Ir al contenido principal

Autor: María José Ferlini Cartín

Programa Alternativas abordará la genética del cáncer de mama con especialistas y testimonio de paciente

El programa Alternativas dedicará su próxima emisión al tema “Genética del cáncer de mama”, con el propósito de analizar los factores genéticos asociados a esta enfermedad, los avances científicos en su estudio y la importancia de la prevención, el diagnóstico oportuno y el acompañamiento a las personas afectadas.

La actividad se realizará el 29 de mayo de 2026 a las 18:00 horas (-6 UTC) y será transmitida en vivo a través de Facebook Live, YouTube y Spotify, así como por diversas emisoras colaboradoras.

El panel contará con la participación de Gustavo Gutiérrez Espeleta, genetista, docente y exrector de la Universidad de Costa Rica. Gutiérrez Espeleta ha desarrollado una amplia trayectoria en investigación científica y se desempeña como representante y asesor en temas de ciencia, biodiversidad, cáncer, protección animal y evaluación de investigaciones en la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), además de participar en redes latinoamericanas especializadas.

También participará Laura Chaverri Vargas, obstetra y educadora prenatal certificada, egresada de la Universidad de Costa Rica, quien compartirá su experiencia personal como paciente de cáncer de mama, aportando una perspectiva humana sobre los desafíos asociados al diagnóstico, tratamiento y recuperación.

La actividad busca acercar al público a la comprensión de los componentes genéticos del cáncer de mama y promover la reflexión sobre la importancia de la investigación científica, la detección temprana y el apoyo integral a quienes enfrentan esta enfermedad.

La transmisión forma parte de los espacios de análisis impulsados por el programa Alternativas y contará con el apoyo de las emisoras Guanacaste 106.1 FM, Radio Soberanía, Radio Revolución, 506 Ondas Alajuelita y Radio Voces Libertarias.

“Magnífica Humanitas”: la peor pesadilla para la presidenta

Frank Ulloa Royo

“La humanidad no necesita guerras justas, sino justicia que evite las guerras.” — Magnifica Humanitas

Recordando la Encíclica Rerum Novarum de su antecesor León XIII este 25 de mayo el papa nos da una encíclica social para el siglo de la inteligencia artificial recordándonos la importancia del valor humano y la vida social en común con protección social. Parece que la “Iglesia viva” ahora pasará a ser parte de la oposición de “izquierda” en un país que sueña con parecerse a un enorme cuartel.

L a encíclica Magnifica Humanitas irrumpe como un espejo incómodo. No habla de eficiencia ni de control, sino de humanidad. Recuerda que los ídolos del poder no son los de toda la humanidad y que ningún Estado puede renovarse descartando vidas, ni se puede gobernar organizando el odio. Entonces, la peor noticia para la presidenta no proviene de la guerra en Irán o de los obreros organizados que ahuyentan las inversiones con sus huelgas, ni de estudiantes y maestros en las calles tratando de evitar la privatización del ICE, sino de una voz que la desarma: el Papa advierte que los datos no son armas, que los pobres no son desechos y que la tecnología, sin ética, se convierte en verdugo. Sus gritos de “comunistas” no pueden ocultar la realidad de las listas de espera que pone en peligro miles de vidas, ni el desempleo y otros indicadores de miseria que llevan a una juventud al buscar el camino del narcotráfico, incluida la población con discapacidad que solo allí encuentra empleo.

Este papa gringo, al igual que el ídolo de la presidenta del “país confiable” nos recuerda que Gobernar con desprecio y administrar el descarte desde la disposición de los bienes comunes es negar la justicia social que evita las guerras. Ofender a los que piensan diferente y etiquetarlos, o no pagar la deuda con la seguridad social, solo para volver a las tácticas de la guerra fría o exacerbar odios, aunque resulte atractivo por sus resultados estadísticos o estimule inversionistas extranjeros nunca es un camino solidario.

Las cárceles más grandes no fundan una nueva ética. La justicia no se mide en barrotes ni en estadísticas de represión, sino en la capacidad de sostener la vida y abrir caminos de reconciliación y convivencia. Un país que mide su éxito en más represión y cuerpos encerrados y no en vidas reconciliadas se convierte en administrador del miedo. Por eso, defender la autonomía del Poder Judicial es indispensable: la justicia lenta no puede justificar la represión como alternativa. Frente al modelo de terror punitivo, el papa y los movimientos sociales proponen otro camino: la justicia restaurativa. No se trata de negar la responsabilidad, sino de transformar el castigo en oportunidad de reparación. La comunidad se convierte en espacio de solidaridad y reconciliación, donde la víctima recupera voz y el infractor encuentra la posibilidad de reintegrarse. Sin justicia social no es posible tener eficacia en la lucha contra el narcotráfico. Sin protección social ningún ejercito puede gobernar impunemente, no se equivoquen porque la reacción puede llevar a una guerra social como la que han vivido otros países.

En un país que sueña con militarizarse sin derechos al estilo Bukele, Magnifica Humanitas suena como un mensaje pasado de moda. Pero quizá lo verdaderamente moderno sea recordar que la paz no se impone: se construye con protección social. Y que la dignidad humana, incluso tras las rejas, sigue siendo el único fundamento posible de la justicia. Que la protección social no es un sucedáneo y que el terror y la represión no cura enfermedades.

De la gloria del Estado Social al espejismo del cambio (Parte IV)

Por: JoseSo (José Solano-Saborío)

El vacío perfecto: La orfandad política, el espejismo antisistema y el país que nos debemos

Llegamos al final de este recorrido por nuestra historia política reciente. Recapitulando: vimos al bipartidismo tradicional ahogarse en sus propios escándalos de corrupción, y vimos al PAC ahogarse en su falsa superioridad moral y su monumental incapacidad para gobernar. El resultado de estas dos grandes decepciones estalló en las elecciones del 2022, donde el costarricense llegó a las urnas sintiéndose profundamente huérfano.

Las banderas partidarias perdieron su valor y las lealtades históricas se esfumaron, dejando en su lugar un cinismo generalizado y una conclusión ciudadana tan comprensible como peligrosa: “la política tradicional no sirve para nada”.

