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Semillas de Esperanza: «Un barco desigual»

Semillas de Esperanza
(Opinión de coyuntura)

Nos hemos propuesto compartir con ustedes parte de las reflexiones que hemos hecho como equipo de trabajo del DEI, desde nuestra experiencia y aprendizajes junto con ustedes, las comunidades basadas en la Fe, otras organizaciones y personas amigas con las que caminamos.

Nuestra intención es invitarles a pensar y actuar en colectivo sobre las implicaciones de la coyuntura en la que estamos, aprender entre todxs al leernos, acompañarnos en este momento de distanciamiento físico. Saber que estamos cerca también desde nuestro sentir y deseo de justicia social, desde cada uno de nuestros países.

La declaración de pandemia en marzo anterior trae consigo la imposición de cambios drásticos que seguirán en el tiempo. No solo en términos de salud y vigilancia, sino en dimensiones como la justicia social, justicia de género, justicia ambiental y desafíos tecnológicos. Por eso proponemos, en un momento en que se profundizan las desigualdades propias de un sistema económico depredador, reafirmar aún más el llamado a la solidaridad, y a la urgente justicia social.

Compartimos esta semana el primer texto de varios. Esperamos leerles de vuelta.

Equipo del DEI


Un barco desigual

Cristian Castro Hidalgo, DEI

Varias reflexiones en los medios de comunicación y redes sociales han utilizado la metáfora del barco para referirse a la actual crisis sanitaria. Dudo mucho que todas las personas estemos en el mismo barco y, de serlo así, el destino de este no sería muy distinto del buque inglés Titanic.

Las sociedades latinoamericanas son estructural e históricamente violentas y discriminatorias, herencia de modelos coloniales, proyectos políticos liberales y, actualmente, neoliberales. Todo esto mediado por las fuerzas armadas al servicio de las jerarquías políticas y económicas.

Pues bien, este nuevo coronavirus no llega a sociedades igualitarias, sino en sociedades que presentan alarmantes asimetrías y son éstas mismas las que potencian los efectos negativos sobre poblaciones históricamente violentadas.

Otra frase que he escuchado y leído en reiteradas ocasiones es que «el virus no discrimina entre ricos, pobres, hombres, mujeres» y un largo etcétera. Concuerdo con ese argumento únicamente en que el virus no es un organismo con capacidad de decisión moral, por lo cual no puede discriminar. Pero estructuralmente hay poblaciones que viven más hacinadas, sin acceso a servicios de agua potable y con muy escasos recursos para seguir la recomendación de quedarse en casa.

Esto nos lleva a preguntarnos ¿cómo afecta este virus a la población LGBTI+? Lo primero que me gustaría señalar es la sobrecarga de trabajo que muchas mujeres sufren durante estos días de confinamiento. Históricamente es a ellas a quienes les ha tocado asumir el cuidado de personas enfermas, adultas mayores y de la niñez, junto con esto todo el trabajo doméstico y, en muchos casos, trabajo asalariado. «¿Qué tiene que ver esto con la población LGBTI+?», se podrá preguntar alguien. Pues bien, dicha población está compuesta también por mujeres en toda su diversidad, por lo que las problemáticas de género deben ser un punto importante en la agenda de derechos humanos LGBTI+.

Latinoamérica es la región más peligrosa del mundo para las personas trans, mujeres trans específicamente. Su esperanza de vida ronda los 35 años, ya que desde edades tempranas son excluidas del entorno familiar, educativo, laboral y de la sociedad en general. Dejando como opción el trabajo sexual y todas las implicaciones de este: inseguridad, violencia constante, trato con narcotráfico, falta de garantías laborales, etc.

¿Qué pasa con todas esas mujeres trans que ejercen el trabajo sexual durante esta cuarentena?

Debido a las restrictivas medidas de distanciamiento físico y restricción de movimiento que han impulsado los gobiernos de la región, la mayoría de ellas han visto interrumpidos abruptamente sus ingresos. Si bien, muchas organizaciones de la población trans se han articulado para brindar ese apoyo necesario, no es suficiente. Los gobiernos no están implementando en las políticas sanitarias perspectiva de género ni de derechos humanos.

Varios países, como Perú y Panamá, han establecido días para que las personas salgan a la calle con base en el sexo asignado en el documento de identidad. Esto no sólo es un irrespeto a la identidad de esta población, sino que también ha legitimado conductas sumamente violentas por parte de los cuerpos militares y ciudadanía, quienes les castigan por “salir cuando no les corresponde”. Dejando a esta población en un limbo.

¿Qué pasa con todas esas personas gais, lesbianas, trans y bisexuales que deben pasar la cuarentena con parientes que nos les aceptan ni respetan? Si ya existía una violencia cotidiana que se podía atenuar unos minutos con salir a algún parque, restaurante o antro; ahora no. El “quédate en casa” no es tan cómodo cuando se vive con personas que no te aceptan como un igual, por más que digan que sí.

No es de extrañar que la violencia psicológica y física contra la población LGBTI+ vaya en aumento durante estos días, causando daños graves e irreversibles en todas estas personas.

Junto con esto, muchos liderazgos religiosos utilizan lenguaje apocalíptico para referirse a la actual crisis sanitaria, osando afirmar que esta coyuntura es un castigo divino por el reconocimiento de los derechos de la población LGBTI+ y los derechos sexuales y reproductivos de niñas y mujeres. Creando así chivos expiatorios, sobre los cuales se vierte el estrés y la ira colectiva que se fragua en este contexto.

Tampoco pretendo presentar a toda la población LGBTI+ como la más vulnerada y agredida. Estoy seguro algunas de esas personas, a través de privilegios de clase o género, están llevando a cabo su vida con normalidad durante esta coyuntura.

La preocupación es por las grandes mayorías empobrecidas, y no solo eso: en la mayoría de países latinoamericanos se les considera personas de segunda categoría, no solo por su condición socio económica, sino por su orientación sexual, identidad o expresión de género, puesto que todos sus derechos no son reconocidos.

Volviendo a la metáfora del barco. La población LGBTI+, en su gran mayoría, se encuentra en las partes del barco que primero se inundan. Si ya en la época pre-pandemia la vida era complicada, esta circunstancia sanitaria la hace aún más difícil.

Afortunadamente las muestras de solidaridad a lo interno de esta población, que ayudan a la concreción de una comunidad LGBTI+, no se han hecho esperar. Son muchos los colectivos y organizaciones de la diversidad sexual que trabajan todos los días para garantizar la vida de estas personas.

Lamentablemente, los Estados siguen siendo los grandes deudores. Si antes de la pandemia ya tenían una deuda histórica con esta población, esta coyuntura acrecienta la deuda.

Mi fe y esperanza está en esas acciones solidarias, que parten del amor y resguardo dentro de la misma comunidad LGBTI+. Así como nos hemos cuidado durante todos estos años del machismo, la homo, lesbo, bi y transfobia. Nos cuidaremos de los efectos de esta crisis sanitaria.

Al igual que el arcoiris, brillaremos una vez que esta tormenta haya pasado.

Conforme a la fe, hay un propósito de Dios en nuestra vida

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Porque conforme a la fe, hay un propósito de Dios en nuestra vida y estos días nos ayudan a mejor entenderlo.

¿Dios?

Si, esa imagen que podemos encontrar en Lucas, 15, 11 -32: el padre amoroso (misericordioso), lleno de ternura y perdón.

Ese Dios nos llega vestido de lo simple y lo sencillo, lejos de lo reglamentado; no lejano o inalcanzable
y que nos propone, no impone.

Está en vos, en mi; atender o no ese su propósito.

Quizás vale acá leer Juan 10, 10 (o si prefiere todo ese capítulo 10): «El ladrón sólo viene para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”

En su mirar Dios nos ve libres
y con esa vocación a ser más, a realizarnos en plenitud.

Igual nos quiere trascendentes, no amarrados al consumismo ni al ego
y menos nos ve como agente de ventas del sistema que nos maneja.

Espera de nosotros la generosidad el agradecer, en lo posible y con las personas a nuestro lado; que seamos instrumento de bondad, esperanza, capaces de convertir el rencor en paz, que podamos hacer de nuestra vida una experiencia oblativa.

¡Seguimos!

