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La vida es primero

“Porque ¿qué aprovechará al hombre
si ganare todo el mundo, y perdiere su
alma (vida)”.
Jesús de Nazaret

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

El Ministro de Salud, Dr. Daniel Salas, a quien el pueblo costarricense le reconoce estar enfrentando la pandemia del COVID19 con gran sensibilidad humana y profesionalismo, ha dicho de manera contundente que “[…] ninguna transacción comercial, ni economía puede estar por encima de la vida y la salud […]”[1].

De esta manera, recoge y expresa el pensamiento social y humanista en que se fundamenta nuestro Estado Social de Derecho; pensamiento que se nutre de diferentes fuentes, siendo una de ellas la Doctrina Social de la Iglesia Católica que antepone la defensa de la vida, la dignidad humana, a cualquier otro valor o principio. El Estado y el mercado deben estar al servicio de la persona humana y del bien común.

Sí, en las circunstancias actuales, tenemos que apostar decididamente por anteponer el derecho a la vida digna y saludable a los intereses mezquinos y egoístas de sectores que solo ven en la pandemia una oportunidad o un obstáculo para seguir acumulando riqueza. Y siguiendo el mal ejemplo de países como Estados Unidos y Brasil, que hoy puntean los índices de mayor mortalidad por causa de la pandemia del COVID19, anteponen los intereses comerciales y económicos a la vida y la salud de las personas.

Buena parte de los ideólogos de la reactivación económica apuestan a salvar la economía aunque la gente se muera. Parten del principio economicista de que si a la economía le va bien a la gente también. La noticia falsa más consumida y publicitada, por los “vendedores de políticas económicas” (Krugman).

Se trata de un añejo discurso que apela a la promesa de un futuro paradisiaco a cambio de un presente de sacrificios, así como a que la riqueza siempre se desborda y nunca se concentra. Es la versión económica de la religión como “opio del pueblo” –religión de mercado–, es decir, que busca la resignación y sometimiento a los sufrimientos, miserias y explotaciones presentes a cambio de la recompensa en un futuro indeterminado. Como alguien ha dicho, en el largo plazo todos estaremos muertos.

Hoy, estamos ante la encrucijada de optar por la vida digna y justa o dejar que la actual pandemia y tantas otras sigan cobrando vidas. Por ejemplo, las pandemias de la pobreza y del hambre, generadas por un sistema tributario injusto que cobra impuestos a los pobres como ricos y a los ricos como pobres, elevando los niveles de desigualdad y endeudamiento público.

Efectivamente, se trata de enfrentar los desafíos que representan las múltiples pandemias, como bien ha señalado el Papa Francisco: “En los primeros cuatro meses de este año 3 millones 700 mil personas murieron de hambre […] Esta oración de hoy para pedirle al Señor que detenga esta pandemia debe hacernos pensar en las otras pandemias en el mundo. ¡Hay muchas! La pandemia de la guerra, del hambre y otras más”[2].

Según, Julio Berdegué, funcionario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 900 millones padecen de hambre en el mundo, y es una enfermedad, a diferencia del COVID19, para la que sí existe “vacuna”. Resulta “espeluznante”, señala Berdegué, que nos hayamos acostumbrado a vivir con una tercera parte de la humanidad en condición de inseguridad alimentaria[3].

En el caso de la población en condición de pobreza, en América Latina se incrementará en 20 millones después de la pandemia; alcanzará la escandalosa suma de 90 millones de pobres. Las proyecciones, para Costa Rica son de más de un 30%, es decir, más de millón y medio de pobres.

En una reciente entrevista radial, en el Programa La Lupa, el presidente de la Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (CACIA), aunque reconocía el valioso aporte en materia de política sanitaria del Ministro de Salud, resentía la falta de iniciativa gubernamental para la reactivación económica[4].

Cabe señalar, al respecto, que, en las condiciones actuales, una buena política sanitaria podría ser también una buena política económica y social. Sin embargo, lo que no se vale es utilizar esta política para continuar apuntalando un sistema económicamente injusto y jurídica y éticamente espurio. O sea, que lo bueno que se hace con una mano se borre con la otra.

No se vale aprovecharse de que la gente esté en casa y utilizar el discurso del miedo para apuntalar el autoritarismo gubernamental y empresarial, lesionando intereses y derechos legítimos de los trabajadores públicos y privados, como ha venido sucediendo, un día sí y otro también, en este país que se precia de ser adalid de la democracia y los derechos humanos, en el concierto de las naciones: “luz en la calle y oscuridad en la casa”.

Un sí a la vida, exige renovar la esperanza en la sensibilidad y el compromiso de un pueblo que, en circunstancias adversas, ha sabido levantar la antorcha de la dignidad para construir su futuro sobre los sólidos cimientos del derecho, la justicia y la paz social. Un tiempo oportuno para la gran tarea de construir con tenacidad el nuevo pacto social post-neoliberal.

[1] https://elperiodicocr.com/ministro-de-salud-ninguna-transaccion-comercial-puede-estar-por-encima-de-la-vida-y-la-salud/

[2] https://www.vaticannews.va/es/papa-francisco/misa-santa-marta/2020-05/santa-marta-papa-francisco-coronavirus-pide-libercion-pandemias.html

[3] https://www.youtube.com/watch?v=hZgjaR_TgoA

[4] https://www.facebook.com/1818672778427731/videos/2952243401563174/

 

Foto: FAO.