El caldo de cultivo para el discurso antisistema

Ese vacío de credibilidad fue el escenario perfecto. Cuando la gente siente que el sistema la olvidó, se vuelve tierra fértil para el surgimiento de discursos “antisistema”. Figuras que, desde afuera de la política tradicional, logran capitalizar el enojo y la frustración.

La estrategia de estos movimientos es simple, pero destructiva: polarizar. Consiste en dividir al país constantemente entre “nosotros los buenos” y “ellos los malos”; enfrentar al “pueblo” contra “la prensa” o contra las mismas instituciones. Es un discurso sumamente atractivo porque canaliza la rabia genuina que sentimos ante la ineficiencia, pero es un juego de fuego. Atacar y minar la institucionalidad democrática es golpear los mismos cimientos que, con todos sus defectos y necesidades de reforma, nos han garantizado la paz desde 1949.

La realidad no come cuentos

Mientras la política nacional se ha transformado en un circo de redes sociales y pleitos interminables en conferencias de prensa, los problemas reales —esos que de verdad nos quitan el sueño— siguen intactos y agravándose. El ruido mediático nos distrae de las verdaderas crisis:

Nuestra clase media sigue asfixiada por las deudas, perdiendo poder adquisitivo mes a mes.

Nuestros agricultores y ganaderos continúan sobreviviendo a duras penas, librados a su suerte frente a mercados desiguales.

El monstruo de la inseguridad ciudadana y el crimen organizado nos está robando la paz de nuestros barrios a un ritmo aterrador.

Pilares intocables de nuestra paz social, como la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y la educación pública, se encuentran en cuidados intensivos.

La realidad es terca y no se soluciona con likes ni con discursos encendidos.

El reto hacia el futuro: ¿Cómo nos reconstruimos?

¿Qué hacemos entonces? La respuesta no está en dinamitar la casa que tanto nos costó construir, ni tampoco en sentarnos a soñar con volver a los años 50. El mundo cambió y los retos son otros.

Costa Rica necesita con urgencia nuevos liderazgos, desde los concejos municipales en nuestros cantones —donde se vive la realidad más cruda y cercana del ciudadano— hasta la silla presidencial. Necesitamos líderes que combinen dos elementos innegociables: empatía social para entender el dolor de esta brecha que nos divide, y capacidad técnica probada para administrar la cosa pública. Porque ya nos quedó clarísimo que ni los gritos, ni las buenas intenciones, ni la sola indignación construyen puentes, bajan la pobreza o generan empleo.

El país que nos debemos

Es hora de que maduremos como electorado. El enojo nos llevó a castigar al bipartidismo dándole el poder al PAC, y ese mismo enojo nos empujó luego a buscar salidas antisistema. No podemos seguir votando solo con el hígado; tenemos que empezar a votar con la cabeza.

Nuestros hijos y nietos merecen heredar una nación viable. Esa Costa Rica solidaria, próspera y en paz que una vez fuimos, aún es posible de reconstruir. Pero solo será una realidad si como ciudadanos dejamos de ser simples espectadores, asumimos nuestro rol y empezamos a exigir resultados concretos, no solo shows mediáticos. La democracia no se defiende sola; nos toca a nosotros.

¡Triunfo de los movimientos sociales y de la ciudadanía patriótica por el derecho a la electricidad!

Movimiento por el Derecho a la Electricidad

Jueves 28 de mayo del 2026

Desde inicios del año 2025, un conglomerado de organizaciones sociales, compartiendo las preocupaciones, de las negativas consecuencias que la eventual aprobación del expediente 23 414, tendría para la forma en que los costarricenses hemos sabido democratizar el acceso a la luz, sumamos esfuerzos en el Movimiento por el Derecho a la Electricidad, para enfrentar en conjunto, un nuevo intento de repartirse la electricidad del pueblo costarricense.

Esto entendiendo que el tiempo presente, amerita de nuestra unidad y convergencia, a partir de principios cívicos y democráticos que tenemos en común, ya que enfrentamos un momento clave para el futuro del país.

El pasado jueves 21 de mayo, desde las Organizaciones Integrantes del Movimiento por el Derecho a la Electricidad, en conjunto, con parte de las Diputaciones del bloque parlamentario que se opone a este perjudicial proyecto de ley, mediante conferencia de prensa dirigida al pueblo de Costa Rica, alertamos a la sociedad costarricense, del intento del partido en el Gobierno, de aprobar apresuradamente, el plan de “Armonización”, dándole primer debate legislativo programado para el anterior martes 26 de mayo.

La respuesta de las organizaciones sociales, y de la ciudadanía patriótica, no se hizo esperar. De la mano de crecientes comunicados sumándose al llamado a participar en la jornada patriótica para oponerse al plan de armonización, también las distintas fracciones legislativas del bloque parlamentario que se opone al 23 414, fue dando sus razones técnicas para oponerse al plan de armonización, en defensa del modelo eléctrico gestionado por el ICE.

El martes 26 de mayo, un crisol de delegaciones de organizaciones estudiantiles, grupos de mujeres, movimientos ecologistas, organizaciones laborales, agrupaciones ciudadanas, organizaciones agrícolas y campesinas, grupos ecuménicos, y ciudadanía patriótica en general, acudieron al llamado, haciéndose presentes en las afueras de la Asamblea Legislativa; en una multitudinaria jornada cívica y pacífica, llena de música, expresiones artísticas, charlas técnicas, y discursos de distintas vocerías.

Dicha articulación entre el bloque parlamentario y los movimientos sociales se hizo sentir. Ya que si bien lograron aprobar en primer debate el proyecto con mayoría simple (mitad más uno de los diputados presentes a la hora de votar), lo cierto es que gracias a todo lo antes descrito, no cuentan con la mayoría calificada (38 votos) que se ocupa para aprobar el proyecto en segundo debate. Más importante aún, el resultado de la votación en primer debate (27 a favor, 24 en contra, 6 sin votar) revela que la fracción oficialista, no contó con la totalidad de los votos que la integran (31 diputados).

El día de ayer miércoles 27 de mayo, el Gobierno de la República mediante rueda de prensa desde Zapote, anunció que desconvocarían el expediente 23 414, lo cual representa un triunfo de las organizaciones integrantes del Movimiento por el Derecho a la Electricidad, de los movimientos sociales, de la ciudadanía patriótica, y un triunfo del bloque parlamentario de oposición a dicha iniciativa de ley.

