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Covid-19: Expresión del impacto global del capitalismo en la biodiversidad El lazo ignorado entre nuestra relación con la naturaleza y la salud pública

M.Sc. Orlando Amaris Cervantes
Sociólogo y ecólogo político. Investigador del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE). Universidad Estatal a Distancia (UNED), Costa Rica

Entre tantas malas noticias aún me causa una sonrisa llena de complicidad saber que una lejana pareja de pandas en un zoológico en Hong Kong haya copulado en plena cuarentena y según parece en junio de este mismo año veremos ya las señales de un embarazo.[1] Por supuesto, al igual que muchas personas, me conmuevo viendo videos y fotografías de animales que pasean por las desoladas calles y bulevares de ciudades y pueblos, que aprovechan ahora que somos los humanos quienes sentimos temor y estamos indefinidamente escondidos; observo estas imágenes una y otra vez. Sin embargo, hay una idea que me conmueve todavía más, pero dudo que ocurra, al menos no en la reciente versión de esta pandemia. Me refiero a la posibilidad de ver que todos los empresarios agroindustriales y extractivos, especialmente en el cantón Central de Puntarenas donde trabajo como investigador de la gestión comunitaria del agua, se detengan y reflexionen sobre las consecuencias que tienen sus actividades para las comunidades, los trabajadores y los ecosistemas. Así, se podría conseguir que por fin los manglares del golfo de Nicoya respiren sanos sin los sedimentos y contaminantes de los monocultivos de caña y piña. Quisiera que la gente de Chomes y Abangaritos me contara que ya no hay más incendios para cosechar caña de azúcar, y que respiran tranquilos y sin temor; que su ropa pueda seguir secándose al sol sin ensuciarse de esa lluvia de ceniza que no es suya. Me encantaría observar los ríos Guacimal, Lagarto y Abangares, al igual que muchos otros, llegar limpios y con buen caudal a su desembocadura sin el freno de los quebradores que también los contaminan.

Por supuesto, también, desearía ver que las manadas de monos aulladores o congos de las partes bajas del golfo de Nicoya crezcan en número y que se muevan sanos entre los árboles sin que ninguno de sus miembros quede acorralado por el pasto seco en la inmensidad de un potrero. Sería muy feliz si pudiera notar, además, el momento preciso en que las sierras guarden silencio, que no haya más tala, ni quemas, ni cacería, y que el verdor de las manchas de bosque, que observaba durante mis giras de trabajo antes del confinamiento, se expandiera salpicado con los colores de las flores de los robles de sabana (Tabebuia rosea), las cortezas amarillas (Tabebuia ochracea) y los caraos (Cassia grandis). Quisiera también que el desempleo dejara de ser una amenaza permanente para los pobladores de estas zonas y que ya no sea la repetitiva excusa para tener que soportar las consecuencias del desmedido y egoísta afán de lucro de unos pocos. Por eso en el proyecto en el cual trabajo junto a acueductos rurales, asociaciones de desarrollo y cooperativas de mujeres, todas integrantes de la Alianza de comunidades por la defensa del agua en Puntarenas, confirmamos que tanto las ganancias de estas actividades extractivas y agroindustriales presentes en este territorio, así como sus consecuencias ambientales, son distribuidas de forma desigual. Las utilidades se concentran en pocas personas mientras que los daños se distribuyen entre la población vecina o la que vive aguas abajo. Esta es parte de la normalidad a la cual no queremos regresar. Por esto es importante hacer ajustes y continuar trabajando en el contexto del Covid-19 para idear alternativas de acción y construir nuevas normalidades a partir de otros principios. De esta manera, podríamos fortalecer las organizaciones comunales y contribuir a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones costeras del golfo de Nicoya.

Árbol de corteza amarilla (Tabebuia ochracea) en distrito de Chomes, cantón Central de Puntarenas, Costa Rica. Imagen cortesía de Rigo.

Por otra parte, debido a que mi interés como sociólogo desde hace varios años ha sido analizar las formas y las condiciones en las cuales unos actores sociales acaparan y contaminan ciertas bondades de la naturaleza lo que limita el provecho que otros podrían obtener de esta. He podido conocer en profundidad muchos casos de degradación ambiental que cuestionan la sostenibilidad de nuestro actual sistema económico. Por estas razones me resulta inquietante que el origen del Covid-19, así como de otras pandemias anteriores (SARS y ébola, por ejemplo), se relacione con las consecuencias del sistema agroalimentario industrial,[2] entre otras nocivas actividades realizadas en ecosistemas biodiversos,[3] y los efectos del cambio climático.[4] Los anteriores son procesos incentivados por el capitalismo actual cuyo impacto recae en los bosques tropicales del mundo y en la acumulación de gases de invernadero responsables de la actual crisis climática. Para el caso del sistema agroalimentario corporativo capitalista, como factor a considerar en el origen de enfermedades infecciosas emergentes, basta tener en cuenta la intensificación agrícola y ganadera, además de la actividad minera y la deforestación, que se realizan en bosques primarios y tierras de cultivo de pequeños productores en zonas tropicales. Estas presiones empujan a los productores locales hacia la periferia de las ciudades o a precarizar montaña adentro, por lo que se exponen a nuevas enfermedades. Adicionalmente a esta liberación de patógenos en contextos biodiversos ocasionados por cambios en el uso de la tierra, es necesario mencionar también los microorganismos que surgen por el manejo intensivo en granjas de producción de animales para el consumo humano. El hacinamiento de estos animales hace que proliferen infecciones, las cuales son contenidas con antibióticos; sin embargo, la aplicación de estos termina haciendo más resistente el siguiente brote infeccioso.[5] Algunos ejemplos de virus relacionados con la producción industrial de carne los encontramos en las recientes pandemias de influenza aviar[6] e influenza porcina.[7] El cambio climático, por su parte, provoca el incremento de la temperatura, el aumento de la intensidad de los huracanes y los cambios abruptos en el clima. Todos estos factores repercuten en los ecosistemas tropicales, lo que potencia el surgimiento de nuevos eventos epidémicos como el que experimentamos en este momento.[8] Más grave aún sería pensar que las sequías, sumadas al acaparamiento del agua, imposibiliten obtener este líquido para el consumo humano y dificulte la aplicación de las estrategias higiénicas indispensables para la prevención de futuros contagios. Como podemos ver, todos estos elementos no son nuevos, son más bien parte de la normalidad que sectores políticos, productivos y académicos continúan obviando.

De la misma manera en la que se han generalizado entre la población algunos principios epidemiológicos relacionados con la prevención o cuidados necesarios para poblaciones específicas en riesgo por la actual pandemia, echo de menos una discusión sobre su origen y las contradicciones que la hicieron posible. Si bien es cierto en este momento hay que evitar a toda costa el colapso de los centros hospitalarios, resulta oportuno también tener claras las causas de esta pandemia y su relación con la destrucción de los bosques y de los conocimientos de las poblaciones que durante largo tiempo los han aprovechado y salvaguardado.[9] Solo así es posible prever un nuevo brote infeccioso.

En el caso particular de la actual pandemia Covid-19, esta no nos tendría en este mortal apuro sanitario y civilizatorio si no fuera resultado de su paso desde animales silvestres, extraídos de hábitats en degradación, hacia los animales humanos (zoonosis). Es decir, ese hábil tránsito inter especies realizado por este virus sucedió en circunstancias en las cuales las actividades humanas han interferido reiteradamente con el entorno natural transformándolo y saqueándolo. Al hacerlo nos vemos expuestos también como especie a una variedad de patógenos sobre los que no habríamos siquiera tenido conocimiento antes.

Por lo tanto, al romper esos balances ecológicos participamos desventajosamente en lo que llama David Quammen la lotería evolutiva.[10] Dicha lotería se refiere a la oportunidad en la cual este virus logró introducirse en nuestro organismo y se convirtió así en nuestro inesperado huésped. Con ello este microbio obtuvo grandes probabilidades en el sorteo evolutivo para perdurar contagiando a más y más humanos; los mamíferos más exitosos en lo que a inteligencia, población y recursos planetarios a su disposición se refiere, responsables paradójicamente de la consolidación de una normalidad insostenible cuyos regímenes extractivos y productivos han dado origen a la actual pandemia.

Imagen tomada del Semanario Universidad.

Tomando en cuenta lo anterior, coincido entonces con la Dra. Kate Jones,[11] bióloga de la División de Biociencias de la University College London (UCL), cuando afirma que estas infecciones son “un costo oculto del desarrollo económico”.[12] La científica llama también la atención sobre cómo los sistemas ecológicos simplificados tienen un efecto viral amplificador. Dicho de otra manera, a menor diversidad biológica, mayor será la incidencia de plagas y enfermedades, tal como ocurre en las zonas recién deforestadas o en aquellas cubiertas por monocultivos de caña, arroz y piña, así como en las granjas avícolas y porcinas. Por el contrario, en los sistemas naturales que no han sido alterados, la posible transmisión de enfermedades disminuye debido a la diversidad de especies en ellos, lo que limita el contagio y la expansión de enfermedades.[13] Esta es la razón por la cual empresarios agroindustriales y sus equipos técnicos emplean cantidades enormes de agrotóxicos y antibióticos para intentar contrarrestar, con resultados cuestionables, las infecciones que se multiplican entre plantas o animales de una sola especie.

En este marco de incertidumbre comienza a extenderse un sentimiento biocéntrico difuso que nos coloca como seres vivos al mismo nivel de los otros. Creo encontrar también, en dicho sentimiento, algo de vergüenza por los efectos de la extracción de materiales en magnitudes imposibles de restituir para nuestra biósfera. A lo que es oportuno agregar, la igualmente comprobada incapacidad del planeta para asimilar nuestro incesante volumen de desechos. Aunque poco podemos hacer con este malestar, sí se experimenta un fugaz alivio al verificar por fin, y gracias a nuestro confinamiento, que el aire está más limpio,[14] las abejas regresan a algunos espacios urbanos[15] y, debido a la parálisis de muchas actividades humanas, nuestra casa común incluso vibra menos.[16] Así, mientras algunos continúan saturándose con curvas, compras por internet y conteos de muertos, los dispositivos sismográficos captan al mismo tiempo señales sísmicas mucho más sutiles; las fuerzas naturales que nos sobrepasan, nos permiten comprobar nuestra tardía, impactante y, hasta podríamos añadir, frágil presencia en el planeta.

