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Etiqueta: desinformación

Cuba, los drones y la fábrica mediática imperial

José A. Amesty Rivera

La reciente publicación del medio estadounidense Axios en su artículo, Exclusiva: Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba, sobre una supuesta “amenaza de drones cubanos” contra intereses de EEUU, no puede analizarse como una noticia aislada. No estamos frente a un simple reportaje de seguridad internacional, sino ante una operación comunicacional cuidadosamente diseñada para instalar miedo, fabricar consenso y preparar psicológicamente a la opinión pública ante posibles acciones más agresivas contra Cuba.

La historia es vieja en América Latina, cada vez que Washington necesita justificar sanciones, bloqueos, invasiones o golpes blandos, primero construye un enemigo; y para construirlo, necesita medios de comunicación obedientes, amplificadores de rumores, filtraciones “clasificadas”, expertos alineados y titulares alarmistas. Esta vez le tocó nuevamente a Cuba.

El artículo de Axios intenta presentar a Cuba como una especie de plataforma militar ofensiva apoyada por Irán, Rusia y China. Habla de drones, espionaje, asesores militares iraníes, soldados cubanos en Ucrania y hasta posibles ataques a Florida, todo mezclado en una narrativa de tensión permanente.

Pero el mismo texto termina contradiciéndose; después de encender las alarmas durante varios párrafos, reconoce finalmente que los funcionarios estadounidenses “no creen que Cuba represente una amenaza inminente”, es decir, el gran titular se derrumba por sí mismo.

Entonces surge la pregunta elemental, si no existe amenaza inmediata, ¿por qué fabricar semejante escándalo mediático?

Porque el imperialismo estadounidense necesita mantener viva la imagen de Cuba como enemigo, necesita justificar el bloqueo criminal que asfixia al pueblo cubano desde hace más de seis décadas, necesita convencer a la opinión pública estadounidense de que la isla no es una víctima de agresión económica, sino un “peligro regional”. Y aquí entra la maquinaria mediática.

Durante años, muchos sectores progresistas latinoamericanos denunciaron cómo grandes corporaciones mediáticas actuaban como verdaderos partidos políticos de derecha; hoy el fenómeno es más profundo, los medios no solo manipulan elecciones o destruyen dirigentes populares, también ayudan a construir escenarios de guerra.

Axios no actúa aquí como prensa independiente, funciona como canal de filtración de sectores del aparato de seguridad estadounidense. La propia nota admite que la información proviene de inteligencia clasificada, es decir, alguien dentro del poder estadounidense decidió entregar ese relato al medio para que fuera difundido masivamente.

Y el problema no es solo la filtración, el problema es la ausencia total de contraste periodístico. No hay pruebas verificables sobre esos supuestos planes cubanos de ataque, no aparecen documentos públicos, no se muestran imágenes satelitales, no se presentan fuentes independientes, todo descansa sobre “altos funcionarios estadounidenses”.

En otras palabras, el lector debe creerle ciegamente al Pentágono, a la CIA y al Departamento de Estado. Esto no es periodismo serio, es propaganda imperial con apariencia de noticia.

Lo ocurrido recuerda demasiados episodios históricos. EEUU tiene larga experiencia inventando amenazas para justificar agresiones: ocurrió con el hundimiento del Maine en 1898 para intervenir en Cuba, aconteció con el Golfo de Tonkín para escalar la guerra en Vietnam, pasó con las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, ocurrió con las falsas acusaciones sobre Libia, Siria y Venezuela.

Ahora el esquema se recicla contra Cuba utilizando un elemento moderno, los drones. La narrativa es casi de película, una isla pequeña, empobrecida y bloqueada aparece presentada como una amenaza tecnológica regional vinculada a Irán y Rusia; es el clásico mecanismo de miedo geopolítico, y mientras tanto, se oculta la verdadera realidad.

La realidad es que Cuba vive una crisis económica brutal agravada por el bloqueo estadounidense, es que millones de cubanos sufren apagones, escasez y dificultades cotidianas, es que Washington mantiene medidas de asfixia económica destinadas explícitamente a provocar desesperación social, pero nada de esto ocupa los grandes titulares.

Hay además una hipocresía monumental en toda esta campaña. EEUU posee cientos de bases militares alrededor del mundo, mantiene flotas navales cerca de múltiples países, financia guerras indirectas, utiliza drones armados en distintos continentes, invade, sanciona y amenaza constantemente. Sin embargo, cuando Cuba habla de defensa nacional, inmediatamente se convierte en “amenaza”.

La Habana respondió correctamente recordando un principio básico del derecho internacional, todo país tiene derecho a defenderse, y eso es cierto. Cuba conoce demasiado bien la historia de agresiones estadounidenses, como: invasiones, sabotajes, terrorismo, bloqueo económico, atentados y operaciones encubiertas forman parte de más de sesenta años de hostilidad permanente.

¿O acaso ya olvidaron Playa Girón? ¿La Operación Mangosta? ¿Los cientos de intentos contra Fidel Castro?

Cuando un país vive bajo amenaza constante, prepararse defensivamente no es agresión; es supervivencia. Hoy las guerras ya no comienzan solamente con bombas, comienzan con narrativas.

Primero se demoniza al adversario, luego se exagera el peligro, después se habla de “seguridad nacional”, “amenaza regional” o “protección de la democracia”, finalmente llegan las sanciones, las operaciones encubiertas o la intervención directa.

La batalla mediática es parte esencial del conflicto contemporáneo; por esto la política comunicacional de muchos grandes medios occidentales resulta tan peligrosa, no informan para comprender la realidad, informan para moldearla según intereses de poder.

Y en el caso cubano, existe además un objetivo psicológico, aislar internacionalmente a la isla y desgastar moralmente a los pueblos latinoamericanos solidarios con la revolución cubana.

