subsistencia todos los días, «el presi» es uno más del pueblo humilde. Un «genio del Banco Mundial», que sacrificó su liderazgo allá, en un lejano y muy pobre país musulmán, para venir a luchar por los miserables de su país de origen. Algo así, como un santo varón, que, como la canción de Luis Miguel, merece la “Entrega total” de sus fieles creyentes.

Ahora bien, como se trata de alguien a quien apreciamos, con datos confiables, le prometimos al amigo, escribir un resumen de algunas «cosillas» del gobierno de su líder, que por aquí reunimos, para que, después de leer, reflexione sobre ellas. ¡Veamos!

1. En un país tan pobre como Costa Rica, que «juega de rico» en el club de países ricos, y no tan ricos, conocido como la OCDE, los compatriotas que sufren de miseria extrema, podrían llenar 13 veces, el Estadio Nacional. Viejitos, niños, hombres y mujeres de todas las edades, que sufren al interior de sus familias, la escasez de alimentos y otras necesidades, características de sus tugurios. Pues resulta, que, a ellos, tan dependientes de la solidaridad cristiana, Chaves, por cuestiones fiscales, dice, les ha recortado en una cuarta parte, la «inversión social«, que, aunque limitada, por lo menos les hacía tener esperanza en un mañana mejor.

2. La Seguridad Social, reforzada a través de los años, desde que se estableciera como compromiso estatal, hace más de 80 años, ha sido tan dejada de lado por el actual gobierno, que, pese a urgentes necesidades, ha hecho aumentar su deuda en más de ¢3,7 millones de millones (¢3,7 billones). ¡Nunca en la historia de Costa Rica, se ha visto algo semejante! Y es que, para «exhibir» ante el mundillo de Wall Street, «índices macroeconómicos positivos», se está desamparando a los más pobres, a los que hasta quisieran emigrar en busca de sustento, nos ilustran encuestas de Cid-Gallup, pues ya no aguantan tanta injusticia.

3. Con los «ahorros» mal entendidos, en programas de vivienda de interés social, este gobierno ha dejado por fuera a más de 11 mil familias sin techo, con las consecuencias que ello tiene, sobre el ansiado bienestar de esos miles de costarricenses, agobiados por la miseria que duele.

4. Los CEN-CINAI, casi desconocidos por muchos habitantes indiferentes a ellos, tienen la misión de «contribuir a mejorar el estado nutricional de la población materno-infantil y el adecuado desarrollo de la niñez que vive en condiciones de pobreza y riesgo social«. Sin embargo, pese a esa fundamental misión en pro de los venerables niños, la administración de Chaves, les ha recortado el insuficiente presupuesto, ¡en cerca de ¢5.000 millones!, demostrando así una muy reprochable insensibilidad, y una despreocupación incomprensible, por la nutrición de los niñitos pobres.

5. Conocido es, que ante el desempleo y la miseria que resulta de él, algunos compatriotas por desesperación, con limitadísima educación, se han involucrado en el mercado de las drogas, con tan dolorosas consecuencias, que muchos han terminado en prisión o en el cementerio. Los datos nos dicen, que el año pasado, los asesinatos superaron la cifra de 75 mensuales, para un total de 903. Inocentes, o no (solo Dios puede juzgarlos) lo más triste es que, nos han acostumbrado a esas noticias cotidianas, que sentimos alejadas de nuestras vidas. “Es cosa de los pobres metidos en drogas, que se matan entre ellos”, es el innoble mensaje que se transmite, pretendiendo ocultar cuál es la raíz de esa terrible estadística.

6. Existe en Costa Rica, desde mayo del 2006, en que iniciaba la administración de don Óscar Arias, un programa en el IMAS, que tiene como objetivo, “la inclusión, la permanencia, la asistencia y la reincorporación al sistema educativo de los estudiantes en pobreza y pobreza extrema”. Se trata de un subsidio, conocido como AVANCEMOS, que, como algo «especial» de este gobierno, ha dejado sin financiar más de 98.000 becas. Contribuciones modestas, es cierto, pero que, para los niños y adolescentes, y sus familias, son determinantes para seguir estudiando o no. Se trata de subsidios de ₡18.000 mensuales para estudiantes de primaria, y de ₡30.000 a ₡40.000 para estudiantes de secundaria, por lo cual, rechazamos que se aleguen, frías cuestiones macroeconómicas, para decidir, desde la Casa Presidencial, el futuro y el presente educativo de tantos niños y muchachos, cuando saben muy bien, que, aunque no se les atiende, el 60% de los estudiantes en escuelas y colegios públicos, cumplen con los requisitos para optar por esa ayudita económica.

7. Si algo ha sido fundamental, para que Costa Rica se haya destacado en el continente americano, como una nación con logros importantes en su población, han sido dos cosas nacidas casi simultáneamente: la abolición del ejército, que nos hizo ahorrar un inmenso gasto inútil en armas y soldados, y el transferir esos recursos económicos, hacia un sistema educativo público, gratuito, de calidad, con universidades prestigiosas, abiertas a buenos estudiantes, independientemente de su origen socioeconómico. Sin embargo, siguiendo una ruta orientada a erosionar esa columna fundamental de la sociedad costarricense, la administración Chaves, en tan solo dos años, muestra datos que hacen encender luces de emergencia. Casi como un logro hacendario, desde que se estableció constitucionalmente, un porcentaje de financiamiento mínimo, el de este año ha sido el más bajo. Nuevamente, son los más pobres los más afectados, pues, en todos los niveles, se restringen las opciones educativas, sin poder optar por las instituciones privadas que, principalmente en el nivel básico, han venido superando a las escuelas y colegios públicos. Ese desinterés por la educación estatal, se evidencia en datos que ilustran como, cerca de 900 centros educativos, han recibido de parte de las, igualmente autoridades gubernamentales, advertencias sanitarias de funcionamiento, mientras que 78 instalaciones educativas, siguen “funcionando”, con órdenes de no hacerlo.

8. Cuando se habla de DESIGUALDAD SOCIAL, más allá de un ejercicio académico, nos referimos a la distancia enorme que no debería existir, entre aquellos que viven en la opulencia, a veces el despilfarro y el desperdicio (como coleccionar relojes Rolex, por ejemplo) y las grandes mayorías, que sienten como, día con día, su calidad de vida es tan baja, que no les permite, aunque se esfuercen estudiando y trabajando honestamente, satisfacer sus necesidades básicas. Cabe recordar, que cuando la sociedad costarricense, aspiraba a alcanzar una menor desigualdad social, la clase media poco a poco se ensanchaba y, con el apoyo de instituciones y empresas estatales, todas ellas trabajando sin fines de lucro, los signos de bienestar, eran evidentes. La llamada «distribución de la riqueza», seguía senderos de tintes más justos.

Hoy, detenido ese proceso desde hace unos años, la administración de Chaves, le ha aplicado «marcha atrás». Un gobierno promocionado «contra los poderosos», se muestra más bien, como un gobierno «de los poderosos», de los que acumulan más riqueza. Es un gobierno ¡contra los pobres!; contra aquellos que paradójicamente, le han venido apoyando, hasta la “entrega total”, inocentes del engaño, que se esconde en los discursos de Pilar y Chaves, que, para desdicha de ellos mismos, les creen el discurso demagogo y populista.

La evidencia descansa en medidas gubernamentales, dirigidas a favorecer a los que, por ejemplo, comercian todo tipo de productos importados (arroz y otros productos alimenticios, medicamentos, equipos y herramientas de trabajo, utensilios domésticos, vehículos…) que, por más de un año, han obtenido ganancias exorbitantes, gracias a un cambio del colón con respecto al dólar, manejado políticamente, y a una cascada de dólares, de imprecisa procedencia. Asimismo, merced a acciones ejecutivas (algunas ilegales) como, contratos de construcción de obra pública, otorgados «a dedo», sin licitaciones, gracias a una aplicación amañada, de decretos de emergencia.

Como muestra independiente de tal desigualdad social, fomentada por Chaves, los datos de la OCDE, nos gritan a la cara, que, dentro de ese grupo de 38 naciones, ninguna supera a Costa Rica, como la más desigualdad, aunque las prácticas del Banco Mundial permiten aplaudir, como sucedió tanto tiempo en Chile, a las autoridades hacendarias que muestran una inflación tal, que impide ejecutar ajustes salariales, hace tiempo congelados injustamente.

FINALMENTE, aunque no es exhaustivo lo que cubre este comentario, pues no hemos hablado del efecto que, por ejemplo, sobre los más pobres tiene el manejo indebido del abastecimiento de agua potable, sí esperamos que, cuando nuestro amigo nos lea, conociendo lo inteligente que es, ojalá lo invite a pensar, o, por lo menos, a dudar, de lo que hasta ahora le han dicho y ha creído. Si lo hace, estaremos avanzando hacia algo excepcionalmente importante; hacia la defensa de nuestra democracia y nuestras instituciones estatales, amenazadas desde sus propias entrañas y en camino a ser subastadas.

Extrañamiento, expulsión y extradición de costarricenses

Vladimir de la Cruz

Desde finales de la colonia, a los habitantes de nuestro país, se les reconocía o llamaba “costa ricas”. El territorio que habitaban era parte del Virreinato de España, dentro de la Capitanía General de Guatemala o Reino de Guatemala, como Provincia o Gobernación de Costa Rica, así establecida desde 1573. Antes de esa denominación fuimos la Provincia de Nueva Cartago y Costa Rica. Por aquellos años, 1554, se estableció el Corregimiento de Nicoya o Alcaldía Mayor de Nicoya, que en 1786 se añadió a la Intendencia de León de Nicaragua.