Otros textos de esta serie de reflexión: https://bit.ly/2WgNjVW

Covid-19 y crisis económica. La propuesta de Carlos Alvarado: Una colcha de retazos

Luis Paulino Vargas Solís
Economista
Director Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo, CICDE-UNED
Grupo Economía Pluralista
Descargar versión PDF aquí:
https://www.academia.edu/43038263/Covid-19_y_crisis_econ%C3%B3mica_La_propuesta_de_Carlos_Alvarado_Una_colcha_de_retazos

Como respuesta frente a la crisis económica derivada de la crisis sanitaria del Covid-19, esta propuesta es como al modo de una sábana de retazos, en la cual se cosieron tejidos finos –o que aparentan serlo– junto a algunas telas de dudosa calidad, y otras que parecen ser poliéster barato.

  1. Las telas (que parecen) finas

Son dos, básicamente: el programa de créditos por ₡900 mil millones que se destinarían al financiamiento de las empresas, y, en especial, el programa de inversión pública que se nos anuncia. En este segundo caso, las cifras son muy notables: ₡3,1 billones para el bienio 2021-2022 y hasta ₡5,5 billones al 2022. Lo cual equivaldría, como promedio anual, a aproximadamente un 5% del valor de la producción nacional, o sea, del Producto Interno Bruto (PIB).

No recuerdo haber escuchado jamás a ningún gobierno plantear cifras de inversión pública por una magnitud comparable. Para los estándares históricos de Costa Rica, resulta, sin duda, una meta muy ambiciosa, aun cuando el monto necesario para superar la recesión y lograr relanzar un proceso de recuperación dinámico y vigoroso, debería ser incluso más elevado.

Dije que estos son retazos de la colcha, que aparentan ser de muy buena calidad. Está por comprobarse que efectivamente lo sean, y ello depende de la forma como estas propuestas sean planificadas, diseñadas y ejecutadas. Sobre eso, y hasta el momento, el gobierno guarda silencio. En lo que sigue plantearé lo que yo intentaría hacer si en mis manos estuviese decidirlo, o sea, lo que honestamente creo que debería hacerse.

1.1. Créditos por ₡900 mil millones

Es llamativo que sea una responsabilidad exclusivamente asumida por los bancos públicos. Frente a una situación crítica como la actual ¿qué justifica que los bancos privados puedan seguir en sus negocios fáciles de siempre, como si la situación excepcional que se vive no demandase un aporte especial? Pero visto el peso de los intereses financieros, y la pleitesía que las élites políticas usualmente les rinden, la cuestión no extraña, aunque sí indigna. De cualquier forma, esto advierte acerca de la importancia de seguir teniendo una banca pública. En momentos críticos, ésta todavía nos puede ofrecer posibilidades, que, tratándose de la banca privada, resultan impensables.

En esto, como en tantas otras cosas, la comunicación oficial fue omisa: desconocemos los objetivos específicos que se persiguen, y los mecanismos concretos de implementación. Lo deseable y necesario es que esos créditos sean un colchón amortiguador que alivie los impactos de la recesión, y al facilitar el flujo de caja y proveer capital de trabajo, faciliten la sobrevivencia de las empresas que hoy atraviesan una situación problemática. El énfasis debería estar en las micro, pequeñas y medianas empresas, y en los emprendimientos de carácter social-solidario, sin que ello signifique dejar de lado las empresas grandes que pudieran estar en problemas. Pero todo esto demandaría reformular los criterios regulatorios bajo los cuales funciona nuestra banca, a fin de facilitar los trámites, conceder el más amplio acceso y las mejores condiciones de tasas de interés y plazos.

Claramente está haciendo falta que exista algún fondo de avales o garantías, o, en fin, algún mecanismo que respalde los créditos, de forma que ello sustituya las garantías de las que las empresas más pequeñas seguramente carecen. Ese fondo podría crearse tomando recursos hoy disponibles (pero básicamente inutilizados) en la banca de desarrollo, según la idea que, en su momento, formuló el expresidente Figueres Olsen.

1.2. Programa de inversión pública

Como ya adelanté, este programa tiene las dimensiones mínimas que la situación demanda, aunque probablemente no las dimensiones óptimas. Es de suponer que se financiará con fondos externos, pero precisamente porque lo deseable es que fuese incluso más grande, el gobierno debería desarrollar una estrategia muy enérgica para atraer fondos externos en condiciones lo más favorables posibles. El discurso de los organismos internacionales sugiere que hay oportunidad para lograrlo, pero ello demanda priorizar los intereses generales del país, y aplicar una estrategia a la vez muy pragmática y vigorosa, dejando de lado ciertas agendas ideológicas (las privatizaciones, por ejemplo) inevitablemente polémicas y conflictivas.

También deberían explorarse otras formas de financiamiento como, eventualmente, podría ser los fondos de pensiones, lo cual, sin embargo, exige desarrollar mecanismos financieros muy innovadores y garantizar procesos de ejecución muy expeditos. Infortunadamente, cuando de asuntos realmente importantes se trata, nuestro sistema financiero es muy poco imaginativo

Pero, además, e igual de relevante, este programa de inversión debería ser planificado de forma que se maximice la generación de empleos, tanto directos como indirectos, la diseminación muy democrática de los ingresos en todos los estamentos sociales, en especial, los sectores más pobres y carenciados, y el beneficio directo a las regiones más empobrecidas y rezagadas. De forma explícita deberían fijarse metas y establecer mecanismos, para la incorporación de las mujeres. Todo lo cual supone que se propiciará la participación de nuevas empresas constructoras –incluido el ICE– así como de las comunidades, las municipalidades y organizaciones ciudadanas diversas. No puede permitirse que los proyectos sean acaparados por los tres ineficientes oligopolios en cuyas manos generalmente queda la ejecución de estas obras.

Debería asimismo haber una planificación en el tiempo: a corto plazo, centrarse en la ejecución de proyectos de fácil y rápida ejecución, que provean muchos empleos. Por ejemplo, y entre otras posibilidades, la reparación, mejora y ampliación de centros educativos, centros de atención sanitaria y hospitales; mejora de parques y espacios públicos y de parques nacionales; reparación y mejora de calles y caminos; acueductos, etc. Un interés especial debería ponerse en la infraestructura de cuido y en el fortalecimiento de los servicios de cuido. Y en esta etapa, como en las sucesivas, propiciar, tanto como sea posible, el uso de insumos de producción nacional (lo cual es necesario para garantizar que se creen muchos empleos indirectos).

Pero, además, este programa de inversión pública debería incorporar una perspectiva de largo plazo. Lo cual supone reconocer que la crisis sanitaria del Covid-19, no solamente tendrá implicaciones objetivas perdurables, que inevitablemente exigen replanteamientos significativos en nuestra economía, sino que, sobre todo, es un llamado de atención acerca de la inviabilidad de los modelos productivos y de consumo hoy prevalecientes. Este debería ser un criterio central, a la hora de planificar y diseñar estos proyectos de inversión pública, para, de esa forma, empezar desde ya a poner las bases de una nueva economía. Por ello su énfasis tendría que estar, menos en infraestructura vial, cuando sobre todo en transporte público, energías limpias, tecnologías verdes, agua y en la promoción de nuevos estilos de vida, que redefinan a profundidad nuestra forma de relacionamiento con la naturaleza.

Estos son las telas que en esta sábana de retazos, aparentan ser de buena calidad. Para que realmente lo sean, a mi juicio deberán satisfacerse ese conjunto de condiciones que, a grandes rasgos, he descrito.

  1. Telas que suscitan dudas

2.1. Simplificación de trámites

Imposible que ningún gobierno deje de mencionarla, puesto que es la obsesión ideológica favorita de las cámaras empresariales. Y no es, ni mucho menos, que carezca de importancia. Resolver ese asunto ciertamente sería positivo, pero a condición de que ello no signifique hacer fiesta con cuestiones importantes relacionadas, por ejemplo, con el medio ambiente, la higiene o los derechos laborales.

Obviamente, las cosas irían mejor si los cuellos de botella burocráticos desaparecieran y los procesos se movieran con fluidez. Pero por favor, no exageremos. Ya sabemos que a las cámaras empresariales les gusta dramatizar, pero el asunto no da para tanto. La simplificación de trámites reducirá el costo a la hora de crear una empresa nueva, y puede que luego, en el cotidiano funcionamiento de las empresas, aporte algunos otros ahorros adicionales. Pero eso no va a relanzar, ni de lejos, los mercados y las ventas, tal cual se requiere en estos momentos de recesión.

