Ir al contenido principal

Ante crisis podemos adoptar otra forma de vivir, con fe

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Por la posibilidad de adoptar otra forma de vivir, con fe.

Fe: confiar.

Esa seguridad o confianza de lo que no ves y de lo que no necesitas pruebas.

«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de los que no se ve». (Hebreos 11:1)

Fe, también dos palabras: f fuerza y e energía; intimas, desde adentro, para con ellas trascender límites o flaquezas.

Estos días con fe, a través de los silencios y labores, la contemplación y reflexión, de la meditación y de la oración.

Para dar valor a lo esencial y no a las apariencias o accesorios, al amor generoso y no al placer egoísta, al dar que al recibir.

Estos días para llenarnos de espiritualidad y con ella ser más bondad y proceder con más serenidad.

Tiempo propicio de revisión personal, algo así como sacar nuestros propios demonios o fallas evidentes para ser más simples, sencillos, generosos, luz, guía

Suelta las horas de miedo y llénalas de fe. Buen día

¡Seguimos!

Sea parte de SURCOS:
https://surcosdigital.com/suscribirse/

La crisis nos empuja y a la vez nos refugia hacia nuestro ser y hacer espiritual

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia? Quizás porque la crisis nos empuja y a la vez nos refugia hacia nuestro ser y hacer espiritual y con ello, consciente o inconscientemente, afrontamos mejor estos nuevos tiempos, esta nueva normalidad.

Fortalece nuestra naturaleza espiritual, esa capacidad de abrirnos amorosamente al otro, a la naturaleza y a Dios.

La espiritualidad nos permite entender o comprender mejor, los contratiempos o tragedias que la vida ofrece, como en este caso.

Muchas veces solo nos manejamos como si fuéramos cuerpo carnal, biológico, racional y algo de emocional; olvidamos nuestra dimensión más sensible y espiritual.

La crisis nos ayuda a identificar y valorizar en nuestro hacer diario, esta dimensión más elevada, la espiritual.

Con ella podemos encontrar una paz más profunda, en medio de esta situación.

En nuestro barrio, en cada pueblo, país nos llega ahora, a la vez, la infamia de la violencia familiar contra mujeres y niños y la epidemia y grosería de muchos empresarios con sus trabajadores; a la vez nos llega y nos invade aquí y allá, esta hermosa primavera de solidaridades y auxilios, unos con otros, en especial con los sin trabajo ni recursos.

Volvernos más humanos, sensibles, transparentes, amigables, amorosos, dispuestos más al compartir cosas, conocimiento o experiencia en familia o hacia quien nos lo pida; todo eso: espiritualidad.

¡Seguimos!

Sea parte de SURCOS:
https://surcosdigital.com/suscribirse/

El amor y amistad es razón para seguir viviendo/luchando

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia? Obviamente el amor y amistad es razón y más en estos días de restricción.

Estos días son propicios para intentar escapar de la cárcel de nuestro ego.

Dejar el cómodo sillón separado de los otros y mirarnos, recordarnos unidos, juntos en el río de la vida.

Callar-nos, anular-nos, negar-nos y entregar-nos.

Apurar y correr, sin prejuicios, sin más; abriendo ánimo y corazón con la familia, con amigos, compañeros.

Estos días, para traducir el amor en apoyo /solidaridad.

– Ayudar a compañeros de trabajo que la están pasando mal

– Procurar avanzar, hoy más que ayer en honestidad y generosidad

– Compartir y resolver (si no eres parte de la solución eres parte del problema), entregar, aportar.

– Ayudar en las carencias en la familia, el vecino

– Dejar huella silenciosa con nuestra presencia hecha atención, cuidado, soporte.

Estos días para ganar en bondad, tolerancia y paciencia, rehacer nuestra vocación humana de entrega, bondad, tolerancia, servicio.

Quizás eso de con-vivir, día tras día; es algo que muchos no sabíamos hacer o habíamos olvidado.

En suma: da amor, esperanza, alegría.

¡Seguimos!

*Nota adicional
(por si gusta leerla)
“Así que Jesús los llamó y les dijo:

Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.

Mc 10, 42 – 45

Esto les dice Jesús a dos de sus discípulos cuando les pedían en la gloria sentarse uno a la derecha y otro a la izquierda de él.

En su nuevo mandamiento, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, Jesús nos invita a “amar sirviendo al prójimo y no sirviéndose de él, la gloria solo puede conseguirse aceptando este reto. Este mensaje de amor al prójimo (especialmente en estos días) para inspirar la vida de toda persona, sin importar su preferencia o participación religiosa, política, o ideológica.

Sea parte de SURCOS:
https://surcosdigital.com/suscribirse/

Crónica: narrativas del encierro

El puente mi cama.
 Mi cara la fotografía.
El paredón pared que colapsa.
Suena en las manos la paliza larda.
 Todo se puede decir para no decir este método síncope del miedo.
Silvia Piranesi

Mónica González Suárez

Confinamiento sinónimo de desigualdades. Este momento no ha acrecentado las desigualdades, tampoco ha posibilitado que sean más visibles o tal vez sí, para quienes no tenían tiempo de reparar en ellas, darse cuenta que existen. El encierro producto de las políticas estatales que enfrentamos hoy, ha sido un impacto sobre la cotidianidad, pero no necesariamente por el aislamiento, sino, por el control. Las vivencias de los últimos días podrían llevarnos a re-pensar y re-sentir las dinámicas de encierro que socialmente hemos divulgado, afirmado, legitimado y promovido para lograr “mantener” o “reestablecer” el orden.

