Pueblo tribal afrocostarricense… ¿exclusión o reconocimiento?
Bernardo Archer Moore
En Cahuita ha surgido una polémica que merece ser aclarada con seriedad:
¿El término “Pueblo Tribal Afrocostarricense” excluye a quienes no son afrodescendientes?
La respuesta es no.
Pero hay que entender por qué.
Este término no es una etiqueta social ni una categoría racial. Es una figura jurídica, reconocida por el Estado costarricense mediante el Decreto Ejecutivo N.º 43532 (2022), en aplicación del Convenio 169 de la OIT.
Su propósito no es dividir, sino proteger derechos colectivos, especialmente el derecho a la Consulta Previa, Libre e Informada.
Entonces, ¿De dónde nace la confusión?
Nace de la conveniencia —no siempre inocente— de interpretar el término como un filtro absoluto.
Esa distorsión interpretativa crea una narrativa, donde se asume que solo afrodescendientes pueden pertenecer o participar. Sembrando temores, resentimientos y divergencias donde debería prevalecer la unidad y el apoyo. Quizás, ese es el propósito.
Sin embargo, el derecho internacional es claro: La pertenencia a un pueblo tribal se basa en la autoidentificación y el reconocimiento comunitario.
Eso refleja la realidad de Cahuita: Una comunidad diversa, con raíces afrocaribeñas profundas, pero también con familias mixtas y personas que han aportado históricamente al desarrollo del territorio; de allí el calificativo de estar todos en el mismo bote.
Aquí está el meollo del asunto:
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El fundamento jurídico del pueblo es afrodescendiente.
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Pero su expresión social es diversa e inclusiva.
Confundir estos dos planos genera división. Y la división debilita el derecho.
Si el concepto se vuelve excluyente (decir que algunos son y otros no), se pierde legitimidad. Y si se vacía de contenido histórico, pierde sustento jurídico.
Por eso, la solución no es eliminar el término, sino entenderlo correctamente:
“Pueblo Tribal Afrocostarricense” no significa exclusión.
Significa reconocimiento histórico con derechos colectivos.
Al final, lo que está en juego no es una palabra, sino algo más profundo:
El derecho de un pueblo a definirse a sí mismo sin ser dividido.
Porque cuando hay confusión, alguien siempre se beneficia.
Y rara vez es el pueblo.
De ahí la urgencia de seguir avanzando juntos, en paz, en el mismo barco—como siempre lo hemos hecho.
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