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Etiqueta: Universidad Necesaria

50 años de historia y desafíos: La Escuela de Planificación de la UNA presenta libro conmemorativo

Dr. Efraín Cavallini Acuña
Comunicador

La Escuela de Planificación y Promoción Social de la Universidad Nacional de Costa Rica-EPPS-UNA y en el marco de la celebración de Semana de la EPPS, se llevó a cabo este martes 8 de setiembre de 2026, la Presentación Libro: “Fundamentos teóricos y metodológicos de la Escuela de Planificación y Promoción Social: Historia y desafíos a 50 años de su fundación”.

A la actividad realizada en la Sala de Conferencias de la Facultad de Ciencias Sociales se hicieron presentes autoridades universitarias, cuerpo docente, estudiantes, personas autoras, miembros del comité editorial, funcionarios y público interesado.

La conducción de este evento estuvo a cargo de la Dra. Priscila Mena Garcìa, Académica de la EPPS-UNA, quien expresó el honor y privilegio de presentar una obra fundamental dentro del acervo académico y social de la Universidad Nacional y de esta Unidad Académica (EPPS) titulado: “Fundamentos teóricos y metodológicos de la Escuela de Planificación y Promoción Social: Historia y desafíos a 50 años de su fundación”: “Este texto no solo conmemora cinco décadas de trayectoria, compromiso y vocación de la EPPS, sino que también ofrece un espacio riguroso de reflexión crítica”, indicó Mena, para quien, a lo largo de sus páginas, el libro reconstruye la memoria histórica de la Escuela, analiza las bases conceptuales y metodológicas que han guiado su labor, y plantea las interrogantes y retos necesarios para seguir transformando las realidades comunitarias y territoriales de nuestro país.

Detrás de este valioso aporte se encuentra un esfuerzo colectivo de investigación y sistematización de personas académicas de la EPPS quienes son los autores de esta obra: Master Gonzalo Ramírez Guier, Dr. Ángel Ortega Ortega, Dr. Giovanni Rodríguez Sánchez, Máster Oscar Juárez Matute, asimismo, se contó con la destacada dedicación del Comité Editorial integrado por: Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli, Historiador-Catedrático, Dra. Sylvia Arredondo Guevara-Académica UNA, Dra. Priscila Mena García-Académica UNA y el Dr. Efraín Cavallini Acuña, Académico, representación que hizo posible esta publicación con el apoyo de la entidad Progreso Editorial.

La apertura de este acto estuvo a cargo del Máster Carlos Adrián Ulate Azofeifa, Director de la Escuela de Planificación y Promoción Social-EPPS, quien manifestó que a lo largo de más de 50 años desde la EPPS se han realizado acciones académicas, tanto en docencia, investigación, extensión como acciones políticas con organizaciones y comunidades en todo el territorio nacional, lo cual ha permitido un gran impacto y ayudar a cambiar el devenir histórico.

Para el Director, de esta manera, la Unidad Académica ha tratado de contribuir en la planificación del desarrollo mediante la organización popular, el fortalecimiento de la participación democrática de los diversos sectores sociales, la profesionalización del sector público y la elaboración de planes y estrategias de desarrollo:

“Entre los diversos sujetos de la planificación económica y social en los procesos indicados, se deben destacar organizaciones comunales, asociaciones artesanales y de productores, sindicatos, cooperativas, cámaras empresariales, micro y pequeñas empresas, municipalidades, instituciones autónomas y entidades del gobierno central”, señaló Ulate, quien agregó que el sello característico de la EPPS-UNA ha sido el trabajo organizativo que se ha nutrido de las diversas corrientes teóricas, con métodos y técnicas de participación desde el paradigma crítico, asumiendo como objeto de estudio la promoción social de los sujetos para su participación e incidencia en procesos de planificación que generen una transformación social, en procura de la mejora de sus condiciones y medios de vida.

El Máster Gonzalo Ramírez Guier, autor, es economista, estudió en la Universidad de Boston y en la Universidad de Glasgow, Gran Bretaña. Fue académico de la EPPS de 1977 a 2023 donde fungió como docente, subdirector, coordinador de investigación y de extensión, coordinador del diseño del primer plan de estudios de Licenciatura (1977-78) y miembro de la Comisión de Diseño del último plan de estudios de la escuela (2020-2021), compartió con las personas presentes sobre el contenido del libro y de su experiencia.

Ramírez, en su exposición hizo referencia a que la Universidad Nacional nace en 1973, y un año después se crea la Escuela de Planificación y Promoción Social-EPPS UNA, como parte del proyecto de la universidad necesaria impulsada por Pbro. Benjamín Núñez y de quienes impulsaron dicho proyecto. Destacó que: “la dirección del proyecto de la UNA se puso en manos de Benjamín Núñez, sacerdote de “armas tomar”, con una larga trayectoria política socialdemócrata. Su poder, influencia y trayectoria de liderazgo en temas de cambio social fueron fundamentales para orientar el proyecto”.

Para este académico es oportuno señalar la situación particularmente compleja del contexto nacional cuando se dio la apertura de la UNA y la EPPS, escenario el cual respondía a una coyuntura de crecimiento económico y desarrollo social por parte de algunos sectores de la sociedad, pero de estancamiento para otros: “Por un lado, se puede mencionar el fuerte impulso al fortalecimiento de la industria nacional y el desarrollo de sectores dinámicos vinculados a esta. En contraposición, el estancamiento de las zonas rurales de producción tradicional, el agotamiento de la frontera agrícola y la migración hacia el Valle Central y, en particular, hacia San José y demás sectores del conglomerado metropolitano; así como la escaza cualificación de las nuevas mazas de fuerza de trabajo disponible, vinieron a evidenciar las contradicciones sociales presentes en una sociedad que se preciaba por ser una de las más igualitarias de América Latina”, reveló este autor del libro, y agregó que en ese contexto nacional se toma una decisión de Estado: volver la mirada al agro para dinamizarlo económicamente y modernizarlo estructuralmente, de esta manera, utilizar la producción agropecuaria para sostener el crecimiento económico, detener el ciclo productor de desempleo y pobreza.

En tal sentido, el propósito de crear la UNA era claro: promover la disminución de la desigualdad social, lo cual pasaba a impulsar el acceso a la educación universitaria de sectores que hasta ese momento tenían esa posibilidad sumamente restringida. Asimismo, preparar cuadros profesionales calificados para su incorporación en la industria y el incipiente sector de servicios.

Ramírez Guier expuso, que en el contexto que surge la UNA se hacía indispensable el fortalecimiento de sectores excluidos socialmente, como los pequeños campesinos, artesanos, trabajadores urbanos no calificados y el sector público especial de localidades rurales y urbanas marginadas, con poco o nulo acceso a servicios básicos, equipamiento social e infraestructura: “Tal fortalecimiento implicó el desarrollo de habilidades productivas, pero también la promoción de su participación política y capacidades organizacionales. Es así como se hace pertinente crear una escuela con características particulares que, hasta ese momento, resultaban inexistentes en el marco académico universitario costarricense y centroamericano. Es así como se funda la Escuela de Planificación y Promoción Social como productora de pensamiento, conocimiento y transformación y formación de profesionales capaces de conducir la transformación de las estructuras sociales que impedían el desarrollo y producían pobreza, de esta manera, atender y estudiar los principales problemas estructurales que se ubicaban en el agro, y ahí se dirigió la estrategia de la EPPS-UNA”, el expositor, puntualizó que el proceso desarrollado por la Unidad Académica, requirió una relación muy vigorosa entre Docencia + Investigación + Extensión, el trabajo fue necesariamente multidisciplinario y transdisciplinario, con participación de las ciencias sociales y una fuerte relación con la Facultad de Tierra y Mar y la Escuela de Ciencias Económicas.

Para el máster Gonzalo Ramírez, el sello característico de la EPPS-UNA ha sido el trabajo organizativo que se ha nutrido de las diversas corrientes teóricas, con métodos y técnicas de participación desde el paradigma crítico, asumiendo como objeto de estudio la promoción social de los sujetos para su participación e incidencia en procesos de planificación que generen una transformación social, en procura de la mejora de sus condiciones y medios de vida: “ De esta manera, la Escuela de Planificación y Promoción Social ha trabajado de manera conjunta con los actores sociales protagónicos de los cambios sociales de la sociedad costarricense; es decir, con las bases sociales que promueven el desarrollo desde sus comunidades y espacios vitales. Tanto los equipos académicos, como estudiantiles, son los que, de manera concreta, en conjunto con los grupos sociales, han logrado gestar los procesos descritos”.

Teniendo en cuenta los logros y alcances de la unidad académica mediante sus diversas acciones se deben considerar los múltiples cambios generados en el entorno global y su gran impacto en el contexto global, estos cambios también han implicado transformaciones sociales, culturales y tecnológicas; además, del desarrollo en el ámbito disciplinar, lo cual exige transformaciones estructurales para la unidad académica, tanto en su accionar como en su concepción de la planificación económica y social, concluyó el señor Gonzalo Ramírez, co-autor del libro.