Imagen tomada de La Vanguardia.

Liberados entonces de esa ficción que nos impedía ver nuestra finitud y que hoy es indiscutible; desabrigados de esa proximidad física que nos distrajo hasta el punto de hacerle pensar a muchos que la normalidad en la cual vivíamos era nuestro resguardo más viable; incluso, descentrados de nuestra condición de privilegio como especie, es un buen momento para no olvidar las desigualdades que hemos arrastrado social y ecológicamente. Consideremos, a propósito, la gran cantidad de personas que no ha podido mantenerse recluida en sus casas, ya sea porque fueron recientemente despedidas de sus trabajos o porque que ya vivían entre la informalidad y la precariedad laboral. Por supuesto, tampoco es prudente continuar obviando las consecuencias ambientales de la inercia de nuestro consumo.

Son muchos los aportes de los sectores sociales, la comunidad científica, las organizaciones y los colectivos que desde hace décadas continúan alertando sobre el impacto de este modelo económico en el planeta, en la calidad de sus aguas, en la conservación de los suelos, en el clima, en la diversidad biológica y alimentaria, y en el deshielo de los polos, cuyos efectos se evidencian en el hambre, la malnutrición, la recurrencia de enfermedades infecciosas y, el aumento de enfermedades crónicas y mentales. Entre estas voces figura, por ejemplo, la encíclica papal Laudato si:[17]

“ […] El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás […] ”

De cualquier modo, las discusiones de fondo que proponen todas estas contribuciones, han sido ignoradas por la vieja normalidad a la que no aconsejo regresar. Atender a tiempo estas propuestas significa vivir responsablemente de manera más frugal y menos excluyente. Incluso, a nuestro favor en la lucha contra esta pandemia, podríamos contar con un clima más estable y más seguro para todos,[18] ni que decir de una producción alimentaria más saludable, menos intensiva y más libre de insumos fósiles, así como medios y redes de transporte público más eficientes. En este contexto de crisis, lo anterior no es poca cosa.

Mientras escribía esto me tomaron por sorpresa las primeras lluvias de abril y hoy me siento optimista. Sin embargo, ¿Será posible corregir el rumbo dentro del voraz marco aspiracional y competitivo del capitalismo justo cuando países como España, Italia, Dinamarca, Austria, entre otros, proponen reabrir sus economías?[19] ¿Cómo hacer para que la recuperación económica no aliente un efecto de rebote ávido de consumo y más explotación de la naturaleza? ¿Cómo incluir los límites ecológicos y todas esas alertas desoídas durante la anterior normalidad en la construcción de un mejor mundo postCovid-19? Conocemos bastante bien la normalidad a la cual quieren tirarnos nuevamente. En su lugar, como humanidad y como sociedad, bien podríamos continuar construyendo otras ¿Por qué esperar la vacuna para cambiar?

[1] «Tras casi una década de intentos fallidos, dos pandas al fin se aparean». National Geographic en español. acceso abril del 2020, https://www.ngenespanol.com/animales/tras-casi-un-decada-de-intentos-fallidos-dos-pandas-al-fin-se-aparean/

[2] «Agrobusiness kills. Capitalist agriculture and Covid-19: A deadly combination». Entrevista a Rob Wallace, Climate and Capitalism, acceso en abril del 2020, https://climateandcapitalism.com/2020/03/11/capitalist-agriculture-and-covid-19-a-deadly-combination/

«Las causas de la pandemia. No le echen la culpa al murciélago». Entrevista a Silvia Rivero, Página 12, acceso en abril del 2020, https://www.pagina12.com.ar/256569-no-le-echen-la-culpa-al-murcielago

[3] «’Tip of the iceberg’: is our destruction of nature responsible for Covid-19?». The Guardian, acceso en abril del 2020, https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe

[4] «El cambio climático y la pérdida de biodiversidad favorecen las enfermedades». Gaceta Médica, acceso en abril del 2020,

https://gacetamedica.com/investigacion/el-cambio-climatico-y-la-perdida-de-biodiversidad-favorecen-las-enfermedades/  

«Coronavirus y pandemias: ¿efecto rebote de la destrucción de los ecosistemas?». Semana Sostenible, acceso 2020,

https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/coronavirus-y-pandemias-efecto-rebote-de-la-destruccion-de-ecosistemas/48979

[5] «Coronavirus, agronegocios y estado de excepción / Silvia Ribeiro». La Jornada, acceso en abril del 2020,

https://www.jornada.com.mx/ultimas/economia/2020/02/29/coronavirus-agronegocios-y-estado-de-excepcion-silvia-ribeiro-9431.html

[6] «Influenza Aviar: Una crisis global de sanidad animal con profundos desafíos a la ciencia y la sociedad». FAO, acceso en abril del 2020, http://www.fao.org/avianflu/es/crisis_es.html

«Influenza aviar». World Organisation for Animal Health, acceso en abril del 2020, https://www.oie.int/doc/ged/D13948.PDF

[7] «Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe». Blog de Ángel Luis Lara, el diario.es, acceso en abril del 2020, https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_6_1010758925.html

«La FAO insta a vigilar de cerca el virus H1N1 en los cerdos». FAO, acceso en abril del 2020, http://www.fao.org/news/story/es/item/19368/icode/

«Gripe porcina». World Organisation for Animal Health, acceso en abril del 2020,https://www.oie.int/doc/ged/D14005.PDF

[8] «El cambio climático y la pérdida de biodiversidad favorecen las enfermedades». Gaceta Médica, acceso en abril del 2020,

https://gacetamedica.com/investigacion/el-cambio-climatico-y-la-perdida-de-biodiversidad-favorecen-las-enfermedades/

[9] Los pueblos indígenas y las comunidades locales son claves por su comprobada labor de cuido de las zonas protegidas en todo el mundo. Ver: http://www.iccaregistry.org/es/about/iccas

[10] «La destrucción de la naturaleza es lo que nos pone en contacto con los virus: David Quammen». Entrevista a David Quammen, El Espectador, acceso en abril del 2020. https://www.elespectador.com/coronavirus/la-destruccion-de-la-naturaleza-es-lo-que-nos-pone-en-contacto-con-los-virus-david-quammen-articulo-914730

[11] Prof Kate Jones. Chair of Ecology and Biodiversity, University College London. https://www.ucl.ac.uk/biosciences/people/prof-kate-jones

[12] «’Tip of the iceberg’: is our destruction of nature responsible for Covid-19?». The Guardian, acceso en abril del 2020, https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe

[13] «Pérdida de naturaleza y pandemias. Un planeta sano por la salud de la humanidad». World Wildlife Fund, acceso en abril del 2020, https://www.wwf.es/?54120/Perdida-de-naturaleza-y-pandemias-Un-planeta-sano-por-la-salud-de-la-humanidad

[14] «Estudio de la UNA: Medidas restrictivas por COVID-19 mejoran la calidad del aire en la GAM». Delfino, acceso en abril del 2020, https://delfino.cr/2020/04/estudio-de-la-una-medidas-restrictivas-por-covid-19-mejoran-la-calidad-del-aire-en-la-gam

[15] «El resurgir de las abejas gracias al confinamiento humano». Semana Sostenible, acceso en abril del 2020, https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/coronavirus-en-colombia-el-resurgir-de-las-abejas-gracias-al-confinamiento-humano/50045

[16] «Coronavirus: cómo las medidas contra la pandemia están causando que la Tierra vibre menos». BBC Mundo, acceso en abril del 2020,  https://www.bbc.com/mundo/noticias-52177361

«Estaciones sísmicas registran aislamiento social por COVID-19 en Costa Rica». Delfino, acceso en abril del 2020,  https://delfino.cr/2020/03/estaciones-sismicas-registran-aislamiento-social-por-covid-19-en-costa-rica

[17] «Carta encíclica Laudato Si del santo padre Francisco. Sobre el cuidado de la casa común». El Vaticano, acceso en abril del 2020,  http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

[18] «El cambio climático es más mortal que el coronavirus: ONU». Semana Sostenible, acceso en abril del 2020, https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/el-cambio-climatico-es-mas-mortal-que-el-coronavirus-onu/48951

[19] «Semana clave en Europa: los países que comienzan a relajar las medidas de confinamiento por el covid-19». BBC Mundo, acceso en abril del 2020,

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52268902

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Reflexiones de cuarentena

Adriano Corrales Arias*

            Probablemente nunca sabremos si el conavid-19 fue creado en un laboratorio o es una mutación genética de los miles de virus que pululan en la naturaleza y que cíclicamente nos atacan como las gripes estacionarias. Hay variadas teorías y muchas especulaciones al respecto, incluso acusaciones de países a países. Un grupo de inversionistas y políticos usamericanos hace unas semanas presentó una demanda contra China por la supuesta creación del virus en un laboratorio de Wuhan. Por lo contrario, muchos analistas, incluso usamericanos, infieren que el virus se creó en Estados Unidos para causar un daño profundo en la economía china. ¡Vaya a usted a saber!

            Lo cierto del caso es que enfrentamos una de las crisis más graves de los últimos siglos. Ya no solo por la pandemia, que ha causado y sigue causando miles de muertes en diversas partes del planeta, sino por el frenazo que ha sufrido la economía a escala mundial. Prácticamente toda la estructura productiva y financiera del globo ha entrado en recesión, al menos en una pausa que golpea a miles de trabajadores y productores de aquí y acullá. La crisis se amplía como un enorme hoyo vacío que podría hacer colapsar a muchos países pequeños e incluso grandes. De hecho, la hasta ahora supuesta economía más amplia y competitiva, la de Estados Unidos, está seriamente golpeada y parece que no se repondrá en el corto tiempo. El gigante se tambalea dramáticamente, su presidente y equipo de gobierno lucen desconcertados, erráticos y, para variar, prepotentes, guerreristas.