Desde el Movimiento por el Derecho a la Electricidad, que crece y se fortalece, consideramos que los ataques infundados y demagógicos de la presidenta de la República buscan distraer la atención del fracaso de su estrategia legislativa, resultado de un Ministerio de la Presidencia inoperante, y de una Presidencia de la República, ayuna de diálogo social, con los movimientos sociales.

Además, sobre los ataques también infundados, del presidente ejecutivo del ICE, Marco Acuña Mora, queda más que claro, que cuando se acude al insulto y la descalificación de quien tiene argumentos diferentes sobre un tema, se hace gala de precariedad intelectual y carencia argumentativa.

Para la ciudadanía costarricense cada vez es más evidente que estos entes en la práctica se convierten en vocerías políticas de la línea del gobierno que los nombra en el puesto, no en vocerías técnico-profesionales. Los inquilinos de turno de dichas presidencias ejecutivas, con frecuencia, al acabar su nombramiento, pasan a ocupar altos cargos en grandes empresas privadas (práctica conocida como puertas giratorias).

Desde nuestras organizaciones, tenemos memoria: el señor Marco Acuña Mora, antes de ser director Corporativo de Electricidad y luego presidente ejecutivo del ICE, trabajaba como administrador del contrato de conexión del Grupo CMI (Capital Guatemalteco) dueño de plantas eólicas de generación privada que venden energía al ICE. Las subastas eléctricas del plan de armonización benefician a generadores privados de electricidad, algo que podría beneficiarle. Por eso le solicitamos al señor Marco Acuña su renuncia inmediata a la Presidencia Ejecutiva, ya que no representa dignamente el legado histórico del ICE.

Desde el Movimiento por el Derecho a la Electricidad nos solidarizamos con el joven estudiante Elián Jiménez Campos y exigimos la desescalada de los discursos de odio, polarización y violencia accionados por la Fuerza Pública y promovidos por la Presidencia de la República.

Llamamos al movimiento social y popular, y a la ciudadanía patriótica a mantenernos alerta. En los próximos días, anunciaremos mediante conferencia de prensa, las siguientes acciones y actividades. ¡Digamos no al plan de Armonización (23.414)!

Conversatorio analizará crisis arrocera y abandono de la producción nacional

La Escuela de Sociología de la Universidad de Costa Rica (UCR) realizará el conversatorio “Una ruta olvidada: nadie se comió la bronca y nos estamos quedando sin arroz”, un espacio de análisis sobre la situación de la producción arrocera nacional, las políticas públicas vinculadas al sector y sus impactos sociales y económicos.

La actividad se llevará a cabo el lunes 1 de junio a las 10:00 a.m. en el auditorio del piso 6 del edificio de Ciencias Sociales de la UCR.

El conversatorio contará con la participación del Dr. Luis O. Barboza Barquero, director del Centro de Investigaciones en Granos y Semillas de la Universidad de Costa Rica, así como de Ariel Robles Barrantes, exdiputado de la República y máster en Gestión Educativa con énfasis en Aprendizaje del Inglés.

El título de la actividad plantea una crítica al abandono de las políticas de protección y fortalecimiento de la producción nacional de arroz, en momentos en que diversos sectores han advertido sobre los efectos de la apertura comercial, el debilitamiento del agro y el aumento de la dependencia alimentaria.

La actividad es organizada por Ashley Barahona, Lourdes Navarro y Gabriela Zamora, en el marco de iniciativas académicas vinculadas a la Escuela de Sociología y el curso SO-1014 Taller Integrado de Gestión y Práctica Sociológica I y el proyecto ED-3529 de la Universidad de Costa Rica.

El encuentro busca abrir un espacio de reflexión sobre soberanía alimentaria, producción agrícola nacional y las consecuencias sociales de las transformaciones recientes en el sector arrocero costarricense.

El socialismo democrático de Manuel Mora y la República costarricense contemporánea

Alejandro Guevara Arroyo

Siguiendo patrones discursivos visibles en diversos movimientos contemporáneos de la derecha radical y la reacción conservadora, el actual gobierno chavista de Costa Rica ha decidido asociar a la oposición política con categorías como comunismo, socialismo, pobreza u opresión. En su boca, tales movimientos aparecerían como expresiones de incompetencia y perversidad tan evidentes que incluso resultaría difícil justificar su pertenencia legítima a la comunidad política.

Estas imputaciones fuerzan a todo el arco progresista costarricense a posicionarse frente a dichos epítetos y alusiones. La historia política nacional, afortunadamente, contiene suficiente densidad simbólica e intelectual como para responder a esos embates narrativos. Para ello, conviene volver sobre las ideas que dieron origen a muchas de las políticas e instituciones que hicieron posible el bienestar social de nuestros antepasados. Ese legado todavía sobrevive en la sociedad costarricense actual, aunque cada vez con mayores signos de desgaste, fragmentación y desigualdad.

Podría apelarse, para ello, al “socialismo democrático” defendido históricamente por el liberacionista José Figueres Ferrer o al socialcristianismo popular impulsado por Rafael Ángel Calderón Guardia. Pero quizá no exista una figura más fértil en símbolos políticos y anticipaciones democráticas que la de Manuel Mora Valverde, dirigente comunista y representante de la mejor de las tradiciones del socialismo democrático costarricense.

Hoy, frente al avance de discursos autoritarios y formas cada vez más agresivas de polarización política, resulta pertinente volver sobre sus ideas. En ellas aparece una concepción profundamente democrática y republicana de la vida pública, orientada por una noción sustantiva de justicia social y por la convicción de que la libertad pierde contenido cuando amplios sectores de la población viven sometidos a relaciones de dependencia material y exclusión.

Para comprenderlo, conviene recuperar algunos pasajes en los que Mora expuso sus concepciones constitucionales, democráticas y sociales. En ellos aparece la defensa del sistema político democrático como una construcción no acabada. No es casual, por ejemplo, que ya en la década de 1930 Manuel Mora defendiera públicamente desde el Congreso el reconocimiento del sufragio femenino. Pero, además, Mora entendía la democracia como un régimen de ampliación de capacidades humanas, de integración popular y de limitación de las distintas formas de dominación oligárquica y arbitrariedad económica. La democracia, desde esta perspectiva, no consiste únicamente en votar periódicamente (aunque sí es un componente esencial de ella). Reside también en impedir que el poder económico convierta a grandes sectores sociales en poblaciones subordinadas, sometidas o descartables.