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Aprovechar la coyuntura del Covid-19 para impulsar la transformación del agro

German Masís Morales

Este lunes el Presidente de la República y el Ministro de Agricultura y Ganadería han efectuado la apertura de la primera rueda virtual de negocios que se realiza por medio de la plataforma La Finca Agropecuaria, herramienta impulsada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), donde más de 2.000 productores y 50 compradores han de acercado la oferta de bienes de origen agrícola, pecuario, pesquero y acuícola, a la demanda de las agroindustrias nacionales.

“Esta es la forma cómo la institucionalidad responde para apoyar a los productores en el escenario que nos impone la pandemia por COVID-19. Estas oportunidades son muy valiosas, porque no se trata solo de vender hoy, sino de alcanzar alianzas que nos permitan una relación fortalecida y un mejor conocimiento entre la producción agrícola primaria y la agroindustria para negocios futuros”, declaró el Ministro.

En tanto, el Presidente reafirmó el compromiso de su gobierno de apoyar a los productores al máximo, para lo cual “estamos trabajando duro en mejores condiciones de créditos, acceso a la tecnología y al valor agregado para llegar a mejores mercados”. (ElPaísCr,1-6-2020)

Ante estas manifestaciones de las autoridades del Gobierno actual, nos preguntamos si estas acciones introducen cambios importantes en la producción y en el comercio agropecuario y si se está aprovechando la coyuntura de la pandemia del covid-19 para impulsar una transformación de la actividad agrícola y agroindustrial, de los sistemas de producción o de la participación de los distintos sectores involucrados en dicha actividad, pero la respuesta es que no.

La política sectorial agrícola sigue enfatizando en el crecimiento de la producción, en el mejoramiento de la productividad, en el aumento de la agroexportación y en la adopción de nuevas tecnologías. El monocultivo de exportación en manos de grandes empresas por su aporte a la generación de divisas, sigue siendo el eje del modelo agropecuario nacional.

Por el contrario, una política agraria alternativa, debiera estar dirigida a superar los efectos de las políticas macroeconómicas de liberalización económica y apertura comercial aplicadas en los últimos 35 años, las cuales han afectado seriamente las condiciones de la micro y pequeña producción agrícola y agroindustrial, ha empobrecido a la población rural, ha priorizado en la importación agroalimentaria y ha profundizado el monocultivo de exportación.

Esta política agraria alternativa deberá estar centrada en la promoción de una agricultura más sostenible, en el apoyo a la innovación a partir de los recursos de la finca, en el fortalecimiento de la pequeña producción agrícola y la microempresa agroindustrial familiar, en el impulso de sistemas de comercio de mayor vinculación entre productores y consumidores y en el acceso a una oferta de productos más sanos, saludables y con identidad territorial.

Esta política agraria deberá estar dirigida claramente al mejoramiento de la producción agrícola y agroindustrial para el mercado interno y debe incluir acciones sobre innovación tecnológica, gestión de servicios agrícolas locales, comercialización justa e incluyente, financiamiento alternativo, sistema de riesgo agrícola, desarrollo agroindustrial rural y apoyo a la seguridad y soberanía alimentaria.

El eje central de la propuesta de política agraria alternativa, es el mejoramiento de los procesos productivos y comerciales para el mercado interno, mediante la reactivación de los servicios que ofrece la institucionalidad pública del sector agropecuario con la participación proactiva de los diferentes actores: campesinos, pequeños productores, cooperativas agrícolas, centros agrícolas cantonales y microempresas agroindustriales y agroturísticas.

Los propósitos de la misma serían:

Contribuir a cambiar las políticas agropecuarias y rurales para que respondan a las necesidades del pequeño agricultor, el microempresario agroindustrial y la población de las comunidades rurales

Impulsar una transformación de la actividad agropecuaria nacional, hacia una más sostenible e incluyente, mediante una innovación apropiada y creativa generadora de buenas prácticas y menos dependiente de recursos externos.

Apoyar decididamente la producción agroalimentaria para el mercado interno, que garantice el abastecimiento continuo de productos sanos y de calidad, la ejecución de mecanismos de comercio directo y justo y que favorezca la apropiación de recursos por parte de los productores.

Entre las acciones estratégicas para el cambio estarían:

1.Promover la innovación y el desarrollo de tecnologías sostenibles
2.Mejorar la gestión de servicios de apoyo agropecuario y rural que ofrece el Estado
3.Adecuar y dinamizar el sistema de comercialización de productos agrícolas para el mercado interno
4.Democratizar efectivamente el acceso al crédito de la pequeña producción y la microempresa
5.Establecer un sistema de seguros y de cobertura del riesgo de la producción agrícola
6.Fomentar el desarrollo de la agroindustria rural y del valor agregado de las actividades agropecuarias
7.Apoyar la aplicación de una ley marco de Seguridad y Soberanía Alimentaria y Nutricional

Una política agraria alternativa debe responder a la necesidad histórica de la transformación productiva del agro costarricense, que sea sostenible, equitativa e incluyente y que incorpore el otro eje del desarrollo hasta ahora abandonado, como es la producción para el mercado interno, la cual garantiza la producción de alimentos, el empleo de la población rural, la conservación de la biodiversidad y el arraigo de la población en las comunidades rurales.

Las acciones actuales dirigidas a promover el comercio virtual de productos, el plan anunciado para apoyar la producción de granos básicos y la recomendación del Ministro de Agricultura para que se consuman los productos que el país produce, no vendrán a resolver los problemas estructurales de la producción y el comercio agroalimentario del país. Por lo que no se vislumbran grandes cambios en la realidad de la agricultura costarricense luego de la pandemia.