            Huelga decir que en países tan afectados como Italia y España, y el mismo Estados Unidos, como hemos dicho, fueron aplicadas la teorías neoliberales a ultranza como un fuerte shock político. (En América Latina países que no invirtieron en sistemas de salud: Ecuador, República Dominicana, Honduras, Colombia, y muchos más). Muchas de las instituciones, incluidas las de la salud y los seguros, fueron privatizadas o tercerizadas o, sencillamente, dejadas sin presupuesto ni personal idóneo para favorecer a la empresa privada, es decir, a la farmacéutica y a los servicios privados de salud. He allí el meollo de tan macabras escenas como las que nos ha tocado ver por la televisión o en las redes sociales. Está claro entonces que el problema no es tanto el virus como la economía capitalista con la contrarreforma neoliberal, la cual pretendía y pretende (en nuestro país) empequeñecer el estado trasladando sus responsabilidades al mundo privado, es decir, al mundo de los negocios. Ahora sabemos que los negocios no resuelven asuntos estratégicos colectivos (sociales) de vida o muerte, como los de la salud humana.

            Alrededor de este sombrío panorama se tejen también distintas teorías e hipótesis pos pandemia. ¿Cómo será el mundo que sobrevendrá a esta nefasta crisis? Filósofos, investigadores, políticos, escritores, artistas y demasiados aficionados, se animan a lanzar variados escenarios y mundos posibles, muchos distópicos, otros utópicos. Para algunos es el fin del capitalismo neoliberal y entonces sobrevendrá una suerte de comunismo consensuado (Zizek). Para otros el capitalismo sobrevivirá y retornará con más fuerza (Byun-Chul Han). Y hay quienes sostienen una posición intermedia (Judith Butler, Atilio Borón, et al), lo que resulte será más o menos un híbrido entre ambas concepciones, es decir, un socialismo democrático o socialdemócrata donde el estado recupere su protagonismo estratégico; en otras palabras, un renacimiento del Estado Social de Derecho. Son posibilidades y tendencias.

            Lo cierto de todo es que estamos en una transición fuerte y por tanto, dolorosa; mejor dicho, en una espesa encrucijada. A veces parece una guerra global planeada contra los pobres y desvalidos, especialmente los ancianos, y dirigida por fuerzas oscuras y extraordinarias. Hacia dónde nos llevará esta encrucijada es lo incierto. Pero no cabe duda de que el mundo será absolutamente distinto. El sacudón interno que hemos padecido y padecemos sostenidamente, nos ha hecho recapacitar, reflexionar y meditar sobre el mundo que queremos para nosotros y para quienes nos seguirán. Son millones de personas alrededor del mundo las que en este momento meditan, oran, reflexionan, crean y proyectan un mundo más humano donde mujeres y hombres convivamos con mayor armonía, igualdad y justicia. Es el mundo que habremos de construir desde nuestros corazones, desde el cambio radical de conciencia que ya se percibe y se presiente.

            La pandemia, natural o inducida, casual o agendada, nos ha colocado frente a un enorme espejo cóncavo donde hemos mirado todas nuestras falencias y errores, nuestros fantasmas y monstruos (sí, los que ha creado la razón; ¡gracias querido Goya), los horrores de una civilización que cambió los dioses por el mercado y al ser humano y sus valores más preciados por mercancías tangibles e intangibles. Pero también nuestras virtudes y potencias, nuestras capacidades de resiliencia, compasión y entrega. Tocará abrazarnos, tomarnos de las manos y echar a andar, pero todos unidos como en el poema “Masa” del grande César Vallejo. Y con la conciencia cósmica de que el planeta es nuestra gran casa, la de todas y todos; y que solamente la solidaridad, la empatía y la paz, permitirán la construcción de sociedades más justas e igualitarias que nos permitan sobrevivir como especie.

*Escritor.

Imagen: https://museogoya.ibercaja.es/obras/el-sueno-de-la-razon-produce-monstruos

La realidad de la deuda pública y la solución correcta y posible

Óscar Madrigal

11 MIL MILLONES DE COLONES POR DÍA es lo que tiene que pagar Costa Rica diariamente por la deuda pública. Al mes representa ¢330 mil millones de colones.

Para poder dimensionar esta cantidad, podríamos decir que con ese monto se le podría dar un subsidio de ¢125.000 colones mensuales a 2.640.000 personas. Más de la totalidad de la fuerza de trabajo del país.

De esos ¢330 mil millones mensuales, el 80% corresponde al pago de intereses. Casi no abonamos nada a la deuda.

Solo en intereses pagamos los costarricenses ¢264.000 millones de colones POR MES.

El servicio de la deuda, calculado en dólares, cada mes es de $582 millones de dólares. Es superior al préstamo que dará el FMI y por el cual está poniendo como condición vender activos del Estado.

El Gobierno pretende resolver los problemas sobre más endeudamiento. Tiene planeada la aprobación de unos $3.100 millones de dólares para paliar la crisis.

De tal manera que con solo cinco meses de moratoria de la deuda podría tener una cantidad igual o superior a todo el endeudamiento previsto, con los condicionamientos e hipoteca aún mayor sobre el futuro del país.

Sin una moratoria de la deuda, es decir, sin una posposición del pago de la deuda, el país no saldría bien librado de esta crisis. No se trata de no pagar, sino de lograr 12 o 24 meses de posposición de los pagos.

Con un año de moratoria el Gobierno podría disponer de ¢4,01 billones de colones, lo cual le permitiría tener los recursos suficientes para la reactivación económica, el impulso a infraestructura incluyendo el tren eléctrico y la subvención a los trabajadores y trabajadores y empresarios golpeados por la crisis.

¿Es imposible una moratoria? En el plano internacional se están dando condiciones inmejorables; hasta el FMI y el BM hablan de moratoria a los países más pobres. Respecto a la deuda interna habría que buscar los mecanismos para ajustar el principal y los intereses a un año plazo.

El Presidente Alvarado hizo un llamado a la comunidad internacional a finales del mes de marzo donde dijo: “asistencia financiera otorgada… deberían ser excepcionales en cuanto a interés, periodo de gracia y tiempo de pago. Debe a su vez, avanzarse con un arreglo de pago de las carteras existentes, y eventualmente disponer la suspensión de pagos”.

El Presidente plantea una vía correcta y posible: hacer un arreglo de pago de las deudas existentes, lo que significa una especie de moratoria de la deuda. Pero aún más el Presidente habla de la eventualidad de una SUSPENSIÓN DE PAGOS.

Esta es la salida menos traumática y más humana a la crisis actual y venidera.

(Los datos utilizados son con fundamento en el Ministerio de Hacienda).

La peor peste: la pobreza

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

         El principal y gran desafío que enfrentamos como país es aplanar las curvas en ascenso de la desigualdad y el desempleo, generadoras de la peor peste: la pobreza.

         Según el economista Leiner Vargas, la tasa de desempleo del 12.4% podría duplicarse después de la pandemia, alcanzando a más de 650. 0000 desempleados, y si a eso se le suma el subempleo del creciente sector informal la pobreza aumentará dramáticamente. En desigualdad estamos entre los mejores: ocupamos el octavo lugar a nivel mundial y el sexto lugar entre los países de América Latina.

         El país logró avances significativos en contener la desigualdad y el empobrecimiento con el pacto social y político de los años 1940, que nos heredó la Costa Rica de los niños calzados y una robusta institucionalidad social, con la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) a la cabeza.

         Gracias a esa institución y sus visionarios fundadores, estamos logrando aplanar la curva del COVID-19. Seguimos viviendo de las glorias pasadas, porque para contener la peste de la pobreza, aplanando las curvas de la desigualdad y el desempleo, no tenemos una clase política visionaria y a la altura de los tiempos que vive el país.   

         Fue en la década de 1980 cuando se inició el camino escabroso hacia la ruptura de este pacto, con la aplicación de los Programas de Ajuste Estructural (PAES), por parte del bipartidismo: Partido Liberación Nacional y Partido Unidad Social Cristiana (PLUSC), atendiendo a las recetas neoliberales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Estas políticas empobrecieron al país, incrementaron la desigualdad y bajaron su perfil de clase media. Hoy, el FMI vuelve a sus recetas con su añejo telele de recomendar al país vender activos.

         Esa ruptura alcanza su punto culminante en el actual gobierno del Partido Acción Ciudadana (PAC), del señor Carlos Alvarado, que ha venido a profundizar los índices de desempleo y subempleo, protegiendo a los ricos y sus empresas y desprotegiendo a los trabajadores; precarizando a la clase media y profundizando la pobreza. Y en un contexto de pandemia, se castiga el ingreso de los trabajadores y pensionados del sector público, para ofrecer dadivas a los pobres que no alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas.

         Una vez más se evade la responsabilidad histórica, ética y política, de hacer que los ricos, de una vez por todas, paguen los impuestos como ricos. Es lamentable que se prefiera quebrar la Caja y hasta el país, con tal de no tocar las arcas llenas de los nuevos ricos.

         Estamos ante una nueva clase política multipartidista que cogobierna para una oligarquía neoliberal frívola y egoísta, hoy representada en el país por la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada (UCCAEP) y defendida por la “dictadura mediática”.

         Para ocultar esta complicidad, se inventan y promueven planes salvadores –“pan y circo”, para el pueblo–, tales como el Plan Escudo y el Plan Avancemos en el gobierno del señor Oscar Arias (2006-2010), cuya modalidad se vuelve a reciclar con el Plan Fiscal de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y el Plan Proteger en el gobierno actual.

         Este juego de aparentar gobernar a favor de los pobres cuando realmente se “Protege” a los ricos, es la estrategia propagandística utilizada para obtener dividendos político-electorales, por parte de una nueva clase política parasitaria que busca prebendas salariales o vínculos con el mundo de los grandes negocios: comerciantes de la política o “políticos empresarios”. 

         La realidad es que este cogobierno multipartidista, aliado incondicional de esta oligarquía empresarial, financiera y mediática, está contribuyendo a que cada día la peste de la pobreza cobre más víctimas.

         Sin embargo, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo (pueblo) que lo resista”. El cogobierno de unidad nacional, para salvar a los ricos y hundir a los pobres y a la clase media, tiene sus días contados, aunque las encuestas coyunturalmente lo favorezcan.

         Estamos a las puertas del nuevo pacto social y político anti-oligárquico para la revitalización del Estado Social de Derecho. La única opción para aplanar la curva de la desigualdad y del desempleo y eliminar la peor peste: la pobreza.

Foto: Semanario Universidad

La preocupante pasividad del Banco Central ante la crisis

Grupo Economía Pluralista

Cuando se enfrenta una grave amenaza, lo que el raciocinio, e incluso el sentido común, aconsejan, es tener listas y a mano, todas las herramientas e instrumentos que permitan enfrentar el peligro de la forma más eficaz y certera posible, de modo, asimismo, que las posibles consecuencias negativas se reduzcan al mínimo.

