Ir al contenido principal

Trump pierde las elecciones, pero la Doctrina Donroe sigue en pie

La derrota republicana en las elecciones de medio mandato modifica el equilibrio político en Estados Unidos, pero no desmantela los intereses económicos, militares y tecnológicos que sostienen su política de dominación sobre América Latina.

Juan Carlos Cruz B, para SURCOS

El 3 de noviembre, los electores estadounidenses le tomaron la palabra a Donald Trump. El presidente había pedido que imaginaran que él mismo estaba en la papeleta electoral. Y así lo hicieron: castigaron a su gobierno y dieron a los demócratas el control de ambas cámaras del Congreso.

El resultado constituye un severo revés político para Trump. El encarecimiento del costo de la vida, la incertidumbre económica, la represión a personas migrantes, las consecuencias de la guerra con Irán, los conflictos de intereses y el estilo autoritario de ejercer el poder alimentaron el descontento ciudadano.

Sin embargo, sería prematuro interpretar esta derrota como el principio del fin del trumpismo. Y sería todavía más equivocado suponer que un Congreso controlado por los demócratas transformará automáticamente la política exterior estadounidense hacia América Latina.

Esta es una de las principales advertencias que plantea Marlon Ochoa en su análisis publicado en Diario Red, titulado «¿Sobrevivirá la Doctrina Donroe a las elecciones de medio término?».

La llamada Doctrina Donroe, adaptación trumpista de la histórica Doctrina Monroe, concibe América Latina como un espacio de influencia privilegiada de Washington. Los recursos naturales, las posiciones geográficas estratégicas y las decisiones políticas de nuestros países son considerados parte de los intereses de seguridad y competencia internacional de Estados Unidos.

Pero esta orientación no responde exclusivamente a la voluntad de Trump. Detrás de ella existe una estructura de poder económico, militar y tecnológico que atraviesa a los dos grandes partidos estadounidenses.

El tradicional complejo militar-industrial incorpora hoy a las grandes corporaciones tecnológicas y financieras. Las empresas vinculadas con inteligencia artificial, vigilancia, análisis de datos y tecnologías militares mantienen relaciones cada vez más estrechas con el Pentágono, los organismos de inteligencia y los centros de decisión política.

La competencia con China por minerales críticos, tierras raras, litio y otros recursos estratégicos explica buena parte del renovado interés estadounidense por nuestra región. No se trata solamente de asegurar materias primas, sino de controlar cadenas de suministro, inversiones, infraestructura y posiciones geopolíticas.

Por eso, aunque republicanos y demócratas mantienen diferencias importantes en sus instrumentos y procedimientos, existen coincidencias estratégicas que sobreviven a los cambios de gobierno.

La historia ofrece una advertencia. En los años ochenta, durante la administración de Ronald Reagan, el Congreso estadounidense impuso restricciones al financiamiento de la guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Sin embargo, la intervención continuó mediante operaciones clandestinas que desembocaron en el escándalo Irán-Contra. Los controles institucionales pueden limitar determinadas actuaciones, pero no necesariamente desmantelan los intereses que las sostienen.

Esto no significa que la victoria demócrata carezca de importancia. El nuevo Congreso podrá fiscalizar las actuaciones presidenciales, investigar conflictos de intereses, cuestionar operaciones militares y elevar el costo político de determinadas intervenciones. Puede abrir espacios para limitar las presiones unilaterales y ampliar los márgenes de negociación de los países latinoamericanos.

Pero esas oportunidades no llegarán por sí solas. América Latina necesita fortalecer sus mecanismos de integración, la cooperación económica, la defensa de sus recursos naturales y la coordinación diplomática. La fragmentación política y la competencia entre gobiernos facilitan la imposición de intereses externos.

Aquí el tema central no es solamente quién controla nuestros recursos, sino quién decide cómo se utilizan, quién agrega valor a su transformación industrial y quién se beneficia de la riqueza que producen.

Hay, además, una lección política que trasciende las fronteras estadounidenses. Ganar elecciones puede modificar la correlación de fuerzas institucionales, pero no equivale necesariamente a transformar las estructuras de poder. Para ello se requiere organización social, participación ciudadana y capacidad colectiva para disputar los intereses económicos que condicionan las decisiones del Estado.

Esta reflexión tiene particular relevancia para Costa Rica. Frente a proyectos políticos que buscan concentrar el poder, debilitar las instituciones democráticas y presentar intereses particulares como si fueran los de toda la sociedad, no basta con esperar su desgaste electoral. Es necesario construir organización, fortalecer la conciencia democrática y articular alternativas vinculadas con las necesidades concretas de la población.

La derrota de Trump demuestra que el autoritarismo también encuentra límites electorales. Pero no debemos confundir el debilitamiento de un gobierno con la desaparición de las estructuras que sostienen su poder.

La Doctrina Donroe puede enfrentar mayores obstáculos y controles, pero sus raíces económicas, militares y tecnológicas son mucho más profundas que la voluntad de un presidente. La soberanía no se concede desde Washington, se construye desde nuestros pueblos.

Referencia

Ochoa, M. (2026, 2 de noviembre). «¿Sobrevivirá la Doctrina Donroe a las elecciones de medio término?». Diario Red.

América Latina, Doctrina Donroe, Donald Trump, elecciones de medio mandato, EUA, geopolítica, Juan Carlos Cruz Barrientos, minerales críticos, organización social, soberanía