2.2. Flexibilización laboral

Este es uno de los retazos de peor aspecto en esta sábana. Claramente es una graciosa concesión a las cámaras empresariales, pero, además, y contrario al compromiso público asumido por el presidente Alvarado, es una idea que amenaza hacer recular el Estado social de Costa Rica.

No olvidemos que, en materia laboral, un criterio es obligatorio: debe protegerse la parte débil en la relación entre la patronal y las trabajadoras y trabajadores. Seguramente las transformaciones económicas en curso hacen necesarios algunos cambios en materia laboral. Por ejemplo, la reducción de las jornadas de trabajo (tal vez a 35 horas semanales). Pero nada que pudiera implicar desprotección de la parte más débil es aceptable.

2.3. Un retazo que podría ser bueno…o tal vez no

No perdamos el tiempo en algunos parches que, de tan irrelevantes, parece haber sido agregados para tapar algún hueco. Por ejemplo: la atracción de pensionistas del extranjero, el programa de producción de cáñamo, o el programa Alivio. Este último una cosita insignificante que se supone apoyaría a 200 MIPYMES exportadores (¡200 en un universo de docenas de miles de MIPYMES!).

La idea de impulsar las industrias así llamadas de “ciencias de la vida” (mejor fuera hablar de tecnologías médicas, farmacéutica y biotecnología) puede ser interesante. Siempre que no se limite a trasnacionales de zona franca, cuyo aporte efectivo a la economía nacional sigue siendo muy limitado. La cuestión tendría sentido si se lograrse desarrollar un verdadero “clúster”, inserto a profundidad en la economía costarricense, mediante la incorporación efectiva de universidades, científicos y tecnólogos costarricense, y empresas de capital nacional. Pero, y de nuevo, se desconocen detalles.

  1. ¿Poliéster barato?

Hay también algunos elementos que, por artificiosos, arriesgan ser poliéster barato. Primero, el “ecosistema digital PYMES” (¿por qué excluyeron a las microempresas?), y, segundo, la “agricultura de precisión AGROINNOVA 4.0”. La pomposidad de los nombres es mala señal. Se adivinan detrás de esto, un trabajo de escritorio realizado por tecnocracias que poco o nada conocen de la realidad con la cual pretenden dialogar.

Propuestas como éstas, con su indisimulado tufo a ocurrencia, no alcanzan a disimular lo esencial: la ausencia de una estrategia integral de apoyo e impulso a las MIPYMES, y la renuncia a un programa nacional de producción de alimentos. He ahí lo realmente prioritario, lamentablemente omitido.

  1. Las rasgaduras en la colcha

Por más que intenten disimularlo, se les nota que quedaron algunos huecos que afean el conjunto. La ausencia de una propuesta tributaria realmente justa y progresiva es uno de ellos. Complementado con un robusto esquema de subsidios progresivos, ello habría proporcionado uno de los mecanismos más eficaces para reanimar el consumo privado, aliviar la recesión de la economía y ayudar a las empresas que producen para el mercado nacional. Pero no olvidemos que, además, la crisis provoca muchísimo sufrimiento humano. Ello conlleva un ineludible deber de solidaridad, al cual, sin embargo, no se le está concediendo el lugar que corresponde. Se pone así, entre signos de pregunta, la calidad moral de la sociedad costarricense, y, sobre todo, el compromiso con la equidad por parte del presidente Alvarado. Al cabo, parece haberse impuesto la visión mezquina y egoísta de las cámaras empresariales.

Otro enorme hueco en la sábana, lo plantea la ausencia del Banco Central, imposible de disimular si para ello tan solo se apela a las tímidas y muy limitadas medidas de política monetaria que se han impulsado. Es esta una institución paralizada por el culto dogmático a una ortodoxia rancia y enmohecida. Parapetada detrás de esas “ideas zombi”, el Banco Central se niega a asumir sus responsabilidades para con la ciudadanía costarricense. El presidente Alvarado, omiso y tolerante, se hace así partícipe de esa grave irresponsabilidad.

  1. Reflexión final

La crisis del Covid-19 conmueve, desde sus bases más fundamentales, los modelos económicos, de producción y consumo dominantes. Más aún: cuestiona integralmente nuestros estilos de vida. Pareciera que las élites políticas, el poder económico y los poderes mediáticos, todavía no se percatan de ello, o prefieren escudarse detrás de un vano ejercicio de negación.

Es algo que tiene implicaciones de mediano y largo plazo, pero, de hecho, sus consecuencias se hacen sentir hoy mismo, en la profunda recesión que golpea a la economía costarricense, cuyas secuelas seguirán vivas en los meses venideros. Es inútil pensar que pueda haber una recuperación del dinamismo económico y de la generación de empleos, con base en los estímulos provenientes de los mercados internacionales. Las exportaciones de bienes y servicios tardarán un plazo considerable antes de mostrar una recuperación significativa. El turismo no volverá a ser lo que era, quizá nunca, o por lo menos no a lo largo de varios años.

Por ello, el mercado interno cobra renovada importancia. Gústele o no a esa estirpe apátrida de los ideólogos de la transnacionalización, una versión remozada de la vieja tesis cepalina del “desarrollo hacia dentro” deberá ser aplicada.

La economía se recuperará desde “adentro” o no se recuperará. De ahí la importancia clave de los programas de inversión pública, como dinamo que empuje la inversión en el sector privado, la creación de empleos, la mejora de los salarios y, en último término, el restablecimiento de una situación fiscal saludable.

Ese ha de ser un proceso ojalá fundado en un nuevo pacto social: realmente justo, equitativo e inclusivo; genuinamente respetuoso con la naturaleza. Y que, a la vez, ello posibilite construir una nueva economía, mucho más productiva, innovadora e inteligente; mucho más racional desde el punto de vista de la naturaleza y sus equilibrios. Capaz entonces de propiciar, sobre bases profundamente renovadas, nuevas modalidades de vinculación e intercambio con el resto del mundo.

 

Tomado del blog: https://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/

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Matrimonio igualitario

Luis Paulino Vargas Solís

Los primeros proyectos de ley que intentaban conceder algún reconocimiento a las parejas del mismo sexo datan de 2006, 14 años atrás. Yo participé en su redacción. Hubo luego, a lo largo de los años, nuevas propuestas, otros proyectos más o menos similares. Sin excepción se trataba de reconocimientos de muy limitado alcance, centrados en cuestiones estrictamente patrimoniales, que, en algunos casos, intentando salvar las archiconocidas objeciones religiosas, recurrían a la legislación comercial ¡cómo si de un contrato mercantil se tratase!

Todo fue inútil: siempre se chocaba contra el blindaje invulnerable de un discurso religioso dogmático, que apelaba a una idea acerca del matrimonio como una institución inmutable: una especie de principio etéreo que flotaba en el aire a lo largo de las épocas, siempre la misma en cualquier sociedad, cultura o momento histórico. Todo lo cual es falaz, y basta remitirse al mismísimo Antiguo Testamento de la Biblia para constatarlo.

Pero, y en cualquier caso, nadie pretendió nunca –ni hasta el día de hoy– tocar el matrimonio en su concepción religiosa. Siempre se le ha respetado absolutamente. De lo que se trata es de actuar en el ámbito civil, para el reconocimiento de algunos derechos muy básicos a una parte de la población costarricense.

Nunca se logró nada: cero voluntad legislativa por propiciar ni el más mínimo avance. Así, hasta la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, comunicada el 9 de enero de 2018. Ante la tozudez dogmática y la inflexibilidad religiosa dominante en ámbitos legislativos, tuvimos que soportar la vergüenza de que desde afuera “se nos jalara el aire”.

Tomemos como punto de referencia la resolución de la Corte IDH: 8 meses hasta la resolución de la Sala Constitucional; casi 11 meses hasta la publicación de esta; casi 29 meses para que entre en vigencia lo dicho por la Corte IDH.

Y no olvidemos que es una historia que empezó a escribirse hace 14 años.

¡¡¡Y ahora resulta que a los diputados y diputadas no les ha alcanzado el tiempo para decidir lo que correspondía!!!!!

Qué clase de charlatanes e irresponsables.

 

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¿Qué hacer ante el proceso educativo nacional afectado por la Pandemia?

Vladimir de la Cruz

Me preguntan con frecuencia padres de familia, amigos, y familiares qué pienso del proceso educativo, en estos días de la Pandemia, donde se ha paralizado la asistencia a clases, prácticamente en todo el país, con el posible impacto negativo que eso tenga, especialmente para los niños y jóvenes de la enseñanza pública, más que la privada.

