Hay una escena que se repite una y otra vez en nuestro país, “Las pavas les tiran a las escopetas”, los farsantes y manipuladores se roban el “show”, hacen circo y manipulan al pueblo costarricense con falsas promesas.
El gobierno de Rodrigo Chaves 2.0 se autodefine como un supuesto “enemigo” de las élites económicas, habla contra los privilegios y se presenta como la voz del pueblo. Pero cuando llega el momento de gobernar, las decisiones siempre terminan favoreciendo al mismo sector financiero y empresarial que concentra la riqueza del país, mientras las cargas recaen sobre quienes viven de su trabajo. Esa es la verdadera hipocresía, el discurso cambia, la estructura de poder permanece intacta.
Cada reforma fiscal, cada intento de trasladar impuestos al consumo, cada congelamiento salarial, cada debilitamiento de los servicios públicos y cada ataque a la organización sindical terminan protegiendo el mismo modelo económico. Un modelo donde la riqueza producida por millones de trabajadores termina concentrándose en pocas manos, mientras el pueblo recibe salarios de hambre, servicios públicos deteriorados y un costo de vida cada vez más alto.
Sin embargo, tampoco basta con creer que el problema se resolverá únicamente aprobando algunos proyectos de ley para combatir la evasión o haciendo más eficiente la recaudación tributaria. Esa es la enorme limitación de la propuesta que presenta el Frente Amplio.
Por supuesto que combatir la evasión y la elusión fiscal es necesario. Nadie puede defender que los grandes capitales sigan ocultando fortunas mientras el pueblo sostiene el Estado con impuestos indirectos. Pero convertir esa lucha en el centro de toda una estrategia política significa aceptar que el capitalismo puede corregirse desde adentro y que el Estado, construido históricamente para garantizar la reproducción del propio sistema, terminará disciplinando a quienes concentran el poder económico.
La experiencia demuestra exactamente lo contrario.
Los grandes grupos financieros y empresariales no dominan únicamente porque evaden impuestos. Dominan porque controlan buena parte de la economía, influyen sobre las instituciones, financian campañas políticas, moldean la opinión pública y condicionan las decisiones fundamentales del Estado. Pensar que esa correlación de fuerzas puede transformarse únicamente mediante reformas parlamentarias es sembrar expectativas que difícilmente podrán cumplirse por sí solas.
Mientras el gobierno protege los intereses del gran capital y el reformismo deposita su esperanza en nuevas regulaciones, el pueblo sigue esperando respuestas que nunca llegan.
La historia de Costa Rica, como la de tantos pueblos, demuestra que las grandes conquistas sociales nunca nacieron de la buena voluntad de los gobiernos ni de la generosidad de las élites económicas. Fueron producto de la organización popular, de la movilización social y de la capacidad del pueblo para convertirse en un sujeto político con fuerza propia.
Por eso la tarea más urgente no es confiar ciegamente ni en un gobierno que administra el modelo neoliberal ni en la ilusión de que unas cuantas reformas fiscales bastarán para humanizar un sistema construido sobre la brutal explotación de la clase trabajadora, la tarea es mucho más profunda.
Hay que reconstruir la organización popular desde los barrios, las comunidades, las provincias, los centros de trabajo, las universidades, el campo y cada espacio donde hoy el pueblo enfrenta las consecuencias de un modelo que concentra riqueza para unos pocos y precariza la vida de las grandes mayorías. Comunidades organizadas y luchando, es la tarea fundamental para esa construcción desde abajo.
Ningún cambio verdadero será obra de un caudillo, de una bancada parlamentaria o de un tecnicismo jurídico. Los cambios profundos siempre nacen desde abajo, cuando el pueblo organizado deja de pedir permiso para defender sus intereses y comienza a disputar el rumbo del país. La acción política también debe buscar cumplir esa tarea, «teoría y práctica» decimos los comunistas.
Esa diferencia la marcaban los diputados comunistas, la curul era el espacio que utilizaban para hacer propuestas a favor del pueblo que marcaban la diferencia, luego se ponías las botas, se subían las mangas y se plantaban junto al pueblo en la lucha por sus derechos. La alfombra roja quedaba para otros, no para los comunistas. Así que, Rodrigo Chaves, deje de vender humo de una supuesta «lucha» contra comunistas.
El pueblo es, ayer como hoy, la única fuerza capaz de enfrentar el poder del capital y abrir el camino hacia una transformación estructural de la sociedad, la construcción de una verdadera democracia popular.
«¡Que tiemblen las clases dominantes ante una revolución comunista! Los proletarios no tienen nada que perder salvo sus cadenas». Esto significa que los trabajadores más pobres no tienen riquezas y deben unirse para cambiar el sistema”. Manifiesto Comunista
“…Cito en este preciso momento a Walt Whitman, de su texto Hoja de hierba. Abro comillas: “… no olvidemos que la primera de las revoluciones de nuestra tiempo, la que inspiró a la revolución francesa y a las nuestras, fue la de América y que la democracia fue su doctrina /…/ Del porqué de esta cita, se estarán preguntando ustedes. Por una razón muy sencilla, al Comandante Hugo Chávez le correspondió crear una revolución de amor, de paz, de solidaridad, antimperialista, y de democracia avanzada. En fin, Chávez simplemente actualizaba el valor de la doctrina y la ideología del Libertador Simón Bolívar al contexto actual de la lucha de clases” León Triba
Permítasenos utilizar la analogía del banco, ese instrumento que usamos a diario para sentarnos y que lo vemos cotidianamente, pero no preguntamos por sus partes componentes.
Por lo general un banco está compuesto por las siguientes piezas: el asiento o tablones, las patas (vamos a hablar del banco de cuatro patas), los travesaños o largueros, el respaldo, el reposabrazos, el faldón, los apoyapies y obviamente los clavos o el pegamento.
Ahora bien, todo proceso de transformación profunda, todo cambio que invoque al poder popular, al acercamiento o a la toma del poder repite esos elementos, pero desde la teoría de la organización, a saber:
Organización popular
Formación político-ideológica
Información (pero información sin acción, no sirve para nada
Unidad en la acción
Conciencia de clase
Disciplina militante
Proyecto político
Partido político
Con respecto a la metáfora de las cuatro patas, tendríamos que decir, de manera muy puntual, referir asimismo y hacer el señalamiento de los cuatro principios básicos que permitirían el triunfo de cualquier proyecto alternativo, al cual se aspire desde la conciencia de clase.
Si no existe organización popular, es difícil hablar de un acercamiento al poder y mucho menos a la toma del poder a partir de las clases subalternas.
