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Etiqueta: Gabe Abrahams

Wyomia Tyus: oros olímpicos contra la segregación

Gabe Abrahams

La atleta Wyomia Tyus consiguió ser varias veces campeona olímpica y plusmarquista mundial en pruebas de velocidad y luchó a favor de causas justas. Sus gestas y su compromiso son recordados en este artículo.

Wyomia Tyus nació el 29 de agosto de 1945, en Griffin, Georgia, Estados Unidos, y pasó sus primeros años de vida en una granja, junto a sus padres Willie y Marie y sus tres hermanos.

Tyus creció entre blancos y padeció la segregación racial en la escuela. Debido a eso, su padre le inculcó la idea de que en Estados Unidos no podría hacer nada sin esforzarse por superar el estigma racial.

Durante sus estudios en el instituto, Tyus jugó al baloncesto, aunque, al final, se decantó por el atletismo. Y, una vez inició sus estudios en la Universidad Estatal de Tennessee, Nashville, consiguió triunfos y récords en su nuevo deporte.

Esos éxitos provocaron que, en 1964, con solo 19 años, fuese seleccionada para acudir a los Juegos Olímpicos de Tokio, en los cuales alcanzó una temprana gloria olímpica.

En la final de la prueba de los 100 metros de los Juegos de Tokio, así pues, la joven Tyus se impuso con autoridad a sus rivales y se colgó la medalla de oro, dejando por detrás a su compatriota Edith McGwire. Redondeó su gesta olímpica al ganar la medalla de plata con el equipo norteamericano de relevos de 4×100 metros.

En los años posteriores a su hazaña olímpica, Wyomia Tyus no se durmió en los laureles, siguió entrenando a pleno ritmo y alcanzó otros logros deportivos. Por ejemplo, en 1965, en un encuentro atlético entre Estados Unidos y la URSS celebrado en la ciudad de Kiev, pulverizó la plusmarca mundial de los 100 metros con un registro de 11.1.

Ya en 1968, Tyus acudió a sus segundos Juegos Olímpicos, los celebrados en México. Y, de nuevo, se impuso con autoridad en la prueba de los 100 metros. Se colgó la medalla de oro y batió la plusmarca mundial de la distancia con un registro de 11.08. Su segunda gesta olímpica convirtió a la atleta norteamericana de 23 años en el primer ser humano de la historia que ganaba dos medallas de oro olímpicas en la prueba de los 100 metros.

Por si todo esto no fuese suficiente, en la final de los relevos de 4×100 metros, el equipo norteamericano encabezado por Tyus consiguió aquello que no había logrado en la olimpiada anterior, es decir, ganar la medalla de oro y pulverizar la plusmarca mundial con un tiempo de 42.8.

En los Juegos Olímpicos de México, más allá de su actividad deportiva y sus oros olímpicos, Tyus se posicionó contra la segregación y el racismo que ella y sus compañeros negros de selección padecían en su país. Como señal de protesta por esa situación inhumana, vistió pantalones negros en las competiciones en las que participó, en lugar de los de color blanco del equipo estadounidense.

En Estados Unidos, la segregación racial estuvo amparada por las leyes Jim Crow hasta 1965 y por las leyes antimestizaje otros dos años más, aunque a efectos reales continuó vigente en una parte del país en las décadas posteriores.

Finalizados los Juegos de México, Wyomia Tyus se retiró del deporte en activo a pesar de su juventud, regresando a la competición solo ocasionalmente dentro de la Asociación Internacional de Atletismo Profesional.

Una vez dejó atrás los Juegos de México, Tyus tuvo varios trabajos en el campo de la educación y volvió a implicarse en la defensa de las causas justas. Una de sus actividades más destacadas fue la de ser miembro fundador de la Women’s Sports Foundation, una entidad que se dedicó a la promoción de la autonomía de la mujer a través del deporte.

En 1969, Wyomia Tyus se casó con Art Simburg, con quien tuvo un hijo. Y, en 1978, hizo lo propio con Duane Tillman, con quien tuvo a su segundo hijo.

En 1985, Tyus fue incluida en el Olympic Hall of Fame de Estados Unidos. Y, en 1999, recibió otro reconocimiento especial. Su ciudad natal, Griffin, le dedicó el Parque Olímpico Wyomia Tyus.

Más recientemente, en 2018, la velocista también publicó sus memorias, Tigerbelle: the Wyomia Tyus story, junto a Elizabeth Terzakis.

Wyomia Tyus cuenta en la actualidad con 80 años de edad. Es una de las grandes campeonas olímpicas del siglo XX que continua con vida. Su ejemplo deportivo y social todavía inspira a las nuevas generaciones. Esperemos que permanezca mucho tiempo entre nosotros. Quizás, será la mejor señal de que su figura, lejos de apagarse, sigue vigente.

Haig Patigian: el escultor armenio

Gabe Abrahams

Haig Patigian fue un gran escultor armenio. Una de sus obras más destacadas fue la que le dedicó a la tenista y doble campeona olímpica Helen Wills. Este artículo aborda su apasionante biografía.

Haig Patigian nació el 22 de enero de 1876 en Van, una ciudad que pertenecía por aquel entonces al Imperio Otomano y que, hoy, es parte de Turquía. En la actualidad, Van cuenta con más de 300.000 habitantes y es la capital de la provincia del mismo nombre.

Los padres de Haig Patigian, Avedis Patigian y Marine Hovespian, eran armenios y trabajaban de maestros en la Escuela de la Misión americana en Armenia. Su padre además se dedicaba a la fotografía. A raíz de eso, fue acusado por las autoridades del Imperio Otomano de espionaje y traición, lo cual provocó su huida a Fresno, California, un lugar de acogida habitual para los armenios perseguidos.

Pasado un tiempo de estos hechos, en 1891, el resto de la familia Patigian emigró a Fresno y se reunió con Avedis, para después en 1899 irse a vivir a San Francisco, California.

Asentado en esa ciudad, el joven Haig Patigian empezó a dedicarse al arte, estudió en el Mark Hopkins Institute of Art y, ya en 1906, se marchó a París para colaborar con el escultor René Paul Marquet. En la capital francesa, pudo presentar al año siguiente la estatua Ancient History en el Salon des artistes français.

Después de regresar de nuevo a San Francisco, Patigian afianzó todavía más su prestigio artístico con esculturas como Creation of Man (1909) o Diana (1915), al igual que con alguna pintura no exenta de calidad, y eso conllevó que le encargasen varios trabajos importantes.

Entre las obras públicas que realizó Patigian a partir de entonces, destacaron especialmente la estatua del general John Joseph Pershing (1922), quien encabezó junto a otros generales el ejército de los Estados Unidos y los Aliados en la posterior Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la estatua de Abraham Lincoln (1926) y el Volunteer Firemen Memorial (1933), tres esculturas ubicadas en San Francisco.