El Reino de Guatemala, como figura, desapareció con la Constitución de Cádiz de 1812, la que fue suspendida desde 1814 hasta 1820.

Por las Cortes de Cádiz, de 1812, se reunió Nicaragua y Costa Rica en una sola unidad político-administrativa hasta 1814.

Como conjunto territorial y poblacional formamos parte de la Real Audiencia de Guatemala hasta los días de la Independencia.

La Independencia nos desligó de toda relación político-administrativa con España. Desde 1821 hasta finales de 1823 empezamos a caminar solos, con las Juntas de Gobierno de esos años.

La decisión de Guatemala de su Independencia, del 15 de setiembre, invitó a que los Ayuntamientos y las Provincias, eligieran diputados, “sin excluir de la ciudadanía a los originarios de África”, para reunirse en un Congreso y definir de manera conjunta el tema de la Independencia, general y absoluta, y formar un nuevo gobierno regional. Así, se impulsó las Provincias Unidas de Centro de América, desde el 1 de julio de 1823 hasta el 22 de noviembre de 1824, y la República Federal de Centro América, desde marzo de 1824 hasta 1838, como una sola nación soberana, de la cual formamos parte como Estado de Costa Rica, desde 1824, con órganos propios políticos de poder, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, órganos de poder iguales a los que se establecieron para la Federación.

Nos retiramos de la República Federal en 1838. Intentamos volver en 1842 y la muerte de Francisco Morazán, 1842, nos mantuvo separados hasta que en 1848 declaramos, el 31 de agosto, la República de Costa Rica.

El Partido de Nicoya, tomó la decisión de unirse a Costa Rica el 15 de julio de 1824. Las Provincias Unidas del Centro de América y la República Federal de Centroamérica fueron independientes de España, de México y de cualquier otra nación.

Como región independiente empezamos a tomar decisiones importantes. La primera, fue aprobar la primera Constitución Política, la del Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica o Pacto de Concordia, del 1 de diciembre de 1821. A esta le siguieron el Primer Estatuto Político de la Provincia de Costa Rica, del 19 de marzo de 1823, el Segundo Estatuto Político de la Provincia de Costa Rica, del 16 de mayo de 1823, la Constitución de la República Federal de Centroamérica, del 22 de noviembre de 1824, la Ley Fundamental del Estado Libre de Costa Rica, del 25 de enero de 1825, la Ley de Bases y Garantías, del 8 de marzo de 1841, la Constitución Política del Estado de Costa Rica, del 9 de abril de 1844, la Constitución Política, del 10 de febrero de 1847, la Constitución Política «reformada», del 30 de noviembre de 1848, la Constitución Política, del 27 de diciembre de 1859, la Constitución Política, de 15 de abril de 1869, seguida de la Constitución Política, del 7 de diciembre de 1871, la de 1917, de pocos meses, pues al caer la dictadura de Federico Tinoco se restableció la Constitución de 1871 hasta la del 9 de noviembre de 1949, hija de la Junta Fundadora de la Segunda República, 1948-1949, vigente hasta hoy.

En todas las constituciones políticas se ha definido a los “costarricenses” como «todos los hombres libres naturales de la Provincia o avecindados en ella, con cinco años de residencia gozarán el derecho de ciudadanos con tal que hayan jurado absoluta Independencia del Gobierno Español», se dijo desde 1821. En el Segundo Estatuto se enfatizó que el ciudadano debía ser «adicto decididamente a la libertad de la Provincia», y se eximía el tiempo de residencia «en patriota conocido que por su pericia en algún ramo sea útil al servicio público de la Provincia».

La Constitución Federal estableció que «La República es un asilo sagrado para todo extranjero y la patria de todo el que quiera residir en su territorio», declarando que «todo hombre es libre. No puede ser esclavo el que se acoja a sus leyes, ni ciudadano el que trafique en esclavos». También estableció la condición de ciudadano a «todos los habitantes de la República, naturales de país o naturalizados en el que fueren casados, o mayores de diez y ocho años, siempre que ejerzan alguna profesión útil o tengan medios conocidos de subsistencia».

En cuanto a la naturalización, la adquisición de la nacionalidad costarricense, se podía obtener cuando los extranjeros manifestaran su decisión de radicar en la República; por servicios relevantes hechos a la Nación, los que así designara la Ley; por cualquier invención útil y por ejercicio de alguna ciencia, arte u oficio no establecidos aún en el país o mejora notable de una industria conocida; por vecindad de cinco años; por vecindad de tres años a los que se vinieren a radicar con sus familiares o a los que contrajeren matrimonio en la República y a los que adquirieren bienes raíces del valor y clase, que por ley se determinare. Se otorgó la ciudadanía a los nacidos en otros países de ciudadanos centroamericanos (reconocimiento del llamado «ius sanguinis»), siempre que sus padres estuvieran al servicio de la República o cuando su ausencia no pasare de cinco años, con conocimiento del Gobierno. También le reconocía la ciudadanía a aquellos españoles y extranjeros que, en el momento de la Independencia, dentro del territorio centroamericano, la hubieren jurado.

Según la Constitución Federal, los ciudadanos de los diferentes Estados ejercían, expeditamente, la ciudadanía en cualquiera de los Estados miembros de la República Federal.

Dicha calidad, según esta Constitución, se perdía cuando se admitiera empleo, se aceptarán pensiones, distintivos o títulos hereditarios de otro Gobierno, «o personales sin licencia del Gobierno»; también por delito que mereciera pena mayor que la correccional, por ser deudor fraudulento o deudor de rentas públicas y, judicialmente, requerido para pagarlas; «por incapacidad física o moral judicialmente declarada y por el estado de sirviente doméstico cerca de la persona».

La Ley de Bases y Garantías estimó ciudadanos a «todos los naturales del Estado o naturalizados en él, que tuvieren veintiún años cumplidos o veinte si fuesen profesores de alguna ciencia, ó padres de familia, con tal de que posean, á más de casa propia, alguna propiedad, capital o industria con cuyas ganancias ó frutos puedan en proporción á su estado, sostenerse con sus familias». A las causas de suspensión y pérdida de la ciudadanía ya conocidas se agregaron, respectivamente, la de «haber abandonado á su muger sin causa legal declarada por el Juez, ó faltar notoriamente á las obligaciones de familia» y, «la ingratitud con sus padres, ó por no dar educación a sus hijos, plenamente comprobado uno y otro«; así como por la portación, entre poblados, de armas prohibidas, lo cual tenía que ver con el desarrollo de las instituciones militares, como el ejército y la milicia.

La Constitución de 1844 estableció que podían ser naturalizados los naturales de los demás Estados de la República Centroamericana, «los de las otras secciones de América que casaren en el Estado, ejerzan una profesión útil, o tuvieren en él un capital en bienes raíces que no baje de mil pesos».

La ciudadanía, consecuentemente, se daría a los costarricenses ya dichos, que tuvieren veinte años cumplidos o dieciocho si fuesen casados o profesores de alguna ciencia, «y que unos y otros posean además alguna propiedad u oficio honesto, cuyos frutos o ganancias sean capaces de mantenerlos con proporción a su estado».

La ciudadanía se suspendía o perdía por las razones indicadas y se agregaba: por conducta notoriamente inmoral y viciada; por comerciar en las elecciones sufragios activa o pasivamente; por ingratitud con los padres, plenamente comprobada, y por portación de armas prohibidas dentro de los poblados.

En la Constitución de 1844 se estableció el derecho de asilo inviolable para todo extranjero que a ello se acogiera.

En la Constitución de 1847 se habla de «habitante del estado» condición que, por la de naturalización, cuando se tenía diez años de residencia «o de cinco con sus familias». Además, se exigía “saber leer y escribir”. Esta condición de ciudadano se perdía y suspendía por las normas ya establecidas, y en la suspensión se repuso «el estado de sirviente doméstico cerca de la persona, cualquiera que sea el servicio» y se agregó: «por ser ebrio, jugador, truhán ó tener otros vicios que escandalicen y ofendan la moral pública«.

En la Constitución Reformada se dijo que se adquiría la naturalización bajo la situación de las mujeres no costarricenses casadas con costarricense y los nacidos en cualquier otro país que hubiesen estado domiciliados en Costa Rica, al tiempo de proclamarse su Independencia o de erigirse en República.

La Constitución de 1859 estableció normas sobre los costarricenses nacidos o naturalizados y sobre los ciudadanos. Además, se indicó, expresamente, que los hijos de padre o madre costarricense, nacidos fuera del territorio nacional, lo serían mientras se inscribieran en el Registro Cívico por voluntad de sus padres y mientras fueran menores de veintiún años. Por naturalización quienes habían adquirido ese derecho, en virtud de leyes anteriores.

La calidad de costarricense como la ciudadanía se podía perder, suspender y recobrar conforme lo establecía la ley. En cuanto a la suspensión de la ciudadanía se agregaron como causas «la ineptitud física o mental que impida obrar libre y reflexivamente», «tener causa criminal abierta» «por vagancia judicialmente declarada». Excepto por traición a la Patria, podía recobrarse la ciudadanía.

La Constitución de 1869 respecto de los costarricenses mantuvo los mismos criterios anteriores. Agregó, sin embargo, para la condición de naturales «los habitantes de la Provincia de Guanacaste que se hubiesen establecido definitivamente en ella, desde su incorporación a esta República hasta el tratado de 15 de abril de 1858, celebrado con la de Nicaragua». En cuanto a los naturalizados, dispuso que podían obtener esta condición «los hijos de otras naciones que, después de dos años de residencia en la República, obtengan la carta respectiva». Las causas de suspensión y pérdida de la ciudadanía, también se mantuvieron.