Se busca instalar la idea de que Cuba es inviable, peligrosa, fracasada y aislada, que toda resistencia al imperialismo termina derrotada, que no existe alternativa posible al dominio estadounidense. Es una guerra ideológica permanente.

Desde una perspectiva seria de izquierda latinoamericana, defender a Cuba no significa negar sus problemas internos, económicos o dificultades políticas, significa comprender el contexto histórico real.

No se puede analizar la situación cubana ignorando el bloqueo económico más largo de la historia moderna, no se puede hablar honestamente de crisis cubana sin mencionar las sanciones financieras, el cerco comercial y la persecución económica extraterritorial impulsada por Washington.

Muchos medios internacionales presentan la realidad cubana como si el bloqueo no existiera o fuera un detalle secundario, esto también es manipulación. La izquierda latinoamericana tiene el deber de desmontar esas operaciones comunicacionales, no desde el fanatismo, sino desde el análisis crítico y antiimperialista.

Porque cuando atacan a Cuba, no atacan solamente a un gobierno, arremeten contra el símbolo histórico de soberanía latinoamericana que la revolución cubana representa desde 1959. Acometen la idea misma de que un pequeño país pueda resistir al poder imperial más grande del planeta.

Lo más grave del artículo de Axios, es que normaliza la posibilidad de una acción militar estadounidense; el propio texto reconoce que esa información “podría convertirse en un pretexto para una acción militar”, y aun así publica el material sin cuestionarlo.

Esto demuestra hasta qué punto ciertos medios ya ni siquiera esconden su alineamiento con los intereses geopolíticos de Washington. Se intenta crear una atmósfera donde futuras agresiones parezcan “preventivas”, “necesarias” o incluso “defensivas”, exactamente igual que ocurrió antes de Irak en 2003.

La fórmula se repite: fabricar miedo; exagerar amenazas; demonizar al adversario; preparar psicológicamente a la población; justificar medidas agresivas. Nada nuevo bajo el sol imperial.

Pese a todas las dificultades, Cuba sigue siendo un símbolo incómodo para el poder estadounidense, porque demuestra que un país pequeño puede resistir durante décadas sin rendirse completamente, que sigue defendiendo su soberanía, que aún conserva una profunda legitimidad histórica en amplios sectores populares del continente.

Por esto la ofensiva no es solamente económica, también es mediática, cultural e ideológica. Se busca quebrar la moral colectiva, convencer a las nuevas generaciones de que toda experiencia antiimperialista está condenada al fracaso.

Sin embargo, la historia latinoamericana enseña otra cosa, los pueblos resisten incluso en las condiciones más difíciles. Y hoy más que nunca resulta necesario denunciar cómo ciertos medios corporativos, actúan como instrumentos de guerra psicológica al servicio de intereses imperiales.

La campaña contra Cuba no trata realmente sobre drones, trata sobre soberanía, sobre control geopolítico, sobre el miedo de Washington a cualquier experiencia que desafíe su dominio histórico sobre América Latina.

Por esto, frente a las mentiras mediáticas, frente a las operaciones psicológicas y frente a la manipulación imperial, la tarea sigue siendo la misma, defender la verdad de nuestros pueblos, ejercer pensamiento crítico y mantener viva la solidaridad latinoamericana.

Porque cuando el imperialismo fabrica enemigos, normalmente está preparando agresiones, y porque Cuba, con todos sus ataques y dificultades, sigue siendo una trinchera simbólica de dignidad para Nuestra América.

Cuando el misterio reemplaza a la evidencia

Jaime E. García González
Dr. sc. agr., Prof. catedrático jubilado UCR y UNED
Miembro de la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB)

biodiversidadcr@gmail.com

Las desapariciones de científicos alimentan teorías inquietantes, pero también revelan cómo el secretismo y la desinformación moldean la percepción pública.

La reciente desaparición de Ingrid Coleen Lane, neurocientífica y bioingeniera vinculada a investigaciones relacionadas con seguridad nuclear en Estados Unidos, volvió a encender en redes sociales y medios alternativos una vieja narrativa: la supuesta existencia de una cadena de científicos desaparecidos o asesinados en circunstancias misteriosas. Junto a su nombre reaparecieron casos como los de Anthony Chávez, Melissa Casias, Carl Grillmair, Michael David Hicks, Nuno Loureiro y William Neil McCasland, todos asociados de una u otra forma con proyectos científicos estratégicos.

Ingrid Coleen Lane

El tema ha sido ampliamente difundido por medios como Actualidad RT, que presentan estos hechos como una sucesión inquietante de episodios conectados. Sin embargo, análisis posteriores y recopilaciones periodísticas, como la publicada en Wikipedia sobre la teoría de los científicos desaparecidos, advierten que hasta ahora no existe evidencia sólida que demuestre una conspiración organizada detrás de estos acontecimientos.

Y precisamente allí aparece el aspecto más interesante del fenómeno: no solo importa lo que ocurrió, sino cómo las sociedades contemporáneas interpretan aquello que no logran explicar completamente.

Vivimos en una época marcada por la desconfianza institucional. Cuando un científico relacionado con programas nucleares desaparece sin dejar rastro, o cuando un investigador aeroespacial fallece en circunstancias poco claras, el vacío informativo rápidamente se llena de sospechas. La opacidad estatal, la cultura del secreto en áreas de defensa y la dificultad para acceder a información verificable crean el terreno ideal para que prosperen narrativas conspirativas.

No es un fenómeno nuevo. Durante la Guerra Fría, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética construyeron gigantescos aparatos científicos estrechamente ligados a intereses militares y geopolíticos. Desde el Proyecto Manhattan hasta la carrera espacial, el conocimiento científico pasó a convertirse en un recurso estratégico. Y donde existe poder estratégico, inevitablemente surgen secretismo, vigilancia y desinformación.