Pero aun teniendo satisfecha esta primera fase. La organización popular sin formación política-ideológica, solamente es un intento vano de construir poder popular y alternativo. Satisfechas las dos etapas anteriores: organización y formación, es imprescindible la información. Aquí la educación formal e informal son fundamentales para articular los dos aspectos anteriormente señalados. El pueblo, las bases, los sectores populares deben estar informados. Pero la información sin acción no sirve para nada. Esas tres patas del banco, obviamente, caminarían renqueando, sino tienen a la base la articulación mediante un partido político de clase.
Estamos absolutamente convencidos de que no se puede prescindir de los cuatro componentes restantes. Pero sinteticemos diciendo que, la organización, la formación, la información y el partido, forman la estructura en donde se articula y se arma el tejido social, para aspirar a las transformaciones profundas, que requiere la sociedad a partir del motor de la historia: la lucha de clases.
Si la “nación es una comunidad imaginada”, las clases sociales, son elementos esenciales y concretos de esa realidad. Si una sociedad levanta su estructura sobre la lucha de clases sociales, estas son, finalmente, el resultado irreconciliable de sus intereses de clase.
Tal vez sí quisiéramos ser más rigurosos, podríamos decir que para que las patas de ese banco caminen, habría que recurrir a algunas categorías que hoy son imprescindibles. “La sociedad civil y la sociedad política, la crisis orgánica, el bloque histórico, el optimismo de la voluntad, el centralismo democrático, el poder moral, el valor de la comuna, vanguardia, partido y masa, entre otros.
Pero aquí lo que queremos destacar, fundamentalmente, es que el problema de la toma del poder, no es una acción mecánica, técnica o militar. Al contrario, el acercamiento o la toma del poder es un proceso que se requiere, teórico y práctico y fundamentalmente político, cultural y estratégico. Aquí la complejidad de la teoría aumenta su grado, pues nos lleva a descubrir las profundas contradicciones que se dan entre la estructura y la coyuntura, el fracaso de las revoluciones populares, el ascenso del continuismo disfrazado de populismo de derecha y la afirmación del neonazifascismo de las sociedades actuales en América Latina.
El problema entre hegemonía y consenso, repitámoslo aquí plantea, la urgente tarea del proceso de la lucha cultural e ideológica reclama, indeclinablemente al ejercicio de la organización, la formación, la información y la construcción del partido.
No buscamos aquí, ningún tipo de afirmación, al contrario, dejamos abierta toda nuestra propuesta para enriquecerla. Tampoco hemos podido abordar la totalidad de elementos señalados. Esto debe ser un ejercicio mucho más vasto, colectivo y de discusión orgánica. Volver a situar la teoría de las clases sociales, la conciencia de clase y la lucha de clases como ejes necesarios en el debate y el desarrollo de las ideas, para la acción
Vamos, sin embargo, a dejar aquí una sangría militante, para abrir las venas del debate colectivo de los sindicatos, de las organizaciones sociales y populares que aspiran y luchan por una sociedad de mayor justicia e igualdad social.
El primero de mayo en Costa Rica expuso algo más que una jornada de conmemoración: reveló las tensiones entre poder político, discursos religiosos y capacidad de movilización social, en un momento que podría marcar un punto de inflexión para la democracia.
Puede ser que hoy día la relación con la política sea emocional más que racional. Esto puede manifestarse no solo en la acción, sino también en el análisis: uno mismo no escapa a ello. Sin embargo, el intento de reflexionar y opinar racionalmente —aunque sea eso, un intento— sigue teniendo valor.
Este primero de mayo se celebraron tres actos importantes. Por un lado, la misa en la Catedral Metropolitana, en la cual el arzobispo de San José, José Rafael Quirós, se pronunció —como lo ha venido haciendo la Conferencia Episcopal— en defensa de los derechos de los trabajadores, así como de la seguridad social y el acceso a la salud.
Mientras tanto, en la Asamblea Legislativa, sin mayores sorpresas, el partido de gobierno capturó todos los puestos del directorio. Lo más significativo en ese recinto fue la formación de un bloque conjunto de los partidos de oposición para enfrentar al oficialismo, sumando un total de 26 diputados. Es un bloque con mucho potencial, si se cuenta con estrategia mas allá de la cantidad de votos.
En las calles, por su parte, se realizó la marcha en conmemoración del Día de los Trabajadores, con gran participación de organizaciones sindicales, sociales y universitarias.
Pero debemos llamar la atención: este no fue un primero de mayo cualquiera. Estamos ante la posibilidad de un parteaguas. Una de las posibilidades es que se profundice una intentona política de concentración de poder, con una particularidad: asoma en el panorama una alianza entre una élite política que busca consolidarse y una secta vinculada al protestantismo neoconservador. Detrás de ello no solo hay intereses por concentrar poder y aprisionar instituciones.
Existe, además, una turbia red de intereses político-económico-religiosos que desafían las fronteras de los negocios legítimos, junto con mecanismos de encubrimiento e impunidad, incluso frente a supuestos delitos graves. No se trata solo de negocios turbios, sino también de violencia y agresión sexual.
Por eso, la marcha de este día podría servir como un proxy imperfecto de la resistencia social. Hay que decirlo sin candor: la fuerza todavía no es suficiente. Si bien se intenta mostrar músculo, faltó energía. La movilización no sumó mayores contingentes de trabajadores y grupos sociales a los vistos en años anteriores. No contamos con evidencia dura; es una percepción. Sin embargo, el desfile mostró entusiasmo, emoción y entrega; pero no se muestran cambios en la movilización.
Como siempre, destacaron organizaciones gremiales que consistentemente suman y crecen. Los maestros y profesores, no por casualidad, fueron la excepción que confirma la regla: seguimos siendo un país de maestros y no de soldados. Esa sigue siendo Costa Rica, pese a las traiciones del gobierno hacia los pensionados.
Pero otros sindicatos ni asomaron: grandes organizaciones que anteriormente destacaban por su combatividad. ¿Dónde están? ¿A qué responde su silencio? Se pudo observar una variedad de otras organizaciones sindicales con una representación que no superaba en mucho al número de integrantes de sus juntas directivas, entre ellas algunas de las universidades públicas, que hoy demandan apoyo popular para su lucha presupuestaria. Nuevamente, los jóvenes estudiantes universitarios no solo agregaron consignas sino combatividad.
