Ir al contenido principal

Etiqueta: literatura costarricense

Arabella Salaverry ofrecerá recital y conversatorio en el marco de la Fiesta de la Lectura Costa Rica 2026

En el marco de la Fiesta de la Lectura Costa Rica 2026, cuyo país invitado es Qatar, la escritora Arabella Salaverry ofrecerá un recital y conversatorio de poesía, narrativa y creación literaria, el jueves 11 de septiembre, a las 5:00 p.m., en el Complejo de la Antigua Aduana, en San José. Según precisó la propia Arabella Salaverry, la actividad se realizará frente a la Casa del Cuño.

La actividad, bajo el lema «Palabras que nos acercan», será presentada y conducida por la poeta Marianella Sáenz, y contará con la participación musical de Leonardo Perucci Salaverry en el violín.

La Fiesta de la Lectura es organizada por el Ministerio de Cultura y Juventud.

Presentación del libro «Cuentos en verso»

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi se complace en invitarle a la presentación del libro Cuentos en verso del escritor Carlos Rubio e ilustrado por Vicky Ramos 

La actividad será presencial el miércoles 9 de agosto a las 4:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional y también transmitida por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Ayer: La historia de una foto

Jiddu Rojas Jiménez

Ayer aterricé en Chepe, ahora vivo transitoriamente en el campo, bastante lejos. Apenas salí de compromisos, fui obviamente a mi querida Biblioteca Nacional, sujeta a remodelaciones internas. Obviamente terminé en la Sección Libros de Reserva, donde Rosemary (quienes todos rogamos porque nunca se pensione) como siempre, resolvió la inexperiencia de las gentiles compañeras del Primer Piso. Prosigo. Sin ilusionarme mucho, caminé por el Parque Nacional hasta la Aduana@. La lluvia era molesta. El Cinema Magaly estaba a la derecha, pero decidí enfrentar el destino. Y claro fui a la Feria Internacional del Libro de Costa Rica 2026 #FILCR2026.

Así en la Feria Internacional del Libro de Costa Rica (FILCR2026), —entre los saludos de viejos amigos, viejos dolores, pocas nuevas alegrías, leales complicidades, el abrazo leal del Poeta Alfredo Trejos (eso ya vale mucho), muecas de otros, y rechazos neuróticos e intrigas palaciegas qué me son ajenas—, me acomodé y busqué asiento en una maravillosa charla del reconocido cineasta, y ahora cuentista, Jurgen Ureña, junto al amigo cartago Fabián Coto, quién presentaba su nuevo libro de cuentos. Hablamos de la tradición narrativa oral rural costarricense, y de los Abuelos. Para un urbano pequeño-burgués de Barrio Amón, cuyo máximo referente tropical era el viejo Parque Zoológico Bolívar o La Sabana, reconozco que he mejorado algo con mi Autoexilio en Sarapiquí.

La Editorial qué acogió la actividad, es la del amigo teólogo Jose Chacón, a quién por fin pude conocer personalmente. La Presentación, el posterior diálogo, erudito, fino, ameno, cómplice, y la calidez humana extraordinaria, francamente me salvaron de la aburrida noche. Contrasta tanta hospitalidad con las muecas y delirios de otros viejos editores, totalmente neuróticos, como un humor de borracho de goma seca. Gente qué se esfuerza por darte la mano con asco, después de años de bohemia compartida y de mil aventuras.

Por cierto, ne gustó el local de la hermana República de Guatemala, el único Gobierno de vocación democrática de Centroamérica, recordando al Nóbel Miguel Ángel Asturias. Desgraciadamente lo descubrí tarde.

Contrastaron la belleza de los colores de las telas y decoración guatemaltecas, con el tipo del puesto del Semanario Universidad, quién a la par tenía un montón de ejemplares de cortesía, y a quién cortesmente le solicité por favor un ejemplar gratuito. Y me respondió irónicamente:

— Si quiere se lo voy a dejar a su casa.

—No creo que lleguen hasta El Mortero de Horquetas de Sarapiquí, respondí lapidario.

Lo demás fue esperado. Se me olvida que mi ciudad natal es la más cara de Latinoamérica. Las tortillas palmeadas a 5500 colones me lo recordaron. Somos potencia.

La «Librería Andante» a la vanguardia de textos teoría y academia, como corresponde a su dueño, un filósofo y compañero (Sí Francisco Víctor Aguilar). Un amigo (espero no crearle enemigos). Ahí adentro, descansó mi mochila un rato.

No encontré desgraciadamente a Nueva Década Editorial, otro clásico, aunque vi con alegría nuevos sellos editoriales jóvenes. Y claro, a las editoriales de las respectivas Universidades Públicas. La Editorial de la UNED – EUNED antes siempre destacaba.