De las obras arquitectónicas que llevó a cabo Haig Patigian, sobresalieron otras esculturas como las que realizó para los palacios de Bellas Artes y Maquinaria de la Exposición Panamá-Pacífico de San Francisco (1915), el edificio de la Metropolitan Life Insurance de San Francisco (1920) y el edificio Richfield Tower de Los Ángeles (1929). Cuando en 1968 se demolió esa torre, tres esculturas de Patigian que había en ella (Navigation, Aviation e Industry) fueron a parar al Museo de Arte de la Universidad de California, ubicado en Santa Bárbara.

Una parte de las obras de Haig Patigian como la escultura Volunteer Firemen Memorial pertenecieron al Realismo, un movimiento artístico dedicado a mostrar con precisión la realidad. Otras como las magníficas esculturas del edificio Richfield Tower fueron puro art déco. Como movimiento artístico de una época vinculada al triunfo de las máquinas (décadas de los años 1920 y 1930), el art déco utilizó en sus formas las innovaciones de estas, recogiendo influencias del constructivismo, el cubismo, el futurismo y el modernismo.

En todo caso, la obra cumbre de Haig Patigian fue el busto que le dedicó en 1927 a la tenista Helen Wills, considerada por la mayoría de expertos del mundo de la raqueta la mejor tenista del siglo XX. Wills fue doble campeona olímpica en los Juegos Olímpicos de París de 1924 y venció en los torneos de Estados Unidos, Wimbledon y Roland Garros, siendo además una reconocida artista.

Tras asistir la tenista a varias sesiones con el escultor Haig Patigian, este la inmortalizó con el busto Helen of California, hoy expuesto en el Young Museum de San Francisco. Definir esa obra resulta difícil, porque cuesta encontrar las palabras adecuadas para expresar su calidad. Pero se podría decir que es excepcional, ya que la imagen de la tenista Wills adquiere una enorme fuerza y belleza al tomar forma, sin dejar de ser un retrato fidedigno de ella (ver imagen que encabeza este artículo).

La obra Helen of California ha sido considerada por no pocos expertos en arte una de las más logradas, por no decir la más lograda, de Haig Patigian.

Concluida la obra, Patigian y Wills mantuvieron una amistad duradera, definiendo el artista a la tenista como “una mujer atlética e intelectual” con una belleza que “surge desde dentro”.

En definitiva, después de padecer la persecución de su padre por su condición de armenio y de abandonar su Armenia natal tras sus pasos, Patigian creció como artista en San Francisco y París, logró desarrollar una forma personal de entender el arte a base de unir diferentes movimientos artísticos y su genio y llegó muy lejos con sus esculturas.

Aparte de su carrera artística, el escultor Haig Patigian también tuvo otros intereses a lo largo de su vida. Tuvo afición al deporte e hizo de juez en la competición de arte de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1932. Y sintió una atracción hacia las fraternidades y, por eso, fue miembro y presidente en varias ocasiones del Bohemian Club. El escultor diseñó para ese club o fraternidad el imponente Santuario del Búho, una estructura hueca de hormigón y acero de doce metros de altura.

Sobre el ámbito más personal de Haig Patigian, se puede añadir que, en 1908, se casó con Blanche Hollister; que tuvo dos hijos con ella, Hollis y Haig; y que, durante el Genocidio Armenio (1915-1923) cometido por el Imperio Otomano, recaudó dinero sin descanso para apoyar a sus compatriotas perseguidos.

Transcurrida la difícil década de los años cuarenta, envuelta en la Segunda Guerra Mundial y sus secuelas, Haig Patigian finalmente falleció el 19 de septiembre de 1950 en el Hospital de la Universidad de Stanford de San Francisco, siendo enterrado en el cementerio Cypress Lawn Memorial Park de Colma, California. Nueve días antes había fallecido también su esposa.

Al día siguiente del fatal desenlace, el New York Times publicó la noticia de este, repasando con detalle la biografía de Patigian. Y provocó que algunos de sus amigos y admiradores se quedasen consternados por el adiós del escultor armenio que tanta huella había dejado atrás.

Un siglo después del mejor momento de Haig Patigian, su memoria permanece intacta y casi todas sus obras se encuentran todavía en pie. San Francisco es el principal testimonio de ello.

Gabe Abrahams y su nuevo libro Deporte soviético

Óscar Alonso

Gabe Abrahams (Barcelona, 1966) es un marchador con plusmarcas mundiales en caminatas Multiday, una especialidad de varios días de duración. Desde 2020, su actividad deportiva va unida a la literaria, publicando artículos y libros de temática deportiva. Acaba de publicar su cuarto libro: Deporte soviético (Rebelión, 2026).

Entre sus caminatas Multiday y la escritura, este barcelonés nos ha dejado un magnífico libro dedicado al deporte de la Unión Soviética que merece una reseña especial.

En 1991, la URSS finalizaba su recorrido histórico, después de haber tomado forma con la Revolución Rusa de 1917 y realizado un trayecto de más de setenta años.

Sobre la caída de la URSS, se han escrito bastantes cosas. Hay quien llegó a afirmar que su derrumbe suponía el inicio de una nueva Era del capitalismo. Algo así como el final de la historia. Francis Fukuyama, quien lo dijo, obviamente se equivocó.

Como consumado experto en deporte y en la temática soviética, Gabe Abrahams no es ajeno a estos posicionamientos y ha querido mostrar la realidad de lo que ocurrió en la URSS y en su deporte de competición en su obra Deporte soviético.

Así, a través de sus páginas, Abrahams repasa el método de Marx y el sistema marxista-leninista de Lenin, la historia de la URSS, biografías de deportistas soviéticos y el recorrido de los equipos y clubs de la Unión Soviética.

Explica con detalle cómo el sistema marxista-leninista soviético le supuso a la URSS adaptarse a sus deportistas, cubrirles las necesidades que tenían y a la vez dedicarse a la formación de su voluntad. Una apuesta de los años treinta del siglo pasado que triunfó y que estuvo vigente hasta el último aliento de la Unión Soviética. Una cifra estratosférica de medallas olímpicas da testimonio de ello.

Gabe Abrahams reflexiona en el epílogo de su libro Deporte soviético sobre una cuestión que debería atraer la atención de todos. “¿Qué hubiese ocurrido con la URSS si hubiese extendido a todo su Estado el sistema marxista-leninista adaptado para el deporte, es decir la conjunción de condiciones materiales más fuerza de voluntad?”, se pregunta.

Abrahams considera que, de haberse extendido el sistema marxista-leninista adaptado al deporte a todo el Estado soviético, la URSS no se hubiese aburguesado en su última etapa, ni claudicado en 1991.

El libro Deporte soviético está estructurado con un prólogo, una introducción, quince capítulos repartidos en tres partes y un epílogo. En sus 140 páginas, atrapa desde el principio por su dinamismo y los conocimientos y datos que aporta el autor sobre cuestiones nucleares de la URSS y su sistema.