Pero hay una paradoja: la homilía del arzobispo de San José advierte sobre un riesgo inminente, el deterioro de los derechos laborales. La reciente Carta Pastoral de la Iglesia Católica, pasó lista por importantes desafíos sociales.
Desde nuestra perspectiva, entre los primeros derechos amenazados estarán los beneficios otorgados por convenciones colectivas, de los que disfrutan muchos que hoy pasaron por alto su participación en la manifestación. Cada marcha es no solo una conmemoración, sino también un acto de presencia en el que se planta cara en defensa de nuestros derechos laborales y sociales.
El acuerdo entre fuerzas de oposición en el Congreso, mientras tanto, abre una perspectiva para el optimismo. Pero no es suficiente. Las contradicciones con la alianza en el poder no se reducen al Parlamento ni al Poder Ejecutivo; tampoco se agotan en los demás poderes del Estado. Se trata de una lucha social que desborda lo institucional y se proyecta en los territorios, en los sectores y en las comunidades.
Por eso, hoy no solo hizo falta mayor capacidad de movilización: queda en evidencia que seguimos ayunos de organización, de formación y de educación política, así como de niveles más altos de conciencia social. Este déficit obliga a algo más que a salir a la calle: exige transformar nuestras formas de organizarnos, de hacer política, de resistir y de construir alternativas. Al entusiasmo y la emoción debemos sumar mayor capacidad de reflexión y de acción.
Porque el desafío no es únicamente resistir, sino reconstruir. Y aunque hoy las fuerzas parezcan dispersas, en cada espacio donde se organiza la gente, donde se defiende un derecho o se teje comunidad, ya está germinando el país distinto que aún es posible construir.
Pese a que abundan los diagnósticos de la enfermedad que se manifestó en las elecciones cabe agregar algo. Visiono un gran domo sobre la parte central del país, donde conviven con los miserables “urbano marginales” (les dicen), los privilegiados, que gozan de facilidades que los identifican como clase. Entre ellos, el acceso a la educación, a trabajos de corte intelectual, a vivienda segura, a transporte privado, a supermercados, a compras por Internet, a televisión por cable, al cambiante mundo virtual que los conecta. Domo en el cual, como se hacía hace unos años en el Club Unión, mientras los «de arriba» esquivan a los que sufren el día a día, se reúnen a dialogar, igual de política como de fútbol, para luego irse a dormir tranquilos mientras sus casas son cuidadas por guardas nicas.
Y como no están (o más preciso, no estamos) solos, los demás, los silenciosos, los hambrientos, los poco abrigados, los sin estudio que «camaronean» el día a día en lo que denominan “trabajos informales”, solo acatan a mirar mientras guardan tímido (aunque sostenido) silencio, ajenos a lo que planean en sus “tablets” los que sí son parte de un tejido social organizado que maneja su propio idioma. Son los que no son imprescindibles para los que les llaman para un sin fin de tareas, quienes pese a ser multitud, son casi intencionalmente invisibles pues estorban a algunos… aunque están allí.
Es pues un domo en que abundan desigualdades y las injusticias como patrón.
Por otro lado, fuera de ese domo con aire acondicionado, tenemos la otra Costa Rica. La de las amplias comunidades costeras acechadas por la miseria, desconocedoras de la «virtualidad» que no les interesa pues no les da de comer, y que se pasan las horas del día y la noche rumiando sus penas. Si algunos tienen teléfonos celulares prepago, solo son usados para breves mensajes de texto. Son mujeres y hombres sin esperanza, olvidados, que se sienten desechables, despreciados por los que se creen nobles de un reino tropical, cuyos hijos, cuando van a la derruida escuela, lo hacen solo para comerse un gallito antes del mediodía. Obreros y campesinos desempleados, de carne y hueso, que nos recuerdan las tragedias de Mamita Yunai, Murámonos Federico, El Árbol Enfermo…, obras que por supuesto, jamás han leído. Analfabetos por desuso, que, en el fondo de sus pensamientos, desean mejores días para ellos y sus hijos. Mujeres y hombres que en su mayoría se han dado por vencidos, pero que aún guardan un poquitito de esperanza, como lógica aspiración humana.
Pues amigos, esos miserables, dentro y fuera del domo, son los que han estado recibiendo por más de tres años, visitas bien programadas que han requerido un poquito de organización local, para recibir a quien dice ser igual que ellos, su redentor pagano. El que está allí para enfrentar a los corruptos que por tantos años les han negado la justicia que merecen. Perverso presidente que les dice «soy uno de ustedes, por lo cual hemos de luchar hombro a hombro para acabar con los corruptos, y así traerles el bienestar que los ladrones políticos que ustedes conocen les niegan a ustedes». Reuniones “de campaña electoral” financiadas con bienes del Estado, que cubrían, gracias a transportes contratados, áreas más grandes que las que se presentaban como el lugar del discurso, para que el impacto, luego multiplicado por televisoras locales, tuvieran el efecto esperado.
«Visitas» que no eran más que una bien diseñada campaña política permanente, intensa, a nivel de comunidades, con recursos financieros ilimitados, que fueron seguidas sin pensar en lo que se estaba construyendo alrededor de un personaje hábil y mentiroso.
Estrategia desarrollada a nivel de poblaciones, demagógica, populista, pero caída en terreno fértil, sin oposición alguna. Y sucedió así mientras los llamados quizá a enfrentarla con mensajes y organizaciones en las mismas comunidades, estaban muy ocupados escribiéndose en chats de WhatsApp, votando incisos en la Asamblea Legislativa, y multiplicando mensajes cargados de información valiosa que, dentro del domo solo tenían como receptores a los que hasta niegan que hay cientos de miles de costarricenses que no tienen más que una comida diaria. Habitantes de tugurios que, cual si vieren un avión volar hacia destinos desconocidos, así escuchaban tal vez algo de lo que la “clase política” muy formalmente debatía, sin que les provocara reflexionar acerca de lo que no les interesaba, pues de Montesquieu creen que es quizá un futbolista francés.
Erradamente se creyó que la «virtualidad» ingresaba a las chozas y tugurios, mientras el trabajo organizativo, en las comunidades, en las bases, pretendió sustituirse por mensajes por Internet que no les llegaban. Se creyó que el líder comunal que se quería ubicar, según sus características y su capacidad, podría ser el regidor dueño de un celular prepago, y no el compañero que (con la excepción de alguna organización sindical como la ANEP), sí se le involucró genuinamente en la defensa de sus derechos y la organización de lucha. Las enseñanzas de la batalla contra el TLC, con sus comités patrióticos y el trabajo voluntario por todo el país, lamentablemente se desdeñó, pues se creyó más en la comunicación digital que solo opera al interior del domo (parcialmente) y es extraña fuera de él.
