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Etiqueta: Rusia

Un orden mundial turbulento

Gilberto Lopes
San José, 29 de octubre de 2026

Europa está enojada

Europa está enojada. Los alquileres se disparan. Los precios de la energía suben, el crecimiento se estanca, los intereses de la deuda ahogan a Francia, Italia, España, Grecia; los fondos destinados a escuelas, viviendas, a compensar a los agricultores afectados por la sequía se utilizan para pagar a los acreedores. Así comienza un artículo sobre “El peligroso invierno del descontento en Europa”, publicado por la página “Politico” el pasado 22 de octubre.

Anton Jäger, autor de Hyperpolitics, dice en el New York Times que “Europa está en llamas”. Y advierte que esto va a seguir. Es la crisis postergada del capitalismo democrático, había advertido el sociólogo alemán Wolfgang Streeck.

Es la misma Europa de las protestas estudiantiles, de una Europa que se debate, incierta, sobre su futuro; la misma que dice prepararse para una guerra contra Rusia que podría declararse antes del 2030. Como sabemos, una guerra como esa arrastraría a todo el mundo. Y duraría “muy poco”, como lo advirtió el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov.

Europa se retuerce, incómoda, en la camisa de fuerza en que parece haberse convertido un mundo en el que ya no se acomoda como antes. Quizás precisamente por haberse amputado una parte esencial, la de la Rusia europea, por donde circulaba la energía que la alimentaba.

Hoy, lejos de cualquier integración, predomina, de nuevo, la idea de imponer una derrota estratégica a una Rusia ajena y enemiga, algo que ya no era posible en el siglo pasado. ¿Tampoco lo es hoy algún nuevo tipo de acercamiento? Trato de acercarme a esa reflexión, pieza clave de un ajedrez cuyo tablero político se extiende al norte, sur, al este y al oeste.

Europa destina ahora miles de millones de euros a la industria de esa guerra. Esa es –desde mi punto de vista– la extrema derecha europea: la de la guerra. Como lo era la del siglo pasado.

Un orden mundial turbulento

La configuración de un nuevo orden mundial se desarrolla de manera sumamente turbulenta y espontánea. Mientras la potencia hegemónica busca preservar su hegemonía, nuevos países reivindican espacios en el escenario internacional, dijo el presidente ruso, Vladimir Putin, en el Foro de Valdai, el pasado 1 de octubre.

Como ya es tradición, Putin pasó revista al escenario internacional en el Foro, que se celebra anualmente entre septiembre y octubre. Este año no fue la excepción. Entre su intervención y el debate posterior –una vasta sesión de preguntas y respuestas entre Putin y los participantes de cerca de 40 naciones– la sesión duró más de cuatro horas.

Evitar consecuencias irreparables

El debate se enfocó en los cambios políticos de nuestra época. La configuración de un nuevo orden mundial que calificó de “inevitable”. Nada está predeterminado, dijo Putin. El desarrollo puede orientarse en diferentes direcciones. Las principales potencias del mundo poseen armas en sus arsenales capaces de destruir toda forma de vida, de reducir la Tierra a un estado catastrófico. ¿Podemos garantizar que estas armas nunca se utilizarán? “Por supuesto que no”.

Pese a que los conflictos internacionales serán una característica de los próximos años, a medida que el mundo se aleje de la hegemonía occidental la situación mejorará gradualmente, dando lugar –en su opinión– “a un orden internacional multipolar más estable, democrático y libre”.

Es una visión optimista que el mismo Putin sabe no estar garantizada. Lograrlo implica adoptar una serie de medidas prácticas para “impedir que la humanidad sea empujada al límite de su supervivencia y a evitar consecuencias irreparables”.

La guerra de Ucrania

Es imposible detenerse aquí en los detalles de la larga exposición del presidente ruso, que está publicada íntegramente, en inglés, en la página del Kremlin.

Nos referiremos, aunque brevemente también, a otros dos temas: la guerra de Ucrania y el fin de la Unión Soviética.

Putin se refiere a las razones de Rusia para ir a la guerra. Soy consciente –afirma– “de que algunos miembros de la comunidad de expertos podrían preguntarse por qué Rusia inició la guerra mientras hablaba de paz”.

Su punto de vista –difícilmente tomado en cuenta por la prensa occidental–, es que Rusia ni quería la guerra, ni fue quien la inició. Ucrania debería “haberse abstenido de fomentar un nacionalismo agresivo y la rusofobia para convertirla en una herramienta de lucha contra Rusia”. “No se debería haber elaborado planes para crear campos de concentración destinados a la población de Donbás y Crimea. No se debería haber pasado por encima de personas desarmadas con tanques, ni haberlas atacado con misiles y bombardeos aéreos, ni haberlas quemado vivas simplemente por ser rusas. Nos empujaron a este límite de manera consciente e intencionada”.

Un punto de vista que se podrá discutir, pero que debe tomarse en cuenta si se pretende entender el conflicto y buscar soluciones.

Putin toca también otro tema, relacionado con el anterior, muy relevante y polémico: el avance de la OTAN hacia las fronteras rusas.

La OTAN no debería haber integrado nuestros territorios históricos en su espacio militar, ni haber planeado el establecimiento de bases allí. Recordó las palabras de Egon Bahr, dirigente socialdemócrata alemán, que ya en 1990 expresaba preocupación ante la posibilidad de que los sectores más agresivos de la OTAN no estuvieran interesados en buscar la cooperación paneuropea, una vez concluida la Guerra Fría. Disuelta la URSS, “las fuerzas predominantes en Occidente, tal como Bahr temía, mostraron poco o ningún interés en promover la cooperación paneuropea”.

Putin no menciona al diplomático norteamericano, George Kennan, embajador en la URSS durante unos meses en 1952, al final del período de Stalin –que lo declaró non grato–, cuya visión era muy similar a la de Bahr en esta materia. Es un diplomático a cuya obra me he referido ya en otras oportunidades. Estrechamente vinculado a la política de la Guerra Fría, Kennan advirtió que la ampliación de la OTAN durante el gobierno de Clinton, en 1999, con la incorporación de Polonia, Hungría y la República Checa, no iba a ser recibida por los rusos de una manera “sabia, ni moderada”. “El decidido compromiso de nuestro gobierno para empujar la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas es el mayor error de todo el período posterior a la Guerra Fría”, aseguró Kennan.

Los líderes occidentales buscaron remodelar el mundo a su conveniencia y apropiarse de una parte —preferiblemente de una gran parte— del legado soviético. Ahora podemos ver el resultado, afirmó Putin. Desde su punto de vista, resulta evidente el papel tan destructivo que significó el colapso del sistema estatal soviético hace 35 años. No solo para el destino de la Unión Soviética, sino también para la estabilidad mundial a largo plazo.

En 2020 Putin acusó a Occidente de no hacer nada por cumplir las promesas de no ampliar la OTAN. Afirmó que el apoyo al golpe de 2014 en Ucrania y la pretensión de incorporarla a la OTAN era el mayor foco de tensión con Rusia.

“Acciones unilaterales, frecuentemente ilegítimas no han resuelto problema alguno”, había advertido Putin. Ya en 2007, en un discurso ante la Conferencia de Seguridad de Múnich, Putin advirtió contra la idea de un mundo unipolar. Respondiendo una pregunta sobre la expansión de la OTAN, recordó que esa era una alianza militar y política. “¿Para qué necesita poner infraestructura militar en nuestras fronteras durante su expansión?”, se preguntó.

Una mentalidad militar

En los últimos años, la amenaza rusa se ha transformado en argumento para justificar crecientes gastos en materia de defensa de los países europeos.

En la visión del presidente francés, Emmanuel Macron, Rusia ha tomado una decisión estratégica: la de volver a ser una potencia imperial, de avanzar allí donde percibe debilidad. No deja de ser una afirmación contradictoria, cuando vemos los hechos. La frase sugiere la disposición rusa de seguir hacia el oeste si no encuentra resistencia. Pero no fue Rusia la que avanzó hacia el oeste. Reaccionó muchos años después de que Occidente avanzara sus tropas hasta la frontera rusa, desatando una ofensiva a lo largo de su frontera con Ucrania, después de diversas advertencias sobre lo inaceptable que resultaba eso para la seguridad de Rusia.

Siempre me ha parecido importante, para analizar estos hechos, considerar que Rusia está peleando en su frontera. El ancho del territorio de Donetsk, que Rusia ha reivindicado como parte de su territorio, es de unos 190 km. No parece tener fundamento el temor de Macron, ni el de otros líderes de Occidente, sobre una ambiciosa restauración imperial, ni un plan de avance de Moscú hacia el oeste. Ni siquiera hay capacidad militar para eso.

Macron, en todo caso, no está solo. El secretario de Defensa del Reino Unido, Wesley Streeting, advirtió que su país debe estar preparado para un escenario de guerra en mil días, argumentando que los enemigos de Londres podrían estar en posición de atacar el país para 2030. Naturalmente, se refería a Rusia.

En enero de 2025 el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llamó a los países del bloque a adoptar una «mentalidad militar». Cuando asumí el cargo, el año pasado, “advertí de que lo que está ocurriendo en Ucrania también podría ocurrir en los países aliados». Para Rutte, el peligro ruso no terminará cuando acabe la guerra de Ucrania.

Una maligna zona gris

A principios de octubre Rutte se refirió a una “maligna zona gris”, donde Rusia libra una llamada “guerra híbrida” contra los países de la OTAN. Se trata de una serie de actos de naturaleza muy diversa, desde incidentes militares hasta informaciones de prensa, con los que Rusia los amenazaría. Actos que, sin embargo, no justificarían la convocatoria del artículo 5 del tratado, mediante el cual todos los países miembros de la OTAN deben acudir en apoyo de cualquier otro, atacado por una potencia extranjera.

El lunes, 12 de octubre, el comandante aliado supremo de la OTAN, el general norteamericano Alexus Grynkewich, presentó el plan “Theory of Victory” para hacer frente a la guerra con Rusia, basado en tres principios: bloquear, desgastar y destruir. Lo presentó en el Foro de Seguridad de Varsovia, que convoca anualmente a algunas de las voces más dispuestas a preparar Europa para la guerra. Un foro que, según Moscú, coquetea abiertamente con el autoengaño de desmembrar a Rusia.

Aunque la OTAN no ve una confrontación militar con Rusia como “inminente o inevitable”, Grynkewich estimó prudente anunciar su plan, considerando “los sabotajes, los incendios provocados, los ciberataques y la desinformación rusas”.

Este año, en un documento de 87 páginas el Foro propuso términos equivalentes a una rendición rusa para poner fin a la guerra de Ucrania: sanciones permanentes, pago de reparaciones, incorporación de Ucrania a la OTAN…

Los riesgos de una guerra preventiva

El 17 de octubre la página rusa RT publicó un largo artículo firmado por el “experto militar” Dmitry Kornev. Kornev decía que la estrategia definida en la “Theory of Victory”, era una “receta para el desastre”.

Si bien no se trata de ninguna estrategia muy nueva, el documento agrega algo importante: una fecha. En 2030 Rusia estará lista para atacar Europa. En realidad, dice Kornev, Rusia no tiene ni los hombres ni los recursos para atacar la OTAN, “a menos que esté dispuesta a un ataque suicida”.

Pero al estimar una fecha para esa preparación se corre el riesgo de desatar una guerra preventiva. Si esperamos, el adversario estará mejor preparado; si atacamos podemos evitar un riesgo mayor.

Se trata, naturalmente, de una lógica peligrosa y quienes se están preparando para esa fecha no son los rusos, sino la OTAN y sus miembros. Se trata de una “situación complicada”, dijo el ministro de Defensa ruso. «La OTAN, la UE y el régimen de Kiev han venido escalando» su preparación militar. Si en 2030 están preparados, ¿podrán sentirse tentados a atacar?, se pregunta Kornev.

Como ya señalé, me parece que esas fuerzas son hoy las más peligrosas para el mundo, las que representan la extrema derecha europea. Las mismas que ya intentaron dos veces, en el siglo pasado, desmembrar Rusia (o la Unión Soviética). No se puede descartar, viendo el escenario europeo, que lo intenten de nuevo. La diferencia es que, en el siglo pasado, no existían todavía las armas nucleares. Las “no armas”, las “armas inútiles”, como las calificó el diplomático norteamericano George Kennan, hombre clave en la época de la Guerra Fría.

