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Etiqueta: Garantías Sociales

El Día Nacional de las Trabajadoras y los Trabajadores Bananeros en Costa Rica

Marielos Aguilar Hernández
Historiadora

Vicepresidenta ISFODE

Marielos Aguilar Hernández

En el año 2016, mediante la aprobación de la ley número 9393, la Asamblea Legislativa declaró el 4 de agosto como Día Nacional de las Trabajadoras y los Trabajadores Bananeros.

Esa fecha fue elegida para rendirle homenaje a los obreros bananeros, debido al significado histórico que encarna tanto para ese sector laboral como para toda la clase trabajadora costarricense. Fue, precisamente, el 4 de agosto de 1934, hará justamente noventa y dos años, cuando los obreros de la empresa bananera estadounidense United Fruit Co. ubicada en la zona atlántica de nuestro país, declararon la histórica huelga bananera, un enorme movimiento reivindicativo que llegó a tener repercusiones nacionales e internacionales, cultivando desde entonces sentimientos antiimperialistas en algunos sectores de la sociedad costarricense, a pesar de los grandes cambios históricos producidos en el transcurso del último siglo.

La clase trabajadora costarricense había comenzado sus luchas por la justicia social medio siglo antes de que se diera aquel gran movimiento huelguístico. Los primeros movimientos sociales en nuestro país se iniciaron en los centros urbanos de aquella época, especialmente en la ciudad capital, con la participación de los primeros obreros y artesanos que comenzaban a surgir al calor de la paulatina modernización de la economía nacional.

Por su parte, los trabajadores agrícolas también habían comenzado a demandar mejores condiciones de trabajo frente a sus patronos, generalmente productores de café, de azúcar y de algunos otros productos agrícolas. Aquellas fueron tan solo algunas manifestaciones aisladas de lo que llegaría a ser, más tarde, el movimiento sindical que alimentó las principales luchas por las garantías sociales en la Costa Rica de la década del cuarenta del siglo XX.

Por otro lado, la década del treinta del siglo pasado le había deparado a la humanidad una de las amenazas más grandes: el arribo del fascismo en los países más desarrollados de la época, incluyendo a Estados Unidos y a varios países de Europa Occidental. El antecedente inmediato de aquella era de catástrofes había sido la crisis financiera de 1929, la cual había dejado postradas a las economías más grandes del mundo.

Fue en esas circunstancias de crisis general y ante las pésimas condiciones laborales de los bananales del Atlántico costarricense, cuando miles de obreros bananeros se levantaron en huelga en contra de la poderosa United Fruit Co. El dirigente obrero Carlos Luis Fallas, junto a otros compañeros suyos pertenecientes al joven Partido Comunista, se dieron a la tarea de organizar al proletariado bananero para luchar por mejores salarios y pagos en efectivo, mejores viviendas, precios más bajos en los comisariatos de la UFCO, el establecimiento de botiquines en cada finca para atender las emergencias por accidentes laborales, etc. La reivindicación más importante, desde el punto de vista político, fue el reconocimiento legal del Sindicato de Obreros del Atlántico como interlocutor entre los trabajadores y la Compañía.

Aquel movimiento huelguístico marcó un antes y un después en la historia del movimiento sindical costarricense, razón por la cual nuestra clase trabajadora ha tenido esta fecha en su memoria como un referente de lucha y esperanzas.

Hoy día, casi un siglo después, de nuevo asoman los viejos nubarrones del fascismo mundial y, lo más grave, nuestro país no está exento de semejante amenaza. La presencia hoy día de algunos autócratas en la conducción de los destinos de nuestra patria no puede dejar indiferente a nadie, especialmente a la clase trabajadora costarricense. Debemos estar alertas.

Aprovechamos esta importante ocasión para hacer un llamado a la clase trabajadora de nuestro país e instarla a defender nuestra democracia y fortalecerla, inspirada en principios humanistas y en el legado democrático que nos dejaron las anteriores generaciones. Debemos de impulsar nuestro desarrollo material con justicia social y oportunidades para todas las clases y sectores sociales que reúne en su seno nuestra querida Costa Rica. ¡Nuestro objetivo mayor es que prevalezca una visión de futuro con justicia y solidaridad!

A propósito del 83 Aniversario de las Garantías Sociales: cinco derechos que se disfrutan hoy… y quizá nunca te dijeron de dónde vienen

Martín Rodríguez Espinoza

Sé que cuando escuchas la palabra «Marx» o «marxismo», tu primera reacción puede ser de rechazo, lo sé porque vivimos una guerra permanente, desde 1948 y hasta fecha, contra “el comunismo”, ese fantasma al que tanto temen los corruptos, explotadores, estafadores y saqueadores.