Sé qué son épocas opacas, por decirlo gentilmente, que estamos casi a nivel de la Distopía de «Fahrenheit 451», tanto nacional, como internacionalmente. No es tiempo de comprar libros, dirán algunos. Ni la lluvia excesiva, ni el clima político autoritario y populista ayudan, y mucho menos la crisis económica. Sin embargo, a pesar de los pesares, vale la pena visitar la #FILCR2026, y formarse su propia opinión.

Continúo. Una actividad de presentación en un especie de ‘Mezzanine’ exterior (una especie de terraza externa), en el bello Edificio La Aduana ya estaba concluida. Vi a varios amigos y ex colegas de lejos. Mis saludos por persistir en su oficio.

Lo demás fueron más precios altos, algunos inalcanzables, pero en mi opinión, una pobre oferta con las excepciones y curiosidades del caso: Muchos vendedores de Biblias, libros de Autoayuda, venta de artesanías; máquinas de Café Britt qué descuenta su tarjeta, y no te dan el café (haga el reclamo por código QR, etc.); y la inefable sobrepresencia comercial de la poderosa Librería Internacional, al fondo del Edificio histórico. Obviamente no compré nada.

Ya saliendo, y con el café gratis de la Editorial ABYAD, me encontré con un personaje centroamericano y latinoamericano y universal, por su peso histórico artístico, cultural, político, y musical Luis E. Mejía Godoy. Tenía un bello puesto de serigrafías y diseño. (Vayan a verlo y comprarle).

Le mencioné a un par de amigos y amigas conocidos, y su amabilidad nica estalló. No ocupamos de más explicaciones. Le pregunté que si nos sería demasiado ridículo tomarnos una foto. Luis Enrique Mejia Godoy es un héroe desde mi juventud, y nunca me defraudó. Siempre consecuente, siempre revolucionario, siempre creativo, siempre humanista, y desafiante frente a todo Autoritaritarismo.

La respuesta del Cantautor fue brutal, sabia y existencial, por alguien, por aquel Bardo, que ha visto casi todo en la vida:

— Más ridículo sería no tomársela.

Esa es la historia de la foto con Luis Enrique, un honor camarada de la Luz.

Asociación Costarricense de Escritoras invita al Festival «Grito por la Paz» el 1 de setiembre en San Pedro

La Asociación Costarricense de Escritoras (ACE), en colaboración con la Comunidad Buen Vivir Costa Rica y con Bernal Monestel, del restaurante Mundo Loco, invita al Festival «Grito por la Paz: Mujeres de la ACE», un espacio donde, según señalan las organizadoras, «la palabra se levanta, denuncia y afirma la vida».

La actividad se realizará el lunes 1 de setiembre, de 6:00 p.m. a 9:00 p.m., en Mundo Loco, ubicado en San Pedro, calle principal, casi frente al Banco Popular.

Participan como narradoras y poetas: Adriana Hidalgo, Claire de Mezerville López, Elliette Ramírez, Laura Contreras, Laura Vásquez, Leda Cavallini, Julia Hernández, Marta Rojas Porras, Rocío Mylene Ramírez, Elena Monge, Isabel Falla y Shirley Ruiz Monge, esta última como invitada por Buen Vivir. También participa la escritora Anacristina Rossi.

La música estará a cargo de la cantautora Guadalupe Urbina y de la violinista Amanda Araya Vásquez.

Se solicita confirmar asistencia al 8865-7002, con Marta Rojas Porras.

Carta abierta al Ministro de Cultura

Los Premios Nacionales, la trazabilidad y una denuncia que no se acogió

Señor Jorge Rodríguez Vives

Ministro de Cultura y Juventud

Estimado Señor Ministro,

Quien suscribe, Paola Valverde Alier, con todo respeto, expongo:

Todavía recuerdo aquella mañana del 5 de febrero de 2025, un día después del anuncio de los Premios Nacionales de Cultura, correspondientes a la evaluación de las obras del 2024, cuando, por casualidad, junto a mi esposo, el escritor Dennis Ávila, lo encontramos a usted, feliz, presenciando el ensayo de una agrupación artística en el Ministerio de Cultura. Ambos nos acercamos para saludarlo y, gracias a su amabilidad, aproveché para comentarle las irregularidades que habían rodeado el proceso. Le conté que, apenas unos minutos después de publicar en mi perfil de Facebook un mensaje en el que felicitaba a las personas ganadoras, pero cuestionaba la ética del jurado (debido a la filtración indiscriminada de los resultados semanas antes de la premiación), recibí siete audios enviados por una integrante de dicho jurado.