La guerra y la extrema derecha europea

Con Europa preparándose para una guerra (que, de ocurrir, no podrá ser más que nuclear) me parece que la extrema derecha europea es la comprometida con esa política. Tanto con financiar y armar Ucrania como con la política de rearme europeo, vinculada a los anuncios de una próxima guerra con Rusia. Hoy eso se expresa en la Comisión Europea, en el Parlamento europeo, en la OTAN y en todos sus países miembros.

Desde ese punto de vista, no hay nada a la derecha de Ursula von der Leyen, ni de la vicepresidenta Kaja Kallas, exprimera ministra de Estonia, hoy a cargo de la política exterior de la Comisión; ni del Comisario de Defensa, Andrius Kubilius, exprimer ministro de Lituania, representantes de la posición más virulenta antirrusa en Europa, junto con los polacos del liberal Tusk. Tampoco hay nada a la derecha de la fracción conservadora mayoritaria en el Parlamento Europeo, que preside la maltesa Roberta Metsola.

Es su compromiso con la guerra; la ausencia de iniciativas diplomáticas para resolver el conflicto; la apuesta por infligir una derrota estratégica a los rusos; el creciente gasto militar, indispensable (pero inútil) para ese intento; los reiterados llamados a prepararse para la guerra lo que caracteriza una extrema derecha europea. Una política que amenaza con llevar el mundo a una tercera (¿y última?) guerra.

Los dirigentes de los países bálticos, la Polonia de Donald Tusk, los gobernantes de Inglaterra o Alemania son algunas de las voces que se oyen con frecuencia advirtiendo de la posibilidad de un ataque ruso. Reiteran su disposición de apoyar a Ucrania, de hacer “todo lo necesario” para la derrota rusa.

Esos tambores de guerra no dejan oír voz alguna a favor de un acuerdo de paz que tome en cuenta las demandas de seguridad de las diversas partes, incluyendo las rusas.

¿El momento de la paz?

El pasado 16 de octubre, en reunión del Consejo Europeo, el presidente António Costa, socialista portugués, dio una breve declaración, acompañado de Zelensky y de von der Leyen. ¿Qué dijo? “Nuestro mensaje para el presidente Zelenski es muy sencillo. El apoyo de la Unión Europea a Ucrania sigue siendo tan fuerte como siempre”. “Es el momento de incrementar nuestro apoyo. De incrementar la presión”. “Es el momento de la paz”.

¿Cuál paz? Una paz entendida como el resultado de mayores presiones sobre Rusia. ¿Funcionará? ¿Ha funcionado en estos casi cinco años de guerra?

Europa sigue apostando a la posibilidad de infligir una derrota estratégica a Rusia, un objetivo difícil de imaginar. O, quizás de forma más realista, tratan de impedir un triunfo total de Moscú, incluyendo el control de Crimea, de Donetsk y Lugansk, en el Donbás, y los territorios de Jersón y Zaporiyia, anexados en septiembre del 2022. Según fuentes rusas, Lugansk estaría controlada totalmente, mientras que, en Donetsk, cerca de 17% permanece bajo control ucraniano. Fuentes cercanas a Kiev reducen el área bajo control ruso en Donetsk a 70%. En Jersón y Zaporiyia el control sería de 75% del territorio, y no incluye la capital de ninguna de las dos regiones.

Martin Schulz, socialdemócrata alemán, presidente del parlamento europeo entre 2012 y 2017 y hoy presidente de la Fundación Friedrich Ebert, defendió el apoyo a Ucrania, en entrevista publicada en la página española Agenda Pública. “Tenemos que impedir que Rusia termine ganando porque nosotros dejemos de apoyar a Ucrania”, afirmó.

Schulz estima que Rusia no va a ganar y Ucrania no va a perder. Lo que no queda claro es lo que considera “ganar”. Parece ser que se refiere a la imposibilidad de que Rusia ocupe toda Ucrania. Algo que Moscú ciertamente no está en condiciones de lograr, ni se ha propuesto. Pero Schulz reconoce que Ucrania ya está dividida, y que no “existe ahora la posibilidad militar de recuperar Donetsk y Lugansk”.

Le preocupa que la CDU termine por pactar con lo que los alemanes llaman la “extrema derecha”, la AfD. Estima que, si sigue ese camino, se derrumbará. Prefiere que pacte con el SPD, como el gobierno actual, encabezado por el canciller Merz, empeñado en transformar el ejército alemán en “el más poderoso de Europa” y de prepararse para la guerra contra Rusia.

El jefe de la agencia de inteligencia exterior alemana (BND), Martin Jäger, estima que su país corre el riesgo de verse envuelto en un conflicto violento con Rusia. Schulz, por lo menos, habla de la necesidad del diálogo con Rusia.

El canciller alemán ha sido una de las voces decididas en la apuesta por la derrota de Rusia. El 4 de octubre, de visita a Kiev, reiteró que si no la paraban, la maquinaria de guerra de Moscú, tarde o temprano, se volvería contra ellos. Dicho por el jefe de gobierno de un país que ya se lanzó dos veces contra Rusia y que se alista para una eventual tercera guerra.

Putin ha reiterado que Rusia no tiene planes de atacar ningún país de Europa. Pero más importante que esas declaraciones –a las que se puede o no dar credibilidad– me parece el hecho de que es difícil encontrar razones para un ataque de ese tipo, que Rusia tampoco está en condiciones militares de realizar. Dirigentes como el primer ministro lituano, Mindaugas Sinkevičius, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, o el mismo secretario general de la OTAN reconocen no haber evidencias de que Rusia se esté preparando para atacar el territorio de la OTAN.

La voz del fascismo europeo

Ucrania busca con urgencia recursos para la guerra. A mediados de octubre, la Comisión Europea apuraba los trámites para encontrar los 70 mil millones de euros extras que Kiev solicitó para financiar su presupuesto del 2027.

Andrii Sybiha, ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, propone usar los más de 300 mil millones de euros rusos congelados en la banca europea para eso. Elabora una sofisticada argumentación para justificar el uso de los recursos rusos, que hasta ahora la UE no ha aceptado, pese a que en agosto pasado Suecia, Holanda, Polonia y España presentaron una propuesta para discutir nuevamente el caso. No es algo sencillo. Ni siquiera los nazis lo hicieron en su guerra del siglo pasado.

Sybiha estima que el uso de los dineros rusos “podría traer resultados tangibles e inmediatos, fortaleciendo Ucrania en el frente de batalla y acercando la paz”. ¿Otra vez la paz? ¿Como decía Costa? ¿Como estiman los alemanes? ¿Como proponen Suecia, Holanda, Polonia y España, tres países particularmente agresivos en este escenario, al que se suma la España de Sánchez?

En todo caso, no nos explican cómo se dará ese fortalecimiento de Ucrania en el campo de batalla, donde, aunque lentamente, las fuerzas rusas siguen avanzando. Ni como ese eventual fortalecimiento llevará a la paz. Me parece que eso difícilmente conducirá a la paz. Por el contrario, es la voz del fascismo europeo, de la extrema derecha, la voz de una guerra que se va adueñando del escenario político europeo. Es la idea de Tusk, expresada en el Foro de Seguridad de Varsovia: es la hora de que todo Occidente muestre a Rusia y a Putin que estamos listos para una política de disuasión aplicando medidas aún más duras.

¿Más duras? ¿Hasta la guerra? ¿Medidas como las que anunció el primer ministro de Lituania, Mindaugas Sinkevičius, cuyo parlamento removió de la constitución la prohibición de que, en su territorio, existan armas de destrucción masiva? Para Sinkevičius “no se trata de una escalada, sino de disuasión”.

Eso no tiene sentido. Como ya dije alguna vez, si el mundo civilizado no los detiene, esa Europa nos llevará de nuevo a la guerra. Solo que esta será otra guerra….

La guerra de desinformación

En conferencia de prensa celebrada con Sinkevičius, Rutte sugirió hacer caso a Grynkewich, que había sugerido culpar a Rusia de cualquier incidente, ya sea que estuvieran seguros, o “casi seguros”, de que era culpable de los ataques híbridos. Las denuncias podían servir –en su opinión– como instrumento de disuasión ante cualquier eventual amenaza rusa.

Al día siguiente, la presidenta de Moldavia –un país con poco más de 1.200 km de fronteras terrestre y fluvial con Ucrania– Maia Sandu, afirmó que armas rusas utilizadas en un ataque a Ucrania habían violado el espacio aéreo de su país y explotado en su territorio.

El presidente de Finlandia, Alexander Stubb –al que hoy consideran un posible representante europeo para negociaciones con Moscú– advirtió a España que Moscú podría intervenir en su campaña electoral de noviembre, con algún acto de sabotaje o guerra de desinformación.

Europa acusa a Rusia de una guerra de desinformación, mientras Moscú acusa a Europa de promover una histeria antirrusa, una campaña de la que se encargarían sus dirigentes políticos y sus medios de prensa. Se trata de una campaña antirrusa de la que participan prácticamente todos los medios de prensa importantes de Europa (y de Estados Unidos).

El lunes 28 de septiembre la corresponsal en Berlín del diario La Vanguardia, de Barcelona, María Paz López, publicó una nota sobre la creciente amenaza rusa contra Europa.

La nota asegura que “emerge la convicción de que los ataques híbridos rusos a países europeos … no solo aumentarán en su forma ya habitual de sabotajes, incursiones de drones, incendios intencionados, ciberataques y campañas de desinformación, sino que ampliarán su alcance y su naturaleza”.

“El incidente clave que ha consolidado esta nueva percepción es el fallido atentado con drones explosivos del 4 de agosto contra un avión de carga ucraniano en el aeropuerto de Leipzig, que el gobierno alemán ha atribuido oficialmente a Rusia”, afirmó.

El 2 de octubre (cuatro días después del artículo de María Paz) Politico, medio alemán del grupo conservador Axel Springer, publicaba una nota sobre ese incidente que merece ser leída con detenimiento.

La nota dice lo siguiente: “El 4 de agosto, un dron impactó contra el ala de una aeronave ucraniana en el aeropuerto de Leipzig, en Alemania, y cayó sobre la plataforma. Sujeto a la parte inferior llevaba un recipiente metálico cargado de explosivos. El artefacto permaneció intacto”. “Esto proporcionó a los investigadores algo inusualmente valioso: la bomba en sí”. El que los explosivos no hayan detonado fue particularmente importante, pues permitió a los investigadores alemanes tener una visión más clara de lo que estimaban “una campaña rusa de ataques más amplia”.

Ese es un incidente ampliamente reproducido por la prensa europea, sin que el gobierno alemán haya presentado pruebas que lo vinculen claramente a Moscú. Cualquier periodista con un mínimo de experiencia entendería que los detalles de esa historia, relatados por Politico, hacen indispensable una investigación cuidadosa antes de dar por buena la versión oficial.

Un arma de guerra

La prensa europea hace mucho no hace periodismo en lo que se refiere a la guerra de Ucrania. En realidad, se ha transformado en un arma de guerra.

La nota de María Paz, en La Vanguardia, hace un recorrido por diversos puntos de vista europeos sobre esa “guerra híbrida”, comenzando por el primer ministro polaco Donald Tusk quien, el 17 de septiembre, presentó al parlamento polaco informes de inteligencia advirtiendo de “posibles ataques, en las próximas semanas, contra países de la OTAN, empezando por Polonia”.

En esos días el servicio de inteligencia de Dinamarca publicó un informe que advertía contra el “riesgo bajo, pero creciente” de que el Kremlin lance “un ataque militar limitado contra uno o varios países de la OTAN fronterizos con Rusia”, también recogido por la periodista de La Vanguardia. Ninguno de esos ataques ha ocurrido, ni la periodista se sintió obligada a pedir aclaraciones que dieran sustento a esas afirmaciones.

Ese mismo 1 de octubre el periodista Javier Cuesta, corresponsal de El País en Moscú, derivaba del discurso de Putin en Valdai una amenaza a Europa con una guerra nuclear. Putin había dicho que, en caso de un ataque europeo, Rusia respondería. “El punto de no retorno puede llegar muy rápidamente y de forma inesperada para todos”, dijo el presidente ruso. Además, agregó: “Independientemente del panorama general del próximo año, lamentablemente es muy probable que los conflictos internacionales continúen”. Lo que Cuesta interpretó como que Putin daba por hecho que “la invasión de Ucrania se extenderá a lo largo de 2027”.

Derecha, ultraderecha, fascismo

Claudi Pérez, exdirector adjunto de El País y hoy corresponsal político y económico del diario español, se sumó a la reflexión de la llamada “guerra híbrida”, en un artículo titulado “Escalada de amenazas en las fronteras de Europa”, publicado el pasado 5 de septiembre.