Hoy el país enfrenta la amenaza del covid-19. En su aspecto propiamente sanitario, nuestra institucionalidad pública ha tenido afortunadamente la capacidad para generar respuestas serias y responsables, que han mostrado ser muy eficaces. Lamentablemente, frente a la crisis económica concomitante, se constata en el contexto nacional el predominio de posiciones dogmáticas, rigideces ideológicas e, inclusive, la influencia muy poderosa de intereses particulares que buscan usufructuar de la crisis.

En este sentido, la posición del Banco Central expresada por su presidente, el señor Rodrigo Cubero (Semanario Universidad: “Presidente del BCCR reitera que no financiarán la lucha contra COVID-19 poniendo en riesgo la estabilidad monetaria”) genera mucha preocupación por su extrema rigidez. Lo cual se hace aún más evidente, al considerar que el propio BCCR prevé que en los siguientes dos años, la inflación se ubicará por debajo del rango meta, con un promedio del 1,8%. Es decir, el país cuenta con condiciones para la aplicación de políticas monetarias que contribuyan a paliar la recesión de la economía y a reactivar la producción y la creación de empleos, teniendo presente que, según estimaciones oficiales, la economía se contraerá un -3,6% en 2020, lo que innegablemente agrava los serios problemas del empleo que se arrastraban desde antes de esta crisis.

Don Rodrigo saca el manual introductorio de economía y se recita toda la letanía que la ortodoxia económica ha impuesto. Aunque se presente como una teoría con pretensiones científicas, en realidad estamos en presencia de una ideología que arrastra, desde hace mucho tiempo, severos cuestionamientos de fondo, y la cual ha terminado de desgastarse con las últimas crisis económicas, frente a las cuales ha demostrado ser poco efectiva. Esto es reconocido inclusive por el FMI, en otros tiempos baluarte de estas teorías, y que hoy hace un mea culpa por la mala gestión realizada en relación con la pasada crisis del año 2008 y, particularmente, con motivo de la crisis de la deuda pública en Europa.

Es conocido que estos planteamientos se escudan en la presunta independencia técnica del Banco Central, para disimular una forma de gestión de la política monetaria, opaca y ajena a los mecanismos de la rendición de cuentas en democracia. Todo lo cual finalmente redunda en la captura del Banco Central por los intereses financieros y, en consecuencia, su sometimiento a éstos.

El presidente del Banco Central argumenta exactamente como si nada hubiese ocurrido. Más aún: como si nada estuviese ocurriendo. El mundo de antes del Covid-19, es el mundo en el que nuestro Banco Central y su presidente siguen instalados. Y si ya en ese mundo hoy fenecido, sobraban razones para cuestionar el manejo de la política monetaria que Cubero defiende, sus argumentos hoy resultan un desatino, pero, sobre todo, un preocupante ejercicio de imprudencia e irreflexión.

No hay peligro alguno de inflación, porque tenemos tasas de desempleo de la fuerza de trabajo y tasas de desocupación de la capacidad instalada, sumamente elevadas, y porque en nuestras realidades sociopolíticas actuales no hay ni la más remota posibilidad de que se dé una espiral ascendente precios-salarios, como las que fueron usuales en otros momentos históricos. La reducción de precios de las materias primas, principalmente el petróleo, aminora adicionalmente cualquier presión al alza en la inflación.

Y si interesa preservar la imagen internacional del país, téngase presente que la mejor forma de hacerlo es mediante una actuación pragmática, oportuna y eficaz, que ataje la crisis, alivie la recesión y disminuya al mínimo posible sus consecuencias sociales y humanas negativas. Permitir que la crisis se agrave, y quedarse de brazos cruzados sin hacer lo que se podría y debería hacer, dañará la imagen internacional de Costa Rica, pero, sobre todo –lo que es mucho más importante– causará grave daño a las condiciones de vida de nuestra población. Ello traerá hambre y miseria y, en consecuencia, violencia social e inestabilidad política.

Cubero da la espalda a los datos de la realidad, y a las exigencias concretas que ésta plantea, para, en su lugar, aferrarse a un catecismo monetarista, no solo simplista, sino además obsoleto. Esto último es reconocido hoy, incluso por los bancos centrales en todo el mundo –excepto Costa Rica– lo cual ya es mucho decir.

La idea, que el señor Cubero reitera, según la cual la única misión de la banca central es la “estabilidad monetaria”, ha sido abandonada y superada en todas partes, incluso por el Banco Central Europeo, no obstante sus antecedentes muy conservadores en la banca central alemana (el Bundesbank). El Banco de Inglaterra, el Banco Central de Japón, la Reserva Federal de Estados Unidos, como la generalidad de los bancos centrales en el mundo entero, han asumido con máxima responsabilidad los deberes que la actual crisis del covid-19 les impone. Hay un amplio consenso que reconoce que los bancos centrales deben trabajar para frenar la recesión, proteger los empleos y apoyar la estabilidad financiera de los gobiernos. La inflación, claramente, no es hoy el problema principal, y eso es reconocido universalmente.

Por otra parte, entiéndase que de lo que se trata es de disponer y tener listas, todas las herramientas e instrumentos necesarios para enfrentar la crisis. Y ello incluye los instrumentos tradicionales de la política monetaria, así como otros nuevos que sea necesario diseñar y dejar a punto, para su eventual aplicación en caso necesario. Nada de lo cual implica actuar caprichosamente o de forma precipitada. Todo lo contrario, más bien: se trata de hacerlo con prudencia y sentido de la oportunidad, en el momento justo y en la medida necesaria. Hacer, pues, lo que debe hacerse, cuando es necesario hacerlo y en la medida en que sea necesario hacerlo. Y, en fin, comprender que las crisis exigen capacidad de innovación, sentido previsor y mucho pragmatismo.

Nuestro llamado, respetuoso pero enfático, al presidente Alvarado: en sus manos, señor presidente, está reorientar la política económica de su gobierno, para que ante la crisis se actué con responsabilidad, energía y decisión, y con el sentido pragmático y de oportunidad que la situación demanda.

El grupo Economía Pluralista reúne a 25 economistas que provienen de diversos ámbitos de la academia y del ejercicio profesional de la economía, tanto en el sector público como en el privado.

Imagen: https://www.portafolio.co/economia/la-oit-alerta-sobre-aumento-del-desempleo-mundial-en-2020-537263

Manifiesto de Mayoría Solidaria – invitan a firmar documento

Únete a la Mayoría Solidaria – firma del Manifiesto

Nuestro país y el mundo viven días de incertidumbre económica y social, producto de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19. La crisis desnuda la pugna histórica entre proyectos de estado de bienestar construido por años de luchas populares, frente al estado neoliberal, empujado por la UCCAEP y sus socios transnacionales.

En este contexto, hay que hacer un gran reconocimiento a todas las instituciones estatales que, en esta complicada situación, han actuado como un bloque articulado para que la afectación en la salud de las personas habitantes del territorio costarricense, sea en la medida de lo posible la menor. La “mejor o peor” capacidad de respuesta ante esta crisis sanitaria está en buena medida determinada en mucho por lo que se ha logrado rescatar, o defender, de la institucionalidad pública estatal, a través de la resistencia colectiva frente a la oleada privatizadora y desmanteladora. Este es el caso de Costa Rica.

Contamos con una institucionalidad estatal operando a toda máquina para que el impacto de personas afectadas o fallecidas en nuestro país no sea tan dramático como el caso estadounidense, italiano, español, brasileño o ecuatoriano. Esto es gracias a la resistencia, que desde diversos sectores sociales y políticos se ha ofrecido ante las propuestas de desmantelamiento y privatización de los servicios estatales, y especialmente de la salud pública. Hoy más que nunca, la Caja Costarricense del Seguro Social es un orgullo y baluarte de toda la población, así como las Universidades Públicas, que han volcado su investigación de manera inmediata a enfrentar la pandemia, el ICE, que ha implementado las adaptaciones necesarias para ampliar sus servicios y favorecer el trabajo a distancia; el INS, con su sistema estatal de seguros volcado a atender las emergencias desatadas por la pandemia, entre otras instituciones.

Este escenario nos llama a redoblar esfuerzos en la defensa de los servicios e instituciones estatales, claves para el bienestar de nuestro pueblo, que siguen amenazados por la voracidad de unos pocos, que ven a nuestras instituciones y los servicios que prestan de manera solidaria, como un jugoso negocio para llenar sus bolsillos. Estos sectores, representados en la UCCAEP, a pesar del enorme trabajo de nuestras instituciones públicas, han desatado una campaña en los medios de comunicación destinada a torcer la realidad a su favor y atacar al sector público, con el único fin de abonar terreno a su causa.

La crisis sanitaria provocada por el COVID-19, ha acelerado y profundizado la crisis del sistema capitalista global en su fase neoliberal, tanto a nivel mundial como nacional. Hay que recordar que antes de entrar a esta oleada de cierres y despidos ocasionada por la emergencia sanitaria, Costa Rica enfrentaba ya una frágil situación económica y social. Con sus niveles históricos más altos de desempleo (alrededor de un 12%), una gran parte de la población trabajadora en la informalidad o precariedad laboral (alrededor de un 46% de la misma), una creciente desigualdad (somos el noveno país más desigual del mundo según el Banco Mundial), un incremento en la pobreza (21,1% de la población), así como una recesión económica que se profundizó con la aprobación e implementación de un plan fiscal regresivo entre el 2018 y 2019, y un alto endeudamiento privado, entre otros síntomas.

Vale recordar, que el cierre de negocios y locales comerciales, dominaba ya el panorama en las calles del país en los meses anteriores a la crisis del COVID-19. El impacto económico de la pandemia llega entonces en uno de los peores momentos de nuestra historia reciente.

Recalcamos aquí: que la pérdida masiva de puestos de trabajo está estrechamente ligada con el modelo económico impuesto al país durante las últimas décadas y nos ha hecho mucho más vulnerables a fenómenos como el actual. Esta debilidad a la que nos han llevado, lastimosamente nos está pasando una cara factura en este momento. Esta situación económica puede producir una crisis social de enormes magnitudes con un incremento en los niveles de: pobreza y desigualdad. Y se agrava aún más por el mal manejo ambiental y la creciente escasez de recursos elementales: como el agua y suelos, la pérdida de soberanía alimentaria por la dependencia de las importaciones de granos básicos.