Este libro presenta un análisis histórico, descriptivo e interpretativo que narra parte de los acontecimientos en los 50 años de fundación de la Escuela de Planificación y Promoción Social (EPPS) de la Universidad Nacional (UNA), desde la perspectiva de las personas autoras. Se debe tomar en cuenta que uno de los autores fue cofundador de la unidad académica y demás se formaron en planificación y promoción social en diferentes épocas, por lo tanto, aportan sus interpretaciones desde diversas coyunturas.

Una advertencia importante para la persona lectora es que los capítulos del libro pueden leerse de manera individual, pues cada uno está construido de tal manera que presenta una estructura propia y, por lo tanto, no hay una linealidad entre ellos.

La otra característica es que los autores han tratado de realizar una interpretación personal en la narrativa de los acontecimientos en los que surge la Universidad Nacional y la EPPS, lo hacen desde sus propias vivencias, en ese sentido, no hay neutralidad, por el contrario, son parte integral de lo narrado, pues forman parte del proceso histórico de la unidad académica.

La exposición de cierre del acto académico estuvo a cargo del señor Ángel Ortega Ortega, quien es Doctor en Gestión Pública y Ciencias Empresariales por el Instituto Centroamericano de Administración Pública, Máster en Gestión de Proyectos de la Universidad Estatal a Distancia y Licenciado en Planificación de la Universidad Nacional, ocupó el cargo de director de la Escuela de Planificación y Promoción Social, habiendo ocupado previamente el cargo de coordinador del Programa de Posgrado en la misma Unidad Académica durante cinco años. A lo largo de los últimos 20 años, ha trabajado en docencia, investigación y extensión en la UNA, especializándose en proyectos y planificación.

El Dr. Ortega señaló el esfuerzo de la EPPS-UNA desde sus orígenes por producir cuadros profesionales altamente capacitados para operar en las condiciones de campo, científicos capaces de investigar las necesidades de la población, de organizar colectivos bajo formas empresariales eficientes y de planificar el desarrollo futuro de la empresa o del territorio.

Para ello, se recurrió a la teoría de la organización, a los mejores métodos y técnicas del desarrollo organizacional, y a la teoría y la práctica de la economía del desarrollo y de la planificación. El estudiantado y la escuela aplicaron desde sus inicios ese corpus técnico de acuerdo con el principio metodológico de llevar la teoría a la práctica, al involucrar a la población meta en todas las etapas del proceso y de constatar, mediante el ejercicio de la crítica, los resultados de la aplicación de la teoría, para luego retornar a un nivel teórico superior que permitiese ir desarrollando procesos de creciente complejidad.

Este esquema estaba organizado y desarrollado a través de la concatenación del programa de docencia con un robusto programa de extensión y con el programa de investigación: “De esta forma, el ciclo descrito de teoría-práctica-teoría, se traducía, dentro de la escuela, en una estructura que ligaba la docencia (teoría) con la extensión (práctica) y la investigación (creación y síntesis teórica). La EPPS ha sido consecuente a lo largo de su quehacer, teniendo en cuenta la juventud de las personas participantes en sus actividades, la relativa escasez de los recursos disponibles y las limitaciones formativas del estudiantado. Por ello, se debe señalar que tanto la promoción como la planificación son intrínsecamente multi y transdisciplinarias, y que a lo largo de la malla curricular y de los planes de estudio de la EPPS, se puede encontrar un hilo conductor teórico, que le ha dado sentido a todo el proyecto académico”, detalló Ortega.

Este autor de la obra señaló que La Escuela de Planificación y Promoción Social, ha jugado un papel importante en la consolidación de la relación universidad-sociedad por medio de la extensión, su trabajo sistemático hacia afuera le ha dado un reconocimiento especial con los actores sociales e institucionales en todas las regiones del país. El medio principal de ese proceso hacia afuera fue y siguen siendo los cursos de prácticas capaces de vincular los tres ejes misionales clásicos de: docencia, extensión e investigación.

Ortega señaló, que se debe destacar una serie de acciones desplegadas por la EPPS-UNA, tales como la incorporación en el plan de estudios de bachillerato y licenciatura de varios de los componentes innovadores señalados, fortaleciendo a la investigación, el análisis crítico y las nuevas tendencias temáticas en planificación y las vinculadas a esta.

Asimismo, dijo que se han fortalecido los posgrados de la unidad académica al promover su actualización en el caso de la Maestría en Planificación y sus diversos énfasis, así como la apertura de la Maestría en Prospectiva Estratégica. A su vez, se ha participado en algunas iniciativas de construcción de escenarios de largo plazo, como el Plan Estratégico Nacional al 2050 o PEN-50, acción liderada por el Mideplan, en el que se plantea un modelo de desarrollo equitativo y democrático basado en una economía sostenible, digital y descarbonizada (Mideplan, 2022): “ Todo lo anterior implica una serie de retos para la planificación económica y social, retos que pasan el análisis crítico de sí misma y su objeto de estudio a partir de su pertinencia, teniendo en cuenta las continuas transformaciones, sociales, económicas, políticas, culturales y tecnológicas de la sociedad del entorno global y sus consecuencias en la sociedad costarricense a 5 décadas de la fundación de su unidad académica matriz”.

Este académico de la EPPS-UNA comentó el papel de la planificación en otras latitudes como China y Singapur. Resaltó los esfuerzos que se vienen realizando para la actualización y pertenencia del Plan de Estudios Actual, el cual ha preservado el mandato social que mantiene intacta la filosofía fundacional: poner la planificación al servicio de los sectores y territorios en condiciones de vulnerabilidad, de ahí, haber obtenido la Acreditación y Sello de SINAES, cuyo Plan de Estudios de 2017-2019 fue rediseñado como parte del compromiso de mejora para la acreditación oficial de la carrera con el sello del Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (SINAES), además que la evaluación y métodos cuantitativos permitan seguir fortaleciendo la evaluación, herramientas de planificación, estadística, investigación, economía política, asimismo, aplicar el Tándem Planificación y Prospectiva, donde se profundiza en la visión de planificación estratégica de largo plazo-prospectiva-construcción de escenarios futuros viables, como complemento a la planificación táctica y operativa: Prospectiva: ¿ qué puede pasar?, Estrategia: Qué vamos a hacer.

Sobre las perspectivas hacia el futuro: el Tándem Planificación y Prospectiva, el Dr. Ángel Ortega, hizo referencia a que el futuro es también una perspectiva fundamental en la formación de una persona profesional en planificación económica y social, en ese sentido, habrá que prepararlos sobre la metodología y los principales abordajes de la prospectiva. Al mismo tiempo, la planificación económica y social deberá vincularse con herramientas y metodologías prospectivas:

“Cabe mencionar perspectivas de la prospectiva muy originales y críticas, por ejemplo, en el libro El gran giro de América Latina: hacia una región democrática, próspera e incluyente de Sergio Bitar, Jorge Máttar y Javier Medina. Estos autores plantean que se debe construir escenarios plausibles en el futuro con la participación ciudadana y un Estado activo e inteligente, que fortalezca la democracia para abatir la pobreza y la desigualdad, al mismo tiempo que emprenda un camino sólido hacia el desarrollo sostenible. En síntesis, los autores señalan la necesidad de un nuevo contrato social (Bitar et al., 2021)”.

Para el Doctor Ángel Ortega la complejidad de las sociedades modernas interpela tanto a la planificación económica y social, como a las ciencias sociales en su conjunto para llevar a cabo abordajes cada vez más integradores, donde cada una de las especialidades deben aportar su acervo disciplinar de manera articulada con los otros conocimientos para la comprensión de realidades complejas e hipercomplejas, por ello, es pertinente la necesidad de integración de conocimientos académicos, donde la planificación es llamada a realizar aportes:

“Ahora bien, a los retos mencionados en las líneas anteriores se debe sumar la necesidad de incorporar, en el ámbito disciplinar y en el quehacer de las personas profesionales en planificación, las nuevas tecnologías para la recopilación, análisis, presentación y comunicación de la información producida por la realidad y relevante para los procesos de planificación del siglo XXI, así como las nuevas formas de generar y apropiarse del conocimiento”, concluyó el académico de EPPS, Ángel Ortega.

En ese sentido, el presente libro narra con detalles los cambios y trasformaciones vividas en los 50 años de existencia de una carrera que nació con el propósito de contribuir a mejorar la calidad de las personas, a partir de la organización de los sectores populares. Aquel propósito sigue vigente, pero con cambios en una Costa Rica más compleja y diferente, que hoy demanda un proceso de planificación mucho más integrador, sustentable, prospectivo, participativo y democrático.

Invitamos a toda la comunidad académica y a la ciudadanía a adentrarse en la lectura de este libro, que sin dudas será de mucho provecho para las presentes y futuras generaciones de planificadores y planificadoras.