Sin embargo, convertir automáticamente toda desaparición en prueba de una conspiración puede ser tan problemático como negar cualquier interrogante legítima. Varias de las muertes y desapariciones mencionadas tienen explicaciones parciales, antecedentes personales complejos o investigaciones todavía abiertas. Otras simplemente fueron amplificadas en internet mediante asociaciones especulativas construidas sobre coincidencias profesionales.

Eso no significa que las preguntas deban descartarse. Las instituciones públicas tienen la responsabilidad de ofrecer información transparente y verificable, especialmente cuando los hechos involucran sectores sensibles vinculados a defensa, energía nuclear o investigación estratégica. El silencio prolongado y las respuestas ambiguas solo alimentan la incertidumbre social.

Pero el verdadero desafío contemporáneo parece ser otro: aprender a movernos entre dos extremos igualmente peligrosos. Por un lado, la ingenuidad que acepta sin cuestionar toda versión oficial. Por otro, la tendencia a interpretar cualquier vacío de información como prueba automática de conspiraciones globales.

Las redes sociales y ciertos medios digitales han convertido el misterio en un producto altamente rentable. La lógica algorítmica premia el impacto emocional, no necesariamente la evidencia. Así, historias complejas terminan reducidas a relatos simples de “científicos eliminados” o “secretos ocultos”, aunque la realidad sea mucho más ambigua.

Quizás la lección más importante de estos casos no sea demostrar la existencia de una conspiración internacional, sino evidenciar la profunda crisis de confianza que atraviesan las sociedades modernas. Cuando las instituciones pierden credibilidad, incluso las coincidencias comienzan a parecer sospechosas.

Y en tiempos donde la información circula más rápido que la verificación, el misterio suele expandirse mucho más velozmente que la verdad.

El espejismo bukelista: la trampa del régimen de excepción en Costa Rica

Por: JoseSo (José Solano-Saborío) | Entre Verdades y Opiniones

Hay verdades incómodas que, si no se dicen a tiempo, terminan costando libertades. Recientemente, un informe del Grupo Internacional de Expertos (GIPES) —analizado a profundidad por los colegas de Doble Check— puso sobre la mesa la realidad detrás del famoso «modelo Bukele» en El Salvador: crímenes de lesa humanidad, detenciones arbitrarias sin pruebas, torturas y miles de personas encarceladas injustamente. Ante esto, la respuesta del gobierno salvadoreño ha sido un manual de desinformación pura. Pero lo que debería quitarnos el sueño no es solo lo que pasa en El Salvador, sino cómo ese mismo libreto autoritario nos lo están queriendo empaquetar y vender aquí, en Costa Rica.

La falsa promesa de lo «temporal»

El oficialismo chavista no oculta sus intenciones. Hemos escuchado las declaraciones públicas y reiteradas de la presidenta electa, Laura Fernández, apuntando hacia un «modelo bukelista». Su propuesta es clara: solicitar a la Asamblea Legislativa la autorización para establecer un régimen de excepción «solo en casos necesarios», «de manera temporal» y en «zonas específicas».

Hagamos memoria y no caigamos en la trampa. Así exactamente le vendieron la idea al pueblo salvadoreño: como una medida de emergencia que duraría apenas 30 días. Este pasado 27 de marzo de 2026, esa medida «temporal» cumplió cuatro años ininterrumpidos de anular derechos constitucionales. El guion populista es predecible: te prometen ceder tus libertades por un ratito, pero una vez que prueban el poder absoluto, no lo devuelven.

El arma perfecta contra el opositor

El peligro más grande de un estado de excepción no radica en cómo trata a los criminales, sino en cómo se utiliza contra quienes resultan incómodos para el poder. En El Salvador, este régimen ha servido en bandeja de plata la excusa para perseguir sistemáticamente a opositores, periodistas, juristas y críticos.

Si creen que en Costa Rica estamos blindados contra eso, basta con ver los indicios que el chavismo ya ha dejado en nuestro propio Estado de Derecho. Hemos presenciado cómo se intenta usar el aparato estatal para intimidar, desde la burda «cama» que le intentaron hacer a Randall Zúñiga, director del OIJ, hasta los ataques desproporcionados contra comunicadores como la adulta mayor Stella Chinchilla. Peor aún, hemos cruzado líneas rojas dolorosas, como la instrumentalización de una institución como el PANI en contra de la hija del candidato opositor Álvaro Ramos.

Si este oficialismo es capaz de usar las instituciones para acosar y golpear a sus críticos bajo las reglas de una democracia normal, ¿se imaginan lo que harían con un régimen de excepción que suspende las garantías constitucionales?

Maras y carteles: realidades que no se mezclan

Más allá del peligro político, en el caso de Costa Rica un Estado de Excepción sencillamente NO se justifica. Quieren meter en un mismo saco realidades criminales que operan de forma totalmente distinta.

Las «maras» en El Salvador eran pandillas enfocadas en el control territorial de barrios, la extorsión directa y la violencia callejera focalizada. El monstruo que enfrentamos en Costa Rica es la penetración de carteles trasnacionales de la droga: crimen organizado de alta logística, redes complejas de lavado de dinero y manejo de rutas internacionales. Suspender los derechos de los ciudadanos de a pie en «zonas específicas» no va a desmantelar los capitales del narcotráfico. Lo único que logra una medida de este tipo aquí es debilitar nuestra histórica institucionalidad democrática, dándole un cheque en blanco a un gobierno intolerante a la crítica.

Un llamado a la defensa institucional

La historia nos exige estar a la altura del momento. Hago un llamado directo y urgente al Poder Judicial: ustedes son el último bastión de la legalidad en este país; no permitan que se atropelle nuestra Constitución. A la oposición en la Asamblea Legislativa: no cedan ni un milímetro ante el chantaje del populismo punitivo.