Usted me escuchó. Y yo se lo agradecí.

En esos audios se describían situaciones que revelaban la opacidad del proceso. Entre ellas, la afirmación de que el premio iba a ser compartido conmigo, “pero no se pudo», y que mi libro había recibido una mención de honor.

Ese año las menciones de honor fueron eliminadas. Y, para ser sincera, ese reconocimiento nunca fue lo importante para mí. En 2015 recibí una mención de honor en un país donde, desde 1962, apenas trece mujeres han sido reconocidas con el Premio Aquileo J. Echeverría en Poesía, frente a más de cincuenta hombres. Entonces, lo que buscaba no era un diploma, sino comprender si el proceso había sido transparente.

Después de hablar con usted acudí a tres oficinas distintas del Ministerio para solicitar las actas del jurado. Quería saber si dicho jurado decía la verdad o no. Todavía sigo esperando respuesta al correo electrónico mediante el cual formalicé esa solicitud. En aquel momento debí citar el artículo 27 de la Constitución Política de Costa Rica, que ampara a los costarricenses a obtener información de carácter público.

Yo tenía un desánimo muy grande. Me preocupó escuchar a esa integrante del jurado afirmar que el desorden provenía del propio Ministerio de Cultura y Juventud. Según relató, a ella le llegaron en una misma caja dos libros de un mismo autor, lo que implicaba que otra persona integrante del jurado no había recibido, al menos en un caso, uno de esos libros para evaluar. Lo contó con la ligereza de quien comenta la calidad de una fruta en una feria del agricultor.

Usted comprenderá, Señor Ministro, que para quienes hemos dedicado la vida a la literatura y a la gestión cultural esto es serio. Lo que para algunos puede parecer un trámite administrativo para otros significa años de formación, trabajo y disciplina. Usted es artista, sabe a qué me refiero.

Dicho jurado me habló de otras irregularidades, incluso de conversaciones que ella mantenía con su esposo sobre las obras en competencia, quien, según lo que relató en los audios, le ayudó a leer y enjuiciar los libros de cada participante. Es probable que usted haya conocido ese material, porque los siete audios fueron protocolizados ante notario público y aportados como prueba al recurso de nulidad presentado por el escritor y abogado José María Zonta.

Ese recurso no se sustentaba únicamente en esos audios. También incorporaba documentos oficiales y desarrollaba dieciséis motivos de nulidad. Su Despacho respondió mediante un oficio de apenas dos páginas, sin abrir un procedimiento administrativo para investigar los hechos y sin desarrollar la motivación del acto administrativo y sin analizar cada uno de los argumentos planteados.

El miércoles 1 de julio, Señor Ministro, lo escuché comparecer ante la Asamblea Legislativa para presentar la reforma a la Ley de Premios Nacionales. Usted habló de filtraciones. Habló1 de transparencia. Habló de libros que concursaban una y otra vez hasta obtener un premio, cambiando de portada o de casa editorial.

No pude evitar pensar que muchas de esas anomalías ya estaban contenidas en el recurso de nulidad2 presentado por José María Zonta. Me satisface comprobar que, al menos en esos aspectos, aquellas advertencias terminaron encontrando eco en la reforma que hoy impulsa el Ministerio.

Pero Señor Ministro: los reglamentos existen. El problema no fue la ausencia de reglas. El reglamento actual de los Premios Nacionales establece requisitos claros para la conformación de los jurados, para el desarrollo del proceso y para la valoración de las obras. El problema también es quién fiscaliza el cumplimiento de esas reglas.

El 11 de junio del 2026 fui invitada a una mesa de diálogo3 en el Centro Cultural de España, como parte del ciclo El Nuevo (Des) Orden Literario, sobre las tensiones en el campo literario costarricense. Para prepararla decidí revisar los expedientes de los Premios Nacionales de 2022, 2023 y 2025. Lo hice porque quería ofrecer una visión coherente y comparativa seria, respecto al proceso del 2024. Y mientras más documentos solicitaba, más preguntas aparecían. Descubrí que el Ministerio no conserva los registros audiovisuales correspondientes al año 2023, a pesar de ser una exigencia de la Ley General de Administración Pública. Los de 2022, 2024 y 2025 sí existen. También recibí una respuesta oficial del SINABI indicando que los currículos de las personas que integraron los jurados de 2022 y 2023 no integran el acervo institucional, imposibilitando verificar posteriormente si cumplían con los requisitos reglamentarios.

