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De la pandemia, la FANAL, y la ingratitud

Dr. Jorge D. García, Ph.D.
Cédula 1 0403 1429

Sin mascarillas ni gel hidroalcohólico…Así es como luchan contra el coronavirus médicos y enfermeras franceses, quienes se sienten desamparados, estresados y enfadados.” Este es el recuento de un medio digital nacional para describir lo que viven actualmente muchos trabajadores de salud en Francia.

En contraste, y si por algo debemos sentirnos afortunados, es de que nuestros trabajadores de salud no sufran las mismas estrecheces, particularmente en lo que se refiere a solución alcohólica desinfectante, de probada eficacia para inactivar el coronavirus. Damos por un hecho, y ni siquiera pensamos, en que FANAL rutinariamente surte las necesidades de alcohol de toda la Caja Costarricense de Seguro Social, A PRECIO DE COSTO.

Se dice que, si algo permite separar el grano de la paja, es una crisis. La pandemia en curso ha permitido a los costarricenses aquilatar el espíritu de servicio de los servidores públicos, y ver de primera mano cómo responden a las necesidades de la población. Irónico contraste con la campaña infame de desprestigio mantenida por el poder mediático en su contra durante los últimos años. En esta ocasión, han sido los trabajadores de FANAL, con total dedicación, los primeros que han dado ejemplo de entrega y sacrificio para dotar de antiséptico protector a quienes lo solicitan. Y ello ha sido claro y patente para todos. Pero hay quienes, engolosinados ante la perspectiva de hacerse del negocio de los licores y lucrar con él, y vitoreando anticipadamente la venta o concesión, encuentran insufrible la idea de que FANAL sea vista con alivio y agradecimiento por los costarricenses.

Como es costumbre, esos intereses no encuentran mejor manera de expresar su enojo ante la renovada y positiva percepción popular de la FANAL, que enlodar a la institución, acusándola, una vez más, de ser un fardo de añejas deudas y de no valer gran cosa. Insólito caso de FANAL, editorializan, y arrastran por el barro su gestión. Pero lo que es realmente insólito es que el mismo Consejo Nacional de Producción (al que FANAL está adscrita), haga más fácil el ataque y no salga a defender el papel que FANAL juega en el país. Cuánto más, porque la realidad histórica apunta a que las deudas y pérdidas de FANAL ni siquiera se originaron en su propia gestión institucional. Pero haría falta una investigación técnica, honesta y objetiva, para demostrarle al país el verdadero origen de las pérdidas señaladas. Desprestigiar a FANAL ha sido una constante durante los últimos años. Pero que lo hagan en la presente circunstancia, cuando la institución brilla por mérito propio, es el colmo de la ingratitud y la mezquindad. Por lo menos el proverbial borracho en la vela podía después disculparse aduciendo obnubilación. Ellos lo hacen con pleno conocimiento de causa. ¿Habrán oído acaso que es de bien nacidos ser agradecido?

Pandemia y suspensión de los contratos de trabajo

Manuel Hernández

Varios medios informaron que a raíz de la pandemia, que lamentablemente ya cobró su primera víctima mortal en el país, una considerable cantidad de empresarios están haciendo fila, solicitando al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social autorización administrativa de suspensión parcial o total de los contratos de trabajo, sin responsabilidad patronal, al amparo del artículo 73 y 74 Código de Trabajo (CT).

La pregunta que corresponde plantearse, desde el punto de vista legal, es si resulta procedente la suspensión colectiva de los contratos de trabajo, ya sea parcial o total, sin responsabilidad del patrono, por los emergentes motivos, de orden económico, invocados por los empresarios.

El artículo 74 CT elenca las causales de suspensión colectiva de los contratos de trabajo, a saber:

i.- La falta de materia prima para realizar los trabajos, siempre que no sea imputable al patrono.

ii.- La fuerza mayor o el caso fortuito, siempre que tengan como consecuencia directa, inmediata y necesaria la suspensión del trabajo.

iii,. Finalmente, la muerte o la incapacidad del patrono, cuando tenga la misma consecuencia anterior.

Como se puede advertir, los motivos de orden económico argüidos por los empresarios, no están expresamente contemplados en la ley.

Las pérdidas económicas que puedan sufrir las empresas, a consecuencia de la pandemia, no es un motivo que esté previsto –ex profeso- en la legislación, ni tampoco por si mismo se puede reconducir a la figura de la fuerza mayor o el caso fortuito, contemplada en el artículo 74 CT; que, además, es necesario agregar que en nuestro ordenamiento laboral, la noción de fuerza mayor y caso fortuito, tiene un alcance más restrictivo que el tradicional del derecho civil.

No deja de ser importante acotar que existen otras legislaciones, a diferencia de la nuestra, que establecen motivos objetivos de suspensión de los contratos de trabajo, fundados en razones de orden técnico, productivo, económico y organizativo de las empresas.

En realidad, hay que hacer una lectura muy forzada del texto legal, una interpretación muy patronal, invirtiendo el principio “in dubio pro operario”, para sostener que estas contingencias económicas, aunque sea a consecuencia de la pandemia, salvo que el cierre del establecimiento sea por orden sanitaria, tengan la virtud jurídica de suspender los contratos de trabajo, con el efecto de escamotear temporalmente a los trabajadores el disfrute de su salario.

Por este motivo, las autoridades de trabajo que les compete atender las solicitudes patronales y dictar las resoluciones administrativas, deben ser muy estrictas en la apreciación legal de las causas invocadas, para declarar la pertinencia o no de la suspensión colectiva de los contratos de trabajo, con las consecuencias tan serias que implican para las personas trabajadoras y sus familias.

Y no solamente las causas, sino que la autoridad administrativa debe ponderar, siempre con el mismo rigor, el alcance personal de la medida, en orden a la definición de los puestos y la cantidad de trabajadores que necesariamente puedan resultar afectados por la suspensión de los contratos.

Los trabajadores y trabajadoras no tienen por qué soportar todos los riesgos y consecuencias económicas de la emergencia sanitaria, que ya el sacrificio impuesto en los últimos años ha sido muy fuerte y desproporcionado.

El antivirus costarricense

En realidad la abundancia de facilidades educacionales, o culturales, o normativas, debiera ser el objetivo final del desarrollo económico; y la igualdad de oportunidades de mejoramiento individual debiera ser el móvil principal de las luchas sociales.

José Figueres Ferrer, Cartas a un ciudadano.