Ante este panorama, como diversos analistas proponen, es necesario globalizar la solidaridad. Debemos levantar nuestras sociedades bajo una intensa solidaridad y colaboración humana que nos permita levantarnos de esta crisis. Lejos de esperar un “retorno a la normalidad”, una “normalidad” que toleraba altos niveles de injusticia, violencia y exclusión en aras de defender exclusivamente los intereses de unos pocos, es momento de exigir que de esta crisis refundemos las bases de nuestra economía, para hacerla más justa y solidaria. Es hora de hablar de DEMOCRACIA ECONÓMICA.

Esta solidaridad aquí y en todo el mundo ha chocado con la resistencia de los sectores más ricos y opulentos, que en esta emergencia mundial buscan ante todo no solo no sufrir ni una pérdida, sino incluso aumentar sus ganancias. Estos sectores, que a nivel “criollo” están representados por la UCCAEP, buscan evadir cualquier tipo de responsabilidad o aporte, y trabajan por recargar los costos de la crisis sobre los y las trabajadoras, a través de impuestos regresivos, cierre de puestos de trabajo, rebajas salariales, elusión de cargas sociales. De esta manera, es claro que habrá que luchar de diversas formas para lograr que quienes más tienen, sean los que más aporten.

Así las cosas, las formas de enfrentar esta crisis sanitaria y económica, están atravesadas por desigualdades reales, propias del modelo económico actual, que hacen entre otras cosas que mientras algunas personas puedan resguardarse en sus casas, otras se vean obligadas a salir diariamente a ganarse el sustento, y que mientras algunas personas vivan tranquilamente de sus rentas o de salarios exageradamente altos, otras estén con las manos vacías. Es necesario entonces pensar en medidas que tomen en cuenta y combatan estas odiosas desigualdades.

Si el gobierno atiende las peticiones de los grandes empresarios exportadores organizados en la UCCAEP, interesados en el desmantelamiento de las instituciones públicas, estaría desatendiendo la realidad de las PYMES, de las pequeñas y medianas empresas del campo y la ciudad, que generan una gran cantidad de empleos y trabajos independientes, que necesitan compradores de sus productos. Debemos entonces en este contexto estar alertas. Como mencionamos antes, la UCCAEP, organización que representa a los sectores más adinerados del país, ha desatado en esta crisis una nueva cacería de brujas contra las instituciones públicas y sus trabajadores, y pretende engañar a la población argumentando que quitar presupuesto al sector público beneficiará a la gran cantidad de personas trabajadoras del sector privado, que en este contexto han perdido sus trabajos o reducido sus ingresos. Nada más alejado de la realidad.

El pequeño y mediano empresariado, principalmente quienes venden sus productos en el mercado nacional (que es la inmensa mayoría), ocupan a una capa de la población con capacidad de consumir los servicios que ofrecen. La pequeña cabina, el mediano o pequeño hotel, la pulpería, el restaurante, la soda o la venta de ropa, ocupan la existencia de un sector de la población con poder de compra, cuyo ingreso les permita gastar en rubros más allá de satisfacer sus necesidades básicas, para sostener sus propios negocios e ingresos. Una buena parte de estas personas con capacidad adquisitiva, están en el sector público.

A los grandes empresarios, que en su mayoría venden sus productos fuera del país, les es indiferente si en Costa Rica las personas cuentan o no con poder adquisitivo, si la pulpería del barrio vende, si el hotel está lleno o vacío, les importa poco el estado de la economía nacional, ya que aun cuando la economía va mal, ellos ganan. Están pendientes únicamente de debilitar al sector público para luego vender esos mismos servicios, pero de manera privada, y solo a quienes lo puedan pagar, como la salud o la educación.

Es por esto, que los intereses de la UCCAEP, no son los mismos intereses de las PYMES, de las pequeñas y medianas empresas de este país, que generan una gran cantidad de empleos, no son los intereses de la gran mayoría de la población. En cambio, todas las personas habitantes de este país necesitamos pequeñas y medianas empresas generando empleo, instituciones públicas fuertes y con personal calificado.

En este escenario, no solo las desigualdades económicas golpean con fuerza a la población, sino también las de género. Como lo ha señalado Patricia Mora (la ministra de la condición de la mujer) en estos últimos días, esta crisis golpea con mayor fuerza a las mujeres, y en muchos sentidos.

Esta crisis manifiesta la necesidad de llegar a un gran ACUERDO NACIONAL SOLIDARIO, que nos lleve a la conformación de un bloque político y social frente a la UCCAEP y sus políticas.

En este sentido, diferentes grupos sociales, políticos como el Frente Amplio, hacemos el llamado a la conformación de este acuerdo para consolidar esa AMPLIA MAYORÍA de costarricenses. A este bloque proponemos llamarlo LA MAYORÍA SOLIDARIA. La esencia programática de la mayoría solidaria, se centra en el impulso de una economía basada en la solidaridad, para recuperar el estado de bienestar, así como generar formas de organización y acompañamiento de los sectores que están siendo más golpeados por esta crisis sanitaria, social y económica.

FORMAS DE ENCUENTRO Y MANIFESTACIÓN DE LA MAYORÍA SOLIDARIA

El contexto actual de la crisis sanitaria hace imposible los encuentros presenciales para trabajar la conformación de movimientos. Por ello, las formas de participación deben tienen que tener un alto contenido digital. Siendo así que se propone conformar una PLATAFORMA COMUNICACIONAL que se llamará igualmente:

MAYORÍA SOLIDARIA. Esta plataforma, será la que cobija las accione, tanto en el nivel nacional, como cualesquiera otras formas, sea territorial o sectorial.

El otro componente de encuentro es el ACOMPAÑAMIENTO SOLIDARIO, que en esencia es la Organización de sectores más golpeados. Es posible que el reto más grande que tengamos es la conformación de un MOVIMIENTO DE DESEMPLEADOS.

De la misma manera, como acicate de una nueva economía, hay que llamar a la conformación de una gran red de INTERCAMBIO SOLIDARIO (Modelos de la economía de la solidaridad)

La MAYORÍA SOLIDARIA debe tener vida sobre todo en lo territorial, no puede quedarse en un punto de encuentro por las cumbres. En los niveles territoriales debe alcanzar una variedad de formas organizativas, muy creativas. Por todo lo escrito antes, y sabiendo el momento histórico que vive este país, procedemos a suscribir la convocatoria a este importante espacio, con la meta de JUNTEMOS LA MAYORÍA:

SUSCRIBIMOS:

WALTER ANTILLÓN MONTEALEGRE, ABOGADO, NARANJO
WILMAR MATARRITA, PRESIDENTE PARTIDO FRENTE AMPLIO
FLORA FERNANDEZ AMON, EMPRESARIA, SAN JOSÉ
JUNIOR QUIROS CHAVARRIA, REGIDOR, SIQUIRRES
WILLIAM ALLEN MORALES, REGIDOR NICOYA
OLDIN QUIROS GONZALEZ, REGIDOR, PÉREZ ZELEDÓN
ROCÍO ALFARO MOLINA, PARTIDO FRENTE AMPLIO, CURRIDABAT
DITA MONTIEL, PARTIDO FRENTE AMPLIO, GOICOECHEA
ANTONIO ORTEGA GUTIÉRREZ, PARTIDO FRENTE AMPLIO, CARTAGO
SUSAN CAMPOS ORTEGA, EXREGIDORA, DESAMPARADOS
ZORAIDA DEL CARMEN CEDEÑO ROJAS, REGIDORA, SIQUIRRES
ESMERALDA ALLEN MORA, REGIDORA, SIQUIRRES
RENIER CANALES MEDINA, ZONA SUR
ERICKA ALVAREZ SANDI, SAN MATEO DE ALAJUELA
ERIKA SEVILLA ZEPEDA, SAN JOSÉ
WILFREDO PIZARRO BERMUDEZ, EXCANDIDATO A ALCALDE, LIBERIA
HANNIA FRANCESCHI BARRAZA, TRABAJADORA SOCIAL, SAN RAMÓN
VINICIO ALFARO ROJAS, NARANJO
XINIA QUINTERO ARAUZ, LIMÓN
HEIDY CABRERA NUÑEZ, EDUCADORA, CAÑAS
HUGO VARGAS VARGAS, LÍDER SINDICAL, PEREZ ZELEDON
ARIEL ROBLES BARRANTES, ACADÉMICO, PÉREZ ZELEDÓN
OLMAN VARELA DURAN, SECTOR ECOLOGISTA, LA UNIÓN
SANDRA ARMIJO MATARRITA, LIDERESA MUJERES, NICOYA
CARLOS ROMERO FERNÁNDEZ, SECTOR AMBIENTAL
GERARDO BADILLA ALVAREZ, PROFESOR UNIVERSITARIO, SAN JOSÉ
YOLANDA CASTILLO CASTRO, SAN CARLOS
RAFAEL RIVAS DUCCA, CONSULTOR EMPRESARIAL, GOICOECHEA
MARIA DE LOS ANGELES SANCHEZ FONSECA, LIDERESA COMUNAL, ISLITA, NANDAYURE
ASOCIACIÓN DE INICIATIVAS POPULARES, DITSO
ESTEBAN UMAÑA PICADO, PERIODISTA
EMANUEL BUITRAGO, DIRIGENTE INDÍGENA
COORDINADORA DE COMUNIDADES, COMUN
EUGENIO CORDERO GUERRERO, PEREZ ZELEDON
SURAY CARRILLO GUEVARA, EXDIPUTADA GUANACASTE
DIONISIO CARRILLO OBANDO, NICOYA
EDISON VALVERDE ARAYA, GESTOR DE BUEN VIVIR CR
ADRIANA LACLÉ MURRAY, MÉDICO, MONTES DE OCA
ANA TRISTAN SANCHEZ, MONTES DE OCA
FORO ECUMENICO PARA EL DESARROLLO ALTERNATIVO DE GUANACASTE, FEDEAGUA
DAYANA UREÑA SOLÍS, COORDINADORA ASAMBLEAS PATRIÓTICAS POPULARES
OSCAR BOLAÑOS CHACON, MICROEMPRESARIO TRANSPORTE PÚBLICO, GOICOECHEA
MARINO MAROZZI ROJAS, CATEDRÁTICO, ECONOMISTA
JESUS CAMPOS, SAN JOSÉ
CLAUDIA SALAZAR, MÉDICO, SIQUIRRES
LETICIA SALAS PEREZ, SINDICAL, LIBERIA
MARTA FIGUEROA MATARRITA, ARTESANA, NANDAYURE
ASOCIACIÓN COMUNALISTA RUTA DE LA LECHE, NICOYA
REBECA CAMPOS MORA, GOLFITO
VERNOR ARGUEDAS TROYO, MATEMÁTICO CATEDRÁTICO, MONTES DE OCA
RICARDO HERNÁNDEZ MORA, EDUCADOR, PEREZ ZELEDON
MARCO TULIO PICADO, DESAMPARADOS
ASOCIACIÓN COMUNALISTA RUTA DEL MANGLAR, NICOYA
MAGDA SOLIS ALPIZAR, SAN JOSÉ
JOSE ANDRES DURAN LEIVA, DIRIGENTE ESTUDIANTIL, PEREZ ZELEDON
MARCO TULIO ARAYA BARBOZA, EMPRESARIO, SAN CARLOS
MARIA JOSE ALTAMIRANO SOLIS, MOVIMIENTO MUJERES, DESAMPARADOS
FLOR BENAVIDES CORRALES, EMPRESAS DE ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA, NICOYA
MARIO SUAZO PALMA, CAÑAS
LIBIA MARIA RODRIGUEZ CASTRO, EXCANDIDATA A LA ALCALDÍA, SAN MATEO
FLAVIA MORA, SAN RAMÓN
MARIO CABRERA BURGOS, SAN RAMÓN
RUBEN GOLCHER, PALMARES
LUIS GERARDO ARCE VALVERDE, CARTAGO
IVAN OROZCO, CARTAGO
RONAL CAMPOS VILLEGAS, COOPERATIVISTA
ANA YANCY HERNANDEZ MURILLO, NICOYA
RICARDO HERNANDEZ, PEREZ ZELEDON
PATRICIA CALVO, CAÑAS
CARLOS CABEZAS MORA, DIRIGENTE SINDICAL
FRANCIA BOROWY, COOPERATIVISTA
KEVIN SOTO QUINTERO, CORREDORES
LEONARDO JUAREZ, JICARAL
ÁLVARO FERNÁNDEZ, ECONOMISTA
JESUS BRICEÑO, SANTA CRUZ
FLOR MARIA MATARRITA, HOJANCHA
OLGER SALAS, JICARAL
MARIA SANCHO, GRECIA
DANIEL ACUÑA, EMPRESARIO, SAN JOSÉ
LORENA DÁVILA CUBERO, TRABAJADORA SOCIAL, LIBERIA
MARCO FOURNIER, CATEDRÁTICO, LIBERIA
MIGUEL MARIN, PEREZ ZELEDON
RONAL BOLIVAR, DIRIGENTE COMUNAL ISLA VENADO
CARLOS DUARTE LOÁICIGA, NANDAYURE
LORENA SÁNCHEZ GUEVARA, GANADERA, NICOYA