“Yo siempre he estado en cuarentena”, es la respuesta de una mujer de 51 años, trabajadora doméstica, residente de una zona rural. A quiénes afecta realmente la cuarentena, o más bien, para quiénes es posible llamarle así. Los controles que se ejercen desde modelos heteropatriarcales, coloniales, xenófobos y racistas no son nuevos para quienes hemos vivido ya el confinamiento, por ser mujeres, negras, trans, bisexuales, lesbianas, locxs, etc. Confinarse pareciera ser una práctica que nos ha sido impuesta a cuerpxs subalternxs, así como ha sido una elección de disfrute y privilegio para otros.

Entonces, el momento presente amplía el encierro a otras poblaciones, ahí es donde empieza la crisis, cuando se extiende a sectores que sí importan lo suficiente para exteriorizar la alerta. Ahora bien, las políticas a las que nos afrontamos no son novedad, por el contrario, refuerzan y actualizan los métodos de control sobre nuestrxs cuerpxs (registro histórico). COVID-19 es un afianzar las medidas que desde hace años vienen construyéndose y reforzándose, no solo por los estados, sino, por una interiorización tecno-política recubierta de violencias y feminicidios.

Asumir el asilamiento ha sido para mí vivir en continuo las opresiones, así como profundizar en muchas otras que habían estado presentes de forma tal que podía manejarlas en lo espontáneo y observarlas como episódicas. Ahora, la diferencia es que se han vuelto en lo temido: c o t i d i a n i d a d. Entonces existir hoy para mí, supone hacer visibles las heridas de la desigualdad y no, por haberlas inscrito como parte de una rutina, normalizarlas. Es momento de continuar denunciado la repartición inequitativa de la vida y señalar la mecanización de las violencias, que hace años, y no desde la pandemia, nos matan.

Ecofascismo…la ballena blanca del capitalismo

Luis Andrés Sanabria Zaniboni
Correo: lasaza86@gmail.com

“Era como si Satanás no hubiera querido hundirse
en los infiernos sin haber arrancado antes del cielo un pedazo de vida”
Herman Melville – Moby Dick

Ante el Coronavirus la humanidad enfrenta una amenaza real, científicamente comprobada que se extiende a lo largo y ancho del planeta, la irresponsabilidad y mala voluntad de los sectores dominantes empieza a salir a flote, lo cual nos refuerza una máxima “los desastres no son naturales”, más allá del fenómeno biológico que atravesamos, su abordaje y la crisis económico-social que se avecina tiene una relación íntima con lo político, por esta razón cuando estos sectores repiten a ton y son “nada volverá a ser igual”, vale preguntarse ¿A qué iguales se están dirigiendo?

Nuestro sistema mundo se caracteriza principalmente por la preeminencia de la trenza entre capitalismo, patriarcado y colonialismo, debemos preguntarnos antes de elevar el grito al cielo sobre el declive del capitalismo, mirar con cuidado y sentir los virajes que el sistema asumen ante los vientos de esta pandemia, es decir la geografía y calendarios del arriba y abajo.

La primera aproximación que debemos hacer es que la frase “nada volverá a ser igual” así como toda expresión totalizante esconde ciertas “mentirillas” poco piadosas, ya que arrastramos formas y modos que nos interpelan; la clase, la etnia, el género, para las cuales el capitalismo no desaparecerá, ni muchos menos el patriarcado y el colonialismo.

Esta trenza, aún si consideráramos que ha recibido golpes en su conformación, está lejos de soltar las formas-modos de dominación-explotación que le han sostenido y reproducido, podríamos suponer que se aferrará a su posición, aún en contra de la propia vida.

Se activan todos los tipos de blindaje, el ecofascismo es uno de ellos (no es un fenómeno nuevo) es la intención del trasladar el «ordenamiento natural» a la sociedad humana, la coyuntura actual, abre escenarios propicios para el traslape de la gestión de la pandemia (control biológico y sanitario) a la gestión político-económica.

Es un escenario protagonizado por un despliegue sin par; nacionalismo, autoritarismo y pseudobiologicismo que viene gestado por los sectores dominantes que procuran garantizar su seguridad, al ofrecer una respuesta donde a partir de los trastornos producto de la pandemia, fundir las supuestas “necesidades ecológicas” con el desarrollo de la economía dominante.

En definitiva asistimos a la aplicación de una concepción pseudocientifica-nacionalista impregnadas de prejuicios, en donde los sectores dominantes imponen sus concepciones racistas, machistas y xenofóbicas, una dimensión más del darwinismo social, que encapsula a los individuos y les desprende de las relaciones de explotación y de dominación que configuran la desigualdad.

Encontraremos que para este sector la gestión de los fenómenos actuales tendrá un llamado cada vez mayor a aceptar el orden social “como es” (no nos referimos a las condiciones de higiene y cuidados), es decir las formas-modos de dominación jerárquica y de explotación, ya que ante el “desastre” según esta interpretación, las formas de la vida se ajustan a las condiciones existentes, en lugar de realizar intentos por transformarlas, por ejemplo Li Wenliang el médico que alertó del Covid-19, fue censurado por la policía política por promover “rumores falsos”, una vez más la política de la “normalidad” se impuso.

Es así que cada vez habrá más justificaciones para el control social y la vigilancia sobre la vida cotidiana, pero también la promoción económica basada en el despojo y explotaciones de bienes naturales porque “no hay opción”, o garantizar el libre paso de mercancías, pero con fronteras duras a la migración de personas.

