
Lula y la batalla digital: cómo la izquierda conquistó las redes y logró una remontada histórica en Brasil
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil no solo representó el regreso de la izquierda al gobierno de la principal economía latinoamericana. También marcó un punto de inflexión en la disputa política contemporánea: por primera vez, un proyecto progresista logró revertir una derrota electoral apoyándose en una estrategia digital capaz de competir con la hegemonía que la derecha había construido durante años en las redes sociales.
Juan Carlos Cruz Barrientos para SURCOS
La remontada de Lula sorprendió incluso a muchos de sus propios partidarios. Tras la primera vuelta, el escenario parecía favorable al bolsonarismo. La ventaja obtenida por la extrema derecha alimentó la percepción de que la izquierda volvía a enfrentarse a una derrota en el terreno donde más dificultades había mostrado durante la última década: el ecosistema digital.
Sin embargo, tres semanas después, Lula no solo logró revertir el resultado, sino que se convirtió en el primer candidato desde el retorno de la democracia brasileña capaz de perder una primera vuelta y terminar ganando la presidencia.
La elección de las plataformas digitales
El proceso electoral dejó una conclusión que muchos analistas consideran ineludible: la disputa política ya no se libra únicamente en los territorios, los partidos o los medios tradicionales. Las plataformas digitales se han convertido en el principal campo de batalla.
La campaña estuvo marcada por una intensa circulación de contenidos, operaciones de influencia y una creciente preocupación por la capacidad de las redes sociales para intervenir en los procesos democráticos.
Desde el entorno de Lula surgió incluso la idea de que será necesario avanzar hacia una regulación de estas plataformas para limitar la capacidad de actores externos de influir en las decisiones electorales mediante algoritmos, campañas coordinadas y la difusión masiva de desinformación.
André Janones y el “ejército virtual” de Lula
Uno de los nombres más citados tras la victoria fue el del diputado André Janones, convertido para muchos observadores en el arquitecto de la ofensiva digital que terminó inclinando la balanza electoral.
El llamado “ejército virtual de Lula” nació pocos días después de la primera vuelta. Organizado principalmente a través de WhatsApp, reunió a millones de seguidores y funcionó como una red de distribución de contenidos destinada a responder rápidamente a los mensajes de la derecha, posicionar tendencias, amplificar mensajes favorables a Lula y combatir informaciones falsas.
La tesis de Janones era sencilla: mientras la izquierda dedicaba esfuerzos a construir argumentos elaborados, la derecha dominaba la atención pública mediante formatos breves, emocionales y altamente adaptados a la lógica de las plataformas.
Según esta visión, la batalla política digital no consiste únicamente en convencer, sino primero en captar la atención. Solo quien logra ocupar el espacio mental de millones de personas puede aspirar después a persuadirlas.
Del discurso largo al lenguaje de las redes
Durante años, gran parte del progresismo latinoamericano reaccionó a las campañas digitales de la derecha mediante explicaciones extensas, análisis detallados y respuestas defensivas.
Janones sostuvo que ese enfoque resultaba insuficiente en un entorno gobernado por vídeos cortos, titulares impactantes y mensajes diseñados para provocar reacciones inmediatas.
La estrategia consistió entonces en abandonar la actitud defensiva y disputar cada espacio digital utilizando las mismas herramientas comunicativas que habían permitido a la derecha consolidar su influencia.
El objetivo era trasladar al mundo digital la capacidad comunicativa que Lula mantenía en el contacto directo con la ciudadanía.
Una remontada construida en las urnas
La comunicación digital fue importante, pero no explica por sí sola el resultado electoral.
La remontada se sustentó también en una extraordinaria movilización territorial y electoral.
En la primera vuelta, Bolsonaro había obtenido alrededor del 47% de los votos frente al 45% de Lula. La diferencia superaba los dos millones de sufragios. Sin embargo, en la segunda vuelta el líder del Partido de los Trabajadores consiguió una ventaja superior a los cuatro millones.