Álvaro Vega Sánchez. Sociólogo

Podría resultar una necedad seguir insistiendo en que no hay mejor inversión que la que ha hecho el país en salud y educación. No lo es, por dos razones. Primero, porque desde la década de 1980 y hasta hoy se ha tenido que librar una ardua y combativa lucha por sostener un sistema público de salud y de educación de alcance universal y de calidad. Segundo, porque los trabajadores públicos de la salud y la educación han venido siendo objeto de críticas odiosas e injustas, y sometidos públicamente a un juicio mediático lapidario.

Los logros y avances en salud y educación, que nos han colocado entre los países con mejores índices de desarrollo humano en América Latina -y que nos hacen sentirnos orgullosamente costarricenses-, no han sido producto de una concesión gratuita y voluntarista de la clase política que nos ha gobernado en las últimas cuatro décadas. Todo lo contrario, esta ha venido cediendo a la avidez privatizadora de la oligarquía neoliberal. Ha sido, más bien, la resistencia de una ciudadanía defensora del Estado Social de Derecho, que ha puesto frenos a este cogobierno decidido a desmantelar la institucionalidad social del país.

A pesar de ello, hoy celebramos los excelentes logros obtenidos, pero debe quedar muy claro a quiénes pertenecen los méritos y a quiénes no. Los méritos y reconocimientos les pertenecen a los trabajadores de la educación de nuestras escuelas, colegios y universidades que han sabido asumir, como un apostolado, su labor docente, investigativa y de acción social, para preparar al más alto nivel científico-técnico y cultural-humanístico a ese batallón –perdón por la imagen militar, pero de eso se trata en tiempos del coronavirus– de abnegadas y abnegados trabajadores de la salud, que hoy salvan vidas arriesgando las propias.    

Somos testigos de que si no hubiese sido porque este país apostó sabiamente por invertir, sin mezquindad, en educación para la salud y salud para la educación, no contaríamos con el valioso recurso profesional, de equipo e infraestructura que nos va a permitir enfrentar esta pandemia, como ya se está haciendo con algunas medidas asertivas, y poder salir airosos.

Saber leer los signos de los tiempos es un imperativo ético fundamental. Requiere, eso sí, humildad para la autocrítica y disposición para rectificar, cuando sea necesario y de manera oportuna. Nada hacemos con mostrar ante las cámaras y en el discurso gran sensibilidad, y hasta claridad respecto de los derroteros a seguir y aquellos a rectificar, si no actuamos con decisión, contundencia y a tiempo.

Más allá de medidas paliativas coyunturales, es el momento oportuno para hacer cambios de más largo aliento y estructurales. El gran desafío es revitalizar el Estado Social de Derecho. No permitir que se devalúe nuestro sistema público de salud y educación. Más aún, brindarle todo el apoyo que requiere para elevar sus niveles de calidad y competencia.

Una coyuntura propicia para que los poderes Ejecutivo y Legislativo den muestras concretas de buena voluntad, en la dirección anotada, conteniendo el avance de proyectos y medidas que están significando un golpe más al debilitado Estado Social de Derecho, tales como la regla fiscal, la posible venta de instituciones públicas como FANAL, la política de salarios decrecientes en el sector público, los inhumanos proyectos de privatización de los régimen de pensiones, que ya están golpeando más que el coronavirus a las personas mayores, entre otras.

Y también para detener la campaña mediática, avalada por el gobierno, de desprestigio y violencia simbólica contra los trabajadores y pensionados del sector público. No se puede continuar pisoteando la dignidad de los trabajadores de la salud y la educación, cuando han dado muestras contundentes de gran generosidad y compromiso, y hoy lo ratifican asumiendo el desafío que representa una pandemia que nos convierte a todos en víctimas potenciales.

Ojalá se atienda con sabiduría a los signos de este tiempo, para rectificar el rumbo. Cabe recoger lo señalado, con gran acierto, por don Pepe: poner el desarrollo económico al servicio de la educación y la salud y ofrecer igualdad de oportunidades a las hijas e hijos de esta patria, que supo apostar por la solidaridad, el derecho y la justicia social ¿Acaso no es el mejor antivirus?

El Día Después

Álvaro Salas Chaves, Expresidente Ejecutivo CCSS

¨Llegará el día en que un estornudo en oriente provocará un cataclismo en occidente¨. Así se expresaba la Dra. Libia Herrero en una charla sobre virus en la Universidad de Costa Rica hace algunos años. Pues amigos y amigas, ese día llegó.

Después de esta pandemia del coronavirus, nada volverá a ser lo que fue. Todos los órdenes existentes sobre la tierra: el político, social, económico, religioso, militar, habrán cambiado para siempre. Si el ataque y destrucción de las torres gemelas de New York cambiaron la organización y los esquemas de seguridad del transporte aéreo mundial, la pandemia del coronavirus trastornará los sistemas políticos y sociales, los esquemas económicos como la globalización y los sistemas de suministros y transporte de personas y carga del mundo. 

La pandemia del coronavirus ha venido a demostrar la absoluta vulnerabilidad de todas las sociedades del mundo, grandes y pequeñas, poderosas y débiles, de un signo político o del otro. Tendremos que repensar lo que creíamos que era estable y perenne. Quedó claro una vez más que ¡Nada es para siempre!

Los personajes más poderosos de la tierra reyes, príncipes y princesas, presidentes, generales jefes de ejércitos, actores de cine, primeros ministros, sacerdotes, médicos, enfermeras, cantantes, pobres y ricos, absolutamente todos, tenemos las mismas probabilidades de enfermar y morir por esta enfermedad como nos cuentan los medios informativos continuamente.

La pandemia, sin estar o estando, en la agenda secreta de los poderosos de Washington, Moscú o Beijín, ha venido a transformarlo todo. Este planeta fue uno antes de la pandemia y será otro después de la pandemia.

Un ejemplo concreto de esta situación es la cuaresma, la época más sagrada de toda la cristiandad, suspendida en todos los pueblos y ciudades del mundo católico. Igualmente ha sucedido con el peregrinaje y las celebraciones hacia la Meca. Aquellos millones de musulmanes caminando en círculos en los sitios sagrados del Islam han desaparecido en las pantallas de televisión. De igual manera, las celebraciones ancestrales del judaísmo han sido canceladas y podrán ser seguidas por la televisión religiosa y el internet.   

En Ciudad del Vaticano, todas las actividades religiosas masivas de la Semana Santa han sido canceladas, además de la ausencia del Papa Francisco en todas, nos demuestra que aquí están pasando cosas muy graves. Pero es claro, Su Santidad es un anciano muy enfermo con solo un pulmón que toda la gente quiere tocar, abrazar y recibir su bendición. Se convierte así en la persona más vulnerable sobre la tierra. Esa no es la situación de Donald Trump, nadie quiere acercarse y menos ser tocado por él y sin embargo se tuvo que realizar la prueba del coronavirus por un cuadro gripal que sufría.