Como trabajador, valoras tu independencia y tu capacidad de salir adelante, y es justo que lo hagas, pero te han hecho creer que sos una isla en medio del mar, y no es así, vos, yo y todo ciudadano que habite este país, conformamos una sociedad, una identidad, un país. Y esta, es una sociedad de clases. La nuestra, es la clase trabajadora, a la que perteneces, que, con su esfuerzo, trabajo y mente, produce la riqueza del país. Y también está la clase explotadora, dueños de los medios de producción, del negocio.

Hoy te escribo para hablarte sobre uno de los más grandes pensadores del siglo XIX, Carlos Marx y cómo su teoría cambió la faz de la tierra y permitió que hoy tengas derechos humanos laborales. Te escribo a vos, a la persona trabajadora, pensando en tu cansancio al terminar el turno, en el sudor de tu frente y en tu familia. A esa persona que lidia por sobrevivir al fin de mes.

A veces damos por sentado que llegar a la casa a una hora prudente, que tus hijos vayan a la escuela y no a una fábrica, o que tengas un fin de semana para descansar, son cosas que siempre existieron o que el sistema otorgó por buena voluntad. Pero la historia nos cuenta algo en lo que vale la pena que reflexiones, nada de eso fue un regalo.

El marxismo transformó el mundo laboral, incluso en los países capitalistas. Y aunque jamás hayas leído El Capital de Marx, hoy vivís literalmente de cambios que solo fueron posibles por lo que ahí dice Marx.

Hubo personas que, inspiradas en ideas que criticaban profundamente el sistema, se organizaron para exigir que la vida del trabajador valiera más que la maquinaria. Ese fue el empuje histórico, esa presión que nació de sus ideas, la que obligó al mundo a cambiar y a proteger a quienes, como vos, mueven el mundo con sus manos y su tiempo.

Te comento cinco conquistas laborales que no existirían hoy sin el marxismo, sin los comunistas.

Número uno, la jornada de ocho horas. Antes de Marx durante la revolución industrial se trabajaba 12, 14, 16 horas al día. Los movimientos obreros que lograron reducir la jornada se apoyaron explícitamente en ideas marxistas sobre la explotación y la plusvalía.

Número dos, la prohibición del trabajo infantil fue la presión de sindicatos inspirados en Marx lo que llevó a las primeras leyes que sacaron a millones de niños y niñas de las fábricas. Claro, las clases explotadoras no iban a ceder por su propia voluntad a esto.

Número tres, derechos laborales y negociación colectiva. La idea de que los trabajadores pueden organizarse y defender colectivamente sus intereses es directamente una consecuencia de los análisis marxistas de clase.

Número cuatro, seguridad social y protección al trabajador, seguro médico, pensiones, indemnizaciones, finiquitos. Por eso los estados comenzaron a implementarlos en el siglo XX como respuesta a la presión de los movimientos obreros marxistas. Fue un intento de contener las desigualdades señaladas por Marx.

Y Número 5, el salario mínimo y regulación del trabajo, vacaciones, descansos obligatorios. Toda la legislación laboral moderna surge del conflicto capital-trabajo que Marx describió con gran precisión en El Capital.

Así que vuelvo a pensar de nuevo en el trillado discurso anticomunista de gobiernos autoritarios como el que vivimos en Costa Rica, decir que nadie prosperó con las ideas de Marx es no entender la historia ni la sociedad actual. En nuestro país, el Partido Comunista de Costa Rica y los sindicatos de izquierda, con la organización y lucha de la clase trabajadora, lograron que muchos de esos derechos humanos laborales se hicieran realidad, muchos trabajadores dieron sus vidas incluso, para que vos, yo y todos, tengamos esos derechos. Por eso hay que defenderlos con todo.

Si hoy trabajas 8 horas y no 16, si tienes sindicato para defender tus derechos humanos, seguridad social o vacaciones, estás viviendo, te guste o no, en un mundo moldeado por las ideas de Marx. Se trata de reconocer con humildad que los derechos que hoy protegen tu esfuerzo y tu dignidad nacieron de una lucha que nos precedió. Al final del día, quizás pensemos muy diferente, pero ambos merecemos llegar a la casa con dignidad. Y esa herencia, en el fondo, nos pertenece a toda la clase trabajadora que lucha por nuestros derechos.

Autoritarismo o democracia: panel analizará el papel de las instituciones autónomas y las garantías sociales

El programa Alternativas realizará el próximo 19 de junio de 2026 un panel dedicado a reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las instituciones democráticas, las garantías sociales y las instituciones autónomas en el contexto de los cambios políticos y económicos contemporáneos.

La discusión partirá de una pregunta central planteada por la convocatoria: ¿cómo enfrentar el plan de los grupos de poder encabezados por Estados Unidos para eliminar los Estados nacionales? Según el texto de presentación del programa, una de las principales fortalezas para enfrentar esos procesos ha sido la existencia de las instituciones autónomas y las garantías sociales, las cuales continúan actuando como contrapesos frente a una arremetida autoritaria de intereses imperiales y transnacionales.