De todo el material, hubo un hallazgo que me pareció anómalo.4 Al solicitar el listado de obras postuladas al Premio Aquileo J. Echeverría 2023 comprobé que ese mismo documento fue entregado de manera distinta al menos a otra persona que lo solicitó. Una copia conservaba visibles las anotaciones de los criterios de exclusión. La copia que recibí tenía esas mismas anotaciones cubiertas con tachones negros (Ver imágenes al final).

Hablo del mismo documento público distribuido en versiones diferentes, según quien lo pida. Desconozco el criterio de ocultación de esa información en una copia y en otra. Un documento público no puede ser modificado dependiendo de a quien se le entregue.

La transparencia, Señor Ministro, exige consistencia. Como documento público debió de ser entregado a quien lo solicitara en igualdad de condiciones.

Durante su comparecencia usted explicó que la reforma incorporará el ISBN como requisito para participar en la categoría de literatura. Señaló que ello permitirá dar trazabilidad a las obras y evitar que un mismo libro participe reiteradamente cambiando únicamente su portada. Celebro dicho propósito, pero creo que aquí conviene hacer una precisión técnica: el ISBN no identifica una obra, no constituye un diferenciador permanente de la obra intelectual.

Una misma novela puede tener un ISBN costarricense, otro español, otro argentino y otro mexicano, sin dejar de ser exactamente la misma obra.

Eso fue lo que ocurrió con la novela Donde Nadie del autor Carlos Villalobos, premiada en 20245. Dicha novela fue publicada primero en España con un ISBN otorgado a esa edición. Posteriormente fue publicada en Costa Rica por otra editorial con un ISBN completamente distinto. Ambos libros indicaban en su ficha catalográfica que eran “primera edición”. Siendo la del 2024 una “segunda edición”. Además, existen las dos boletas de postulación: una de 2023, donde el libro no fue premiado, y otra de 2024 donde obtuvo el galardón.

Me pregunto si el verdadero desafío consiste en incorporar ese número como requisito o en definir, con claridad, qué pretende controlar la ley. Porque el ISBN no basta por sí solo para identificar la historia completa de una obra.

Hay otro aspecto de la reforma que también me genera inquietud. Durante su comparecencia se planteó la posibilidad de convertir en jurados a las personas ganadoras de los Premios Nacionales. Comprendo la intención de aprovechar su experiencia y reconozco que muchas de ellas tienen una trayectoria impecable. Sin embargo, en un campo cultural tan pequeño como el costarricense, donde escritores, editores, gestores, docentes y jurados compartimos constantemente los mismos espacios, cualquier medida que amplíe las posibilidades de conflictos de interés merece ser analizada con cuidado. No se trata de cuestionar la honorabilidad de quienes han recibido un premio. Se trata de que las reglas de incompatibilidad, recusación y transparencia sean lo suficientemente claras como para proteger tanto a las instituciones como a quienes participan en los procesos.

Coincido con usted en algo fundamental, Señor Ministro, la calidad, la rigurosidad, la independencia y el prestigio de los jurados terminan transmitiendo, también, al prestigio de quienes reciben el premio. Precisamente por eso los jurados deben ser seleccionados con criterios objetivos y reglas claras para prevenir conflictos de interés.

Actualmente existe un Reglamento y es claro en ese punto.

También quisiera preguntarle por el proceso mediante el cual se construyó esta reforma. Participé en la primera mesa consultiva convocada por el Ministerio. Estuve sentada frente a usted y recuerdo que manifestó estar de acuerdo con los planteamientos presentados por el Movimiento Transparencia, que sostuvo la denuncia pública, firmada por dieciséis autores costarricenses.

Salí de aquella reunión convencida de que iniciaríamos un proceso amplio de diálogo con el sector cultural. Sin embargo, nunca recibí un correo de seguimiento, nunca recibí una llamada, nunca fui convocada nuevamente. Por eso quisiera preguntarle: ¿hubo una segunda o una tercera mesa de trabajo con el sector cultural? ¿Se volvió a consultar a quienes participamos en aquella primera reunión? ¿O el proyecto continuó sin ese diálogo?

Señor Ministro, a lo largo de estos años también le he reconocido públicamente los aciertos de su gestión. Le he agradecido su apertura al diálogo y la disposición para escuchar las preocupaciones del sector cultural. Precisamente por ese reconocimiento, y como creo que todavía estamos a tiempo de fortalecer nuestras instituciones, me permito hacerle una última petición: que el Ministerio de Cultura y Juventud abra un proceso administrativo para investigar los dieciséis motivos de nulidad documentados en el recurso presentado contra los Premios Nacionales 2024.6

Hace apenas unos días, la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia7 dio un ejemplo importante para la institucionalidad cultural costarricense. Tras un procedimiento administrativo, anuló un premio literario al concluir que existió plagio y dejó sin efecto la publicación de la obra ganadora. La EUNED demostró que una institución pública puede revisar sus propias fallas.