“Un ciclo electoral que medirá la marea ultra en el Este de Alemania y en Escandinavia, en Polonia y en Italia, en España y en Francia. Sobre todo en Francia”, afirma.

Quizás el más llamativo es el ciclo alemán, donde la AfD –un partido que la Oficina Federal para la Protección de la Constitución de Alemania (BfV) clasifica como “una organización de extrema derecha confirmada”– acaba de hacerse del gobierno del estado federal de Sajonia-Anhalt. Europa se asusta con el surgimiento de esa extrema derecha.

El artículo está construido con declaraciones de diversos intelectuales europeos y norteamericanos, comenzando por el búlgaro Ivan Krastev, a quien Pérez describe como “uno de los intelectuales más brillantes en estos tiempos de venganza y fundamentalismo”. La “urgencia apocalíptica” de los fascistas hace un siglo se ha sustituido con la actual “urgencia revolucionaria” de los posfascistas.

Me cuesta entender las urgencias señaladas por Pérez, tanto la “apocalíptica” como la “revolucionaria”. Del mismo modo, me resulta extraña la calificación de los tiempos actuales como de “venganza y fundamentalismo”. En el mundo de Pérez, “Rusia está aquejada de una nostalgia posimperial extremadamente virulenta” (ya lo había dicho Macron). A China la ve con “profundos problemas económicos y demográficos” y especula que empieza a “coquetear con el expansionismo en el mar de China y tal vez en Taiwán”. Tal vez…

Pero su verdadero quebradero de cabeza es Putin. Fracasado en la guerra, en la política y en la economía, al presidente ruso le quedan “cuatro vías de escalada”: la guerra convencional; el uso (improbable, asegura) de armas nucleares tácticas; un ataque a territorio de la OTAN (también improbable); y una guerra híbrida, a la que se refiere con más detalles en el artículo Luis Simón, director e investigador principal de la Oficina del Real Instituto Elcano, de Bruselas.

El episodio mayor es, nuevamente, el “ataque fallido con drones cargados de explosivos en el aeropuerto de Leipzig”. El incidente del dron de Leipzig es “palabras mayores”, en opinión de Pérez, a quien le parece que fue “tranquilizadora” la respuesta de Bruselas a este incidente; y la reacción alemana, “impecable”. Se refiere, naturalmente, a la forma como presentaron el caso, atribuyéndolo a Rusia y escalando las sanciones.

Opinan, además, en el artículo de Pérez, la historiadora Margaret MacMillan; Javier Solana, el español exjefe de la OTAN; el académico canadiense Michael Ignatieff, y otros más. Muchos más. Entre ellos Dan Hamilton, exalto cargo del Departamento de Estado, quien nos asegura que “Rusia es una potencia revanchista y lo va a seguir siendo».

Un país que, en opinión de Benjamin Schmitt, analista de seguridad de la Universidad de Pennsylvania, “libra una guerra contra Europa, contra una Unión Europea que “no es consciente de que está en guerra”.

Eso dicho pese al “Plan para el rearme de Europa”, por unos 800 mil millones de euros, anunciado por von der Leyen, al que ya nos referimos, anunciado en marzo 2025. Los países de la OTAN ya estaban desplazando activamente sus tropas hacia las fronteras rusas en el marco de ejercicios y programas específicos. En agosto, el Financial Times informó que las fábricas de armamento en Europa se estaban expandiendo a un ritmo tres veces superior al de tiempos de paz, ocupando más de siete millones de metros cuadrados de nuevos desarrollos industriales. Un «rearme a una escala histórica».

Así en la paz como en la guerra

Si los tambores de guerra no dejan oír las voces de otros proyectos, tengo la impresión de que tampoco hay ninguna tratando de hacerse oír. Esa peligrosa posición de una extrema derecha guerrerista ha arrastrado a prácticamente todas las fuerzas políticas europeas, incluyendo a socialdemócratas, en Dinamarca, a los países nórdicos y a los bálticos, a Macron y a otros políticos franceses, como Raphaël Glucksmann, candidato del socialismo francés a la presidencia de la República y, de diferentes maneras, a los antiguos países del mundo socialista.

Incluso el socialista español Pedro Sánchez se ha sumado a las voces de apoyo a Ucrania, aunque se haya negado a atender la exigencia de Trump de aumentar su presupuesto militar al 5% del PIB. En plena campaña electoral española, no se oye ninguna voz sugerir alguna iniciativa de paz en Europa. ¡Una tragedia! Pero, naturalmente, no es lo mismo un Pedro Sánchez, que un Friedrich Merz. O un Donald Tusk. O un Andy Burnham.

Pedro Sánchez –que sí tiene a su derecha fuerzas bien identificadas– tampoco ha sabido proponer una visión que incorpore Rusia a Europa. Es ya una vieja y olvidada propuesta la de restaurar un mundo político desde Portugal hasta los Urales. Una Europa que incluya la Rusia europea, que es, además, la puerta de entrada más natural al Asia central. Sugerida algún día por de Gaulle, esta propuesta terminó siendo sustituida por un proyecto distinto: el avance de la OTAN hacia el este, que tanto Bahr como Kennan temían.

Falta equilibrio en el análisis

Me parece que falta equilibrio en el análisis. Hace ya unos 30 años que la OTAN inició su avance hacia el este, hasta llegar a las fronteras rusas. El mayor error de la política exterior de Washington del período posterior a la Guerra Fría, en opinión del diplomático norteamericano George Kennan.

No se oye a los políticos europeos poner atención a los reclamos rusos de seguridad ante esos avances. En medio de los preparativos de guerra, el 27 de octubre el presidente finlandés y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, conversaron con Putin por teléfono. La conversación fue recibida con desconfianza por otros países europeos, con aprobación por Zelensky y con cautela por la portavoz de la Comisión Europea. Para el politólogo ruso, Pável Selezniov, el principal objetivo de Bruselas no es facilitar una solución negociada al conflicto, sino frenar cualquier acuerdo que lo haga posible. Rusia aseguró que la conversación no había aportado nada distinto a la conocida posición europea.

Pero Stubb defendió, en una ocasión anterior, la necesidad de mantener la cabeza fría y advirtió contra una mentalidad de guerra, que haría casi imposible imaginar la paz. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, Espen Barth Eide, en el Foro de Seguridad de Varsovia, evitó la dicotomía entre la victoria total o rendición de Ucrania. Europa quiere sentarse en la mesa de negociaciones de paz. A la que, el portavoz del gobierno ruso recuerda, no han sido invitados.

Ahora que Rusia decidió responder con una operación militar a las amenazas en sus fronteras, las voces en Occidente apuntan a los riesgos contra la seguridad de Europa, sin que asuman ninguna responsabilidad por el origen de esa amenaza. Sobre esas bases no será posible un acuerdo para poner fin a la guerra, menos imaginar la paz. Me parece esperanzador pensar que, a su debido tiempo, aparecerá algún político europeo capaz de proponer una negociación que tome en cuenta los intereses legítimos de seguridad de todas las partes.

Sería útil también que alguna prensa europea asumiera una posición parecida. Por ahora, esa gran prensa está más comprometida con una guerra, cuyas responsabilidades contribuyen a atribuir solamente a la contraparte.

Las guerras no terminan cuando callan las armas

PhD. José Efraím Quirós Moya

El siglo XX terminó, pero muchas de sus heridas permanecen: dos guerras mundiales, la Guerra Fría, la caída de la URSS, la desintegración de Yugoslavia y las intervenciones de las grandes potencias dejaron fronteras, memorias, alianzas y conflictos que todavía condicionan el presente. Europa vuelve a escuchar los tambores de guerra.

La historia ayuda a comprenderlo: para muchos países del Este europeo, la memoria de la dominación soviética alimentó su búsqueda de seguridad en la OTAN; desde Moscú, ese proceso fue interpretado como pérdida de influencia y seguridad estratégica.

Dos memorias. Dos lecturas del pasado. Un mismo continente.

Putin no es simplemente “el nuevo Hitler”. La comparación puede servir para estudiar determinados mecanismos históricos, pero también puede ocultar las diferencias entre dos épocas. Lo importante es comprender cómo la memoria histórica puede convertirse en fuerza política en el presente.

¿Y Costa Rica?

Aquí aparece nuestra propia historia.

En 1948, después de una guerra civil, se abolió el ejército. En 1949, esa decisión quedó incorporada a la Constitución. Y aquel antiguo espacio militar, el Cuartel Bellavista, terminó convertido en Museo Nacional.

Una sociedad que había vivido la guerra transformó un cuartel en un espacio de cultura y memoria.

Ese hecho también forma parte de nuestra identidad.

A ello se suman una tradición educativa y civilista construida durante décadas y el papel diplomático que Costa Rica desempeñó en la búsqueda de la paz centroamericana durante los años ochenta.

Por eso, frente a un mundo que vuelve a hablar de armas, fronteras y rearme, nuestra historia plantea una pregunta:

¿Puede una sociedad aprender de sus conflictos sin quedar prisionera de ellos? Quizá esa sea una de las grandes preguntas sociológicas de nuestro tiempo.

Porque la paz no es simplemente ausencia de guerra.

También puede ser una construcción histórica, institucional y cultural. Europa carga con sus memorias de guerra.

Costa Rica carga con las suyas, pero también con una decisión histórica: convertir la paz en parte de su identidad.

El notable nuevo mundo de los BRICS

Gilberto Lopes
San José, 21 de septiembre del 2026

Los BRICS encarnan el llamado Sur Global. Es ahí, en ese espacio, donde se encuentran con el que había creado el Movimiento de los Países No Alineados, hace ya más de 60 años. Pero ese Sur Global posee hoy un poder económico que los No Alineados nunca tuvieron, como dice el periodista esloveno, Uroš Lipušcek.

No es extraño que un periodista esloveno recuerde a los No Alineados, un movimiento cuyas raíces hay que buscar en la ciudad de Bandung, en Indonesia, en 1955, y en Belgrado, capital de Yugoslavia, seis años después, dirigida entonces por el mariscal Tito, y de la que Eslovenia era parte.

En abril de 1955 se reunieron en Bandung representantes de 29 países de África y Asia, y de territorios aún estaban sometidos a un poder colonial. Era, naturalmente, otro mundo.

Del impulso de Bandung derivó la reunión de Belgrado, inaugurada el 6 de septiembre de 1961, en plena Guera Fría. Solo dos semanas antes había comenzado la construcción del muro de Berlín y un día después de la inauguración de la cumbre la Unión Soviética realizó un ensayo nuclear.

Anuradha Chenoy, exdecana de la Escuela de Estudios Internacionales de la Jawaharlal Nehru University de New Delhi, también encuentra en las conferencias de Bandung y de Belgrado un hilo que las vincula al movimiento de los BRICS.

No es difícil encontrar un hilo conductor entre un movimiento que tuvo su mayor influencia en los años 60 y 70 del siglo pasado, y este otro, el de los BRICS, surgido hace 20 años, y que ha tomado un nuevo impulso en la reunión de Nueva Delhi, celebrada el 12 de septiembre pasado, asegura.

No es extraño tampoco que una intelectual hindú se sienta vinculada a ambos procesos. El entonces primer ministro Jawaharlal Nehru desempeñó un papel fundamental, junto a Tito y al egipcio Gamal Abdel Nasser, en el surgimiento del Movimiento de los No Alineados. Había que evitar, a mediados del siglo pasado, que la Guerra Fría se transformara en otra, caliente. Eso se logró, como lo sabemos hoy. Por lo menos hasta ahora.

Los BRICS y las guerras de nuestro tiempo

Los BRICS toman el relevo de esas reivindicaciones, en un escenario muy distinto. Entonces parecía que los ensayos de las potencias nucleares apenas dejaban oír la voz de los 29 países africanos y asiáticos y la de los territorios coloniales. Aunque los resultados logrados podrían sugerir que aquella voz, aparentemente apenas audible, de algún modo se sumó a los esfuerzos de quienes advertían contra los riesgos de la Guerra Fría.

Quizás debamos aprender algo de esa experiencia. Al igual que los No Alineados, los BRICS enfrentan el desafío de un orden internacional en el que no se sienten debidamente representados. Y tampoco se sienten cómodos en un mundo en el que Estados Unidos ha vivido librando alguna guerra prácticamente todos los años desde el fin de la Guerra Fría.

Tres de los miembros de los BRICS –Rusia, Irán y Arabia Saudita– están involucrados en dos de los conflictos internacionales más importantes en la actualidad, lo que enfrentaba el movimiento a una compleja negociación en la cumbre de Nueva Delhi para llegar a una declaración final que pudieran firmar todos.