Veamos algunas de las líneas maestras que identificó como centrales para su movimiento político:

1.) “No somos enemigos del régimen democrático. Por el contrario, lo sostendremos y lo defenderemos en la medida de nuestras posibilidades y nos empeñaremos por fortalecerlo cada vez más dándole contenido económico. Creemos sinceramente que cualquier movimiento político-social que se desenvuelva con honradez en Costa Rica y que pretendiera ir más allá del auténtico régimen democrático, estaría en este momento fuera de nuestra realidad”.

2.) “Nos oponemos resueltamente al trasplante a nuestro país de fórmulas que no calcen en nuestra realidad económica, social y política. Declaramos que los problemas de nuestro país deben resolverse a la luz de un estudio concienzudo y serio de nuestras características nacionales”.

3.) “No tenemos como entidad social credo religioso ni antirreligioso. Los propósitos de persecución a la religión católica que se nos atribuyen son completamente falsos. La lucha social ha tenido el carácter de lucha anticlerical en otros países, porque en ellos el clero ha sido y es terrateniente. Pero en Costa Rica, donde no lo es, ninguna lucha tiene que librar el Partido Comunista contra los señores sacerdotes”.

4.) “No somos enemigos de las grandes y nobles tradiciones nacionales. Antes bien, las respetamos y nos sentimos más ligados a ellas que muchos de los que nos atacan bajo los estandartes de un falso patriotismo”.

5.) “No somos enemigos de la pequeña propiedad, sino de la propiedad que se forma, precisamente, mediante la eliminación de la primera y mediante el robo en sus diferentes aspectos. Con respecto a esa gran propiedad nunca hemos pensado tampoco que pueda suprimirse en tanto el capitalismo se mantenga en los Estados Unidos. Pero sí creemos que puede limitarse y reglamentarse en beneficio del pueblo”.

6.) “No somos enemigos de la familia, sino, por el contrario, creemos que la familia debe dotarse de elementos económicos que le den verdadero sentido humano. Creemos que la miseria es la gran desintegradora de hogares”.

7.) “Somos enemigos decididos del crimen y del terror como sistema de lucha social. Creemos únicamente en la acción de las masas preparadas y organizadas, como medio eficaz de combate”.

No debe sorprender, entonces, que Mora Valverde apelara directamente a las consignas centrales de la Revolución francesa y las interpretara como una promesa democrática todavía inconclusa en Costa Rica:

Pero yo pregunto, ¿la libertad, la igualdad, la fraternidad son realidades tangibles dentro de [estas] sociedades liberales? Indiscutiblemente que no. […] ¿Por qué? Porque ninguna conquista social puede ser efectiva si carece de contenido económico. (…) En una sociedad de riqueza desequilibrada, de privilegios y compadrazgos, la libertad en el amplio sentido de la palabra es cierta para los que tienen dinero y no lo es para los que carecen de él. (…) Todo esto quiere decir que, mientras los postulados de la democracia liberal no tengan contenido económico, esos postulados serán esqueleto sin vida”. [Entiendo, por ello, que] “el socialismo es igual al liberalismo más la democracia económica”.

La libertad política requiere, por tanto, bases materiales comunes de dignidad para toda la ciudadanía. Requiere educación y salud pública, derechos laborales efectivos, instituciones sociales fuertes y límites democráticos al poder económico concentrado. Sin comunidad política, sin solidaridad social y sin límites al poder oligárquico, la democracia termina vaciándose desde dentro.

En Mora Valverde parecen converger dos tradiciones políticas distintas pero complementarias: por un lado, el ideal republicano de una ciudadanía libre de dominación arbitraria; por otro, la convicción socialista de que la igualdad material constituye una condición necesaria para que esa libertad sea efectivamente ejercida y disfrutada por las mayorías.

Muy lejos de la violencia política o de experiencias autoritarias extravagantes, las ideas que Mora Valverde anticipa en estos pasajes revelan una concepción profundamente costarricense de transformación democrática: popular, institucional y republicana.

De todo ello parece desprenderse que la mejor tradición del socialismo costarricense no constituye una anomalía antidemocrática, como frecuentemente sostienen los discursos de la nueva derecha criolla. En cambio, es una de las corrientes que más tempranamente intentó ampliar la promesa social, popular y republicana de la democracia costarricense. Parte importante de ese legado institucional y político todavía está presente en la Costa Rica contemporánea..

Fuente de los pasajes: Merino del Río, José. Manuel Mora y la democracia costarricense: viaje al interior del Partido Comunista. Heredia, Costa Rica: Editorial Fundación UNA, 1996, 49-57,

https://www.teletica.com/65-aniversario/manuel-mora-un-lider-dedicado-a-la-justicia-social_385839

Escámez vuelve en fragmentos al Museo del Jade

Se presentará de manera gratuita este fin de semana en el Museo del Jade. La dramaturgia parte de la vida de Julio Escámez como un territorio de rupturas, donde la persecución política, el desplazamiento, la creación artística y la memoria dialogan con el presente.

Este fin de semana en el Museo del Jade en San José, se presentará la obra Fragmentos de Julio, una propuesta del proyecto Teatro UNA, con los aportes del Taller de dramaturgia y el Laboratorio escénico digital de la Escuela de Arte Escénico de la Universidad Nacional (EAE-UNA).

“Lejos de proponer una reconstrucción biográfica lineal, la obra activa el legado del pintor y muralista chileno Julio Escámez mediante una dramaturgia fragmentaria que articula memoria, archivo, testimonio y experimentación estéticadijo Ailyn Morera, académica de la EAE-UNA, quien trabajó la propuesta dramatúrgica y quien codirige la puesta en escena.

Fragmentos de Julio” es una propuesta escénica que reconstruye, la vida del muralista a través de imágenes, memorias y testimonios, la puesta en escena recorre su infancia, su compromiso artístico, la violencia política en Chile y su exilio en Costa Rica.