El 11 de marzo, cuando se empezaba a perfilar con fuerza el impacto del Coronavirus COVID-19 en el país, en Facebook escribí lo siguiente:

“Ante la crisis que se ha producido por el Coronavirus, y la posibilidad de su propagación, que ya afecta algunos centros escolares, propongo que se suspenda el ciclo lectivo de la educación primaria y secundaria, a nivel nacional, desde el próximo lunes 16 de marzo para iniciarlo nuevamente el lunes 13 de abril, es decir durante las próximas cuatro semanas.

De hecho se suspenderían las clases durante tres semanas, pegándose la cuarta con la Semana Santa, que siempre se da feriada en su totalidad.

De esta manera se aprovecharía por hacer limpiezas profundas en los planteles educativos y se tendría más cuidado, en las casas, sobre los niños y adolescentes en edad escolar.

La suspensión de clases no afectaría el ciclo educativo si en correspondencia a esta situación, en el mes de julio, cuando se producen las vacaciones de medio año, se usa una de esas semanas de vacaciones para reponer, una de las semanas que ahora se suspendería, y a finales de año, el curso se puede prorrogar por dos semanas efectivas, dentro del mismo calendario escolar, sobre esas dos semanas finales de calendario, que en la práctica educativa al final de año son muy leves o suaves en el trabajo magisterial.

Así el tiempo real se aprovecha de mejor forma y se atiende mejor la situación de la emergencia nacional ante el Coronavirus o el COVID 19.”

Desde 13 de abril, post Semana Santa, cuando escribí ese texto, ya ha transcurrido un mes, y casi cinco semanas, y la situación se ha agravado, por el impacto de la pandemia y las importantes medidas nacionales, tomadas por el Ministerio de Salud y con el acompañamiento de la Caja Costarricense del Seguro Social, y las otras instancias públicas que abonan en la dirección de detener, hasta donde se pueda, la Pandemia y la expansión del Coronavirus COVID-19.

No parece en lo inmediato que se abran las escuelas y colegios, ni se anuncian directrices cercanas en ese sentido. Entonces, ¿Qué hacer?, para dar al menos una respuesta a quienes me preguntan, a veces también con angustia, padres de familia, y para proponer una posible salida a esta situación.

Sinceramente creo lo siguiente, y es mi propuesta, que ojalá permita abrir una sincera y desprejuiciada discusión nacional, de argumentos y posibles soluciones. Aquí mis apuntamientos.

Primero. – Se debe suspender todo el proceso educativo nacional, preescolar, primaria, secundaria, la universitaria de hecho está paralizada desde el punto de vista de asistencia presencial de sus estudiantes a aulas.

Este cierre del proceso educativo debe continuarse hasta el 1 de agosto, en el supuesto que al 31 de julio se haya “normalizado” toda la vida nacional, en todos los sentidos, y se pueda reprogramar la vida educativa del país.

Este cierre por los siguientes tres meses permitiría desde el punto de vista del Ministerio de Educación Pública, de preparar mejor a todo el cuerpo docente nacional, que no entraría en vacaciones prolongadas, para atender la nueva situación “de la nueva normalidad” post pandemia.

Supone revisar y atender toda la infraestructura física de escuelas y colegios para adecuarlas a las nuevas necesidades de seguridad social, de salud, de electricidad, de aguas potables, de determinar cuántos niños y niñas se van a recibir por aula, si hay que establecer horarios más prolongados para la mejor atención de estos niños, de analizar la situación real de cada plantel educativo en sus posibilidades de medios audiovisuales y electrónicos, para poder desarrollar clases a distancia, si volviera a producirse un pico de esta pandemia que conduzca nuevamente a cerrar el proceso educativo, de preparar a los profesores en los sistemas de educación a distancia y por medio electrónicos, de preparar clases, en todo el sentido de la palabra, para que se transmitan por esos medios, no solo el envío de tareas para que se hagan en la casas, y de que esas tareas puedan evaluarse de manera automática, como lo he visto hacer en escuelas del Estado de Luisiana, en Estados Unidos, donde han estudiado nietos míos.

Serviría este tiempo para analizar realmente cuantas escuelas y colegios están en capacidad de atender estas formas de estudio a distancia, y para evaluar realmente cual es la situación de los estudiantes, niños y adolescentes, y en sus hogares, sobre las capacidades tecnológicas de computadoras, y otros medios que les permitan atender estas situaciones educativas.

Serviría igualmente para evaluar cuántos maestros y profesores tienen los instrumentos y medios electrónicos adecuados, desde sus hogares, para poder atender la educación a distancia, y realizar su trabajo desde sus casas, en la modalidad del teletrabajo educativo, y facilitarles la adquisición, a quienes no los tienen, para que puedan cumplir su noble misión docente y educadora.

No hay que engañarse con que en el país hay más de 2 millones de celulares, según me han informado.

La gente, en general, que tiene celulares, entre ellos los maestros, los profesores, y los estudiantes, son personas del mundo de las redes, pero no son del mundo del estudio en celulares, ni de la investigación académica, por celulares. Por lo que yo veo en redes muchas veces se aprecia un nivel muy bajo de comprensión de textos, ni siquiera se entienden los títulos de los artículos sobre los que algunas personas se pronuncian u opinan.

Los jóvenes, incluidos muchos universitarios no saben usar sus celulares para investigar, ni para fortalecer sus estudios. A lo sumo para buscar algún dato que los saque de algún apuro ante una tarea donde se les piden datos.

Segundo. – Iniciado el curso lectivo el lunes 3 de agosto próximo, de acuerdo con esta propuesta, si lo permite la pandemia, debe prolongarse de seguido hasta el 18 de diciembre del próximo año 2021, de manera que el ciclo lectivo del 2020 y del 2021 se realicen de manera continua, como uno solo, con breves períodos de vacaciones.

En total son 17 meses. Estos meses podrían tener pequeñas “vacaciones”. A modo de ejemplo señalo las siguientes fechas: una semana los últimos días de setiembre y los primeros días de octubre, dos semanas en diciembre, desde el sábado 20 hasta el domingo 3 de enero, en marzo y abril del 2021, se podrían dar dos semanas que incluyan la Semana Santa, dos semanas en julio, del sábado 19 al martes 3 de agosto, y de nuevo las últimas dos semanas de diciembre del 2021 y la primera de enero, si fuera del caso, desde el sábado 20 de diciembre hasta el lunes 3, o el lunes 10, de enero del 2022, que en ese mes de enero, y la mitad de diciembre anterior, por estar en las próximas elecciones nacionales, la Asamblea Legislativa estará en receso parlamentario, y el país en un alto nivel de agitación política donde se evaluará, en ese escenario, lo acontecido y atendido públicamente ante la pandemia, sin lugar a dudas.

Así en la práctica durante esos 17 meses a partir de agosto hasta diciembre del 2021, habrían prácticamente dos meses de suspensión de clases, de “vacaciones” intercaladas, y el proceso educativo no se detendría en su continuidad del 2020 y el del 2021, ni se provocaría un impacto negativo en el proceso de formación de los niños y jóvenes.

Tercero. – ¿Qué requiere una propuesta así, de considerarse positiva? Voluntad política para impulsarla con participación de todos los involucrados, el Ministerio de Educación Pública, como ente rector nacional de la educación, voluntad y apoyo de los padres de familia en este cronograma educativo. Pero, muy especialmente, el apoyo del Cuerpo Magisterial Nacional, de todos los maestros y educadores, de todas las organizaciones sindicales magisteriales comprometidas en esta tarea, que de paso es una forma de combatir a las personas que constantemente atacan a los maestros y educadores, y a los trabajadores del sector público, por su estabilidad laboral y su justo derecho de continuar recibiendo sus salarios, cuando el proceso educativo está paralizado como ahora, en que no han cesado ese tipo de ataques.

Cuarto. – Si ya hay deserción escolar, y hasta universitaria de manera importante, los efectos socioeconómicos de la pandemia van a intensificar y agudizar esta deserción del sistema educativo. Y esa deserción va a incidir en mayor informalidad laboral, en mayor índice de pobreza y de pobreza extrema.

Quinto. – La situación de deterioro socioeconómico va a incidir también en los tiempos de graduación alargándolos, con los efectos que ello tiene laboralmente y de empobrecimiento paulatino.