Y finalmente, a la prensa independiente y a la ciudadanía: es nuestro deber, hoy más que nunca, construir una narrativa propia, fuerte y basada en datos. No podemos permitir que la maquinaria de manipulación del oficialismo imponga su desinformación.

La democracia y las garantías ciudadanas cuestan generaciones construirlas, pero se pueden perder en la firma de un solo decreto «temporal».

Conciudadanos: No sacrifiquemos nuestra libertad por el espejismo de una falsa seguridad.

Un millón de voces: el mandato imperativo

JoseSo (José Solano-Saborío)

Pasada la “goma” electoral del 1ero de febrero, y con la cabeza fría que otorga el silencio de las urnas, es momento de analizar no solo lo que pasó, sino lo que inevitablemente viene.

Empecemos por lo incómodo, breve y directo: el triunfo del oficialismo no se explica únicamente por gestión o carisma. Sería ingenuo ignorar el elefante en la habitación. La victoria de Laura Fernández y la continuidad del proyecto “chavista” se cimentaron, en gran medida, sobre una sofisticada maquinaria de desinformación y manipulación mediática. La estrategia de la posverdad, esa donde —recordando la advertencia de Pilar Cisneros— “a veces es necesario mentir”, fue ejecutada con precisión quirúrgica. El electorado fue bombardeado con realidades paralelas que terminaron por definir el voto. Ganaron, sí, pero el costo democrático de esa victoria basada en la distorsión es una factura que apenas empezamos a deber.

Sin embargo, el escenario en Cuesta de Moras cuenta otra historia.

La nueva Asamblea Legislativa se configura con una realidad aritmética que no puede ser ignorada: 26 diputados.

Este bloque, conformado por cuatro partidos de oposición (incluyendo la sobrevivencia del PLN gracias al arrastre personal de Álvaro Ramos y el crecimiento del Frente Amplio), no es un accidente estadístico. Representan a alrededor de un millón de costarricenses.

Hagamos una pausa en esa cifra. Un millón de personas que, a pesar de la fragmentación y los egos de las dirigencias que impidieron una coalición a tiempo, salieron a votar con un mensaje claro.

Esos 26 diputados deben entender que sus curules no son cheques en blanco para el “negociado” político. No están ahí para canjear votos por puestos en el Directorio, ni para suavizar el tono a cambio de embajadas o beneficios personales.

El mandato de ese millón de ciudadanos es inequívoco: fueron electos para ser un muro de contención. Su trabajo es ser una OPOSICIÓN férrea ante la deriva autocrática que el oficialismo ha demostrado y que, empoderado por el triunfo, intentará profundizar.

La ciudadanía, que en la última semana dio cátedra de unidad espontánea ante el peligro, les está exigiendo lo mismo. El mensaje de las calles fue claro: depongan las actitudes sectarias. Guarden las banderas partidarias en la gaveta y saquen la bandera de Costa Rica.

Si estos 26 legisladores se pierden en rencillas internas, dogmáticas o, peor, se venden al mejor postor oficialista, no solo traicionarán a sus partidos; traicionarán a ese millón de votantes que, en medio de la desinformación, les confió la última línea de defensa de nuestra institucionalidad.

Señores diputados: la unidad que no lograron en campaña, están obligados a forjarla en el plenario. No hay margen de error, pero menos a la traición.

Invitación a ver:

Se acabaron las excusas. El análisis completo en el video
https://www.facebook.com/share/v/17qoCE6ojK/

¿Qué dejaron las elecciones del pasado domingo 1ero de febrero?
https://www.facebook.com/share/v/184KnuKKLE/

Candidaturas y ciudadanía firman Acuerdo Nacional contra la desinformación y los discursos de odio en el marco electoral

Antes de las elecciones generales de febrero de 2026, un grupo amplio de organizaciones académicas, sociales, medios de comunicación y colectivos ciudadanos impulsó el Acuerdo Nacional contra la Desinformación y los Discursos de Odio, una iniciativa orientada a fortalecer un debate público informado, respetuoso y transparente durante el proceso electoral. Esta plataforma, articulada a través del sitio Ojo con la Desinformación, busca contrarrestar la proliferación de noticias falsas y la polarización que puede debilitar la legitimidad y calidad de la deliberación democrática en tiempos electorales.

El acuerdo, surgido del trabajo colaborativo entre múltiples actores —incluyendo entidades como la Asociación Centro Ciudadano de Estudios para una Sociedad Abierta (ACCESA), el Centro de Investigación en Comunicación (CICOM), la Escuela de Ciencias Políticas (ECP-UCR), el Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP-UCR), el Programa de Libertad de Expresión y Derecho a la Información (PROLEDI-UCR), así como colectivos como Jóvenes por Costa Rica, Mujeres por Costa Rica y Voces Nuestras— plantea principios básicos para combatir la desinformación e impulsar una cultura de paz en el contexto electoral.

Entre los compromisos asumidos por los firmantes destacan:

  • el respeto al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) como autoridad electoral y garante del proceso democrático;

  • la verificación responsable de la información antes de compartirla;

  • la corrección oportuna de errores informativos;

  • y el rechazo a toda forma de discurso de odio y retórica violenta, incluidas aquellas generadas o amplificadas mediante herramientas tecnológicas o perfiles no verificados .

El Acuerdo también incorpora el compromiso de promover una participación política consciente, libre de manipulaciones informativas y basada en hechos verificados. Para asegurar el cumplimiento, se conformó un Equipo Ciudadano de Seguimiento —integrado por organizaciones como Voces Nuestras, Mujeres por Costa Rica, IDdeco CR, Punto y Aparte y CICOM-UCR— que emitirá informes públicos, impulsará buenas prácticas informativas y fomentará la educación cívica en torno a la verificación de datos y el respeto en el discurso público.