Firma del manifiesto en este enlace

Compartido con SURCOS por Carmen Chacón.

Los derechos laborales que se niega a quienes venden lotería

A la memoria de mi difunto padre que por 61 años tuvo como único oficio la venta de lotería y nunca vio la luz de una justicia laboral.

Lupita Chaves Cervantes

El Día Internacional de los Trabajadores, se celebra conmemorando la ejecución de los Mártires de Chicago por participar en la lucha por el logro de una jornada laboral de 8 horas.

Han pasado 134 años, y una fecha como hoy, nos obliga a alzar la voz contra la discriminación y maltrato laboral que aún sufren cantidad de trabajadores y trabajadoras en nuestro país,

Pero resulta aún más inverosímil, que, al día de hoy, una Institución del Estado, creada en el año 1845 vía decreto con el nombre de Junta de Caridad, conocida actualmente como Junta de Protección Social, permanezca despojando de la aplicación de una verdadera justicia social y laboral a las personas vendedoras de lotería.

Bajo el slogan de la Junta “ 175 años de hacer el Bien “ se esconden tristes historias de vendedores y vendedoras de lotería, que entregaron y hoy día entregan su fuerza de trabajo a esa Institución y que no tienen derecho al descanso, a gozar de vacaciones, incapacidad en caso de enfermedad, aguinaldo, salario escolar, beneficios que con toda justicia se les reconoce a los empleados de plantilla de la Junta y no existe ninguna razón para que se les niegue a los vendedores de lotería.

La Junta se ha amparado en una disposición normativa que por infame voluntad del legislador establece la Ley de Loterías N° 7395 del 3 de mayo de 1994, que crea la figura jurídica de concesión (hecha la ley, hecha la trampa) para la distribución de lotería a los vendedores de lotería, que conforma un sector social muy vulnerable al tratarse de personas adultas mayores y personas con discapacidad en su mayoría.

El perverso espíritu en que se refugia mediante Ley esta injusticia social es la condición de encontrarse en estado de necesidad, “estado que necesite de dicha actividad – venta de lotería – como medio de subsistencia” (art. 3) para obtener cuota de lotería en carácter de adjudicatario.

El estado de necesidad es la excusa que utiliza esta Institución del Estado para despojarlos de sus derechos, bajo el argumento de que, si no estuviesen vendiendo lotería, no tendrían con qué subsistir y el beneficio es darles un medio de trabajo mediante la figura de la concesión excluyente de una relación laboral, con fin de explotar su fuerza de trabajo sin derecho laboral alguno, aprovechándose de su condición.

Los encontramos a todas horas en las calles, restaurantes, centros comerciales, bajo la lluvia, el sol, expuestos a asaltos, muchos han fallecido habiendo tenido como único oficio la venta de lotería sin haber gozado nunca de derechos laborales, otros han muerto en las manos de asaltantes.

A partir del 8 de mayo próximo, la presidenta de la Junta ha anunciado con bombos y platillos que empiezan nuevamente los sorteos de chances y lotería, lo que los colocará en estado de riesgo por pandemia, con ausencia de protocolos institucionales que salvaguarden su salud, pues no se anunció por parte de esa Junta el suministro de implementos para garantizar la labor que minimice el contagio en las calles.

Se ha hecho caso omiso al Informe PE-118-97 con recomendaciones finales dadas por la Defensoría de los Habitantes desde el año 1997, que recomienda a los Diputados de la Asamblea Legislativa y a la Junta de Protección “ promover la redacción de un proyecto de Ley de Loterías que se ajuste a la justicia y a las disposiciones normativas – nacionales e internacionales – que regulan y protegen el trabajo humano desempeñado por los vendedores de lotería….Proceder de conformidad con dicho proyecto a fin de dictar una nueva Ley de Loterías que derogue la Ley 7395 del 3 de mayo de 1994 ”.

El citado Informe de la Defensoría, analizó la situación de los vendedores de lotería destacando la injusticia y explotación en que se encontraban, y solicitó una reforma legal o una nueva Ley de Loterías que tome en consideración los derechos y garantías sociales de los vendedores directos de lotería y su relación real con la Junta de Protección Social, recomendó revocar la figura de la concesión que es una mampara del Estado y de la Junta para evadir el pago de derechos laborales a ésta clase trabajadora.

Ha faltado voluntad política del legislador, así como del seno de esa Junta, y de los gobiernos para promover la redacción del proyecto de Ley de Loterías que se ajuste a la justicia, dignidad, disposiciones internacionales y nacionales, para proteger el trabajo humano que desempeñan los vendedores de lotería.

La injusticia y el silencio permanece y el dinero que genera la Junta al país en la venta de la lotería “para hacer el bien” sigue llevando el sello de la explotación y la sangre que ha corrido en la venta de lotería.

Revisando los estados financieros de la Junta, al 31 de diciembre de 2019, producto de la venta de Lotería (chances, lotería, lotto, tiempos entre otros) constituye la suma de ¢ 247.264.856.767,00 generada por el sudor de muchas personas físicas explotadas.

Ya es hora de que haya conciencia jurídica, institucional y nacional de reivindicar esta clase trabajadora, por la ruta exclusiva de la reforma legal o una nueva Ley de Loterías que revoque la actual, camino que recomienda la Defensoría de los Habitantes.

No puede ser que pasen los años y en pleno Siglo XXI permanezca esta Institución Estatal refugiándose en una Ley que excluye y deja sin amparo ni derechos laborales, a la clase trabajadora que le genera los fondos económicos que le permiten cumplir sus objetivos y “labor de beneficencia social”.

No se puede hacer el bien, con la sangre humana y la denegación de desarrollo humano de una clase trabajadora.

1 de mayo 2020

LA PERVERSA CONVERSIÓN DE MAESTROS Y PROFESORES DIGNOS EN “PENSIONADOS DE LUJO”

María Elena Salazar

En 1995, el Régimen de Pensiones del Magisterio Nacional enfrentó una reforma profunda. Ya en los años ochenta, se había conocido que el Fondo de Pensiones, creado en 1958 y administrado por el Estado, no había sido formado. Por esta razón, los Pensionados del Magisterio pasaban a depender del Presupuesto Nacional. Desde esos años, se hablaba de la insostenibilidad del régimen y que la ley vigente permitía que ciertas personas que habían laborado algunos años para el Magisterio y que se trasladaban a trabajar como funcionarios del Poder Ejecutivo, del Legislativo o eran diplomáticos o asesores del INS, pudieran pensionarse con los salarios devengados en esas ocupaciones y establecían enormes diferencias entre sus pensiones y las de los educadores de carrera.