Las instituciones se fortalecen cuando rinden cuentas a la ciudadanía.

Esta reforma representa una oportunidad histórica para modernizar el sistema de Premios Nacionales de Cultura, pero también puede convertirse en la oportunidad de demostrar que la transparencia no solo mira hacia el futuro, sino que también tiene la valentía de revisar el pasado cuando existen hechos documentados que merecen ser investigados mediante el debido proceso.

Paola Valverde Alier

Poeta y gestora cultural

4 Incluir las muestras en anexo

Embajada de Italia y Biblioteca Nacional invitan a la presentación del libro La mamá de San Vito

La Embajada de Italia en Costa Rica y el Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI), invitan a la presentación del libro La mamá de San Vito: una historia de guerra, paz, amor y café, del escritor Marconi Rojas Thiele.

La actividad se realizará el miércoles 8 de julio de 2026, a las 4:00 p.m., en la Benemérita Biblioteca Nacional, en San José. Además de la modalidad presencial, la presentación será transmitida en vivo a través de la página oficial de Facebook de la Biblioteca Nacional:

https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Un homenaje a Juana Pirola y a la historia del sur de Costa Rica

La obra presenta una crónica histórica sobre Juana Pirola, partera y enfermera empírica que dedicó su vida al servicio de la comunidad de San Vito.

Según la presentación del libro, Marconi Rojas Thiele rescata el legado de esta mujer mediante un relato que entrelaza solidaridad, memoria y humanidad, y que busca poner en valor una historia que dejó huella en el sur de Costa Rica.

Como adelanto del contenido, la invitación comparte un fragmento de la obra:

«Le encantaba ir a la escuela, sobre todo los domingos, porque había actividades culturales y deportivas que rompían con la monotonía semanal; sus favoritas eran las que tenían que ver con actuar y cantar. Siempre esperaba con ansias ese día.»

Sobre el autor

Marconi Rojas Thiele nació en San Ramón de Alajuela en 1980 y creció en Cirrí de Naranjo.

Es educador de profesión y desarrolla labor docente desde 2007. Su interés por el análisis y la creación literaria ha motivado a numerosas personas estudiantes a acercarse a la escritura y a la literatura con curiosidad y entusiasmo.

Las instituciones organizadoras invitan al público a participar en esta presentación literaria, ya sea de manera presencial o mediante la transmisión en vivo, para conocer una obra que recupera la memoria histórica y el aporte de una figura emblemática de la comunidad de San Vito.

Javier Azofeifa Porras: el deseo de escribir entre periferia y capital será tema de nuevo programa de Alternativas

El programa Alternativas realizará un nuevo panel de reflexión bajo el título “Javier Azofeifa Porras: el deseo de escribir entre periferia y capital”, el próximo 26 de junio de 2026, a las 18:00 horas (UTC-6), con transmisión en vivo a través de Facebook Live, YouTube, Spotify y las emisoras amigas del programa.

El panel contará con la participación de Mario Valverde Montoya, filósofo y escritor, autor de tres libros de minirrelatos y ganador del concurso de poesía AGECO 2017; Javier Azofeifa Porras, estudiante de Filosofía de la Universidad de Costa Rica y escritor con publicaciones en antologías literarias y en Mural Fronterizo (2025); Tatiana Herrera Ávila, profesora de la Sección de Comunicación y Lenguaje de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica; y Luis Ángel Salazar Oses, profesor jubilado de Filosofía y Educación de la Universidad de Costa Rica y de la Universidad Estatal a Distancia.

El espacio forma parte de la programación de Alternativas, iniciativa que promueve el pensamiento crítico y el intercambio de ideas, y podrá seguirse también por las emisoras amigas Guanacaste 106.1 FM, Radio Soberanía, Radio Revolución, 506 Ondas Alajuelita y Voces Libertarias 97.3 FM.

Presentación de libro «Todo en la nada» del escritor de Miguel Fajardo

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi se complace en invitarle a la presentación del libro Todo en la nada» del escritor Miguel Fajardo y con la participación de  Dr. Jorge Chen Sham y Lic. Adrián Díaz Aguirre.