Esta iniciativa representa un esfuerzo colectivo para enfrentar las preocupaciones expresadas por la ciudadanía y diversas instituciones sobre el impacto de la desinformación y la polarización en la calidad del debate electoral, y reafirma que defender la verdad es defender la democracia.

📌 Puede visitar la página de Ojo con la Desinformación para ampliar la información, ver las candidaturas firmantes, acceder al documento completo y conocer cómo apoyar el Acuerdo Nacional:

https://ojoconladesinformacion.org/2026/01/28/comunicado/

El voto es un acto de conciencia

Glenm Gómez Álvarez
Sacerdote y periodista

A una semana de las elecciones, el panorama es claro: no todos quieren ciudadanos libres. Muchos prefieren súbditos emocionales, que reaccionen antes de pensar. Y sí, en muchos casos, la campaña política se nos ha reducido a un espectáculo estéril, lleno de miedos, prejuicios y evasión de los problemas reales: desigualdad, violencia, corrupción, educación, salud y justicia social.

Hay candidatos que ponen, con honestidad, de sí lo mejor, pero eso no exime al elector de su responsabilidad. La democracia depende de la conciencia activa de cada ciudadano: escuchar, discernir y decidir desde la razón y los principios. La libertad se ejerce, y ejercerla exige valentía para no dejarse arrastrar por consignas ni emociones manipuladas. Cada atajo que evita la reflexión ciudadana, cada temor sembrado, debilita los cimientos de nuestra vida colectiva.

Lo digo con sano orgullo: en este proceso, la Iglesia católica ha actuado con la coherencia que exigen la Constitución y su propia misión. Hemos evitado el partidismo, respetado los límites legales y, sobre todo, honrado una convicción más exigente: la fe no sustituye la conciencia; la interpela. No decirle a nadie por quién votar no es cálculo político; es una apuesta radical por la libertad responsable. Formar conciencias es más incómodo que dirigir votos, pero infinitamente más honesto.

El contraste duele. Otros han elegido el camino corto: agitar emociones primarias y convertir la contienda electoral en una “guerra moral absoluta”. Usar la fe como escudo o como arma no eleva la democracia; la empobrece y la condiciona.

Peor aún es reducir el discernimiento ético a etiquetas partidarias. El Evangelio no divide al mundo entre progresistas y conservadores; lo divide entre quienes sirven auténticamente a la verdad y quienes la manipulan. Encerrar la fe en una categoría política es asfixiarla. Cuando el mensaje cristiano se acomoda a una agenda, deja de incomodar a la conciencia para empezar a servir al poder. Todo lo que confirma prejuicios y legitima trincheras no es fe; es una caricatura espiritual que tranquiliza, pero no transforma.

El Evangelio no tiene partido, pero toma posición: defiende la dignidad humana, la justicia y la verdad. Usarlo para imponer miedos es traicionarlo; silenciarlo para no incomodar, también.

El voto no puede ser un desahogo ni un castigo emocional. Es un acto moral. Exige memoria para no repetir errores, información para no creer mentiras y honestidad intelectual para resistir el bombardeo de la desinformación.

Al entrar en la urna, los intermediarios desaparecen. No entran las consignas, ni los símbolos manipulados, ni las amenazas del algoritmo. Usted queda a solas con su conciencia, ese lugar sagrado donde nadie puede decidir por usted.

Allí, en el silencio, surge la verdad más incómoda: cada voto compromete. Escuche a su conciencia; ignorarla es la peor traición.

La urna es un espejo. Que refleje su libertad, no el eco de los intereses ajenos.

Pronunciamiento de la Academia Nacional de Ciencias de Costa Rica en el marco de las próximas elecciones

El desarrollo de la ciencia constituye un elemento fundamental en las sociedades modernas que aporta en la generación de conocimiento sobre la realidad natural y social, contribuyendo al bienestar, la prosperidad y la equidad. Costa Rica, a lo largo de su historia, ha logrado avances importantes en ciencia, lo cual ha impactado en múltiples aspectos de la vida nacional.

La ciencia no sólo contribuye al desarrollo económico y social, sino que, además, forma parte integral de la cultura. La ciencia alimenta los valores democráticos y le hace frente a la intolerancia, los dogmatismos y las fake news (noticias falsas). De ahí a importancia de que en nuestro país la investigación científica reciba el apoyo político y económico que requiere.

Desafortunadamente, existen tendencias a nivel internacional, con cajas de resonancia en nuestro propio país, que tienden a debilitar a la ciencia, cercenando el apoyo gubernamental a la misma, cuestionando a las instituciones que la desarrollan y generando entornos culturales antagónicos a la práctica y los valores de la ciencia. En particular, los ataques de determinados sectores políticos a las universidades públicas son preocupantes, pues estas instituciones son precisamente el nicho principal de generación de investigación científica del país.

En vísperas de las elecciones nacionales, la Academia Nacional de Ciencias hace un llamado vehemente a la ciudadanía y a los partidos políticos para que valoren la importancia de la ciencia en la vida del país y, en consecuencia, tomen decisiones que conlleven un apoyo decidido a la promoción de la ciencia en todas sus manifestaciones. La ciencia nacional debe ser fortalecida, nunca debilitada.

No pasa un día

José Luis Callaci.

José Luis Callaci

No pasa un día en el que no sepamos de gente que repite como cacatúa los contenidos de una propaganda occidental controlada por ese poder neocolonial que aún sobrevive, cargado de falsedades y mentiras, a pesar de los grandes cambios que generan esperanza y avizoran la construcción de un mundo de equilibrios que acabe con los dominios imperiales.