Sexto. – Podrá haber personas que crean que eso los beneficiará empresarialmente, porque podrán llegar a tener gente, o trabajadores, menos preparados, más baratos como mano de obra asalariada, quizá en el nivel de salarios de hambre literalmente, pero serán trabajadores, más resentidos socialmente, sujetos a cualquier explosión social de líderes populistas, de cualquier signo, que les motiven y les atraigan por sus soluciones sociales demagógicas.

Séptimo. – Los colegios privados algunos no tienen estos problemas. Los que están “empatados” con los sistemas de educación norteamericana, con infraestructura y capacidad tecnológica en sus instalaciones, y con la capacidad económica y social de sus alumnos, que tienen los instrumentos técnicos y computacionales, han continuado sus estudios que ya terminan para reiniciarlos en agosto o setiembre.

De este escenario de la pandemia se ha provocado una situación que puede afectar a colegios públicos, por rebote de los privados.

He visto, y conozco situaciones, con la reducción de jornadas laborales, con la reducción o pérdida de ingresos de padres y madres, con la inseguridad laboral y salarial que muchos tienen hacia el futuro inmediato, en que ya no podrán atender más la educación de sus niños en los colegios privados, algunos con la angustia de no poder pagar el segundo semestre, mes a mes, por el resto del año. Algunos padres que tienen financiado todo el año no tienen problemas, en ese sentido, por este año, pero ya piensan en trasladar a sus hijos a colegios públicos el próximo año. Este es el impacto en las clases medias que ha tenido la pandemia. Algunos padres y madres ya han reducido las actividades extraescolares que les pagaban a sus hijos para una mejor formación ante la vida y la educación, porque no las pueden pagar, o porque consideran que ya no son tan necesarias.

Las clases ricas y sus hijos no tienen problema en este sentido. Sectores de las clases medias altas pueden soportar esta situación. Pero, los padres de las clases medias-medias y clases medias-bajas, muchos de hogares de padres y madres profesionales, o de ambos en el hogar, que con gran sacrificio mantienen a sus hijos en las escuelas privadas, desde la preescolar hasta la colegial, sí están resintiendo esta situación con verdadera angustia.

Hay algo que es muy real. Los salarios como las pensiones están altamente comprometidos por quienes los reciben. Los salarios netos, deducidas las cargas sociales y los impuestos, apenas alcanzan para vivir, con grandes sacrificios para las clases medias, en general, que tratan de invertir en educación privada, para sus hijos, cuando consideran que allí pueden recibir mejor educación.

Octavo.- Para este momento de crisis nacional y de la pandemia se requiere rescatar la mística educativa, la formación apostólica con que salían graduados los educadores de la Escuela Normal de Costa Rica, fundada en 1914, bajo el modelo de los caudillos y grandes líderes culturales, de aquellos años, que inspiraron esos educadores, Luis Felipe González Flores, el Ministro de Educación de don Alfredo González Flores, los Directores de esa Escuela Normal, Omar Dengo Guerrero, Joaquín García Monge, Arturo Torres Martínez, Roberto Brenes Mesén, Carlos Gagini Chavarría, educadoras como Carmen Lyra, Carlos Luis Sáenz, Luisa González, Adela Ferreto.

Los sindicatos magisteriales deben levantar su Memoria y sus banderas en este compromiso nacional.

Yo hubiera deseado que una propuesta así la hubieran lanzado las organizaciones magisteriales. Todavía hay tiempo. No hay que dejar caer las banderas por la Patria.

Hay que pensar y discutir las soluciones económicas que el país, la sociedad en general, y los sectores sociales y económico productivos necesitan y se deben impulsar. Pero no podemos dejar de lado el problema de la Educación Nacional y su proceso educativo. Aquí dejo estas reflexiones.

No me siento representada, estoy excluida

Carlos Campos Rojas

Así se expresó Yorleny Córdoba, al escuchar el Plan Económico del gobierno, para enfrentar las consecuencias del Covid 19. Ella es una joven empresaria, dueña de una Pyme del sector de la Belleza y la Salud. Ha construido su empresa con esfuerzo y riesgo personal, paga puntualmente sus impuestos. Su sector económico, invisible todavía por las políticas hacendarias y de género, representan más de 50.000 Pymes.

Es claro que la propuesta económica presentada, nace sin el consenso nacional, ausente del compromiso que debemos asumir todos. Sin ese nuevo pacto social que exige la situación internacional, ni la visión estratégica para encarar el desarrollo de nuestro país, donde la exclusión no es un punto de partida.

El burbujeante discurso económico, desoye incluso al INCAE, quienes recomendaron claramente que los beneficios debían incorporar hasta el jardinero, porque hay que ser innovadores, ver a largo plazo y contener la violencia estructural.

Solo entre todos podemos sacar adelante Costa Rica.

En lo mucho que poseemos, está la CCSS, el INS, el ICE, desde luego hay que reformular la institucionalidad, pero pretender salvar empresas amarradas al viejo modelo económico, que los mejores analistas internacionales han demostrado que no tiene futuro, manifiesta con claridad, el temor al diálogo sincero y transparente con la ciudadanía. Sobre todo, con aquellas empresas pequeñas y medianas, que responsablemente cumplen con sus impuestos, para asegurar el pago puntual de los salarios de gobierno, porque se debe administrar bien el país, pero que además confiaron en darle una nueva oportunidad, a un proyecto partidario, que llegó hace seis años a dirigir el país desde Zapote.

La propuesta económica oficial escogió un grupo de ganadores, que ya eran perdedores antes de la emergencia, así se invertirá el escaso dinero de la hacienda pública.

La riqueza nacional se produce con la pobreza y la desigualdad social de muchos.

Para mejorar los ingresos nacionales, el presidente ya anunció que 300.000 personas que solicitaron en esta emergencia el Bono Proteger, confesaron que eran Pymes en la clandestinidad y que ahora Hacienda irá por ellas para que paguen lo que deben. El anzuelo oficial dio resultados. En su afán, lo respaldan las empresas de Grandes Contribuyentes que no pagaron impuestos o declararon cero ganancias durante los últimos diez años y a los que se les perdonó la deuda, mediante una moratoria inmoral, pero legal.

El país sabe, que fue la decidida acción del Movimiento de Ciudadanía que Construye Territorios Seguros en el 2018, que los puso en evidencia, rompiendo el secretismo y la censura impuesta de distintas formas, por una mafia política que no soporta la transparencia y la probidad, porque amparada en el autoritarismo, se regodea de la corrupción y la impunidad.

La burbuja económica propuesta por el equipo económico del gobierno, estallará muy pronto en la cara de todos. Perderemos todos, unos más que otros. El cáñamo no servirá para amarrar el descontento ciudadano, ni la violencia que se avecina en un país, que verá más profunda la desigualdad social que ya teníamos. Tal vez sirva a algunos para quemarlo y olvidarse por un momento de la realidad.

Para salir adelante está la decencia. Solo quedamos nosotros, las personas, la ciudadanía, acompañados de la fuerza moral de verdaderos empresarios, funcionarios públicos que aman este país y la fortaleza y el arrojo de las Pymes.

Debemos encontrarnos y construir lo que no pueden hacer quienes usurparon la política y la prostituyeron.

Tenemos que demostrarnos que la suma de nuestros conocimientos y sabidurías, así como la capacidad, está por encima de a quienes irresponsablemente pusimos a administrar nuestra principal empresa: Costa Rica.

Podemos y debemos hacerlo, es nuestra responsabilidad, nuestro deber, para eso somos constitucionalmente el Primer Poder de esta República Participativa, debemos asumirnos y ejercer el poder que como El Soberano nos corresponde.

Solo entre todos podemos sacar adelante Costa Rica.

¡¡¡YO, digo presente!!!
12 de mayo de 2020

Movilidades en suspenso

Guillermo Acuña González
Instituto de Estudios Sociales en Población
Universidad Nacional, Costa Rica
guillermo.acuna.gonzalez@una.cr

Al promediar la década de los años 2010, se declaró en Europa una coyuntura en las movilidades humanas que desató no solo el interés de la opinión pública, sino las más insólitas respuestas a nivel institucional de los gobiernos receptores para tratar de contener, repeler y disuadir los altos volúmenes de seres humanos que intentaban entrar al continente europeo, huyendo de situaciones límite en dimensiones políticas, sociales, ambientales y humanitarias.