La actividad será presencial el jueves 18 de junio a las 4:00 p.m. en la Benemérita Biblioteca Nacional y también transmitida por el Facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Campo minado: legitimidad y poder en la literatura costarricense

El pasado 11 de junio de 2026, participé como ponente en el ciclo El nuevo (des)orden literario del Centro Cultural de España en Costa Rica. La mesa, titulada Campo literario, campo minado, fue moderada por el escritor Rodrigo Soto y contó con la participación de G. A. Chaves, Paul Benavides Vílchez, Guillermo Barquero y quien suscribe.
Lo que sigue es el texto íntegro de mi intervención. Es una investigación ciudadana documentada con fuentes primarias, registros audiovisuales públicos e información solicitada al Ministerio de Cultura y Juventud mediante el artículo 27 de la Constitución Política de Costa Rica.
Lo presento porque creo que esta información le pertenece a la ciudadanía.

Paola Valverde Alier
Poeta y gestora cultural

Desde mi temprana juventud he estado cerca de la poesía, de quienes la escriben y de quienes generan espacios para su difusión. La inocencia de esa época me hizo imaginar un campo inclusivo. La primera vez que esa burbuja se rompió fue a mis dieciocho años, durante la inauguración de una librería universitaria, cuando me acerqué a un poeta consagrado. Este me dijo: “muchacha, usted es muy bonita y las mujeres bonitas jamás escribirán buena poesía”.

Cuento la anécdota porque sus palabras me dejaron aturdida. En múltiples ocasiones me vi incomodada por acciones y comentarios extraños, salidos de tono, provenientes de figuras prestigiosas a quienes admiraba. Con los años entendí que experiencias similares eran compartidas por muchas otras personas. Algunas continuamos nuestro camino a pesar del acoso, las burlas y el temor a equivocarnos; otras se retiraron, agotadas por ese entorno.

Poco, o nada, ha cambiado desde que Yolanda Oreamuno escribió “El ambiente tico y los mitos tropicales”i. Las tensiones identificadas ochenta y cinco años atrás no desaparecieron con la globalización. Migraron de las ideas a los favores, de los manifiestos a los audios de WhatsApp. Pero siguen siendo, en esencia, lo mismo: pulsos sobre quién tiene derecho a ocupar el campo. Y esas tensiones se agudizan en un país que ha centrado su mirada en el Gran Área Metropolitana, la institucionalidad y los grupos de poder.

La diferencia entre otras épocas y el presente es que hoy resulta mucho más difícil ocultar ciertas prácticas. La información circula a gran velocidad, y muchas inconsistencias adquieren otra dimensión gracias a registros audiovisuales, publicaciones y huellas digitales. Pero este mismo entorno ha abierto espacios para nuevas formas de manipulación: perfiles falsos, hostigamiento digital y narrativas de victimización que circulan sin pasar por canales institucionales de denuncia.

Distorsionar un discurso o esconderse detrás de un seudónimo para atacar está hoy a solo un clic de distancia.

La literatura ha construido sus propias jerarquías: críticos, jurados, académicos, editores, autores consagrados. Muchos con excelente trayectoria y criterio, personas que han aportado a la construcción de una identidad cultural. Y otros que, convertidos en figuras intocables, se erigen como mediadores del valor literario y administran el acceso al reconocimiento dentro de sus propios espacios.

La escasez de apoyos estructurales es delicada en un país donde el respaldo a la creación literaria es limitado, a diferencia de otros países, donde existen múltiples programas de promoción, becas, publicaciones, traducciones, residencias literarias, fondos de creación o estímulos a la escritura. En un contexto así, los pocos mecanismos de reconocimiento existentes adquieren un peso enorme.

Antes de abordar las fracturas que he documentado debo decir que creo en el rigor y en la calidad de una obra, en los criterios editoriales y en el reconocimiento justo. También creo en personas e instituciones que han dedicado su vida al estudio, la academia, la investigación, la creación y la promoción literaria. En Costa Rica hay personas que hacen de la literatura un lugar honesto.

En este sentido es justo reconocer las iniciativas de las instituciones. Es cierto que el Ministerio de Cultura ha llevado a cabo en los últimos años la apertura de las puertas del Teatro Nacional al pueblo, el regreso del FIA a la Sabana y programas que descentralizan la oferta cultural fuera del Gran Área Metropolitana. Todas son iniciativas valiosas. Pero que las reconozcamos no significa que debamos bajar la guardia ante la fiscalización del uso de los fondos públicos cuando detectamos irregularidades. Como ciudadanos debemos ser críticos siempre y exigir mayor transparencia en todos los procesos.

El sesgo y las dinámicas de exclusión dentro del canon literario han sido objeto de cuestionamiento en múltiples ocasiones.

El año pasado coincidieron, sin pretenderlo, diversos episodios que salieron a la luz y reactivaron esas discusiones:

  • Un caso de plagio que involucraba un libro completo y la premiación de un poema en la Revista Nacional de Cultura.

