Coacción política, crisis educativa y el interés superior de la infancia
Junta Directiva ACODEHU
Erick Fromm señalaba que “nada es real, sino los procesos”. Si asumimos lo anterior como una verdad absoluta tendríamos que confiar con Freire que “el diálogo es el mejor puente en la construcción de las relaciones sociales”.
Efectivamente el diálogo es un requisito de la naturaleza humana; es la condición de afirmación para que tenga lugar la existencia, la ética, la idiosincrasia y la intersubjetividad.
La vida es una correa de trasmisión, de comunicación permanente, proceso dialógico de contradicciones y consensos. Pero de niveles de respeto, aún en la diferencia.
En las relaciones dialógicas se le da poder y sentido a la voz de uno(a) y los otros(as), no es una parodia unilineal. Francisco Gutiérrez, el gran pedagogo, llama a este simple ejercicio cotidiano “comunicación dialógica”. No monólogo ni oídos sordos a la voz de los otros.
El diálogo es, pues, el mecanismo para romper con la rigidez de las estructuras jerárquicas. Aspecto que estuvo ausente en esta legislación, porque desde un primer momento el “animal” o Jaguar, en su autodenominación, prefirió dinamitar los canales de comunicación que se ejercen por medio del diálogo.
De tal suerte que el “ejercicio de la comunicación dialógica” contribuye a fortalecer la crítica, afirmar la tolerancia, a descubrir la realidad con sus contradicciones básicas que le son inherentes. Pero en esta gobernatura, el Jaguar prefirió encerrarse asimismo entre rejas, en su propia jaula de Zapote, para justificar desde ahí su violencia personal, acallar a la prensa crítica y descalificar a los que lo adversan.
En este sentido, frente a esta democracia liberal, ya de por sí profundamente manoseada, el actual gobierno evidenció la ausencia del diálogo, el respeto como valor supremo del modo de ser del costarricense y de la democracia misma.
Si existe una institución por naturaleza, en tanto aparato ideológico, para fortalecer el diálogo es la escuela y por ende los procesos pedagógicos.
Pero pasemos revista muy someramente a la embestida que sufrió la educación pública, no formal e informal en esta magistratura.
Deserción sostenida, decrecimiento de la tasa de matrícula, caída en picada de la infraestructura escolar, congelamiento de salarios al sector educativo y escasos o nulos procesos de fortalecimiento de las condiciones laborales de las y los docentes. Estos indicadores constituyen parte de a estadística y la radiografía del gobierno del jaguar. Un oscuro panorama pedagógico, es lo que puede exhibir el período del ejecutivo, que cierra con una ruta de la educación que profundizó y agudizó aún más esta situación.
Sobre estos dos tópicos iniciales que anteceden en el título, podríamos sintetizar diciendo que, la educación como praxis liberadora y crítica, la democracia participativa y el fortalecimiento de la institucionalidad, fueron las grandes consignas vacías que puede exhibir el gobierno de turno.
Ahora bien, en una democracia el valor y derecho que tiene una niña o un niño a hablar sin temor, no se pone en discusión. Un discurso de un párvulo es equivalente a mil pláticas de educación ciudadana, a civismo. Pero aquí, en aquella nación que una vez se soñó la Arcadia, se demostró lo contrario.
Un simple discurso generó tanto miedo, tanto temor y consecuentemente represión institucionalizada, que sometieron a la hija de uno de los candidatos que se disputa la presidencia, para este primero de febrero de 2026, a un interrogatorio en las condiciones más arbitrarias que podamos imaginar. El poder vertical adulto céntrico contra una niña, en un desigual interrogatorio de dos horas, en el cual se violaron las más elementales reglas en que se sustenta el proceso dialógico y el derecho a la niña interrogada, sin mayores escrúpulos.
Al jerarca, esta niña le señaló sus grandes errores, sus desplantes de dictador, sus evidentes desviaciones de poder, entonces, claro está, direccionó la violencia institucionalizada que ha sido parte de su narrativa y prácticas gubernamentales. Obviándose y violándose, de esa manera, el sagrado derecho humano del respeto al valor superior del niño(a).
Pareciera que vivimos en una fábula de terror, en donde “nada es real, sino los procesos”.
Ha llegado la hora, la hora de Juanito Mora, en donde la conjunción de lo más honesto de Costa Rica debe devolver al país los verdaderos, cauces y derroteros de la democracia del Estado Social de Derecho que hemos defendido y consecuentemente la defensa absoluta de los Derechos Humanos Fundamentales.
San José, viernes 30 de enero 2026
ACODEHU, ciudadanía activa, consenso, cultura democrática, deliberación pública, democracia participativa, derechos humanos, diálogo, educación, políticas públicas, sociedad civil