Irán y Arabia Saudita ocupan lados distintos en el Medio Oriente, tanto por sus relaciones con Estados Unidos como con Israel.

La agresión de Estados Unidos ha provocado un caos en el mercado de hidrocarburos, con el bloqueo del estrecho de Ormuz por Irán y la renovada ofensiva de los hutíes, en Yemen, que les ha permitido controlar la estratégica ciudad portuaria de Moka, amenazar la navegación en el estrecho de Bab el Mandeb, y atacar instalaciones militares en Arabia Saudita, lo que obligó a cerrar el oleoducto que transporta el crudo saudí desde el golfo Pérsico hacia el mar Rojo.

Por otro lado, la presencia rusa, una de las partes de la guerra en Ucrania, también obligaba a una difícil negociación para lograr una declaración final común. El mismo primer ministro hindú, Narendra Modi, pidió a Putin poner fin a esa guerra cuando se reunieron en Delhi.

La declaración, un largo documento de 45 páginas y 140 puntos, no hace referencia explícita a ese conflicto, sino que subraya la importancia de los esfuerzos para prevenirlos, abordando sus causas más profundas. Una formulación que responde a las demandas rusas, sin dejar de satisfacer a quienes piden a Rusia poner fin al conflicto.

Un arreglo imposible

En todo caso, parece imposible un arreglo negociado de esa guerra en estos momentos. El politólogo norteamericano John Mearsheimer no cree siquiera que sea posible en algún momento una solución negociada, dada la naturaleza de las demandas de cada parte. Sobre todo por la decisión rusa de incorporar al país territorios ucranianos fronterizos, una medida que Kiev no está dispuesta, por ahora, a negociar.

Pero me parece que hay más razones por las que no surgen iniciativas para resolver el conflicto mediante negociaciones diplomáticas. Europa (y Canadá) apuestan todavía por algún tipo de “derrota” de Rusia. Una que la debilite, que no deje dudas de que no alcanzó sus objetivos. Mientras esa esperanza exista, mientras Europa (y Canadá) estén dispuestos a seguir apostando (armando y financiando) la guerra, las perspectivas de paz no son posibles. El congreso de los Estados Unidos también aprobó, el pasado miércoles, 16 de septiembre, “sanciones infernales” contra el sector energético ruso, que Moscú calificó de “medidas hostiles”. Pretenden con eso no solo impedir la venta del petróleo y gas rusos o iraníes a terceros países, sino también sancionar a quienes comercien con ellos, especialmente China e India.

No se debe, en todo caso, perder de vista lo que ocurre en el escenario político interno de los diversos países europeos o de América del Norte, desde Londres a Rumania, pasando por las elecciones suecas del pasado domingo 12 de septiembre (que conformaron un difícil escenario político), o las elecciones locales en Alemania, o la general en Francia, el año próximo y las estadounidenses de noviembre próximo. Cada una puede tener repercusiones en el escenario internacional difíciles de prever.

No son solo las presiones políticas. La guerra en Ucrania somete la economía europea a renovadas tensiones, que afectan también a Ucrania y a Rusia, con un enorme costo, que se suman a las inevitables tensiones políticas internas, mayores en Kiev que en Moscú, donde las elecciones de la semana pasada le dieron un apoyo renovado a Putin.

¿Los delicados equilibrios debilitan los BRICS?

Las potencias nucleares se multiplicaron desde el final de la II Gurra Mundial, dejando atrás el reconocimiento de las cinco aceptadas entonces, las únicas autorizados a tener armas, atómicas y que conforman el grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Hoy tres potencias nucleares integran los BRICS: China, Rusia e India. Pakistán aspira también a incorporarse. Las relaciones entre los dos primeros están consolidadas hoy al más alto nivel. Del mismo modo, después de grandes tensiones y confrontaciones armadas en una vasta frontera aun no definitivamente delimitada, China e India han logrado un notable acercamiento, que la primera visita de Xi a la India en siete años consolidó.

No falta quienes prefieren enfatizar la debilidad de los equilibrios que sustentan los BRICS. Para Sarang Shidore, director del Programa Sur Global del Quincy Institute –una organización norteamericana que reivindica la diplomacia para lograr la paz internacional– lo que parecía una exitoso resurgimiento del Sur global “comienza a parecerse un poco como una familia disfuncional reunida para Navidad”.

Shidore habla de una “indigestión provocada por su rápido crecimiento” y un “modesto impacto en el terreno”. ¿Será? En todo caso, aún él reconoce que “sería un error decir que los BRICS son un fracaso”. En un artículo publicado en Foreign Policy, destaca que en menos de dos décadas logró conformar el primer grupo verdaderamente transcontinental no Occidental, con historias de éxitos financieros y la conformación del Nuevo Banco de Desarrollo. No parece poca cosa.

Un mismo énfasis hace la periodista Imma Bonet, en un artículo para el diario español El País, firmado en Beijing: “cuanto más crecen, más complicado resulta que hablen con una sola voz”, afirmó. Aunque (como Sarang Shidore) reconoce que el crecimiento de los BRICS les ha dado “una relevancia difícil de ignorar”, estima que “ese peso agregado sigue siendo, en buena medida, más estadístico que político”.

Al final, las apuestas están sobre la mesa: resulta imposible desconocer la importancia de un grupo de reúne hoy a las dos mayores poblaciones del mundo –India y China–, el país más extenso territorialmente –Rusia– y las mayores economías de América Latina y África –Brasil y África del Sur–. Pero no dejan de enfatizar las dificultades para conciliar posiciones, en un escenario conformado por intereses tan diversos.

Desde luego, hay otros puntos de vista: para el brasileño Evandro Menezes de Carvalho, profesor de Derecho Internacional en la Universidade Federal Fluminense, de Rio de Janeiro, la Cumbre de Nueva Delhi confirmó que los BRICS “ni han perdido dirección ni han agotado sus objetivos”.

O, como dice Dmitri Trenin, presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales e investigador principal del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales: “no hay necesidad de hacer que los BRICS parezcan algo que no son: no son una alianza ni una coalición antioccidental y, en todo caso, su trayectoria ofrece una pincelada de un tipo diferente de orden mundial”.

Al final, la Declaración de Nueva Delhi ha dado, por ahora, una respuesta que, en opinión de Bonet, “recoge sus posiciones sobre los principales asuntos globales y regionales y una hoja de ruta para reforzar la cooperación”.

La clave para una cumbre exitosa

«Creo que la cumbre de los BRICS fue bastante exitosa, en parte gracias a la visita de Xi», declaró al diario chino Global Times Mohammed Saqib, secretario general del Consejo Económico y Cultural India-China. «El discurso del presidente chino fue inspirador», añadió.

Tanto la prensa china como la hindú hicieron particular hincapié en la importancia de las relaciones entre ambos países. Una relación que trasciende el ámbito bilateral, en un mundo donde el hegemonismo y el unilateralismo van en aumento, estimó Qian Feng, director del Departamento de Investigación del Instituto Estratégico de la Tsinghua University. En la declaración final de la cumbre se había destacado la importancia del Sur Global como motor de cambios positivos, en un mundo de crecientes tensiones geopolíticas.

Concluida la cumbre, las miradas se han vuelto hacia Beijing, donde Xi se prepara para su visita a Washington a fin de mes, donde se reunirá con el presidente Trump del 23 al 25 de septiembre.

Xi ha preparado el viaje cuidadosamente, consolidando su presencia en diversos escenarios internacionales. Primero, en la reunión de la Organización de Cooperación de Shangai (SCO), celebrada en Biskek, capital de Kirguistán. Ahí estaban también Putin y Modi, los presidentes de países del Asia Central, Irán y Pakistán, además de diversos países que asisten en un formato SCO Plus.

Aunque la prensa occidental no dio gran cobertura a la reunión, el resultado fue considerado como la consolidación de un eje de países asiáticos que conforman otro bloque en el escenario multilateral promovido por el Sur Global. Además de la Declaración de Biskek fueron aprobados otros 27 documentos, incluyendo acuerdos sobre uso de monedas nacionales en el comercio regional, cooperación energética y de seguridad y el anuncio de nuevos corredores de transporte, como el ferrocarril, en un formato bastante parecido al de los BRICS.

En la medida en que se acerca su reunión con Trump, Xi refuerza sus contactos internacionales, con la asistencia a las cumbre de los BRICS y de la SCO, seguida de la visita al Cairo. Bishkek, Cairo y Nueva Delhi son una clara demostración de que China tiene un estratégico margen de maniobra, destacó en una nota el SCMP, un importante diario de Hong Kong.

Este es el escenario del notable mundo nuevo que los BRICS tratan de interpretar. Una renovada presencia en los organismos políticos y financieros internacionales; el desarrollo de renovadas relaciones comerciales, con el uso creciente de monedas locales; un banco de desarrollo aun modesto, pero que ya da sus primeros pasos; y la oposición a la jurisdicción extraterritorial de ilegales sanciones unilaterales son parte de esa agenda con la que se teje un delicado nuevo orden internacional.

FIN

El más fatídico error de la política estadounidense

Gilberto Lopes
San José, 22 julio 2026

Un arma inútil

En la Navidad de 1991, disuelta la Unión Soviética, la bandera tricolor reemplazaba, por primera vez, la de la hoz y el martillo en el mástil del Kremlin. Un estremecimiento político recorría el mundo. Uno de los más sorprendentes y extraordinarios cambios políticos del siglo pasado acababa de ocurrir. Desaparecida la Unión Soviética, Mijail Gorbachov entregaba a Boris Yeltsin la conducción del Estado. Era difícil –imposible, diría yo–, vislumbrar los detalles, las consecuencias, de las transformaciones que venían ocurriendo desde hacía ya por lo menos un par de años en el mundo. El fin mismo de la Unión Soviética parecía, hasta hacía muy poco, algo inconcebible.

Del otro lado del Atlántico, un viejo diplomático, George Kennan, que había sido embajador de Estados Unidos en la URSS por un corto período en 1952, al final del gobierno de Stalin, una mente profundamente vinculada al mundo de la Guerra Fría, particularmente aguda en su visión sobre el mundo que nacía, hacía graves advertencias.

Kennan era crítico del gobierno ruso, pero tenía una gran simpatía por el pueblo ruso. Hablaba el idioma, vivió en el país en más de una oportunidad antes de ser embajador.

Dos grandes alianzas sobrevivían al final de la Guerra Fría, decía Kennan: el Tratado del Atlántico Norte y el Tratado de Seguridad con Japón. La mayor parte de los objetivos de esos tratados dejaron de tener sentido con la desaparición de la Unión Soviética. Deben ser revisados, afirmaba Kennan en Around the Cragged Hill (Nota 1), publicado en Nueva York en 1993, dos años después de ese evento.

Kennan reflexionaba sobre la posibilidad de un conflicto nuclear, sobre una eventual guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Advertía que cualquier guerra entre las grandes potencias sería suicida. ¿Cuál sería el propósito de esa guerra, o el propósito de prepararse para ella?

El arma nuclear es, en realidad, un arma inútil, por lo menos para cualquier propósito racional, incapaz de servir para cualquier propósito militar coherente. Sin embargo, es una amenaza para la civilización, en general, decía.

Estaba esperanzado de que la decisión del presidente George Bush, de reducir de manera significativa el arsenal norteamericano, anunciada en septiembre de 1991, respondida de igual manera por Gorbachov, fuera solo el inicio de un proceso de desarme. Abogaba por una estructura de seguridad que respondiera a esa nueva realidad. Una estructura que debía ser europea.

No era una posición nueva. Ya en 1948, al crearse la OTAN, Kennan se manifestó contrario a la participación de Estados Unidos. Con el fin de la Unión Soviética insistía en que Estados Unidos no solo no debería ser miembro de esa nueva estructura, sino que debería retirar sus fuerzas estacionadas en Europa.

Pero reconocía que la nueva realidad no implicaba necesariamente la disolución de la OTAN. Que, eventualmente, el tratado que la creó seguiría vigente y Estados Unidos seguiría siendo miembro. Expresó, sin embargo, su esperanza de que “no fuera una alianza contra ningún país determinado, sino la expresión de un interés por la seguridad y prosperidad de todos los países de Europa”.

El mayor error de todo el período posterior a la Guerra Fría

En su diario, editado en 2014 por Frank Costigliola (Nota 2), Kennan vuelve sobre el tema. Es un libro de más de 700 páginas, organizado desde 1916 hasta 2004, cuando Kennan cumplió cien años.