Así, Chaves disfrutó ese vacío dejado por los políticos, estrategas y otros, y entendió muy bien, que, apoyado en su red de comunidades en todo el país, que lo que con sus groserías incomodaba a muchos del domo, era, por otro lado, motivo de algarabía fuera del mismo, así como entre los hambrientos que conviven con la opulencia que se exhibe en ciertos lugares dentro del mismo.
Claro que sería injusto no reconocer que nuestros intercambios, escritos, entrevistas radiales y videos, entre otros, tuvieron el importante efecto de evitar que el chavismo fascista no alcanzara al menos 38 diputaciones. La selección de un compatriota ejemplar como el candidato presidencial de un PLN renovado, fue vital para que muchos de los reunidos en la parte central del país, acudieran a votar informados, contribuyendo así para que no se diera un resultado electoral que, por poquito, nos habría conducido casi inevitablemente hacia un régimen dictatorial que hoy nos tendría mucho más preocupados.
Pero más allá de ese trascendental logro, en las provincias costeras, regiones indígenas y habitantes de la marginalidad tanto urbana como rural, esos mensajes no germinaron; eran cual semillas infértiles que se llevaba el viento.
Antes que criticarlos, en esas poblaciones se está pagando el alto precio del abandono casi eterno, mutado hacia el resentimiento justificado contra los que les han maltratado por años, y que Chaves, cínicamente, les usó para sus egoístas intereses.
En fin, pensando a futuro, si esa visión valle centrista no se sustituye por un esfuerzo solidario hacia los costarricenses de segunda y tercera clase, más antes de lo que pensamos, se podría estar ante la situación que la Providencia contribuyó a sortear. Las estrategias (que son varias) habrá de redefinirlas según sean las características de las comunidades que, ha de valorarse así, son fundamentales para el fortalecimiento de nuestra democracia.
Como bien sabemos, la campaña electoral recién pasada culminó con el triunfo arrollador (en las urnas, es decir, en los votos emitidos, pero no así en el padrón electoral, que nos da el número de ciudadanos con derecho a votar, ejerzan o no ese derecho) de la candidata oficial y su partido. Esta campaña debe ser analizada con especial atención, pues no es una campaña más como las que se sucedieron ininterrumpidamente desde que la Constitución Política de 1949 rige la marcha de la política nacional. Esta campaña representa un salto cualitativo en nuestra historia política, lo cual significa que, a partir de ahora, viviremos una Costa Rica inédita, una Costa Rica que no tiene marcha atrás, nos guste o no nos guste. Habitualmente hemos hablado de que el Estado Social de Derecho está en juego, por lo que las fuerzas sociales y políticas del país se dividen entre quienes lo defienden e, incluso, desean ampliarlo y quienes lo combaten. Estos últimos emplean para lograr sus objetivos, en no pocas ocasiones, métodos autoritarios que rozan la Constitución, como en esta campaña, en que se incrementó el choque entre los dos polos ideológicos; por lo que se desarrolló con una confrontación en que, en no pocas ocasiones, afloraron los insultos y amenazas de agresión física, sobre todo, a través de las redes sociales.
En mi opinión, esta polarización tiene una raíz nueva que va más allá de la anteriormente mencionada. Es el contrato social básico en que se funda nuestra vida republicana, el que se ha roto tan hondamente que alcanza los orígenes mismos de la creación del Estado Nación, desde los ya los lejanos días de Don Braulio Carrillo y la Guerra de la Liga (1835), la segunda guerra civil de nuestra historia patria. Esta guerra civil que enfrentó a San José con las otras provincias vecinas y les infligió una derrota de la cual nunca se repusieron, trajo como consecuencia que la creación del Estado Nación convirtió al ganador en epicentro de la vida política, cultural y económica de la naciente nación. Poco a poco y de manera inexorable San José se fue engullendo a las ciudades vecinas, hasta el punto de que la GAM no es hoy más que un vecindario de San José. Pero ahora lo que debemos preguntarnos es qué tipo de nación queremos ser en la nueva era, en cuyos dinteles los más recientes eventos políticos nos han puesto. Comencemos por indagar qué pasó en el resto del país, ese que yo llamo LA OTRA COSTA RICA, esa Costa Rica que no gozó en el mismo grado de los beneficios que implica la concentración prácticamente omnímoda y, con ello, el disfrute del poder estatal.
Sin embargo, no deja de ser paradójico que la élite gobernante haya entregado las provincias costeñas al capital extranjero, especialmente de origen anglosajón. En concreto, con los liberales como D. Bernardo Soto, gran parte de la, hasta entonces inhóspita región del Caribe, fue entregada en las codiciosas manos del empresario inglés Minor Keith. Posteriormente, la situación se agravó con la construcción del ferrocarril, que indujo a los ingleses a traer trabajadores chinos, italianos y, particularmente, jamaiquinos en condiciones que rayaban en la esclavitud. Posteriormente se instaló la Compañía Bananera que, luego de la huelga de 1934, se trasladó a las regiones del Sur de Puntarenas (popularmente conocida como “Zona Bananera”). Todo el país que no fuera lo que hoy es la GAM se convirtió en la periferia de ésta, se entregó a las empresas transnacionales y la jurisdicción del Estado Nacional se redujo – y con ello la democracia real – a un mero formalismo. Porque sin soberanía no hay democracia real. El vacío dejado por el Estado Nación está siendo hoy en día llenado por la penetración de las mafias del narcotráfico. Éste se lleva a cabo actualmente por vía marítima. En concreto, en aguas del Océano Pacífico va hacia los Estados Unidos un 85% de la droga proveniente de los países de Sur América, porque el país del Norte, albergando tan sólo el 5% de la población mundial, consume un 30% de ese maléfico producto. Por su parte, desde nuestras costas del Caribe se trafica la droga hacia Europa, que consume 20% de la droga del mundo entero.