Bajo el eje temático “Autoritarismo o democracia”, el panel reunirá a cuatro personas invitadas con experiencia en ámbitos académicos, políticos, sociales y periodísticos.

Participarán:

  • Manuel Delgado Cascante, filósofo y periodista.

  • Paulino Madrigal Rodríguez, abogado, asesor legislativo, exregidor municipal y excandidato a diputado por Heredia.

  • Patricia Mora Castellanos, socióloga, docente de la Universidad de Costa Rica, exdiputada (2014-2018), exministra del INAMU (2018-2020) y presidenta del Frente Amplio.

  • Cecilia Jiménez Arce, máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Autónoma de México, licenciada en Sociología y Trabajo Social por la UCR, presidenta y fundadora de ACODEHU, fundadora de varios sindicatos y participante en la inscripción del Frente Popular.

La actividad forma parte de la programación del espacio Alternativas, iniciativa del Colectivo Reflexión-Acción, y será transmitida en vivo el 19 de junio de 2026 a las 18:00 horas (-6 UTC) a través de Facebook Live, YouTube y Spotify.

La transmisión también contará con la difusión de las emisoras amigas Radio Guanacaste 106.1 FM, Radio Soberanía, Radio Revolución, 506 Ondas Alajuelita y Radio Voces Libertarias.

El panel propone un análisis sobre la vigencia de las instituciones públicas, la democracia, los derechos sociales y los desafíos políticos que enfrenta Costa Rica en el contexto regional e internacional.

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Celebraciones de este día

Por Arturo Fournier

Día Internacional del Justo Proceso o Juicio Justo. Esta conmemoración se realiza en honor a Emru Timtik, abogada turca, defensora de las causas justas, fallecida tras una huella de hambre.

Nace en 1811 Harriet Beecher Stowe novelista norteamericana, autora de La Cabaña del Tío Tom.

En 1928 nace el Che Guevara.

En 1943, el Partido Comunista de Costa Rica cambia su nombre a Partido Vanguardia Popular para conseguir la inclusión de las Garantías y Derechos Sociales en la Constitución, el Código de Trabajo, el seguro social, y otros derechos fundamentales.

En 1985 muere Isaías «Cabo» Marchena, histórico dirigente sindical bananero, con quien trabajé mucho. Y en esta fecha nació Vanessa Ramos, actual secretaria general de la Asociación Americana de Juristas.

De la gloria del Estado Social al espejismo del cambio (Parte I)

Por: JoseSo (José Solano-Saborío) / Entre Verdades y Opiniones

George Santayana escribió que: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.”

Bienvenidos a una nueva serie de columnas donde vamos a poner las cartas sobre la mesa. A lo largo de estas entregas, quiero que repasemos juntos nuestra historia política reciente: los grandes aciertos, los peores desaciertos, los casos de corrupción que nos sacudieron, los logros de aquel bipartidismo tradicional y, finalmente, cómo llegamos a comprar el engaño de un “cambio” que terminó siendo una ilusión.

Para entender dónde estamos, tenemos que recordar de dónde venimos. Y nuestro punto de partida tiene que ser esa Costa Rica que renació de las cenizas.

Los cimientos de nuestra democracia

Nuestra historia moderna nace de una herida profunda: la dolorosa guerra civil de 1948. Sin embargo, de ese conflicto tan trágico logramos algo excepcional. En 1949, la Asamblea Nacional Constituyente definió las bases de lo que hoy es una de las democracias plenas más sólidas del mundo entero.

Fue una época de gigantes, donde líderes de distintas trincheras entendieron que el país estaba por encima de las banderas. Es de justicia histórica reconocer a figuras como José María Figueres Ferrer, Rafael Ángel Calderón Guardia, Monseñor Víctor Manuel Sanabria y Manuel Mora Valverde, quienes, con sus acuerdos y diferencias, forjaron las Garantías Sociales. A ellos se suman mentes brillantes como Jorge Manuel Dengo y Rodrigo Facio, arquitectos de la institucionalidad que nos dio paz y progreso.

La época de oro: El Estado de Bienestar (1950 – 1970)

Entre los años 50 y los 70, Costa Rica construyó un verdadero Estado de Bienestar. No fue obra de la casualidad, fue un proyecto país.

Logros monumentales como la abolición del Ejército, la creación del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) para garantizar el respeto a las urnas, la nacionalización bancaria y la fundación del ICE, transformaron a Costa Rica. Se fortaleció la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), se consolidó el Código de Trabajo y se le dio un impulso vital a la Universidad de Costa Rica (UCR) y a la educación pública en general.

Pero el impulso no se detuvo ahí. En los años siguientes vimos nacer el Sistema de Parques Nacionales —que hoy es nuestra mayor carta de presentación mundial—, el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), el Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (FODESAF), y conquistas laborales intocables como el aguinaldo. Era un Estado diseñado para que el hijo del campesino pudiera llegar a ser médico o ingeniero.