¿Será capaz nuestra juventud?

Desde un adulto mayor…

Marlin Óscar Ávila Henríquez

Nuestra juventud (18-30 años de edad) nació después de la caída del muro de Berlín y la destrucción de la Unión Soviética.

Nació en la primera fase de iniciarse la consolidación del capitalismo salvaje y la globalización del sistema de libre mercado, con la fuerza ideológica del neoliberalismo, como evolución del liberalismo clásico de los siglos XVIII y XIX, promovido y financiado por los organismos multilaterales regionales y universales.

Aunque las primeras prácticas neoliberales se facilitaron con la dictadura pinochetista, de Chile, a partir de 1974, se inició su instalación ya como sistema, en los ochentas del siglo pasado, 10 años antes de nacer el primer joven, quien ahora, el año del Covid-19, está cumpliendo 30.

Cuando se inició el desmontaje de todo pensamiento sobre estado de bienestar para sustituirlo por la supremacía del individualismo y de reducción del estado, el predominio del individuo sobre lo comunitario y lo colectivo. Estas nuevas generaciones no vivieron y muchos no se enteraron, incluidos quienes ahora están en los 40s, ni por lectura, que sus padres y abuelos habían logrado un buen nivel de vida, con educación, salud, vivienda y, demás servicios públicos de calidad, gracias al Estado de Bienestar que, como sistema predominó después de la segunda guerra mundial, promovido desde Washington.

En nuestra latinoamericana, fue en Costa Rica donde más desarrollo hubo con don José Figueres Ferrer (don Pepe) a la cabeza, en la segunda mitad del decenio de los cuarenta, hasta 1974, pero sostenido hasta inicios del presente siglo, con fuertes luchas del pueblo contra la oligarquía criolla sustentada por las grandes corporaciones y bancos internacionales, que buscan siempre la acumulación de capitales en pocas familias, dejando una secuela de pobreza y miseria en las grandes mayorías.

Las teorías y las prácticas exitosas de más de 50 años después de la segunda Guerra mundial, eventualmente, sufrieron una campaña atroz de desprestigio montado a través de los medios en poder de las corporaciones y oligarquías internacionales, endemoniándolas, hasta hacer que las nuevas generaciones crean en tales propagandas, sin siquiera saber diferenciar científicamente sus aciertos y desaciertos.

Es lamentable escuchar a jóvenes (algunos con poco más de 40) con educación superior condenando, de primas a primera, cualquier propuesta de políticas sociales en beneficio colectivo y mucho menos, aceptar una expresión de organización de trabajadores y sus derechos de participación en su propio destino. Su mismo bienestar y seguridad (de esta juventud) ahora con la pandemia, se debe en gran parte, a las políticas social demócratas impuestas en el pasado.

Pero su orgullo gratuito juvenil se infla utilizando palabras «modernas», después de haber sacado de su léxico otras expresiones que les enseñaron que son condenables, entre ellas está cooperativismo, solidaridad, reivindicación, sindicalismo, compañerismo, comunidad y comunitario, intervención del Estado, y otras. En cambio, repiten sin cesar: “emprendedurismo”, privatización, cogestión, austeridad, libre mercado, flexibilización y otros términos propios del neoliberalismo, aunque muchas veces no saben de adonde se originan.

Este cambio de paradigma institucionalizado en toda nuestra sociedad está introducido en los tres poderes del Estado, pero más en los empresarios. Nuestr@s legislador@s salen constantemente a lucir sus «nuevos» conocimientos sobre política del Estado, expresando, como el viernes 29, su preocupación porque un nuevo jerarca del Ejecutivo no se dirija por los dictados neoliberales, y se reúse a reducir el tamaño del Estado, incluso, vendiendo parte de los bienes públicos. Jóvenes, con la cabeza caliente, desarrollados en un ambiente conquistado con la lucha de la clase trabajadora, jóvenes con estudios y salubridad construida por las generaciones pasadas, que su mezquindad y soberbia, no les permite reconocer, ni siquiera agradecer, puesto que son las conquistas del pasado, los sacrificios de sus padres y abuelos, y el sistema predominante les enseñó a no ver el pasado. Sin embargo, están list@s a «vender» al exterior la buena imagen de democracia existente, pero que esta generación novata, podría destruir en una sola legislación, tal como lo ha venido haciendo con leyes antidemocráticas.

Desde luego, comprendemos que estas últimas generaciones han sido presas del sistema neoliberal. Ese sistema actualmente en crisis económica, desde hace varios años y ahora, con un quebrantamiento sanitario global sin precedentes.

Después de la segunda guerra mundial hubo que encontrar un nuevo paradigma al liberalismo clásico. Ahora, nos preguntamos, sí nuestra juventud, particularmente la gobernante, tiene capacidad para encontrar un nuevo paradigma, o piensa seguir en ese mundo ya obsoleto, fracasado y dañino para nuestra ciudadanía y nación, como lo es el neoliberalismo.

Será mucho más desastroso saber que formamos y construimos un mundo, destruido posteriormente por nuestros propios hijos e hijas, porque no les transmitimos lo esencial de la vida, muy lejos del individualismo y del mercado materialista, como es el calor humano, la equidad y solidaridad social. Para qué vamos a querer conquistar el espacio de las estrellas, si no logramos construir un hogar de hermandad, paz y fraternidad en nuestra tierra.