Los discursos globales hablaron entonces de “crisis migratoria”, para hacer referencia a un contexto en el que claramente lo que había colapsado eran los sistemas de protección y los abordajes en materia humanitaria. Se construyó así, una polifonía en torno a la excepcionalidad, que demandaba en suma la generación de abordajes desde la “securitización” impulsada por una narrativa del miedo.

Sobre este periodo, en uno de sus últimos trabajos reflexivos el sociólogo polaco Zygmund Bauman hizo referencia a la producción generalizada del pánico migratorio y sus malos usos. Respecto a la crisis, dijo, “es una especie de nombre en clave políticamente correcto con el que designar la fase actual de la eterna batalla que los creadores de opinión libran sin descanso en pos de la conquista y el sometimiento de las mentes y los sentimientos humanos” (1).

Años después, esa dimensión crítica observada para el contexto europeo se agudizaría a nivel global, esta vez con los efectos de la pandemia COVID-19 en todos los procesos de desplazamiento humano. De nuevo, la crisis migratoria humanitaria es referenciada como un acontecimiento que caracteriza el actual escenario global y su relación con la pandemia.

Sin embargo, lo que ocurre no es solamente una crisis en las movilidades humanas. Se trata de una coyuntura de cambio de sentido en el que estas han quedado comprometidas, subsumidas, suspendidas, de múltiples formas a la vez que han visto perjudicados sus derechos básicos a la seguridad, la salud, la alimentación y el buen estado emocional para contender los impactos físicos y psicológicos de la pandemia. Entidades internacionales, organismos de derechos humanos, representantes de la sociedad civil han llamado permanentemente la reflexión sobre esta situación límite para las personas en movilidad.

Entre las poblaciones más afectadas se encuentran las personas migrantes y desplazadas de forma forzosa debido a situaciones en sus contextos de origen. Al momento de escribir estas líneas, las acciones sobre las movilidades internacionales se han centrado en el cierre de fronteras, reconfigurando los espacios fronterizos como verdaderos territorios donde el enfoque de la “securitización” se ha impuesto como política, generando por ahora un vacío en la gobernanza global en el tema. También el límite a la locomoción, la pérdida de estatus migratorios y la generación de una gran cantidad de personas en condición de apatridia, son parte de los resultados que impactan las dinámicas de las movilidades humanas a escala global. De acuerdo con un portal de datos sobre la migración global (www. migrationdataportal.org), entre el 11 de marzo (día que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia) y el 20 de abril, el total de movimientos poblacionales restringidos en todo el mundo se estimó en 48000. Las prohibiciones fronterizas representaron un impacto en la movilidad de personas y en el funcionamiento de organizaciones humanitarias.

Una nueva política migratoria se ha instalado teniendo como matriz la suspensión obligada de las movilidades produciendo a la vez la construcción social del miedo, que ha provocado no en pocos escenarios nacionales de recepción, el aumento de la discriminación, los discursos xenófobos y el rechazo a las corporalidades sospechosas de cruzar las fronteras con el virus a cuestas.

Este contexto de conculcación de derechos y mezcla de pánico y “miedo al otro” no es nuevo. Basta con repasar los discursos durante la epidemia del Ébola desarrollada hace algunos años y cómo fueron cruzados en ellos elementos de racialización, origen y nacionalidad (2) para esgrimir discursos discriminatorios, que hoy se encienden y actualizan en todo el mundo.

En el contexto comprometido para las movilidades humanas, la región centroamericana no muestra un escenario favorable. El año 2020 había iniciado con nuevas salidas masivas vía terrestre con destino a Estados Unidos, en una especie de renovación de aquellas que se habían impulsado al finalizar el 2018; rápidamente fueron repelidas por la frontera vertical dispuesta en territorio mexicano. Las deportaciones desde Estados Unidos y México habían continuado, ahora con el establecimiento de la figura de tercer país seguro, una especie de contrato leonino entre la Administración Trump y los gobiernos del norte de la región para “devolver” a los centroamericanos a contextos donde la precariedad, la vulnerabilidad y el riesgo constituyen el elemento común.

“Sin embargo, lo que ocurre no es solamente una crisis en las movilidades humanas. Se trata de una coyuntura de cambio de sentido en el que estas han quedado comprometidas, subsumidas, suspendidas, de múltiples formas a la vez que han visto perjudicados sus derechos básicos a la seguridad, la salud, la alimentación y el buen estado emocional para contender los impactos físicos y psicológicos de la pandemia”

En lo que la Pandemia ha seguido su curso, las deportaciones masivas y exprés hacia Centroamérica han continuado, agudizando la problemática para quienes retornan tal vez de forma involuntaria y con mucho temor a sus contextos de origen. Entre marzo y abril la cifra pudo haber alcanzado las 10000 personas deportadas de esta manera. Múltiples voces del ámbito de sociedad civil y organismos internacionales también se han levantado para reclamar las condiciones de trato indigno recibidas por quienes han sido obligados no solo a permanecer en sitios de detención sin las mínimas condiciones, sino también retornar en situaciones absolutamente precarias, muchos de ellos con el diagnóstico positivo del virus luego de haberlo adquirido en los sitios de detención y aseguramiento migratorio en Estados Unidos y México.

La problemática es difícil para aquellas personas “abandonadas” en la frontera entre México y Guatemala, luego de haber sido expulsados en caliente desde territorio estadounidense. En la región, haber cerrado fronteras contuvo medianamente el virus, pero no la agudización de las vulnerabilidades para cientos de personas en contextos de movilidad “confinada”. A este aspecto debe sumarse que la institucionalidad regional que aborda los desplazamientos humanos proviene del mundo de la seguridad como esquema de administración migratoria.

Como resultado de los límites a la movilidad humana en la respuesta a la pandemia, ha aumentado la construcción de escenarios de riesgo inscritos en las corporalidades de las personas que se movilizan. La conformación de las ilegalidades, un concepto desarrollado para explicar la generación histórica y sociopolítica de diversos tipos de sujeción de la persona en contextos de movilidad (3), adquiere ahora nuevas dimensiones ampliadas en las cuales la corporalidad que se desplaza y su relación con la salud juegan un rol fundamental.

La región centroamericana no escapa a estos procesos. En Honduras, por ejemplo, un Centro de Atención para Migrantes Retornados tuvo que cerrar sus puertas ante la presión de la población local, como temor a la propagación del virus. En la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, un grupo de migrantes deportados de Estados Unidos estuvo a punto de ser linchado por pobladores locales, por considerarlos sospechosos de portar la enfermedad.

En Costa Rica, se han profundizado los discursos y las declaraciones xenofóbicas en contra de la población extranjera, en particular la nicaragüense. Bajo los argumentos de resguardo y defensa de la frontera común y en nombre de la sanidad pública, se ha securitizado la gestión de las movilidades en ese territorio binacional. Organismos internacionales en derechos humanos como el Centro para la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) han denunciado recientes abusos contra poblaciones refugiadas cometidos por autoridades costarricenses. Valga decir que, al momento de escribirse las presentes reflexiones, ningún caso positivo por COVID-19 ha sido reportado por las autoridades costarricenses como importadas por dicha frontera.

Entre tanta práctica, se ha instalado además una “semántica de lo atroz”, con aseveraciones peyorativas como la enunciada por el presidente guatemalteco al hacer referencia a uno de los vuelos de personas deportadas donde venían infectados con el virus, como el “vuelo maldito”. En Costa Rica, en varias páginas de redes sociales con tintes nacionalistas, el llamado a “matar nicas” es frecuente y celebrado con humor negro y deshumanizante.

En la presente coyuntura, la producción de una nueva ilegalidad ampliada que atraviesa los cuerpos de las personas en movilidad está cruzada también por un replanteamiento del concepto de paria, para designar nuevas categorías de rechazo y exclusión que la emergencia del COVID-19 ha instalado para siempre en el campo de las movilidades humanas.

Dinámicas renovadas se han observado. Ahora no son los extraños de Bauman quienes tocan a la puerta. Como respuesta a esas reconfiguraciones del poder y del discurso global, cientos de miles de personas en movilidad se han devuelto a sus países de origen, subvirtiendo el orden, cerrando la puerta al salir. Pasó con movilidades africanas en España y con familias nicaragüenses retornando a su país, provenientes de Costa Rica. Será necesario reconocerles ahora mismo y en el futuro, no como sujetos en movilidad, ni como parias del sistema, sino como seres humanos. El desafío en esta dirección es enorme y nos convoca a todas y todos con urgencia.

