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Nadie nos va a quitar el gusto por el detalle cada día

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Porque nadie nos va a quitar el gusto por el detalle cada día, al contrario; ahora podemos, quizás por primera vez, detenernos en la grandiosa experiencia del ser/ sentir con cada detalle.

La atención al detalle es una capacidad que no todos le prestamos atención.

Es quizás la diferencia entre la tarea sin cuidado y por el cumplir rutinario y la tarea que nos resulta excelente, grandiosa.

El gusto por el detalle en la tarea, cualquiera, nos une en conciencia plena: somos y estamos en su ejecución y nos regala como resultado satisfacción y calidad.

Tal vez no habrá mejor momento que estos días, para realizar los detalles añorados, sea en el jardín, la cocina, nuestras actitudes, nuestras prioridades de vida.

Quizás no sea eso de vivir el día como si fuera el último, aunque si como si fuera el primero de la vida que tenemos disponible, lo otro, lo vivido ya pasó, vivir la plenitud de este aquí ahora, único, irrepetible.

Limitaciones, conflictos, si ahí están y estas vos, para “sacar pecho y ¡salir adelante”!

Hoy, ahora, cuida cada detalle.

¡Seguimos!

 

De anexo

Dos citas de Thigh Nhat Hanh, a propósito del detalle y el vivir acá ahora:

“Es posible vivir felizmente en el aquí y ahora. Tantas condiciones de la felicidad están disponibles, más que suficientes para que seas feliz en este momento. No tienes que correr hacia el futuro con el fin de conseguir más.”


“El milagro no es caminar sobre el agua. El milagro es caminar sobre la tierra verde en el presente, para apreciar la belleza y la paz de la que se dispone ahora”.

 

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Soñamos una vida plena

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Quizás porque soñamos una vida plena o sea llena, completa.

Y ahora que estamos guardados en el capullo familiar, ¿vida plena?

¿Qué es eso para vos?

Entretanto piensas sobre esto de vida plena, se alarga la reclusión y cada día más deseosos de soltar vuelo como mariposa en libertad.

Vale aplicar esa metáfora, porque a la vez somos eso:

  1. oruga arrastrando dificultades y defectos
  2. a la vez capullo en oscuridad
  3. y también mariposa en vuelo, con capacidades, sin límites.

Todo en este ahora que vivimos.

Una vida plena, desde mi experiencia, podría ser:

– esta vida, tal cual es,

– con las personas a nuestro lado, tal cual son

– quizás con más agradecimiento a lo extraordinario en lo ordinario en nuestra vida (Acá vale y vale, recordar a Einstein: «Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro»)

– asombrado en cada inmensidad cada detalle; como niño/a ante el mar

– superando, resolviendo limitaciones, roces; dando lo mejor cada día

– en lo posible aportando a la belleza y alegría; con esperanza, con propuesta

– a la vez aprovechando cada sitio o espacio, como lugar y momento de creación o propuesta.

¡Seguimos!

 

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Podemos convertirnos en instrumento de paz

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Porque podemos convertirnos en instrumento de paz, serenidad.

¿Podríamos intentar convertir el rencor, la ira, la dureza de corazón en paz, serenidad?

A veces es difícil. Si que lo es, pero; no fuimos hechos para solo deambular, comer y dormir cada día.

Sí para empresas grandes, y para dar lo mejor en cada oportunidad.

Llenar de luz y esperanza cada estancia y momento y aportar paz hoy, en donde estamos cada uno/a, ese es una razón de vida ahora.

Esa es una buena y grande empresa personal.

Odio, injuria, duda, desesperación, oscuridad, tristeza, resentimientos, obstinación, soberbia, peleas, el deseo de venganza, la ira.

Todos estos sentimientos afloran entre nosotros y más si nos sentimos recluidos.

Por ello, aperados, acorazados de humildad nos toca la tarea.

Y con ella trascendemos y encontramos y damos sentido, ahí donde quizás reina el desorden, rencor, lucha y conflicto.

¡Seguimos!

Anexo, por si quieres leer o reflexionar:

“Donde haya odio que yo lleve amor, donde haya ofensa que yo lleve perdón, donde haya discordia que yo lleve la unión, donde haya duda, que yo lleve la fe, donde haya error, que yo lleve la verdad, donde haya desesperación que yo lleve la esperanza, donde haya tristeza que yo lleve la alegría, donde haya tinieblas, que yo lleve la luz. Concédeme que yo no busque ser consolado, sino consolar. Ser comprendido, sino comprender. Ser amado, sino amar. Porque: dando se recibe, perdonando se es perdonado, muriendo se resucita a la vida eterna”.

San Francisco de Asís, Pag 266

 

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El ahora, es toda la vida que tenemos

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Quizás porque, el ahora, es toda la vida que tenemos, no hay más; y en este ahora, nos corresponde dar lo mejor, nuestro mejor y mayor esfuerzo.

No estamos obligados a ser el primero en esta loca carrera del competir, pero si a dar siempre lo mejor de sí, de uno mismo.

Eso. Por eso …éntrele, hazlo, no importa cómo termine; en todo caso será una gran, grata experiencia, lo demás se vuelve secundario.

Nuestra tarea, dar paz, ganarles terreno a las dificultades crecientes, ¡dar lo mejor!

La crisis nos inunda, es carencia, aislamiento; aun así, siempre tendremos la posibilidad de optar por llenar de paz nuestro corazón.

Esa es tarea cotidiana y está ahí, nos espera en la familia, los vecinos, la comunidad, el país.

Dar lo mejor de vos mismo/a, ese es tu trabajo y aporte cada día, así que no te pierdas en buscar excusas, o pensar que no puedes, o que ya hiciste todo lo posible, o que no es para vos porque eres poca cosa.