El quiebre de los 80s: La receta cambia

Pero todo modelo se desgasta, y a mediados de los años 80, el timón dio un giro brusco. El Estado de Bienestar comenzó a fracturarse.

Bajo la presión de la crisis económica y los mandatos del Fondo Monetario Internacional (FMI), Costa Rica entró en la era de los Programas de Ajuste Estructural (PAEs). Este marco neoliberal no se impuso solo; contó con el contubernio de tanques de pensamiento como la ANFE y las cúpulas políticas tradicionales tanto del Partido Liberación Nacional (específicamente la corriente del “arismo”) como del Partido Unidad Social Cristiana.

De pronto, la narrativa cambió. El discurso oficial empezó a bombardearnos con una idea central: “el Estado es muy grande y el gasto público es el enemigo”. Bajo esta justificación, comenzaron los recortes a programas sociales vitales y la visión de aquel país solidario empezó a ser sustituida por una visión estrictamente contable y de mercado.

El germen de la decadencia

Ese quiebre institucional y económico abrió la puerta a una Costa Rica muy distinta. Sin embargo, el daño más profundo de este cambio de rumbo no fue solo económico. Al debilitarse la visión solidaria del Estado y priorizarse el cálculo mercantil y la privatización de las ganancias, se abrió la puerta a un mal mucho más oscuro.

Empezó a enraizarse una nefasta y generalizada cultura de corrupción que permeó todos los estratos. Una descomposición moral que se instaló no solo en las más altas esferas de los sucesivos gobiernos, sino que también hizo metástasis fuera del Estado: en el sector privado, en gremios y en diversas estructuras de poder. El dinero, las comisiones y el tráfico de influencias comenzaron a pesar más que el bienestar común.

Cómo esos escándalos de corrupción descarada erosionaron la confianza pública, y cómo esto nos llevó a la crisis de nuestra clase media, al abandono del sector agropecuario y a la dolorosa brecha social que hoy sufrimos, será el plato fuerte de nuestra segunda columna.

Nos leemos en la próxima entrega.

Prohibido olvidar

Lenin Chacón Vargas
Bagaces Guanacaste
22 de abril de 2026

EL Pacto de Ochomogo, fue un pacto por la paz, respeto a las garantías sociales, respeto a la vida, al derecho ajeno, lo negociaron y lo acordaron hace 78 años entre Manuel Mora Valverde -acompañado con Carlos Luis Fallas- José Figueres Ferrer, y el presbítero Benjamín Núñez en el Alto de Ochomogo. De un lado estaban las tropas figueristas preparando el asalto a San José y del otro unos 3.000 milicianos, obreras y campesinas comandados por Carlos Luis Fallas Sibaja.

El acuerdo para poner fin a la Guerra Civil de 1948 ha sido una verdad histórica deformada, tergiversada por la historia oficial y algunas voces desde la izquierda ex vanguardista.

Del Pacto de Ochomogo, abjuran y falsifican José Figueres y Benjamín Núñez en el libo “El Espíritu del 48”: que contiene la historia oficial, por demás está decir que los que ahí escribieron se lucieron a presentarnos leyendas, verdades a medias y soslayando hechos históricos.

Los hechos de la historia real demuestran cómo la paz en 1948 se logró con la palabra y la firma de los comunistas representados por Manuel Mora Valverde y se rompió con la traición, la mentira y el desprecio de los vencedores, representados por José Figueres y Benjamín Núñez

Se pactó la noche del 17 de abril de 1948, ante la amenaza de una batalla sangrienta en San José, Manuel Mora Valverde fue claro: “Yo voy donde esté Figueres a buscar una solución” y así lo hizo una noche llena de incertidumbres y peligros. En el Alto de Ochomogo, se detuvo la guerra. Manuel no llegó solo; contaba con el respaldo de 3,000 milicianos, obreros y campesinos bajo el mando de «Calufa», listos para defender San José y las garantías sociales y el Código de Trabajo o inmolarse.

Es lamentable leer cómo viejos camaradas de lucha y de armas han hecho de los testimonios falsos de Benjamín Núñez su verdad para lanzar diatribas contra la integridad de Manuel. Basta leer el epílogo del libro de Arnoldo Ferreto Segura “Gestación, consecuencias y desarrollo de los sucesos de 1948” con otros que se han hecho eco de las falacias de Arnoldo contra Manuel que lo considera traidor, oportunista y mentiroso, recogiendo así, las palabras de Benjamín en su testimonio y avaladas por Figueres en El Espíritu del 48.