En la Constitución de 1871, entre las causas de pérdida de la ciudadanía, se dispuso que «los que sin permiso especial del gobierno tomaren servicio militar en una nación extranjera o se alistaren en un cuerpo militar extranjero»; y «el que en cualquier forma y por cualquier motivo pidiere o provocare contra la República la intervención de una potencia extranjera o se asilare en una Legación o en un barco de guerra extranjero o en otro lugar protegido por el privilegio de extraterritorialidad para sustraerse al imperio de las leyes o autoridades nacionales…».

El desarrollo político institucional del país en el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, frente a extranjeros nacionalizados o naturalizados costarricense reguló su condición con posibilidad de eliminarles su condición de naturalizados o nacionalizados.

Políticamente, los gobiernos tomaron, en ocasiones, decisiones de extrañamiento y expulsión de ciudadanos, nacionales, naturalizados o extranjeros.

En el siglo XIX la región de Golfito, llamada El Pozo y, San Ramon, de Alajuela, fueron sitios de extrañamiento, de trasladar ciudadanos por razones de sentencias penales o decisiones políticas a vivir en esas regiones.

También se tomaron medidas de expulsión del territorio nacional a personajes políticos y hasta religiosos, como fueron los casos del Obispo Anselmo Llorente y La Fuente y del Obispo Bernardo Augusto Thiel, de la orden religiosa de los Jesuitas, de las monjas de Sion y del Sagrado Corazón. En la época de la colonia el 25 de junio de 1767 se había ordenado la expulsión de la compañía de Jesús.

La extradición funcionó para los extranjeros, no para los nacionales. Pero, la nacionalidad podía quitarse a naturalizados si cometían las faltas por las que se les podía eliminar la condición de costarricenses.

Durante situaciones excepcionales, como en el nacimiento del Partido Comunista de Costa Rica, 1931, que se expulsó de Costa Rica a Adolfo Braña Rosas y a Rafael Ángel Llubere, por sus actividades vinculadas a las luchas sindicales y denuncias contra la corrupción política del momento. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial se afectó a ciudadanos costarricenses, especialmente nacionalizados, con detenciones arbitrarias en campos de concentración en San José, de donde fueron extraditados a Estados Unidos, que le servían a los Estados Unidos para ser cambiados por prisioneros de guerra. En ello influyó la declaración de guerra a Japón, Alemania e Italia, a finales de 1941 y las medidas gubernativas que se tomaron de seguridad frente a las actividades nazi fascistas y de la llamada quinta columna, por lo que se suspendieron garantías que se consignaban en la constitución.

En el período de la guerra civil de 1948 se “obligó” a la salida de costarricenses al extranjero porque no se garantizaban sus vidas por parte de la Junta de Gobierno establecida en mayo de 1948.

En la Constitución Política actual se establece claramente que el naturalizado debe “acreditar su buena conducta, demostrar que tiene oficio o medio de vivir conocido, que sabe hablar, escribir y leer el idioma español, someterse a un examen comprensivo de la historia del país y sus valores, prometer que residirá en el territorio nacional de modo regular y jurar que respetará el orden constitucional de la República.”

Ciertamente, el artículo 16 constitucional señala que “la calidad de costarricense no se pierde y es irrenunciable”, así modificado desde 1996. Eso está, en mi opinión, implícitamente ligado a los costarricenses por nacimiento, por ius solis o ius sanguinis, así afirmado por la modificación constitucional que se obligó en 1996, por la Sala Constitucional.

Es cuestión de pedir aclaración a la Sala Constitucional sobre este extremo, por parte de la Asamblea Legislativa, para resolver la aprobación del primer debate de la expulsión, por la vía de la extradición, que se quiere hacer de extranjeros nacionalizados, que se les vincula a organizaciones y actividades narco criminales.

Quien adquiera la nacionalidad bien la podría perder si comete faltas que permitan anularle la nacionalidad costarricense, lo cual no anula ni perjudica a ese ciudadano en su nacionalidad original, también de ius sanguinis o ius solis, que le mantiene su nacionalidad. No se estaría en un caso como en el de Nicaragua, que por razones políticas la ha “quitado” totalmente, ha “desnacionalizado”, a ciudadanos auténticamente nicaragüenses, nacidos en Nicaragua, o de padre o madre nicaragüense.

Si los ciudadanos de otros países, se dice que casi 40, se han casado con mujeres costarricenses, para beneficiarse de la nacionalidad que eso les da, que son vinculados clara y judicialmente, en otros países, por actividades y participación en organizaciones criminales, que han adquirido la nacionalidad para burlar procesos de extradición, hay que destacar que hay un acto doloso en esa intención y actuación matrimonial, y nadie puede sacar provecho de su propio dolo. Esto es un motivo real y válido para anularles la nacionalidad costarricense, que de esa forma adquirieron, lo que no impide que por su propia nacionalidad pueda ser extraditado a su país o a un tercer país que lo demande o solicite por causas criminales, sujetas a extradición.

En este sentido, estoy de acuerdo que se proceda con estas personas perseguidas judicial o penalmente. No estoy de acuerdo con que se establezca la extradición de costarricenses. De los naturalizados que tengan causa para perder esta condición, que se proceda con la extradición. Esa es una garantía que se ha mantenido en nuestro desarrollo constitucional y político nacional.

La extradición que se acuerde con otros países debe ser vinculante y obligatoria en términos reales. En la década de 1980, al agente de la CIA, y operador de la contra revolución nicaragüense, John Hull, que la justicia costarricense persiguió, el gobierno de los Estados Unidos se negó a extraditarlo a Costa Rica para seguirle procesos penales.

En el siglo XIX y el siglo XX se tuvieron las islas del Coco y la de San Lucas como presidios, con la filosofía de aislamiento de ciertos presidiarios, por su peligrosidad o por la naturaleza de sus delitos. Estos presidios se eliminaron con los conceptos penales novedosos que fueron desarrollándose de dar mayores oportunidades de reinserción social. Se llegó al Centro Penitenciario de la Reforma, hoy llamado Centro de Atención Institucional Terrazas, con varios sistemas de privación, desde los de máxima seguridad o los de mínima y abierta.

Cuando la Asamblea Legislativa discute la extradición en la forma que lo está haciendo, y ha aprobado en primer debate, no ha hecho más que reconocer que el sistema penal y carcelario nacional es el que está en crisis, si de detenidos se trata de extraditar. Ha puesto en evidencia que el Estado mismo y los gobiernos que lo dirigen son flojos en estos controles que deben habar sobre los privados de libertad, independientemente de las causas de la privación de la libertad. Si se trata de personas ligadas a nuevos delitos, nacionales o internacionales, de narcoactividad o de participación en organizaciones criminales, se debieron haber tomado, y todavía se puede hacer, de crear recintos penitenciarios, de encierros forzados, necesarios para garantizar su efectiva prisión.

Está el caso de los naturalizados, que no están en prisión en el país, que son objeto de la persecución internacional, por haber sido acusados de delitos en otros países. Si esos naturalizados están vinculados a la narco actividad y las organizaciones criminales, soy de la opinión que pueden ser objeto de extradición por esos motivos.

La discusión parlamentaria y la aprobación del trámite de extradición, abierta, como se ha hecho, que incluye la posibilidad de extraditar costarricense, no naturalizados, pone en evidencia que el Estado está en condición de Estado fallido, que su clase política gobernante ha fallado, que le es más fácil enviar al extranjero a ciertos “delincuentes” que tenerlos en el interior debidamente custodiados y encerrados.

Se argumenta que, para este tipo de delincuentes, el terror de la posibilidad de enviarlos a los Estados Unidos, en procesos de extradición les infunde el miedo de cometer delitos y la seguridad que no pueden ser extraditados por su naturalización, o que les da un salvo conductos de no ser extraditados. La realidad es que si saben que pueden ser sujetos de que se les elimine o anule la nacionalidad adquirida, les puede infundir igual temor, porque sin ella, si esa nacionalidad, pueden ser extraditados fácilmente.

Después de lo que ha hecho el gobierno del Presidente Biden en Estados Unidos, con delincuentes venezolanos, en el campo del narcotráfico, organizaciones criminales y el lavado de dólares, en el plano internacional, ligados familiar y económicamente al presidente de Venezuela, que estaban debidamente presos y condenados, los cambio por otros detenidos norteamericanos que estaban en Venezuela, en medio de negociaciones asociadas a la participación de empresas norteamericanas, en la explotación petrolera y otros recursos naturales de ese país.

Lo que hay que establecer en las leyes correspondientes, y las penales respectivas, es que los que adquieren la nacionalidad costarricense por la vía de la naturalización, por anulárselas, si es del caso, si comenten actos vinculados a actividad criminales, de narcoactividad, de organizaciones criminales o de actividades contra la seguridad del estado y la democracia nacional.

De igual manera debe procederse con la ley que pretende golpear los capitales del narcotráfico. Tal y como se está aprobando ese proyecto de ley, la persecución de bienes puede hacerse contra cualquier persona, si llegara a establecerse un gobierno de tipo populista, de izquierda o de derecha, autoritario, despótico, de procederes tiránicos, que surja de un proceso electoral que lo legitime, con posibilidad de controlar mayoritariamente la Asamblea Legislativa, y actuar como se hace en El Salvador, Nicaragua y Venezuela, contra el que el gobernante de turno dirija sus baterías institucionales de persecución. Esto puede no estar muy lejano de que ocurra en Costa Rica.