Lo que más nos satisficiera es, que nuestra juventud en cargos pasajeros de poder, nos demostrara lo equivocado que pudiéramos estar con estas ideas y creer que nuestros nietos podrían gozar de seguridad social, equidad y bienestar social, como esa actual juventud que pronto dejará de serlo.

Con la rodilla en el cuello

Carlos Campos Rojas

Así murió George Floyd, sin aliento, a manos de un policía en Estados Unidos, que por nueve minutos tuvo en sus manos la decisión de la vida o la muerte. La brutalidad y el desprecio de quienes se asumen dueños absolutos del país y pretenden serlo del mundo, apoyados en esquemas y estructuras represivas, encuentran una reacción social inesperada en estos momentos de “pandemia” y de distanciamiento social.

La ciudadanía de nuestro país está igual que George Floyd antes de morir: con la rodilla en el cuello y gritando que no tiene ya aliento. En EEUU la chispa fue el racismo, en nuestro país que no es ajeno, será lo menos pensado. La acción institucional y gubernamental ve con desidia y con la distancia de la tenue burbuja desde donde presumen gobernar, a quienes no solo producimos la riqueza nacional, sino que hacemos ingentes esfuerzos para mantener la paz de que nos ufanamos.

CNN, el dios de pies de barro y emblema transnacional de la comunicación y el control mediático, no pudo contener ni con apoyo de antimotines bien adiestrados, la ira reprimida de una población que se cansó de ser desestimada.

Quienes ostentan el control mediático de la prensa nacional, deben entender que, aunque la mentira puede correr años, la verdad la alcanza en un día. Aunque luchen por arrancarnos nuestra historia y traten de dejarnos sin raíces, los hechos son irrefutables, el periódico La Información dio cuenta de ello por servir a una tiranía. Hoy pueden vestirse con ropa ajena y ponerse otro nombre, pero como dice nuestro pueblo, mona se queda.

La torpeza política demostrada hasta ahora, para que nuestro país pueda encontrarse y construir un nuevo pacto social mediante un diálogo respetuoso, sin exclusiones y con la disposición de escucharnos, solo ha propiciado que se profundice calladamente, la fractura social estructural a que se sometió nuestro país, provocada en la gestión asaz arrogante de sus pretensiones ajenas al interés ciudadano.

El país pierde, todos perdemos. Gana la mafia política, la corrupción, la impunidad, el autoritarismo.

La “pandemia” pudo haber dado a quienes usurparon el poder de la ciudadanía, un respiro para maniobrar transitoriamente en la escalada social y política que se desarrollaba en el mundo y desde luego también en nuestro país, pretendiendo con eso desentenderse de la ira social contenida, pero fracasa a cada paso.

Lo que pasa en EEUU y que se replica en Europa, así como en Brasil, países más castigados por la “pandemia”, enfrenta el miedo institucional que se pretendía establecer para aislar las personas y evitar el encuentro social, justificado en que era la opción a la vida, contra una ciudadanía amarilla, negra, blanca, mestiza, latina, que se da la mano y sale en masa a enfrentar a los gobiernos, convocados por esa ira contenida, contra un sistema que su característica ha sido la desigualdad, la represión brutal y la muerte.

Costa Rica puede hacer la diferencia, a pesar de ser el país más desigual de América, según la CEPAL. Tiene en la ciudadanía una retaguardia moral para construir una propuesta nacional sustentada en un nuevo pacto social, pero debe salir a la luz, una actitud gubernamental que no tenga miedo a los disensos, pues solo así se construyen sólidos consensos.

1 de junio de 2020

MANIFIESTO PARA EL CUARTO PODER

Distraigan
al Soberano que hace
tiempo renunció a ser
miembro de la mancomunidad
de países liberados y sin bisagra
en la espalda. Distráiganlo cuando
lo sientan preocupado y con el
ceño fruncido. Invéntense
cualquier futileza y hagan
que apunte su atención
hacia el último chisme. Lancen
rumores temerarios.
Esto es ciencia:
que no piense en lo
profundo, que se
ande siempre
por las ramas.
Hagan creer
a la masa
que vive
en el
paraíso.
Díganle
que en otros países
desean tener una democracia
cómo esta para mentarle la
madre al Presidente
y creer que así se ejerce esa tal
libertad de
expresión.
Sean creativos,
inventen problemas para
exasperar a la gente y permitan
que aumenten los delitos
y las agresiones ciudadanas.
Así lograrán que el propio
ciudadano exija
violencia y represión y hasta pena
de muerte:
Ustedes quedarán como
héroes salvadores de la sociedad.
Deterioren las buenas instituciones
desde adentro. Nombren en sus
Directivas a sus sepultureros y
ellos se encargarán de envenenarlas
para que el mismo pueblo
reclame luego su privatización
y gustoso camine hacia el cadalso.
Hagan popular lo impopular
de sopapo, pregonen que es mejor
así y el sacrificio presente atenuará
el dolor
futuro. Traten a las personas
como si fuesen niños o tarados,
o simples personas inocentes y
así se ganarán de ellos hasta
sus simpatías y genuflexiones.
Sus expertos y asesores sabrán
cómo desatar lo emotivo: las
emociones pondrán de rodillas
a las reflexiones. El que piense
saldrá perdiendo. Emocionado
se acostumbrará a lagrimear
y asistirá alegre al funeral del
pensamiento propio.
Sostengan al pueblo
sumido en la ignorancia
y en lo superficial: denles
telenovelas estúpidas y
atontadoras: átenlos a una roca en la
luna de queso
y que se deshagan en lloriqueos y
alcen vuelo
en sus melodramáticas
bombas de mocos.
Hagan que el soberano
se sienta complacido
nadando en el charco
de las mediocridades.
Y que las masas
se sientan a sí mismas
culpables por el estado
de cosas y las situaciones
que lo tienen sumido
en el mundo del quebranto.
Al fin y al cabo ustedes
con sus Expertos y Asesores
de millonarias remuneraciones
conocen mucho mejor a las
masas de lo que ellas mismas
saben de sí.
Y sigan su fiesta: duerman tranquilos
mientras el Soberano adelgaza cada día más su masa gris debido
a esa desnutrición mental,
que de insomnio político y
social, lo va acabando para
que alegre y feliz acepte sus grilletes
y siga comiendo las migajas absolutas
que ustedes pelando sus colmillos
preparan cotidianamente
para saciar la sed de
ignorancia que han
logrado sembrar
en su consciencia.
Sean capaces luego
de fundar un museo
para exhibir triunfantes
los Códigos de
Ética y los Devocionarios rastreros
que pregonaban odas y alabanzas
al embrutecimiento
de los Pueblos. Y coloquen
un rótulo en la entrada сomo
homenaje a su maestro:
“¡MIENTE MIENTE
QUE ALGO QUEDA!»