El 4 de enero de 1997 escribía desde Princeton: no acostumbro a hacer predicciones. Pero en esa oportunidad se atreve a hacer una. Clinton iniciaría su segundo mandato, con la agresiva Madelaine Albright como Secretaria de Estado, cuando aprueba la expansión de la OTAN hacia el este, contradiciendo lo conversado, menos de una década antes, con Gorbachov.

“Al admitir a Polonia, Hungría y la República Checa en la OTAN –dijo entonces el presidente Clinton– “estamos más cerca que nunca de hacer realidad el sueño de una generación: una Europa unida, democrática y segura por primera vez desde el surgimiento de los Estados-nación en el continente europeo”.

Los rusos no van a reaccionar de manera sabia, ni moderada, a la extensión de la OTAN hacia sus fronteras, dijo Kennan en su diario. “El decidido compromiso de nuestro gobierno para empujar la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas es el mayor error de todo el período posterior a la Guerra Fría”, aseguró.

“He tratado, por todos los medios, de encontrar una razón para ese colosal error y no he podido encontrar ninguna”. Esto traerá una trágica e innecesaria división entre el Este y el Oeste, desatando una nueva forma de Guerra Fría. Además, Rusia desarrollará sus relaciones hacia el Oeste, especialmente con Irán y China, para formar un sólido bloque militar antioccidental y enfrentar las aspiraciones de la OTAN de dominar el mundo. ¡Eso dicho hace 30 años!

Finalmente, se lamenta: “En la insistencia de hacer esa cosa tan insensata he visto el fracaso definitivo del esfuerzo al que he dedicado gran parte de mi vida: encontrar un espacio razonable de entendimiento y simpatía entre el gran pueblo ruso y el nuestro. Pero ¡cuán viejo estoy! ¡Cuán débil! ¡Cuán impotente!”

Volvió a advertir sobre el grave error que se estaba cometiendo en un artículo –A fateful error– publicado en el New York Times, el 5 de febrero de 1997. “Aquí está en juego algo de la mayor importancia. Y quizá no sea demasiado tarde para plantear una opinión que, creo, no es solo mía, sino que la comparten otras muchas personas con una amplia experiencia –y, en la mayoría de los casos, más recientes– en asuntos rusos. Dicha opinión, dicho sin rodeos, es que la ampliación de la OTAN sería el más fatídico error de la política estadounidense en toda la era posterior a la Guerra Fría”.

Cabe esperar –agregó– “que una decisión de este tipo avive las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas en la opinión pública rusa; que tenga un efecto adverso en el desarrollo de la democracia rusa; que restablezca la atmósfera de la Guerra Fría en las relaciones entre Oriente y Occidente; y que empuje la política exterior rusa en direcciones que decididamente no nos agradan”.

En julio del 97 Kennan viajaba por Europa y publica en su diario su desacuerdo con la decisión de la OTAN, en una reunión en Madrid, de aceptar a Polonia, la República Checa y Hungría en la organización.

¿Cómo tomarán esto los rusos?, se pregunta. ¿Para qué misión esos nuevos miembros de la OTAN tienen que estar tan bien armados? ¿Cómo se puede acomodar eso a las seguridades dadas a los rusos de que no debían preocuparse, de que la extensión de las fronteras de la OTAN hacia el este no tenían implicaciones militares?

“Estoy desolado por lo que está pasando. No veo otra cosa que una nueva Guerra Fría que probablemente terminará en una caliente y el fin del esfuerzo por lograr una democracia funcional en Rusia. Veo un total, trágico y absolutamente innecesario fin de una relación aceptable de ese país con el resto de Europa”.

El artículo tuvo enorme repercusión y sigue siendo objeto de reflexión hasta hoy. En abril del año pasado, Ian Proud, exdiplomático británico, consejero económico en la embajada británica en Moscú entre julio de 2014 y febrero de 2019, publicó un largo comentario sobre el texto de Kennan: “Errores fatídicos. Porque los líderes de la OTAN debían haber oído a George Kennan en 1997”.

Proud hace referencia al discurso de Putin en la Conferencia de Seguridad de Munich (a la cual Rusia ya no es invitada), el 10 de febrero de 2007. “Es obvio que la ampliación de la OTAN no tiene nada que ver con la modernización de la alianza, ni con garantizar la seguridad en Europa. Al contrario, representa una grave provocación, que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntarnos: ¿contra quién va dirigida esta ampliación?”, se preguntó entonces Putin.

Proud recuerda que, al año siguiente, en 2008, en la cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest, se discutió la idea de incorporar, algún día, a Georgia y Ucrania.

La OTAN siguió expandiéndose hacia el este: Bulgaria, Romania, Eslovaquia, Eslovenia, los países bálticos, Finlandia, Suecia.

Prepararse para la guerra

¿Sabrá Mark Rutte, secretario general de la OTAN, quién era Kennan? ¿Lo sabrán el presidente Macron, el canciller Merz, o el mismo Marco Rubio?

Volvamos a las ideas de ese notable diplomático norteamericano, muerto hace ya 21 años, en marzo del 2005, nacido en Milwaukee en febrero de 1904. Ayudan a pensar el presente, cuando la OTAN está empeñada en una guerra contra Rusia, cuyas consecuencias no se pueden minimizar.

Kennan proponía la reorganización de la seguridad europea sin Estados Unidos, una nueva alianza que no estuviera dirigida contra ningún país, sino que fuera la expresión de un interés por la seguridad y prosperidad de todos los países de Europa. Me parece que estaba pensando en una Europa del Atlántico a los Urales. Una idea de la que ya había hablado Charles de Gaule, retomada en 1989 por Gorbachov, cuando habló de la “casa común europea”, en un discurso ante el Consejo de Europa.

El mundo tomó otro rumbo y hoy, 35 años después, está tan lejos de lo que proponían que se hace difícil imaginar cómo sería una Europa que hubiese avanzado en la dirección sugerida por Kennan.

Ausente toda iniciativa diplomática, las relaciones de Occidente con Rusia están hoy casi exclusivamente en manos de un organismo militar como la OTAN. Es el único lugar donde Estados Unidos, Canadá y Europa hacen frente a las cuestiones más apremiantes de nuestra seguridad, dijo Rutte, en un artículo publicado en la víspera de la cumbre celebrada por la OTAN en Ankara, el 7 y 8 de julio pasados. ¿Cuáles son esas cuestiones? ¿Quiénes son sus enemigos? El único país mencionado en la Declaración de Ankara es Rusia.

El año pasado la OTAN gastó cerca de 20 por ciento más en defensa que el año anterior. 258 mil millones de dólares, en 2025 y 2026. Trump ha presionado a los europeos para que aumenten sus gastos militares hasta un cinco por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Una verdadera fortuna, que la mayor parte de los países europeos no está en condiciones de invertir, aun recortando los gastos sociales, sin pagar un costo político.

¿Atacar Europa?

En Ankara, los líderes de la OTAN anunciaron decenas de miles de millones de dólares de nuevos contratos con empresas de Europa y Norteamérica para financiar el rearme europeo.

Una OTAN 3.0 –como la definen ahora–, no tan dependiente de los Estados Unidos. La idea es que parte de la producción y mantenimiento del armamento de origen norteamericano sea traslada a Europa.

Supone que Europa asuma una mayor parte de la carga de su defensa convencional y que Estados Unidos se haga cargo de las operaciones de “rescate”, cuando haga falta, dijeron Steven Erlanger y Lara Jakes en un artículo publicado en el NYT, el pasado 7 de julio.

La Alemania conservadora de Merz ha puesto el rearme en el centro de los gastos del gobierno. Está previsto que, al final de la década, alcanzará cerca de un tercio del gasto federal. “No podemos defendernos de Putin con un presupuesto balanceado”, dijo el canciller.

Diversos servicios de inteligencia alemanes y de otros países europeos han fijado 2029 como el año en que Rusia estará lista para atacar Europa. Es un escenario que no solo Putin ha rechazado, sino poco probable, conociendo la realidad política y militar europea. Un ataque a Europa significa una guerra con la OTAN, involucrando potencias nucleares. ¿Cuáles serían los objetivos de Rusia en una guerra así? Con la guerra en Ucrania en pleno desarrollo, ¿estaría Rusia en condiciones militares de atacar Europa dentro de tres años? Los estadounidenses y los europeos saben que no.

No estamos en guerra

¿De dónde sale entonces esa fecha para una guerra con Rusia? La única explicación posible es que sale del cálculo de cuando los países europeos estarán listos para esa guerra que, por ahora, se libra mediante el creciente apoyo militar, financiero y político a Ucrania.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, pidió más armas a la OTAN, sobre todo misiles de defensa antiaérea. El presidente francés anunció la creación de una “coalición de misiles antibalísticos” para armar a Ucrania. Berlín anunció la compra de 50 mil drones de ataque para Kiev.

“No estamos en guerra con Rusia”, dijo el primer ministro checo, Andrej Babis, después de la cumbre de la OTAN en Ankara. Junto a Eslovaquia y otros países decidieron no contribuir al nuevo paquete de 70 mil millones de euros de ayuda militar a Ucrania. El presidente eslovaco, Peter Pellegrini, criticó que la cumbre de la OTAN se haya dedicado, casi exclusivamente, al aspecto militar del conflicto, dejando de lado las iniciativas diplomáticas.

Ucrania depende de la inteligencia europea y norteamericana para sus ataques contra objetivos en Rusia, además del financiamiento de su presupuesto estatal y de los gastos de guerra.

En la medida en que esta se extiende, el escenario ha ido cambiando. La guerra se libra ahora en dos escenarios. En las últimas semanas –se podía leer en un balance de Foreign Policy el 19 de julio– Ucrania ha escalado sus ataques a Rusia, golpeando infraestructura energética clave, fábricas de armas, terminales de embarque, provocando una crisis de combustible en el país.

Rusia, por su parte, ha intensificado los ataques a objetivos ucranianos, incluyendo puertos y navíos en el mar Negro y diversas instalaciones en Kiev. Pero sus mayores logros están en la línea de frente, con sus tropas acercándose a las dos principales fortificaciones de Ucrania en el Donbás: Slavianski y Kramatorsk. No parece imposible que alcanzara, antes de fin de año o a principios del próximo, las fronteras de las antiguas regiones ucranianas hoy reivindicadas por Rusia.

¿Pondría eso fin a la guerra? Quizás no. Ucrania podría seguir hostigando en la nueva frontera, manteniendo sus ataques con drones a territorio ruso, mientras Europa la siga sosteniendo con la esperanza de derrotar a Rusia e impedir la consolidación de su control sobre el antiguo territorio ucraniano.

¿Sería ese el escenario que la inteligencia alemana vislumbra como fecha para una guerra de Europa contra Moscú? El eventual control ruso sobre todo el Donbás implicaría un escenario político nuevo, de consecuencias difíciles de imaginar. ¿Provocaría cambios políticos en Ucrania? ¿Abriría puertas a las negociaciones? ¿O daría paso a la intensificación de la guerra contra Rusia, que Europa anuncia?

Esa no sería una guerra rusa contra Europa, sino la continuidad de una guerra europea contra Rusia, ya no a través de Ucrania, sino de forma directa. “No vamos a atacar e Europa”, reiteró el 22 de julio en canciller ruso, Serguei Lavrov. “Pero si Europa intenta atacarnos ya no será una guerra convencional”. ¿Puede alguien sensato imaginar algo así?

El mundo estaba observando…

Vale la pena recordar aquí la propuesta de Zbigniew Brzezinski, politólogo estadounidense de origen polaco, consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, que Jeffrey Sachs, economista y académico norteamericano, cita en artículo publicado el pasado 21 de julio. El control de Eurasia es clave para la dominación norteamericana del mundo. No son Estados importantes para Estados Unidos, pero son importantes para debilitar otras potencias, afirmó. En el caso de Eurasia, la referencia es, naturalmente, a Ucrania y a Rusia. Brzezinski citaba, además, el caso de Irán, en Medio Oriente.

La OTAN redobla su apuesta por el gasto militar, por la producción de armas y la disuasión mediante una potencia de fuego superior. ¿Qué tipo de seguridad estamos comprando realmente?, se preguntó el profesor de Derecho Curtis F.J. Doebbler, de la Universidad de Makeni, en Sierra Leona, en una carta abierta a la OTAN titulada “La falsa promesa de la seguridad militarizada”.

Doebbler recordaba la reiterada violación del derecho internacional por los miembros de la OTAN. Citaba los casos de Irán, Irak, Venezuela, Libia, Siria, la guerra contra el terrorismo, de duración indefinida.