Enlace al libro: “Fundamentos teóricos y metodológicos de la Escuela de Planificación y Promoción Social: Historia y desafíos a 50 años de su fundación”: https://www.escueladeplanificacion.una.ac.cr/index.php/phoca/2-libros

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De la universidad necesaria a la universidad comercial: crítica a la pérdida del pensamiento laboral en la UNA

Frank Ulloa Royo

Introducción

El Instituto de Estudios del Trabajo (IESTRA) de la Universidad Nacional de Costa Rica fue creado en 1973 como parte de la visión de una universidad necesaria: un espacio abierto a los trabajadores, sindicatos y cooperativas, que democratizara el acceso al conocimiento y fortaleciera la organización social (Universidad Nacional, 1973). Su misión era clara: formar dirigentes obreros y sindicales, convertir la universidad en herramienta de emancipación y dotar al movimiento laboral de cuadros críticos y preparados.

Allí llegaron a estudiar, gracias a la visión de Francisco Morales y del Rector Benjamín Núñez, importantes dirigentes sindicales de todas las corrientes ideológicas, muchos de ellos sin haber completado sus estudios secundarios, pero cuya experiencia de vida fue reconocida como parte de la democratización de la educación superior. En ese espacio se creaban intelectuales orgánicos, en el mejor sentido del término, tal como lo definió Antonio Gramsci: sujetos capaces de articular la experiencia de las clases subalternas con la producción de pensamiento crítico y acción política transformadora (Gramsci, 1971).

Sin embargo, en 2010 el IESTRA fue transformado en la Escuela de Administración, un giro institucional que reflejó la presión de las corrientes neoliberales y la demanda estudiantil por títulos “comerciales” más rentables en el mercado laboral (Rodríguez, 2015). Este cambio significó la pérdida de un espacio académico para los trabajadores y la sustitución de la formación sindical por carreras administrativas que, aunque útiles en términos técnicos, resultan estériles frente a los retos de la precarización laboral y la defensa de los derechos conquistados.

El ataque ideológico y sus consecuencias

Aceptar esta transformación sin resistencia implica permitir un ataque ideológico contra los trabajadores, sus reivindicaciones y sus organizaciones. La universidad, que debía ser aliada en la defensa de la dignidad laboral, se convierte en reproductora de las lógicas neoliberales (Harvey, 2007). Aceptar y permitir el ataque ideológico contra los trabajadores y sus organizaciones sindicales no es un hecho menor: significa abrir la puerta a un retroceso profundo en derechos conquistados con décadas de lucha.

En la práctica, esto se traduce en la confusión ideológica por el desconocimiento de los procesos de trabajo, y por tanto en la fácil imposición de jornadas arbitrarias sin consulta ni negociación, en el irrespeto sistemático al pago de salarios, y beneficios de estabilidad laboral y seguridad social, la eliminación de la negociación colectiva y en la normalización del hostigamiento y la violencia laboral que quedarían impunes. Implica también el incumplimiento de salarios y prestaciones, el riesgo real de que conquistas históricas como la ley de aguinaldo sean abolidas, y el debilitamiento de las protecciones específicas para las mujeres trabajadoras. En conjunto, estas consecuencias configuran un escenario de precarización y despojo que erosiona la dignidad del trabajo y amenaza la vigencia misma del Estado social de derecho.

El sindicalismo costarricense ha advertido que agotará todas las vías de presión social, administrativas y judiciales para defender la autonomía sindical y el Estado social de derecho, pero hasta ahora ha sido una posición retórica sin estrategia ni consecuencias prácticas. (Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas [CSA], 2020).

La contradicción universitaria y la calidad docente estudiantil

La Universidad Nacional de Costa Rica fue concebida como una universidad necesaria, comprometida con la democratización del conocimiento y con la formación de cuadros críticos capaces de transformar la sociedad. El Instituto de Estudios del Trabajo (IESTRA) fue su expresión más clara: un espacio que reconocía la experiencia sindical y laboral como parte legítima de la educación superior, y que buscaba formar intelectuales orgánicos en el sentido gramsciano, es decir, dirigentes capaces de articular la práctica obrera con el pensamiento crítico (Gramsci, 1971).

Sin embargo, la presión por títulos más “rentables” y la influencia de las corrientes neoliberales transformaron la oferta académica en un catálogo de carreras administrativas que poco aportan a los retos contemporáneos del trabajo precarizado y la defensa de los derechos laborales (Torres, 2018). Este desplazamiento no solo significó la pérdida de un espacio para los trabajadores, sino también un deterioro en la calidad docente y estudiantil, pues se privilegió la lógica del mercado sobre la misión social de la universidad.

Ya en los años ochenta, el autor advertía en Praxis que la calidad universitaria no podía reducirse a indicadores técnicos ni a la proliferación de carreras sin sentido histórico. Señalaba que “la responsabilidad académica en la creación de programas debía medirse por su pertinencia social y por su capacidad de responder a las necesidades del país, no por la cantidad de títulos expedidos” (Ulloa, 1989, p. 72). Esta crítica sigue vigente: la UNA corre el riesgo de convertirse en una universidad comercial, desconectada de los trabajadores y de la sociedad costarricense.

Como señala Castillo (2012), la autorreforma sindical requiere también recuperar espacios académicos que fortalezcan la capacidad crítica y la legitimidad social del movimiento. En este sentido, la calidad universitaria debe ser entendida como un concepto integral que incluye la pertinencia social, la formación ética y la capacidad crítica, y no únicamente como un estándar técnico o administrativo. La contradicción universitaria es, entonces, el reflejo de una lucha inconclusa: entre la universidad necesaria que democratiza el conocimiento y la universidad comercial que lo mercantiliza.

El movimiento sindical frente al desafío

El sindicalismo no puede aceptar pasivamente este retroceso, pues hacerlo significaría abrir la puerta a la desprotección laboral y a la pérdida de conquistas históricas que han costado décadas de lucha. Como advierte Ermida (2012), “sin pensamiento crítico, no hay sindicalismo vivo; sin sindicalismo vivo, no hay democracia real” (p. 45). La autorreforma sindical y la recuperación de espacios académicos son, por tanto, parte de una misma lucha: la defensa de la dignidad del trabajo y de la democracia social frente a la ofensiva neoliberal.

La universidad debe volver a ser un espacio de formación democrática, capaz de enfrentar la precarización, la digitalización y la fragmentación del trabajo. En este sentido, la alianza entre sindicatos y academia es indispensable para reconstruir poder colectivo y legitimidad política, tal como lo planteaba Ulloa (1989) al señalar que la calidad docente y estudiantil debía medirse por su pertinencia social y no por la mera expedición de títulos.

Hoy se trata de una lucha de resistencia por la permanencia de los sindicatos como actores centrales del mundo del trabajo, que enfrentan no solo las amenazas ideológicas, sino también los retos de los cambios tecnológicos y de la inteligencia artificial. Estos procesos, lejos de ser neutrales, tienden a eliminar puestos de trabajo, reducir salarios y favorecer modelos autoritarios de gestión laboral, generando adhesión acrítica en un mundo del trabajo cada vez más fragmentado (Harvey, 2007).

En suma, la defensa de los derechos laborales y la democratización de la universidad son luchas inseparables: ambas buscan preservar la coherencia entre discurso y práctica, entre memoria y futuro, y garantizar que el sindicalismo siga siendo un actor vivo en la construcción de una sociedad más justa y democrática.

Una lucha pendiente por democratizar la UNA

La transformación del IESTRA en Escuela de Administración no puede leerse únicamente como un ajuste institucional: constituye un símbolo del ataque ideológico neoliberal contra los trabajadores y contra la misión original de la Universidad Nacional como universidad necesaria. Lo que antes fue un espacio de formación sindical, cooperativa y crítica social, se convirtió en un aparato académico orientado al mercado, que privilegia la obtención de títulos sobre la construcción de pensamiento emancipador.

Este desplazamiento refleja una contradicción profunda: mientras la sociedad costarricense enfrenta precarización laboral, fragmentación social y ofensivas antisindicales, la universidad abandona su papel de aliada de los trabajadores y se acomoda a las lógicas empresariales. La consecuencia es doble: por un lado, los trabajadores pierden un espacio de formación crítica y democrática; por otro, la sociedad en su conjunto se priva de cuadros intelectuales orgánicos capaces de articular la experiencia obrera con la producción de conocimiento transformador (Gramsci, 1971).

El reto para el sindicalismo costarricense es recuperar ese espacio, exigir que la universidad vuelva a ser aliada de los trabajadores y que el pensamiento crítico regrese a las aulas. No se trata de nostalgia, sino de necesidad histórica: sin formación ética y cultural, el sindicalismo corre el riesgo de convertirse en mera defensa corporativa, incapaz de disputar narrativas y construir hegemonía social.

El verdadero diploma que necesita la sociedad no es el título vacío de administración, sino la formación ética, cultural y sindical que permita enfrentar la precarización, defender los derechos laborales y construir un país más justo.