Hoy, estos días; da tu mejor versión, ¡da lo mejor!

¡Seguimos!

 

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Días recluidos y estrechez de recursos pasarán

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Estos días recluidos y esta estrechez de recursos también pasarán.

Adelante veremos que esto fue también; porque la vida es corta y cada vez, la prisa la acorta aún más.

(Y como dice el chiste: “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”).

Con el alba nacimos.

Y la mañana de sol nos vio crecer, en el mediodía de nuestra vida crecemos y procuramos nuestra familia, oficio, profesión, nuestra empresa o patrimonio.

Un rato para compartir, otro para mirar, admirar, agradecer, aportar y ya el descanso.

Es tan corta que no vale dedicarla a guardar rencores, acumular cosas, abrir tristezas, o reclamar como si la vida nos debiera algo.

Quizás, en algunos casos; desde el nacer, papás y otros se esmeran por colocarnos en un castillo de fragancias y pétalos.

Así, como centro del mundo, nuestro ego crece y no admite tropiezos ni enfermedad.

Entonces pretendemos ser un narciso, un centro de la escena.

Así, equivocados, crecemos como eternos, aunque sólo somos un suspiro de vida, un instante de creación, un remolino que toma forma y luego desaparece en el río de la vida.

Lo bueno es que, vos, yo, seamos recordados, no por estorbo o impertinencia; sino por la bondad y servicio en este ahora tan corto que nos corresponde estar acá.

¡Seguimos!

 

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Covid-19: Expresión del impacto global del capitalismo en la biodiversidad El lazo ignorado entre nuestra relación con la naturaleza y la salud pública

M.Sc. Orlando Amaris Cervantes
Sociólogo y ecólogo político. Investigador del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE). Universidad Estatal a Distancia (UNED), Costa Rica

Entre tantas malas noticias aún me causa una sonrisa llena de complicidad saber que una lejana pareja de pandas en un zoológico en Hong Kong haya copulado en plena cuarentena y según parece en junio de este mismo año veremos ya las señales de un embarazo.[1] Por supuesto, al igual que muchas personas, me conmuevo viendo videos y fotografías de animales que pasean por las desoladas calles y bulevares de ciudades y pueblos, que aprovechan ahora que somos los humanos quienes sentimos temor y estamos indefinidamente escondidos; observo estas imágenes una y otra vez. Sin embargo, hay una idea que me conmueve todavía más, pero dudo que ocurra, al menos no en la reciente versión de esta pandemia. Me refiero a la posibilidad de ver que todos los empresarios agroindustriales y extractivos, especialmente en el cantón Central de Puntarenas donde trabajo como investigador de la gestión comunitaria del agua, se detengan y reflexionen sobre las consecuencias que tienen sus actividades para las comunidades, los trabajadores y los ecosistemas. Así, se podría conseguir que por fin los manglares del golfo de Nicoya respiren sanos sin los sedimentos y contaminantes de los monocultivos de caña y piña. Quisiera que la gente de Chomes y Abangaritos me contara que ya no hay más incendios para cosechar caña de azúcar, y que respiran tranquilos y sin temor; que su ropa pueda seguir secándose al sol sin ensuciarse de esa lluvia de ceniza que no es suya. Me encantaría observar los ríos Guacimal, Lagarto y Abangares, al igual que muchos otros, llegar limpios y con buen caudal a su desembocadura sin el freno de los quebradores que también los contaminan.

Por supuesto, también, desearía ver que las manadas de monos aulladores o congos de las partes bajas del golfo de Nicoya crezcan en número y que se muevan sanos entre los árboles sin que ninguno de sus miembros quede acorralado por el pasto seco en la inmensidad de un potrero. Sería muy feliz si pudiera notar, además, el momento preciso en que las sierras guarden silencio, que no haya más tala, ni quemas, ni cacería, y que el verdor de las manchas de bosque, que observaba durante mis giras de trabajo antes del confinamiento, se expandiera salpicado con los colores de las flores de los robles de sabana (Tabebuia rosea), las cortezas amarillas (Tabebuia ochracea) y los caraos (Cassia grandis). Quisiera también que el desempleo dejara de ser una amenaza permanente para los pobladores de estas zonas y que ya no sea la repetitiva excusa para tener que soportar las consecuencias del desmedido y egoísta afán de lucro de unos pocos. Por eso en el proyecto en el cual trabajo junto a acueductos rurales, asociaciones de desarrollo y cooperativas de mujeres, todas integrantes de la Alianza de comunidades por la defensa del agua en Puntarenas, confirmamos que tanto las ganancias de estas actividades extractivas y agroindustriales presentes en este territorio, así como sus consecuencias ambientales, son distribuidas de forma desigual. Las utilidades se concentran en pocas personas mientras que los daños se distribuyen entre la población vecina o la que vive aguas abajo. Esta es parte de la normalidad a la cual no queremos regresar. Por esto es importante hacer ajustes y continuar trabajando en el contexto del Covid-19 para idear alternativas de acción y construir nuevas normalidades a partir de otros principios. De esta manera, podríamos fortalecer las organizaciones comunales y contribuir a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones costeras del golfo de Nicoya.

Árbol de corteza amarilla (Tabebuia ochracea) en distrito de Chomes, cantón Central de Puntarenas, Costa Rica. Imagen cortesía de Rigo.