Occidente se hizo una civilización narcisista, señaló el diplomático y académico singapurense, Kishore Mahbubani, en una presentación hecha a principios de este mes sobre el ascenso y la caída de la hegemonía de Occidente. Ese narcisismo no le dejó ver los errores que cometió en sus relaciones con el resto del mundo.

Podemos comenzar este relato al final de la Guerra Fría, en 1990, señaló. ¡Cómo Occidente celebraba, cómo estaba feliz por haber derrotado la Unión Soviética sin disparar un tiro. Hemos logrado sociedades democráticas liberales, que son las mejores sociedades del mundo!, decían.

“Creo que ustedes estarán de acuerdo en que eso fue algo arrogante”, dijo Mahbubani. Pensaron que podían hacer lo que querían. Invadieron países y declararon guerras ilegales. Pero el mundo estaba observando…

Como ya vimos, la OTAN decidió avanzar hacia el este, hasta las fronteras rusas. Avanzaron sin preguntarse nunca si no hacía falta considerar las legítimas preocupaciones de seguridad de Rusia, que Putin ya había señalado en su intervención en la Conferencia de Seguridad de Munich, en 2007.

Hoy vuelven a hablar de la seguridad de Europa, de Ucrania, sin considerar, en absoluto, las reivindicaciones rusas. ¿Será posible lograr la paz sin considerar las legítimas preocupaciones rusas por su seguridad?

No parece probable, entre otras cosas porque, de ese modo, Rusia solo podría garantizar su seguridad con armas atómicas. El “arma inútil”, como las clasificó Kennan, “incapaz de servir para cualquier propósito militar coherente”.

¡Cuán lejos estamos de la casa común europea, de la que habló Gorbachov en el Consejo de Europa, en 1989! La arrogancia de Occidente fue un error estratégico, en opinión de Mahbubani. Ya lo había advertido Kennan.

Pero en Ankara solo se oyó una misma voz, que el resto del mundo no debe seguir oyendo sin prestarle mucha atención. Los mismos que ya nos llevaron a dos guerras mundiales sueñan ahora con ganar una tercera. ¿Tiene esto algún sentido? Como dijo Kennan, son una amenaza para la civilización, en general.

FIN

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NOTAS

1 Around the Cragged Hill
Kennan, George
272 pags..
W.W. Norton & Company
New York / London 1993

2 The Kennan Diaries
Edited by Frank Costigliola
712 pags..
W.W. Norton & Company
New York / London 2014

La UNA, Sklioutovski Y Meltser

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

Lloré, sí lloré hasta llegar a las lágrimas, porque hace unos días, me llamaron del Instituto Superior de Artes (ISA), de parte del Doctor Alexander Sklioutovski y de la Dra. Tamara Meltser, ambos fundadores en Costa Rica del ISA, a invitarme a una sensacional velada musical en el Teatro Nacional, para celebrar los treinta años de fundación del Instituto, y no podía ir. ¡Qué dolor!

Alexander y Tamara son mis amigos dilectos, tengo ese privilegio; los dos son personas extraordinariamente cultas, generosas, a quienes la música clásica les brota por todas las partes de sus respectivos cerebros, de sus corazones enormes y del resto del cuerpo.

Aunque soy apenas un aficionado a la buena cultura musical, puedo decir que me he llegado a enamorar sobre todo de la música de Johan Sebastian Bach, de Wolfgang Amadeus Mozart, de Ludwig Van Beethoven, Frederic Chopin o Piotr Ilyich Tchaikovski. Conozco, además, algo de la música culta propia de los costarricenses, Benjamín Gutiérrez, Marvin Camacho, Mario Alfaro Güel, Francisco (Paco) Víquez, Alejandro Cardona, Eddie Mora, Vinicio Meza. Asimismo, me encanta la música de la “nueva Trova”, como la que fue compuesta e interpretada por Fidel Gamboa y Adrián Goizueta. Por añadidura, me hice muy amigo del joven Doctor en Piano, graduado del Instituto Gnessin de Moscú, y Licenciado en el mismo instrumento por la Universidad Nacional, David Serrano González, alumno a su vez de Meltser y de Sklioutovski.

Amo la música desde muy joven y no me fue difícil por ello, ligarme como amigo, de manera indisoluble a ambos académicos de prestigio internacional. Además, de vez en cuando, canto entre amigos (atrevido que soy), gracias a algunas clases que he recibido en mi vida adulta. Nada del otro mundo. Pero, Alexander y Tamara me han escuchado alguna vez con la consideración de quienes saben que no soy, ni por mucho, profesional en la materia. Otra circunstancia que me acerca más a Alexander y Tamara radica en el hecho de que, David Serrano, junto con su esposa, la excelsa pianista Anastasia Makhamendrikova, se han convertido también en amigos íntimos míos.

Por cierto, que, Alexander, atento a las enormes cualidades de David, fue el principal responsable de haberlo enviado con una beca al Instituto de Música Gnessin de Moscú. Lo mismo hizo Alexander, con muchos niños, o personas jóvenes de la UNA, en cuanto obtenían la conclusión de los estudios de licenciatura en piano. Muchos fueron a Lituania, a Ucrania y otros a Moscú, o a Francia.

Volviendo a la vida, la trayectoria y los estudios de Alexander y Tamara, debo agregar que, ambos fueron sólidamente formados en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En cuanto a mi exquisito amigo Alexander, de la enciclopedia “Wikipedia” entresaco la siguiente relevante información: Alexander Sklioutovski se graduó en los más prestigiosos centros de enseñanza pianística de la Unión Soviética, en Moscú, Sverdlovsk y Taskent. En el año 1984 obtuvo su título de Doctor (Ph. D.) como pianista y pedagogo. Su gran experiencia le permitió preparar a numerosos virtuosos a la vez que hacía notables contribuciones a la literatura con la autoría de 30 publicaciones científicas y metodológicas que versan sobre problemas de la interpretación de la música. Como concertista del piano, Alexandr Sklioutovsky ha ofrecido innumerables recitales y conciertos con orquestas sinfónicas, presentando su amplio repertorio de obras pianísticas clásicas y contemporáneas.

(Cfr. https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Aleksandr Sklioutovsky&action=edit. Esta página fue editada por última vez el 27 de diciembre del 2023).

En cuanto a las actividades de la pareja de académicos, se acota que, desde el año 1991 Sklioutovsky y Meltser residen y trabajan en Costa Rica. En este país fundaron el Instituto Superior de Artes, para la enseñanza especializada y de excelencia de pianistas concertistas. Por otra parte, Alexander fue nombrado profesor catedrático y coordinador del área de piano principal de la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Costa Rica. El Dr. Sklioutovsky ha preparado a sus estudiantes para ofrecer conciertos en las más importantes salas no solamente de Costa Rica, sino también en Ucrania, Lituania, Rusia, Francia, Los Estados Unidos (Carnegie Hall y el Kennedy Center, entre otras), México, Guatemala (Teatro Nacional), República Dominicana y El Salvador.

El 8 de octubre de 2004 Alexandr Sklioutovsky recibió el “Premio a la Innovación Académica” otorgado por la Universidad Autónoma de México y la Universidad Nacional de Costa Rica. Sobre su trabajo y las presentaciones de sus estudiantes se han publicado 236 artículos de prensa (La Nación, La Prensa Libre, La Extra, La República, y Tiempos del Mundo entre otros). Su labor con sus estudiantes se ha difundido también en transmisiones de radio y televisión a través de los canales 2, 4, 6, 7 y 13 de Costa Rica.

Hoy, nuestros distinguidos amigos, académicos de la UNA, están justificadamente pensionados, tras haber trabajado ingentemente en y por nuestro país, que es el de ellos también, puesto que además de no haber renunciado nunca a su nacionalidad rusa, adquirieron también la nacionalidad costarricense.

Podrá entenderse entonces por qué, habiendo tenido el honor de recibir la invitación de parte de Alexander y Tamara para celebrar los 30 años de la fundación del Instituto Superior de Arte en Costa Rica, al no haber podido asistir, me invadió una gran tristeza. ¡Vida eterna al Instituto Superior de Arte de Costa Rica que, cumplió sus treinta años de existencia y a sus fundadores los extraordinarios académicos Alexander Sklioutovski y Tamara Meltser! Costa Rica sabrá premiar todos los calificados trabajos hechos por ellos en favor de nuestra Patria y de las universidades públicas costarricenses y su juventud.

Otras Referencias:

  • Gerardo E. Meza, «Reseña de un estreno: el Concierto para Piano y Orquesta de Dieter Lehnhoff, Abra palabra 39 (2007):65-67.

Halcones de RAND: Cuba y Venezuela como objetivos

José A. Amesty Rivera

En mayo del presente año 2026, la organización estadounidense RAND Corporation publicó un informe que prendió las alarmas en América Latina. El documento, llamado “Multiplicadores de poder en las Américas”, dice que Estados Unidos debe aumentar su presencia militar, política y de inteligencia en la región para frenar el avance de China, Rusia e Irán.

Aunque el texto habla de apoyo a fuerzas de seguridad, lucha contra el narcotráfico y combate a la corrupción, el mensaje de fondo parece otro, Washington quiere recuperar más control e influencia sobre América Latina.

RAND no es cualquier centro de estudios; desde la Guerra Fría ha trabajado muy cerca del Pentágono y de la política exterior de EEUU. Muchas de sus ideas terminan convertidas en decisiones reales del gobierno norteamericano. Por eso, cuando RAND habla de fortalecer operaciones militares, ampliar la cooperación de seguridad y aplicar estrategias de “guerra irregular”, no se siente como simple teoría, suena más bien como una advertencia política.

Además, el informe aparece en un momento delicado; el gobierno de Donald Trump ha endurecido nuevamente su discurso hacia América Latina, retomando ideas muy parecidas a la vieja Doctrina Monroe, América bajo la influencia de Washington.

En discursos recientes, funcionarios estadounidenses han dicho que China representa una amenaza para el continente y que América Latina debería volver a alinearse con EEUU.

Aunque el informe menciona varios países, Cuba y Venezuela aparecen otra vez como objetivos principales, no es casualidad, ambos gobiernos han mantenido relaciones cercanas con Rusia y China, además de buscar mecanismos económicos alternativos al sistema financiero dominado por EEUU.

RAND señala directamente que Rusia mantiene presencia política y militar en Cuba, Nicaragua y Venezuela, mientras China sigue creciendo mediante inversiones, infraestructura y acuerdos estratégicos.

Pero aquí aparece una contradicción clara; mientras Washington acusa a China de expandir su influencia, EEUU lleva décadas teniendo una presencia mucho más grande en la región, bases militares, cooperación militar, presión económica y acuerdos políticos.

En el caso de Cuba, el tema tiene un peso simbólico enorme; desde 1959, la isla ha sido uno de los pocos proyectos políticos latinoamericanos que ha resistido abiertamente la influencia estadounidense. El bloqueo económico ha golpeado fuerte a la población cubana, especialmente en los últimos años, pero aun así Cuba sigue siendo una referencia política para sectores de izquierda en América Latina.

En marzo de 2026, crecieron rumores sobre posibles acciones militares estadounidenses alrededor de la isla, aunque el Comando Sur negó planes de invasión, reconoció que mantiene capacidad militar activa cerca de Cuba y en la base de Guantánamo.

Eso deja claro que, aunque Washington no hable abiertamente de intervención, la presión militar sigue presente.

El caso venezolano es todavía más complicado; durante años, Venezuela fortaleció sus relaciones con China y Rusia en áreas como petróleo, defensa e infraestructura, esto convirtió al país en un punto clave de la disputa global entre Washington y sus rivales.

Medios internacionales reportaron que, después de operaciones estadounidenses realizadas a comienzos de 2026, contra el liderazgo venezolano, aumentó la presión política y militar sobre el país.

El informe de RAND encaja perfectamente en este escenario; el documento dice que hoy las diferencias entre amenazas estatales y grupos criminales son “difusas”, y esta idea preocupa, porque históricamente ese tipo de discurso ha servido para justificar sanciones, operaciones encubiertas e incluso intervenciones militares.

Esto ya pasó antes en América Latina; durante décadas, EEUU utilizó el argumento de la “seguridad nacional” para intervenir directa o indirectamente en países considerados contrarios a sus intereses. Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965, Chile en 1973, Panamá en 1989 y las guerras en Centroamérica durante los años 80 son ejemplos claros.