  • Una obra con similitudes sustanciales publicada y premiada en dos países bajo títulos distintos, en certámenes que exigían obra inédita, uno de ellos premiado con fondos públicos y publicado por la Universidad Nacional de Costa Rica.

  • La doble postulación a los Premios Nacionales de una misma obra en años consecutivos —descartada en 2023 y premiada en 2024—, publicada en dos países bajo dos editoriales distintas, cada una con una ficha catalográfica que la identificaba como ‘primera edición’.

  • Cuestionamientos sobre el funcionamiento interno de un jurado y filtraciones de resultados que circulaban semanas antes de hacerse público el veredicto, entre otros episodios.

Todos son hechos verificables, respaldados por publicaciones e información solicitada al propio Ministerio de Cultura y Juventud mediante el artículo 27 de la Constitución Política de Costa Rica.

Conozco de cerca el caso de los Premios Nacionales del 2024 porque fui parte de quienes investigaron las irregularidades. Y en este sentido quiero aclarar que me involucré en la investigación porque los hechos llegaron hasta mí. Una mañana recibí varios audios de una persona del jurado en los que se hacía referencia a la filtración de resultados que ya circulaban en redes sociales. Llegaron unos minutos después de haber realizado una publicación en mi Facebook donde felicité a los ganadores, pero cuestioné la ética del jurado por las filtraciones que habían circulado. En dichos audios se formularon afirmaciones sobre el tratamiento dado a los libros participantes que, a mi criterio, evidenciaban un proceso opaco.

En ese momento yo tenía dos opciones: callar hasta que el premio me alcanzara o documentar. Yo elegí documentar.

La cultura ciudadana de rendición de cuentas no es un capricho, es una obligación. La Constitución Política de Costa Rica establece en su Artículo 9 que la institucionalidad debe operar con la mayor transparencia, garantizando nuestros derechos ciudadanos; y en su Artículo 11 que los funcionarios públicos deben rendir cuentas de la labor que realizan. Por ello “la acción para exigirles la responsabilidad penal por sus actos es pública”. Como costarricense, me amparo en ese derecho.

Los audios que recibí aquella mañana fueron presentados, debidamente protocolizados ante un notario público. Un jurado de Premios Nacionales ejerce una función pública dentro de un procedimiento administrativo regulado por el Estado.

En los galardones del 2024 se lograron identificar vacíos y fallas acumuladas. Al contrastar ese proceso con otros años, resulta llamativo que en 2023 una cantidad importante de obras fue marcada con criterios de exclusión claros, cito textualmente: reedición o segunda edición; autopublicación o sin editorial; ensayo académico; no es ensayo; el período no corresponde; antología o recopilatorio; ensayo fotográfico; libro didáctico o libro infantil.

Esos mismos criterios no se aplicaron en 2024, cuando se premiaron autopublicaciones y reediciones fuera del período, y fueron retomados en 2025 con mayor rigurosidad. Vale la pena señalar que el documento de obras postuladas del 2023 fue entregado de manera distinta a diferentes personas: en una versión las anotaciones son visibles, en la que me entregaron a mí aparecen tachadas en negro.

Cuando el reglamento se aplica con rigor para unos y con flexibilidad para otros, la confianza en el proceso se debilita. En los registros audiovisualesii de la reunión inicial del jurado de 2024, el presidente rechaza la adopción de criterios de evaluación, pese a que tres de sus compañeros plantean la necesidad de establecerlos.

Sus declaraciones resultan relevantes porque evidencian un rechazo expreso a la utilización de parámetros diferenciados de valoración. Otro hallazgo en 2024 fue que ningún miembro del jurado contaba con la formación en dramaturgia exigida por el Artículo 5.d del Reglamento de Premios Nacionales.

Al ver estas inconsistencias, solicité los registros de otros años para ofrecerles a ustedes, esta noche, una comparativa. El Ministerio indicó que no contaba con los videos del 2023. Los de 2022, 2024 y 2025 sí existen. Esto es muy delicado porque la Ley General de Administración Pública obliga a grabar en audio y video las sesiones de los órganos colegiados, garantizando el acceso ciudadano a dicha información.

También se confirmó por escrito, mediante respuesta del director del SINABI, que los currículos de los jurados de 2022 y 2023 no existen en el acervo institucional.

¿Cómo se seleccionan los jurados? ¿Quién verifica su idoneidad?

La administración pública es continua. Nadie puede justificar la ausencia de registros o documentos achacándola a otra administración.