Por otra parte, debido a que mi interés como sociólogo desde hace varios años ha sido analizar las formas y las condiciones en las cuales unos actores sociales acaparan y contaminan ciertas bondades de la naturaleza lo que limita el provecho que otros podrían obtener de esta. He podido conocer en profundidad muchos casos de degradación ambiental que cuestionan la sostenibilidad de nuestro actual sistema económico. Por estas razones me resulta inquietante que el origen del Covid-19, así como de otras pandemias anteriores (SARS y ébola, por ejemplo), se relacione con las consecuencias del sistema agroalimentario industrial,[2] entre otras nocivas actividades realizadas en ecosistemas biodiversos,[3] y los efectos del cambio climático.[4] Los anteriores son procesos incentivados por el capitalismo actual cuyo impacto recae en los bosques tropicales del mundo y en la acumulación de gases de invernadero responsables de la actual crisis climática. Para el caso del sistema agroalimentario corporativo capitalista, como factor a considerar en el origen de enfermedades infecciosas emergentes, basta tener en cuenta la intensificación agrícola y ganadera, además de la actividad minera y la deforestación, que se realizan en bosques primarios y tierras de cultivo de pequeños productores en zonas tropicales. Estas presiones empujan a los productores locales hacia la periferia de las ciudades o a precarizar montaña adentro, por lo que se exponen a nuevas enfermedades. Adicionalmente a esta liberación de patógenos en contextos biodiversos ocasionados por cambios en el uso de la tierra, es necesario mencionar también los microorganismos que surgen por el manejo intensivo en granjas de producción de animales para el consumo humano. El hacinamiento de estos animales hace que proliferen infecciones, las cuales son contenidas con antibióticos; sin embargo, la aplicación de estos termina haciendo más resistente el siguiente brote infeccioso.[5] Algunos ejemplos de virus relacionados con la producción industrial de carne los encontramos en las recientes pandemias de influenza aviar[6] e influenza porcina.[7] El cambio climático, por su parte, provoca el incremento de la temperatura, el aumento de la intensidad de los huracanes y los cambios abruptos en el clima. Todos estos factores repercuten en los ecosistemas tropicales, lo que potencia el surgimiento de nuevos eventos epidémicos como el que experimentamos en este momento.[8] Más grave aún sería pensar que las sequías, sumadas al acaparamiento del agua, imposibiliten obtener este líquido para el consumo humano y dificulte la aplicación de las estrategias higiénicas indispensables para la prevención de futuros contagios. Como podemos ver, todos estos elementos no son nuevos, son más bien parte de la normalidad que sectores políticos, productivos y académicos continúan obviando.

De la misma manera en la que se han generalizado entre la población algunos principios epidemiológicos relacionados con la prevención o cuidados necesarios para poblaciones específicas en riesgo por la actual pandemia, echo de menos una discusión sobre su origen y las contradicciones que la hicieron posible. Si bien es cierto en este momento hay que evitar a toda costa el colapso de los centros hospitalarios, resulta oportuno también tener claras las causas de esta pandemia y su relación con la destrucción de los bosques y de los conocimientos de las poblaciones que durante largo tiempo los han aprovechado y salvaguardado.[9] Solo así es posible prever un nuevo brote infeccioso.

En el caso particular de la actual pandemia Covid-19, esta no nos tendría en este mortal apuro sanitario y civilizatorio si no fuera resultado de su paso desde animales silvestres, extraídos de hábitats en degradación, hacia los animales humanos (zoonosis). Es decir, ese hábil tránsito inter especies realizado por este virus sucedió en circunstancias en las cuales las actividades humanas han interferido reiteradamente con el entorno natural transformándolo y saqueándolo. Al hacerlo nos vemos expuestos también como especie a una variedad de patógenos sobre los que no habríamos siquiera tenido conocimiento antes.

Por lo tanto, al romper esos balances ecológicos participamos desventajosamente en lo que llama David Quammen la lotería evolutiva.[10] Dicha lotería se refiere a la oportunidad en la cual este virus logró introducirse en nuestro organismo y se convirtió así en nuestro inesperado huésped. Con ello este microbio obtuvo grandes probabilidades en el sorteo evolutivo para perdurar contagiando a más y más humanos; los mamíferos más exitosos en lo que a inteligencia, población y recursos planetarios a su disposición se refiere, responsables paradójicamente de la consolidación de una normalidad insostenible cuyos regímenes extractivos y productivos han dado origen a la actual pandemia.

Imagen tomada del Semanario Universidad.

Tomando en cuenta lo anterior, coincido entonces con la Dra. Kate Jones,[11] bióloga de la División de Biociencias de la University College London (UCL), cuando afirma que estas infecciones son “un costo oculto del desarrollo económico”.[12] La científica llama también la atención sobre cómo los sistemas ecológicos simplificados tienen un efecto viral amplificador. Dicho de otra manera, a menor diversidad biológica, mayor será la incidencia de plagas y enfermedades, tal como ocurre en las zonas recién deforestadas o en aquellas cubiertas por monocultivos de caña, arroz y piña, así como en las granjas avícolas y porcinas. Por el contrario, en los sistemas naturales que no han sido alterados, la posible transmisión de enfermedades disminuye debido a la diversidad de especies en ellos, lo que limita el contagio y la expansión de enfermedades.[13] Esta es la razón por la cual empresarios agroindustriales y sus equipos técnicos emplean cantidades enormes de agrotóxicos y antibióticos para intentar contrarrestar, con resultados cuestionables, las infecciones que se multiplican entre plantas o animales de una sola especie.