Democratizar nuevamente la UNA significa devolverle su vocación de universidad necesaria, capaz de formar dirigentes comprometidos con la justicia social y con la dignidad del trabajo.

Referencias

 Castillo, G et al. (2012). Autorreforma sindical en las Américas. – OIT.

 Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas (CSA). (2020). Conferencia sobre transformación del sindicalismo en las Américas. CSA.

 Ermida, O. (2012). Sindicatos en libertad sindical. Montevideo: Fundación Friedrich Ebert.

Gramsci, A. (1971). Selections from the Prison Notebooks. New York: International Publishers.

Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal.

 Rodríguez, J. (2015). Historia de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Heredia: UNA.

 Torres, M. (2018). Universidad y neoliberalismo en Costa Rica. Revista de Ciencias Sociales, 160(2), 45-62.

 Ulloa Royo, F. (1989). Calidad docente y estudiantil en nuestra UNA. Praxis: revista del Departamento de Filosofía, (37‑38), 69‑80.

 Universidad Nacional. (1973). Acta de creación del Instituto de Estudios del Trabajo. Heredia: UNA.

Documental “Aprender, resistir, esperanzar: Desafíos para la universidad necesaria”

Fecha: 17 de abril

Hora: 9 a.m.

Lugar: Sala de proyecciones de la biblioteca Joaquín García Monge, UNA, Heredia

La Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión, Comunidad Epistémica Red de Interculturalidad, Proyecto Educaciones, espiritualidades y resistencias, invitan a la proyección del documental: Aprender, resistir, esperanzar: Desafíos para la universidad necesaria.

La sonrisa de Maritza

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Ese día estrenaban camisetas. En su hombro derecho lucia estampado con grandes letras blancas su nombre: Maritza. Su apellido: Matarrita. Me dice que antes de entrar al proyecto de producción de ostras pensaba dedicarse a otra actividad de la pesca artesanal, pero terminó involucrándose desde el principio en la ostricultura, una de las acciones productivas acompañadas por la siempre necesaria Universidad Nacional.

Es un medio lluvioso y cálido. A un lado del local destinado para la preparación y producción de ostras, conversamos con Maritza sobre su trabajo. “Trabajamos de 7 de la mañana a 4 de la tarde, pero a veces debemos quedarnos más tiempo. Tenemos que limpiar todo el lugar y los instrumentos que utilizamos para la manipulación de las ostras. Luego llego a mi casa a seguir trabajando: limpiar, cocinar, hacer el oficio”.

Bajo una lluvia pertinaz es casi medio día en Isla Venado, una de las Islas del Golfo de Nicoya donde la Universidad Nacional acompaña procesos productivos, económicos, ambientales, turísticos y le brinda a las mujeres y hombres herramientas para fortalecer sus capacidades. Lo hace desde su mandato claro como Universidad pública costarricense, pero además lo realiza como la Universidad Necesaria, líder en la extensión social en Costa Rica.

Precisamente acompañamos hace poco una gira académica de trabajo por dos días, organizada por la Vicerrectoría de Extensión de la UNA, en la que conocimos los distintos proyectos que atienden las necesidades de estas comunidades costeras.

Conversacion con Maritza Matarrita, mujer productora de ostras en Isla Venado. Fotografía producida por Ericka Vásquez, Decana del CIDE (UNA).

De hablar fuerte y con convicción, doña Maritza es una de las mujeres incluidas en acciones puntuales desarrolladas por el proyecto “Cuerpo: emoción, palabra, voz y movimiento”, desarrollado por la Escuela de Psicología, el Instituto de Estudios Sociales en Población y la Escuela de Danza, de la Universidad Nacional.

Pensada como acción para estimular la creatividad, contribuye al mismo tiempo a generar mecanismos de autocuidado en las personas, como doña Maritza: “una necesita relajarse de tanto trabajo y estrés – me dice- todavía tengo la bolita que Sofia y Natalia (académicas del proyecto) nos dejaron para hacer ejercicios de relajación; me han servido mucho”.

Mientras dice estas últimas palabras, la lluvia arrecia. Con sus compañeras del grupo han preparado una pequeña degustación de ostras para las personas participantes de la gira. Me pregunta si voy a probar y deja ir una sonrisa de satisfacción, la misma que seguramente la acompaña cuando ve el fruto de su trabajo cotidiano y el de sus compañeras.

Durante los dos días de visita a los distintos proyectos en Isla Venado, constatamos la cuantía de la Universidad Pública en estas comunidades. Abstraídos del furibundo ataque mediático y político a lo que hacemos pero sobre todo a lo que representamos para estas poblaciones, pudimos comprobar una vez más que como universidad vamos por el camino correcto y que las personas de estas zonas esperarán siempre la llegada de proyectos de investigación, extensión y docencia con los cuales fortalecerse para la vida. Por eso con igual pasión debemos defender el presupuesto constitucional asignado para nuestro quehacer.

El valor de estas acciones no es estrictamente económico, aunque sí urgente. Su verdadero aporte está en dejarle condiciones a Doña Maritza para que un buen día pueda reducir su doble jornada laboral y sentarse al fin a pensar en sí misma, sus sueños, sus esperanzas.

Reírse con la vida.

50 años de la UNA: entrevista a Miguel Sobrado Chaves, fundador UNA

En el contexto de la celebración de los 50 años de la UNA, en una entrevista realizada el 14 de marzo de 2023 a Miguel Sobrado Chaves, comentó sobre los factores que favorecieron el nacimiento de esta universidad: el aumento en la tasa de crecimiento de la población en la década de los 50’s, una alta demanda universitaria, una gran faltante en la oferta de carreras y junto con dos fuertes tendencias del momento, la creación de una universidad europea y de una universidad que se acoplara a las necesidades nacionales. La creación de la Universidad Nacional se volvió una necesidad nacional.

A nivel externo, también habían condiciones especiales que intervinieron en su creación: cambio en la geopolítica regional, intereses por parte de Estados Unidos en impulsar reformas agrarias en Latinoamérica y el tema agrario como tendencia del momento.

En 1973 existía un proyecto para crear una universidad pedagógica, en el que se sumaban otros intereses de grupos por crearla. Su creación se dio en un momento en el que llegaban al país muchos exiliados altamente calificados y grandes intelectuales. Fue creada en torno al proyecto de la Escuela de Planificación y Promoción Social, del Padre Hugo Fernández, en el que llamaron a Miguel Sobrado Chaves a participar del mismo.

Comenta que, la Universidad ha llegado muy lejos en cuanto a la innovación en torno a la oferta de carreras, por ejemplo, ambientales, biología marina, ciencias deportivas, entre otras, que responden a las demandas y necesidades del país. Dice que la Universidad está para servir al país y para aprender de las experiencias y construir cambios a partir de los mismos.

Finaliza la entrevista con la idea de cuestionarse sobre qué hace falta y cómo podemos resolverlo; destaca que un aspecto faltante en la UNA es la autoevaluación, por lo que señala que es necesario capacitar y actualizar a los docentes sobre las tecnologías nuevas y cambiantes para acoplarse al mundo tecnológico. 

Si desea ver la entrevista completa lo puede hacer al siguiente enlace:

UNA celebra aniversario con la comunidad Herediana

El 14 y 15 de marzo la Universidad Nacional (UNA) y el pueblo herediano se lanzarán a las calles para celebrar la apertura de la Institución. 

Un 14 de marzo, hace 50 años, la Universidad Nacional abrió sus puertas al país. La comunidad herediana tomó las calles de la provincia para celebrar con entusiasmo, la llegada de la Universidad Necesaria a la ciudad de los maestros.

El próximo martes 14 y miércoles 15 de marzo en el 50 aniversario de nuestra Institución, recrearemos el júbilo de aquella fecha con música, arte, talleres, conferencias y mucho más.

El martes a las 8 a.m. podrá unirse al pasacalle que saldrá de la Explanada 11 de abril de la UNA, ahí participarán las bandas de las escuelas Rafael Moya y Juan Mora Fernández, los pasacalle de las escuelas Manuela Camacho, Los Ángeles de San Rafael de Heredia; las bandas y pasacalle del   liceo de Heredia y el Conservatorio Castella, así como el equipo de porrismo de Promoción Estudiantil de la UNA, el Movimiento Estudiantil indígena, la Escuela de Arte Escénico de la UNA, la comparsa de la UCR del Pacífico, la Escuela de Danza UNA, cimarrona y mascaradas entre otros.

A las 10:30 a.m. en el parque Nicolás Ulloa (central), iniciará el acto protocolario, con la participación de autoridades universitarias y actores locales. A las 12 m. participará la Banda de Conciertos de Heredia, a partir de la 1:30 y hasta las 5:30 p.m. habrá presentaciones de la Escuela de Danza la Escuela de Música, el grupo folclórico Barbac, el Cuarteto de Saxofones y el Coro de la Sierra, los 3 últimos grupos representativos del Departamento de Promoción Estudiantil de la UNA. A partir de las 7 p.m. le invitamos al concierto con Nakury y Mentados. 