La solución tratará sobre la vuelta y defensa de lo nacional, focalizará los males sobre sujetos determinados (el pobre, el migrante, el disidente, la persona diversa) como los culpables de la degradación socio-ecológica, dejando fuera de todo cuestionamiento a las relaciones dominantes.

Es así que la ingeniería social trabaja a partir del vínculo emocional al nacionalismo, focalizando los problemas (insalubridad, desempleo, pobreza) a los sujetos e inmediatamente ofrecer las soluciones (frontera cerradas, criminalización, reducción de programas sociales, etc), esto legitimado a través de procesos de autoculpabilidad sobre los colectivos señalados (por no educarse, personas perversas, desviados, etc), esto con el fin de estigmatizar, adormecer el pensamiento y justificar el orden post-pandemia.

Para estos sectores, aquellas sociedades que asumen estos mandatos desarrollan prescripciones contra quienes se desvían de las normas, es decir es “justo y necesario” que las sociedades se mantengan separadas unas de otras. Ya que la profecía de este ecofascismo, es que lucharán unas contra otras por la posesión de los bienes y medios de subsistencia (precarización laboral, acceso al agua, a la sanidad, etc), solamente ahí donde los “capaces” ordenen y distribuyan serán quienes sobrevivan.

Esta tensión que está en juego (no es la única), es un intento desesperado de imponer una voluntad y dar respuesta a los desafíos que les plantea a los sectores dominantes para asegurar la concentración y reproducción del capital, si esto se parece a Brasil, Estados Unidos o China… es pura coincidencia.

Es así que el capitalismo al igual que el capitán Ahab comparten la misma obsesión de aferrarse a esa ballena, aún sí condena a muerte a toda la tripulación… ¿Quiénes podrían ser los Ismaeles de esta historia?

Imagen: http://www.spoonful.es/noticia/cultura/libros/la-ballena-blanca-y-el-alma-devorada-del-capitan-ahab_20181101133404.html

El Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo no volverá a ser igual

“Ayer en mi turno de trabajo comprobé, por primera vez, cómo la vida y la muerte se miran en un parpadeo.” (Fátima, Enfermera de UCI de un Hospital de Madrid)

Manuel Hernández

Hoy, 28 de abril, se celebra el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo.

Este día se celebra en el inédito escenario de una crisis global sanitaria, extendida vertiginosamente a todos los confines del planeta, que está causando una grave disrupción del mundo del trabajo.

Ya se estiman 200 millones de empleos que se han destruido y otros tantos de millones de personas que perdieron sus ingresos, cuyos sistemas de protección social, donde existen, no han logrado dar una respuesta institucional adecuada, efectiva y oportuna.

La pandemia, por una parte, ha alentado un renovado pensamiento, un repensar del valor central del trabajo, como categoría fundamental del tejido social, productivo y la importancia de los derechos del trabajo, la ciudadanía del trabajo.

Pero por otra parte, ha evidenciado la necesidad e importancia de fortalecer los sistemas de protección laboral y social de los trabajadores, tan frágiles que volaron con el primer estornudo de la fatídica enfermedad.

En nuestro país, el covit19 ha puesto en la superficie la vulnerabilidad del modelo de prevención y seguridad de las personas trabajadoras, no solo en el sector público, sino aun más, en el sector privado de la economía, en que los empresarios, aun en tiempos de pandemia, no están dispuestos a sacrificar sus tasas de ganancia, aunque sea a expensas de la salud y vida de los trabajadores.

En este escenario emergente, es necesario revisar, articular y fortalecer las políticas y las medidas de protección de la clase trabajadora, entre las cuales destacan las siguientes:

1.- La protección de los y las trabajadoras tiene que ser asumida integralmente dentro de las políticas de salud pública.

La tutela de las personas trabajadoras tiene que ser declarada un objetivo supremo del Estado.

Los propios sindicatos tendrán que asumir y priorizar en sus objetivos estratégicos, la transversalidad de la promoción y defensa de la salud ocupacional.

2.- Es necesario revisar y actualizar las disposiciones del Código de Trabajo, que en esta materia datan de hace casi 40 años, con la finalidad que brinden una cobertura adecuada y eficiente a estas contingencias y desastres que impactan el mundo del trabajo.

La legislación de riesgos de trabajo debe tener un enfoque más centrado en la prevención y protección de los trabajadores y además, replantearse la definición de los riesgos que supere la tradicional y estrecha concepción del accidente y la enfermedad de trabajo.

3.- Es urgente fortalecer el Diálogo Social y la participación de los órganos paritarios de los trabajadores y patronos en la materia.

El Consejo de Salud Ocupacional (CSO) es un órgano de composición tripartida, regulado en el papel del Código de Trabajo, que le compete la rectoría específica de la salud ocupacional.

El CSO padece, desde hace mucho tiempo, de una severa y crónica anemia, cuya falta de liderazgo e incidencia institucional es notoria y manifiesta en esta emergencia sanitaria, que trastoca el conjunto del sistema de relaciones laborales.

Tan es así que el CSO de facto fue remplazado, con la complacencia o inacción de sus integrantes directores, por un grupo de trabajo de la Comisión de Inversión Productiva, conformado exclusivamente por representantes del sector institucional y el sector privado, que promulgó la Guía para la prevención, mitigación y continuidad del negocio por la pandemia COVIT-19 en los centros de trabajo.