En este marco de incertidumbre comienza a extenderse un sentimiento biocéntrico difuso que nos coloca como seres vivos al mismo nivel de los otros. Creo encontrar también, en dicho sentimiento, algo de vergüenza por los efectos de la extracción de materiales en magnitudes imposibles de restituir para nuestra biósfera. A lo que es oportuno agregar, la igualmente comprobada incapacidad del planeta para asimilar nuestro incesante volumen de desechos. Aunque poco podemos hacer con este malestar, sí se experimenta un fugaz alivio al verificar por fin, y gracias a nuestro confinamiento, que el aire está más limpio,[14] las abejas regresan a algunos espacios urbanos[15] y, debido a la parálisis de muchas actividades humanas, nuestra casa común incluso vibra menos.[16] Así, mientras algunos continúan saturándose con curvas, compras por internet y conteos de muertos, los dispositivos sismográficos captan al mismo tiempo señales sísmicas mucho más sutiles; las fuerzas naturales que nos sobrepasan, nos permiten comprobar nuestra tardía, impactante y, hasta podríamos añadir, frágil presencia en el planeta.

Imagen tomada de La Vanguardia.

Liberados entonces de esa ficción que nos impedía ver nuestra finitud y que hoy es indiscutible; desabrigados de esa proximidad física que nos distrajo hasta el punto de hacerle pensar a muchos que la normalidad en la cual vivíamos era nuestro resguardo más viable; incluso, descentrados de nuestra condición de privilegio como especie, es un buen momento para no olvidar las desigualdades que hemos arrastrado social y ecológicamente. Consideremos, a propósito, la gran cantidad de personas que no ha podido mantenerse recluida en sus casas, ya sea porque fueron recientemente despedidas de sus trabajos o porque que ya vivían entre la informalidad y la precariedad laboral. Por supuesto, tampoco es prudente continuar obviando las consecuencias ambientales de la inercia de nuestro consumo.

Son muchos los aportes de los sectores sociales, la comunidad científica, las organizaciones y los colectivos que desde hace décadas continúan alertando sobre el impacto de este modelo económico en el planeta, en la calidad de sus aguas, en la conservación de los suelos, en el clima, en la diversidad biológica y alimentaria, y en el deshielo de los polos, cuyos efectos se evidencian en el hambre, la malnutrición, la recurrencia de enfermedades infecciosas y, el aumento de enfermedades crónicas y mentales. Entre estas voces figura, por ejemplo, la encíclica papal Laudato si:[17]

[…] El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás […]

De cualquier modo, las discusiones de fondo que proponen todas estas contribuciones, han sido ignoradas por la vieja normalidad a la que no aconsejo regresar. Atender a tiempo estas propuestas significa vivir responsablemente de manera más frugal y menos excluyente. Incluso, a nuestro favor en la lucha contra esta pandemia, podríamos contar con un clima más estable y más seguro para todos,[18] ni que decir de una producción alimentaria más saludable, menos intensiva y más libre de insumos fósiles, así como medios y redes de transporte público más eficientes. En este contexto de crisis, lo anterior no es poca cosa.

Mientras escribía esto me tomaron por sorpresa las primeras lluvias de abril y hoy me siento optimista. Sin embargo, ¿Será posible corregir el rumbo dentro del voraz marco aspiracional y competitivo del capitalismo justo cuando países como España, Italia, Dinamarca, Austria, entre otros, proponen reabrir sus economías?[19] ¿Cómo hacer para que la recuperación económica no aliente un efecto de rebote ávido de consumo y más explotación de la naturaleza? ¿Cómo incluir los límites ecológicos y todas esas alertas desoídas durante la anterior normalidad en la construcción de un mejor mundo postCovid-19? Conocemos bastante bien la normalidad a la cual quieren tirarnos nuevamente. En su lugar, como humanidad y como sociedad, bien podríamos continuar construyendo otras ¿Por qué esperar la vacuna para cambiar?

[1] «Tras casi una década de intentos fallidos, dos pandas al fin se aparean». National Geographic en español. acceso abril del 2020, https://www.ngenespanol.com/animales/tras-casi-un-decada-de-intentos-fallidos-dos-pandas-al-fin-se-aparean/

[2] «Agrobusiness kills. Capitalist agriculture and Covid-19: A deadly combination». Entrevista a Rob Wallace, Climate and Capitalism, acceso en abril del 2020, https://climateandcapitalism.com/2020/03/11/capitalist-agriculture-and-covid-19-a-deadly-combination/

«Las causas de la pandemia. No le echen la culpa al murciélago». Entrevista a Silvia Rivero, Página 12, acceso en abril del 2020, https://www.pagina12.com.ar/256569-no-le-echen-la-culpa-al-murcielago

[3] «’Tip of the iceberg’: is our destruction of nature responsible for Covid-19?». The Guardian, acceso en abril del 2020, https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe

[4] «El cambio climático y la pérdida de biodiversidad favorecen las enfermedades». Gaceta Médica, acceso en abril del 2020,

https://gacetamedica.com/investigacion/el-cambio-climatico-y-la-perdida-de-biodiversidad-favorecen-las-enfermedades/  

«Coronavirus y pandemias: ¿efecto rebote de la destrucción de los ecosistemas?». Semana Sostenible, acceso 2020,

https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/coronavirus-y-pandemias-efecto-rebote-de-la-destruccion-de-ecosistemas/48979

[5] «Coronavirus, agronegocios y estado de excepción / Silvia Ribeiro». La Jornada, acceso en abril del 2020,

https://www.jornada.com.mx/ultimas/economia/2020/02/29/coronavirus-agronegocios-y-estado-de-excepcion-silvia-ribeiro-9431.html

[6] «Influenza Aviar: Una crisis global de sanidad animal con profundos desafíos a la ciencia y la sociedad». FAO, acceso en abril del 2020, http://www.fao.org/avianflu/es/crisis_es.html