Para el 15 de marzo, tanto en el Centro de Cultura Omar Dengo como en el parque Nicolás Ulloa, de 8 a.m. a 12 m. se desarrollarán talleres para niños, jóvenes y adultos, en temas como educación somática, danza, improvisación y expresión del movimiento, creatividad, música y química, entre otros.

De 9 a 11 a.m. en el Centro Cultural Omar Dengo y en la Casa de la Cultura Alfredo González Flores, se impartirán conferencias sobre la creación del corredor interurbano del área metropolitana de Heredia, Movilidad urbana y saludable en el cantón Central de Heredia, diagnóstico comunitario sobre la situación de salud mental y riesgo suicida, sistema de alerta temprana de terremotos, políticas públicas, uso de suelo y conflictos por el agua en el espacio urbano de Heredia y ciudades inteligentes.

Por la tarde, el parque será el escenario para la Cátedra de percusión de la Escuela de Música, el espectáculo Baile de máscaras de la Escuela de Arte Escénico, Cámara Danza de la Escuela de Danza d la UNA, la Rondalla y Marimba, estos últimos grupos representativos del Departamento de Promoción Estudiantil de la UNA. 

El concierto de cierre será con Kawe Calypso y el Colectivo Manteca a partir de las 7 p.m.

Tanto el 14 como el 15 de marzo de 6 a 8:30 p.m. la Escuela de Arte Escénico hará una instalación artística intermedial en la entrada a la plaza de la Diversidad, en el campus Omar Dengo.

Asimismo, durante ambos días, en el parque Nicolás Ulloa, habrá una feria de proyectos, donde se expondrá el quehacer universitario en áreas como investigaciones apícolas, medicina veterinaria, buenas prácticas agrícolas, producción de rumiantes menores, resiliencia y adaptación de pequeños y medianos cafetaleros, comunidades educativas construyendo paz, programas de lingüística, investigación y servicios forestales, entre otros.

Información Comunicación UNA.

La cuestión de la Universidad Necesaria: A 50 años de la Universidad Nacional (UNA)

Alberto Salom Echeverría

Los orígenes de la UNA

La Universidad Nacional, cuyo campus central se encuentra ubicado en la provincia de Heredia, fue fundada oficialmente el 15 de febrero de 1973. Por lo consiguiente, acaba de cumplir 50 años de vida institucional.

El momento de su nacimiento fue propicio, porque apenas existían dos universidades públicas de altísima calidad, como eran La Universidad de Costa Rica (UCR) y, el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), el cual acababa de fundarse. La UCR no estaba logrando satisfacer la inmensa demanda de educación superior por parte de los egresados de los estudios de bachillerato. La generación de los niños nacidos en la década de los años cincuenta, conocida como “la generación de los baby booms” por la gran explosión demográfica que se produjo en esa década, tocaba las puertas de los estudios superiores en los setenta.

Fueron muchos los estudiantes egresados de la secundaria que carecieron de recursos económicos para costearse los estudios de educación superior, sin que, especialmente la UCR dada su mayor antigüedad, le fuera posible becarlos a todos. Mucho menos el TEC que, como acabo de expresar, acababa de nacer a la vida institucional. Por otra parte, una gran cantidad de jóvenes vieron frustrados su intento de acceder al máximo nivel de educación, tras ser rechazados al presentar el examen de admisión. Los estudiantes que fracasaban con mayor frecuencia provenían de colegios públicos ubicados en zonas urbano-marginales y, con más asiduidad todavía sucumbían ante la prueba de admisión aquellos otros que, se habían egresado de colegios públicos de zonas rurales con graves rezagos económicos, sociales y culturales.

Por lo consiguiente, en aquellas circunstancias del primer quinquenio de los setenta, las opciones de cupo eran en su gran mayoría aprovechadas por estudiantes que se graduaban en los colegios privados del área metropolitana (AM) y en segundo lugar emergían de los colegios públicos de más larga data. Por eso mismo, sus familias poseían mejores recursos educativos y culturales. Fue así como se constituyó una enorme desigualdad en cuanto a la calidad de la educación media, entre los colegios privados, los semi públicos, junto con los públicos más “prestigiosos”, frente a las instituciones públicas, urbanas o rurales ubicadas en regiones deprimidas de la sociedad. La más evidente diferencia y distancia social fue la que se estableció en favor de los colegios privados, con respecto a los colegios rurales fuera de la región central del país (AM). Derivado de lo anterior, se comenzó a producir irremediablemente una suerte de “elitización” de la educación superior que, generó una gran inconformidad, tanto entre personas afines a los círculos de la educación, como en el seno de las familias cuyos hijos se vieron marginados de la oportunidad de acceder a los estudios universitarios. El ambiente se comenzó a crispar.

Los fundadores de la UNA lanzaron un mensaje claro, ofreciendo respuestas ante esta situación aparentemente sin salida. La propuesta no solo comprendió la situación calamitosa del ingreso a la universidad para una parte de los estudiantes que se veían marginados, también contempló una respuesta integral, de carácter académico: el presbítero Benjamín Núñez planteó al amparo de la teoría del sociólogo brasileño Darcy Ribeiro, una tesis vernácula al concepto elaborado por este último de “Universidad Necesaria.”

Antes de que se hubiese llegado a este punto, es necesario señalar que, en la Asamblea Legislativa, los diputados de entonces Daniel Oduber Quirós y Francisco Morales Hernández, enderezaron la propuesta del ministro de educación pública del gobierno del presidente José Figueres Ferrer, Uladislao Gámez Solano, quien originalmente había planteado la creación de una universidad pedagógica. Aunque la idea de una universidad pedagógica sonaba interesante, sobre todo para darle continuidad a la “Escuela Normal Superior”, no podía convertirse en la alternativa que requerían los estudiantes que se veían segregados a causa de su situación de carácter económico social y cultural, pues ellos demandaban acceso a diferentes carreras y no solamente a una institución que ofreciera exclusivamente la opción pedagógica.

El Concepto de la Universidad Necesaria.

Como quedó expresado, el concepto de “Universidad Necesaria” fue acuñado primeramente por el académico brasileño Darcy Ribeiro. Otros intelectuales humanistas latinoamericanos lo secundaron como el filósofo y escritor mexicano Leopoldo Zea.

Ribeiro fue un estudioso de la antropología cultural especialmente. En tal virtud, estudió los procesos culturales de diferentes países de América Latina, y planteó reformas universitarias en varios de ellos comenzando por su Brasil natal. Fue nombrado por el presidente Kubitschek como primer rector de la Universidad de Brasilia; luego durante el gobierno reformista de Joao Goulart, éste lo nombró ministro de Cultura, período durante el cual impulsó una obra democratizadora, reconocida por sus grandes logros en la educación y la cultura de Brasil. Tras el golpe de estado que se le propinó a Goulart, debió asilarse en la embajada de Uruguay, desde donde posteriormente se trasladó a La República Oriental del Uruguay. Allí prosiguió sus estudios sobre las identidades culturales de los pueblos latinoamericanos. Regresó finalmente a Brasil, donde llegó a ser senador del Estado Federal en Sao Pablo.

Gracias a todos estos antecedentes, desarrolló una conceptualización de la “Universidad Necesaria en varias dimensiones: 1- De acuerdo con sus postulados los pueblos latinoamericanos constituyeron identidades nuevas, a lo largo del proceso de colonización Hispánica y Lusitania. Según Ribeiro la cultura estaba conformada por un sincretismo de tres grandes culturas, la cultura hispánica, la indígena y la africana (y la lusitana, agrego ahora). Esta mezcla fue la que dotó a la cultura latinoamericana de la originalidad que ella posee. Sin embargo, reconoció siempre las indiscutibles diferencias entre regiones y después cuando se conformaron como repúblicas en el subcontinente. Empero, en su criterio, este proceso único frente a la cultura europea y estadounidense es el que alimenta la visión de la primera reforma universitaria que tuvo lugar a principios del siglo XX, teniendo como epicentro “la Reforma de Córdoba” en Argentina en 1918. 2-La segunda reforma para Ribeiro fue la que se desarrolló más bien en la segunda mitad de la centuria, sobre todo durante la década de los setenta. “…no se puede entender -postula Ribeiro- el desenvolvimiento de las universidades en América Latina en los siglos XIX y XX, sin interpretar estas instituciones de educación superior en el proceso civilizatorio y su posición en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo.” (Cfr. Ribeiro, Darcy. (1993): “El Proceso Civilizatorio. De la Revolución Agrícola a la Termonuclear.” México. Editorial Extemporáneos, S.A).