Compartido con SURCOS por el autor.

El fin de la Guerra Fría y la decadencia de Occidente (III-IV)

Gilberto Lopes
San José, 6 mayo de 2024

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II – El fracaso del Comecon

  1. Un nuevo escenario de la economía mundial
  2. La economía del mundo socialista se derrumba
  3. El cambio de escenario de la Guerra Fría
  4. El “éxito” del capitalismo democrático o la decadencia de Occidente

Un nuevo escenario de la economía mundial

El capitalismo prevaleció en la Guerra Fría porque fue capaz de imponer la “disciplina económica”, la política de ajuste, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos. El comunismo colapsó porque no lo pudo hacer en Europa del este. Esta es la conclusión de Fritz Bartel, en su notable libro sobre el fin de la Guerra Fría y el surgimiento del neoliberalismo, la íntima relación entre el capitalismo financiero global en los 70’s y la frágil estabilidad del socialismo.

Su libro es la historia de ese momento de ajuste en los años 70’s y 80’s del siglo pasado, que produjo cambios fundamentales en el escenario mundial.

En las primeras décadas de la Guerra Fría –en los años 50’s y 60’s– la economía en gran parte del mundo experimentó un período de alto crecimiento. Entre 1950 y 1973 el PIB per cápita había crecido a un promedio anual de 4,1% en Europa Occidental, 2,5% en los Estados Unidos y 3,8% en Europa del este.

A mediados de los años 70’s ese crecimiento económico se ralentizó. El sistema de Bretton Woods establecía valores fijos para el cambio de divisas de los países occidentales y regulaba el flujo de capitales de corto plazo. En 1971 Nixon eliminó la tasa fija de convertibilidad del dólar en oro, dejando flotar el tipo de cambio para enfrentar la creciente competitividad de la industria europea y de Japón y el decreciente papel relativo de Estados Unidos en la economía internacional.

En 1973 los precios del petróleo se cuadruplicaron, luego de la guerra de Yom Kipur. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC) tenía un superávit en cuenta corriente de 60 mil millones de dólares y, a partir de 1974, la rápida expansión del Euromarket hizo viable planes que solo un año antes parecían imposibles.

Un nuevo escenario, conformado por el cambio en los mercados energético y financiero, y las políticas de ajuste económico, empezaron a combinarse de tal forma que terminaron por definir el resultado de la Guerra Fría.

El aumento del precio del petróleo hizo imposible mantener el mismo esquema de subsidios con que la URSS abastecía a sus aliados. El petróleo que esos países recibían era vendido a Occidente a precios de mercado, transformándose en la principal fuente de moneda dura para los socios del mercado común socialista (Comecon).

El modelo entró en crisis, y los países del Europa del este solo pudieron enfrentarlo gracias al explosivo aumento de mercado de capitales, que los seguía financiando. Los créditos en eurocurrency al mundo comunista aumentaron 36% en 1976, a 3,2 mil millones de dólares, y parecían no tener fin. El costo de endeudarse en dólares era prácticamente cero.

La economía del mundo socialista se derrumba

Enfrentada a su propia crisis, la URSS terminó por variar su política de subsidios. La URSS abastecía a Polonia con 13 millones de toneladas de petróleo a 90 rublos por tonelada. El precio internacional era de 170 rublos. Algo parecido ocurría con los demás países del bloque. El Kremlin suministraba ¾ del petróleo a Europa del este. En 1975 decidió ajustar los precios de su petróleo según una fórmula basada en el precio promedio de los últimos cinco años. La economía soviética no estaba ya en condiciones de seguir subsidiando de forma tan generosa a sus aliados.

Era una decisión que valía miles de millones de dólares. Para los países de Europa Oriental, representaba una carga extraordinariamente pesada –más de un aumento anual del PIB en el caso de la RDA– y los dejaba ante un escenario de eventual quiebra, imposibilitados de hacer frente a sus compromisos financieros.

Al mismo tiempo, la industria energética soviética había entrado en crisis. Sus aliados pretendían aumentar su demanda de energía un 47% hacia 1990, muy por encima del aumento de la producción, que se estimaba en apenas 23%.

Las únicas fuentes de financiamiento de los países de Europa del este pasaron a ser la banca occidental y los organismos financieros internacionales (o la República Federal Alemana, de la que dependía especialmente la RDA), que operaban con una creciente condicionalidad, exigiendo severos ajustes fiscales y la privatización de las empresas públicas.

Entre 1970 y 1976 los miembros del Comecon, con excepción de la URSS, habían acumulado un déficit comercial con Occidente de 26 mil millones de dólares. De 1971 a 1975, la deuda del bloque socialista con Occidente pasó de 764 millones a 7,4 mil millones de dólares. Solo la deuda de la RDA con el mercado financiero occidental, al final de 1974, era de cerca de 3,5 mil millones de dólares y las proyecciones de su crecimiento ya indicaban que el proceso se había tornado inviable.

En marzo de 1977 los responsables económicos de la RDA advirtieron a Erick Honecker, Secretario General del partido, que, por primera vez, estaban enfrentando severas dificultades de pago. Las divisas obtenidas por las exportaciones no eran suficientes para cubrir las necesidades de importaciones. Si la RDA tuviera que comprar en Occidente el petróleo que le suministraba la URSS, entre 1974 y 1976 habría tenido que desembolsar otros 4,5 mil millones de Valutamarks (VM, la moneda de cuentas de la RDA).

Congelado el suministro de petróleo para el quinquenio 81-85 al nivel de 1980, representaba 19,5 millones de toneladas de petróleo menos que la prevista inicialmente en los planes quinquenales. Cerca de 3,2 mil millones de dólares tendrían que ser importados de Occidente. Se necesitaría nuevos préstamos, cuando ya la confianza de la banca occidental en la economía de los países socialista empezaba a debilitarse.

A fines de diciembre de 1979 la URSS invade Afganistán. El presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, responde decretando un embargo sobre el grano soviético y proponiendo a los bancos norteamericanos revisar sus políticas de crédito al mundo socialista.

Con la inestabilidad, los bancos extranjeros comenzaron a sacar sus depósitos a corto plazo de los bancos estatales de Europa del este a un ritmo alarmante. En el segundo trimestre de 1982, los asesores económicos de Alemania oriental advertían que si no obtenían nuevos créditos iban a tener que declarar la insolvencia.

Estamos bajo ataque, dijo el banquero húngaro János Fekete a Euromoney en 1982. No se trataba de una amenaza militar, sino de que las instituciones financieras de todo el mundo estaban retirando sus recursos del bloque comunista. Las puertas del Euromarket se cerraron para el Comecon. Para la primavera del 82 los bancos extranjeros habían retirado 1,1 mil millones de dólares de Hungría, dejándoles apenas 374 millones para hacer sus pagos.

En 1981 el gobierno polaco había tratado de imponer el racionamiento. Los precios se dispararon, los salarios cayeron y muchos polacos fueron asignados a “nuevos trabajos”. Para enfrentar las protestas, el presidente Wojciech Jaruzelsky decretó, en diciembre, la ley marcial, con graves consecuencias políticas para un gobierno ya debilitado.

El cambio en el escenario de la Guerra Fría

En septiembre de 1983, en Inglaterra, Margaret Thatcher anuncia su plan de cerrar 75 minas de carbón y reducir la fuerza de trabajo de 202 mil mineros a 138 mil. La idea era romper la espina dorsal de la fuerza sindical inglesa, para imponer la política de ajuste en el país.

Ante la propuesta, el poderoso sindicato National Union of Mineworkers (NUM) declara la huelga. Pero, después de tres meses, las encuestas mostraban que 71% del país veía con simpatía el cierre de las minas deficitarias. 51% de la población prefería el triunfo del gobierno. Solo un 21% apoyaba a los trabajadores.

El 3 de marzo del 85, luego de más de un año de huelga, ya sin recursos, los mineros comenzaron a retornar al trabajo, sin haber logrado concesión alguna del gobierno. Cinco años después, 170 minas, más de la mitad de las existentes, estaban cerradas y 79 mil mineros habían perdido su trabajo.

Las mismas fuerzas conservadoras que apoyaban las reformas en Inglaterra, apoyaban la oposición en Polonia. Mientras el líder minero, Arthur Scargill, no logró conformar una base popular de apoyo a su huelga, en Polonia el sindicato Solidaridad tenía diez millones de personas apoyándolos en sus protestas contra el gobierno. El gobierno socialista no tenía los mismos recursos para imponer una política de austeridad como los tenía el gobierno conservador inglés, un aspecto que, en mi opinión, Bartel no destaca.

Bartel afirma que, al contrario de lo que algunos piensan, la crisis del mundo socialista no surgió con la perestroika, en los años 80’s, sino con la crisis del petróleo de 1973 y su creciente endeudamiento.

La gran demanda de capitales por Estados Unidos, consecuencia de sus déficits presupuestarios y de los altos intereses pagados, gracias a las políticas de ajuste del presidente de la Reserva Federal, contribuyó a desviar hacia la economía norteamericana los préstamos que antes se invertían en Europa del este. Sumado a la reducción del suministro de energía soviética subsidiada, llevó las economías del este europeo a una inevitable renegociación de sus préstamos con la banca occidental.

Hungría gestionó un acuerdo con el FMI en diciembre de 1982, que le significó 700 millones de dólares de préstamos del Banco Mundial. Pero, para crear un superávit fiscal y comenzar a pagar sus deudas tuvo que aplicar medidas drásticas: aumento de precios, recorte de subsidios, cierre de empresas, reducción del déficit fiscal y devaluación de su moneda, el florín.