«Influenza aviar». World Organisation for Animal Health, acceso en abril del 2020, https://www.oie.int/doc/ged/D13948.PDF

[7] «Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe». Blog de Ángel Luis Lara, el diario.es, acceso en abril del 2020, https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_6_1010758925.html

«La FAO insta a vigilar de cerca el virus H1N1 en los cerdos». FAO, acceso en abril del 2020, http://www.fao.org/news/story/es/item/19368/icode/

«Gripe porcina». World Organisation for Animal Health, acceso en abril del 2020,https://www.oie.int/doc/ged/D14005.PDF

[8] «El cambio climático y la pérdida de biodiversidad favorecen las enfermedades». Gaceta Médica, acceso en abril del 2020,

https://gacetamedica.com/investigacion/el-cambio-climatico-y-la-perdida-de-biodiversidad-favorecen-las-enfermedades/

[9] Los pueblos indígenas y las comunidades locales son claves por su comprobada labor de cuido de las zonas protegidas en todo el mundo. Ver: http://www.iccaregistry.org/es/about/iccas

[10] «La destrucción de la naturaleza es lo que nos pone en contacto con los virus: David Quammen». Entrevista a David Quammen, El Espectador, acceso en abril del 2020. https://www.elespectador.com/coronavirus/la-destruccion-de-la-naturaleza-es-lo-que-nos-pone-en-contacto-con-los-virus-david-quammen-articulo-914730

[11] Prof Kate Jones. Chair of Ecology and Biodiversity, University College London. https://www.ucl.ac.uk/biosciences/people/prof-kate-jones

[12] «’Tip of the iceberg’: is our destruction of nature responsible for Covid-19?». The Guardian, acceso en abril del 2020, https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe

[13] «Pérdida de naturaleza y pandemias. Un planeta sano por la salud de la humanidad». World Wildlife Fund, acceso en abril del 2020, https://www.wwf.es/?54120/Perdida-de-naturaleza-y-pandemias-Un-planeta-sano-por-la-salud-de-la-humanidad

[14] «Estudio de la UNA: Medidas restrictivas por COVID-19 mejoran la calidad del aire en la GAM». Delfino, acceso en abril del 2020, https://delfino.cr/2020/04/estudio-de-la-una-medidas-restrictivas-por-covid-19-mejoran-la-calidad-del-aire-en-la-gam

[15] «El resurgir de las abejas gracias al confinamiento humano». Semana Sostenible, acceso en abril del 2020, https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/coronavirus-en-colombia-el-resurgir-de-las-abejas-gracias-al-confinamiento-humano/50045

[16] «Coronavirus: cómo las medidas contra la pandemia están causando que la Tierra vibre menos». BBC Mundo, acceso en abril del 2020,  https://www.bbc.com/mundo/noticias-52177361

«Estaciones sísmicas registran aislamiento social por COVID-19 en Costa Rica». Delfino, acceso en abril del 2020,  https://delfino.cr/2020/03/estaciones-sismicas-registran-aislamiento-social-por-covid-19-en-costa-rica

[17] «Carta encíclica Laudato Si del santo padre Francisco. Sobre el cuidado de la casa común». El Vaticano, acceso en abril del 2020,  http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

[18] «El cambio climático es más mortal que el coronavirus: ONU». Semana Sostenible, acceso en abril del 2020, https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/el-cambio-climatico-es-mas-mortal-que-el-coronavirus-onu/48951

[19] «Semana clave en Europa: los países que comienzan a relajar las medidas de confinamiento por el covid-19». BBC Mundo, acceso en abril del 2020,

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52268902

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Reflexiones de cuarentena

Adriano Corrales Arias*

            Probablemente nunca sabremos si el conavid-19 fue creado en un laboratorio o es una mutación genética de los miles de virus que pululan en la naturaleza y que cíclicamente nos atacan como las gripes estacionarias. Hay variadas teorías y muchas especulaciones al respecto, incluso acusaciones de países a países. Un grupo de inversionistas y políticos usamericanos hace unas semanas presentó una demanda contra China por la supuesta creación del virus en un laboratorio de Wuhan. Por lo contrario, muchos analistas, incluso usamericanos, infieren que el virus se creó en Estados Unidos para causar un daño profundo en la economía china. ¡Vaya a usted a saber!

            Lo cierto del caso es que enfrentamos una de las crisis más graves de los últimos siglos. Ya no solo por la pandemia, que ha causado y sigue causando miles de muertes en diversas partes del planeta, sino por el frenazo que ha sufrido la economía a escala mundial. Prácticamente toda la estructura productiva y financiera del globo ha entrado en recesión, al menos en una pausa que golpea a miles de trabajadores y productores de aquí y acullá. La crisis se amplía como un enorme hoyo vacío que podría hacer colapsar a muchos países pequeños e incluso grandes. De hecho, la hasta ahora supuesta economía más amplia y competitiva, la de Estados Unidos, está seriamente golpeada y parece que no se repondrá en el corto tiempo. El gigante se tambalea dramáticamente, su presidente y equipo de gobierno lucen desconcertados, erráticos y, para variar, prepotentes, guerreristas.

            Huelga decir que en países tan afectados como Italia y España, y el mismo Estados Unidos, como hemos dicho, fueron aplicadas la teorías neoliberales a ultranza como un fuerte shock político. (En América Latina países que no invirtieron en sistemas de salud: Ecuador, República Dominicana, Honduras, Colombia, y muchos más). Muchas de las instituciones, incluidas las de la salud y los seguros, fueron privatizadas o tercerizadas o, sencillamente, dejadas sin presupuesto ni personal idóneo para favorecer a la empresa privada, es decir, a la farmacéutica y a los servicios privados de salud. He allí el meollo de tan macabras escenas como las que nos ha tocado ver por la televisión o en las redes sociales. Está claro entonces que el problema no es tanto el virus como la economía capitalista con la contrarreforma neoliberal, la cual pretendía y pretende (en nuestro país) empequeñecer el estado trasladando sus responsabilidades al mundo privado, es decir, al mundo de los negocios. Ahora sabemos que los negocios no resuelven asuntos estratégicos colectivos (sociales) de vida o muerte, como los de la salud humana.