Por esas razones me obligo a recordar cómo terminó la guerra civil y los acuerdos para que eso fuera posible:

Las Garantías: Lo que Figueres firmó y luego traicionó
El Ejército de Liberación Nacional, representado por Figueres, se comprometió por escrito a:

  1. Respeto absoluto a la vida: Garantizar la integridad de calderonistas y comunistas.

  2. Continuidad social: Mantener intactas las leyes sociales conquistadas por el pueblo.

  3. Libertad de organización: El reconocimiento y plenas garantías para el Partido Vanguardia Popular y sus organizaciones.

La gran estafa histórica
Apenas un mes después de tomar el poder,
Figueres tiró estos acuerdos a la basura. La respuesta fue sangre: crimen: El crimen del Codo del Diablo; persecución: cárcel, centenares de presos políticos; exilio: Manuel y Carmen Lyra obligados al exilio y centenares más. No sólo traicionaron el pacto, sino que han intentado borrar la verdad.

Incluso hoy, la Editorial UNED sigue vendiendo la «Cartilla Histórica» de Ricardo Fernández Guardia con 12 páginas mutiladas. ¿Qué ocultan? Ocultan la verdad sobre la renuncia de Teodoro Picado ante la amenaza de los marines yanquis y el incumplimiento de las promesas hechas al pueblo. El primer historiador narra la explicación de Teodoro Picado en la carta que dirige a Manuel y a Calderón Guardia cuando denuncia que “fuerzas incontrastables” le obligan a dimitir. La EUNED debería reparar el daño publicando una nueva edición de la Cartilla Histórica con todas las páginas mutiladas en tiempos en que Alberto Cañas era director de la EUNED.

¡Basta de medias verdades! Exigimos que se publique la historia completa, la de los vencidos y la de los vencedores. Las nuevas generaciones tienen derecho a saber que la «historia oficial» se construyó sobre la exclusión y el engaño.

Resumiendo:

El pacto entre el Ejército de Liberación Nacional y Vanguardia Popular se resumió en:

Inviolabilidad de la vida y bienes: Protección para todos los combatientes y dirigentes del bando vencido.

Vigencia de las Reformas Sociales: Compromiso de no derogar el Código de Trabajo ni las Garantías Sociales de 1943.

Reconocimiento Político: Garantía de que el Partido Vanguardia Popular seguiría operando legalmente (compromiso que fue roto poco después con la ilegalización del partido).

Y garantía de la vigencia de todas las Libertades Republicanas, libertades que fueron mutiladas como la libertad de sufragio, de prensa, de libre expresión, además de las libertades de libre sindicalización.

¡Ironías de la historia!

Marielos Aguilar Hernández

La extradición hacia Estados Unidos del exmagistrado Celso Gamboa Sánchez no ha dejado indiferente a ningún costarricense. Al contrario, ha inspirado los más diversos sentimientos y opiniones y, sobre todo, nos ha dejado ver el alto nivel de corrupción que ese flagelo ha alcanzado en las diferentes esferas del Estado.

En lo personal, debo decir que desde el momento mismo en el que el nombre de Celso Gamboa comenzó a figurar en el ámbito nacional, hará unos quince o veinte años, no pude evitar que viniera a mi memoria ese mismo nombre pues me resultaba un tanto familiar. Y es que, dadas las investigaciones que he realizado como historiadora, el nombre de Celso Gamboa Rodríguez, abuelo de Gamboa Sánchez, me ha merecido gran respeto y reconocimiento. Veamos.

En momentos tan difíciles como fueron los días posteriores a la guerra civil de 1948, cuando se convocó a unas elecciones extraordinarias para integrar la Asamblea Constituyente que se encargaría de redactar una nueva Constitución, don Celso Gamboa Rodríguez jugó un papel muy respetable en la recuperación de la estabilidad de nuestro país.

Aquellas elecciones se realizaron en enero de 1949 y participaron dos partidos vencedores en la guerra civil, el “Partido Unión Nacional” dirigido por don Otilio Ulate y el “Partido Social Demócrata” dirigido por don Rodrigo Facio. Se sumaron también otros dos pequeños partidos, el” Partido Constitucionalista”, dirigido por don Celso Gamboa Rodríguez y el “Partido Confraternidad Nacional”.

A pesar de una correlación de fuerzas muy desfavorable para los sectores perdedores en la guerra civil, Gamboa Rodríguez estuvo dispuesto a conversar con algunos dirigentes vanguardistas y calderonistas y a comprometerse con la lucha para mantener en la nueva constitución el “Capítulo de las Garantías Sociales” y, con ellas, el “Código de Trabajo”.

Con ese compromiso, los calderonistas y los comunistas que pudieron votar en aquellas elecciones le dieron su apoyo a don Celso Gamboa Rodríguez, quien honró su palabra dando la lucha en el seno de la Asamblea Constituyente para evitar lo que la mayoría ulatista pretendía, a saber, eliminar las Garantías Sociales y el Código de Trabajo que tanto molestaba a la oligarquía costarricense.