Todo cambió en un segundo. Las actividades religiosas se podrán seguir, únicamente, por medio de la televisión religiosa, páginas web, los podcasts de cada una de las órdenes religiosas, sean estas cristianas, judías, o musulmanas. Para ello habrá necesidad de rediseñar y simplificar la liturgia que lo acompañe. Pero sin duda, habremos ganado mucho haciendo la actividad religiosa mucho más espiritual, mucho más íntima y menos una obra de teatro.

La cancelación de todos los cursos presenciales en las universidades europeas, americanas y, las nuestras en Costa Rica, demuestra que en adelante, los cursos tendrán que rediseñarse con un gran componente de elementos pedagógicos a distancia, desde la casa, el kiosco o la biblioteca, no por los libros que contiene, sino que por los espacios y la conectividad. Las enormes ciudades universitarias, los costosos y vistosos auditorios y las salas magnas, serán historia del pasado.

Los innovadores de cursos y carreras, técnicas y profesionales a distancia están teniendo en este momento una enorme vigencia y gran apoyo político académico para salvar la educación superior y también las finanzas universitarias, del presente y del futuro. Todo tendrá que ser rediseñado, repensado, innovado o desaparecer. Se requerirán un nuevo set de habilidades y destrezas educativas para lograr remontar este momento.

Los servicios de salud serán, en un alto porcentaje, organizados en forma ambulatoria y a distancia igualmente. Los pioneros de la telemedicina sienten hoy que es su oportunidad, que les llegó el momento que tanto esperaban. Se habían abierto camino casi a codazos en la tradicional y ancestral forma presencial de hacer medicina.

Grandes contingentes de pacientes podrán ser diagnosticados, tratados y seguidos clínicamente vía la televisión especializada, páginas web especializadas, y otros medios que todavía no existen ni conocemos, para desarrollar el componente capacitación y educación a pacientes. Vendrán nuevos desarrollos de algoritmos, aplicaciones y equipos sencillos adaptables a los teléfonos y las computadoras desde sus casas o centros de trabajo.

Como dijo el presidente Emmanuel Macron de Francia: queda claro que los servicios de salud y de salud pública no pueden ser un producto del mercado. La Salud y la Salud Pública para todos, deben estar organizados y financiadas por el estado. Este es el único que tiene la capacidad de respuesta, de oportunidad y de estar preparados para entrar en la batalla. El gobierno español ha decretado la integración de los sistemas de salud públicos y privados de Madrid para poder copar con la inmensa demanda insatisfecha que se ha generado.

Las empresas de entrega de comida y paquetes a domicilio evolucionarán a transporte autónomo en base a drones especializados en el traslado de muestras de laboratorio y entrega de medicamentos delicados que ya existen pero que se han desarrollado en forma tímida hasta ahora. Toda la información biomédica entre médicos y pacientes será canalizada por la web de cada institución de salud y de seguros.

Por supuesto que esto generará otro sinfín de nuevos problemas. Si los pacientes, especialmente los ancianos, permanecen en sus casas, muchos de ellos viven solos, habrá que pensar en las nuevas formas de cuidarlos. ¿Quién les dará de comer, quien les ayudará en el aseo personal, quién o qué les lavará la ropa y les limpiará las casas? Surgirán, sin duda, nuevas propuestas inteligentes para hacerlo.

O sea, todas las empresas de telecomunicaciones y apps médicas y de laboratorio estarán desarrollando cientos de nuevos dispositivos para los teléfonos, las tabletas y las computadoras para evitar el traslado masivo de personas a los hospitales y centros de salud.

El transporte público, ahora sí, ya no lo podrán contener más, será autónomo, con vehículos que no contaminen más. Lo que está sucediendo en Beijín no tiene parangón en la historia de la humanidad. El cielo azul se empieza a ver nuevamente. Ese color amarillo sucio, denso, mal oliente está siendo barrido por el viento y por primera vez en muchos años, los chinitos empiezan a entender por qué China era conocida como el Reino Celeste.

¿Qué haremos con el desempleo que se generará? A pensar señores, llegó el tiempo de pensar, de investigar, de tratar, de imaginar, de soñar, todo se vale.

La economía sufrirá los cambios más intensos de todos los sectores. La globalización llegó a su término. Las cadenas de abastecimientos mundiales han demostrado su inoperancia en estos casos de paralización mundial del transporte aéreo, marítimo y terrestre. Los suplidores únicos de productos intermedios o finales para toda la industria, llegó a su fin.

Los mercados de valores tendrán que buscar nuevas alternativas. Llevamos ya dos semanas de las peores pérdidas en bolsa desde la segunda guerra mundial. Las empresas aéreas reportan pérdidas billonarias, los aviones están en tierra costando una fortuna mantenerlos sin que exista siquiera una fecha aproximada para reiniciar las operaciones. El fantasma del desabastecimiento de productos básicos alimenticios y de uso doméstico se observa en todos los países. Las personas acaparan como si no fuera a existir el día después.

Imagen alusiva: Semanario Universidad.

Una vista superficial al fenómeno social por el COVID-19

Marlín Oscar Ávila

16 de marzo de 2020

Hasta donde hemos logrado conocer de las reacciones en nuestra sociedad al Covid-19, hay diversas formas y motivos de hacerlo. Desde las clases políticas en el poder, son pocas las que reaccionan con la responsabilidad que debieran. Desde las diferentes sociedades civiles y empresariales la diversidad también existe con respecto a la responsabilidad que moralmente se debiera. Pero habría que incluir a las religiones con sus líderes, como otra categoría.

En la primera categoría hay desde muy responsables hasta absurdamente irresponsables. El de Inglaterra, sin ambages declara darle prioridad a la economía y dejar que el virus elimine a la población muy vulnerable en su estado físico y los que lo superen, queden inmunes (lo cual ya se comprobó que los pulmones quedan dañados en un 20%). Luego, se exhibe Nicaragua con un desfile oficial contra el Covid-19, pero su histórica responsabilidad con la salud de su pueblo, le salva del exabrupto.

Esto pasa por Honduras, quien en la década de gobernar con el mismo partido, no construyó una sola clínica pública, pero sí se lanzó a la privatización de todo el sistema de salud, pero ahora logra más de $500 millones «para el Covid-19» , y dice que construirá 95 hospitales en menos de dos años.