Permítaseme agregar otra cita: “En la segunda mitad del siglo XX, los vientos de una nueva reforma universitaria recorrieron los ámbitos de la educación superior en América Latina. Así también había ocurrido en 1918, cuando en Argentina, el grito de Córdoba dio el aviso reformista hacia la nueva educación universitaria.” (Cfr. Ribeiro, D. (1971): “La Universidad Latinoamericana.” Caracas, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela.) Es desde esta perspectiva que Darcy Ribeiro plantea que las universidades son y serán las fuentes de donde emanará el pensamiento crítico y se forjarán los profesionales que se conviertan en los motores de un desarrollo y una identidad propia de los pueblos latinoamericanos. Postula que en las universidades es donde se forman los dirigentes para el cambio que nuestra América necesita para impulsar su desarrollo con progreso social. Por ello, reflexionaba que se requería impulsar nuevas estructuras en las universidades en consonancia con la necesidad de apuntalar dicho progreso con independencia identitaria. La función de la universidad latinoamericana consiste en la promoción de una cultura autónoma, no enajenada a las estructuras neocoloniales. Para ello el requisito es la creación de institutos independientes de investigación y la extensión universitaria que alimenten la docencia. (Cfr. Ribeiro, D. (1993): “La Cultura Latinoamericana”, en: Fuentes de la Cultura Latinoamericana, coord. Por Leopoldo Zea. México, Fondo de Cultura Económica, Tomo I.)

Ribeiro también planteó que la Universidad Necesaria en América Latina estaba llamada a cumplir un papel dinamizador ente lo que percibió como una nueva “revolución tecnológica”, más profunda que la “revolución industrial”: “La revolución termonuclear”. También planteó que de cara a esta revolución se deben preparar los nuevos cuadros profesionales, en el contexto de una visión cultural y humanista propia. El gran problema consideró era la falta de recursos económicos de que adolecen la mayoría de las instituciones de educación superior, para asegurar el imprescindible desarrollo autónomo. Por esa razón postulaba que, la colaboración entre universidades latinoamericanas se convertía en algo imprescindible. Para Ribeiro la unidad básica de la universidad moderna e independiente de la política, debía ser la unidad departamental y, en torno a ella deben operar los institutos de investigación y extensión universitaria. También consideró crucial la estructuración de los posgrados, la relevancia de las facultades dedicadas a la formación del magisterio, la rendición de cuentas de todo el personal universitaria y, entre las más importantes, la evaluación quinquenal del cuerpo docente.

Vale la pena señalar que el aporte más original de Ribeiro a la estructura de las universidades lo propuso cuando se empleó a fondo en la tarea de la reforma de la Universidad de Brasilia. Para combatir la excesiva compartimentación de la educación superior, basada en unidades autárquicas, separadas las unas de las otras, incluidos los institutos de investigación disciplinarios, Ribeiro propuso más bien una modalidad consistente en tres cuerpos de órganos de enseñanza, de investigación y de extensión cultural, integrados en una estructura funcional: los institutos centrales de ciencias, letras y artes (Matemáticas, Física, Química, Biología, Geociencias, Ciencias Humanas, Letras y Artes), las Facultades Profesionales (Ciencias Agrarias, Ciencias Médicas, Ciencias Tecnológicas, Ciencias Políticas y Sociales, Arquitectura y Urbanismo y Educación) y de Unidades Complementarias (Biblioteca Central, Editorial, Radiodifusora, Estadio y Museum). (Cfr. Ribeiro, D. (1962): Plan orientador do Universidad de Brasilia, Editora UNB, Brasilia. Véase también del mismo autor “La Universidad Latinoamericana”. Op cit. Pp. 92-106)

La Universidad Necesaria en Costa Rica.

El principal fundador de la Universidad Nacional fue quien llevó la batuta en la propuesta y “vernaculización” del concepto de “Universidad Necesaria”. Entendemos por “vernaculización”, una ruta para hacer propio de la cultura costarricense un concepto como el de “Universidad Necesaria”. Esto significa que en líneas generales se toma el concepto propuesto por Darcy Ribeiro, pero adaptándolo a las características de la “formación socioeconómica y cultural” costarricense. La primera adaptación consiste en que se reconoce la realidad costarricense como una “…cada vez más singular en el concierto latinoamericano, [debido a] factores peculiares de la formación de Costa Rica como nación y como pueblo.” (Cfr. Núñez, B. (1994) “Hacia la Universidad Necesaria”. Editorial de la Universidad Nacional (EUNA), Heredia CR). De acuerdo con el criterio del fundador de la UNA, ello es así derivado de: 1- el relativo aislamiento de Costa Rica respecto de la explotación y de la codicia colonial-mercantilista. 2- la ausencia de formas de trabajo servil y 3- del logro consecuente de una distribución relativamente equilibrada, en comparación con los otros países latinoamericanos del factor productivo fundamental en una economía agraria y pobre: la tierra. (Cfr. Ibidem).

Aquí hay una clara diferenciación con respecto a la propuesta de Ribeiro en dos sentidos: el primero tiene que ver con la caracterización de la situación de Costa Rica como una peculiaridad en el contexto latinoamericano. El segundo, está implícito, pero posteriormente el Dr. Benjamín Núñez lo hará explícito: si Costa Rica es un país con una distribución “relativamente más equilibrada”, en particular en cuanto al recurso de la tierra, y donde la explotación, la codicia colonial mercantilista, y el trabajo servil no fueron tan extremos como en el resto de los países, la universidad se desenvolverá en un contexto, en el que lo que se requiere es mejorar el sistema democrático, ya que «en la sociedad global se mantienen las instituciones democráticas [y una] capacidad de promover el desarrollo, con participación ampliada y la posibilidad de la formación de un consenso con propósitos nacionales comunes”. (Cfr. Ops.cit. pp. 27).

Por otra parte, para el Dr. Benjamín Núñez, la universidad costarricense no repite la historia reciente de regresión que se ha observado en tantas universidades latinoamericanas. En consecuencia, gracias además a la conquista de la autonomía universitaria, la universidad costarricense continúa libre e independiente y puede contribuir a promover un desarrollo más participativo y democrático; puesto que en la sociedad global, se mantienen las instituciones democráticas y la capacidad de promover este desarrollo, con participación ampliada, para lograr la formación de un consenso con propósitos nacionales comunes. No se trata, por lo tanto, como lo proponía Darcy Ribeiro, de la universidad inserta en un contexto de lucha por la transformación integral de la sociedad.

Para Benjamín Núñez, La Universidad Necesaria implica en nuestro contexto, no solo la “formación de una conciencia crítica”, sino algo más comprometido aún, pues se requería que ella participara de manera decisiva en la formulación de una propuesta de solución de los problemas, desde una posición no política, pero sí científica y tecnológica, poniendo al servicio de este propósito, las investigaciones sistemáticas de los problemas nacionales. El resumen realizado por el fundador de la UNA queda patente en la siguiente cita textual: “…la Universidad Nacional debe definir su vocación histórica como la responsabilidad de contribuir al estudio y a la solución de problemas de crecimiento productivo del país, de integración solidaria de su población, de autonomía en las decisiones fundamentales, de preservación y perfeccionamiento de la democracia en Costa Rica”. (Cfr. Ibidem. Pp 32)

Al hacer vernácula la propuesta del concepto de la “Universidad Necesaria”, el Dr. Benjamín Núñez debió entrar en una disquisición acerca de la particularidad del desarrollo costarricense con respecto al contexto latinoamericano, insuficientemente caracterizado y con algunas inexactitudes, a resultas de lo cual quedó sobrevalorada la particularidad de la democracia costarricense. Estas premisas le permitieron comprometer de antemano la propuesta acerca del carácter de la transformación que aguardaba (y aguarda todavía) a la sociedad costarricense, para dejarla constreñida a la “preservación y perfeccionamiento de la democracia en Costa Rica”; en lugar de dejar abierto el aporte de acuerdo con el estudio científico específico de la realidad en los diferentes campos, para que fueran las fuerzas sociales y políticas las que a partir de allí escojan el rumbo que desean imprimirle al país, con base, eso sí, en mecanismos ampliamente participativos y democráticos de decisión.

Estimo que hace falta una valoración a fondo acerca del carácter y la naturaleza de la cultura e institucionalidad democrática costarricense, en cuya tarea las universidades costarricenses (así en plural) han aportado ya desde muchos estudios y tienen mucho más que aportar.

Los cincuenta años de la UNA y el ethos de sus fundadores (II)

Rogelio Cedeño Castro

Sociólogo y catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).

La nueva institución universitaria que junto con el TEC o Instituto Tecnológico de Costa Rica, con sede en la ciudad de Cartago, vino a diversificar y a innovar la enseñanza superior universitaria pública de nuestro país, al menos durante los primeros años de su existencia, razón por la que resulta pertinente seguir reflexionando sobre sus orígenes.