Polonia se había unido al FMI en el verano de 1986. La medida no les gustaba a los soviéticos, pero no podían evitarla. La deuda polaca era de 30 mil millones de dólares.

Alemania oriental no quiso hacer un acuerdo con el FMI. Prefirió negociar con la RFA condiciones para la apertura de la frontera a cambio de nuevos recursos. Le prestaron dos mil millones de marcos, entre 1983 y 1984, “que hicieron la RDA dependiente del marco alemán como un adicto lo era de la heroína”.

Rescates que significaron un dramático cambio en el balance de poder, en el escenario de la Guerra Fría.

El “éxito” del capitalismo democrático o la decadencia de Occidente

Para Bartel, el capitalismo democrático prevaleció porque fue capaz de imponer los ajustes económicos a sus ciudadanos, logrando apoyo para un discurso que insistía en lo indispensable de esas reformas. El comunismo colapsó porque no lo logró. Era el triunfo del “There is no alternative” de Margaret Thatcher.

La perestroika, el proceso de reformas impulsado por Mikail Gorbachov en la URSS en los años 80’s, es vista como la versión socialista de la “economía de la oferta”. Buscaba cambiar la política de pleno empleo, de precios y de subsidios.

Para Bartel, el intento fracasó porque los líderes soviéticos no lograron imponer las dolorosas reformas económicas, entre otras razones, porque carecían de la tradición ideológica liberal, que priorizaba lo individual. En su opinión, la crisis polaca y la inglesa mostraron que el “capitalismo democrático” produce un Estado más fuerte y legítimo que el “socialismo autoritario”.

Pero el análisis de su propio texto nos permite destacar la diferente situación económica de los dos mundos como el factor clave para estos resultados: el de un socialismo debilitado, cada vez más dependiente de los recursos de Occidente, frente a un capitalismo “fortalecido” por las políticas de Thatcher y Reagan, cuyas reformas iban en la misma dirección de los intereses del capital.

En la reunión anual del FMI en 1986, Janos Fekete afirmaba que, desde la crisis de la deuda de los años 80’s, el flujo de capitales se había dirigido en una dirección equivocada: de los países pobres a los ricos, de los en desarrollo a los desarrollados.

En la primera mitad de los años 80’s la combinación de las políticas de ajuste promovidas por Volcker; los crecientes gastos militares (resultado de la carrera armamentista en que estaban comprometidas las dos superpotencias); la caída de los precios internacionales de petróleo y de la producción en la URSS, crearon dos bloques políticos con muy diferentes capacidades materiales y económicas.

Si entre 1972 y 1982, 147 mil millones de dólares habían entrado a los países en desarrollo, la tendencia se revirtió. Entre 1983 y 1987, 85 mil millones fueron transferidos a los países desarrollados. Severos ajustes debilitaron la posibilidad de crecimiento futuro, mientras el superávit logrado mediante grandes sacrificios se destinaba al pago de intereses.

Reagan pudo resolver el problema del creciente déficit norteamericano con el ingreso masivo de capitales extranjeros, tras el aumento de las tasas de interés decretado por Volcker. Enfrentado a sus propios problemas, el gobierno soviético tenía que preocuparse por las condiciones de vida de su población. Para Gorbachov, la alternativa para hacer frente a sus dificultades económicas era desechar el sistema de precios subsidiados de intercambio con el Comecon y fijarlo en monedas duras, a precio de mercado.

Gorbachov empezó a sugerir que cada país resolviera sus propios problemas. No se podía seguir con la política de subsidios como hasta entonces, ni iban a volver los días de la intervención militar en los países en crisis, como había ocurrido en Hungría, en 1956, o en Checoeslovaquia, en 1968. Fue un cambio fundamental, de enormes consecuencias para la época, que sentó las bases de las nuevas relaciones de Rusia con sus antiguos aliados.

Pero, en la reforma económica, que ponía sobre sus propios pies la economía rusa, está un factor clave para explicar la Rusia de hoy. Lo que entonces era su debilidad, sentó las bases para la fortaleza que muestra hoy frente a las draconianas sanciones de Occidente en el escenario de la guerra de Ucrania. Al sustituir el sistema de subsidios, que desangraba su economía, por un intercambio al valor de mercado, sentó las bases para su propio desarrollo, sustentado en sus recursos naturales.

En los cambios de hace ya cerca de 50 años, que alimentaron el vuelo corto de los que soñaban con el “fin de la historia”, se escondían los fundamentos de una historia muy distinta, donde se sembraban las raíces de la decadencia de Occidente.

FIN

“La dicotomía de la prosperidad de las familias negras en Costa Rica”

Bernardo Archer Moore

Bernardo Archer Moore – Cahuita, 13/05/2024

En lo que va del siglo (2000 – 2024) se marca un hito en la historia de nuestra república; nunca antes los negros en Costa Rica habíamos ocupado cargos gubernamentales tan altos como ahora.

Sin embargo, este mismo período de tiempo representa el nivel más alto de desempleo y pobreza entre los negros en este país. Estamos más sin tierra y más en la pobreza extrema que nunca antes visto.

Peor que en aquellos tiempos cuando ni siquiera teníamos derecho a ser ciudadanos de la república y mucho menos a participar en las votaciones electorales de sufragio universal, como la primera que se produjo en 1913.

Incluso en esa época, durante el apogeo de la discriminación racial (1913–1953), se promulgaron leyes que garantizaban el derecho de nuestros antepasados sobre las tierras que poseían; como fue el caso del pueblo de Cahuita (Ley 35 de 1915) seguido por Puerto Viejo (Ley 166 de 1935).

Los hombres y mujeres negros en la región Caribe de Costa Rica han pasado de porcentualmente ser propietarios mayoritarios de tierras, ejecutivos de empresas y supervisores, a conformar la relativa mayoría de los mendigos, y, en el mejor de los casos, vendedores ambulantes.

Esto no quiere decir que estemos todos arruinados, ni mucho menos. Ciertamente, hay un sector privilegiado que sin mayor esfuerzo les está yendo relativamente bien, como resultado de estar bien conectados con las cúpulas de poder del país; donde sólo ellos y sus familias se benefician, dejando a los demás a la merced de Dios.

Es triste ver que, paralelamente a la jactancia de haber designado a personas negras para altos cargos gubernamentales, se establecieron estatutos legales y jurisprudencia que aducen revertir los derechos de propiedad otorgados a las personas negras, por los racistas más notorios de la historia nacional durante la primera mitad del siglo XIX. 

Ahora sólo les falta encontrar algún recóndito jurídico  que justifique revertir la Ley 1902 de 1955 (Ley Curling), que nos dio (a los negros) el derecho a ser ciudadanos costarricenses y participar en las elecciones populares.

¡DE VERAS HIJO..!

José Luis Valverde Morales.

Por el periodista José Luis Valverde Morales

Nandayure, anciana indígena chorotega, perdida en los años quedó la belleza, el perfume de juventud, donde se adormeció para siempre el amor de Nicoyán.

Extraviada en los anales de la leyenda, sentada en el tablón del rancho mira el hastío de la tarde, mientras rebusca en los cabellos de su nieto Curime, juntos desgranan mazorcas de maíz, los granos tintinean en la roja vasija, donde se distingue entre todos los trazos la figura del mítico jaguar.

Días aciagos, el sol inclemente convirtió las hierbas en secas ramazones, el agua se esconde  profunda, al final del barranco discurre silenciosa la quebrada.

Los animales de caza se adentraron en enmarañados montes, el rancho luce triste, la estera donde reposan tiene de huéspedes a los alacranes, venenosas criaturas aguijón en ristre.

En Nandayure se apagaron los colores en su otrora aguda vista, ahora mira desde el alma, mientras cavila en el mar insondable de los pensamientos.

En un arrebato de amor, atrajo hacia su descarnado cuerpo la oscura cabellera de Curime, los cachetes del niño rozaron sus flácidos pechos, otrora rebosantes tinajas, donde Nicoyán sació la sed fuerte del deseo, ahí se encendió muchas veces la pasión, transformada en la ardiente intimidad en jóvenes guerreros, hermosas doncellas.

De su boca desprovista de dientes, por la comisura de las arrugas, huellas indelebles de risas y llantos, salió la máxima, exclamada por sus ancestros, ahora tierra de polvorientos caminos.

“De veras hijo, ya todas las estrellas han partido, pero nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer”.

La imagen se perdió en los anales del tiempo, hoy son otros nubarrones en el horizonte de la patria.

Oro extraído en inclementes barriales de Crucitas, mísero poblado cerca de la frontera norte.

Humildes coligalleros esposados, mientras sus explotadores de aquí y allá, negocian el oro, patrimonio extraído del vientre de la patria.

Jóvenes ayunos de oportunidades, los sueños mutilados, mientras los criminales llenan de alucinaciones, dinero fácil, su perturbada cabeza.

En otro sitio se carcome la vida de muchachos, atrapados por tentáculos de muerte, zombis vivientes, en tanto los alcanza inmisericorde la parca.

Ancianos deambulando errantes de hospital en hospital o simplemente abandonados en la silla del pasillo, a la espera indefensos de la mano compasiva, piadosa, solidaria.

Mujeres temblorosas, su cuerpo frente al espejo es una mezcla de vanidad y miedo, ante las acechanzas de la calle.

El televisor se enciende, los políticos se acusan mutuamente, lanzan lodo, a veces extraído de nauseabundas fuentes del pasado.