Las altas pensiones de estos funcionarios representaban el 2 % de todas las del Magisterio, sin embargo, en 1995 se señalaron como un motivo importante para reformar el perfil de beneficios de todos los trabajadores del sector educativo. Fue así como después de la huelga de 1995 y de la aprobación de la Ley 7531, a estos trabajadores se les disminuía a un 55% la pensión, es decir, perdían un 45%. Solo por las luchas que siguieron, las reformas legislativas que se lograron y el conocimiento del Convenio 102 de la OIT fue que se logró elevar el monto de pensión a un 63%. En los primeros años, del presente siglo, las intenciones de los gobiernos de turno en materia de pensiones se orientaron en las mismas pretensiones que se traían desde los años noventa: unificar los regímenes en uno solo administrado por la CCSS. Es por esta época que comienza a circular un periódico llamado Campanada, dirigido por el abogado Carlos Roberto Loría y en ese órgano se comienza a criticar a las pensiones de mayores montos. Lo que llamaba la atención era que el ataque se dirigía a las personas con nombres y apellidos y no a las circunstancias y contubernios que existían entre los Partidos Políticos gobernantes, que permitían y aprobaban leyes que los beneficiaban directamente. Las críticas que se hacían a algunas de estas personas eran tan fuertes que, incluso, se les llamaba “chupópteros”, término que refería a su condición de succionadores de la hacienda pública. Estos señalamientos, repetidos con mordacidad, poco a poco fueron calando en todas las personas quienes comenzaron a llamar “Pensionados de lujo” no sólo a los llamados chupópteros, sino a todos los profesores universitarios y a todos los pensionados con cargo al presupuesto nacional. Fue tan generalizado el término, que se llegó a pedir a gritos que se reformaran estas pensiones y en este coro participaron los mismos dirigentes magisteriales, quienes no entendían que el odio que se expandía iba a ser el caldo de cautivo que justificaría las reformas y las imposiciones para la gran mayoría de pensiones.

Cuando en el 2018 se produce la huelga del Sector Público, el Poder Legislativo aprovecha para continuar y profundizar las reformas que eliminarían derechos en materia de salarios y pensiones. Fue así como en el mes de noviembre del 2019 , como parte de un paquete de proyectos, se aprueba la Ley 9796, la que fija el monto tope para el Magisterio en 2.200.000 colones, sin que nadie sepa de dónde se sacó ese número antojadizo, pues no existieron los estudios actuariales, y fija tasas de imposición que van desde un 25% a un 45%. Con esta disposición se lesionan a 280 educadores Adultos Mayores del Magisterio y a un número mayor de jubilados y pensionados de las universidades. Estas personas ya cotizaban entre un 10 %y un 16% por ciento de su pensión para el régimen y ahora tendrían una doble imposición de entre un 25% a un 45%. Lo que es muy raro de esta ley es que no toca a las pensiones de 9 millones en adelante, las que ya tienen todas las cargas impositivas de ley. Así queda confirmado que toda la presión contra las llamadas “pensiones de lujo”, no iba a disminuir a las pensiones de montos mayores, sino que iba a servir para empobrecer aún más a las pensiones más bajas y a abrir el camino para la unificación de los regímenes. De acuerdo con este hecho, los términos: “chupópteros” o “pensionados de lujo” solo fueron una cortina de humo que ha servido para tapar las intenciones de los partidos políticos neoliberales para acabar con los fondos de pensiones y para unificar los regímenes, con el consiguiente debilitamiento de la CCSS. Por eso, cuando hablemos y critiquemos a los pensionados de lujo, sin distinguir ese 10% de políticos beneficiados al ingresar al Magisterio, del resto de jubilados, que fueron dignos maestros de los adultos jóvenes de hoy y ganaron sus pensiones cotizando a lo largo de sus años de servicio, sepamos que estamos favoreciendo las peores intenciones políticas y hablando con su lengua engañosa. En realidad, lo que han hecho se parece mucho a un despojo sistemático.

 

Imagen ilustrativa.

Fuente: http://www.jubiladosenaccion.com/

Sea parte de SURCOS:
https://surcosdigital.com/suscribirse/

Escenarios Costa Rica: Hacia una nueva normalidad

Con el propósito de “crear un conjunto de escenarios plausibles, sobre el marco de incertidumbre en el que deberá el país formular sus estrategias y tomar las decisiones, para la recuperación y orientación hacia la senda del bienestar en el mediano, largo y muy largo plazo”, la Escuela de Planificación y Promoción Social de la Universidad Nacional de la Universidad Nacional brinda “un aporte desde la academia a la atención de la post crisis que enfrentará Costa Rica después de la pandemia por COVID 19”.

SURCOS le invita a descargar este importante documento enviado a este medio por esa unidad académica de la UNA.

¡De los muertos, líbranos la Memoria!

Vladimir de la Cruz

El impacto mundial del Coronavirus COVID-19 es innegable. Asusta por su facilidad de expansión, por la letalidad que causa, que no es tan alta hasta ahora comparada históricamente, por los niveles de contaminación que provoca, por el desconocimiento que se tiene del virus que incita esta pandemia, por los sectores sociales que principalmente afecta, pero especialmente porque ha impactado la economía local, de los países afectados, y los encadenamientos mundiales y redes comerciales, de la economía global, sobre todo porque la vamos viviendo, en su expansión y alcance geográfico, en tiempo real, de modo casi tangible para todas la personas.

De hecho, a mi modo de ver, no es tanto el número de muertes que va estimulando lo que horroriza, es la forma de no controlar esas muertes y la forma sorpresiva como se manifiestan, y el temor de contraerla y no poder superarla. Es porque ha generado una toma de conciencia sobre la muerte inmediata, existente, que no controlamos, que puede alcanzarnos.

Las muertes se pueden ir vigilando, como se viene haciendo en muchos países, con acatamiento por parte de la población de las directrices generales que se dan por la Organización Mundial de la Salud, y por las instituciones y funcionarios responsables en cada país, en ese sentido.

Lo que no se ha podido detener es el crecimiento de la curva de contagios, calculados a uno por diez, que hace colapsar las instituciones sanitarias y hospitalarias existentes, que a su vez facilitan el crecimiento del número de muertos y la falta, a nivel mundial, de los instrumentos, y medios médicos, para atender a los contagiados y enfermos sujetos de internamiento y de atención en las Unidades de Cuidados Intensivos.

Los grandes países, como potencias militares que algunos son, pilares de la economía mundial que también dominan, son los que más gritos de alarma dan. Es como si a ellos se les hubiera atacado, con armas incontrolables, invisibles, imprevisibles en su manifestación, en la imposibilidad de dar respuesta inmediata, y al contrario, en un ataque, movido por el virus, que hasta hoy golpea los sensibles mecanismos y motores de la economía mundial, los medios de transporte mundial, especialmente aéreos, las redes de abastecimiento, de producción, por la parálisis que ha generado en infinidad de industrias, comercios, servicios, trabajos en general, en el turismo mundial y local de los distintos países, por la desviación de recursos, no pensados ni programados, para atender de manera inmediata la pandemia, y por ver cómo se frena y detiene, porque han puesto en evidencia las malas y deficientes estructuras sanitarias, de salud pública y de seguridad social que muchos países tienen, incluidos y de manera obscena y escandalosa los grandes países capitalistas, algunos de ellos presentados permanentemente como modelos de sistemas de vida. Lo que más alarma, parece ser, no es las muertes de los seres humanos, sino la posible muerte de la economía, de los sistemas y redes económicas, resultado de una guerra no convencional, con un “enemigo” hasta ahora bastante invisible, de movimiento rápidos, actuando como si fuera una guerrilla en combate… por aquí, por allá… por todos lados…

En algunos momentos, en Estados Unidos, y a nivel mundial, el impacto de la presencia del Coronavirus se comparó con el impacto que tuvo, en muertes, el atentado a las Torres Gemelas en New York, con poco menos de 3000 muertos, para dramatizar la situación, de un microorganismo que se había originado en Asia y que llegaba a la costa este de los Estados Unidos. Eso ha quedado corto en los propios Estados Unidos. En la Torres Gemelas “la guerra” le había llegado a Estados Unidos en su territorio. Los Estados Unidos siguió haciendo guerras en otros territorios, en otros países, en otros continentes y regiones…mientras no se metieran con ellos en su casa. Estados Unidos siguió matando y exterminando… seres humanos, ciudades, infraestructura de distinta naturaleza, destruyendo las economías locales donde hace sus guerras…

Hasta hoy, a nivel mundial, el número de muertos por el Coronavirus es más bajo que el total de las muertes que produjo el lanzamiento de las Bombas Atómicas en Hiroshima y Nagazaki, por parte de los Estados Unidos, el 6 y 9 de agosto de 1945, donde murieron casi 250.000 personas, que marcó de nueva manera, desde entonces, la Historia Mundial. Allí fue una muerte focalizada, en dos ciudades, decidida por el gobierno de Estados Unidos, y su presidente Harry S. Truman, cuando era innecesario, en ese momento de la II Guerra Mundial, haber hecho aquel genocidio y acto criminal.

Si de muertos se trata, la I Guerra Mundial, desde 1914 hasta 1919, provocó de 10 a 30 millones entre civiles y militares. En la II Guerra Mundial, desde 1939 hasta 1945, fueron entre 50 y 60 millones de fallecidos…Solo en la Unión Soviética casi 30 millones.

En la antigüedad, en las tres Guerras Púnicas, desde el año 264 AC hasta el 146 AC, se calcula que murió casi un millón de personas. Los romanos entre el año 400 AC y el 500 DC perdieron casi un millón de hombres en los campos de batalla. En las guerras judeo romanas, a principios de la era cristiana, se estima que murió más de un millón de personas. En las Cruzadas cristianas, entre el año 1091 y el 1291, se calcula que hubo 5 millones de muertos. En la Conquista española y europea, de América, se calcula que entre 1492 y 1572 murieron más de 60 millones de indígenas como resultado de la guerra de conquista, de las torturas, los trabajos forzados, por la represión en general, ¡ah!, y, también, por la presencia de bacterias, con el tifus, y de virus, con el sarampión y la viruela.

Recientemente, en los últimos 100 años, por citar otras, resultado de las guerras imperialistas y colonialistas, así como las guerras civiles y las de Liberación Nacional de esos imperios coloniales, murieron muchas personas.

En la Guerra Civil Española se produjo un millón de muertos entre 1936 y 1939, en la Guerra de Corea entre 1950 y 1953, murieron 4 millones, en la guerra de Liberación de Argelia, entre 1954 y1962, a manos de los franceses hubo más de un millón de muertos, la criminal guerra de Vietnam, desatada desde 1957 hasta 1975, provocó casi 7 millones de muertos, con menos 100.000 norteamericanos, sin contar la Guerra de Indochina de los franceses, desde 1946 hasta 1954, con medio millón de fallecidos. En Vietnam los Estados Unidos usó armas químicas, que ya se habían inventado desde la I Guerra Mundial.