Lo dicho constituye el trasfondo de lo que ha pasado en la campaña recién pasada en las provincias costeñas. Como el chavismo no se ha organizado como un partido que merezca el calificativo de tal, sino que no pasa de ser un conglomerado heterogéneo unido tan sólo por el culto a un caudillo, el actual presidente Rodrigo Chaves, su candidata Laura Fernández buscó y logró concretar un acuerdo político con los pastores evangélicos de la región, dado que en las dos provincias porteñas ya los católicos son minoría. Esa alianza, coyuntural por el momento, nos recuerda el régimen político imperante durante los siglos de la Colonia entre el clero católico y la Corona Española, llamado en sociología de la religión “régimen de cristiandad”; según el cual el clero recibía privilegios del Estado a cambio de una lealtad acrítica. El gran perdedor de este pacto fue Fabricio Alvarado, quien había sido un furgón de cola del gobierno, hasta el punto de que en la nueva configuración de la Asamblea Legislativa su partido ni siquiera logró sacar un diputado. Esto explica el triunfo arrollador logrado por el chavismo que llevó como candidata, hasta hace poco una figura anodina en el ámbito político, que fue impuesta a dedo por el propio presidente Chaves. Quienes votaron por el Partido Pueblo Soberano no lo hicieron por Laura Fernández sino por Rodrigo Chaves, el gran triunfador de esta campaña. Por lo cual mucho me temo que nos estemos encaminando hacia un régimen caudillista, que tratará de impulsar aquellas reformas a la Constitución que lo faculten a gobernar a su gusto y talante. Lo que está en juego no es sólo la democracia, sino el régimen republicano forjado por nuestros próceres en el siglo XIX.
Frente a tan amenazante perspectiva, sólo cabe como alternativa patriótica el forjar la unión de todos aquellos que creemos que, en una crisis como la actual, no basta con defender el estado social de derecho que reproduzca tan sólo nuestra actual democracia representativa; hay que ir más allá en vistas a lograr poner las bases políticas para crear una democracia directa, popular y participativa. Para ello se debe comenzar por hacer un trabajo político en las zonas donde el chavismo se ha arraigado. No se trata solamente de que el Estado central asuma un papel protagónico para resolver a corto plazo los graves problemas que, dado el atraso en que con sistemática negligencia los han tenido los gobiernos anteriores, incluido el actual. Como primer paso se debe promover una organización desde las bases populares. En esto los partidos políticos deben jugar un papel protagónico; por lo que deben dejar de ser tan sólo aparatos burocráticos que consumen los descomunales recursos de la deuda política en hacer una contienda electoral que tiene más de “marketing” que de campaña masiva de formación cívica. Es en la sociedad civil donde se juega el futuro de la democracia. Sólo con una organización que desarrolle la conciencia cívica de toda la población y la implique en sus luchas, se logrará la construcción de una democracia viva. Sólo así será posible superar el clientelismo. Los dirigentes políticos de las zonas periféricas, especialmente de las municipalidades, no deben comportarse como mendigos pidiendo limosnas a quienes gobiernan desde la GAM, sino como ciudadanos que ejercen sus derechos constitucionales en igualdad de condiciones. Los derechos no se mendigan, sólo se logran mediante organización y luchas comunales. La democracia comienza desde abajo. La democracia real debe llegar hasta el último rincón de la Patria.
Si votar sirviera para cambiar algo, ya estaría prohibido. Eduardo Galeano.
El gobierno actual es el “revelador” de una institucionalidad agotada, que ha quedado al descubierto.
Su forma de gobernar, sus choques con otros poderes del Estado y su discurso confrontativo han “desnudado” una institucionalidad lenta, fragmentada, poco eficiente, en algunos casos obsoleta y desconectada de las necesidades reales de la población.
Los cambios necesarios para modernizar y democratizar nuestra institucionalidad, pensábamos muchos y muchas, que sería la principal tarea y razón de ser del Partido Acción Ciudadana. Pero no lo hizo y por el contrario nos empobreció más, con leyes y acciones regresivas y antipopulares. Y de paso le dejó el campo libre a este gobierno para que haga los ajustes que ahora serán aún más regresivos y antipopulares. Y ciertamente peligrosos para la paz social.
El gobierno de Chaves ataca con dureza a la institucionalidad existente.
Señala como responsables a los partidos tradicionales que la crearon y administraron.
Usa ese discurso para legitimarse como “ruptura” con el pasado, señala culpables locales, dejando intacto el marco internacional neoliberal que condiciona toda la política económica del país. Y apunta a la transformación, destrucción institucional y venta de activos del Estado (a precio de gallina flaca) para poner las que queden en pie, aún más, al servicio de las clases dominantes.
Una oposición sin proyecto alternativo
La oposición política tampoco propone una transformación profunda de la institucionalidad al servicio de las grandes mayorías, ni plantean una ruptura con el modelo neoliberal. Su propuesta se queda en ofrecer un regreso, más o menos maquillado al mismo esquema anterior y una mejor administración de lo que ya fracasó.
Pero su mayor desacierto está en su estrategia de «Estar en contra” del partido en el poder y apostar al desgaste de la figura presidencial y del oficialismo.
Aqui ningún partido está levantando la voz contra el continuismo del modelo neoliberal. Están contra el continuismo de un grupo de ricos, distinto a los grupos que tradicionalmente, se beneficiaron de esta «democracia» y que ahora sienten un miedo terrible a ser desplazados. Es una pelea entre estilos, liderazgos y discursos dentro del mismo marco económico y político.
¿Qué hacer?
Defender la democracia no es ir a votar el día de las elecciones por un modelo en el que todos los y las candidatas están de acuerdo No es el día de la democracia. Nosotros (los descalzos) debemos tener claro que es el día en que nos enfrentamos a nuestro enemigo de clase, que tiene todos los recursos a su disposición, que entra en el juego para defender sus intereses, sus privilegios, sus diferencias sociales, su capital, su proyecto.
Lo más honesto que podríamos hacer el próximo 1 de febrero, es abstenernos de participar y así deslegitimar esta fanfarria. Abstenerse de votar no es retirarse de la participación política, es un acto político consciente.
Para nosotros la democracia debe ser un ejercicio constante, de todos los días del año. En el barrio, en el pueblo, en la comunidad. En las organizaciones sociales, los sindicatos, las cooperativas, las asociaciones de desarrollo comunal. Y desde ahora trabajar para construir un polo de oposición que enfrente organizadamente las medidas antipopulares que se nos vienen.
No un partido más, no una coalición oportunista, no pensando en curules.
Quizá por estas latitudes nuestras hay noticias que pasan desapercibidas.Es que la ocupación y la preocupación por los destinos de un país como Costa Rica nos ha hecho pensar mucho en lo doméstico y restarnos la mirada periférica hacia el contexto internacional.
Este año, no debemos olvidarlo, asumió en su segunda magistratura el republicano Donald Trump. Recordemos que una de las promesas de campaña que a la larga le llevó al poder fue “acabar con el problema de la inmigración hasta volverla 0”.
