Felicidades para quienes lleven por nombre Ángel o Ángeles

José Luis Pacheco Murillo

Hoy celebramos en Costa Rica el día de la Virgen de Los Ángeles, en virtud del hallazgo de la imagen que ahora se venera, el 2 de agosto de 1635. Además, fue declarada Patrona de Costa Rica el 24 de septiembre de 1824: Nuestra Señora de los Ángeles es declarada por la Asamblea Constituyente y del Estado la Patrona Oficial de Costa Rica: “El Congreso Constituyente del Estado de Costa Rica ha tenido a bien decretar y decreta: La Virgen de los Ángeles Madre de Dios y Señora nuestra es, y será en lo sucesivo la Patrona del estado de Costa Rica”.

Hay quienes interpretan esta aparición como una forma a través de la cual Dios quiso llegar hasta los más pobres y necesitados. El aparecer en el sector de “Los Pardos” en Cartago, en donde se encontraban los mestizos y los criollos y al ser su figura como la de los habitantes de esas zonas, con piel oscura y facciones indígenas. Era una forma de acercarse a aquellos que vivían en el olvido y en el abandono. Como una forma de hacer que esos tuvieran su propia Virgen ya sus los poderosos y acaudalados tenían la Virgen traída de España con sus facciones y vestidos ligados a esa nación: la Virgen de Ujarrás, conocida como la “Virgen Macha”.

La veneración a la Virgen de Los Ángeles ha crecido enormemente, no solo en Costa Rica sino que se ha extendido a otros países y cada 2 de agosto muchos visitan nuestro país para participar en una de las actividades piadosas más concurridas. Este año se esperan más de dos millones de peregrinos en la romería a la Basílica de Cartago. Y es que el 2 de marzo de 1862: el sumo pontífice Pío IX, concede a perpetuidad indulgencia plenaria a quien visite el Santuario de los Ángeles.

Sin muchísimos los testimonios de milagros concedidos a través de la intercesión de la Virgen de Los Ángeles y por eso cada año crece la admiración y la devoción hacia La Negrita de Los Ángeles, como también se le conoce por su aspecto.

Dios quiera que esa devoción siga creciendo y transmitiéndose de generación en generación y que sea motivo de un avivamiento de la fe hacia Él.