Al otro lado, con mayor responsabilidad, vemos a los gobiernos de Argentina, Panamá, Costa Rica, El Salvador y Venezuela, y allá lejos a Japón, India, Irán, Irak, los nórdicos de Europa, además de los asustados de la Unión Europea, con actitudes responsables hacia el bienestar social, siguiendo los protocolos definidos por OMS.

Ahora, en la ciudadanía en general, lo que más se ha notado es pánico. Más creado por intereses particulares de empresarios y religiosos inescrupulosos, involucrando a los medios de desinformación. Ese pánico caló más en las clases medias occidentales, quienes «asaltaron» los centros comerciales para abastecerse hasta de lo innecesario. Desde luego, dejando ver su elevado egoísmo consumista, sin pensar en la demás población. Los dueños de las cadenas comerciales felices por su éxito mediático.

No obstante, más temprano que tarde, esa clase media, se han venido enterando de su ignorancia con respecto a las reales medidas de prevención para evitar el contagio. La primera semana que se suspendieron algunas labores salieron de paseo, a vacacionar. Lo que provocó la mayor dispersión de contaminación. La mejor muestra ha sido el caso Italiano, pero muchos más hicieron, y hacen, algo parecido.

Hay otros actores sociales involucrados en política y señalados como delincuentes históricos, que han aprovechado para «lavarse la cara», pero no gastaremos tinta en ellos.

Algunas religiones, sus líderes, han estado aprovechándose del pánico para «llevar agua a su molino», lo que ya se sabe con cuál propósito. Los peores son los que hacen alianza con los políticos inescrupulosamente, para sus mesquindades, especialmente su dios dinero.

Después de décadas de privatizar los servicios públicos, algunos protagonistas se han enterado de lo esencial que son los servicios públicos. Esto aún no les penetra en el cerebro deformado dentro de los centros de estudios superiores, particularmente los privados, a algunos actores, como diputados, que insisten en la privatización.

Sin duda, nuestra ciudadanía está llamada a acatar los protocolos establecidos por las Naciones Unidas, ante el ataque global de un virus y posiblemente más de uno, el cual, se escucha cada vez con mayor volumen, su sepa ha sido sembrada por la inteligencia militar en medio de una guerra comercial y política entre líderes de gran poder. Es decir, aún ésta crisis en nuestra salud está a medio camino.

Aprovechemos lo positivo que siempre aparece de una crisis y aprendamos las lecciones que nos muestre por errores cometidos. Unámonos cómo ciudadanía con el sentido solidario que habíamos olvidado.

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Crónica: Fronteras, movilidades, subjetividades: Pensar Centroamérica en medio de una crisis sanitaria global

Por Guillermo Acuña González
Sociólogo y escritor
16 de marzo 2020

Doña Mercedes es una mujer pequeña, que trenza su pelo blanco hasta convertirlo en una especie de ritual milenario. Viajamos juntos en un bus internacional. Me cuenta tantas cosas, como si se hubiera enterado de mi interés siempre presente por las biografías relacionadas con las movilidades humanas, sus impactos, sus consecuencias.

Hablamos de políticas de población, por ejemplo. “tuve doce hijos y usted no sabe cómo cuesta sacarlos adelante”. De esos doce hijos, dos viven en Costa Rica. El varón, al que visitó en estos días, vive en Jacó. “construye casas”, me dice. De su hija mujer solo me cuenta que tuvo cuatro hijos y que no se acuerda donde vive. Es originaria de Palacagüina, la de la canción. “Ahí nació Cristo, el de los pobres”, me dije. Unos kilómetros antes de llegar, al pasar por Sébaco, me comparte su recuerdo acerca de uno de sus hijos que fue enviado por un Banco a salvar al pequeño productor, ahogado en deudas.

Me pregunto sobre si es ahora, en un contexto de precariedad económica y social, pero no, me confirma que fue hace muchos años. En realidad la región tiene ya muchos años de experimentar estos desequilibrios sociales e institucionales y ahora, le toca enfrentar, desde sus especificidades, los efectos de una realidad sanitaria global que en el reloj de la muerte ya lleva avanzadas horas de contar víctimas. Retomamos la conversación poblacional: “ahora la mujer no quiere tener hijos”, me resume así su pensamiento sobre esas políticas de población no escritas, pero que la fuerza del empuje de las reivindicaciones y los derechos de la mujer, ha transformado en realidades latentes que se esparcen por toda la región, como reconocimientos conquistados y en proceso de consolidación.

Prontos a llegar al lugar donde el Autobús se detendrá para que doña Mercedes baje, 50 kilómetros antes del puesto fronterizo Las Manos, entre Honduras y Nicaragua, me pregunta y le contesto: “a Honduras, a un encuentro regional de poesía y a hablar sobre la gente como su hijo, el que vive en Costa Rica”. Nos decimos adiós desde lo habitual, como si siempre hubiéramos compartido viaje, como si siempre nos hubiéramos visto. Ahora, con el pasar de los días, pienso en su menudencia, preparada para todas las inclemencias posibles, incluso las que dictan los designios de una calamidad global que empieza a expandir sus tentáculos haciéndose más fuerte, mostrando la debilidad humana, pero sobre todo la debilidad de un sistema económico que, basado en la extracción y la competencia desigual, pareciera haber iniciado un largo periodo de reseteo.

Los regímenes de movilidad son espacios en los que las fronteras internacionales adquieren un carácter especial. Pienso en esa noción mientras camino con mi pasaporte en las inmediaciones de una polvorienta estación migratoria de paso entre Nicaragua y Honduras llamada Las Manos. Como en otras zonas de paso, a ambos países los divide una aguja que es levantada insistentemente por funcionarios migratorios en medio de una dinámica compleja, desordenada, que interviene en eso que Stefanie Kron (2011) denomina la tensión entre los movimientos migratorios y los intentos para “sujetarlos, conducirlos, gobernarlos. Son regímenes migratorios en los que las fronteras adquieren un carácter especial: son a la vez regímenes fronterizos.

Cruzar en estos días los regímenes fronterizos como Las Manos, o Peñas Blancas entre Costa Rica y Nicaragua, es tensionar constantemente las narrativas entre el control global, la restricción de la movilidad impuesta por las circunstancias y lo que realmente ocurre en esos territorios de interrupción y continuidad que se producen en las divisiones sociopolíticas centroamericanas.

