El porqué de la invasión de los Estados Unidos e Israel a Irán
Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com
Primera parte: El medio Oriente un hervidero explosivo
El origen de la confrontación: el ascenso de la República Islámica de Irán
Para comprender las causas que impulsaron a Estados Unidos e Israel a intervenir militarmente en Irán, es necesario retroceder al menos, al establecimiento del régimen de los Ayatolás, el cual se instauró formalmente con la victoria de la revolución Islámica en febrero de 1979. Este proceso de transformación se consolidó mediante el referéndum de abril del mismo año, que dio origen oficial a la República Islámica. El líder fundamental de este cambio fue el Ayatola Ruhollah Jomeini, quien logró derrocar al Shah Mohammad Reza Pahlavi y reemplazar la monarquía por un gobierno de carácter teocrático.
La revolución de 1979 significó el final de un régimen monárquico que había contado durante décadas con el respaldo de potencias extranjeras como Gran Bretaña y Estados Unidos. En su lugar, surgió un movimiento revolucionario liderado por los Ayatolás, basado en el islamismo y apoyado tanto por organizaciones de izquierda como por agrupaciones islamistas y también fueron fundamentales los sectores estudiantiles.
Tras la caída del Shah, éste se vio obligado a exiliarse y, antes de abandonar el país, dejó instaurada una junta provisional encabezada por un líder opositor para intentar mantener la gobernabilidad. Sin embargo, la situación interna se tornó cada vez más inestable, ya que rápidamente emergieron movimientos guerrilleros compuestos por grupos seculares y también religiosos, los cuales desempeñaron un papel decisivo en la eliminación final de los restos del antiguo sistema monárquico.
Durante los primeros años posteriores a la revolución, la política internacional respecto a Irán fue compleja. Al estallar la guerra entre Irán e Irak en 1980, la administración estadounidense dirigida por Jimmy Carter osciló entre apoyar a uno u otro bando, motivada por el hecho de que la Unión Soviética apoyaba al dictador iraquí Sadam Hussein. Finalmente, Carter optó por establecer un acuerdo con Hussein, suministrándole equipos militares e incluso autorizando el uso de armas químicas contra las fuerzas revolucionarias iraníes, con el objetivo de debilitar al nuevo régimen islámico.
Posteriormente, la orientación antioccidental de Hussein dio al traste con la relación que acababa de forjar con los Estados Unidos y Gran Bretaña, de manera que, cuando acabó la guerra entre los países árabes vecinos, se consolidó en Irak un curso de radicalización hacia la izquierda.
Por su parte, el gobierno estadounidense que sucedió al de Carter fue liderado por Ronald Reagan; un republicano que venció al mismo Carter en las elecciones de 1980 impidiéndole a este ejercer un segundo mandato. Ronald Reagan fue percibido por diversos sectores como un «outsider» en el ámbito político; sin embargo, a partir de 1967 había asumido ya el cargo de gobernador del estado de California. Con el advenimiento de Ronald Reagan a la presidencia se radicaliza la posición política del gobierno estadounidense en contra del gobierno revolucionario y teocrático de los ayatolas. Pero, de la misma forma se adversó a la República de Irak bajo el mandato de Hussein. Ronald Reagan en todo el período en el que ejerció la presidencia de los Estados Unidos, representó una línea política neoconservadora de gran presencia en el mundo entero, máxime que se asoció con la primera ministra del Reino Unido de entonces (1979-1990), de semejante signo ideológico neoconservador, Margaret Thatcher.
A pesar de que Irán e Irak compartieron un enemigo común en el imperio estadounidense, de momento no lograban reconstruir completamente las relaciones diplomáticas entre ambos estados. Durante el conflicto, estos países enfrentaron enormes desafíos y tensiones, las cuales dificultaron la reconciliación plena una vez finalizada la guerra. Sin embargo, después de casi diez años de enfrentamientos y una profunda conflagración, Irán e Irak consiguieron establecer un acuerdo, si bien precario en 1988 para poner fin a la guerra. Este acuerdo marcó el fin de la guerra, permitiendo a ambos países poner término a la hostilidad directa, aunque sin haber alcanzado un restablecimiento total de sus vínculos políticos y sociales.
Evolución de las relaciones entre Irán e Irak desde la revolución Islámica hasta la actualidad
-La influencia del partido Baas y el estallido de la guerra Irán-Irak
El partido Baas tomó el control político en Irak en la década de 1960, adoptando una actitud cada vez más combativa respecto a los conflictos fronterizos con Irán. Tras el triunfo de la revolución islámica iraní en 1979, Saddam Hussein, entonces líder iraquí, decidió invadir Irán ese mismo año, motivado tanto por disputas territoriales como por el interés en apoderarse de las zonas petroleras estratégicas ubicadas en territorio iraní. Sin embargo, la situación en el campo de batalla cambió a partir de junio de 1982, cuando el ejército iraní empezó a ganar terreno y logró recuperar todas las áreas que había perdido frente a las fuerzas iraquíes.
-El estancamiento del conflicto y el inicio de una nueva etapa. La normalización de relaciones tras la caída de Saddam Hussein
La guerra entre Irán e Irak se prolongó durante más de ocho años, finalizando en un empate sin un claro vencedor. Posteriormente, las tensiones no cesaron: Irán se opuso abiertamente a la coalición internacional encabezada por Estados Unidos en la guerra del Golfo de 1991 contra Irak, lo que marcó el inicio de una nueva fase en la relación bilateral.