Referencias para el debate

(1) Bauman, Zygmunt (2016) Extraños llamando a la puerta. Espasa Libros, Barcelona.

(2) Ventura, Daysi (2016) El impacto de las crisis sanitarias internacionales en los derechos de los migrantes. En: SUR, 23, V 13, N. 23. Pp 61-75.

(3) Álvarez Velazco, Soledad (2017). Movimientos migratorios contemporáneos: entre el control fronterizo y la producción de su ilegalidad. Un diálogo con Nicolas De Génova. En: Revista de Ciencias Sociales. N 58. Quito. Pp 153-164.

Imagen: “Los marginados”, Néstor Zeledón Guzmán (1995)
Fuente: María E. Guardia Yglesias, Pincel, Pinacoteca Costarricense Electrónica
www.artecostarica.cr

Publicado en: https://historiaaplicada.org/blog/

Enviado por el autor.

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El futuro del trabajo, la digitalización y los servicios públicos

Compartimos el siguiente artículo enviado a SURCOS por su autor, Óscar Rodríguez León, y publicado en la revista TRABAJO Y DEMOCRACIA HOY, la cual está disponible en el enlace al final de este artículo.

Imagen tomada de la revista Trabajo y Democracia Hoy.

El futuro del trabajo, la digitalización y los servicios públicos

 Oscar Rodríguez León*

Para tener una mejor comprensión sobre los alcances y dimensión de los cambios y transformaciones cada vez más disruptivos, asociados con las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y el uso extensivo de la internet de las cosas (IoT) desde distintos dispositivos, como los teléfonos celulares inteligentes (smartphones), tabletas, ordenadores, aparatos electrodomésticos interconectados, entre muchos otros que están fuera de nuestro imaginario, es importante saber que así como crece el uso de dispositivos conectados a la internet, así crece también el nivel de desconfianza entre los usuarios.

En un informe publicado por Digital Global 2019, actualmente en el mundo existe 5,11 mil millones de usuarios de teléfonos celulares, 4,39 mil millones de usuarios de Internet en 2019 y 3,48 mil millones de usuarios de redes sociales, siendo Facebook quien acapara en este 2020 la mayor cantidad (2,449 millones de usuarios), un 7,8% más que en el 2019.

Detrás de toda esta mega industria tecnológica y su exponencial uso cada vez mayor, está también el interés de compartir nuestros datos con información personal, familiar, laboral y financiera, con “mega empresas” como Facebook, Amazon, Microsoft, Google, quienes a su vez venden esta información a uno o varias agencias que procesan datos (data brokers) con fines de estrategia comercial y política. Tal fue el caso hace un par de años del escándalo de la multinacional, “Cambridge Analytica”, quien proporcionó a Facebook en forma inapropiada datos de 87 millones de usuarios, los cuales fueron utilizados para favorecer la campaña del presidente Trump. Después de un año de investigaciones, la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) ordenó a Facebook pagar US$5.000 millones como sanción por las malas prácticas en el manejo de la seguridad de los datos de los usuarios votantes en ese país. Otro caso recientemente conocido por algunos medios informativos internacionales, en medio de la pandemia que azota al mundo, es el de Amazon, quien ha aprovechado su monopolio en los Estados Unidos y la crisis del Covid-19, para acrecentar sus ganancias ante un alto volumen en sus ventas, más que en época de navidad, lo cual se ha visto notoriamente reflejado en su valor bursátil, acumulando máximos históricos. Pese a ello Jeff Bezos, dueño de “Amazon”, parece no haber mostrado interés en retribuir parte de estas ganancias a la crisis actual.

En los grupos de poder de las grandes élites corporativas, existen muchas otras malas prácticas, un ejemplo de ello es cómo actúan, las grandes industrias farmacéuticas quienes en forma inescrupulosa utilizan información sensible proveniente de la data de los países, para determinar qué tipo de medicamentos colocar en el mercado, según su importancia patológica y el costo-beneficio.

A propósito del COVID-19 y la pandemia mundial, no es de extrañar la anteposición de una actitud mezquina en la fabricación de una cura, dado que el tema económico es una prevalencia en lugar del bienestar y la salud de las personas. Sin temor a equivocarme, una lección aprendida para nuestros gobiernos es que a partir de esta pandemia el costo social y económico tan alto, este modelo económico neoliberal liderado por las grandes élites del poder global, habrá de tomar otro rumbo, toda vez que las instituciones de la gobernanza mundial e importantes líderes políticos, han reconocido que, de haberse robustecido los servicios públicos sanitarios, dotándolos de personal capacitado, respiradores, camas y equipos de protección personal (EPP), muy probablemente este impacto habría sido mucho menor al que ahora nos lamentamos.

Ante este sombrío panorama, nuestra interrogante mayor, debería estar enfocada en cómo identificar nuestros más importantes desafíos ante las distopías tecnológicas, que poco a poco nos van deshumanizando y ejerce una fuerte presión sobre nuestra conducta personal y nuestros valores.

El historiador Yuval Noah Harari, en su último libro “21 lecciones para el siglo XXI”, nos ha compartido la siguiente reflexión: “La fusión de la infotecnología y la biotecnología es una amenaza para los valores modernos fundamentales de la libertad y la igualdad. Cualquier solución al reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero el nacionalismo, la religión y la cultura dividen a la humanidad en campos hostiles y hacen muy difícil cooperar globalmente”.

Permanecer colocados dentro de una esfera dominada absolutamente por quienes ejercen el control en línea de nuestra información, es a mi modesto entender uno de los más graves peligros para someter el cerebro humano bajo el control de quieres manejan desde el anonimato, los hilos del poder corporativo.

Es, así pues, como los valores societarios y colectivos empiezan a escasear por una carrera desenfrenada contra el tiempo para encajar en un mercado laboral impregnado de valores exiguos que impone la precarización de los empleos y la pérdida de derechos consagrados en la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Por tanto, tenemos la imperiosa tarea de empezar a encontrar respuestas robustas e inteligentes (estratégicas) con miras a potenciar el rol que jugamos las y los trabajadores; así como los sindicatos, las organizaciones sociales, juveniles, femeniles, ambientalistas y profesionistas y académicas de cara a los inevitables cambios como consecuencia del “futuro del trabajo” y los “inciertos trabajos del futuro”.

Bajo esa lógica, no debería quedar por fuera en nuestro análisis y debate cómo será también el “futuro del capitalismo”, visto esto desde una lectura interpretativa de las disrupciones actuales que acrecientan vertiginosamente las innovaciones tecnológicas, que por cierto son muy limitadas al dominio público y que por el contrario, en forma desigual benefician a los grandes intereses corporativos.

La construcción de nuevos algoritmos y el uso de la digitalización sin una verdadera protección de la data, así como la automatización, la robotización, la inteligencia artificial y la telefonía de última generación (5G) y hasta las impresiones en 3D, deben forzosamente constituirse en herramientas que fortalezcan nuestro Estado-Nación, cuya piedra angular se sostiene en el pilar del bienestar colectivo en disfrute de la paz, la democracia y la justicia social.

Al margen de la actual crisis, algunos críticos del neoliberalismo, entre quienes se encuentra el Papa Francisco, advierten con sobrada razón que el capitalismo habrá de tener otro rostro, por cuanto su modelo conservador y salvaje, no puede continuar acuñando indolentemente tanta riqueza.

Por otro lado, hay quienes también señalan con preocupación que ese mismo modelo se ha transformado en lo que algunos llaman “neocapitalismo”, que al fin de cuentas es el mismo capital, vestido con un nuevo ropaje de emperador, para dominar esta nueva era de la “globalización tecnológica y de las telecomunicaciones (TiC´s)”.

Si damos por aceptado como una de las acepciones más difundidas, que esta nueva globalización, es la “globalización 4.0”, en la era de la “4ta. Revolución Industrial” o “Industria 4.0” como otros le llaman, por qué no pensar también en alguna forma de evolución más asertiva sobre el accionar de las organizaciones sociales y los sindicatos para promover servicios públicos de calidad al alcance de todas las personas, que sean más democráticos, robustos, modernos y eficientes en su gestión.

La OIT en el marco de la celebración de su centenario en 2019, creó una comisión mundial de expertos para abordar algunas recomendaciones sobre el “futuro del trabajo”, cuyo informe intitulado “Trabajar para un Futuro más Prometedor”, hace una serie de referencias y recomendaciones importantes, así como advertencias a tomar muy en cuenta frente a los desafíos que necesariamente debemos asumir ante este transcendental dilema del cambio.