            Alrededor de este sombrío panorama se tejen también distintas teorías e hipótesis pos pandemia. ¿Cómo será el mundo que sobrevendrá a esta nefasta crisis? Filósofos, investigadores, políticos, escritores, artistas y demasiados aficionados, se animan a lanzar variados escenarios y mundos posibles, muchos distópicos, otros utópicos. Para algunos es el fin del capitalismo neoliberal y entonces sobrevendrá una suerte de comunismo consensuado (Zizek). Para otros el capitalismo sobrevivirá y retornará con más fuerza (Byun-Chul Han). Y hay quienes sostienen una posición intermedia (Judith Butler, Atilio Borón, et al), lo que resulte será más o menos un híbrido entre ambas concepciones, es decir, un socialismo democrático o socialdemócrata donde el estado recupere su protagonismo estratégico; en otras palabras, un renacimiento del Estado Social de Derecho. Son posibilidades y tendencias.

            Lo cierto de todo es que estamos en una transición fuerte y por tanto, dolorosa; mejor dicho, en una espesa encrucijada. A veces parece una guerra global planeada contra los pobres y desvalidos, especialmente los ancianos, y dirigida por fuerzas oscuras y extraordinarias. Hacia dónde nos llevará esta encrucijada es lo incierto. Pero no cabe duda de que el mundo será absolutamente distinto. El sacudón interno que hemos padecido y padecemos sostenidamente, nos ha hecho recapacitar, reflexionar y meditar sobre el mundo que queremos para nosotros y para quienes nos seguirán. Son millones de personas alrededor del mundo las que en este momento meditan, oran, reflexionan, crean y proyectan un mundo más humano donde mujeres y hombres convivamos con mayor armonía, igualdad y justicia. Es el mundo que habremos de construir desde nuestros corazones, desde el cambio radical de conciencia que ya se percibe y se presiente.

            La pandemia, natural o inducida, casual o agendada, nos ha colocado frente a un enorme espejo cóncavo donde hemos mirado todas nuestras falencias y errores, nuestros fantasmas y monstruos (sí, los que ha creado la razón; ¡gracias querido Goya), los horrores de una civilización que cambió los dioses por el mercado y al ser humano y sus valores más preciados por mercancías tangibles e intangibles. Pero también nuestras virtudes y potencias, nuestras capacidades de resiliencia, compasión y entrega. Tocará abrazarnos, tomarnos de las manos y echar a andar, pero todos unidos como en el poema “Masa” del grande César Vallejo. Y con la conciencia cósmica de que el planeta es nuestra gran casa, la de todas y todos; y que solamente la solidaridad, la empatía y la paz, permitirán la construcción de sociedades más justas e igualitarias que nos permitan sobrevivir como especie.

*Escritor.

Imagen: https://museogoya.ibercaja.es/obras/el-sueno-de-la-razon-produce-monstruos

La realidad de la deuda pública y la solución correcta y posible

Óscar Madrigal

11 MIL MILLONES DE COLONES POR DÍA es lo que tiene que pagar Costa Rica diariamente por la deuda pública. Al mes representa ¢330 mil millones de colones.

Para poder dimensionar esta cantidad, podríamos decir que con ese monto se le podría dar un subsidio de ¢125.000 colones mensuales a 2.640.000 personas. Más de la totalidad de la fuerza de trabajo del país.

De esos ¢330 mil millones mensuales, el 80% corresponde al pago de intereses. Casi no abonamos nada a la deuda.

Solo en intereses pagamos los costarricenses ¢264.000 millones de colones POR MES.

El servicio de la deuda, calculado en dólares, cada mes es de $582 millones de dólares. Es superior al préstamo que dará el FMI y por el cual está poniendo como condición vender activos del Estado.

El Gobierno pretende resolver los problemas sobre más endeudamiento. Tiene planeada la aprobación de unos $3.100 millones de dólares para paliar la crisis.

De tal manera que con solo cinco meses de moratoria de la deuda podría tener una cantidad igual o superior a todo el endeudamiento previsto, con los condicionamientos e hipoteca aún mayor sobre el futuro del país.

Sin una moratoria de la deuda, es decir, sin una posposición del pago de la deuda, el país no saldría bien librado de esta crisis. No se trata de no pagar, sino de lograr 12 o 24 meses de posposición de los pagos.

Con un año de moratoria el Gobierno podría disponer de ¢4,01 billones de colones, lo cual le permitiría tener los recursos suficientes para la reactivación económica, el impulso a infraestructura incluyendo el tren eléctrico y la subvención a los trabajadores y trabajadores y empresarios golpeados por la crisis.

¿Es imposible una moratoria? En el plano internacional se están dando condiciones inmejorables; hasta el FMI y el BM hablan de moratoria a los países más pobres. Respecto a la deuda interna habría que buscar los mecanismos para ajustar el principal y los intereses a un año plazo.

El Presidente Alvarado hizo un llamado a la comunidad internacional a finales del mes de marzo donde dijo: “asistencia financiera otorgada… deberían ser excepcionales en cuanto a interés, periodo de gracia y tiempo de pago. Debe a su vez, avanzarse con un arreglo de pago de las carteras existentes, y eventualmente disponer la suspensión de pagos”.