De regreso a Costa Rica, luego de comprobar que la palabra puede abrirle orificios enormes al dolor y la desigualdad a un país como Honduras, nos detenemos en Las Manos. Paradójicamente recuerdo a Kilapayún y su solicitud de unir todas las manos negras y blancas para construir una muralla. Es una mañana fría y con más polvo que de costumbre. Nos dirigen hacia una estación sanitaria improvisada (un gran toldo y varios funcionarios protegidos de nuestros cuerpos) adonde seremos testeados, revisados en nuestra biografía de los últimos 14 días y orientados a dirigirnos a un centro médico si presentamos los síntomas ya referidos en los medios de comunicación y en redes sociales.

Es una especie de sitio centinela, que la epidemiología contemporánea define como lugares de vigilancia al paso de grupos humanos para analizar su comportamiento. Ahí estoy yo y varias personas centroamericanas más. Luego mi observación sobre los espacios de porosidad, la movilidad latente, las narrativas de construcción de muros que son derribados por estas lógicas mediante las cuales las personas esquivan, responden, cruzan. Los personajes de frontera, la transacción formal e informal permanente, la urgencia por cruzar. Observo tres mujeres con sentido Nicaragua-Honduras dirigirse a hacer sus diligencias migratorias. Pienso en las desigualdades, las violencias, el acceso. Las veo marcharse entre la espesura de vehículos de gran tracción estacionados como grandes dinosaurios en medio de la nada. La vida sigue, pero ayer mismo esa frontera fue cerrada. Las manos se convirtieron en puño, hasta nuevo aviso.

En el camino de regreso, termino de leer el trabajo de Óscar Martínez sobre las movilidades humanas centroamericanas de hace diez años. Busco en redes sociales avances, novedades sobre la pandemia mientras vamos dejando atrás una apacible y rápida frontera entre Nicaragua y Costa Rica. Contrario a hace unos días, cuando fuimos encuestados por funcionarios del Gobierno de Nicaragua, el paso de regreso solo nos trajo preguntas sobre el cambio de córdobas a pesos, las ventas de comida y artesanías, en medio de un calor sofocante de las tres de la tarde.

La relación entre pandemias y movilidades humanas no es nueva. La historia está llena de imágenes y metáforas sobre las malas noticias de las que son portadoras las corporalidades humanas a los ojos de los otros. Pienso en eso mientras reflexiono haberme movilizado en estos contextos. Lo volvería a hacer sin duda, como lo hice, extremando los cuidados, los míos y los de los otros. Así transcurrieron algunos días en Tegucigalpa, de la que regresé lleno de poesía, pero también de imágenes sobre su realidad, su contexto de desigualdad, sus rasgos de un estado entregado a los vicios de los poderes fácticos, la porosidad de la frontera y esos contextos de discriminación y racialización, al ver un inmigrante, posiblemente haitiano, ayudar a acomodar los equipajes en el autobús luego de la inspección de rigor por parte de las autoridades migratorias costarricenses. Sus facciones y su requerimiento en francés para pedir campo y cumplir con su trabajo informal, me recuerdan todas las metáforas posibles en las que los costarricenses hemos construido al otro en los últimos años. Busco información actualizada. Y da la casualidad que Oscar Martínez, el de las crónicas sobre los migrantes de hace diez años, también colabora para el diario Español “El país”, en el que escribió el viernes 13 de marzo, estas líneas:

“en esta pandemia se recomienda no viajar, mucho menos desde países que tengan casos de coronavirus, como México o Estados Unidos. Eso sí, si usted es migrante centroamericano olvide lo que hemos dicho.Se recomienda también lavarse las manos varias veces, con detenimiento y detalle. Pero en estos países un gran porcentaje de la población no recibe agua potable. Miles de esas personas pagan el servicio, pero la falta de planificación urbana que permitió la construcción de colonias obreras encaramadas en cerros, los sistemas de tuberías viejos y dañados y el acaparamiento han llevado a que esa gente no tenga más que un pequeño hilo de agua una hora o dos por las madrugadas. Otros, nada. Si en estos países uno vive en las zonas pudientes y tiene una cisterna que chupe agua para acumular en las horas que el servicio llega, puede lavarse las manos tal como indican los manuales. Si uno vive en las comunidades y cantones centroamericanos y el agua que acarrea del pozo es a base de sudor y músculo, quizá no vaya a cumplir a rajatabla las instrucciones de la Organización Mundial de la Salud. Saludarse con el codo, dicen. Mejor aún, de lejitos, si es posible. En Honduras, por ejemplo, una de cada cinco personas vive en pobreza extrema en zonas rurales. O sea, con menos de $1.90 al día. Esa gente, muchos de ellos vendedores informales de lo que cosechan, viajará en autobús al pueblito más cercano, tomado de la barandilla más a la mano, sin alcohol-gel por ninguna parte, que cuesta unos centavos el botecito, se refundirá en algún mercado e intentará vender de puesto en puesto lo que cultivó. Esa gente dará la mano a quien deba darla para cerrar un trato y extenderá la palma para recibir monedas cuando se las ofrezcan a cambio, porque si no lo hace no será el coronavirus el que lo matará, sino el hambre. Esa misma gente, no se preocupen, no acaparará nada en ningún supermercado. El coronavirus ya llegó a esta región, plagada de calamidades. Ahora, hará lo suyo. Porque lo otro, lo de construir sociedades con un abismo profundo entre unas clases y los de abajo, ya está hecho desde hace décadas” (Oscar Martinez. “Ser pobre en una región que espera el coronavirus”. Recuperado el 16 de marzo de https://elpais.com/internacional/2020-03-14/ser-pobre-en-la-region-que-espera-el-coronavirus.html)

Cada país de la región ha enfrentado a su manera el desafío. Ha acudido a las narrativas del poder, de la imposición, de la construcción de comunidad bajo el lema “juntos saldremos adelante”. Pienso en Doña Mercedes, en ese migrante haitiano en la frontera, en las movilidades humanas que continúan despachando esos países. Pienso en las décadas de discurso orientado a la individualidad y la competitividad, la exclusión, la desigualdad y luego vuelvo a pensar en las fronteras, en las movilidades humanas como recurso para la sobrevivencia. Pienso en todo eso mientras abro la puerta de mi casa, a asistir como ritual, a varios días de cuido y reflexión sobre la región que somos. En cómo haremos para pensarnos como comunidad, en como abrirle a las manos, los puños y volver a estrecharlas en un régimen ya no de separación, sino de alegría y construcción colectiva.