La guerra de Biafra, entre 1967 y 1970 produjo casi 3 millones de muertos, y una hambruna poblacional que asustó al mundo. El impacto de la hambruna que puede desatarse cuando se vean bien los resultados del impacto del Coronavirus va a ser similar, y quizá más grande, por el desempleo mundial que ha ocasionado.

La guerra civil en Angola produjo, entre 1975 y el 2003, alrededor de un millón de personas fallecidas, la guerra civil de Mozambique, entre 1977 y 1992, generó un millón de muertes, en la guerra civil de Afganistán, desde 1979 hasta hoy, han fallecido más de 2 millones de personas, la Segunda Guerra del Congo provocó entre 1998 y el 2003, casi 6 millones de muertos, en Irak, la guerra impuesta por Estados Unidos, desde el 2003 hasta el 2011, ha generado más de un millón de muertos, la Segunda Guerra Civil de Sudán, entre 1983 y el 2005, provocó alrededor de 2 millones de muertos. Así se podrían señalar por millares de muertos los conflictos en Ruanda, Etiopía, Eritrea, Darfur, Uganda, Liberia, Sierra Leona, Rodesia, Tanzania…

Casi todas estas guerras se ubicaron también en el rango de “limpieza étnica”, concepto más actual, con el que ha operado Trump, en la práctica, en los Estados Unidos, para no mitigar el impacto que le está ocasionando el Coronavirus en su país.

La Conquista de México y del Imperio Inca se hizo con 30 millones de indígenas muertos, y hay quienes afirman que fueron 50 millones. La Guerra de Independencia de los Estados Unidos, 1775-1783, provocó 110.000 muertos y el famoso Ku Klux Klan solo entre 1868 y 1871, produjo 20.000 afroamericanos muertos. En Cuba, la Guerra de los Diez Años, 1868-1878, y la Independencia de Cuba, 1895-1895, provocaron casi 600.000 muertos, incluidos 50.000 españoles.

La Independencia de México generó entre 1810 y 1821, cerca de un millón de muertos, la Revolución Mexicana desde 1910 hasta 1920 provocó 3.500.000 de muertos, la Guerra de los Mil Días, a finales del siglo XIX, en Colombia, tuvo casi 200.000 muertos.

Las guerras en Centroamérica, a finales del siglo XX, también han tenido sus cifras…Guatemala más de 100 mil muertos, El Salvador cerca de los 100 mil muertos…

Estas guerras han tenido también por resultado grandes movilizaciones de desplazados y de procesos migratorios hacia otras regiones, países y continentes, como vemos constantemente de África hacia Europa, y de África hacia Estados Unidos en la ruta latinoamericana… y de Centroamérica hacia Estados Unidos…

El Coronavirus COVID-19 no ha gestado, hasta ahora, ningún proceso migratorio, ni interno en los países, ni hacia fuera de los países. Ha hecho que se cierren fronteras y se establezcan censuras migratorias para evitar la propagación posible de infectados, de contagiados, especialmente los asintomáticos.

La Pandemia del Coronavirus COVID-19 se me parece a la Bomba de Electrones, que también llamaron Bomba N, que inventó Estados Unidos, a finales de la década de 1970, que como arma nuclear tiene, teóricamente así es, aunque dichosamente no se ha aplicado, un gran efecto devastador porque elimina los seres humanos sin tocar las estructuras físicas, sin destruir edificios o sin provocarles daños profundos. A las personas y seres vivos las puede aniquilar dentro de los edificios, automóviles, e incluso instalaciones blindadas. Se ensayó en el Estado de Nevada en 1963. El Presidente Jimmy Carter aplazó su desarrolló en 1978, y Ronald Reagan activó su producción en 1981.

Esta bomba se desarrolló sobre el estudio de las series de electrones que se encuentran en las membranas plasmáticas, interna mitocondriales y tilacoidales de las bacterias, que producen compuestos energéticos que usamos los seres humanos. Esta Bomba forma parte de las armas nucleares, las más poderosas que se han desarrollado en el mundo. Por ello también los países que forman el Club de los miembros de países atómicos tratan de impedir que surjan otros países o Estados con esa capacidad de producción de armas nucleares. El impacto de la onda expansiva que genera la Bomba N es 7 veces superior a las Bombas de Hidrógeno.

El Coronavirus COVID-19 no toca las estructuras físicas, construidas por el hombre, pero mata a los hombres silenciosamente, con efecto devastador, casi sin control alguno. Por eso es que la economía mundial se ha paralizado. La estructura física allí está, lo que se ha sacado de ella es a los trabajadores, y a las personas, desde niños hasta ancianos, de todos los campos y áreas productivas y económicas. Curiosamente se evidencia que sin trabajadores no hay economía en funcionamiento…

Las Bombas de Hiroshima y Nagazaki destruyeron el 90% de los edificios y construcciones de las ciudades donde cayeron las bombas. En un minuto había una ciudad y un instante después había desaparecido… Así fue.

Las bombas nucleares, la Bomba N, las armas de destrucción masivas son creadas por los hombres en laboratorios. El Coronavirus no es una creación humana. Esta es la gran diferencia. No se originó en un laboratorio. No es un arma biológica ni fue resultado de ensayo de esta naturaleza. Tampoco fue esparcido, con ese propósito, como se ha dicho contra la República Popular China, por otras potencias económicas y políticas mundiales, guerreristas que también estudian cómo desarrollar este tipo de armas.

La Organización Mundial de la Salud ha sido clara de que el virus del COVID-19 no fue introducido intencionalmente, en productos exóticos, en un mercado de la Ciudad de Wuhan, ni fue resultado de la bioingeniería, y que desde allí se propagó al resto del mundo.

Es el Gobierno de los Estados Unidos, y su Presidente Trump, quienes han sostenido esta tesis conspirativa contra la República Popular China, por la guerra política, diplomática y económica comercial que tienen los Estados Unidos con esa potencia asiática, tratando de sacar ventaja económica de esta situación, lo que no ha podido.

Solo en el 2018, según la revista norteamericana “Journal of Virology”, en el sur de China se habían descubierto 89 nuevos coronavirus procedentes de los murciélagos, en investigaciones en las que había participado la USAID y el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos.

Solo el Departamento de Defensa de los Estados Unidos tiene más de 400 laboratorios en diversas partes del mundo, especialmente en las fronteras de los antiguos países socialistas, estudiando y analizando la bioseguridad, porque Rusia sigue siendo el enemigo de los Estados Unidos, después de la disolución de la Unión Soviética.

Los gastos del Pentágono entre 1990 y el 2018 ascendieron a 100.000 millones de dólares en estudios de armas biológicas, desde hace más de 40 años, donde han venido tratando de modificar genéticamente los virus para aprovecharlos como armas biológicas.

Muchas enfermedades hoy se transmiten por virus, independientemente de su agente transmisor, como la gripe, el cólera, que según la Organización Mundial de la Salud, mata 100.000 personas al año, el dengue hemorrágico, el Ébola, el paludismo o malaria, que solo en el 2016 afectó a 126 millones de personas, en 91 países, el sarampión, que mató, en el 2016, a 90.000 personas en todo el mundo, y que produce universalmente alrededor de 390 millones de contagios o infecciones, la fiebre amarilla, el VIH-SIDA, la tuberculosis que mata 2 millones de personas al año.

En el mundo actual, como parte de las guerras modernas, se usan bacterias, virus, esporas como la del Antrax, para desarrollar lo que se llaman las guerras bacteriológicas y guerras agroterroristas, aprovechando para ello aerosoles, animales, insectos, pulgas, ratas, mosquitos, moscas, infectando ríos, aguas en general, alimentos, de persona a persona, depositando cadáveres en pozos de agua como hizo William Walker, cuando huía, en la guerra nacional en Nicaragua en abril de 1856, para provocar el cólera.

Desde la I Guerra Mundial se utilizaron armas químicas y gases asfixiantes, vesicantes, invalidantes, y lacrimógenos. Después se desarrollaron gases neurotóxicos y las armas bacteriológicas, como el uso de la botulina, con efectos similares a la Bomba N, que mata personas dejando intactas las edificaciones físicas.

Durante la II Guerra Mundial se hicieron experimentos en humanos prisioneros, por los nazis y japoneses, para desarrollar armas bacteriológicas.

En la guerra de Vietnam los Estados Unidos usó desfoliantes como el “agente naranja” y los “herbicidas arco iris”.

Como parte de estas armas biológicas están el carbunco, el ébola, la brucelosis, el tifus, la fiebre amarilla, la viruela, así como muchas toxinas.

Hay armas biológicas y herbicidas anti agrícolas para destruir cultivos, desfoliar vegetación, como las usaron en Malasia, Vietnam y en Cuba. La roya del trigo, del arroz y del café, ¿quién puede asegurar que no se introdujo como armas en países para entorpecer sus producciones agrícolas, disputando mercados mundiales o regionales? Igual con el ganado de distintas especies, vacas, puercos afectados con la peste bovina o la fiebre porcina, con lo que también se eliminan recursos animales.

La muerte, en números millonarios de personas, no nos han sido indiferentes, han existido. Somos los humanos los que hemos sido indiferentes hacia esas muertes resultado de las guerras mientras no nos afecten, mientras se lleven allá… en una localidad remota, allende de nuestras fronteras y nuestra comodidad.

El terror con que se ve y se aprecia el Coronavirus, por su inmediatez e impacto sorpresivo, acaso no es igual al que sufren millares de personas, hoy en el mundo, por las guerras regionales que se impulsan por las grandes potencias, y que viven esos pueblos, disputándose estas potencias las áreas de materias primas estratégicas, las regiones geopolíticas, los mercados de colocación de productos y las áreas de mano de obra barata.

El mismo esfuerzo internacional que hoy se trata de hacer y de coordinar para enfrentar el Coronavirus, deberíamos mantenerlo para acabar, de una vez por todas, con las guerras neoimperialistas, neocolonialistas, que siguen existiendo.

Hay guerras de las que no cultivamos la memoria de sus muertos y de las que nos hacen perder su memoria. Mientras no las olvidemos las recordamos.

La guerra contra el Coronavirus no nos ha hecho perder la memoria de su presencia, de su amenaza. Tampoco nos ha hecho perder la memoria de esas otras muertes, algunas muy presentes y no tan lejanas.

¡Mantengamos en alto la memoria de todas las guerras para la preservación del género Humano!

Imagen: https://pgmysgm.blogspot.com/2019/09/la-primera-guerra-mundial-fecha-28-de.html