El que ha conducido a una especie de lógica perversa y siniestra que provoca confusión y hasta enajenación, y un mundo ficticio de ignorancia y acentuados miedos tan bien descritos en la obra 1984 de George Orwell.

Baste citar solo un ejemplo: se ha logrado vender a diestra y siniestra que todo lo malo que haya pasado, pase o vuelva a pasar será siempre culpa de los “malos” o sea de los rusos. Sin llegar a esos extremos pesimismos que mueven a la inmovilidad y la permisibilidad, suelen resultar vanos los esfuerzos en hacer ver la realidad de los hechos o utilizando argumentos irrebatibles para deducir dónde está la verdad y dónde está la mentira.

Tal es el grado de deterioro cognitivo que no resiste un análisis de carácter serio, social y político.

La explicación o interpretación tal vez esté o la encontremos en lo que algunos consideran podría tratarse de extravíos mentales relacionados con esa reconocida patología conocida como fobia. Algo sumamente grave cuando ocurre entre humanos y específicamente contra la idiosincrasia, las costumbres, la cultura, las creencias o las mismas etnias, de algún pueblo que habita en este hogar común, nuestro planeta.

El de todos.

Es algo que adormece aquello que tan bien describieron los filosos griegos, los que los sucedieron y en general los grandes precursores del racionalismo, que no solo pone en juego la sana convivencia entre naciones y pueblos y esa paz mundial que de romperse amenaza hoy con la propia destrucción de la especie humana. Pero esa lucha histórica y sin fin continuará para que esa verdad se imponga.

La que nunca se dará por vencida, ni aun sintiéndose vencida, hasta destruir las mentiras vestidas de verdad.

Jóvenes de 19 partidos políticos llaman a la población a salir a votar y promover una campaña basada en el diálogo y el respeto

  • El llamado se enfoca en cuatro mensajes claros a la ciudadanía: salir a votar; dialogar con respeto; enfocarse en ideas y propuestas, no en ataques; y no compartir desinformación ni mensajes de odio.

  • El pronunciamiento surge del Pacto Ético Interpartidario Sitio Mata 2026, un acuerdo de 25 compromisos éticos redactado por este grupo de jóvenes que representan 19 partidos políticos de distintas corrientes ideológicas.

  • El Pacto ha sido firmado por 20 partidos políticos y promovido en eventos regionales en las siete provincias.

San José. A pocas semanas de las elecciones del 1 de febrero, jóvenes representantes de 19 partidos políticos de distintas corrientes ideológicas hicieron hoy un llamado a la ciudadanía a salir a votar y a contribuir a que el proceso electoral sea marcado por el diálogo respetuoso, la convivencia democrática, y el rechazo a la desinformación y a los ataques personales.

El llamado de este grupo de jóvenes se enmarca en el Pacto Ético Interpartidario Sitio Mata 2026, un acuerdo de 25 compromisos éticos para el proceso electoral, redactado en consenso por estos jóvenes de distintas agrupaciones políticas durante un encuentro realizado en la comunidad de Sitio Mata, Turrialba, en septiembre del año pasado. La iniciativa es liderada por la asociación cívica Costa Rica Íntegra –capítulo nacional de Transparencia Internacional– con el respaldo de varias embajadas y organizaciones.

El Pacto fue firmado por representantes de 20 partidos políticos, incluyendo 10 personas candidatas a la Presidencia de la República, en un acto el 7 de noviembre –Día de la Democracia Costarricense– en el Tribunal Supremo de Elecciones. Adicionalmente, se llevaron a cabo siete eventos regionales en las siete provincias del país en los cuales personas candidatas a la Asamblea Legislativa también firmaron el Pacto a título individual.

Las personas jóvenes destacaron que el valor del Pacto radica en su diversidad ideológica: “Venimos de partidos distintos y pensamos diferente en muchos temas, pero coincidimos en algo fundamental: Costa Rica merece un proceso electoral donde el diálogo y el respeto estén por encima del ataque y la desinformación”.

El Pacto compromete a los partidos políticos a promover una campaña electoral bajo los principios de integridad, honestidad, respeto y libertad de expresión; a rechazar la violencia política y la desinformación; a acatar la autoridad del Tribunal Supremo de Elecciones; y a centrar sus campañas en propuestas y no ataques personales, entre otros compromisos.

A través del llamado realizado hoy, el grupo de jóvenes invita a la población en general a sumarse a estos compromisos. Asimismo, consideran que, promover una campaña limpia y respetuosa no es solo la responsabilidad de los candidatos y los partidos políticos; “nos corresponde a todos y todas. La democracia la tenemos que cuidar todos los días en nuestras conversaciones cotidianas, nuestras comunidades y en las redes sociales,” señalaron.

Las personas jóvenes que redactaron el Pacto son muy conscientes de que los niveles de abstencionismo en la población menor de 30 años fueron altísimos en las elecciones pasadas. Por eso quieren motivar especialmente a otros jóvenes a votar y a participar activamente en estas elecciones,” comentó Mauricio Artiñano, Coordinador de la iniciativa del Pacto.

Durante las próximas semanas, los jóvenes estarán promoviendo estos mensajes a través de redes sociales y medios de comunicación, como parte de una campaña llamada “¡Qué lindo vivir en demoCRacia!” liderada por Costa Rica Íntegra y la Incubadora de Liderazgos +Costa Rica. De la misma manera, como parte de la campaña estarán circulando videos cortos donde dos o más de ellos(as) –de diferentes partidos– comparten mensajes sobre respeto, diálogo y llamado al voto.