Más que narrar una biografía, la obra activa su legado como experiencia: el arte aparece como resistencia, memoria y acto político. En escena, el pasado no se representa, se vuelve presente, e invita al espectador a completar los fragmentos y a repensar el lugar del arte en la historia y en la vida.

Antes de su llegada a Costa Rica en 1974, Escámez, nacido en Chillán en 1925, ya era una figura relevante dentro del muralismo chileno y latinoamericano. Fue discípulo de Laureano Guevara y se vinculó a los movimientos artísticos de izquierda que promovían un arte comprometido socialmente.

De acuerdo Morera, la obra “es una propuesta de teatro documental que incluye ficción y rinde homenaje a don Julio Escámez por su trayectoria universitaria y su aporte a cultura y el arte de este país”.

Este proyecto articula a estudiantes y académicos de Teatro UNA, del Taller de Dramaturgia y del Laboratorio Escénico Digital. “Hemos tenido acompañamiento por parte de la profesora Marta Rosa Cardoso, en colaboración con el Centro de Gestión del Acervo Artístico (CGAA-UNA) y la Escuela de Arte y Comunicación Visual, custodios de la obra y el archivo de Escámez” comentó Mario Blanco, coordinador de Teatro UNA y codirector de la obra.

La puesta mezcla archivos, testimonios, escenas dramatizadas y lenguajes contemporáneos asociados al Laboratorio Escénico Digital. En la puesta en escena participan los estudiantes Kevin Leiva Salazar, Daniel Calvo Fernández, Fiorella Castillo Calvo y Kendall Rojas González.

Fragmentos de Julio se presentará este viernes 29 de mayo a las 7 p.m. sábado 30 y domingo 31 a las 4 p-m- en el Museo del Jade ubicado en San José, la entrada es gratuita y puede reservar su espacio al WhatsApp 8804-6050

Oficina de Comunicación
Universidad Nacional, Costa Rica

El puente entre la fe y la ciencia

Dorys Galarza – José A. Amesty Rivera

La falsa pelea entre la fe y la ciencia

Durante mucho tiempo nos enseñaron que la fe y la ciencia eran enemigas. Como si creer fuera cosa de personas ingenuas y pensar científicamente fuera incompatible con la espiritualidad. En muchas escuelas, universidades e incluso iglesias se instaló la idea de que había que escoger entre una cosa o la otra, o se creía en Dios o se creía en la ciencia. Pero hoy esa discusión empieza a verse distinta.

La neurociencia, la psicología y la biología moderna están descubriendo algo profundamente humano, las creencias cambian la manera en que vivimos. Y eso incluye tanto las creencias religiosas como las ideas que tenemos sobre nosotros mismos, el futuro y la sociedad.

La ciencia ya no ve al ser humano únicamente como una máquina biológica. También entiende que las emociones, la esperanza, el sentido de vida y la confianza tienen efectos concretos en el cuerpo y en la mente.

Por ejemplo, una persona que vive convencida de que su vida no tiene salida suele desarrollar más ansiedad, estrés y agotamiento emocional. En cambio, alguien que encuentra propósito y esperanza tiene más capacidad de resistir momentos difíciles.

Eso no significa que la fe reemplace la medicina ni que todo se resuelva “pensando positivo”. Significa algo más profundo: la forma en que interpretamos la realidad influye directamente en cómo enfrentamos la vida.

Y eso siempre lo supieron los pueblos latinoamericanos.

En nuestros barrios, en las comunidades campesinas, en los sectores más golpeados, muchas veces la fe no fue un lujo espiritual. Fue la fuerza que permitió seguir adelante cuando no había trabajo, cuando faltaba comida o cuando el dolor parecía demasiado grande.

La ciencia apenas comienza a ponerle nombre a algo que millones de personas ya vivían en carne propia: creer puede sostener la vida.

El cerebro también aprende a creer

La neurociencia ha demostrado que el cerebro cambia constantemente. Antes se pensaba que la mente era algo rígido, casi fijo. Hoy sabemos que no es así.

El cerebro funciona creando conexiones neuronales. Cada pensamiento repetido, cada emoción frecuente y cada hábito cotidiano fortalece ciertos caminos mentales. A esto se le llama neuroplasticidad.

En palabras simples: aquello que repetimos todos los días termina convirtiéndose en parte de nosotros.

Por eso una persona que vive constantemente con miedo, estrés o desesperanza termina entrenando su cerebro para reaccionar desde la defensa. El cuerpo permanece en alerta, como si el peligro estuviera siempre presente.

Esto se ve mucho en contextos de pobreza extrema o violencia.

Un niño que crece escuchando gritos, viendo inseguridad o sintiendo hambre aprende a vivir en modo supervivencia. Su cerebro se acostumbra a reaccionar rápido, desconfiar y protegerse. Muchas veces no logra pensar en proyectos a largo plazo porque toda su energía mental está concentrada en resistir el presente.

Pero el cerebro también puede aprender esperanza.

Cuando una persona empieza a vivir experiencias de apoyo, seguridad y propósito, el cerebro comienza lentamente a reorganizarse. La oración consciente, la meditación, los espacios de escucha y las relaciones sanas ayudan a disminuir el estrés y fortalecer áreas del cerebro relacionadas con la calma y la creatividad.

Por ejemplo, un joven que creció en un ambiente violento puede transformar su vida cuando encuentra un espacio comunitario donde alguien lo escucha, lo orienta y le muestra otras posibilidades. Puede ser una iglesia de base, un grupo cultural, un equipo deportivo o una organización barrial.

Ese cambio no ocurre de la noche a la mañana. Pero poco a poco el cerebro deja de reaccionar únicamente desde el miedo y comienza a desarrollar confianza.

En otras palabras: el cerebro aprende tanto el miedo como la esperanza.

La resignación también se aprende

En América Latina no solamente heredamos desigualdad económica. También heredamos formas de pensar.

Durante generaciones muchas personas crecieron escuchando frases como: “El pobre nace pobre.” “No se puede cambiar nada.” “Así es la vida.” “Uno vino a sufrir.” “Hay que conformarse.”

Esas frases parecen simples palabras, pero en realidad funcionan como programaciones mentales. Cuando una persona escucha toda su vida que no vale, que no puede o que nunca saldrá adelante, termina creyéndolo. Y cuando una comunidad completa piensa igual, la resignación se vuelve cultura. Esto explica por qué muchas veces pueblos enteros dejan de creer en sí mismos.