Gabe Abrahams nos habla de Karl Marx, Friedrich Engels, Lenin, Stalin, León Trotski, Mao Zedong, Nikita Jrushchov… Y también de Aleksandr Kérenski y los suyos, es decir, de aquellos que fracasaron al intentar doblegar a los bolcheviques y no pudieron evitar el nacimiento y desarrollo de la URSS.

La novedad editorial Deporte soviético es muy recomendable para conocer exactamente lo ocurrido en la URSS y el sonoro éxito que consiguió su deporte.

Es una obra clave que profundiza en las entrañas de la Unión Soviética, mostrando que el sistema que empleó para su deporte de competición supuso y supone una vía hacia la victoria.

Gabe Abrahams, aparte del deporte y la escritura, ha tenido un interés intelectual desde su juventud por la filosofía, siendo sus dos pensadores favoritos Baruch Spinoza y Karl Marx. A estos los ha tenido siempre presentes, incluso en las etapas en las que se dedicó exclusivamente al deporte y a sus caminatas Multiday.

Deporte soviético ha sido publicado por Rebelión en marzo de este 2026 y se puede descargar en la sección Libros Libres del medio.

Constantin Meunier: el artista de los obreros

Gabe Abrahams

Constantin Meunier fue un escultor y pintor belga de gran importancia en el arte contemporáneo. Su obra le convirtió en la voz visual de los obreros del siglo XIX.

Constantin Meunier, cuyo nombre completo era Constantin Émile Meunier, nació el 12 de abril de 1831 en Etterbeek, Bélgica, en el seno de una familia de artistas. Entre sus hermanos, destacó el grabador y dibujante Jean-Baptiste Meunier.

Constantin Meunier se decantó por las artes rápidamente y empezó a asistir a las clases de dibujo impartidas por su propio hermano Jean-Baptiste. En 1845, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Bruselas. Y, desde 1848, asistió a las clases del escultor Louis Jehotte.

Meunier completó su formación con el escultor Charles-Auguste Fraikin y el pintor François-Joseph Navez, ambos seguidores del estilo neoclásico.

En la década de los años cincuenta, Constantin Meunier se volcó con las obras de carácter religioso y hasta bien entrada la siguiente década las priorizó. Dos de sus mejores pinturas religiosas de ese periodo fueron Le Bénitier (1854) y Funérailles d’un trapiste (1860).

En medio de esa devoción hacia la religión, en 1862, Meunier se casó con Marie Victorine Léocadie Gorneaux, una pianista francesa, con la cual tuvo varios hijos.

Ya en 1868, Constantin Meunier se unió a la Sociedad Libre de Bellas Artes y, un año después, a la Sociedad Internacional de Grabadores. Y, en esas sociedades, descubrió el avance imparable del Realismo.

Pasado un tiempo, en 1878 y 1880, Meunier viajó a dos regiones industriales de Bélgica y, en la minera Borinage, conocida como el País Negro, observó la situación inhumana de los obreros, especialmente de los mineros, lo cual despertó su conciencia social.

Impactado por la situación, decidió darla a conocer a través de sus obras, apostó por el Realismo Social y pasó a ser un militante socialista entregado a la causa.

El artista relató su dura experiencia en las regiones industriales con estas palabras: “Entonces la casualidad me llevó a la región negra, la región industrial. Me impactó la belleza trágica y feroz… Una inmensa compasión me invadió”.

A raíz de todo eso, Constantin Meunier se convirtió, en definitiva, en el gran representante del mundo obrero en el campo del arte, tanto a través de la pintura como de la escultura. Y, de hecho, gracias a su legado obrerista, pasó a la posteridad como la voz visual de la realidad de los trabajadores del siglo XIX.

Entre las pinturas más logradas de Meunier sobre el mundo obrero, se incluyen La Descente des mineurs dans la bure (1882), Trois hiercheuses (1885), Au pays noir (hacia 1893), Le Retour des mineurs, Le Pays noir: Borinage, etc.

Y, entre sus esculturas más destacadas dedicadas a los trabajadores, sobresale de forma muy notable el Monumento al Trabajo de Bruselas, el cual se inició alrededor de 1890.

Dentro de este impresionante conjunto escultórico que lleva el nombre de Monumento al Trabajo, aparecen esculturas cargadas de simbolismo que merecen una atención especial. En la parte delantera del monumento, se erige La Maternidad (el futuro). En los tres ángulos restantes, se encuentran El Anciano (el pasado), El Minero (el viaje a las entrañas de la tierra) y El Herrero (el saber técnico y la creación). Y sobre estos, está El Sembrador (el cultivo y la producción). En los bajorrelieves laterales, las esculturas exaltan parcelas del mundo obrero como el puerto, la mina, la industria y la cosecha.

No es extraña la carga simbólica incorporada por Meunier a una obra del Realismo Social como el Monumento al Trabajo, ya que el artista belga fue masón y, por tanto, estudioso de los símbolos.

Meunier consta como iniciado y miembro de la logia Les Amis Philanthropes del Gran Oriente de Bélgica, logia fundada en 1798 y centro de unión de hermanos masones de la talla del arquitecto Victor Horta o del Premio Nobel de la Paz Henri Lafontaine (1913). Uno de los maestros de pintura de Meunier, François-Joseph Navez, también había sido iniciado como aprendiz en la misma logia el 25 de marzo de 1834.

Desde octubre de 1882 hasta abril de 1883, Constantin Meunier estuvo en España y se dedicó a copiar el célebre cuadro Descendimiento de Pedro de Campaña, nombre españolizado del pintor belga Pieter Kempeneers, y a realizar pinturas no exentas de interés como Factoría de Tabaco en Sevilla (1883).

Después de regresar a Bélgica, Meunier fue nombrado profesor de la Academia de Lovaina e inició un conjunto de esculturas que dieron vida al citado Monumento al Trabajo.

Ya en 1896, el artista también presentó su obra en la Galería Art Noveau de París, siendo ayudado para ello por el arquitecto y decorador belga Henry Van de Velde.

Meunier no cesó de trabajar en nuevos proyectos en sus últimos años de vida, a la vez que recibió cada vez más reconocimientos. Fue elegido miembro de la Academia Real de Bélgica en 1900 y se le otorgó como pintor la medalla de bronce en la Exposición Universal de 1889 y como escultor el gran premio de las exposiciones universales de 1889 y 1900.

Socialista militante y masón en activo hasta el final, Constantin Meunier falleció el 4 de abril de 1905 en Ixelles, Bélgica, siendo enterrado en el cementerio de esa localidad.

El artista dejó tras de sí un gran legado, enorme, el cual se encuentra a día de hoy repartido en unos cuantos museos como el Museo Constantin Meunier de Ixelles, la localidad en la que nos dijo adiós.

La influencia de Meunier en el arte contemporáneo es grande, y se podría decir que su influencia dentro del arte obrero no conoce igual.

Ígor Netto: el gran capitán del fútbol soviético

Gabe Abrahams

Ígor Netto se proclamó campeón olímpico y de Europa con el equipo nacional de fútbol de la URSS, siendo él su capitán. Esta es su apasionante historia.