De manera que, en el largo recorrido de nuestra legislación social, el nombre de don Celso Gamboa Rodríguez ha ocupado un honroso lugar. Por esa razón es doblemente dolorosa la ironía de la historia cuando hoy su nieto, Celso Gamboa Sánchez, debería ser procesado por sus presuntos delitos, a la luz de la Constitución Política que su abuelo contribuyó a cimentar.

Por supuesto, su extradición a Estados Unidos modifica sustancialmente todo ese panorama.

Defender la democracia: un llamado urgente

Tatiana Herrera Ávila
Mesa Coordinadora Encuentro Democrático

El escenario electoral que enfrentamos hoy como sociedad civil, como república democrática, es complejo y nublado. La pregunta es inevitable: ¿cómo llegamos aquí? Cada uno de nosotros debería hacérsela, porque todos tenemos responsabilidad en este posible entierro… que aún estamos a tiempo de evitar.

Las nubes que oscurecen nuestro cielo no son sólo las del cambio climático. Son también las de una tormenta política que ha enfermado a tantos países de América Latina: la tentación de la dictadura. Sorprende que, conociendo las atrocidades de los diferentes sistemas totalitarios (de izquierda y de derecha y de todos los colores), todavía haya quienes la consideren una opción legítima.

La apuesta del oficialismo se sostiene sobre una figura de tono mesiánico, respaldada por sectores que buscan perpetuarse en el poder, debilitar la Constitución, eliminar controles democráticos y avanzar hacia un modelo de gobierno sin contrapesos. Se promete seguridad fácil, se invoca el orden, pero lo que se pone en juego son nuestras garantías individuales y sociales, ya dicho y promulgado por ellos mismos.

Costa Rica ha atravesado encrucijadas históricas antes. Así nació nuestra Segunda República: de un conflicto doloroso, pero también de un pacto democrático que nos hizo transitar una vía distinta a nivel regional. Ese Estado social, democrático y republicano no fue un accidente: fue una conquista.

Y hoy estamos peligrosamente a punto de perderla. Ante el desencanto, la corrupción, el costo de la vida, el miedo, el abstencionismo, el avance del narco y la fatiga colectiva, este domingo 1° de febrero de 2026 se nos convoca a las urnas. Votar no es un trámite: es un privilegio, un derecho y un deber histórico.

No da lo mismo. No son todos iguales. Sí hay por quién votar. El voto es hoy una forma de impedir que el país derive hacia un autoritarismo sin frenos. Es defender la institucionalidad democrática, nuestras garantías sociales y la posibilidad misma de un futuro común. Y también importa la Asamblea Legislativa: toda democracia necesita contrapesos, vigilancia y dignidad política.

El panorama en efecto aparece hoy más opaco, más nublado, más oscuro. Y conviene decirlo con claridad: este domingo no vamos a definir el fin del patriarcado ni transformar el modo de producción. Pero sí está en juego algo más inmediato y decisivo: la supervivencia estratégica de la democracia.

Lo que se disputa es la continuidad de nuestras libertades, de nuestras garantías sociales e individuales, del Estado social de derecho y de conquistas históricas que, sin ser un sistema perfecto, son invaluables: vivir en paz, en libertad, en una sociedad donde todavía es posible pensar, disentir y trabajar por mejorarnos. Mantener eso es conservar el terreno para poder enfrentar los retos del futuro.

Y, quizá, también convenga decirlo: esta primera ronda puede tener un sentido estratégico. Impedir que el continuismo autoritario se imponga sin contrapesos e irremediablemente, y más bien, abrir la posibilidad de una segunda vuelta donde el país pueda deliberar con más claridad, respirar con más tiempo y rechazar el chantaje del miedo como destino inevitable.

Porque si esa segunda vuelta llega, deberá ser el momento de tender puentes. De reunir, sin ingenuidad, pero con responsabilidad histórica, a las diversas “comunidades de base” de creyentes comprometidos, a las fuerzas patrióticas, socialdemócratas, progresistas, populares, en fin, a las fuerzas vivas del país que todavía creen en la convivencia republicana, en la justicia social y en la paz institucional. No se trata de pureza ideológica: se trata de defender el suelo común.

Porque la democracia inicia en las urnas, y luego se cuida y se construye todos los días. ¡Antes patria, que partido!

El alma de un pueblo no se borra con gritos

Por JoseSo

Costarricenses, hermanos:

Estamos a solo una semana de decidir el rumbo de nuestra casa, de esta finca grande que llamamos Costa Rica. Y hoy no quiero hablarles desde los números de los economistas, sino desde la piel, desde la memoria de nuestros abuelos.

Nos han querido vender el cuento de que todo lo que fuimos es mentira. Nos dicen que nuestra historia es un estorbo y que las instituciones que el mundo entero nos admira son solo “trabas”. Pero se les olvida algo: Costa Rica no nació ayer por un video de TikTok o Facebook.