Desde sus inicios, dentro de un contexto de intensas y enriquecedoras polémicas, tanto hacia el interior de la incipiente universidad, como con respecto del conjunto del país, se produjeron tensiones y reacciones en el orden de lo político, lo social, lo cultural y lo ideológico (en términos doctrinarios, relativos a la asunción de posturas de fondo frente a la realidad nacional y universitaria de entonces) en el seno del Partido Liberación Nacional (PLN), la organización o partido político más importante del país, la que en esos años mantenía desplegadas sus posiciones socialdemócratas y reformistas, tanto desde el Poder Ejecutivo como en la Asamblea Legislativa, desde donde impulsaron la fundación de la UNA, Francisco Morales Hernández y otros de sus compañeros de la Fracción Parlamentaria del PLN (1970-1974), de la que viven aún sólo Manuel Carballo Quintana y Ángel Edmundo Solano Calderón, según decía Francisco en días pasados.

En la primera elección para escoger al rector de la UNA se enfrentaron-por así decirlo- Benjamín Núñez Vargas, apoyado por la izquierda de su propio partido, y un numeroso grupo de académicos y estudiantes de las demás organizaciones o partidos de ese sector del espectro político, mientras en el otro lado, el filósofo y connotado académico, Francisco Antonio Pacheco, en representación de las fuerzas conservadoras que, desde hacía algún tiempo, consideraban a la UCR algo así como un “nido de comunistas”, razón por la que habían decidido emigrar al nuevo espacio universitario, dado el clima de efervescencia revolucionaria entre los jóvenes de aquella generación de los setenta, influenciados por el mayo francés de 1968 y la rebelión del estudiantado mexicano, pidiendo democracia (Esa democracia bárbara de México, como la llamaba el escritor José Revueltas) que fue aplastada a sangre y fuego en octubre de ese mismo año en la plaza de Tlatelolco, por la maquinaria político-militar del presidente Gustavo Díaz Ordaz, aconsejado por la CIA estadounidense. Benjamín Núñez fue el primer rector de la UNA, y paradoja de paradojas, con el paso del tiempo, en honor a la verdad, considero que fue el más académico y visionario de todos los que estuvieron al frente de la institución: tenía un proyecto universitario innovador, y era un sociólogo brillante, además de un estratega político singular que supo moverse en las turbulentas aguas de la política y la vida académica universitaria de hace medio siglo, pero sobre todo corría con colores propios y en un terreno que era el suyo, en toda la extensión de ese término. Al final fueron, o fuimos otros actores de ese proceso universitario, los que no estuvieron o estuvimos a la altura de las circunstancias.

En la perspectiva del tiempo de la larga duración histórica pienso que los logros académicos, tanto en el terreno de la enseñanza universitaria como en el de la investigación en todas las disciplinas hubieran sido mucho mayores, de haberse continuado la propuesta de Núñez-Ribeiro (¿UNIVERSIDAD NECESARIA? No como consigna, sino como esencia del quehacer de la joven institución que estaba destinada a grandes logros).

Fue así, como desde el principio entraron en pugna las visiones y enfoques, que partían del modelo universitario interdisciplinario y horizontal propuesto por Darcy Ribeiro, al que hicimos alusión supra en la primera parte de este artículo, el que impulsaron Benjamín Núñez y sus compañeros más cercanos, y por otra parte, la de los que buscaban un modelo universitario orientado hacia una fábrica de graduados estandarizados y de chicos “bien portados”, funcionales al establecimiento político, que con el tiempo deberían responder a la magia de la demanda empresarial y del mercado.

Hacia finales de la década de los setenta y comienzos de los ochenta el proyecto universitario inicial de Núñez y sus compañeros se encontraba bajo el fuego sistemático de los grandes medios de comunicación social (prensa impresa, radio y televisión), en especial el diario La Nación dirigido entonces por Eduardo Ulibarri, que contaba con el concurso la acerada pluma del columnista Enrique Benavides, quien llegó hablar de la teratología o monstruosidades  de una universidad, de la que afirmaba que se había tragado y deformado a la parroquial ciudad de Heredia, con su discurso político e innovador, al parecer altisonante: el herediocomunismo (Ver Rodrigo Quesada Monge, revista ABRA de Ciencias Sociales # 19 20 II semestre 1994 p.p. 123-129), ese cuco que  tanto asustaba a los defensores del statu quo, los que ya empezaban a tranquilizarse con la llegada de la larga contrarrevolución neoliberal de Margaret Thatcher y Ronald Reagan (entre 1979 y 1981) que ha prevalecido desde entonces.

A pesar de todo, los logros en este medio siglo de la UNA han sido muchos, y hablaremos de ellos en una tercera entrega de este artículo. Lo cierto es que el proyecto de aquella universidad necesaria de los fundadores de la nueva institución de educación superior se fue abandonando gradualmente, para dar paso a la departamentalización de las disciplinas, o en escuelas que optaron por programas de estudio verticales y por materia.

El abandono del IESTRA o liquidación en su espíritu inicial del Instituto de Estudios del Trabajo es una demostración de lo que hemos venido afirmando, para acelerarse poco después luego cuando se puso fin a los cursos o estudios propedéuticos que formaban el tronco común en todas las facultades, asediados por los sectores de una derecha, cada vez más agresiva, hacia el interior de la UNA.

De ahí en adelante se apostó por ofrecer menos al país, exigir poco o no tanto a los estudiantes (que estaban en el proceso de convertirse en “clientes” del sistema preconizado por el pensamiento único neoliberal), encuadrando su formación hacia posturas tecnocráticas, de meros graduados que tanto interesaban a las élites del poder: el orden y el progreso decimonónicos han terminado reinando en los años finales del siglo pasado.

Los cincuenta años de la UNA y el ethos de sus fundadores(I)

Rogelio Cedeño Castro, sociólogo y catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).

De aquella Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), que fuera fundada hoy hace medio siglo, un 15 de febrero de 1973, durante la tercera administración de José Figueres Ferrer (1970-1974) queda, como suele suceder, la institucionalidad que se ha venido consolidando con el paso del tiempo de larga duración histórica. El riesgo de que la propia institucionalidad se haya convertido en un fin sí mismo existe, y resulta ser el producto de una encrucijada inevitable una vez que la fase carismática (Max Weber, dixit) de la “dominación” (entendida en el buen sentido del término, no en el peyorativo), propia del proceso fundacional se fue agotando, de manera gradual y casi imperceptible, durante la primera década de su existencia, para entrar en otro proceso de racionalización y burocratización creciente, como resultado de la influencia y las presiones externas a la institución, especialmente de las fuerzas conservadoras y los medios de comunicación interesados en encuadrar a la UNA, dentro de los intereses del establecimiento político imperante, e incluso de aquellos que responden a los poderes fácticos, por lo general hostiles a los procesos democráticos.

A lo anterior, se une la fragilidad de la “memoria histórica” de la gran mayoría de las gentes, como un factor que se acentúa con la llegada de nuevas generaciones de académicos, estudiantes y administradores que, por lo general, ya no vienen impregnados del ethos que quisieron imprimirle a la institución sus fundadores. Además la nueva universidad recogía la herencia del importante proyecto académico que representó la vieja Escuela Normal de Costa Rica, fundada en 1915, por Alfredo González Flores, un presidente reformista que marcó una ruptura dentro de la república liberal.

Convendría entonces, examinar o explicitar ¿cuáles fueron las visiones y las expectativas de los fundadores de la entonces nueva institución universitaria, ubicada en la ciudad de Heredia, sin que aquellos se hicieran manifiestos, como por arte de magia, para la totalidad de las gentes que intervinieron en la vida de la naciente universidad. Lo cierto que algunos de sus fundadores más importantes como el sociólogo y presbítero Benjamín Núñez Vargas y el abogado, politólogo y notorio dirigente liberacionista Francisco Morales Hernández, entre otros que no vienen por ahora a mi memoria, se inspiraron e impulsaron un modelo universitario, propuesto por el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro (autor de obras tan importantes como EL PROCESO CIVILIZATORIO) que buscaba, entre otras cosas, una integración horizontal de los saberes y disciplinas universitarias, partiendo de una sólida base humanista y propedéutica que encontraron eco en muchos de los académicos y estudiantes de aquellas generación que dieron el punto de partida a la nueva universidad.

La existencia de los certificados integrados que se aprobaban en bloque en las distintas carreras, a diferencia de las redes curriculares de cursos, con años o niveles, por lo general verticales marcaban un nuevo paradigma educativo en la institucionalidad universitaria de Costa Rica. Todo esto, sin que el nuevo proyecto abandonara en lo esencial muchas de las premisas de lo que fuera el espíritu de la Reforma Universitaria, de 1954, promovida por Rodrigo Facio Brenes desde la Rectoría de la Universidad de Costa Rica (UCR), la que marcó un parteaguas en el fortalecimiento de los valores humanistas, al lado del conocimiento científico y los saberes disciplinarios e interdisciplinarios en las universidades públicas de Costa Rica.