Esta herramienta define los lineamientos generales de prevención de salud de los trabajadores, subordinando las medidas preventivas y de protección a las necesidades prioritarias de la continuidad del negocio de las empresas.

Resulta insólito que esta atribución se la haya arrogado ese grupo de trabajo, contra legem, que no tiene ninguna representación de los trabajadores, pero que además es propia de la competencia del CSO.

Por otra parte, las comisiones de salud ocupacional, órganos paritarios de la mayor importancia, creados en la legislación laboral, desde que empezó esta emergencia, los tienen silenciados y pegados a un respirador mecánico.

Es necesario que estas comisiones mixtas recuperen su rol y potencien su participación en las empresas e instituciones, conforme el mandato legal que tienen.

Ahora que oficialmente se anunció la vuelta paulatina y escalonada a la regularidad de la actividad productiva y comercial, las comisiones de salud ocupacional tienen que salir de las UCI y participar activamente en el diseño de los protocolos de protección y vigilancia permanente de la salud y seguridad de los y las trabajadoras.

4.- En estos tiempos de emergencia sanitaria, la función de la Inspección de Trabajo se ha destinado a sacar a flote los intereses económicos de los empleadores y empresarios.

La Inspección de Trabajo tiene que recuperar su misión natural de tutela de los derechos laborales y protección de la seguridad y salud de los trabajadores.

Este fue el origen del Derecho del Trabajo, de la mano con la Inspección de Trabajo.

En el presionado retorno a la actividad productiva, la Inspección de Trabajo debe salir de las oficinas en las que la tiene confinada la patronal, dedicada a dictar masivamente resoluciones administrativas de suspensión de los contratos y reducción de las jornada de trabajo, y volcarse de lleno a velar que en los centros de trabajo se cumplan los requerimientos que aseguren efectivamente la protección de la seguridad y salud de las y los trabajadores.

5.- Es necesario que Costa Rica apruebe el Convenio N° 155 de OIT, sobre la seguridad y salud de los trabajadores (1981), que tiene por objeto asegurar que el ámbito de aplicación de la política, la legislación y prácticas nacionales, en este campo, sea lo más amplio y completo posible.

6.- A nivel de OIT, los sindicatos tendrán que reivindicar, a la misma altura de la libertad sindical, la eliminación del trabajo forzoso, la abolición del trabajo infantil y la eliminación de la discriminación en el empleo y la ocupación, la incorporación en la Declaración de los principios y derechos fundamentales en el trabajo (OIT/1998), la protección de la seguridad y salud en el trabajo.

Por último, pero no por esto menos importante, no podría dejar pasar un día como hoy, sin transmitir mi profundo agradecimiento a todas las personas trabajadoras, que durante todo este tiempo que llevamos confinados, al borde del hastío, nos han asegurado la continuidad del funcionamiento de la sociedad.

Mi reconocimiento a las imprescindibles personas del trabajo doméstico remunerado, cuido de personas, por cierto, las ocupaciones peor remuneradas, de eso que mercantilmente llaman el mercado del trabajo, compuestas mayoritariamente por mujeres, a las indispensables trabajadoras y trabajadores del transporte público de personas y mercancías, servicios de cuerpos de policía, bomberos, acueductos, energía, telecomunicaciones, periodistas, los infaltables recolectores municipales de basura, dependientes de negocios, farmacias y otros colectivos esenciales tantos más, y especialmente al personal de la salud, que codo a codo, durante las interminables horas de sus extenuantes jornadas, acometen desde sus trincheras de esperanza el virus letal.

Esta efeméride, el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, por mucho tiempo tristemente desconocido, no volverá a ser el mismo, cuya importancia fue rescatada por la trágica pandemia.

28/04/2020

Testamentum Ab Eo Tempore

Introducción Al Testamentum Ab Eo Tempore

Desde hace algún tiempo vengo pensando que -según cómo pasan los días- mi muerte es inminente, será porque quizás me hago viejo o porque tal vez ya lo sea o simplemente porque la realidad así lo amerita. No lo sé. Pero, luego de sufrir una profunda depresión social y de ver caer mis ganas de percibir una sociedad más digna, una sociedad que vive desde la conciencia o razón humana, puedo decir que ahora solo quiero vivir mi vida lo más conscientemente posible, para ver si logro mi existencia como persona y ya no solo como animal doméstico o racional. Por esa razón, considero de vital importancia no caer en la supervivencia con la finalidad de escaparme del sobrevivir diario que es la vida sistemática en el que nos encontramos inmersos queramos o no, y donde yo he tratado de vivir con lo necesario e indispensable para evitar caer en la domesticación, con la firme intención de no ser parte de los actos que marcan la miseria humana, actos como la mentira, corrupción, engaño, violación, entre tantas cosas más que atentan contra la libertad y la dignidad de la persona.

Quizás por eso siento que finalmente he vivido tanto como para perder las esperanzas en la humanidad, simplemente porque está podrida, y por eso “apesta”, tal cual me lo decía un niño de aproximadamente diez años, entre el año pasado o el anterior, cuando conversaba con él en algún colegio del país, y que hoy viene a mi cabeza con su voz que me hace ver cuan miserable es la gente al ver la vida con un lente de caballo en plena carrera del sobrevivir, esa carrera que hemos iniciado este año con el Covid-19: el virus que ha sacado a flote que nosotros somo la peor pandemia que ha podido experimentar la vida a lo largo de la historia de la tierra, porque todas las demás vidas son armoniosas, están en equilibrio con la naturaleza, mientras que nosotros no somos nada más que los indudables destructores de la naturaleza y, por ende, los innegables autodestructores de la humanidad, es decir, somos enemigos y también nuestros propios enemigos.