Hoy el lenguaje cambió, ya no se habla tanto de comunismo, sino de narcotráfico, terrorismo, corrupción o influencia china o rusa; pero la lógica política se parece bastante, presentar una amenaza para justificar más control y presencia militar.

Otro de los temas centrales del informe es China; RAND deja claro que para EEUU el problema ya no es solamente el narcotráfico, sino también el crecimiento económico chino en América Latina.

Según declaraciones recientes del Comando Sur, Washington vigila puertos, proyectos espaciales e infraestructuras ligadas a empresas chinas en varios países latinoamericanos.

Estados Unidos dice que muchas de esas inversiones podrían tener uso civil y militar al mismo tiempo; este discurso recuerda bastante al que se utilizaba durante la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

Pero para muchos gobiernos latinoamericanos, China representa otra cosa, financiamiento, comercio e inversiones sin las condiciones políticas tradicionales de Washington o del Fondo Monetario Internacional. Países como Brasil, Perú, Argentina, Bolivia y Venezuela han aumentado mucho sus relaciones con Beijing en los últimos años.

Obvio que China busca influencia, recursos y mercados, pero varios gobiernos de la región consideran que tener relaciones con distintas potencias les da más independencia y reduce la dependencia histórica de EEUU.

Aquí aparece otro tema sensible, la desdolarización. El crecimiento de mecanismos comerciales fuera del dólar preocupa mucho a Washington. Los BRICS y otros espacios internacionales impulsan alternativas financieras que podrían reducir el peso mundial de la moneda estadounidense.

Por eso RAND, insiste tanto en que el Pentágono debe responder también frente a la “presión económica” china y rusa. El problema es que esa lógica puede abrir la puerta a justificar acciones políticas o militares por motivos económicos.

Quizás lo más preocupante del informe es su tono; RAND dice que EEUU debe prepararse para actuar en escenarios de competencia, crisis y “guerra irregular”. También propone aumentar el uso de fuerzas especiales, cooperación militar y mecanismos de seguridad regional.

Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses han dicho recientemente que los carteles del narcotráfico solo pueden enfrentarse con fuerza militar.

Este discurso genera preocupación porque América Latina conoce muy bien las consecuencias de la militarización. La llamada “guerra contra las drogas”, impulsada durante décadas, dejó miles de muertos en países como México y Colombia sin resolver realmente el problema del narcotráfico.

Además, usar el crimen organizado como argumento para aumentar presencia militar extranjera puede terminar debilitando la soberanía de los países de la región.

Muchos analistas creen que detrás de todo esto hay una pelea mucho más grande, el control político y estratégico del continente en medio de la competencia mundial entre Estados Unidos y China.

Lo que está pasando se parece cada vez más a una nueva Guerra Fría, ya no entre capitalismo y socialismo, sino entre un mundo dominado por EEUU y otro más multipolar.

En esta disputa, América Latina vuelve a convertirse en una región estratégica; petróleo, minerales, rutas comerciales, telecomunicaciones y mercados hacen que el continente tenga un valor enorme para las grandes potencias.

Cuba y Venezuela aparecen como símbolos de resistencia frente a la influencia estadounidense, mientras China y Rusia aprovechan las tensiones históricas entre Washington y varios gobiernos latinoamericanos para ganar espacio.

La gran pregunta es si América Latina podrá mantener cierta independencia o terminará atrapada otra vez entre potencias mundiales.

El informe de RAND deja claro que sectores del poder estadounidense creen que llegó el momento de recuperar influencia política y estratégica en el continente, pero América Latina ya no es la misma de hace décadas, hoy existen gobiernos, movimientos sociales y alianzas internacionales que buscan más autonomía.

Por eso, cualquier intento de imponer presión extrema o soluciones militares podría aumentar todavía más la tensión y la inestabilidad en la región.

Al final, detrás de términos técnicos como “asistencia de seguridad”, “guerra irregular” o “multiplicadores de poder”, aparece una realidad vieja y conocida, la pelea por el control político y económico de América Latina sigue viva, y Cuba y Venezuela continúan estando en el centro de esa disputa.

Una dura lección para India

Martín Rodríguez Espinoza

Lo ocurrido con India no es un simple episodio comercial, es una radiografía brutal de cómo opera el poder imperial: presiona, impone, y cuando le conviene… cambia las reglas sin ningún pudor.

En el gran tablero del ajedrez mundial, hay jugadas que parecen maestras y otras que terminan siendo lecciones extremadamente costosas. India acaba de aprender una de las más duras, en la geopolítica, el que duda, paga. Como dice el viejo refrán, el que pestañea, pierde.

India cedió parcialmente ante Washington, redujo compras de petróleo a Rusia y buscó acomodarse, pero terminó atrapada en una crisis energética y dependiendo otra vez de Rusia, ahora en peores condiciones y sin los beneficios que antes tenía antes de ceder ante los yanquis.

Y mientras tanto, Estados Unidos giró su política porque creyó que la agresión criminal que perpetró con el sionismo de Israel contra Irán sería muy fácil y rápida. De nuevo, ante la crisis generada, permitió nuevamente a India esas compras, pero bajo sus términos y por tiempo limitado.

India disfrutaba de una posición envidiable. Mientras el mundo sufría por los precios del crudo, lograba comprar petróleo ruso con descuentos históricos. Era el negocio del siglo. India, socio del BRICS, parecía tener lo mejor de ambos mundos… hasta que sonó el teléfono en Washington, le dio órdenes que servilmente obedeció.

Cuando India regresó a tocar la puerta de Rusia, la respuesta fue fría: «Venderemos, pero ahora a precios de mercado y sin los descuentos anteriores». Rusia no perdona la falta de lealtad en momentos críticos. El «amigo» que se fue bajo presión de los yanquis, ahora regresa como un cliente desesperado.

La lección es clara, en la geopolítica imperialista no hay “aliados”, hay intereses. Y quien renuncia a su soberanía para obedecer, termina pagando más caro.

EEUU no solo actúa como potencia dominante, sino como un actor que desestabiliza y luego se presenta como árbitro. Y sus “socios” que aceptan ese juego, tarde o temprano descubren que en ese tablero no son jugadores… son piezas reemplazables. Lo han vivido títeres de EEUU en el mundo entero, pero también en Costa Rica, así que Chaveto, ya sabes, Laura, ya sabes, el pueblo costarricense no tiene por qué sufrir las consecuencias de su incapacitada, sumisión y corrupción.

Quien se arrodilla ante el imperialismo, no gana favores… pierde dignidad, pierde ventajas y termina perdiendo siempre.

Alternativas realizará panel “Rusia hoy” con especialistas en economía, salud y cultura

El programa Alternativas, impulsado por el Colectivo Reflexión – Acción, realizará el panel titulado “Rusia hoy”, un espacio de análisis que reunirá a personas especialistas en distintas áreas para reflexionar sobre la realidad contemporánea de ese país desde perspectivas económicas, culturales y científicas.

La actividad se transmitirá en vivo el jueves 27 de febrero de 2026 a las 18:00 horas (-6 UTC), mediante las plataformas Facebook Live, YouTube y Spotify, ampliando el acceso del público interesado en el análisis internacional y el diálogo informado sobre procesos globales.

El panel contará con la participación de Sergey Krutko, doctor en Neurología del Centro Médico Nazareth de Heredia, quien formó parte de una expedición internacional en la Antártida en la que documentó la primera bandera de Costa Rica en ese territorio. Su experiencia aporta una perspectiva vinculada al ámbito científico y a la cooperación internacional.

También participará Ernesto Jiménez Morales, con formación de maestría en Economía y Planificación Regional en la Universidad Estatal de Rusia, especializado en desarrollo regional en Israel y con trayectoria en gestión y administración empresarial. Ha sido asesor económico en la Asamblea Legislativa, excónsul general y agregado comercial en Rusia, además de presidente de la Cámara de Turismo y Comercio CR-Rusia y director de un centro cultural en el país.

Asimismo, intervendrá Rosaura Méndez Gamboa, doctora en Ciencias de la Cultura y el Deporte del Tecnológico de Costa Rica, quien ha integrado instancias internacionales como el Comité Ejecutivo de la Federación Internacional del Deporte Universitario (FISU) y el Comité de Igualdad de Género en el ámbito universitario, representando al continente americano en el Grupo Internacional Mujer y Deporte.

El programa cuenta con el respaldo de diversas emisoras comunitarias y alternativas, entre ellas Guanacaste 106.1 FM, Radio Soberanía, Radio Revolución, 506 Ondas Alajuelita Radio y Radio Voces Libertarias 97.3 FM, lo que fortalece su alcance y contribuye a la democratización del acceso a contenidos de análisis y reflexión.

El panel forma parte de los esfuerzos de Alternativas por promover espacios de diálogo sobre temas internacionales, favoreciendo la comprensión crítica de los procesos globales y su impacto en los ámbitos social, cultural y económico.

La transmisión estará disponible en las plataformas digitales del programa en la fecha y hora indicadas.

La millonaria danza de guerra de Occidente

Gilberto Lopes
San José, 16 de diciembre de 2025

Guerra: la única misión

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el pasado 10 de diciembre, por 312 votos a 112, una autorización de gastos militares por 900 mil millones de dólares para el año fiscal 2026. Con cien mil millones suplementarios aprobados en la pasada primavera, el presupuesto suma más de un billón de dólares (trillion en inglés, billón –millón de millones– en español). Incluye 400 millones de dólares anuales para el suministro de armas a Ucrania en los próximos dos años.

Esto representa cerca de 40% del gasto militar mundial. Una suma récord, asombrosa, difícil de dimensionar. Es más, de lo que gastan juntos los nueve países que le siguen, incluyendo China y Rusia. Para un país cuya deuda hoy se acerca a los 37 billones de dólares (trillion en inglés), es un gasto extraordinario. En el año fiscal 2004 el presupuesto de defensa de los Estados Unidos fue de 850 mil millones de dólares, ligeramente inferior a los 880 mil millones en pago de intereses.

El nuevo presupuesto, que debe ser aprobado por el Senado, se alinea con las preocupaciones de Peter Hegseth, secretario de Guerra de la administración Trump, expuestas el pasado 30 de septiembre a más de 800 generales y almirantes, reunidos en la base de marines de Quantico, en Virginia.

Hegseth hizo un largo discurso. A partir de ahora –afirmó– “la única misión del recién restablecido Departamento de Guerra es librar la guerra”. En su opinión, el pacifismo ignora la naturaleza humana, es ingenuo y peligroso. Nacionalista cristiano de derecha, como el vicepresidente J.D. Vance, Hegseth ha escrito varios libros: contra la ideología woke, contra los islamistas, defendiendo la idea de que quienes aspiran a la paz deben prepararse para la guerra.

“Ustedes matan gente y destruyen cosas para ganarse la vida. No son políticamente correctos y no pertenecen necesariamente a la alta sociedad”. “¡Adelante, disparen, porque somos el Departamento de Guerra!”, arengó a los militares.

Para el presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara, el republicano Mike Rogers, Estados Unidos necesita una fuerza de combate lista, capaz y letal”. “Las amenazas a nuestra nación, especialmente las que provienen de China, son más complejas y desafiantes que en cualquier otro momento de los últimos 40 años”, dijo

Para Hegseth el escenario internacional se asemeja al de 1939. Pasaron muchas cosas en 1939, entre ellas el inicio de la II Guerra Mundial, con la invasión alemana de Polonia, el 1 de septiembre de ese año. ¿En eso estaría pensando Hegseth? ¿Estará pensando en otra guerra mundial?

Cinco semanas después del encuentro en Virginia, Hegseth se reunió, el viernes 7 de noviembre, en el National War College de Washington, con responsables del ejército y representantes de la industria de defensa, para explicitar nuevas normas con las que trabajarían: –No construimos para tiempos de paz. El sistema de contratación pública de defensa, tal como lo conocen, ha dejado de existir. Ahora es un sistema para la guerra.

En una mesa redonda celebrada en esas mismas fechas en el Foro Nacional de Defensa Reagan, el multimillonario Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, el principal banco norteamericano, discutió la nueva propuesta con Christopher Calio, director ejecutivo de Raytheon (RTX), una de las principales contratistas del Pentágono.

Somos una empresa bastante patriótica, dijo Dimon. Hemos decidido hacer al menos un 50% más en los próximos diez años en materia de seguridad. “Esto representa 1,5 billones, y luego diez mil millones de inversiones, una cantidad que podría aumentar fácilmente, para financiar las cadenas de suministro de los proveedores con los que Chris podría hacer negocios: si quiere duplicar o triplicar la producción de sus misiles, debe pedir a algunos de esos proveedores que dupliquen o tripliquen su producción”, afirmó.