Para concluir el relato de lo ocurrido en los Premios Nacionales del 2024 debo decir que el escritor y abogado José María Zonta interpuso un recurso de nulidad con 16 motivos documentados. Fue respondido con apenas dos páginas sin sustento normativo ni jurisprudencial, a diferencia de otros recursos que se han respondido con resoluciones extensas, argumentadas y con sustento jurisprudencial. Quiero ser muy clara: nunca se cuestionó el fallo, que es inapelable, ni la calidad de las obras premiadas. Lo que se cuestionó, con documentación suficiente, fue el mecanismo previo.

A pesar de no haber dado trámite formal a la denuncia, el Ministerio de Cultura lanzó una consulta ciudadana para la reforma a la Ley de Premios Nacionales. La nueva Ley está hoy siendo revisada en la Asamblea Legislativa. Eso indica que la discusión generó incidencia.

Quisiera señalar que esta fue una investigación ciudadanaiii, realizada con nuestro tiempo y recursos, sin financiamiento institucional. Hay mucho más por comprender, el tema merece una investigación más profunda. Ojalá alguien tome nota.

Yolanda Oreamuno lo dejó por escrito: «Al que pretende levantar demasiado la cabeza sobre el nivel general, no se le corta. ¡No! Le bajan suavemente el suelo que pisa, y despacio, sin violencia, se lo coloca a la altura conveniente.». Y si se cuestiona demasiado, “rápidamente, sin pleito ni molestias, usted estará silenciado.”

El castigo a quienes hablan adopta distintas formas, como ocurrió en el I Coloquio de Literatura Costarricense Contemporánea de la Universidad Nacional, donde se abordó el tema de los Premios Nacionales sin dar voz a quienes sostuvimos la denuncia, reduciéndola a un acto de «escarnio público». Y eso, paradójicamente, confirma todo lo que este texto señala.

Aquella frase que recibí a los dieciocho no era solo un prejuicio estético: era la manifestación de un sistema que se cree dueño de la legitimidad.

Se dice popularmente que Costa Rica no tiene memoria y que a los tres días se olvida todo. Pero entonces, ¿cuál es el papel de la memoria? ¿Qué será de nuestra literatura si preferimos tapar los hechos antes que comprenderlos?

La memoria también es aquella persona que un día te dice: «soy un brujo; en cinco años te veré a los ojos y te diré que aquí no pasó nada.»

La memoria existe precisamente para recordarnos que sí pasó.

Estamos ante el trauma de la palabra. Si no hay un cambio corremos el riesgo de una literatura sorda. Un campo fragmentado a pedazos. Un Frankenstein en busca de un padre.

Arrancándonos los ojos. Desollándonos la piel.

¿Por qué nos cuesta tanto la empatía? ¿Por qué molesta la crítica o la fiscalización?

Tengamos sentido de la responsabilidad.

Todo funcionario o institución, llámese oficina, universidad, asociación, ONG, que toque fondos públicos debe estar abierta a la rendición de cuentas. Todo beneficiario también.

Los actores del campo literario somos todos. Por eso, el Artículo 33 de la Constitución Política nos recuerda que toda persona es igual ante la ley. Nadie está por encima de ella.

Desactivemos las minas y activemos la colaboración, la co-creación, la empatía orgánica de comunidad. Dejemos atrás los mitos tropicales, las mezquindades y los compadrazgos. Costa Rica merece un debate a la altura.

Seamos adultos. Ha llegado la hora de madurar.

Cierro con una pregunta: ¿cuál es el compromiso que asumimos hoy para incidir y transformar esta historia?

Muchas gracias.

Leyenda del indio Venancio llegará al auditorio del Museo Nacional

Por Uriel Rojas

Conferencia será este jueves 21 de mayo

El programa “Reflexiones desde el Bellavista” del Museo Nacional de Costa Rica presentará este jueves 21 de mayo, una Conferencia sobre la Leyenda de Venancio Mora y estará a cargo del antropólogo José Luis Amador, autor del libro.

Esta actividad se llevará a cabo en el Auditorio del Museo Nacional de Costa Rica, ubicado en Cuesta de Moras.

Amador se ha especializado en temas culturales de la Región Sur costarricense y recientemente ha publicado un libro titulado Venancio Mora y el árbol mágico de Palmar Sur.

La leyenda narra una confrontación entre Venancio Mora y la Compañía Bananera que se empeña en cortar el árbol, bajo el pretexto de que sus ramas impiden el adecuado descenso de las aeronaves en el campo de aterrizaje de Palmar Sur, colindante con la finca de Venancio.

La charla está orientada a develar aspectos históricos y simbólicos presentes en la leyenda.

Los interesados en adquirir el libro pueden hacerlo en la librería Bodeguita Cultural en Calle de la Amargura, San Pedro Montes de Oca o bien por correo a precio de costo.

Informes en el Whatsapp 7177 7546.