Para ello, la campaña de persecución, detención y deportaciones masivas debía ser feroz.Y sí que lo ha sido.En la memoria, triste memoria, nos quedará como país haber contribuido a servir como destino de vuelos de deportados que fueron a parar a la zona sur del país en condiciones de hacinamiento y violencia institucional.
En lo que el teatro doméstico se alista para una de las contiendas más importantes de su historia democrática, en algunas ciudades de Estados Unidos se escenifican acciones de resistencia contra la maquinaria migratoria y represiva que Donald Trump ha ordenado lanzar contra los cuerpos de las personas migrantes y sus familias.
Recién la semana pasada un artículo publicado en el sitio digital Revista Crisis, detallaba las estrategias de autodefensa vecinales y comunitarias ensayadas en sitios como Chicago, una de las ciudades con mayor población latina en aquel país.
Las acciones consistían en talleres de formación, entrenamientos colectivos y herramientas de comunicación ingeniosas destinadas a luchar contra las detenciones masivas y las deportaciones.
El poder de la organización está allí, en la gente.Pienso en eso y es inevitable no pensar en la incapacidad que ha mostrado la oposición en Costa Rica para derrotar al oficialismo y su autoritarismo legitimado.Pienso en cierto ADN que se perdió y es necesario recuperar con sentido colectivo y liberador.
Si los migrantes en Estados Unidos están logrando resistir y combatir el odio, pienso que hay un resquicio de esperanza que proponga terminar con esta pesadilla política y dedicarnos de inmediato a reconstruir el proyecto de país que somos.Refundarnos. Salir del fondo.
Este 9 de diciembre, Día Internacional contra la Corrupción, el Partido Vanguardia Popular levanta su voz para denunciar que la corrupción no es un hecho aislado ni un simple “mal comportamiento” de algunos funcionarios, es una consecuencia directa del sistema capitalista neoliberal, diseñado para enriquecer a unos pocos a costa del trabajo, los derechos y la dignidad de los pueblos. A esto se suma la injerencia imperialista que, bajo distintos disfraces, penetra nuestras instituciones, manipula decisiones nacionales y fomenta modelos económicos que abren las puertas a las privatizaciones, el saqueo y la impunidad.
Costa Rica vive hoy las consecuencias de ese sistema corrupto y decadente, privatizaciones disfrazadas de modernización, negocios oscuros, congelamiento salarial, persecución a quienes defienden lo público y una élite que pretende convertir nuestras instituciones en botín político y económico.
Frente a esta realidad, llamamos al pueblo costarricense a organizarse, a unirse y a luchar. Solo la fuerza consciente del pueblo puede enfrentar y derrotar la corrupción estructural del sistema impuesto a nuestro país.
Desde el Partido Vanguardia Popular llamamos, ¡A construir juntos la fuerza del pueblo para derrotar la corrupción y levantar una sociedad nueva, con justicia y democracia reales para nuestra patria!
Partido Vanguardia Popular – PVP ¡Unidad, organización y lucha!
Hoy lo miré en un jeep verde oscuro. Era él, inmortal, desde antes de nacer. Yo, un simple visitante del Vedado. Ya él hablaba de un «mañana» distinto de cómo lo concebíamos entonces todos los humanos comunes. Él miraba ya con naturalidad asombrosa el mismo mar que mirábamos, el mismo cielo que recorríamos ingenuamente, jugando astrónomos atarantados, buscando en el Este la tal constelación de Orión, pero él lo hacía de forma casi igual a cómo lo hace ese que dicen se embarrialaba las manos, luego con la tierra fresca aún y el agua sin secarse sopló y ordenó caminar, luchar y luchar hasta vencer. Nosotros andábamos por la Rampa o nos íbamos al Malecón con alguna que otra muchacha de la Juventud Comunista – muy inteligentes y bonitas por cierto, y que este secreto, por favor, nunca salga de Centroamérica – a ver las olas pegando contra las costillas de este tajamar.
Sentíamos una delicia en la cara cuando la brisa nos daba de lado, por este cachete entonces rellenitos, después de sortear el viento la vieja fortaleza heredada de los españoles dentro de la Bahía de La Habana, mientras por este otro lado de mi oído, como una octava de un Do Mayor divino, celestial, y femenino, nos decía con gracia rítmica y tono perfecto: “oye chico, mira esa ola que viene allá «¡Coño! Agregaba de inmediato con todo su pelo alborotado por el ventarrón atrevido que acababa de robar la vuelta a Morro. A Luis, a José y a Bertilda, entre otros, no les gustó nunca la desgreñada cabellera de ella, a mí, por el contrario, me enloquecía porque me regresaba a los corrales de mi abuelo y a nuestras clandestinas fiestas con becerros. Para que tengan una idea, como quedaba ella de mechuda, imagínese como queda de socolloneado el cuerpo de un montador después de estar sobre el lomo de un Cebú chúcaro. Nadie me lo contó. Éramos simples humanos mirando el mar. Él no. Ya había sorteado el océano entero y desafiado los cielos. A él ya lo habían visto pasar por la capital de Angola.
Los imperialistas olían su peligro con nariz de Pinocho, porque los vendepatrias del Movimiento UNITA iban y venían de París, desesperados, porque una sola cabeza cambiaba la estrategia de la guerra de Liberación. Y los rubios generales racistas ingleses de Sudáfrica reconocían: esto que nos hace este comunista cubano es nuestro final: un metro solo que gane nos afectará «el equilibrio», argumentaban estos miserables. Y los negros despreciados, a quienes desde la escuela «educaban» para servir a los blancos y morir resignados en las minas de carbón, oro o diamantes, descubren que ese pedazo de tierra usurpada es de ellos. De nadie más. Aprendieron de Fidel la definición de Patria. Una sola palabra levantaba sus frentes. Inflamaba su pecho. Sus ánimos se tornaban huracán. Una sola palabra. Era una inyección de futuro. Si, una palabra, con toda la fuerza del mundo, con todos los cañones del Universo y toda la pureza de Martí.