Comprendo profundamente lo necesario de una cosa para evitar otras, pero no comprendo ni comprenderé jamás cómo el hombre puede llamarse persona y ser tan miserable: “pensar en sí mismo”, si eso podríamos llamar en sí mismo, porque dicho acto es solo un acto de pensar en la sobrevivencia de su cuerpo, no en sí mismo, porque, aunque indudablemente cada ser humano es un ser individual, único e irrepetible, también es innegable que -como diría Miguel de Unamuno- “no hay nada más universal que lo individual”, porque todos somos de todos, debido a que -como decía Aristóteles- “el hombre [(varón y mujer)] es un ser social por natural”, porque viene del varón y la mujer, razón por la cual pensar en sí mismo es pensar en la humanidad, en todos por igual, sin importar raza, color, estatus social, ni nada parecido. Por ende, casi todo lo que puedo contemplar en este tiempo de coronavirus me es mera hipocresía humana, algo que se da en una mayoría que conduce al mundo a la desgracia de la humanidad, algo que me hace celebrar, porque es la tierra la que se purifica de tanta inmundicia, porque es el hombre tan miserable que pasado el tiempo de crisis volverá a su tan miserable vida moderna sin lograr comprender que por nuestra incapacidad de comprendernos como seres humanos hemos sido solo un giro vicioso en la historia, porque siempre hemos girado en un círculo vicioso, uno donde los reyes y emperadores del supervivir siguen sometiendo al pueblo que sobrevive, con la finalidad de vivir del sudor de los pobres hombros que cargan su cruz a cuesta, sin siquiera tener conciencia de que se hacen mártires de la historia y de la vida, simplemente porque todavía existe muchísima gente incapacitada para comprender lo que significa tener dignidad, debido a que muchas de esos seres humanos que superviven y sobreviven están incapacitados para ver la realidad, porque todavía duermen el sueño profundo de los animales domésticos, donde la realidad no existe porque no se la contempla ni se hace nada como sociedad para cambiarla, y cuando digo sociedad me refiero a todos, no a uno solo, por esa razón vuelvo a dar la razón a Unamuno que decía que de nada sirve que todos los hombre maten a un solo hombre, por más que ese solo hombre valga más que toda la humanidad junta, salvo que todos se sacrifiquen a sí mismos.

Definitivamente hoy puedo decir que no hay peor muerte que la incapacidad de pensar razonando, porque al pensar sin razonar se puede comprender a los animales irracionales, porque dicho acto representa a la proyección de imágenes de hechos vividos o sufridos, es decir, por mera reacción, cosa que no es más que una simple utilización de la información adquirida, sin llegar a comprender nada, debido a que se va en piloto automático, porque pensar razonando implica constante análisis, contemplación, observación, resolución y comprensión de la realidad y de las cosas en sí mismas, por tal razón, no solo lo aceptamos las cosas porque sí, sino porque es así o al menos creemos que es así según lo que vemos en el sí mismo de las cosas, y del mismo modo las despreciamos o evitamos por lo que son en sí. Por ende, pensar razonando nos permite embellecer el alma y perseguir el bien común por encima del bien individual, por lo tanto, eres incapaz de aprovecharte de nadie ni de ninguna situación, como lo puede hacer cualquier humano el día de hoy, porque hay que tener la mentalidad de miserable para pensar en el bolsillo en tiempos donde el hombre debe mostrar ese amor propio en sí mismo como en el otro, porque es tiempo donde todos son iguales ante la vida y la muerte, por más que el hambre y la capacidad adquisitiva nos quiere decir -a gritos- lo contrario.

Aunque debo confesar que esta realidad de la gente que piensa sin razonar, como los animales domésticos que son, no es aplicable para todos, solo para la mayoría, esa mayoría que no solo está compuesta por los que son de bajo nivel económico o educativo, sino también por aquellos que logran pasar esa valla que los mantenía en los pies de la gente que lucha por sobrevivir y para alcanzar un estado “digno”, con el sueño anhelado de pertenecer a la clase altamente opresora, esa que en su mayoría suele oprimir a los del medio para finalmente aplastar a los que se encuentran en los pies, logrando una estabilidad histórica de opresores y oprimidos a lo largo y ancho de la historia, donde la gente ha usado de consuelo el “amor” y la “caridad”, hasta incluso a la “humildad” para consolarse tonta y absurdamente, para sentirse “buenos” y no tan miserables, logrando maquillar la supervivencia y la sobrevivencia con el aroma de la mediocridad, esa que nos ciega y deshumaniza, al punto de que nos cegamos ante la realidad para solo ver nuestro propio beneficio; por eso cuando hablamos o vemos con caridad a otros lo que hacemos es jactarnos de nuestros logros, esos logros que si profundizamos en su ser están ligados a ciertas circunstancias favorables a la sobrevivencia, porque están envueltas con un brillo de doble moral, esa acción que no es otra cosa que más de lo mismo, porque el mundo todavía sigue siendo mediocre, simplemente porque el hombre no ha aprendido a vivir como persona, con esa conciencia que te da libertad de ser y hacer sin transgredir la libertad de los demás.