SERPAJ: Comunicado frente a la coyuntura del COVID-19

Servicio Paz y Justicia Costa Rica
«Querernos la Paz, Trabajamos por la justicia»
SERPAJ: Comunicado frente a la coyuntura del COVID-19

Dada la coyuntura que enfrentamos internacionalmente respecto al COVID-19, el Servicio Paz y Justicia Costa Rica comunica lo siguiente:

Consideramos que resulta fundamental tomar medidas de contención y saneamiento para evitar la propagación de esta enfermedad, así como promover el bienestar de todas las personas con las que nos relacionamos y no saturar el sistema de salud pública. Por esta razón, tomamos el acuerdo de suspender nuestra participación de todas aquellas actividades que impliquen la conglomeración de personas, así como el préstamo de nuestro local a las agrupaciones y movimientos que hacen uso de este hasta el 13 de abril de 2020, con posibilidad de prorrogar este período según cómo evolucione la situación del país respecto a este tema.

Esto no significa que dejemos de brindar nuestro apoyo político a los diferentes movimientos sociales. Es más bien un llamado a asumir otras medidas de cuidado colectivo en favor de la salud de todas las personas. Por ello:

1. Nos unimos a las recomendaciones preventivas globales respecto a los cuidados de higiene personal, el protocolo de tos y estornudo, la limpieza de los sitios que ocupamos, el no acaparamiento de productos, permanecer en el hogar y no realizar actividades en el exterior si no es estrictamente necesario, procurar el cambio de ropa y zapatos que han sido utilizados en la calle, evitar el contacto de ojos, nariz, boca y genitales sin un adecuado lavado de manos, y mantener el aseo de aparatos móviles y electrónicos que estén en uso constante.

2. Invitamos a buscar formas alternas de encuentro a través de distintos medios de comunicación virtuales que tenemos a disposición, para establecer canales de información y divulgación sobre lo que acontece socialmente respecto a los Derechos Humanos, y así mantenernos vigilantes antes las situaciones de malestar y violencia que nos puedan aquejar.

3. Hacemos un llamado a no soltar las causas y luchas sociales. Ante la coyuntura actual motivamos a hacer un uso permanente y responsable de redes sociales para informarse, difundir y denunciar cualquier hecho violento que se perpetúe aprovechando la situación actual.

Externamos nuestro deseo de paz y bienestar a todas las personas con las que estamos involucrados/as, así como a sus familias. Invitamos a tomar medidas para garantizar su cuidado y su salud a fin de afrontar de la mejor manera esta enfermedad, sin perder de vista las demás situaciones sociales que pueden afectar nuestros DDHH y nuestra construcción de bienestar personal, social y comunitario.

Servicio Paz y Justicia Costa Rica San José, Costa Rica.
Domingo 15 de marzo de 2020.
SERPAJ Costa Rica

«Queremos la Paz, Trabajamos por la justicia»

Coranovirus: hacia un nuevo modelo de globalización

En realidad debemos de adquirir conocimiento para elegir el bien, pero ningún conocimiento nos ayudará si hemos perdido la capacidad de conmovernos con la desgracia de otro ser humano, con la mirada amistosa de otra persona, con el canto de un pájaro, con el verdor del césped. Si el hombre se hace indiferente a la vida no hay ninguna esperanza de que pueda elegir el bien.
Eric Fromm

Álvaro Vega Sánchez. Sociólogo

La pandemia del coronavirus, al igual que las catástrofes producidas por la crisis climática, ha puesto en evidencia, una vez más, la vulnerabilidad y fragilidad de nuestra “aldea global”.

Esta pequeña aldea ha sido impactada por un virus cuya onda expansiva es de alcance global, y, por lo contagioso, su crecimiento es exponencial si no se toman las medidas adecuadas de prevención, contención y curación. Los virus son globales, no tienen nacionalidad aún y cuando su origen sea local. Este llamado de atención de los epidemiólogos es fundamental para contener el avance de los impulsos xenófobos y racistas discriminatorios, así como para contribuir a transitar de la conciencia planetaria a la convivencia planetaria.

Para acometer estos desafíos globales, tenemos que enfrentar un virus mayor: el síndrome de Faraón, es decir, la arrogancia de resistirnos a nuestra vulnerabilidad, sintiéndonos dioses, por más plagas que nos azoten. De manera irresponsable y prepotente, la tripulación de esta pequeña nave planetaria, especialmente las élites geopolíticas y económicas dominantes, nos están conduciendo a un viaje sin retorno.

 La realidad nos está forzando a intensificar los esfuerzos contraculturales para proyectar otro modelo de globalización, cimentado, al menos, en dos pilares fundamentales: una ética de la economía para la solidaridad y una convivencia humana que potencie la afectividad. Apostar por nuevos enfoques socio-económicos que impulsen una economía solidaria, para la reproducción de la vida digna. Asimismo, recuperar la importancia de las emociones, sentimientos y afectos; saber administrarlos y potenciarlos para construir una cultura de paz entre los pueblos y con la naturaleza biodiversa, es decir, para una convivencia inclusiva bioecosistémica.

El psicólogo Yago Franco asocia la destrucción del afecto –“accidente afectivo”– a la concepción del tiempo predominante en el capitalismo: “…la aceleración ilimitada que del mismo hizo el ser humano (el antropos capitalista) se lo arrebató a sí mismo, con él su intimidad y con esto, su propia subjetividad. Si la verdad de un acontecimiento lo destruye (Paul Virilio) la inmediatez, la fuga acelerada hacia ningún lugar que ocurre por el ansia de consumo (de objetos, información, placeres, diversión, vínculos, etc.) y también por la angustia de adquirir o mantener un lugar en la sociedad, tienen como consecuencia dañar la subjetividad humana, de la mano del empobrecimiento del mundo representacional y afectivo” (http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num3/clinica-franco-destruccion-afecto). Por su parte, José Mujica, expresidente uruguayo, nos invita a reconquistar el tiempo que es el garante de nuestra libertad; y a no malgastarlo en el consumo superfluo, sacrificando la riqueza de la vida afectiva que nos hace felices (https://youtu.be/WOROWBXXXw10).

Efectivamente, dada la prevalencia del homo consumus la afectividad se ha visto devaluada cualitativamente, y hoy tenemos que emprender su reconquista para reconstruir el tejido socioemocional global. Se trata de impulsar una nueva unidad de cultura donde se ejercite la afectividad y la gratuidad; donde el compartir solidario, la equidad y la convivencia respetuosa entre los seres humanos y armónica con la naturaleza sean los cimientos de una nueva humanidad.