Por primera vez los pueblos africanos descubrieron lo que ya muchos latinoamericanos habíamos descubierto de tanto oírlo en la ONU contra la colonización en el mundo: no hay triunfo ni victoria en ninguna parte si no escuchábamos a este genio militar.! Si señores y señoras. ¡Si querido joven!: Es uno de los grandes genios de todos los tiempos, Napoleón Bonaparte, ganó todo, supuestamente, no había victoria qué se le escapara. Pero nunca desafió un imperio ni consolidó Revolución alguna. Este francés se vanagloriaba de cómo mover las tropas y cómo embolsar el enemigo, pero quiero decirle algo: murió como muere uno más. Algunas coronas de Laurel puestas sobre su cabeza están podridas hacen años, nosotros a Fidel lo tenemos a mano cuantas veces nos dé la gana 24/7. Si, a muchos disgusta, todavía, pero dígame con honestidad y sin fanatismo: ¿Cuál general de cinco estrellas inicia la derrota de uno de los ejércitos más criminales en la región con menos de 100 hombres y mujeres? Ninguno, verdad. Solo Fidel. con menos de 100 hombres y mujeres.
Los yankis cuidaban el ejército de Batista como un Rey cuida a su hijo heredero de la Corona. Los sabiondos de Centroamérica eran pesimistas, porque decían que cómo esa «cabeza caliente» iba a ganar una guerra, cuando Cuba carecía de altas montañas para la guerrilla. Y Fidel, junto a los barbudos y su pueblo, demostró como la justicia se impone sobre el oprobio y la libertad rompe cadenas en todas partes. Hoy, que la Revolución Cubana está asesinada por un criminal bloqueo económico y financiero, cuyas pérdidas suman 20 millones de dólares diarios, tiene a 90 millas a su principal enemigo. Ya no les basta el bloqueo, ni las oenegés, los YOTUBERES, adentro o fuera de la CIA, da lo mismo, porque el Imperio está deslizando sin percibirnos una arma secreta que por acá nos la aplicaron desde hace cuarenta y pico de años. Desde entonces estamos heridos. Estamos maltratados. Estamos mutilados. Estamos huérfanos. Todos esos enemigos del pueblo cubano se juntaron contra nosotros: Ya los verás en coro diciéndonos que son «defensores» de la Revolución, de los Derechos Humanos idiotizados, de la democracia cabaretera, pero que ella, la Nación de Martí, Carlos Manuel de Réspedes, el “Che”, Cienfuegos, Raúl, etc., necesita ya «modernizar» su economía para ponerla a la altura de nuestros tiempos. Son pequeños «ajustes», como nos dijeron a nosotros ayer. Si, pequeños» ajustes», según ellos. No se ponen ni colorados en sus peroratas en los canales de YouTube.
Son los reformistas, lo que quisieron descarrilar la primera Revolución Socialista en el mundo, a pocos años de triunfar las personas sobre el salvaje lucro que nos tiene desechos como sociedades llenas de drogas, lavado de dinero que llaman “inversión”, malhechores que nadie toca porque ahora son ejemplares señores del emprendedurismo, y toda una generación pérdida.
La Revolución devolvió el decoro a los negros, a los blancos, a los nietos de quienes fueron esclavos, a los jóvenes, a los abuelos, a los artistas y a los niños. Siempre estuvo allí, pero lo habían escondido. Una sarta de ladrones que huyeron en estampida por los cuatro puntos cardinales. evasores de impuestos, corruptos y dueños de burdeles, vienen ahora vestidos de Caperucita. Sus «ajustes» todos son iguales, por todos ellos hemos ya pasamos todos nosotros, desde aquel infeliz 1973, que los Chicagos Boys se apearon a Salvador Allende en Chile e idearon el plan «piloto» para las Américas. Designaron el Banco Mundial para que arruinaran a nuestros pueblos con «Ajustes Estructurales de la Economía», nadie escapó a partir de 1980. Todo se nos fue al carajo en un abrir y cerrar de ojos, porque algunos postulados sonaron bien al oído de sus tontos útiles.
Acá y allá, quitaron los subsidios a los pobres campesinos, que desde la Colonia sufren despojos, falta de asistencia técnica, no tienen caminos dignos, son quebrados por unos explotadores llamados intermediarios, pero nunca nadie, los habían presentado menos que parásitos sociales. Sí, nuestros campesinos, ahora resultaron parásitos. Porque según los monaguillos de los “ajustes”, no eran «competitivos». Así, convencieron al más pintados, nos dijeron liberaremos dinero de un Estado arratonado para educación, salud, las cooperativas, la ciencia ( si hubiera estado de moda la IA la hubieran agregado) y promoveremos las exportaciones al exterior. Al final, las ventas al exterior resultaron la peor medicina, porque nos manearon más al Imperio que, frente a la oferta excesiva de los mismos productos llegados por toneladas desde el centro y sur del continente, no solo imponían el precio de baratija a las mercancías producidas con gran sacrificio por nuestros pueblos, sino condicionaron durante cuatro décadas a sus «socios» comerciales y gobiernos hasta nuestros días en lo político, cultural, diplomático etc.
(F.Cubadebate)
Al final, el desarrollismo no produjo el milagro de dar Mercedes Benz como carro popular a la gente, como habían prometido a los incautos, comenzaron a decirnos desde el exterior que alimentos comer y, el tal fomento a las cooperativas con el dinero de todos los contribuyentes, en múltiples casos, se convirtieron en «garroteras» para quienes el salario mensual no les alcanza, para pagar la educación de calidad que antes era gratuita o tratarse una enfermedad y salvar así su vida, porque el derecho a la salud se tornó en negocio, mientras la sanidad que necesita nuestros pueblos está capturada por una pacotilla de verdaderos criminales convertida en «aristocracias» de todo signo: gente de saco y corbata, gabachas, peinados extravagantes detrás de escritorios, lideres de palabras floridas, etc. Después de esta patraña de eliminar los subsidios a los pequeños y medianos productores llovieron fondos públicos para que todo el que estuviera bien conectado robara a manos llenas, solo debía cuidarse de no ser pillado, porque el castigo por tal descuido es pasar por la gran pena de ir a declarar a alguno de los tribunales, perder una mañana en estos trámites y en la tarde incorporarse a sus tareas con todas las de la ley como ordena el ser ejemplar ciudadano. Así está documentado desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
Pero los» ajustes» de los reformistas no quedaron allí: presentaron modificaciones para «un mejor funcionamiento» de los Bancos Centrales. Y aunque parezca mentira, los bancos centrales, con el patrón oro enterrado, pusieron a flotar el dólar verde para sobrevalorarlo frente a las monedas nacionales, y el pueblo, pues, que pague la inflación creada por la devaluación de la unidad monetaria local. Esa es la verdadera amenaza cifrada no solo contra la Revolución Cubana, sino contra cualquier pueblo que quiera ser libre frente al Imperialismo, porque se presentan muchos de estos mercaderes defensores de una especie de «capitalismo bueno», preocupadísimos por Cuba, pero póngalos en el camino antimperialista enseñado por Fidel para que usted los vea haciendo contorsionismo que saca risotadas a los más serios y sacando de los closets, tipos gringos, la colección de viejos trajes que usted no sabrá distinguir si es persona o Camaleón. Unos se ponen el vestido entero de «socialista democrático», otros, hasta se maquillan y se presentan como auténticos «izquierdistas», otros resultaron «moderados» o simplemente delicaditos «progres “modernos. ¡Sarta de mentirosos y mercaderes baratos! Fidel nos enseñó a no complicar a nuestros pueblos: frente al reformismo, revisionistas y contrarrevolucionarios, más socialismo, más REVOLUCIÓN.! ¡Quien no quiere caldo darle dos tazas!