Aquí la epigenética aporta algo muy importante. Esta rama de la ciencia muestra que el entorno influye profundamente en cómo responde nuestro cuerpo.

Un niño que crece en un hogar donde siempre hay miedo por el dinero, violencia o inseguridad no solo aprende ideas negativas. También desarrolla respuestas biológicas de estrés.

Por eso muchas veces el trauma se transmite entre generaciones. El abuelo vivió miedo. El padre aprendió resignación. El hijo hereda ansiedad y desconfianza. Y así se va formando una cadena invisible.

Por ejemplo, muchas familias latinoamericanas crecieron con una mentalidad de escasez tan fuerte que incluso cuando mejoran económicamente siguen viviendo desde el miedo. Guardan todo, desconfían de cualquier oportunidad o sienten culpa por progresar.

No porque sean débiles, sino porque durante años su mente fue entrenada para sobrevivir, no para prosperar.

Pero ni la historia ni la biología son una condena

Aquí aparece una de las noticias más esperanzadoras de la ciencia moderna: el cerebro puede cambiar. La historia personal también puede cambiar.

Y aquí la fe juega un papel enorme. Porque la fe verdadera no es negar los problemas. Es negarse a aceptar que el dolor tiene la última palabra. La transformación comienza muchas veces con algo pequeño, una persona que vuelve a creer que su vida todavía tiene valor. Este momento interior puede parecer invisible, pero es profundamente poderoso.

Por ejemplo: La mujer que decide dejar una relación violenta. El joven que vuelve a estudiar después de años. El trabajador que intenta emprender aun después de varios fracasos. El hombre que busca ayuda para salir de una adicción. La persona deprimida que decide levantarse una vez más.

Todos estos son actos de fe. No porque garanticen éxito inmediato, sino porque desafían la idea de que todo está perdido. Y esto también tiene efectos biológicos. Cuando una persona recupera esperanza, el cerebro libera dopamina, relacionada con la motivación y la energía para avanzar.

La mente comienza a abrir posibilidades nuevas. Por eso la esperanza no es ingenuidad. Es una fuerza que reorganiza la vida.

Nadie se salva solo

Aunque la transformación personal es importante, nadie logra sostenerse completamente solo. El ser humano necesita vínculos. Necesita comunidad. Necesita sentir que alguien lo mira con dignidad. Y esto también tiene una base científica.

El cerebro humano funciona en relación con otros cerebros. Las emociones se contagian. La confianza también. Cuando alguien vive rodeado únicamente de violencia, humillación o abandono, su cuerpo aprende miedo. Pero cuando encuentra relaciones sanas, apoyo y escucha, el cerebro comienza a sentirse seguro.

Por esto muchas veces una sola persona puede cambiar profundamente la vida de alguien, por ejemplo: Un maestro que cree en un estudiante. Una abuela que sostiene emocionalmente a la familia. Un vecino que ayuda en medio de la crisis. Un líder comunitario que organiza al barrio. Un grupo que acompaña a personas con adicciones.

Todos estos vínculos tienen un efecto real sobre la mente y el cuerpo. Muchas veces las personas logran salir adelante porque alguien les devolvió esperanza.

La fe comunitaria, la gran fuerza latinoamericana

En América Latina la fe casi siempre tuvo una dimensión colectiva. Aquí la gente aprendió a resistir en comunidad. Lo vimos durante las crisis económicas, cuando aparecieron ollas comunes en barrios enteros. Personas que apenas tenían para ellas mismas decidían compartir comida con otros.

Desde afuera podría parecer solo solidaridad. Pero en el fondo existe una convicción profunda, nadie debería quedarse solo frente al sufrimiento. Esto también es fe. La vemos en comunidades campesinas que se organizan para defender su tierra frente a grandes empresas. En mujeres que crean redes de apoyo para enfrentar violencia doméstica. En barrios que levantan bibliotecas populares o comedores infantiles. En jóvenes que organizan actividades culturales para evitar que otros caigan en violencia o drogas. En cooperativas donde varias familias trabajan juntas porque entienden que individualmente no podrían sobrevivir.

La fe comunitaria nace cuando las personas dejan de pensar únicamente en salvarse solas y comienzan a creer en el valor del nosotros. Y esto cambia profundamente la manera en que una sociedad enfrenta las crisis.

La Biblia leída desde abajo

Cuando la Biblia se lee desde la realidad de los pobres y excluidos, adquiere un significado diferente. Deja de ser un libro para escapar del mundo y se convierte en una invitación a transformarlo.

Por ejemplo, Bartimeo, el ciego del Evangelio, no solamente recupera la vista. También recupera dignidad. Antes estaba al borde del camino, invisibilizado. Cuando vuelve a ver, vuelve también a ocupar un lugar dentro de la comunidad.

Su fe no fue quedarse quieto esperando. Fue insistir. Gritar. Negarse a aceptar el silencio.

Lo mismo ocurre con la mujer enferma que toca el manto de Jesús. Más allá del milagro religioso, hay una persona que decide romper años de exclusión y acercarse creyendo que todavía puede sanar. La fe bíblica casi nunca aparece como pasividad. Aparece como movimiento. Como decisión. Como esperanza activa.

La multiplicación de los panes, compartir también es creer

La multiplicación de los panes puede entenderse como una de las escenas más profundas de fe comunitaria. Porque el verdadero milagro no es solamente que aparezca comida. El gran cambio ocurre cuando la gente deja de actuar desde el miedo.

Muchos estudiosos de la teología latinoamericana interpretan esta escena como el momento en que las personas dejan de esconder lo poco que tienen y empiezan a compartir.

Y cuando esto ocurre, alcanza para todos. Esto sigue pasando hoy. Sucede cuando comunidades crean cooperativas de producción. Cuando vecinos organizan huertas comunitarias. Cuando familias se unen para sostener comedores. Cuando trabajadores crean economías solidarias. Detrás de estas acciones existe una fe concreta: la convicción de que otra forma de vivir sí es posible.

La fe puede liberar o puede domesticar

La fe nunca es neutral. Puede utilizarse para resignar a las personas, enseñándoles que deben soportar injusticias sin cuestionar nada. Pero también puede convertirse en una fuerza liberadora. La diferencia está en el tipo de fe que se transmite. Una fe basada únicamente en miedo y culpa termina paralizando.