Ígor Aleksándrovich Netto, más conocido como Ígor Netto, nació el 9 de enero de 1930 en Moscú. Sus padres procedían de Estonia, aunque los ancestros de su padre eran de origen italiano.

El padre de Ígor Netto, Aleksander, había sido un bolchevique comprometido con la Revolución Rusa de 1917 y el Estado soviético surgido de ella. Durante la Guerra Civil rusa (1917-1923) entre el nuevo Estado y los rusos blancos, abandonó su tierra natal y acudió a defenderlo. Su madre, Julia, compartía la ideología comunista.

Finalizado el conflicto armado, Aleksander y Julia tuvieron tres hijos: Lev (1925), Niina (1927), la cual falleció recién nacida, e Ígor (1930), escogiendo el nombre Lev para su hijo mayor como homenaje al revolucionario bolchevique León Trotski, es decir Lev Davidovich Bronstein.

Ya en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la familia Netto pasó penurias de todo tipo. Aunque con la conclusión de esta, todo cambió e Ígor Netto pudo empezar a practicar fútbol y hockey sobre hielo, dos deportes en los que destacó rápidamente.

Entre 1948 y 1951, así pues, Ígor Netto jugó en el equipo de hockey sobre hielo del Spartak Moscú y, desde 1949 a 1966, hizo lo propio en el equipo de fútbol de la misma entidad. En este último, disputó nada más y nada menos que casi 400 partidos de la Liga soviética, alcanzando una larga lista de títulos.

Netto ganó la Liga de Fútbol de la URSS de los años 1952, 1953, 1956, 1958 y 1962. Y ganó la Copa soviética de los años 1950, 1958 y 1963.

En este punto, cabe comentar que Ígor Netto dejó de compaginar el fútbol y el hockey sobre hielo en 1951 por dos motivos. Las fuerzas de un deportista están limitadas y, por tanto, es preferible concentrarlas en una sola dirección. Y la posibilidad de lesiones practicando dos deportes a pleno ritmo es mayor que si se practica solo uno.

En cualquier caso, los momentos más álgidos de la carrera deportiva de Ígor Netto llegaron de la mano del equipo nacional de fútbol de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), del que fue capitán entre 1954 y 1963. Con ese equipo, logró ganar el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 y el Campeonato de Europa de 1960, disputado en Francia.

En los Juegos de Melbourne, la URSS derrotó en la final a Yugoslavia por un resultado de 1-0, contando en sus filas con jugadores míticos como el propio Netto, el portero Lev Yashin o los delanteros Eduard Streltsov y Valentín Ivanov. Y, en el Campeonato de Europa de Francia, la Unión Soviética volvió a derrotar a Yugoslavia en la final en esta ocasión por 2-1, en el estadio del Parque de los Príncipes de París.

Ígor Netto fue un jugador zurdo, con excelente control del balón y del juego, un todoterreno con gran clase. Sobre su compromiso y esfuerzo continuo por mejorar, las palabras de su compañero Aleksei Paramonov lo dicen todo: “Yo era cinco años mayor que Ígor, pero lo que me impactó fue que este joven jugador, sin presión ni exigencias de nadie, permanecía en el campo después de cada entrenamiento para perfeccionar su técnica.  Hacía malabarismos con el balón, disparaba a portería, intentaba mejorar su aceleración… Este trabajo constante le permitió convertirse en uno de los mejores”.

En 1966, Ígor Netto se retiró de los terrenos de juego, empezó a ejercer de entrenador y, al mismo tiempo, se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética, el PCUS.

Desde entonces, dirigió a equipos como el AC Omonia de Nicosia (1966-1967), la selección de Irán (1970-1971), el Spartak Moscú como asistente (1973-1975) y, entre otros, el equipo de veteranos de la URSS y Rusia (1991-1993). En 1957, además, recibió la condecoración de la Orden de Lenin. Y, en 1960, se casó con la actriz Olga Yakovleva.

Tras padecer Alzheimer durante años y sufrir bastante con la enfermedad, Ígor Netto falleció finalmente en Moscú el 30 de marzo de 1999, camino de cumplir los setenta años. Fue enterrado en el Cementerio de Vagánkovo y su tumba, junto a un monumento dedicado a su memoria, se situó a escasos metros de las de sus inseparables compañeros Lev Yashin y Eduard Streltsov.

El adiós de Netto provocó que miles de aficionados llorasen su pérdida y que otros tantos recordasen sus gestas futbolísticas en las olimpiadas o en los campeonatos de Europa.

A día de hoy, uno de los estadios del Spartak Moscú porta su nombre y los homenajes a su figura se suceden con frecuencia, a pesar de haber transcurrido más de un cuarto de siglo desde su muerte. Algo normal, que no debería sorprender a nadie, porque Netto consiguió ser uno de los mejores futbolistas soviéticos de la historia y, sobre todo, el gran capitán que encumbró a la selección de la URSS. El hijo de los bolcheviques Aleksander y Julia permanece en la memoria y, de ahí, no se moverá.

Jean Jacoby: el campeón del arte olímpico

Gabe Abrahams

Jean Jacoby fue el único artista que consiguió ganar dos medallas de oro en las competiciones de arte de los Juegos Olímpicos, aunque su carrera se vio afectada al final por el ascenso del nazismo. Esta es su apasionante biografía.

Jean Lucien Nicolas Jacoby, conocido como Jean Jacoby, nació el 26 de marzo de 1891 en la ciudad de Luxemburgo, la capital del Gran Ducado de Luxemburgo. Sus padres fueron Michel Jacoby, un ferroviario, y Marguerite Bauer, una aristócrata.

Tras pasar su infancia y juventud en Molsheim, Alsacia, Jacoby se trasladó finalmente a Estrasburgo y estudió en la École des Beaux-Arts de la ciudad.

En 1912, el joven Jacoby pasó a ser profesor de dibujo en el Lycée Fustel de Coulanges de Estrasburgo. Y, un año después, se casó con la profesora de diseño Anne Augustine Rose Richter. En 1916, la pareja tuvo un hijo: Regnard (René) Charles Jacoby. En ese periodo de su vida, Jacoby realizó bastantes dibujos, alguno dedicado a su mujer.

Ya en 1918, Jean Jacoby se trasladó a la ciudad de Wiesbaden, donde trabajó de pintor. Y, al año siguiente, se mudó a Fráncfort, para asumir la dirección de una imprenta. Entonces Jacoby dibujó una serie de litografías de lugares emblemáticos de Estrasburgo, las cuales fueron publicadas juntas en una edición de diciembre de 1919.

Aficionado al deporte desde los primeros años veinte, en 1923, Jacoby empezó a demostrar públicamente su extraordinaria valía como artista al ganar el concurso del diario francés L’Auto, gracias a un dibujo de un corredor que saltaba una valla. En aquellas fechas, L’Auto tenía un tiraje de cerca de 300.000 ejemplares y un gran prestigio.