Y nos enseñó algo práctico de gran contenido teórico, que los «revolucionarios del WhatsApp» no quieren escuchar ni en broma y los voluntaristas menos. Detestan al pobre Lenin, porque les daba duro por su trabajo mediocre. Oyen el nombre Lenin y huyen despavoridos como si se tratara de un exorcismo: Es que él les dice organizar el pueblo sin un fin concreto, hacia una meta definida, es una mentira, una estafa, que, aplicándola a los tiempos de hoy, es peligrosísimo, cuando el imperialismo echa mano del fascismo, el nazismo y el sionismo.
Si además de ello, esos trabajadores no los articulamos ni despertamos en ellos la «necesidad» de la conciencia de su poder, del que alguna vez no habló Marx, si que estamos jodidos. El enemigo nos llevará a su callejón sin salida y todo queda consumado.
“A mayor responsabilidades mayores obligaciones”, Fidel Castro.
Pregunto: ¡¿Se hubiera podido sostener la Revolución Cubana sin organización de su pueblo sin objetivo claro, sin la debida articulación y sin la seguridad de su poder de transformación?! ¡No! Un millón de veces no. Las Revoluciones al final se consolidan porque una vez que el pueblo descubre su fuerza, su poder, se suma a las estructuras organizadas y articuladas para su defensa. Sea con las armas en la mano o desde la trinchera de la guerra de las ideas, enterrando el egocentrismo, la vanidad, la mediocridad, la chambonada, el amiguismo, la improvisación y todos esos vicios pequeños burgueses, ¡etc.! ¡Lo dice Lenin! Una de las muchas lecciones que nos da este genio llamado Fidel nos la brinda en los movimientos debidamente organizados, articulados y luego cómo incorpora a su pueblo en armas para aplastar la invasión de Girón. No es necesario tener el grado de Cabo, ni leerse los apuntes de Napoleón ni el Arte de la guerra, no no, es simplemente observar para darse cuenta de que Fidel no desperdició el más leve movimiento de sus tropas, gracias a la organización disciplinada de su pueblo, a una asombrosa articulación “todo terreno» y una conciencia del poder del pueblo cubano para aplastar, no un Girón, sino las invasiones que los yankis quisieran mandar. ¿Cuántos proyectos bien intencionados para con los pueblos de Nuestra América nos han sido borrados, después de esta primera Revolución Socialista? Pero Fidel también nos enseñó que la Revolución y los revolucionarios, a diferencias de los burgueses, tienen un corazón inmenso y una sonrisa larga como una trinchera. Sí, es como una trinchera, forrada en la razón y la verdad de clase, donde no cabe la mentira, los pusilánimes, no queda espacio para esos frustrados ingenieros que se les fue la vida pegando parches al sistema y tendiendo puentes macizos de consenso para que transite la noble oligarquía. Cuando un revolucionario calla por amiguismo u otra desviación en cuanto a su trabajo, está mintiendo, está ocultando la verdad y está zafando un ladrillo a toda Revolución. Por eso, nos insistía como nunca para que lo pusiéramos en práctica: » A mayor responsabilidades mayores obligaciones». No se trata, pues, que esté viendo al comandante desde anoche muerto, que va. Él y todos nos preparamos desde el canto del gallo madrugador en cualquier bohío, desde cualquier calle, desde la cocina o la sala más humilde, a marchar con ilusiones nuevas por este día y como si tuviéramos 18 años, con una sonrisa, de oreja a oreja, muchachos y muchachas, sin derecho a cansarnos hasta que llegue la victoria. Con el puño en alto que de un dieciochoañero nunca se ha dicho nada en contra.
¡¡Viva Fidel!! ¡¡Viva Cuba Socialista!!
Venga: ¡¡Póngase las pilas y Tumbemos el bloqueo!!
¡Fidelista por siempre! ¿Y qué?
*Propulsor de la campaña “Abrazo a Cuba” y miembro del Círculo Bolivariano de Solidaridad Yamileth López
Este documento explica que la democracia, cuyo principio es el gobierno del pueblo, no es un estado fijo sino un proceso que debe defenderse y fortalecerse continuamente. Formar frentes para su defensa es crucial, ya que la historia muestra que los derechos, como el voto femenino, no se obtuvieron de la noche a la mañana, sino mediante la lucha colectiva.
¿Qué es y por qué defender la democracia?
La democracia se basa en dos ideas poderosas que nos benefician a todos:
Autonomía individual: Nadie debería estar sujeto a reglas impuestas por otros sin que tengamos voz. Debemos poder controlar nuestras propias vidas.
Igualdad: Todos debemos tener las mismas oportunidades de influir en las decisiones que afectan a nuestra sociedad.
Un funcionario elegido lo resume así: «El derecho al voto no es un privilegio. En el siglo XXI, la opción por defecto en un estado democrático debe ser a favor de la inclusión”. Defender la democracia es defender nuestro derecho a ser escuchados y a que nuestras necesidades sean tenidas en cuenta por igual.
Tu participación es fundamental
La participación va más allá de votar en las elecciones. El funcionamiento eficaz de la democracia depende de que los ciudadanos utilicen todas las vías posibles para involucrarse. Como dijo Corazón Aquino, «siempre es el pueblo quien hace que las cosas sucedan”.
Formar «Frentes por la Defensa de la Democracia» es una forma poderosa de participación. La unión y la organización son herramientas clave para:
· Incluir a más personas en la toma de decisiones.
· Dar al pueblo más poder real sobre su futuro.
Nadie nace siendo un buen ciudadano; es un rol que se construye día a día. Al unirte a este frente, continúas el legado de aquellos que lucharon por los derechos de los que hoy gozamos y aseguras que el poder siga residiendo en el pueblo.
¡Les invitamos a ser parte activa de esta causa y a motivar a tus compañeros a unirse a este esfuerzo colectivo!
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