En la comodidad de sus palacios se recriminan mutuamente, al filo de la tarde chocan sus copas de cristal, donde vierten carísimos vinos, sonrientes brindan abrazados a la buena vida, coyotes de la loma compartida.

En algún tugurio amenazado por la inclemencia de las lluvias, de tintineantes peroles recogiendo las goteras, alguna vieja abuela acaricia a su nieto: Kevin, Thiago, Jonathan, Cindy, Paola, Jennifer, le murmura al oído con un dejo de esperanza.

“De veras hijo…”.

El fin de la Guerra Fría y la decadencia de Occidente (II-IV)

Gilberto Lopes
San José, 6 mayo de 2024

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I – La decadencia de Occidente

  1. Quebrando a los sindicatos
  2. Los implacables intereses del capital
  3. El fin del poder popular
  4. El fin de la historia

En su trabajo, Fritz Bartel incursiona en un cuidadoso y original análisis sobre el Fin de la Guerra Fría y el surgimiento de las políticas neoliberales, a fines de los años 80’s y principios de los 90’s del siglo pasado.

El libro nos deja una propuesta de interpretación de estos eventos que no es el tema de este artículo. No es sobre el pasado que pretendo hablar, sino del mundo vencedor de la Guerra Fría, proceso en el que quedaron sembradas las raíces de su decadencia. A eso me refiero cuando hablo de “Fin de la Guerra Fría y la decadencia de Occidente”. Tema sobre el que, como veremos, el libro de Bartel nos da un sólido sustento de datos, aunque su análisis no va orientado en esa dirección.

Quebrando a los sindicatos

Uno de los detonantes del proceso que determinó el resultado de esa guerra fue el cambio de política económica cuando, en agosto de 1979, Jimmy Carter reemplazó a William Miller por Paul A. Volcker al frente de la Reserva Federal. El escenario económico en los Estados Unidos era mediocre: la tasa de paro era de 7,5%; la inflación, de 13,3%; y el déficit fiscal, de 59 mil millones de dólares, era el segundo más alto de la historia, solo inferior a los 66 mil millones de Gerald Ford, en 1976.

Para Volcker, el gran desafío era controlar la inflación. Su política monetarista significó un aumento de las tasas de interés a cifras hoy inimaginables, de casi 18%. Hay quienes estiman que esta medida le costó al reelección a Carter; pero también quienes opinan que fue la base para la recuperación económica de Estados Unidos.

Ciertamente, Carter perdió las elecciones en noviembre de 1980, pero Volcker siguió en el cargo cuando Ronald Reagan asumió la presidencia, en enero del año siguiente. Volcker le ayudaría a imponer un cambio de mentalidad en el país: acabar con la preocupación por el pleno empleo (que había caracterizado las políticas económicas después de la II Guerra Mundial), e imponer la idea de que el gobierno no era la solución, sino el problema.

Era la misma visión y propuesta que John Hoskyns había hecho a Margaret Thatcher: imponer un ajuste que, como el de Volcker, supuso la quiebra de miles de empresas y un enorme desempleo. Un modelo de la llamada “economía de la oferta”, que apuesta por la desregulación de la economía como herramienta para su reactivación, sin importar los enormes costos sociales del período de ajuste.

Pero no solo eso. Como su colega Margaret Thatcher que, enfrentada al desafío de eliminar la influencia de los sindicatos en la política, desató la guerra contra los poderosos sindicatos mineros británicos, Reagan despidió a miles de controladores aéreos, cambiando el carácter de las relaciones laborales en el país. Una medida que, indirectamente, contribuyó a cambiar la “psicología inflacionaria” que se atribuía a la lucha de los trabajadores por mejores salarios. La política económica estaría orientada, a partir de entonces, a atender los intereses de los grandes capitales.

Inglaterra y Estados Unidos estaban profundamente endeudados. Y se siguieron endeudando. Tenían el apoyo de grandes recursos financieros de los sectores beneficiados con sus reformas. Contaban con recursos suficientes para imponer sus políticas en Inglaterra y en Estados Unidos y, al final, en gran parte del mundo.

Pero la inmensa cantidad de recursos –lo señala el propio Bartel– no era producto de nuevas iniciativas económicas de los capitalistas norteamericanos, estimulados por la “economía de la oferta”, sino consecuencia de un capitalismo globalizado, alimentado por la libre circulación de capitales alrededor del mundo.

Los países socialistas, enfrentados a la escasez de recursos y al aumento del precio del petróleo, no tenían el apoyo del capital financiero mundial, y eso selló su suerte en la Guerra Fría.

Como muestra Bartel –ese me parece uno de los logros más sólidos de su trabajo–, la creciente dificultad de acceso a los préstamos empezó a corroer las condiciones en las que se habían desarrollado las economías de los países del Europa del Este, cada vez más endeudados con la banca occidental.

Las mismas fuerzas del mercado de capitales que debilitaron la posición del bloque socialista contribuyeron a restablecer, sobre todo, la posición de Estados Unidos en el sistema internacional.

Para eso fueron fundamentales tanto la permanencia del dólar como moneda de reserva mundial, como la posibilidad de convivir con un creciente déficit fiscal, resultado de la confianza que las políticas de Volcker daban a los tenedores de capital: sus inversiones les daban grandes rendimientos en los Estados Unidos.

Los dos factores resultan clave para la revisión del estado actual de la economía y la política norteamericana. Por un lado, el dólar no ha cesado de debilitarse, resultado de un imparable déficit fiscal. En abril de este año. el FMI ha hecho dos advertencias sobre los riesgos que ejerce sobre la economía norteamericana y mundial, elevando las tasas de interés y aumentando la inestabilidad financiera. Esto, sumado a las tensiones políticas, hace que se multipliquen las iniciativas para abandonar el dólar como moneda de intercambio entre los países del “sur global” y, en particular, en el comercio entre Rusia y China.

En las características de este proceso está la clave para a comprensión de los cambios de vemos hoy. Al contrario de lo que, con frecuencia, se piensa, estaban ya insertas ahí las condiciones para la decadencia de un modelo que entonces aparecía como triunfante.

Los implacables intereses del capital

Como señala Bartel, la decisión de imponer el ajuste económico a la población norteamericana mostró a los tenedores de capital que los líderes políticos estaban decididos a “proteger los intereses del capital sobre los intereses del trabajo”.

La política de reducción de impuestos de Reagan y Volcker tuvo enormes consecuencias para diversos grupos, “principalmente los trabajadores norteamericanos y los de los países del Sur Global”. Aunque aumentó la desigualdad, relanzó la “prosperidad” norteamericana y proyectó sus intereses y sus políticas en el resto del mundo. Fue el inicio de período neoliberal.

El neoliberalismo no se impuso por ofrecer una “relativamente atractiva visión ideológica”. Se impuso porque tenía los recursos financieros y políticos para eso. Como Hoskyns dejó claro, puso el Estado al servicio del capital. Al servicio de los pocos ricos, como dice Bartel.

Para el “mundo comunista”, los resultados fueron distintos. Con el redireccionamiento de los capitales hacia Estados Unidos, no llegó a perder del todo, ni de forma permanente, el acceso al mercado global de capitales, a principios de los años 80’s. Pero –nos recuerda Bartel–, nunca más tuvo el apoyo incondicional de los tenedores de esos capitales, que los habían financiado de forma generosa a fines de los años 70’s, gracias a la enorme abundancia de dólares, resultado del aumento del precio del petróleo a partir de 1973.

Los países socialistas eventualmente fueron perdiendo el acceso a los mercado de capital. Los gobiernos occidentales, las instituciones financieras internacionales y los capitales globales, actuando en conjunto a veces, de forma independiente otras, se encontraron con todo el poder en las manos para decidir la suerte de sus adversarios y fueron dejando sin alternativas a los gobiernos de Europa del este. Había recursos disponibles, estaban dispuestos a hacer nuevos préstamos, pero a cambio de concesiones políticas y diplomáticas.

Lo que, para Estados Unidos, fue un enorme estímulo para su economía, para el campo socialista fue una carga imposible de llevar. Desde mi punto de vista, fue la razón fundamental de su triunfo en la Guerra Fría, resultado de una realidad heredada del mundo de posguerra.

El fin del poder popular

Para Bartel, los pueblos de las naciones de Europa del este jugaron un papel esencial en la caída de los regímenes que los gobernaban. La caída del comunismo y el surgimiento de democracias electorales representaron una nueva era, de soberanía popular y de autodeterminación.

Es su interpretación, pero su mismo relato nos muestra otra cosa: la importancia del cerco financiero, que fue dejando sin alternativas a esos gobiernos y generando la desesperación de sus ciudadanos. Siguiendo el mismo guion de su libro, queda claro que los directores de esa película no eran los pueblos de esas naciones, sino los capitales capaces de desarrollar el guion.

Siempre sensible a los diversos ángulos de los problemas, Bartel no deja de percibirlo cuando dice que, al caer el régimen socialista de Polonia, los polacos sintieron que, finalmente, tenían a “su” gobierno manejando el país. Pero –agrega– era un gobierno que servía a dos señores: al pueblo y al mercado, al capital y al trabajo. Como sabemos, no es posible servir igualmente a esos dos señores, y el trabajo no estaba en condiciones de imponer condición alguna, salvo aceptar las que imponía el capital.

En todo caso, hay un aspecto que no se puede dejar de considerar aquí. Los gobiernos de los países de Europa del este eran resultado de la II Guerra Mundial y fueron impuestos por los intereses políticos de la Unión Soviética, sustentados en su enorme esfuerzo militar, base de la derrota del nazismo. Pero, como lo mostró la historia, ese poder militar no tenía, en ese período, ni un poder político, ni un poder económico, capaz de consolidar su triunfo militar.