En esta dirección, también tenemos que prepararnos para saber administrar el avance de la inteligencia artificial (IA), como advierte Yuval Noah Harari, en su reciente libro 21 lecciones para el siglo XXI. Destaca este autor que se requiere prestar especial atención a la investigación sobre la mente humana, para ejercer contrapeso, desde la inteligencia emocional, a las amenazas que la IA pueda representar para la libertad y la igualdad: “…de la misma manera que los algoritmos de macrodatos podrían acabar con la libertad, podrían al mismo tiempo crear las sociedades más desiguales que jamás hayan existido. Toda la riqueza y todo el poder podrían estar concentrados en manos de una élite minúscula, mientras que la mayoría de la gente sufriría no la explotación, sino algo mucho peor: la irrelevancia” (página 95).

La dignidad y la relevancia de los seres humanos, así como la salvaguarda de su casa común no es negociable. Es el mensaje contundente que hay que enviar a los poderes fácticos globales que pretenden sostener un modelo globalizador, ecológica y humanamente inviable por lo depredador, insolidario e insensible; es decir, carente de una afectividad que apueste por defender y promover el derecho a la vida digna del ser humano y la naturaleza.

La pandemia del coronavirus ha vuelto a encender el semáforo para detenernos a repensar nuestro “ser en el cosmos”; especialmente para ejercitarnos para el bien como corporalidad sensible y diversa, corresponsables del destino de la humanidad y del planeta. Es decir, para propiciar un modelo de globalización alternativo, que asuma con decisión la promoción y defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, así como que restituya el papel de los Estados Sociales de Derecho, para garantizar seguridad y bienestar social universales.

Imagen ilustrativa: https://www.ucn.edu.co/

COVID-19: El sector público sostiene nuestro Estado Social de Derecho

Edwin Chacón Muñoz, Trabajador Social, Máster en Vivienda y Equipamiento Social

CCCSS, FANAL, INCIENSA, INS, Correos de Costa Rica y otras se han convertido en nuestra primera línea de defensa, y sus empleados y empleadas los merecedores de ser llamados Héroes y Heroínas.

Es claro que no son perfectas, que muchos gobiernos las han debilitado, y hay quienes a la fecha ven en ellas un negocio para satisfacer su sed de lucro; pero en el momento que las necesitamos ahí están, a la altura, siempre a nuestro lado.

Nuestro agradecimiento por su acción va estrechamente ligado con la lucha del olvido: no olvidar que doblaron jornadas cuando los requerimos, recordar que las puertas de los hospitales y clínicas estuvieron abiertas, y siempre recordar que, ante cualquier afrenta, son instituciones que necesitan de nuestra defensa.

Por eso luchamos, por eso trabajamos, porque están con nosotros y nosotras, porque son nuestras.

Ilustración del encabezado: Allan Cedeño

Personal de FANAL respondiendo al país como parte de la seguridad social.

El asesinato reciente de un líder indígena en Costa Rica: breve puesta en perspectiva

Nicolas Boeglin, Profesor de Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, Universidad de Costa Rica (UCR)

El 24 de febrero del 2020, Jerhy Rivera Rivera, dirigente indígena costarricense de la zona de Térraba, fue asesinado con cinco disparos: véase  nota de prensa del medio digital Delfino.cr y esta nota publicada en el Semanario Universidad.

La noticia fue inmediatamente referida en distintos medios internacionales: véase, a modo de ejemplo, está muy completa nota publicada en The Guardian en el Reino Unido.

En menos de un año, dos asesinatos de dirigentes indígenas en Costa Rica

La ubicación geográfica de la muerte de Jerhy Rivera coincide con la región en la que fue asesinado el año pasado otro dirigente indígena costarricense, Sergio Rojas, el 18 de marzo del 2019. En ambos casos, estos líderes indígenas habían sido objeto de amenazas de muerte, las cuales eran de conocimiento público, en particular de las autoridades costarricenses: en el 2013, el mismo Jerhy Rivera fue entrevistado con respecto a las amenazas recibidas (véase nota con audio de Voces Nuestras).

Habíamos tenido la ocasión de examinar las cartas hechas públicas por Naciones Unidas con respecto a los requerimientos específicos solicitados a las autoridades costarricenses sobre el asesinato de Sergio Rojas (Nota 1). Varios de estos requerimientos solicitados por Naciones Unidas, hechos en marzo del 2019, buscaban que hechos similares no se repitieran más en Costa Rica (véase documento de Naciones Unidas, página 5, y cuya lectura completa recomendamos).

El hecho que, a diferencia de Jerhy Rivera, el dirigente indígena Sergio Rojas fuese objeto de medidas cautelares ordenadas en el 2015 al Estado costarricense por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para resguardar su vida y su integridad física, evidencia la total inoperancia estatal: sobre este aspecto particular, remitimos a nuestra breve nota publicada en mayo del 2015 en este mismo sitio (Nota 2), en la que analizábamos los alcances de estas medidas ordenadas el 30 de abril del 2015 a Costa Rica por este órgano interamericano.

Cabe señalar que, a diferencia de muchos otros Estados del hemisferio, raras veces Costa Rica ha recibido solicitudes de esta naturaleza por parte de un órgano del sistema interamericano de protección de los derechos humanos tendientes a preservar y a resguardar la vida y la integridad física de un dirigente costarricense.

Identificar responsables de asesinatos de líderes comunitarios: ¿una tarea imposible para el Estado costarricense?

Es de notar que a la fecha, las autoridades costarricenses no han logrado aún identificar a los autores materiales del asesinato de Sergio Rojas, ultimado con 15 disparos, y se tiene serias reservas sobre las posibilidades que tengan de identificar en el futuro a los autores intelectuales de este vil acto.

Esta incapacidad estatal no es para nada nueva y forma parte de una larga serie de episodios sumamente violentos contra poblaciones indígenas que se mantienen impunes: por ejemplo, la quema de varios ranchos ocupados por mujeres indígenas en julio del 2014, justo mientras la selección nacional de fútbol de Costa Rica jugaba contra Países Bajos en el Mundial en Brasil, persiste sin ningún responsable identificado y/o sancionado por parte de las autoridades policiales costarricenses.

La muerte de Jerhy Rivera viene ahora a interpelar nuevamente a las autoridades sobre su accionar con respecto al clima de violencia y de impunidad campante que persiste en la zona de Térraba, y que mantiene profundamente indignadas a las comunidades indígenas (así como a muchas organizaciones sociales costarricenses): sus legítimos reclamos siguen sin obtener una respuesta por parte del Estado costarricense.