En 1924, Jean Jacoby ratificó su gran valía como artista al ganar la medalla de oro en el concurso de pintura de los Juegos Olímpicos de París 1924, gracias a su obra Étude de Sport, la cual incorporaba tres pinturas: Corner, Départ y Rugby. Tras él, quedaron clasificados Jack Butler Yeats, hermano del poeta y Premio Nobel de Literatura (1923) William Butler Yeats, y Johan van Hell, un artista y pintor del Realismo Social no muy conocido, pero con obras de interés.

En el concurso de arquitectura de los mismos Juegos de París, quedó segundo Alfred Hajós, doble campeón olímpico de natación y destacado arquitecto sobre el cual escribí un artículo en marzo de 2024.

En el jurado de arte de los Juegos de París, participaron personalidades como Selma Lagerlöf, la primera mujer en obtener el Premio Nobel de Literatura (1909), y el destacado músico Ígor Stravinski.

Cabe añadir que los concursos de arte formaron parte de los Juegos Olímpicos desde los Juegos de Estocolmo de 1912 hasta los de Londres de 1948, estando divididos en diversas categorías como literatura, música, pintura, escultura y arquitectura.

En 1926, Jean Jacoby empezó a trabajar para la editorial Ullstein como director artístico de varios de sus periódicos: el Berliner Illustrirte Zeitung, el Die Grüne Post… Y eso provocó que acabase viviendo en Berlín y que realizase una importante labor hasta el año 1934. En ese periodo de tiempo, por ejemplo, Jacoby dibujó con maestría a algunos de los mejores deportistas de la historia como el nadador Johnny Weissmuller, los tenistas René Lacoste y Bill Tilden o los corredores Paavo Nurmi y Ville Ritola, entre otros.

En 1928, Jacoby se presentó en el concurso de pintura (sección dibujos y acuarelas) de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam y no defraudó. El pintor se colgó otra vez la medalla de oro con su obra Rugby, de igual nombre que una de sus tres pinturas de los Juegos de París de 1924. Y, de esta forma, pasó a ser el único artista con dos oros olímpicos en los concursos de arte de las olimpiadas. Nadie ha conseguido arrebatarle esa posición desde entonces, debido en parte a que los Juegos Olímpicos dejaron de admitir esos concursos a partir de su edición londinense de 1948.

En los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932 y Berlín 1936, Jean Jacoby volvió a participar en los concursos de arte, pero no pudo conseguir una tercera medalla de oro. En los Juegos de Berlín, Jacoby presentó obras de mayor nivel que sus rivales, pero el comité organizador controlado por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels decidió no otorgar la medalla de oro a ningún participante, para evitar de esta forma concedérsela a Jacoby.

Desde 1934, el régimen nazi que gobernaba Alemania tenía constancia de que Jean Jacoby trabajaba en la editorial Ullstein, de la familia judía Ullstein, y que él portaba un apellido de origen judío. Y, además, conocía su ideología de izquierdas, así como su amistad con Wilhelm Gronke (Bill Gronke), el deportista, marinero y jefe del Servicio de Seguridad Naval de la Revolución comunista de 1918-1919 que intentó crear un Estado obrero en Alemania. Y todo eso provocó que el comité de los Juegos de Berlín evitase otorgar a Jacoby el oro olímpico que merecía por su obra.

Al cabo de poco tiempo de terminar los Juegos Olímpicos de la Alemania nazi, en concreto el 9 de septiembre de 1936, Jean Jacoby falleció con solo 45 años de un ataque cardíaco en su casa de Mulhouse, ciudad francesa a la que se había mudado dos años antes al observar el acoso contra los judíos y las personas de ideología de izquierdas por parte del régimen nacionalsocialista alemán. Dejó para la posteridad sus dos medallas de oro olímpicas en arte y decenas de obras magníficas, muchas dedicadas al mundo del deporte. Su final resultó inesperado y también amargo por lo ocurrido en los Juegos de Berlín.

La segunda esposa de Jean Jacoby, la artista María Jacoby (Maria Anna Kasteleinerera antes del matrimonio), le sobrevivió, emigró a Estados Unidos, se casó de nuevo y falleció en 1990, en Rocky River, Ohio, cerca de los 90 años.

Desde su fallecimiento, Jean Jacoby recibió reconocimientos y homenajes diversos. En agosto de 1937, se erigió un monumento en su honor en la ciudad de Schifflange, Luxemburgo, diseñado por el pintor, escultor y artista olímpico Wenzel Profant, quien fue miembro de la Resistencia. Monumento que acabó siendo destruido en 1940 por las tropas nazis cuando invadieron Luxemburgo. Y, después, el estadio deportivo de Schifflange cambió su nombre por el de Stade Jean Jacoby.

En 1967, Adolphe Deville publicó el libro Jean Jacoby, centrado en la vida del pintor. Y, en diferentes fechas, aparecieron sellos postales en Luxemburgo que utilizaron imágenes de las obras de Jacoby. Unos estuvieron dedicados a los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952. Otros a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles del año 1984.

Transcurrido casi un siglo del adiós de Jean Jacoby, todavía se le recuerda con una cierta frecuencia. Cada vez que se acercan unos Juegos Olímpicos, se habla de él y de sus dos oros olímpicos en arte. Y siempre que se trata la cuestión de la presencia del arte en los Juegos, su nombre aparece irremediablemente. Resulta lógico y normal, muy normal, porque nadie ha conseguido lo que él logró, dos medallas de oro en arte, y, sobretodo, unir arte con deporte y proyectarlos del Olimpo a la eternidad.

Yuri Gagarin y la victoria de la URSS

Gabe Abrahams

Yuri Gagarin fue el primer astronauta que consiguió realizar un vuelo espacial. El presente artículo recuerda su vida y su histórica hazaña.

Yuri Alekseyevich Gagarin, conocido como Yuri Gagarin, nació el 9 de marzo de 1934 en Klúshino, óblast de Smolensk, URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Su padre fue carpintero y su madre granjera y tuvo tres hermanos.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Alemania nazi invadió el territorio soviético y Gagarin y su familia fueron obligados a residir en una choza de barro. Dos hermanos del futuro astronauta, además, acabaron siendo deportados y utilizados por los nazis como trabajadores esclavos.

Concluida la guerra, en 1946, Gagarin se mudó con su familia a Gzhatsk y, allí, prosiguió sus estudios. A partir de 1950, los completó en Liúbertsi, una ciudad cercana a Moscú, y en Sarátov, una ciudad en este caso situada a más de 800 km de la capital de la URSS.

En 1955, Yuri Gagarin ingresó en la Escuela de Aviación Militar para pilotos de Orenburg e inició una relación con Valentina Goriacheva, con la que al final se casó y tuvo dos hijas: Elena y Galina.

Ya en 1957, Gagarin empezó a volar y, al cabo de un tiempo, fue entrevistado por una comisión para el programa espacial soviético denominado Programa Vostok. Terminó siendo seleccionado para el mismo y entrenado para poder realizar un vuelo espacial.