ClaMo
Claudio Monge Pereira
Toyopán, ZURQUÍ.

 

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«La pandemia como espejo y oportunidad»

Semillas de Esperanza
3er texto de coyuntura

La declaración de pandemia en marzo anterior trae consigo el incremento de las desigualdades en términos de justicia social. Por eso, a pesar del distanciamiento físico, consideramos urgente reafirmar la solidaridad con quienes más lo necesitan. Es necesario, aún más, seguir haciendo a reflexión crítica y denuncia de las injusticias sociales estructurales. No es momento para callarnos.

Nos propusimos compartir semanalmente una reflexión de análisis y opinión sobre esta coyuntura y procurar, así, acompañarnos un poco más en la distancia. El tercer artículo que llega a ustedes es de Alberto Álvarez Toirac, compañero del DEI, investigador y coordinador del Programa de Formación.

Equipo del DEI


 

La pandemia como espejo y oportunidad
Fragmentos para una reflexión socio-política

Alberto Álvarez Toirac
Investigador y coordinador del Programa de Formación del DEI

Vivimos tiempos de disrupción y perplejidad, de incertidumbres radicales y esperanzas infantiles. Tiempos distópicos que se despliegan ante nuestros ojos como salidos de una novela de ciencia ficción. Tiempos de agonía civilizatoria, ralentizados únicamente por nuestra propia incapacidad de asumir los límites del sistema social que habitamos, y de imaginar y generar procesos multidimensionales e inclusivos de transformación.

Frente una crisis pandémica que pone en evidencia la profundidad y complejidad del problema subyacente, sorprende el enfoque unidimensional y cortoplacista de la gestión que la mayoría de los gobiernos y los organismos internacionales hacen de esta. Una vez que las cosas se han salido del control, pareciera que se encuentra inobjetable la globalización del pánico social. Somos presa de un acoso biopolítico sin precedentes en la historia moderna, que suspende no solo la economía y la movilidad de las poblaciones, sino que congela la posibilidad de razonar.

Ante la normalización del “quédate en casa” y “lávate las manos”, se requiere repensar la encrucijada histórica en la que estamos atrapadxs, así como las nuevas resistencias, re-existencias y revoluciones deseables y posibles en un mundo post-pandémico.

Si bien el virus parece haber llegado para señalar con el dedo lo que ya estaba podrido desde antes, la coyuntura actual produce sus propias novedades. La inmediatez de los hechos disruptivos, la velocidad con que se desarrollan los acontecimientos, la conciencia de incertidumbre y la opacidad con que las élites influyen en las decisiones, hacen muy difícil un análisis comprensivo de la situación actual. Esta dificultad puede rastrearse incluso en las reflexiones de las mentes críticas más lúcidas del momento.

No obstante, se impone la necesidad de aventurarse y diseminar intuiciones, que nos puedan ayudar a disipar la cortina de humo instalada por los medios de comunicación, y leer la realidad de manera independiente. En adelante, algunos fragmentos de intuiciones para seguir pensando.

La dialéctica (negativa) del miedo y la esperanza

La coyuntura actual me trae a la mente una reflexión de Boaventura de Souza, a partir de la teoría de Baruc Spinoza sobre las emociones humanas y los tiempos históricos.

Según este último, las dos emociones básicas de los seres humanos son el miedo y la esperanza. La relación entre estas dos varía según la situación histórica y los grupos sociales correspondientes. La condición mayoritaria y más sensata es una cierta combinación entre la esperanza y el miedo. Pero también puede darse una polarización extrema entre ambas. El miedo sin esperanza conduce a la parálisis, mientras que la esperanza sin miedo desemboca en la indolencia y el voluntarismo. Durante el transcurso de la modernidad, la mayoría de los sectores sociales se han encontrado en algún punto intermedio entre la esperanza y el miedo. Pero las condiciones sociales provocadas por el neoliberalismo, han producido una desigualdad y polarización social tal, que se expresa también en las emociones vivenciadas por los grupos socialmente polarizados.