Cabe precisar que unos pocos días antes del 24 de febrero en que murió Jerhy Rivera, la prensa internacional refirió – la nacional, mucho menos – a otro hecho de violencia en Salitre cometido en contra de otro líder indígena, Mainor Ortíz Delgado, herido con disparos (véase nota de The Guardian, en su edición del 17/02/2020): no se tiene claro si las autoridades costarricenses a cargo de monitorear y analizar datos en esta zona geográfica del país percibieron que este hecho podría constituir una primera alerta, conllevando acciones inmediatas de su parte para contener el clima de violencia en la región de Salitre.

En declaraciones públicas, la máxima representante del Sistema de Naciones Unidas en Costa Rica no dudó en señalar (véase nota de prensa de Informa-tico) el vacío existente en Costa Rica con relación a quienes defienden a las comunidades indígenas:

Las autoridades del país deben garantizar la protección de las defensoras y los defensores indígenas de derechos humanos“.

Por su parte, en medio del repudio generalizado que ha causado en la sociedad costarricense este segundo asesinato de un líder indígena en Costa Rica, la máxima instancia de la Universidad de Costa Rica (UCR) decidió, en un pronunciamiento con fecha del 27 de febrero (véase texto completo):

Reiterar al Gobierno de la República su obligación de intervenir y asegurar la protección de los pueblos ante actos de violencia u hostigamiento, de manera tal que se garantice la vida de quienes forman parte de estos pueblos, el respeto de las medidas cautelares interpuestas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que pretenden salvaguardar los derechos de los pueblos indígenas de Costa Rica“.

Se trata de manifestaciones y de pronunciamientos de diversas entidades, cuyos contenidos recuerdan exactamente los que habían circulado en el 2019 con ocasión del asesinato de Sergio Rojas, reiterando nuevamente al Estado costarricense cumplir con sus obligaciones y con sus compromisos, tanto nacionales como internacionales. No obstante, y a modo de posibles vías a explorar, dejaremos en las líneas que siguen algunas ideas sobre los vacíos existentes, que bien podrían inspirar algunos cambios en la legislación costarricense aplicable a actos de esta naturaleza.

A modo de conclusión

El marco legal costarricense a la fecha no tiene previsto ningún mecanismo de sanción penal relativo a la incitación al odio en contra de un determinado grupo. La incitación al odio ha sido incorporada jurídicamente en diversas latitudes (Nota 3), pero a la fecha Costa Rica adolece de este delito en su legislación penal. Se trata de un persistente vacío legal, detectado y señalado como tal en diversos informes de entidades internacionales a la hora de examinar la situación de los derechos humanos en Costa Rica, y que puede explicar la gran facilidad con la que un determinado sector puede emprenderla públicamente contra una población en situación de vulnerabilidad (migrantes, poblaciones indígenas, poblaciones afrodescendientes, población sexualmente diversa por ejemplo) y azuzar los ánimos sin verse frenado en lo más mínimo.

La muerte de dos dirigentes indígenas en menos de un año entre el 2019 y el 2020, la organización de una marcha xenófoba contra los migrantes nicaragüenses por vez primera en un parque capitalino costarricense a mediados del 2018, así como un discurso particularmente discriminante e hiriente contra la población sexualmente diversa, escuchado durante la campaña electoral del 2018 son, entre muchos otros, elementos que debieran de orientar esfuerzos tendientes a frenar el ímpetu de algunos sectores contra un determinado grupo de la sociedad costarricense.

Como bien se sabe, una retórica de odio, en determinadas circunstancias, puede llevar a una atmósfera de violencia en la que algunos sectores consideren que hay que pasar a algo más que simples amenazas. No obstante lo dicho anteriormente, pareciera que el ordenamiento jurídico costarricense no prevé protección especial alguna para proteger a líderes sociales que hayan sido objeto, de forma recurrente, de ataques, de intimidaciones o bien de amenazas de muerte.

A ese respecto, vale la pena mencionar otro hecho violento que mantiene en vilo a varias organizaciones sociales y ecologistas costarricenses ante la total incapacidad del aparato represivo costarricense para identificar a los autores intelectuales de la muerte del joven Jairo Mora Sandoval, biólogo asesinado en la playa de Moín en el 2013: cabe precisar que Jairo Mora contabilizaba desde varios años con su grupo de voluntarios los nidos de tortuga en esta precisa playa del Caribe costarricense, pretendida para desarrollar varios megaproyectos. La tesis oficial según la cual solamente hueveros y contrabandistas tenían interés en eliminarlo físicamente, externada a pocas horas de su muerte por el mismo Vicepresidente de Costa Rica (sin mediar investigación alguna) constituye una interesante aseveración que nos permitimos cuestionar, al conmemorarse en el 2018, cinco años de la muerte de Jairo Mora (Nota 4).

La impunidad que se mantiene ante estos y varios otros episodios de violencia demuestra cuán urgente resulta encontrar figuras legales y herramientas específicas para lograr frenar a algunos sectores y prevenir su peligrosa retórica discursiva; así como identificar nuevos mecanismos que permitan a los investigadores remontar la cadena de mando que incluya a los verdaderos responsables de este tipo de asesinatos.

Notas:

Nota 1: Véase al respecto nuestra breve nota: BOEGLIN N., “Asesinato del líder indígena Sergio Rojas en Costa Rica”, Portal Noticias UCR, Sección Voz Experta, edición del 29.05.2019, disponible en este enlace.

Nota 2: Véase BOEGLIN N., “Pueblos indígenas en Salitre: las medidas cautelares solicitadas a Costa Rica por la CIDH”, DerechoalDia, edición del 16.05.2015, disponible en este enlace .

Nota 3: Así por ejemplo, encontramos en la legislación penal de Uruguay, el siguiente artículo: “TITULO III – DELITOS CONTRA LA PAZ PUBLICA CAPITULO I

Artículo 149-BIS (Incitación al odio, desprecio o violencia hacia determinadas personas) El que públicamente o mediante cualquier medio apto para su difusión pública incitare al odio, al desprecio, o a cualquier forma de violencia moral o física contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, religión, origen nacional o étnico, orientación sexual o identidad sexual, será castigado con tres a dieciocho meses de prisión“.

ARTTCULO 149 TER. (Comisión de actos de odio, desprecio o violencia contra determinadas personas). El que cometiera actos de violencia moral o física, de odio o de desprecio contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, religión u origen nacional o étnico, será castigado con seis a veinticuatro meses de prisión“.

Nota 4: Remitimos a nuestros estimables lectores a esta breve nota nuestra al respecto: BOEGLIN N.A cinco años de la muerte de Jairo Mora y varias preguntas sin responder“, Elpais.cr, edición del 1.06.2018, disponible en este enlace.

 

Enviado por Henry Picado.

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