En agosto de 1960, un miembro de la Fuerza Aérea Soviética escribió un informe sobre él muy favorable que decía: “Tiene un alto grado de desarrollo intelectual, una memoria fantástica. Se distingue de sus colegas por su agudo y amplio sentido de atención a su entorno… Perseverante, se prepara minuciosamente para sus actividades y ejercicios de entrenamiento”.

Tras someterse a un plan de entreno físico y psicológico exigente, el 12 de abril de 1961, a las 6 horas y 7 minutos de la mañana, Yuri Gagarin fue lanzado al espacio desde el Cosmódromo de Baikonur (Tiuratam, Kazajistán) en la nave espacial Vostok 1, logrando completar la órbita alrededor de la Tierra en 108 minutos, lo cual le convirtió en el primer ser humano en realizar un vuelo espacial. Al terminar su hazaña, Gagarin reconoció que, durante el vuelo, se sintió como “colgado de correas en una posición horizontal, como suspendido”.

Con su histórica gesta, Gagarin colocó a la URSS al frente de la carrera espacial, algo que supuso un duro golpe para los Estados Unidos, y las masas soviéticas lo aclamaron. En varios viajes posteriores a su hazaña en los que recorrió Brasil, Cuba, Canadá, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Finlandia, Islandia e Inglaterra, resultó igualmente aclamado por multitudes de admiradores de esos países. Sin embargo, en las mismas fechas, Estados Unidos no le permitió entrar por su frontera. Un acto hostil, propio de la Guerra Fría.

En 1960, Yuri Gagarin se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y, un tiempo después, fue elegido diputado del Sóviet de la Unión y del Sóviet de las Nacionalidades, es decir de las dos cámaras (baja y alta) del Sóviet Supremo de la Unión Soviética. En aquellos años, también trabajó en las instalaciones de los cosmonautas soviéticos de un pequeño pueblo situado en las cercanías de Moscú: la Ciudad de las Estrellas. Los astronautas soviéticos se entrenaban allí y, por eso, la población era considerada una zona prácticamente secreta.

El 12 de junio de 1962, Gagarin alcanzó el rango de teniente coronel de las Fuerzas Aéreas Soviéticas. Y el 6 de noviembre de 1963, el de coronel. A partir de entonces, las autoridades de su país le mantuvieron alejado de cualquier vuelo espacial, para evitar un posible accidente y la pérdida de un referente soviético.

Paradójicamente, el 27 de marzo de 1968, en el transcurso de un vuelo de entrenamiento, Yuri Gagarin sufrió un accidente inesperado y falleció. Su avión se estrelló cerca de la ciudad soviética de Kirzhach. La noticia conmocionó al mundo entero. El astronauta fue incinerado y sus cenizas terminaron inhumadas en la Necrópolis de la Muralla del Kremlin, el sitio apropiado para un héroe soviético de su envergadura.

Tras el trágico final del astronauta, la ciudad de Gzhatsk pasó a llamarse Gagarin, la Ciudad de las Estrellas puso su nombre a varias de sus principales instalaciones y algunas poblaciones soviéticas levantaron estatuas en su memoria. Incluso, su viuda Valentina Goriacheva escribió libros centrados en su trayectoria como Cada año, el 12 de abril (1984) y 108 minutos y toda la vida (1986), demostrando que no se había olvidado de él.

Pasadas las décadas, en 2011, entre otros homenajes, las instituciones londinenses le dedicaron a Yuri Gagarin una estatua en el Arco del Almirantazgo, más tarde ubicada en el Real Observatorio de Greenwich. Y la sede original de los vuelos espaciales de la NASA en Houston, Texas, hizo lo mismo.

Desde entonces, los reconocimientos a Yuri Gagarin no han cesado, reforzando su condición de auténtico icono a nivel mundial. No hay fecha relacionada con su histórico vuelo que no se recuerde. No hay fecha vinculada a él que no se tenga presente. Esa memoria permanente es una prueba de la enorme importancia que tuvo su vuelo espacial de 1961, el primero que realizó un ser humano. Aquel que puso a la URSS al frente de la carrera espacial. Gagarin, en definitiva, no se ha ido, se encuentra entre nosotros.

Pearl S. Buck: la escritora de China

Gabe Abrahams

Pearl S. Buck fue una gran escritora que dio a conocer China en Occidente y defendió los derechos de los chinos, los negros y otras minorías. En 1938, ganó el Premio Nobel de Literatura. Esta es su biografía.

Pearl Comfort Sydenstricker, conocida como Pearl S. Buck por adoptar el apellido de su primer marido, nació en Hillsboro, Virginia Occidental, Estados Unidos, el 26 de junio de 1892.

Hija de los norteamericanos Absalom Sydenstricker y Caroline Maude Stulting, dos misioneros cristianos presbiterianos, Buck tuvo varios hermanos, se marchó a temprana edad con su familia a China y creció rodeada de cristianismo presbiteriano por un lado y confucionismo y cultura china por el otro.

Por culpa de la inestabilidad política del país oriental, la joven Buck y su familia tuvieron que cambiar de lugar de residencia varias veces, cosa que provocó que estudiase en diferentes escuelas y con distintos maestros. Aprendió el dialecto local y el chino clásico, es decir la lengua escrita de la antigua China.

Ya en 1911, Buck regresó a Estados Unidos para estudiar psicología en el Randolph-Macon Woman’s College de Lynchburg, Virginia, una universidad privada vinculada a la Iglesia Metodista Unida. Y, allí, cursó sus estudios durante tres años e ingresó en las fraternidades Phi Beta Kappa y Kappa Delta.

Tras concluir su etapa universitaria, Buck optó por ser misionera presbiteriana como sus padres, volviendo a China como tal. Y, en 1917, se casó con el también misionero John Lossing Buck, marchándose a vivir a una humilde aldea de la provincia de Anhui. Lugar en el que la futura escritora conoció una realidad que inspiró algunas de sus novelas posteriores.

Desde 1920 hasta 1933, Pearl S. Buck y su marido se establecieron en el campus de la Universidad de Nankín. Ella enseñó literatura y empezó a escribir con asiduidad y él estuvo al frente del Departamento de Economía Agrícola universitario. En 1920, tuvieron una hija, Carol. Y, pasado un tiempo, adaptaron a otra, Janice.

En 1929, Buck viajó a los Estados Unidos por la salud de su hija Carol y en busca de un editor que publicase sus libros. Y consiguió que Richard J. Walsh le editase su novela Viento del Este, Viento del Oeste (1930), centrada en el choque entre las culturas china y occidental. La novela se convirtió en un éxito.

De regreso a China, Buck se dedicó a escribir durante un año y publicó otra excelente novela: La buena tierra (1931). Una obra que retrata la sociedad rural china del primer tercio del pasado siglo y que, en 1932, obtuvo el premio Pulitzer de Ficción.