Con la caída de Saddam Hussein en 2003 y el ascenso de facciones chiitas favorables a Irán en el gobierno iraquí, se inició un proceso de normalización en los lazos entre ambos países. A partir de ese momento, Irak permitió la entrada de peregrinos chiitas iraníes a los santuarios sagrados ubicados en territorio iraquí. Un hecho significativo ocurrió en marzo de 2008, cuando el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad realizó la primera visita oficial de un jefe de Estado iraní a Irak desde la revolución islámica de 1979. A su vez, el ex primer ministro iraquí Nouri al-Maliki realizó varias visitas a Irán a partir de 2006, mostrando simpatía por su programa nuclear.
Desde entonces, Irán se ha convertido en el principal socio comercial de Irak y ambos países han establecido una alianza sólida, colaborando estrechamente, especialmente en la lucha contra el Estado Islámico. Este acercamiento se ha visto facilitado por la afinidad religiosa, ya que ambos gobiernos están liderados ahora por musulmanes chiitas. Sin embargo, la creciente injerencia de Teherán en los asuntos internos de Irak ha generado malestar social, desembocando en protestas ciudadanas contra la intervención extranjera y la presencia de milicias respaldadas por Irán, que han llegado incluso a hostigar y atacar a la población civil.
Las causas de la invasión de Estados Unidos e Israel a Irán
Estados Unidos es la potencia militar más poderosa del Planeta. A la vez ha sido una de las naciones económicamente más fuertes y todavía, aunque a duras penas, mantiene esa primacía. Si bien, muchos críticos y analistas cuestionan que lo siga siendo, dado el portentoso desarrollo alcanzado por la República Popular China especialmente en este siglo XXI.
Por otra parte, el desarrollo no significa pura y simplemente crecimiento de la producción apoyada por la tecnología. Está visto que tales indicadores son insuficientes para reflejar el desarrollo de una nación. Ya que una nación puede haber alcanzado un alto crecimiento de su producto nacional bruto (PNB), pero tener sumido en el atraso y la pobreza a una gran parte de su población. Suele ocurrir este fenómeno en los países consumistas y capitalistas que no distribuyen la riqueza que producen. Bien se ha dicho que el mercado, el capitalismo puede tener crecimiento, pero distribuir muy mal la riqueza. Es lo común en el modo capitalista de producción, el mercado crea riqueza, incluso puede estimular la riqueza excesiva, pero se muestra incompetente para distribuir el producto socialmente creado.
El economista André Gunder Frank fue uno de los que insistió más en que el capitalismo es un sistema concentrador del producto social y por lo tanto, generador de una vasta desigualdad y también va dejando como sucedáneo pobreza y pobreza extrema. “El desarrollo del subdesarrollo” bautizó Gunder Frank al capitalismo de los países más pobres y atrasados del planeta.
Por otra parte, el capitalismo, como se sabe desde los estudios del teórico marxista alemán Rudolf Hilferding (léase su obra Das Finazkapital, publicada por vez primera en Viena en 1910), después de alcanzar una fase muy elevada de producción a base de capital industrial, pasa a una nueva fase en virtud de la cual se produce la fusión del capital bancario con el capital industrial, que da como resultado la creación de un nuevo tipo de capital: el capital financiero. Quiere esto decir que, los grandes jefes de las industrias fusionadas entre sí se convierten al mismo tiempo en los mandamases de los grandes bancos y viceversa.
Tal fusión deriva en la creación de este nuevo tipo de Capital, propio del capitalismo maduro que se conoce como capital financiero. De esta manera, del capitalismo liberal, competitivo y pluralista, se pasa al capital monopolista, superconcentrador de las ganancias y los capitales que, para continuar creciendo y desarrollarse, no le basta con mantenerse en los linderos del país donde se originó, sino que su destino es migrar constantemente allende sus fronteras para así explotar los recursos y materias primas de todas las naciones, hasta en los últimos confines de la tierra. Para seguir incrementando la cuota de plusvalía o ganancia, no respeta fronteras, ni legislación, ni cultura nacional alguna. Se transforma en un tipo de capitalismo avasallador y destructivo de la soberanía de las naciones. Es en esas condiciones en donde los dueños de los grandes bancos, que son los mismos dueños de empresas monopolísticas, se alían a la vez con los dueños de la industria armamentística, la cual aparece por todas partes, provocando invasiones por doquier y creando guerras, cada vez que lo considere necesario para explotar los recursos ajenos. Esta es una nueva dinámica, la dinámica del capitalismo monopolista.
Trump es uno de los exponentes más genuinos de un gobernante al servicio de este tipo de capital monopólico, como lo fue Hitler, motor de la segunda guerra mundial en el siglo pasado. En general, los gobernantes estadounidenses y de otros países representantes del capitalismo avanzado -ora en competencia despiadada, ora en alianzas siniestras- han venido denotando ese tipo de comportamiento colonial primero, neocolonial después. En términos generales, esto es lo que ocurre hoy en el medio oriente, en cuyos lares los gobernantes de los Estados Unidos se aliaron con su socio Israel, para amparar la supremacía creada y mantener la hegemonía regional. Tal es la lógica del capital monopolista de Estado, representada muy bien por Donald Trump y su vasallo Netanyahu, quienes han puesto todos los enormes recursos de sus países al servicio de los grandes monopolios y la supremacía belicista.
Hoy uno de sus verdugos no es otro que Irán, el tercer país con mayor existencia de recursos petrolíferos del mundo, apetecido por las grandes potencias, la principal de ellas hoy por hoy son los Estados Unidos.
Alberto Salom Echeverría, capitalismo monopolista, geopolítica, guerra Irán-Irak, hegemonía, imperialismo, medio oriente, petróleo, revolución islámica, soberanía nacional