De un lado se ubica la mayoría, pauperizada y desprovista de poder o capacidad para remontar su situación deshumanizante e injusta, que termina dominada por el miedo y resignada a lo que parece ser su destino. Del otro lado, los sectores más acomodados y las élites se desenvuelven con estilos de vida lujosos y proyectos de expansión personal y apropiación del mundo. Una clase media cada vez más reducida y vulnerable, se estaría corriendo de su anterior balance entre la esperanza y el miedo hacia un miedo ascendente y una descendente esperanza. De aquí que el diagnóstico del tiempo actual apunta hacia la creciente polarización entre el mundo del miedo sin esperanza y el mundo de la esperanza sin miedo, al punto de crearse una línea abismal entre ellos.

Dicha condición, observada hasta hace muy poco, parece haberse quebrado tras la disrupción provocada por la pandemia. La parálisis económica generada por el Gran Confinamiento pone en crisis a grandes sectores empresariales y hasta financieros que de forma repentina empiezan a declararse insolventes. Las desigualdades previamente existentes se agravan con la crisis e impactan con mayor violencia y desprotección a los sectores más desfavorecidos. Esto ya era una tendencia socioeconómica que ahora experimenta una aceleración abrupta. Pero también ocurre algo nuevo. Una parte cada vez más importante de los sectores privilegiados son alcanzados, para su sorpresa, por esta crisis.

De este modo, el miedo regresa y se instala en el otrora mundo de la esperanza sin miedo, pero sin que se haya disuelto la diferencia estructural que antes los separaba. La desigualdad se profundiza y extiende, mientras las élites económicas observan con ansiedad como se desvanece su paraíso.

Una situación socio-emocional de esta naturaleza crea las condiciones para instaurar una política del pánico a escala global y sin precedentes. Una política del pánico social significa que el pánico, más allá de sus causas reales, es un activo político que se produce y gestiona.

El espejo del virus

Si nos apegamos a los datos, el virus en sí es muy contagioso, pero no tan letal como nos hace creer los medios.

Se sabe que al menos un 80% de los contagios reportados apenas desarrollaran signos leves a moderados. Esta cifra incluso podría ser mayor si se tiene en cuenta el margen de positivos asintomáticos que no se estarían registrando. Del 20% restante o menos, aproximadamente entre el 4% y el 5% necesitaran de cuidados intensivos, cuya mortalidad puede alcanzar una media del 3%, casi siempre en personas de avanzada edad, sistemas inmunitarios comprometidos, u otras condiciones de morbilidad que traen complicaciones fatales. Las cifras se comportan de manera muy variable de acuerdo a cada país o incluso entre las diferentes regiones de estos. En los casos en que la mortalidad sobrepasa los márgenes estimados de manera significativa, hay que preguntarse por qué.

El drama sanitario desatado por el virus no depende tanto de su biología como de las condiciones sociales que encuentra a su paso. Sistemas sanitarios reducidos o debilitados, poblaciones pauperizadas o sin acceso a infraestructura médica y hospitalaria, densidad poblacional, dinámicas de urbanización descontroladas, ciudades altamente interconectadas, velocidad y calidad de respuesta por parte de los gobiernos. Sabemos también quiénes son los que ponen principalmente las muertes, más allá de los llamados grupos de riesgo.

Pareciera que el virus llegó para revelar un diagnóstico sobre el estado de la seguridad social que presentan nuestras sociedades. Para indicarnos también el agotamiento del modelo neoliberal y su incapacidad para garantizar sociedades sostenibles a largo plazo. Este diagnóstico no perderá su vigencia incluso si se lograra controlar la situación en unos meses. Mañana podría aparecer otro virus u otro cataclismo natural con similares o peores consecuencias. El proyecto globalista y neoliberal nos ha dejado como legado sociedades fragilizadas y fracturadas, cuyas condiciones materiales impiden la reproducción y expansión continua del capital.

De aquí que surja tentadora la metáfora del espejo. La pandemia nos devuelve la imagen invertida del estado actual de nuestras sociedades y de las consecuencias del proceso expansivo de la globalización neoliberal. Pero la forma en que los gobiernos responden no parece dar cuenta de un verdadero aprendizaje. Nuestros gobiernos no dejan de rescatar a la banca y al alto empresariado, de preservar los grandes patrimonios privados, y de transferirle el costo de la crisis a la clase media. La implementación de las cuarentenas, si bien en los casos exitosos pudieran contener el contagio y debilitar la propagación, no son la solución a los problemas de fondo. Más bien aceleran la catástrofe económica previamente anunciada.

Se trata de un problema complejo, que comporta una doble curva con tendencia a ser inversamente proporcionales entre sí. En la medida en que se aplana la curva de los contagios, se pronuncia la curva del impacto económico hasta niveles críticos, sumamente peligrosos; a la vez que se retarda la posibilidad de alcanzar la inmunidad colectiva. Si bien son cada vez más las voces expertas que calculan que el virus se debilitará antes de que esté lista la vacuna, cabe preguntarse quién rescatará a las poblaciones más vulneradas por esta nueva Gran Depresión.

El espejo de la pandemia podría funcionar de otra forma si se tomara como un diagnóstico vinculante sobre los límites del sistema. Si en lugar de solo gestionar la crisis y contener el contagio, los gobiernos, los organismos internacionales y los diversos actores de la sociedad civil, se empeñaran concertadamente en tomar las lecciones del caso y revertir la lógica social y los mecanismos institucionales que nos han llevado a esta situación de vulnerabilidad.