Mientras estuvo asociado el poder de Occidente para derrotar el nazismo, pudo desempeñar un papel fundamental en la guerra. Pero, concluida la guerra, lo aislaron. Se consolidó el mundo occidental detrás del capital y los intereses de Washington. En el este europeo se debilitó, primero, la estructura política interna de la Unión Soviética, con las desviaciones del estalinismo. Después, su estructura económica, dependiente el poder de Occidente, muy superior en ese entonces a la del mundo socialista.

Así fue como la historia condicionó los resultados. Cuando desaparecieron las condiciones económicas en las que se sostenía el mundo del mercado socialista, ni lo político, ni lo militar, fueron suficientes para mantener la coalición, ni el orden en que se sustentaban.

En todo caso, no puedo acompañar a Bartel –por los mismos argumentos expuestos en su libro– en su conclusión de que el final de la Guerra Fría fue el momento en el que el poder popular alcanzó su mayor expresión. Me parece todo lo contrario: fue el fin del poder popular, el momento de triunfo del poder del capital.

Nuevamente, Bartel lo intuye cuando dice que, en el momento en que la relación entre los ciudadanos y el Estado está cada vez más intermediada por los préstamos de capital, cuando las deudas soberanas de los Estados alcanzan cifras estratosféricas, no debe sorprender que se transforme en una relación entre prestatarios y prestamistas, ni que el Estado deba renunciar a su papel de proteger los intereses del trabajo, para defender los intereses del capital. La referencia que hace el mismo Bartel a la caída del gobierno socialista en Polonia lo deja en evidencia.

El fin de la historia

Cuando se derrumbó el mundo político del este europeo, la euforia de Occidente les hizo soñar con el “fin de la historia” y del socialismo, incluyendo a los países donde aún sobrevivía: China, Cuba, Vietnam, Corea del Norte. Pero –y aquí está la clave de la explicación– en esos países los regímenes políticos no fueron consecuencia de la imposición de las tropas soviéticas, como resultado de la II Guerra Mundial, sino de revoluciones políticas nacionales, que Occidente no pudo derrotar.

El caso de Cuba es particularmente patético para América Latina. Sometida a un bloqueo que tiene ya más de 60 años, la isla ha pagado un precio exorbitante por un cerco ilegal, al que urge poner fin.

Al contrario de lo ocurrido en los demás países de América Latina, donde todo intento reformista fue derrocado por grupos civiles conservadores, apoyados por los militares y por Washington, en Cuba no lo han podido hacer, pese a las dramáticas condiciones de vida impuesta a su pueblo.

Es evidente que la historia no ha terminado y que su desarrollo es muy distinto al que soñaban los ganadores de aquella guerra fría.

FIN

Reflexiones sobre la Sede Central UTN 2020 – 2024 y el “Plan del trabajo para la Decanatura 2024- 2028”. Parte III

MBA Lic. Luis Gilberto Martínez Sandoval, UTN.

MBA Lic. Luis Gilberto Martínez Sandoval
Académico Universitario Titular
Carreras Comercio Exterior, Administración Aduanera
Sede Central UTN 
www.utn.ac.cr
Especialista en Relaciones Económicas y Políticas Internacionales,
MBA Administrador de Empresas énfasis Mercados Globales y
Negocios Internacionales.
Exfuncionario Banco Mundial IFC – Ecuador- y, América Latina,
Escritor, Científico Social

Hemos revisado cada una de las Actas del Consejo de Sede Central desde 2020 a la fecha y podemos resaltar lo siguiente:

  • El proyecto Techos y Pasillos no se ejecutó y estaba aprobado desde 2020.
  • La cuenta 60299 Transferencias a Terceras Personas (Becas) desde su inicio de gestión a la fecha siempre a tenido problemas de contenido y prioridad afectando a nuestros estudiantes.
  • La cuenta 50105 de computadoras para nuestros estudiantes no fue ejecutada en plena crisis pandémica.
  • Las plazas por contrato no se renovaron.
  • No ha habido aumentos salariales desde el inicio de gestión. Excepto él que recibió retroactivos sin aprobación de la CGR CR. Incluso consideró reducir las anualidades de los funcionarios para trasladar esos recursos hacia las becas estudiantiles.
  • Solo en el 2020 se le realizaron a ESTUDIANTES 280 procesos administrativos dado que el Decano considero que habían cobrado becas de más… ¡Al final ganaron los casos y se tuvo que pagar!
  • Se abrieron 555 procesos para quitar hospedaje y alimentación en tiempos de COVID cuando lo correcto era seguir pagando a los ESTUDIANTES. La idea central del Decano saliente era suprimir del todo las asistencias económicas estudiantiles.
  • No solo a personal administrativo y docente ha abierto procesos administrativos sino también a los ESTUDIANTES.
  • La Infraestructura está pendiente de ejecutar desde el 2020 aun cuando tiene contenido presupuestario. Igual que el Plan de Salud Ocupacional y Ambiente.

¡Nada se hizo! El proyecto Inter Sede que la UTN esperaba 21 millones  de colones en alquileres de aulas (10 aulas), el traslado de todos los cursos del TEC y UCR a la UTN, la construcción del edificio en la Sede Central, la construcción de todos los pasillos de la Sede, la construcción de Soda Institucional, la construcción del Edificio Administrativo para el funcionamiento de la Intersede con su respectivo parqueo, la habilitación este de la Sede como la construcción de la Sede de Atenas en cinco hectáreas para ubicar el Colegio  de Atenas, la Municipalidad y la UTN una vez realizada la InterSede de la Sede Central se  trasladara Atenas quedando a disposición de la Sede Central la infraestructura… ¡Fue solo un sueño de opio!  Y adicionalmente no exponía en las Actas que ya no necesitaríamos el préstamo del BCIE y los alquileres que nos pagarían – el Decano Sede Central siempre anda pensando en pagar por todo- generarían los recursos nuevos para construir un gimnasio en la plaza y pagar los alquileres al Colegio el Carmen y al Instituto.

Sin embargo, una de las ideas expuesta fue que dados los egresos en Sede Central se van 98.7% en REMUNERACIONES llevo al Decano saliente a proponer la reducción de anualidades al personal docente y administrativo (eliminarlas).

Leemos en las Actas del Consejo de Sede la posición del saliente Decano de querer empezar a despedir funcionarios o dar inicio a un proceso de reorganización. Y se quejaba que “no es como en el sector privado que se llama al trabajador y se le comunica esta despedido y se le da la liquidación y listo”.

Repitámoslo. Se aperturaron 280 procedimientos administrativos contra los estudiantes en plena pandemia porque no usaron los recursos de alquiler por que los consumieron en sus propias casas. A muchos se les anulo el beneficio.

Pero al Sr. Decano no se le abrió ningún procedimiento por cobro de retroactivo millonario sin autorización de la Contralaría General de la República CR, y se le archivo un expediente por acoso y hostigamiento laboral y está pendiente que la Comisión de Ética de la UTN le llame a cuentas para aclarar la denuncia ante la OIJ. JUZGUE USTED la ética de este distinguido señor.

Sobre la Investigación realizada por el director de Investigación de Sede Central y hoy Vicerrector de Investigación y Transferencias únicamente impulso los proyectos Broza de Café y Biorremediación de Aguas Residuales. No sabemos que más se investiga en Sede Central quizás las páginas web.  La propuesta de proyectos de investigación del 2023 fue: vinazas residuales, estudios de especies arboles tropicales, agua potable, estudio de integración de datos ¡Juzgue Usted!

¿Dónde quedo el modelo virtual, las carreras virtuales?, ¿y plataformas virtuales contempladas en el Plan Estratégico de la Sede Central? ¿Y dónde quedo la internacionalización de carreras? Sugeridas en el Plan Estratégico de la Sede Central. ¿Dónde las carreras bilingües que sentarían las bases de una universidad bilingüe? ¿O la iniciativa tan emotivamente expuesta por el Decano saliente para romper la dependencia del hidrocarburo y pasar nuestra flota de vehículos institucionales al hidrógeno?

Don William, a pasado 4 años sacando agua del bote… y ahora que se hundió busca en la Rectoría sobrevivir él y pensionarse con buena jubilación y el resto ¡CHAO QUE SE VAYAN AL INFIERNO!…Y mientras eso pasa todo en la Sede Central se está cayendo de podrido…

En plena pandemia no se hizo nada (durante 2 años y 4 meses) … ¿El plan de soporte de mantenimiento de la Sede Central donde quedo estos 4 años?   Y sobre el salario eso si lo dejo escrito el Decano saliente “no habrá aumentos salariales en la UTN al menos por 10 años”.

Ni hablar de los módulos 1 al 5 son los más deteriorados igual que los pasillos. Pero ahora en plena campaña sube un video de todo lo que se hará y no se hizo en 4 años.   En cuanto a la virtualización de carreras solo se logró en 2: Lic. COEX y ISOA… eso para ser justos fue heredado del Decano anterior que subió de Rector y luego salió huyendo…

Sus 4 años al frente del Decano se pasó en el Consejo de Sede Central reiterando que estaba muy preocupado por el mantenimiento y la infraestructura. Debemos dar un crédito, si podo algunos árboles que cayeron.