Esta patria se fundó sobre la voluntad de gigantes que, aunque pensaban distinto, se sentaron a hablar. Pensemos en ese abrazo histórico entre Calderón Guardia, Manuel Mora y Monseñor Sanabria. Tres hombres de mundos opuestos que nos regalaron las Garantías Sociales, el Código de Trabajo y nuestra amada Caja.

Ellos no se insultaron; ellos construyeron. Y luego, tras el dolor de la guerra del 48, llegó el Pacto de Ochomogo. Don Pepe Figueres y Manuel Mora entendieron que Costa Rica valía más que una victoria militar. Ahí nació la paz, ahí murió el ejército, y ahí nació el Tribunal Supremo de Elecciones para que nunca más nadie nos robara el voto.

De ese espíritu de diálogo salieron el ICE para darnos luz, los Parques Nacionales que hoy nos dan de comer con el turismo, el Aguinaldo para la Navidad de nuestros hijos, los EBAIS, los CEN-CINAI y los comedores escolares que aseguran que ningún carajillo se duerma con hambre.

¿Cómo se logró todo eso? Sin gritos. Con paz y con voluntad.

Pero hoy, la realidad nos golpea la cara. Nos prometieron “comerse la bronca”, pero la bronca se la están comiendo las familias que entierran a sus jóvenes víctimas del sicariato. Nos dicen que “todo está bien, que solo se matan entre ellos”, mientras la droga sale por nuestros puertos (con todo y su cuento de los escáneres) hacia Europa y quitan a la policía de nuestras fronteras.

Nos hablan de combatir la corrupción de “los mismos de siempre”, pero vean hacia el lado del oficialismo. ¿Quiénes están ahí? Los mismos apellidos que el pueblo ya conoce: los Chaves, los Jiménez, los Araya, los Thompson y los Álvarez Desanti. Díganme ustedes: ¿Cómo van a limpiar la casa si trajeron a vivir a los que ayudaron a ensuciarla?

Atacan a gente valiente como Álvaro Ramos por decir la verdad, mientras reciclan ministros de seguridad de gobiernos pasados que ya fallaron.

Costarricenses, el populismo se alimenta del odio y de la división. Nos quieren hacer creer que para arreglar el país hay que romperlo. Pero el “Pura Vida” que nos robaron no es un eslogan de turismo; es nuestra forma de ser. Es la solidaridad de la mano extendida, no del puño cerrado.

Este domingo no elegimos un “capataz”. Elegimos el futuro de nuestros hijos. ¿Queremos la Costa Rica del insulto, la violencia y la represión a quienes piensan diferente? ¿O queremos volver a la Costa Rica del respeto, del diálogo y de la paz que nos hizo grandes ante el mundo?

Nuestra democracia tiene más de cien años. No permitamos que el ego de unos pocos borre el sacrificio de millones.

Soy JoseSo, y yo creo en la Costa Rica que construye, no en la que destruye.

Luis Alberto Monge Álvarez en la Asamblea Constituyente de 1949: pensamiento social, resistencia solitaria y legado democrático

Gerardo Castillo Hernández / Frank Ulloa Royo

Resumen

Este ensayo reconstruye el papel de Luis Alberto Monge Álvarez en la Asamblea Nacional Constituyente de 1949, destacando su pensamiento social y su defensa casi solitaria de las garantías laborales en un contexto de exclusión política, presión empresarial y amenaza contra el Código de Trabajo. A través del análisis de las actas oficiales y fuentes secundarias, se examina su vínculo con el sindicalismo cristiano, su relación con el padre Benjamín Núñez y su legado en la consolidación del Estado social costarricense.

Palabras clave: Luis Alberto Monge, Asamblea Constituyente, garantías sociales, sindicalismo cristiano, Constitución de 1949

1. Introducción: una constituyente en disputa

La Asamblea Nacional Constituyente de 1949 fue convocada tras la guerra civil de 1948, en un contexto de ruptura institucional y exclusión política. Los sectores vencedores, encabezados por José Figueres Ferrer y respaldados por compañías bananeras y actores externos como la CIA, impulsaron un proceso constituyente con el propósito de refundar el orden jurídico costarricense. Sin embargo, este impulso reformista contenía una amenaza: desmantelar el Código de Trabajo, la Caja Costarricense de Seguro Social y el capítulo de garantías sociales promovido por Rafael Ángel Calderón Guardia.

Los dirigentes obreros, comunistas, republicanos y el propio presidente electo —Calderón Guardia— fueron excluidos del proceso. La Asamblea Constituyente quedó dominada por diputados afines al nuevo régimen, con apenas unos pocos representantes del Partido Socialdemócrata. En ese escenario, emergió una figura joven, sindicalista y católica: Luis Alberto Monge Álvarez, quien con apenas 23 años se convirtió en el defensor más firme del capítulo social de la nueva Constitución.