Son diversas las iniciativas que van surgiendo para enfrentar la crisis de una manera transformadora. Que van desde las propuestas de los economistas del decrecimiento, la crítica aceleracionista, los enfoques de la economía social-solidaria, las estrategias de autonomía y autogestión de las comunidades, la autogestión colectiva de la salud, el retorno de la renta básica universal, hasta la promoción de una Constitución de la Tierra, globalmente vinculante y basada en los derechos humanos para tratar los grandes desafíos transfronterizos.

A manera de la Alicia de Lewis Carroll en A través del espejo, la crisis pandémica no solo se comporta como un espejo que refleja, sino como un portal que al atravesarlo nos permite pasar a otro mundo posible.

La oportunidad del oportunismo

Se dice con frecuencia que toda crisis entraña una oportunidad. Hay quienes perciben esa oportunidad como las posibilidades que surgen de la crisis y que pueden ser aprovechadas en beneficio propio y a expensas de otros. Es la manera de entender la relación con el riesgo y la crisis que ha sido instalada por la mentalidad empresarial. Hoy día se puede encontrar esta visión en todas partes, dado que tiene su origen en la racionalidad hegemónica. Incluso gente que se considera de izquierdas y participa en espacios alternativos o luchas populares, puede llegar a interiorizar ese mantra. Quizás no se trate de hipocresía sino de un punto ciego. O para decirlo en el lenguaje habitual de las izquierdas, de esas contradicciones internas que heredamos de la cultura estándar.

En cualquier caso, el exceso de positividad al que estábamos acostumbrados, a veces nos hace confundir nociones básicas del pensamiento crítico con eslóganes de autoayuda.

Más común a la tradición del pensamiento crítico, es entender la crisis como una oportunidad para el cambio social. Una vez que el sistema social ha llegado al punto crítico de sus propias contradicciones acumuladas, entra en una crisis sistémica que derivará casi automáticamente en una transformación estructural, de la cual emergerá un mundo más racional y humano posible. Siguiendo esta lógica, no se han hecho esperar diversos vaticinios de una sociedad post-capitalista después de la pandemia, o como anunciara Slavoj Zizek: una forma nueva de comunismo, basado en la solidaridad y la cooperación global. Por muy tentadoras y racionalmente deseables que sean estas especulaciones, no hay que olvidar que no existe nada inevitable en la historia humana.

Cuando las sociedades atraviesan momentos de gran emergencia, se vuelven más receptivas a los cambios radicales. Pero no todos los cambios son necesariamente positivos, ni todas las revoluciones han sido necesariamente emancipatorias. En La doctrina del shock (2007), Naomi Klein mostró como las élites económicas y políticas encuentran en las situaciones de desastre una oportunidad para implementar sus políticas impopulares, ante la ausencia de la participación ciudadana.

Hoy día la mayoría de los países han entrado en un Estado de Excepción, bajo la excusa del manejo de la crisis sanitaria, sin indicar claramente en qué momento terminará. Los medios de comunicación nos bombardean con alarmantes cifras y fake news, nos instan al encierro doméstico, al teletrabajo y la distancia social, con un efecto desmovilizador de tal magnitud que ningún ejército del mundo ha logrado anteriormente. Pareciera que la dictadura biopolítica es más eficaz que la dictadura militar. Ya sea en Chile o en Hong Kong.

 

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Primavera dentro del imperio de la muerte

Marcos Chinchilla Montes

Una ola de protestas se está extendiendo por diferentes ciudades de los Estados Unidos de América como reacción inicial al asesinato de George Floyd a manos de un policía en Minneapolis; diversos analistas las describen como las más grandes desde finales de los años 60.

Para un país que a lo largo de su historia ha recurrido a revueltas e invasiones fuera de sus fronteras, golpes de estado, asesinatos en masa o selectivos, y primaveras de muy diversos colores en nombre de la democracia y de sus intereses geopolíticos, este momento histórico asume una complejidad inusitada que nuevamente desborda a su clase política, a los sistemas de inteligencia, y a los think tanks que definen la política de ese país.

Como siempre, Trump ha sido no solo incapaz de entender la compleja situación por la que pasa el país, sino que lamentablemente le ha echado más fuego a la hoguera con una serie de comentarios y acciones que aumentan el odio, la polarización y la confrontación social, en un país que de buenas a primeras daba una falsa sensación de normalidad socio-política. Así las cosas, hoy nos despertamos con el fantasma del terrorismo interno, llámese protesta y movilización social, y la urgencia de censurarla y combatirla para llegar a la normalidad política.

Su hígado está puesto en las elecciones de noviembre próximo en las que aspira a reelegirse, precisamente en un contexto en que la incompetencia propia le cobra la factura por ser el país con más personas contagiadas y muertas por el coronavirus (casi 1,800,000 y 105,000 respectivamente), así como las millones de nuevas personas desempleadas, el espectro de la recesión, el ataque frontal a China para limitar sus posibilidades de expansión, o la confrontación regular con diferentes medios de prensa que le cuestionan, entre otros.

Las protestas que con justa razón condenan el asesinato de Floyd, y que derivaron en saqueos, también condenan la impunidad, la complicidad y la tolerancia del sistema judicial estadounidense para con esta clase de crímenes; y de paso, se constituyen en un escenario que afecta las aspiraciones de Trump para reelegirse, cosa que él no puede permitirse.

A diferencia de otras movilizaciones, las actuales denotan la sugestiva confluencia de personas de la mayor diversidad étnica, etárea, así como de movimientos sociales de muy diverso cuño; lo que permite entrever que, junto al tema de la violencia policial hacia las personas afrodescendientes, se conjugan una serie de demandas y preocupaciones en una agenda política que aún parece muy dispersa, pero que evidencia una fuerte capacidad de movilización.