Por eso, antes de empezar con estas reflexiones que intento plasmar en estas memorias tengo la obligación de confesar que el desánimo que me produce la estupidez humana es extremadamente grande, porque vivimos en tiempos de vacíos existenciales y de gente tan pobre de ser, tan pobre que es incapaz de estar consigo mismo, necesitando siempre de los otros para sentirse bien consigo y por eso contemplamos que son incapaces de razonar a pesar de que los medios de comunicación bombardean que no deben salir de sus casas, porque si alguien está contagiado con su solo estornudo o un disparo de saliva puede contagiar a varios a su alrededor, logrando de este modo gritar a viva voz un patriotismo político tan arraigado en la realidad nacional que no se puede desprender ni con espátula, esa que ya no solo pertenece a la gente que sale de sus casas por orejona sino también a los políticos, empresarios y medios de comunicación que son incapaces de pensar en la realidad sociocultural del país para buscar las mejores acciones para combatir la pandemia, es decir, para no solo combatir al Covid-19, sino también al hambre, la ignorancia y mediocridad que nos golpearán con todas sus fuerzas para brindarnos más muertes de las que se podrían tener con buenas estrategias y acciones humanas. Y por eso digo que ese patriotismo no es otra cosa que hipocresía pura, mediocridad en su más profunda expresión, esa misma que en mayoría es formada por los mismos medios de comunicación que celebran semejante estupidez humana porque se les llenan los bolsillos. Y esto me produce una profunda depresión sociocultural, porque con esa gente la humanidad jamás podrá vivir dignamente, porque siempre seguirá girando en el mismo círculo vicioso que hemos girado a lo largo y ancho de la historia, ese tiempo que se resume en opresor y oprimido, solo que con distintos matices y bajo determinadas circunstancias que no son esclavizantes como el ayer, sino como el hoy, porque el fondo es el mismo de siempre: todavía somos sociedades de supervivencia y sobrevivencia.

Por ello, por si la vida se me va entre estas letras que serán el desangre de mi alma, quiero dejar en claro que todos los derechos de autor dejo a cargo de mi hermano menor, Edú, debido a que confío en el honor que contemplo en él, porque es responsable y honrado honorable, además de que es a quien más admiro de todos mis hermanos, y en caso faltara él, tendría que sucederle a mi hermano Karl, seguido de David y finalmente de César, pero siempre uno de ellos con mi madre, Teresa, sin dejar de ayudar a mi padre, Agustín, si es que lo necesitara, y en caso no estuviera mi madre, entre mis tres hermanos, para que así puedan repartirlo entre todos mis sobrinos todo lo que mis escritos puedan generarles positivamente, porque son ellos mis beneficiarios finales, debido a que fueron la razón por la que yo he ido abordando diversos temas desde un punto de vista más humano, simplemente para que pudieran mejorar sus vidas como personas, es decir, para que sean mejores que uno y mejor que sus padres y familia, porque nosotros ya hemos heredado una formación humana bastante paupérrima; y no porque nuestros padres no tuvieran lo suyo como seres humanos, sino porque nuestra sociedad tenía ciertas deficiencias humanas con respecto a la libertad y dignidad humana, cosa que a ellos les ha tocado vivir cargado de la moda de la estupidez humana a flote, algo que me lleva a pensar que las próximas generaciones podrían heredar una extremada pobreza del ser, porque dicha pauperrimidad podría llevarnos a la absoluta deshumanización del hombre, donde el ser humano terminará siendo completamente una máquina o herramienta de trabajo, un ser indolente, algo que hemos ido aprendiendo a ser en los últimos tiempos, porque simplemente nos han deshumanizado con tanta desigualdad social, debido a que nos han vendido que tener más es alcanzar la dignidad, al punto de que el hombre se ha vuelto incapaz de estar con nada más que consigo mismo, porque eso es para ellos la pobreza absoluta, cosa que me lleva a pensar en mi hermano; Alexander, quien se vino sin nada y se fue sin nada, salvo que solo con su ser, ese ser que me inspira a escribir mis memorias buscando dar a conocer mi búsqueda trascendental como persona, no como escritor ni pensador, ni nada parecido, solo como persona, solo que desde lo que más amo hacer y ser: escribir.

Lima, 20 de marzo de 2020 a las 21:36 horas

 

Sea parte de SURCOS:
https://surcosdigital.com/suscribirse/

Más allá de la crisis sanitaria

Arnoldo Mora Rodríguez

Desde hace varias semanas, millones de seres humanos (sobre)vivimos en una cuarentena que, en la práctica, se ha convertido en una especie de estado de excepción, dadas las estrategias policíacas e, incluso, militares, a que los estados nacionales están recurriendo cada vez con más frecuencia y mayor aceptación de la opinión pública, para enfrentar con éxito desigual los desafíos que nos lanza provocadoramente un virus no muy mortífero pero sí extremadamente propenso a propagarse. Hoy la existencia misma de la, hasta ahora, notoriamente exitosa civilización moderna occidental se ve severamente cuestionada en sus valores fundantes. Esto me recuerda aquel pasaje bíblico, en el que se narra la visión del Profeta Daniel, quien vio una estatua imponente elaborada con todos los materiales más sólidos y preciosos existentes, pero que tenía los pies de barro; por lo que bastó que se desprendiera un diminuto guijarro de una roca circundante y golpeara un talón de barro resquebrajado para que la imponente estatua se redujera a polvo. Un virus ha hecho algo similar al hombre actual, que se apresta a colonizar el sistema planetario pero se muestra trágicamente incapaz de evitar una catástrofe que amenaza con exterminar a miles y miles de individuos pertenecientes a una especie que pomposamente se autocalifica de sapiens.