Envuelta en sus logros literarios, la escritora viajó una vez más a Estados Unidos e impartió en Nueva York la conferencia ¿Hay razones para el misionero extranjero?, generando una gran polémica. Argumentó que los chinos no necesitaban misioneros y exigió respeto hacia su cultura y religión. La conferencia provocó la ruptura de Buck con la iglesia presbiteriana.

En 1935, Pearl S. Buck se casó con su editor Richard J. Walsh, tras divorciarse de su primer marido, y adoptó varios hijos. Transcurridos tres años, la escritora tocó techo al ganar el Premio Nobel de Literatura. Se le concedió “por sus descripciones ricas y verdaderamente épicas de la vida campesina en China y por sus obras maestras biográficas”. Fue la primera mujer norteamericana en conseguirlo.

En 1942, Buck publicó otro libro destacado, La estirpe del dragón, y fundó la Asociación East and West, dedicada al entendimiento entre Oriente y Occidente. Años después, en 1949, también fundó la Welcome House, centrada en la adopción de asiáticos y mestizos.

En mayo de 1942, en la Universidad Howard de Washington D. C., una universidad históricamente afroamericana, Buck dio un discurso contra el racismo de gran calado. Les dijo a los estudiantes que la segregación racial de los negros tenía que terminar y la comparó con el fascismo. “No somos mejores que los fascistas si luchamos por la libertad de un grupo y no de otro, por el beneficio de una raza y no de otra, por el engrandecimiento de una parte y no por el mejoramiento del conjunto”, proclamó la escritora.

Por esas actividades a favor de chinos y negros, Buck fue investigada por el FBI y señalada como comunista en Estados Unidos, siendo paradójicamente acusada de imperialista a posteriori por la China maoísta.

En la década de 1950, Pearl S. Buck trabajó en la Universidad Howard, prosiguió su recorrido literario y se mantuvo firme en sus convicciones a favor de los derechos humanos. En 1960, se quedó viuda. Y, en 1964, fundó la Pearl S. Buck Foundation para brindar ayuda humanitaria a nivel internacional.

En sus últimos años, Pearl S. Buck todavía tuvo tiempo de escribir obras de interés como China como la he visto (1970), en la cual reflejó sus vivencias en el país que había sido clave en su trayectoria.

Pearl S. Buck falleció finalmente de cáncer de pulmón el 6 de marzo de 1973, a los 80 años, en Danby, Vermont. Por expreso deseo suyo, llevó puesto un vestido qipao de origen manchú en su funeral y su tumba se ubicó en su residencia de Pensilvania en dirección a Oriente. En ella, se inscribió su nombre chino, Sai Zhenzhu.

A partir de los años noventa del siglo pasado, China y Estados Unidos realizaron intercambios culturales centrados en la obra de Pearl S. Buck, con el objetivo de preservar su legado. Y, además, la antigua residencia de la escritora en el campus de la Universidad de Nankín fue trasformada en la Casa Conmemorativa Sai Zhenzhu, con una estatua dedicada a ella.

Pearl S. Buck ayudó a que China y su cultura fuesen ampliamente conocidas en Occidente. Y el país asiático respondió, al final, como cabía esperar, preservando su memoria.

A día de hoy, en pleno siglo XXI, el interés por Buck no ha disminuido y sus obras son leídas por millones de personas de todo el mundo. La escritora tiene tantos reconocimientos como tuvo a lo largo de su vida. En un reportaje de septiembre de 2012, la revista del Instituto Confucio afirmó que, según algunos expertos, “Pearl S. Buck es la escritora occidental más influyente que ha escrito sobre China después de Marco Polo allá por el siglo XIII”.

Pearl S. Buck fue una gran escritora que dio a conocer China en Occidente y defendió durante toda su vida los derechos de las minorías. El presente artículo ha recuperado su extraordinaria figura y le ha rendido un homenaje. Un pequeño homenaje, discreto, entre los muchos que recibe la escritora habitualmente. Eterna Buck.

Lidia Skoblikova: seis oros olímpicos para el patinaje soviético

Gabe Abrahams

La patinadora soviética Lidia Skoblikova ganó seis medallas de oro olímpicas con la URSS y fue la primera deportista en alcanzar esa cifra en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Tras mi artículo sobre el patinador soviético Yevgeny Grishin, le toca el turno a ella. Esta es su historia.

Lidia Skoblikova nació el 8 de marzo de 1939 en Zlatoúst, una ciudad situada en el sur de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), en el seno de una familia de trabajadores y tuvo tres hermanas y un hermano.

Tras pasar todo tipo de penurias durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Skoblikova empezó a practicar atletismo y, gracias a eso, consiguió sus primeros logros en el mundo del deporte. Con 14 años, ganó la prueba de los 800 metros de los campeonatos de atletismo de Zlatoúst y de la región de Cheliábinsk.

Después de ese primer éxito, Skoblikova se decantó por el patinaje y, en 1959, con solo 19 años, fue incluida en el equipo de la URSS que acudió al Campeonato Mundial de Patinaje de Velocidad sobre Hielo disputado en Sverdlovsk (URSS).

La joven Skoblikova ocupó una meritoria tercera plaza por detrás de sus compatriotas Tamara Rylova y Valentina Stenina, resultando el dominio de las patinadoras soviéticas absolutamente avasallador.

Un año después de su primera gesta mundialista, en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1960, llevados a cabo en Squaw Valley (Estados Unidos), Lidia Skoblikova confirmó todas las expectativas que se habían depositado en ella y alcanzó la gloria. Se proclamó campeona olímpica en las distancias de los 1.500 y 3.000 metros. Por si fuera poco, en la primera distancia, consiguió la plusmarca mundial y, en la segunda, el récord olímpico. La URSS dominó por completo el medallero.

En ese mismo año de 1960, Skoblikova, además, todavía tuvo fuerzas para ganar la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Patinaje de Velocidad sobre Hielo, disputado en Östersund (Suecia).

En los años siguientes a la olimpiada, Skoblikova tuvo que pelear duramente contra otras patinadoras soviéticas para conseguir nuevas medallas en los campeonatos del mundo que se fueron disputando. Se colgó una medalla de bronce en el mundial de 1961, una de plata en el de 1962 y dos de oro en los de 1963 y 1964. En 1961 y 1962, quedó detrás de sus compatriotas Valentina Stenina, Albina Tuzova e Inga Voronina. En ese periodo, Skoblikova de nuevo batió plusmarcas mundiales.

Ya en los Juegos Olímpicos de Invierno de Innsbruck 1964 (Austria), Lidia Skoblikova ratificó su condición de mejor patinadora del mundo, ganando la medalla de oro en las cuatro pruebas en las que participó. Y eso le supuso ser la primera deportista con cuatro medallas de oro en una misma competición olímpica de invierno y la primera deportista con seis medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Invierno.

En resumen, la patinadora soviética se adjudicó en los Juegos de Innsbruck la medalla de oro en las pruebas de 500 metros, 1.000 metros, 1.500 metros y 3.000 metros. Poco más se puede decir, ante un dominio tan implacable. La URSS la imitó en el medallero.