El Presidente plantea una vía correcta y posible: hacer un arreglo de pago de las deudas existentes, lo que significa una especie de moratoria de la deuda. Pero aún más el Presidente habla de la eventualidad de una SUSPENSIÓN DE PAGOS.

Esta es la salida menos traumática y más humana a la crisis actual y venidera.

(Los datos utilizados son con fundamento en el Ministerio de Hacienda).

La peor peste: la pobreza

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

         El principal y gran desafío que enfrentamos como país es aplanar las curvas en ascenso de la desigualdad y el desempleo, generadoras de la peor peste: la pobreza.

         Según el economista Leiner Vargas, la tasa de desempleo del 12.4% podría duplicarse después de la pandemia, alcanzando a más de 650. 0000 desempleados, y si a eso se le suma el subempleo del creciente sector informal la pobreza aumentará dramáticamente. En desigualdad estamos entre los mejores: ocupamos el octavo lugar a nivel mundial y el sexto lugar entre los países de América Latina.

         El país logró avances significativos en contener la desigualdad y el empobrecimiento con el pacto social y político de los años 1940, que nos heredó la Costa Rica de los niños calzados y una robusta institucionalidad social, con la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) a la cabeza.

         Gracias a esa institución y sus visionarios fundadores, estamos logrando aplanar la curva del COVID-19. Seguimos viviendo de las glorias pasadas, porque para contener la peste de la pobreza, aplanando las curvas de la desigualdad y el desempleo, no tenemos una clase política visionaria y a la altura de los tiempos que vive el país.   

         Fue en la década de 1980 cuando se inició el camino escabroso hacia la ruptura de este pacto, con la aplicación de los Programas de Ajuste Estructural (PAES), por parte del bipartidismo: Partido Liberación Nacional y Partido Unidad Social Cristiana (PLUSC), atendiendo a las recetas neoliberales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Estas políticas empobrecieron al país, incrementaron la desigualdad y bajaron su perfil de clase media. Hoy, el FMI vuelve a sus recetas con su añejo telele de recomendar al país vender activos.

         Esa ruptura alcanza su punto culminante en el actual gobierno del Partido Acción Ciudadana (PAC), del señor Carlos Alvarado, que ha venido a profundizar los índices de desempleo y subempleo, protegiendo a los ricos y sus empresas y desprotegiendo a los trabajadores; precarizando a la clase media y profundizando la pobreza. Y en un contexto de pandemia, se castiga el ingreso de los trabajadores y pensionados del sector público, para ofrecer dadivas a los pobres que no alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas.

         Una vez más se evade la responsabilidad histórica, ética y política, de hacer que los ricos, de una vez por todas, paguen los impuestos como ricos. Es lamentable que se prefiera quebrar la Caja y hasta el país, con tal de no tocar las arcas llenas de los nuevos ricos.

         Estamos ante una nueva clase política multipartidista que cogobierna para una oligarquía neoliberal frívola y egoísta, hoy representada en el país por la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada (UCCAEP) y defendida por la “dictadura mediática”.

         Para ocultar esta complicidad, se inventan y promueven planes salvadores –“pan y circo”, para el pueblo–, tales como el Plan Escudo y el Plan Avancemos en el gobierno del señor Oscar Arias (2006-2010), cuya modalidad se vuelve a reciclar con el Plan Fiscal de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y el Plan Proteger en el gobierno actual.

         Este juego de aparentar gobernar a favor de los pobres cuando realmente se “Protege” a los ricos, es la estrategia propagandística utilizada para obtener dividendos político-electorales, por parte de una nueva clase política parasitaria que busca prebendas salariales o vínculos con el mundo de los grandes negocios: comerciantes de la política o “políticos empresarios”. 

         La realidad es que este cogobierno multipartidista, aliado incondicional de esta oligarquía empresarial, financiera y mediática, está contribuyendo a que cada día la peste de la pobreza cobre más víctimas.

         Sin embargo, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo (pueblo) que lo resista”. El cogobierno de unidad nacional, para salvar a los ricos y hundir a los pobres y a la clase media, tiene sus días contados, aunque las encuestas coyunturalmente lo favorezcan.

         Estamos a las puertas del nuevo pacto social y político anti-oligárquico para la revitalización del Estado Social de Derecho. La única opción para aplanar la curva de la desigualdad y del desempleo y eliminar la peor peste: la pobreza.

Foto: Semanario Universidad

La preocupante pasividad del Banco Central ante la crisis

Grupo Economía Pluralista

Cuando se enfrenta una grave amenaza, lo que el raciocinio, e incluso el sentido común, aconsejan, es tener listas y a mano, todas las herramientas e instrumentos que permitan enfrentar el peligro de la forma más eficaz y certera posible, de modo, asimismo, que las posibles consecuencias negativas se reduzcan al mínimo.

Hoy el país enfrenta la amenaza del covid-19. En su aspecto propiamente sanitario, nuestra institucionalidad pública ha tenido afortunadamente la capacidad para generar respuestas serias y responsables, que han mostrado ser muy eficaces. Lamentablemente, frente a la crisis económica concomitante, se constata en el contexto nacional el predominio de posiciones dogmáticas, rigideces ideológicas e, inclusive, la influencia muy poderosa de intereses particulares que buscan usufructuar de la crisis.