El tema de las luminarias y el plan de seguridad de la Sede quedo para la espera como también los drones para hacer vigilancia nocturna en la Sede…

De 600 solicitudes de becas solo se aprobaron en 2022 un total 270 recibieron la ayuda económica.  Desde el 2020 hasta el 2023 se estuvo sin Soda Comedor en la Sede Central y aun cuando se abrió de nuevo el deterioro de ese inmueble es visible.  Casi 37 millones de colones se dejaron de percibir por concepto de alquiler de la Soda Comedor. Y sigue el vacilón con la concesión de uso precario de la Soda Comedor.  ¿Sabe alguien en que paro el Proyecto del Pasillo Techado?

Si no pudo con la Sede que maneja el 56% de la UTN y no pudo resolver desde esta ferretería todos los clavos que le cayeron ¿cómo pretende manejar el 100% de la UTN?  Todas las Actas finalizan Acuerdo: Se traslada a la Rectoría y al Consejo Universitario para su solución. ¡Fue la frase más usada estos 4 años!

Los proyectos de investigación son los mismos que se arrastran desde 2020… ¡Ninguno de gran impacto para los sectores productivos nacionales!

¿Qué avance tienen la remodelación de los camerinos y la enfermería?  ¿Y en que quedo el Plan Integral del Seguridad en el Campus?  ¿Cancha multiusos? ¿Ascensor? ¿El planche? ¡Mentiras! ¡Mentiras! ¡Mentiras! Durante 4 años… 48 meses de gestión pública. Pero este año firmamos un gran Convenio con la Cruz Roja… ¿Qué gano la UTN con dicho convenio? Por no hablar de los problemas de internet en los distintos módulos no resueltos que ha ocasionado desastrosas matriculas… como la del 2023.  Y de lo hecho en 2024 no tenemos las Actas del Consejo de Sede dado que están hasta el 23 de julio 2023 de allí a la fecha no existen….

¡VOTE NO! POR WILLIAM Y JOSÉ

SON LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA PARA CONTINUAR CON EL DESMADRE EN NUESTRA SEDE CENTRAL DE LA UTN

¿QUIERE USTED 8 AÑOS MAS DE LO MISMO?

¡NOOOOOOOOOOOO!

POR ESO,

¡EN LA SEDE CENTRAL 2024- 2028 NECESITAMOS UN CAMBIO TOTAL EN LA ADMINISTRACIÓN Y LA DIRECCIÓN ESTRATÉGICA DE NUESTRA SEDE CENTRAL!

DON MARVIN SIBAJA Y DON MARIO CHAVES

REPRESENTAN EL CAMBIO, LA TRANSPARENCIA,

LA EXPERIENCIA COMPROBADA Y EL COMPROMISO.

https://drive.google.com/file/d/1lGvfTQRxnAAT67dkabB-qkgotpMpcJ7S/view?usp=sharing

Y EN LA GOBERNANZA INSTITUCIONAL NECESITAMOS

DE RECTOR AL DR. FERNANDO VILLALOBOS CHACON

Presidente no se saque el clavo con ellos: Patronato Nacional tira a los jóvenes a la calle a los 18 años

José Luis Valverde Morales.

Por el periodista José Luis Valverde Morales

  • Presidente tiene para firmar importante ley y no lo hace.
  • Rodrigo Chaves ha firmado más de 50 leyes aprobadas después.
  • ¿Será una sacada de clavo contra la Presidenta del taxi que lo llevó al poder?
  • No siga el afán revanchista culpando a otros.
  • Si no los apoyamos, el crimen organizado tiene los brazos abiertos.

La diputada Luz Mary Alpizar (Partido Progreso Social Democrático), logró que la Asamblea Legislativa aprobara un proyecto de ley denominado “Hijos e Hijas de la Patria”. 

La nueva legislación pretende darle apoyo a esos jóvenes, quienes a los 18 años son lanzados por la institución a jugársela en las calles.

La ayuda establecida en el Primer Poder de la República, es algo muy básico por unos años más. 

Los jóvenes hoy en desamparo al alcanzar la mayoría de edad, podrían seguir estudiando e insertarse con éxito en la nueva vida. 

El costo financiero que tanto preocupa al gobierno cuando de ayuda social se trata, es mínimo para el Estado, el impacto positivo para la sociedad es enorme.

El PANI tiene dinero de sobra para financiar a sus ahora huérfanos institucionales.

La ley se aprobó, en la Asamblea Legislativa el 11 de octubre del 2023, hace 7 meses.

El presidente Rodrigo Chaves Robles, hoy no la ha puesto en vigencia, pero sí ha firmado más de 50 aprobadas después de ese proyecto.

Sacarse clavos, culpar a los demás, posponer temas vitales caprichosamente, no puede, ni debe ser política de estado.

Como diría el connotado periodista Carlos “El Macho” Jiménez Guillén: ¡JUZGUE USTED!

“En Chile NO aceptamos Fascistas”. ¡El régimen Ucronazi de Zelenski caerá!

Félix Madariaga Leiva

Félix Madariaga Leiva
Periodista

Así recitaba el lienzo que llevaban en sus manos los alumnos y alumnas de la Universidad de Chile en el Salón de Honor de esa casa de estudios en rechazo a la charla que dictaría la Viceprimera ministra de Ucrania, este miércoles 15 de mayo.

Una tarde inesperada y muy movida se vivió en la Casa Central de la Universidad de Chile. Un grupo de cerca de 500 estudiantes tomaron la decisión política de realizar una acción que denominaron “Banderazo y Acampado” en el patio Domeyko de la casa de Bello para solidarizar con la causa Palestina: sus demandas son claras, exigen a la Rectoría de la Universidad que rompa de inmediato sus relaciones con Universidades sionistas y le piden al gobierno de Gabriel Boric que rompa relaciones diplomáticas con el estado genocida de Israel.

La otra cara de la moneda y que dio el contexto para la acción de las y los jóvenes fue una actividad publicitada y programada para las 17 horas, y que seguramente buscaba estrechar aún más las relaciones entre la Universidad de Chile y Ucrania: a esa hora esperaban la visita de la Viceprimera ministra de ese país, Yulia Svyrydenko para dictar una charla magistral. Actividad organizada en primera persona por la rectora Rosa Devés en conjunto con el embajador ucraniano Yuri Diudin.

Claramente el resultado no fue el esperado, la actividad tuvo que ser suspendida al último momento; las razones, varias. La primera y quizás la más importante fue el rechazo claro de parte de las y los estudiantes que no permitirían, que una vez más, la casa de estudios tomara una posición unilateral frente a un conflicto; la segunda, más banal pero no menos importante, la falta de público, no más de 50 personas que se miraban con muchas preguntas y ninguna respuesta; la tercera – y esta es una suposición – la falta de visión política de la rectoría: en un conflicto se supone la participación de más de un actor, pero la U. de Chile ha decidido comprometerse con sólo uno de ellos, dejando fuera del espacio y del debate al otro, contradiciendo la larga tradición democrática de la Universidad.

Sin querer polemizar en los detalles, ya que el fondo es lo importante, la actividad – considerando el nivel de invitados que se esperaban – fue desorganizada (lamentable la falta de conexión de las autoridades con los estudiantes); como ejemplo, una hora antes del inicio de la charla se le preguntó a miembros del gabinete de la rectoría si la actividad de la Viceprimera ministra ucraniana se realizaría y su respuesta fue que “podrían cambiarla para otra universidad¨, inverosímil! en fin llegó la hora, los asistentes comenzaron a llegar y en las listas de invitados no aparecíamos las personas «normales» que nos habíamos inscrito como público; y ante la inminente arremetida de los estudiantes que querían ingresar al salón de honor para impedir la actividad en favor del gobierno fascista de Ucrania, los que estábamos esperando, fuimos ingresados a la fuerza para cerrar las puertas y no dejar entrar a los estudiantes que protestaban. No quiero extenderme, pero no pude evitar una sonrisa al ver que los estudiantes ingresaban por el segundo piso del salón, otros por la entrada principal y otros por la entrada lateral, y con las banderas de Ucrania y de la Universidad en el escenario, aparece una funcionaria, toma el micrófono y comunica que la actividad se suspendía. El lugar se inunda de estudiantes que entraron con un lienzo gritando consignas en contra del estado fascista de Ucrania y a favor de la causa Palestina.

El lienzo decía “En Chile No aceptamos Fascistas, el régimen Ucronazi de Zelenski Caerá», y mientras uno de los dirigentes estudiantiles denunciaba que “al igual que el fascista asqueroso de Zelenski que ha asesinado a 14 mil ruso-ucraninos en el Dombás, esta es la mierda que existe en la Universidad de Chile, esta es la mierda con la que solidariza Chile”. Todo esto sucedía mientras una persona retiraba rápidamente la bandera de Ucrania del salón, y yo pensaba por qué, por qué en este Chile que conmemoró recientemente los 50 años del golpe de Estado, se resiste al diálogo, por qué no se escucha a los estudiantes, por qué las decisiones las siguen tomando las cúpulas, y ya sin la sonrisa en los labios, pensaba en lo poco que hemos cambiado; en los bellos discursos que se pierden en una realidad parcial.

No quiero vivir con miedo – como lo hicimos por casi 20 años – quiero escuchar todas las versiones y los relatos, quiero decidir informado – de verdad – dónde quiero estar. Lamento la exclusión de los representantes de la Federación Rusa – que tienen Embajada y Embajador en Chile – lamento la falta de diálogo, lamento que no seamos capaces de confrontarnos porque los espacios públicos son manejados privadamente.

Adelante los que luchan, adelante los estudiantes que no pierden los sueños, adelantes los humildes y los excluidos. Como Indoamericano seguiremos – con todas las dificultades que este sistema nos impone – informando, desde allí donde no quieren que informemos.