Los partidos políticos que han firmado el Pacto son: Coalición Agenda Ciudadana (Partido Acción Ciudadana y Partido Agenda Democrática Nacional), Partido Compatriotas, Partido Aquí Costa Rica Manda, Partido Centro Democrático y Social, Partido Frente Amplio, Partido Justicia Social Costarricense, Partido Alianza Costa Rica Primero, Partido Avanza, Partido Esperanza Nacional, Partido Integración Nacional, Partido Liberación Nacional, Partido Liberal Progresista, Partido Movimiento Tiempo de Valientes, Partido Nuestro Pueblo, Partido Progreso Social Democrático, Partido Pueblo Soberano, Partido Unidad Social Cristiana, Partido Unidos Podemos y Partido Unión Costarricense Democrática.

La iniciativa del Pacto Sitio Mata y la campaña ¡Qué lindo vivir en demoCRacia! cuentan con el respaldo de las Embajadas de Suiza, Países Bajos, Canadá, Reino Unido, Luxemburgo y la Unión Europea en Costa Rica, así como del Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional), la Fundación Friedrich Ebert y el Fondo Ryoichi Sasakawa para Líderes Jóvenes (Sylff).

Mucho ruido, poca verdad: cortinas de humo y manipulación

Por Sharo Rosales Arce

Entender su uso para seguir cuestionando, disintiendo y denunciando

¿Qué son y cómo funcionan?

Una cortina de humo no es solo una expresión popular. Existe un amplio respaldo teórico desde la comunicación, la sociología del poder y la psicología social que explica cómo gobiernos autoritarios, líderes tiránicos o élites con poder desvían deliberadamente la atención pública para atenuar, ocultar o desplazar temas que amenazan su control, su conveniencia política o que evidencian escándalos, abusos o fracasos estructurales.

La cortina de humo funciona cuando logra que el público mire en otra dirección. Opera activando emociones primarias como el miedo, la ira o el odio, ya sea enardeciendo a las personas o paralizándolas, dificultando así la acción colectiva y la toma de decisiones racionales. También funciona mediante la creación de enemigos simbólicos o imaginarios sobre los cuales descargar frustraciones sociales.

¿Cómo lo logran? ¿Cuál es la estrategia?

A continuación, algunas teorías y modelos clave que permiten comprender este fenómeno.

Teoría de la Agenda Setting (McCombs y Shaw)

Esta teoría plantea que los medios de comunicación no determinan directamente qué pensar, pero sí influyen decisivamente en sobre qué pensar, ya que la relevancia que la audiencia otorga a un tema depende en gran medida del énfasis y la cobertura que reciba en la agenda mediática.

Aplicada a las cortinas de humo, esta teoría permite observar cómo gobiernos y líderes impulsan temas emocionales, escandalosos o polarizantes (apelando al morbo, al miedo o a la ira) con el objetivo de desplazar la atención de asuntos medulares de interés público, como casos de corrupción, crisis económicas o indicadores desfavorables de gestión. De este modo, se sobredimensionan eventos secundarios, se especula o incluso se miente para silenciar los problemas realmente relevantes.

Un ejemplo recurrente, especialmente en contextos electorales, es la activación de debates morales, la construcción de conflictos ficticios entre “los buenos y los malos”, la creación de enemigos internos o externos y la activación de guerras en momentos de crisis.

Estas estrategias suelen ir acompañadas de la producción de narrativas alternativas que son reproducidas acríticamente por redes sociales y algunos medios de comunicación, construyendo relatos que justifican, relativizan o invisibilizan desaciertos y abusos de poder. Así, la causa de los problemas nunca se presenta como estructural, sino que se deposita la culpa en “otros” ya sea opositores políticos, personas migrantes, minorías o supuestas conspiraciones.

La Teoría del Espectáculo (Guy Debord)

En La sociedad del espectáculo (1967), Guy Debord describe cómo el capitalismo transforma la vida social en una acumulación de imágenes y representaciones que sustituyen la experiencia real por una “realidad-apariencia paralela”, alienando a las personas y convirtiéndolas en espectadoras incluso de su propia existencia.

En las sociedades contemporáneas, la política se ha convertido en espectáculo, y éste no solo vende, sino también funciona como una poderosa cortina de humo. El exceso de imágenes, escándalos y declaraciones ruidosas distrae, fragmenta la atención y dificulta la reflexión crítica de la ciudadanía. Múltiples estímulos compiten simultáneamente por la atención, aumentando el riesgo de que las personas pasen de ser actores políticos a meros espectadores pasivos de “shows políticos” cuidadosamente montados.

El uso tiránico de esta estrategia se sostiene mediante un estado de shock permanente aparejado a la saturación de la agenda con eventos irrelevantes pero llamativos, que absorben tiempo y energía social.
Cuando todo es espectáculo, nada importa realmente.

Teoría del Framing o del Encuadre (Goffman / Lakoff)

La teoría del framing de Goffman popularizada y aplicada a la política por Lakoff, sostiene que la manera en que se narra un acontecimiento proporciona un marco de interpretación que guía la comprensión de las audiencias a través de códigos o “pistas” No solo importa qué se comunica, sino cómo se comunica. Los marcos funcionan como guías o mapas mentales que orientan la interpretación de la realidad.

En contextos de manipulación política, estos encuadres se diseñan de forma intencional (y malintencionada), apelando a miedos, suspicacias, prejuicios y antagonismos. En esta manera de “construir la realidad”, actores políticos seleccionan, enfatizan u omiten información para moldear percepciones, opinión y actitudes públicas de acuerdo a sus intereses.

Así, con esta Cortina de humo discursiva, una persona disidente pasa a ser presentada como enemiga; una mujer víctima de femicidio como provocadora de su propia muerte; quien defiende la justicia social como “comunista”; una funcionaria que denuncia irregularidades como “entorpecedora de la gestión”. A la represión se la denomina “orden”, a la amenaza “prevención” y a la censura “protección”.

El marco determina la interpretación y, en muchos casos, bloquea el pensamiento crítico.