Y no existe razón más importante porque antes de la declaración de la pandemia del coronavirus en los Estados Unidos, ya se nos advertía que para los próximos 20 a 30 años, en este país se desplazarían cerca de un 43% de los empleos habituales, por las nuevas tecnologías.

El entonces presidente del Banco Mundial, Jin Yong Kim, durante la conferencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Buenos Aires, 2018, advertía que dos tercios (2/3) de los empleos habituales en países en vías de desarrollo se perderían. Aunque, a decir verdad, también dijo que se generarían otros empleos, con nuevas capacidades generadas por los procesos de innovación tecnológica que irán a compensar al mercado laboral y la fuerza de trabajo bajo estas nuevas modalidades.

Ante esta nueva realidad, sería inevitable contener un desplazamiento de la fuerza laboral, en otras disciplinas profesionales, igual o menos complejas, frente a la adopción de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. Por ejemplo, se cree que un 80% de los profesionistas en ciencias médicas verán afectados sus puestos de trabajo por el uso de la robótica y la elaboración de nuevos algoritmos en la detección y diagnóstico temprano de las enfermedades.

Desde ya, es ineludible pensar responsablemente sobre estos cambios disruptivos, que afectarían igualmente a trabajadores manuales, administrativos y de otras disciplinas técnicas y profesionistas, no sólo provenientes del ámbito privado, sino que también de los servicios públicos centralizados y descentralizados, del gobierno federal, estadual y de los municipios.

Creer que la construcción de nuevos algoritmos más sofisticados, capaces de procesar millones de datos por segundo, así como sustituir el trabajo habitual por la adopción de nuevos sistemas automatizados y robotizados, no nos afectará, es un grave error.

Por tanto, es inevitable con suprema responsabilidad que los sindicatos y otras organizaciones sociales, comiencen a debatir sobre esto. Con ese propósito me he atrevido proponer los siguientes puntos a fin de provocarles en esta impostergable discusión:

  1. Tener al menos una noción básica e ir un poco más allá en el conocimiento e investigación, sobre cómo funcionan y a que sectores productivos están encaminados estos procesos tan acelerados de cambios y transformaciones tecnológicos, así como del uso de la internet de las cosas (IoT). No quedarnos únicamente con el uso de las herramientas y aplicaciones contenidas en nuestros teléfonos inteligentes (smartphones) y la internet.
  2. Conocer, cómo nos ha afectado a la clase trabajadora y a la sociedad, los procesos históricos de la automatización productiva y cómo hemos sabido evolucionar a través de los tiempos, a fin de hacer nuestros propios análisis y trazar una ruta segura.
  3. Montarnos en el tren del desarrollo tecnológico y sacar ventaja de ello, no implica necesariamente renunciar a nuestras convicciones ideológicas y de lucha de clase. Por el contrario, es ineludible nuestra responsabilidad histórica para responder a las nuevas generaciones bajo una visión humanista, progresista y evolutiva y desprendida de todo tipo de prejuicio.
  4. Transitar el modelo de sindicato actual a uno más organizativo y dinámico de cara a estas transformaciones, con miras a seguir impulsando un sindicalismo propositivo, vanguardista, previsor y luchador, que sea capaz de evolucionar con una más eficiente gestión hacia un sindicalismo 2.0.
  5. Debemos necesariamente pasar a la ofensiva sindical haciendo efectivo el contrato social por el reconocimiento de la libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva y el fortalecimiento del diálogo social y la democracia.
  6. Establecer acuerdos y convenios de cooperación con centros de formación y de capacitación para profesionalizar a nuestros compañeros y compañeras a fin de adecuar sus capacidades y mejorar su desempeño laboral en forma más competitiva e impedir así la precarización laboral y asegurarnos trabajo decente real y efectivo.
  7. Hacer que los servicios públicos sí funcionen y que sean de una mejor calidad, obligando a que los ricos paguen lo justo y que la digitalización de uso público, se constituya en una herramienta eficaz contra la evasión fiscal, la elusión y la corrupción y sirva al mismo tiempo para mejorar y transparentar la gestión pública.

Nuestra lucha política y social debe estar encaminada a acabar con el “colonialismo digital”. Con ese objetivo, apoyar de manera inclaudicable todas aquellas luchas globales y locales para reducir la brecha digital y hacer que en nuestros países los derechos digitales, sean declarados y reconocidos como un “derecho humano”, al igual que la salud, el agua, la energía y la educación como servicios esenciales.

Para cada interrogante que nos tracemos, encontraremos más que una respuesta: no permitamos que otros piensen y actúen por nuestras propias decisiones. Aquí no se vale decir… “sálvese quien pueda”.

* Secretario Subregional de la ISP: México, Centro América y la República Dominicana

 

*Las imágenes son tomadas de la revista Trabajo y Democracia Hoy.

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¿Es viable el cambio de sistema de vida actual?

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Porque con estos días, también nos surge la pregunta de si es viable el cambio de sistema de vida actual, hacia otro, donde la felicidad y dignidad sea mejor repartida.

Quizás un sistema donde se valore a las personas y no al acumular y la ostentación egoísta.

Pensadores y doctrinas nos sugieren otras razones por las que la humanidad debiera encarrilarse hacia otra forma de vida, otra “normalidad”.

Esos pensadores o doctrinas piensan en asuntos más a favor de las personas; sin hacer separación o privilegios, sin tanta desigualdad y abusos como ahora vivimos.

Ellos piensan en otras razones para rearmar nuestra convivencia y crecimiento como personas, familias, pueblos o naciones:
respeto al derecho del otro,
recuperar lo íntimo,
soltar el pasado,
volver a lo sencillo,
sobriedad (o crecimiento cero)
vida liberada, espiritualidad
el perdón,
creatividad,
ser con la naturaleza en su ritmo,
liberarse del consumismo,
desarrollar economía de la mano de la vida.

Y a vos, cuál otra razón o motivo/alternativa se le ocurre?

Ahora que el precio del petróleo está por los suelos y el arroz se encarece es buen momento para recuperar nuestro vínculo ancestral, casi eterno, con la tierra. No para explotarla, sí para bien-administrarla y producir los alimentos que ella nos prodiga.

Es producir la comida con respeto al ritmo de la naturaleza, y a la vez con los vínculos más directos de productores y consumidores.

¿Será posible entre todos fortalecer esa manera de agricultura?

¡Seguimos!

Otros textos de esta serie de reflexión: https://bit.ly/2WgNjVW


Un aporte adicional:

CÓMO PREPARARSE PARA EL COLAPSO DEL CAPITALISMO

Bill Mollison, cocreador de Permacultura

  1. Aprende a plantar, no solo un huerto, sino también cultivos básicos (maíz, yuca, etc.) y árboles (frutales, nativos, leñosos).
  2. Crea un vínculo con alguna tierra, ya sea la tuya o la de un pariente, un proyecto, un jardín comunitario, etc. Participa con las personas que viven allí, ve poco a poco buscando formas de pasar más tiempo en el campo que en la ciudad, aprendiendo a plantar, construir, tratar los desechos orgánicos y sanar en la naturaleza.
  3. Desarrolla habilidades prácticas (cocina, carpintería, reparación de máquinas, procesamiento de alimentos, costura, etc.). Enseña estas habilidades a niños y amigos, vecinos, vecinos.
  4. Busca un grupo de apoyo mutuo, donde las personas se cuiden entre sí, hagan productos de necesidad básica colectivamente, como productos de higiene natural, remedios naturales como jarabes y tinturas de hierbas, procesamiento de alimentos, como alimentos conservados y fermentados.
  5. Simplifica tu vida ahora, liberando más espacio y tiempo. Descubre todo lo que puedes hacer sin dinero, caminar, hacer ejercicios, manualidades y artes del cuerpo, socializar con tus seres queridos, jardinería.
  6. Sepárate de la lógica de consumir más y más. Elige productos artesanales que duran mucho tiempo, de calidad, hechos por pequeños productores, empresas sociales y empresas económicas solidarias. Haz intercambios, da y recibe obsequios por valor afectivo, en lugar de valor financiero.
  7. Intercambia, almacena, multiplica y disemina semillas criollas (nativas, no modificadas genéticamente, producidas por la agricultura popular y familiar).
  8. ¡Reconoce que la vida será mucho mejor después!

Solo estamos en transición.

«Nuestra creatividad
es el límite del sistema»