La tensión societal acumulada, finalmente explotó, y le explotó a Trump en la cara sin saber que tenía una bomba en la mano; tal y como le ocurrió a Lenín Moreno y a Sebastián Piñera en Ecuador y Chile con las sendas manifestaciones sociales del año pasado. Por donde lo veamos, el modelo económico sigue haciendo aguas, la pregunta es si solo habrá salvavidas para aquella parte de la humanidad que concentra la mayor parte de la riqueza.

*Imagen tomada de https://www.france24.com/

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Ingreso mínimo vital y distribución de la riqueza

Manuel Hernández

Este 29 de mayo el Consejo de Ministros de España aprobó la renta mínima o ingreso mínimo vital (IMV).

El ingreso mínimo vital es una renta básica, cuyos destinatarios son los hogares en situación de pobreza severa, que corre a cargo de la Seguridad Social.

La aspiración es que esta renta cubra unas 850.000 familias, cuya cuantía oscila entre 462 euros y 1.105 euros, por hogar,  la cual se reconocerá desde el primero de junio de 2020.

Además, se pretende que esta renta no desincentive la inserción laboral.

Esta prestación extraordinaria, si bien es cierto se aprobó en esta coyuntura de  pandemia, tendrá un carácter permanente.

Sin duda, una conquista muy valiosa, un nuevo derecho social, que sobresale entre los tantos retrocesos laborales y  sociales, que en la última década ha  sufrido  la clase trabajadora y el pueblo de ese país del viejo continente.

Por otro lado, por el nuestro, más allá de la limosna pública, que ya huele a clientelismo electoral,  uno se dice, ahora más que nunca, que falta nos hace una renta mínima vital, en un país donde la tasa de desempleo estaba en el orden del 12.4%, la más alta de la última década, que en la crisis de la pandemia el desempleo se habrá disparado hasta el 20%, a consecuencia de las políticas permisivas  que  no  impusieron ningún límite a los despidos individuales y colectivos de las personas trabajadoras.

Uno dice que falta nos hace un ingreso mínimo universal, cuando el Ministerio de Trabajo  no ha hecho más que girar, en automático, la maquinilla para autorizar la suspensión de los contratos de más de 29.000 trabajadores, y  más de  52.000 trabajadores a quienes unilateralmente se les  recortó el salario, abruptamente hasta el 75%, en función de la reducción proporcional de la jornada de trabajo, a merced de una ley espuria de la República, que votaron por igual todos los partidos políticos, sin distingos de color, ideología o religión.

Qué tanta falta nos hace un ingreso mínimo asegurado en una robusta democracia donde la pobreza flagela el 21% de la población, de acuerdo con estudios de OCDE (2019) y la pandemia habrá lanzado a más de la mitad al sector de la economía informal.

En definitiva, qué tanta falta hace que se cumpla con el principio constitucional de redistribución social de la riqueza, que manda el articulo 50 de nuestra Constitución Política, norma que es inherente a un Estado Social y Democrático.

Lamentablemente esta norma se ha convertido en papel mojado, un precepto constitucional fallido de un Estado que, por una parte, cada vez es menos social y a la inversa, cada vez más neoliberal, y por otra parte, menos democrático y proporcionalmente más autoritario.

¿Será que no se les pondrá la cara roja de vergüenza, o no les sudarán los cojones, cuando con tanta efusividad celebran el ingreso de CR a la OCDE, el país que tiene el mayor nivel de pobreza y desigualdad social de este club privilegiado?

29/06/2020

La nueva moda

Óscar Madrigal

La OCDE es la nueva moda nacional. Los equipos económicos oficiales se parapetan detrás de sus postulados y recomiendan sus recetas como lo mejor y necesario para el país. Al fin y al cabo hemos entrado en el prestigioso club de los grandes países y de algo ha de servir la alta cuota de ingreso y mantenimiento. Por lo menos ha de ser para sacarle el jugo a lo que le interese a nuestros grandes capitales, pero solo lo que le interesa a este exclusivo grupo.

Porque también la OCDE brinda cifras de cuánto representa en el PIB el tributo que se cobra a los que más dinero reciben. Para esa organización en Costa Rica en 2018 esa tasa era del 4,9%, que es lo que se recauda de los sectores con mayores ingresos.

En América Latina y el Caribe los sectores de mayores ingresos aportaban por año un promedio del 6.3%.

El promedio de los países de la OCDE es de 11.5%.

Resulta evidente que Costa Rica está situado por debajo de la media del Continente y muy por detrás del promedio de la OCDE.

Por eso Merkel se extraña de que en América Latina los ricos o poderosos económicos no tributan. Por eso también América Latina es la región más desigual del mundo.

Según CEPAL el 10% más rico de la región posee el 71% de la riqueza y tributa solo el 5.4% de su renta. En Dinamarca, por ejemplo, esos grupos lo que tributan es el equivale al 27.9% y el tributo sobre bienes y servicios (que podría ser el equivalente al IVA en CR) es del 14.7%. En nuestro país es totalmente al revés.

El Gobierno podría empezar por atender las indicaciones de la OCDE en el sentido de aumentar considerablemente las tasas de los tributos a los que más ingresos reciben antes de recortes al gasto, cierre de instituciones o más impuestos indirectos sobre los trabajadores y trabajadoras.

(Datos obtenidos del artículo de Leandro Lutzky en RT Noticias publicado el 28 de mayo de 2020).