La Doctrina o Estrategia del Shock (Naomi Klein)

Naomi Klein explica cómo fuerzas políticas, corporativas y élites aprovechan crisis reales o fabricadas para imponer medidas impopulares y violentas, capitalizando el miedo, la confusión y el trauma social para evitar la resistencia.

Esta perversa estrategia constituye una cortina de humo organizada que busca provocar caos y sensación de urgencia. Se concreta mediante una avalancha de datos, acusaciones falsas o informaciones contradictorias que no dejan tiempo para argumentar o refutar, ya que un nuevo conflicto se instala de inmediato.

El objetivo es mantener a la población emocionalmente desregulada, cansada y desorientada, reduciendo su capacidad de organizar oposición o resistencia. No resulta extraño, entonces, que ante una crisis de seguridad se propongan leyes represivas, o que frente a una crisis económica se impulsen recortes sociales. Medidas (deliberadas a costa de los intereses y derechos ciudadanos) que serían ampliamente rechazadas en contextos normales logran así ser implementadas.

Psicología del Autoritarismo y construcción del enemigo

Diversas corrientes de la psicología social señalan que las personas pueden aceptar el autoritarismo cuando sienten miedo, buscan orden o se identifican con figuras percibidas como “fuertes”. El tirano conoce estos mecanismos y los explota, promoviendo la hostilidad hacia lo diferente y ofreciendo enemigos visibles sobre los cuales proyectar frustraciones, mientras oculta su propia violencia.

Se construye una narrativa simple y maniquea: nosotros versus ellos, buenos versus malos. La cortina de humo opera aquí a nivel psíquico, desviando el malestar social hacia chivos expiatorios.

Estas prácticas no son exclusivas de los gobiernos. También se observan en líderes y tiranos cotidianos: personas manipuladoras o abusivas que generan drama, victimización estratégica y conflictos emocionales para evitar rendir cuentas. El patrón de la Cortina de Humo es el mismo: desviar la atención del abuso hacia el conflicto.

Posverdad y saturación informativa

Dos fenómenos contemporáneos e interconectados que agravan este escenario. Por un lado, la posverdad, definida por la RAE como la “distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública”. En este contexto, la verdad pierde peso frente a narrativas emocionalmente atractivas, simplificadas y prefabricadas. Algunos ejemplos son: esparcir rumores, hacer acusaciones falsas de personas que denuncian abusos, que visibilizan retrocesos o invitan al debate de ideas con argumentos, propagar teorías conspirativas, enmascarar como víctimas a los victimarios, entre otros.

Por otro lado, la saturación informativa supera la capacidad de procesamiento de las personas. El exceso de datos, noticias falsas y desinformación genera ansiedad, dificultad para tomar decisiones, confusión y parálisis cognitiva. La verdad no siempre se oculta; muchas veces se ahoga en un mar de versiones contradictorias, produciendo cansancio, apatía y rendición ciudadana.

Desmontar la cortina es un acto político

Aceptar una cortina de humo es renunciar a comprender. Las cortinas de humo no son errores de comunicación ni fenómenos accidentales: son estrategias deliberadas de poder. Funcionan porque apelan a emociones primarias, saturan la atención, simplifican la realidad y desplazan la responsabilidad. Su eficacia no radica solo en quien las produce, sino también en el terreno social donde encuentran silencio, cansancio o resignación.

Frente a ello, pensar críticamente se convierte en un acto profundamente político. Preguntar quién gana con determinada narrativa, qué temas desaparecen cuando otros irrumpen con estridencia, a quién se construye como enemigo y qué derechos se recortan mientras miramos hacia otro lado (distraídos/as con el show), es una forma de resistencia cotidiana.

Cuestionar, disentir y denunciar no es incomodar por deporte. Es defender la posibilidad misma de una democracia viva. En tiempos de espectáculo permanente, posverdad y saturación informativa, sostener la reflexión, el diálogo argumentado y la memoria colectiva es hacer la diferencia.

Desmontar una cortina de humo implica rehusar ser personas espectadoras pasivas, negarse a aceptar verdades prefabricadas y recuperar la responsabilidad de mirar de frente aquello que el poder intenta ocultar. Porque cada vez que alguien nombra el abuso, señala la manipulación o insiste en la complejidad, la cortina se resquebraja.

Y es en ese resquicio (incómodo, valiente, lúcido y necesario) donde aún es posible construir justicia, dignidad y futuro.

Referencias Bibliográficas

Adorno, T. W., Frenkel-Brunswik, E., Levinson, D. J., & Sanford, R. N. (1950). The authoritarian personality. Harper & Brothers.

Debord, G. (1967). La sociedad del espectáculo. Buchet-Chastel.

Fromm, E. (1941). El miedo a la libertad. Farrar & Rinehart.

Goffman, E. (1974). Frame analysis: An essay on the organization of experience. Harvard University Press.

Herman, E. S., & Chomsky, N. (1988). Manufacturing consent: The political economy of the mass media. Pantheon Books.

Klein, N. (2007). The shock doctrine: The rise of disaster capitalism. Metropolitan Books.

Lakoff, G. (2004). Don’t think of an elephant!: Know your values and frame the debate. Chelsea Green Publishing.

McCombs, M. E. (2004). Setting the agenda: The mass media and public opinion. Polity Press.

McCombs, M. E., & Shaw, D. L. (1972). The agenda-setting function of mass media. Public Opinion Quarterly, 36(2), 176–187. https://doi.org/10.1086/267990

Oxford Dictionaries. (2016). Post-truth. Oxford University Press.

Real Academia Española. (2017). Posverdad. En Diccionario de la lengua española (23.ª ed.).

Por Máster Sharo Rosales Arce. Comunicadora. Es investigadora de género y gestora en desarrollo organizacional.