El mundo ha experimentado grandes cambios, aseguró, destacando el crecimiento de China. Para Dimon, “tener el ejército más poderoso es la mejor manera de disuadir las malas acciones”.

Otra guerra

¿En qué guerra estarán pensando Hegseth, Dimon o los líderes europeos?

Para el secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, “somos el próximo objetivo de Rusia y ya estamos en peligro”.

Rutte habló en Berlín el 11 de diciembre, acompañado del canciller alemán, el demócrata cristiano Friedrich Merz. Estima que Rusia podría estar lista para emplear el uso de la fuerza militar contra la OTAN dentro de cinco años. Una guerra que, en su opinión, tendría “la misma magnitud que la guerra que sufrieron nuestros abuelos y bisabuelos”.

“El señor Rutte, al hacer declaraciones tan irresponsables, simplemente no entiende de qué está hablando«, respondió el portavoz presidencial ruso, Dimitri Peskov, añadiendo que en Rusia se conserva cuidadosamente la memoria de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y de lo que hizo para salvar a Europa del fascismo.

Una guerra contra Rusia dentro de cinco años es una afirmación que los servicios de inteligencia alemanes, franceses o ingleses, sus líderes políticos y militares han repetido, sin que se conozcan públicamente los argumentos en que basan esas estimaciones.

Merz, para quien vivimos “un punto de inflexión” en la política mundial, anunció que Alemania debe prepararse para la guerra y adelantó en seis años para 2029, el objetivo dedicar 3,5% del PIB a gastos militares, pese a la difícil situación económica por la que atraviesa su país.

En su opinión Putin aspiraría a reconstruir la Unión Soviética, para lo que se estaría preparando. Afirmaciones que las autoridades rusas han calificado de “una estupidez”.

Para la jefe de la inteligencia británica, Blaise Metreweli, una Rusia «agresiva, expansionista y revisionista» es una grave amenaza. En un discurso pronunciado el pasado lunes 15, amenazó: «Putin no debe tener ninguna duda; la presión que ejercemos en nombre de Ucrania se mantendrá».

Hegseth podría tener razón cuando compara la situación actual con la de 1939. Fue cuando Alemania inició su avance militar hacia el este, ocupando Polonia y preparándose para la mayor operación de la II Guerra Mundial: la invasión de la Unión Soviética.

El 22 de junio de 1941, 3,5 millones de sodados alemanes cruzaron la frontera de la URSS. En diciembre, algunas tropas estaban a solo 25 km de Moscú y Alemania ya planeaba la ocupación del inmenso territorio del país. Pero no ocurrió así. A partir de entonces, las cosas cambiaron. La resistencia rusa se fue transformando en una ofensiva que terminaría tres años después en Berlín.

¿De qué guerra hablamos?

Merz parece dispuesto a intentarlo de nuevo. Estima que no hay urgencia en un acuerdo de paz en Ucrania. Apuesta por sostener el régimen de Kiev con armas y dinero y aumentar la presión sobre Moscú. Por lo menos públicamente no descartan la idea de que Ucrania puede seguir resistiendo. O de que lo rusos no deben ganar la guerra.

“Todos sabemos que el destino de tu país es el destino de Europa”, dijo el canciller alemán a Zelenski el pasado 8 de diciembre, luego de una reunión en Londres con el presidente francés y el primer ministro británico.

idea similar es la del presidente francés, Emmanuel Macron, para quien Rusia está llevando a cabo una confrontación estratégica con los europeos. “Hemos financiado equipamiento para Ucrania, que está resistiendo, mientras la economía rusa está comenzando a sufrir por nuestras sanciones”, dijo Macron el pasado 8 de diciembre, aunque los resultados en el frente sugieren otra cosa, lo mismo que los indicadores de la economía rusa.

El 18 de noviembre el general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor de la Defensa de Francia se dirigió a un Congreso de alcaldes franceses. Los fue a convocar para la guerra. Según la información de que dispongo –afirmó el general– Rusia se está preparando para una confrontación con nuestros países en el horizonte de 2030.

Para el general francés, el peligro no es que los rusos desembarquen en Alsacia, sino que los franceses se vean obligados a actuar en defensa del flanco este de la OTAN. Por lo tanto –agregó– le he indicado a las fuerzas armadas que debemos “estar preparadas en tres o cuatro años”.

¿De qué información dispondrá el general? El presidente ruso he reiterado lo absurdo de esa afirmación. Ha ofrecido garantías por escrito de que no tiene ningún plan de atacar la OTAN. ¿Cuál sería el objetivo de un ataque de esa naturaleza? ¿Qué podría lograr el Kremlin con esa guerra que, naturalmente, sería nuclear?

Es difícil encontrar respuestas razonables para esas preguntas, alguna justificación para un ataque de esa naturaleza. No ha sido Rusia quien ha acercado sus tropas a las fronteras europeas. Ha sido Europa la que ha acercado las fuerzas de la OTAN a las fronteras rusas desde los años 90’s del siglo pasado, contrariando los arreglos negociados con las autoridades soviéticas al final de la Guerra Fría.

Alemania, que ya llevó el mundo a dos grandes guerras, parece dispuesta a intentar nuevamente lo que no pudo lograr en sus intentos anteriores. Cada vez que adopta nuevas medidas para su rearme y se prepara para la guerra contra Rusia ganan relieve las palabras del general indio-británico Lord Hastings Ismay, primer secretario general de la OTAN, cuando definió los objetivos de la organización: mantener los norteamericanos adentro, los rusos afuera y los alemanes abajo. Salvo mantener los rusos afuera, los otros objetivos parecen cada vez más difíciles de lograr.

Pero comparar esa guerra con la que sufrieron nuestros abuelos y bisabuelos –cuando no existían las armas atómicas–, como afirma el sucesor actual de Lord Ismay, es más que una ingenuidad. Una guerra como esa sería algo nunca visto y seguramente la última que viviría la humanidad.

Las advertencia de Moscú: los riesgos de un mundo unipolar

El febrero del 2007, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el presidente ruso advirtió sobre los riesgos que un mundo unipolar significaba para la seguridad de todos. Destacó que la expansión de la OTAN, que su presencia en las fronteras rusas, lejos de ofrecer una mayor seguridad para Europa, “representaba una seria provocación que reducía el nivel de confianza mutua”.

En febrero de 2014 se produjo el golpe en Ucrania que, con apoyo norteamericano y europeo, depuso al presidente Viktor Yanukovich y la acercó a la OTAN. A partir de entonces las relaciones entre el gobierno de Kiev y sus provincias orientales, de mayoría étnica rusas, se deterioraron hasta transformarse en un conflicto armado, mientras la posibilidad de la incorporación de Ucrania a la OTAN aumentaba la tensión con Rusia que, en marzo de ese año, luego del golpe de Estado, se había anexado la península de Crimea.

En 2014 y 2015 las partes involucradas negociaron los acuerdos de Minsk, para resolver ese conflicto, con la participación de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente francés, François Hollande. Negociaciones que luego los garantes europeos reconocieron nunca pretender cumplir. Se trataba apenas de ganar tiempo, mientras armaban a Ucrania para una guerra futura.

En octubre de ese mismo año 2014, Putin hizo otro importante discurso en el foro de Valdai. Habló de los riesgos de un mundo unipolar. Tener un solo centro de poder no hace más manejable el proceso global. Por el contrario –diría– la historia ha mostrado su incapacidad para enfrentar las amenazas reales.

Rusia ya estaba enfrentando las primeras sanciones, por la anexión de Crimea. “Algunos dicen que estamos dando la espalda a Europa, buscando nuevos socios, principalmente en Asia. Déjeme decirles que este no es, de ningún modo, el caso”.

Luego se refirió al desarrollo de conflictos violentos, con la participación directa o indirecta de las grandes potencias. Ucrania “es un ejemplo de esos conflictos, que afectan el balance internacional de poderes”, afirmó Putin. Hemos advertido de las graves consecuencias económicas que podría tener para Rusia la adhesión a la UE de Ucrania –de la que era el mayor socio comercial– y pidió una amplia discusión sobre el tema. “Nadie quiso oírnos, nadie quiso hablar. Simplemente nos dijeron: eso no es asunto suyo. Punto final”.

En septiembre del 2015 Putin viajó a Nueva York, para hablar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Al defender la posición de su país ante los diversos escenarios de conflicto en el mundo, insistió en que no se trataba de ambición propia, “sino de reconocer que no era posible seguir tolerando el estado actual de las cosas en el mundo”.

Como en 1939

Desde su punto de vista el espíritu de la Guerra Fría seguía presente en el escenario internacional. Pese a la disolución del Pacto de Varsovia, que unía a los países de Europa del este bajo la conducción de la Unión Soviética, pese al colapso de la misma Unión Soviética, la OTAN seguía expandiendo su infraestructura militar. ¿Para qué?, se preguntó. “Tarde o temprano, esta lógica de confrontación terminará desencadenando una grave crisis geopolítica. Esto es exactamente lo que ocurrió en Ucrania, donde se aprovechó el descontento de la población con las autoridades para orquestar un golpe militar desde el exterior, lo que desató una guerra civil”.

Rusia todavía confiaba que los acuerdos de Minsk podrían lograr el fin del conflicto en las provincias ucranianas fronterizas, donde la confrontación armada costaba ya miles de vidas. Pero, como sabemos, no fue así. La tensión en esos territorios siguió aumentando, sin que prosperara ningún intento de negociación.

El diciembre del 2021, cuando Rusia ya concentraba tropas en la frontera, Putin y Biden hablaron por teléfono. Putin exigió el cumplimiento de los acuerdos de Minsk y que Ucrania no se incorporara a la OTAN. No hubo acuerdo. Quedaban pocas semanas para el inicio de la guerra.

Hace ya varios años que Europa cortó prácticamente todo tipo de contactos diplomáticos con Rusia. Con la OTAN transformada en el brazo armado de la UE, ninguna negociación logra prosperar, mientras Alemania (y sus socios europeos) apuestan por la derrota de Rusia. Pero las presiones para un acuerdo negociado aumentan. Parece difícil que ese conflicto pueda extender más allá del año que comenzará en pocas semanas.

Mientras tanto en Asia escalan peligrosas tensiones. El nuevo gobierno de Japón, al igual que Alemania, revisa las disposiciones de seguridad acordadas al final de la II Guerra Mundial.

No se puede descartar que Hegseth tenga razón. Como en 1939, las costuras de una camisa de fuerza impuesta a los derrotados de la I GM comenzaron a romperse, en la medida en que creían haber llegado su hora de rehacer la historia. E intentaron de nuevo invadir Rusia. El resultado fue una tragedia.

No se puede descartar que el resultado de un nuevo intento sea parecido. Pero podría ser mucho peor… Si queremos sobrevivir, el mundo civilizado tiene la obligación de hacer lo que pueda parar a estos salvajes.

FIN

Instrumentalizan Palestina para atacar a Rusia

Pablo Hernández

¿Cuántos periodistas rusos ha matado la OTAN y Zelenski en la guerra y cuántos civiles incluyendo niños mató Zelenski en las provincias que no aceptaron el golpe de estado de 2014? Tres mil cuatrocientos cuatro en cifras de la ONU certificadas cuando el gobierno pronazi de Zelenski inició la guerra contra el Donbás. Y sobre los periodistas, la cifra de al menos 17 periodistas y personal de medios rusos fallecidos se mantiene, según los últimos reportes de la Unión de Periodistas de Rusia (mayo de 2024). Esta lista incluye a empleados de medios estatales y freelance.

Un ejemplo de freelance incluido es Rostislav Zhuravlev (Ростислав Журавлев), de la agencia RIA Novosti, fallecido en julio de 2023 en el frente de Zaporizhia.

En atentados terroristas dentro de Rusia: La cifra debe corregirse a 2 figuras mediáticas prominentes, según las investigaciones rusas:

1. Daria Dúguina (agosto de 2022)

2. Vladlen Tatarsky (Maxim Fomin) (abril de 2023) y esto que son datos a 2024 nada más.

Ahora BBC lanza un corto denunciando la muerte de periodistas, pero manipula con una información propia falsa y tendenciosa de que Rusia ataca civiles y rescatistas.

Los guerreristas de doble rasero que denuncian Palestina, pero no hablan de los ataques a población civil y actos terroristas del ejército ucraniano que se enorgullece de los batallones Azov y similares de » Bandera » nazis declarados y que secuestraron población civil cuando invadieron Kursk que hasta ahora están intercambiado por soldados rusos.