En este sentido, la posición del Banco Central expresada por su presidente, el señor Rodrigo Cubero (Semanario Universidad: “Presidente del BCCR reitera que no financiarán la lucha contra COVID-19 poniendo en riesgo la estabilidad monetaria”) genera mucha preocupación por su extrema rigidez. Lo cual se hace aún más evidente, al considerar que el propio BCCR prevé que en los siguientes dos años, la inflación se ubicará por debajo del rango meta, con un promedio del 1,8%. Es decir, el país cuenta con condiciones para la aplicación de políticas monetarias que contribuyan a paliar la recesión de la economía y a reactivar la producción y la creación de empleos, teniendo presente que, según estimaciones oficiales, la economía se contraerá un -3,6% en 2020, lo que innegablemente agrava los serios problemas del empleo que se arrastraban desde antes de esta crisis.

Don Rodrigo saca el manual introductorio de economía y se recita toda la letanía que la ortodoxia económica ha impuesto. Aunque se presente como una teoría con pretensiones científicas, en realidad estamos en presencia de una ideología que arrastra, desde hace mucho tiempo, severos cuestionamientos de fondo, y la cual ha terminado de desgastarse con las últimas crisis económicas, frente a las cuales ha demostrado ser poco efectiva. Esto es reconocido inclusive por el FMI, en otros tiempos baluarte de estas teorías, y que hoy hace un mea culpa por la mala gestión realizada en relación con la pasada crisis del año 2008 y, particularmente, con motivo de la crisis de la deuda pública en Europa.

Es conocido que estos planteamientos se escudan en la presunta independencia técnica del Banco Central, para disimular una forma de gestión de la política monetaria, opaca y ajena a los mecanismos de la rendición de cuentas en democracia. Todo lo cual finalmente redunda en la captura del Banco Central por los intereses financieros y, en consecuencia, su sometimiento a éstos.

El presidente del Banco Central argumenta exactamente como si nada hubiese ocurrido. Más aún: como si nada estuviese ocurriendo. El mundo de antes del Covid-19, es el mundo en el que nuestro Banco Central y su presidente siguen instalados. Y si ya en ese mundo hoy fenecido, sobraban razones para cuestionar el manejo de la política monetaria que Cubero defiende, sus argumentos hoy resultan un desatino, pero, sobre todo, un preocupante ejercicio de imprudencia e irreflexión.

No hay peligro alguno de inflación, porque tenemos tasas de desempleo de la fuerza de trabajo y tasas de desocupación de la capacidad instalada, sumamente elevadas, y porque en nuestras realidades sociopolíticas actuales no hay ni la más remota posibilidad de que se dé una espiral ascendente precios-salarios, como las que fueron usuales en otros momentos históricos. La reducción de precios de las materias primas, principalmente el petróleo, aminora adicionalmente cualquier presión al alza en la inflación.

Y si interesa preservar la imagen internacional del país, téngase presente que la mejor forma de hacerlo es mediante una actuación pragmática, oportuna y eficaz, que ataje la crisis, alivie la recesión y disminuya al mínimo posible sus consecuencias sociales y humanas negativas. Permitir que la crisis se agrave, y quedarse de brazos cruzados sin hacer lo que se podría y debería hacer, dañará la imagen internacional de Costa Rica, pero, sobre todo –lo que es mucho más importante– causará grave daño a las condiciones de vida de nuestra población. Ello traerá hambre y miseria y, en consecuencia, violencia social e inestabilidad política.

Cubero da la espalda a los datos de la realidad, y a las exigencias concretas que ésta plantea, para, en su lugar, aferrarse a un catecismo monetarista, no solo simplista, sino además obsoleto. Esto último es reconocido hoy, incluso por los bancos centrales en todo el mundo –excepto Costa Rica– lo cual ya es mucho decir.

La idea, que el señor Cubero reitera, según la cual la única misión de la banca central es la “estabilidad monetaria”, ha sido abandonada y superada en todas partes, incluso por el Banco Central Europeo, no obstante sus antecedentes muy conservadores en la banca central alemana (el Bundesbank). El Banco de Inglaterra, el Banco Central de Japón, la Reserva Federal de Estados Unidos, como la generalidad de los bancos centrales en el mundo entero, han asumido con máxima responsabilidad los deberes que la actual crisis del covid-19 les impone. Hay un amplio consenso que reconoce que los bancos centrales deben trabajar para frenar la recesión, proteger los empleos y apoyar la estabilidad financiera de los gobiernos. La inflación, claramente, no es hoy el problema principal, y eso es reconocido universalmente.

Por otra parte, entiéndase que de lo que se trata es de disponer y tener listas, todas las herramientas e instrumentos necesarios para enfrentar la crisis. Y ello incluye los instrumentos tradicionales de la política monetaria, así como otros nuevos que sea necesario diseñar y dejar a punto, para su eventual aplicación en caso necesario. Nada de lo cual implica actuar caprichosamente o de forma precipitada. Todo lo contrario, más bien: se trata de hacerlo con prudencia y sentido de la oportunidad, en el momento justo y en la medida necesaria. Hacer, pues, lo que debe hacerse, cuando es necesario hacerlo y en la medida en que sea necesario hacerlo. Y, en fin, comprender que las crisis exigen capacidad de innovación, sentido previsor y mucho pragmatismo.

Nuestro llamado, respetuoso pero enfático, al presidente Alvarado: en sus manos, señor presidente, está reorientar la política económica de su gobierno, para que ante la crisis se actué con responsabilidad, energía y decisión, y con el sentido pragmático y de oportunidad que la situación demanda.

El grupo Economía Pluralista reúne a 25 economistas que provienen de diversos ámbitos de la academia y del ejercicio profesional de la economía, tanto en el sector público como en el privado.

Imagen: https://www.portafolio.co/economia/la-oit-alerta-sobre-aumento-del-desempleo-mundial-en-2020-537263