No en vano, el propio Benjamín Núñez Vargas, quien fuera el primer rector de la UNA (1974-1977) había sido parte importante de la Cátedra de Fundamentos de Sociología en la UCR, y se había impregnado del espíritu de aquella Reforma Universitaria tan importante, durante la segunda mitad de los años cincuenta y los sesenta del siglo anterior. El propio Núñez nos dejó un importante opúsculo, bajo el título de LA UNIVERSIDAD NECESARIA, el que muy pocos académicos y estudiantes se preocuparon de examinar con detenimiento para asumirlo como hecho consciente, esencial para marcar los vectores más importantes del propio proceso fundacional, evitando convertirlo en una mera consigna con propósitos electorales, dentro de la toma de decisiones en la administración y la política universitaria.

5O Años de la Universidad Nacional: una celebración necesaria

German Masís

Ayer 15 de febrero asistí invitado por la comisión organizadora a la celebración del 50 Aniversario de la Universidad Nacional.

En un muy amplio y moderno auditorio, que lleva el nombre de Cora Ferro, a quién conocimos en la Escuela de Ciencias de la Religión y como precursora de los Estudios de la Mujer, concurrimos una buena cantidad de exestudiantes y exprofesores, estudiantes y profesores actuales, fundadores y Autoridades, a una cita con la historia, la celebración de los 50 años de la UNA, un acto que quedará marcado en el devenir de la educación superior universitaria del país.

La inauguración del evento y los discursos de las Autoridades sobre la historia de la UNA, me hicieron recordar mi vinculación a esta Universidad, primero como estudiante y luego como trabajador académico, testigo y partícipe de la construcción de un proyecto de Universidad que hoy 5 décadas después es una institución de educación superior sólida y pujante.

El recuerdo que tengo de la UNA, desde mi época de estudiante de Estudios Generales, es el del surgimiento de una nueva Universidad, en un entorno muy difícil de grandes tensiones políticas y de recursos muy limitados, establecida en las instalaciones de la antigua Normal Superior y con sus oficinas dispersas por la ciudad de Heredia.

Cuando tuve que decidir a cuál Universidad ingresar, pensé en la UNA como una universidad nueva, promovida como la Universidad Necesaria y que en mi rebeldía de joven me atrajo la posibilidad de participar en su proceso de construcción.

Me seducía la idea de luchar por una Universidad alternativa, que era rechazada por algunos sectores de la Universidad de Costa Rica, opuestos a su creación, quienes incluso manifestaban que no irían a trabajar en la nueva Universidad y a la que denominaban peyorativamente la “Universidad del Pirro”.

Cursé el programa de Estudios Generales en la UNA y el propedéutico de Ciencias Básicas, con la pretensión de ingresar a la carrera de Geografía, pero precisamente el paso por las materias de Estudios Generales, especialmente el curso de Filosofía, me cambió la inclinación disciplinaria hacia la Sociología, carrera que aunque estaba en proyecto no se impartía, por lo que debí trasladarme a la UCR, con la esperanza de regresar algún día a seguir participando en la conformación de la nueva Universidad.

A pesar de que me trasladé a la UCR, seguía atento al proyecto de la UNA y escuchaba el debate político ideológico que se efectuaba alrededor de la orientación de la nueva universidad, entre un sector político de centro de raíces socialdemócratas, muchos de los cuales incluso habían intervenido en la creación de la UNA y un sector proveniente de los partidos de izquierda, el cual se vio fortalecido por la llegada de intelectuales exiliados de los países suramericanos dominados por dictaduras militares.

La Universidad del Pueblo y la Universidad ligada a los sectores sociales de menores recursos, crecía con la creación de nuevas carreras, como Biología, Veterinaria, Economía, Agronomía y Relaciones Internacionales pero en un entorno difícil, de cuestionamientos por parte de sectores políticos y medios de comunicación, que afirmaban que la nueva Universidad repetía las carreras de la UCR y se había convertido en la Universidad comunista, pero esos calificativos lejos de desmotivarme, aumentaba mis intenciones de regresar.

Lo cual comenzó a ser posible cuando algunas carreras en su crecimiento, impulsaban a inicios de la década de los 80, actividades de investigación y extensión, que propiciaron mi acercamiento a eventos de debate sobre temas económicos y agrícolas.

Casi una década después de su creación, pude regresar a la UNA como académico, por iniciativa de un Profesor de la Escuela de Economía, que motivado por el análisis de coyuntura que se realizaba en una ONG, me propuso participar en una experiencia similar en esa Escuela.   

Llegué a la UNA como extensionista y en efecto el análisis de coyuntura económica, la relación con sectores sociales en el área urbana y rural y la elaboración de la revista Economía al Día, me parecían actividades muy ligadas a una Universidad comprometida con las grandes transformaciones del país, lo que llenaba mis aspiraciones profesionales y políticas.

En esos años 80, los debates sobre las teorías del desarrollo y el apoyo a las reivindicaciones de las organizaciones agrícolas sobretodo de la zona Atlántica, parecía ser la mejor expresión de la Universidad Necesaria, pero las tensiones internas sobre la orientación y el diseño institucional más apropiado entre las Autoridades de la nueva Universidad no cesaban y eran agudizadas por los problemas presupuestarios que cada año amenazaban su funcionamiento.

Esas luchas y movilizaciones por el presupuesto y el impulso de los proyectos académicos de las nuevas Escuelas, probablemente fueron las razones del despegue y los elementos de cohesión de la Universidad Nacional en sus primeras dos décadas, en que mantuvo su derrotero de Universidad Necesaria vinculada a la transformación social y a la formación de estudiantes de las zonas rurales y urbanas de menores ingresos.

No obstante esta orientación de la UNA, tuvo su punto de inflexión con la Administración de Rose Marie Ruíz en 1993 con motivo del II Congreso Universitario, en el que se logra un cierto consenso interno, hacia una universidad útil a la sociedad costarricense y al mercado, que debía contribuir a generar alternativas de desarrollo económico y social, crecer en sus cuadros administrativos y académicos y adoptar procesos de admisión más selectivos, en un marco institucional que lo asimilaba a las demás Universidades públicas.

A partir de entonces las carreras rediseñaron sus planes de estudio y se reestructuraron, las Facultades se articularon, el esquema administrativo se consolidó y la Universidad Nacional fue por fin aceptada y acogida por la comunidad nacional, ya no era más la Universidad de Heredia.

Esta segunda etapa de la UNA, abandona progresivamente los debates sobre el desarrollo, el análisis crítico y el papel central de la investigación, incorpora nuevas temáticas como el medio ambiente y los derechos humanos, crea centros de investigación especializados, impulsa programas de posgrado y asume plenamente su relación con el mercado laboral en la formación de los nuevos profesionales.

La década de los 90 y el nuevo milenio del 2000, representa el período de consolidación institucional de la Universidad Nacional, que se confirma con la adquisición de nueva infraestructura, representada en las nuevas instalaciones de las Facultades de Ciencias Sociales y Filosofía y Letras y posteriormente de los nuevos edificios de Administración y de las Vicerrectorías.

La Universidad Nacional hoy, es la conjunción de dos etapas: una el surgimiento y despegue como Universidad Necesaria en los 70 y 80s y otra la consolidación como la Universidad Nacional en las décadas de los 90 y 2000.

Diría que la primera etapa le confiere su identidad y su inserción en la sociedad costarricense, como un modelo alternativo de Universidad más cercano a las necesidades de los sectores sociales y a las aspiraciones de transformación social de aquellas décadas y la segunda etapa, le proporciona el status de universidad nacional sólida y reconocida, muy ligada al desarrollo de la ciencia y la tecnología y a las necesidades del mercado laboral.

Han trascurrido 5 décadas, pero es imposible no recordar con nostalgia, las viejas instalaciones de la Escuela Normal que acogieron a la UNA en sus inicios, los viejos edificios de Estudios Generales, del CIDE, de Ciencias Sociales, de Filosofía y Letras, del teatro Universitario, las aulas de “los Hatillos”, los debates acalorados en las Asambleas de Escuela, los desplazamientos a las actividades de extensión en bus y sin viáticos.

Tampoco puedo olvidar, los cursos de Métodos de Investigación, el área de Extensión, la red de Universidades Centroamericanas que estudian el agro y los proyectos de tesis de la Escuela de Economía, el proyecto Una Iniciativa Rural (UNIR) que integró a 4 facultades y 12 Escuelas, la comisión institucional de Seguridad Alimentaria y la Comisión de Regionalización.

Al observar los homenajes efectuados en esta celebración de los 50 años, a algunos académicos propuestos por las Facultades, Sedes y la Federación de Estudiantes, pensé en tantos académicos que hicieron posible la consolidación de cada una de las Escuelas, que formaron a miles de estudiantes e hicieron investigación y extensión con gran mística y compromiso.

Ni siquiera cuando me jubilé, sentí la satisfacción y el orgullo que sentí en la celebración del 50 Aniversario, por haber sido parte de la construcción de un proyecto de Universidad, por haber contribuido a su fortalecimiento y consolidación, porque aunque tal vez ya no es la Universidad Necesaria, es la Universidad Nacional autónoma y pública por la que luchamos y a la que defendimos.