Como premio a sus hazañas olímpicas y mundialistas, el presidente soviético Nikita Jrushchov le comunicó a Skoblikova tras los Juegos su afiliación al PCUS, el partido comunista de la URSS.

Lidia Skoblikova estuvo retirada del patinaje durante dos años, periodo en el que nació su hijo Georgy, fruto de su matrimonio con el marchador atlético Aleksandr Polozkov. Pero, en 1967, regresó a la competición y consiguió su enésima plusmarca mundial, en esta ocasión en la distancia de los 3.000 metros. Fue su último momento estelar.

Al año siguiente, la gran patinadora soviética acudió a los Juegos Olímpicos de México y solo pudo ser sexta en la prueba de los 3.000 metros, retirándose en 1969 de la competición con sus seis medallas de oro olímpicas y sus dos oros mundialistas.

Tras su adiós, Skoblikova se trasladó a Moscú para trabajar como entrenadora en diversas escuelas deportivas. Educada en la Facultad de Educación Física del Instituto Pedagógico de Cheliábinsk, se había licenciado en esa materia.

En 1982, Skoblikova escribió una destacada tesis sobre la educación ideológica y moral de los deportistas soviéticos. Y, en 1983, recibió la Orden Olímpica de plata, una condecoración más entre las varias que ya tenía. Años después, fue presidenta de la Federación Rusa de Patinaje y entrenadora de su equipo.

Con el cambio de siglo, Skoblikova recibió cada vez más reconocimientos. Por ejemplo, el 7 de febrero de 2014, fue una de las seis personas que sostuvieron la bandera olímpica en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi (Rusia). Ella misma había sido nombrada embajadora oficial de esos Juegos. No merecía menos.

A sus 86 años, la extraordinaria ex patinadora soviética permanece con vida y sigue entre nosotros. Mantiene una buena salud y su gusto por el patinaje. Es una de las últimas viejas glorias del deporte soviético que continúan vivas. En definitiva, uno de los últimos testimonios importantes de lo que llegó a ser el deporte de la URSS.

Grishin: el patinador soviético de los cuatro oros olímpicos

Gabe Abrahams

El patinador soviético Grishin consiguió cuatro medallas de oro olímpicas para la URSS, una hazaña impresionante. Esta es su biografía.

Yevgeny Grishin (o Yevgueny Grishin) nació el 23 de marzo de 1931 en Tula, una ciudad de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), situada a una distancia de 165 kilómetros de Moscú.

Al principio, el deportista se decantó por entrenar y competir en ciclismo durante todo el año y patinar en invierno solo en sus entrenamientos. Pero, transcurrido un tiempo, optó por entrenar y competir tanto en ciclismo como en patinaje plenamente.

Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), así pues, Grishin compaginó el ciclismo y el patinaje. Y, de esta forma, consiguió ganar un campeonato juvenil de patinaje de velocidad, alcanzar una plusmarca nacional juvenil en esa especialidad y ser incluido en el equipo de ciclismo de la URSS que acudió a los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952, aunque al final no compitió.

Los Juegos de Helsinki de 1952 marcaron un antes y un después en la carrera de Grishin, ya que, a partir de estos, dejó atrás el ciclismo y se centró en el patinaje por completo. Una decisión acertada que le condujo a ganar cuatro medallas de oro olímpicas en los años siguientes. Y es que cuando uno tiene que darlo todo en una disciplina deportiva, es preferible no desdoblarse en dos. El cuerpo y la mente dan para lo que dan.

En los Juegos Olímpicos de Invierno de 1956, disputados en Cortina d’Ampezzo (Italia), Grishin recogió los primeros frutos de su acierto y se proclamó Campeón Olímpico en las pruebas de 500 y 1.500 metros de patinaje, encabezando la URSS el medallero de los Juegos con 17 medallas. Fue su primer gran momento olímpico.

Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1960, llevados a cabo en Squaw Valley (Estados Unidos), el doble campeón olímpico soviético volvió a triunfar en las mismas dos pruebas en las que lo había hecho en los Juegos de Cortina d’Ampezzo y se proclamó otra vez doble campeón olímpico. La URSS, de nuevo, encabezó el medallero con 21 medallas.

Arribados los Juegos Olímpicos de Invierno de Innsbruck 1964 (Austria), a pesar de ser ya veterano, el incansable Grishin una vez más estuvo a la altura de lo que de él se esperaba y logró ganar su quinta medalla olímpica, en esta ocasión de plata, en la prueba de 500 metros, cerrando su ciclo de medallas olímpicas. Fue su último momento estelar en unos Juegos Olímpicos. Como venía siendo habitual, la URSS volvió a encabezar el medallero de los Juegos con un total de 25 medallas.

La última participación olímpica de Yevgeny Grishin se produjo en los Juegos Olímpicos de Invierno de Grenoble 1968 (Francia), donde a pesar de ser muy veterano aún pudo quedar cuarto en la prueba de los 500 metros.

A sus grandes gestas olímpicas, el incansable patinador añadió una medalla de oro en el Campeonato de Europa de 1956 y dos medallas de bronce en los mundiales de los años 1954 y 1958, así como una larga lista de plusmarcas conseguidas entre 1956 y 1963. Sus años de gloria.

En 1966, Yevgeny Grishin se convirtió en entrenador y realizó una buena tarea al frente de la preparación de ciclistas y patinadores de la URSS, retirándose de esa actividad a finales de los años setenta.

En 1959, además, Grishin se casó con la patinadora Marina Granatkina, con la que tuvo una hija: Elena. En 1962, se afilió al PCUS, el Partido Comunista de la Unión Soviética. Y, tras sus gestas, recibió condecoraciones como la Orden de Lenin o la distinción de Honorable Maestro de Deportes de la URSS.

Grishin falleció finalmente el 9 de julio de 2005 en Dédovsk, una pequeña ciudad de los alrededores de Moscú, tras pasar sus últimos años de vida con problemas de salud. Y fue enterrado en el cementerio moscovita Troyekúrovskoye, a escasos metros de algunos ex responsables del PCUS, es decir de su partido, y del KGB (servicio de inteligencia de la URSS) como Vladímir Semichastny o Víktor Chébrikov.

La noticia de su muerte causó sorpresa y a algunos les costó asimilar que el extraordinario patinador que ayudó a encumbrar a la Unión Soviética en el patinaje y el olimpismo se había ido. Lo había hecho en silencio, sin hacer demasiado ruido, un tanto apartado del mundo. Y, por eso, hubo quien se sorprendió con la noticia.

Desde su fallecimiento, Grishin no ha sido olvidado y, frecuentemente, recibe reconocimientos y homenajes, sobretodo en su país. Suele aparecer en sellos de correos, en monedas conmemorativas o en reportajes que lo recuerdan. Y es que el paso del tiempo ha permitido apreciar mejor su trayectoria, valorar más sus éxitos y tomar conciencia de la verdadera dimensión de todo lo que consiguió. El campeón está aquí, con nosotros. Eterno Grishin.