LO QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE

Por Memo Acuña (sociólogo y escritor costarricense)

En los primeros años de este siglo incursionamos en estudios que trataban de profundizar en la relación entre migración y salud, tanto en Costa Rica como a nivel regional centroamericano. Lo hicimos como parte de nuestras primeras experiencias en la investigación social en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) junto al experimentado colega Abelardo Morales, con quien compartí por años (y sigo haciéndolo aún) en estos temas.

El Ministerio de Salud de Costa Rica, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OMS-OPS), el Fondo de Población de Naciones Unidas y la CEPAL fueron algunos entes que nos encargaron la tarea, en aquellos años, de investigar las condiciones y los determinantes existentes en el vínculo entre movilidades y procesos de salud.

Trabajamos aspectos como los ámbitos laborales, sociales, comunitarios , territoriales y culturales, tratando de explicar la existencia de factores incidentes en dicha relación. Lo hicimos con el instrumental teórico y metodológico disponible en aquellos años: investigación documental; fuentes institucionales combinadas con trabajos de campo en los que la observación, la entrevista y el desarrollo de otras técnicas nos daban amplios resultados para traducirlos posteriormente en análisis e información oportuna para la toma de decisiones.

De todos los trabajos realizados he recordado ahora, en estos años pandémicos, uno en especial. Tenía como objetivo escudriñar la situación de salud en las poblaciones móviles y migrantes en zonas de frontera y de asentamiento en Centroamérica y el Caribe.

Desarrollamos estudios de caso y discutimos acerca de una metodología que nos permitiera hacer el enlace entre el abordaje sociológico y el sanitario. Apareció entonces la caja de herramientas de los denominados “sitios centinela”, proveniente de la epidemiología, a la que acudimos con respeto y le hicimos algunos ajustes, los necesarios para que nos permitiera obtener la información sociológica que andábamos buscando en los casos seleccionados.

El sitio centinela es una metodología de recolección de datos para la vigilancia de enfermedades transmisibles. Consiste en el monitoreo y evaluación constantes, de una población determinada y ubicada en un espacio específico. Fue utilizada a finales de los años noventa por primera vez en una campaña para erradicar la viruela, promovida por OPS.

Sobre estas características metodológicas montamos un abordaje específico para detallar la relación entre migración y salud en los casos seleccionados. El diálogo entre disciplinas había fortalecido nuestra intervención investigativa.

En un artículo de reciente publicación (“Es el momento de la epidemiología?”, La Nación, Lunes 3 de enero de 2022) el colega epidemiólogo de la Universidad Nacional en Costa Rica, Juan José Romero se pregunta, desde una actitud autocrítica y proactiva, sobre los alcances de la disciplina y su rol protagónico durante la gestión pública de la contingencia sanitaria. Se cuestiona sobre su futuro, en una profunda reflexión sobre el presente en el que le ha tocado orientar, desde sus análisis y proyecciones.

En su momento, el artículo menciona lo que para mi es el argumento central de su abordaje: la posibilidad real de que los métodos predictivos que la disciplina promueve obtengan un bajo nivel de certeza toda vez que la variabilidad vendría a estar constituida por el factor humano.

Lo que si es constante, quisiera arriesgar una interpretación libre de la propuesta planteada por Jota (como se le dice con cariño en el ámbito universitario), es el vigor con que la disciplina ha ido ganando terreno y sus diálogos con otras posibilidades analíticas, que ha terminado por consolidarla como un campo de estudio en expansión.

Lo único cierto es la incertidumbre cuando se trata del comportamiento humano. Tan impredecibles, alguna vez acompañadas de temores, resistencias y condicionantes sociopolíticos e ideológicos, las personas somos el único factor de un modelo de análisis en materia epidemiológica, que constituimos certeza de riesgo. Por ello, las otras variables explicativas provendrían del mundo de la sociología, la antropología, la comunicación, (entre otras) que conformarían una estructura sólida para tratar de entender lo que nos ocurre como civilización a esta hora y en este tiempo.

El desarrollo del Coronavirus que no acaba y las nuevas enfermedades a nivel global, plantean el desafío de contar con herramientas cada vez más elaboradas donde una lectura compleja orientará la mirada requerida. Por ello es urgente atravesar puentes, abandonar los estancos disciplinarios y abordar con sentido crítico los problemas que se presenten. En el caso de la epidemiología y su vínculo con otras lecturas metodológicas, llegó para quedarse y las ciencias sociales están prestas para acompañar su camino.

Es necesario trazar estas líneas para entender mejor lo que nos pasa. Contaminarnos, al buen decir del filósofo colombiano Santiago Castro Gómez. Vamos a ello.

Imagen: https://medicina.udd.cl/