En el fondo, lo que hoy vivimos es un cuestionamiento del rumbo que ha tomado la humanidad desde los inicios de la modernidad. Eso me induce a recordar los aciagos tiempos de las pestes que asolaron Europa a finales de la Edad Media e inicios de la Modernidad. Como lo ilustra la historia, cada vez que surge una nueva época en la historia de la humanidad, se dan catástrofes de esta índole. Por lo que no es descabellado concluir que hoy vivimos, a inicios del tercer milenio de la cristiandad occidental, un cambio radical, indetenible e irreversible, de una nueva época, cuyo protagonista será un ciudadano dotado de una conciencia planetaria; los países egoístamente cerrados sobre sí mismos, como son Los Estados Unidos de Trump y la Europa Occidental, son los más golpeados por esta pandemia; su egoísmo ultranacionalista se ha visto severamente castigado por la madre Naturaleza. De mi parte pienso que, gracias a que nunca la humanidad ha tenido a su disposición tantos científicos e instrumentos tecnológicos como en la actualidad, eso nos permitiría esperar que logrará controlar, esperamos y deseamos que a corto plazo y con un mínimo de víctimas, este apocalíptico flagelo. Sin embargo, creo que la humanidad tendrá que aprender a acostumbrarse a convivir con este virus, como está haciendo con otras pandemias recientes, como el SIDA.

No siendo especialista en epidemiología, dejo gustoso la palabra a quienes sí lo son, por lo que tan sólo deseo externar algunas reflexiones en torno a las consecuencias culturales y políticas de esta pandemia. Espero que esta crisis sanitaria enseñe al hombre moderno a hacer honor a su autocalificativo de “sapiens”, lo cual implica que debe aprender a tener conciencia de sus propias limitaciones. Valga la pena tener presente que toda acción humana, aún aquellas que surgen animadas e inspiradas con las mejores y más nobles intenciones, tienen también efectos secundarios negativos; estos últimos, contrariamente a los efectos positivos que se agotan al realizarse, son de carácter acumulativo sobre todo aquellos que no son previsibles; por lo que, al llegar a superar el dintel de tolerancia, estallan provocando una crisis global, no sólo en la infraestructura material de reproducción de la vida orgánica, sino también en el ámbito de la creatividad simbólica, o sea, en el mundo de las estructuras del poder político y de los valores culturales. La humanidad, en consecuencia, debe desarrollar una conciencia crítica, lo cual implica estar dispuesto a cambiar de escala de valores ante cada crisis que se le presente. Hasta ahora, esas crisis las provocó la Naturaleza gracias a los procesos evolutivos, en lo que podríamos considerar de manera espontánea, pero como lo vislumbró Teilhard de Chardin, actualmente, después del surgimiento del método científico moderno en la época del Renacimiento Europeo, las crisis son provocadas por la acción humana, que incide en los procesos evolutivos causadas en el trascurso de la historia, como hasta ahora lo había sido la evolución de la Naturaleza gracias a la evolución. Con ello queremos señalar que los procesos evolutivos naturales se dan en un tiempo más lento; por el contrario, la acción humana surge en la razón y se motiva en la voluntad, lo cual le posibilita desarrollar una conciencia previsora; pero aun así, siempre tendrá efectos negativos, tanto más graves cuanto mayor sea el poder del ser humano y más vertiginosa sea en el tiempo su eficacia real; lo cual quiere decir que inexorablemente llegaremos un poco tarde, si bien con capacidad de superar las crisis que, de esta manera, lejos de ser una tumba, se convertirían en un escalón para subir en un proceso evolutivo, tanto material y civilizatorio, como axiológico y cultural.

La civilización occidental, dominante en el mundo, ha enfatizado el crecimiento material y, sobre todo, económico a costa de la destrucción de millones de especies vivientes y de una brutal desigualdad social; todo lo cual ha permitido enriquecerse a una minoría cada vez más reducida y empobrecido a más y más numerosos sectores sociales, si bien son estos los que con su trabajo producen la riqueza. Se ha socializado el trabajo pero se ha privatizado el fruto de ese trabajo. Pero hoy la generalización de la educación y la universalización de la información, han hecho crecer la conciencia social y las luchas políticas, con lo que los pueblos del planeta adquieren una más lúcida conciencia de sus derechos. En concreto, en Costa Rica, el mayor logro de nuestro pueblo, en las últimas décadas, ha sido la creación del Estado Social de Derecho, cuyo fruto ha sido la universalización en todos sus niveles de la educación pública y las instituciones de la seguridad social, lo cual ha hecho posible que estemos asumiendo, con encomiables resultados, la crisis mundial provocada por el coronavirus. Pero, inspirados en nuestros mejores valores cívicos, debemos cambiar el rumbo político imperante; debemos, mediante una mayor justicia distributiva – mayores impuestos directos al capital y no a los empleados y pensionados y a las clases medias – fortalecer los recursos del sector público. De esta manera, se disminuirá la brecha social que amenaza la estabilidad política y el crecimiento económico. Para ello debemos, desde ya, ir poniendo los fundamentos de la Costa Rica que queremos tener más allá de la crisis sanitaria.

Imagen: https://sites.google.com/site/procesosproductivos123/equidad-distributiva-y-retributiva

Si quiebra la Caja, se acaba el país

Abelardo Morales-Gamboa

Sostener financieramente a la Caja Costarricense de Seguro Social y al sistema de salud no es un gasto superfluo ni una inversión de la que se pueda prescindir. La emergencia del coronavirus lo ha puesto más que en evidencia. Ese sistema ha sido nuestro principal escudo, junto a los regímenes de protección social del Estado y las redes sociales que la población también organizó y movilizó de manera ejemplarmente solidaria.