En cambio, una fe que recuerda la dignidad humana despierta conciencia y organización. Por esto tantas comunidades latinoamericanas encontraron fuerza espiritual para luchar por derechos, justicia y dignidad. La verdadera fe no hace que las personas se desconecten del mundo. Las impulsa a transformarlo.

El cambio comienza por dentro, pero no termina ahí

Toda transformación social comienza primero dentro de las personas. Pero no termina allí. Porque una persona que sana puede ayudar a sanar una familia. Una familia que cambia puede transformar un barrio. Y un barrio organizado puede cambiar una comunidad entera.

Así comienzan muchas veces los grandes cambios históricos. No desde arriba. Sino desde pequeños espacios donde alguien decidió volver a creer. Por esto la fe individual y la fe comunitaria se necesitan mutuamente. La fe personal da fuerza interior. La fe comunitaria sostiene el camino. Una inspira. La otra acompaña.

Creer también es construir futuro

Al final, tanto la ciencia como la espiritualidad liberadora llegan a una idea análoga, no somos únicamente el resultado de lo que vivimos. También somos aquello que decidimos creer y practicar cada día. La fe no elimina automáticamente el sufrimiento. No borra las injusticias. No hace desaparecer mágicamente los problemas. Pero sí cambia la manera en que los enfrentamos. Y cuando muchas personas comienzan a creer juntas que otra realidad es posible, la historia empieza lentamente a moverse.

Por eso creer no es escapar de la realidad. Es mirarla de frente y aun así apostar por la vida. Es seguir sembrando aun después de perder cosechas. Es seguir organizándose aun en medio del abandono. Es seguir educando hijos en tiempos difíciles. Es seguir construyendo comunidad, aunque el individualismo diga lo contrario.

Y cuando la fe se convierte en práctica cotidiana, deja de ser solamente una idea. Se vuelve camino. Un camino difícil, sí. Pero también el camino que sigue haciendo posible la dignidad humana en medio de cualquier incertidumbre.

Escuela de Biología de la UCR pide revisión de los criterios que autorizaron la tala en Playa Panamá

  • Personal académico advierte sobre impactos ecológicos irreversibles y cuestionan criterios utilizados para autorizar corta de árboles en Papagayo

La Asamblea de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR) expresó su profunda preocupación ante la autorización de corta de árboles en Playa Panamá, en el marco de las controversias generadas por el desarrollo turístico en el Polo Turístico Golfo de Papagayo.

Mediante un pronunciamiento público dirigido a la ciudadanía nacional, la Escuela solicitó una revisión “rigurosa, transparente y técnicamente fundamentada” de los criterios utilizados para justificar la intervención, especialmente ante la existencia de procesos judiciales, administrativos y penales en curso relacionados con el caso.

Las personas académicas señalaron que la discusión pública no puede reducirse a una falsa oposición entre ambiente y desarrollo, ni limitar la valoración ecológica de un bosque a cálculos numéricos o compensaciones simplificadas.

“Un bosque tropical es mucho más que un conjunto de árboles. Es un sistema vivo donde interactúan plantas, animales, microorganismos, suelo, agua y clima”, destaca el documento, el cual insiste en que la estructura ecológica, la conectividad biológica y las funciones ecosistémicas deben formar parte central de cualquier evaluación ambiental.

La Escuela de Biología advirtió que los remanentes boscosos en Guanacaste cumplen funciones fundamentales para la biodiversidad y para la sostenibilidad de la actividad turística, particularmente en una región cada vez más afectada por la urbanización, el cambio climático y la fragmentación ecológica.

Además, cuestionó la idea de compensar la tala de árboles adultos mediante la siembra de árboles jóvenes, recordando que la recuperación de funciones ecológicas equivalentes puede tardar décadas y que la supervivencia de árboles sembrados en bosque seco suele ser muy baja.

“El bosque reforestado no reemplaza de forma inmediata la estructura, las interacciones, el suelo, el microclima, la fauna asociada ni la historia ecológica de un sistema ya establecido”, subraya el pronunciamiento.

La Asamblea también alertó sobre los impactos acumulativos que ha sufrido la región costera de Papagayo durante las últimas décadas, incluyendo procesos de sedimentación marina asociados a la pérdida de cobertura forestal y terraceos, lo que ha afectado ecosistemas marinos y la relación ecológica entre tierra y mar.

Según la Escuela, la protección de la cobertura boscosa no es un obstáculo para el turismo, sino una condición indispensable para su sostenibilidad. En ese sentido, advirtió que la pérdida de bosques puede traducirse en más calor, escasez de agua, erosión, pérdida de fauna y deterioro del paisaje, afectando incluso la viabilidad económica del propio sector turístico.

Asimismo, manifestaron preocupación por propuestas regulatorias que podrían aumentar la fragmentación forestal en Papagayo, considerando que este caso debe servir para fortalecer, y no debilitar, la protección de los remanentes boscosos y la calidad de la toma de decisiones ambientales en Costa Rica.

Finalmente, la Escuela de Biología solicitó que las autoridades garanticen una revisión independiente y libre de presiones políticas sobre los permisos otorgados y que se aplique el principio de cautela mientras persistan dudas técnicas y procesos pendientes.

Puede descargar el pronunciamiento desde SURCOS:
https://surcosdigital.com/wp-content/uploads/2026/05/Pronunciamiento-corta-arboles-Playa-Panama.pdf

Con apoyo de proyecto ED-3526 Geografía y Diálogos de Saberes: Análisis de la conflictividad socioambiental en territorios comunitarios de Costa Rica de la Escuela de Geografía y el Programa Kioscos Socioambientales de la Vicerrectoría de Acción Social Universidad de Costa Rica.

La Iglesia frente al poder invisible de la Inteligencia Artificial

Glenm Gómez Álvarez, Pbro.

He concluido la lectura de la encíclica «Magnifica Humanitas» del Papa León XIV y debo admitir que me dejó una extraña mezcla de entusiasmo e inquietud, atravesada, además por innumerables preguntas… muchas preguntas.