El cambio se explicó por tres factores fundamentales: la reducción de las ventajas bolsonaristas en grandes estados como São Paulo; el vuelco electoral en Minas Gerais, considerado tradicionalmente un estado clave para definir la presidencia; y la ampliación de la ventaja de Lula en el nordeste brasileño, su principal bastión electoral.
A ello se sumó un aumento significativo de la participación. Millones de ciudadanos que no habían acudido a votar en la primera vuelta participaron en la segunda, favoreciendo especialmente a Lula.
La combinación de movilización y comunicación
Las imágenes de las últimas semanas de campaña muestran una intensa movilización popular en calles, plazas y actos públicos.
La campaña petista no se limitó a convencer nuevos votantes. También logró reactivar a sectores de su propia base social que habían permanecido desmovilizados durante la primera vuelta.
La combinación entre organización territorial y ofensiva digital terminó generando una sinergia decisiva. Las redes ayudaban a difundir los mensajes, pero la presencia física en los barrios y ciudades transformó esos mensajes en participación electoral efectiva.
La reacción de la derecha mediática
Tras conocerse los resultados, sectores de la derecha política y mediática comenzaron a cuestionar la legitimidad del proceso electoral.
Diversos medios y figuras asociadas al bolsonarismo difundieron sospechas sobre un supuesto fraude, centrando sus críticas en la decisión de ampliar durante dos horas el horario de votación en algunas zonas afectadas por problemas logísticos y climáticos.
Sin embargo, los datos disponibles mostraron que la medida había sido solicitada por distintos actores políticos y avalada por las autoridades electorales competentes.
La narrativa del fraude recordó a episodios recientes en distintos países donde sectores de la extrema derecha reaccionaron ante derrotas electorales cuestionando las instituciones democráticas sin aportar pruebas concluyentes.
Paralelamente, surgieron advertencias sobre un supuesto colapso económico, la reacción negativa de los mercados y la incertidumbre política que generaría el regreso de Lula al poder.
Brasil y el equilibrio político latinoamericano
La importancia de la elección brasileña trasciende las fronteras nacionales. Brasil representa cerca de un tercio del producto interno bruto de América Latina y es el principal socio comercial de varios países de la región. Cualquier cambio en su orientación política repercute sobre las dinámicas económicas, diplomáticas y geopolíticas del continente.
La victoria de Lula fortalece una visión de política exterior orientada a la integración regional, la cooperación Sur-Sur y el fortalecimiento de espacios multilaterales como los BRICS y el Mercosur.
Su proyecto contrasta con las posiciones defendidas por el bolsonarismo, más alineadas con Washington y con una menor apuesta por los mecanismos de integración latinoamericana.
Una victoria con desafíos enormes
La victoria de Lula abre una nueva etapa política, pero también plantea desafíos considerables. El nuevo gobierno deberá convivir con un Congreso fragmentado y en muchos casos hostil, con importantes gobiernos estatales controlados por el bolsonarismo y con una sociedad profundamente polarizada.
Además, la disputa digital que marcó la campaña electoral está lejos de haber terminado. Las redes sociales seguirán siendo un espacio central de confrontación política, cultural e ideológica.
Lo ocurrido en Brasil deja una enseñanza para toda América Latina: la comunicación digital se ha convertido en un factor estratégico de primer orden. La victoria de Lula demuestra que la izquierda puede competir en ese terreno, pero también evidencia que las campañas del siglo XXI ya no se ganan únicamente con programas, estructuras partidarias o liderazgo político. Hoy también se deciden en algoritmos, plataformas y pantallas.
La elección brasileña de 2026 será recordada, probablemente, como la primera gran demostración de que una estrategia progresista bien articulada pudo disputar con éxito la hegemonía digital de la derecha y convertir esa batalla por la atención en una victoria electoral histórica.
Fuente: pódcast La Base (7×30), ‘Lula: remontada’, 26 de octubre de 2026”.
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