En otras palabras, la inversión social en salud y en educación en Costa Rica hizo posible, no ahora sino en el curso histórico de nuestra sociedad, el despliegue de una capacidad de respuesta institucional conjunta, articulada y eficaz, y que los mejores talentos del país desarrollaran diversos dispositivo y productos para superar el contagio y la enfermedad.

Eso no se improvisó; mientras algunas empresas lamentablemente cerraban, las exportaciones se detenían y las inversiones se bloqueaban, la sociedad se puso en primer plano; una población y ciudadanía con autodefensas e inteligencia colectivas, acatando normas y disposiciones, demuestra que el recurso humano es más valioso que los demás bienes de capital por si solos.

Por supuesto que es importante encontrar formas nuevas para reactivar la producción, restituir fuentes de trabajo y volver a asegurar el sustento de familias y el pago de cuotas de las cuales dependen los fondos de la Caja. Pero decir que no se debe quebrar al país para salvar de la quiebra a una institución, como según informaciones de prensa ha dicho el Ministro de Hacienda, no debería caber en la lógica de ningún funcionario que toma decisiones tan estratégicas.

Si dejamos quebrar a la Caja, se acaba el país. La inversión en salud, como en educación, debe dejar de ser pensada como una carga; en vez de ello, debe vérseles como un activo fundamental, no solo para el capital, sino para la estabilidad económica y social y el desarrollo social del país.

Es hora de que los economistas comiencen a abandonar los textos que cosificaron como sagradas ciertas ideas de la ortodoxia económica, y comiencen a investigar y a estudiar el mundo y las sociedades. Sacar conclusiones a partir de números y estadísticas recaudados como piezas de hierro, ha hecho de la economía cada vez menos una ciencia y cada vez más una religión. En vez de los números en el vacío histórico, se deben estudiar las realidades sociales como productoras de los hechos económicos y no al revés. Los científicos de la salud y los epidemiólogos, nos están dando inolvidables lecciones sobre la forma de sacar conclusiones a partir de la observación de la materia viva en su movimiento actual.

Sin duda, hoy en día nos sentimos más seguros de estar en manos de esos científicos y epidemiólogos que de los economistas. Como le dijo una exministra de salud a un político, sería bueno que quienes toman decisiones tan importantes para un país, se aleccionen y reeduquen. Si solamente se salvan negocios y ganancias, en la próxima epidemia acabarán con lo que quede de mundo.

Efectos de la pandemia sobre la producción agrícola para el mercado interno

German Masís

El Ministerio de Agricultura y Ganadería estimó recientemente que la pandemia ha afectado la producción agrícola destinada al consumo interno en un monto cercano a ¢1.322 millones, luego de consultas hechas a los productores por los funcionarios de las oficinas regionales.

Ubicando la afectación por cultivo, señala que el mango, ha tenido una pérdida estimada de ¢350 millones, le siguen el plátano con ¢269,5 millones; la zanahoria con ¢250 millones; la leche con ¢156,8 millones; la cebolla y el ajo con ¢76 millones; y el queso con ¢ 63 millones.

También se encontraron pérdidas importantes en fresas, frutas, guayaba y otras hortalizas, además en empresas que producen para el Programa de Abastecimiento Institucional (PAI), que en el sector de cárnicos reportan ¢194 millones y en el de pollo y huevo, por ¢121 millones, para un total de ¢315 millones. (LN, Economía,17-4-20)

Esta afectación se debe principalmente a variaciones en la demanda y a cambios en las cadenas de distribución debido a las medidas de restricción que impone la pandemia, dijo el Ministro de Agricultura. (CRHoy,17-4-20)

No obstante, frente a la valoración de las pérdidas en actividades dirigidas al mercado interno, la principal preocupación debe ser profundizar en los efectos en los sistemas de producción de la agricultura familiar y en las alternativas que los pequeños productores y microempresarios están desarrollando para reestablecer la producción y el comercio agroalimentario.

Es oportuno recordar que en nuestro país hay más de 50 mil fincas ligadas a la agricultura familiar, que representan el 55% de las fincas dedicadas a la actividad agropecuaria (RedCostarricensedeAgriculturaFamiliar,2017) y que hay cerca de 76 mil productores por cuenta propia y microempresarios agrícolas (FAO,2011, p.12) que son los que garantizan la producción de alimentos y la seguridad alimentaria del país.

Así mismo, que estas unidades de producción familiar, aportan, el 85% de la producción de frijol, el 80% de la cebolla, el 75% de la de yuca, el 70% de la papa, el 70% de la de café, el 55% de la de leche y el 40% de la carne, siendo la principal y a veces única fuente de empleo e ingresos de la población rural. (Masís, G. 2018, p.229)

La importancia de este sector en el abastecimiento alimentario, torna urgente la implementación de estrategias para enfrentar la disminución de la demanda de productos y la reducción de los ingresos de las familias rurales.

En ese sentido, es satisfactorio conocer que los agricultores están impulsando acciones como el fortalecimiento de las rutas urbanas de comercio, el comercio virtual, la creación de nuevos espacios y ferias, pero también la reprogramación de las cosechas, la disminución de insumos y la articulación con otros productores para generar soluciones conjuntas a los efectos de la emergencia.