Me impresiona particularmente el giro que ha dado la reflexión de la Iglesia sobre la Inteligencia Artificial (IA) en apenas un par de años. Recuerdo cuando el Papa Francisco abordó este tema en la 58ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2024, bajo aquel sugerente lema: “Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: por una comunicación plenamente humana”. Allí, aunque se advertía sobre el riesgo de una tecnología rica en herramientas, pero pobre en humanidad, el énfasis era claro: la verdad, la comunicación, las fake news, la manipulación mediática, la necesidad del discernimiento.

Pero hoy el panorama es otro. El tema ha sido trasladado al corazón mismo de la Doctrina Social de la Iglesia. El Magisterio pasó muy rápido de hablar de “sabiduría del corazón” y comunicación humana a hablar de poder, concentración tecnológica, colonialismo digital, dominio cultural, trabajo humano, geopolítica, control de datos y nuevas formas de exclusión.

Y esto también me impresiona profundamente. Porque el Papa pudo haber escogido muchos otros grandes temas para inaugurar su magisterio social. Pudo haber escrito sobre las guerras contemporáneas, las migraciones masivas, la crisis climática, la secularización acelerada, la persecución religiosa, el colapso demográfico de Occidente, el capitalismo financiero, el riesgo de absolutizar figuras políticas contemporáneas —como Donald Trump u otros líderes convertidos casi en referentes mesiánicos— o la creciente polarización política global.

Pero no. Escogió la IA. Y eso no puede ser casual. La IA no aparece aquí como un tema más entre tantos otros, sino como uno de los posibles ejes estructurantes de la nueva época histórica.

La Doctrina Social de la Iglesia jamás ha sido ingenua respecto al poder. Nunca ha interpretado los grandes cambios de la historia como procesos puramente espontáneos o neutrales. Siempre ha comprendido que detrás de las transformaciones económicas, culturales y tecnológicas existen intereses concretos, visiones antropológicas, disputas de poder, élites y proyectos de sociedad.

Y, precisamente, por eso resulta tan significativa esta encíclica. Porque da la impresión de que la Iglesia percibe que estamos ante un fenómeno impulsado por actores con una capacidad inédita para reorganizar la experiencia humana global. No hablamos únicamente de gobiernos o instituciones visibles, sino de estructuras tecnológicas, corporaciones multinacionales, algoritmos, plataformas, fondos de inversión, laboratorios y redes de influencia que muchas veces operan fuera del radar cotidiano de la mayoría de las personas, pero que igualmente moldean hábitos, información, decisiones, vínculos sociales e incluso la comprensión de la realidad.

Insisto: que el primer gran documento social de León XIV haya sido precisamente sobre la IA revela que la Iglesia percibe aquí algo más profundo que una simple innovación tecnológica. Intuye un cambio de época. Una transformación antropológica. Tal vez incluso civilizatoria.

Y voy a confesar algo: rara vez escribo un artículo compuesto casi únicamente de preguntas. Creo que es la primera vez que lo hago deliberadamente. Pero, como he dicho, la lectura de este documento me dejó demasiados interrogantes atravesados en el pecho como para ignorarlos y, más aún, guardármelos:

¿Qué indujo este cambio de enfoque dentro de la Iglesia? ¿Cómo se produjo, en apenas dos años, el tránsito desde una preocupación comunicacional hacia una preocupación social, económica y geopolítica?

¿Qué ocurrió entre los primeros discursos del Papa Francisco sobre cultura digital y esta encíclica para que la IA dejara de ser presentada solo como fenómeno comunicacional y comenzara a interpretarse como estructura de poder?

¿Quiénes fueron los interlocutores intelectuales que ayudaron a mover esta discusión? ¿Economistas? ¿Expertos en geopolítica? ¿Grandes empresarios tecnológicos? ¿Universidades? ¿Centros de pensamiento?

¿Hasta qué punto lo ocurrido en estos dos últimos años terminó obligando a la Iglesia a abandonar una mirada estrictamente técnica sobre la inteligencia artificial? ¿En qué momento se comprendió que el problema ya no era solamente la desinformación o la manipulación comunicacional, sino el control del conocimiento humano, de la conducta social e incluso el posible sometimiento de la humanidad a nuevas estructuras de poder tecnológico?

¿Puede hablarse legítimamente de colonialismo digital cuando culturas enteras terminan dependiendo tecnológicamente de plataformas, modelos y sistemas diseñados desde unos pocos centros de poder mundial?

¿Quién define hoy qué es verdad, qué merece visibilidad y qué debe desaparecer? ¿Quién entrena las inteligencias artificiales? ¿Con qué visión antropológica? ¿Con qué intereses económicos? ¿Con qué ideología?

¿Puede seguir hablándose de neutralidad tecnológica? ¿O toda tecnología termina expresando inevitablemente una visión del ser humano y de la sociedad?

¿Estamos frente a una nueva cuestión social comparable a la revolución industrial?

¿Será casual que el lenguaje reciente del Magisterio recuerde tanto las grandes denuncias sociales de los siglos XIX y XX? ¿Estamos entrando en la nueva Rerum Novarum del siglo XXI?

¿La propiedad más poderosa del futuro ya no será la tierra ni la fábrica, sino los datos? ¿Será que el gran conflicto contemporáneo ya no gira solamente alrededor del capital y el trabajo, sino alrededor del conocimiento, los algoritmos y la capacidad tecnológica?

¿Estamos todavía a tiempo de humanizar la tecnología antes de que la tecnología termine reorganizando lo humano?

Ahora bien —y aquí quiero decir algo que para mí resulta fundamental— no puedo leer este momento histórico únicamente desde la sospecha. Como creyente, también me niego a pensar que la historia queda exclusivamente en manos de los poderosos. Porque precisamente ahí es donde aparece otra lectura posible: la acción del Espíritu Santo suscitando en la Iglesia una conciencia nueva frente al que quizá sea el tema más decisivo de nuestra época. Quizá la Iglesia lo está entendiendo antes de que muchos alcancen a dimensionarlo.

Esta encíclica sobre IA podría ser el intento de la Iglesia de construir un contrarrelato frente a una narrativa tecnológica que suele presentarse como inevitable, neutral y salvadora. Y eso le da muchísimo espesor al texto. Porque ya no sería solamente una reflexión moral sobre herramientas digitales, sino una disputa profunda sobre quién define el futuro humano.