2. Formación ética y sindicalismo cristiano

Luis Alberto Monge se formó en la Confederación de Trabajadores Rerum Novarum, bajo la tutela del padre Benjamín Núñez. Su pensamiento social se inspiraba en la doctrina social de la Iglesia, especialmente en la encíclica Rerum Novarum (1891), que reconocía el trabajo como fuente de dignidad y el sindicato como instrumento de justicia. Monge militó en el Ejército de Liberación Nacional, pero mantuvo una postura crítica frente a los intentos de desmontar las conquistas sociales.

Su participación en la Asamblea Constituyente fue marcada por una ética profunda, una visión democrática del trabajo y una valentía política que lo llevó a enfrentar, casi en solitario, a una mayoría hostil. Como recuerda su hijo, Guido Alberto Monge, “papá fue un maestro orientador de diálogo que permitió al país construir las garantías sociales. Nunca pensó que la democracia terminaba en lo jurídico: la democracia debía ser también económica y social”.

3. Intervenciones clave: pensamiento social en las actas

Las actas oficiales de la Asamblea Constituyente registran intervenciones memorables de Monge en defensa de los derechos laborales. En el debate sobre el artículo 58 (jornada máxima), propuso reducir las horas de trabajo en labores pesadas:

“No se puede legislar desde el escritorio para quienes trabajan con el cuerpo. La ley debe proteger al más débil, no justificar la explotación con argumentos técnicos” (Actas ANC, sesión 43).

En el artículo 60, sobre libertad sindical, enfrentó propuestas que buscaban limitar la organización obrera:

“El sindicato no es enemigo del orden, es garantía de justicia. Si el trabajador no puede organizarse, no puede defenderse. Y si no puede defenderse, no hay democracia” (Actas ANC, sesión 65).

En el artículo 56, que consagra el derecho al trabajo como derecho humano, afirmó:

“El trabajo no es una mercancía. Es el medio por el cual el ser humano se realiza, sostiene a su familia y contribuye a la comunidad. Negar ese derecho es negar la ciudadanía misma” (Actas ANC, sesión 61).

Estas intervenciones revelan un pensamiento social coherente, centrado en la dignidad humana, la justicia distributiva y la defensa del trabajador como sujeto político.

4. Resistencia solitaria y contexto político

Monge enfrentó una mayoría legislativa que buscaba eliminar o debilitar el capítulo de garantías sociales. Las compañías bananeras, interesadas en reducir costos laborales, presionaban para eliminar el Código de Trabajo. Algunos diputados proponían limitar el derecho a huelga, reducir las vacaciones y flexibilizar la jornada laboral. Monge, con el respaldo de pocos aliados, defendió cada artículo con argumentos éticos, jurídicos y sociales.

Su resistencia fue solitaria, pero efectiva. Logró preservar el capítulo de garantías sociales, consolidar el derecho a sindicalización, y mantener el Código de Trabajo como ley de la República. Su papel fue reconocido posteriormente por historiadores, sindicalistas y líderes políticos como uno de los pilares de la democracia social costarricense.

5. Legado y proyección

Luis Alberto Monge continuó su trayectoria como diputado, presidente de la Asamblea Legislativa, embajador y presidente de la República (1982–1986). Pero su legado más profundo está en su papel como joven constituyente que, en medio de la exclusión y la presión empresarial, defendió la dignidad del trabajo y la justicia social como pilares de la democracia costarricense.

Su pensamiento social, registrado en las actas, sigue siendo referencia para quienes luchan por un Estado que proteja a los más vulnerables. En tiempos de regresión laboral y cuestionamiento del sindicalismo, sus palabras mantienen una vigencia luminosa.

Conclusión

La Asamblea Constituyente de 1949 fue un campo de disputa entre la refundación liberal y la memoria social. En ese escenario, Luis Alberto Monge Álvarez encarnó la voz de los excluidos, la ética del sindicalismo cristiano y la voluntad de construir una democracia con justicia. Su defensa de las garantías sociales no fue solo jurídica: fue moral, histórica y pedagógica. Hoy, cuando esos derechos vuelven a ser cuestionados, su ejemplo sigue siendo faro y fundamento.

Referencias

Actas de la Asamblea Nacional Constituyente de 1949. Tomos I–III. Edición digital: www.rodolfosaborio.com/actas/anc49.htm
Castillo Ulloa, G., & Ulloa Royo, F. (2023). El pensamiento sindical de Luis Alberto Monge en la Constitución de 1949. Fundación Friedrich Ebert – CEDAL.
De la Cruz, V. (2020). El ejército costarricense y su disolución. La Revista.
Monge Álvarez, G. (2023). Mi tata: el papel de Luis Alberto Monge en la construcción de las garantías sociales. Pódcast Teletica.
Oliva, M. (2005). Gremios, cofradías y organización laboral en la Costa Rica colonial. Editorial